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Especie humana parte 1 - Monografía



 
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Antropología Social y Cultural. Homínidos. Australopithecus anamensis. Neandertales. Cromañones



RESUMEN



PRIMERA PARTE:  Sombras del pasado



Capítulo 1. La especie solitaria (pp. 27-48)



Somos únicos, ninguna especie animal se parece a la nuestra. Un abismo nos separa en cuerpo y en mente del resto de los seres vivientes.
Esta originalidad que se da en nuestra especie, no es frecuente en el mundo viviente. Generalmente toda especie forma parte de un grupo de especies similares. Hay una continuidad de unas especies a otras. Continuidad que se rompe entre los grandes grupos de organismos. No hay una forma intermedia entre aves y reptiles o entre reptiles y mamíferos. A cada una de esas formas distintas de vertebrados se les da la categoría de clase, salvo en los peces, que forman tres clases (óseos, cartilaginosos y lampreras). Los vertebrados son la mayoría de las especies de los cordados, a los que se asigna categoría superior de filum.
Los cordados son radicalmente diferentes de los distintos tipos de invertebrados. Cada una de estas grandes categorías está aislada morfológicamente de las demás.

El “origen divino” de las especies no daba una explicación satisfactoria para esta coexistencia en la biosfera de especies que forman racimos, que a su vez pertenecen a grupos más amplios que muestran enormes diferencias de diseño entre sí.
La teoría de la evolución da una respuesta distinta, y más convincente: las especies parecidas descienden de un antepasado común cercano en el tiempo. Por el contrario, los grandes tipos (fila) de organismos surgieron hace muchísimo tiempo, y tienen antepasados comunes muy remotos. Los primeros vertebrados fósiles tienen más de 450 millones de años, los anfibios 350 millones de años, los reptiles 300 millones, los mamíferos 220 y las primeras aves fósiles 150 millones de años. Desde la aparición de éstas la evolución no ha producido ninguna novedad importante. No hay ningún método exacto para decidir cuándo a un grupo de especies se le da la jerarquía de filum (gran categoría de diseño biológico original, diferente de cualquier otra forma de organismo del mismo reino) un nuevo filum puede surgir en cualquier momento de la historia de la evolución. Los mamíferos no constituyen en Zoología un filum propio, y sólo son una clase, pero eso no quiere decir que los mamíferos no representen un tipo biológico realmente original. Lo mismo nos ocurre a los humanos, que hemos entrado en una dimensión nueva de la biología.

En absoluto llevamos mucho tiempo evolucionando por separado. Nuestra estirpe no es de las más viejas: no pasa dc 6 millones de años, cuando se separaron las líneas que dieron lugar a los chimpancés por un lado y a nuestra especie por el otro. La escisión de la línea de los gorilas se produjo muy poco antes. El profundo foso que nos separa de las demás criaturas es porque hemos evolucionado muy deprisa en poco tiempo y porque todas las formas intermedias entre nosotros y los chimpancés han desaparecido.
De las diferencias entre el ser humano y el resto de los animales sólo la postura erguida es un rasgo morfológico, las demás son todas de otra naturaleza y se relacionan muy directamente con el cerebro. De los chimpancés sólo nos separa un 1,6% de nuestros genes, un cambio genético pequeño pero muy significativo que nos convirtió en una especie radicalmente diferente de todas las demás, con propiedades mentales únicas. Si nos comparamos a los demás animales desde el punto de vista de la morfología veremos que los más cercanos son las dos especies de chimpancé. Un poco más alejado, el gorila y algo más él orangután. Los gibones son los parientes más lejanos en este grupo. Chimpancés, gorilas y orangutanes tienen un aire común y se los agrupaba en una misma familia (los póngidos). A los gibones (incluidos a veces entre los póngidos) algunos autores los situaban en su propia familia (los hilobátidos) la especie humana es la única de su familia (los homínidos). Hay un término común para todos los póngidos (gibones incluidos): antropomorfos. Homínidos y antropomorfos nos clasificamos todos juntos en la superfamilia de los hominoideos.
Como todas las especies son actuales, y no hay ningún fósil, no se puede considerar una genealogía de especies: faltan los nombres de los ancestros. La más moderna de las divisiones es la escisión de los chimpancés en dos especies, que viven desde hace 2,5 millones de años.
En otros dendogramas, aparece la especie humana, ya no en el margen de los demás hominoideos, sino entre ellos. Se comprende ahora que la separación de póngidos y homínidos era artificial (en realidad chimpancés y gorilas están más próximos a nosotros, en cuanto a parentesco, que a los orangutanes y gibones). Humanos, chimpancés y gorilas tenemos un antepasado común del que no descienden los orangutanes y gibones.

Todo lo dicho pone de manifiesto que parentesco evolutivo y semejanza morfológica no necesariamente son la misma cosa: el chimpancé está evolutivamente más cerca del hombre y, sin embargo, se parece superficialmente más al gorila, y también al orangután. Henning se dio cuenta de que para establecer las relaciones evolutivas no podemos basamos exclusivamente en el parecido. Esto contradice la aparente lógica de que las especies más semejantes deben agruparse siempre juntas.
Pero si el estudio de los cuerpos sin mente nos enseña cuál es nuestro lugar entre los primates, también nos muestra que somos diferentes de nuestros más próximos parientes, los chimpancés, porque nosotros somos bípedos y ellos cuadrúpedos.
Pongamos ahora los fósiles, para tratar de llenar el espacio morfológico que nos separa de los chimpancés. Entre los chimpancés y el hombre aparecen ahora cuatro nuevas especies: Ardipithecus ramidus, Australopithecus anamensis, Australopithecus afarensis, y Australopithecus africanus. Desaparecieron hace más de 2 millones de años. Son especies de homínidos (pertenecen a nuestra misma escala evolutiva, ya que son posteriores a la ramificación que separó nuestro destino evolutivo del de los chimpancés).
No se conoce ninguna especie fósil de chimpancé. Sin embargo, no cabe esperar que los chimpancés fósiles vengan a rellenar el foso que nos separa de sus descendientes vivos. Lo que se necesita son formas de algún modo intermedias, “eslabones perdidos”, “hombres-mono”. Lo que expresan los dendrogramas sobre los diferentes grados de relación o parentesco entre las diferentes especies. Intencionadamente los homínidos fósiles se han situado entre los chimpancés y el ser humano. Lo que importa es cómo se conectan por debajo entre sí las especies, por lo que la posición intermedia de los homínidos fósiles es puramente arbitraria desde el punto de vista evolutivo. Sin embargo, desde la perspectiva morfológica las cuatro especies de homínidos fósiles ocupan realmente el lugar de los que durante largo tiempo fueron buscados “eslabones perdidos”, que se perdieron en el tiempo.

