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Alimentos Transgénicos Ingeniería genética parte 3 - Monografía



 
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Hibridación



Uno de los más importantes riesgos medioambientales que acarrean los cultivos manipulados es que, una vez cultivadas las semillas, aparezcan híbridos entre esas plantas transgénicas y otras salvajes, pero de la misma familia, situadas en sus inmediaciones. No sería extraño que estas nuevas plantas incorporasen la propiedad artificial, como la resistencia a algunos herbicidas.

Otro problema que plantean los grupos ecologistas ante las prácticas de la biotecnología es que los productos manipulados pueden estar contribuyendo al aumento de la resistencia a los antibióticos registrado desde hace unos años en todo el mundo.
El problema sería que algunas multinacionales introducen genes marcadores de resistencia a ciertos antibióticos en las células madre para comprobar rápidamente y a gran escala que su manipulación ha tenido éxito. Con ello, según advierten estos grupos, se está provocando el fenómeno generalizado de la resistencia a los antibióticos.
Mientras entre la población surgen y crecen las dudas sobre la seguridad de los alimentos resultantes de la biotecnología, los científicos insisten en señalar que por el momento nadie ha podido demostrar que estos alimentos sean malos para la salud y que ninguna persona ha enfermado o desarrollado problemas por consumirlos.
También apoyan sus tesis señalando que todos los alimentos comercializados en Estados Unidos, Australia y Europa han pasado estrictos controles sanitarios que avalan su seguridad.
Además, las multinacionales que se dedican a la producción de variedades genéticamente modificadas señalan que sus productos suponen un importante aumento de las producciones y son considerablemente más respetuosos con el medio ambiente al posibilitar una reducción del número de tratamientos con productos químicos como herbicidas e insecticidas.

La Food and Drug Administration (FDA), la agencia encargada de regular y controlar los alimentos y los fármacos en Estados Unidos, establece unos requisitos que deben cumplir los alimentos nuevos que llegan al mercado para conseguir su aprobación.
Los nuevos genes tienen que estar bien caracterizados, no codificar ninguna sustancia peligrosa y ser fácilmente manipulables. Además, las plantas transgénicas no pueden contener niveles de sustancias tóxicas por encima de lo que tolerable. De ninguna forma los nuevos alimentos pueden ser diferentes en su composición nutritiva ni en la biodisponibilidad de los nutrientes para el organismo. La FDA también establece que si en el alimento transgénico se han insertado genes de otras plantas con conocida capacidad antigénica, los productores deben minimizar la expresión de la proteína potencialmente peligrosa.
En lo relativo a la resistencia a los antibióticos, la FDA considera que la posibilidad de que tal resistencia se desarrolle y de que ciertos antibióticos sean ineficaces en caso de infección es muy remota, ya que la transferencia de un gen de un alimento a una bacteria intestinal es un hecho desconocido.

En España



Los controles establecidos por la FDA no sólo afectan a Estados Unidos, ya que los productos genéticamente modificados también se cultivan y comercializan en muchas otras partes del mundo. Debido a la enorme expansión y al escaso control de estos productos en España, el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) acaba de inaugurar el primer laboratorio que se dedicará a analizarlos y a identificarlos para garantizar la seguridad de los consumidores.
Hasta ahora, el Ministerio de Agricultura ha inscrito en el Registro de Variedades Comerciales dos tipos de semillas de maíz transgénico, aunque por el momento sólo se ha sembrado una de esas variedades.

Según datos facilitados por la Comisión Europea, actualmente este tipo de alimentos se cultivan experimentalmente en Andalucía, Asturias, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Cataluña, Extremadura, Madrid y Valencia. En Navarra y Zaragoza ya hay cultivadas 20.000 hectáreas de maíz transgénico resistente a las plagas de taladro para su uso comercial.

