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Acuerdos de cooperación parte 2 - Monografía



 
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CAPITULO II.



LA NOCION DEL DERECHO INTERNACIONAL



SECCION I



EL CONCEPTO DEL DERECHO INTERNACIONAL



Continuando con el pensamiento del profesor Díez de Velasco, que, para los efectos del presente trabajo de graduación resulta ser el de mayor comprensión, se puede definir al Derecho Internacional, como un sistema de principios y normas que regula las relaciones de coexistencia y de cooperación, frecuentemente institucionalizada, además de ciertas relaciones comunitarias, entre Estados dotados de diferentes grados de desarrollo socioeconómico y poder.

En primer lugar, nos dice: es un sistema de principios y normas. Se define corrientemente el Derecho Internacional como un conjunto de principios y normas; si así se hiciera, se olvidaría su carácter esencial de proceso. situando en primer plano el aspecto estático (el conjunto de normas), que tiene por interés si lo separamos del aspecto dinámico, es decir, de la producción y cambio de las normas y de su aplicación, así como de sus relaciones o conexiones.

En segundo lugar, menciona que dicho sistema regula las relaciones de coexistencia y de cooperación, frecuentemente institucionalizada, además de ciertas relaciones comunitarias, entre Estados dotados de diferentes grados de desarrollo socioeconómico y poder. El elemento de la coexistencia y

cooperación es el que permite caracterizar al Derecho Internacional contemporáneo como un tipo histórico concreto y diferenciado de los que le han precedido. También puede apreciarse que el concepto se basa, desde la perspectiva de los sujetos, en los Estados soberanos, individualmente considerados o integrados en la estructura compleja de las Organizaciones Internacionales  intergubernamentales que han roto el monopolio del Estado como sujeto exclusivo del Derecho Internacional y se han convertido en cauces permanentes e institucionalizados para la cooperación entre los Estados.

SECCION II.



EL CONTENIDO DEL DERECHO INTERNACIONAL



El Derecho Internacional está formado por un conjunto de normas jurídicas que rigen las relaciones de los Estados entre sí y también las de éstos con ciertas entidades que, sin ser Estados, poseen personalidad jurídica internacional. Además comprende las normas jurídicas que rigen el funcionamiento de las organizaciones internacionales y sus relaciones entre sí.

Ese conjunto de normas ha tenido diversas denominaciones desde comienzos del siglo XVII, en que empezó a concretarse como un cuerpo de doctrina.

SECCION III



EL CONCEPTO DE TRATADO INTERNACIONAL



El mecanismo de creación de normas internacionales a través del Tratado Internacional ha tenido y tiene una importancia capital en el Ordenamiento Internacional. Por otro lado podemos ver en él la forma más viable para la codificación de las normas internacionales no escritas, o bien aquellas que padecen de la consiguiente falta de precisión por estar dispersas en los Tratados.

Su importancia es obvia en nuestro Derecho, dada la falta de un poder legislativo institucionalizado en la Comunidad Internacional.

El Tratado Internacional, en un sentido amplio, no es otra cosa que un negocio jurídico con características propias debido a la categoría que en él intervienen-Estados y otros sujetos de la Comunidad Internacional- y a otras peculiaridades, entre las que cabe poner de relieve a las reservas.

El jurista Jiménez de Aréchaga, lo ha definido como “toda concordancia de voluntades entre dos o más sujetos de Derecho Internacional, destinada a producir efectos jurídicos; es decir, a crear, modificar o extinguir un derecho”

Con el fin de encontrar una definición internacionalmente aceptada del tema que en este apartado nos ocupa, se citará textualmente los que la Convención de Viena sobre el Derecho de Tratados define al respecto:
“se entiende por tratado un acuerdo internacional celebrado por escrito entre Estados y regido por el Derecho Internacional, ya conste en un instrumento único o en dos o más instrumentos conexos y cualquiera que sea su denominación particular.”

Cabe también, la posibilidad de que los Tratados Internacionales reciban otras denominaciones, como por ejemplo: Acuerdo, Convención, Carta, Pacto, Concordato, Modus Vivendi, Protocolo, Estatuto, etc., pero por eso no se puede dejar de considerarlos como tratados en sí mismos.

