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Ciudad y medio ambiente - Monografía



 
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Extinción de especies. Sobrexplotación. Agujero de ozono. Lluvia ácida. Biodiversidad. Desarrollo sostenible



1. Introducción:



Este estudio pretende mostrar a la ciudad como escenario de la crisis global en que está inmerso el sistema de producción capitalista. De hecho, intentaremos argumentar que las urbes actuales se han convertido en una auténtica amenaza para la supervivencia de nuestra especie en la Tierra. Tal afirmación, por muy alarmista que parezca, no implica la destrucción total de la vida: el Planeta ya se ha enfrentado a otras crisis bióticas a lo largo de su historia y ello únicamente ha significado que la vida se transforma radicalmente, mas no que desaparezca.

Intentaremos en lo posible superar un problema que sufren todas la ciencias en el mo-mento actual: el sesgo nacional de medidas y argumentos. Hoy sabemos que la interconexión de los ecosistemas no conoce fronteras y los comportamientos de unos países afectan a los de otros: de hecho, algunas regiones de algunos Estados tienen más relación con espacios de otros Estados que con otras áreas del propio país. El caso de las ciudades es paradigmático: ¿tiene la ciudad de París (Norte de Francia) más intercambios de materia, energía e información con Londres (Reino Unido) que con Marsella (Sur de Francia)?


1.1. La sexta extinción:



La ecología es la ciencia que estudia las interacciones entre las comunidades vivas y el medio en el que residen, así como las interacciones existentes entre las especies que componen dichas comunidades. En estos momentos es la disciplina que más informa-ción nos puede aportar sobre el efecto de los seres humanos sobre su entorno, con lo que seguiremos algunos de sus resultados en la argumentación.

Muchos reputados ecólogos coinciden en señalar que actualmente nuestro mundo está sumido en una nueva etapa de extinción masiva de especies. Las grandes crisis bióticas por las que ha pasado la vida (aproximadamente tenemos constancia de unas cinco) son las que han dejado mayor huella en ella transformándola de manera radical; por ejem-plo, la hecatombe de los dinosarios que los hizo sucumbir al final del Cretácico (Era Mesozoica o Secundaria), hace unos 70 millones de años, fue la que dio el control de la Tierra a los mamíferos, que han dominado desde entonces el curso de los ecosistemas, y permitiría el nacimiento del género homo en el Plioceno (Era Cenozoica o Terciaria), hace unos 2 millones de años.

El desentrañamiento científico de estos procesos, que no habían sido compredidos hasta hace muy poco en el seno de la biología, están cambian-do nuestra tradicional visión darwinista de la evolución, la cual se caracterizaba por la pasividad de los organismos frente al medio y por su gradualidad a largo plazo. Las nuevas investigaciones distinguen entre dos tipos de mecanismos de selección natural a lo largo de la evolución de la historia de la vida:

a) Extinción de fondo:



Se trata del popular enfoque darwinista de la evolución. Son los seres vivos más ajustados a las condiciones actuales del medio los que menos obstá-culos encuentran para reproducirse y transmitir sus genes a su descendencia. Los menos ajustados sucumben y no dejan nada de información genética al no multipli-carse. Este mecanismo evolutivo cambia las especies de manera pausada y avanza paso a paso a lo largo de cientos de miles de años. Resulta importante destacar a este respecto que los organismos del presente han sido adaptados al medio por sus ante-pasados y pueden vivir en el ambiente presente gracias a que éste se parece a los que afectaron a sus ascendientes.

b) Extinción en masa:



Se trata de grandes crisis bióticas fortuitas cuyas leyes de fun-cionamiento son caóticas. Grandes perturbaciones afectan a los ecosistemas terres-tres y se producen muertes masivas. Un buen ejemplo es el de los dinosaurios: su-puestamente una lluvia de meteoritos acabó con el control planetario de los grandes reptiles y se lo dio a los mamíferos. Estos procesos evolutivos provocan grandes transformaciones en la vida y son las que han dejado mayor cicatriz en ella. Aunque parezca algo cómico, no pueden explicarse sino por la mala suerte de estar en el lu-gar equivocado en el peor momento (la Tierra estaba en el camino de los meteori-tos). Dado que aún no se conocen otras relaciones causales explicativas, los ecólo-gos han asociado los procesos que rigen en este tipo de fenómenos a la incipiente teoría del caos.

El ecólogo Raup ha calculado a partir del registro fósil que en las etapas de extinción de fondo desaparece en términos medios una especie cada cuatro años. Según los estudios más recientes, actualmente se extinguen unas treinta mil especies al año, o sea, la extin-ción de fondo multiplicada por un factor de ciento veinte mil. Por tanto, disponemos de argumentos suficientes para comparar la situación presente con las Cinco Grandes cri-sis; la única diferencia reside en este caso que la perturbación en los ecosistemas terres-tres está generada por una especie también terrestre: el homo sapiens .

