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Investigación documental. Análisis de datos parte 2 - Monografía



 
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POBLACIÓN Y MUESTRA



Una población está determinada por sus características definitorias. Por lo tanto, el conjunto de elementos que posea esta característica se denomina población o universo. Población es la totalidad del fenómeno a estudiar, donde las unidades de población poseen una característica común, la que se estudia y da origen a los datos de la investigación.
Entonces, una población es el conjunto de todas las cosas que concuerdan con una serie determinada de especificaciones. Un censo, por ejemplo, es el recuento de todos los elementos de una población.
Cuando seleccionamos algunos elementos con la intención de averiguar algo sobre una población determinada, nos referimos a este grupo de elementos como muestra. Por supuesto, esperamos que lo que averiguamos en la muestra sea cierto para la población en su conjunto. La exactitud de la información recolectada depende en gran manera de la forma en que fue seleccionada la muestra.
Cuando no es posible medir cada uno de los individuos de una población, se toma una muestra representativa de la misma.
La muestra descansa en el principio de que las partes representan al todo y, por tal, refleja las características que definen la población de la que fue extraída, lo cual nos indica que es representativa. Por lo tanto, la validez de la generalización depende de la validez y tamaño de la muestra.


Leyes del método de muestreo.



El método de muestreo se basa en ciertas leyes que le otorgan su fundamento científico, las cuales son:

- Ley de los grandes números:

si en una prueba, la probabilidad de un acontecimiento o suceso es P, y si éste se repite una gran cantidad de veces, la relación entre las veces que se produce el suceso y la cantidad total de pruebas (es decir, la frecuencia F del suceso) tiende a acercarse cada vez más a la probabilidad P.

- Cálculo de probabilidades:

La probabilidad de un hecho o suceso es la relación entre el número de casos favorables (p) a este hecho con la cantidad de casos posibles, suponiendo que todos los casos son igualmente posibles. El método de establecer la probabilidad es lo que se denomina cálculo de probabilidad.

De estas dos leyes fundamentales de la estadística, se infieren aquellas que sirven de base más directamente al método de muestreo:

- Ley de la regularidad estadística:

un conjunto de n unidades tomadas al azar de un conjunto N, es casi seguro que tenga las características del grupo más grande.

- Ley de la inercia de los grandes números:

esta ley es contraria a la anterior. Se refiere al hecho de que en la mayoría de los fenómenos, cuando una parte varía en una dirección, es probable que una parte igual del mismo grupo, varíe en dirección opuesta.

- Ley de la permanencia de los números pequeños:

si una muestra suficientemente grande es representativa de la población, una segunda muestra de igual magnitud deberá ser semejante a la primera; y, si en la primera muestra se encuentran pocos individuos con características raras, es de esperar encontrar igual proporción en la segunda muestra.

Tipos de muestras.



Muestreo aleatorio simple:

la forma más común de obtener una muestra es la selección al azar. es decir, cada uno de los individuos de una población tiene la misma posibilidad de ser elegido. Si no se cumple este requisito, se dice que la muestra es viciada. Para tener la seguridad de que la muestra aleatoria no es viciada, debe emplearse para su constitución una tabla de números aleatorios.

Muestreo estratificado:

una muestra es estratificada cuando los elementos de la muestra son proporcionales a su presencia en la población. La presencia de un elemento en un estrato excluye su presencia en otro. Para este tipo de muestreo, se divide a la población en varios grupos o estratos con el fin de dar representatividad a los distintos factores que integran el universo de estudio. Para la selección de los elementos o unidades representantes, se utiliza el método de muestreo aleatorio.

Muestreo por cuotas:

se divide a la población en estratos o categorías, y se asigna una cuota para las diferentes categorías y, a juicio del investigador, se selecciona las unidades de muestreo. La muestra debe ser proporcional a la población, y en ella deberán tenerse en cuenta las diferentes categorías. El muestreo por cuotas se presta a distorsiones, al quedar a criterio del investigador la selección de las categorías.

Muestreo intencionado:

también recibe el nombre de sesgado. El investigador selecciona los elementos que a su juicio son representativos, lo que exige un conocimiento previo de la población que se investiga.

Muestreo mixto:

se combinan diversos tipos de muestreo. Por ejemplo: se puede seleccionar las unidades de la muestra en forma aleatoria y después aplicar el muestreo por cuotas.

Muestreo tipo:

la muestra tipo (master simple) es una aplicación combinada y especial de los tipos de muestra existentes. Consiste en seleccionar una muestra “para ser usada” al disponer de tiempo, la muestra se establece empleando procedimientos sofisticados; y una vez establecida, constituirá el módulo general del cual se extraerá la muestra definitiva conforme a la necesidad específica de cada investigación.

Bibliografía:



EL PROCESO DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA, Mario Tamayo y Tamayo, 1998.

EL MUESTREO



Cuando un investigador realiza en ciencias sociales un experimento, una encuesta o cualquier tipo de estudio, trata de obtener conclusiones generales acerca de una población determinada. Para el estudio de ese grupo, tomará un sector, al que se conoce como muestra.

Las poblaciones que el investigador puede estudiar son muy diversas, pero generalmente se relacionan con personas. Por ejemplo, puede estudiar la opinión de las amas de casa con respecto a ciertos métodos de planificación familiar, la edad promedio de los alumnos de una escuela, el coeficiente intelectual promedio de los universitarios, etc.

