Monografías
Publicar | Monografías por Categorías | Directorio de Sitios | Software Educativo | Juegos Educativos | Cursos On-Line Gratis

 

Evolución especie humana parte 1 - Monografía



 
DESCARGA ESTA MONOGRAFÍA EN TU PC
Esta monografía en formato html para que puedas guardarla en tu pc e imprimirla.



Vínculo Patrocinado




Aquí te dejamos la descarga gratuita
Nota: para poder abrir archivos html solo necesitas tener instalado internet explorer u otro navegador web.




Antropología. Filosofía. Neandertal. Homínidos. Astrolophitecus. Especies. Homo habilis. Cladograma



1. AUTORES DESTACADOS



TEMA 1 LA ESPECIE SOLITARIA



Pierre Teilhard de Chardin nos explica que el hombre es un animal como otro cualquiera tal y como nos descifra la ciencia, que lo incluye en la familia de los hominoides, también nos deja una frase muy razonable y llena de debate: ” A juzgar por los resultados biológicos de su aparición, ¿ no es justamente algo muy diferente?, creo que totalmente en su teoria.

Pierre Teilhard de Chardin


TEMA 2 LA PARADOJA HUMANA



Francis Crick cree que con este texto nos transmite o nos quiere hacer entender que con dos términos muy similares intenta que a la gente le pueda sobresaltar y pensar de que uno está bien y el otro está mal, pero en mi punto de vista eso no es cierto.

Francis Crick

2.RESUMEN DEL TEMA 1 (La especie solitaria)



2.1 TAN SEMEJANTES, TAN DIFERENTES



Nos hemos quedado solos en el mundo. No hay ninguna especie animal que se parezca verdaderamente a la nuestra, ya que somos únicos. Un abismo nos separa en cuerpo y sobretodo en mente del resto de las criaturas vivientes. No se trata únicamente de una cuestión de matiz, sino de todo o nada.
Esta absoluta originalidad dada en nuestra especie no es frecuente en el mundo viviente. Por lo general, toda especie forma parte de un grupo de especies similares. No hay en la actualidad una forma intermedia entre las aves y los reptiles, o entre los reptiles y los mamíferos. Tampoco los anfibios pueden considerarse medio peces y medio reptiles. A cada una de esas formas distintas de vertebrados se les da en las clasificaciones tradicionales la categoría de clase, salvo en el caso de los peces, en realidad forman tres clases distintas: la de los peces óseos ( los normales), la de los peces cartalaginosos ( como los tiburones y las rayas), y la de las lampreas ( una clase muy mermada en la actualidad, pero que fue la primera en aparecer). Los vertebrados representan la mayoría de las especies el gran conjunto de la fauna.

La antigua doctrina religiosa del origen divino de las especies no da una explicación satisfactoria para esta coexistencia en la biosfera de especies que forman racimos, que a su vez pertenecen a grupos más amplios que muestran grandes diferencias de diseño entre sí. ¿ Es que acaso Dios era un creador tan escaso de imaginación que solo fue capaz de inventar un reducido número de modelos, a partir de los cuáles se vio obligado a desarrollar variantes?

La teoría de la evolución da una respuesta distinta, y más convincente a este problema: las especies parecidas descienden de un antepasado común cercano en el tiempo, están estrechamente emparentadas. Los grandes tipos de organismos surgieron hace muchísimo tiempo, y tienen antepasados comunes muy remotos. Después de tan largos períodos de evolución independiente, es lógico que no se parezcan.
Los primeros vertebrados fósiles tienen más de 450 millones de años, los anfibios más de 350 millones , los reptiles más de 300 millones, los mamíferos más de 220 millones, y más de 150 millones de años las primeras aves fósiles. Desde la aparición de las aves la evolución no ha producido ninguna novedad realmente espectacular. A decir verdad, no hay ningún método exacto para decidir cuándo a un grupo de especies se le da la jerarquía de filum y cuándo la de la clase u otra inferior. Se sobrentiende que un filum es un gran categoría que corresponde a un diseño biológico original y muy diferente de cualquier otra forma de organismo del mismo reino. Evidentemente un nuevo filum puede surgir en cualquier momento de la historia de la evolución. La razón por la que los mamíferos no constituyen en Zoología un filum propio, y sólo son una clase, es que existen hoy otros organismos con esqueleto, con los que nos agrupamos en el filum de los cordados. Pero eso no quiere decir que los mamíferos representen un tipo biológico realmente original. Nosotros los humanos, que por el desarrollo de nuestra inteligencia hemos encontrado una dimensión nueva de la biología.

