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Aprendizaje de la historia en México parte 1 - Monografía



 
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Enseñanza. Deficiencias de la escuela mexicana. Métodos de aprendizaje. Recursos didácticos. Limitaciones teóricas, metodológicas, de tiempo y de presupuesto. Constitución política. Modelo pedagógico. Teoría de sistemas. Análisis de resultados



PRESENTACIÓN.



Este documento pretende proponer algunos criterios que contribuyan a articular una práctica tan reflexiva y coherente como lo permitan las condiciones existentes en un lugar y en un momento determinado.
También procura ofrecer elementos que posibiliten el análisis de dichas condiciones y en caso necesario ayuden a modificarlas en un sentido previsto.
Intenta mostrar que la resolución de los problemas que el docente enfrenta en el proceso enseñanza- aprendizaje de la historia exigen el uso de referentes que le permitan cuestionar su práctica educativa y que a la vez le proporcionen los parámetros para las decisiones que deba tomar. Es un trabajo práctico por que se ocupa  de los problemas que se generan en la práctica y porque los aborda desde unos marcos que, en su opinión, ayudan a darles el verdadero sentido que poseen; así como también brindan la posibilidad de tomar conciencia de la importancia de las ciencias sociales y de la historia en particular, de la trascendencia de algunas opciones y del papel que tiene el orientador.
El autor del presente trabajo ha tenido la sensación de que ya todo está dicho, de que no quedan ideas nuevas, de que como máximo se puede aspirar a ponerlas juntas de manera coherente, analizarlas desde diferentes claros de potencialidades reconocidas y atribuirles entonces un significado. Para algunos tal vez esto sea poco, porque siempre se esperan cosas nuevas y revolucionarias.
La visión que se adoptó  presenta riesgos indudables, el más importante consiste en que el tratamiento que se hace a determinados aspectos puede parecer superficial o generalista, pero se trata de un riesgo que se ha asumido con plena conciencia. En el mundo de la enseñanza y seguramente en muchos otros ámbitos, en ocasiones, el análisis de un aspecto concreto marginado del contexto más amplio y del conjunto de otros aspectos que lo circunscriben lleva a adoptar discursos y opciones descontextualizados, poco fundamentados desde un punto de vista global y con poca potencialidad como instrumentos de comprensión y análisis de la realidad a la que se refieren. Se intentará explicar lo anterior haciendo uso de un refrán que dice: a veces los árboles no nos dejan ver el bosque.
En este trabajo se quiere hablar del bosque situando a cada árbol en el conjunto al que pertenece y proporcionando instrumentos que ayuden a conocer y si es posible a mejorar cada elemento, pero sin perder de vista que ello implica necesariamente el conocimiento y la optimización del bosque.

SINOPSIS.



El presente trabajo tiene la finalidad de encontrar los elementos que posibilitan un mejor aprendizaje de los conceptos históricos, es decir, un aprendizaje significativo basado en una concepción constructivista que considera al aprendizaje como una construcción personal que realiza cada educando gracias a la ayuda que recibe de otras personas.
Se hace énfasis en que en todo esto juega un papel esencial, la persona más experta que ayuda a detectar un conflicto inicial entre lo que ya se conoce y lo que hay que saber, que contribuye a que el alumno se sienta capaz y con ganas de resolverlo, que plantea el nuevo contenido como un reto interesante cuya resolución tendrá alguna utilidad, que interviene en forma ajustada en los progresos y las dificultades que el educando manifiesta apoyándolo y previendo a la vez la actuación autónoma del estudiante.
En síntesis el presente trabajo retoma las principales aportaciones de la psicogenética de Piaget aplicadas al aprendizaje de la historia a la vez que intenta que el docente sea consciente de los errores más comunes en que se incurre en el aula y al percatarse de ellos los evite.

CAPITULO  I



MARCO REFERENCIAL.



1.1    ANTECEDENTES DEL PROBLEMA.



La escuela “Alfonso Caso” C.T. 21DTVO243E de la comunidad de San Antonio Tochimpa fue fundada en el año de 1994. Su construcción actual se encuentra en el terreno que le cedió la escuela primaria “Francisco Sarabia.” Siendo Director de la misma el Profesor Conrado Guzmán y Presidente del Comité de Padres de Familia  el señor Celso Pérez Benavides; quienes unieron esfuerzos con el Inspector municipal suplente, señor Mario Benavides Sánchez, a fin de convencer a algunas personas de la comunidad de mandar a sus hijos a estudiar a la naciente institución. La cual al principio funciono en el salón que pertenecía al primer grado de la escuela primaria siendo el fundador y primer  maestro de grupo el Profesor Guillermo Álvarez Bernal quien se encargo de gestionar la clave además de  recabar dinero y material para la construcción del edificio escolar.
Durante el siguiente ciclo escolar la escuela Telesecundaria estuvo funcionando en un local propiedad del Sr. Raúl Salgado y fue hasta el tercer año cuando se traslado a su edificio actual, mismo que presenta ciertas deficiencias debido a que algunos habitantes de la comunidad no creían que la telesecundaria tuviera una vida muy larga e influyeron para que el edificio se construyera pensando en darle un uso distinto al escolar.