Desde luego, es de fundamental importancia que se empiece el estudio definiendo la población que se va a estudiar. Las poblaciones suelen ser muy numerosas, por lo que es difícil estudiar a todos sus miembros; además de que esto no es posible, no es necesario. Es como si quisiéramos estudiar la composición química del agua de un río y para ello tratáramos de analizar todo el líquido que corre por su cauce, cuando solamente necesitamos algunas muestras para realizar ese estudio y para llegar a conclusiones generalizables con respecto a la composición química del agua a todo el río.

En ciencias sociales, las muestras no se obtienen tan fácilmente, puesto que los eventos se relacionan siempre con personas, las cuales son mucho menos estables en cuanto a sus pautas de actividades, valores, actitudes y conductas que algunos de los fenómenos que se estudian en las ciencias naturales.

El momento metodológico de la investigación está constituido por la definición y especificación del diseño que se va a utilizar y por la tarea de operacionalización de variables (convertir en operativos, en manejables, a los diversos elementos que intervienen en el problema que se va a investigar).

La operacionalización se refiere de dos tipos de elementos:

- El universo, en tanto conjunto de unidades o fuentes de datos que es preciso reducir a proporciones manejables para poderlo explorar.
- Las variables, en tanto conceptos abstractos a los que es preciso dar contenido concreto para poder efectuar sobre ellos las mediciones correspondientes.
La operacionalización del universo es la tarea de encontrar una forma de obtener información relevante sin necesidad de acudir a la medición de todo el universo posible de datos. Es el aspecto cuantitativo de la operacionalización y, para resolverlo, tendremos que apelar a la estadística, mediante técnicas de muestreo. La operacionalización de las variables, de naturaleza cualitativa, tiene por objeto encontrar los indicadores a través de los cuales se expresa concretamente el comportamiento de las mismas.

La relación que existe entre la operacionalización y el tipo de diseño se origina en que, de acuerdo con el método general que se va a utilizar (o sea, el diseño), se requerirá de uno u otro tipo de datos, operacionalizar de cierta manera o de otra. Inversamente, de acuerdo con las posibilidades concretas de operacionalizar en uno u otro sentido las variables y el universo considerado, será más o menos adecuado un cierto tipo de diseño. Por esta razón, ambas tareas deben encararse simultáneamente.

Datos y unidades.



Un dato es cada uno de los elementos de información que se recoge durante el desarrollo de una investigación y en base a los cuales, convenientemente sintetizados, podrán extraerse conclusiones en relación con el problema inicial planteado.

Cualquier información, por más pequeña y fragmentaria que sea, puede considerarse como un dato, siempre y cuando pueda colaborar de algún modo a esclarecer los problemas que nos planteamos en un estudio. Saber, por ejemplo, que la persona N opina que las pruebas nucleares deben ser proscritas, es un dato. Esa información, por sí sola, carece prácticamente de valor, pues poco nos dice de las reacciones que despiertan las pruebas de armas atómicas en la gente. Pero el valor del dato reside no en su alcance individual, en lo que nos expresa por sí mismo, sino en su posibilidad de ser integrado en conjuntos mayores. Cuando agrupamos muchas informaciones de carácter similar, cada dato se hace valioso dentro de una perspectiva más amplia. Así, en nuestro ejemplo, si consultamos la opinión de muchas personas, podemos llegar a enunciar que un determinado tanto por ciento de ellas están en contra de los ensayos nucleares e integrar esa información, a su vez, en un estudio sobre las opiniones de determinado conglomerado social.

Las fuentes de datos pueden ser personas, situaciones o hechos que se observan directamente, o materiales bibliográficos de diversa naturaleza. Las llamamos unidades de datos y, a su conjunto, a la suma de todas las unidades, se le da el nombre de universo o población. Podríamos decir que una población o universo es, entonces, el conjunto de todas las cosas que concuerdan con una determinada serie de especificaciones. En general, toda investigación puede considerarse como una búsqueda de los datos apropiados que permitan resolver ciertos problemas de conocimiento. Estos datos son obtenidos a través de un conjunto de unidades que constituyen el universo relevante para la investigación.

Existen universos que resultan demasiado amplios para el investigador, pues éste no tienen ni el tiempo ni los recursos para abordar el estudio de cada una de las unidades que lo componen (el conjunto de ciudadanos de un país, la flora de una región o las innumerables galaxias). Para resolver este inconveniente, se acude a la operacionalización del universo mediante la extracción de muestras.

Universo y muestra.



Una muestra es un conjunto de unidades, una porción del total, que nos representa la conducta del universo en su conjunto.

Una muestra, en un sentido amplio, no es más que eso, una parte del todo que llamamos universo y que sirve para representarlo.

Sin embargo, no todas las muestras resultan útiles para llevar a cabo un trabajo de investigación. Lo que se busca al emplear una muestra es que, observando una porción relativamente reducida de unidades, se obtengan conclusiones semejantes a las que lograríamos si estudiáramos el universo total. Cuando una muestra cumple con esta condición, es decir, cuando nos refleja en sus unidades lo que ocurre en el universo, la llamamos muestra representativa. Por lo tanto, una muestra representativa contiene las características relevantes de la población en las mismas proporciones en que están incluidas en tal población. Sus conclusiones son susceptibles de ser generalizadas al conjunto del universo, aunque para ello debamos añadir un cierto margen de error en nuestras proyecciones.

Las muestras pueden ser clasificadas, en una primera división en probabilísticas y no probabilísticas.

En las muestras probabilísticas, la característica fundamental es que todo elemento del universo tiene una determinada probabilidad de integrar la muestra, y esa probabilidad puede ser calculada matemáticamente con precisión. En las muestras no probabilísticas ocurre lo contrario y el investigador no tiene idea del error que puede estar introduciendo en sus apreciaciones.

