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Agricultura en España parte 1 - Monografía



 
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Cultivo. Tratado de Roma. PAC (Política Agraria Común)



INTRODUCCIÓN



LA AGRICULTURA: SIGNIFICADO E INTRODUCCION



Agricultura.-



Labranza o cultivo de la tierra. Arte de cultivar la tierra, para obtener de ella el mayor rendimiento posible en vegetales útiles al hombre, ya directamente, para su alimentación, ya indirectamente, para la de los animales domésticos, para producción de materia primas o como mero recreo. La gran relación e interdependencia entre la agricultura y la zootecnia han sido causa de que, en sentido amplio, se extienda el concepto de aquella, para englobar también la cría de animales. La base de la agricultura radica en las plantas, verdaderas máquinas naturales de síntesis química que tomando de la tierra, disueltas en agua, y del aire substancias inorgánicas de composición muy sencilla, las descomponen, combinan y transforman en substancias orgánicas muy complejas, llevando a cabo una tarea indispensable para la vida humana y animal, labor que el hombre sólo en ínfima parte es capaz de realizar mediante algunas síntesis químicas. El estudio y la práctica de la agricultura comprenden dos aspectos esenciales, el de la técnica y el de la economía, y en el primero hay que considerar los apartados siguientes: el clima, el suelo, la planta, instrumentos y máquinas, ganadería y construcciones, que vamos a tratar separadamente.


El clima.-



Es el factor que, fundamentalmente, condiciona la vegetación y que da origen a la existencia de zonas botánicas. Es, por tanto, necesario el estudio del clima de la comarca en su aspecto general, así como el de la influencia que ciertas condiciones, determinadas para cada terreno (situación, orientación, posición resguardada, etc.), pueden ejercer en la modificación de aquéllas. Los factores climáticos fundamentales son la lluvia, la temperatura y los vientos.

El suelo.-


Interesa la composición física y química y la profundidad de la tierra laborable, apreciada aquélla mediante análisis, a fin de conocer la proporción y cantidad de sus elementos útiles para la alimentación de las plantas, las mejoras que pueden introducirse mediante labores de fondo, drenaje, aplicación de abonos que la complementen permitan la implantación de nuevos cultivos o suplan, con creces, las substancias que los vegetales tomaron de ella, así como las reacciones químicas que en la tierra tienen lugar. Todas estas cuestiones son estudiadas por la agrología.

Las plantas.-


Las plantas cultivadas, como todos los vegetales, tienen su ámbito natural de vida o zona de dispersión, pero pueden aclimatarse a otras comarcas de condiciones semejantes, por la accion del hombre. Consecuentemente, es preciso tener en cuenta, en cada caso, las exigencias y cuidados que requiere una planta en relación con el sitio en que se quiere cultivar, y conocer, además, sus enfermedades peculiares, sus parásitos y el modo de combatir unas y otros.

Sistemas de cultivo.-


El clima y la tierra condicionan la vegetación y también los sistemas de cultivo. Los terrenos sin riego se utilizan para el cultivo en secano o en dry-farming; los que pueden regarse, para el cultivo en regadío. El primero suele practicarse en extensión (cultivo extensivo), y el segundo, en intensidad (intensivo), lo que se refiere, no ya a la cantidad de agua, sino a la producción. El barbecho, racionalmente entendido, y la alternativa y rotación de cosechas son sistemas encaminados a mejorar la condición de la tierra o a no esquimarla, sembrando siempre la misma planta, aunque este problema se resuelve a voluntad mediante abonos.

Instrumentos y máquinas.-


Las herramientas y las máquinas son indispensables. La máquina, especialmente en cultivo extensivo, tiende a adquirir cada vez mayor desarrollo y aplicación. El tractor automóvil va substituyendo a la tracción animal; el motor de explosión, a la maquina de vapor, para mover trilladoras-aventadoras, etc., y hasta el avión comienza a usarse para combatir las plagas mediante aspersiones desde el aire.

Ganadería.-


En las zonas de pastos, la vegetación espontanea alimenta el ganado, y éste, con sus deyecciones, lo abona irregularmente in situ, y otro tanto ocurre con el redeo en los rastrójales, y con el majadero. El ganado vacuno, caballar, mular y asnal se utiliza para mover las maquinas agrícolas, y todos los animales domésticos para producir estiércol. Las buenas condiciones del estercolero son esenciales para el aprovechamiento optimo de las deyecciones animales.

Construcciones agrícolas.-



Las edificaciones agrícolas han dejado de responder al servicio que les cumple, y sus distintas dependencias concebidas y realizadas para su mejor servicio, sobre todo en cuanto afecta a la buena conservación de los productos y a las condiciones sanitarias para el ganado. La economía agrícola se basa en antecedentes económicos, sociales y políticos, y consiste en la visión de conjunto de los distintos problemas agrícolas, con miras a su mejoramiento y armonía. Su acción se ejerce tanto en el orden particular como en el estatal. La somera enumeración precedente demuestra cuán complejo es el problema y explica la supervivencia de la tradición y la costumbre y la resistencia a la implantación de innovaciones. La practica o experiencia, que vale mucho, no  lo es todo; la investigación científica ha venido a complementarla y ha contribuido mas al progreso agrícola en un siglo que aquella durante miles de años. Por otra parte, no cuanto se ha expuesto puede ser realizado por particulares, aun cuando sus observaciones sean siempre de provecho, y, por eso, todos los gobiernos se preocupan cada vez mas por las cuestiones agrícolas, ya en el sentido de la economía dirigida, eficaz dentro de ciertos limites, ya en el de efectuar estudios o ensayos mediante institutos agrícolas, granjas experimentales, etc., donde se determina el modo de combatir las plagas del campo, a veces mediante insectos enemigos de aquellos que las ocasionan; aclimatación de plantas, etc.

