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Agricultura en España parte 2 - Monografía



 
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LOS ACUERDOS Y DIRECTIVAS QUE MAS AFECTAN A ESPAÑA



EL OLIVO



INTRODUCCION



La producción olivarera es la base de subsistencia de importantes poblaciones de la cuenca del Mediterráneo y de algunas localidades de América Latina, constituyendo en ellas una actividad significativa por su repercusión social y económica.
La singular importancia de esta planta resulta especialmente de su carácter de cultivo permanente, de su plasticidad y resistencia inigualable, ofreciendo cosechas aún en condiciones sumamente difíciles. Resiste largas etapas de abandono casi total y se recupera fácilmente de períodos críticos derivados de accidentes climáticos o inconvenientes culturales.

Sin embargo, los objetivos sociales a que ha debido atender este cultivo son responsables, en cierta medida, de la dispersión del olivar en zonas que hoy consideramos económicamente inadecuadas, así como también del actual estado de las plantaciones y de las dificultades que se encuentran para encarar su adecuada modernización y su ubicación en el cuadro de las explotaciones agrícolas que actualmente proporcionan una aceptable rentabilidad.

Debido a estas circunstancias, dentro del total mundial actual de alrededor de 750 millones de olivos, es posible encontrar plantaciones de aptitud variable, debido a las diferentes situaciones ecológicas y orográficas, estructura de la propiedad, nivel de recursos técnicos aplicados, etc., y por lo tanto, con muy significativas diferencias en lo que se refiere a su capacidad productiva.

En los países técnica y económicamente más desarrollados el olivar tradicional se encuentra desde hace ya algunos años ante la creciente competencia de actividades rurales o industriales que permiten mayor retribución de la mano de obra disponible.

Esta presión asume particular gravedad en aquellas zonas donde el olivo se halla bajo condiciones ecológicas inadecuadas, sobre terrenos con fuerte pendiente que dificultan la mecanización de las labores y, también, cuando el estado vegetativo de las plantas, por su avanzada edad, exige costosas prácticas de rejuvenecimiento o renovación.

La expansión del área en España, Francia, Italia, Líbano, Portugal y Argentina es sumamente limitada, y la actividad oleícola se encuentra sometida a un razonado diagnóstico y paulativo proceso de reestructuración que ha de canalizarse en programas de mejoramiento integral mediante una moderna intervención técnica o bien a su complementación o reemplazo con otras explotaciones.

Entre tanto, el cultivo de tipo tradicional sigue difundiéndose de manera muy significativa en las regiones del norte de Africa y el cercano Oriente, en particular en Argelia, Grecia, Marruecos, Siria, Túnez y otros.

El olivo es, en muchos de estos países, una actividad irremplazable y la que mejores aptitudes ha demostrado para radicar bajo difíciles condiciones ambientales la mano de obra y los escasos recursos técnicos y económicos disponibles y proporcionar resultados razonablemente satisfactorios.

La  ampliación del área olivarera mundial, cuyo ritmo anual se estima de cinco a seis millones de plantas, se halla concentrada prácticamente en estos países.

La posible disminución de producción en los países olivareros más importantes - España, Italia -, debido a los reajustes que se puedan producir en el área cultivada, constituye probablemente uno de los alicientes para la expansión del cultivo en los países menos desarrollados, en su deseo de aumentar sus disponibilidades de aceite y aceitunas para cubrir la demanda del mercado exterior.

Como elemento de orientación acerca de niveles futuros de producción es conveniente señalar que estas nuevas plantaciones se realicen en general en condiciones que permiten esperar resultados económicos relativamente satisfactorios, aunque en muchos casos el material vegetal empleado no es sometido previamente a una correcta selección.

SITUACION DEL CULTIVO. PROBLEMAS MÁS IMPORTANTES



Las dificultades del olivar tradicional, que en algunos casos han sido atribuidos a algunas características particulares de cada planta, derivan en realidad y en buena medida de las condiciones de vida y de los objetivos que era natural perseguir con este cultivo en épocas pasadas. A ello debe agregarse, también, la escasa preocupación que se ha venido demostrando hasta hace algún tiempo por encarar mediante una ordenada investigación científica y técnica algunos de los problemas que limitan su rentabilidad.

La longevidad de la especie y la dificultad de su reemplazo han contribuido a mantener prácticamente inmovilizada la estructura original de las plantaciones que en muchos casos hoy se revela económicamente inadecuada.

En la base de los problemas que inciden directamente en el coste y la calidad de los productos, encontramos el origen, la ubicación ecológica y topográfica de un gran parte de los olivares; la repetida difusión de un material vegetal escasamente sometido a procesos de selección; el avanzado estado de envejecimiento de las plantas atribuible en muchos casos a irracionales prácticas culturales; la acción de ciertos parásitos de difícil control; las dificultades para mejorar la recolección y el almacenamiento de los frutos, etc.

La estructura de la propiedad, caracterizada por una exagerada subdivisión, el creciente ausentismo y escasez de mano de obra para la realización de ciertas labores ineludibles como la poda y la cosecha, son también aspectos de suma importancia en la consideración de las posibilidades económicas de la especie.

En el análisis integral de los problemas oleícolas deben considerarse, asimismo, las incidencias que tienen sobre el conjunto de la actividad las deficiencias y el arcaísmo de los sectores industriales y comerciales, especialmente en los países en desarrollo.

De la enumeración de problemas hemos de destacar la influencia decisiva de alguno de ellos.

PERSPECTIVAS DE LA OLEICULTURA



El futuro de la olivicultura depende de la acción coordinada que los gobiernos y los sectores privados quieran realizar para promover su desarrollo y lograr como consecuencia el aumento sustancial de rentabilidad que esta actividad es, sin duda, capaz de proporcionar.

Para lograr tales objetivos es imprescindible el conocimiento de la capacidad potencial de producción del cultivo y de las medidas aconsejables para su puesta en evidencia.

CAPACIDAD POTANCIAL DE PRODUCCION



Definimos capacidad potencial de un olivar a la producción de rendimientos y de calidad de frutos que las plantas ubicadas en un ambiente ecológico adecuado no han  podido aún ofrecer debido a incorrectas prácticas culturales que puede ser desarrollada económicamente mediante la aplicación de programas de mejoramiento.

La producción actual del olivar tradicional, que según los promedios conocidos sólo alcanza alrededor de dos kg de aceite por planta, debe considerarse sumamente reducida. Asignamos importancia a esta cifra, pues nos indica que en conjunto predominan las plantaciones de muy escasa producción en los países en desarrollo, pues sabemos que las cifras que superan el rendimiento promedio señalado pertenecen a aquellos de mayor evolución técnica y/o económica. En la enorme e irregular masa de olivares de limitada rentabilidad actual es posible separar grupos que ofrecen muy distintas posibilidades de recuperación y mejoramiento.

La capacidad potencial de producción está condicionada fundamentalmente por el ambiente ecológico y la aptitud genética de las plantas. Los olivares ubicados en condiciones marginales, debido a factores climáticos, edáficos, orográficos, etc., difícilmente pueden dar respuestas económicas satisfactorias, y su mejoramiento exige siempre acciones costosas y prolongadas. Bajo estas condiciones podría encontrarse, según los países, alrededor del 30% del cultivo de la cuenca del Mediterráneo.