Las muestras no probabilísticas más usadas son:

- Muestra accidental.

Es aquella que se obtiene sin ningún plan preconcebido; las unidades elegidas resultan producto de circunstancias fortuitas. Si entrevistamos a los primeros 50 transeúntes que pasan por cierta calle o medimos la profundidad del mar a lo largo de un trayecto entre dos puntos cualesquiera, estaremos en presencia de una muestra accidental; los datos obtenidos podrán o no representar al universo en estudio. El investigador no puede saber hasta qué punto sus resultados podrán proyectarse, con confiabilidad, hacia el conjunto más amplio que desea conocer.

- Muestra por cuotas.

Consiste en predeterminar la cantidad de elementos de cada categoría que habrán de integrar la muestra. Así podemos asignar una cuota de 50 hombres y 50 mujeres a una muestra de 100 individuos, asumiendo que ésa es la distribución de la población total. Por más que esa presunción llegue a ser válida, no deja de existir cierta arbitrariedad en este modo de proceder, por lo que la rigurosidad estadística de las muestras por cuotas se reduce considerablemente.

- Muestra intencional.

Las unidades se eligen en forma arbitraria, designando a cada unidad según características que para el investigador resulten de relevancia. Se emplea, por lo tanto, el conocimiento y la opinión personal para identificar aquellos elementos que deben ser incluidos en la muestra. Se basa, primordialmente, en la experiencia de alguien con la población. Estas muestras son muy útiles y se emplean frecuentemente en los estudios de caso, por más que la posibilidad de generalizar conclusiones a partir de ellas, sea en rigor nula. En algunas oportunidades se usan como guía o muestra tentativa para decidir cómo tomar una muestra aleatoria más adelante.


Muestras aleatorias.



Como dijimos, en ellas cada uno de los elementos del universo tiene una probabilidad determinada y conocida de ser seleccionado. Los procedimientos más usuales para la obtención de muestras aleatorias son:

- Azar simple.

Este procedimiento se inicia confeccionando una lista de todas las unidades que configuran el universo, numerando correlativamente cada una de ellas. Luego, mediante cualquier sistema (tabla de números al azar, programas de computación), se van sorteando al azar estos números hasta completar el total de unidades que deseamos que entren en la muestra. De este modo, la probabilidad que cada elemento tienen de aparecer en la muestra es exactamente la misma. Si cada uno de los elementos que integran la población no tiene la misma posibilidad de ser elegido, se habla entonces de una muestra viciada. Este método nos garantiza una selección completamente aleatoria, pero resulta muy lento y costoso, pues nos obliga a elaborar listas completas de todas las unidades de interés, lo que a veces es sencillamente imposible. Por este motivo, sólo se emplea cuando los universos son relativamente pequeños. Este método no será adecuado si, por ejemplo, queremos sacar una muestra de todas las personas analfabetas que existen en un país. En cambio, si nuestra intención es extraer una muestra del universo de todos los alumnos que ingresan a una universidad en un determinado año, resultará muy adecuado.

- Azar sistemático.

También se requiere de un listado completo de las unidades que integran el universo en estudio. Luego se efectúan las siguientes operaciones:
1.    Se calcula la constante K, que resulta de dividir el número total de unidades que componen el universo por el número de unidades que habrán de integrar la muestra:

K = N/n

Donde:

N = número total de unidades que componen e universo.
n = número total de unidades que integrarán la muestra.

2.    Se efectúa un sorteo para elegir un número que sea inferior o igual al valor de K. Como primera unidad para integrar la muestra se elige aquella que, en la lista general, posea idéntico número de orden al sorteado. Si designamos con A este primer valor, la segunda unidad elegida será la que lleve el número A + K, la tercera corresponderá a A + 2K y así sucesivamente hasta llegar a A + (n - 1)K.
Supongamos un universo constituido por 2.800 elementos, del que deseamos obtener una muestra de 70 casos. Tenemos entonces:

N = 2.800
n = 70
K = 2.800 / 70 = 40

Ahora, mediante cualquier procedimiento, buscamos al azar un número entero cuyo valor figure entre los límites de 1 y 40. En este caso, el número elegido es el 32. Entonces, las unidades que pasarán a formar parte de la muestra serán las que lleven los siguientes números de orden:

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Las ventajas y desventajas de este procedimiento son casi idénticas a la de las muestras al azar simple. Los procedimientos computacionales hacen mucho más fácil efectuar el sorteo de las unidades y no existe el riesgo de que la muestra quede sesgada por algún tipo de regularidad que no conocemos y que esté presente en el universo.

- Muestras por conglomerados.

Esta técnica tiene utilidad cuando el universo que se requiere estudiar admite ser subdividido en universos menores de características similares a las del universo total. Se procede a subdividir el universo en un número finito de conglomerados y, entre ellos, se pasa a elegir algunos que serán los únicos que se investigarán; esta elección puede realizarse por el método del azar simple o por el del azar sistemático. Una vez cumplida esta etapa, puede efectuarse una segunda selección, dentro de cada uno de los conglomerados elegidos, para llegar a un número aún más reducido de unidades muestrales. La ventaja de esta técnica es que obvia la tarea de confeccionar el listado de todas las unidades del universo. Su desventaja mayor radica en que, al efectuarse el muestreo en dos etapas, los errores muestrales de cada una se van acumulando, lo que da un error mayor que para los métodos anteriores. La técnica de conglomerados suele utilizarse cuando queremos extraer muestras de los habitantes de un conjunto geográfico amplio, por ejemplo, una gran ciudad o un conjunto de pueblos, por lo que se procede a tomar cada pueblo o grupo de manzanas como un conglomerado independiente; del mismo modo, se la utiliza para conocer las reservas forestales y marinas, para estudiar las estrellas y otros casos semejantes.