Ante el grave problema de la insuficiente alimentación del 70% de la población humana, del progresivo crecimiento de ésta, de la desaparición ininterrumpida del suelo vegetal a causa de la labor erosiva, de que la mayor parte de las plantas cultivadas son estacionales y sólo en parte comestibles, y de que la energía solar sólo en 1% es aprovechada por las plantas, mientras se pierde el resto absorbida por la tierra y empleada en la evaporación, ha atraído hacia la agricultura, principal tabla de salvación, una gran suma de esfuerzos, los cuales están produciendo ya excelentes frutos. En primer lugar, hay que aumentar la superficie cultivada del mundo, reduciendo, mediante la elevación de temperatura, las superficies heladas, y a costa de los grandes espacios áridos, y para ello, es necesario llevar agua a esas tierras sedientas, empresa en la que acaso la energía atómica podría ser de valor definitivo, si se hallase un procedimiento económico para desalar el agua del mar. Por otra parte, hay que aumentar la fertibilidad de las tierras, ya muy esquilmadas, especialmente en el Viejo Mundo, extender y hacer rentable el nuevo cultivo sin tierra o hidropónico y, desde el punto de vista social, poner la tierra al alcance de quien la necesite y carezca de medios para adquirirla. La ciencia y la técnica vienen laborando con gran eficacia en casi todas las ramas agrícolas; pero hay una en la que, hasta hora, los resultados han sido prácticamente nulos: la climatología. El ideal, a este respecto, seria poder modificar a voluntad los factores climáticos; mas el hombre no puede cambiar, en general, la temperatura, ni el régimen de vientos, ni el de lluvias, aunque puede producir en determinadas condiciones una lluvia artificial de extensión y cuantía imprevisibles, lo que convierte en ineficaz  tal posibilidad. No obstante, seria conveniente ayudar a los labradores a que perfeccionasen sus conocimientos empíricos con nociones científicas elementales sobre nubes, vientos, lluvias, etc., y enseñarles el manejo de aparatos sencillos, lo cual les permitiría contribuir con sus aportaciones sistemáticas a la mejor predicción del tiempo, no solo local, sino general también. Deben mencionarse como conquistas estimables el riego en forma de lluvia o por aspersión, más beneficioso que sise aplica el agua en la forma corriente, y el riego subterráneo, que lleva el liquido directamente a las raíces, con lo que se evita trabajo y se obtiene un gran ahorro, calculando en un 70%, por reducirse las posibilidades de evaporación, circunstancia que hace el procedimiento particularmente útil donde el agua escasea y en las plantaciones de frutales; permite, además, mezclar el agua con abonos solubles. La luminotecnia ha dejado también sentir su influjo en la agricultura con la aplicación de los soles artificiales, lamparas incandescentes o fluorescentes, de gran variedad, que pueden utilizarse combinadas o supliendo a la luz natural. Su empleo permite incluso el cultivo en cuevas donde los factores de humedad, temperatura y aire pueden regularse en la proporción optima para cada tipo de planta. A este respecto, parece que tiene menos importancia como factor de desarrollo la luz en sí, que las alternativas rítmicas en los periodos de la luz y obscuridad y en su duración. Por lo que se refiere a la tierra vegetal, preocupa ante todo su conservación, pues se esta dejando que se pierda, en el mar, arrastrada por la erosión acuosa, y es tanto más difícil de reemplazar cuanto más rica sea en mantillo. Como se piensa también en la conveniencia de aumentar ese humus, hay una reacción contra el empleo de fertilizantes químicos, y el retorno al estiércol y a los abonos naturales, pretensión que, por otra parte, se compagina mal con la reducción creciente del ganado de trabajo y su substitución por medios mecánicos.
Se cree que así volverían a obtenerse frutos más nutritivos y substanciosos que actualmente y no falta quien diga que se atajaría la expansión de enfermedades degenerativas, hipertensión, trombosis coronaria, etc., facilitadas por la carencia de principios esenciales en los alimentos vegetales. Uno de los estudios mas recientes e interesantes, con miras al mejoramiento del suelo, es el de la fauna microscópica de éste; no obstante, a causa del extraordinario numero de estos seres, contribuyen a la formación del suelo vegetal con sus deyecciones, en un volumen que el hombre no podría igualar jamas, al mismo tiempo que excavan y esponjan la tierra con sus andanzas. La adquisición más importante en materia de abonos, parece ser el ácido giberelico, conocido vulgarmente por ga, maravilloso estimulante para el crecimiento de las plantas, pues en dosis de milésimas de gramo, cuadruplica o quintuplica el crecimiento; asimismo se sabe que el empleo de los abonos radiactivados hace cuadruplicar las cosechas. A este respecto, es buen ejemplo la gran fertilidad de que gozan ciertas tierras de Canarias, de origen volcánico, cuando en su composición entran arenas radiactivas, lo que ha hecho pensar en la posibilidad de aplicar el sistema en las tierras de secano de la península ibérica. También se han hecho progresos en lo referente a transformación física de las tierras; así, la arcilla y la tierra árida se pueden convertir en tierra vegetal mediante la acción de un producto llamado krilio, que las hace porosas y sueltas. Es en el campo de acción inmediata sobre la planta, donde se han efectuado mayores progresos.

Hasta fecha reciente, el único medio de mejorar los vegetales, era la hibridación, o cruzamiento artificial reglamentado por el hombre, a fin de obtener variedades con alguna cualidad sobresaliente; pero actualmente, mediante los cultivos experimentales y las radiaciones, el camino se ha allanado de un modo prodigioso. Esos cultivos se efectúan en el fitotrón, especie de laboratorio botánico, en cuyos locales se puede crear  y modificar a voluntad en pocos minutos, el ambiente climático que se desee; esto permite realizar interesantes estudios de fisiología vegetal, sin necesidad de someterse al curso natural de las estaciones del año. Sometidas las plantas a la acción de cuerpos radiactivos sufren mutaciones, es decir, surgen individuos con una o más características distintas, en relación del vegetal de origen. Tales mutaciones pueden ser perjudiciales o provechosas; pero solo estas, naturalmente, se trasplantan a otras variedades por hibridación. La radiactividad permite aumentar extraordinariamente la frecuencia de las mutaciones, lo que hace posible su estudio en breve tiempo, mientras que antes requería siglos; lo malo es que, tanto las cualidades anteriores que perduran, como las nuevas que aparecen, están sujetas al azar.

