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Abusos sexuales y malos tratos psicológicos Parte I - Monografía



 
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INTRODUCCIÓN



Objetivo del trabajo



Uno de los tabúes prototipo en la cultura occidental ha sido el sexo. Este trabajo trata de acabar con la idea de que la sexualidad no es cosa de niños. Una información rica, adaptada y pertinente, puede prevenir grandes males sociales que se originan a causa de la desinformación y el oscurecimiento de los temas importantes de la vida.

En cursos anteriores hemos tenido la oportunidad de tratar otros temas que a priori no hace menos de un siglo era descabellado mezclarlos con los más pequeños “la muerte” por ejemplo; y si nos paramos a mirar caso por caso, todos los temas están relacionados con todos los seres humanos, por supuesto los niños no iban a ser menos.

Por tanto nuestro objetivo principal ha sido el de estar preparadas como educadoras para así poder preparar a nuestros niños/as en la ardua tarea de adquirir una sexualidad psicológicamente sana. Este objetivo general introduce la necesidad de cubrir otros más específicos pero no por ello menos importantes, el primero y más relevante es el saber hasta dónde necesita saber un niño acerca de la terminología sexual para que la actuación no peque ni por exceso, ni por defecto; en el momento en que nosotras conozcamos los parámetros dentro de los cuales nos podemos mover, podremos llevar a cabo una actividad encaminada a la prevención del abuso sexual o el maltrato psicológico. Otro objetivo específico es el de conocer los indicativos de un niño que está sufriendo abusos sexuales o malos tratos psicológicos; por último qué saber hacer en el caso de que sospechemos que se están produciendo.

En este trabajo ocurre una paradoja y es que uno de los dos puntos fundamentales y nucleares, es en parte, una pieza del otro; el abuso sexual es un tipo de maltrato psicológico, de hecho cualquier tipo de maltrato conlleva en la mayoría de los casos un maltrato psicológico y emocional dado que raro es el caso en el que el hecho no afecta a la psiquis del sujeto que lo está sufriendo. Un maltrato psicológico, no tiene porqué estar ligado a uno físico, sin embargo, es difícilmente posible desligar el maltrato psicológico al físico.
Pero si bien ambos puntos están íntimamente ligados y por lo tanto el del maltrato psicológico, contiene objetivos análogos, también nos encontramos con objetivos añadidos y uno de ellos es el de autocrítica sobre la forma de actuación del educador sobre el alumno. Y es que el hecho de no estar tratando de forma adecuada a un alumno, muchas veces en los métodos a seguir para lograr su formación a la hora de rectificarles, pueden convertir en métodos livianos los que usaban los maestros de principios de siglo. Muchos maestros han sustituido la vara de abedul por fórmulas que sin tocar al alumno un pelo de la ropa, le hacen un daño crónico o muy difícilmente subsanable.

Por que no todos los adultos viven su sexualidad ni su trato hacia figuras menos poderosas (maltrato psicológico) de la forma más conveniente posible, debemos otorgar mediante la educación, métodos para que los más débiles salgan lo menos perjudicados posible.

De cualquier modo, nos parecía correcto adjuntar la aplicación de la teoría de un modo didáctico, por tanto uno de los objetivos que nos marcamos antes de comenzar este trabajo fue el de incluir, se nos pidiera o no, actividades de una unidad didáctica del tema que nos tocase y así lo hemos hecho, siempre es bueno ligar la teoría con la práctica docente que al fin y al cabo es el objetivo de esta carrera. Por lo tanto, el objetivo último a conseguir es que los niños aumenten sus conocimientos para así estar preparados frente a un posible abuso sexual, como a un maltrato psicológico.

Definición del problema



Abuso sexual:

Este es un hecho en el cuál un adulto, para su propia finalidad sexual, se aprovecha de la búsqueda de afecto y atención que todo niño o niña necesita, sin importarle que le pasa a la criatura.

La sexualidad adulta irrumpe de forma invasiva en el desarrollo psicosexual del niño/a sin que pueda resistir al avance del adulto, debido a su falta de conocimiento del significado social y de los efectos psicológicos de los encuentros sexuales.