- Muestras estratificadas.

Este método supone que el universo puede desagregarse en sub - conjuntos menores, homogéneos internamente pero heterogéneos entre sí. Cada uno de estos estratos se toma luego como un universo particular, de tamaño más reducido, y sobre él se seleccionan muestras según cualquiera de los procedimientos anteriores. Por ejemplo, si quisiéramos estudiar las actitudes políticas de los estudiantes de una universidad, podríamos subdividir en estratos de acuerdo con el tipo de estudios que cursen, suponiendo que estas actitudes van a ser diferentes entre quienes siguen Ingeniería, Letras, Medicina u otras carreras. Luego, efectuaríamos un muestreo dentro de cada sub - universo así definido para, finalmente, realizar un análisis integrando los resultados de todas las sub - muestras.

Tanto en el muestreo estratificado como en el de conglomerados, la población se divide en grupos bien definidos. Usamos el muestreo estratificado cuando hay una amplia variación entre los grupos. Usamos el muestreo por conglomerados en el caso opuesto: cuando hay una variación considerable dentro de cada grupo, pero los grupos son esencialmente similares entre sí.

Tamaño de la muestra y error muestral.



Recordemos que la muestra descansa en el principio de que las partes representan al todo y, por tal, refleja las características que definen a la población de la cual fue extraída, lo cual nos indica que es representativa. Es decir, que para hacer una generalización exacta de una población, es necesario tomar una muestra representativa. Por lo tanto, la validez de la generalización depende de la validez y tamaño de la muestra.

Cuando trabajamos con muestras, generalmente se presentan dos tipos de errores:

- Error sistemático.

Llamado de distorsión o sesgo de la muestra, se presentan por causas ajenas a la muestra:

- Situaciones inadecuadas:

se presentan, por ejemplo, cuando el encuestador tiene dificultades para obtener la información y la sustituye por la que más fácilmente está a su alcance, que no siempre es la más confiable.

- Insuficiencia en la recolección de datos:

hay distorsión por falta de respuestas, o respuestas inadecuadas, ya sea por ignorancia o falta de datos relativos a los elementos incluidos. Distorsiones del encuestador causadas por prejuicios, interés personal o por fallas en la aplicación de instrumentos.

- Errores de cobertura

a causa de que no se han incluido elementos importantes y significativos para la investigación que se realiza.

- Error de muestreo o muestral.

Cualquiera sea el procedimiento utilizado y la perfección del método empleado, la muestra diferirá de la población. A esta diferencia se la denomina error de muestreo.
Cuando una muestra es aleatoria o probabilística, es posible calcular sobre ella el error muestral. Este error indica el porcentaje de incertidumbre, es decir, el riesgo que se corre de que la muestra elegida no sea representativa. Si trabajamos con un error calculado en 5%, ello significa que existe un 95% de probabilidades de que el conjunto muestral represente adecuadamente al universo del cual ha sido extraído.
A medida que incrementamos el tamaño de la muestra, el error muestral tiende a reducirse, pues la muestra va acercándose más al tamaño del universo. Del mismo modo, para una muestra determinada, su error será menor cuanto más pequeño sea el universo a partir del cual se la ha seleccionado. Así, para un universo de 10.000 casos, una muestra de 200 unidades tendrá un error mayor que una de 300; una muestra de 200 casos, por otra parte, tendrá un error mayor si el universo tiene 10.000 unidades que si éste posee solamente 2.000.
Para fijar el tamaño de la muestra adecuado a cada investigación, es preciso primero determinar el porcentaje de error que estamos dispuestos a admitir. Una vez hecho esto, deberán realizarse las operaciones estadísticas correspondientes para poder calcular el tamaño de la muestra que nos permite situarnos dentro del margen de error aceptado.

A veces, sin embargo, el tamaño de la muestra queda determinado previamente por consideraciones prácticas; en tales casos, no hay otra alternativa que aceptar el nivel de error que su magnitud acarree.

Bibliografía:



Sabino, Carlos A. EL PROCESO DE INVESTIGACIÓN. Argentina (1996). Ed. Lumen - Humanitas.

Técnicas de recolección de datos primarios.



1.    La observación.

Consiste en el uso sistemático de nuestros sentidos orientados a la captación de la realidad que queremos estudiar.
Es una técnica antiquísima: a través de sus sentidos, el hombre capta la realidad que lo rodea, que luego organiza intelectualmente. A través de innumerables observaciones sistemáticamente repetidas, mayas y caldeos lograron penetrar en los secretos del movimiento de los cuerpos celestes; observando miles de casos concretos Mendel pudo formular las leyes sobre la herencia.
El uso de nuestros sentidos es una fuente inagotable de datos que, tanto para la actividad científica como para la vida práctica, resulta de inestimable valor.

2.    La entrevista.

Consiste en una interacción entre dos personas, una de las cuales - el investigador - formula determinadas preguntas relativas al tema en investigación, mientras que la otra - el investigado - proporciona verbalmente o por escrito la información que le es solicitada.

Existen además otros procedimientos de recolección de datos primarios, entre los que figguran el llamado cuestionario de autoaplicación, los tests, los diagramas sociométricos, las escalas y diferenciales semánticos, etc. sin embargo, todos tienen su origen, en última instancia, en las dos principales técnicas mencionadas.