Además de esto, la radiactividad produce en los vegetales un crecimiento rápido y una producción más copiosa. Sus efectos, sin embargo, no son iguales para todas las plantas, pues mientras, p.e., las patatas de siembra y las semillas del yute, radiactivadas, germinan y maduran rápidamente, en el maíz se producen efectos contrarios. Las radiaciones suelen aplicarse ya directamente sobre la semilla o tubérculo, ya incorporado a los abonos sustancias radiactivas, o mediante el llamado circo atómico, plantación en circunferencias concéntricas, en cuyo centro hay una fuente de cobalto radiactivo. Gracias a los isótopos radiactivos, cuya trayectoria en el vegetal puede seguirse, se ha podido comprobar que, en el cultivo de cereales, p.e., el 90% de los fertilizantes no son asimilados por las plantas. Fuera de las aplicaciones de la radiactividad, se han conseguido en otros ordenes, notables adelantos, como, pe., en un internaculo de la Universidad de Belfast, Inglaterra, controlado termostáticamente, se ha incrementado el crecimiento de las plantas dos veces y media, mediante una iluminación semejante a la solar,  con lamparas de vapor de mercurio, mantenida mediante 20 horas al ida; el uso de las vitaminas para acelerar el crecimiento y aumentar la producción; el tratamiento de la patata con gas del alumbrado que, por la acción de letileno que contiene, hace crecer a la planta un 70% más, y eleva el contenido en almidón y la riqueza vitamínica del tubérculo, pues actúa como hormona de crecimiento, acción que también es eficaz, en mayor o menor grado con el trébol, maíz, trigo, habas, guisantes, etc.; se ha comprobado un aumento de la producción sometiendo a las semillas a la acción de la corriente alterna de alto voltaje, y los tomates, cultivados por procedimientos eléctricos, alcanzan una altura de 5′5 a 6 metros, y una sola planta puede producir mas de 15 kilos de frutos; en la plantación por estacas se consigue que los arboles fructifiquen en la mitad de tiempo mediante el llamado método Joo, que consiste en sumergir los extremos de las estacas en una solución diluida de ácido indolacético, después de lo cual se guarda entre serrín humedecido y en sitio oscuro durante un mes y cuando comienza a formarse el abulamiento de donde nacen las raíces se meten en una solución normal de vitamina B1 y se plantan, añadiéndoles la misma vitamina en agua de riego una vez al mes, durante un trimestre, después de lo cual se trasplanta al lugar definitivo. Este procedimiento es eficaz con los olivos, manzanos y nogales, mas no para los arboles de frutos agrios y el melocotonero. Los grandes avances en materia de genética han permitido la obtención de plantas de mayor rendimiento, aumentando el numero de sus cromosomas, verdaderos portadores de las cualidades hereditarias, mediante acción química. Estas plantas con mayor numero de cromosomas de lo normal se califican de poliploides. En Alemania esta tomando gran auge la remolacha dulce poliploide, que gracias al tratamiento con sustancias químicas especialmente la colquifina, ve aumentado el numero de sus cromosomas entre vez y media  y el triple, lo cual origina mayor masa verde, mayor cantidad de azúcar y forma mas regular de la raíz , que en la remolacha corriente, de donde se deriva mayor facilidad de extracción del azúcar. El máximo rendimiento de esta variedad se obtiene retrasando la recolección hasta después de efectuadas la de la remolacha ordinaria, lo que constituye una gran ventaja para el trabajo mas regular de la fabrica.


NACIMIENTO Y EVOLUCION DE LA AGRICULTURA



Desde el principio del periodo neolítico el hombre  cultivo  los cereales, que utilizo  para hacer gachas, pan y bebidas fermentadas; así como las lentejas, el guisante y el lino. En el neolítico se usaba ya una hoz integrada por dientecillos de silex, montados sobre una pieza de madera. Alemania conoció el arado en la edad del bronce; era de madera de roble y consistía en una especia de azada arrastrada, que habría la tierra sin volverla. Este tipo de arado se usaba todavía en Grecia en el siglo VIII a.C. También en aquella época se hicieron ya hoces de bronce. La viticultura debió comenzar en  Mesopotamia y Egipto en tiempos prehistóricos, de donde se extendió a Grecia y los griegos la propagaron por Italia, Francia y España. Los arboles frutales no alcanzaron desarrollo hasta la época clásica. Las actividades agrícolas del antiguo Egipto son perfectamente  conocidas a través de su arte,su principal avance consistió en las obras de irrigación. Aunque todos los pueblos en la antigüedad fueron buenos agricultores, sobresalieron entre ellos los Caldeos y los Babilonios. Griegos y Romanos la hicieron prosperar, y con ellos surgen los nuevos escritores y tratadistas sobre temas incidentales o, en cierto modo, sistemáticos de agricultura: Jenofonte, Teofrasto y Exiodo entre los primeros, y Caton, M. Terencio Varron, Virgilio, Corumela y Plinio el joven, entre los últimos. Estos conocieron ya el valor del estiércol y perfeccionaron el arado, con la reja de hierro, todavía en uso con la clasificación de romanos. Durante la Edad Media, los grandes monasterios funcionaron a modo de granjas colectivas y dieron la pauta, puesto que los monjes eran los únicos que podían aprovecharse de la cultura escrita del pasado. Luego surgió la propiedad comunal de los pueblos. Los Árabes perfeccionaron notablemente los sistemas de riego y dejaron en el levante y Sur de España, en este sentido, notables huellas de su paso. También tuvieron notables tratadistas. El descubrimiento de América y el de las rutas para la india fue de fecundidad extraordinaria; de América vinieron numerosas plantas como la patata, el tabaco, etc.. y halla se llevaron otras del Viejo Continente. En el siglo XVII Alemania e Inglaterra hicieron prosperar su agricultura,  y la ultima también su ganadería; pero el gran progreso fue realizado a partir del siglo XVIII, a consecuencia del avance en las ciencias experimentales. Los nombres de Thaer (1809), verdadero fundador de la agronomia moderna; de Davy (1813), que se ocupo de química agrícola; de Saussure, que estudio la descomposición del anhídrido carbónico del aire por las plantas; de Sprengel (1828), descubridor de la importancia del nitrógeno en la vida vegetal; de Liebig (1840), creador de los abonos artificiales y que sometió a normas científicas la alimentación del ganado y de las plantas; Osborne (1846), que hizo el primer ensayo de mecanización del arado mediante el vapor, cuya utilidad practica demostró Fowler (1858), merecen ser recordados. Posteriormente, los avances de la química hicieron tomar gran incremento al cultivo de plantas, con miras industriales, y aquella ciencia, junto con la bacteriología y la entomología, van dando cada vez mayor sentido científico a la agricultura.

LA CREACION DE LA POLITICA AGRARIA COMUN (P.A.C.)