Pero, si somos tan diferentes del resto de los mamíferos, ¿ quiere eso decir que llevamos mucho tiempo evolucionando por separado? En absoluto. Nuestra estirpe no es, ni muchísimo menos de las más viejas: no pasa de unos escasos 5 o 6 millones de años. Por aquel entonces se separaron las líneas que dieron lugar a los chimpancés por un lado y a nuestra especie por el otro. La escisión de la línea de los gorilas se produjo muy poco antes. ¿ Cómo se explica entonces el profundo foso que nos separa de las demás criaturas? La respuesta es doble: en algunas características hemos evolucionado muy deprisa, cambiando mucho en poco tiempo; por otro lado todas las formas intermedias entre nosotros y los chimpancés han desaparecido. Al comienzo es recordado las principales diferencias entre el ser humano y el resto de los animales. Solo la postura erguida es un rasgo morfológico, las demás son todas de otra naturaleza, en definitiva, se relacionan muy directamente con un único órgano de nuestro cuerpo: el celebro. ¿ Es posible, que después de todo no seamos tan diferentes de los chimpancés?, solo nos separa aproximadamente un 1′6% de nuestros 60000 o 80000 genes.

CONCLUSIÓN:



Es un texto lleno de comparaciones entre el hombre y el resto de las especies, resulta que el hombre es bípedo, que ninguno controla y utiliza el fuego, ninguno escribe libros, ninguno viaja por el espacio, ninguno pinta cuadros, y ni ninguno reza. Destaca al ser humano como una especie solitaria a causa de su amplio abanico emocional y intelectual de que es dueño y señor.
Siguiendo con más comparaciones profundiza en otras grandes especies y nos dice que entre todas estas no hay una especie intermedia y nos pone muchos ejemplos como bien la diferencia que hay entre un ave y un reptil, aquí podemos ver la gran diferencia morfológica entre una especie. También nos hace gala al nombrarnos que la antigua doctrina religiosa del origen divino de las especies no da una explicación satisfactoria para la coexistencia que existe en la biosfera y que ha formado las ramas de nuestra especie, que a su vez también a pertenecido a grupos más amplios que forman racimos, que a su vez pertenecen a grupos.

Al llegar a esta parte puedo apreciar que considera a Dios como un creador que se quedo corto a la hora de crear tales especies, es decir lo considera mediocre ya que no ha sabido crear grupos reducidos de modelos a partir de los cuáles se vio obligado a desarrollar variantes.
También nos deleita hablándonos de la teoría de la evolución y explicándonos que según esta teoría las especies están emparentadas entre sí. Aquí podemos percibir una relación o más bien dicho una comparación entre dos formas de explicarnos el origen de la vida. Puedo ver como el autor se acerca al lado más científico que no cristiano ya que al final de comprender el modelo religioso percibo un modelo imperfecto y totalmente incoherente.

Después de tales comparaciones el autor nos desvela un gran dato que nos demuestra que no estamos tan avanzados como pensamos, es decir, nos relata que la diferencia entre nuestra especie y la de los chimpancés es de tan solo 100 o quizás 50 genes. Nada más terminar tal excepcional crónica el autor reivindica ( siendo fiel a sus pensamientos) que el hombre tiene una capacidad craneal única. Al volver a pensar lo que nos dice el autor pienso en que se olvida que el carácter ético de la humanidad está en decadencia perpetua, lo que ganamos en inteligencia y en protagonismo nos lo roba actos impuros como el comienzo de una guerra entre miembros de una misma especie, y yo hago una pregunta: ¿ Esos 100 genes que nos separan merecen la pena en la manera que los utilizamos?