LA OBSERVACIÓN CIENTÍFICA.



La observación puede definirse como el uso sistemático de nuestros sentidos en la búsqueda de los datos que se necesitan para resolver un problema de investigación.

Dicho de otro modo, observar científicamente es percibir activamente la realidad exterior con el propósito de obtener los datos que previamente han sido definidos de interés para la investigación. La observación que se realiza cotidianamente, como parte de nuestra experiencia vital, no puede ser considerada como científica pues no está orientada hacia objetos precisos de estudio, no es sistemática y carece de controles o de mecanismos que nos pongan a cubierto de los errores que podemos cometer cuando la realizamos.


La observación científica debe seguir algunos principios básicos:



- Debe tener un propósito específico.
- Debe ser planeada cuidadosa y sistemáticamente.
- Debe llevarse, por escrito, un control cuidadoso de la misma.
- Debe especificarse su duración y frecuencia.
- Debe seguir los principios básicos de validez y confiabilidad.

La principal ventaja de esta técnica en el campo de las ciencias del hombre radica en que los hechos son percibidos directamente, sin ninguna clase de intermediación, colocándonos ante una situación tal como ésta se da naturalmente. De este modo, no se presentan las distorsiones que son usuales en las entrevistas, como la subjetividad del objeto investigado.

Otra ventaja es que la conducta se describe en el momento exacto en que está ocurriendo. Por ejemplo, si queremos hacer un estudio de las diferentes formas que existen para educar a los niños entre las tribus primitivas, observaremos las conductas de las madres hacia sus hijos y las describiríamos tal como se presentan en un momento dado.

Además, las observaciones se pueden realizar independientemente de que las personas estén dispuestas a cooperar o no, a diferencia de otros métodos en los que sí necesitamos de la cooperación de las personas para obtener la información deseada.

Su principal inconveniente reside en que la presencia del observador puede provocar, por sí sola, una alteración o modificación en la conducta de los objetos observados, destruyendo la espontaneidad de los mismos y aportando datos, por lo tanto, poco fiables. Todos los seres humanos, al saberse observados, tienden naturalmente a alterar su conducta, pues hay muchas actividades, opiniones y actitudes que podemos tener en privado, pero nunca cuando sentimos que estamos siendo objeto de una observación. Es dificil poder observar la interacción familiar, por ejemplo, en el momento de acostarse o levantarse.

Esta reacción frente a la presencia de terceros debe tenerse en cuenta siempre que se pretenda utilizar la técnica de la observación con seres humanos. Para evitar las perturbaciones mecionadas, se han diseñado dos procedimientos:

- Para evitar inhibiciones o alteraciones en la conducta de los sujetos observados, se trata de pasar lo más desapercibidos posible, actuando de tal manera que el observador no aparezca con contornos nítidos ante los observados, sino más bien como parte del “telón de fondo” de la situación. Si logramos esto, lograremos observaciones confiables y de buena calidad. Ésta es la observación simple.
- La otra forma de que las personas no se sientan observadas se basa en un procedimiento inverso: el observador, en vez de pasar desapercibido, trata de integrarse a la acción de los observados, de participar en ella como si se tratara de un miembro más del grupo. Por ello, se la denomina observación participante.

La observación, debido a su utilidad, es una técnica que se puede utilizar, junto con otras, para recabar información; por ejemplo, la observación se puede utilizar en un estudio exploratorio, y para el estudio final se pueden usar otras técnicas como cuestionarios, entrevistas, etc.


Observación simple y participante.



La observación simple resulta útil y viable cuando se trata de conocer hechos o situaciones que de algún modo tienen un cierto carácter público, o que por lo menos no pertenecen estrictamente a la esfera de las conductas privadas de los individuos.

Es factible mediante este procedimiento conocer hábitos de compra, situándonos estratégicamente en los puntos de ventas, relevar formas de comportamiento político, mediante la asistencia a actos de esa naturaleza, y conocer otros aspectos de la conducta manifiesta de las personas: hábitos de vestimenta, de concurrencia a lugares públicos, de trato social, etc. Casi siempre sus resultados apuntan a lo más superficial o visible de la realidad social.

La observación simple puede adquirir también un carácter indirecto, si apelamos al auxilio de instrumentos capaces de registrar información sobre el problema. El uso de vidrios polarizados, de cintas magnetofónicas, filmadoras, cámaras de televisión y otros aparatos es de indudable valor en el estudio de la conducta humana, por la exactitud de sus registros y por la confianza que proporcionan al investigador. Es conveniente utilizar estos auxiliares siempre y cuando las circunstancias lo permitan. Por supuesto, el uso de estos medios debe plantearse de modo tal que no perturben la acción o situación, porque de lo contrario sus efectos serían más bien contraproducentes.

La observación participante, por otra parte, implica la necesidad de un trabajo más dilatado y cuidadoso, ya que el investigador debe primeramente ingresar al grupo, comunidad o institución en estudio para, una vez allí, ir realizando la doble tarea de desempeñar roles dentro del conjunto y de ir recogiendo los datos que desea conseguir. Por lo tanto, es preciso confundirse con las personas sobre las que recae la investigación, sin abandonar la actitud observadora. Con esto se consigue ser testigo de los hechos “desde adentro”, y el observador no sólo puede percibir las formas más exteriores de la conducta sino también experimentar en carne propia las actitudes y valores que se relacionan con el comportamiento en estudio. Esta información resulta, por lo general, más confiable que la que se obtiene por medio de entrevistas, ya que los hechos se observan a medida que se producen y tal como se producen.

