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Chile parte 2 - Monografía



 
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LA DESPEDIDA



Los días finales de nuestra investigación nos encontraron totalmente mimetizados con Salamanca y sus alrededores, nos movíamos con soltura y naturalidad por sus calles y rincones, hasta nos habíamos acostumbrado a dormir en el suelo en nuestra residencia en el Cema Chile, ya ni siquiera encontrábamos nuestra condición de hacinamiento como algo incómodo.  Unos días antes de nuestra partida se fueron Fabiola, Alex y Hernán, pues debían atender otros asuntos en Santiago, lo que los obligaba a dejarnos antes de tiempo.  El vacío que dejaron fue prontamente llenado con la llegada de dos grandes amigos el último fin de semana de nuestra estadía: Isabel y Rodrigo (compañera de generación y el pololo de Paulina respectivamente).  Con ellos disfrutamos de los últimos días de nuestra investigación y de la tranquilidad que da haber realizado una buena labor.

Los días finales de un terreno son algo nostálgicos, uno se comienza a despedir de aquellas personas que conoció y de aquellos con quienes se generaron mayores lazos de afecto, don Tito, la gente de la municipalidad, nuestro amigo Alberto, la señora Rosa, a quien no nombré en este trabajo pues el tema que ella manejaba no tenía una relación directa con los objetivos de mi investigación.  Una dama que se dedicaba a sanar enfermedades tan difíciles de tratar como la psoriasis, basándose en mezclas puramente naturales.  El método que usaba esta señora era muy cercano a lo que se conoce por Homeopatía, su forma de trabajar los medicamentos y de tratar a sus pacientes era muy científico, fórmulas muy estudiadas, basándose en las cualidades médicas de las plantas y hierbas.  Quizá por esto mismo no la he mencionado mayormente en esta investigación, pues mis objetivos apuntaban más que nada a las prácticas relacionadas con lo que el saber popular relaciona con “brujería”.

Por último, dejar aquel lugar hermoso también daba una especie de tristeza, sin embargo la frase sabia de Don Tito, aquella de que “una vez que se va a Salamanca siempre se vuelve”, cobraría mucho sentido un par de meses después cuando volvimos para coronar nuestra experiencia para Semana Santa, pero aquello es parte de otra historia que tal vez algún día relataré.

Esta sensación de nostalgia se acrecentó más aún en los días previos a nuestra partida, pues nuestros compañeros de trabajo fueron partiendo poco a poco, hasta quedar la noche final, solamente Isabel, Paulina, Rodrigo y Ximena.  La antes atestada bodega- oficina de Cema Chile se nos hizo gigante, recordándonos la soledad que dejaran los que ya se habían alejado.

Aquella última noche, los brujos quizá, nos tenían planeada una despedida, una despedida que hasta el día de hoy recuerdo patente.

La última noche transcurrió de manera normal, nos despedimos de algunas amistades, compartimos un buen trago de celebración y nos acostamos relativamente temprano para al día siguiente entregar nuestro “hospedaje” tal cual lo habíamos recibido.

Fue a eso de las 6 de la mañana que unos gritos escalofriantes nos despertaron de súbito, de un salto quedé tensado tratando de dilucidar en la oscuridad qué diablos ocurría.  Lo único que podía entrever era a Paulina gritando “La culebra, la culebra!”, a Rodrigo tratando de calmarla, lo que para mí en ese momento se me mezclaba con la idea de que Rodrigo la estuviera estrangulando (hay que entender que la situación no daba para racionamientos muy lógicos y que cualquier idea descabellada era posible), mientras Isabel  y Ximena miraban de manera desconcertada toda la situación, hasta que finalmente Paulina se calmó y volvió a dormirse.  Al parecer había tenido una pesadilla, una pesadilla que nos contagió a todos.  Por mi parte no pude volver a conciliar el sueño, mi saco se había abierto a la altura de los pies debido al salto dado en el momento de los gritos, así que el cierre ya no funcionaba, y mientras hacía lo posible por dormir y rezaba porque llegara luego la luz del día, se pasaban por mi cabeza miles de ideas relacionadas a los brujos y brujería y de todo ese tipo de cosas.  Para mal de berrinches, el poco rato que logré conciliar el sueño, comencé a soñar que me iba volando por la habitación, desde mis pies para atrás, como si alguien me estuviese arrastrando, una especie de sensación como la que me imagino deben sentir aquellas personas que se desdoblan.

Luego de aquella experiencia traumática, ya de día, entregamos nuestras piezas y nos dirigimos a Illapel, pues de ese lugar partía nuestro bus, pero debíamos hacer hora, pues nuestro transporte no salía sino hasta avanzada la noche.

Paulina y Rodrigo tenían pasajes para más temprano, así que ellos se fueron antes.  Ximena, Isabel y yo, decidimos aprovechar nuestros últimos momentos para ir a despedirnos de la señora Marta, quien nos atendió de maravillas, nos dio once nuevamente (lo que me hizo sentir un poco culpable debido a que en las dos oportunidades que la visitamos nos atendió de una manera muy gentil, además de darnos de comer, pero nuestras intenciones nunca fueron las de aprovecharnos de su amabilidad y profitar de su comida). Nos despedimos de aquella maravillosa persona agradeciendo su amabilidad y hospitalidad.

Pero así todo nos quedaban varias horas de espera hasta que nuestro transporte arribara.   Decidimos entonces ir a visitar a don Sergio, un caballero del que nos habían hablado y que en días previos habíamos tratado de ubicar sin resultados positivos.  Llegamos a su casa,  ubicada en las afueras de Illapel prácticamente, y para suerte nuestra se encontraba.  Así, aprovechando hasta el último minuto proseguimos nuestra investigación.  Don Sergio tenía unos 40 o 50 años, y lo acompañaba un “ayudante” de unos 30 años, tal vez menos incluso.  La entrevista con estas dos personas fue bastante curiosa, pues el estilo de la conversación era muy distinta a las que habíamos tenido antes.  Don Sergio asemejaba más, en lenguaje y su modo de expresión, a un maestro ocultista que a un curandero o brujo popular debido al lenguaje que usaba, bastante formal y técnico (en cuanto a términos esotéricos).  Las cosas que ambos nos decían estaban rodeadas de un aura de misterio y solemnidad incluso con frases del tipo “la brujería es algo peligroso”, “existen muchos brujos negros en esta zona”, “hay que tener cuidado”, “existen ciertos secretos que es mejor no saberlos” que a ratos le daban un carácter un tanto tétrico a nuestra conversación.  Sin embargo, no era tanto don Sergio quien le daba este tono a la conversación, sino su ayudante.  Así charlamos desde los orígenes del mundo(pues al parecer asociaba a esta temática el quehacer de la antropología), pasando por la metafísica, los rosacruces y los masones.  Nos decían que a ellos los venían a ver brujos de la zona a pedirles “favores”.  Como muestra de su confianza nos dejó conocer el lugar donde realizaba sus consultas, un lugar donde “no entraban otros brujos” pues “ellos sabían por qué”, lugar digno de una película de Fausto, con una especie de altar, las paredes cubiertas de terciopelo rojo, y donde predominaban los colores rojo y  negro.

