Monografías
Publicar | Monografías por Categorías | Directorio de Sitios | Software Educativo | Juegos Educativos | Cursos On-Line Gratis

 

Conservación de forrajes parte 2 - Monografía



 
DESCARGA ESTA MONOGRAFÍA EN TU PC
Esta monografía en formato html para que puedas guardarla en tu pc e imprimirla.



Vínculo Patrocinado




Aquí te dejamos la descarga gratuita
Nota: para poder abrir archivos html solo necesitas tener instalado internet explorer u otro navegador web.




3.1.4.    Almacenamiento



Las pacas de heno convencionales se apilan formando montones o almiares, unas veces al aire libre, lo que no es muy corriente debido al elevado precio del heno, y otras en heniles o cobertizos que las protegen de la lluvia. Este tipo de construcciones deben ser lo más diáfanas posibles, con una altura mínima de 4 m y normalmente cerradas por el lado o lados de los vientos de lluvia dominantes en la zona.
La realización de estos almiares se facilita mucho disponiendo de paredes desde apoyar las pacas, pudiéndose utilizar elevadores mecánicos de pacas o simples cintas transportadoras, para facilitar el trabajo de los operarios.
6793.jpg
Un cargador telescópico facilita la formación de almiares de gran altura

Las dimensiones del henil han de fijarse según el volumen previsible de pacas, que irá en función del peso total de heno recolectado y de su densidad. En condiciones españolas, el valor medio suele ser de 130 Kg/m3. El heno debe quedar perfectamente protegido de la lluvia y del sol, pero bien ventilado.
6794.jpg
Almacén de pacas en henil

En almacenamientos al aire libre, es aconsejable cubrir la parte superior de la pila o almiar, que puede acabar en arista, con una lona o plástico grueso que impida la penetración de la lluvia, la cual perjudicaría la calidad del heno. Dicha cubierta de plástico debe fijarse mediante cuerdas o también mejor con una capa de pacas de paja encima de ella. A veces, también es útil cubrir con placas usadas de fibrocemento o galvanizadas, sujetadas mediante cuerdas y con algún peso encima.
Las pacas cilíndricas grandes ofrecen mejor protección ante la lluvia debido a su sistema de elaboración por enrollamiento, aunque se debe evitar depositarlas en sitios húmedos. Si se almacenan al aire libre es aconsejable disponerlas en un lugar abrigado de los vientos húmedos. El apilado de estas pacas es difícil y los montones muy inestables, por lo que deben detenerse precauciones al moverlas. Caso de disponer de sitio suficiente al aire libre, pueden dejarse horizontalmente unas junto a otras sin formar montones.
Las pacas cilíndricas al aire libre durante todo un invierno, sólo se humedece por la lluvia en los 3-4 cm exteriores, manteniéndose el resto del heno perfectamente seco.
en una pequeña experiencia de Infante y col. (1980) en Extremadura, con heno de veza-avena, se compararon tres sistemas de almacenamiento y conservación del forraje cosechado:

1.    Sistema convencional, recogida con empacadora y transporte de pacas al henil.
2.    Recogida con rotoempacadora formando pacas cilíndricas de 500 Kg que se dejaron a la intemperie.
3.    Recogida con empacadora dejando las pacas a la intemperie, formando pequeños montones prismáticos de 27 pacas, con peso similar a los fardos cilíndricos.

Se estudió la evolución de la calidad del heno a lo largo del invierno, mediante el análisis de cada tratamiento, no observándose una gran variación en el contenido proteico, de fósforo, y en la humedad del heno almacenado en el henil y del de las pacas cilíndricas.
Por el contrario, las pacas convencionales amontonadas sin protección a la intemperie se humedecieron con las primeras lluvias, disminuyendo la materia seca hasta un 23,3% y produciéndose fenómenos de putrefacción y mohos como consecuencias del invierno lluvioso.
La digestibilidad del heno en cada uno de los sistemas de almacenamiento es variable, observándose una aceptable disminución del conservado en rotopacas al aire libre, mientras que el descenso del conservado en pacas a la intemperie es mucho mayor, hasta el punto de hacerlo prácticamente inútil para el consumo al final del invierno.
De lo expuesto se deduce que, para las zonas de verano seco, el heno que vaya a ser utilizado en el verano y otoño siguiente a su recolección puede ser conservado en rotopacas a la intemperie, siendo su calidad semejante a la de las pacas guardadas en henil y abaratándose el almacenamiento en la medida de no ser necesaria alguna para su conservación, al menos en inviernos de lluvia normal.