La observación participante puede llamarse natural cuando el investigador pertenece, de hecho, al conjunto humano que investiga. Si un estudiante quiere hacer una investigación sobre estudiantes, prácticamente no necesita ningún esfuerzo para lograr su cometido, pues ya es estudiante y conoce el lenguaje, los modos de hacer y de comportarse del grupo que investiga.

La observación participante, en cambio, se denomina artificial cuando la integración del observador al grupo se hace con el objeto deliberado de desarrollar un trabajo de investigación. Cuando la distancia social entre observador y observado es poca, la adecuación no es difícil.

La observación participante puede variar desde una afiliación total al grupo hasta una participación limitada y condicionada, tanto en cuanto al tiempo como en cuanto a las funciones asumidas por el observador. No es necesario que éste lleve a cabo exactamente las mismas actividades que realizan los demás miembros del grupo; en lugar de ello, puede buscarse algún papel que sea aceptable dentro de la comunidad y que el observador pueda desempeñar razonablemente bien. En todos los casos, es importante que no se divulgue la verdadera finalidad de su participación y que cuide todos los detalles de su aspecto personal, de sus gestos y ademanes, de las palabras y opiniones que expresa, para no aparecer como un participante anómalo, porque esto puede generar hacia él una actitud de desconfianza o un trato atípico, bloqueando la información que recibe y llegando hasta a distorsionar las actividades que el grupo normalmente realiza.

En cuanto a las desventajas de la observación participante, debemos mencionar que el excesivo compromiso que adopta el investigador frente al grupo puede llegar a provocar una identificación tan intensa que altere su objetividad y distorsione su percepción; que acepte, dentro del grupo investigado, una sola de las posiciones posibles; y los enormes costos que pueden estar asociados a trabajos de tan larga duración.

En la práctica, es conveniente efectuar las tareas de observación en equipo, para tener una mayor cobertura de los sucesos y para evitar los siempre posibles errores de percepción. Los datos pueden ser así confrontados o cotejados luego de su obtención par enmendar errores o superar los vacíos que puedan existir. Cuando los sucesos de interés se dan dentro de colectividades pequeñas o muy sensibles, es preferible reducir el número de observadores, pues una presencia colectiva puede causar más daños que beneficios.

Debemos distinguir también entre observaciones de situaciones producidas espontáneamente, en la misma vida social, de las que se llevan a cabo en condiciones controladas, experimentales, ya preparadas.


Registro y formalización de la observación.



La tarea de observar no es una mera percepción pasiva de hechos, situaciones o cosas…

Hablábamos de una percepción activa, lo cual significa seleccionar, organizar y relacionar los datos referentes a nuestro problema. No todo lo que aparece en el campo del observador tiene importancia y, si la tiene, no siempre en el mismo grado; no todos los datos se refieren a las mismas variables o indicadores y es preciso estar alerta para discriminar adecuadamente todo este conjunto posible de informaciones.

Resulta indispensable registrar toda observación que se haga, para poder organizar luego lo percibido en un conjunto coherente. Los medios más comúnmente utilizados son: cuadernos de campo, diarios, cuadros de trabajo, gráficos y mapas.

El problema del registro puede llegar a ser sumamente delicado cuando se trata de la observación de fenómenos de tipo social. En muchas circunstancias es prácticamente imposible tomar notas durante el transcurso de la observación, pues ello originaría sospechas y recelo. En situaciones extremas, no habrá más remedio que confiar en la memoria, con todas las limitaciones que esto supone. Este inconveniente se allana cuando los observadores son varios, ya que pueden redactar independientemente sus informes para luego compararlos entre sí, completando y depurando los datos obtenidos.

En cuanto a los datos para registrar, es posible adoptar diversas posiciones. Puede actuarse con suma flexibilidad, recogiendo sólo aquellos datos que van apareciendo, anotando las impresiones generales que causan los sucesos, de una manera espontánea y poco organizada. Se trata de una observación no estructurado o no formalizada, que ofrece las ventajas de su gran capacidad de adaptación frente a sucesos inesperados y de no pasar por alto ningún aspecto importante que pueda producirse.

Este tipo de observación generalmente se lleva a cabo en un estudio piloto, cuando no se conoce muy bien la muestra que se va a estudiar.

Cuando establecemos de antemano una pauta de observación explícita en que se detalla qué datos habremos de recoger, llamamos a la observación estructurada o formalizada. Aquí la ventaja principal es que recogemos datos que pueden cuantificarse más fácilmente, debido a su homogeneidad, y que podemos tener la certeza de no haber olvidado registrar ninguno de los aspectos principales del problema en estudio. Su desventaja radica en su poca flexibilidad frente a circunstancias no previstas pero que pueden llegar a ser interesantes o importantes para la investigación.

La observación estructurada se lleva a cabo cuando se pretende probar una hipótesis, o cuando se quiere hacer una descripción sistemática de un fenómeno; es decir, cuando estamos realizando un estudio o investigación en el que sabemos exactamente lo que vamos a investigar.

Por ejemplo, si vamos a observar el grado de agresividad de un niño mediante la frecuencia con que se presenta la conducta, en sus diferentes grados, primero definiremos qué queremos decir con conducta agresiva y cuáles son sus manifestaciones:

Identificación del niño: (se puede dar su nombre, o hacer referencia a alguna característica física o a algún número que permita identificarlo).
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También pueden realizarse observaciones semiestructuradas, detallando más o menos la pauta de observación según las necesidades y posibilidades.