Otros alimentos como la soja o la colza tienen autorización para comercializarse pero no para cultivarse, por lo que se importan de Estados Unidos. En el cuadro de esta página se muestra qué cultivos transgénicos, experimentales o comerciales, están autorizados en España.
Estos productos se destinan fundamentalmente a consumo animal, lo que supone una vía de acceso de los productos modificados a la cadena alimentaria humana por medio de la leche, los huevos o la carne de los animales que los consumen. Por lo tanto, este tipo de alimentos y sus derivados están mucho más extendidos de lo que se pueda imaginar. En 1998 se plantaron en todos el mundo 33 millones de hectáreas de cultivos transgénicos: el 88 por ciento en Estados Unidos y Canadá, el 6 por ciento en Asia, un 6 por ciento en Hispanoamérica y un porcentaje muy pequeño en Europa.
Actualmente, en todo el mundo se comercializan más de 50 variedades de plantas transgénicas. Las estimaciones señalan que entre 10.000 y 30.000 productos que se venden en los comercios europeos contienen soja transgénica: margarinas, cervezas, chocolates, repostería, alimentos infantiles, productos dietéticos, etc.
En fin, una lista interminable y muy difícil de identificar por las vaguedades con que estos productos se identifican en las etiquetas de los alimentos. Pero los productos transgénicos no sólo suponen quebraderos de cabeza y confusión entre los consumidores. En la otra cara de la moneda están los agricultores que deciden comprar estos productos para mejorar la rentabilidad de sus cosechas.
Es indudable que si se producen alimentos transgénicos es porque a quien los produce le resulta muy rentable, pero no es oro todo lo que reluce: sólo hace falta una prueba para demostrarlo.
Hace poco más de un mes se conoció esa prueba: Monsanto, la más importante empresa biotecnológica del mundo, obliga a los agricultores estadounidenses que compran sus semillas a renunciar a salvar lo mejor de una cosecha para el año siguiente, una costumbre que el hombre practica desde que descubrió la agricultura. De este modo, la multinacional se asegura el mercado año tras año.

Policía genética



La Fundación para el Avance Rural (RAFI) ha denunciado la existencia de una suerte de policía genética que vela por que los agricultores no guarden semillas transgénicas y que, de este modo, los intereses de Monsanto no se vean perjudicados. Pero, según han señalado portavoces de la citada asociación agraria, en muchos casos es imposible controlar la procedencia de las semillas que crecen en un campo. Puede que el polen procedente de un campo cultivado con maíz transgénico pase a los campos vecinos, produciéndose de este modo un híbrido transgénico. Y esto puede no ser más que el inicio.
La llegada de una nueva tecnología llamada Terminator puede ser bastante más grave. Consiste en incapacitar genéticamente una semilla para germinar. Se consigue introduciendo tres genes que en el momento adecuado impulsan la producción de una toxina esterilizante en la semilla. De este modo se obliga al agricultor a comprar las semillas cada año al comienzo de la cosecha.
El asunto es bastante grave: la agricultura supone el 65 por ciento de la economía mundial y, según los expertos, en el año 2005 el 25 por ciento de los cultivos de todo el mundo serán transgénicos. La venta de semillas genéticamente modificadas es un negocio creciente, por lo que hay muchos y sustanciosos intereses en juego. Y como señalan desde Monsanto, nadie obliga a los agricultores a comprar sus semillas, y quien lo haga ha de atenerse a las condiciones del contrato.
La moratoria de facto europea puede frenar temporalmente la expansión de estos cultivos, pero si no surgen nuevos problemas o si los científicos no encuentran efectos secundarios para la salud, el empuje del mercado y las ventajas de los transgénicos acabarán por imponerse.

