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Arte contemporáneo La belleza del arte - Monografía



 
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Diversidad. Belleza artística. Filosofía. Preyección



El Problema del arte:



Ahora cuando todos los hombres tienen un vago sentimiento de la igualdad y de sus derechos, no es posible admitir que el pueblo continúe trabajando, a su pesar, a favor del arte, sin decir antes, de un modo indubitable, si el arte es bastante bueno e importante para cohonestar todos los daños que engendra.
Es necesario pues una sociedad civilizada en la que se cultive el arte, preguntarse si todo lo que pretende ser un arte lo es verdaderamente, y si todo lo que es arte resulta bueno para serlo y digno de los sacrificios que entraña. Se trata de saber si lo que aquellos hacen tiene la importancia que se cree.

El arte en todas sus formas háyase limitado, de un lado por la utilidad práctica, del otro por la fealdad y la importancia para producir arte.

En la obra de Renan, Marco Aurelio, una disertación que prueba que la labor del sastre es obra de arte, y que los hombres que no ven en los adornos de la mujer la más alta manifestación artística, son seres sin inteligencia, espíritus estrechos. En la mayoría de los sistemas estéticos los perfumes y hasta la cocina están considerados como artes especiales. Entonces, qué es arte y qué no lo es.

Existe un pentáculo de las artes, fundado en los cinco sentidos del hombre, dice Kralik, y puntualiza, en consecuencia, las artes del gusto, del olfato, el tacto, el oído y la vista.

De todo ello resulta que la concepción del arte, consiste en manifestar la belleza, que no es tan sencillo como parece. ¿Qué es pues la belleza que forma materia en el arte?¿Cómo se define?¿En que consiste?
Se admite que todos saben y comprende lo que significa la palabra belleza. Y sin embargo no todos lo saben, sino que a pesar que se han escrito centenares de libros a cerca del asunto, la cuestión de saber qué es la belleza no ha podido ser resuelta todavía, y cada nueva obra de estética da a tal pregunta una respuesta nueva.

Cuando decimos que un objeto que apreciamos por su apariencia visible es bueno, entendemos que ese objeto es bello, pero si decimos que es bello no supone esto, necesariamente, que lo creamos bueno.

Las palabras bello, Beau, beautiful, etc, guardando su sentido primitivo, expresan la bondad hasta el punto de convertirse en subtítulos de la palabra bueno. Frecuentemente en esas lenguas se emplean expresiones como esta: un alma bella, un pensamiento bello.


La belleza del arte:



Según el Diccionario Enciclopédico Espassa, arte es el acto mediante el cual imita o expresa el hombre la materia o lo invisible, y crea copiando o fantaseando. Otra de las definiciones que ofrece es arte bella es aquella de las que tiene por objetivo expresar la belleza. Estas dos definiciones son las que nos pueden sumergir en el problema que lleva siglos planteado, ¿qué es arte? ¿todo el arte es bello? El arte siempre ha ido unido a la belleza y muchos de los grandes pensadores han intentado solucionar esta pregunta. Pero en el periodo contemporáneo ya no se puede seguir unas líneas evolutivas como había sido hasta entonces sino que se dan a la vez diversas teorías reafirmándose o contraponiéndose entre sí. Para dar una idea global de la evolución de las teorías voy a señalar algunas de las más significativas respecto a la belleza del arte.

Baumgarten (1714- 1762): Según él, el conocimiento lógico tiene por objeto la belleza. Esta es lo perfecto o lo absoluto reconocido por los sentidos. Y la bondad, por otra parte, es lo perfecto alcanzado por la voluntad moral. Define la belleza como una correspondencia y esta nos aparece en la naturaleza.

Sus sucesores sólo modificaron ligeramente la doctrina de su maestro

Winckelmann (1717- 1768): Niega que el arte deba tender ningún fin moral, y le asigna como meta la belleza exterior.

Hállase una concepción análoga de la belleza en Lessing, Goethe y la mayoría de los tratadistas de estética, hasta que Kant la destruye y sugiere otra diametralmente opuesta.

También aparecen tratadistas en Inglaterra, Francia, Holanda, …

El Padre André (1713- 1780) dice que hay tres clases de belleza, la divina, la natural y la artificial.

Kant rompió las bases y su teoría estética puede resumirse de la siguiente manera, la belleza desde el punto de vista subjetivo, lo que gusta de una manera general y necesaria, sin concepto y sin utilidad práctica. Desde el punto de vista objetivo, es la forma de un objeto que agrada, con tal de que este concepto nos agrade, sin cuidarnos para nada de su utilidad.

