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Arte Gótico parte 2 - Monografía



 
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ELEMENTOS MÁS REPRESENTATIVOS DE LA ARQUITECTURA GÓTICA



El problema dominante en la arquitectura gótica, fue la cubierta, esta se resolvió por medio de la crucería de arcos apuntados que descansan sobre pilares,  a su vez apoyados en contrafuertes exteriores llamados arbotantes. Esto permite aligerar el espesor de los muros y abrir en ellos ventanas mayores que iluminan bellamente el interior de las iglesias, catedrales y palacios.
Las obras arquitectónicas sobre todo las catedrales, se concebían con una grandiosidad superior a las fuerzas de las que los proyectaban, no acabándose si no hasta varias generaciones después.
La orden cisterciense tuvo un papel principalísimo en el empuje del desarrollo de la arquitectura gótica, ya que sus constituciones de 1119 adoptaron para sus construcciones la crucería.

Catedrales



La planta:



Se vuelve con más o menos variantes, a la antigua planta basilical romana, dividida en una nave principal y dos laterales o en otros casos, en una catedral y cuatro laterales (dos a cada lado de la principal). También en otras ocasiones adopta la forma de cruz latina, estando a su vez la nave trasversal dividida en una nave principal y dos laterales.
A pesar de adoptar la planta en forma basilical persiste una nave trasversal más ancha y que no sobrepasa la anchura de la construcción, que hace las veces de crucero.
Las naves están, al igual que en el Románico,  divididas por los arcos y pilastras en compartimientos, pero en gotico, en general, los compartimientos de la nave central son de forma rectangular en lugar de cuadrados.
Las naves se orientan de Oriente a Occidente y en el extremo occidental, es decir, en la entrada se construye un vestíbulo.
Se le da una extraordinaria importancia al ábside, que en la mayoría de los casos se construye en forma poligonal en lugar de ser semicircular, redondeándolo con una corona de capillas de extraordinaria magnificencia en las grandes catedrales, a la que se le provee de un amplio deambulatorio o girola.

Bóvedas:     



Como hemos dicho la planta se dividía en espacios cuadrados o rectangulares constituidos por pilastras. Estas se unían unas a otras por arcos fajones y formeros en sentido longitudinal y trasversal, y diagonalmente por cuatro arcos apuntados que daban lugar a la bóveda de crucería.
Más adelante, al aumentar la anchura de la nave central y quedar entre los cuatro arcos de la crucería bloques demasiado grandes, se incluyeron dos arcos más, dando lugar a la bóveda sexpartita, que hacia precisar la inclusión de dos pilastras más. Este tipo de bóveda podía hallarse en España en la iglesia de Santa Maria de la Huerta. Tambien son de este tipo las bovedas de la nave central de Notre Dame (París).
La adición de mas arcos en las bovedas, dio lugar a las bovedas estrelladas y a la reticulada, en la se pierde ya el aspecto habitual de la bóveda de crucería, siendo difícil reconocer sus electos característicos.

Pilastras:



Los pilares tienen un núcleo cuadrado o circular, al que van adosados los nervios o columnas que se prolongan hacia arriba y, una vez atravesado el capitel, continúan ascendiendo para constituir los arcos de las bóvedas.
Durante el gótico estos pilares van siendo cada vez mas esbeltos, más altos, y las nervaciones o columnas adheridas, que en principio son redondeadas como en el románico, adquieren un perfil cada vez mas apuntado.
Los capiteles, en principio, siguen las formas románicas, para adoptar mas tarde la forma de cáliz ceñido por hojas tratadas de un modo naturalista, formando grupos bastantes separados unos de otros.

Contrafuertes:


Los contrafuertes góticos llamados botareles, se levantan en la parte exterior de las naves laterales y una vez sobrepasadas estas, reciben los esfuerzos de las bovedas interiores, generalmente las de la nave central, a través de una especie de puente llamado arbotante. Tanto los botareles como los arbotantes se corresponden con los pilares interiores, teniendo los botareles un grosor aproximado al de los citados pilares.
Estos contrafuertes y arbotantes son los que sostienen en pie al edificio, en el que se mantiene un constante juego de equilibrio de fuerzas, magníficamente conseguido.
La zona más delgada y esbelta, que sobrepasa el punto donde se apoya el arbotante, se llama pináculo que culmina en un florón en forma de cruz.

La fachada:



Estudiaremos a continuación los elementos mas característicos de las fachadas de las construcciones góticas, cuyos componentes contribuyen en gran medida a dar carácter y peculiaridad plástica al arte arquitectónico que nos ocupa.

Arcos:



El arco del estilo es el llamado ojival o apuntado. Es el arco que da carácter al estilo apareciendo en puertas, ventanas y bovedas. Al final del estilo, durante la época del gotico decadente o florido, varia su configuración, adoptando nuevas formas que estudiaremos mas adelante en este capitulo.

Portadas:


En general se continúa la estructura romanica en las portadas. En el gotico las puertas se pueden dividir en dos grandes grupos: las de jambas ornamentadas exclusivamente en columnas y arquivoltas decoradas con sencillez y las que tienen las jambas y las arquivoltas ornamentadas con esculturas de formas humanas y gran ornamentación.

Ventanas:



Las ventanas aumentan de tamaño en gótico, abriéndose espléndidamente en los muros. Son de arco apuntado u ojival  y debido a su gran anchura, se divide su luz por medio de unas columnitas, llamadas maineles o parteluces, que se reúnen en la parte superior, en el tímpano, que esta formado por aristas tracerías caladas. Estas tracerías, compuestas por motivos geométricos, triángulos de lados curvos y círculos tangenciales, se van haciendo cada vez más complicadas y recargadas a medida que avanza el estilo, hasta llegar a constituir densos y refinados dibujos calados en la época flamígera.

Torres:



Una de las manifestaciones mas bellas de la arquitectura gótica, son las torres de sus catedrales que alcanzaban una esplendida altura, no conseguida antes por ningún otro estilo.
Tienen base cuadrada y dividida por distintos cuerpos por galerías o impostas, terminando en un cuerpo ortogonal sobre el que se asienta la flecha (punta aguda y esbelta que culmina en un florón en forma de cruz). Estas flechas compuestas por aristones (es decir, aristas gruesas compuestas por un material mas resistente que el de la obra) y tracería calada, dan un bello y elegante aspecto a las torres, dotándolas a la vez de un sentido espiritual, de elevación, característico del gotico.
Adosados a las torres, se elevan unos potentes contrafuertes, cuyos cuereen disminuyen de volumen a medida que elevan, culminando en flechas o pináculos.
Muchas de las torres, sin embargo, no terminan en estas esbeltas agujas, sino que todas ellas constituyen un solo cuerpo cuadrado que culmina en una ultima galería, tal es el caso de Notre Dame de París.

Cornisas e impostas: 



El perfil característico de las cornisas e impostas del gotico, es el llamado vierteaguas o goterón, formado por una escocia profunda. Estas impostas se situaban debajo de las ventanas y las cornisas.
La expulsión del agua de lluvia estaba bien atendida por medio de canales que las llevaban hasta las gárgolas que las despedían a distancia. Estas gárgolas acostumbran tener forma de hombres o animales fantásticos muy característicos del estilo.