2.2 UN CUERPO SIN MENTE



En el esquema de nuestros parientes nos muestran cuáles son los más cercanos. El que más se acerca es el chimpancé más bien dicho las dos especies que existen. Un poco más alejado está el gorila, y algo más el orangután. Los pequeños gibones son nuestros parientes más lejanos dentro de este grupo. Los chimpancés, los gorilas y los orangutanes tienen un aire en común, y se les agrupaba en una misma familia; los póngidos. Los gibones se los incluía entre los póngidos, aunque algunos autores lo hacen en los hilobáticos. La especie humana era la única de su familia, la de los homínidos. Homínidos y antropomorfos nos clasificamos todos juntos en la superfamília de los hominoideos.
Este esquema es un dendrograma, o diagrama de árbol. Como todas las especies son actuales, y no hay ninguna fósil, el árbol no se puede considerar una genealogía de especies o filograma. Los antepasados comunes a dos o más especies actuales están representados por los puntos de ramificación ( nodos o entronques: A,B,C,D,E). Cuanto más alto está un punto de ramificación, más reciente es.

El dendrograma inferior de la figura 2 es en realidad el mismo que el superior, aunque la posición en que aparece la especie humana haya cambiado, ya no está en un extremo sino entre ellos. Se comprende ahora que la separación de póngidos y homínidos era artificial. Humanos, chimpancés y gorilas tenemos un antepasado común, una especie de ” abuelo” (C), del que no descienden los orangutanes y los gibones. Si fuéramos consecuentes, tendríamos que llamarnos a nosotros mismos póngidos. ¿ Habría entonces que conocerles también ” derechos humanos”?
Todo lo que hemos dicho pone de manifiesto que parentesco evolutivo y semejanza morfológica no necesariamente son la misma cosa. Fue sobre todo el entomólogo alemán Willi Hennig quien se dio cuenta de que para establecer las relaciones evolutivas entre las especies no podemos basarnos solo en el parecido, y tenemos que hilar más fino. Este hallazgo, contradice la aparente lógica de que las especies más semejantes deben agruparse siempre juntas. Sólo los sabios son capaces de mirar la otra cara del espejo.

Un caso similar al nuestro se da con las aves. Éste es un grupo que sus parientes más próximos eran los dinosaurios concretamente del grupo de los terópodos ( grupo al que también pertenecían otros dinosaurios como los tiranosaurios). Es decir, que las aves son dinosaurios vivientes. Las aves de “sangre caliente”: las plumas parecen haber surgido como una adaptación que ayuda a mantener constante la temperatura corporal, ya que forman un magnífico aislante térmico. La situación actual de las aves es similar a la que se daría si desapareciéramos todos los mamíferos menos los murciélagos, es decir, entonces podríamos contemplar mamíferos voladores.
Las aves están aisladas de los demás vertebrados desde que hace 65 millones de años una gran hecatombe acabó con todos los dinosaurios. Sin embargo, el nuestro es mucho más reciente, porque todavía “éramos” antropomorfos hace 7 millones de años; en realidad aún no “éramos” nada.
Pero si el estudio de los cuerpos sin mente nos enseña cuál es nuestro lugar entre los primates, también nos muestra que somos diferentes de nuestros más próximos parientes.