Quien haya viajado por Europa habrá podido contemplar verdes pastos poblados de ganado vacuno, praderas con ovejas y corderos, grandes campos amarillos de colza o girasol o malvas de lino, verdes extensiones donde nace de invierno el trigo o el girasol en primavera, suaves pendientes pobladas de viñedos o frutales, o grandes masa forestales. En medio de esos ricos feraces paisajes aparecen pequeños pueblos o casas aisladas, representativas en su arquitectura de la región que se atraviesa. Ésa es la agricultura y el mundo rural europeo. Algo por lo que se ha luchado en la historia pasada.

Un termino que es fuente de extraordinaria riqueza, generadora de empleo y en siglos no demasiado lejanos única fuente de alimentos vegetales, de madera para vivienda, de leña para el fuego, de fibras textiles con las que vestirse, de caza y animales con los que alimentarse y de semillas, hojas y raíces con las que elaborar bebidas o pócimas para curar enfermedades. Esa agricultura tradicional, con ligeros cambios, sobrevivió prácticamente hasta el fin de la II Guerra Mundial, ocupando familias enteras consagradas a las labores campesinas.

Hoy, en 1998, tras las ultimas adhesiones que han llevado a la Unión Europea a agrupar en su seno a quince naciones, la agricultura de esa Europa-15 es una muy compleja <> que está cambiando la fisonomía del tejido rural y que engloba nada menos que140.000.000 de hectáreas (España, siendo un país muy agrario, es la cuarta parte de esa superficie). En ese territorio agrario trabajan casi 8.000.000 de explotaciones agrarias, con una media de 16′4 hectáreas por explotación. Pero la Producción Final Agraria (PFA) de esa colosal máquina productora es de 206.000 millones de ECUs. Debe señalarse, todo caso, que sólo seis estados miembros aportan el 65% de PFA comunitaria. Tales países son (en orden decreciente de producción): Francia, Italia, Alemania, España, Reino Unido y Holanda.

Pero la agricultura es sobre todo un proceso donde una hábil combinación de energías humana, solar, biológica y fósil realizan cada año el milagro de convertir unas pocas semillas de trigo o cebada o girasol en una abundante cosecha o unos verdes pastos en unos kilos de leche. Para llevar a cabo esa transformación es preciso consumir horas de sol, trabajo humano ciertamente, pero sobre todo los llamados Consumos Intermedios (CI) que están formados por piensos, vacunas, semillas, gasóleo, abonos, aperos, energía eléctrica, agua de riego, etc. Y esos CI son los que, de algún modo, definen el grado de tecnificación de una agricultura determinada. Así, en la UE esos consumos representan 95.000 millones de ECUs que la agricultura compra a la industria y suponen el 46′10% de la PFA, en tanto que en EE.UU. alcanzan el 52′89%.

Hablamos, pues, de una de las agriculturas más modernas y desarrolladas del mundo, que aunque supone poco, muy poco sobre su PIB, implica un alto valor de integración y cohesión social, territorial y humana. No hay que olvidar que más del 85% del territorio está situado en núcleos rurales pequeños o medianos, que engloban poca población, ciertamente, pero que sin ella nuestros países serian paisajes demográficos vacios. Y tampoco conviene olvidar que en esos pueblos o aldeas es, hoy por hoy, la actividad agraria y ganadera y su entorno de talleres, distribuidores, agentes, corredores, almacenistas, etc., el  motor económico de cada unidad de población.

Por otra parte, la significación de las exportaciones e importaciones agrarias europeas en el comercio mundial no es desdeñable. La UE mantiene un saldo negativo de su comercio exterior de 19.000 millones de ECUs, mientras que EE.UU. es positivo con unos 12000 millones de $. Pero lo importante es que la parte que representan las importaciones agrarias y alimentarias en las importaciones totales de la UE es un 12% frente a un 6′8% en EE.UU., y en las exportaciones un 8′4% frente a un 12′7% de EE.UU. Siendo dos grandes potencias mundiales agrarias, la UE se caracteriza por ser más importadora que EE.UU. y menos exportadora que aquél.

Pero hablar de <> es en sí mismo un gran engaño. No hay una sola agricultura, pues incluso cuando hablamos de un producto concreto, trigo por ejemplo, su producción no es semejante en técnicas o rendimientos en todas partes. Al contrario. En un territorio tan pequeño, a escala comunitaria como España, se dan numerosas agriculturas y métodos de producción varían sensiblemente. Por eso la cornisa es más ganadera de Castilla y ésta más cebadera o triguera que Valencia.

Pues bien del mismo modo, cada Estado miembro tiene una fortaleza mayor en algún producto concreto y tiene un mayor peso en su configuración agraria. Por ejemplo, España obtiene algo mas de 1/3 de su PFA con las frutas frescas, las hortalizas y el aceite de oliva. Por el contrario, Alemania alcanza ese tercio sólo con la carne de vacuno y la leche. De hecho son muchos los Estados miembros donde sólo esos dos productos y el porcino definen prácticamente la fisonomía de su agricultura. Y a veces con algún otro muy fundamental en sus cultivos y su alimentación, como las patatas en Bélgica, en Holanda o en Portugal.

Esa es la agricultura de hoy en Europa. Pero no lo era al término de la II Guerra Mundial o la firma del Tratado de Roma. En aquella época las estructuras industriales, a niveles de conjunto naturalmente desiguales, eran sorprendentemente similares. Pero en materia agraria todo era increíblemente divergente… Y si bien en todas partes existía una protección vigorosa y se practicaban intervenciones estatales para elevar la renta de los agricultores, los elementos mismos de realización eran divergentes según el papel atribuido al comercio, a la organización profesional o  a los organismos centralizados de carácter publico.

Por eso hay que valorar tanto el ingente trabajo de los padres fundadores de la CEE respecto a la organización de lo que sería, años más tarde, una política agrícola común: la PAC.

DE LA ALEMANIA PASTORIL AL TRATADO DE ROMA


El Tratado de Roma se firma en 1957. Es fruto, se ha escrito ya muchas veces, de una voluntad de paz, de la necesidad de asegurar un mecanismo nuevo que impida los errores y las divisiones europeas del pasado que condujeron a dos horribles guerras mundiales. Y es fruto, sobre todo, de los esfuerzos de unos hombres que lucharon por una concepción nueva en su realización, aunque vieja en su enunciado: la unión de los estados europeos.

En esa voluntad de paz la agricultura jugó, ya desde el mismo final de la II Guerra Mundial, un papel importante, muchas veces olvidado por los economistas.