La única característica humana que éstos homínidos fósiles presentaban era la postura erguida. Su mente era aún la de un mono, como los actuales chimpancés. Eran pues homínidos en el sentido de que pertenecían al nuestra misma familia Zoología, pero no eran aún humanos.
El Ardipithecus ramidus vivió en lo que es hoy Etiopía hace 4,5 millones de años. Es un homínido muy primitivo que vivía en la selva lluviosa, como los gorilas y chimpancés actuales. Por el tipo de dentición se ha deducido que se alimentaba de los mismos vegetales que los chimpancés (frutas, brotes, tallos tiernos, hojas frescas), por lo tanto pasaba mucho tiempo en los árboles. Pero presentaba una característica que lo relaciona con los humanos: los caninos se habían empezado a reducir. Por este rasgo se sitúa entre los homínidos.
Según este dendrograma lo único que puede establecerse científicamente es el grado de parentesco entre las especies a la hora de confeccionarlos sólo se utiliza información procedente de la morfología, y por lo tanto da igual que una especie sea fósil como viviente, y proceda de África o de Australia.

El siguiente homínido fósil es el Australopithecus anamensis. Se tienen algunos fósiles que provienen de Kenia, datados entre hace 4,17 y 4,07 millones de años. Presenta unas muelas más grandes y con esmalte más grueso que las del Ardipithecus ramidus, por lo que además de frutos tiernos ingería algunos alimentos vegetales que necesitaban una prolongada masticación y producía un intenso desgaste de las coronas dentales (granos y frutos secos). Además, se piensa que aprovecharían bulbos, tubérculos, raíces engrosadas y rizomas; las partículas minerales que se meterían en la boca con estas partes vegetales enterradas harían rechinar sus dientes y contribuirían a su desgaste. Estos vegetales se encuentran en bosques más secos que las pluvisilvas de sus presuntos antepasados, por lo que se piensa que cambiaron de hábitat o que su hábitat habría cambiado, haciéndose más seco. Por una tibia bastante completa se ha llegado a la conclusión de que estos homínidos ya eran bípedos. Podemos afirmar provisionalmente que se trata de antepasados nuestros. En todo caso, nosotros venimos de unos homínidos del mismo tipo que el Australopithecus anamensis.

Sin embargo, los primeros fósiles de esta especie sólo son doscientos mil años más modernos que los fósiles del Ardipithecus ramidus. ¿Es suficiente ese tiempo para que se produzcan los importantes cambios anatómicos y ecológicos? Puede. La evolución no avanza a un ritmo constante, y a veces camina muy rápidamente y otras parece estancarse. Si se encuentran en el futuro restos de Australopithecus anamensis con 4,4 millones de años, el Ardipithecus ramidus dejará de ser considerado nuestro antepasado.
Entre hace 4 y 2,9 millones de años vivió otra especie de homínido conocido como Australopithecus afarensis (Tanzania y Etiopía). Se tiene un registro más amplio que de las anteriores. Sus características dentales nos siguen remitiendo a una alimentación casi totalmente vegetariana en un bosque seco y con claros. Su postura era erguida, aunque los brazos eran largos en relación con las piernas: todavía podían trepar bien a los árboles. Era una especie de pequeño tamaño (machos: 135 centímetros y 45 kilos y las hembras 105 centímetros y 30 kilos). La diferencia entre los otros sexos era más acusada que entre nosotros o que entre los chimpancés, y más próxima a la de los gorilas.

Los dos fósiles estrella de la colección son un esqueleto femenino (Lucy) y un cráneo masculino casi entero, cuyo volumen es de algo más de 500 cc. Otro cráneo más incompleto parece tener una capacidad claramente por debajo de 400 cc. Es un cerebro escasamente más voluminoso que el de los chimpancés (con un promedio cercano al los 400 cc). No se puede atribuir al Australopithecus afarensis un cerebro mucho mayor, ni puramente con capacidades superiores a las de un chimpancé ya que el peso del cuerpo es semejante. El tamaño del cerebro humano tiene un promedio de 1350 centímetros cúbicos, el del cerebro femenino no supera los 1300 centímetros cúbicos y el masculino supera los 1400 cc (eso no significa que los varones sean más inteligentes que las mujeres). No es posible estar seguros de que el Australopithecus afarensis sea nuestro antepasado directo.

La siguiente rama del dendograma en dirección hacia la nuestra, corresponde al Australopithecus africanus (entre 3 y 2,5 millones de años) y proceden de tres cuevas de Sudáfrica. Físicamente eran similares a los Australopithecus afarensis, y su cerebro no parece haber crecido, al menos apreciablemente (375 cc, 485 cc y 515 cc). Phillip Tobias y Ron Clarke, en 1998 dieron a conocer el descubrimiento de un esqueleto muy completo que podría ser tan antiguo como Lucy (3,2 millones de años) o incluso más viejo (3,5 millones de años) llamado Little Foot. Todavía permanece en gran parte incrustado en la roca, pero ya se ve que el cráneo está entero. Habrá que aguardar para conocer de que homínido se trata. Si el esqueleto es contemporáneo del Australopithecus afarensis, y de una especie distinta, podría competir seriamente por el puesto de antecesor de todos los homínidos posteriores (con menos de tres millones de años) entre ellos nos encontramos nosotros.
El Australopithecus africanus tenía las muelas más grandes que las del Australopithecus afarensis: su alimentación requería una más prolongada masticación (productos vegetales aún más duros).

Analizando el esmalte dentario, los Australopitecos tenían menos carbono pesado que los animales de pasto. Sin embargo tenían más carbono pesado que los habitantes del bosque. Es posible que consumieran, además de frutos carnosos y hojas tiernas de los árboles, también raíces y semillas de altas hierbas de la sabana. Incluso algunos animales. El crecimiento del tamaño de los molares desde el Australopithecus afarensis al Australopithecus africanus hace pensar más en granos, nueces y órganos subterráneos de reserva que en productos animales. Parece deducirse que no vivían encerrados en el bosque denso y frecuentaban también ambientes más despejados.
Se pueden insertar dos nuevas ramas entre los australopitecos y nosotros, ambas de nuestro mismo género: Homo. La más alejada de nosotros es el Homo habilis. Va desde 2,3 a 1,5 millones de años. Si quisiéramos hacer descender al Homo habilis del Australopithecus africanus y a éste del Australopithecus afarensis, tendríamos que viajar del este de África a Sudáfrica y volver luego al este de África. Esto ha causado un grave problema.

