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Arqueología prehistórica parte 1 - Monografía



 
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Historia universal de América. Antropología. Estudios arquelógicos. Sociedades de jefaturas y estados. Periodo formativo, clásico, postclásico y precolombino. Yacimientos



Periodo formativo:



Los Olmecas fueron la primera de las civilizaciones Mesoamericanas. El área geográfica donde surgió y se desarrolló ocupa una extensión aprox. de 18.000 km2 en los modernos Estados mexicanos de Veracruz y Tabasco (zona nuclear o metropolitana) comprende las tierras bajas de la llanura costera del Golfo de México con una altitud no superior a los 100 m.s.n.m.

En el área referida existe notable abundancia de agua, la fuente pluviosidad anual sobrepasa regularmente los 3000 Mm. esto la convierte en un lugar donde la humedad, el lodo y las ciénegas ponen las notas características. En estas tierras calientes y húmedas, abunda el hule, la resina del árbol llamado olquauitl de la que se hacían las grandes pelotas macizas para el ritual del juego practicado por todos los pueblos mesoamericanos. De allí el nombre Olmeca que significa pueblo de hule en náhuatl (lengua azteca) Los aztecas eran quienes llamaban así a los pobladores de la costa del Golfo.

Al producirse descubrimientos arqueológicos que mostraban una nueva cultura con una cronología diferente, se convino en llamarlos de maneras diferentes: a los Olmecas antiguos, se los denominaría Cultura de la Venta por ser éste su centro principal, mientras que los indígenas históricos seguirían llamándose Olmecas. Sin embargo la fuerza de la costumbre hizo que la terminología adoptada tuviera escasa vigencia.

La influencia olmeca se habría de difundir por todo México y aun más allá de sus fronteras. Elementos del estilo e iconografía Olmeca se expandieron ampliamente por toda Mesoamérica durante el Formativo-medio. El área de difusión parece extenderse desde la región sur Veracruz-Tabasco, hacia el oeste y noroeste, a través de Puebla, Morelos y Guerrero. Lápidas y esculturas Olmecas han sido halladas en Oaxaca, Chiapas y en las sierras de la región Pacífica guatemalteca.
Fue M. W. Stirling (1939) quien estudió principalmente esta cultura. Efectuó investigaciones en la costa del Golfo en los sitios de La Venta, Tres Zapotes, Cerro de Las Mesas y San Lorenzo Tenochtitlán. En estos lugares se hicieron importantes descubrimientos de gigantescos monumentos de basalto, cabezas colosales, esculturas de tipo negroide, una estela (estela C de Tres Zapotes) fechada como de época anterior a la Era Cristiana, tumbas, sarcófagos de piedra, pisos de mosaico de serpentina verde y sobre todo, grandes cantidades de objetos de jade, extraordinarios por su calidad artística y su color.

La sospecha de que esta era una cultura del todo diferente a las conocidas, se confirmo plenamente con tales hallazgos y los posteriores fechados radiocarbónicos que mostraban la mayor antigüedad de los Olmecas. A partir de estos descubrimientos, el tema de la cultura Olmeca pasó a ocupar un plano de principal interés dentro de las culturas Mesoamericanas.

Apenas se han conservado vestigios óseos de los Olmecas arqueológicos; la gran humedad y la acidez del suelo han desintegrado los esqueletos que suelen encontrarse en los enterratorios, de modo que la reconstrucción del tipo físico sólo puede abordarse partiendo de las esculturas, estatuillas figurativas y otras representaciones
Eran individuos de baja estatura, algo obesos, pero fornidos, braquicéfalos de cara redondeada, ojos oblicuos, nariz corla y ancha, boca de labios gruesos, mandíbulas potentes y cuello corto.

Hacia comienzo del siglo XV existen testimonios de la ocupación humana de la region por agricultores aldeanos. Esas fases se denominan Ojochí, Bajio, Chicharras; temporalmente cubren el lapso entre 1500 antes de nuestra era, cuando aparecen en la región los primeros vestigios de habitación humana sedentaria, y en el año 1200 a.C. momento en que los pobladores del sitio de San Lorenzo empiezan a labrar las impresionantes cabezas
Monolíticas y otras esculturas pétreas.

El periodo Olmeca puede dividirse en una fase de esplendor del sitio de San Lorenzo (1200-900 a.C.) y una siguiente, Olmeca II identificada por la destrucción de San Lorenzo y el predominio de la entidad política encabezada por el sitio de La Venta (900-400 a.C.). En este período se produce el máximo apogeo cultural, tanto en lo que se respecta a las monumentales realizaciones arquitectónicas y escultóricas, a la finura y perfección de las obras de arte de menores dimensiones como a la temprana expansión e influencia de la civilización olmeca por Mesoamérica. Por ultimo el periodo Olmeca III (400-100 a.C) es de franca decadencia. El sitio de Tres Zapotes es el único gran heredero de la vieja cultura en el interior de las fronteras regionales, pero sus manifestaciones resultan modestas y carecen de la originalidad y el vigor antaño. No obstante es en los tiempos tardíos de Tres Zapotes cuando se talla la famosa Estela C, que contiene una importante inscripción cronológica (año 31 antes de Jesucristo en nuestro sistema calendario)

San Lorenzo, localidad está formado en realidad por tres sitios: Tenochlillán (al que no se debe confundir con la capital azteca); San Lorenzo propiamente dicho, tres kilómetros al suroeste del anterior, y Potrero Nuevo tres kilómetros al sureste de San Lorenzo

Entre los logros más notables de la gente da San Lorenzo esta la construcción de un Sistema de desagüe muy complejo. Las constantes inundaciones obligaron a la construcción de una plataforma de 50 m. de alto sobre la cual levantaron los principales edificios. M. Coe señala que el rasgo más destacado es el intento de controlar las aguas a través de pequeños pozos artificiales de canales que debieron desaguar el centro durante las inundaciones.