CONCLUSIÓN:



Un cuerpo sin mente.
Al ver este tema se demuestra que nuestro pariente más cercano es el chimpancé y sus dos ramas.
Después un poco más lejos encontramos al gorila, y algo más el orangután. También existen los pequeños gibones que son parientes más lejanos dentro de todo este grupo. Como bien parece evidente los chimpancés, los gorilas y orangutanes tienen un aire en común, clásicamente se los agrupa en una misma familia, la de los “póngidos”. A los gibones algunos científicos los asignaban en el grupo de los póngidos pero otros en la de los ” hilobátidos”. Después de ver todo esto se determina que la especie humana es única de su familia, la de los homínidos. En inglés hay un término común para todos los póngidos ( gibones incluidos), y es el de “apes”, equivalente al español “antropomorfos”. Homínidos y antropomorfos nos clasificamos todos juntos en la superfamília de los hominoideos.
En el dendograma resalto que el hombre es un póngido. ¿ Habría entonces que concederles también “derechos humanos”?
He de decir que el parentesco evolutivo y semejanza morfológica no necesariamente son la misma cosa.
Al decir esto, seguidamente destaco lo que hizo Willi Henning al darse cuenta de que para establecer las relaciones educativas entre especies no podemos basarnos exclusivamente en el parecido, y tenemos que hilar más fino. Este hallazgo, en apariencia tan simple, en realidad es excepcional, ya que contradice la aparente lógica de que las especies más semejantes deben agruparse siempre juntas.
El ejemplo más cercano al del hombre es el de las aves, cuyos antepasados eran unos dinosaurios bípedos, pequeños y carnívoros. Podemos decir que las aves son que las aves son pequeños dinosaurios.

Las aves están completamente aisladas de los demás vertebrados desde que hace 65 millones de años una gran hecatombe acabó con todos los dinosaurios. Nuestro aislamiento es mucho más cercano, porque todavía ” éramos” antropomorfos hace 7 millones de años; aunque he de resaltar que aún no “éramos nada” ya que nos separan de los gorilas, los chimpancés y los humanos.
A destacar de toda esta conclusión es si el estudio de los cuerpos sin mente nos enseña cuál es nuestro lugar entre los primates, también nos muestra que somos diferentes de nuestros más próximos parientes, los chimpancés porque nosotros somos bípedos y ellos cuadrúpedos, y todo nuestro cuerpo y nuestro esqueleto reflejan esa diferencia en la locomoción.

2.3 HOMBRES-MONO



En el dendrograma de la figura 3 los nombres comunes de las especies han sido substituidos por sus nombres científicos en latín.
Entre los chimpancés y el hombre aparecen ahora cuatro nuevas especies: Ardipithecus ramidus, Australopithecus anamensis, Australopithecus afarensis y Australopithecus africanus; ninguna de ellas existe hoy en día ya que desaparecieron hace más de 2 millones de años. Las cuatro son especies de homínidos que pertenecen a nuestra propia línea evolutiva o estirpe, ya que son posteriores a la ramificación que separó nuestro destino evolutivo del de los chimpancés.

Nadie cree que haya habido en el pasado chimpancés más bípedos o más inteligentes que los actuales. Lo que se necesita son formas de algún modo intermedias, “eslabones perdidos” o dicho aún más cruelmente “hombres-mono”.
Intencionadamente los homínidos fósiles se han situado entre los chimpancés y el ser humano. Desde la perspectiva morfológica las cuatro especies de homínidos fósiles ocupan realmente el lugar de los largo tiempo buscados ” eslabones perdidos”, aunque estos eslabones no sobreviven en ninguna remota selva, sino que se perdieron en el tiempo, un lugar al que es mucho más difícil ir a buscarlos. La única característica humana que estos homínidos fósiles presentaban era la postura erguida, el bipedismo o bipedalismo, es decir, la unánimemente considerada menos “noble” de nuestras señas de identidad. Su mente era aún la del mono, la de un antropomorfo como los actuales chimpancés. Eran homínidos en el sentido de que pertenecían a nuestra misma familia zoológica, pero no eran aún humanos.