Los primeros fósiles de Homo habilis vienen de Etiopía. Se podría suponer que en el este de África existió entre 3 y 2,5 millones de años una especie próxima al Australopithecus africanus, a partir de la actual evolucionó el Homo habilis. El equipo de Tim White Ha nombrado una nueva especie: Australopithecus garhi (2,5 millones de años). El cuerpo del Homo habilis no era diferente del de los australopitecos y desde ese punto de vista no hay muchos motivos para aceptarlo en nuestro propio género y se le podría denominar “Australopithecus habilis”. Sin embargo no está tan claro que su mente fuera la de un australopiteco. Se nota una cierta expansión del cerebro con respecto de los australopitecos no obstante, existen grandes dudas acerca de la reconstrucción de los cerebros (muy incompletos y deformados).
Para complicar la taxonomía de los primeros fósiles Homo, R. Leakey encontró un cráneo que no encaja fácilmente en esta historia: el KNM-ER 1470 cuya capacidad craneal es de 752 cc. Podría tratarse de un gran macho de Homo habilis. Hay un problema para aceptar esta hipótesis: la diferencia entre este cráneo y los demás fósiles Homo habilis no es sólo de tamaño sino también de forma. Tiene una inmensa cara y un gran aparato masticador que no tienen los Homo habilis. Por ello algunos autores consideran al KNM-ER 1470 una especie aparte (Homo rudolfensis).

El Homo habilis era un animal distinto de los anteriores homínidos también en términos ecológicos. Es la primera especie que no está completamente ligada a un medio forestal, parece haber habitado paisajes mucho más abiertos. Este cambio ecológico es muy importante porque da pie a cambios mayores y hará posible que los descendientes del Homo habilis acaben viviendo en toda clase de regiones, climas y ecosistemas.
Este cambio de hábitat coincide en el tiempo con un gran cambio climático: la selva lluviosa se redujo drásticamente y los ecosistemas abiertos se extendieron a su costa.

Capítulo 2. La paradoja humana (pp. 49-70)



Esta adaptación no sólo supone un cambio de hábitat, sino también un cambio de nicho ecológico. Por primera vez la carne y las grasas animales pasaron a formar una parte importante de la dieta de los homínidos. Pero no parece suponer una modificación esencial en la morfología del Homo habilis (muy semejante a los australopitecos), hay ligeros cambios en la cabeza, con una cara un poco más pequeña y un cerebro algo más grande, que puede tener que ver con la nueva forma de vida y que le otorgaría capacidad adicional para almacenar en el interior de la cabeza la cartografía de un territorio muy amplio, para interpretar signos, para entender los ritmos de la vida y la tierra, para adelantarse a los acontecimientos previsibles del mundo natural y para planificar a más largo plazo. Es asimismo muy verosímil que los grupos sociales se hicieran más amplios, más integrados, más cooperativos y que el incremento de materia gris responda a un aumento de la complejidad social.
Según R.. Dumbar, existe una asociación muy estrecha entre la complejidad social de un primate y el tamaño de su neocórtex, y que no existe ninguna variación ecológica que haga aumentar el tamaño del neocórtex (en los humanos es la mayor parte del cerebro y no lo es en los reptiles y en los mamíferos que no son primates). El aumento del neocórtex del Homo habilis sería, por lo tanto, un fenómeno social.
Por último, se produce un gran invento, procede de la mente, y por eso puede considerarse el primer invento: la piedra tallada. Los primeros artefactos líticos son de Etiopía y cuentan con unos 2,5 millones de años. El primer fósil humano asociado a artefactos es de hace 2,33 millones de años.

El ambiente era bastante abierto y menos boscoso que anteriormente. Estos artefactos y otros posteriores asociados a Homo habilis eran cantos toscamente tallados y las lascas desprendidas en la operación. Los arqueólogos se refieren a esta industria como Olduvayense, o    Modo Técnico I. Los instrumentos eran “instrumentos biológicos” (potenciaban o prolongaban la morfología del individuo).
Los australopitecos tenían una conformación de brazos y manos esencialmente igual a la nuestra. Seguramente tenían la capacidad mental y biomecánica para confeccionar instrumentos, aunque no se han encontrado. Es posible que no los necesitase. Por eso pese a lo espectacular de la aparición de los primeros artefactos, no reflejan un salto mental tan trascendental como se ha pensado. Además, esta mera de tallar no parece reflejar la existencia de un modelo ideal de instrumento, sino que se les busca un atributo y no una forma. En todo caso estos instrumentos les facilitaron la entrada en un nicho ecológico nuevo: el de los comedores de carne. Por esto quizás se deba calificar al Homo habilis sólo de “casi humano”.

Sin embargo han dejado tal vez pruebas de actividad consciente en relación con el uso de herramientas. La materia prima parece haber sido transportada desde largas distancias (kilómetros) para ser utilizada en la confección instrumentos.
Ninguno de los animales que utilizan instrumentos, incluidos los chimpancés, exhiben semejante dosis de previsión, y más bien se preocupan de conseguir un instrumento sólo cuando tienen la necesidad que usarlo y buscan a su alrededor. Van encaminados a conseguir objetivos inmediatos que, muchas veces tienen delante de sus ojos.
Hay animales (aves, hormigas…) que acarrean durante mucho tiempo los materiales con los que construyen sus nidos. Sin embargo son comportamientos instintivos, preprogramados.

En el caso de los primeros homínidos, si se demostrarse que las piedras eran acarreadas desde que se ponían en marcha o que los utensilios eran preparados con anticipación se podría hablar de capacidad de planificación. ¿Cómo podría demostrarse tal cosa? En el caso de que se encontrasen muchos huesos de herbívoros, marcas de corte o machacados, y en cambio ninguna piedra tallada en los yacimientos, entonces se podrá interpretar tal hecho como que los homínidos apreciaban tanto sus instrumentos, a causa de la escasez de materia prima, que no los abandonaban después de usarlos. Esto es lo que se cree haber descubierto.
Los fósiles más conocidos de Homo ergaster, son dos cráneos y un esqueleto casi completo, hallado en Kenia (1,8 y 1,6 millones de años). El rango cronológico del Homo ergaster se extendería entre algo menos de 2 millones de años y aproximadamente un millón de años. Su distribución geográfica podría haber sido muy amplia.
Ni desde el punto que vista de la cronología ni de la biogeografía en principio hay problemas para aceptar al Homo habilis, antepasado del Homo ergaster.