La hipótesis de la Sexta Extinción (miles de especies que sucumben ante la radical in-troducción de perturbaciones en los ecosistemas) parece tener cierta evidencia empírica que la apoya. El Instituto de Recursos Mundiales de las Naciones Unidas, que realiza investigaciones sobre los impactos ambientales de las actividades humanas, ha resaltado en su último informe World Resources 2000-2001 que las presentes prácticas de nuestra especie son definitivamente insostenibles: la mitad de las tierras fértiles han desapareci-do en los últimos cien años, los bosques han perdido la mitad de su superficie, el 9% de las especies de árboles corren riesgo de extinción, las flotas pesqueras son un 40% más grandes de lo que los bancos pesqueros pueden soportar para su regeneración, el 20% de los peces de agua dulce están en vías de extinción, etc .

Disponemos además de otras medidas para cuantificar el nivel de degradación de los ecosistemas como son los bioindicadores: es decir, según se vean afectadas las especies por la modificación de sus hábitats, variará su número y su distribución. Por ejemplo, el bacalao ha desaparecido prácticamente en la costa Este de Canadá al igual que el sal-món en la costa noroeste de Norteamérica a causa sobre todo de los trastornos genera-dos por los humanos. Recientemente, se han publicado otros trabajos en torno a un nue-vo bioindicador que ha sido más o menos bien estudiado: se trata del declive de los an-fibios. El número de estos animales está decreciendo de manera alarmante en toda la Tierra debido a varias razones cuyo respaldo científico es innegable:

a) Disminución del número de charcas por sobrexplotación de los recursos hídricos por parte de los seres humanos.
b) Los rayos UV (tipo B), que entran en la atmósfera debido al agujero de la capa de ozono, afectan a los renacuajos en las zonas de alta montaña produciendo malfor-maciones y una reducción del número de huevos que eclosionan con éxito.
c) La lluvia ácida y la presencia en el agua de fertilizantes con nitratos y nitritos tiene unos efectos similares sobre su reproducción.

Otros factores que aún no han sido respaldados por la investigación, pero que no pueden descartarse como hipótesis plausibles:



a) Los rayos UV (tipo B) no sólo producen malformaciones y disminuyen el número de huevos, sino que probablemente debilitan el sistema inmunitario de los anfibios, haciéndolos más susceptibles de morir por otras enfermedades.
b) Una combinación caótica de todas las causas difícil de desentrañar por la gran canti-dad de interacciones que están en juego. En este caso, es importante destacar la de-sesperación que rezuman las declaraciones del científico Andrew Blaustein (Univer-sidad de Oregón, EE.UU): “[…] Éste es un problema complejo y no veo cerca la so-lución” .

En resumen, los anfibios, como un bioindicador más, no son sino otro signo de que es-tamos llevando el Planeta al límite y los seres humanos, como miembros de la biosfera, vamos a ser los primeros afectados por la problemática ambiental. Muchas naciones ya lo están sufriendo, pero los países occidentales logran aplazar el problema trasladándolo en el espacio (envío de residuos a otras zonas de la Tierra y explotación de los recursos de ecosistemas alejados de EE.UU., Europa o Japón) y en el tiempo (impacto sobre las generaciones futuras del actual tratamiento de los ecosistemas).

Las hipótesis con que trabajan los economistas para el futuro muestran que el problema no tiene muchos visos de solución a corto plazo a no ser que las medidas que se tomen sean drásticas:



a) Está previsto que la economía mundial crezca en un factor de cinco en los próximos cincuenta años, con lo que ello supone de consumo de recursos naturales.
b) Los demógrafos esperan un crecimiento de la población mundial hasta los nueve mil millones de habitantes, de tal forma que la ocupación del espacio será cada vez ma-yor.
c) La demanda de arroz, maíz, y trigo se expandirá probablemente un cuarenta por ciento en torno al año 2020, lo que aumentará la necesidad de agua para regadíos en un cincuenta por ciento o más
d) El consumo de madera podría doblarse en torno al 2050.
e) Etc.

En fin, unas predicciones nada tranquilizadoras y que deben llevar a los responsables políticos a tomarse en serio el tema y promover una toma de decisiones eficiente.


1.2. El tiempo de la naturaleza frente al tiempo del capital:



Como ya identificara Marx, el capitalista necesita superar el ciclo del capital lo más rápido posible para disponer nuevamente de la capacidad de realizar nuevas inversiones y multiplicar más los beneficios. Esto hace que los ritmos de la economía capitalista sean cada vez más rápidos, hasta el punto de depender ya de flujos de información que corren a través de la redes telemáticas a la velocidad de la luz. Tales ritmos son incom-patibles con los de la naturaleza, pues, cuando la dinámica de un ecosistema se acelera, este pierde información y complejidad. La naturaleza requiere ciclos largos para regene-rarse, con lo que si continuamos profundizando en el mecanismo del ciclo del capital, seguiremos con la destrucción. Todo ello no es sino consecuencia de una cultura que no está bien adaptada al medio: de hecho, se trata de una cultura que ha perdido la noción del espacio real ignorando los impactos ambientales del estilo de vida. Cuando un inter-nauta solicita un producto por la red y lo recibe pasados dos días en su domicilio, no se le pasa por la cabeza la cantidad de energía que ha habido que consumir para trasladar el disco compacto que adquirió desde el lugar en que se produjo hasta su casa. Es más, si muchos internautas se comportan de la misma forma encargando libros, pizzas, progra-mas de ordenador, etc. se crearán muchos puestos de trabajo, con lo que la cultura de la producción por la producción se vuelve internamente coherente, a pesar de machacar el ecosistema .