Como se nos hacía tarde, nos tuvimos que despedir apresuradamente, agradeciendo su buena disposición y gentileza, salimos raudos para no perder nuestro bus.  Mientras caminábamos, pude notar que aquella conversación había dejado un tanto asustadas a mis compañeras, y es que en realidad había sido bastante “extraña” aquella última entrevista que realizamos. Ya instalados en nuestro transporte a Santiago, pudimos finalmente descansar en algo que no fuera el piso de madera de las bodegas de Cema Chile.

Nos quedaron algunos temas pendientes que nos hubiera gustado profundizar, como sucede en toda investigación, sin embargo aquella que más nos dolió fue no haber podido ir a conversar con Don Berto, un anciano brujo del que nos hablaron, que ya pasaba los noventa y que era conocido por su poder, pero que hacía largos años había rehuido el contacto con las personas y vivía solitario en una cabaña, cerca de Batuco, un pueblo a unos ochenta kilómetros de Salamanca.  Supimos de él ya en la mitad de nuestra investigación y la única manera de llegar hasta ese lugar era tomando una micro que pasaba dos veces a la semana, con lo que por cosas de tiempo, se hacía imposible ir a tratar de localizarlo.  Lo pensamos más de una vez, pero los datos que poseíamos eran vagos, y llegar hasta allá, para de repente no encontrar a nadie y haber perdido tantos días era un riesgo muy alto que no podíamos correr.

Yo no sé si será sugestión (como ya antes he señalado), o el espíritu supersticioso que cada uno lleva dentro, pero la verdad es que, ya estando de regreso, a muchos de aquellos que habían participado de la investigación en Salamanca les acontecieron cosas bastante extrañas, así como sucesos bastante infortunados que coincidieron con nuestra llegada de aquel terreno.

Algunos escucharon ruidos por las noches, aleteos de pájaros, respiraciones cerca de sus caras mientras dormían; a una amiga se le accidentó su hija en fechas coincidentes con nuestro regreso; en fin una serie de infortunios y casualidades que sin querer uno hacerlo, terminaba asociándolos a nuestra experiencia en Salamanca.  Personalmente a mí no me ocurrió nada, pero no deshecho la posibilidad de que en algo haya influido nuestra experiencia en aquel lugar de brujos y leyendas.   Tal vez nos dejó más sensibles a ciertos aspectos de la percepción que en la vida cotidiana de la ciudad generalmente no se les presta mayor atención, quizá un mal de ojo, o incluso un conjuro de obscuras intenciones.  Pero en definitiva, quién sabe.

LA BRUJERIA



El tema de la brujería siempre me ha apasionado.  En el terreno de Salamanca pude satisfacer aquella pasión a plenitud.  Mi idea era luego cerrar un circuito sobre la brujería en los otros dos lugares emblemáticos de nuestro país asociado a este campo:  Talagante y por supuesto, Chiloé. A pesar de ello, muchos de los que conformaron el grupo de investigación quedaron un poco recelosos con respecto a todo lo que tuviera relación con brujos y conjuros así que de partida la idea se fue apagando, además los compromisos y la falta de tiempo siempre fueron impedimento para cerrar este “circuito” de investigaciones que tenía pensado.

No obstante, debo reconocer que volver a investigar sobre el tema me causa cierto resquemor, y es que cuando uno se encuentra en lugares donde una creencia es muy potente y está muy arraigada y que para uno es bastante ajena,  en poco tiempo uno se ve imbuido de alguna manera en ella, quiéralo o no, se sea muy “científico” o no.  Tal vez sea sugestión, o el mismo ambiente en el cual uno se desenvuelve investigando donde en variadas oportunidades le dicen a uno “tengan cuidado”,  “esta gente es peligrosa” y cosas por el estilo.  Realizar un terreno en Chiloé, por ejemplo, donde la brujería está mucho más asociada a la magia Negra, hace que uno se cuestione un par de veces si vale la pena arriesgarse o no.  Quizá sean solamente supercherías, supersticiones y la investigación transcurra sin retraso alguno, pero ¿Qué tal si esto no es así y comienzan a ocurrir fenómenos extraños?  ¿Qué tal si una serie de coincidencias de hechos infortunados empiezan a tener lugar en la vida del investigador?  ¿Acudirá acaso a un brujo para que lo ayude?  El caso podría darse, y en detrimento del investigador, está el hecho de que al no vivir con aquellos códigos culturales (pues no los tiene incorporados, por lo mismo estudia estos fenómenos de manera “objetiva” para tratar de dar cuenta de ellos), y sus propias pautas culturales no le sirven para dar explicación a este fenómeno cultural ajeno (va al médico y no encuentra explicación para su dolencia), queda entonces en un terreno cultural de nadie.

Sobre el tema de la brujería existen cientos de investigaciones, miles de artículos, grandes trabajos de los “dinosaurios” (los clásicos) de la antropología que teorizaron sobre las costumbres y creencias de los pueblos exóticos a los que llegaban, desde el chamanismo hasta los ritos “liminales”.  Mi intención no es hacer un remedo pobre sobre ello, sino que tratar de acercar un poco esta experiencia, sumando los conocimientos que me ha otorgado la formación de antropólogo en estos cinco años, en algo así como una pequeña reflexión teórica.  No quiero caer tampoco en los aburridos análisis que realizan algunos investigadores donde reducen creencias y sucesos que escapan muchas veces a las explicaciones racionales, a meras necesidades simbólicas de los grupos humanos, al tener que creer en algo y la capacidad que poseen los grupos humanos de dar respuesta a estas necesidades generando sistemas de creencias que se complementan a la vez con sistemas de prestigio social y toda la berborrea teórica que se pudiese suponer.  Puede ser claro, que estas explicaciones tengan mucha coherencia e incluso pertinencia, pero así todo creo firmemente que en definitiva lo único que logran es abstraer fenómenos culturales y alejarlos de la realidad.