Motivos ornamentales:



A parte de los elementos ya nombrados, como son las tracerías caladas, geométricas, que hallamos en ventanas, flechas y pináculos, doseletes, etc., y algunos elementos arquitectónicos característicos, como son los florones y los calados vegetales, que aparecen en muchas aristas y sobre todo en los aristones de las flechas de las torres y en los gabletes, se suprimen los elementos geométricos utilizados por los románicos (billetes, dientes de sierra, ajedrezados, funículos, y escamas) para dar paso a motivos de vegetales tomados de la flora local de cada región o país: arce, encina, trébol, hidra, helecho, etc., cuya representación de caracteriza por hojas nudosas y los nervios y los vástagos muy acentuados. Mas tarde, en el gótico florido, estos motivos se adelgazan, se hacen mas complicados y adoptan formas serpenteantes, entrelazadas muy  densas.

TIPOLOGIA DE LA ARQUITECTURA GOTICA



El edificio más característico del gótico es la catedral, templo de la sede episcopal, que se convierte en el símbolo del poderío económico de la ciudad y del prestigio de sus habitantes. El mundo urbano defiende su independencia respecto al decadente mundo feudo-rural, lo que se plasma en la aparición de otras edificaciones civiles emblemáticas, como las casas del gobierno municipal, las lonjas de comercio, los hospitales, mercados, casas de gremios, etc.
La arquitectura gótica emplea sillares de piedra bien labrados. Sus elementos esenciales son el arco apuntado y la bóveda de crucería, compuesta por arcos que se cruzan diagonalmente, llamados nervios, con una clave central. Este tipo de bóveda concentra los esfuerzos en cuatro puntos determinados en que apoyan los nervios cruzados, lo que permite prescindir de los muros macizos del Románico, sustituidos por amplios ventanales con vidrieras, de mayor luminosidad. Es más ligera al completarse los espacios entre los nervios con plementería, lo que permite elevar el conjunto. Al evolucionar el gótico se emplean otros tipos de arcos (conopial, carpanel) y de bóvedas más complejas y decorativas (sexpartitas, de terceletes, de abanico, estrelladas, etc).
Los empujes son trasladados por medio de arcos exteriores (arbotantes) a unos contrafuertes exteriores que rematan en pináculos, lo que acentúa la verticalidad. La bóveda descansa en el interior sobre altísimos pilares fasciculados, con columnas o baquetones (molduras redondas) adosados, que corresponden a los nervios de la bóveda. Los elementos decorativos son muy variados: pináculos, tracerías caladas en las ventanas, vanos apuntados y geminados, rosetones, gabletes, esculturas, vidrieras, florones, claves y gárgolas o desagües del tejado esculpidos en formas fantásticas. La planta de la catedral gótica sigue la disposición románica aunque aumentan las naves (3, 5 ó 7 naves), cabecera con girola, simple o doble, a la que se abren las capillas poligonales. El coro es mayor que en el románico y es el centro de toda la luz y las miradas. El crucero está casi en el centro y apenas marcado; si sobresale es planta de cruz latina. En alzado destaca la nave central más alta que las laterales y se sigue marcando el crucero en altura, aunque en el exterior el pesado cimborio del Románico es sustituido por una airosa aguja o flecha. La fachada se divide en tantas zonas verticales como naves, generalmente tres, y en tres fajas horizontales. La de los pies tiene generalmente tres vanos abocinados, con abundante decoración escultórica y está flanqueada por torres, de varios cuerpos que rematan en terraza o en una aguja. Este sistema constructivo permite sustituir la horizontalidad del románico por una verticalidad y un sentido ascensional al que ayudan todos los elementos de la catedral. El gótico es reflejo de una nueva espiritualidad. Los ventanales con vidrieras distribuyen y gradúan la luz en el interior de las catedrales, terminando con la penumbra románica y creando un espacio transfigurado, idealizado.

EL GÓTICO EN OTROS PAISES



El gótico en Alemania:



El primer país en que Francia proyecta su nuevo estilo fue hacia Alemania, donde el gótico alcanzo gran esplendor,  aunque araguirá de un modo diferente en el Norte que en el Sur, donde la influencia del románico fue mas persistente.
En Alemania el gótico se caracteriza por la fuerte, sólida trabazón orgánica de sus diversos elementos, que ascienden en una vigorosa verticalidad, pujante y poderosa. Como elementos particulares a distinguir, podemos nombrar:
a)    Las catedrales e iglesias presentan en muchos casos, una sola torre central, tal es el caso de las catedrales de Estrasburgo.
b)     Naves altísimas que acentúan la verticalidad del gotico alemán, y grandes ventanas.
c)    Predominio, en la ornamentación, del calado de la piedra en todos los sitios en que es posible: fachadas, arbotantes, contrafuertes…

Construcciones representativas del gotico alemán son la catedral de Treveris (1242-1256), la de Friburgo, iniciada en el periodo románico; la de Estrasburgo, donde se halla mezclada la tendencia gótica alemana con la francesa, las de Meissen, Ratisbona, Halberstadt, Nuremberg, San Sebaldo, Ulm, etc.
Uno de los monumentos mas bellos del gotico alemán es la catedral de Colonia, de influencia francesa. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que fue empezada en el siglo XII y terminada en 1880, por lo que no podemos considerarla como un exponente gotico puro. La catedral de Colonia es mas una expresión ideal del gotico, un gotico que excede las posibilidades reales de este estilo realizado en su época.
Faceta importantísima del gotico alemán son los castillos construidos en la edad media, en las riveras del Rhin y los numerosos edificios civiles que se conservan en distintas ciudades, especialmente en Nurember.


La arquitectura gótica en los países bajos:



El gotico en los países bajos, es una mezcla del gotico frances y alemán. Tiene influencia francesa en lo que respecta a las estructuras y alemana en la ornamentación.
Uno de los más notables ejemplos del gotico en los países bajos es la catedral de Bruselas, Santa Gudula.
Más tardíamente, entre los siglos XIV XV, se construyeron las catedrales de Malinas, Ambers, Haarlem, las iglesias de Breda, Doredrecht y nuestra Señora de Huy.
Pero donde sobresalió la arquitectura de los países bajos con mayor esplendor fue en las construcciones civiles, en edificios publicas y particulares de brujas, Bruselas, Lovaina, Gante, ciudades donde se encuentran soberbios ejemplares del gotico civil.

Arquitectura gótica en Inglaterra.



El nuevo estilo se difundió rápidamente por Inglaterra, adquiriendo características originales. Uno de los primeros antecedentes góticos se encuentran en la catedral de Durhan (1093-1133) realizada bajo los influjos franceses, en donde los nuevos elementos arquitectónicos se ensayan en una concepción del espacio todavía románica.

En la evolución del gótico inglés cabe distinguir varias etapas:
Una primera, el gótico primitivo, desde los primeros tanteos del siglo XII hasta mediados del XIII, durante la cual las formas francesas normandas seguirán traduciendo, en el sentido ornamental, la lógica estructural románica francesa para desplegar en horizontal superficies vastas y muy decoradas. De este primer momento son la catedral de Salisbury, el crucero de la de York, la nave y la sala capitular de Lincoln y el coro de Worcester.
La segunda fase, llamada gótico decorado o curvilíneo, se desarrolla durante la segunda mitad del XIII y primera del XIV, ya libre del influjo francés: la tendencia decorativa del gótico inglés se fue acentuando dando lugar al llamado “estilo decorado”, que se desarrolla desde 1230, y que se constituye como el gótico internacional de inspiración íntegramente inglesa, liberado de la influencia francesa, e históricamente marcado por el conflicto de la guerra de los Cien Años. Sus mejores ejemplos son las bóvedas estrelladas de Gloucester, Wells, Canterbury, Bristol y Winchester.
Por último desde principios del siglo XV a comienzos del XVI se generaliza el llamado estilo gótico vertical o perpendicular: A partir de 1350 el uso de las bóvedas de abanico que permiten el desarrollo de estructuras ligeras sin arbotantes, dará lugar al llamado “estilo perpendicular” caracterizado por complicadísimos entrelazados de nervaduras en las bóvedas y una profusa ornamentación. Sus obras más representativas son el claustro de la Abadía de Gloucester el King’s College de Cambridge la capilla de San Jorge de Windsor y la de Eton’s College. A finales del siglo XIV se desarrolla el “estilo Tudor” nacido a partir del uso del arco Tudor; uno de los mejores conjuntos de esta época final es la capilla de Enrique VII en la abadía de Westminster, cubierta con bóvedas planas ricamente decoradas. El gótico en esta modalidad adquiere valor de estilo nacional inglés, aflorando en la historia arquitectónica del Reino Unido a través del período romántico de la arquitectura “neogótica” o “historicista” de finales del siglo XIX.