1.3. El papel de la ciudad:



Al drama social y político del capitalismo se añade ahora una nueva contradicción eco-lógica. En verdad no habría que llamarla nueva, pues ya los seres humanos han sido desde su aparición importantes transformadores del medio. Como cualquier otro ser vivo mantienen su organización apropiándose de las diferentes formas de energía pre-sentes en el entorno y expulsando al mismo sus residuos (materia más desorganizada), cosa que hacen en el presente más en competencia que en colaboración con otras espe-cies.

La ciudad puede ser estudiada desde un punto de vista teórico que llamaremos sistema-entorno. La urbe es un sistema abierto que también toma lo que necesita para mantener-se del ambiente y expulsa a él sus residuos. Actualmente, los recursos usados por el metabolismo urbano provienen de un gran hinterland global e, igualmente, los desechos se distribuyen luego de forma planetaria. Por tanto, los estilos de vida urbanos de los países occidentales se sostienen con un uso de cada vez más cantidad de superficie pla-netaria y los impactos van más allá de la escala local; de esta forma, se ha creado el concepto de huella ecológica para hacer referencia a las afecciones de una población sobre distintos ámbitos a miles de kilómetros de distancia.

Cuadro I.



Esquema de entradas y salidas del sistema urbano



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Elaboración propia a partir de: Rueda, S.: “La ciudad compacta y diversa frente a la conurbación difu-sa”, en Ciudades para un futuro más sostenible, Hábitat II, Ministerio de Fomento, Madrid, 1996, págs. 69-80 y Naredo, J.M.: “Sobre la insostenibilidad de las actuales conurbaciones y el modo de paliarla”, en Ciudades para un futuro más sostenible, Hábitat II, Ministerio de Fomento, Madrid, 1996, págs. 39-55

Por ejemplo, el consumo masivo de madera y papel en Occidente (creado y promovido culturalmente) requiere de la apropiación y destrucción de ingentes cantidades de árbo-les. Países como Brasil sacrifican para ello grandes áreas de selva amazónica, con lo que significa de extinción de especies y de perturbación de los ecosistemas. Lo mismo suce-de en el caso de los residuos nucleares y otras basuras especialmente contaminantes: muchos países con dificultades económicas se hacen cargo de ella aceptando compensa-ciones monetarias que en ningún caso refleja su verdadero coste.

Un caso que roza el humor negro es el de la antigua República Democrática Alemana (RDA): mientras exis-tieron dos Alemanias, la rica pagaba a la pobre por almacenar su basura nuclear, pero llegado el momento de la reunificación en 1989, la basura que antes había desparecido se la volvieron a encontrar los alemanes del Oeste después de varias décadas. Hoy son todos los alemanes (los del antiguo Este y los del antiguo Oeste) quienes deben hacerse cargo de los efectos negativos de los desechos radioactivos; es decir, las generaciones de las décadas de los cincuenta, sesenta, setenta y ochenta han trasladado a las genera-ciones actuales los impactos negativos de sus decisiones.

En resumen, cuando argumentamos sobre los estilos de vida occidentales, la pregunta relevante es qué cantidad de superficie necesita un habitante de Europa, EE.UU. y Japón para satisfacer sus necesidades (por supuesto, construidas socialmente).

1.4. Explotación:



Los teóricos de la ecología han puesto de manifiesto que, cuando dos sistemas se ponen en contacto en un instante del tiempo, gana más de ese encuentro aquél que tiene mayor información y complejidad. El otro sistema menos organizado resulta entonces explota-do y se produce un flujo de neto de materiales, energía e información hacia el sistema más organizado . Si entendemos las ciudades (y, en general, los países occidentales) como sistemas dotados de gran cantidad de información y complejidad, podemos argu-mentar cómo los países circundantes más simples están siendo explotados sin contrapar-tidas, lo que supone su desorganización y simplificación.

De esta forma, resulta factible caracterizar a la ciudad como una bomba de explosión lenta que desarrolla y profundiza no una crisis de carácter puntual en que todo el siste-ma se viene abajo, sino una crisis constante y gradual, como una mancha que se extien-de poco a poco, pero que absorve lo que se le pone por delante inexorablemente . Tal ritmo puede ser caracterizado como lento sólo en téminos de una noción de tiempo defi-nida a escala de la vida de varias generaciones humanas (la esperanza de vida de un ser humano occidental actual está en torno a los setenta años); sin embargo, si la escala temporal que usamos de referencia es la de la historia de la Tierra (unos cinco mil mi-llones de años), lo que hoy está sucediendo es, como ya hemos dicho, comparable a una de las Grandes Crisis de extinción en masa.