Hay quienes ven en el posible solapamiento entre los últimos fósiles de Homo habilis y los primeros de Homo ergaster un problema para aceptar que la segunda especie procede evolutivamente de la primera. Pero no tienen por qué coincidir necesariamente la extinción de una especie en todo el mundo con la aparición de su descendiente, también en todo el mundo. Si la especie descendiente se extiende a otras regiones donde todavía habita la antecesora podrían incluso llegar a convivir las dos especies. Sin embargo, cuando ambas jueguen el mismo papel en el ecosistema competirán entre sí y la especie antecesora podrá desaparecer. Es lo que se postula para el tránsito Homo habilis - Homo ergaster.
El Homo ergaster era muy diferente de todos los homínidos anteriores en muchos sentidos importantes. Su cuerpo adquiere unas proporciones semejantes a las nuestras y bien diferentes de la de los australopitecos y primeros Homo. Por otro lado se produjo un aumento importante del volumen encefálico (804, 850 y 900 cc), no obstante se produce al mismo tiempo que un incremento del tamaño y peso corporal (no representa un avance demasiado grande con respecto al Homo habilis).
Dos especies próximas que tienen cerebros de parecido tamaño suelen tener capacidades mentales parecidas, independientemente de que sus cuerpos se hayan hecho más grandes o más pequeños con el tiempo. La razón principal es que el cerebro es un órgano energéticamente muy caro.

Además, en relación con algunos aspectos importantes de la fisiología, y a la vez del comportamiento, lógicamente es el tamaño absoluto de cerebro, y no el relativo (la duración del periodo de desarrollo, en nuestra especie el más largo de todos los primates).
En todos los homínidos anteriores al Homo ergaster el desarrollo duraba lo mismo que en los chimpancés, o poco más. Entre nosotros la oscilación completa termina sobre los 20 años, mientras que en los chimpancés, gorilas y orangutanes cesa en torno a los 12- 13 años, la madurez sexual coincide con el final del desarrollo óseo. En cierto modo una hembra siempre está creciendo, primero construyéndose a sí misma, y luego “fabricando” a sus hijos.
Nuestras condiciones de vida pueden haber alterado algunos aspectos de nuestra biología del desarrollo por lo que es mejor recurrir, para las comparaciones, a las pocas poblaciones que todavía hoy se alimentan como nuestros antepasados, en los que el primer embarazo se produce en edades muy próximas al final del crecimiento en estatura de las mujeres (16-18 años).
Se ha demostrado que existe una relación muy estrecha en el conjunto de los primates entre la duración del ciclo vital y el tamaño del cerebro. Siendo el tamaño del cerebro del Homo ergaster intermedio entre el de los chimpancés y en nuestro, cabe suponer que también fuera intermedia la duración de su infancia, adolescencia y vida total. Y un largo periodo de desarrollo supone también un dilatado tiempo de aprendizaje y preparación para la vida adulta.

A los tres años, un chimpancé, un gorila y un humano tienen un cerebro que ya ha sobrepasado las tres cuartas partes del tamaño definitivo (la mayor parte crece a expensas de la madre). Lo que queda por crecer es sólo una pequeña parte: ¿Para qué un desarrollo tan prolongado? Durante ese tiempo se produce la “programación” del cerebro, requisito esencial para que fuera posible una sociedad compleja, y también para el desarrollo de una tecnología cada vez más elaborada.
Hace 1,6 millones de años en África aparece un tipo nuevo de instrumentos de piedra: Los bifaces (de gran formato tallados por las dos caras con gran perfección y simetría). Pueden ser hachas hendedores o picos. Pertenecen al ciclo Achelense o Modo Técnico II. Se ve un importante salto tecnológico respecto del Modo II. Esta vez se reconoce la búsqueda deliberada. Además de ser funcional, también responde a un gusto por la belleza.
Se piensa que fueron fabricados por el Homo ergaster. Los primeros fósiles pertenecen al ciclo tecnológico del Modo I, por lo que la invención y extensión del Modo II no representa un cambio biológico hacia una mayor inteligencia. Tampoco es probable que el Modo I estuviera al alcance de la mente del Homo habilis por lo tanto una industria muy compleja no es compatible con una mente muy simple.
Con la especie de Homo ergaster nos encontramos ante unos “eslabones perdidos entre mono y hombre”. Físicamente eran muy semejantes a nosotros de cuello para abajo, pero el tamaño de su cerebro era intermedio. Su ciclo vital no era aún como el nuestro. Eran capaces de fabricar herramientas muy elaboradas que exigen tener una idea clara del resultado a obtener y de los pasos para conseguirlo.

Con el Homo ergaster comienza a manifestarse la paradoja biológica de los seres humanos:

Anatómicamente unos primates erguidos, y al mismo tiempo unos organismos totalmente diferentes de todos las demás criaturas vivientes por su asombrosa inteligencia, capacidad reflexión y plena conciencia de sí mismos.
Ecológicamente el Homo ergaster también era radicalmente distinto de los primeros homínidos: no vivía en los ecosistemas densamente arbolados y explotaba los recursos de los medios abiertos. Además de vegetales consumía carne de otros animales (carroña o caza). Y además, hace menos dc 2 millones de años la evolución humana pasó de ser un fenómeno localizado en un único continente a convertirse en un suceso de escala mundial, los bípedos pensantes se extendieron más allá de África.

Una rama notable del árbol de la evolución humana son los parántropos, corporalmente muy parecidos a los australopitecos, también superficialmente similares al Homo habilis. Sin embargo experimentaron una especialización muy notable en su aparato masticador, que se desarrolló para poder procesar grandes cantidades de productos vegetales duros y fibrosos, muy abrasivos.
Se cree que son una respuesta al mismo cambio climático de hace 2,8 millones de años que propició el origen del género Homo.
No está del todo claro donde injertar la rama de los parántropos en el árbol de los homínidos. Se suele entroncar a la altura del Australopithecus afarensis, pero éste podría no ser exactamente un antepasado común de parántropos y humanos. En este caso, el antepasado común de las dos ramas sería el Australopithecus anamensis o alguna especie muy semejante.
Hay especies que son poco tolerantes a los cambios de su ambiente; dicen siempre en condiciones muy estables, en una especie de burbuja ecológica que constituye todo su mundo.
Otras especies animales son ecológicamente más flexibles, más tolerantes a las variaciones en las condiciones del ambiente, tanto del medio físico, como del medio biológico.