Estas plantaciones pueden ser justificables como olivar de producción por razones sociales siempre que no sea posible su reconversión en otras actividades, o bien como olivar de cosecha en zonas colinares a fin de prevenir la erosión o mantener el equilibrio ambiental. La capacidad potencial de producción es, en estos casos, sumamente limitada y solamente podrían justificarse ajustes de estructura destinados a acciones en grupo o coaligadas y aplicar algunas prácticas culturales extensivas.

El resto del olivar existente, el olivar no-marginal, exige, por el contrario, un tratamiento preferente por cuanto se halla actualmente en el umbral de su desarrollo, siendo su capacidad potencial sumamente elevada. La prospección realizada por el autor de distintos países del Mediterráneo y el Cercano Oriente durante el desempeño de sus funciones como Consultor Internacional de la FAO, permite señalar que, aproximadamente, el 70% del área olivarera se halla en estas condiciones.

TECNICAS EFICIENTES DE MEJORAMIENTO. EXPERIMENTACION


Las técnicas aplicables a la reestructuración y mejoramiento deben ser rápidamente generalizadas, teniendo en cuenta que las limitaciones de medios financieros impone establecer un orden prioritario a las medidas actualmente disponibles.

Este objetivo requiere la capacitación de abundante personal técnico de nivel medio, la difusión de informaciones prácticas entre los productores y la instalación de olivares demostrativos.

Paralelamente corresponde intensificar la labor experimental a nivel local, a fin de extraer resultados prácticos de la investigación científica y de algunos conocimientos técnicos escasamente difundidos.

Es conveniente que los países realicen la labor experimental en estrecho contacto con centros especializados en la materia y utilicen la asistencia técnica internacional. Los servicios que presten este tipo de asistencia para ser realmente efectivos deben ubicarse en puntos estratégicos cercanos a las zonas en desarrollo de mayores necesidades actuales, Cercano Oriente y norte de Africa.

Los temas de experimentación podrían ser en principio: selección clonal, procedimientos modernos de multiplicación, estado nutricional y fertilización, utilización del agua de regadío, poda, control sanitario y lucha programada, medidas coaligadas para la reactivación del olivar tradicional, procedimientos de recolección, modernización del proceso de elaboración del aceite y aceituna de mesa.


INVESTIGACION CIENTIFICA SOBRE PROBLEMAS BASICOS



El desarrollo de la oleicultura depende de la solución de ciertos problemas de gran incidencia económica.

Entre ellos debe asignarse absoluta prioridad a la reducción del coste de recolección (uniformidad de la maduración, mecanización de la cosecha), aspectos fisiológicos relacionados con el nivel de producción, biocenosis y control de ciertas plagas, conservación de los frutos y/o pasta destinada a extracción.

Este tipo de investigaciones básicas sólo puede realizarse actualmente en centros especializados de algunos países. Estas instituciones constituyen ademas, por su experiencia y alto nivel científico, las entidades más capacitadas para la especialización de los técnicos de países oleícolas.

INSTALACIONES DE TRANSFORMACION MÁS EFICIENTES



La modernización de la industria es un problema prioritario que debe ser encarado por los gobiernos de la mayoría de los países olivareros.

El mejoramiento de los rendimientos y la calidad son los complementos necesarios para rentabilizar los esfuerzos que se realicen en el sector de la producción.

En lo que concierne a la extracción del aceite es necesario aplicar paulatinamente un programa que contemple la eliminación de las viejas almazaras, concentrando la materia prima en unidades modernas de tipo cooperativo.

Una cierta cantidad de industrias pueden ser mejoradas sustancialmente mediante la incorporación, según los casos, de máquinas lavadoras y separadoras de cuerpos extraños, empleo de la batidora, eliminación del capacho o su reemplazo por otro material sintético e incorporación de separadores centrífugos.

Estos planes deben incluir plantas de concentración, almacenamiento, selección, refinación y acondicionamiento en las cercanías de centros de consumo, puertos, etc.

La industria de aceitunas en conserva, que ha de adquirir notable expansión en los próximos años, requiere una rápida modernización y la aplicación del procedimiento de fermentación controlada en grandes recipientes, a fin de mejorar y uniformar  la calidad, reducir las alteraciones microbianas y disminuir el coste operativo.

CONCLUSIONES


El nivel de precios es un factor importante, pero no el único capaz de promover el desarrollo oleícola.

Es imprescindible que sea acompañado de una política general en la materia, integrada con medidas que paulatinamente sean capaces de eliminar las situaciones artificiales -zonas marginales- y los problemas básicos del cultivo y la industria, mediante el uso correcto de tecnología y asistencia financiera.
Si así no fuera el precio puede encubrir defectos y reducir la eficiencia de los distintos sectores, inmovilizando consecuentemente las estructuras ya deprimidas.

La situación actual de la oleicultura requiere una seria y profunda evaluación de sus problemas con el fin de adoptar programas integrales, que deberán contemplar también la corrección de las deficiencias de los sectores industriales y comerciales debido a su influencia sobre el beneficio final de la actividad. Mantener el olivar bajo las actuales condiciones es condenarlo a un paulatino abandono y promover, como consecuencia, la emigración o el nomadismo de las poblaciones que viven a su amparo.

Debe considerarse que el proceso de transformación que se requiere es complejo y debe ser llevado a cabo con cuidadosa atención en razón de que cualquier modificación o reorientación de las áreas de olivar o de su industria puede tener fuertes implicaciones.

La estrategia para promover este desarrollo exige un primer período de programación y reparación de los instrumentos que habrán de ser necesarios en la etapa de realizaciones. La capacitación del excelente potencial humano disponible en los países en desarrollo es posiblemente el recurso menos y peor utilizado hasta ahora para alcanzar estos objetivos.

La situación de la oleicultura no permite que la búsqueda de soluciones ideales postergue la intensa utilización de los recursos ya disponibles, por lo que la aplicación de los recursos técnicos utilizables puede asegurar un sustancial y rápido mejoramiento de la oleicultura y rentabilizar los esfuerzos que los gobiernos y los particulares habrán de volcar en estos programas.

Los sistemas de protección propiciados o aplicados por organismos gubernamentales o intergubernamentales sólo podrán atenuar temporalmente las dificultades si ellos no se dirigen o se aplican a la solución de las causas determinantes de los problemas.

La reestructuración y modernización de la oleicultura sólo podrá ser realizada sise cuenta con un mercado razonablemente estable y una demanda creciente para el aceite y aceitunas en conserva, es decir, con elementos decisivos para predisponer favorablemente la actitud de los oleicultores.

El aumento de los precios internacionales puede ser un factor importante en apoyo de las transformaciones que se persiguen, si es posible consolidarlo mediante una regulación de la oferta y la calidad de los productos y una paulatina expansión de los mercados. La acción de los gobiernos y de la actividad privada deberá manifestarse por medio de programas coordinados de reestructuración y modernización del conjunto de la oleicultura. Estos programas deben tener en cuenta que las deficiencias de la actividad no pueden ser superadas mediante la protección permanente de los gobiernos, pues la natural despreocupación que estas medidas pueden ocasionar llevarían a acumular y agravar paulatinamente los problemas.

La oleicultura mundial puede ser beneficiada mediante la asistencia técnica y financiera de los organismos internacionales si ella se ejecuta a través de experimentación y extensión, ubicados estratégicamente en la  cercanía de un grupo de países de mayores necesidades y en lo posible de condiciones similares, a fin de desarrollar una acción coordinada, práctica y del nivel necesario.