El centro ceremonial mide más de un kilómetro en línea que corre de norte a sur; no tiene ninguna gran pirámide como la que se encuentra en La Venta pero sí varios cientos de montículos de tierra. La mayoría de éstos son basamientos de edificios rectangulares. A juzgar por su número, la población pudo haber superado a las mil personas, aunque es obvio que San Lorenzo servía como ceremonial a un número mayor de habitantes de los campos circundantes

La arquitectura de San Lorenzo es pobre. El sitio e notable pos sus esculturas en piedra, entre las que se destacan las nueve cabezas colosales que allí se encontraron. La presencia de materias primas como obsidiana, serpentina, mica, pedernal, etc., que no son propias de la región, señalan la apertura comercial de sus habitantes hacia el interior. Sin embargo este sitio casi no ha ofrecido figuras de jade que se encuentran con tanta abundancia en La Venta y en muchas otras partes de México y que fueran requeridas por los Olmecas.

Con el final de dominio olmeca en San Lorenzo (90 a.C.) el principal centro de la cultura se traslada a La Venta. Este centro ceremonial se halla localizado sobre una pequeña isla pantanosa. Se empezó a construir en La Venta aprox. en 1100 a.C. El apogeo llegó en 800 a.C. y hacia el 400 a.C. la construcción cesó y el centro fue abandonado.

Las construcciones de La Venta son de tierra o de barro seco y casi no hay estructuras de piedras. Los estudios de La Venia muestran que fue planificada con mucho cuidado y que su construcción siguió un eje central, este eje es una línea, imaginaria orientada casi de norte a sur, a lo largo de la cual se colocaron muchas ofrendas santuosas. La plaza es dominada por una pirámide principal situada en su extremo sur, es de planta más o menos circular con un diámetro de 120m. Las paredes simulan faldas de una montaña en la que se distinguen claramente diez escalones; quebrada en la cima, tiene la apariencia de un cono truncado.
Los monumentos artísticos sobresalientes de La Venta son tres pavimentos de mosaico, que pertenecen a la fase final de este sitio. Dos de ellos fueron, colocados sobre las plataformas que delimitan el lado sur de la plaza principal; cada uno esta formado por varios centenares de piezas oblongas de serpentina, fijadas mediante arcillas de colores. Los mosaicos están colocados de tal manera que representan una cara estilizada de jaguar. Una vez terminados, fueron cuidadosamente cubiertos por tierra como si se tratase de una ofrenda colectiva al dios jaguar.

Las personas de .alta jerarquía a veces eran enterradas bajo las plataformas o en montículos artificiales. El mas notable de los entierros fue la Tumba 2 A de La Venta. En el interior de sus columnas de basalto descansaban los cadáveres de dos jóvenes, cuyos cuerpos habían sido cubiertos por una espesa capa de color rojo; a su alrededor se hallaba gran cantidad de figurillas y objetos de jade.

Por las dimensiones y características La Venta, no pudo alojar en tiempos prehistóricos a más de 30 a 50 familias. El tamaño de las obras -incluyendo los grandes monumentos de piedra- implica la presencia de una población tributaria mayor y es casi seguro que La Venta como centro ceremonial, dependía de los esfuerzos de regiones aledañas, de una población habitando un medio rural disperso y tributando periódicamente en el centro ceremonial.

Por ello ha surgido el problema, muy discutido, de saber que eran propiamente estos sitios Olmecas: ciudades o centros ceremoniales al estilo maya. Se entiende por centro ceremonial un sitio donde habitan los jefes, sacerdotes o civiles, sus dependientes directos y tal vez algunas personas mas, pero en que el grueso de la población vive en aldeas rurales dependientes de ese centro y solo lo visitan en días festivos para atender sus asuntos o cuando se les congrega allí para realizar los trabajos que impone la jerarquía.

En realidad, en La Venta y en los otros sitios Olmecas, es posible que estemos en una situación intermedia: ni es una ciudad, ni es tampoco propiamente un centro ceremonial, sino una especie de aldea urbanizada. Está colocada entre la aldea prácticamente neolítica de donde surge y la verdadera ciudad que encontramos posteriormente en Teotihuacan

Todo lo que lograron los constructores de estos sitios Olmecas implica que los jefes disponían de un cuerpo numeroso de trabajadores especializados, además de los manuales, ya que estos últimos nada podrían haber hecho si no hubieran sido dirigidos por especialistas. Se necesitaron conocimientos de ingeniería arquitectura para cortar las canteras y extraer las piedras, transportarlas a larga distancia, erigirlas, hacer las excavaciones en la forma debida asimismo debió haber lapidarios y de gran calidad para tallar el jade, y artistas de primera para esculpir los monumentos.