El presente trabajo centra su atención en los alumnos del primer grado de educación secundaria de la comunidad de San Antonio, Tochimpa, Tlatlauquitepec; Puebla. Cuya etimología proviene del náhuatl Tochtli: conejo e impa: lugar, por lo que significa lugar de conejos y pertenece a la sección sexta del municipio antes mencionado. Las edades de los educandos de la institución fluctúan entre los 11 y los 16 años prevaleciendo la condición económica  media baja ya que en su mayoría provienen de familias campesinas de ingresos reducidos.
La institución fue fundada con la finalidad de aportar una alternativa a la población económicamente menos favorecida de la comunidad, ya que existen pocos habitantes en el lugar con una fuente continua de ingresos económicos originándose como consecuencia de la pobreza, la deserción, la reprobación etc. puesto que en muchas ocasiones el educando no cuenta con lo indispensable para trabajar en la escuela.
Siendo evidente que el medio en el que el adolescente se desenvuelve influye en buena medida en su forma de ser puesto que tendrá que adecuar sus posibilidades de interacción a las oportunidades que el entorno le proporcione.
La orografía de la comunidad es muy accidentada porque esta región forma parte de la sierra madre oriental y se dificulta a los estudiantes el diario asistir a la escuela pues la mayoría tienen que cruzar por barrancas y arroyos, además de que el exceso de humedad en el ambiente la mayor parte del año escolar ocasiona que no asistan a clases por motivos de salud o a causa de los cambios climáticos, afectando esta situación a su desempeño educativo.
La pobreza en el lugar conlleva problemas afectivos, morales y nutricionales. En muchas ocasiones el padre para obtener más dinero emplea a su hijo en el trabajo del campo interrumpiendo la continuidad educativa y provocando la inasistencia.
El adolescente se inclina tempranamente a trabajar por dinero, percibiendo en su raquítico salario algo que le proporciona las cosas propias de su edad y opta por no continuar sus estudios, pues estos no le dan nada en el aspecto económico, siendo esta acción  bien vista y apoyada por los padres.

En el aspecto afectivo, los progenitores se alejan del hogar por sus vicios o a consecuencia de sus labores acudiendo a su hogar sólo para dormir, auspiciando la promiscuidad en sus hijos y provocando una curiosidad insana con respecto al sexo y por ende, que se casen tempranamente aun faltos de responsabilidad y procreando en las mismas condiciones de pobreza.
La desnutrición es ocasionada porque, su alimentación como elemento básico para la realización de las actividades es insuficiente en cantidad y deficiente en calidad, siendo evidente que una persona mal nutrida, no podrá desarrollar en buenas condiciones sus actividades de aprendizaje. Agréguese a las condiciones mencionadas, el analfabetismo y la ignorancia que dificultan la interpretación de la realidad de su contexto, la cual puede ser transformada para mejorar esas condiciones existentes.
La población de estos lugares es católica, se aprecia que la iglesia ejerce dominio sobre la mayoría de los habitantes porque apoyan sin escatimar tiempo y esfuerzo, cualquier actividad religiosa (como la fiesta patronal de la comunidad donde se festeja a San Antonio el 13 de junio), descuidando las actividades de la escuela y la educación de sus hijos.

En la comunidad se elige por afinidad un inspector de la localidad con dos auxiliares, es decir; en una reunión de la gente que practica la política, se busca por amistad, intereses o parentesco a la nueva autoridad del pueblo, que junto con sus subalternos dependerán del presidente municipal, que es quien da validez a esta elección, siendo el electo un subordinado político, porque de no ser así, se le disminuirán las participaciones económicas a la población, por lo que hay que “caminar siempre a la derecha”. Siendo por eso posible  coincidir con que: “Aquí no ha muerto nadie, a pesar de los asesinatos y fusilamientos. Están vivos Cuauhtémoc, Cortés, Maximiliano, don Porfirio y todos los conquistadores y todos los conquistados. Esto es lo original de México. Todo el pasado suyo es actualidad palpitante. No ha muerto el pasado. No ha pasado lo pasado, se ha parado” .
En si estas formas de elección tienden a dominar a la sociedad para lograr controlar sus intereses y no permitir cambios en sus estructuras.