Los homínidos tratados antes del Homo ergaster pertenecen sin excepción al tipo de las especies del hábitat restringido. Pero llegar hasta los confines de Asia supone un gran cambio ecológico, y colonizar Europa aún uno mayor. Sin embargo, para adaptarse a las nuevas y variadas situaciones ecológicas que los humanos encontraron fuera de África no se produjeron modificaciones morfológicas ni fisiológicas espectaculares; la flexibilidad ecológica se la proporcionó un único órgano: su cerebro.
Los primeros fósiles asiáticos se encuentran en Java y China. Los fósiles más antiguos han resultado ser: a) un cráneo infantil sin cara (1,8 millones de años) y b) unos restos craneales incompletos muy deformados (1,6 millones de años) y en el área de Sangiran ha dado una colección importante de cráneos humanos.

Otro yacimiento javanés es Trinil, en 1881 se descubrió una bóveda craneal junto con una muela y un fémur. Dubois creó la especie Pithecontropus erectus, hoy Homo erectus.
Las capacidades craneales de todos estos fósiles javaneses no van mucho más allá de las de los fósiles Homo ergaster y varían entre 813-1059 cc.
Muchos autores no hacen distinción entre Homo ergaster y Homo erectus y serían Homo erectus. Sin embargo, desde el principio los cráneos asiáticos son más robustos que los africanos, y hay otras diferencias en la base del cráneo.
El poblamiento de Asia tuvo que ser anterior al de Java. Hay un yacimiento en China, la Cueva del Dragón, que tal vez haya proporcionado utensilios líticos y 2 fósiles humanos de hace casi 2 millones de años, no del todo claros. Los utensilios son dudosos y uno de los restos humanos podría ser de un orangután fósil.
Al sur del Cáucaso, se ha encontrado una mandíbula humana de 1,5 - 1,2 millones de años.
En China se ha encontrado un cráneo y una mandíbula (1 millón de años). El cráneo es de Homo erectus. La mayor colección de cráneos de Homo erectus de Asia es de cerca de Pekín (300 - 600 mil años) y su capacidad craneal es de 915 - 1225 cc. Están en una latitud próxima a la de Madrid y los ocupantes de la cueva vivían en unos ambientes bastante similares a los de sus contemporáneos europeos, muy diferentes de los medios africanos ancestrales o los bosques tropicales de Java.
En Java son escasos los artefactos encontrados hasta ahora. Los utensilios son poco elaborados, del tipo de poliedros o esferas. Pero la isla no ofrece rocas adecuadas para tallar objetos más refinados. En China, por el contrario, se han encontrado miles de artefactos, faltan los bifaces, por lo que se ha pensado que el Homo erectus no fabricaba la industria Achelense, tal vez porque nunca la necesitó, quizá porque salió de África antes de que ahí se originase el Modo Técnico II, y luego permaneció aislado de las poblaciones humanas que sí conocieron este tipo de instrumentos.  Tercera hipótesis es hacer una lectura diferente del registro arqueológico del Extremo Oriente. Se han descubierto utensilios de hace 700 - 800 mil años, aunque no propiamente achelenses pero considerados del Modo II.
Pero mientras que el Homo erectus se asentada en el lejano oriente, otras dos evoluciones diferentes tenían lugar en Europa y África. El europeo es el hombre de Neandertal. La Península Ibérica jugó un papel importante en esta historia, y sobre todo en la Sierra de Atapuerca.

Capítulo 3. Los neandertales (pp. 71-107)



Los ejemplares de menos de 1,7 millones de años pertenecen al siguiente período geológico: el Cuaternario. Algunos fósiles atribuidos a Homo habilis también son cuaternarios. Los parántropos vivieron parte de su existencia como especies durante el Plioceno, pero el Paranthropus robustus y el Paranthropus boisei se extinguieron durante el Cuaternario. Todos ellos son africanos. Es difícil precisar el momento del primer poblamiento de Eurasia. Tal vez se produjo antes de que terminara el Plioceno o tal vez un poco después. El límite Terciario / Cuaternario coincide casualmente con dos momentos importantes de la evolución humana, tal vez relacionados entre sí: aparecen los primeros homínidos que merecen ser y llamados humanos, y se produce la dispersión de estos “monos bípedos” fuera de África.
El Cuaternario se caracteriza por un enfriamiento general del planeta, son las llamadas glaciaciones, que ocuparon gran parte de las tierras norteñas de Eurasia y Norteamérica. Su máxima expansión hace medio millón de años cubrió Irlanda, Escocia y Gales, Escandinavia, y sus frentes llegaban más abajo de Berlín, Varsovia, Moscú y Kiev. El mar llegaba a descender más de cien metros respecto del nivel actual. Se intercalaban periodos más cálidos (interglaciares). En la actualidad vivimos en uno de ellos: el Holoceno. El resto del Cuaternario es el Pleistoceno.

Tradicionalmente, las crisis climáticas de frío intenso que asolaron Europa se agrupaban en cuatro grandes glaciaciones: Günz, Mindel, Riss y Würm (afluentes del Danubio). Dentro de cada una de estas se reconocieron picos muy fríos o máximos glaciares (estadios), separados por fases con un frío menos intenso (interestadios). Pero la manera en que se estudian modernamente los cambios climáticos nos lleva hasta los fondos oceánicos. Como hay especies de foraminíferos de aguas cálidas y otras de aguas frías, podemos “leer” en la sucesión de foraminíferos de los fondos oceánicos los cambios en las temperaturas del agua. Además, la proporción en que se encuentran en el agua del mar dos formas de oxígeno, una ligera y otra pesada, varía con la temperatura general del planeta, y esos cambios químicos también pueden “leerse” en los propios caparazones de los foraminíferos. De este modo se ha llegado a elaborar una curva de paleotemperaturas muy precisa, que se descompone en fases cálidas y fases frías.
Una forma directa de conocer la proporción entre los isótopos del oxígeno en el pasado es acudir al hielo fósil. Sondeos en el manto de hielo que cubre Groenlandia ha dado una antigüedad de ciento veinte mil años. En el casquete polar antártico se espera una antigüedad de medio millón de años.