Por lo indicado, no quiere decir que no existan Acuerdos Internacionales con características distintas a las contempladas en el Convenio. Así, podemos considerar también como Acuerdos Internacionales: a) los concertados entre Estados, entre Estados y otros sujetos de Derecho Internacional o entre estos últimos entre sí. Lo que no podemos considerar como tales, son los acuerdos suscritos entre personas privadas y entre los Estados y las personas privadas.

Con la finalidad de no dejar un vacío en torno al tema de los distintos significados que tienen las múltiples acepciones de la palabra tratado, es menester investigar más a fondo para dar un detalle de los diferentes significados de cada una de ellas, que aunque no sea parte del tema principal de esta tesis de grado es importante mencionarlo a fin de enriquecer conocimientos.

La primera de las acepciones arriba indicadas es

ACUERDO:

  En esta se contempla con frecuencia la solución de cuestiones específicas; por ejemplo: El Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (G.A.T.T.)

En segundo plano tenemos

CONVENCION: 

La cual es utilizada en casos de menor importancia para designar acuerdos sobre una cuestión particular, como por ejemplo: la Convención Consular Centroamericana de 1887.

Como tercer punto tenemos

CARTA:

   La cual se refiere a ciertos tratados de suma importancia que fijan los propósitos, fines y normas de funcionamiento de una organización internacional; por ejemplo: la Carta de las Naciones Unidas de 1945 y la de la OEA de 1948.

En cuarto lugar encontramos al

PACTO: 

En otros tiempos solía emplearse para designar ciertos tratados de alianza entre dinastías reinantes; por ejemplo: el Pacto de Familia, entre Francia y España, concertado por los Borbón.

En el quinto puesto esta

CONCORDATO:

  Usado en los tratados para resolver cuestiones eclesiásticas, que concierta la Santa Sede con estados de religión católica.

La sexta acepción es

MODUS VIVENDI:

   Con esta expresión latina se designa el arreglo que fija un estado de cosas provisional, como en relación a cuestiones comerciales o limítrofes.

Como sétimo punto tenemos

PROTOCOLO:

   El cual es el instrumento que recoge una concordancia de voluntades.

En el lugar diez está

ESTATUTO:

  Que viene a ser el instrumento básico que regula la actividad de un importante órgano internacional; por ejemplo: El Estatuto del Fondo Monetario Internacional.


1. ELEMENTOS DE LOS TRATADOS INTERNACIONALES



Como el Derecho Internacional no contiene reglas específicas referentes a la forma de los tratados, no existen tampoco normas concretas con respecto al orden o disposición de las diversos elementos o partes constitutivas de los tratados escritos.  Usualmente, es observado el siguiente orden: La primera parte, denominada preámbulo , el cual comprende el nombre de los jefe de Estados contratantes, los de los representantes debidamente autorizados y los motivos de la celebración del tratado. En la parte segunda constan las disposiciones principales, numeradas por artículos.  La tercera parte, usualmente calificada de cláusulas finales,  comprende las disposiciones mixtas concernientes a la duración del tratado, la ratificación, la accesión de terceros Estados y otras cuestiones semejantes.  La parte última comprende las firmas de los representantes.   Esta distribución no es del todo absoluta, en algunas ocasiones el tratado no contiene las estipulaciones efectivamente pactadas por las partes contratantes, sino que figuran en un anexo del tratado.

2. COERCITIVIDAD DE LOS TRATADOS INTERNACIONALES


Buscar el fundamento de la coercitividad u obligatoriedad del Derecho Internacional no es otra cosa que preguntarse cual es en sus orígenes el factor que determina su fuerza obligatoria. Es el tratar de entender si ciertos actos o tratados en sentido amplio como se ha visto anteriormente, se pueden imponer a Estados soberanos. Podemos encontrar dos posiciones: 1) Los que buscan en el Derecho mismo la explicación del carácter obligatorio, parten de la afirmación de que las reglas de Derecho son producto de la voluntad, existen en virtud y por la voluntad y en ese sentido se restringe el Derecho a los hechos que constituyen manifestaciones de la voluntad del Estado. La voluntad del Estado es el origen del Derecho. y 2) Los que consideran que el carácter obligatorio está fuera del Derecho Internacional, estos dicen que la voluntad no basta para que ésta pueda engendrar obligaciones, debe ser por una norma superior que atribuya consecuencias jurídicas a la manifestación de voluntad, una norma que esté fuera del Derecho Internacional; la obligatoriedad y validez jurídica no dependen de la voluntad, sino de una norma puesta por encima de la voluntad, y se considera que lo que da fundamentación de obligatoriedad es la norma superior