1.5. Humanidad y biodiversidad:



El concepto de biodiversidad es novedoso en ecología y puede ser definido como el grado de variedad de las especies que pueblan un territorio. Tal variedad es interpretable a su vez desde infinitos criterios: genes, forma, tamaño, etc. Como hemos insistido hasta la saciedad, cualquier perturbación que se introduce en un ecosistema tiende a acelerar su dinámica y, por tanto, aumenta la probabilidad de reducir su organización, informa-ción y complejidad. Entre las perturbaciones más importantes por sus efectos nocivos sobre la biodiversidad se encuentra las siguientes:

a) Destrucción de hábitats.
b) Sobrexplotación de especies (animales, vegetales, etc.).
c) Contaminación del medio.
d) Cambio climático global.
e) Introducción de especies exóticas.
f) Etc.

Todas ellas provocan una notable reducción del número absoluto de especies y de la variedad (biodiversidad), con lo que son las fuerzas más importantes que se hallan en el seno del proceso de extinción en masa en el que nos encontramos sumidos. Tal atentado va en contra del propio ser humano en el sentido de que la biodiversidad cumple gran cantidad de funciones fundamentales para él:

a) Provee alimentos, materias primas y medicinas
b) Es la base para la mejora de animales y plantas domésticos
c) Mantiene en funcionamiento los ecosistemas
d) Acumula y recicla los nutrientes esenciales para la vida
e) Absorve y destruye contaminantes
f) Produce suelo y protege de la erosión
g) Etc.

1.6. ¿En qué consiste la sostenibilidad?



El éxito del término desarrollo sostenible se debe sobre todo a su ambigüedad. Dado que apenas tiene un contenido definido, es posible hacerle decir cientos de cosas dife-rentes sin referirse concretamente a nada. De ahí que actualmente siga destrozándose la naturaleza en aras de la sostenibilidad y el caso de Canarias es bastante paradigmático en este sentido: disponemos de declaraciones de Reserva de la Biosfera para Lanzarote, cuando esta isla tiene un claro problema de agresión del territorio; playas llenas de ban-deras azules, cuando la contaminación del litoral nunca había sido tan radical; etc. En fin, que las declaraciones oficiales en defensa del ambiente parecen buscar más una tranquilización de las conciencias que la solución del problema.

Para salvar el concepto de desarrollo sostenible es preciso dotarlo de un contenido serio y con suficiente respaldo científico. Así, podemos definirlo como la posibilidad de abas-tecimiento de recursos y deshacerse de residuos por parte de los humanos garantizando la calidad ambiental del sistema y del entorno, lo que quiere decir mantener la biodiver-sidad y la complejidad del medio permitiéndole regenerarse.

2. Un modelo urbano en crisis: la ciudad difusa


Nuestras ciudades se van pareciendo cada vez más a lo que en términos técnicos se co-noce como conurbación. Este concepto hace referencia a la urbanización sin freno que se difunde por el territorio de forma errática e incontrolada perdiéndose la noción de centro y de unidad en el trazado propia de las ciudades antiguas; es lo que se denomina gigantismo sin forma. Tal modelo de ocupación del territorio se apoya en el estableci-miento de redes que facilitan el transporte horizontal de abastecimiento y residuos desde y hacia áreas cada vez más alejadas del entorno local e incluso regional de los asenta-mientos concentrados de población: el sostenimiento del sistema local depende de la explotación de recursos foráneos y la contaminación de ecosistemas distantes.

Esta gran dimensión de la ciudad exige solucionar problemas graves de salubridad, ges-tión de residuos, diseño de redes de transporte, etc. que hasta ahora se han ido enfocan-do desde puntos de vistas parciales a medida que fueron apareciendo y a corto plazo en un gestionismo de la crisis que se come toda posibilidad de planificación. La polución del espacio urbano, la inseguridad sobre la higiene de los alimentos que consumimos, etc. son consecuencias negativas que el estilo de vida occidental tiene sobre los propios occidentales. Aunque desde un punto de vista ético resulte deplorable, lo cierto es que ha habido que esperar hasta que la problemática ambiental ha comenzado a afectar radi-calmente a los países ricos, para que se empiecen a tomar medidas. Sin embargo, tal circunstancia no es nada novedosa en la historia, pues el inicio de la planificación y el urbanismo de las ciudades capitalistas lo encontramos en la Inglaterra victoriana. La extensión de las epidemias, la falta de limpieza, y demás, que sufrían sobre todo a los barrios obreros de Londres, Manchester, etc. comenzó a extenderse también por los ba-rrios ricos con el resultado de que muchos miembros de familias acaudaladas morían por esta causa. Así, poco a poco fueron legislando e introduciendo normas de salubridad y mejora de la calidad urbana .

Es más, a medida que se profundizan los problemas surgen innumerables actividades económicas para hacerles frente, con lo que se generan gran cantidad de intereses que dependen de la continuidad de la crisis para sobrevivir. Por ejemplo, actualmente están muy bien estudiados los impactos negativos del automóvil sobre la calidad de vida de la ciudad y el entorno (contaminación acústica, producción de gases nocivos para la salud, necesidad continua de espacio para el coche en detrimento de zonas verdas, etc.), con lo que para solucionarlos se multiplican las empresas y empleos relacionados con:

a) Reparación y revisión de vehículos para garantizar un nivel de contaminación de-terminado de las emisiones producto de la combustión de gasolinas.
b) Contratación de cuerpos policiales y de control para evitar comportamientos de ries-go entre los conductores.
c) Diseño y planificación de infraestructuras por parte de equipos de ingenieros y otros técnicos.
d) Creación de nuevas industrias para el desarrollo de tecnologías para el tratamiento de agentes contaminantes, gestión de aguas residuales, etc.
e) Creación de nuevos puestos de trabajo para ingenieros con vistas a mejorar la segu-ridad de los automóviles.
f) Etc.