A efectos de la evolución humana en Europa, el Cuaternario se puede dividir en cuatro grandes etapas. En el Pleistoceno inferior (1,7 millones-780.000 años) se da el primer poblamiento humano del continente. Los fósiles más antiguos son el yacimiento de la Gran Dolina (Atapuerca) con unos 800 mil años. Pertenecen a todas las partes del esqueleto y proceden de al menos seis personas. Suficiente para concluir que no se trata del Homo ergaster ni del Homo erectus, sino de alguna otra especie humana de características más modernas, evolutivamente más próxima al Homo Sapiens. Su capacidad craneal supera los 1000 cc y se le ha nombrado Homo antecessor.
Sus características le sitúan un poco antes de la división de las líneas evolutivas que habrían de conducir separadamente, a los neandertales y a nuestra especie. Los instrumentos de piedra no incluyen los bifaces y corresponde al Modo I. Muchos de ellos muestran evidencias de haber sido descamados y troceados por otros humanos sin ningún miramiento. Fueron aprovechados calculadamente tal y como si fueran presas animales.

En el Pleistoceno Medio (780.000 y 127.000 años) vivieron y evolucionaron los antepasados de los neandertales. El fósil más antiguo (mandíbula de Mauer) es de 500.000 años. Se les puede llamar Homo heidelbergensis. Sus industrias, con bifaces, son del Modo II. El Modo I y el Modo II sumados forman el periodo cultural llamado Paleolítico Inferior.
En el Pleistoceno Superior cristaliza el neandertal. Originarios de Europa, poblaron Asia central y Oriente Próximo (hace 127.000 y 40.000 años). El tipo de industria es el del Modo III o Paleolítico Medio que en Europa se extiende desde la penúltima glaciación, todavía en el Pleistoceno Medio, hasta la mitad de la última glaciación, ya en el Pleistoceno superior.
Sin embargo, hace 40.000 años, durante la última glaciación, aparecen en Europa unos inmigrantes de origen africano, nuestros antepasados: los primeros representantes europeos de la especie Homo sapiens (cromañones). Después de un largo tiempo de coexistencia (10.000 años) los neandertales desaparecieron hace algo menos de 30.000 años, al comenzar la fase más cruda de la última glaciación. Desde entonces somos los únicos humanos y homínidos sobre el planeta. Entre hace 30.000 y 10.000 años es el “tiempo de los cromañones”, llegan a Europa con su propia tecnología, la del Paleolítico Superior o Modo IV. A su vez el Paleolítico Superior en nuestra Península se subdivide en una serie de industrias que se van sucediendo, aunque no en todas las partes al mismo tiempo: Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense, Magdaleniense y Chatelperroniense.

Los últimos 10.000 años forman el Holoceno, el interglaciar actual. Al poco de empezar esta época, surgió la agricultura de cereales en el Oriente Próximo. Pero pasaron dos milenios antes de que llegaran a nuestro suelo. Ese periodo es el Mesolítico.
La domesticación de plantas y animales produjo la “revolución del Neolítico”, de donde realmente arranca nuestra economía y modo de vivir. Esta economía asentó a los humanos, a medida que se iba “humanizando” la superficie del planeta.
A los neandertales casi se les llama calpenses, en honor de un cráneo de tipo neandertal hallado en 1848 en la cantera de Forbes en Gibraltar. No fue éste el primer neandertal encontrado, ya que en la cueva de en Engis (Bélgica) en 1829 se encontró un niño de unos dos años del mismo grupo humano. El hallazgo del cráneo gibraltareño precedió en ocho años al de la cueva de Feldhofer (Alemania) que dio nombre al popular tipo humano fósil, ya que los anteriores descubrimientos no llamaron mucho la atención.
Los neandertales son los humanos extinguidos que mejor conocemos. Podemos describir sus características físicas, a partir de sus huesos, con bastante conocimiento de causa. Sin embargo, algunas partes cruciales (cadera, base del cráneo) se conocen todavía mal. Son estructuras importantes en relación con el habla y el parto.

La información que se ha obtenido de los antepasados de los neandertales en el Pleistoceno Medio es aún más precaria, sobre todo en cuanto el esqueleto poscraneal. Contamos con la excepción de la Sima de los Huesos (Atapuerca) para llenar ese vacío de fósiles.
La morfología de los neandertales con respecto de la nuestra es diferente en pocas cosas. En otros rasgos ha sucedido lo contrario: nuestra especie ha sido conservadora y los neandertales desarrollaron trazas propias, evolucionaron por su cuenta.
La separación en el análisis entre rasgos primitivos y rasgos evolucionados o derivados es la lección principal que nos traza la cladística. Esta área es muy difícil, y un punto especulativa, cuando se carece de fósiles.
Tenían los neandertales con nosotros muchos rasgos compartidos, herencia de una historia evolutiva común, hasta que se diferenciaron las dos líneas. La rama europea no permaneció invariable, sino que evolucionó y desarrollaron sus propios distintivos. No eran fósiles vivientes (anacronismos), simplemente eran diferentes de nuestros antepasados. En su época eran tan “modernos” como los cromañones. El tamaño del cerebro evolucionó en paralelo con el de nuestros antepasados y alcanzaron un desarrollo similar, sino superior.
Podríamos encontrarnos ante dos especies humanas que alcanzaron la inteligencia por separado, para después entrar en contacto. Para admitir esto es necesario descartar antes dos explicaciones alternativas: una es que los neandertales y los humanos modernos heredaron su gran tamaño cerebral de su antepasado común, la otra es que hubo intercambio de genes entre ambas líneas evolutivas.

¿Qué pasaba entretanto, en el Pleistoceno Medio, en África?



En 1921 se encontró allí un cráneo muy completo, el Kabwe (Zambia) de 1285 cc. Tampoco sabemos con mucha exactitud la edad del resto, pero no parece de los más antiguos del Pleistoceno Medio africano. Es posible que fuera contemporáneo de los de la Sima de los Huesos. Otros fósiles africanos pueden rondar los cuatrocientos mil años. En África hay también entre hace doscientos y cien mil años una serie de cráneos cuyo volumen encefálico es determinable y se los puede calificar de premodernos (van de 1300 a 1430 cc). Se produjo un aumento del tamaño del encéfalo tanto en África como en Europa en el Pleistoceno Medio. Hace unos trescientos mil años, algunos encéfalos en los dos continentes alcanzaron volúmenes que rondaban ya los 1400 cc. Probablemente el promedio de las respectivas poblaciones era todavía inferior al de los neandertales y al de los humanos modernos.
Los más antiguos fósiles europeos y africanos del Pleistoceno Medio se asocian a la tecnología achelense o Modo Técnico II, sin embargo, hace doscientos cincuenta mil años aparecen las primeras trazas de un nuevo modo de tallar la piedra, el Modo Técnico III, es el inicio del Paleolítico Medio. Esta nueva talla consiste en la preparación meticulosa del núcleo para la obtención posterior del instrumento, una cadena operativa que tiene dos etapas bien diferenciadas. El Homo ergaster ve con un “ojo interior ó “tercer ojo” el resultado de la talla antes de que se produzca.