LA LECHE



Sector de leche y productos lácteos.

Sector productivo.

Censo y estructura.

El numero total de vacas de ordeño ha experimentado una disminución respecto al censo del año pasado, situándose en la actualidad en 1.247.000 cabezas, de modo que persiste la tendencia descendente del numero de efectivos lecheros si bien este descenso es ligero y se ve acompañado por una progresiva mejora genética, que se traduce en un mayor rendimiento medio por vaca y año, y determina que no se produzcan variaciones acusadas en los volúmenes de producción lácteas.

De las 123.441 explotaciones que figuran como dedicadas a la producción láctea, únicamente son 98.810 las explotaciones con cuota láctea asignada, de las cuales 96.937 entregan la leche a las industrias, 97.966 efectúan tanto entregas a las industrias lácteas como ventas directas y únicamente 844 venden directamente sus producciones a los consumidores.
En cuanto a la dimensión de las explotaciones se evidencia un sector atomizado en el que predominan las ganaderías pequeñas (el 90% tiene menos de 20 vacas y el 70% menos de 10). No obstante, se esta produciendo una disminución del numero de explotaciones, existiendo una tendencia persistente al incremento de la dimensión media, a lo que han contribuido diversas líneas de acción, instrumentadas durante los últimos años, encaminadas a hacer posible la reordenación del sector lácteo español. Dentro de estas líneas de acción, cabe destacar:
El Real Decreto 2307/1994, de 2 de Diciembre, por el  que se establecen normas para las transferencias de cantidades de referencia en cuyos resultados se resumen en el cuadro 1. En el cuadro 2 se puede observar la distribución de las transferencias intracomunitarias por Comunidad Autónoma y modalidad.
El Real Decreto 2230/1994, de 18 de Noviembre, por el que se establecen normas para la asignación de cantidades de referencia suplementarias de leche procedentes de la reserva nacional. En el cuadro 3 se puede observar la distribución de estas cantidades según el tamaño de la explotación.

Esta línea de acción esta íntimamente unida a los planes de abandono puestos en marcha durante los últimos años, mediante los cuales se concede a los productores que se comprometan a abandonar definitivamente la producción de leche una indemnización que se paga en una o varias anualidades, pasando las cantidades de referencia así liberadas a integrarse en la Reserva nacional.

Mediante el Real Decreto 154/1996 de 2 de Febrero fue instrumentado un plan nacional de abandono voluntario y definitivo de la producción lechera, cofinanciado con las comunidades Autónomas, al que se acogieron 2.032 ganaderos y que afecto a 565.979 toneladas. En el cuadro 4 puede observarse la distribución autonómica de estas cifras.

El volumen de leche de vaca, entregado por los ganaderos a las industrias lácteas supero los 5,54 millones de toneladas durante el periodo 1995/1996, con un contenido medio en materia grasa de 36,76g/kg.

En cuanto al volumen de leche vendida directamente por los productores en sus explotaciones, al igual que ha sucedido en años anteriores, ha experimentado un descenso; se observa pues una disminución gradual y persistente a la  que contribuyen las cada vez  mayores exigencias higienico-sanitarias, así como los cambios experimentados en los hábitos de consumo de los españoles.

Desde el 1 de abril de 1995 hasta el 31 de marzo de 1996, han sido vendidas 86.340 toneladas de leche directamente por los ganaderos en su explotación, de los cuales 13.164 t lo fueron como quesos y otros derivados lácteos.

El régimen de cuotas representa una pieza clave de la política Agrícola Común en el sector de la leche y de los productos lácteos que contribuye a mantener la producción de leche dentro de unos limites compatibles con la existencia de mercados estables y que permite a los ganaderos la venta de su producción a precios razonables.

La cantidad máxima garantizada a España es de 5.566.950 toneladas, de las cuales, para la campaña 95/96, 5.425.960 toneladas corresponden a cantidades de referencia asignadas para la venta a compradores y 140.990 toneladas corresponden a las cantidades de referencia asignadas para la venta directa.
Los ganaderos que dejan de vender directamente a los consumidores o que disminuyen el volumen de sus ventas directas han podido efectuar la entrega de esta leche a las industrias gracias al sistema de trasvases ideado a estos efectos. El volumen de leche trasvasado de cuota de venta directa a venta a industria ascendió, en el periodo 1994/1995 a 202.750 toneladas, mientras que en 1995/96 fue de 204.187. También se efectuaron trasvases en sentido opuesto, pero afectaron a volúmenes muy inferiores.

Las cesiones temporales constituyen otro mecanismo que añade flexibilidad al régimen de la tasa suplementaria al permitir a los ganaderos productores de leche equilibrar sus niveles de entregas y sus cuotas lácteas.

En la campaña 95/96 las entregas de leche a las industrias superaron en 121.000 toneladas la cantidad global garantizada para entregas a compradores, lo que supuso una sanción en concepto de tasa suplementaria de mas de 7.140 millones de pesetas.

El precio de la leche de vaca se mantuvo en 1996 en niveles similares a los experimentados en 1995, alcanzando la cifra de 45,66 pesetas por litro, de media anual.

Sin embargo, se observo una tendencia a la baja en la evolución de los precios percibidos por los productores de leche de oveja y de cabra que se situaron, en 1996, en 129,39 y 63,36 pesetas por litro, de media anual, respectivamente.

La industria lácteas, en atención a su facturación y al empleo generado, ocupa uno de los primeros lugares en el ámbito de los sectores agroalimentarios españoles, destacando por su dimensión y por el volumen de entregas procesadas por las industrias elaboradoras de leche liquida de consumo.

La industrias lácteas, además de higienizar las leches liquidas, se ocupan de su transformación en una amplia gama de productos.

El precio medio mensual de la mantequilla se ha mantenido estable a lo largo de 1996, siendo el mismo inferior al registrado en 1995.

La producción en nuestro país permite el abastecimiento del mercado en, aproximadamente, un 83%, de modo que se vienen efectuando importaciones de leche y productos lácteos para conseguir la total cobertura del mismo.

El volumen de importaciones efectuadas durante 1996 supera las 469.000 toneladas, de las cuales casi el 60% se refieren a leche liquida. En segundo lugar se encuentran los quesos, seguidos del lastosuero, la leche condensada y evaporada, así como de la leche en polvo, sobre todo desnatada, y en menor proporción entera y sedimentada.

Los piases de la Unión Europea constituyen los principales abastecedores de leche y productos lácteos de nuestro país, destacando Francia, Piases Bajos, Alemania y Portugal.

En cuanto a las importaciones procedentes de piases terceros, destacan las de quesos de Suiza, Noruega, Australia y Nueva Zelanda, aunque los volúmenes son reducidos; así como las importaciones de leche desnatada en polvo de Estonia, Lituania, Polonia y la República Checa, que también envía leche condensada.

El volumen de las exportaciones es menos significativo que el relativo a las importaciones. Son 146.423 las toneladas que salieron de España en 1996, la mayor parte lo hicieron en forma de leche liquida, quesos y leche condensada y evaporada.

Los principales destinatarios de nuestros productos son los piases de la Unión Europea, que reciben casi el 85% de las exportaciones españolas.