 3.2    Henificación con ventilación forzada



El gran enemigo del forraje en proceso de henificación es la lluvia. Por eso, en los países del norte de Europa, debido a lo imprevisible y frecuente de las precipitaciones, se han desarrollado técnicas para evitar este peligro. Se ha extendido el sistema de secado del heno en almacén o henil, a base de ventilación forzada.
Este método permite recolectar el heno en un estado mucho más precoz, y de forma más rápida, lo que redunda en la mejor calidad del mismo.
En condiciones húmedas, a medida que el heno de la hilera o cordón se acerca al punto de equilibrio con la humedad atmosférica, la velocidad de evaporación se reduce, y mientras las hojas excesivamente secas se pierden los tallos continúan suculentos.
En consecuencia, el momento de recogida o empacado es un compromiso entre aceptar un contenido de agua demasiado elevado para un almacenamiento seguro, o dejar el forraje en el campo para sufrir un mayor lavado y también  mayores pérdidas físicas de materia seca.
La solución que se ha desarrollado en muchos países europeos es la recogida del heno con mayor humedad, y aplicar después ventilación forzada de diversas forma. El método tampoco está regularmente extendido, calculándose que en el Reino Unido sólo un 4% del heno es elaborado de esta forma, si bien en otros países como Francia el porcentaje de heno secado en almacén en algunas regiones llega al 60-70%. La ventilación consiste en hacer pasar suficiente aire forzado a través del forraje, que puede retirarse del campo empacado o bien sin empacar, mediante remolques autocargadores. La humedad inicial puede oscilar entre 40 y 60% en el momento de recogida, siendo usual hacer una siega precoz y presecado en campo hasta el 35-50% de humedad, aproximadamente.
Para que el coste energético sea menor, es fundamental trabajar con un forraje no demasiado denso y homogéneo, es decir preferentemente sin empacar (a granel), o bien en pacas de baja presión.

El sistema más elemental de secado puede consistir en un ventilador conectado a un conducto de ventilación central en forma de túnel, sobre el que se amontonan las pacas o el heno a granel a desecar. Es imprescindible en este caso situar uno soportes metálicos o de madera para asegurar que quede suficiente espacio para el caudal de aire calculado. El método más habitual de secado en almacén es el de ventilación vertical, que consiste en disponer una plataforma o área de secado elevada a unos 50-60 cm del suelo del almacén, formada por un suelo enrejillado o emparrillado, de madera u otro material, o bien paneles reticulados soldados apoyados en soportes separados ente 0,90  y 1,20 m. Este tipo de plataforma debe tener una resistencia de unos 1300 Kg/m2 cuando el forraje está húmedo, para alturas consideradas como máximas de 5-6 m en la pila de heno  almacenar sobre dicha plataforma de secado, que suele ocupar casi toda la superficie de almacén-henil.

Se necesita también prever una cierta altura libre por encima del montón, sobre todo cuando se utilizan sistemas de manipulación a granel, consistentes en una grúa-puente situada en el techo, con un sistemas de garras o brazos articulados para mover el heno.
La velocidad del aire a través del forraje debe ser de 20 cm por segundo, mientras que a la salida del ventilador no debe superar los 8 m/s en el conducto principal, con unas aberturas hacia el área emparrillada de secado de sección suficiente para una velocidad inferior a 4 m/s. Esto exige en la plataforma de secado que la superficie cubierta por madera u otro material sea inferior al 40 %, dejando libre el paso del aire en un 60% del área total.
En todo momento se pueden distinguir tres zonas en el montón de forraje, una primera seca, en la base, que constituye un obstáculo a la penetración del aire hacia las capas superiores; una segunda intermedia, en proceso de secado, y una tercera en la zona de arriba todavía húmeda y no secándose, pues el aire que le llega está saturado de agua. Cuando se maneja el heno en pacas es conveniente presecarlo hasta un 30-40% en campo, e introducir las pacas progresivamente. Cuatro o cinco capas el primer día, y tras ventilar unos 3-4 días, volver a introducir otras 2 ó 3 capas a la vez, continuando así sucesivamente. Esto sugiere otro de los sistemas de ventilación forzada en el cual el forraje se seca sobre un área de ventilación de dimensión reducida, diferente del lugar de almacenamiento, lo que supone una doble manipulación.

Esta variante ofrece la ventaja de un secado mucho más rápido al limitar la altura de la masa de forraje ya seca, y reducir el área de ventilación. Sin embargo, la superficie mínima de ventilación implica, para un mismo caudal el aire, una mayor velocidad a través del forraje, y por tanto un ventilador de más potencia y mayor consumo energético. En consecuencia, esta solución no parece muy aceptable, salvo que las construcciones existentes no se adapten al sistema de secado en almacén habitual o bien en los casos en que la doble manipulación que se exige al heno esté estudiada de una forma simple y eficaz.
Según datos franceses, la potencia nominal instalada en los sistemas de ventilación vertical con aire caliente en el propio lugar de almacenaje, es de alrededor de 10 CV, con unos costes energéticos medidos de 60-70 Kw.h y de 50 l de fuel-oil, por tonelada de heno seco, aunque pueden llegar, a veces, hasta 90-100 kw.h y 70 l de fuel.
En los sistemas de secado en zona distinta de la de almacenaje, según los datos franceses, los consumos específicos medios son, aproximadamente, para un forraje del 50% de humedad, de 105 KW por tonelada de materia seca y de 115 l de fuel-oil. El caudal evaporado medio fue de 45 Kg de agua por hora.
Finalmente se debe indicar que, ya que la energía del calentamiento del aire constituye un factor decisivo en cuanto a la rentabilidad de la instalación, cualquiera que sea el método empleado, se están desarrollando sistemas de energía solar para este calentamiento, a fin de sustituir  a los quemadores de fuel-oil tradicionalmente utilizados.