Arquitectura Gótica en España.



Siglo XII (finales): fase protogótica


La fusión de las últimas formas del románico con las formas cistercienses, dará lugar, en las postrimerías del siglo XII y principios del XIII, a una serie de edificios como las catedrales de Cuenca, Ávila, Lérida, Tudela, Tarragona o Sigüenza, que se han interpretado como los primeros ensayos de arte gótico, aunque la concepción de su espacio y el tratamiento de la luz es todavía absolutamente de gusto románico. La catedral de Cuenca supone un hecho singular en el gótico español, por las influencias anglonormandas y borgoñonas que recibe. En la catedral de Sigüenza se combinan la austeridad cisterciense de sus inicios con la influencia francesa de las bóvedas de la nave central y del crucero.

Siglo XIII: el gótico puro



Durante el siglo XIII, siguiendo inicialmente la ruta del comercio lanero y debido a las estrechas relaciones que mantiene Fernando III el Santo con Francia, se introducirán en Castilla las formas góticas francesas.
En 1218, siguiendo el modelo de Amiens, se inicia la catedral de León, una de las más bellas catedrales góticas donde se reúnen todos los logros de la arquitectura francesa. El autor de la catedral, el maestro Enrique que trabajó en ella a partir de 1254, consta de tres naves, girola y capillas absidiales, y son de gran belleza las vidrieras de su interior; en su conjunto es la más francesa de todas la catedrales góticas españolas.
En 1221 se comienza la catedral de Burgos, a iniciativa del obispo Mauricio, que conocía las realizaciones europeas, el maestro Enrique, originario de la Ile de Francia, es el primer arquitecto que inicialmente dirige el proyecto, sin embargo la sucesión de nombres de maestros españoles en la dirección de las obras, Juan Pérez, demuestra como éstos habían asimilado el arte francés tanto en su esencia como en sus formas.
En 1226 se inician las obras de la catedral de Toledo, bajo la dirección, primero, del maestro Martín y después Pedro Pérez; esta catedral, mayor por sus dimensiones que la de León y Burgos, y también más independiente de los patrones franceses, refleja la presencia en ella de algunos elementos netamente hispanos (mudéjares), especialmente en el triforio que presenta arcos lobulados y entrelazados, siendo el cubrimiento de su doble girola uno de los aspectos más relevantes de la misma. A partir de la catedral de Toledo se puede decir que el gótico francés se había asimilado y se había acomodado al gusto y las maneras tradicionales del país.

Siglo XIV: el gótico mediterráneo.



El Gótico del siglo XIV se centra sobre todo en las construcciones del Reino de Aragón, donde el gótico adoptó cualidades particulares relacionadas con la horizontalidad del gótico italiano y del sur de Francia. Así los templos catalanes tienden a la planta de salón, prescindiendo de la diferencia de altura entre nave central y naves laterales, con lo que se reduce la función de los arbotantes que en muchos casos desaparecen, reforzando la función de los contrafuertes que frecuentemente flanquean capillas entre ellos; las cubiertas se hacen planas y se abren pequeños ventanales. Igualmente se prescinde del gran aparato decorativo que había invadido las construcciones castellanas del siglo anterior.
La catedral de Barcelona se inicia en 1298, consta de tres naves casi a la misma altura y girola sin arbotantes.
La iglesia de Santa María del Mar, de Barcelona, presenta planta de salón, con tres naves de idéntica altura, separadas por pilares octogonales y con ausencia de arbotantes. La catedral de Gerona, inicialmente con un proyecto idéntico a la de Barcelona, tiene su fama por la simplificación de este proyecto, que hizo de ella un monumento único, ya que sus tres naves iniciales fueron reunidas en una, en 1417 fue encargado Guillem Bofill en realizar el nuevo proyecto. La catedral de Palma de Mallorca se inicia en el primer tercio del siglo XIV, se plantea como una iglesia de tres naves con cabecera rectangular, es un edificio falto de pureza estilística con elementos de las más diversas escuelas, destacando la utilización de pilares ochavados a imitación de Santa María del Mar y la utilización de gruesos contrafuertes exteriores, que le dotan de un aspecto recio. Respondiendo al carácter burgués de la sociedad aragonesa, se realizaran una gran cantidad de edificios civiles entre los que hay que destacar el salón Tinell, del Palacio Real de Barcelona, el Salón del Consejo de Ciento, del Ayuntamiento y las Atarazanas también de la misma ciudad. En Valencia la mejor muestra de este período es la torre campanario de la catedral, el popular “Micalét” construido a finales del siglo.
Durante el siglo XIV la actividad arquitectónica de Castilla decreció afectada por las crisis económicas, sociales y políticas que sufrió la corona y el reino castellano, aún así se inician las construcciones de las catedrales de Palencia, Oviedo y Vitoria, así como abundantes iglesias conventuales que se distribuyen por todas las regiones. Entre los grandes núcleos de arquitectura gótica, castellana y catalana, se encuentra el foco navarro, muy vinculado al francés por razones históricas; su máximo exponente es la catedral de Pamplona, construida entre 1397 y 1472, presentando una girola cuya planta es un pentágono irregular.

Siglos XV y XVI: gótico flamígero o isabelino.



La renovación de la arquitectura gótica que se había realizado en siglos anteriores dará como consecuencia el denominado “estilo hispano-flamenco”, resultado de la fusión del gótico de caracteres flamencos (flamígero) con la tradición del arte hispano musulmán. En este siglo el arte gótico alcanza su plenitud, tanto en las construcciones religiosas como en las civiles, en buena mediada suscitado por la necesidad de las coronas de afirmar su dominio territorial, y sobre todo a partir del último tercio del siglo, cuando los Reyes Católicos pretenden crear un estado moderno unificado, potencian el nacimiento de un arte que pudiera representar la unidad de las coronas. De otra parte, la presencia de numerosos artistas provenientes de Flandes y Centroeuropea, determinará el nacimiento de una serie de escuelas artísticas regionales que introducirán los nuevos gustos europeos en la culminación de obras emprendidas en el período clásico y en otras que se inician en este momento. Técnicamente este estilo se va a caracterizar por la complicación infinita de las nervaduras en las bóvedas, la utilización de todo tipo de arcos, el carpanel, el conopial, el escarzado, o el mixtilíneo, y la abundante decoración de finos labrados. Pero además con los Reyes Católicos el gótico se simplifica en estructura, se consigue una clarificación en las construcciones que permitirá que el gótico, como expresión del poder real, se popularice y extienda a toda la península, renovándose en este estilo infinidad de iglesias situadas en el mundo rural y que inicialmente habían sido construidas en estilo románico.