La biotecnología: una práctica ancestral



La biotecnología consiste en la utilización de seres vivos o parte de ellos para modificar o mejorar animales o plantas o para desarrollar microorganismos. El hombre lleva miles de años utilizando estas prácticas para mejorar su alimentación, aunque los métodos actuales han cambiado radicalmente las formas y la eficacia. La primera vez que se usó algo parecido a lo que hoy se entiende por biotecnología fue para producir bebidas alcohólicas. Los responsables de esta primera gran melopea biotecnológica fueron los babilonios, hacia el año 6.000 antes de Cristo. Y en el año 4.000 a C. los egipcios recurrieron de nuevo a esta técnica para producir pan y cerveza. Mil años después, en Oriente Medio se usó la forma primitiva de la biotecnología para conseguir la fermentación de la leche en forma de queso y de yogur, logro que franceses y suizos, hoy reputados maestros queseros, tardaron 4.000 años más en conseguir; también el vinagre se obtuvo por este medio en Egipto 400 años antes de Cristo.
Las aplicaciones de la biotecnología han hecho posible los descubrimientos de Pasteur y las leyes de la herencia genética de Mendel. El primer medicamento producido por ingeniería genética se comercializó en 1982, y la primera patente sobre un animal transgénico, un ratón, se registró en 1988. Y quién sabe el camino que queda por recorrer…

DEFENSA DEL CONSUMIDOR/ FRANCIA:



Preocupación por alimentos transgénicos



PARIS, ago (Consumers International-IPS) La mayoría de los habitantes de Francia manifestó estar inquieta por el consumo inadvertido de alimentos modificados genéticamente, de acuerdo a dos estudios realizados en los últimos dos meses.
Una encuesta hecha en julio por el Centro de Investigación de Estudios, Documentación y Observación de las Condiciones de Vida reveló que 88 por ciento de los consultados está preocupado por los eventuales riesgos a los que están expuestos por consumir alimentos transgénicos sin saberlo.
Paralelamente, el centro de ensayos del Instituto Nacional del Consumo informó que luego de una análisis realizado a 45 procuctos fabricados en base a soja y maíz se descubrió que nueve de ellos contenían elementos genéticamente modificados.
El centro también explicó que en ninguno de los etiquetados de esos productos se mencionaba la situación, lo que produjo un fuerte malestar e hizo saber que no aceptará más que se burle el derecho de los consumidores a ser informados.
Una reunión del Comité respectivo del Códex Alimentarius, encargado de establecer las normas internacionales sobre etiquetado de productos alimentarios, impidió que sea obligatorio informar en el etiquetado si contienen o no insumos transgénicos.
En este encuentro, realizado en mayo en Ottawa, los representantes de la industria alimentaria y los delegados de Estados Unidos, Brasil Canadá, Nueva Zelandia y Australia se opusieron a fijar un etiquetado obligatorio para esos productos.
Por su parte, las delegaciones de India y Noruega respaldaron
el derecho de los consumidores a la información, pero quedaron en minoría.
En el Códex y sus comités están representados los gobiernos de los países que forman parte de la Organización Mundial de la Salud y del Fondo de Naciones Unidas para la Agricultura. (FIN/Consumers International-IPS/98). (CREDOC)