4 - PÉRDIDAS



4.1    Cambios químicos y pérdidas durante la desecación



Inevitablemente, durante el proceso de desecación tienen lugar cambios químicos que originan pérdidas de valiosos nutrientes. La magnitud de dichas pérdidas depende, fundamentalmente, de la rapidez de la desecación. La pérdida de agua en el campo de la hierba segada depende de la resistencia biológica natural de las hojas y cordones a la pérdida de agua, de las condiciones climáticas del momento y del microclima de los cordones, así como del tratamiento mecánico del forraje durante la recolección y acondicionamiento. Las pérdidas de nutrientes durante la henificación, se deben a la acción de las enzimas vegetales y microbianas, la oxidación química, el lavado por la lluvia y las pérdidas físicas.

4.1.1.    Acción de las enzimas vegetales



Es uno de los cambios que tiene lugar derivado de la continuación de la vida de los tejidos de la planta. La respiración prosigue, hasta cuando la vida cesa, cosa que viene a ocurrir aproximadamente cuando el forraje alcanza un contenido de agua inferior al 38 por 100. Durante el tiempo caluroso, seco y ventoso, la hierba húmeda, debidamente manipulada y volteada mecánicamente, se deseca con gran rapidez, de modo que las pérdidas ocasionadas por la actividad de las enzimas vegetales, son mínimas.
Los cambios principales afectan a los carbohidratos solubles y los compuestos nitrogenados. En las fases iniciales del proceso de desecación, tienen lugar cambios en los carbohidratos hidrosolubles, como la formación de fructosa por hidrólisis de fructanas. Durante los períodos prolongados de desecación, se producen grandes pérdidas de hexosas como resultado de la respiración, lo cual determina un aumento en la concentración de otros componentes de las plantas, especialmente los componentes de la pared celular, que se refleja en el contenido en fibra.
En los forrajes recién segados, las proteasas existentes en las células vegetales hidrolizan rápidamente las proteínas con formación de péptidos, hidrólisis que prosigue con cierta degradación de aminoácidos específicos. Sin embargo no se observa disminución en el contenido de nitrógeno total.  Por el contrario, al disminuir el extracto no nitrogenado como consecuencia de la respiración de los tejidos de la planta aún viva, se observa que relativamente el heno se enriquece en proteína. Falsa apariencia, ya que las cantidades totales de compuestos nitrogenados no se alteran como consecuencia de la desecación.
A las pérdidas antes referidas le sirve de compensación el que, mientras la planta sigue viva, continúa fotosintetizando hidratos de carbono que sirven de contrapeso a los gastados en respirar. Cuando el forraje está amontonado o acordonado, la proporción del mismo que recibe luz es pequeña y, por tanto, despreciable la compensación mencionada. Sin embargo, cuando por acelerar la desecación se extiende el forraje en la parcela, prácticamente todo él queda bajo la acción de los rayos solares, y ambos fenómenos, respiración y fotosíntesis, quedan en parte compensados durante las horas diurnas. La disminución neta del extracto no nitrogenado es así menor.
6795.gif

Para acelerar los procesos de desecación en el campo, se emplean una serie de aparatos y métodos “acondicionadores” de rodillos lisos o estriados que destruyen la estructura celular de las plantas, lo que permite al aire penetrar en la masa con más rapidez. Un método más tradicional, que todavía se realiza en ciertas partes del mundo, en especial Suiza, Italia, Alemania Occidental y Escandinavia, consisten en hacer heno en trípodes o caballetes.

4.1.2.    Actividad de los microorganismos



Si la desecación se prolonga debido al mal tiempo, pueden producirse cambios como consecuencia de la actividad de bacterias y hongos. La fermentación bacteriana tiene lugar en la hierba segada que se deja en el campo durante unos días, dando lugar a la formación de pequeñas cantidades de los ácidos acético y propiónico. el heno enmohecido es poco apetecible y puede resultar perjudicial para los animales y el hombre, debido a la existencia de micotoxinas. Además, dichos henos pueden contener actinomicetos que son responsables de la enfermedad alérgica “fiebre del heno”, que afecta al hombre.