LA AGRICULTURA EN ESPAÑA



PRINCIPALES ZONAS AGRICOLAS



ANALISIS DE LOS PRINCIPALES CULTIVOS



La agricultura fue tradicionalmente el soporte principal de la economía española, que emplea actualmente alrededor del 9,1% de la población activa. Los principales cultivos son trigo, cebada, remolacha azucarera (betabel), maíz, patatas (papas), centeno, avena, arroz, tomates y cebollas. El país tiene también extensos viñedos y huertos de cítricos y olivos. En 1994 la producción anual (expresada en t) de trigo se estimaba en 4,3 millones; cebada, 7,6 millones; maíz, 2,3 millones; y patatas, 4,1 millones. La producción anual de otros importantes productos era, aproximadamente, de: 217.000 t de centeno, 8,3 millones de remolacha azucarera, 2,6 millones de naranjas, 3,2 millones de uvas, 1 millón de cebollas y 3,1 millones de tomates.

Las condiciones climáticas y topográficas hacen que la agricultura de secano sea obligatoria en una gran parte de España. Las provincias mediterráneas, en particular Valencia, tienen sistemas de regadío desde hace tiempo y el cinturón costero que anteriormente era árido se ha convertido en una de las áreas más productivas de España. En el valle del Ebro se pueden encontrar proyectos combinados de regadío e hidroeléctricos. Grandes zonas de Extremadura están irrigadas con aguas procedentes del río Guadiana por medio de sistemas de riego que han sido instalados gracias a proyectos gubernamentales (Plan Badajoz y regadíos de Coria, entre otros). También son comunes las explotaciones de regadío de pequeño tamaño.

La ganadería, en especial la ovina y la caprina, tiene una importante trascendencia económica. En 1993 la cabaña ganadera contaba con unos 24,8 millones de cabezas de ganado ovino, 18,3 millones de ganado porcino, 5,1 millones de ganado vacuno y 263.000 cabezas de ganado caballar.

LA BALANZA DE PAGO AGRICOLA


En 1990 España importó productos por valor de 701.000 millones de dólares y las exportaciones ascendieron a 443.000 millones de dólares. Entre las principales importaciones se encontraban combustibles minerales y lubricantes, maquinaria y equipos de transporte, crudo, productos manufacturados, alimentos, animales vivos y productos químicos. Los principales productos exportados son: maquinaria y equipos de transporte, alimentos y animales vivos, vehículos de motor, hierro y acero, textiles y artículos de confección. Los principales intercambios comerciales de España tienen lugar con Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Estados Unidos y Portugal. Los ingresos por turismo, en 1994, estimados en 21.410 millones de dólares anuales, ayudan a compensar el déficit comercial crónico de España; el número de visitantes en ese mismo año fue de 61.428.034.

LA AGRICULTURA EN ANDALUCÍA



LA AGRICULTURA.-



La población activa del sector primario, que comprende a todas aquellas personas que realizan actividades económicas relacionadas con la explotación directa de los recursos naturales, ha descendido considerablemente en Andalucía. Cada vez son menos los andaluces que viven de la agricultura, de la pesca o de la ganadería. Y la tendencia, año tras año, es hacia su disminución progresiva. La población activa andaluza, que hace cincuenta años era eminentemente agrícola, ha dejado de serlo. No obstante el campo sigue siendo una de las realidades constitutivas de Andalucía. Los paisajes de encinas y alcornoques de la sierra o los olivares y viñedos de la campiña, junto con las huertas y tierras de siembra, han rodeado la vida de los andaluces hasta nuestros días. Y al depender de las condiciones naturales de una manera fundamental y a pesar de las nuevas técnicas, el clima y los suelos son los elementos del medio natural que más influyen sobre el campo. Por ello, la aridez de nuestro clima y la pobreza de los suelos de las montañas son las mayores limitaciones del potencial agrario de Andalucía. Un potencial en el que, junto con la pervivencia de una agricultura tradicional, convive una ganadería extensiva de pastoreo, que tiene todavía una importancia considerable en los campos andaluces. El sistema se basa en la explotación de ganado cuya base de alimentación son los prados y pastos naturales ubicados fundamentalmente en Sierra Morena. En toda esta zona abundan las dehesas con arbolado, erial y pastos.

En general se entiende por campo de Andalucía tanto las tierras de cultivos como las de montes y, por consiguiente, lo mismo las tierras elevadas o de montaña, con menores aptitudes de sus suelos, que las tierras de una Andalucía llana, que viene a coincidir con los espacios de campiñas y vegas, más aptas para los cultivos. En cuanto a la distribución general de usos del suelo, en la actualidad se estima que, de un total de 8.729.000 hectáreas, un 42% son áreas agrícolas, un 53% forestales y el resto improductivas. Esta distribución del aprovechamiento del suelo es consecuencia de una larga trayectoria histórica, que ha primado, en determinadas épocas y coyunturas, distintos aprovechamientos del suelo y sus recursos. Y que hoy contempla varios problemas de extraordinaria gravedad: el progresivo deterioro de la riqueza natural con la agravación de la desertización, la ruptura del equilibrio agrohidrológico con la aceleración de los procesos erosivos y la inadecuada explotación de los recursos agrarios, ganaderos y forestales.

En Andalucía existen más de 400.000 explotaciones agrarias, de las cuales unos 300.000 tienen menos de cinco hectáreas y resultan pequeñas en exceso para asegurar una renta suficiente. Son los minifundios, abundantes sobre todo en las provincias de Granada, Almería, Málaga y Jaén. Por el contrario, más de la mitad de las tierras andaluzas se concentra en unas 6.000 grandes explotaciones tanto agrícolas como ganaderas y forestales. La importancia de las grandes fincas explica algunos de los rasgos más característicos de la sociedad agraria andaluza, como es el de la fuerte presencia de los jornaleros. En la actualidad, dos de los problemas más serios que gravitan sobre los flujos agrícolas en Andalucía son, junto con la descapitalización existente en el campo, la escasa rentabilidad de este y las necesidades de adaptación de las empresas a mayores niveles de productividad, sobre todo tras la integración de España en la Unión Europea, que ha producido un cambio, de grandes consecuencias, en la estructura productiva andaluza. Pero, dado el proceso de descapitalización agraria existente en el campo andaluz y las necesidades de adaptación de las empresas a mayores niveles de productividad, son muchas las explotaciones que han desaparecido o están abocadas a ello, con el efecto consiguiente de la disminución de la población activa ocupada en el sector. Mientras tanto, agricultores comunitarios se interesan en comprar explotaciones en dificultades con el objeto de desarrollar la actividad agraria.

LA AGRICULTURA EN HUELVA Y PROVINCIA



ZONAS AGRICOLAS



PRINCIPALES CULTIVOS



HUELVA



El siglo XIX. Las producciones agrícolas y ganaderas tradicionales apenas bastan para el consumo y se complementan con hortalizas y otros frutales, que se exportan para Cádiz y otros puntos de la costa.

El espacio agrario se sitúa al Norte y Este del término sobre la cuenca de la Rivera Nicoba y el arroyo de Los Prados. Tiene un poblamiento rural disperso, sobre tres áreas situadas cerca de la carretera que enlaza la autopista V Centenario con la carretera de Gibraleón: La Alquería, La Rivera o Valcasado y Peguerillas. Por su riqueza agrícola, fue el área con límites más discutidos y codiciados. Vid, trigo, olivo y frutales anegaban la Rivera Nicoba y el arroyo de Los Prados, dejando poco espacio para la ganadería y explotación forestal. Esta situación explica que en 1445 los onubenses consigan una Comunidad de Pastos y Yerbas, beneficiándose de tierras de Gibraleón para cortar leña y madera para arados y aperos de su labor. Pero los conflictos son continuos, hasta que en 1736 el Cabildo de Gibraleón acordó concordia entre aquella Villa y la de Huelva, sin el reparo de que los vecinos de ésta, corten y lleven la leña de los seis sitios, a ella, para distribuirla al por mayor, o por menor en sus vecinos, con tal, que no corten Chaparros, no otros árboles.