Si  se concibe la historia como un proceso continuo de interacción entre el historiador y sus hechos entonces se convierte en un dialogo entre el presente y el pasado  cuyo objetivo es el conocimiento del universo en su conjunto y la introducción de un orden en los actos humanos; solo se puede captar el pasado y lograr comprenderlo a través del cristal del presente es por ello que el historiador no pertenece al ayer si no al hoy. Resulta evidente que este pensamiento comprende una doble vertiente que conjunta la teoría y la práctica, como un todo indisoluble, cuya utilidad es dar una respuesta, no solo lógica sino adecuada a los problemas actuales,  una mejor forma de resolver los conflictos que experimenta la sociedad en la cual se vive.
Es por eso que uno de los más apremiantes objetivos que debe proponerse la educación nacional es la rectificación de ciertos vicios del carácter mexicano. La formación del carácter individual comienza en la familia y en la escuela, pero sólo en la vida misma logra definirse y fijarse en definitiva. Sin embargo, hay orientaciones adquiridas en el medio escolar y familiar que perduran como núcleos en torno a los cuales se asentarán los rasgos de la futura personalidad.

El educador carece de poder, o lo tiene muy escaso, para modificar el medio de la familia y el de la vida. En cambio, la escuela es un instrumento más flexible que esta bajo su dominio y en el que puede organizar una acción premeditada para obtener ciertos resultados.
Es claro que un cierto número de defectos muy generalizados en los mexicanos deben referirse a una causa común inconsciente: el sentimiento de inferioridad. En verdad, ese sentimiento no puede considerarse como una anormalidad psíquica peculiar y exclusiva de los mexicanos. Siendo los motivos que lo producen conflictos psicológicos de índole muy humana, el sentimiento de inferioridad aparece en hombres pertenecientes a todas las razas y nacionalidades. Pero mientras que en otras partes ese sentimiento se presenta en casos individuales más o menos numerosos, aunque siempre limitados, en México asume las proporciones de una deficiencia colectiva.
Las circunstancias históricas que han  determinado este defecto, se relacionan con el nacimiento de México. Con esto se quiere decir que “debe suponerse la existencia de un complejo de inferioridad en todo los individuos que manifiestan una exagerada preocupación por afirmar su personalidad; que se interesan vivamente por todas las cosas o situaciones que significan poder, y que tienen un afán  inmoderado de predominar, de ser en todo  los primeros, el sentimiento de inferioridad aparece en el niño al darse cuenta de lo insignificante de su fuerza en comparación con la de sus padres” .

Al nacer México se encontró en el mundo civilizado como el niño frente a sus mayores. Se presentaba en la historia cuando ya imperaba una civilización madura, que solo a medias puede comprender un espíritu infantil. De está situación desventajosa nace el sentimiento de inferioridad que se agravó con la conquista y el mestizaje. Pero este sentimiento no actúo de modo sensible en el carácter mexicano, sino al hacerse independiente, en el primer tercio del siglo diecinueve.
El sentimiento de inferioridad no se manifiesta en la conciencia del individuo tal como es. Lo que se hace consciente son las reacciones que involuntariamente nacen para compensar aquel sentimiento, y que, al establecer hábitos, van formando los rasgos del carácter. Para él y para los demás, es simplemente un vanidoso, despreciativo, altanero, retraído, receloso, desconfiado, u otras cosas más, sin que el mismo sujeto se dé cuenta de lo que en verdad estas reacciones significan. Las manifestaciones de ese estado inconsciente son, pues, muy variadas y a menudo opuestas: desde el atrevimiento, el cinismo, la falsa valentía, hasta el apocamiento o la timidez. Lo cierto es que todas estas heterogéneas manifestaciones tienen un fondo común más o menos visible: la afirmación de la propia individualidad a costa de los demás.
El mismo impulso de orgullo mueve al retraído que se aparta de todos con desprecio que al hombre que busca la sociedad para exhibir vanidosamente sus pretendidos méritos. La obsesión de si mismo, la constante atención por el propio yo, implican, como es natural, una falta correlativa de interés por los demás, una incomprensión por la vida de los prójimos.