O sea, se están dedicando innumerables cantidades de materia, energía e información para sostener el modelo de movilidad basado en el vehículo privado. Simplemente cam-biando de modelo, podríamos ahorrarnos gran cantidad de recursos, pero discutiremos este tema más adelante. Lo que resulta importante resaltar ahora es que, dado que en el sistema capitalista la satisfacción de las necesidades humanas se vincula al trabajo y no simplemente a la condición humana, quien no trabaja carece de justificación para acce-der a los bienes y servicios del mercado. Tal enfoque del asunto es totalmente cultural, pues en otras sociedades la alimentación no está tan asociada al trabajo. Si en nuestra sociedad se le conceden a un individuo recursos sin trabajar, está estigmatizado como vago y aprovechado, con lo que la posibilidad de que pueda seguir satisfaciendo sus necesidades pende de un hilo que puede romperse en cualquier momento. Desde este punto de vista, quienes son dependientes de un trabajo relacionado con la gestión de la crisis son los últimos interesados en que se resuelva, pues de ello depende la satisfac-ción de sus necesidades y el mantenimiento de su nivel de consumo.

Por otro lado, todo este tipo de empleos relacionados con la reparación de los estragos que causa el rodillo de la maquinaria capitalista son considerados entre la actividad pro-ductiva y se suman al resto de actividades en el cálculo de PIB como riqueza. Sin em-bargo, todas deberían restarse, ya que su misión consiste en dejar las cosas destruidas como estaban antes (cosa por otro lado imposible ante la restricción de la Segunda ley de la Termodinámica), así que en términos netos no significan nueva producción y, por tanto, no habría que considerarlos como aportación al PIB. En resumen, se trata de una muestra más de la irracionalidad que domina la esfera de la producción.

Todo este tipo de mecanismos no es percibido por la gran mayoría de los urbanitas. Para ellos la ciudad se ha transformado en una enorme megalópolis: un organismo colectivo que funciona sin que ellos, como componentes, conozcan las consecuencias globales de su actividad. Nadie sabe de dónde vienen los recursos consumidos ni adónde van los residuos producidos. De ahí que sea urgente reavivar la conciencia colectiva y desentra-ñar las características del viaje que la civilización occidental ha emprendido. Los mode-los de gestión de los flujos de entrada y salida de materiales, energía e información son los que van a determinar nuestra capacidad de anticipación de los problemas que se nos viene arriba de tal forma que sea posible la corrección de los desastrosos impactos del modelo actual sobre el entorno global.

2.1. Modelos de edificación :


La construcción en la actualidad se caracteriza por su dispersión y por la ocupación de cada vez mayor cantidad de espacio. Esto significa colonizar y urbanizar nuevas áreas en detrimento de otros seres vivos, con lo que ello supone en relación a la destrucción de hábitats y la reducción de la biodiversidad. En lugar de concentrar a la población en viviendas de varias plantas, se ha impuesto culturalmente el modelo de adosado tras adosado que requiere de áreas cada vez más amplias. Aún sin crecimiento demográfico, el modelo presente promueve una explosión urbana que se traga gran cantidad de suelo con pérdidas irreversibles para la fertilidad. Eso sí, concentrar a la población no quiere decir tampoco construir bloques de edificios de innumerables plantas en que las vivien-das parecen celdas de una colmena. Es posible combinar concentración y calidad de vida, paliando así los impactos sobre el medio. En el siguiente apartado, veremos cómo es posible mantener el modelo de edificación dispersa por medio del coche.

Además, los edificios y las infraestructuras que se diseñan requieren de mucho mante-nimiento y, por tanto, gran consumo de materiales, energía e información. En muchos casos los problemas derivan de la exportación de modelos de edificación de unos luga-res a otros sin tener en cuenta las restricciones que impone el entorno local. Por ejem-plo, la exposición a los elementos o el consumo energético de una construcción depen-den del lugar en que se ha realizado. En el caso de Canarias, mientras las edificaciones tradicionales están muy adaptadas al medio (como el caso de El Hierro), se importan modelos de bloques de edificios no adaptados y más expuestos que necesitan ser pinta-dos más a menudo, consumen más agua, etc . El caso de los chalets es mas grave aún: simplemente mantener el jardincito privado con césped en zonas donde la vegetación adaptada es otra requiere un despilfarro de agua de dimensiones catastróficas en un lu-gar donde ésta es escasa.