El límite Noroeste también fue conflictivo. En principio, el término de Niebla lindaba con el de Huelva por el arroyo Candón, pero la fundación de San Juan del Puerto en 1468 cercenó parte de las tierras de Huelva y una dilatada campiña, haciendo falta la intervención frecuente del Duque en la regulación del uso de tierras comunales, para que los conflictos no llegasen a mayores. Así, en 1474, hizo Hermandad… para que los dichos vecinos de Huelva, con todos sus ganados puedan pastar comunalmente en todos los términos de esta o de las otras Villas.

Actualmente los espacios agrarios aparecen muy degradados en relación con sus usos tradicionales, a causa de la presión urbana e industrial, que concentra parte de sus infraestructuras alrededor de la autopista y la carretera nacional 431. Así, los campos se orientan hacia la cerealicultura o hacia cultivos industriales, fácilmente mecanizables. El periódico Huelva Información cuenta el 11-10-92: La Rivera vive de salir fuera a trabajar, aquí no hay ninguna industria ni puestos de trabajo. Pero sí los hubo en tiempos, porque aquí había una serie de cortijos en los que se trabajaba.

CARTAYA



El espacio Fluvio-litoral se extiende siguiendo la línea de costa y continua a lo largo del río Piedras, constituyendo el limite con el vecino Lepe. Se trata del territorio de mas reciente formación geomorfología, a partir del Cuaternario. Su configuración se debe a una intensa dinámica fluvial y costera, con tres subunidades diferenciadas: los arenales o cordones dunares, los acantilados fósiles y mantos eólicos y las Marismas. En las dos primeras, la vegetación es similar a la que encontramos para el resto de la costa onubense, con especies como el barrón, el enebro, sabinas, cambron, jaguarzo…, y el pinar. En el denominado “Campo Común de Abajo”, catalogado como espacio forestal de utilidad publica, encontramos “un mar de pinos”, de titularidad municipal, que se extiende hasta casi el nivel del mar. Desde lo alto del acantilado se puede observar la magnifica desembocadura del río Piedras y la Flecha del Rompido. Por ultimo, lindante con el municipio de Punta Umbría, encontramos la Laguna del Portil, declarada Reserva Integral. Las marismas del río Piedras, hoy declaradas Paraje Natural, están formadas por aportes muy finos de limos, cantos, arenas, gravas y arcillas; resultan de un gran interés ornitológico, acuicola y botánico, con una vegetación típica de las zonas marismeñas: juncales, tarays y carrizos.

La Campiña ocupa el mediodía del termino, atravesado por la carretera nacional 431. Es un espacio de vocación agrícola, formado por margas, arenas y gravas de la era terciaria, y periodos Mioceno y Plioceno. En su superficie se ha desarrollado diversas formaciones edificas que, dependiendo del sustrato, van desde los suelos de tipo rojo mediterráneo a los calciformes. En ella vamos a encontrar cultivos que aprovechan las favorables condiciones edificas, flanqueados por extensas masas arbóreas, sobre terrenos arenosos, formadas por tupidos bosques de pino piñoneros.

Por ultimo, al Norte del termino municipal, encontramos el Monte, formado en tiempos geológicos mas antiguos y donde, además de arenas, existen afloraciones de pizarras paleozoicas. Con suelos poco evolucionados y de escasa riqueza agrícola, su principal aprovechamiento es forestal, destacando pinos, eucaliptos y escasos encinares y alcornocales marginales. Es una zona de transición hacia el zócalo andevaleño, con una topografía accidentada entre 100 y 200 metros. El municipio es propietario de gran parte del Monte y del llamado “Campo Común de Arriba”, ocupado por pino piñonero y parcelas entregadas en colonato desde época inmemorial para, como en otros lugares, apaciguar hambres campesinas y evitar revueltas sociales.


LAS ACTIVIDADES ECONOMICAS



Si algo caracteriza la economía de Cartaya es su diversificación. No obstante, las estadísticas muestran como la vida económica del municipio viene determinada por el fuerte peso del sector primario, que engloba al 46,9 por 100 de la población activa, repartiéndose principalmente entre el subsector agrícola y, en menor medida, el pesquero. Los sectores industriales, con un 9,8 por 100, la construcción, con un 16,5 por 100 y el sector terciario, con un 26,8 por 100, se reparten el resto de la población activa.

La sobredimension de las actividades agrícolas se debe, en primer lugar, al mantenimiento de una agricultura con una fuerte herencia del pasado. La trilogía mediterránea, formada por el olivo, la vid y los cereales, base en otros tiempos de la economía cartayera, ha visto reducida su presencia hoy día a poco mas de 500 hectáreas. Sigue teniendo importancia el cultivo del almendro, con 900 hectáreas en 1995. Hace unos años sobrepasaba las 2.000 hectáreas, que se redujeron por los escasos rendimientos, comparados con los de estados Unidos.

Sobre esta agricultura tradicional, se ha sobreimpuesto una nueva agricultura, de carácter muy dinámico, y  que en la actualidad es el centro sobre el que gravita la vida económica del municipio. En efecto,  desde finales de los 70, impera una nueva agricultura caracterizada por su vocación casi exclusiva hacia el mercado exportador, y su fuerte carácter social, al demandar una numerosa mano de obra.

En pocos años, de 1981 a 1995, se ha pasado de 81 hectáreas en regadío a casi 3500. El cultivo que ha servido de base de los cambios agrarios ha sido el fresón, que ocupa 650 hectáreas. Su repercusión económica es muy superior a lo que muestran los datos de superficie, estimándose que aporta al menos el 75 por 100 del valor añadido agrícola total. Su carácter social se ve reforzado porque se reparte entre gran cantidad de empresarios agrícolas, dado que la mayoría de las explotaciones son de pequeña o mediana extensión. Ha favorecido una masiva incorporación de la mujer al mundo del trabajo, siendo muy importante para mantener la estructura socioeconómica, de otros municipios andaluces, pues centenares de jornaleros foráneos encuentran aquí su sustento y una forma de completar las jornadas necesarias para cobrar el subsidio agrario. La inversión de enormes capitales para el montaje de la infraestructura de regadío y el uso intensivo de modernos sistemas de cultivos han generado nuevas actividades comerciales e industriales que surgen al calor de esta nueva agricultura.

Dentro de estos esquemas de agricultura capitalizada, el naranjo ha vivido una gran expansión, ocupando en la actualidad unas 1.200 hectáreas. Al igual que el fresón, requiere una gran tecnificación y fuertes inversiones, máxime si tenemos en cuenta que el periodo de amortización es mas largo que el segundo. La expansión del naranjo ha sido provocada, en gran parte, por empresarios de otras zonas del país, especialmente por valencianos. Otros arboles frutales en regadío son el melocotonero, con 175 hectáreas, y los aguacates y mangos, con 56 hectáreas.