Estas últimas construcciones góticas coinciden en el tiempo con las primeras renacentistas, superponiéndose y utilizándose de manera aleatoria los dos estilos, los dos eran validos y novedosos, puesto que en la regeneración del gótico de la época de los Reyes Católicos se entiende que hay un abandono en las formas tradicionales, y se presenta como una expresión del pensamiento humanista, por ello es imposible entender el Renacimiento español sin este gótico final.
Las primeras muestras flamígeras se plasman en la construcción de la catedral de Sevilla, iniciada en 1402 sobre el emplazamiento de la mezquita almohade, de la que se conserva el minarete como campanario, la famosa Giralda y el patio musulmán como claustro de la nueva catedral, cuya construcción se prolonga a lo largo del siglo XV, y se singulariza tanto por sus dimensiones como por su estructura; la planta es de cinco naves de nueve tramos, con capillas laterales entre los contrafuertes, y recargadas de decoración; se cubren con bóvedas de nervadura sencilla, salvo en el crucero.
Con el traslado del arzobispo de Sevilla a Toledo, las formas flamígeras se extienden por Castilla, siendo Burgos y Toledo los focos de mayor irradiación.
Burgos fue otro de los focos que desde mediados del siglo XV acoge la presencia de artistas extranjeros como Juan de Colonia, encargado de las obras de la catedral de Burgos en 1442 comienza a construir la aguja sur y termina la norte, en ellas hay una clara imitación de las formas flamígeras germánicas, en 1454, en las cercanías de Burgos se realiza la cartuja de Miraflores. En 1482 su hijo Simón de Colonia realiza en la catedral la capilla del Condestable cubierta con bóveda octogonal estrellada y calada y clara influencia mudéjar. En Valladolid, vinculadas al taller de los Colonia de Burgos, se construyen las fachadas denominadas “de tapiz” de las iglesias del convento de San Pablo y del colegio de San Gregorio. Estas formas hispano-flamencas llegan a su máxima culminación con la construcción del cimborrio de la catedral burgalesa, en 1539, por Felipe Bigarny, donde se aprecia un virtuosismo artesanal heredado de las formas hispano musulmanas, al igual que ocurre en la catedral de Oviedo, que se puede considerar una de las obras más completas del flamígero.
En Toledo, hacia 1430 se nota la presencia de otro grupo de artistas flamencos que intervienen completando aspectos de la catedral bajo la dirección de Hanequín de Bruselas; en estos momento se construyen la puerta de los Leones de la catedral de Toledo, realizada por Hanequín, y las capillas sepulcrales de San Ildefonso y don Alvaro de Luna. Pero el gran maestro toledano de finales del siglo XV es el francés Juan Guas (1430- 1496), interprete indiscutible de la síntesis de los caracteres flamencos con los mudéjares y los gustos flamígeros del último gótico para configurar el denominado “gótico isabelino”, normativo de la nueva arquitectura planteada en el período de los Reyes Católicos; la obra más representativa de este sistema arquitectónico y decorativo es el monasterio de San Juan de los Reyes, emprendido en el año 1477 por Juan Guas en el mismo Toledo, en este edificio la exuberante decoración del gótico flamígero se combina con una estructura de iglesia simplificada en sus elementos y sencilla concepción de nave única y cabecera poligonal. La decoración se utiliza como fórmula de exaltación de las Coronas. Este mismo arquitecto trabajara en el Palacio de los Duques del Infantado en Guadalajara y en el castillo de Manzanares el Real. Los hermanos Antón y Enrique Egas que trabajaran en el hospital de la Santa Cruz de Toledo y en los de Granada y Santiago, asimismo realizan los proyectos de la capilla Real y de la Catedral de Granada.
En Levante, el gótico final flamígero está representado por edificaciones civiles, principalmente lonjas dedicadas al comercio, como son la lonja de Palma de Mallorca y la de Valencia , realizadas respectivamente por Guillem Sagrera y Pedro Compte en las que utilizaron planta de salón cubierta con bóvedas de crucería y esbeltos pilares helicoidales.
Por último hay que citar que durante las primeras décadas del siglo XVI se construyen las últimas catedrales góticas, de 1512 es la de Salamanca y de 1525 es la de Segovia, obras debidas a Juan y Rodrigo Gil de Hontañón que combinan estructuras góticas con elementos renacentistas.

Arquitectura Gótica en Portugal.



Es una arquitectura tardía pues hay una natural tendencia a prolongar la tradición románica hasta muy entrado el siglo XIV; uno de sus mejores ejemplos de este momento es el monasterio de Batalha iniciado por Alfonso Domingues a finales del siglo XIV por encargo real para conmemorar la batalla de Aljubarrota (1385) y en la que se aprecian tanto los influjos góticos franceses como los ingleses.
Es el siglo XV el de mayor esplendor del gótico luso, en particular durante el reinado de Manuel el Afortunado (1495-1521), en que el gótico portugués recibe el nombre de “gótico manuelino” caracterizado por la integración, junto a su esencia anterior, de elementos hispano-flamencos y mudéjares, creando un estilo un tanto barroquizante por la exuberancia decorativa de motivos marítimos, heráldica y vegetales; las mejores muestras de esta escuela gótica son el monasterio de los Jerónimos de Belem, iniciados por el francés Boytac, autor asimismo de las “capillas imperfectas” (inacabadas) de Batalha, y concluido por el español Juan del Castillo; la obra más popular del gótico manuelino es la torre de Belem, en Lisboa (1515) realizada por el artista portugués Francisco de Arruda.

Arquitectura gótica en Italia.



n Italia, el gótico, como había ocurrido con el románico, se vio mediatizado por la pervivencia de la tradición clásica, por lo que no fue plenamente aceptado, limitándose únicamente a adoptar algunos aspectos técnicos y ornamentales, nunca el espíritu ascensional del gótico puro, sometiéndole a diversas modificaciones y adaptaciones caracterizadas por la tensión entre la verticalidad y la horizontalidad además de por la solidez de los muros. Todo ello lleva a una predilección por la planta basilical con una o tres naves cubiertas con madera, por lo que los soportes son simples columnas o ligeros pilares, en cambio la cabecera suele estar cubierta con bóveda de crucería. La carencia de pesadas bóvedas facilitó el sentido de horizontalidad e hizo que hubiera una tendencia a amplios muros cerrados, sobre los que se abren ventanas de reducido tamaño y arcos sólo ligeramente apuntados, dicha horizontalidad se remarca por la utilización de bandas horizontales de mármoles de diferentes colores alternados.
Ejemplos son las iglesias de Santa María Novella en Florencia (1278) o la de San Francisco de Asís (1228). La reacción contra las formas góticas, tan lejos de la tradición de la Antigüedad Clásica, es muy temprana apareciendo ya en las catedrales de Orvieto y Siena, perdurando hasta bien entrado el siglo XIV, según vemos en la traza del campanil de la catedral de Florencia.

Por el contrario, mayor vinculación con el gótico europeo ofrece la catedral de Milán, ejecutada por artistas franceses y alemanes a finales del siglo XIV siguiendo los gustos flamígeros, aunque se inició en el XIII y no se concluyó hasta el XV.
La arquitectura civil tuvo un gran desarrollo debido a la intensa vida económica de las ciudades, siendo sus mejores muestras el Palacio Comunal de Siena, el Palacio de la Señoría de Florencia y, sobre todo, el Palacio Ducal de Venecia.