LA ENTREVISTA.



La entrevista es una forma específica de interacción social que tiene por objeto recolectar datos para una indagación.

El investigador formula preguntas a las personas capaces de aportarle datos de interés, estableciendo un diálogo, donde una de las partes busca recoger informaciones y la otra es la fuente de esas informaciones.

La ventaja esencial de la entrevista reside en que son los mismos actores sociales quienes proporcionan los datos relativos a sus conductas, opiniones, deseos, actitudes y expectativas. Nadie mejor que la misma persona involucrada para hablarnos acerca de aquello que piensa y siente, de lo que ha experimentado o piensa hacer.

Pero existe un importante inconveniente que limita sus alcances. Cualquier persona entrevistada podrá hablarnos de aquello que le preguntemos pero siempre nos dará la imagen que tiene de las cosas, lo que cree que son, a través de su carga subjetiva de intereses, prejuicios y estereotipos. La propia imagen que el entrevistado tiene de sí mismo podrá ser radicalmente falsa y, en todo caso, estará siempre idealizada, distorsionada, mejorada o retocada.

Este problema nos obliga a dejar fuera de esta técnica a problemas y temas que son mejor explorados por medio de otros procedimientos. Por otra parte, nos obliga a utilizar, a veces, caminos indirectos, mediante preguntas que alcancen nuestro objetivo elípticamente, utilizando rodeos. Es clásico el ejemplo de que las personas nunca contestan la verdad respecto de sus ingresos personales en dinero, ya sea porque los disminuyen (ante el temor de estar frente a algún inspector de impuestos), o porque los aumentan (con fines de ostentación social o para reforzar su autoestima).

Para que una entrevista tenga éxito, es preciso prestar atención a una serie de factores: es importante que la apariencia exterior del entrevistador resulte adecuada al medio social donde habrá de formular sus preguntas. El entrevistador habrá de ser una persona de por lo menos una cultura media, que comprenda el valor y la importancia de cada dato recogido y la función que su trabajo desempeña en el conjunto de la investigación. Tendrá que ser mentalmente ágil, no tener prejuicios marcados frente a ninguna categoría de personas y, sobre todo, ser capaz de dejar hablar libremente a los demás, eliminando por completo todo intento de convencerlos, apresurarlos, o agredirlos con sus opiniones. La entrevista habrá de realizarse a las horas más apropiadas para las personas que responden, teniendo en cuenta que su posible duración no afecte la confiabilidad de los datos.

Lo que vulgarmente se llama entrevista es una técnica que en realidad se denomina entrevista no estructurada, y lo que suele llamarse encuesta es igual a lo que denominamos, en metodología, entrevista estructurada.

Las entrevistas más estructuradas serán aquellas que predeterminen en una mayor medida las respuestas por obtener, que fijan de antemano sus elementos con más rigidez, mientras que las entrevistas informales serán las que transcurran de un modo más espontáneo, libre, sin sujetarse a ningún canon establecido.

Entrevistas no estructuradas:



Una entrevista no estructurada o no formalizada es aquella en que existe un margen más o menos grande de libertad para formular las preguntas y las respuestas. No se guían por un cuestionario o modelo rígido.

- Entrevista formal:

Es la modalidad menos estructurada posible de entrevista, ya que se reduce a una simple conservación sobre el tema en estudio. Lo importante no es definir los límites de lo tratado ni ceñirse a algún esquema previo, sino “hacer hablar” al entrevistado, de modo de obtener un panorama de los problemas más salientes, de los mecanismos lógicos y mentales del respondente, de los temas que para él resultan de importancia.

Es de gran utilidad en estudios exploratorios y recomendable cuando se trata de abordar realidades poco conocidas por el investigador. También suele utilizarse en las fases iniciales - aproximativas - de investigaciones de cualquier naturaleza, recurriendo a informantes claves que pueden ser expertos sobre el tema en estudio, líderes formales o informales, personalidades destacadas o cualquier persona que posea información para la investigación.
Lo más importante es dar al respondente la sensación clara y definida de que puede hablar libremente, alentándolo y estimulándolo para que lo haga y cuidando de no influirlo demasiado con nuestras actitudes o las palabras que decimos.

- Entrevista focalizada:

Es prácticamente tan libre y espontánea como la anterior, pero tiene la particularidad de concentrarse en un único tema. El entrevistador deja hablar sin restricciones al entrevistado, proponiéndole apenas algunas orientaciones básicas pero, cuando éste se desvía del tema original, el entrevistador vuelve a centrar la conversación sobre el primer asunto.

Se emplea normalmente con el objeto de explorar a fondo alguna experiencia vivida por el entrevistado o cuando nuestros informantes son testigos presenciales de hechos de interés o de acontecimientos históricos.
Requiere de gran habilidad en su desarrollo, para evitar tanto la dispersión temática como caer en formas más estructuradas de interrogación.

- Entrevista por pautas o guías:

Se guían por una lista de puntos que se van explorando en el curso de la entrevista. Los temas deben guardar una cierta relación entre sí. El entrevistador hace muy pocas preguntas directas, y deja hablar al respondente siempre que vaya tocando alguno de los temas señalados en la pauta o guía.

Se usan en situaciones parecidas a las anteriores y cuando se presentan casos en que los sujetos investigados prefieren más un desarrollo flexible que uno rígido, por sus propias actitudes culturales o necesidades.
Todas estas formas de entrevistas (que tienen en común su poca formalización) poseen la ventaja de permitir un diálogo más profundo y rico, de presentar los hechos en toda su complejidad, captando no sólo las respuestas a los temas elegidos sino también las actitudes, valores y formas de pensar de los entrevistados.