4.1.3.    Oxidación


Si la hierba de deseca en el campo, tiene lugar cierta oxidación. El efecto puede apreciarse en el color, ya que se destruyen la mayoría de los pigmentos. Un importante compuesto afectado es la provitamina caroteno, precursor de la vitamina A. El caroteno se oxida con gran facilidad y este proceso es acelerado por la temperatura y la acción fotoquímica del sol. Por ello, cuando la temperatura es alta y el sol intenso, se produce un heno de color pajizo, señal inequívoca de la pérdida importante de la provitamina. En tal situación, extender el forraje en la parcela causaría, aparte de una fuerte pérdida de hojas por desecación rápida de éstas, una desaparición prácticamente total del caroteno. De ahí que en climas de centro y sur de España conviene, al menos en verano, henificar con el forraje ahilerado para conservar al máximo el caroteno. Lógicamente la disminución del caroteno es más fuerte en las primeras horas de henificación que en las últimas. En condiciones normales se han registrado pérdidas de hasta un 15 por 100 en las primeras seis horas y de un 25 por 100 después de dos días. A los efectos de la alimentación de rumiantes, un heno de alfalfa normal tiene, a pesar de tan graves pérdidas, suficiente caroteno para satisfacer las necesidades nutritivas del animal. Únicamente existe problema cuando la alfalfa se utiliza como fuente de vitamina A dentro de una ración cuyos restantes constituyentes son pobres en ella.
La desecación rápida en trípodes o la deshidratación en el henil permite conservar los carotenos con más eficiencia, habiéndose observado pérdidas de sólo el 18 por ciento en la deshidratación en el henil. Por otra parte, la luz del sol mejora el contenido en vitamina D de los henos, debido a la irradiación del ergosterol existente en las plantas verdes. Se ha constatado que el heno e alfalfa curado al sol posee un fuerte poder calcificante, mientras que el forraje en verde que lo originaba carecía de él.

4.1.4.    Lavado por la lluvia



La lluvia es directamente responsable de la prolongación de la vida de la planta y de un lavado que en ocasiones puede revestir importancia. La prolongación de la vida del vegetal causa una mayor pérdida de materia orgánica por combustión (consumo por el oxígeno del aire del material vegetal rápidamente utilizable) y de caroteno por oxidación. Al humedecerse el forraje se alarga ese momento en que el heno alcanza su contenido en materia seca del 60 por 100, cuando las actividades vitales de los tejidos se paralizan.
Cuando el forraje está recién cortado y aún fresco, se conserva todavía la integridad celular y es difícil, por tanto, que le agua de rocío o lluvia pueda penetrar en su interior. El lavado que entonces se produce es nulo o despreciable. Posteriormente, en cambio, cuando el agua cae en el momento en que el heno está a medio hacer y las cubiertas celulares han perdido su típica impermeabilidad, el agua penetra hasta el interior de las células, arrastrando consigo no sólo los elementos minerales solubles (sales), sino también los hidratos de carbono (azúcares) que no hayan desaparecido por combustión. A estos efectos de lavado, es más grave la lluvia cuando se produce de forma tardía que cuando ocurre inmediatamente después de la siega.
La pérdida de minerales solubles, azúcares y compuestos nitrogenados da lugar a un aumento en la concentración de los componentes de la pared celular, que se refleja en un mayor contenido en fibra bruta.


4.1.5.    Pérdidas mecánicas



Durante el proceso de desecación, las hojas pierden humedad con más rapidez que los tallos, haciéndose quebradizas y fácilmente desmenuzables durante la manipulación. La manipulación mecánica excesiva puede determinar la pérdida del material foliar y, puesto que las hojas henificadas son más ricas en nutrientes digestibles que los tallos, el heno resultante puede ser de bajo valor nutritivo. La pérdida de hojas durante la desecación es más fácil que ocurra con las leguminosas, como la alfalfa. En la actualidad se dispone de distintas máquinas que permiten reducir las pérdidas debidas al desprendimiento de las hojas. Si la hierba es machacada o aplastada, el ritmo de desecación de las hojas y tallos no es tan diferente. El empacado del heno en el campo con un contenido en humedad de 300-400 g/Kg, y la subsiguiente deshidratación por ventilación forzada, reduce notablemente las pérdidas físicas.

6796.gif

Pérdidas en el secado al sol del heno de alfalfa, en relación con el tiempo de permanencia en el campo, para reducir la humedad hasta un nivel apropiado para almacenar