LA ARQUITECTURA CIVIL GOTICA



La casa gótica



Se conservan en la actualidad únicamente algunas construcciones en piedra y con entramado (armazón de madera). Por lo general los edificios para viviendas eran mas bien estrechos, y lo más frecuente era que solo tuvieran planta y un piso, con la escalera en el patio. Alrededor de este patio estaban situadas las habitaciones y la escalera enlazadas con todas las de arriba por medio de una galería cubierta a la altura del primer y único piso.
En la casa con entramado de madera, era corriente un revestimiento interior de madera, que llegaba hasta el techo, utilizando tambien este sistema en algunas de piedra, como protección contra el frió, aunque lo mas frecuente era colgar telas de las paredes o revocarlas de blanco. Los tapices y pinturas solo aplicaban en las casas verdaderamente suntuosas.
El suelo a veces estaba entarimado, pero muy a menudo era de baldosas.
Uno de los elementos mas importantes de la vivienda gótica era la chimenea, que acostumbraba a tener grandes dimensiones y servia para cocinar, como medio de calefacción e iluminación, sustituyendo a las incomodas teas humeantes sujetas con garfios a las paredes, las lámparas de aceite o las velas de cebo, ya que las de cera, por su elevado coste, quedaban relegadas para ceremonias religiosas y grandes solemnidades.
Podemos decir, pues, que el centro de interés decorativo de estas habitaciones góticas, se hubiera hallado en la chimenea, en caso de que en esta época hubiese habido una preocupación por la decoración semejante a la de nuestra época.

LA ESCULTURA GOTICA



“La escultura de los siglos XII y principios del XIII tuvo un carácter predominantemente arquitectónico”

La escultura siguió el precedente románico, con una amplia difusión de imágenes cuyo fin era adoctrinar a los fieles en los dogmas de la fe religiosa y decorar las fachadas de las catedrales. La escultura de los siglos XII y principios del XIII tuvo un carácter predominantemente arquitectónico. Las figuras más destacadas son las estatuas colosales de las jambas (pilastras laterales) de las portadas y las de los parteluces de los vanos de entrada. Reciben el nombre de estatuas-columna por estar adosadas a estos soportes. A veces, la estatua-columna tiende a liberarse del marco arquitectónico, como si fuera una escultura exenta o de bulto redondo.
En el estilo considerado protogótico destacan las estatuas-columna del famoso pórtico de la Gloria (fachada occidental) de la catedral de Santiago de Compostela (España, último tercio del siglo XII), donde apóstoles y profetas se hacen eco del nuevo sentido naturalista idealizado, a la vez que expresan sus sentimientos y empiezan a entablar lo que se denomina sacra conversazione, es decir, la comunicación entre los personajes sagrados. En Francia cabe reseñar las estatuas-columna de la fachada occidental de la catedral de Chartres, que datan aproximadamente de 1155. Las estatuas del pórtico Real de Chartres poseen unas proporciones y un sentido del volumen que revelan un naturalismo ajeno al mundo románico. Durante las décadas siguientes las figuras de Chartres inspiraron a un gran número de artífices franceses. Sin embargo, las estatuas-columna no eran las únicas manifestaciones escultóricas figurativas de las portadas, que seguían un rico y elaborado programa iconográfico centrado en los altorrelieves del tímpano, arquivoltas y en menor medida, en los dinteles de las puertas. En los parteluces, solían aparecer estatuas de la Virgen, Cristo o algún santo relacionado con la iglesia catedralicia.
Sin embargo, las manifestaciones protogóticas todavía conservaban un cierto carácter románico. En torno a 1180 la estilización románica evolucionó hacia un periodo de transición en el que las estatuas comenzaron a asumir una serie de rasgos naturalistas como la gracia, elegancia, solemnidad, sinuosidad y libertad de movimientos. Este estilo ‘clasicista’ culminó en la primera década del siglo XIII en las series de esculturas de las portadas de los transeptos norte y sur de la catedral de Chartres.
De todos modos el término clasicista debe ser matizado, debido a la diferencia esencial que existe entre las figuras góticas y las del auténtico estilo clásico antiguo. En la figura clásica, sea estatua o relieve, puede apreciarse un cuerpo completamente articulado debajo y por separado de sus ropajes, mientras que en la gótica no existe tal diferenciación. Lo que puede apreciarse del cuerpo es inseparable de los pliegues de la vestimenta: incluso cuando se trata de desnudos, como en las estatuas de Adán y Eva (anteriores a 1237) de la catedral de Bamberg (Alemania) la anatomía se subordina a un proceso de abstracción.
La escultura gótica en el norte de Europa se mantuvo ajena al protorrenacimiento italiano. La escultura del gótico final francés se desarrolló en Borgoña. En torno al 1400 en la corte de Felipe el Atrevido en Dijon destacó la figura de Claus Sluter, que introdujo la sensibilidad realista de los Países Bajos en Francia.
Renunciando a los modelos estilizados y a las afectaciones del siglo XIV, Sluter envuelve a sus figuras en voluminosos plegados. En los personajes que acompañan el sepulcro de Felipe el Atrevido (comenzado en 1385, Museo de Bellas Artes, Dijon), ofrece un amplio repertorio de expresiones que contribuyen a enfatizar la evocación de tristeza y dolor. En las estatuas de los profetas que rodean el Pozo de Moisés (1395-1403, cartuja de Champmol, Dijon) transformó a los personajes del Antiguo Testamento en patriarcas flamencos, cuya representación naturalista se funde con un sentimiento de grandeza espiritual.
Tras la muerte de Sluter, en 1406, su influencia se difundió por el sur de Francia, España y posteriormente Alemania. En torno a 1500, Michel Colombe y los manieristas de la escuela de Troyes en Francia, Tilman Riemenschneider, Veit Stoss y Adam Kraft en Alemania, y Guillem Sagrera, Egas Cueman, Rodrigo Alemán y Gil de Siloé en España, pusieron el broche final al periodo gótico en el campo de la escultura.

Aparición del naturalismo


Los convencionalismos en el tratamiento de los pliegues fueron reemplazados por volúmenes más sólidos y naturales en un proceso que comienza en torno a 1210 con la portada de la Coronación de la catedral de París, y que continúa después de 1225 en las portadas de la catedral de Amiens. A partir de 1240 ya se aprecian en la fachada occidental de la catedral de Reims y en las estatuas de los apóstoles de la Sainte-Chapelle de París los pliegues pesados y angulosos, profundamente esculpidos en forma tubular, característicos de la escultura gótica posterior. Al mismo tiempo las estatuas se liberaron del soporte arquitectónico.
En las estatuas de Reims y en las del interior de la Sainte-Chapelle se consolidó el típico rostro de las figuras góticas: forma triangular, mentón destacado, ojos almendrados y una marcada sonrisa. Al mismo tiempo se inició la representación de posturas y gestos amanerados, que resultan de una síntesis entre las formas naturalistas, la elegancia cortesana y una delicada espiritualidad.
Otros géneros desarrollados por la escultura gótica fueron las imágenes votivas, esculturas de bulto redondo de pequeño tamaño con representaciones de la Virgen y el Niño o de Cristo crucificado, en las que se aprecian los cambios iconográficos que se produjeron en el mundo gótico, como una mayor humanización y naturalismo. Por otro lado, el relieve alcanzó gran esplendor en los retablos, las sillerías de coro y los sepulcros de grandes personajes.
En relación con las tendencias naturalistas, aparecieron interpretaciones más humanizadas de la Virgen con el Niño, imágenes que muestran una relación amorosa en la que la Virgen mira a su hijo dulcemente o juega con él mientras le ofrece una flor o una fruta. Un ejemplo de esta nueva iconografía es la Virgen con el Niño de la portada inferior de la Sainte-Chapelle, un modelo que siguió vigente en Europa durante varios siglos.