El siguiente homínido fósil es el Australopithecus anamensis. Tenemos un puñado de fósiles que vienen de Kenia y fueron encontrados por el equipo de Meave Leakey en la cuenca del lago Turkana, en las localidades de Kanapoi (orilla occidental) y de Allia Bay (orilla oriental). Esta especie presenta unas muelas más grandes y con esmalte más grueso que las del Ardipithecus ramidius, lo que nos dice que además de frutos internos también ingerían algunos alimentos vegetales que necesitaban una prolongada masticación y producían un intenso desgaste de las coronas dentales. Se piensa que el Australopithecus anamensis había cambiado de hábitat, ya que había cambiado haciéndose más seco. Se ha recuperado, además, una tibia bastante completa en Kanapoi ( sólo se ha perdido el tercio central), de la cuál se ha llegado a la conclusión de que estos homínidos ya eran bípedos. Podemos afirmar provisionalmente que se trata de antepasados nuestros. En todo caso, nosotros venimos de unos homínidos del mismo tipo que el Astrolophitecus anamensis.Los primeros fósiles de esta especie sólo son doscientos mil años más modernos que los fósiles del Ardipithecus ramidus, esto plantea una interesante pregunta:¿es suficiente ese tiempo para que se produzcan los importantes cambios anatómicos y ecolológicos que van desde el Ardipithecus ramidus hasta el Australophitcus anamensis? Quizá sí y quizá no , porque la evolución no avanza a un ritmo constante , y a veces camina muy rápidamente y otras veces parece estancarse.

Entre hace unos 4 y 2′9 millones de años vivió otra especie de homínido conocida como Austrolophithecus afarensis. Sus restos han sido encontrados en Tanzania y sobretodo en Etiopía, en el país de los Afar; el protagonista principal de estos hallazgos es Donald Johanson. Tiene un registro muy amplio sobre esta especie, es perfecto para conocer a estos homínidos primitivos. Sus características dentarias nos siguen remitiendo a una alimentación casi totalmente vegetariana en un bosque seco y con claros. Su postura era erguida, aunque los brazos eran largos en relación con las piernas: todavía podían trepar muy bien a los árboles.
Era una especie de pequeño tamaño en comparación con el nuestro, y apenas más grandes que los chimpancés.
Los dos fósiles estrellas de la colección son un esqueleto femenino muy completo apodado Lucy y un cráneo masculino casi entero. El volumen del celebro se ha estimado en algo más de 500 cc. El otro cráneo, es más incompleto y parece tener una capacidad claramente por debajo de 400 cc.

No es posible estar seguros de que el Austrolophitecus afarensis sea nuestro antepasado directo. Esta aparente confusión que envuelve siempre la evolución humana no es tan grave como podía parecer. En primer lugar, porque quién quiera verdades absolutas, dogmas incuestionables e inamovibles, debe mirar hacía otro lado, que no es el de la ciencia. Esta solo elabora hipótesis, vacilantes aproximaciones a la verdad, que siempre pueden ser modificadas total o parcialmente por la fuerza de los hechos: pero lo mejor es que el espíritu humano es capaz de crear.
La siguiente rama del cladrograma en dirección hacía la nuestra corresponde a el Austrolophithecus africanus. Sus fósiles se datan entre hace 3 millones, y esta vez no proceden del este de África , sino de tres cuevas de Sudáfrica: Taung, Sterkfontein y Makapansgat. Físicamente eran similares a los afarensis, y su celebro no parece haber crecido al menos apreciablemente. Sus tres cráneos mejor conservados son de 375 cc, 485 cc y 515 cc.

CONCLUSIÓN:



Empiezo a conocer que ahora entre el chimpancé y el hombre aparecen ahora cuatro nuevas especies Ardipithecus ramidus, Australopithecus anamensis, Astralopithecus afarensis y Australopithecus africanus.
Hoy en día ninguna existe ya que desaparecieron hace más de dos millones de años. Pertenecen a nuestra propia línea evolutiva o estirpe, ya que son posteriores a la ramificación que separó nuestro destino evolutivo del de los chimpancés.