Si bien la arquitectura y la organización de las ciudades son interesantes, donde los Olmecas sobresalieron indudablemente, fue en la escultura y en la pintura, hasta tal punto que se los ha considerado como los mejores escultores en la América antigua.

Escultores tanto de las figuras monumentales, en grandes bloques pétreos de basalto y andesita, o de pequeñas hachas y figurillas labradas en jade y otras piedras finas, revelan una maestría incomparable, un dominio absoluto de la técnica, propio de especialistas a tiempo completo, trabajando por encargo de los linajes dirigentes.

Tal vez el grupo de obras más llamativo sea el monumental, que se manifiesta en varias formas. Una de ellas son las famosas cabezas colonias, tienen entre 1,50 hasta 3 metros de altura. Un ejemplar realmente- excepcional es el de Cobalá, que tiene 3,4 metros de altura, 3 m. dé diámetro, una masa de unos 25 m3 y un peso calculado en torno a las 65 toneladas.
Todas presentan un aire común. Parecen ser representaciones de individuos de sexo masculino, con una característica nariz ancha y poco saliente y labios gruesos de comisuras caídas. Se cubren con una especie de casco redondo con orejeras, decorados con una serie de motivos de probable carácter simbólico

Las cabezas de La Venta, Tres Zapotes y Cobata están realizadas en basalto procedente de los macizos de Tuxtlas, es evidente que detrás de su acarreo y talla se encuentra una poderosa organización capaz de movilizar de los 1000 a 2000 hombres necesarios de rodillos y por vías lluviales.

Se han descubierto también numerosos altares, denominación establecida no por su función, sino por su forma general. Se trata de esculturas en bajo o sobre relieve, construidas sobre bloques de piedra de forma aproximadamente, rectangular. En uno de ellos, el frente del altar exhibe una figura que, saliendo de un nicho, lleva en sus brazos a un niño. Otras figuras de carácter igualmente antropomorfo se distribuyen alrededor del altar, el cual además está cubierto de motivos finamente grabados.

Otra forma también muy común de escultura olmeca son las estelas, de las que se conserva un número significativo. Son grandes bloque de piedra, con una cara labrada en bajorrelieve, donde aparecen personajes ricamente ataviados, componiendo escenas en algún caso, con la respectiva referencia cronológica, escrita de manera jeroglífica.

La aparición de esculturas con rasgos felinos se ha explicado, por un lado, como la representación de un ser imaginario, el hombre o niño-jaguar, resultado de la unión ancestral y mítica de un jaguar y una mujer. De esa también nacería el linaje de los Olmecas. La aparición de tales rasgos se ha atribuido también a la existencia real de seres con esas características, resultados de anomalías genéticas en poblaciones estrechamente emparentadas.

Resultan además por la perfección de su trabajo, las mascaras hechas por diversos materiales. Con rasgos felinos como uno de los exponentes del arte lapidario Olmeca.

La eclosión de la vida social agraria en el sur de Veracruz y occidente de Tabasco constituye un problema todavía no resuelto y que entronca con el de la limitada capacidad de los bosques húmedos tropicales para albergar y mantener las densas colectividades humanas que son necesarias cuando las relaciones en el interior de los grupos se hacen complejas y jerarquizadas.

Esta complejidad se traduce en integración política, expresiones artísticas monumentales de las ideas legitimadoras del orden comunitario, control de comportamiento de los individuos, división del trabajo regulación del sistema productivo y de las exacciones tributarias, educación formal institucionaliza y procedimientos coercitivos específicos.

Todo ello requiere inicialmente la obtención de sobrantes agrícolas con que alimentar a las personas que han abandonado los campos de cultivo para residir en las ciudades o centros ceremoniales y dedicarse al gobierno, la religión o el arte.

Agricultura y comercio fueron las bases económicas de los Olmecas. Tres formas de laboreo estaban al alcance de tala y quema que poseían los Olmecas: el cultivo en las ricas márgenes aluvionales de los ríos, donde podían llegar a obtener dos cosechas anuales; la preparación de parcelas en las laderas de cerros y montañas, en las que puede cosecharse una vez al año o alternar una temporada de barbecho, y la roturación del interior del bosque, con un régimen corriente de dos a tres años de siembra y cosecha por ocho a doce años de reposo para facilitar la recuperación de la tierra. Las plantas principales fueron el maíz, las calabazas, el chile y, probablemente los Frijoles.

También tuvieron la posibilidad de recolectar plantas y frutos silvestres y, sobre todo, como demuestran los hallazgos arqueológicos, cazaron ciervos, pecaries, tapires y extrajeron toneladas de pescado de los lagos y corrientes de agua. Con tales complementos proteicos, su dieta quedaba perfectamente equilibrada y es de suponer que siempre hubo producción excedentaria que se canalizaba hacia los centros ceremoniales o cabeceras políticas donde residían los jefes, y demás especialistas.

El temprano intercambio comercial de los Olmecas es innegable a medida que se realizan nuevos descubrimientos arqueológicos en diferentes zonas de Mesoamérica. Fue el deseo de consolidar la línea de desarrollo social emprendida a finales del segundo milenio lo que llevó a la gente de la tierra caliente a recorrer grandes distancias. Con las ganancias conseguidas mediante el control de las principales rutas de movimiento de mercaderías, los señores de la costa del golfo pudieron consumar los adelantos apuntados dentro del campo tecnoeconúmico, urbano y artístico.