CUALTIVACIÓN DE PRODUCTOS TRANSGÉNICOS



DUEÑAS (PALENCIA).-

Aquí se cultivan transgénicos. A primera vista nadie lo diría. Si no fuera por los carteles que indican en grandes letras “Maiz Roundroup Ready”. Debajo, un logotipo y el nombre de una empresa: Monsanto.
La gran multinacional, que en 1980 abrió su sede en España, lleva a cabo ensayos de campo, con cultivos alterados genéticamente, en fincas repartidas por toda la geografía española.
Estamos en Dueñas (Palencia). La finca de San Miguel, una enorme propiedad de 600 hectáreas, es una de las pioneras en la colaboración con Monsanto. Su propietario, Ventura Caballero, lleva varios años de matrimonio con la empresa. “Me gusta colaborar con ellos, porque a todas las peticiones que yo hago, acceden. Creo que es beneficioso para el agricultor, para ellos también. Todos salimos ganando”, dice.
La colaboración es sencilla: el agricultor presta parte de su finca y allí cultiva alimentos alterados genéticamente. A cambio: son remunerados, por lo que dejan de plantar, y se enteran de todas las novedades antes siquiera de su aprobación en el mercado.
Es probar insisto, antes que nadie, productos que todavía tardarán un tiempo en estar en nuestras tiendas. El sistema de los ensayos de campo es harto complicado. Toda una odisea desde que un gen se aísla en un laboratorio para aplicarlo después a un cultivo hasta que éste llega a la boca humana.
Jaime Costa es director técnico de Monsanto en España. Explica los pasos que se requieren para llevar a cabo un ensayo de campo: “En primer lugar, hay que presentar datos sobre la transformación genética que se ha llevado a cabo y demostrar que se conocen las consecuencias. Con esa información, la Comisión Nacional de Bioseguridad, formada por 34 expertos, da su visto bueno. A continuación, informan a las comunidades autónomas donde se han solicitado los ensayos para que éstas decidan si los autorizan o no”.
“Si lo hacen, normalmente imponen unas condiciones. En este caso, por ejemplo, no puede haber maíz natural a 200 kilómetros a la redonda”, explica. Y, una vez que se ha ensayado, ¿qué tiene que ocurrir para que se autorice el consumo? Para Costa, el proceso en la UE es largo.
En Estados Unidos, apenas tardan seis meses desde que se ve la idoneidad de los ensayos hasta que se autoriza el consumo. En Europa, como poco, tardan dos años, porque aunque se dé el visto bueno a las pruebas, se requiere un periodo de seguimiento para ver si afectan al medio ambiente.
Costa cree que este retraso afecta sobre todo a los agricultores, “que tienen que competir en el mercado con productos americanos o argentinos cuyos cultivos, al ser resistentes a determinadas enfermedades, salen, por tanto, más baratos”.
A largo plazo, Costa cree que la laxitud de los permisos afecta también a los consumidores: “Con todas estas regulaciones, no siempre claras, parece que se está diciendo de forma subliminal que las modificaciones genéticas modernas no son tan seguras como las de antes, cuando es lo contrario”.
La empresa Monsanto tiene la esperanza de que la situación se normalice. Equiparan el recelo que provocan las modificaciones transgénicas con el que provocaron en su día todos los grandes inventos.
Luz Medina, delegada de Desarrollo de la empresa en Castilla y León, es así como lo explica: “Es como cuando se inventaron los coches, nadie podía saber a ciencia cierta qué iba a pasar con ese invento en los siguientes años, cuántos muertos iba a causar; y seguro que hubo gente que se aferró a los vehículos ya existentes”.

EL MUTUO BENEFICIO



¿Qué diferencia un alimento trasgénico de otro que no lo es? En el caso del maíz roundup ready, una de las variedades con las que Monsanto trabaja, sólo un gen marca la distinción frente al maíz natural. Este gen evita que el taladro, una especie de gusano de la familia de las mariposas, pesadilla de la mayoría de agricultores, se coma la cosecha. La relación entre Monsanto y los agricultores responde a un beneficio mutuo.

Muchos campesinos colaboran con la multinacional en los ensayos de campo cediendo sus parcelas para el cultivo de productos alterados genéticamente. A cambio, reciben una remuneración adecuada a “lo que hubieran ganado si hubiesen plantado allí algo que se pudiera vender”, explica Costa. “Yo creo que la controversia despertada por ciertos grupos que dicen lo que dicen es porque no conocen esto lo bastante”, dice el agricultor Ventura Caballero.
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Concluciones



Las perspectivas de la aplicación de la biotecnología moderna a la cadena alimentaria (producción primaria de alimentos, transformación y conservación) son múltiples, lo mismo que el debate que tiene lugar en todo el mundo. øLogrará la biotecnología una producción de alimentos más sostenible a nivel mundial?, y a este respecto, ¿ayudará a cumplir las promesas más recientes de la “revolución verde”?