La posibilidad de un agotamiento de los recursos hifricos subterráneos se subsana con la progresiva implantación del  Plan de Regadíos del Chanzas, que permitirá la reconversión o la puesta en regadío de nuevas tierras en la zona de campiña hasta un total de 4.000 hectáreas. La demanda de transformación de nuevas tierras ha traído consigo, recientemente, la aprobación de un nuevo plan de regadíos del Surandevalo, que afecta a las tierras del Noreste del termino. La puesta en regadío de estas enormes superficies producirá y acelerara la actual transformación territorial y socioeconómica, convirtiendo a Cartaya y a la comarca en una de las principales zonas hortofruticolas de nuestro país y de la Unión Europea.

LEPE



Entre los productos agrícolas cita los cereales, que son insuficientes para el consumo, la naranja, la almendra, hortalizas, vino, legumbres y abundantes higuerales. Había también pinares, alcornoques y encinas, y en los terrenos más áridos, chaparrales y otros arbustos. El comercio se hace exportando los frutos sobrantes en los barcos de su matrícula, en los de Cartaya y por puertos nacionales; se importan cereales de Sevilla y puntos inmediatos, generalmente por mar.

Con estos perfiles socioeconómicos se entra en el siglo XX. A principios de este nuevo siglo la economía sigue siendo básicamente agrícola. Existen grandes plantaciones de viñas, almendros, higueras, olivos y frutales. La riqueza principal de esta población la constituye la preparación de sus famosos higos, que por término  alcanza la respetable cantidad de 350.000 cajas de arrobas por año. La cosecha de almendras llega a la cantidad de 15.000 fanegas.

La tierra se cultiva en secano; pero, a la vez, con labor intensiva, se da una gran variedad de cultivos. Se asocian las higueras y almendros con los herbáceos, tubérculos y legumbres. En base a las notables producciones agrícolas, surgen algunos comerciantes especializados en el envasado y exportación de los famosos higos, almendras y piñones, no sólo de Lepe, sino de toda la comarca, que se transportaban en pequeñas embarcaciones desde el puerto de La Barca hacia Cádiz, donde se embarcaban a navíos mercantes.

Ya en los 80, la pesca entra en crisis. Entonces, una vieja actividad, aletargada durante años, despierta con un vigor sorprendente: es la agricultura, pero, esta vez, de regadío y gracias a productos como el fresón y el naranjo. De nuevo, otro sector se convertía en locomotora de la economía lepera y sus efectos se dejarán sentir, beneficiando al resto de los sectores socioeconómicos.

El marco geográfico de Lepe se caracteriza por tres unidades básicas que, de Sur a Norte, son:

La franja costera, de geomorfología más moderna e inestable, que origina singulares paisajes de gran valor ecológico: arenales costeros, playas, cordones dunares, marismas, acantilados fósiles, etc.

La campiña agrícola, constituida por margas, calizas y arenas del Mioceno y Plioceno. La topografía llana se rompe con la presencia de cabezos, de materiales algo más resistentes, junto a barrancos o zonas deprimidas por la elevada erosión. Los primeros ofrecían una utilización que variaba desde el pastizal hasta las repoblaciones de pinos y eucaliptos, pero, actualmente, están sometidos a una creciente transformación agrícola, modificándose los pinares por bancales de frutales o por urbanizaciones y viviendas diseminadas. La ocupación de la campiña más fértil y llana es compartida por una agricultura en secano y un regadío en progresión.

En el extremo septentrional del termino encontramos el zócalo paleozoico del Andévalo. Se diferencia de las áreas meridionales, mas que por su topografía, por la composición de los materiales del suelo, pizarrosos, poco evolucionados y pobres en nutrientes, y por las formaciones vegetales resultantes.

Los 17.867 habitantes de Lepe en 1995, de hecho, aumentan mucho mas si tenemos en cuenta la población turística en verano y la inmigración de temporeros en la campaña del fresón.

Al analizar la población activa entre los dos últimos censos, apreciamos un descenso de la población del sector pesquero mientras que una agricultura en expansión, triplica sus efectos desde 1981. Entre ambos reúnen en 1991 el 60 % de los activos.

USOS DE LAS 12.794 HECTÁREAS DE LEPE


TRANSFORMACIONES RECIENTES DEL ESPACIO AGRARIO



De alguna manera, buena parte de los onubenses han sido testigos de la modernización de las estructuras agrarias y el desarrollo de la agricultura en la comarca de la Costa, en la que el territorio y las gentes de Lepe han tenido un papel relevante. Otra cuestión que llama la atención es la rapidez de dichos cambios: desde hace poco mas de una década el regadío se impone en la mayoría de las explotaciones; primero, con aguas procedentes del acuífero y, ahora, recurriendo a las aguas superficiales que tienen su origen en la Sierra.

A veces no la cartografía más usual recoge las enormes transformaciones del paisaje agrario, caracterizado por el descenso de la superficie forestal y la progresiva sustitución de cultivos en secano que, para Lepe, eran, principalmente, de almendro, higuera y vid, a favor de cultivos en regadío y de mayor productividad en el mercado: fresón, naranja, hortalizas y otros frutales. Aparece un paisaje atípico de acolchados e invernaderos, formando mares de plástico. Las técnicas, mecanización y sistemas de cultivos asisten a una revolución innovadora. Sobre los cimientos de una agricultura tradicional se han superpuesto nuevos conceptos y pautas que se han dado en llamar nueva agricultura comercial y empresarial, volcada hacia la exportación.

La superficie regable en 1981 era de 618 hectáreas, un 12′7% de las tierras cultivables; en 1995, son 2.800 hectáreas, el 43′5%. Y esta tendencia proseguirá a tenor de las expectativas del plan de Regadío del Chanzas y de la actual dinámica socioagrária. El resultado final va a ser llegar alas 5.000 hectáreas en regadío, dentro de unos años, lo que significa un porcentaje muy alto de la superficie en condiciones de cultivar y no protegida por las disposiciones del propio Plan y del ordenamiento urbano local.

El Cultivo líder en este proceso, abanderado de la nueva agricultura onubense, es el fresón que se extiende en este municipio por una 1.150 hectáreas. En segundo lugar, destaca el naranjo, que, de ser un cultivo tradicional de algunas huertas, ha experimentado un espectacular crecimiento, con nuevas técnicas de riego y sustituyendo a antiguos espacios forestales. Suele coincidir con explotaciones de mayor tamaño frente a las de fresas. Para 1995 se alcanza unas 1.230 hectáreas. Como muestra del carácter social de estos cultivos tenemos que sólo el fresón ha generado en 1995 unos 816.000 jornales, a los que se unen los 123.000 de la explotación de cítricos.

Entre los factores que explican este proceso de transformación, tenemos, en primer lugar, los de orden físico: la topografía llana; el clima, sin heladas y de intensa insolación; los suelos, fáciles de trabajar; y los recursos hidrológicos. Pero, en segundo lugar, esta agricultura no seria posible sin el factor humano, comenzando por la iniciativa empresarial de buena parte de los agricultores.

Ha sido necesario el reciclaje en conocimientos agrarios de aquel viejo agricultor, modificándose el perfil de este grupo activo. El campo, lejos de los que acontecía hace unas décadas, se convierte ahora en un medio de vida muy apetecido para nuevos agricultores jóvenes, herederos de tierras de los anteriores o vendidos de otros campos de la actividad y que se aventuran  a comprar, arrendar y transformar fincas marginales. Algunos de los mismos, mas que en camperos, se convierten en empresarios agrícolas, por la forma de ejercer su actividad y las pautas sociales y laborales que desarrollan.