El problema crucial que plantea la civilización olmeca es la inédita mutación de una sociedad igualitaria, tribal y aldeana, a otra jerarquizada en la cual la estricta división del trabajo implica presencia de grupos con rangos bien diferenciados.

¿Cómo se produjo tal fenómeno? Sin una autoridad centralizada, con capacidad de organizar el trabajo colectivo, es imposible acometer las colosales empresas artísticas o arquitectónicas que se descubren en sitios como San Lorenzo y La Venta

Para ello mucha gente debió abandonar el laboreo de los campos, concentrándose en lo que serian posteriores centros ceremoniales y dirigir las actividades de centenares de campesinos muchos de los cuales se convirtieron en canteros, lapidarios, alfareros, tejedores, albañiles, soldados, sacerdotes y funcionario diversos.

Las minorías gobernantes probablemente miembros de un mismo linaje o clan, imaginaron la doctrina religiosa que debía dar legitimidad al nuevo orden, crearon los ritos y ceremonias apropiados.

Debe señalarse también algo sumamente importante: la religión olmeca nace acompañada de dos elementos vitales en el pensamiento indígena, la escritura jeroglífica y el calendario. Con la escritura, aunque todavía en un estadio incipiente, se plasma la magia del símbolo en los monumentos, quienes son capaces de graficar el pensamiento. Nada como la escritura expresará desde entonces en las tierras bajas del sur de Mesoamérica el enorme poder de los jefes o de los reyes

EI calendario, por su parte, es un edificio filosófico que trata de ordenar y hacer significativo el universo, ordenar las estaciones, los ciclos agrarios, las festividades, la religión, etc.

Más complicado es explicar por que los Olmecas eligieron a un Jaguar para la trascendental relacion sexual que inauguro la vida humana. El jaguar es un animal de costumbres, es poderoso y solitario, y en consecuencia simbolizó noche, las fuerzas del inframundo, la majestad y vigor únicos de los monarcas, la sigilosa inteligencia de los sacerdotes y el valor y astucia de los guerreros.

La naturaleza de la expansión se relaciona con el tipo de organización política en el área metropolitana y tal vez con el propio origen de la cultura Olmeca. Los datos que se disponen en la actualidad sugieren que la zona nuclear tuvo una organización política de tipo Estado primitivo, con centros ceremoniales que actuaron con un elevado grado de autonomía. Así, se puede afirmar que los protagonistas de ese Estado primitivo desarrollaron una estrategia hacia el exterior donde las relaciones rituales y comerciales fueron mas más importar que el control militar y político de las comunidades con quienes les interesaba mantener contactos. No se establecieron colonias Olmecas sino más bien fueron relaciones con poblaciones complejas que aceptaron ciertos artículos y símbolos Olmecas que utilizaron para profundizar en su propio desarrollo cultural.
Se dispone hoy de suficientes elementos de juicio como para aseverar que no se desarrolló un verdadero Imperio olmeca, que ejerciera un con militar sobre fuentes distantes de materias primas, ni siquiera de las rutas que conectaban con ellas. Más bien hay que pensar que los Olmecas utilizaron conceptos primitivos de intercambio y de relaciones de parentesco para explotar productos controlados por sus vecinos.

Es difícil explicar cuales fueron los motivos que ocasionaron la decadencia olmeca. Quizás la presión de otras áreas para entonces muy desarrolladas o tal vez en una revolución que despojara de su poder a la clase dirigente ya convertida en grupo opresivo. El pasaje del grupo sacerdotal dominante al despotismo, quizás sea una de las causas de la disolución de las grandes sociedades Mesoamericas.

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Cabeza colosal labrada en piedra

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Figura e mujer encontrada en una tumba

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El Altar 4 de La Venta

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El Señor de las Limas Veracruz

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CHAVIN



El nombre Chavin identifica, para los americanistas, una etapa de historia andina, caracterizada por centros ceremoniales habitados por pueblos agricultores, que consumían maíz, fabricaban cerámicas, trabajaban el oro, tejían finas telas de algodón o lana y estaban ligados a una religión cuya divinidad fue concebida con atributos felinitos. Para los arqueólogos Chavin es una tecnología y un arte peculiares, inconfundibles que florecieron en los andes centrales durante el ultimo milenio antes de Cristo.

Están localizados en el Callejón de Conchopco (en el actual Depto. De Ancash, provincia de Huari), es una típica comunidad de tierras altas, situada alrededor de los 3100 m. sobre el nivel del mar.

Los edificios de Chavin han sido fruto del esfuerzo de muchos hombres durante varios siglos, la superposición de construcciones de distintas épocas, que han sufrido la destrucción, remodelación y modificación especial propias de un lugar con una historia milenaria. El templo mas antiguo hasta ahora identificado es un en forma de U con la parte abierta hacia el oriente, cuyo centro es ocupado por la imagen sagrada de una divinidad antropomorfa y felinica, esculpida en una gigantesca piedra en forma de cuchillo, a la que se ha dado el nombre de Lanzón.

Este templo que los pobladores actuales llaman El Castillo se caracteriza por estar hecho de grandes bloques de piedra tallada a manera de tablones, unidos con barro y dispuestos horizontalmente con un sistema de alternancia de grandes piedras con piedras pequeñas, en hiladas que dan un aspecto especial a los muros.