Una vez leí una explicación que daba un antropólogo o un sociólogo, no estoy seguro, sobre el fenómeno del chupacabras en Puerto Rico (fenómeno que se ha dado en varios países latinoamericanos incluyéndonos).  En resumen, la idea era que el chupacabras venía a enriquecer un país que se había quedado sin referentes simbólicos de gran arraigo popular y por lo tanto este ser ya legendario venía a enriquecer y a resignificar la creencia popular ahora encarnada en este ser sobrenatural.  De ahí seguía con una serie de términos que ornamentaban aún más toda su hipótesis.  La explicación parece muy docta y tal vez dio muchas charlas dando a entender su punto de vista, encontrando muchos partidarios.  No obstante, aquella explicación no da respuesta a la masiva muerte de ganado en condiciones sumamente extrañas, tampoco a aquellas personas que lograron ver a este raro animal (o lo que sea), es decir no explica nada, a no ser que haya habido un antropólogo medio loco que viendo la falta de referentes simbólicos con arraigo popular se haya puesto a succionar la sangre a los animales de los ranchos disfrazándose de un bicho raro, lo que explicaría el misterio de los miles de animales muertos en extrañas circunstancias en estos países.

Ahora bien, el fenómeno del chupacacabras, analizado socialmente, tal vez potencie creencias populares sobre mitos y leyendas que en sociedades urbanas se han ido perdiendo, o en el mejor de los casos resignificando.  Pero ello constituye un efecto secundario que puede haber propiciado la aparición de este ser no identificado.  No es la gente que satisface sus necesidades simbólicas imaginando colectivamente su existencia, pues la muerte de cientos e incluso miles de animales existió, es un hecho, así como el testimonio de muchas personas que lograron verlo dando una descripción bastante coincidente siendo que provenían de lugares muy alejados geográficamente.

Quizá no sea la labor de un antropólogo darle respuestas a este tipo de hechos, pero tampoco creo que sea su labor simplificar fenómenos “paranormales” en acabadas hipótesis teóricas.  Creo además, que esa manía que tienen los cientistas sociales de otorgar una respuesta a todo, pero a todo tipo de fenómenos sociales, es una manera solapada de arrogancia que impide reconocer en ciertos casos, que existen fenómenos culturales extremadamente complejos, que van mas allá de los conocimientos que uno posee y que tal vez vayan incluso más allá de la cultura misma.

El tema de la brujería, a mi entender representa conocimientos y experiencias que rayan en lo sacro, y no por eso en la superchería ni en la ignorancia.  Yo soy de esas personas que piensan que la realidad supera la ficción. He sacado en limpio de esta experiencia una enseñanza muy valiosa, que más allá de nuestra capacidad teórica que como cientistas sociales poseemos existen dimensiones de la vida social en las que sencillamente no tenemos pertinencia.  Es decir, yo puedo hacer un apronte de un análisis cultural sobre la existencia de estos brujos, puedo decir que suplen una falencia dejada por nuestros terapeutas, ya que nuestra medicina (alópata) se ha centrado y especializado en la parte somática del organismo, de cómo funciona biológicamente, pero que ha descuidado de manera tremenda la parte de las relaciones médico - paciente, lo que influyen las sanciones sociales en el deterioro de la salud de un paciente (en el caso del SIDA por ejemplo, donde la muerte social sobreviene primero a la muerte corporal y de hecho la agiliza), lo costoso que sale un tratamiento largo de terapia con un sicólogo o un siquiatra(este último dedicado más que nada a recetar fármacos hoy en día).  Por eso estos brujos y curanderos cubren la falencia de nuestros profesionales occidentales, desde asuntos de pareja hasta enfermedades terminales donde la ciencia ya no puede responder.  Además, teniendo en cuenta que en la mayoría de los casos es la gente humilde, de estratos más populares quienes precisamente no poseen los medios para costearse una terapia con algún profesional de la salud, y que estos brujos o curanderos, o santiguadores o como se les quiera denominar, en muchos casos son de origen popular también, por lo tanto están en mayor “sintonía” cultural con quienes van en busca de ayuda y esto mismo ayuda a generar un proceso de sanación más eficiente debido a la mayor empatía existente.

Todo esto puede ser válido, pero nada de lo antes dicho explica cómo una persona que la ciencia da por muerta se mejora repentinamente, o cómo enfermedades supuestamente incurables son sanadas, o por qué una casa de repente se llena de sapos, o le caen piedras, o miles de sucesos que se dan y que en explicaciones teóricas se tratan de obviar.  Yo estoy de acuerdo en los análisis señalados ya que a la hora de ponerlos en práctica pueden producir mejoras significativas en nuestro modelo médico por ejemplo.  Pero en lo que nunca podré estar de acuerdo quizá, es que en aquellas dimensiones más “profundas” de una creencia como la brujería, se diga que es parte de una serie de relaciones que se dan necesariamente para mantener otro tipo de sistemas asociados o explicaciones teóricas de este tipo, que como en el caso del chupacabras, sólo explican los efectos de un fenómeno cultural, no así sus causas.  Uno debe saber dar un paso al lado en ciertas ocasiones y humildemente aceptar que sencillamente no tiene explicaciones para ciertos hechos y que así como la biología, ni la ingeniería, ni la matemática logran explicarlo todo, tampoco lo hace la cultura ni la antropología.

Una de las personas con las que conversamos nos relató una anécdota que le ocurrió.  El no era precisamente una persona que creyese en brujos o cosas por el estilo, sin embargo un suceso cambió su percepción sobre el tema.  En Salamanca hay un viejito que recoge cachureos, es un caballero vagabundo. Un día nuestro entrevistado lo vio caminando hacia el Tambo (un pueblo situado en las cercanías de Salamanca), él iba en auto y pensó en llevarlo, pero el vagabundo le dijo que no se preocupara, siguió así su viaje, cruzó el puente por la carretera con destino al Tambo, y grande fue su sorpresa al ver al vagabundo ya al otro lado del puente.  Ningún un auto lo había sobrepasado, así que no había posibilidad que otra persona lo hubiese llevado.  Era imposible que hubiese llegado antes que él al otro lado del puente.

El público que acudía a estos curanderos, variaba según la persona.  Algunos recibían a todo tipo de personas, pero mayoritariamente personas humildes de estratos populares.  Generalmente estas personas no cobraban, y la gente les correspondía con regalos en retribución por sus servicios.  Otros, cobraban y recibían a personas de todas partes del país en su mayoría señoras de altos recursos económicos que acudían a ellos especialmente por problemas relacionados al corazón, infidelidades, problemas con su pareja, desunir parejas, etc.  Don Pablo, un tarotista que de entrada nos señaló que él era el tarotista más caro de la zona, nos contó que en una ocasión llego al pueblo Yolanda Sultana, la conocida “vidente” que aparece en la televisión(aunque hoy en día está  un poco desaparecida de las pantallas), para instalarse por un tiempo a sacar el tarot.  Sin embargo al poco tiempo se tuvo que ir pues no le había ido muy bien debido a la cantidad de personas que en Salamanca se dedica a esa actividad y a la reconocida fama que poseen entre los habitantes del lugar.  Entonces entre ir a pagarle a la señora Sultana o ir a alguno de los tarotistas de la zona, no había por donde perderse.