Se puede apreciar cierta opinión que nos dice que nadie cree que haya habido chimpancés del pasado más bípedos o más inteligentes que los actuales. Lo que se nos dice el autor es que necesitaba formas de algún modo intermedias, es decir ” eslabones perdidos” en la retórica tradicional, o dicho aún más claro: “hombres-mono”. Remarco que los homínidos fósiles se han situado entre los chimpancés y el ser humano. Basándonos en la perspectiva podemos saber que las 4 especies de homínidos fósiles ocupan realmente el lugar del largo tiempo buscados “eslabones perdidos”, aunque los eslabones no sobreviven en ningún remoto lugar, sino que se perdieron en el tiempo, un lugar al que es mucho más difícil ir a buscarlos.

También realzo que la única característica humana que estos homínidos fósiles representaban ( quizás no todos) era la postura erguida, el bipedismo y la unánimemente considerada menos “noble” de nuestras señas de identidad. La mente era aún de mono, la de un antropomorfo como los actuales chimpancés. En definitiva pertenecían a nuestra familia, pero no eran aún humanos.

2.4 DE LO QUE SE COME SE CRÍA



Aunque se cree que el Austrolophithecus africanus vivía en un ambiente forestal no muy diferente al del afarensis tenía las muelas más grandes, lo que indica que su alimentación requería una más prolongada masticación: se basaba en productos vegetales aún más duros de los que ingerían sus antepasados. Pero, ¿hay alguna forma de conocer directamente la alimentación de los homínidos fósiles?
Matt Sponheimer y Julia Lee-Thorp han llevado a cabo un magnífico estudio de las proporciones entre el carbono pesado y el carbono ligero en la comunidad de fósiles del yacimiento de Makapansgat, que se data en unos 3 millones de años e incluye representantes del homínido Australophithecus africanus. En África, los árboles y arbustos retienen menos carbono pesado que las hierbas de los pastizales abiertos. Por eso los ungulados que consumen las hierbas acumulan proporcionalmente más carbono pesado que los que comen las hojas de los árboles.

Analizando el esmalte de los dientes fósiles, estos autores han encontrado que los australopitecos tenían menos carbono pesado que los animales de pasto como los antípoles redunca y los Hiparión ( unos équidos con tres dedos en las extremidades, en lugar de uno como los caballos); sin embargo, los australopitecos tenían más carbono pesado que los habitantes del bosque, como los antípoles de cuernos en espiral del tipo kudú y del sitatunga. Es posible que los australopitecos de Makapansgat consumieran, además de los frutos carnosos y las hojas tiernas de los árboles, también las raíces y las semillas de las altas hierbas de la sabana. O tal vez se alimentasen de insectos comedores de estas hierbas o de los animales que pastaban en campo abierto: es posible que mataran recentales o buscaran carroña. El crecimiento del tamaño de los molares que se detecta desde el Australophithecus afarensis al Australophithecus africanus me hace pensar más en granos, nueces y órganos subterráneos de reserva que en productos animales. Parece deducirse de lo que nos cuentan los isótopos estables del carbono que los australopitecos de Makapansgat no vivían encerrados en el bosque denso y frecuentaban también ambientes más despejados.

CONCLUSIÓN



Lo que destaco en mi conclusión es básicamente que el Australopithecus africanus vivíaen un ambiente forestal,de aquí sus grandes muelas,lo que da fruto a decir que su alimentación requería una más prolongada masticación: Los productos eran vegetales aún más duros que los ingerían sus antepasados.
A continuación nos explica como Matt Sponheimer y julia Lee-Thorp se han consagrado al realizar un magnífico estudio sobre las proporciones entre el carbono pesado y el carbono ligero en la comunidad de fósiles del yacimiento de Makapansgat, que se data en unos 3 millones de años e incluye representantes del homínido Australopithecus. Gracias a sus descubrimientos y proezas al analizar el esmalte de los dientes fósiles han descubierto que los australopitecos tenían menos carbono pesado que los animales de pasto como los antípoles redunca y los Hikpparion, sin embargo los australopitecos tenían más carbono pesado que los habitantes del bosque. En definitiva de todo esto me quedo con la idea de la posible consumición de raíces y semillas de altas hierbas de la sabana por parte de los australopitecos de Makapansgat o bien por insectos, animales y carroña.
Como último aspecto considero importante remarcar que el autor atribuye el crecimiento de los molares del Australopithecus afarensis respecto al Australopithecus africanus por la consumación reiterada de granos, nueces y órganos subterráneos de reserva más que en productos animales.