Hay en todo proceso una complejidad nueva que parece expresar una mayor capacidad de planificación que las técnicas anteriores. Y la planificación es una característica netamente humana.
Las manifestaciones iniciales del Modo Técnico III coinciden, en el tiempo y el espacio, con los primeros encéfalos que alcanzan los 1400 cc (relación causa - efecto). Lo que sí demuestra el registro arqueológico es una cierta continuidad entre Europa, África y parte de Asia (hasta el Ganges) en la tecnología. No obstante, dentro del Pleistoceno Medio se reconocen claramente variantes regionales compatibles con modelo de diversidad geográfica en lo biológico y en lo cultural con cierta permeabilidad en las fronteras a las influencias tecnológicas ajenas. En Europa, parte de Asia y norte de África se desarrolló el Musteriense. En la India y resto de África el Modo III adoptó patrones distintos.
Noosfera, término acuñado por Teilhard de Chardin: los humanos formamos una película inteligente, a modo de esfera envolvente del planeta. La extensión del Modo III por Europa, África y parte de Asia, podría reflejar existencia de una verdadera noosfera.
Hay otra posible explicación para lo que muestran los registros arqueológicos y paleontológicos. Tal vez estas poblaciones estuvieron todo el tiempo conectadas entre si biológicamente, manteniendo así un cierto aislamiento geográfico, pero intercambiado a la vez genes a través de las fronteras (evolución multirregional). El modelo evolutivo se extiende también a las poblaciones del Extremo Oriente de Homo erectus, aunque en ellas la expansión cerebral fue mucho menos marcada.

En China la cosa está muy complicada, porque hay pocos fósiles y mucho territorio que abarcar. Podría haber habido una coexistencia de dos tipos de humanos distintos uno de origen local (Homo erectus) y otros llegados de fuera, pero no está muy claro.
Se ha dicho en alguna ocasión que los neandertales eran muy parecidos a nosotros. Esto no es así. No hay un equivalente actual para los neandertales, tan similares a nosotros, tan humanos, y paradójicamente tan distintos.

¿Qué tenían diferente los neandertales? ¿Qué les parecerían a los cromañones la primera vez que los vieron?



Los neandertales, evolucionados en Europa en latitudes medias y altas, serían más blancos que los cromañones, que se originaron en África, por lo menos hasta que los nuevos europeos se adaptaran a las circunstancias locales.
Los neandertales tenían un buen desarrollado torus supraorbital, poco visible en el Homo habilis, pero se hace grueso a partir del Homo ergaster. De hecho, sólo falta en nuestra especie, aunque algunos de los Homo sapiens de hace cien mil años todavía no lo habían perdido del todo. En los neandertales era muy característico (formaba dos arcos de circunferencia que se fusionaban uno con otro en el espacio que queda entre los ojos y sobre la nariz).

Por detrás del toro supraorbitario la frente era bastante más aplanada en los neandertales que entre nosotros.
Suele considerarse que el toro supraorbitario y la frente aplanada le darían a los neandertales un aspecto arcaico y tosco. Sin embargo Kurtén mira la cuestión desde el punto de vista de los neandertales. Ellos tendrían un aspecto altivo y fiero. En cambio los humanos modernos les recordarían a sus propios niños.
El neurocráneo o calvaria tendía en los cromañones hacia la forma esférica mientras que en los neandertales era muy alargada, con un occipital proyectado hacia atrás, además su neurocraneo presentaba una serie de originalidades no conocidas en ningún otro tipo de fósiles no apreciables en una cabeza con pelo.
El esqueleto de la cara de los neandertales era realmente especial, con una morfología única. La abertura nasal estaba situada en una posición muy anterior con respecto de los lados de la cara. Los huesos nasales se disponían casi horizontales. Los huesos maxilar y malar juntos formaban superficies planas a derecha e izquierda de la abertura nasal, dando a la cara una apariencia apuntada (”cara de alta velocidad”).

Hay dos explicaciones a esa forma. Una es la hipótesis biomecánica, para disipar hacia los lados el estrés generado en la parte anterior del esqueleto de la cara por el uso intensivo de los incisivos, que aparecen siempre muy gastados (propósitos paramasticatorios). La hipótesis climática representa una adaptación a un frío extremo. La cavidad nasal humedecería y calentaría el aire antes de entrar en los pulmones. Los senos maxilares y frontales aislarían el aire exterior y el cerebro. La parte periférica retrocedida estaría así para soportar los principales músculos de la masticación, mientras la central (la que contiene los dientes) habría permanecido en su sitio. Detrás del tercer molar está el espacio retromolar, consecuencia de la separación entre la parte masticatoria de la cara, fija, y la parte muscular (la que se habría retrasado).
Otro investigador (Rak), cree que no hubo tal retroceso de la región periférica sino sólo remodelación y cambio de la topografía de la cara por las razones biomecánicas. El espacio retromolar se explica: las muelas se hicieron más pequeñas manteniéndose el tamaño de la mandíbula.
La barbilla de los cromañones  tenían, no la poseían los neandertales.

¿Cómo se forma la cara de un neandertal?.



Los rasgos de sus antepasados no eran tan exagerados (no estaban tan “estirados” hacia atrás). Al parecer las dos hipótesis tienen parte de razón. Primero se redujo el tamaño de los molares y se empezó a remodelar la cara, y luego tuvo lugar un retroceso de la parte de la mandíbula donde se insertan los músculos de la masticación.
Los neandertales no intercambiaron genes con otras poblaciones humanas contemporáneas, sino que evolucionaron en Europa en completo (o casi completo) aislamiento genético.
Los neandertales y los hombres de Cromañón se reconocerían a distancia también por la forma y proporciones del cuerpo.
Una forma de abordar el estudio de la forma del cuerpo humano es asimilándolo a un cilindro. Dos cilindros de la misma anchura tienen idéntica relación entre la superficie lateral y el volumen, cualquiera que sea su altura. Pero cuanto mayor sea la anchura, menor será el cociente entre la superficie lateral y el volumen. Una superficie corporal proporcionalmente pequeña es adecuada para animales que viven en climas fríos. Lo contrario sucede en climas cálidos y secos.