La respuesta controvertida a esta cuestión se basa en el concepto de “sostenibilidad”, cuyo significado está lejos de ser aceptado unánimemente. Una cosecha modificada genéticamente, que es más resistente a factores abiogénicos y puede dar lugar a rendimientos de producción más altos, øestaría considerada en línea con el concepto de sostenibilidad o debería prevalecer el concepto de que es más importante evitar cualquier riesgo de desequilibrar un ecosistema específico?
Otra cuestión importante es si la biotecnología hará que nuestro suministro de alimentos sea más seguro. La respuesta a esta cuestión se refiere necesariamente al concepto ya mencionado de equivalencia sustancial y también a los principios HACCP. Con referencia a estos últimos es importante, en opinión de los autores, determinar si riesgos nuevos y específicos son intrínsecos a la introducción de alimentos transgénicos o nuevos, su importancia relativa y si la prevención de estos posibles riesgos puede obtenerse efectivamente por medio de “Puntos Críticos de Control” o “CCP”. En consecuencia, para cumplir con la Directiva del Consejo 93/43/EEC del 14 de junio de 1993, los empresarios de la industria alimentaria deberían desarrollar, voluntariamente, “guías específicas para una buena práctica higiénica”, abarcando actividades de identificación, control y vigilancia importantes para los puntos críticos de la cadena completa del procesamiento de alimentos, desde la preparación a la distribución.

El 5 Programa Marco de la UE (1998-2002) incluye “Salud y Alimentación” entre las acciones clave del Programa Temático Seres vivos y ecosistema, que están estrechamente relacionados. Feuerbach dijo una vez que “los hombres son lo que comen”, y en este espíritu, una manera más sana de comer puede desempeÒar un papel en la mejora de la calidad general de vida. La UE ha elegido proporcionar a sus ciudadanos un “marco permanente” para garantizar un nivel de calidad alimentaria más alto. Para alcanzar este ambicioso objetivo, se podrá hacer uso del desarrollo de tecnologías nuevas, en particular la biotecnología, como una herramienta poderosa, si se utiliza correctamente. El significado de “correcto”, en este caso, sólo puede ser decidido por las interacciones de las demandas de los diferentes grupos interesados: consumidores, investigación pública y privada, agricultores, ganaderos y fabricantes de productos alimenticios, políticos, organizaciones religiosas y medioambientales.


EXPOSICIÓN DEL PROBLEMA


1. La orientación de la ingeniería genética hacia productos comercializables ha dado lugar a una creciente preocupación pública por el impacto de la nueva biotecnología, así como por sus repercusiones sociales, y en la seguridad y la salud de las personas. Esta creciente preocupación pública tiene un sólido fundamento científico si se considera el desarrollo de la industria biotecnológica en su conjunto.
2. Especialmente preocupante es el hecho de que la rápida expansión de la biotecnología no haya sido correspondida a nivel oficial por un incremento paralelo de esfuerzos y capacidades institucionales (bien a nivel nacional o internacional), para evaluar, supervisar, reglamentar o controlar la tecnología de ingeniería genética y su aplicación.
3. Muchos de los supuestos beneficios de la ingeniería genética han sido exagerados por quienes propugnan esta tecnología, o bien carecen de una base científica adecuada.

FISURAS EN LA TEORÍA CIENTÍFICA



4. Muchos científicos cuestionan cada vez más la validez científica de las premisas básicas del paradigma sobre el que se asienta la ingeniería genética.

5. Uno de los supuestos fundamentales de la ingeniería genética es que cada uno de los  caracteres específicos de un organismo está registrado en forma de código en uno o   varios genes específicos y estables, de forma que la transferencia de un gen discreto tiene como resultado la transferencia de un determinado caracter. Este reduccionismo genético  llevado a un grado extremo ha sido rechazado por muchos biólogos, dado que no tiene en cuenta las complejas interacciones entre los genes y el medio celular, extra-celular y externo.

6. Es más, la modificación del medio que rodea a un gen puede provocar modificaciones en cadena imprevisibles, que podrían resultar dañinas en términos de seguridad alimentaria o el medio ambiente, por ejemplo.

Como consecuencia de la transferencia de material genético a un huésped lejano, los circuitos de control que actúan de “barrera” estabilizadora de un gen quedan expuestos a posibles perturbaciones, pudiendo quedar desactivados en el nuevo huésped. Por ello, en un número considerable de casos ha sido imposible predecir las consecuencias de la t ransferencia de un gen de un tipo de organismo a otro.