2.5 CASI HUMANOS



La especie más alejada de nosotros, la más próxima a los australopitecos, corresponde a una especie llamada Homo habilis, la primera del género. Su registro se extiende por Etiopía ( valle del río Omo y Hadar), Kenia ( lago Turkana) y Tanzania ( quebrada de Olduvai), y va desde hace 2′3 millones de años hasta hace 1′5 millones de años.
Algunos autores reconocen fósiles de la especie Homo habilis en las colecciones de Sudáfrica: podría haber evolucionado allí mismo a partir del Australopithecus africanus y extenderse luego al este de África, pero yo no acabo de ver esos supuestos Homo habilis sudafricanos. Los primeros fósiles de Homo habilis vienen de Etiopía.

Mi hipótesis preferida es que en el este de África existió entre hace 3 y 2′5 millones de años una especie próxima al Australopithecus africanus, a partir de la cual evolucionó el Homo habilis. Tim White ha nombrado una nueva especie de homínido, llamado Australopithecus garhi, a partir de restos craneales y dentales que han sido hallados en Etiopía ( dentro del territorio Afar, en el curso medio del río Awash y no lejos de las localidades en las que este mismo equipo descubrió los fósiles del Ardipithecus ramidus). Estos restos se datan en unos 2′5 millones de años y parecen encajar bien en el modelo evolutivo en el que yo creía, por lo que es razonable pensar que los primeros Homo habilis proceden de una especie del homínido del tipo del Australopithecus africanus, y que su origen tuvo lugar en África.
El cuerpo del Homo habilis no era diferente del de los australopitecos: pequeño de estatura, los brazos eran largos y las piernas cortas.
Al menos eso es lo que parece indicar el esqueleto más completo de que se dispone, procedente de Olduvai ( Tanzania) y encontrado por Donald Johanson y Tim White.
Desde el punto de vista de la morfología no hay muchos motivos para aceptar al Homo habilis en nuestro propio género y sería más gráfico denominarlo “Australopithecus habilis”. Sin embargo, no está tan claro que su mente fuera la de un austalopiteco, la mente de un mono en definitiva.

En primer lugar se nota en Homo habilis una cierta expansión del cerebro con respecto de los australopitecos. Un cráneo procedente del lago Turkana es el que tiene un menor cerebro, de sólo 510 cc.
Este cráneo en realidad se diferencia poco del de algunos Australopithecus africanus de Sterkfontein, aunque en algunos detalles muy pequeños, sutiles pero, sin embargo, importantes, se revela más cercano a nosotros.
El cráneo que viene a complicarnos el relato lleva la sigla KNM-ER 1470, y su capacidad craneal es de nada menos que 752 cc.
Podría tratarse de un gran macho de Homo habilis, si consideramos que esta especie tenía una gran diferencia entre los dos sexos, un gran dimorfismo sexual, como el de los australopitecos o aún mayor. Hay un problema para aceptar esta hipótesis, y es que la diferencia entre el KNM-ER 1470 y los demás fósiles de Homo habilis no reside sólo en el tamaño, sino también en la forma. El Homo habilis presenta una cara y unas muelas menores que las del Australopithecus africanus: en estos rasgos se acerca a nosotros. Sin embargo, lo que caracteriza al KNM-ER 1470 y a algunos otros fósiles de grandes muelas ( como la mandíbula de Malawi antes mencionada) una especie aparte ( Homo rudolfensis).
El Homo habilis era un animal distinto de los anteriores homínidos también en términos ecológicos. Es la primera especie que no está completamente ligada a un medio forestal, ya sea una selva húmeda, caso del Ardipithecus ramidus, o un bosque más seco y menos denso, como los australopitecos. El homo habilis parece haber habitado paisajes mucho más abiertos, como sabanas con árboles y matorrales, bien dispersos o bien formando manchas entre grandes claros de formaciones herbáceas. Cambio ecológico es de la máxima importancia, abre la puerta a cambios aún mayores que vendrán más tarde, y que harán posible que los descendientes del Homo habilis acaben viviendo en toda clase de regiones, climas y ecosistemas.