Perturbando la relación del niño/a con su cuerpo y el descubrimiento sano de su sexualidad.
Se hace necesario diferenciar entre abuso sexual llevado a cabo por un desconocido en el que generalmente el abusador goza sometiendo a su víctima por la fuerza y el terror, haciéndola sufrir, dónde puede estar presente la violación. Del abuso sexual llevado a cabo por un conocido o familiar donde existe un lazo afectivo al que se llama incesto.

El factor que determina que el abuso sexual sea considerado como incesto es la violación del vínculo de confianza.

Sabemos que la incidencia es mayor en los últimos casos donde generalmente se inicia un proceso que puede durar años donde el abusador manipula la confianza y el afecto y el vínculo de la criatura realizando hechos que van desde el manoseo de los genitales, obligar a la masturbación, relaciones buco-genitales, hasta la penetración.

A diferencia del abuso físico, donde las experiencias extremas son el dolor, el miedo y la impotencia, las experiencias extremas en el caso de abuso sexual son el goce sexual, la manipulación de los lazos afectivos, un discurso para culpabilizar, así como la obligación del silencio y el secreto.

Existen múltiples definiciones, de hecho, no pudimos resistir la tentación de elegir sólo una entre las múltiples que nos fuimos encontrando en nuestras investigaciones, finalmente, tuvimos a bien incluir también la siguiente. Puede definirse como tal a los contactos o acciones recíprocas entre un niño/a y un adulto, en los que el niño/a está siendo usado para gratificación sexual del adulto y frente a las cuales no puede dar un consentimiento informado. Puede incluir desde la exposición de los genitales por parte del adulto hasta la violación del niño/a. La mayoría de estos delitos se producen en el ámbito del hogar, siendo el abusador muchas veces un miembro de la familia o un conocido de esta o el menor. Una forma común de abuso sexual es el incesto, definido este como el acto sexual entre familiares de sangre, padre-hija, madre-hijo, entre hermanos.

Decidimos incluir precisamente esta definición dado que en parte de nuestro trabajo incluimos el testimonio por supuesto absolutamente anónimo del caso de una niña que había estado sufriendo abusos sexuales desde los cinco años, de manos de su hermano de trece.

No obstante, la definición del maltrato y del abuso sexual, se ha ido modificando a lo largo del último siglo. Durante la primera mitad del siglo XIX, el problema del abuso sexual, se enfocaba hacia la futura moralidad del niño, más que a las meras consecuencias instantáneas que se pudieran haber provocado con el hecho del maltrato. Giovannoni comenta que las primeras definiciones que se manejaron sobre este tema, se referían al impacto negativo que a largo plazo pudiera tener esta situación en la moral de la víctima y que esta distorsión de la moralidad, podía afectar al orden social que provocase el individuo en el futuro. Hasta los años cincuenta el abuso sólo se trata en el campo legal y los servicios sociales. A principios de los sesenta Kempe organiza un simposio que trata del abuso infantil, del que nace un artículo llamado “síndrome del niño maltratado”. Lo que provocó un movimiento que acabó empujando a que se sacasen leyes que penalizasen la omisión de información por parte de los médicos que pudieran tratar a los niños que sospechosamente acudieran a ser atendidos con marcas o indicadores de abuso infantil.

Hoy día se manejan datos de la siguiente índole: cualquier conducta de abuso o de abandono que provoque lesiones/ enfermedad/ trastornos, con independencia de la gravedad, se debe considerar como malos tratos, sin tener que establecer su cronicidad.

De acuerdo con lo anterior, autores como Hart y Brassard, 1991; Grusec y Walters, 1991; Barnett, Manly y Cucchetti, 1991; Cortés y Cantón 1995; distinguen cinco subtipos diferentes de malos tratos psicológicos: rechazo/degradación, aterrorizar, aislamiento, corrupción y explotación.

La mayoría de los autores ven el hecho como un producto de la sociedad y dicen que el abuso infantil se presenta cuando un adulto/a, una institución o la sociedad en general causa o amenaza con causar daño físico, emocional y psicológico a un niño/a.