4.2    Cambios durante la conservación



Los cambios químicos y las pérdidas relacionados con la henificación, no cesan completamente cuando el heno se encuentra en el almiar o el henil. Aunque el heno haya sido muy bien secado en el campo, existen siempre partes que conservan cierta humedad. Incluso algunos tallos, más difíciles de henificar, albergan en su interior pequeñas cantidades de agua. Los forrajes conservados pueden contener entre 100 y 300 g de humedad/Kg. Con los niveles superiores de humedad, pueden tener lugar cambios químicos debido a las enzimas vegetales y los microorganismos.
La respiración cesa, aproximadamente, a los 40 ºC, pero la actividad de las bacterias termófilas puede continuar hasta los 72 ºC. Colaboran en este sentido las posibles fermentaciones que se produzcan como consecuencia de una rápida proliferación de bacterias, entre las que el Bacillus coli suele ser la más abundante. Cuanto más alta es la temperatura, más activa resulta la combustión y mayores las pérdidas, que fundamentalmente se refieren al extracto no nitrogenado. Puede llegar a producirse una cierta caramelización de los hidratos de carbono que, si bien hacen al heno más apetecible por el ganado, resulta de un valor nutritivo menor. La digestibilidad se reduce sensiblemente. El calor tiende a acumularse en el heno almacenado en masa, pudiendo producirse la combustión.
Es fácil detectar cuando un heno ha sufrido una inusitada elevación de la temperatura en el henil. Debido a la caramelización indicada, el heno adquiere un color tostado, tanto más oscuro cuanto mayor sea la liberación de energía ocurrida. Presenta, además, un aspecto pastoso, que favorece el desarrollo de mohos, cuya aparición no se hace esperar.
Dos factores determinan fundamentalmente estos fenómenos: la humedad del heno almacenado y la presencia de oxígeno. Aquélla es una consecuencia de la inadecuada henificación seguida en el campo, aunque frecuentemente ocurre que las malas condiciones del henil permiten la penetración de agua de lluvia al interior del masa almacenada, desencadenándose también así el proceso antes descrito.
El oxígeno es necesario para que tenga lugar la respiración y combustión en el forraje, por lo que la eliminación del mismo puede impedir o, al menos, frenar dichos procesos. En este sentido, el empacado resulta de incalculable utilidad. Es importante evitar la formación de bolsas de aire, especialmente al almacenar el heno en rama, ya que cuando esto coincide con zonas de humedad pueden registrarse los fenómenos de combustión tan intensamente que el heno llegue a arder.
El calentamiento prolongado durante el almacenamiento puede tener efectos perjudiciales sobre las proteínas del heno. Se forman nuevos enlaces entre las cadenas peptídicas, así como en el interior de las mismas. Algunos de estos enlaces son resistentes a la hidrólisis por las proteasas, lo cual reduce la solubilidad y la digestibilidad de las proteínas.
La susceptibilidad de las proteínas a ser dañadas por el calor aumenta considerablemente si existen azúcares, debiéndose el problema a las llamadas reacciones de Maillard (suponen una condensación entre el grupo carbonilo de un azúcar reductor con el grupo amino libre de un aminoácido o proteína). La temperatura tiene gran influencia sobre el ritmo a que se realiza la reacción, siendo el ritmo 9000 veces más rápido a 70 ºC que a 10 ºC. El aminoácido lisina es particularmente susceptible a las reacciones de este tipo. Los productos carecen de color al principio, pero pueden volverse de color marrón; el color marrón oscuro de los henos sobrecalentado, o de otros alimentos, puede atribuirse a las reacciones de Maillard.
Las pérdidas de caroteno durante el almacenamiento dependen en gran parte de la temperatura. Por debajo de 5 ºC las pérdidas son escasas o nulas, en tanto que durante el tiempo caluroso las pérdidas pueden ser considerables.
Los cambios que tienen lugar durante el tiempo de conservación tienden a aumentar la proporción de los componentes de la pared celular y a reducir el valor nutritivo.
El forraje joven es mucho más difícil de henificar apropiadamente. En primer lugar, tiene más humedad y su eliminación toma lógicamente más tiempo, aumentando, en consecuencia, los riesgos de mojarse en el campo. Además, su contenido en hidratos de carbono, altamente digestibles y de fácil combustión, proporciona material suficiente para una activa respiración y fuerte elevación de la temperatura. En cambio, con forraje más maduro, los hidratos de carbono se han convertido en formas más insolubles, las posibles fermentaciones son más débiles y la liberación de energía escasa.

6797.gif

Pérdida de elementos nutritivos: energía (línea continua), proteína digestible (línea a trazos), según la temperatura alcanzada durante el almacenamiento

4.3    Conservadores del heno



El fin perseguido al emplear conservadores del heno es poder almacenarlo con niveles de humedad que, si no se usaran dichas sustancias, determinarían un grave deterioro por enmohecimiento. Se han estudiado numerosos compuestos, pero los que han recibido más atención han sido el ácido propiónico y su derivado menos volátil bis propionato amónico. Para los henos cuyo contenido en humedad es de 300 g/Kg, el nivel de utilización de estos productos químicos es de unos 12 Kg/t, que deben distribuirse uniformemente. Los henos de contenidos en humedad del orden de 400-500 g/Kg pueden conservarse perfectamente, tras la aplicación del propionato, siempre que se almacenen correctamente y el aditivo se aplique en cantidad suficiente y se distribuya uniformemente.
Más recientemente, el buen efecto del tratamiento de la paja con amoníaco anhidro ha estimulado los estudios del tratamiento del heno con dicho gas. El amoníaco anhidro inyectado en las pilas de pacas de heno húmedo cubiertas con plástico, ha aumentado la estabilidad, en condiciones aerobias y anaerobias, y mejorado el valor nutritivo del heno (aunque existen cierto peligro de que se formen toxinas).