El edificio, pese a su aparente constitución maciza, contiene internamente una serie de galerías y compartimentos dispuestos en varios niveles y aun superpuestos. Los techos están formados por grandes bloques de piedra y se sostienen en los muros de las galerías. Estas si comunicaban entre sí por medio de escaleras interiores y los muros pudieron haber estado enlucidos y pintados, pues en la limpieza de ellas se ha encontrado cierta cantidad de tierra y pinturas roja y amarilla.

La estructura es piramidal, hecha a base de plataformas superpuestas, cuyas dimensiones están próximas a los 14 m. de alto por 40 m. de ancho. Estas plataformas encierran una plaza o atrio de unos 40 m. de lado, que tiene al centro un foso circular hundido, de 21 m. de diámetro y 2 m. de profundidad, adornado con finas piedras labradas. Las dimensiones señaladas hacen que el conjunto en su totalidad tenga al menos 120 m. de longitud de norte a sur.

En el centro del edificio, dentro del eje este-oeste, al medio del pasaje tiene la forma de una cruz, en la galería inferior, se encuentra clavada la estela conocida como Lanzón. Esta piedra está-decorada casi en su totalidad con un motivo muy estilizado y que seguramente representa algún hito ceremonial importante dentro del culto Chavín. El Lanzón mide 4,53 m. de longitud.

La representación mitológica de esta cultura ha sido llamada el Dios ríente por Rowe. Es un personaje felínico antropoformizado, de pie, con los dedos de las extremidades superiores e inferiores terminados en garras, el brazo derecho dirigido hacia arriba y el izquierdo hacia abajo.

Aparte del lanzón, se han encontrado al menos dos esculturas con fin; exclusivamente cultista: las llamadas Estela Raimondi y Obelisco Tello. La piedra Raimondi, por su forma, hace suponer que pudo haber estado adherida a algún muro como parte del parámetro con posible función ornamental. No obstante, la representación que contiene la ubica como una de las más importantes esculturas Chavin. Se considera que corresponde a un período tardío, probablemente de posterior a la del lanzón.
El sistema de culto Chavin y sus dioses se difunden al menos desde Lambayeque y la sierra de Cajamarca hasta Ica y Ayacucho, asentándose sobre los grupos de cultivadores sedentarizados que allí existían.

A partir del periodo agrícola aldeano se fueron organizando regionalmente una serie de culturas que hasta hace poco los arqueólogos confundían con Chavin, pero que solo en los últimos años se han ido superando como formas de desarrollo regional, sobre las cuales se superpuso Chavin en un momento dado.

Tanto en la costa como en la sierra existían centros ceremoniales parecidos a los de Chavin, aunque de distinta magnitud, generalmente más pequeños y en consecuencia probablemente de un valor regional menor. Pero estas diferencias no son tan importantes como el carácter teocrático general que exhiben. Se puede decir que al principio había algunas diferencias regionales, con centros ceremoniales quizá tan importantes como Chavin en varias partes de los Andes centrales, pero al alcanzar este sistema teocrático una importancia mayo, también adquirió mayor representabilidad respecto a los demás y rebasando los límites regionales, estableció algo así como un primer ensayo de organización política de Estado. En término estilístico y dado la magnitud espacial de su extensión, es conocido como horizonte Chavin

Según Lumbreras, la naturaleza de los centros ceremoniales del Formativo medio habla de la importancia que durante este tiempo debió tener la religión entre los pobladores andinos. Esto también se debe relacionar con ciertas formas de culto que favorecieron el crecimiento en importancia de una casta sacerdotal que en períodos posteriores jugó un rol notable dentro de la estructura social, económica y política de los pueblos de agricultores aldeanos.

Es posible que durante este tiempo el sacerdocio se haya constituido en una casta de poder relevante, dado que los servicios religiosos le aseguraban el prestigio necesario para ello. Debe suponerse que al lado del oficio cultista, las funciones sacerdotales pudieron alcanzar incluso el control de cierto tipo de trabajos, tales como los relacionados con la hidráulica, el cultivo, etc. Su posición no productiva, por otra parte, pudo asegurarle privilegios que derivaron luego en factores de prestigio.
La especial importancia del culto condujo a un tratamiento insistente de los elementos religiosos a través de todas las manifestaciones artísticas y tecnológicas. La artesanía, descontando la puramente instrumental, se convirtió en todas sus manifestaciones, en objeto ceremonial, con singulares excepciones.

La cerámica es utilizada con fines litúrgicos, vinculándola, entre otros aspectos al ritual funerario. En los templos como en Chavin artesanos de escuela confeccionan finos objetos de cerámica destinados exclusivamente al culto; botellas, pucos o escudillas, u ollas son hechos con decoración muy compleja, ya sea para depositarlos en algún lugar del templo o para enterrarlos junto con los muertos.

El tejido se enriquece. Se desarrolla el tejido llano hecho con tramas y urdimbres, con una considerable posibilidad de combinación de colores y dibujos; mejora la indumentaria de los campesinos, protegiéndolos del sol y del frío. Las telas son también aprovechadas por los sacerdotes para el sostenimiento de su sistema ritual.