Difusión de la escultura gótica



Aunque la génesis de la escultura gótica se iniciara en el norte de Francia, como sucedió en el caso de la arquitectura, algunas de las obras más notables se realizaron en Alemania. La escultura gótica alemana se caracterizó por un fuerte expresionismo, algunas veces en el límite de la caricatura, y al mismo tiempo por una lírica belleza y elegancia formal. En el siglo XIII destaca el conjunto de la catedral de Bamberg, con numerosas esculturas influidas por el estilo de Reims. Entre ellas sobresalen la del Caballero de Bamberg, la primera estatua ecuestre aparecida en el arte occidental desde la época carolingia. Aunque la identidad del jinete no se ha confirmado, algunos apuntan la posibilidad de que se trate de Conrado II, mientras otros opinan que tan solo plasma el ideal heroico de los monarcas medievales, en este caso de la dinastía alemana. En este mismo periodo se realizaron las esculturas de la catedral de Naumburgo, especialmente las parejas oferentes situadas en el coro, como el famoso grupo de Ekkehard y Uta, que se han relacionado con la escultura de la catedral de Burgos (España).
En Italia existió, como en el caso de la arquitectura, una cierta reticencia a aceptar los postulados franceses. En este caso sería más apropiado hablar de tendencias goticistas dentro de un clima en el que va apareciendo el protorrenacimiento. El taller más representativo fue el de Pisa, iniciado por Nicola Pisano, autor del púlpito de mármol del baptisterio de Pisa. Su hijo Giovanni Pisano fue el primer artista italiano en adoptar las directrices del gótico francés, combinadas con la influencia clásica recibida de su padre, como se observa en el púlpito de la catedral de Siena. En la fachada de la misma catedral, realizada en torno a 1290, labró un grupo de esculturas que representan profetas y filósofos griegos dotados de una gran intensidad expresiva.
Aunque durante las últimas décadas del siglo XIV un número creciente de escultores italianos adoptó los principios del estilo gótico francés, sus obras muestran el conocimiento del desnudo clásico y la diferenciación entre cuerpo y vestimenta. Esta fase de la escultura italiana acabó poco después de 1400, con las puertas de bronce para el baptisterio de la catedral de Florencia realizado por Lorenzo Ghiberti, precursor de la escultura del renacimiento italiano.
En España, en el segundo cuarto del siglo XIII se introdujeron las formas de la escultura francesa a través de las intensas relaciones políticas y culturales que la monarquía española estableció con la francesa. En el siglo XIII destacaron dos talleres en torno a las catedrales de Burgos y León. En la primera cabe citar la portada de la Coronería y la del Sarmental, correspondientes a los transeptos, así como las esculturas de las fachadas y el claustro. En relación con este taller, destaca la escultura de la abadía de Las Huelgas, a pocos kilómetros de Burgos, con los excepcionales sepulcros de Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet. En cuanto a la de León, la escultura española alcanzó altas cotas de calidad, como se aprecia en la portada de la Virgen Blanca de la fachada occidental. Durante el siglo XIV en España la escultura exterior de las catedrales se hizo más menuda por la influencia del arte mudéjar y las obras en marfil. Destacan la puerta del Reloj de la catedral de Toledo y la puerta Preciosa de la de Pamplona; aunque es en Cataluña donde se encuentran los conjuntos escultóricos más sobresalientes, formados por sepulcros y retablos de influencia italiana.

ARTES DECORATIVAS



En Francia a lo largo del siglo XIII las artes decorativas estuvieron bajo el dominio de la evocación religiosa. Los medallones que aparecen en las ilustraciones de las Bibles moralisées (Bíblicas moralizadas), en el segundo cuarto del siglo, se inspiraron sin duda en el diseño de las vidrieras catedralicias. En el salterio de Luis IX (posterior a 1255), los gabletes con rosetones que enmarcan las miniaturas imitan los modelos de la Sainte-Chapelle. A partir de 1250 el mismo estilo cortesano inspira la escultura monumental y las pequeñas tallas elefantinas (de marfil). La elegante estatuilla de marfil de la Virgen con el Niño (1265, Museo del Louvre, París) procedente de la Sainte-Chapelle, reproduce la estatua monumental ubicada en el portal inferior de la capilla. El colosal grupo de Cristo coronando a la Virgen en el tímpano central de la fachada occidental de Reims posee la misma gracia íntima que las dos estatuillas con el mismo tema que también se conservan en el Museo del Louvre. Los diminutos relicarios de orfebrería realizados a partir del último tercio del siglo XIII tomaron la forma de las iglesias del gótico radiante, con sus transeptos, rosetones y gabletes en fachadas. De este siglo, una buena muestra de miniatura gótica española son los códices de las Cantigas de Alfonso X (El Escorial y Florencia).
Hacia 1300 las artes decorativas comenzaron a asumir un papel más independiente. En la región del Rin se produjeron piezas de un marcado carácter expresivo, que van desde las estatuillas de la escuela del lago Constanza, como la del joven san Juan sentado dejando caer su cabeza tiernamente en el hombro de Cristo, hasta la espantosa evocación del sufrimiento de la pasión de Cristo. Más avanzado el siglo, los escultores alemanes formalizaron la Piedad, una representación de la Virgen llorando mientras sostiene el cuerpo muerto de Jesucristo. En el segundo cuarto del siglo XIV la decoración de los manuscritos miniados parisinos emprendió un nuevo rumbo de la mano del artífice Jean Pucelle. En su Breviario Belleville (1325, Biblioteca Nacional, París) las letras, las ilustraciones y los márgenes ornamentales contribuyen a crear un efecto integrador en la decoración de la página, estableciendo un precedente para los ilustradores posteriores. Pucelle había aprendido su técnica de los pintores del protorrenacimiento italiano, y por ello consiguió plasmar el sentido espacial en sus ilustraciones a través del uso de una perspectiva rudimentaria.