Para los efectos de las presente tesis de graduación, se considera que el caso particular de la obligatoriedad o coercitividad de los acuerdos o tratados de cooperación se enmarca dentro de los llamados ACTOS UNILATERALES. Antes de abordar los presupuestos obligaciones de este tipo de actos, es menester dar  una muy breve definición de los que actos unilaterales significa.


a) ACTOS UNILATERALES



Se ha entendido en el mundo de las relaciones internacionales por acto jurídico unilateral, una manifestación de voluntad de un sólo sujeto del Derecho Internacional, cuya validez no depende prima facie de otros actos jurídicos y que tiende a producir efectos (creación, modificación, extinción o conservación de derechos y obligaciones) para el sujeto que la emite y para terceros con determinadas circunstancias.

Con la anterior definición, vemos como los acuerdos de cooperación de la Unión Europea se enmarcan dentro de la misma, es decir, los acuerdos de cooperación no son ni más ni menos que actos unilaterales de la Unión Europea hacia Centroamérica, ya que los mismos en términos generales no dependen del todo de actos que tengan que se ejecutados por el beneficiario de los mismos. Al analizar el marco general en que se desenvuelven los mismos, se observa que Europa (entiéndase Unión Europea) lo que hace en la gran mayoría de los casos, es proponer a todos o algunos de los países centroamericanos, para hablar de nuestro caso particular, la concertación de un tratado o un acuerdo de cooperación para el desarrollo de la región y los países que obtendrán el beneficio lo único que hacen es manifestar su conformidad o no con el mismo, y que en caso afirmativo, es decir que se acepte la oferta de ayuda, surge un vínculo jurídico de naturaleza obligacional para el ente que emitió la declaración de voluntad. En términos generales, al ser aceptado el acuerdo de cooperación, la Unión Europea queda vinculada por sus propias declaraciones, lo que significa que el contenido del acto unilateral es oponible al autor del mismo.

La oponibilidad de los actos unilaterales a su autor, es explicada por los autores de la materia como una consecuencia de la recepción por el Derecho Internacional de la institución conocida como Estoppel, que básicamente significa: “Cuando una persona, con sus palabras o con su conducta, produce voluntariamente a otra la creencia de la existencia de un determinado estado de cosas y la induce a actuar de manera que altere su previa posición jurídica, el primero no puede alegar frente al segundo que en realidad existía un estado de cosas diferente.”

Por todo lo visto, podemos concluir que efectivamente los acuerdos de cooperación al ser aceptados tiene fuerza obligatoria e incluso se pueden imponer de manera coercitiva, pero lo cierto es también que en muchos casos la oferta de esos convenios queda dentro del ámbito de la voluntad de quien los ofrece e incluso que acuerdos que se hayan desarrollado y finalicen sean renovados, ya que ello es mera voluntad del cooperante.


TITULO SEGUNDO



LOS ACUERDOS DE COOPERACION DE LA UNION EUROPEA


CAPITULO I.



ANTECEDENTES



SECCION I.



CONCEPTO DE ACUERDO DE COOPERACION



En vista de que los distintos autores consultados al respecto no abordan directamente lo que es el significado de acuerdo de cooperación, y, por ser lo anterior un punto indispensable para la presente investigación, se tratará de dar una definición tomando en cuenta la totalidad de los temas hasta ahora estudiados, es decir, se dará a la opinión personal del investigador.

Los acuerdos de cooperación, podemos definirlos como los arreglos o tratados que llevan a cabo los Estados, mediante los cuales uno de ellos, siempre en una posición de mayor riqueza material y, mundialmente denominado PAIS DESARROLLADO confiere a otro de menores recursos y denominado P.V.D. (PAIS EN VIAS DE DESARROLLO) una cantidad de fondos económicos para el desarrollo de un programa o plan específico, destinado a la promoción de asuntos de índole, económica, social, cultural, agrícola, educacional y por qué no, hasta gubernamental.

En la mayoría de estos acuerdos no existe una contraprestación por parte del Estado beneficiario, y en otros casos lo que se da es una contraprestación o una retribución al Estado o Estados cooperantes muy blanda, es decir, a un interés muy bajo y a largo plazo;  precisamente para que el Estado receptor de los fondos o los beneficios pueda desarrollar el proyecto sin mayores problemas o contratiempos.