2.2. Modelo de movilidad :



El vehículo privado es el gran protagonista de los desplazamientos ante la ausencia de un sistema de transporte público y colectivo alternativo. El coche se vuelve una necesi-dad a causa del propio diseño de la ciudad: la monoespecialización de los espacios en comerciales, universitarios, laborales, etc. provoca un dispersión de los servicios para la satisfacción de necesidades por estar muy alejados entre sí. Por ejemplo, el haber sacado a la universidad de la ciudad hace que miles de estudiantes tengan que motorizarse to-dos los días, para que luego el espacio de los campus quede innutilizado parte de la se-mana (los fines de semana representan un 28% de los días). Si a esto sumamos centros comerciales, cines, parques industriales y demás, es posible comprender por qué en el entorno urbano, ante la ausencia de transporte público eficiente, los desplazamientos en automóvil se acerquen a casi el ochenta por ciento del total, lo que lleva aparejado un aumento de la polución primaria (la relacionada directamente con el coche) y de la se-cundaria (la relacionada con la combinación de los contaminantes del coche y otros que producen otras actividades urbanas), además de una deformación de la ciudad a benefi-cio del coche en lugar de los humanos (aceras estrechas, disminución de zonas verdes, etc.)

Todos estos problemas de movilidad podrían reducirse acercando los servicios a los ciudadanos: manteniendo los pequeños comercios en los barrios (hoy amenazados por las grandes superficies), manteniendo la universidad dentro de la ciudad (hoy expulsada a campus para los que es necesario un medio de transporte), etc . Al mismo tiempo, un buen servicio público no competitivo con el automóvil privado incrementaría la eficien-cia de los desplazamientos: mientras la mayoría de los coches de cinco plazas en la ac-tualidad llevan un único pasajero (el conductor), sería posible concentrarlos en un único vehículo. Dos guaguas articuladas y una normal pueden llevar doscientos treinta pasaje-ros, con lo que si todos las usáramos quitaríamos aproximadamente el mismo número de vehículos de la circulación, con los efectos positivos que eso tendría en las emisiones de gases, ahorro de tiempo, etc .

Obviamente, tal cambio de comportamiento social reduciría el número de empleos en la industria automovilística. La alternativa es sencilla: si los empleos no hacen falta, au-mentemos el tiempo libre; es más, decidamos qué actividades son necesarias y cuáles no, y dejemos de producir lo que no hace falta reduciendo así la presión sobre los eco-sistemas y sobre los seres humanos. Es una buena forma de ir contra el principio de la producción por la producción.

Podemos establecer un paralelismo entre las enfermedades del organismo humano y las propias del espacio vital urbano:

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Fuente: Vester, F.: El futuro del tráfico, Editorial Flor del Viento, 1997

El problema del transporte en Canarias resulta especialmente grave, pues nuestro territo-rio se ve seriamente afectado por la invasión agresiva de los espacios naturales que rea-lizan las grandes infraestructuras. Hemos copiado modelos de carreteras de corte conti-nental, donde los ecosistemas son otros y menos frágiles. Según los últimos datos, el parque automovilístico no deja de crecer en la Isla de Tenerife:

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Fuente: Instituto Canario de Estadística (Istac), 1999
(A): Parque de vehículos en términos absolutos.
(B): Vehículos por cada mil habitantes.

Por otro lado, la expansión de la infraestructuras viarias divide e insulariza el territorio cortando el flujo de materiales, energía e información que existía previamente. Tal inte-rrupción supone reducciones de biodiversidad de hasta un noventa por ciento en los casos extremos, pues, por ejemplo, los animales tienen miedo a cruzar una carretera y no pueden moverse con la facilidad anterior para acceder a la satisfacción de sus necesi-dades en diferentes partes del territorio.

2.3. Ciclo del agua:



La edificación continua y el desarrollo de infraestructuras tienen un efecto de imper-meabilización del suelo, con lo que el agua no puede filtrarse para posteriores usos humanos y no humanos. De esta forma, los recursos hídricos circulan con mayor velo-cidad al mar, aumentando la erosión notablemente (que después deberá enfrentarse con reparaciones y más inversión de recursos), y se reduce su disponibilidad para los seres vivos.

Por otro lado, los estilos de vida y de construcción promueven una expansión desmedida del consumo de agua. Si bien es cierto que la población en general no está concienciada del problema y despilfarra el agua en cisternas, duchas, etc., no es menos real que gran parte del problema reside en muchos usos que el sistema productivo capitalista hace del agua. Entre los ecólogos se considera que la apropiación humana de los recursos hídri-cos debe estar en torno a un tercio del total que corre por los ecosistemas, ya que otras especies necesitan también de ellos para sus funciones vitales. Actualmente la apropia-ción es mucho mayor, con lo que estamos por esta vía promoviendo una simplificación de los ecosistemas. Ya pusimos antes el ejemplo de los anfibios: una de las causas por las que su número está reduciéndose es precisamente porque cada vez disponen de me-nos charcas donde vivir y reproducirse, cosa que es consecuencia de la actividad huma-na.

2.4. Modelo de gestión de residuos:



La valoración de los recursos que predomina en la actualidad tiene que ver con su coste de extracción y no con el coste de cierre de los ciclos naturales. Así, mientras las empre-sas no asumen sino lo que cuesta la puesta en disposición de las materias primas (extra-er petróleo, cobre, etc.), una vez transformadas trasladan al resto de la sociedad los cos-tes que tienen que ver con el reciclado o la acumulación de los mismos. Si las empresas tuvieran que pagar por empaquetar sus productos en plástico, probablemente su uso se reduciría. Hoy, una vez empleados, los plásticos se amontonan en los vertederos con una vida muy larga antes de descomponerse e incorporarse a la naturaleza nuevamente.