Si bien la cerámica y el tejido, al Servicio de la emergente casta sacerdotal, adoptaron otras medidas para la institucionalización de la ideología religiosa que ellos trataban de consolidar; una muy importante fue la de darle predicamento y valor mágico-religioso a objetos tales como determinadas conchas marinas, piedras semi preciosas y huesos tallados y otros productos que generalmente requerían del trueque en razón de que la producción se limitaba a algunos territorios;

Los arqueólogos reconocen Chavin a partir de las imágenes de los dioses aunque también es característica la cerámica negra o gris, incisa o en relieve donde las formas dominantes son unas ollas con el borde engrosado, o unas botellas que en la fase tardía de Chavin tendrán un gollete a manera de estribo. Se supone luego, que la presencia del felino o más bien sus rasgos identificatorios (garras, manchas corporales, colmillos, etc.) son elementos típicos del estilo Chavin.

Todo esto, con cambios de distinta magnitud se mantiene entre 1300 hasta aproximadamente 400 a.C., época en que comienza un proceso general de descomposición del estilo y seguramente, del Estado incipiente que se forma, Esta descomposición se traduce en la reafirmación de los rasgos regionales y el abandono de los rasgos chavionoides, conduciéndose el proceso por una vía progresivamente regionalista, derivada, con seguridad, de un dominio tecnológico lo suficientemente importante como para generar un acceso a los recursos propios de cada ambiente natural. Ello se tradujo en un aspecto muy particular de las sociedades andinas que paralelamente a su identificación regional en lo tecnológico y artístico, dieron origen a unidades políticas de menor extensión, pero de mayor unidad y definición.

Entre los siglos IV a.C. y V d.C. adquirió vigencia la organización de la sociedades centros urbanos a partir del Estado. La etapa de regionalización fue más bien de afirmación del Estado que al parecer tenia un fundamento teocrático que deducimos de la gran importancia que cobraron los templos y los grandes centros ceremoniales

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Botella con Asa Estribo, Cultura Chavin

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Lanzón de Chavin

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Muralla
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Pirámide en Chavín de Huántar

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Estela

WANKARANI Y CHIRIPA



El tránsito de la economía de caza y recolección a los comienzos de la domesticación de plantas y animales no esta bien documentado en las tierras altas de Bolivia. Es muy posible que este acontecimiento se haya producido en la cuenca del Titicaca, donde las condiciones fueron más favorables, debido al microclima emergente del gigantesco lago.

Las evidencias disponibles muestran como predecesoras y aun contemporáneas a Tiwanaku a entidades socioculturales que habían alcanzado un patrón habitacional de tipo aldeano, con aprovechamiento de los cultivos, domesticación de animales, tecnología alfarera, producción de esculturas en piedra y conocimientos avanzados en el uso de metales, especialmente el cobre y oro

Una de las expresiones culturales más tempranas, llamadas Wankarani se origino en el año 1200 a.C. y ocupo en su dispersión el sector noreste y norte del lago Poopó

Los asentamientos poblacionales ofrecen características similares. Las aldeas están formadas por unidades habitacionales en la planta circular y paredes de barro, ubicadas a corta distancia una de otras. El conjunto esta rodeado por una muralla construida con cimientos de piedra y paredes de adobe.

Estos conjuntos se distinguen en la actualidad por constituir enormes montículos artificiales. Los muros externos a que se alude anteriormente actuaban a manera de contención frente a los derrumbes y desechos acumulados, produciendo estas elevaciones por las sucesivas construcciones superpuestas.

La base económica para la subsistencia de Wankarani fue el cultivo de especies adaptadas al ambiente puneño (papas y quinua) y el pastorco de camélidos. El maíz no prospera en las alturas altiplánicas por tratarse de un cereal de clima cálido. Solamente se cultiva y en escasa proporción en algunas zonas protegidas de las riberas del lago. La alta mésela fue el centro principal del cultivo de tubérculos (papas, oca, maswa) y granos (quinua y cañihua)

Las herramientas para la agricultura se reducen a utensilios manuales que se utilizaban aprovechando exclusivamente la energía humana, se obtuvieron abundantes ejemplares de azadas líticas, toscamente talladas, de evidente función agrícola.

Uno de los rasgos distintivos de Wankarani y paradójicamente Menos conocido en cuanto a su funcionalidad, es el de numerosas cabezas clava de piedra. Estas esculturas consisten en cabezas de camélidos, y en reducida proporción humanas, talladas generalmente sobre areniscas rojas.

Más importante aún, fue el descubrimiento de escorias de fundición de cobre, estas evidencias junto al conocimiento de que en Tiwanaku se practicaba la metalurgia del cobre, apoyan la idea de considerar a este sector del altiplano como el posible centro independiente de origen y desarrollo de los metales en Los Andes Meridionales.

Otras de las culturas aldeanas del altiplano boliviano, cuyo origen se dio en el año 1400 a.C. es conocida con el nombre de Chiripa. Su hábitat natural fueron las orillas del Titicaca.

Chiripa, al igual que Wankarani, se encuadra dentro de los grupos agrícolas del Formativo, con la particularidad de que la dieta alimenticia de sus pobladores era complementada con recursos brindados por el lago (peces, aves y plantas acuáticas). La dependencia lacustre de estos grupos se manifiesta no sólo en el patrón de distribución de los asentamientos sino también en gran cantidad de restos de desechos asociados.