SECCION II



ANTECEDENTES HISTORICOS EUROPA-CENTROAMERICA


Europa ha jugado un papel relevante en la historia centroamericana desde su inicio. Conquistados por los españoles a comienzos del siglo XVI, prácticamente todos los países centroamericanos se convirtieron en parte del Virreinato de México, organizados bajo la Capitanía General de Guatemala. Sin embargo, por el distanciamiento geográfico, la región siempre mantuvo cierto grado
de independencia y eventualmente desarrolló sus propias características nacionalistas. Este hecho contribuyó en facilitar el proceso de independencia política de España en setiembre de 1821,el cual, a diferencia de la mayoría de los demás países latinoamericanos, no fue sangriento.

Centroamérica nunca mereció gran interés colonialista, en comparación con otras regiones continentales, más cercanas a los centros comerciales y minerales. La región era sumamente reducida para invertir mayores esfuerzos de explotación, con alguna excepciones en la zona norte. La dificultad de acceso a partes del área y la falta de grandes concentraciones de minerales preciosos desviaron la atención española a otras zonas.

Los países centroamericanos sin embargo, se mantuvieron cercanos a las culturas europeas luego de la independencia.  Sus sistemas políticos y jurídicos se desarrollaron siguiendo los patrones liberales de codificación civilista de Francia y España del siglo XVIII.  Los nuevos Estados se formaron copiando las estructuras nacionalistas emergentes.

La pérdida del poder colonial español dejó abierto un espacio de influencia que pronto fue ocupado por los británicos.  En diversas formas,  los ingleses apoyaron los movimientos independentistas, para poder establecer vínculos comerciales con los países americanos, y desplazar el poder monopolístico español.  Las primeras plantaciones cafetaleras dieron lugar a los primeros contactos comerciales permanentes con el Viejo Continente.  Ciertamente, durante la época de “Pax Británica”, Inglaterra jugó un papel de constante influencia en los asuntos económicos y políticos de los países centroamericanos hasta el siglo XX.

Ya para inicios del siglo XX, empezaron a aparecer algunos roces entre los intereses británicos en la región y los de Estados Unidos de América.  Las primeras plantaciones bananeras por compañías multinacionales norteamericanas, importantes niveles de inversión a raíz de la industrialización promovida por el modelo de sustitución de importaciones y los esfuerzos del programa “Alianza para el Progreso”, durante los años sesenta, condujeron a que el área atrajera el interés de Washington por garantizar la estabilidad política y económica de los países.  Gradualmente, los Estados Unidos ganó liderazgo frente a Centroamérica y a jugado un papel preponderante en la región desde entonces.

SECCION III



LA INTEGRACION REGIONAL CENTROAMERICANA



A. PROCESOS COMUNES DE INTEGRACION ECONOMICA



Durante los primero años de vida independiente, los países centroamericanos trataron de integrarse sin resultados positivos ni permanentes.  No fue sino hasta la década de los cincuenta del presente siglo, que los primeros intentos de integración, esta vez sobre la base de libre comercio entre países, que los esfuerzos fueron fructíferos:
“Debe mencionarse que durante los sesenta, varios esquemas integracionistas fueron implementados en la región, con resultados limitados en América del Sur y con resultados más positivos en Centroamérica”

Con las suscripción del Tratado General de Integración Económica Centroamericana, el comercio intrarregional creció, se crearon nuevas fuentes de trabajo, surgieron nuevas actividades económicas, y con ellas, se ampliaron las clases urbanas en la región.  Pronto, los beneficios se trasladaron al pueblo centroamericano, que vio por primera vez, en forma rápida, los efectos positivos del comercio internacional.  Sin embargo, los países continuaron exportando productos tradicionales a terceros mercados, y dependiendo, en gran medida, de los ingresos provenientes de ese comercio, para financiar los requerimientos de la industrialización parcial en el área.

Cuando los problemas políticos se agudizaron en el área,y el mercado regional se había tornado estrecho, las balanzas de pagos de los países y la débil situación internacional condujeron al replanteamiento del esquema integracionista.

Sin embargo, la pregunta continúa latente: este renacimiento integracionista es permanente o seguirá el mismo destino de desencanto de los sesentas?  La respuesta está quizás, en el diferente contexto en el cual se visualiza la integración económica en la actualidad.