5 - SUMINISTRO DE HENO AL GANADO


El heno almacenado resulta un producto muy estable y fácil de manejar en la alimentación del ganado. Conocido el peso medio de una paca, resulta muy fácil el racionamiento por lotes contando su número.
Puede ser consumido sin problemas por cualquier tipo de ganado y constituir la totalidad de la ración base. Tiene propiedades astringentes. Es ideal para iniciar a rumiantes jóvenes en el consumo de forrajes. Por su gran estabilidad, el heno es susceptible de comercialización.
Son características físicas importantes el contenido de hojas, la textura y la rigidez. Además la longitud de las partículas de heno y la densidad al suministrárselo a los animales. Se ha dado importancia a la posibilidad de suministrarlo en forma de pastillas, preparadas a base de heno molido. Se han hecho comparaciones entre dos o más de las siguientes formas de preparación del mismo heno: largo, picado (trozos de 2 a 10 cm) y dado suelto o comprimido en forma de pastillas; y finalmente molido muy fino (partículas de 1,6 a 8 mm), dado en forma de harina o en pastillas. Las densidades aproximadas (kilogramos por litro) son: heno largo 0,08; heno picado 0,15; heno picado y comprimido en pastillas 0,26 a 0,48; harina finamente molida 0,34; y por último molido y comprimido en pastillas 0,65 a 0,97. Cuando se prepara heno en forma de pastillas la densidad y la dureza de éstas, depende de la cuantía de la presión aplicada. Se ha comprobado que el consumo voluntario del heno molido y comprimido en pastillas es de un 10 a un 25% mayor que el del heno natural o picado en trozos.
Las pacas deben ser abiertas y el heno extendido sobre el pesebre o en una zona de alimentación. Si se dispone de rastrillos especiales para heno se reducen las pérdidas.
También pueden constituirse heniles de autoconsumo. Para ello, en el propio edificio que alberga el heno, basta disponer una plataforma de 1 m en pendiente hacia un pesebre sobre el cual está colocado un rastrillo para heno. La plataforma está siempre llena de heno desempacado que va cayendo hacia el rastrillo a medida que es consumido ad libitum por los animales.
Hay diversos tipos de máquinas que permiten incorporar de forma mecanizada el heno a los animales.
6798.jpg
Distribución de una paca picada sobre el comedero

6799.jpg
Remolque mezclador para preparación y distribución de raciones

6 - DESHIDRATACIÓN DE FORRAJES



El procedimiento industrial de deshidratación de forrajes fue introducido en Gran Bretaña al final de la década de los años treinta, tomando bastante impulso en determinados países europeos hasta que la crisis energética detuvo su expansión en los años setenta. Alemania y Países Bajos frenaron su desarrollo y sólo Dinamarca y Francia continuaron aumentando su producción de forrajes deshidratados artificialmente (alfalfa fundamentalmente).
La creación por la Comunidad Económica Europea en 1974 de la organización común de mercado (OCM) de los forrajes deshidratados, así como las disposiciones posteriores sobre un nuevo régimen de ayudas económicas a dichos forrajes (1978), impulsaron de nuevo la producción, que, muy especialmente en Francia, experimentó un gran incremento entre 1965 y 1981, no dejando de crecer en la CEE hasta la actualidad, con ligeros altibajos según los países.
Debido a las características típicamente industriales de esta producción, se pueden conocer estadísticamente las cantidades producidas, al contrario de lo que ocurre con el heno o silo, de muy difícil evaluación por ser forrajes de autoconsumo en la propia explotación.
La posible expansión europea de los forrajes deshidratados parece que va a ser contenida en el futuro con el fin de no causar problemas presupuestarios en la Política Agraria Común, según manifestaciones del sector en 1989, y pese al déficit de la CEE en esta fuente de alimentación.
Los esfuerzos van a centrarse en cambio en la mejora de la calidad y en la rentabilidad de las unidades de deshidratación. La investigación debe buscar un mayor contenido en proteínas, digestibilidad y ahorro energético. Las inversiones en ahorro de energía, según datos de la CEE-10, se han revelado muy eficaces en los últimos diez años, pasando los gastos directos debidos a la energía de representar un 45 por 100 a un 23 por cien del total de gastos.
Así como la henificación y  el ensilado son métodos de conservación de forrajes ampliamente usados en todas las explotaciones ganaderas y cuya principal utilización es el consumo en la misma finca, la deshidratación artificial pertenece mucho más al mundo de las industrias transformadoras, con unos objetivos comerciales que en más de un 80% son las fábricas de piensos compuestos. Estas utilizan el forraje deshidratado en forma de harina o gránulos -de alfalfa fundamentalmente- para incluirlo en pequeñas proporciones en las raciones de aves y cerdo. Este mercado demanda el forraje seco por su contenido en proteínas, caroteno y xantofila (pigmento que colorea la yema de los huevos).
La alfalfa, con un 15-18% de proteína bruta, puede producir habitualmente entre 2000 y 2500 Kg/ha de proteína total, rendimiento que puede considerarse como máximo en nuestras condiciones de cultivo, ya que ni las leguminosas grano, con producciones proteicas por debajo de los 1000 Kg/ha, ni la soja, alcanzan los rendimientos citados.
En consecuencia es esta planta la que con más generalidad ocupa las deshidratadoras actuales, si bien en Francia existen algunas cooperativas que, en la programación de cultivos para la planta deshidratadora, introducen además, para alargar la duración de la campaña, festuca, ray-grass o trébol, que son aprovechados generalmente por el ganado de los propios agricultores cooperativistas. En España, la mayor concentración de deshidratadoras se encuentra en las regiones tradicionalmente cultivadoras de alfalfa, esto es Aragón (Zaragoza principalmente), Navarra y Lérida, en las cuales se concentra casi el 70% de las instalaciones, seguidas por la zona del Duero, con un escaso 15%.
Existen diversos sistemas para la eliminación del agua de los forrajes (presión, absorción, etc.), pero el más utilizado es la aplicación directa de aire caliente, como ya hemos visto al hablar de la ventilación forzada. Dentro de este sistema el proceso puede hacerse a baja (130 a 150 ºC) o alta temperatura (800-1000 ºC), siendo este último el más empleado.
La instalación más corriente (figura siguiente), consta de un gran cilindro o tambor giratorio horizontal en donde se introduce el forraje, el cual se desplaza al otro extremo impulsado por el aire caliente que va secándolo progresivamente. Los trozos de hojas se secan  muy deprisa y salen rápidamente del tambor, a un ciclón recolector, mientras que los tallos húmedos y pesados caen a través del chorro del aire y son arrastrados por la rotación del cilindro, avanzando lentamente hasta que, ya secos, también pasan al ciclón