El cambio de hábitat que se produce con el Homo habilis coincide con un gran cambio climático. En los últimos cuatro millones de años el planeta viene experimentando una continua tendencia a hacerse cada vez más frío y seco.
Hasta hace 2′8 millones de años las oscilaciones climáticas se producían cada 23000 años, y eran de baja amplitud. Hace 2′8 millones de años empezaron a producirse oscilaciones cada 41000 años, y esta vez eran de una amplitud mucho más considerable, en las épocas frías se acumulaban grandes masas de hielo alrededor de los polos. Estos periódicos enfriamientos y desecaciones del planeta parecen haber tenido un enorme impacto ecológico en todas partes. La expansión de las sabanas, y el cambio vegetal que supuso, se vio acompañada por la evolución de varias líneas de mamíferos, que produjeron especies adaptadas al nuevo medio. Y entre ellas estaba el Homo habilis.


CONCLUSIÓN:



Al realizar la conclusión siguiente, hago seña de datos tan importantes (mostrados en el cladograma de la fig.4) como saber que en este cladograma podemos observar dos nuevas ramas entre los australopitecos y nosotros. Ambas representan a miembros de nuestro mismo género: son como el hombre actual, Homo. La especie más alejada de nosotros, la más próxima a los australopitecos, corresponde a la especie llamada Homo habilis, la primera del género. Su registro se extiende por Etiopía ( valle del río Omo y Hadar), Kenia ( lago Turkana) y Tanzania ( quebrada de Olduvai),y va desde hace 2′3 millones de años hasta 1′5 millones de años.
Algunos autores nos dicen que el Homo habilis podría haber evolucionado en Sudáfrica a partir del Australopithecus africanus y extenderse más tarde al este de África.

Al llegar esto el autor hace una hipótesis remarcándonos que él no acaba de creer en estos supuestos Homo habilis sudafricanos y que él cree que en el este de África existió entre hace 3 y 2′5 millones de años una especie próxima al Australopithecus africanus, a partir de la cuál evolucionó el Homo habilis.
Podemos apreciar la descripción del Homo habilis que no era muy diferente del de los australopitecos: pequeño de estatura, los brazos largos y las piernas cortas.
Al apreciar la capacidad del Homo habilis podemos notar cierta expansión del cerebro con respecto a los australopitecos, de este dato se extrae la duda de saber si el cerebro era de mono o Austropiteco o bien se aproximaba a la nuestra.
El Homo habilis era distinto a los anteriores homínidos también en términos ecológicos. Es la primera especie que no está completamente ligada a un medio forestal, ya sea una selva húmeda, caso del Ardipithecus ramidus, o un bosque más seco y menos denso, como los Australopitecos. El Homo habilis parece haber habitado en paisajes mucho más abiertos, como sabanas con árboles y matorrales. De esto destaco el siguiente dato ya que de este fenómeno dará inicio que otras especies se adapten a todo tipo de ecosistemas con factores climáticos dispersos y variados.





Creative Commons License
Estos contenidos son Copyleft bajo una Licencia de Creative Commons.
Pueden ser distribuidos o reproducidos, mencionando su autor.
Siempre que no sea para un uso económico o comercial.
No se pueden alterar o transformar, para generar unos nuevos.

 
TodoMonografías.com © 2006 - Términos y Condiciones - Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Creative Commons License