En primer lugar, la integración centroamericana se está desarrollando en el marco de una economía mundial crecientemente globalizante. La integración se mira como una forma de mejorar la cooperación en el mundo, y no como una defensa de los países en vías de desarrollo en contra de los países industrializados.

En segundo término, el harto debate entre el desarrollo hacia adentro y el desarrollo hacia afuera ha sido superado. Todos los países centroamericanos, así como la inmensa mayoría de los países del resto del mundo, siguen una política de apertura al comercio

internacional y tienden a remover todos los sesgos antiexportadores de sus economías.  Este fenómeno ha conducido a cierta convergencia en el menú de las políticas de los países, facilitando la “naturalidad” del proceso integracionista.

En tercer lugar, la existencia de sistemas políticos democráticos y pluralistas constituye, sin lugar a dudas, el fundamento de mutua confianza para los compromisos integracionistas.

En último término, la reciente firma del Tratado de Maastricht ha conferido mayor legitimidad a la idea integracionista.  Países económicamente poderosos como los Estados Unidos y Canadá, han seguido esa misma senda con la conformación de una zona de libre comercio con México.

Lo que interesa resaltar, con este breve resumen de la historia integracionista centroamericana, es el hecho que el mismo es fruto de la herencia que los países comparten y de la conveniencia que produce la cercanía geográfica de un mercado natural.  Aunque el mercado común fue intensamente influenciado por las tendencias ideológicas en boga y financiado en gran medida, por capitales extranjeros que vieron en él la oportunidad de un mercado ampliado y protegido, los esfuerzos integracionistas no fueron influenciados directamente por el proceso europeo.

A partir de la década de los ochenta, Europa se ha acercado de nuevo a Centroamérica. Utilizando sus proyectos de cooperación, ha afirmado que entre sus propósitos está el fortalecimiento del proceso de integración económica.   Resulta ahora evidente el interés compartido por ambas regiones, en un mismo tema, el cual anima a los europeos a agregar un nuevo ingrediente, nunca antes presente en las relaciones previas de ambas regiones, para apoyar a la región.

Este ingrediente de apoyo a la integración centroamericana es novedoso en las relaciones de las dos regiones.  Cuando Europa se recobró de los efectos de la Segunda Guerra Mundial, su posición colonialista se moderó, y durante la consolidación del MCCA en los años sesenta, Europa no tuvo una participación significativa en este proceso centroamericano.  Durante esos años, las prioridades europeas estaban focalizadas a lo interno de su integración; los propios países europeos se convirtieron en el foco de atención, con el fin de consolidar la  Comunidad Europea, y más recientemente, la Unión Europea.

Con la adhesión de España y de Portugal en 1986 a los Tratados integracionistas, y con ello, en la principal corriente europea, los países latinoamericanos en general, y más particularmente los centroamericanos, esperaban que ello significara defensores más entusiastas de sus intereses en los mecanismos europeos de toma de decisiones.

No obstante, la posición de estos países ex-colonialistas, no ha revertido mayores beneficios a los países del istmo. No ha sido hasta los últimos años que los países comunitarios europeos, en su conjunto, sin muestras de liderazgo español, han manifestado su interés por jugar un papel relevante en sus relaciones con Centroamérica.

Los problemas sufridos durante la década de los ochenta, en particular, los conflictos armados y las graves violaciones de los derechos humanos por parte de los sistemas institucionalizados de poder, facilitaron que Europa desviara su atención a otras regiones que tenían mayores perspectivas y voluntad de cambio.  Finalmente, durante la época más grave de la crisis centroamericana, los países europeos decidieron participar activamente en el proceso regional con el propósito fundamental de afectar positivamente los resultados:

“… En el caso de Centroamérica, las dos metas políticas de la Comunidad se (entrecruzaron): contribuir a la restauración de la paz en la región y darle nuevos ímpetus así como consolidar el proceso de integración de los países centroamericanos bajo el MCCA…”

Algunas instituciones políticas europeas tomaron la decisión de comprometer esfuerzos para el fortalecimiento de la aún frágil democracia en la región.