Pues bien, al término de las II Guerra Mundial el problema era el alimento. La destrucción del capital agrario, del capital vivo, como el vacuno, porcino, caballar, o del capital mecánico como los escasos tractores preexistentes, o de fábricas de abonos, etc. -la perdida masiva de vidas humanas que suponían el principal capital, el del conocimiento-, hicieron que el hambre reinara en loa vieja Europa destruida. Pronto, muy pronto, los diferentes gobiernos de los países intervinientes comenzaron su labor de reconstrucción bajo el principio del autoabastecimiento. Principio al que se unió el de la protección nacional en frontera de sus propias producciones.

Porque ciertamente lo natural hubiera sido en aquella Europa, la complementariedad entre Francia, gran potencia agraria entonces y siempre, y una Alemania industrial importadora neta de alimentos. Pero era pedir demasiado en un clima de postguerra. Tendremos que llegar a los años cincuenta para encontrar un movimiento entre los dirigentes agrarios de ambos países proponiendo la creación de un mercado verde a semejanza del recién nacido Mercado del Carbón y del Acero.

Las necesidades de importación alemanas coinciden casi con las exportadoras  francesas. Se impone, pues, la concertación. La Confederación Europea de Agricultura (CEA) será el marco de debate, del que pronto se pasará a un objetivo más amplio: la concertación en el seno de la Europa de los seis. Aquí jugará un rol importante el Ministerio Holandés de Agricultura Sicco Manholt -que luego tendrá un papel esencial en la CEE como Comisario- y las propias organizaciones agrarias cuyos lideres aproximarán posiciones y buscarán la creación de una comunidad agraria europea.

Sin embargo, no todo fue tan fácil. Se Precisó de la acción de un catalizador para que la agricultura ocupara un puesto singular en la CEE. Y ese catalizador fue Francia. En la Conferencia de Messina en 1955 Francia no aceptó firmar el futuro Tratado de Roma si no se añadía al borrador una política agrícola común que compensara la primacía de la industria alemana. Inglaterra se retiró y seis países dieron su acuerdo. Así nacerá una política que ha sido hasta hace bien poco la única gran política común y motor de la Europa Común.

LA AGRICULTURA EN EL TRATADO DE ROMA



No es, pues, de extrañar que en el Tratado de Roma la agricultura aparezca en lugar destacado. Un examen de la forma del Tratado nos da idea de la peculiaridad del lugar que la agricultura ocupa en el mismo. Tras una primera parte dedicada a los principios de la CEE, se abre una segunda parte, titulada nada menos que fundamentos de la Comunidad, cuyo Título II aborda este crucial sector, bajo el epígrafe Agricultura. El Título III está dedicado a la libre circulación de personas, servicios y capitales y el Título IV a transportes. A partir de aquí se abre la Tercera Parte, titulada Política de la Comunidad, en la cual encontramos las Normas sobre Competencia, la Política Económica y otras, la Cuarta parte dedicada a la Asociación de los países y territorios de ultramar, la Quinta bajo el epígrafe Instituciones de la Comunidad y la Sexta con las Disposiciones Transitorias y Finales.

Es decir, en el momento de la concepción de la CEE sólo dos sectores, la Agricultura junto con los Transportes, formaron parte del cuerpo central denominado Fundamentos de la Comunidad.

Estamos, pues, a diferencia de lo que ocurrirá en la EFTA, ante países cuyas economías agrarias son muy importantes, en esos momentos, en su PI B, en su exportación (Francia, Italia y Holanda) y en la ocupación de su mano de obra. Además, la complementariedad de las diferentes agriculturas regionales europeas ofrecía no sólo una mejor oportunidad para los intercambios comerciales, sino también una mejor y complementaria nutrición. Tal complementariedad obedece a las grandes diferencias climáticas, edafológicas productivas, estructurales, exportadoras, etc., entre las zonas norte y mediteraneas de los Seis. Aquellas dominadas por lo ganadero y estas por lo agrícola. Aquellas por la leche, la carne de bovino y los cereales y éstas girando alrededor del vino, el aceite de oliva y los frutos y hortalizas, básicamente. No es, pues, de extrañar que la CEE incluyera la agricultura en lugar privilegiado y como fundamento de su Tratado, la agricultura es, como veremos, la primera política que realmente se comunitariza, la primera de la que realmente se podrá calificar como una política común. Una política que pronto será denominada abreviadamente y coloquialmente como la PAC.

Debemos detenernos, ahora, un poco para seguir el Tratado de Roma en su parte agraria y comprender así no sólo su evolución, sino también los límites a los cambios recientes y la integración de éstos en los viejos y aún vigentes principios. El articulado que va desde el 38 al 47 del Tratado nunca ha sido alterado, desde su aprobación en 1957. Su artículo 38 dice que el mercado común abarcará la agricultura y el comercio de productos agrícolas, y añade lo que entiende por tales: los productos de la tierra, la ganadería y la pesca, así como los productos que son incluidos en el Título de la Agricultura. Esta lista sí que ha sido modificada, por adición o extensión, a lo largo de los años. Y termina este artículo con una afirmación trascendente: el desarrollo del mercado común de tales productos deberá ir acompañado por una política agrícola común entre los Estados miembros. Ésta es la PAC.

Su artículo 39 define muy claramente los objetivos de dicha PAC. Son los siguientes:

Incrementar la productividad de la agricultura, desarrollando el progreso técnico, y asegurando el desarrollo racional de la producción     agraria así como el empleo óptimo de factores de producción, especialmente la mano de obra;
Garantizar un nivel de vida equitativo a la población agrícola, especialmente por el aumento de la renta individual de aquellos que trabajan en la agricultura;  estabilizar  los mercados; garantizar la seguridad de los abastecimientos; Asegurar al consumidor suministros a precios razonables.

Para alcanzar estos objetivos el artículo 40 establece el método, que será la creación de una organización común de los mercados agrícolas, que puede ser diferente para cada producto  y que el Tratado, incluso, preveía que según el producto la organización común fuera más o menos profunda, desde una posición de leve integración, con sólo unas normas comunes sobre la competencia, hasta un máximo mediante una organización europea del mercado. Ese mismo artículo 40, en su párrafo 4, hace referencia a un tema que será, con el tiempo, la clave del arco de la construcción del mercado común agrario. Me refiero a que permite la creación de uno o varios fondos de orientación y de garantía agrícolas. Uno o varios.