Una de las cosas que me llamó la atención fue la denominación que hacían las personas sobre ciertos curanderos de que eran “brujos negros”, es decir brujos de los “malos”.  Pues dañaban a las personas y sus fines eran perversos.  Este punto de vista es muy discutible, pues la gran mayoría, de quienes se auto denominaban como meicas, yerbateros o tarotistas, contemplaban la posibilidad, y por una suma de dinero extra, de realizar “trabajos”, o sea de llevar a cabo encargos especiales por parte de sus consultantes.  Recuperar a un marido alejado, o alejar a una amante del esposo, o cosas por el estilo.  Si uno observa esta situación, se podría decir que toda persona que realizara un “trabajo” de esta índole, se convertiría en un brujo negro, pues al hacerlo, se perjudica a otras personas en beneficio de sus “clientes”, ya fuese haciendo volver a un esposo alejado en detrimento de su actual pareja, o creando conflictos en una pareja con el fin de quedarse con una de las personas etc.

Por esto se hace muy difícil la distinción entre un brujo negro o uno blanco, partiendo de la base de que ninguno de nuestros entrevistados que llevaba a cabo este tipo de actividades se decía abiertamente brujo, sino que o era yerbatero, o curandero, o tarotista, nunca brujo.  Cuando detallaban sus actividades, no obstante, parecía que realizaban las labores propias de un brujo.  Por lo demás, este tipo de actividades es como cualquier otra que se realiza en nuestra sociedad y por lo tanto el cómo se desarrolle depende de cada persona y de sus valores, tal como existen abogados que se dedican a defender intereses de empresas por sobre los de los trabajadores y otros que se dedican a la defensa de la ciudadanía.  Son labores distintas, cada uno tiene sus motivos de por qué las realiza, clasificarlos en buenos y malos corresponde al juicio de valor ético y moral de cada persona.

Un elemento común en las casas de quienes entrevistamos relacionados con la brujería, era una cantidad de imágenes, crucifijos y todo tipo de cosas relacionadas con la religión católica.  Una especie de matrimonio sincrético entre la religión y las creencias populares, el dinamismo de la cultura quizá, como también este matrimonio puede haber nacido como un reflejo de las resignificaciones que se fueron dando en el tiempo con la llegada de la religión católica, en las creencias populares.  O tal vez como algo que nació como un recurso de “des- satanización” de las labores que efectuaban, pues durante mucho tiempo se demonizó la actividad de brujos y curanderos asociándolos al diablo.  Al fusionarse con los santitos y los otros símbolos e imágenes católicas, el estigma de lo diabólico tal vez fue mitigado en parte.  O simplemente son personas creyentes que poseen un “don”, que no por ejercerlo las cataloga como personas “malas” y demoníacas.

Sea como sea, y los análisis que se hagan, lo claro es que estas personas poseen un gran arraigo popular, y realizan muchas veces tareas sobre humanas recibiendo a todo tipo de personas de todos los rincones del país que realizan una labor que poco tiene que ver con artes malignas, que poseen un gran conocimiento muchas veces heredado de generación en generación, y cuyas capacidades desafían en ocasiones el entendimiento “científico” de las cosas.

Como ya señale anteriormente, la creencia popular dice que ningún brujo se autodenomina como tal, de hacerlo le espera una muerte pavorosa en poco tiempo.  También se dice que a un brujo jamás se le debe ver su riqueza en el mundo terrenal, ya que sus verdaderos tesoros radican en la Raja de Manquehua, el lugar de los brujos.  Esto es de suma importancia al hacer un parangón con aquellas personas que se dedican a lucrar de esta actividad autodenominándose brujos.

En esto de la brujería los límites para discriminar entre brujos y charlatanes son difusos.  Además, se debe considerar que en esta categoría también entran tarotistas, curanderos y otro tipo de oficios ligados a temas “paranormales”.  Por esto mismo es necesario hacer algunas distinciones.  Un tarotista por ejemplo, se dedica a ver las cartas, por lo general no hacen “trabajos”, cobran por sacar el tarot y el precio depende de varios factores, como pueden ser el prestigio que posean, es decir, que hayan adquirido fama pues a muchas personas les ha hecho sentido lo que las cartas le han revelado, o incluso el lugar en donde desarrollan su actividad (barrios acomodados, mayor valor y viceversa).  El tarot no predice el futuro, sólo orienta a tomar ciertas decisiones, por lo que pretender dilucidar el futuro a través de él, ya entra en terrenos de mercachifles que quieren aprovecharse de las personas.  En general una “tirada” de tarot no excede los 20 mil pesos, siendo lo más típico que no exceda ni siquiera los 10 mil pesos.  Por ejemplo, en el centro de Santiago, por 2 mil pesos es posible sacarse el tarot.  Precios excesivos, acompañados de “trabajos” que es necesario realizar para evitar algún mal (diagnosticado a través de las cartas) a la persona que consulta, a precios que superan los 60 mil pesos, también es signo de que quien está delante de uno no es más que un charlatán oportunista.

Por otra parte, están las meicas y curanderos, personas que se dedican más a temas de salud que a las artes adivinatorias, en general trabajan con técnicas tradicionales que se arrastran por siglos, como ver las “aguas” (orines), por ejemplo, para diagnosticar alguna enfermedad.  Las personas con quienes tuvimos la oportunidad de dialogar en Salamanca y que se dedicaban a este tipo de actividades vivían en casas humildes, sin mayores comodidades, lo que descartaría un posible lucro a través de lo que hacen.  Quienes cobraban por ello, lo hacían por medio de cobros módicos, incluso simbólicos.  Otro elemento que distancia a estas personas de los charlatanes, es que para llegar a ellos se debe preguntar, no hay avisos en los medios de comunicación de por medio ni programas radiales donde se les publicite, sólo preguntando a los habitantes del lugar se accede a ellos.  La fama que se han ganado es por la efectividad de sus servicios y de ello dan cuenta las personas que han sido sanadas y que los recomiendan a otras personas y así se va generando su prestigio.  Es el caso de la señora Marta por ejemplo, a ella acudían personas de todo el país buscando sus servicios, sin ninguna publicidad que la diera a conocer, excepto la buena opinión de sus “pacientes”.