El maltrato psicológico, está siempre presente en todo tipo de abuso y el daño provocado es proporcional a su invisibilidad y su naturalización. Es fundamental partir del hecho de que para que se produzca cualquier tipo de maltrato ya sea de índole sexual, físico o exclusivamente psicológico, es necesario una relación en la que un individuo usa y abusa de un poder que para la víctima está fuera de su alcance. Un ejemplo, es la dependencia que existe entre un adulto y el niño/a para entender el tema del abuso.
Esta situación provoca un trauma en la infancia, sobre todo aquello que no se ve, pero que sus efectos generalmente van a estallar en la madurez de las víctimas y probablemente los hijos e hijas de estas víctimas serán quienes paguen las consecuencias; hay múltiples resultados.

El maltrato psicológico puede adoptar muy diversas formas. A veces es disfrazado de educación. Muchas veces la educación tradicional tiene el objetivo de quebrantar la voluntad del niño a fin de convertirlo en un ser dócil y obediente. En estos casos, los niños se vuelven incapaces de reaccionar porque la fuerza y la autoridad aplastante de los adultos los silencian y pueden incluso hacerles perder conciencia. Consideramos además que las investigaciones sobre el maltrato infantil abren nuevas líneas que se precisarán en su momento en aspectos considerados hoy poco comunes o poco analizados como son: los niños de la frontera y de la guerra, el maltrato étnico (oblación), así como el denominado ritualismo satánico, entre otros, donde además de los problemas socioeconómicos subyace un fenómeno transcultural. Otro ejemplo muy claro es el caso del maltrato fetal, que puede ser considerado como un rubro específico e incluido en una nueva clasificación, por la importancia que tiene y el análisis que requiere, Se incluyen todas aquellas condiciones de vida de la madre gestante que, pudiéndolas evitar, se mantienen y tienen consecuencias negativas en el feto. Ejemplos típicos de estas condiciones son: alimentación deficitaria, exceso de trabajo corporal, enfermedades infecciosas, hábitos tóxicos, seguimiento inadecuado de una enfermedad crónica, etc. Existe una situación en la que participan todos estos elementos, a los que se añaden otros, y que configura un tipo de maltrato prenatal: el maltrato inflingido a los hijos de drogadictos. El conjunto de factores médicos, sociales y toxicológicos condicionan la situación problemática; ésta puede ser diferenciada según la droga consumida y abusada (alcohol, heroína, cocaína), y la forma de consumo (vía parenteral, esnifada).

Si bien la ley no define el maltrato psíquico, se entiende como tal a toda aquella acción que produce un daño mental o emocional en el niño, causándole perturbaciones de magnitud suficiente para afectar la dignidad, alterar su bienestar o incluso perjudicar su salud. Actos de privación de la libertad como encerrar a un hijo o atarlo a una cama, no solo pueden generar daño físico, sino seguramente afecciones psicológicas severas. Lo mismo ocurre cuando se amenaza o intimida permanentemente al niño, alterando su salud psíquica.

Incidencia



Aunque ha existido siempre, durante los últimos 150 años ha aumentado de forma considerable, hasta convertirse en un problema social a tratar; el abuso sexual infantil es un delito frecuente en nuestro país, en el 2000 se reportaron 1366 casos en la Unidad Local de Atención al Menor del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.

Alrededor de 440.000 niños norteamericanos sufren daños anualmente como consecuencia del maltrato y del abuso. Estamos hablando de un país desarrollado que tiene una idea clara de los derechos fundamentales del niño, los datos que se manejan por tanto son escalofriantes en el mundo entero.

Las investigaciones revelan que uno de los principales problemas sociales es el abuso infantil, parémonos a observar cifras de lo que se podrían considerar sujetos que alteran el orden social:

- El 95% de los abusadores infantiles fueron víctimas de abusos durante su niñez.
- El 80% de los que abusan de drogas y alcohol fueron víctimas de abusos.
- El 80% de los niños que se fugan de sus casas citan al abuso como causa.
- El 95% de las prostitutas fueron víctimas de abusos.
- El 78% de la población en las prisiones fueron también víctimas de abusos durante su niñez.

El maltrato infantil está presente tanto en países del primer mundo, como en aquellos que aún se pueden considerar en vías de desarrollo. En Estados Unidos por ejemplo, según datos recogidos de 50 estados y el distrito de Columbia, en 1996, 1077 niños y niñas murieron a causa de abuso o negligencia, de éstos un 77% tenia tres años o menos de edad.