Ésta es la base de la PAC. Pero otros artículos posteriores determinan acciones, principios o medios que deben ser al menos enunciados. Así, los siguientes:

Posibilidad de financiar en común programas de formación, investigación o fomento del consumo de ciertos productos (art.41).
Posibilidad de conceder ayudas a explotaciones agrarias por condiciones naturales o estructurales o en el marco de programas de desarrollo. (art.42).
Disponibilidad de la Sección de Agricultura del Comité Económico y Social al servicio de la Comisión (art.47).

DE LA CONFERENCIA DE STRESSA A LAS PRIMERAS OCM



Deliberadamente he obviado en los párrafos anteriores hacer referencia al artículo 43 del Tratado. En él se decía en su párrafo 1 que …con objeto de determinar las líneas directrices de una política agrícola común, la Comisión convocará, a partir de la entrada en vigor del Tratado, una Conferencia de los Estados miembros que habrá de proceder a u contraste de sus respectivas políticas agrícolas, estableciendo en particular el balance de sus recursos y necesidades. A ello añadía, en su párrafo 2, que la Comisión en un plazo de dos años formularía …las propuestas necesarias para la elaboración y ejecución de la política agrícola común, incluida la sustitución de las organizaciones nacionales por alguna de las formas descritas en el apartado 2 del artículo 40….

Dicha Conferencia tuvo lugar en la ciudad italiana de Stressa mediado el año de 1958 (del 3 al 12 de Julio), es decir, transcurrido algo más de un año desde la firma del Tratado.

Entre los principios básicos que emanan de esta Conferencia hay que señalar siempre los tres siguientes, que a veces se citan como las reglas de oro de la PAC:

UNIDAD DE MERCADO.-



Principio que es la esencia del llamado mercado común y también del mercado único que verá la luz, más tarde, al amparo del Acta Única Europea (1986). Supone la libertad absoluta de circulación, sin traba alguna, en armonía con lo que supone la Unión aduanera, de las mercancías agrarias entre todos y cada unos de los Seis Estados miembros. Esa libertad entraña, en consecuencia, precios comunes, protección homogénea en frontera frente a las importaciones de países terceros, reglas comunes para la importación y/o la exportación, y normas iguales de protección sanitaria, sea en el ámbito vegetal como en el animal o veterinario. También implica unas paridades comunes en materia monetaria, tema éste que ha implicado durante años la aplicación de un método específico, los Montantes Compensatorios Monetarios (MCM), para corregir las disparidades monetarias, fruto de devaluaciones o revaluaciones.

PREFERENCIA COMUNITARIA.-



Es éste el principio protector de la agricultura por excelencia, que le aísla, de algún modo, de las oscilaciones de los mercados internacionales y que garantiza a los comunitarios en un espacio económico y en una horquilla de precios, la comercialización y venta de sus productos. A su aplicación se debe el uso de la expresión fortaleza comunitaria cuando se habla de las dificultades de asaltar, vía exportación, el mercado interior europeo. Sin embargo, su trascendencia se ha visto debilitada en los últimos tiempos. La preferencia comunitaria hace referencia a que el mercado interior agrario debe ser abastecido preferentemente por los agricultores y ganaderos comunitarios. El problema es cómo asegurar dicha preferencia frente a terceros, de modo objetivo.


SOLIDARIDAD FINANCIERA.-



Establecida la unicidad del mercado y siendo necesario en la regulación de un mercado concreto la consideración de éste como un todo global, era evidente que cualquier ingreso o gasto tendente a regular dicho mercado debía ser común. Es decir, los ingresos de aduana no podían ser nacionales, cuando de la importación se derivaba un beneficio para todos, la regulación del mercado; ni un gasto cualquiera, por ejemplo, una restitución o prima a la exportación, podía ser sólo un gasto nacional, cuando la eliminación de un excedente o sobrante agrícola, contribuye a la estabilización de la totalidad del mercado único. De ahí la necesidad de contemplar ingresos y gastos agrícolas en una óptica global, comunitaria. Tal es el principio de solidaridad financiera cuya materialización orgánica es el FEOGA.

Pero las conclusiones de Stressa van más allá de los meros principios. Entre ellas encontramos que serán decisivos en los años venideros para la construcción europea de la agricultura. Stressa pone su acento en la protección a las explotaciones familiares agrarias, conscientes de que son las estructuras familiares las dominantes en esos momentos en el medio rural y, además, los partidos que más contribuyen a la firma del Tratado de Roma, democristianos y socialistas, tienen en sus programas esa cuestión como prioritaria. A ello hay que añadir la búsqueda del equilibrio entre la oferta y la demanda, el deseo de incrementar los intercambios intracomunitarios y la conveniencia de considerar la agricultura como parte integrante de la economía y esencial en la consolidación de un modelo social.

Sobre estos principios y conclusiones, emanados de Stressa, nacerá la PAC. Y nacerá bajo la batuta de un poderoso conductor de orquesta, un hombre cuya influencia en todo el proceso será siempre esencial: Sicco Mansholt. A él se debe el informe básico que la Comisión aprobó en 1960. Y de él derivan los primeros reglamentos que ordenarán los sectores básicos de la agricultura comunitaria.

EL FONDO EUROPEO DE ORIENTACION Y GARANTIA AGRICOLAS (FEOGA)



Ya hemos visto cómo en el artículo 40.4 el Tratado de Roma prevé la creación de uno o más fondos de orientación y garantía agrícolas. Se trataba de disponer de una caja o fondo común donde se concentraran y contabilizaran todos los ingresos y gastos agrícolas, donde así unidad y coherencia a la actuación. Sin embargo, en algún momento latió la idea de crear un fondo para productos vegetales y otro para ganaderos, idea ésta que a la postre fue rechazada a favor de la unidad de gestión.

Ya desde el propio Tratado se menciona la orientación y la garantía, entendiéndose por tales, respectivamente, la Sección que financia las medidas estructurales y aquella otra que opera y financia las acciones de regulación del mercado. El FEOGA forma parte, obviamente, del presupuesto comunitario, y por ello sus créditos presupuestarios son atribuidos o fijados por la autoridad presupuestaria.