Finalmente llegamos a los brujos.  ¿Quiénes son los verdaderos brujos?  Esa es una pregunta sin respuesta.  En primer lugar un brujo verdadero jamás aceptará su condición de tal. Quizá conversamos con brujos verdaderos sin siquiera saberlo, algunas de las personas con quienes conversamos nos señalaban que algunos de nuestro entrevistados eran brujos reconocidos, nuestros entrevistados nunca se presentaron como tales.  Se podría decir que lo eran, si tomáramos como ciertas las afirmaciones de los habitantes del lugar.  Pero también está el hecho de que muchas personas de las que se nos decía que eran brujos, se les puede haber asociado a “ser brujo” por el sólo hecho de “sanar” por medios no convencionales.  Por esto mismo, señalé anteriormente que el mundo de los brujos es un mundo cerrado para los investigadores, pues nunca se va a tener la certeza de sí tal o cual persona lo és realmente, debido al hermetismo de su condición.  Se dice que los brujos poseen jerarquías y que periódicamente se reúnen.  Por lo mismo es impensable que un brujo vaya a tratar de hacerse millonario usando sus conocimientos, pues el mundo cotidiano para ellos no tiene relevancia.  Sus actividades, sus pugnas de poder, sus jerarquías y reuniones no se manejan en la lógica terrenal, sino en su propio mundo, el mundo de los brujos, el de la raja de Manquehua quizá.  A esas dimensiones “profundas” de la brujería, uno como investigador no posee acceso.  A no ser, que se convierta en uno, como le ocurrió a Carlos Castaneda con don Juan (un brujo de la etnia Yaqui, en Mexico) y que tanto le pena a la antropología, pues más allá de sí sus relatos son verídicos o meras fantasías, está el doloroso hecho de que un cientista social, que investiga grupos humanos haya terminado siendo un discípulo de brujo renegando de su propia formación académica.

EL TURISMO



La temática del turismo según creo, sí que es un campo donde la antropología debiera estar mucho más involucrada de lo que ha estado hasta hoy.  En este tema sí que es necesario teorizar un poco y darle un marco adecuado para la acción, las proyecciones, los impactos, beneficios y desventajas que puede tener el turismo en las distintas zonas donde se realiza y donde se podría llegar a realizar.  Salamanca, según creo, podría ser uno de estos lugares, donde a futuro se lleven a cabo actividades turísticas.  ¿ Pero de qué clase de turismo estamos hablando?

Ese es el punto, qué clase de turismo se propone.  El turismo que uno generalmente asocia es el de playas, sol, calor, bikinis, descanso, en definitiva una serie de elementos que se nos han venido inculcando desde pequeños por medio de grandes campañas de marketing que promueven el turismo de masas.  Los grandes balnearios son el centro del quehacer turístico en nuestro país.  Es cosa de darse una vuelta durante los meses de enero y febrero por el litoral central, para ver la cantidad de personas que se aglomera en esa zona y lo engorroso que se vuelve un paseo en automóvil de regreso de alguna de las tantas playas que ahí existen.  Es que en Chile el tema del turismo se ha explotado de esa manera.  Turismo, lagos, playas.  Pero esto ha ido cambiando en las últimas décadas, tal vez siguiendo la tendencia mundial con respecto al tema.  No es el lugar para hablar sobre los orígenes ni las causas del turismo, pues sobre ello existen completos estudios y trabajos (algunos ellos mencionados en la bibliografía utilizada), sin embargo, desde que se masificó este fenómeno, es decir viajar por placer, para descansar, o para escapar a la vida estresante en la ciudad, aunque sea un par de semanas, o días inclusive, el hecho es que estas grandes migraciones de personas llegan a tener un impacto insospechado en la cultura de los lugares que las reciben, más todavía si se trata de pequeñas localidades que ven radicalmente cambiado su ritmo de vida con estas masas ávidas de descanso y también de fiestear.

Así todo, cada día más personas, y familias, buscan otras alternativas para llevar a cabo su descanso en vacaciones, muchas veces provocado por el aburrimiento de querer escapar a la vorágine de la ciudad, y terminar viviendo esa misma vorágine pero en otro lugar, debido a que la mitad de la ciudad se va a los mismos balnearios, colapsándolos en número y arrastrando todo el estrés acumulado en el año a lugares poco acostumbrados a ritmos de vida tan acelerados.  Una situación así se vive en Viña durante las vacaciones. La ciudad es calma durante el año, pero es cosa de que llegue el verano y los miles de veraneantes, para emular los tacos de autos, los constantes bocinazos, etc., que se viven cotidianamente en la capital.  Es  decir, se va en busca de descanso, y se termina emulando la vida que uno lleva en el lugar del que uno va “escapando”.  También es frecuente ver la molestia de los turistas cuando van a comprar a algún pueblo, y debido al excesivo flujo de compradores (la mayoría turistas) se forman colas de personas en las cajas que enervan a los visitantes, más aún cuando ven a la cajera conversando tranquilamente con algún conocido.  No se toma en cuenta que ese es el ritmo normal del lugar, que la cajera no lo hace a propósito para molestar a los turistas, sino que así es durante todo el año, donde no hay apuro, pero para personas que vivimos en grandes ciudades y donde vivimos todo los días en una carrera interminable contra el reloj, ese tipo de situaciones nos exasperan y nos molestan.

Debido a todo esto, gran cantidad de personas ha optado por diversificar sus opciones a la hora de elegir algún destino en sus vacaciones.  Así es como cada vez más se mira a los sectores rurales como grandes alternativas de descanso, donde no sólo está la posibilidad de conocer un lugar novedoso, sino que además de gozar de parajes naturales de increíble belleza, de interiorizarse de costumbres y tradiciones que son ajenas.  Así  es como hoy por hoy comienza a sonar con fuerza el concepto de Turismo Rural (el tipo de turismo que me interesa abordar, pues Salamanca posee una gran presencia rural).  En la página de Internet del INDAP, se define al turismo rural de la siguiente manera: “..Cualquier actividad turística realizada en un lugar rural incluyendo las áreas naturales.  Es una actividad que integra a toda la familia campesina y resguarda sus costumbres y tradiciones.  La idea es que la agricultura Familiar Campesina tenga nuevas alternativas de negocio a través de las cuales pueda complementar y/o diversificar sus ingresos.”  En esta misma página se definen las distintas modalidades del turismo rural “El Turismo Rural se expresa a través de las siguientes modalidades: agroturismo, Ecoturismo, Turismo Aventura, Turismo Cultural, Turismo Gastronómico, Etnoturismo, Turismo Deportivo, Turismo de Salud, Turismo Educativo, etc.”

Hace no mucho, instituciones públicas como el INDAP y el SERNATUR se han dedicado a financiar y a promover este tipo de turismo.  El potencial y la proyección son considerables, esto corroborado por la tendencia de esta forma de turismo experimentada en los países Europeos y Norteamericanos.  Este dato no es menor, pues la proyección del turismo rural no sólo está enfocado hacia el turista nacional, sino que también, y de manera incluso más representativa, al turista extranjero.  Debido a una serie de factores que convierten a los países Latinoamericanos en destino obligado de aquellos turistas extranjeros en busca de esta modalidad de turismo.  En primer lugar la gran cantidad de áreas naturales que no han sido, o de manera menor, alteradas por el hombre, cosa que en los países más desarrollados no ocurre.  También está el hecho de que en su mayoría, estas áreas se encuentran insertas en comunidades, o cercanas a ellas, donde aún perdura la cultura local, con sus tradiciones y costumbres.  La cultura local es un bien muy valorado por el turista extranjero, la cultura campesina en general, ya que en sus países de origen esta cultura se ha extinguido.  Si uno tiene la oportunidad de viajar por Inglaterra, se da cuenta de inmediato que todo los predios están industrializados pos de una maximización de la producción.  Con ello fue desapareciendo la cultura campesina, poco rentable debido a formas de producción, de subsistencia muchas veces, que poco aportaba a la producción nacional.