La ciudad actual produce cada vez más residuos y encima los concentra luego en verte-deros, aumentando su potencial contaminante al mezclarse innumerables sustancias ya de por sí contaminantes. Los lixiviados (líquido formado por la mezcla de todos los ju-gos de la basura) son altamente nocivos: por ejemplo, en las proximidades del vertedero de Arico en el Sur de Tenerife hay afloramientos de charcos de lixiviados.

El incremento de la cantidad de basura por habitante tiene que ver con las actividades de la nueva economía: diseño de folletos publicitarios, revistas, envoltorios de productos que buscan hacerlos más atractivos, etc. Al mismo tiempo que se generan los empleos de diseñadores, repartidores, etc., surgen también empleos por el lado de recogedores de basura, técnicos ambientales, ingenieros que desarrollan tecnologías para tratamiento de residuos, etc. El problema no se soluciona, pero hay cada vez más gente dedicada a él.

No sólo el consumo es responsable del incremento de los residuos, sino también la pro-ducción de la energía necesaria para sostener el sistema. El caso de los residuos nuclea-res es evidente, pero en otros casos lo es menos; por ejemplo, la electricidad consumida en Tenerife proviene de la quema de combustibles fósiles (a los que eufemísticamente se les llama ecológicos para tranquilizar las conciencias), con impactos diversos como lluvia ácida en la zona de Las Caletillas.


2.5. Segregación social:


La problemática ambiental urbana afecta de forma diferencial a los ciudadanos; así, la esperanza de vida de una persona varía dependiendo del lugar en el que resida y de la riqueza de la ciudad en la que viva. La competencia por el mejor suelo en el centro de la ciudad provoca tales incrementos de precios que la clases marginales se ven expulsadas a la periferia, con las discriminaciones resultantes en términos de movilidad condicio-nada (necesitan invertir muchos recursos para llegar al centro), hacinamiento en bloques a modo de colmena, etc. Ésta es la consecuencia de ver el suelo no como un recurso con múltiples funciones, sino como un activo financiero.

¿Es la ciudad una mercancía o un espacio políticamente organizado? Los criterios de edificación y urbanización deben ir más allá del monetario y el especulativo, pues las consecuencias son perversas en términos de distribución de la población, con lo que ello implica de discriminación. Además, a causa de la diferente capacidad de presión de los ciudadanos según su poder económico, cada barrio consigue servicios mejores que otros . En el caso de Santa Cruz, una murga cantaba en uno de los últimos carnavales que parecía que la ciudad llegaba hasta la Rambla General Franco y los barrios obreros como Ofra o El Barrio de La Salud apenas disfrutan de las reformas y las inversiones.

Algunos autores hablan de racismo ecológico para referirse al distinto impacto de la calidad del aire, la calidad del agua, la presencia de zonas verdes, etc. sobre la vida de los ciudadanos dependiendo de su raza, que suele coincidir con un nivel de renta. Desde este punto de vista, también podemos hablar de falta de equidad económica por el dife-rente sufrimiento del drama urbano de los individuos según su lugar de residencia.

3. Altenativas a la catástrofe: la ciudad compacta



Los ecólogos urbanos como Rueda proponen que la guía para la construcción de la ciu-dad sea la que utilizan las plantas en la fotosíntesis. La energía que emplean los vegeta-les para la producción de biomasa proviene de nuestra estrella más próxima y es inago-table a escala humana, pues el Sol no explotará hasta dentro de varios millones de años. Además, tal forma de energía puede obtenerse sin una desorganización de los ecosiste-mas, al contrario de lo que ocurre con los combustibles fósiles, ya que para obtener pe-tróleo, carbón, madera, etc. hemos de incurrir en un destrozo irrevesible de selvas, para-jes naturales, etc. Por último, los residuos que generan las plantas son todos orgánicos y vuelven a transformarse en recursos gracias a la acción de los descomponedores.

3.1. Pautas generales de levantamiento de la ciudad:



a) La estrategia para la correcta construcción urbana debe ser la de aumentar la com-plejidad del sistema urbano sin requerir cada vez más energía, sino hacerlo por la vía de incrementar el grado de información. Ello implica una radical transformación de unos estilos de vida asentados en una racionalidad científica parcelaria, una ética individualista insolidaria, la competitividad a ultranza, etc., que se concretan en un modelo de socialización interesado en mantener el poder de determinados grupos de presión.

b) Una ciudad compacta se caracteriza por la proximidad de los usos y de las funcio-nes, lo que limita la necesidad de desplazarse para la satisfacción de las necesidades. En caso de ser preciso el traslado, los transportes serán colectivos o simplemente uno irá caminando o en bicicleta. La superficie edificada es así menor y las tipologí-as de construcción requerirán un menor mantenimiento. El crecimiento de la ciudad se regirá por el aumento de la población y no por los usos inadeduados.

c) El hecho de compartir significa ahorro de recursos. Por ejemplo, si varias familias usaran colectivamente una lavadora en consumo de agua disminuiría automática-mente. Lo mismo ocurría con el consumo de energía, la producción de residuos, etc. Ahondar, pues, en una ética competitiva promueve el despilfarro y la agresión a los ecosistemas.

d) Resulta trascendental formar a los estudiantes en paradigmas interdisciplinares con un alto conocimiento sobre el funcionamiento de los ecosistemas y los impactos de las actividades humanas en ellos. Tal formación debe insistir en el aspecto de la ne-cesidad de un cambio en los estilos de vida. En muchos casos el saber popular vin-culado a una estancia directa en el medio y una gestión cotidiana de los recursos es mucho más valioso que el que se posee en las universidades.