Pero la PAC dispone de unas instituciones propias que son generadoras de ingresos agrarios. Me refiero a los prélèvements, que son exacciones variables en frontera y, por tanto, constituyen ingresos para la CEE en virtud del principio de solidaridad financiera y las cotizaciones del azúcar que también son ingresos de la CEE asignados al FEOGA. La suma de ambos es bien significativa. Así, entre los años 1977 a 1983, oscila entre los 2.137 y 2.572 millones de ECUs, y en los últimos años ha variado entre 2.760 millones en 1991 y 2.150 en 1996. Al ser crecientes los gastos del FEOGA con el tiempo, hay que hacer notar que en las primeras décadas de los sesenta y setenta los recursos propios representaban porcentajes más altos sobre el gasto total agrario que en la actualidad.


Pero, ¿qué financia el FEOGA? Veámoslo por secciones:



La Sección Garantía ha venido tradicionalmente financiando los gastos resultantes de las diferentes OCMs y dentro de ellas aquello que representa gasto de ordenación de mercado para la CEE, como las restituciones a la exportación, primas de almacenamiento, ayudas compensatorias de precios, ayudas directas a la hectárea o por cabeza de ganado o el almacenamiento público de mercancías agrarias.
La Sección Orientación que financia las acciones de cambio estructural, muchas veces con una clara incidencia en la adaptación oferta-demanda del mercado, otras sobre la estructura de las explotaciones -dimensión, edad del agricultor, etc.-. La proporción del gasto efectuado vía Orientación sobre el total ha sido siempre muy escaso y objeto de severas críticas. En todo caso, consignemos aquí que estos gastos se efectúan a través de dos procedimientos básicos: el reembolso de una parte de las acciones y gastos exigibles de los Estados miembros (acciones indirectas) o bien, la concesión directa de subvenciones a proyectos que se inscriben en los objetivos de acciones comunes concretadas (acción directa).

LAS PRIMERAS ORGANIZACIONES COMUNES DE MERCADO (OCM)



En el informe Mansholt de 1960, y en última parte, se enunciaban los sectores que debían ser objeto más inmediato de reglamentación e incluso se contenían textos muy precisos sobre los mismos. Tales sectores, que componían prácticamente, todos los básicos de la agricultura, eran:

Vegetales: cereales, azúcar, vino, frutas y hortalizas. Arroz y grasas vegetales eran simplemente enunciados como los productos a seguir.

Ganaderos: carne y leche de vacuno, porcino huevos y aves.

¿Qué contenían estas OCM? ¿Cómo ordenaban los diferentes mercados? Responder a estas cuestiones puede hacerse de modo sectorial o general. Entendemos que dada la necesaria limitación de esta colección, es más apropiado hacerlo de un modo general y horizontal. Para ello es preciso que examinemos los principios de regulación de un mercado agrícola, en el contexto de la CEE de los años sesenta.

En la mayor parte de los mercados agrícolas de la CEE los precios del mercado interior habían sido, y lo eran en los sesenta, superiores a los de los mercados exteriores o internacionales. Ello implicaba un riesgo, cual era el de trasladar las graves oscilaciones de estos últimos a los mercados interiores, más pacíficos y sobre todo más fáciles de regular con pequeñas variaciones de mercancía. Por otra parte, los agricultores europeos estaban ya acostumbrados desde antes de la II Guerra Mundial a políticas de protección de sus ingresos, fuera mediante protección vía precios, como en el territorio de los Seis, o bien mediante procedimientos vía rentas, como el sistema de deficiency paiements típico del Reino Unido. (En EE.UU. también se generalizaron procedimientos de protección a los agricultores a partir de la Gran Depresión, partiendo del llamado índice de paridad).

El mecanismo puesto en práctica en la CEE era relativamente sencillo de manejo y de una gran objetividad, lejos de las arbitrariedades del comercio de estado u otros semejantes. Había que asegurar una razonable protección a los agricultores y ganaderos y también a los consumidores. Aquellos pedían precios mínimos para sus mercancías y que en caso de excedentes éstos fueran adquiridos y almacenados por el Estado o eliminados en los mercados internacionales, vía exportación, obteniendo ellos siempre el precio mínimo. Los consumidores, por otra parte, pedían que los precios a los agricultores y ganaderos tuvieran un límite objetivo, un precio superior, alcanzado el cual en caso de malas cosechas, deficitarias, se abrieran los almacenes del Estado o las fronteras a la importación para recibir alimentos suficientes a precios no exagerados. La conciliación entre ambos razonables deseos es la PAC nacida en los años sesenta.

Para ello se implantaron un conjunto de precios administrativos o institucionales, es decir, fijados por la Comisión y el Consejo, cada uno de los cuales tenía una función diferente. Así encontramos, generalmente, los siguientes:

Precio indicativo o precio al cual se desea se realicen las transacciones que, teóricamente, es el que garantiza un nivel de ingresos correcto. Por referencia al mismo se calculaban los restantes.

Precio umbral en frontera o precio que cuando se alcanza se abre automáticamente el mercado a las importaciones, pues la diferencia entre él y el precio internacional es el prélèvement o tasa variable en frontera. Dicho de otro modo: en el mercado los precios suben y sólo cuando el precio alcanza el umbral, interesa a los operadores importar, pues es en ese momento cuando el precio internacional más el prélèvement es competitivo con el precio de mercado interior.
Precio de garantía de sostén o intervención, aquel que los organismos públicos de intervención que actúan como agentes del FEOGA deben comprar toda o parte de la oferta que los agricultores realicen. Es, pues, un precio mínimo. Normalmente este precio ha estado asociado a una obligación ilimitada de compra, lo que ha planteado no pocos problemas que se comentarán más adelante. Las mercancías así compradas son almacenadas para ser lanzadas al mercado interior en momentos de escasez o para su exportación, normalmente primada hasta el nivel del precio internacional.

Los precios anteriormente señalados eran -y son- objeto de debate, discusión y fijación en un único Consejo de Ministros de Agricultura, conjuntamente una vez al año, a partir de 1966. Este dato es importante porque la fijación en un solo acto y su anuncio posterior permitía orientar la oferta, ya que los agricultores y ganaderos podían orientar sus producciones, especialmente las de siembra y ciclo inferior al año, a las condiciones de precio, pago, mercado, etc., que les resultara más interesante.

Si bien éstos son los mecanismos normales en esta etapa, conviene hacer alguna advertencia:

No siempre todos los mecanismos son operativos en un mismo sector. A veces encontramos sectores que gozan de protección inferior y superior, es decir, interior y exterior o de garantía umbral, mientras que en otros sólo aparece alguna de ellas.
En otros casos el apoyo al sector no está formulado en estos términos, sino en forma de ayuda directa a tanto alzado, por hectárea o cabeza de ganado, fórmula ésta que se utilizó mucho para productos marginales, no esenciales, en la producción de la CEE, como el lúpulo, cáñamo, etc. (Con la nueva PAC esta fórmula se ha extendido notablemente).