Por esto, poder convivir con una familia campesina, para un extranjero es un verdadero suceso (esto enfocado más que nada al agroturismo y el turismo cultural, pues el perfil de los turistas del turismo aventura, por ejemplo, no posee un interés marcado en conocer la cultura local de alguna comunidad específica, sino más bien en gozar de deportes adrenalínicos):  ordeñar una vaca por poner un ejemplo, pues en su país lo más cercano que tiene para observar la procedencia de estos productos es una gran estancia donde máquinas de primer nivel se encargan de este proceso.  Esto no lo digo sólo por teorizar un poco, sino que también porque a lo largo de mi vida he tenido la suerte de viajar por muchos países y conocer muchas personas de otras nacionalidades y por lo general, aquellas personas provenientes de países desarrollados valoran de sobre manera este tipo de cosas.  Viví también un año en EEUU, en la ciudad de Seattle, en una familia (como estudiante de intercambio) fanática de la naturaleza y de los vegetales y de los parajes naturales.  Compraban la fruta y los vegetales  que consumían en una granja en las afueras de la ciudad que cultivaban sus productos de manera natural, pues odiaban aquellos productos provenientes de las industrias y todos los aditivos químicos que utilizaban las industrias para lograr  mayor eficiencia en la producción.  El precio era bastante más alto claro, pero lo pagaban.

Ahora bien, si uno toma al norteamericano promedio, que poco y nada sabe del resto del mundo y que no le interesa saber tampoco de él, que come en MCDONALDS y ve su partido de béisbol sagradamente, claro que poco y nada va a estar interesado en viajar a algún lugar perdido en el mundo para ver ordeñar una vaca.  No obstante, el extranjero que decide viajar a otros países, especialmente a países tercermundistas, va ávido de conocimiento y de vivir experiencias que sean lo más autenticas posibles.  El Turismo Rural, bien enfocado es para ellos una gran oportunidad de conocimiento y de intercambio cultural.  Lo que representa también una buena oportunidad económica para quien ofrece el servicio, pues el perfil de este tipo de turistas incluye personas de mediana edad y sus familias, así como también jóvenes estudiantes recién egresados o ya con un trabajo estable hace algunos años, provenientes de estratos medios, medios - altos de la sociedad.  Es decir poseen los medios económicos para costearse una experiencia así, y lo que para una familia campesina puede representar un gran capital, lo más probable es que para este turista le sea incluso económico. Además la implementación de un lugar donde se reciba a este tipo de turistas no requiere un gran gasto económico, pues este tipo de turista no presenta mayores exigencias en cuanto a comodidades.   Esto pensando en el desarrollo de una actividad de Turismo rural realizada por familias campesinas y no por empresas privadas que bajo la chapa de turismo rural construyen verdaderos complejos veraniegos al más puro estilo Marbella, con la diferencia que lo hacen en algún lugar del “campo”.  El turista al cual me refiero, no posee mayor interés en tener una televisión de 20 pulgadas en el lugar donde se aloje, lo más probable es que haya convivido con este tipo de comodidades y artefactos desde siempre.  Por el contrario, mientras más se asemeje su lugar de alojamiento a aquel que posee la familia campesina que lo recibe, pues tanto mejor, hasta se podría dar el caso que alojara con ellos mismos en una especie de intercambio cultural mucho más estrecho.

Hasta el momento he enfocado el tema del turismo rural básicamente hacia turistas extranjeros, creo que al menos por ahora es la opción más viable.  Esto porque en nuestro país las clases media y alta, aún no valoran como quizá se  debería este tipo de experiencias, tampoco se valora la cultura local más allá de un elemento “exótico” y “rústico”.  Es decir, aún se prefiere viajar a algún Mall de Miami o a alguna playa en Can- Cún antes que interiorizarse de la vida, de las tradiciones y costumbres, del patrimonio, de alguna comunidad ubicada en un lugar apartado del propio país.

El Turismo Rural como se puede leer en la definición que hace el INDAP posee varias facetas, desde el agroturismo hasta el Turismo Aventura.  Este tipo de turismo no es excluyente en sus distintas facetas, por ejemplo se puede complementar el Ecoturismo, que es la visita y caminatas a lugares naturales, con el turismo aventura, que es la modalidad donde se ofrece desde bajadas en Rafting, hasta realizar recorridos en bicicletas de montaña por bellos paisajes naturales.

Salamanca es un lugar donde el Turismo Rural se puede llegar a desarrollar en muchas de sus modalidades.  En primer lugar, es una zona donde la agricultura desempeña un rol importante, es decir es apta para llevar a cabo agroturismo(turismo que tenga que ver con actividades complementarias a la labor principal que se lleva a cabo en un predio, o sea la agricultura).  Sus parajes geográficos, cercanos a la cordillera posibilitan el desarrollo del Ecoturismo, incluso de Turismo Aventura, me imagino por ejemplo a un grupo de escaladores yendo a la raja de Manquehua para descender la “mítica cueva de los brujos” .  No obstante, creo que una de las mayores vetas en el desarrollo del turismo rural en Salamanca, se encuentra en el turismo cultural.  La cantidad de petroglifos existentes en la comuna, es de por sí, un elemento importante como muestra del patrimonio cultural e histórico de la zona.  Por otra parte, la gran cantidad de tradiciones que se mantienen vigentes en Salamanca y sus alrededores, ejemplo de la rica cultura local que existe en toda el área.  Las festividades que se realizan durante la Semana Santa y el día de San Juan, las procesiones, los rodeos, siendo el que se efectúa en Semana Santa el más importante de la región y donde llegan competidores de todo el país.  La producción de un vino artesanal propio, con su planta de elaboración ahí mismo (el Chacolo del pueblo de Chalinga).  Salamanca reúne características muy propicias para el desarrollo del Turismo Rural en sus distintas modalidades, y éste a su vez puede llegar a ser muy beneficioso para la articulación de la comunidad, la potenciación y reafirmación de la cultura local y su economía.