3.2. La necesidad de un cambio cultural:



La solución cultural pasa por introducir en los sistemas educativos contenidos que tien-dan a los siguientes cambios de comportamiento:

a) Disminución de la cantidad de bienes y servicios. La vida es algo más que consumir productos del mercado. Muchas tribus africanas pueden meter todas sus pertenen-cias en una simple mochila. Si observamos todos los objetos que tenemos en nues-tras casas, nos asombraríamos de la cantidad de cosas que no usamos jamás, pero que hemos comprado: libros que sólo leemos una vez, discos compactos que apenas escuchamos, ropa que no nos ponemos, medicinas que van a la basura caducadas, etc. Reduciendo todos estas prácticas maladaptantes conseguimos menos presión sobre los recursos.

b) Si queremos que la tensión que produce el aislamiento y la soledad no se paguen consumiendo, hemos de revalorizar las relaciones humanas creando espacios de en-cuentro: parques, bibliotecas, centros culturales, etc. Serían lugares en que se com-partirían objetos y relaciones desde una óptica no mercantil: ¿Para qué escuchar un compacto de música clásica si puedo ir gratis al teatro de mi ciudad a un concierto? Lo mismo podemos decir de libros, los programas de ordenador, etc. Compartir es más eficiente que competir.

c) Dado que se reduciría la necesidad de producir, quedaría más tiempo libre para el ocio, el deporte, las actividades culturales, la conversación, el sexo, etc. Todo lo cual reduce tensiones y atiende la necesidad antropológica de relación con los otros. La psicobiología trabaja con una hipótesis denominada aptitud inclusiva, por la que supuestamente se seleccionaron aquéllos humanos que vivieron en grupo más que individualmente.

3.3. Algunos principios antiguos para una reconsideración de lo económico:



Desde un primer momento, Aristóteles distingue entre economía y crematística. Lo pro-pio de la primera es el arte de la utilización y lo propio de la segunda es el arte de la adquisición. Aunque la mayoría de las personas incurren en una actividad productiva por sí misma y no se procuran la subsistencia mediante el cambio y el comercio, existe un tipo dentro del arte de la adquisición o acumulación de cosas que forma también par-te de la economía: se trata de garantizar un almacenamiento mínimo para procurar la disposición de las cosas necesarias para la vidad en una casa o ciudad.

Sin embargo, la crematística propiamente dicha no conoce límite de riqueza y propiedad pues consiste en una acumulación de moneda y cosas a través de la adquisición y venta de bienes. El objetivo del cambio no es satisfacer necesidades (caso en el que sería legí-timo), sino acumular en exceso. El único comercio natural es aquél en el que se dan cosas útiles por otras cosas útiles, que es lo propio de quien persigue la autosuficiencia. Como la cantidad de productos necesarios para vivir no es ilimitada, esta clase de arte crematístico de atesoramiento sin fin no puede considerarse parte de la economía.

Desde un punto de vista práctico en el seno de la polis, es a medida que crecen las can-tidades importadas y exportadas por ésta cuando crece el número de intercambios que se realiza en moneda. A partir de entonces se multiplican las compras y las ventas, y el comerciante deja de cobrar lo justo para satisfacer sus necesidades para intentar acapa-rar cada vez más aprovechádose de la situación.

Poco a poco se vuelve más técnico y buscará máximo lucro: lo importante pasa a ser ahora la moneda y deja de cobrar un precio justo (que dé únicamente para satisfacer sus necesidades). Hasta el punto en que el mercader llega a considerar riqueza a la abundancia de dinero, cuando el dinero es una medida de valor convencional y depende de su aceptación de la mayoría para ser ratificado. Además, se prosigue en sendas antinaturales al no poder el dinero atender las carencias humanas directamente, como sí lo hacen otros bienes y servicios.

A ojos de Aristóteles, la riqueza y la crematística son cosas diferentes según la naturale-za: aquélla es administración de la casa y ésta la acumulación o atesoramiento sin lími-tes. La verdadera riqueza tiene el límite de la necesidad, pues su objeto no es sólo vivir, sino vivir bien (phrónesis). Así, afirmará bellamente en una sentencia casi aforística: El fin es un límite para las cosas. No olvidemos tampoco que la concepción de justicia en Aristóteles tiene que ver con la capacidad de discernimiento en todos los aspectos de la vida.

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16. Leguina, J. // Rodríguez Colorado, J.: “El suelo no es una hamburguesa”, El País 28 de octubre de 1993


Autor:

Desmonopolizar El Saber





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