7. A la ya de por sí enorme complejidad de cada organismo, que puede frustrar la predicción de resultados, hay que sumar el hecho conocido de que los genomas de todas las poblaciones de organismos son fluidos (sujetos a infinidad de procesos desestabilizadores) de forma que el gen transferido puede mutar, transponerse, o recombinarse
dentro del genoma, e incluso ser transferido a otros organismos u otra especie. La estabilidad de organismos y ecosistemas puede verse perturbada y amenazada.

8. Especialmente preocupante es el hecho de no es posible recuperar los organismos manipulados mediante ingeniería genética (OMGs) que han sido liberados intencionalmente, o que han escapado de su confinamiento, caso de que en un futuro se demostrase que tienen efectos adversos. Algunos podrían migrar, sufrir mutaciones y multiplicarse de forma incontrolable, con efectos imprevisibles y potencialmente dañinos.

RIESGOS ECOLÓGICOS, PARA LA SALUD, Y SOCIALES


9. Varios años de investigación y de análisis han puesto de manifiesto que en la ingeniería genética y en los OMGs hay un enorme potencial de efectos adversos para la salud y el medio ambiente. Los riesgos ecológicos de la aplicación de la ingeniería genética al campo de la agricultura incluyen la posibilidad de que cultivos transgénicos puedan convertirse en malas hierbas nocivas, afectando a los ecosistemas silvestres.
Las plantas manipuladas mediante ingeniería genética para producir sustancias tóxicas que actúen como pesticidas, podrían envenenar otros organismos, además de los que se pretendía eliminar. Es posible que plantas manipuladas mediante ingeniería genética para albergar virus y/o fragmentos de virus puedan facilitar la creación de virus nuevos que originen nuevas enfermedades en las plantas. La ingeniería genética puede favorecer igualmente los monocultivos, y erosionar la diversidad agrícola, amenazando en especial los centros mundiales de diversidad de los cultivos que se encuentran en los países en vías de desarrollo.

10. La diversidad biológica ordenada es la base para la estabilidad ecológica, en la actualidad ya gravemente debilitada, principalmente como resultado de la industrialización global, urbanización y prácticas agrícolas esquilmantes globales. La liberación de OMGs en el entorno podría perturbar radicalmente el modelo dinámico de relaciones funcionales sobre el que se asienta la evolución biológica y la estabilidad ecológica.

11. Existen también graves riesgos para la salud. Algunos OMGs han sido conseguidos utilizando como vectores virus y transposon manipulados artificialmente para conseguir una especificidad menor. Dado que los virus y los transposon pueden provocar mutaciones, los vectores manipulados podrían ser carcinógenos para seres humanos y animales. De la misma manera los alimentos más comunes, tratados con ingeniería genética, podrían convertirse en sustancias peligrosas para el metabolismo, o incluso tóxicas.

12. Las personas con alergias a ciertos tipos de alimentos estarían expuestas a mayores riesgos, dado que alimentos anteriormente inocuos pueden convertirse en alergénicos como resultado de la manipulación mediante ingeniería genética. Los trabajadores del campo, y vecinos de cultivos insecticidas transgénicos pueden igualmente desarrollar alergias a los mismos.
13. La muerte de varias decenas de personas y la mutilación de cientos en Norte América en 1989, tras haber ingerido una tanda de L-triptofan elaborado utilizando bacterias manipuladas mediante ingeniería genética, es un ejemplo de los imprevisibles problemas para la salud derivados del consumo de alimentos producidos con ingeniería genética.

14. Aparte de los riesgos para el entorno y para la salud, es probable que mediante las nuevas tecnologías se produzcan sustitutivos que reemplacen diversos cultivos naturales, con gravísimas repercusiones sociales y económicas en países en desarrollo, así como en algunas comunidades campesinas de los países industrializados.

15. Las nuevas biotecnologías tendrán además graves implicaciones éticas y culturales. La ingeniería genética está suscitando importantes cuestiones éticas, referidas a la alteración, manipulación y propiedad de las diversas formas de vida. El desarrollo de nuevas tecnologías en el campo de la medicina tendrá también un profundo impacto en los valores culturales. El ritmo de crecimiento de la biotecnología es tan rápido que va muy por delante de la capacidad de la sociedad para abordar estas cuestiones éticas y culturales.