PINTURA GOTICA



Como en el románico, también la pintura gótica tuvo el fin de decorar los templos, pero al disminuir la superficie de los muros por la invasión que hacen las ventanas en las paredes de los edificios góticos, hace que la pintura mural pierda importancia y se desplace el interés pictórico hacia las vidrieras, reservándose la pintura como tal para tablas y miniaturas, al mismo tiempo que se desarrolla el arte del retablo, donde se mezclaran la pintura y la escultura y se desarrollaran programas iconográficos coherentes. La pintura gótica va a presentar una temática preferentemente religiosa, donde las figuras se representan como símbolos de la realidad natural, y donde el mundo sobrenatural se simboliza mediante fondos dorados que la luz hace brillar. Las figuras son planas e ingrávidas sin referencias a la realidad, tratando de crear un espacio simbólico desvinculado del entorno.
En su evolución cabe distinguir una serie de etapas o estilos diferentes, cuya cronología, aunque de difícil sistematización, pues la con temporalidad y la convivencia de varios de ellos sobre los mismos espacios dificulta cualquier intento de precisión.
El gótico lineal se desarrolla durante la segunda mitad del siglo XIII y la primera del XIV en Francia, por lo que se le conoce también como estilo franco-gótico; el estilo italo-gótico ocupa desde 1250 a comienzos del siglo XV, recibiendo los sobrenombres de “Duocento”, siglo XIII, y “Trecento” al período correspondiente al siglo XIV; el estilo internacional, se desarrolla en las cortes de Borgoña y Berry durante el último cuarto del siglo XIV y el primero del siguiente, resultando ser una síntesis de los gustos franco-góticos con los del Trecento; por último, el estilo flamenco que tiene su escenario original en Flandes y los Países Bajos durante la mayor parte del siglo XV.
La peculiar estructura del templo gótico, que presenta escasos espacios aptos para ser decorados con pinturas murales, imposibilita el desarrollo de la pintura monumental” que presenta escasos ejemplares. Es en las vidrieras de los ventanales y en los códices miniados donde se desarrolla la pintura gótica, de la primera época; pero bien pronto, con la pintura en tabla, son los retablos los que alcanzan un principal interés y en los que se conservan las principales muestras de la pintura gótica.
En la evolución de la pintura gótica pueden distinguirse varias fases. Hacia 11250, la pintura gótica en Francia se halla plenamente formada, extendiéndose su influencia hasta mediados del siglo XIV. Alcanza esta pintura franco-gótica su momento culminante en la primera mitad del siglo XIV, coexistiendo luego con el estilo sienés hasta 1400. Esta pintura francogótica se halla inspirada en la técnica de los iluminadores, que siguen el estilo de las vidrieras y esculturas. Como en éstas, se renuncia a la estilización románica, tanto en las actitudes como en el estudio de las formas y paños, observadas en la realidad; aparecen con más frecuencia trozos de paisajes y construcciones en el fondo, con somero, estudio de perspectiva lineal, a la vez que en las figuras piérdase la majestad románica, sustituida por la tendencia hacia lo naturalista y anecdótico. Pero, no obstante, presenta ciertos convencionalismos que la caracterizan como a la escultura, es decir, el tipo oval de cabeza de trazos finos y boca menuda, y hacia finos del siglo XIII la característica incubación del cuerpo, al que acompaña un adecuado tratamiento de los paños, con esa típica afición del gótico a la línea curva. Al mismo tiempo, el brillante colorido coadyuva a los efectos de belleza, recibido por influencia de vidrieras y miniaturas.
A mediados del siglo XIV, y durante la segunda mitad del siglo, la influencia italiana, en especial de Siena, se difunde por Europa. Es la escuela sienesa la que ha roto en Italia con los lazos de la estilización románica y bizantina y ha llegado, dentro de la línea del espíritu gótico, a los más profundos resultados en cuanto a las formas, junto a un rico y luminoso colorido, con lo que muestran las altas cualidades de la pintura para el adorno monumental de paredes y retablos. El estilo de Duccio, fijado por Simone Martini, cuyos trabajos en Avignon contribuyen a la difusión del estilo, se propaga por el occidente europeo. La escuela sienesa, más en armonía que la florentina con el estilo gótico del resto de Europa, renuncia con Duccio al formalismo de los prototipos de Bizancio, invistiéndole con naturalismo gótico, que triunfa con Simone Martini, más influido por el gótico francés.
Hacia fines del siglo XIV la manera sienesa, probablemente por una creciente influencia de lo flamenco y francés, comenzó a asumir algunas características que dieron por resultado la creación del llamado “estilo internacional”, que prevalece en Europa hasta que es sustituido en, la segunda mitad del siglo XV por la influencia flamenca, última etapa del arte gótico. El estilo internacional presenta muchas características típicamente sienesas, tales como la afición a las figuras alargadas y líneas caligráficas, especialmente en los espléndidos ropajes, rico colorido y otras características que contribuyen a los efectos de riqueza y bajo los cuales los estudios de forma y espacio quedan reducidos al mínimo. Junto a estas características presenta un naturalismo no sienés y otras características, que es normalmente adscrito a artistas flamencos y franceses, tales como la introducción de temas secundarios, anecdóticos, con una cierta tendencia a la caricatura, incluso a la extravagancia: cuidados retratos, como en las pequeñas figuras de los donadores y, por último, la persistencia de la indumentaria francesa, entonces en boga, y que muestra, por otra parte, el indudable origen francés del movimiento.
Un último periodo lo representa, en la segunda mitad del siglo XV y primer decenio de la siguiente centuria, la difusión de la escuela flamenca, que propaga la técnica al óleo, las composiciones patéticas, el brillante colorido y la técnica minuciosa y en fin, todas las características de esta escuela, que constituye una de las bases esenciales en la formación de la pintura de la Edad Moderna.
Pasando la nave del Evangelio, después del retablo de S. José, nos encontramos con una pintura mural de extraordinaria importancia. En su origen ocupó el primitivo altar mayor hasta que el retablo del S. XVI la dejó oculta. Una labor de restauración hizo posible su traslado al lugar que hoy ocupa. Representa la Coronación de la Virgen; en la escena, figura un trono adoselado bizantino en el que están sentados Cristo y su Madre a la misma altura, rodeados de ángeles músicos, santos, mártires y profetas con sus nombres, emblemas y atributos contemplando la coronación. Es destacable el marcado carácter románico de la ornamentación. Los vestidos plegados son propios de modelos italianos con influencia guiotesca, y muchas de las características femeninas son atribuidas al quatrocento italiano.
Es en definitiva una excelente pintura gótica de la segunda mitad del S. XIV debida quizás a un artista local con influencias italianas.