En el caso de una persona, una forma de estimar el diámetro del cilindro corporal es midiendo la anchura máxima de la cadera. La anchura máxima de la pelvis es una medida transversal que se toma entre los bordes superiores de los huesos coxales (anchura biilíaca), viene a ser una medida bastante aproximada de la anchura de todo el tronco. La altura del cilindro corporal nos la da, naturalmente, la estatura del individuo.
No hay apenas esqueletos antiguos en los que se puede medir a la vez la anchura de la pelvis y la estatura, por lo que generalmente hay que recurrir a estimaciones de esos parámetros, con mucho margen de error. En Atapuerca hay abundante material pélvico: la cadera más completa es una masculina (Elvis).
La pelvis permite estudiar tanto la adquisición de la postura bípeda en la evolución humana, como el parto y el tamaño de la cabeza del feto que puede pasar por ese anillo óseo. Sirve también para conocer el sexo de un esqueleto y hasta su edad de muerte, y es la clave para estimar el peso de un homínido fósil.
Ruff ha demostrado que existe una asociación muy estrecha en nuestra especie entre el peso de un individuo (en su mejor forma) y la anchura de la cadera y la estatura.

Los neandertales tenían grandes caderas, mayores que las nuestras, y en cambio, una estatura media. Los cúbitos, radios y tibias eran bastante cortos. Esta morfología parece responder a la regla de Allen (brazos y piernas se alargan en climas cálidos y secos y se acortan en altas latitudes del hemisferio Norte). El cuerpo humano no es un único cilindro, sino 5 (tronco y las otras extremidades, más la cabeza).
El peso corporal calculado para los neandertales es muy grande. En los hombres pasarían los 80 Kg, aunque la media de la especie sería dc 76 Kg. El cerebro ya no sería, proporcionalmente tan grande. Las alturas de las pelvis de la Sima de los Huesos son muy grandes y varios fémures que permiten estimar estatuas entre 170 y 180 centímetros. El peso de los varones sería de más de 90 Kg. El peso del esqueleto también sería mayor que el actual y hay que añadir la grasa. Un hombre prehistórico probablemente almacenaría reservas de energía en forma de grasa cuando hubiera alimento de sobra.

En relación con su enorme peso, el tamaño del encéfalo de los humanos de la Sima era menor que en nuestro caso y que en el de los neandertales. El cociente de encefalización estaría entre 3,1 y 3,8. Pero para valorarlo en función de la trayectoria evolutiva la inteligencia de unos y de otros necesitamos conocer la complexión corporal de homínidos anteriores en el tiempo. El primero (Lucy, Australopithecus afarensis) tenía unas caderas muy anchas en relación con su muy corta estatura. Del Homo ergaster hay que estimar como habría sido de adulto (más o menos 1,85 metros), caderas estrechas y miembros largos (cilindro alto y estrecho), biotipo similar al de los actuales habitantes de la región. Si esto fuera cierto, al poblar los humanos Europa se habrían ido volviendo con el tiempo más anchos y bajos, hasta llegar a los neandertales. Los hombres de cromañón, evolucionados en África, traían de nuevo a Europa las pelvis estrechas y las piernas y brazos largos (esto se basa en unos restos muy incompletos y poco fiables). El autor reconstruye así la historia de los cambios en el tamaño del cuerpo y el cerebro en los dos últimos millones de años: el Homo ergaster tenía una gran complexión física y un encéfalo proporcionalmente pequeño. Al salir de África los humanos conservaron la misma fortaleza física, mientras que en la rama europea (neandertales) y en la africana (humanos modernos) se producía independientemente un aumento cerebral, que no afectó en la misma medida al los Homo erectus del Oriente Lejano. Hace unos trescientos mil años aproximadamente, los cocientes encefálicos estaban en Europa y África en valores comprendidos entre 3 y 4.

Posteriormente continuó la expansión cerebral en ambas líneas. En los neandertales se acortaron además las extremidades como total adaptación al frío, y tal vez se redujo algo la fortaleza física, con lo que decreció ligeramente el peso corporal (el cociente encefálico carecería hasta casi 5). En la línea africana cambió la constitución física, el biotipo: se estrecharon las caderas y disminuyó el peso más aún que en los neandertales (cociente encefálico final por encima de 5). La conclusión del autor es: por un lado, las gentes de la época de la Sima de los Huesos, en Europa y África, estaban considerablemente menos encefalizadas que nosotros o que los neandertales, y, por otro lado, no se puede argumentar que los humanos modernos fueran más allá en la encefalización que los neandertales. No tenemos por lo tanto a partir de los fósiles argumentos para suponer a los neandertales menos capaces mentalmente que nosotros; más apropiado sería decir que nosotros somos menos pesados.

Los primeros esqueletos de tipo moderno son los de los enterramientos de protocromañones en Israel (cien mil años). Hay fósiles menos completos pero más antiguos (entre cien mil y ciento cincuenta mil años) en África. La aprueba paleontológica apunta hacia África como el lugar de origen de nuestra especie. En los esqueletos israelíes ya encontramos el biotipo y las caderas estrechas de nuestra especie (arriba del todo, en el borde superior, y más abajo, entre los acetábulos). La anchura superior de la cadera tiene relación con la del tronco, que se hizo en nuestra especie un cilindro más estrecho, lo que sin duda supuso una mejor adaptación al clima cálido. Pero al tiempo que se reducía la anchura superior de la pelvis lo hacían también la interior. Como somos bípedos, supuso una gran ventaja biomecánica a la hora de recorrer grandes distancias.

Al mismo tiempo, los huesos que eran muy gruesos desde Homo ergaster, se hicieron considerablemente más livianos en los primeros humanos modernos. El canal medular de los huesos largos, se extendió, y las paredes del cráneo se volvieron más finas. Desaparecieron además los engrosamientos o toros del cráneo. Los neandertales tenían unas manos espectaculares y con una gran fuerza de prensión, y los fémures y los radios se curvaban fuertemente, al mismo tiempo que las articulaciones de los huesos de los miembros eran muy grandes. Todos los cambios se vieron acompañados de una reducción de la masa muscular. Las transformaciones morfológicas que sufrieron nuestros antepasados no coinciden con un cambio en la tecnología; los humanos modernos de Qafzeh y Skhul fabricaban utensilios musterienses como los de los neandertales europeos o, sin ir más lejos, como los de los neandertales del Oriente Próximo.
Los primeros humanos que llegaron a Europa eran altos y delgados para los patrones neandertales, aunque todavía muy fuertes en relación con sus descendientes, ya que se reprodujo una progresiva reducción del tamaño y robustez corporal durante el paleolítico, que continuó en el Mesolítico y en el Neolítico.





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