Fichte (1762- 1814): Sostiene que el mundo tiene dos aspectos, existiendo en una parte la suma de nuestras delimitaciones, y en la otra la suma de nuestra libre actividad ideal.

Otro de los más destacados es Hegel (1770- 1831) dice que Dios se manifiesta en la naturaleza y en el arte bajo la forma de la belleza: la belleza es el reflejo de la idea de la materia. Únicamente el alma es bella; pero la inteligencia se muestra a nosotros bajo la forma sensible, y esta apariencia sensible del espíritu es la única realidad de la belleza. La belleza y la verdad en tal sistema son una sola y única cosa: la belleza es la expresión sensible de la verdad.

Mario Pilo (1895): dice que la belleza es el producto de nuestras impresiones físicas. El fin del arte es el placer, pero el auto estima que este placer debe ser eminentemente moral.

Carlos Darwin (1805- 1882): afirma que la belleza es un sentimiento natural, no sólo en los hombres, sino en los animales.

No pasa un día sin que nuevos tratadistas surjan y en cuyas doctrinas capean igual vaguedad y parecidas contradicciones.

El arte en su definición, es sencillamente un producto capaz de procurar a un productor un goce activo y hacer nacer una impresión agradable en cierto número de espectadores o de oyentes, con independencia de toda consideración de utilidad práctica.

¿Qué resulta de todas esas definiciones de la belleza? Todas las definiciones propuestas por los tratadistas de estética conducen a dos principios opuestos. El primero es que la belleza existe por sí misma, que es una manifestación de lo absoluto, de lo perfecto, de Dios. Por lo segundo la belleza es solamente un placer especial que sentimos en ocasiones, sin tener para nada en cuenta el sentimiento de las ventajas que puede producirnos.

Así que sólo existen dos definiciones de la belleza una objetiva y otra sencilla e inteligible. Por una parte la belleza parece algo sublime y sobrenatural, pero indefinido, por otra parte se muestra como una especie de placer desinteresado, que experimentamos.

Es verdad que si seguimos las fases sucesivas de desarrollo de la estética, vemos que las doctrinas metafísicas e idealistas pierden terreno, hasta el punto de que Verón y Sully se esfuerzan en eliminar la noción de la belleza.

Desde el punto de vista subjetivo, lo que llamamos belleza es todo lo que nos produce un placer. Y desde el punto de vista objetivo es una cierta perfección.

Todas las tentativas de intentar definir belleza absoluta, o no definir nada o sólo definir algunos rasgos de ciertas producciones artísticas, y no se extienden a todo cuanto se considera y se ha considerado como formando parte del dominio artístico. No hay una sola definición objetiva de la belleza. Las que existen llegan todas a la misma definición subjetiva, que quiere que el arte exteriorice la belleza, y que esta sea la que gusta. Se da por bueno un canon de arte según el cual se reputan obras artísticas aquellas que tienen la dicha de gustar a ciertas clases sociales y a consecuencia de ello, las leyes de la estética deben componérselas de tal modo que abracen la totalidad de las obras.

Todas las obras de estética están edificadas bajo una definición de arte verdadero y decidir luego lo que es o no un buen arte, se citan a priori, como obras de arte cierto número de obras que, por determinadas razones, gustan a una parte del público, y después se inventa una definición de arte que pueda comprender todas estas obras. Sea cual sea la nueva insania que aparezca en arte, en cuanto la adoptan las clases superiores de nuestra sociedad, se inventa una teoría para explicarla y sancionarla, como si nunca algunos grupos sociales hubieran tomado por arte verdadero lo que era falso arte, deforme, vacío de sentido, y que no dejó huellas ni discípulos tras de sí.

La teoría del arte fundado sobre la belleza, tal como nos la expone la estética, no es, en suma, otra cosa que la inclusión en la categoría de cosas buenas de una cosa que nos agradó o que nos agrada aún.
Si decimos que el fin de cierta forma de actividad consiste en nuestro placer y definimos esta actividad por el placer que nos proporciona, tal definición será forzosamente inexacta. Esto es lo que ha ocurrido cada vez que se ha tratado de definir el arte.

La belleza, o lo que nos gusta no puede servirnos de base para una definición de arte, ni los muchos objetos que nos producen placer han de considerarse como modelo de lo que debe ser el arte. Busca el objeto y el fin del arte en el placer que nos produce, es imaginar, como los salvajes, que el objeto y el fin de la alimentación están en el placer que la causan.

El estudio de las cuestiones de gusto en arte, no sólo no nos hace comprender la forma particular de la actividad humana, que llamamos arte, sino que nos hace, por el contrario, de todo punto imposible dicha comprensión.