EL ARTISTA Y LA SOCIEDAD



Por lo general, la consideración social del artista durante los siglos del gótico es análoga a la de los demás artesanos, y lo que la sociedad valora preferentemente de su trabajo no es tanto la capacidad de creación propiamente dicha, como un mayor y mejor dominio de las técnicas del correspondiente oficio. Hasta muy avanzada la época gótica no empezará a considerarse cometido propio del artista la concepción teórica e iconográfica de sus obras. En muchos casos le bastará con reproducir unos modelos determinados o con traducir las instrucciones de personas a las que se reconoce un nivel cultural superior.
Conforme avanzan los tiempos, es cada vez más frecuente, que los artistas firmen sus propias obras en un intento de acreditarse. Así, por ejemplo, maestro Mateo inscribe su nombre en el dintel del Pórtico de la Gloria (1188). Giovanni Pisano hace lo propio en el púlpito del baptisterio de Siena, con unos extensos versos en los que especifica las circunstancias relativas a la ejecución de aquella obra (1302-1310), y Jan van Eyck dejaba constancia de su presencia en la boda de G. Arnolfini firmando su famoso retrato del siguiente modo: “Jan van Eyck estuvo aquí” Aunque se trata sólo de ejemplos, debe tenerse en cuenta que al principio se firmaban con mayor frecuencia las obras arquitectónicas o escultóricas que las de arte mueble.
Como todos los demás estamentos artesanales, los artistas también comienzan a organizarse corporativamente en cofradías y gremios, aunque en muchos casos éstos no se corresponden exactamente con los de arquitectos, pintores, escultores, etc. … Por ejemplo, sabemos que los pintores florentinos de principios del siglo XIV estaban agrupados con los médicos, los boticarios y los comerciantes de especias. Un caso algo distinto es el de los constructores, entre los que se da una clara diferencia entre el maestro de obra, arquitecto o ingeniero, y el simple albañil, lapiscida o alarife. En ocasiones, el papel de las asociaciones permanentes de constructores - o logias - ha sido mitificado en exceso por el carácter cerrado y casi secreto que podían llegar a tener.
De todos modos, es evidente que alrededor de las grandes obras surgen auténticas escuelas donde se transmiten por medio de la práctica las experiencias y las técnicas propias del oficio.
El taller de los pintores. escultores, orfebres, etc. desempeñaba una función análoga. Raro es el artífice de alguna importancia que no tenga a su lado algún aprendiz, colaborador, esclavo o familiar que aprenda las técnicas de la profesión y que le ayude en alguno de los múltiples procesos que implica la ejecución de una obra. Normalmente, cabe pensar que el maestro era el responsable del diseño de la misma y de su acabado, mientras que los ayudantes se encargarían de las fases preparatorias. En base a esta lógica suposición, los historiadores del arte medieval distinguen las obras de un maestro de las de su taller según su mayor o menor calidad.
El progresivo desarrollo de las comunidades urbanas a lo largo de los siglos del gótico implica la concentración en las ciudades del mercado artístico. Los artífices tienden a establecerse en su seno, amparándose en leyes favorables y en las posibilidades de asociación. Sin embargo, no resulta válida la idea según la cual el artista de los siglos XIII, XIV o XV es un artista sedentario, en contraposición al artista del período románico, que sería un artista itinerante.
Salvo los pintores o los orfebres que pueden desarrollar su labor en el propio taller, los demás artistas (arquitectos, escultores o fresquistas) están obligados a una constante movilidad.
Lo que sí es evidente es que, a medida que avanza el período que estudiamos, el mundo del artista se especializa y se configura con cada vez mayor nitidez.
Debido a la institucionalización de las sociedades, comienza a generarse una gran cantidad de documentación, parte de la cual alude a aspectos relacionados directa o indirectamente con la vida del artista y la creación artística propiamente dicha. Así pues, resulta más fácil relacionar obras y autores, e incluso establecer biografías de los mismos.
Aunque se tienen noticias de talleres especializados en la producción seriada de obras de arte. La mayoría de los artistas trabajaban por encargo.
Evidentemente, los contratos en que aquellos se formalizaban constituyen una fuente de información de gran importancia, puesto que a través de ellos se de terminan los gustos del cliente, el precio de las obras, sus plazos de ejecución y de liquidación, los modelos a imitar, las calidades de los materiales e incluso los procedimientos a aplicar, etc.
El margen de libertad del artista para dar forma a las obras que se le encargaban se situaba entre sus propias limitaciones técnicas y los gustos aceptados por el comitente o por la sociedad.
Pueden distinguirse varias categorías de encargos, que, generalizando, podrían corresponder a otras tantas categorías de obras de arte. Es evidente que los encargos reales o cortesanos habrían de determinar las obras de mayor calidad, ya que el afán de autoafirmación y el espíritu de lujo y de ostentación estuvieron siempre presentes en las grandes cortes europeas.
Sin embargo, tampoco debe infravalorarse el papel de la burguesía, puesto que si en sus orígenes el arte gótico va estrechamente unido a los ideales monárquicos, a partir de un momento dado es la clase burguesa la que asume el máximo protagonismo, imponiendo un nuevo sentido de la realidad. La acción de la burguesía también se puede percibir en realizaciones arquitectónicas tales como lonjas, sedes de gobiernos municipales, palacios, etc.
Muchas de las grandes obras de carácter religioso o vinculadas a usos religiosos (iglesias, capillas, retablos, sepulcros, ornamentos, libros, etc.) cuentan también con el patrocinio real o de burgueses. Quizás los encargos de origen estrictamente religioso sean los que a nivel estético aportan menos novedades.
Del mismo modo que distinguimos varias categorías de encargos, también podemos constatar que entre los artistas llegan a existir diferencias sociales bastante acusadas.
Casos como el de Giotto (que percibía cantidades muy importantes por su trabajo, poseía algunos terrenos, prestaba capitales y arrendaba telares) o Jan van Eyck (que fue hombre de confianza del duque de Borgoña y realizó para él algunas misiones diplomáticas) señalan los más altos niveles sociales alcanzados por los artistas de la época gótica, siendo absolutamente excepcionales.

INTRODUCCIÓN



El gótico fusiona un conjunto de manifestaciones artísticas que se reducen a un común denominador. Este denominador reside en una actitud fundamental propia del hombre de esa época, un mortal occidental que busaca desesperado trascender, superar todo lo terrenal existente, un deseo que determina su relación con el más allá, dentro de su apasionante fe cristiana.

Como fenómeno histórico, el arte gótico se difunde a partir de su lugar de origen, el Norte de Francia hasta convertirse en el estilo sagrado de toda Europa, Francia cuna de nacimiento de este gran estilo artístico que deja sus grandes huellas, imborrables en lo absoluto, revividas y admiradas en la actualidad, si bien hace tiempo que el episodio gótico pertenece al pasado, lo cierto es con sus creaciones irrumpe todavía hoy en la vida presente.

El experimento del gótico resulto ser uno de los pocos períodos en la historia de la arquitectura mundial que ha aportado un sin fin de manifestaciones estilísticas llenas de elevación, espiritualidad y una divina iluminación que nos abstrae del mundo terrenal y nos acerca a sensaciones que la conciencia humana no se atreve a imaginar.

Esta nueva arquitectura se desarrolló en el momento en que Europa iniciaba una nueva era de estabilidad y bienestar, a partir del año 1100, y es en este momento en que Francia aumenta su confianza  logra un gran impacto, provocando sensaciones y polémicas en todo el continente Europeo.

EL GOTICO


(Superación del  mundo terrenal)



CONCLUSION


El arte Gótico encontró su máxima expresión en la Arquitectura, de ella partió todo lo que fue capaz de impresionar y alterar apasionadamente a todo el continente de Europa. Este estilo surge en la primera mitad del siglo XII a partir de la evolución de precedentes románicos y otros condicionantes teológicos, tecnológicos y sociales. La arquitectura gótica logra perdurar hasta comienzos del siglo XVI en diversos países europeos como Inglaterra, Alemania, Portugal, España, Italia y países bajos, comienza a extenderse en toda Europa de una manera brillante e increíble, provocando sensaciones y emociones que se hacen imposibles de descifrar, todo se inicia en Francia siendo esta el punto de partida de esta magnifico movimiento histórico desarrollado en la época medieval.

Las mayores realizaciones del gótico se manifestaron en el terreno de la arquitectura religiosa, siendo la catedral la única protagonista. En la ciudad medieval europea es la catedral el edificio más representativo de la vida y del espíritu de la sociedad, ya que en su construcción ha participado toda la ciudad, directa o indirectamente.

La catedral se convierte en el centro espiritual de la ciudad. En la catedral los reyes, la aristocracia y los obispos son enterrados y colocan sus estandartes. Sólo el pueblo más bajo no tiene representación. Se ha de destacar que el arquitecto era una profesión cerrada que pasaba de padres a hijos.

Las características fundamentales del gótico son la elevación, la luz y el consiguiente horror al macizo. El muro llega a perder su función esencial de soporte y como sólo sirve de cerramiento se reemplaza por vidrieras. Los arcos pueden ser: Arco apuntado, arco apuntado conopial, arco rebajado de tipo carpanel y arco mixtilíneo. Las bóvedas son de varios tipos: Bóveda de crucería o ojivas, bóveda sexpartita, bóveda estrellada, bóveda de abanico.

Es sorprendente analizar una catedral gótica, una fértil contraposición de espíritu y materia que va adquiriendo a medida que subimos un centímetro de altura su expresión dominante, que aunque están constituidas y construidas por piedra, se dirigen de una manera realmente inexplicable, llena de soberbia saturada con una gran humildad, con sutil paciencia y una desgarradora prisa hacia ese cielo profundo escapando de lo carnal, buscando desesperada hallar lo divino.

Autor:

Daniel





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