En España, se informa que el 11.5% de los niños intelectualmente discapacitados son víctimas de diferentes tipos de maltrato y que el más frecuente es la negligencia física, que aunque no sea el objeto de nuestro trabajo, en la mayoría de los casos causa efectos emocionales y por tanto maltrato psicológico.

Los agresores sexuales de niños y niñas son mayoritariamente varones, los tantos por ciento varían dependiendo de las investigaciones pero siempre son superiores a un ochenta por ciento, la edad media suele ser en su mayoría de entre treinta y cincuenta años.

El índice de denuncias es bajo, se apunta a que sólo llegan a los organismos judiciales un 10%, por lo que estamos hablando de cifras realmente importantes. Esto viene asimismo corroborado por un estudio llevado a cabo en nuestro país con una amplia muestra de sujetos (López, T. 1995), según el cual la opinión de que los casos deberían denunciarse fue del 92.6%, mientras que la conducta real de denuncia tan solo alcanzó el 12.3%. En nuestro país, López (1995) realiza un estudio de diez variables referidas a los tipos de abusos, en la muestra del estudio al que estamos aludiendo el 15.3% son hombres y el 22.54% mujeres. El porcentaje de abusos se reparte en un 40.1% en hombres y un 58.9% en mujeres, lo que apoya que los abusos en los varones no son tan infrecuentes como se detectaba en las primeras investigaciones.

Los profesionales que están en contacto con la infancia (educadores, sanitarios, asistentes sociales, psicólogos, educadores de calle, animadores culturales, policías, abogados, fiscales, jueces, etc.) deben asumir la responsabilidad de proteger a los niños; sería conveniente crear grupos de policías, abogados, fiscales y jueces especializados en maltrato infantil.

ORIGEN Y DESARROLLO



Posibles causas



Si partimos del supuesto de que entender a las personas que abusan de los niños, nos dará la clave para entender los motivos del abuso, podremos tipificar las causas. Diversos investigadores han elaborado tipologías que permiten la clasificación de los agresores sexuales o bien se han esforzado en analizar la personalidad y comportamiento de dichos agresores con la finalidad de encontrar un perfil característico.

Con los malos tratos psicológicos pasa muy parecido, determinadas condiciones socioeconómicas hacen más probable que el niño presente déficit y problemas que sean difíciles de aceptar por los padres o dificulten la interacción con ellos, favoreciendo una reacción inadecuada de éstos. Tales condiciones son también el contexto que favorece que se produzcan situaciones especialmente estresantes y son en buena parte la causa que ha llevado a los padres a ser potencialmente maltratadores (con una historia familiar deficitaria en la que ellos mismos hayan sufrido abusos, por ejemplo).

Los estudiosos del tema del maltrato infantil han tratado de explicar su aparición y mantenimiento utilizando diversos modelos, así tenemos:

- El modelo sociológico, que considera que el maltrato es consecuencia de situaciones de carencia económica o de situaciones de aislamiento social (Wolock y Horowitz, 1984).
- El modelo cognitivo, que lo entiende como una situación de desprotección que se produce como consecuencia de distorsiones cognitivas, expectativas y percepciones inadecuadas de los cuidadores en relación a los menores a su cargo (Larrance, 1983).
- El modelo psiquiátrico, que considera que el maltrato infantil es consecuencia de la existencia de psicopatología en los padres (Polansky, 1985).
- El modelo del procesamiento de la información, que plantea la existencia de un estilo peculiar de procesamiento en las familias con menores en situación de maltrato (Crittender, 1993).
- El modelo de afrontamiento del estrés, que hace referencia a la forma de evaluar y percibir las situaciones y/o sucesos estresantes por parte de estas familias (Hilson y Kuiper, 1994).

En la actualidad el modelo etiopatogénico que mejor explica el maltrato infantil, es el modelo integral del maltrato infantil.

Este modelo considera la existencia de diferentes niveles ecológicos que están encajados unos dentro de otros interactuando en una dimensión temporal. Existen en este modelo factores compensatorios que actuarían según un modelo de afrontamiento, impidiendo que los factores estresores que se producen en las familias desencadenen una respuesta agresiva hacia sus miembros.