Hacia fines de la cultura Chiripa (600-200 a.C.) es prioritario el uso de piedra en la construcción de viviendas, templos subterraneos, esculturas y estelas con representaciones da seres humanos y animales. Esas constituyen la primera evidencia directa de la existencia de una autoridad corporativa organizada, capaz de planear y construir en la región una arquitectura de piedra monumental.

Tiwanaku en su fase I, integra junto con Wankarani y Chiripa el estadio Formativo del altiplano boliviano. En el desarrollo de esta cultura se han establecido en tres fases evolutivas. La primera, básicamente aldeana, debió comenzar algunos siglos antes de la era cristiana. El fechado más antiguo la remonta hasta los años 1500 a.C. transcurriendo hasta el 50 d.C. Un segundo momento, correspondiente al Estadio Urbano, abarca el período comprendido entre 100 d.C. y 750 d. C. Finalmente, la fase Expansiva o Imperial, concluye alrededor de 1200 d.C.

Es muy probable que en los inicios del estadio aldeano, Tiwanaku fuera solamente un poblado de reducidas proporciones, con una economía autosuficiente. Sin embargo, durante este período se van a producir en el altiplano acelerados procesos de cambio. A los avances originados por la definitiva domesticación de plantas y animales, se auna la consolidación de las técnicas textiles, alfareras y metalúrgicas. Al uso de la plata y el oro, que eran ya empleados con anterioridad en adornos suntuarios, se incorporó la metalurgia del cobre que supone conocimientos de fundición a temperaturas superiores a 1000 grados.

Los cambios operados en lo material debieron también manifestarse en organización más compleja que la condujera en definitiva a constituirse en sociedad urbana. El eclipse de Wankarani y Chiripa, en definitiva producido por el dominio de Tikanaku, que promovió cambios sustanciales en las pautas culturales para adecuarlas a los patrones surgidos en los comienzos de la etapa Urbana.

CHIRIPA



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WANKARANI



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Topología de las viviendas

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SOCIEDADES CULTURALES DE TAFI Y QUEBRADA DEL TORO



En el ámbito del Valle de Tafi, durante la etapa Formativa Superior (300 a.C. a 800 d.C.) se desarrollo un sistema sociocultural de singulares características.

Este valle, ubicado en el sector occidental de la provincia de Tucumán, se encuentra rodeado por elevaciones de las Sierras Pampeanas que llegan a superar los 4000 m. de altura

El rasgo de la cultura Tafi ha sido desde el siglo pasado los grandes bloques de piedra lisas o grabadas denominadas menhires

Según estudios de los sistemas de asentamiento se habla de dos estadios dentro del largo proceso desarrollo sociocultural en el valle.

El primer estadio, Tafí I. corresponde a una sociedad agrícola, asentada en los sectores más fértiles del valle, con campos de cultivo familiares que contemplan la explotación con el pastoreo en las laderas de los cerros o campos ubicados cerca de los centros de residencia. La caza y la recolección también constituyen una alternativa valida para la sobrevivencia de los familiares.

La población residía en unidades domésticas dispersas, de crecimiento espontáneo por simple agregado de partes arquitectónicas. Se diseminaban entre los campos de cultivo, cada una de las cuales era hábitat de una familia extensa (dos o más parejas y sus hijos)

Estas residencias consistían en un gran recinto circular de muros de piedra que cumplían la función de patio central y en el cual se realizaban las tareas de almacenaje, procesamiento de materias primas y elaboración de manufacturas, además de aquellas relativas al culto de los muertos. Al patio central se adosaba uno o varios recintos circulares, usados especialmente como habitaciones

El sistema de asentamiento expuesto sugiere que se trataba de una sociedad familiar autosuficiente que en un radio de 5 Km. Encontraban terrenos aptos para el pastoreo, la caza y la recolección y extracción de materias primas.

La presencia de menhires presidiendo el conjunto familiar y de enterratorios en los recintos centrales indicarían la existencia de creencias religiosas e incluso, de la realización de ceremonias a nivel doméstico. Las tumbas, generalmente individuales eran cilíndricas y construidas con rocas elegidas unidas con mortero de barro.

Es posible que también se realizaran, en pequeña escala, tareas comunales, sobre todo aquellas que requerían mayor mano de obra, como construcción de viviendas y corrales.

Estas comunidades pronto fueron asediadas por el aumento demográfico y el agotamiento de los suelos (el cultivo intensivo, luego de dos o tres cosechas, exige un barbecho de varios años), lo que implicaría como alternativa lógica, el traslado de familias a nuevas tierras, o la roturación de terrenos más distantes. Esta opción explica la existencia de puestos de ocupación transitoria, cerca de los campos de cultivo, consistentes en unidades aisladas, pequeñas o medianas, en cuyo interior no se han encontrado elementos característicos da la ocupación permanente.

El paso del estadio I al II es difícil de explicar, pero aparentemente está vinculado a un desequilibrio entre la magnitud de la población, los recursos disponibles y la tecnología empleada para la explotación. De esta manera, el estadio Tafi II caracteriza por estructuras de residencia familiar concentradas a manera de verdaderas aldeas, pero hay motivos para inferir que se trataba de actividades de aprovechamiento comunal.

En la periferia de estas concentraciones, próximos a las laderas, se encontraban los corrales, grandes unidades cuadrangulares a los que a veces se adosaban recintos circulares pequeños.