DISTRIBUCION DE LA POBLACION ACTIVA



Estos procesos agrícolas han generado fenómenos socioeconómicos muy interesantes que con la agricultura tradicional no se daban, como son: la aplicación de nuevas técnicas; el uso intensivo del regadío a través del goteo y la fertirrigación; la asimilación rápida de innovaciones tecnológicas; la creación y mejora de la infraestructura de transporte y comercialización; la multiplicación de comercios, industrias subsidiarias y servicios que suministran y se benefician del sector agrario; la demanda de una abundante mino de obra y que se palia por la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral; los trasvases de trabajadores de otras actividades la inmigración cada vez más numerosa.

Asimismo existen aspectos que perjudican el normal desarrollo de esta transformación agraria como son entre otros: los problemas de superproducción de algunos productos; la excesiva especialización en el cultivo del fresón; la dependencia tecnológica hacia subsectores industriales exteriores al agrario, como la química y el transporte; la falta de industrias transformadoras; la contaminación del acuífero y el deposito incontrolado de plásticos.

Se comprueba que la productividad del cultivo de las fresas ha caído en los últimos años, y lo seguirá haciendo si tenemos en cuenta la existencia de unos mercados a veces sobresaturados y caprichosos y la competencia desleal por parte de Francia y de Marruecos; esta última por sus razones, es totalmente necesario aprovechar los circuitos comerciales, las infraestructuras y otros servicios generados por el fresón para investigar y consolidar mercados para nuevos cultivos alternativos.

Al calor de aquel oro rojo, por los notables beneficios que para el productor se generó en los primeros años, muchos agricultores se volcaron y se especializaron en el cultivo del fresón. Pero para conseguir dichos beneficios ha sido necesaria la inversión de cuantiosos capitales para transformar la tierra, para adquirir medios de transporte, para mantener en condiciones óptimas los cultivos, etc. Y es más, en cada campaña, particularmente del fresón, es obligado realizar ingentes gastos antes de conseguir los primeros ingresos en los inicios de la recolección. Algunos recurren al ahorro personal, otros al préstamo personal, otros al préstamo bancario. Pero para todos ellos la incertidumbre es enorme: cualquier elemento natural desfavorable o un cambio negativo en los precios pueden provocar un descalabro en las cuentas y expectativas marcadas por el agricultor. Las ganancias o la ruina pende de un hilo; es tema corriente de conversación. Y en este panorama, el principal afectado es siempre el agricultor. Pero, además de otros factores, no hay que olvidar que los beneficios también dependen del tesón, oficio e inteligencia de cada uno.

Un reflejo del desarrollo agrícola y económico de este municipio es la realización de la feria agrícola Agrocosta, ubicada en el espacio de la Cooperativa Nuestra Señora de la Bella. A pesar de su reciente implantación, es una de las principales muestras en su género en el ámbito nacional. Además de los tratos y relaciones comerciales, sirve como escaparate de las innovaciones en el campo agrícola, biológico, industrial y de transportes.

A la vista de la inquietud de los agricultores de Lepe y de la comarca, de los buenos resultados agroeconómicos alcanzados desde finales de los 70 y por las esperanzadoras expectativas de continuidad, el 17 de Julio de 1985 se aprueba el Plan de Transformación de la Zona Regable del Chanzas, asumida por las Administraciones central y autonómica. El ámbito territorial afectado en el ámbito comarcal es de algo más de 17.000 hectáreas, divididos por sectores. En lo que se refiere a Lepe, engloba, total o parcialmente, siete sectores, con unas 6.000 hectáreas de tierra cultivable a transformar en regadío mediante aguas superficiales.

Este Plan se convierte en un elemento esencial de la actividad agraria de hoy y, sobre todo, en el futuro. Por una parte, asegura el principal recurso natural: el agua, ya que hasta ahora los recursos subterráneos soportaban el peso de los aprovechamientos, explotados además incontroladamente, con los consiguientes problemas ecológicos de agotamiento, salinización y contaminación. Y, de otra, permite un crecimiento espectacular del regadío, ya que puede duplicar la actual superficie.

En suma, este proyecto tendrá una enorme repercusión territorial, ya que dará un impulso sin precedentes al campo y, por ende, a la economía local de este pueblo y del conjunto de la comarca. Sin duda, intensificará con creces los cambios paisajísticos y los actuales fenómenos socioagrarios en marcha.

MOGUER



Sobre una colina de arenisca calcárea a 51 metros sobre el nivel del mar, en la margen izquierda del Tinto a 12 kilómetros de su desembocadura, se sitúa la ciudad de Moguer. Su termino se extiende sobre 204,5 kilómetros cuadrados, quedando ceñido al Norte por el río Tinto, que lo separa de Niebla, Trigueros y San Juan del Puerto, y de Huelva al Noroeste. Al Oeste y Sur tropieza con él termino de Palos, y al Este limita con Lucena del Puerto.

EL TRABAJO Y LOS CAMPOS DE FRESAS


La actividad general de la villa conoce un fuerte dinamismo, que se refleja en un sector constructivo muy desarrollado, al que se dedica el 18 por 100 de la población activa. Igualmente, la industria se sitúa por encima de la media provincial, con el 22 por 100 de los activos, y acoge un nutrido grupo de personas que trabajan en las fabricas del polo y, en menor medida, a pequeñas industrias como carpinterías y talleres metálicos que contribuyen al desarrollo de la economía local. El sector servicios agrupa al 32 por 100 de la población. Cuenta con 257 licencias comerciales y 105 plazas hoteleras.

La actividad agraria concentra al 28 por 100 de la población activa y sorprende porque, basada en un cultivo eminentemente social como el fresón, no refleja estadísticamente la importancia de la misma. Ello se debe a la utilización, básicamente, de mano de obra foránea. Acuden en cada campaña unos 5.000 jornaleros con sus familias, para realizar la recolección del fresón de febrero a mayo y, junto a estos, también lo hacen un “numero elevado de personas de distintas nacionalidades, destacando entre ellos los marroquíes… Prácticamente la mayoría carece de documentación, por lo que su situación es ilegal, y su contratación esta penalizada.

En este contexto, el termino y sus usos constituyen una robusta pilastra donde se apoyan, de forma directa o inducida, gran parte de la actividad de la villa. Las 20.345 hectáreas del municipio han experimentado una intensa transformación en el presente siglo, especialmente los terrenos forestales, pues las  17.804 hectáreas que ocupaban en 1989 han retrocedido hasta las 13.818 de 1996. De ellas hay que descontar 566 de los montes Propios, adjudicadas a colonos, las cuales han sido puestas en cultivo intensivo.

Especial importancia tiene en la vida económica de la villa los Montes de Propios del cabildo. Aunque muy disminuidos en el transcurso del presente, pues han pasado de las 9.162 hectáreas de 1997, a las 7138 actuales, siguen proporcionando utilidades. El pinar ocupa poco mas de 7.000 hectáreas, de ellas destacan por su belleza “los Montes Ordenados de Moguer y el Coto de Montemayor”. El aprovechamiento del pinar es para maderas y piñones. Estos, muy apreciados en la pastelería, son explotados por la empresa Picosa, cuya actividad ha decaído enormemente, dada la crisis que afecta al sector por la caída de precios. Además, tiene importancia la recogida de piñas en los meses de invernales. Se estima que en el termino se generan unas 23.000 peonadas al año en trabajos forestales.