La progresiva disminución de los factores compensatorios podría explicar la espiral de violencia intrafamiliar que se produce en el fenómeno del maltrato infantil. Entre los factores compensatorios se señalan: armonía marital, planificación familiar, satisfacción personal, escasos sucesos vitales estresantes, intervenciones terapéuticas familiares, apego materno / paterno al hijo, apoyo social, buena condición financiera, acceso a programas sanitarios adecuados, etc.

Entre los factores estresores se cuentan: historia familiar de abuso, desarmonía familiar, baja autoestima, trastornos físicos y psíquicos en los padres, farmacodependencia, hijos no deseados, padre no biológico, madre no protectora, ausencia de control prenatal, desempleo, bajo nivel social y económico, promiscuidad, etc.

Las características específicas del agresor psicológico suelen asemejarse sustancialmente a la descripción anteriormente mencionada del maltratador en general, sin embargo las características del agresor sexual tiene unos matices susceptibles de ser mencionados por separado. No obstante en el siguiente apartado, entramos en dicha materia.

Características o manifestaciones principales



- Manifestaciones de maltrato psicológico



Se debe cotejar la posibilidad de maltrato psicológico cuando:

- El niño/a:


1. Muestra comportamientos extremos, algunas veces una conducta que requiere llamadas de atención y otras de pasividad extrema.
2. Asume tanto roles o actitudes de “adulto”, como por ejemplo cuidar de otros niños, como otras demasiado infantiles para su edad, debido a las peticiones inalcanzables de los padres.
3. Muestra un desarrollo físico o emocional retrasado.
4. Ha tenido intentos de suicidio, tienden a tener una autoestima muy baja, dado el refuerzo continuo que ejerce el adulto.

- Los padres o tutores:


1. Constantemente menosprecian, o culpan al niño/a.
2. No les importa lo que pasa o les dicen los maestros acerca del niño, o se niegan a considerar la ayuda que le ofrecen para superar los problemas del niño en el colegio.
3. Abiertamente rechazan al niño/a.

- Manifestaciones del abuso sexual



Se debe cotejar la posibilidad de abuso sexual cuando:

- El niño:


1. Tiene dificultades para sentarse o caminar.
2. Repentinamente no quiere hacer ejercicios físicos.
3. Demuestra comportamientos o conocimientos sexuales inusuales o sofisticados para la edad.
4. Tiene o simula tener actividad sexual con otros compañeros menores o de la misma edad.
5. Queda embarazada o contrae enfermedades de transmisión sexual antes de los 14 años.
6. Hay antecedentes de haber huido de la casa.
7. Dice que fue objeto de abuso sexual por parte de parientes o personas a su cuidado.

- Los padres o tutores:


1. Son extremadamente protectores del niño/a.
2. Limitan al extremo el contacto de su hijo/a con otros chicos, en especial si son del sexo opuesto.

Las características del niño, heredadas o como consecuencia de déficit sociales y familiares, pueden desencadenar la conducta indeseable de padres potencialmente maltratantes al dificultar que los hijos sean bien aceptados o al favorecer el que se produzcan situaciones estresantes.

El grado de impacto sobre la niño/a depende de varios factores como quien perpetró el abuso, la cronicidad del hecho, la utilización de fuerza, la personalidad particular de la niño/a abusado/a, su edad o sexo, etc. Es por ello que la niño/a abusado/a puede responder de diferentes formas.

La responsabilidad del maltrato es siempre social e intergeneracional, el factor más determinante es que los padres sean potencialmente maltratadores, es decir no sean capaces de cumplir la función protectora de forma incondicional.

DIAGNÓTICO Y TRATAMIENTO



Diagnóstico y clasificación



Tanto el diagnóstico como el tratamiento de este tipo de alteraciones en el menor, deben ser realizados por profesionales. Nuestra competencia se debe limitar a observar y contrastar con nuestro equipo de trabajo la posibilidad de que se esté dando cualquiera de los casos al haber detectado ciertos indicadores que pudieran ser reflejo de dichas situaciones. Pero aunque en ningún caso un profesor de infantil sin más titulación esté capacitado ni para diagnosticar, ni para tratar el caso, es un hecho muy importante el que sepa a lo que su alumno en el caso de que los profesionales hayan verificado la sospecha, se está enfrentando.