Todo esto va a depender eso sí, de qué manera se logren articular las propuestas turísticas, de la forma en que estén involucrados los distintos actores y la coordinación que se logre en la gestión por medio de las distintas instituciones y de la comunidad participante.  Mi propuesta está focalizada hacia la realización de este tipo de turismo por parte de las propias comunidades originarias de la región, es decir, no a un mega proyecto turístico generado desde grandes capitales privados, sino que la realización por parte de los habitantes de Salamanca y sus alrededores, quienes sean los mayores beneficiados.  Para ello es propicio incentivar de cierta manera la autogestión desde las comunidades interesadas, al mismo tiempo que un compromiso por parte de las instituciones públicas pertinentes(en este caso la Municipalidad de Salamanca) de informar sobre las distintas instancias de financiamiento público que existen para la realización de proyectos turísticos de esta índole.  Por ejemplo, INDAP financia proyectos de este tipo, pero para ello se deben cumplir ciertos requisitos básicos que agilicen la aprobación de proyectos.  Estar conformados como empresa es uno de ellos, por poner un caso, por lo que sería muy provechoso que la Municipalidad entrara en contacto con aquellas familias y comunidades interesadas y facilitara y asesorara los pasos para conformar una empresa.  De este modo agilizar los formalismos para que los proyectos sean aceptados.  SERNATUR  es otro organismo interesado en fomentar este tipo de experiencias.  En su página de Internet(www.sernatur.cl) es posible encontrar una serie de documentos e informaciones que son de gran ayuda a la hora de aventurarse en un proyecto de turismo rural.

Estos pasos tienen que ver con la gestión, de todas formas, creo yo, tanto y más importante es el aspecto de contenido en la propuesta turística y la manera de enfocarlo a la hora de la realización.

En muchas ocasiones, cuando se realizan tentativas de Turismo Rural, de manera no premeditada, se exalta la cultura del turista por sobre la cultura del receptor.  Es decir llegan grupos de turistas externos a una comunidad, con cámaras de fotos, de video y se dedican a indagar lo que más puedan de la cultura que están visitando, muchas veces cayendo en impertinencias y faltas de respeto hacia los locales, sin que éstos manifiesten una desaprobación abierta, pues el turista es el turista y no se le puede llamar la atención.  Esto se ve acrecentado cuando son agencias turísticas que poco que ver tienen con la comunidad a la que se visita y por ende ellos mismos(guías turísticos o encargados de viaje) no se percatan de este tipo de faltas.  De esta manera se va sentando el precedente de que el turista posee primacía sobre el receptor y de a poco se va mellando la autoestima de los locales, en una situación donde se opone una cultura externa hegemónica(la del visitante) por sobre la cultura local(aquella que recibe al visitante).  En esto concuerdo tácitamente con lo que propone Julio Enrique Carvajal en su artículo “REFLEXIONES SOBRE ANTROPOLOGIA Y TURISMO”(en el libro Antropología Aplicada, de Patricio Guerrero), al señalar la importante labor que realiza un guía de turismo enfocada precisamente a evitar este tipo de situaciones, para lo cual es necesario que sea una persona de la comunidad a la que el grupo turístico visita, o en su defecto, una persona muy capacitada sobre relaciones interculturales y la cultura misma del lugar que se visita, de manera de propiciar un intercambio simétrico entre visitantes y visitados y así evitar tensiones entre locales y foráneos.   Un turismo de estas características, bien logrado se convierte de esta forma en una herramienta educadora de gran alcance, pues posibilita verdaderos intercambios recíprocos entre personas provenientes de contextos culturales muy distintos, acerca los mundos derribando muchas veces estereotipos y estigmas (que los campesinos son sucios por ejemplo, o que los indígenas son borrachos) dando paso a una convivencia en la diversidad, donde el respeto es la base de un enriquecimiento mutuo.

Con esto se valora la cultura local, pues muchas veces ante la presencia de extranjeros altos y rubios (estereotipo explotado por las campañas de marketing como el modelo “correcto” de ser), las personas de comunidades pequeñas tienden a veces a aminorarse, pero al mostrar con orgullo y darse cuenta de que sus formas de vida son algo muy valorado por personas extranjeras, el proceso se torna positivo.

El Turismo Rural así planteado, otorga nuevas perspectivas de vida a las personas de pueblos que en gran parte no poseen  mayores oportunidades laborales, por lo que emigran hacia ciudades más grandes.  También es cierto que a la hora de plantear el desarrollo local de una zona por medio del turismo, se debe ser sumamente cuidadoso para no caer en excesos y terminar “matando la gallina de los huevos de oro”, pues éxodos masivos de turistas provocados por una explosión de oferta en la zona puede crear tensiones en pueblos pequeños no habituados a grandes flujos de personas, así como también en el medio ambiente.  Imagino la ruta hacia la raja de Manquehua saturada de excursionistas, el pequeño pueblo de Chalinga atestado de tours de visitantes, en definitiva un caos generalizado, y todo intento de “racionalizar” los circuitos turísticos colapsados.  Claro, esto sería un caso extremo, pero de todas maneras es mejor preverlo.

Todo lo acá expuesto constituye una pequeña propuesta basada en la experiencia vivida en la hermosa ciudad de Salamanca y sus encantadores alrededores, espero que algún día contribuya en algo que sea, al desarrollo de esa maravillosa comuna que nos sedujo con sus encantos y misterio.

CONCLUSIÓN



Así he llegado al final de este informe sobre la investigación realizada en Salamanca.  Espero no haber sido demasiado aburrido y haber reflejado de la manera más fidedigna posible aquellos hechos que marcaron esta investigación.  La preocupación por lo  aburrido debe provenir de un trauma que me crearon alguno de los textos que tuve que leer durante el estudio de la carrera.  Textos llenos de tecnicismos que se asemejaban más a descripciones de teoremas matemáticos que a estudios sobre la realidad social.  Por lo mismo he decidido adoptar un lenguaje sencillo y entendible para que cualquier persona que no esté familiarizada con los términos antropológicos pueda entender, y tratar de relatar de manera que el lector no finalice cansado ni menos aburrido. Espero haberlo logrado.

La narración de la experiencia ha sido el eje de este informe, para luego pasar a teorizar someramente sobre algunos puntos.  Creo que el valor de la experiencia en este tipo de investigaciones posee incluso mayor importancia que los aprontes teóricos que se puedan llegar a formular, esto teniendo en cuenta que toda investigación antropológica parte de una experiencia en terreno, en la que suceden una infinidad de hechos y sucesos que van marcando la investigación, y que por medio de la experiencia van otorgando al antropólogo mayores elementos teóricos con respaldo en situaciones vividas y no solamente en especulaciones teóricas.