DESCUIDO DE LAS NORMAS Y DIRECTRICES DE SEGURIDAD



16. El tremendo crecimiento de la biotecnología no ha sido correspondido por un desarrollo paralelo de la necesaria infraestructura para educación e investigación en cuestiones de bioseguridad, para evaluación de los impactos de la ingeniería genética, y para reglamentación y medidas de seguridad.

17. Se ha destinado una inversión excesiva de recursos financieros, humanos e infraestructuras a la investigación y formación relacionada con ingeniería genética. La promoción de la ingeniería genética ha alterado radicalmente el equilibrio en investigación y formación en las diversas Ciencias de la Vida, de forma que el estudio y desarrollo de alternativas tecnológicas han sido disminuidos de forma grave.

Esta tendencia al reduccionismo en las Ciencias de la Vida ha llevado al desmantelamiento de la infraestructura relacionada con otros enfoques científicos más holísticos e integradores, de gran importancia para resolver problemas sociales apremiantes, como la enfermedad y el hambre. Por otra parte, los recursos destinados a la evaluación y estudio de impacto de la ingeniería genética son en general inadecuados, lo que redunda en el descuido de estos aspectos.

18. En la actualidad no hay una ciencia predictiva exacta, ni ecología predictiva exacta capaz de prever el comportamiento y efectos de los OMGs. Los estudios de dinámica ecológica revelan el amplio espectro de comportamientos complejos típico de sistemas en los que se dan complicados acoplamientos y respuestas entre los diferentes procesos. Ello hace que cualquier pronóstico sea inherentemente problemático, y exige un especial cuidado en la deducción de hasta las más inciertas conclusiones. Sin embargo, quienes regulan la biotecnología tienden a no aplicar los conocimientos más avanzados de la ciencia moderna en la evaluación de sus riesgos. El principio de precaución debería ser aplicado de forma estricta, por tanto, a las actividades de ingeniería genética.

19. Hay base fundada para sospechar que quienes propugnan la ingeniería genética están siguiendo una política de “ignorancia estratégica”, caracterizada por el descuido de normas y consideraciones sobre seguridad, el menosprecio de contribuciones y evaluaciones científicas, y la ocultación de información sobre efectos adversos.

20. La falta de una “cultura de la seguridad” es extensible también a la política institucional. Incluso en los países industrializados, en términos generales la atención que se presta a la supervisión y evaluación de la investigación y otras actividades relacionadas con la ingeniería genética es inadecuada, mientras que los mecanismos legales, de regulación, y de compulsión en lo que se refiere a seguridad son igualmente deficientes, cuando no inexistentes.21. La inadecuación de medidas y políticas de seguridad es aún más grave, cuando se reconoce que algunos caracteres de organismos modificados pueden tardar décadas o incluso más tiempo en manifestarse. En la actualidad la observación de OMGs abarca tan sólo unos años. Un organismo declarado “seguro” en este tipo de evaluación a corto plazo puede posteriormente resultar peligroso.

22. El problema puede complicarse en el caso de transferencias de actividades de ingeniería genética y OGMs, especialmente a países en desarrollo donde la infraestructura científica y legal para hacer frente a posibles problemas es aún menos adecuada.

PROPUESTAS DE MEDIDAS A TOMAR



23. Las tendencias actuales en el campo de la ingeniería genética son motivo de grave preocupación. Las siguientes propuestas se formulan para alertar a las autoridades nacionales e internacionales competentes sobre la necesidad de medidas y normativa para la supervisión y el control de las actividades de ingeniería genética.

24. Los gobiernos y las instituciones intergubernamentales competentes debieran considerar seriamente y con la mayor urgencia la necesidad de una moratoria sobre la liberación comercial de organismos manipulados mediante ingeniería genética en el medio, así como los mecanismos necesarios para ello, con el fin de crear el espacio necesario para un discurso correcto sobre las evaluaciones de impacto ambiental, social y sobre la salud, y sobre procedimientos de prevención de riesgos, realización de pruebas y supervisión.