Ante la sospecha de abuso sexual es fundamental realizar una completa historia clínica.

En la exploración clínica se examinará toda la superficie corporal, prestando especial atención e interés al aparato genital. La presencia de una vulvovaginitis persistente o recurrente, o la presencia de sangre en recto o vagina, exigen una investigación de la causa inmediata.

En muchas ocasiones, el examen físico es normal en niños que han sido abusados sexualmente. Un número considerable de asaltos sexuales ocurren sin eyaculación y sin daño del himen. Muchos abusos sexuales no incluyen penetración y no producen lesiones físicas.

El esfínter anal es flexible y previa lubricación puede permitir fácilmente el paso del pene u otro objeto sin lesionarlo. Asimismo la elasticidad del himen permite la penetración por un dedo o el pene en una chica mayor, sin causar lesión o solamente alargamiento del orificio himeneal.

El examen debe ser completo y breve procurando no repetirlo para evitar al niño tener que revivir el trauma pasado. Es esencial que el examinador esté familiarizado con la anatomía genital de las niñas, pues de lo contrario pueden considerarse como anormales ciertos rasgos anatómicos normales o que son simples variantes de la normalidad.
El himen de una recién nacida tiene un aspecto muy diferente al de una joven púber. Se prestará especial atención al diámetro del himen, que normalmente es de menos de 1 mm en la niña pequeña y de unos 7 mm a los 10 años. Es importante al explorar a una niña o un niño adoptar una posición que permita una visión fácil de la región ano-genital. La mejor es la “genupectoral” y la “posición de rana”.

Un hecho de gran interés es la existencia de lesiones expresivas de enfermedad venérea. La presencia de cualquier enfermedad de transmisión sexual en un niño, debe considerarse sospechosa de abuso sexual, mientras no se demuestre lo contrario.

El tema de los abusos sexuales presenta un ligero problema y es el de la credibilidad de los niños, aunque ciertos autores aseguran que hay que creer al niño desde el mismo momento en el que denuncia un hecho como es el abuso sexual, hoy por hoy ha surgido una técnica en Alemania que constituye un instrumento muy valioso que tiene como objetivo evaluar el grado de credibilidad de los relatos de los niños/as, si bien esta técnica no constituye una prueba judicial fehaciente, a la vista de la carencia de instrumentos puede resultar un buen indicador, se trata del “Análisis de contenido basado en criterios”. El principio básico del análisis de declaraciones basado en criterios es que aquellas basadas en observaciones de sucesos reales, se diferencian en cuanto a la calidad, de las declaraciones que no están basadas en la experiencia directa sino que son el producto de la fantasía y la invención. Los criterios de realidad o de contenido reflejan características específicas que diferencian los testimonios verdaderos de los inventados. Actualmente se manejan cinco categorías principales con diecinueve criterios individuales. Aunque es importante tomar conciencia que los niños que avisan o cuentan sobre una situación de abuso sexual generalmente no mienten.

El abordaje de estos problemas debe ser realizado por un equipo multidisciplinario que abarca médico pediatra, psicólogo infantil, asistente social y un abogado que dé su aporte legal. El diagnóstico final está basado en el funcionamiento integrado de este equipo profesional. En esta etapa es fundamental resguardar al niño/a de todo riesgo ya sea en su ámbito familiar si es posible o en una institución asistencial en caso de no contar con una familia de referencia. Se solicita la protección del niño/a al defensor de menores.
El trabajo de la justicia dependerá del análisis del equipo de profesionales quienes informarán a juez a cargo, el diagnóstico, la forma de resguardo del niño/a y la terapéutica a realizar tanto al niño/a como a la familia o persona a cargo.

- Tipos de abusos sexuales:


1. Incesto: los contactos sexuales realizados por familiares directos u otro adulto que ejerce la función de padre o tutor (padrastro, madrastra, padres adoptivos).
2. Violación: Acto sexual realizado por un adulto no familiar.
3. Contacto físico, manoseo, toqueteos al niño o del niño hacia el adulto.
4. Exposición del niño a la visualización de películas, revistas pornográficas o exhibicionismo.