Los principales partidos políticos europeos, sobre todo a través de sus respectivas fundaciones, han invertido importantes sumas de recursos en educación política e institucional.  La propia maquinaria institucional comunitaria ha realizado importantes esfuerzos en el mismo sentido, dentro del marco de los acuerdos de cooperación suscritos con la región, tal y como se analizará luego.

Incluso, algunos sectores de la opinión pública europea y los gobiernos, en particular el español, participan activamente en el plan de pacificación en el área, que condujo exitosamente a la democratización en la región.

El éxito de los esfuerzos centroamericanos para revitalizar sus economías y sus sistemas democráticos significa un importante avance en el tipo de orden internacional que las naciones europeas desean ver.  Además, por supuesto, las países europeos son conscientes que los problemas en Centroamérica distraen usualmente, el interés de los Estados Unidos, en su papel de contraparte vis-à-vis en asuntos de mayor trascendencia internacional.

Los intereses económicos europeos en la región son sustanciales, pero menores en comparación con los de los Estados Unidos. La región ha sido beneficiaria de importantes inversiones europeas en gran variedad de actividades económicas.  Pero sobre todo, la prosperidad europea depende, en gran medida, del comercio internacional.

Resulta relevante agregar que no obstante lo anterior, la política extranjera de la Europa comunitaria hacia América Latina en general, ha declinado en la última década.  Quizás no en el monto absoluto de recursos de cooperación asignados por la UE a Centroamérica, sino en la proporción que le asigna al istmo en el monto global de cooperación.

Por otro lado, la crisis económica que atravesó la región limitó las expectativas europeas hasta que los países alcanzaran una situación más estable. Asimismo, los conflictos internos dentro de la Unión Europea y las nuevas oportunidades en otras latitudes, con repercusiones más cercanas a Europa, específicamente tratándose los países de Europa Central y Oriental, han trasladado a segundo término los intereses latinoamericanos en la lista europea de prioridades, comprensible, por otra parte, tratándose de Estados vecinos, ligados fuertemente por la historia de sus naciones.

El proceso de integración europeo ha tenido importantes repercusiones para Latinoamérica.  La experiencia pasada demostró que la ampliación geográfica del mercado comunitario no fue del todo positiva; la historia parece repetirse en este sentido.  La adhesión española y portuguesa permitieron agregar formalmente una consideración adicional de los intereses latinoamericanos, pero a nivel práctico, significó la pérdida de mercados para la exportaciones latinoamericanas, especialmente de productos agrícolas de clima semi-tropicales, textiles y acero.

La creciente inclusión de los países de Europa Central en la corriente de intereses europeos, y eventualmente, incluso en el proceso integracionista, razonablemente significará sufrir similares efectos negativos.

A pesar de que formalmente la expansión geográfica de la Unión Europea hacia el Este es lejana, sin olvidar que a partir del primero de enero de 1994 cuatro nuevos países se incorporaron a la EU, el actual período transitorio afecta directamente los intereses de los países latinoamericanos. Las condonaciones de deudas públicas a los países de Europa Central y Oriental pueden permitir el surgimiento de una especie de autoridad moral a los países latinoamericanos para solicitar similar tratamiento.

Los países centroamericanos deben tomar en cuenta una serie de factores a la hora de diseñar su política exterior frente a la Unión Europea.  El proceso revitalizador del MCCA y el fortalecimiento de las instituciones regionales ha merecido la atención europea, y los seguirá teniendo.  La UE visualiza fácilmente los beneficios de la integración en busca con un gran sentido pragmático, interlocutores a nivel internacional que compartan dichos esfuerzos en el mismo sentido.

En adición, la UE tiene dentro de sus activos, más de veinte años de experiencia comunitaria: sus instituciones y sus funcionarios han vivido las dificultades de implementar un arancel externo común y de armonizar miles de regulaciones previas en todos los sectores de la vida económica, social y jurídica de los Estados Miembros.  Asimismo, es valioso el bagaje que significa la experiencia europea en los mecanismos regionales de financiamiento, que ha permitido precisamente, su participación como importantes cooperantes en todos los niveles internacionales.  Esta riqueza de experiencias es única y está al acceso de los países centroamericanos en sus esfuerzos integracionistas.

Finalmente, Centroamérica debe tener presente siempre que, sin perjuicio de lo amistosas que resulten las relaciones con la UE, todavía no disfruta de los beneficios de la Convención de Lomé,   como otros países de similares condiciones (República Dominicana, por citar un ejemplo).





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