En base a tales criterios y principios, pronto la CEE aprueba diferentes reglamentaciones y así en los Consejos de 14 de Enero de 1962, de 23 de Diciembre de 1963 y de 15 de Diciembre de 1964 quedan aprobadas OCM que regulan ya más del 85% de la producción final agraria de la CEE. Más adelante se llegara a cerca del 95%, casi toda la PFA, distribuida en cuatro grandes sistemas de protección:

Con protección exterior: corresponde a vinos no de mesa, arroz, parte de frutas y hortalizas y flores. Representaban, aproximadamente, una cuarta parte de la PFA.

Con sistemas de precios comunes: abarca la mayor parte, casi un 70% de la PFA, integrando a cereales, azúcar, carne y leche de vacuno, algunas frutas y hortalizas, y vino de mesa.

Con ayudas directas a la producción: incluía el trigo duro, aceite de oliva, tabacos y ciertas semillas oleaginosas.

Con ayudas directas a tanto alzado: afectaba sólo a productos marginales con precios europeos e internacionales cercanos.

Desde esta fecha y hasta los primeros años de los setenta la PAC se consolida. Todo parece funcionar bien. Todo… excepto tres cosas: Cómo mantener un precio común en un mercado monetario inestable; Cómo no generar excedentes; Cómo evitar el crecimiento del presupuesto agrario del FEOGA.

A principios de los setenta comenzarán a oírse voces autorizadas discrepantes, basadas en las tres cuestiones anteriores.


ESPAÑA ENTRA EN EL CLUB



España ingresa en la CE en 1986, si bien la firma del Tratado de Adhesión se llevó a cabo en 1985. La solicitud de adhesión es presentada por el Gobierno de Adolfo Suárez inmediatamente después de las elecciones de 1977. Iniciadas las negociaciones, éstas inesperadamente se alargaron más allá de lo razonable, especialmente por la paralización que introdujo en el proceso el Presidente del Francia Giscard D’Estaing, en un, ya tristemente famoso, discurso ante las Cámaras Agrarias francesas, en el cual y víspera de unas elecciones presidenciales, quiso calmar a sus bases agrarias, daba su inquietud ante la entrada de España en la CE. Y, es más, utilizó en su favor la amenaza de nuestro ingreso para obtener concesiones sustanciosas a favor del vino y las frutas y hortalizas. No debe extrañar este retraso debido al capitulo agrario, pues, además de lo consignado, en esa época el presupuesto agrario de la CEE sumaba las 2/3 partes del total comunitario y, entonces, la única política común en el marco de la CEE era la PAC.

Al largo período de negociación (más de siete años) se añadió un también muy amplio período transitorio, de siete años para la mayor parte de las producciones, pero de diez par algunas muy significativas y relevantes en la PFA y la exportación española como las frutas y hortalizas. Como se ve, un período muy distante de las transiciones clásicas -las anteriores- que habían sido de cinco años, y de las posteriormente negociadas.

No cabe duda de que el ingreso de la agricultura española en la CE supuso un claro revulsivo, dada la importancia del sector y su ponderación en el conjunto europeo. Se incorporaban 504.000 km2 con una superficie agrícola útil (SAU) de 27.300.000 hectáreas (un 20% de la CE-12), con 1.700.000 agricultores adicionales, 1.800.000 explotaciones, una dimensión media por explotación muy similar a la media europe (12′9 hectareas frente a 12′7 hectareas) y una PFA que era el 10′6% de la comunitaria.

Nuestra estructura de la PFA era, como corresponde a un país mediterráneo, diferente de la correspondiente a la CE-9. En España las producciones dominantes eran y son las frutas y hortalizas, el aceite de oliva, el vino, la carne de porcino, la leche y las carnes bovina y ovina, aunque con menor ganadería extensiva, en el vacuno, que en la Europa a la que nos incorporábamos.

Durante los años anteriores al ingreso en la CE, especialmente a partir de 1976, muchas ordenaciones de mercado interiores -lo que entonces se conocía en España como los Decretos de campaña- habían ido adaptando progresivamente sus sistemas de precios institucionales y sus mecanismos de intervención a los comunitarios, de tal modo que en el momento de la adhesión las diferencias eran menores. Al tiempo, en los años 1978-82, algunas leyes reguladoras del marco estructural también se habían modificado para permitir un aterrizaje más suave en la CE. Tal fue el caso de la ley de arrendamientos rústicos, la de seguros agrarios, la de agricultura de montaña, etc.

En todo caso, la PAC se aplicó en España a partir de nuestra entrada con modalidades específicas, como era natural, respecto a duración, aproximación de precios y compensación de sus diferencias, libre circulación y unión aduanera, homologación de ayudas españolas e introducción de las comunitarias, liquidación de los excedentes nacionales y aplicación del Mecanismo Complementario de los Intercambios (MCI) y de los Montantes Compensatorios de Adhesión (MCA). Hoy, pasado ya el período transitorio, no parece que tenga demasiado interés profundizar en estos extremos.

Vale la pena, en todo caso, poner el acento en lo siguiente:

Muy poco después de ingresar en la CE, la agricultura española se vio sometida a otras fuerzas muy diferentes de las obligaciones derivadas del período transitorio. Me refiero en concreto al Acta Única Europea y el inicio de la nueva PAC, con la transformación de los mecanismos de ayuda inicialmente previstos. A lo que le seguirá Maastricht y la Ronda Uruguay.

España, inexplicablemente, debió afrontar con cargo a su presupuesto la liquidación de sus stocks públicos formados previamente a la firma de la adhesión, pero también se le exigió contribuir a la eliminación de los comunitarios.

España ha mantenido desde la adhesión su sistema de seguros agrarios, muy diferente del existente en otros Estados miembros,  y que sigue siendo hoy un poderoso instrumento de protección de las rentas agrarias.

Probablemente los agricultores y ganaderos esperaban de la CE más protección de la recibida inicialmente, pero, en cambio, el comportamiento de los precios agrarios fue, al inicio, lo suficiente favorable como para no generar demasiadas desconfianzas o tensiones sobre el nuevo sistema.





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