Generar teorías no deja de ser un asunto primordial para el quehacer antropológico, más todavía si se aporta en algo, elementos que ayuden a conformar un cuerpo teórico proveniente de la antropología chilena, de su experiencia en terreno e investigación, para de esta manera emanciparse en algo del tutelaje proveniente de los países Europeos y EEUU.
Las experiencias vividas por un grupo de investigadores son únicas e irrepetibles, pero tienen mucho que ver con una serie de situaciones a las que la mayoría de los antropólogos se ven enfrentados al ejercer su profesión.  Las teorías se van conformando con el tiempo, contrastando, rebatiendo y modificando, no obstante, es el cúmulo de aquellas experiencias vivenciadas en el terreno las que han dado el sustento y la base para formular todo tipo de interpretaciones antropológicas.  Por ello me parece necesario relatar, al menos a grandes rasgos, el terreno y las anécdotas y situaciones que a uno le parezcan más significativas.

Este informe ha tratado de seguir esa pauta.  De todas formas, y aunque uno crea que está realizando una investigación descriptiva solamente, a la hora de llevar los sucesos al papel mediante la escritura, se cae en el hecho de que uno, lo quiera o no, al relatar e interpretar situaciones va generando aprontes teóricos.

Este trabajo tiene una gran importancia para mí, pues simboliza el término del ciclo de estudiante, luego de más de seis años, con un diplomado en curso, con bastantes investigaciones a cuesta.   Finalizo los requerimientos académicos para dedicarme al ámbito profesional netamente, y de esta forma darle curso a mi tesis, que hace un par de años la vengo retrasando y con la cual mantengo una deuda con una comunidad, de la cual trata la mencionada tesis.  Cumplo mi deuda también con Salamanca y con una investigación que definió en muchos aspectos mi vocación como antropólogo.

En cuanto al tema del turismo, traté de aterrizar al máximo su análisis, tratando de visualizar de manera concreta una aplicación de éste en Salamanca y sus alrededores y las implicancias de la antropología en ello.  Con relación a la temática de la brujería, a pesar de haber dejado en claro mi postura con respecto a ella, fue el aspecto que mayormente he tratado en este trabajo, pero tratando de dejar un poco las explicaciones de lado para dejar paso a la experiencia en sí, para que cada cual saque sus conclusiones.

No me queda más que volver a reiterar mis agradecimientos a todas aquellas personas que con una gran disposición colaboraron en esta investigación, esperando en un futuro no muy lejano volver a visitar aquella región misteriosa y enigmática.

NOTAS



(1)    La escuela de Antropología de la U.Bolivariana, pide como requisito de egreso 90 días de terreno a sus alumnos, días que deben ser completados a los largo de los cinco años de duración de la carrera.
(2)    La escuela de Antropología de la U.Bolivariana realiza anualmente una investigación de terreno en donde participan alumnos de todas las generaciones, incluyendo a alumnos egresados que por requerimiento aún deban cumplir con parte de los 90 días de terreno.
(3)    Los métodos y técnicas de registro de datos en una investigación antropológica varían desde el uso de lápiz y papel, hasta el uso de cámaras de video.  Sin embargo éstas últimas no son utilizadas generalmente, puesto que en muchos lugares la presencia de las cámaras no es bien recibida, tal vez en rechazo a ciertas prácticas periodísticas que llevadas a cabo de manera poco escrupulosa violentan la intimidad de las personas.  También está el hecho de que una cámara de video, al ser físicamente muy visible, muchas veces cohibe a los entrevistados.  De todas maneras, el criterio de usos de técnicas y métodos a la hora de realizar una investigación depende de cada antropólogo, según éste aprecie que es pertinente tal o cual instrumento.
(4)    El término Geertziano se utiliza en relación a un conocido antropólogo norteamericano de nombre Clifford Geertz, quien postula una teoría interpretativa de la cultura, entendida ésta última como un sistema simbólico.
(5)    Informante clave, se denomina en antropología, a aquellas personas que poseen información “reveladora” en cuanto a ciertos temas atingentes a la investigación antropológica.

BIBLIOGRAFÍA


AGROTURISMO, ASPECTOS SOCIOECONÓMICOS Y DE IDENTIDAD LOCAL, Amelia Pérez Pizarro, Profesora de la facultad de Cs. Agrarias y Forestales, Universidad de Chile.

Antropología y turismo  ¿nuevas hordas, viejas cultura?, Agustín Santana, Editorial Ariel S.A., Barcelona, 1997

Antropología y turismo rural.  Una contingencia necesaria, Antonio Miguel Nogués Pedregal, Universidad de Sevilla, Gazeta de Antropología, Número 11, 1995.

APROXIMACIÓN AL DESARROLLO TURÍSTICO EN EL ESTADO AMAZONAS(VENEZUELA) DESDE UNA PERSPECTIVA PLURAL, Ángel Acuña Delgado, Universidad de Granada, Boletín de Antropología Iberoamericana, Número 13, Octubre 2001.

La santería en Cuba, María Teresa Linares, Museo Nacional de la Música, Cuba, Gazeta de Antropología, Número 10, 1993.

Lineamientos para la elaboración de una Política de Turismo Cultural, SERNATUR, DEPARTAMENTO DE PLANIFICACIÓN, Santiago, Diciembre de 2001.

Los curanderos, psicoterapeutas populares, Enrique Blanco Cruz, Universidad de Granada, Gazeta de Antropología, Número 9, 1992.

REFLEXIONES SOBRE ANTROPOLOGÍA Y TURISMO(del libro Antropología Aplicada de Patricio Guerrero, pags 239-297) Julio Enrique Carvajal.

Violencia y Brujería en Bogotá, Carlos Pinzón, Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 16, Volumen XXV, 1988.


TRABAJOS CONSULTADOS DESDE EL SITIO DE INTERNET “EL RINCÓN DEL VAGO”



Estructura de hotel rural, *Mbgonzales, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, España.
Mercado de alojamiento turístico rural, *Capacín, Gran Canaria, España.
Sostenibilidad del turismo rural, *Miguel, Uisek, Chile.
Turismo rural, *María, España.
(*  Los autores de estos trabajos utilizaron seudónimos para firmar)

ENLACES EN INTERNET



Servicio Nacional de Turismo, www.sernatur.cl
Instituto de Desarrollo Agropecuario, www.indap.cl
Ilustre Municipalidad de Salamanca, www.salamanca.cl

** La fotografía de la portada no es de autoría de quien elaboró esta investigación, fue extraída de un portal de turismo de Internet.  El link no se pudo agregar pues una vez que se agregó se perdió la página.  En caso de cualquier molestia, o si se encuentra el link(para ser agregado) contactarse con el autor.

*** Todos los nombres originales en esta investigación, a excepción de quienes la llevaron a cabo, han sido reemplazados por seudónimos para evitar confusiones o malentendidos.

**** Esta investigación ha sido realizada tratando de ser lo más respetuosa posible con sus informantes y entrevistados, así como también con el lugar donde se llevó a cabo, con el objetivo último de dar a conocer una realidad local de gran riqueza a juicio de su autor.

Autor:

Carlos Sáez Larravide





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