- Tipos de malos tratos psicológicos:



La Convención Internacional de los Derechos de los Niños caracteriza el maltrato psicológico infantil de la siguiente forma:
- Violencia verbal
- Comportamientos sádicos y despreciativos
- Repulsa afectiva
- Exigencias excesivas y desproporcionadas en relación a la edad del niño
- Consignas educativas contradictorias o imposibles.

Tratamiento



Se requiere de un tratamiento integral no sólo de la víctima sino también de su agresor y de la familia, para lo cual es necesario un equipo multidisciplinario que se encargue de esta problemática y aborde los aspectos biológicos, psicológicos y legales pertinentes. La terapia familiar está dirigida primero a reconocer el problema, establecer una adecuada comunicación entre los integrantes de la misma, modificar los patrones conductuales de los padres sustituyéndolos por métodos positivos efectivos.

Los objetivos de esta terapia son:

- Adquirir destrezas en la educación de los niños con el fin de manejar problemas típicos y difíciles relacionados con ellos.
- Promover el uso de métodos de control positivos hasta eliminar el castigo.
- Desarrollar estrategias para solucionar problemas en situaciones críticas y que sean operativas para la familia.
- Regular las respuestas violentas y el comportamiento impulsivo que lesionan a la familia.
- Promover la interacción social de los miembros de la misma, reduciendo su aislamiento físico y psicológico del resto de la comunidad.

La psicodinamia familiar está muy alterada y no existen vínculos afectivos, lo más conveniente es que el menor no regrese a su hogar por el riesgo de sufrir una nueva agresión; lo ideal es tratar de preservar la integridad familiar proporcionando apoyo a la familia mediante la colaboración de otro miembro de la misma capaz de modelar los cuidados parentales. Todo lo anterior aumenta la confianza y los recursos del agresor para responder a las necesidades del niño, así como su capacidad de control para enfrentar los problemas.

La combinación de la terapia individual, conyugal y de grupo contribuye a generar autoaceptación, impulsando hacia el cambio.

Sin embargo, no sólo es necesario prestar atención al menor, la familia y las circunstancias que los rodean, sino también al equipo multidisciplinario profesional, su funcionamiento y su problemática, con el fin de que el sistema trabaje eficazmente y ofrezca protección infantil “sin causar el mínimo daño a la familia”.

Consideramos que en nuestro país se requiere de una mayor interacción de los organismos encargados de la protección del menor maltratado, así como destinar más recursos financieros y humanos (equipo multidisciplinario capacitado) para abordar el problema de forma integral y proporcionar alternativas de solución cada vez de mayor calidad.

Al igual que en el apartado del diagnóstico, separamos el del profesional del que presenta el educador a su equipo a lo cual no sería riguroso llamar diagnóstico; hemos tenido a bien incluir el tratamiento profesional aproximado que va a recibir un niño que ha sufrido abusos sexuales para así conocer con exactitud las experiencias por las que pueden pasar nuestros alumnos/as afectados.

Actuación del médico:



- Debe tener siempre presente la posibilidad de malos tratos físicos y/o sexuales, incluyéndolos entre sus diagnósticos diferenciales ante determinadas lesiones.
- Debe conocer las características clínicas de las lesiones debidas a malos tratos y saberlas diferenciar de otros procesos con los que pueden confundirse.
- Ante la posibilidad de malos tratos, debe tratar, por todos los medios, de hospitalizar al niño, procurando no mencionar ante los padres el término malos tratos, sino alegando otras razones.

La hospitalización ofrece varias ventajas:


- Evitar que el niño siga siendo maltratado
- Posibilidad de utilizar rápidamente los recursos diagnósticos necesarios para confirmar el diagnóstico.

Ante la sospecha fundada de malos tratos, el médico lo comunicará a las autoridades competentes: Dirección General del Menor, Fiscal de Menores y Juzgado de Guardia.
Si el caso ocurre en días festivos, se solicitará del Juzgado de Guardia la custodia hospitalaria del menor hasta posterior decisión judicial.

Autor:

Gemita





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