6800.gif

La alimentación del cilindro secador se controla por un tornillo alimentador (A), cuya velocidad depende de la temperatura de salida, media en el ciclón principal (E). De esta forma el forraje con un elevado contenido de humedad entra más despacio que el forraje seco. Este, se separa del chorro de aire en el ciclón y pasas a través de una válvula rotativa(G), mientras que el aire húmedo se expulsa por un ventilador (F) y una chimenea (H).
El forraje, ya deshidratado, pasa después al molino de martillos, donde es triturado en forma de harina. Este puede ser el producto final en unos casos, mientras que en otros se conduce después a una prensa granuladora (N) del tipo de las utilizadas en las fábricas de piensos. La presentación en una u otra forma del producto final depende del sistema de comercialización.


Caben diferentes posibilidades:



- Forrajes condensados:

es el sistema anteriormente descrito, triturados y aglomerados en máquinas granuladora, que los transforman en gránulos.

- Forrajes compactados:

aglomerados en el mismo tipo de máquina, debidamente picados pero sin triturar. Se presentan en pastillas de 10 a 20 mm de diámetro.

- Forrajes comprimidos:

aglomerados en una prensa de pistón que respeta mejor la estructura del forraje, sin triturar. Se presentan en briquetas de 50 mm de diámetro.

Cualquiera de los métodos de presentación citados ayuda al transporte, ensacado y distribución posterior al ganado.
La instalación de una deshidratadora exige una fuerte inversión que, por lo general, queda reservada a asociaciones de agricultores o grandes empresas.
Como los gatos fijos suponen, aproximadamente, el 25% de los gastos totales, para la rentabilidad de la instalación se ha de procurar un índice de ocupación lo más elevado posible, ya que, en caso contrario, la elaboración de un kilogramo de producto seco puede sufrir un incremento próximo al 20-30%.
El coste energético, que puede disminuirse mejorando la tecnología (como el prensado en frío) y la capacidad mínima de la instalación, son de esta forma los puntos débiles de la industria deshidratadora de forrajes, que está asistiendo desde hace años en Europa a una reestructuración de las unidades, orientándose a capacidades de evaporación superiores a 10000 l/h y mejor aún próximas a 15000 l/h de forma que pueda producirse un mínimo de 8 a 10000 toneladas de forraje seco por año, con gastos energéticos medios de 0,55 l de fuel por litro de agua evaporado. Se debe destacar que hay zonas en Francia que ciertas fábricas tiene capacidades próximas a 40000 t/año, si bien lo normal son unidades de producción entre 15 y 20000 t/año.
La conclusión es que la deshidratación de forrajes es un trabajo para especialistas, capaces de operar en gran escala y de utilizar mano de obra especializada, y sólo apto para cooperativas o empresas bien organizadas y con dimensiones mínimas rentables.