El eucaliptar, que ocupa unas 2.600 hectáreas, retrocede sustituido por pinos y alcornoques. Otros recursos menos significativos son la explotación apicola de 200 colmenas, la recolección de espárragos y algunos pastos para una ganadería extensiva y marginal.

Los cultivos se extiende por 4.484 hectáreas. Estas, juntos a las 566 de colonato, son la base de la economía actual. El olivar prácticamente ha desaparecido. La vid, después de padecer diversas crisis, ocupa solo 54 hectáreas y se redujo especialmente desde mediados del presente siglo, porque la patata y el boniato satisfacen una mas perentoria necesidad.

El cereal ocupa 448 hectáreas de las tierras de secano. Los frutales se extienden por 942, de las que 588 son de regadío, plantadas en buena parte de cítricos, mientras que las 354 de secano las ocupan, preferentemente, melocotonares.

Sobre todos los cultivos, el fresón, ocupan de cerca de 1.000 hectáreas, es la estrella y se encuentra en la mayoría de las zonas de riego aptas para su cultivo. Además, “el oro rojo” es responsable de las iniciativas mas audaces del agro moguereño. Así, las principales áreas de regadío sirven a este cultivo.

El avitorejo afecta a 232 hectáreas de Montes de Propios, cedidos a Instituto Andaluz de Reforma Agraria, que, tras dotarlos de las infraestructuras necesarias, con la construcción de tres pozos artesianos, desmontes y canalizaciones de riego, los ha puesto en manos de cooperativas de trabajadores del campo, que llevan a cabo la explotación directa de las tierras.

Otra área importante de riego esta bajo la organización de la comunidad de regantes de Valdemaria, que gestiona 975 hectáreas, entre los términos de Palos y Moguer, y se aprovecha de las aguas del sistema Chanza-Piedras.

Finalmente un proyecto, aun inconcluso, y mas ambicioso si cabe, lo pretende llevar a cabo la comunidad de regantes del Fresno, que intenta poner en riego unas 1.000 hectáreas.

Sin embargo, quizás lo mas trascendente de la agricultura en la villa sea su sociabilidad, porque la distribución de la tierra se articula en base al dominio absoluto de la pequeña propiedad. El 62 por 100  de los propietarios tienen predios inferiores a 1 hectárea, dimensión solo viable con cultivo intensivos como el fresón. Sigue en importancia las extensiones entre 1 y 5 hectáreas, que reúnen al 28 por 100 de los propietarios. La polarización fiduciaria solo se comprende si se observa que el mayor propietario es el Ayuntamiento. Posee 7.138 hectáreas de Montes de Propios, que no fueron desamortizados por sus importantes masas de pinos, utilizados en los astilleros de la Carraca.

LOS CAMINOS DE EUROPA


A finales de la década de los 70 se produce una revolución tecnológica que permitió la transformación de la agricultura tradicional, en base al cultivo del fresón. La crisis industrial y el incremento del paro empujaron a antiguos y nuevos campesinos a dirigir, de nuevo, su mirada a la tierra, destinando pequeños ahorros a la practica de una agricultura intensiva en pequeñas parcelas.

El trabajo y el ahínco de esta vanguardia agrícola han sido responsables de una prosperidad desconocida, que ha abierto las puertas de Europa a productos e ideas.

La producción del fresón moguereño representa el 18 por 100 de la provincia, siendo su vocación netamente exportadora. Llegar a esta meta no ha sido fácil, y es el resultado de trabajos y sudores campesinos.

El aumento de los costes de producción y los bajos precios han hecho que la superficie del fresón se estabilice en torno a las 900 hectáreas. El cambio, se ha intentado mantener el nivel de ingresos, en base a un aumento de la calidad y la productividad. Esta ultima ha aumentado de forma espectacular, de las 27 toneladas por hectáreas de 1991 a las 40 de media en 1995. Se ha conseguido gracias a las mejoras varietales y a la utilización de micro y macrotuneles, con los cuales se logra anticipar la fecha de recolección. En base a ello entre 1992 y 1994, la producción ha aumentado en un 33 por 100, mientras que la exportación lo ha hecho en el 29 por 100. Con ello no queda resuelto el problema de que “(…) nuestra producción de fresas pueda alcanzar unos volúmenes(…) que ahoguen los precios con sobreoferta, de consecuencias imprevisiones(…)”.

A principios de la década de los 80 se vio la imposibilidad de colocar la producción en el mercado nacional, por lo que se inicia la exportación. Se accede a Francia y Alemania, donde el fresón tiene una gran acogida, pero las fluctuaciones de precios por la sobreoferta origina un enrarecimiento del mercado y una bajada de los precios, que impone una búsqueda mas fina de la demanda y la diversificación de la oferta.

Cuna de Platero, la principal cooperativa de Moguer, puede servir de ejemplo para rastrear el complejo proceso económico y social, siendo vital para la localidad, pues, además de comercializar buena parte de la producción, genera 101 puestos de trabajo directos y mas de 2.000 indirectos de tipo estacional. La evolución del mercado europeo le ha obligado a reorientar y diversificar los puntos de destino. En 1992 Francia era el mejor cliente, absorbiendo el 71 por 100 de la exportación, frente al 29 por 100 de Alemania; pero en los años siguientes, la caída del mercado francés, que en 1994 no demanda mas que el 24 por 100 de lo exportado se ve compensada por las ventas de Alemania, que recibe el 66 por 100. La apertura de nuevos mercados en Austria, Bélgica y Holanda ofrecen nuevas posibilidades.

Sin embargo, en esta lucha titánica la cooperativa no esta sola. Los productores y loas entidades comercializaras, asociados en Freshuelva, hacen frente común a los retos que les ha planteado el mercado. Han conseguido aumentar la productividad, buscar nuevos mercados, disminuir intermediarios e incluso buscar posibles alternativas como la frambuesa, el melocotón y el naranjo; aunque ninguno de ellos aparezca como alternativa definitiva. A su vez, se plantean nuevos retos, como la competencia de Marruecos y Turquía, y la dependencia tecnológica y varietal.

Esta inquietudes no han caído en saco roto y, entre pinos y eucaliptos, en una tierra árida, el Centro de Experimentación del Cebollar es una de las iniciativas mas audaces para el futuro de la comarca. Pertenece al Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias y tiene como principal misión la mejora genética y varietal del fresón, trabajo que ha dado sus frutos al obtenerse el pasado año la variedad “Calderona”, la primera obtenida en Andalucía. El programa de mejora genética trabaja con casi cien variedades, en las que se busca las mas aptas por su producción, adaptación a la zona, sabor, tranportabilidad y coloración de los frutos. Peor el objetivo final debe ser económico, pues la Tierra Llana de Huelva paga miles de millones de pesetas a universidades y empresas americanas en concepto de royalties por utilizar sus variedades.
Para fortalecer el desarrollo, además, existe la necesidad de crear agroindustrias que conecten el tejido productivo y aumentasen el valor añadido de los cultivos, disminuyendo a su vez la dependencia y el riesgo de coyunturas adversas. De lo contrario se perpetuara un modelo primario exportador controlado por los grandes procesos de acumulación del capital mundial, dejando poco juego para el desarrollo local.





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