A la pregunta ¿qué es el arte? Se han dado contestaciones múltiples, sacadas de diversas obras de estética. Casi todas se contradicen en los demás puntos, están de acuerdo en proclamar que el fin del arte es la belleza, que esta se conoce por el placer que proporciona, y que el placer a su vez, es una cosa importante por el sólo hecho de ser placer. Resulta de esto que las innumerables definiciones de arte no son tales definiciones, sino simples tentativas para justificar el arte existente. Por extraño que pueda parecer, a pesar de las montañas de libros escritos acerca del arte, no se ha dado de este ninguna definición verdadera. Estriba la razón de esto en que siempre se ha fundado la concepción del arte sobre la belleza.

Las únicas definiciones del arte que demuestran un esfuerzo para substraerse a esa concepción de la belleza, son las siguientes: 1º el arte es una actividad que tienen hasta los animales y que resulta del instinto de los juegos. 2º el arte es la manifestación externa de las emociones interiores, producida por líneas, colores, de movimientos, de sonidos o de palabras. 3º el arte es la producción de un objeto permanentemente o de una acción pasajera, propias para procurar a su productor un goce activo y hacer nacer una impresión agradable en cierto número de espectadores o de oyentes, dejando a parte toda consideración de utilidad práctica. Estas tres definiciones tampoco son exactas. La primera es inestable porque, en vez de ocuparse de la actividad artística propiamente dicha, sólo trata de los orígenes de la actividad.

La segunda definición es inexacta porque un hombre puede expresar sus emociones por medio de líneas, de sonidos, de colores o de palabras, sin que su expresión obre sobre otros, y en tal caso, no sería nunca una expresión artística. Y la tercera definición es inexacta porque se extiende desde los ejercicios acrobáticos al arte, mientras hay, por lo contrario, productos que pueden ser arte sin dar sensaciones agradables a su productor ni al público, así ocurre con las escenas patéticas o dolorosas de un poema o de un drama.

La inexactitud de todas estas definiciones proceden de que todas cuidan sólo del placer que el arte puede producir, y no del papel que puede y debe desempeñar en la vida de los hombres y de la humanidad.

Para dar la definición correcta de arte es innecesario cesar de ver en él un manantial de placer, y considerarle como una de las condiciones de la vida humana. Se advierte que el arte es uno de los medios de comunicación entre los hombres.

Toda obra de arte pone en relación el hombre a quien se dirige con el que la produjo, y con todos los hombres que simultáneamente reciben impresiones de ella. La palabra que transmite los pensamientos de los hombres, es un lazo de unión entre ellos, lo mismo le ocurre al arte. Lo que se distingue de la palabra es que este le sirve al hombre para transmitir a otros sus pensamientos, mientras que por medio del arte, sólo se transmiten sus sentimientos y emociones.

El arte propiamente dicho no empieza hasta que aquel experimenta una emoción, y queriéndola comunicarla a otros, recurre para ello a signos exteriores.

Los sentimientos que el artista comunica a otros pueden ser de distinta especie. Toda obra que los expresa sí es obra de arte. Desde que los espectadores u oyentes experimentan los sentimientos que el autor expresa, hay obra de arte.

Durante siglos la humanidad sólo se fijó en una porción de esa enorme y diversa actividad artística: en la porción de obras de arte que tenían por objeto la transmisión de sentimientos religiosos. Los hombres negaron importancia a todas las formas del arte que no eran religiosas, a las canciones, bailes, cuentos de hadas, etc y únicamente por azar los grandes maestros de la humanidad censuraron ciertas manifestaciones de este arte profano, cuando se les antojaban opuestas a las concepciones religiosas de su tiempo. Así los sabios antiguos, Sócrates, Platón, Aristóteles, entendieron el arte, y así lo entendieron los profetas hebreos y los primeros cristianos, así lo entienden todavía los islamistas.

Antes se temía que entre las diversas obras de arte hubiera algunas que pudiesen corromper a los hombres, y por impedir su acción deletérea se condenaba el arte, pero hoy el temor de privarse de un placer basta para hacernos favorecer todas las artes, a riesgo de admitir algunas extremadamente peligrosas. Error mucho más grosero que el otro y que produce consecuencias mucho más desastrosas.

Conclusion



En resumen la definición de arte todavía no se ha dado y puede que sigan pasando siglos antes de ser resuelta esa pregunta. Cada vez se comprende mejor que el arte no va unido a la belleza como los tratadistas estéticos han sugerido, sino que mismamente una pintura por cruel y sangrienta que sea, como Saturno devorando a uno de sus hijos del gran artista Francisco de Goya, se considera arte bella.





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