Utilización del forraje deshidratado



Según diversos trabajos de Demarquilly y otros autores, la deshidratación a alta o baja temperatura, siempre que se efectúe adecuadamente, modifica muy poco el valor nutritivo y la ingestión de los forrajes. La disminución de la digestibilidad de la materia orgánica es mínima y no se produce disminución en el valor energético. Por otro lado, al poder realizar el corte de los forrajes o de la hierba en el momento óptimo de su ciclo vegetativo, con independencia de condiciones climáticas adversas, se puede obtener el máximo valor alimenticio de las plantas.
En consecuencia, se ofrece al ganado un alimento apetecible y equiparable en muchos casos a un concentrado tradicional.
La forma posterior de presentar el forraje desecado (gránulos, pastillas, etc.), sí tiene una cierta influencia en la ingestión, derivada de variaciones en la digestibilidad, aunque muy ligeras.
Diversos ensayos franceses con bovinos de engorde, indican la posibilidad de usar el forraje deshidratado tanto como ración complementaria de ensilados o como sustitutivo de concentrados. Así, una ración compuesta por un 80% de gramíneas deshidratadas en un estado relativamente joven,  y un 20% de cereales, sirve perfectamente para cubrir las necesidades de añojos con ganancias diarias de peso de 1100 a 1200 g/día.
Las vacas de leche pueden recibir forrajes deshidratados como único forraje durante lactaciones enteras, sin ningún problema sanitario o reproductivo, ni del porcentaje de grasa de la leche. La única condición es que consuman un poco de paja y que el forraje no esté excesivamente picado. Recolectados en su punto óptimo, los forrajes deshidratados cubren la producción de 15 a 18 Kg de leche, además de las necesidades de mantenimiento (Jarrige, 1973). Sin embargo, dado su elevado precio, es evidente que una alimentación basada exclusivamente en ellos es muy cara. Pero en cambio, la incorporación de 1 a 5 Kg/día por vaca, como complemento a diferentes raciones de base, principalmente ensilaje de maíz-urea, puede ser muy interesante.
Cuando el alimento complementario de la ración aumenta, la cantidad de ensilado ingerido disminuye menos con un aporte de forraje deshidratado (condensado y compactado), que con el mismo aporte de cebada. En experiencias realizadas en el centro de investigación de Hurley (Inglaterra), las ganancias de peso de bovinos de engorde y la eficacia alimenticia máxima, se obtuvieron cuando la ración llevaba, en materia seca, un 50% de ensilado y otro 50% de forraje deshidratado. Además, en el caso de silo de maíz, los forrajes deshidratados en un estado joven, especialmente la alfalfa, aportan el necesario complemento proteico.
Los forrajes deshidratados se adaptan así, especialmente en la producción de carne, a cualquier tipo de ración, en función de las circunstancias de precio de cada elemento nutritivo y de los tipos de animales a alimentar en cada caso.

7 - BIBLIOGRAFÍA



- DE BLAS BEORLEGUI, CARLOS; GONZÁLEZ MATEOS, GONZALO; ARGAMENTERIA, ALEJANDRO (1987). “Nutrición y alimentación del ganado: Heno”. Ed. Mundi-Prensa. Madrid. Págs. 243-249.
- MCDONALD, P.; EDWARDS, R.A.; GREENHALGH, J.F.D.; MORGAN, C.A. (1995). “Nutrición animal: Heno, forrajes deshidratados artificialmente, pajas y granzas”. Ed. Acribia. Zaragoza. Págs. 439-452.
- CHURCH, D.C. (1984). Tomo I - “Alimentos y alimentación del ganado: Forrajes”. Ed. Mundi-Prensa. Madrid. Págs. 117-128.
- BUXADÉ, CARLOS. (1995). “Zootecnia. Bases de la producción animal” Tomo III - “Alimentos y racionamiento: Forrajes conservados, henos”. Ed. Mundi-Prensa. Madrid. Págs. 99-115.
- HUGHES, H.D.; E. HEATH, MAURICE; S. METCALFE, DARREL. (1981). “Forrajes: La calidad del heno”. Ed. Continental. México. Págs. 547-563.
- MÁRQUEZ, LUIS. (1999). “Maquinaria para la recogida y el manejo del forraje”. B & H Editores. Madrid.
- ENSMINGER, M.E.; OLENTINE, C.G.. (1983). “Alimentos y nutrición de los animales: Heno”. “El Ateneo” Editorial. Buenos Aires. Págs. 111-129.
- DEL POZO, MANUEL. (1983). “La alfalfa su cultivo y aprovechamiento: La henificación”. Ed. Mundi-Prensa. Madrid. Págs. 257-274.
- FARMER AND STOCKBREEDER. (1970). “Conservación de forrajes”. Ed. Academia. León.

- On line:
www.agroconnection.com/secciones/maquinaria/cosechadoras/forrajes/S02900011.htm
www.pasturasdeamerica.com/conservacion/heno.asp
www.inia.cl/cobertura/quilamapu/bioleche/BOLETIN24.html
www.vidarural.net/articulos/vr/cereales/83cultforrajeros.html

Autor:

Santiago Crecente Campo





Creative Commons License
Estos contenidos son Copyleft bajo una Licencia de Creative Commons.
Pueden ser distribuidos o reproducidos, mencionando su autor.
Siempre que no sea para un uso económico o comercial.
No se pueden alterar o transformar, para generar unos nuevos.

 
TodoMonografías.com © 2006 - Términos y Condiciones - Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Creative Commons License