Las actividades de producción agrícola pastoril se realizaban fuera de la aldea y en espacios diferenciados de estas. Sobre terrenos fértiles y de poca pendiente construían obras de riego (represas, tomas, canales).

La presencia de estos puestos pone de relieve un aprovechamiento racional e intensivo de las pasturas. El sistema, vigente actualmente, supone el traslado estacional de los rebaños: en verano son conducidos a los lugares altos, donde se aprovechan los pastos que crecen como resultado de las lluvias y de las temperaturas más moderadas, a la vez que se propicia la recuperación de la cubierta de gramíneas en el fondo del valle. A partir de abril, cuando comienzan a desaparecer los pastos de las tierras altas, el ganado baja al fondo del valle, donde las condiciones más favorables le permiten subsistir durante el invierno.

Los puestos pastoriles fueron aprovechados además para la recolección de hierbas silvestres, la caza, y para la extracción de la materia prima empleada en la realización de artefactos líticos.

La abundante población de este estadio debió haber implementado vías convencionalizadas de asociación para ejecutar los trabajos comunales (mecanismo de integración social llamado Minga en la región andina), ya que muchas de las actividades requeridas por el sistema exigían una mano de obra numerosa y organizada, como así también un gran esfuerzo comunitario.

Los habitantes del Formativo en el valle de Tafí fueron hábiles artesanos y se destacaron principalmente en el trabajo de la piedra. Sobre este material realizaron los asombrosos menhires, grabados con figuras geométricas y simbólicas, a través de los cuales se ha querido establecer relaciones con las culturas altiplanicas contemporáneas. Conocieron la técnica de la bóveda en saledizo o falsa bóveda, con la cual producían las techumbres de tumbas y silos.

No sólo emplearon la piedra con fines artísticos y célticos, sino que también con ella se fabricaron instrumentos para las tareas cotidianas, como conanas y morteros para la molienda de granos, azuelas para roturar los terrenos, hachas, martillos líticos, pulidores, puntas de flecha, etc.

En un marco ambiental distinto se sitúa La Quebrada del Toro al oeste de la provincia do Salta, funcionando como eje central de un sistema de quebradas inferiores que abarcan desde la cordillera oriental central a la Puna. Acá se encuentran los sitios de Cerro, El Dique y Las Cuevas integrantes de la etapa formativa superior

Los lugares seleccionados para la edificación de las aldeas han sido las partes bajas y márgenes deprimidas a unos 15 o 20 metros por sobre el nivel del rió

Las aldeas de Cerro El Dique representan poblamientos dispersos y espontáneos, con espacios libres de construcción. El sitio Las Cuevas en cambio ofrece un poblamiento más concentrado. En este sitio se comprobaron superposiciones de elementos arquitectónicos en un mismo lugar, conformando montículos o túmulos de doble procedencia: natural y artificial. Las construcciones se efectuaron sobre elevaciones naturales del terreno.

Los asentamientos de ambos sitios se caracterizan por un conjunto de pequeños recintos de habitaciones semisubterráneas, de planta circular, dispuestos en forma radial en torno a otro más grande que hacia las veces de patio central.

Las paredes estaban constituidas por grandes bloques o lajas dispuestas verticalmente, sin cimientos. Los patios, por sus dimensiones considerables, no pudieron ser techados, en cambio las habitaciones disponían de una cubierta de ramas con barro batido y guano. En los patios se desarrollaba la mayor parte de las actividades domésticas y artesanales

Los entierros eran individuales y los cuerpos se colocaban en posición genuflexa o acuclillada, acompañados por ajuares consistentes en piezas de alfarería, instrumentos de metal, textiles y adornos en piedra. Se constató además, la presencia de entierros de párvulos en urnas. Encima del piso se halló abundante material vinculado con las labores cotidianas, tales como elementos para la molienda de granos, grandes piezas de cerámica para el almacenamiento de agua y comestibles, así como desperdicios que formaban depósitos de basura.

El patrón de instalación sugiere la existencia de una estructura social interna sobre las bases de las familias extensas.

El modelo económico se asentaría sobre las bases de la ganadería del camélido complementado con la agricultura y el aparte de la caza de especies tales como cérvidos y roedores.

Las actividades artesanales, como textilería y cordelería, también aparecen ligados a la llama.

La cerámica de la Quebrada del Toro comprende una serie de tipos característicos como los estilos grises, rojos pulidos, tricolores del tipo

A lo largo de la secuencia arqueológica que se inicia hacia 600 a.C. se observa claramente como estos grupos van enriqueciendo su patrimonio, mediante sucesivas incorporaciones de artesanías, como la cerámica de decoración policroma, el trabajo en metales (oro, cobre y galena), úsalos para adornos, vestidos y para el ritual, como brazaletes, colgantes, vinchas, cucharas, placas, cuentas de collar y adornos labiales.

Arquetectonicamente Tafi es más evolucionado que el Cerro el Dique. Así lo sugiere la existencia en el primero de las técnicas de la bóveda en saledizo, los pasillos deflectores, los menhires las estelas y las obras hidráulicas

En la forma de subsistencia aparecen otras diferencias. En Tafi abundan las estructuras de piedra para la protección y mejor aprovechamiento del suelo, como andenes y canales de riego, lo que hace suponer la existencia de una economía predominantemente agrícola, contemplada por la ganadería de camélidos, la caza y recolección.

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