25. Dicha moratoria tendría por objeto hacer posible un examen científico de cuestiones sobre seguridad, así como la incorporación de aportaciones científicas a las políticas institucionales. Debería además procurar un plazo suficiente para la realización de pruebas y estudios de los efectos de organismos manipulados mediante ingeniería genética a corto, medio y largo plazo.
La moratoria debería conducir a un conocimiento y evaluación más comprensivos de los impactos de la ingeniería genética, de forma que se creen las condiciones precisas para la introducción de políticas y de un enfoque racional y a largo plazo en cuestiones sociales, económicas, éticas y de seguridad.

26. Debería establecerse un reglamento internacional apropiado sobre bioseguridad que sea vinculante a efectos legales, como el Protocolo de la Convención de Biodiversidad, o una Convención sobre Bioseguridad por separado, para asegurar la supervisión y regulación de las transferencias internacionales de proyectos de investigación en ingeniería genética, actividades y tecnologías comerciales, y el desarrollo, transferencia y utilización de organismos manipulados mediante ingeniería genética. Dicho instrumento legal debería asimismo establecer unas normas nacionales mínimas en materia de seguridad para las diversas actividades que implican el uso de ingeniería genética, y proporcionar directrices para el desarrollo de experiencia, programas de investigación básica y otras infraestructuras pertinentes.

27. El Principio de Precaución (”Cuando hubiere riesgos de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no debería emplearse como argumento para justificar la dilatación de medidas que impidan la degradación ambiental”), incorporado en 1992 a la Declaración de Río de los Jefes de Estado del mundo, debería regir siempre las políticas y actividades relacionadas con la ingeniería genética.

28. Deberían asignarse recursos más amplios y adecuados para la realización de evaluaciones científicas y objetivas de los efectos sociales, económicos, y sobre la seguridad y la salud, de la ingeniería genética.

29. Las instituciones oficiales, industrias, e investigadores deberían hacer un esfuerzo urgente por adoptar una “cultura de la seguridad”, en la cual seguridad y salud constituyan la máxima prioridad. Cada gobierno, y los gobiernos colectivamente a través de las agencias multilaterales, deberían establecer un amplio marco general para la evaluación de impacto, políticas de seguridad, y medidas de regulación y de compulsión, acompañado de un debate público bien informado.

30. Los Gobiernos deberían instituir urgentemente registros nacionales para los proyectos de investigación y otras actividades que conllevan el uso de ingeniería genética (inclusive liberaciones actuales y anteriores), y establecer sistemas de supervisión como parte integrante de las medidas de seguridad normales.

31. Debería llevarse a cabo un inventario global de liberaciones de OMGs, cuya información debiera estar a disposición de cualquier país.

32. Debería igualmente establecerse un sistema internacional de alarma precoz para alertar de posibles resultados adversos relacionados con OMGs.

33. Debería revisarse la asignación de recursos financieros, humanos y de infraestructuras destinados a investigaciones relacionadas con la biotecnología, actualmente sobredimensionada. En su lugar, la investigación y formación en Ciencias de la Vida, en la actualidad excesivamente centradas en la ingeniería genética, deberían equilibrarse, dedicando mayor atención a perspectivas más amplias, más holísticas o integradoras, que incluyan enfoques que pueden contribuir a soluciones alternativas a los actuales problemas sociales.

34. Los Gobiernos y Agencias Inter-gubernamentales (incluida la Organización de Naciones Unidas) deberían preocuparse especialmente por las implicaciones de las nuevas biotecnologías sobre el medio ambiente, la salud, y cuestiones socio-económicas en los países en desarrollo. Deberían tomar medidas para evitar impactos negativos, en particular en las comunidades rurales. Deberían asimismo adoptarse medidas para proteger y promover la biodiversidad en la agricultura en los países en desarrollo, y estudiar el potencial que tienen las prácticas tradicionales para contribuir a la sostenibilidad de la agricultura.





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