Su principal inconveniente radica en que es poco práctico sistematizar un gran número de entrevistas de este tipo, organizándolas estadísticamente, pues pueden tener muy pocos puntos de contacto entre sí. Otra dificultad es su costo, pues involucran la presencia de personal altamente especializado durante tiempos relativamente largos.

Los problemas de registro pueden ser importantes, pues existe un gran número de palabras que es casi imposible de registrar en su totalidad. Pueden utilizarse grabadores, aunque es preciso determinar previamente si la presencia de estos aparatos cohibe o no a los informantes.

Entrevistas formalizadas:



Se desarrollar en base a un listado fijo de preguntas cuyo orden y redacción permanece invariable. Comúnmente se administran a un gran número de entrevistados para su posterior tratamiento estadístico.

Entre sus principales ventajas, podemos mencionar su rapidez y el hecho de que pueden ser llevadas a cabo por personas con mediana preparación, lo cual redunda en su bajo costo. Otra ventaja es su posibilidad de procesamiento matemático.

Su mayor desventaja radica en que reducen grandemente el campo de información, limitando los datos a los que surgen de una lista taxativa de preguntas.

Esta lista de preguntas, que es el instrumento concreto de recolección empleado en este caso, recibe el nombre de cuestionario y puede ser administrado sin que necesariamente medie una entrevista. Debe ser cuidadosamente redactado, evitando preguntas demasiado generales, confusas o de doble sentido, y tratando de conservar un orden lo más natural posible.

Las preguntas suelen dividirse en dos grandes tipos:



- Preguntas de alternativas fijas o cerradas:

Formalizan más el cuestionario, pues en ellas sólo se otorga al entrevistado la posibilidad de elegir entre un número limitado de respuestas posibles. Si se pregunta “¿cree usted en los OVNIS, sí o no?”, estamos realizando una pregunta cerrada. No importa la cantidad de alternativas ofrecidas, si el respondente no puede elegir una respuesta que esté fuera de la lista, la pregunta se considera cerrada. Hay que tener sumo cuidado en la redacción de estas alternativas, procurando especialmente que sean exhaustivas y mutuamente excluyentes, y evitando que estimulen a responder en un sentido determinado.

- Preguntas de final abierto o abiertas

: Proporcionan una variedad más amplia de respuestas. Su redacción debe ser muy cuidadosa para evitar respuestas erróneas o confusas, y para evitar que ellas predispongan al entrevistado en uno u otro sentido. Un ejemplo de pregunta abierta sería: “¿Qué opina usted acerca de los OVNIS?”. La información que se obtendrá será mucho más completa y valiosa, pero el trabajo de procesamiento de los datos tendrá que ser mucho mayor.

Una vez que se redacta el conjunto de preguntas que constituyen un cuestionario, es necesario revisarlas para asegurarse de su consistencia y eliminar los posibles errores y omisiones. Casi siempre se realiza una prueba piloto, que consiste en administrar el cuestionario a un conjunto reducido de personas para calcular su duración, conocer sus dificultades y corregir sus defectos, antes de aplicarlo a la totalidad de la muestra.
Tipos de cuestionarios.

La forma o tipo de cuestionario depende tanto de los objetivos que persiga la investigación, como de los informantes:

- Cuestionarios abiertos.

Son aquellos en los que se pregunta al sujeto algo y se le deja en libertad de responder como quiera. Este tipo de cuestionario es muy útil y proporciona mucha información, pero requiere más tiempo por parte del informante y es más difícil de analizar y codificar por parte del investigador. Generalmente, se aplican en estudios pilotos con el fin de obtener más datos.

Serían ejemplos de preguntas abiertas: ¿Qué piensa usted de la planificación familiar? ¿Cuál es su opinión acerca del presidente X? ¿Qué le parecen los productos Y?

- Cuestionarios cerrados.

Están estructurados de tal manera que al informante se le ofrecen sólo determinadas alternativas de respuesta. Es más fácil de codificar y contestar. Como desventaja, podemos mencionar que las categorías que se ofrecen pueden no ser las más adecuadas, o que la persona no haya pensado sus respuestas en términos de las categorías que se le ofrecen. Otra desventaja es que, al ofrecerle categorías al informante, se le están “sugiriendo” las respuestas. Entre los cuestionarios cerrados, tenemos:

a.    Preguntas con opciones: el sujeto tiene dos o más opciones para contestar. Por ejemplo:

o    ¿Prefiere algún perfume en especial?

SÍ NO

o    Los negros son superiores a los blancos:

Correcto Incorrecto

o    Indique los artículos que más han aumentado de precio:

Automóviles Casas Comida
Electricidad Ropa Combustible
Gas
Otros

a.    Listas de preferencias y ordenamientos de opciones: al sujeto se le presenta una serie de afirmaciones, frases, opciones, etc. y él las debe ordenar según su grado de preferencia. Por ejemplo:

Coloque en orden de mayor a menor las actividades que prefiere realizar en su tiempo libre:

Leer Ir al teatro
Ver TV Descansar
Salir con amigos Otras
Ir al cine

Con respecto a los cuestionarios enviados por correo, el punto más importante que debe considerarse es que, por lo general, el porcentaje de personas que lo devuelven es muy reducido y, además, la muestra que contesta los cuestionarios, está sesgada; es decir, puede tener alguna característica en común, por ejemplo, cierto interés en el tema, y dar un tipo especial de respuestas.





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