En una palabra, las reacciones del carácter frente al sentimiento de inferioridad conducen todas al individualismo y lesionan en mayor o menor grado los sentimientos hacia la comunidad. No se puede negar el hecho de que en México es débil el espíritu de cooperación y la disciplina a la colectividad. En conjunto, nuestra vida tiende a la dispersión y la anarquía con menoscabo de la solidaridad social.
La introversión que provoca el sentimiento de inferioridad, por fuerza obliga, a desatender al mundo exterior y debilita el sentido de lo real. El individuo afectado por  el complejo de inferioridad es un inadaptado a su mundo, porque existe una inadaptación dentro de si mismo, un desajuste de sus funciones psíquicas que desequilibran la conciencia. Es por lo general un individuo cuyas ambiciones son desproporcionadas a sus capacidades; hay un déficit del poder con respecto al querer. De aquí el sentimiento de inferioridad.
Se comprende entonces que la inferioridad no es real, sino únicamente relativa, a lo desmesurado de la ambición. Si ajustamos nuestro querer a nuestro poder, entonces el sentimiento de inferioridad no tiene por que existir.
En donde hay un sentimiento de inferioridad surge la ambición desmedida de poder, que quiere decir la primacía en un mundo en que todas las cosas son vistas bajo la óptica de lo superior y lo inferior; la discordia aparece con su corolario de actividades negativas: el rencor, el odio, el resentimiento  y la venganza. La lucha por el poder en todas las esferas, grandes o pequeñas, en lo privado o en lo público, en el circulo familiar o nacional, conduce frecuentemente al aislamiento, la misantropía, la neurosis, etc. Todos estos efectos se traducen en inadaptación a la vida de la comunidad y es entonces de la mayor importancia que la escuela ayude a vencer el sentimiento de inferioridad desde que aparece en la niñez.

Sin duda que no es fácil establecer en detalle los métodos apropiados a ese fin. Éste es un asunto técnico de la competencia de pedagogos bien preparados que sean al mismo tiempo buenos psicólogos. Es indispensable que el maestro mexicano sea un poco experto en la cura de almas. En los grados superiores de la enseñanza, el maestro tendrá que realizar una verdadera reeducación en los individuos que padezcan ya de aquella inadaptación psíquica.
Una de las deficiencias de la escuela mexicana que seguramente ha contribuido a conservar y aún a agravar el sentimiento de inferioridad, es la desvinculación de los estudios con la vida; con lo cual no se quiere significar lo que muchas veces se ha pretendido que la escuela sea un agente inmediato para la resolución de urgentes problemas prácticos. Lo que se quiere expresar es otra cosa. La educación en todos sus grados desde la escuela primaria, hasta la Universidad debe orientarse hacía el conocimiento verdadero  de México.
Hablar de que nuestra educación debe proponerse como uno de sus fines más importantes el conocimiento de México, podría juzgarse como la repetición de una frase que ya se ha usado otras veces como lema de patriotismo o nacionalismo vacío. Pero, en realidad, sucede que nunca se ha ahondado en lo que esta idea implica en toda su amplitud, y mucho menos se ha tratado de realizarla seriamente en la escuela.
Es notorio que los mexicanos, al salir de las escuelas o de la Universidad, saben mucho de otros países, pero desconocen casi completamente el suyo. Esto representa una desventaja para la vida, porque muy a menudo se manifiesta luego en una inadaptación entre los conocimientos que el individuo posee y la realidad en la que va a actuar.  Siendo obvio que los hombres que van a la escuela o a la universidad a prepararse en alguna actividad técnica o profesional, lo hacen para trabajar después en el país.

Es lógico entonces que la educación deba prepararlos también en el conocimiento del medio que será en el futuro su campo de acción. Es la única manera de prevenirnos de la invasión de ideas, sistemas o procedimientos extranjeros, cuyo empleo en resolver problemas de la vida mexicana es un experimento peligroso que, ya lo sabernos, causa trastornos en el desarrollo natural del país.
La falta de armonía entre lo que el hombre sabe y el ambiente que lo rodea es la causa de muchos fracasos en casi todos los campos de la vida de políticos, legisladores, educadores, profesionales, literatos, etc., cuyo saber no funciona en la realidad práctica; cuando los fracasos pasan a la dimensión colectiva, agravan el sentimiento de inferioridad. Nuestra falta de sentido práctico no es, pues, sino un vicio de una educación, que no tiene un sentido realista, pero que en cambio produce hombres utopistas y románticos, destinados al desaliento y al pesimismo.

El ejemplo que se debía haber imitado, en la práctica y no solo en teoría, es el de los países más cultos, y es el único que no se ha imitado: que allá, la educación, desde la escuela primaria hasta la Universidad, tiende a dar a todos los educandos el conocimiento de su país. En casi todas las asignaturas que forman los programas escolares en todos los grados de la enseñanza, es posible encontrar una referencia a las correspondientes realidades del país.
Primero que nada, el cultivo de la lengua y la literatura debe ser una de las bases en que se asiente la cultura nacional, después, la geografía, la historia, las ciencias de la naturaleza y de la vida, las ciencias sociales, la economía, las ciencias del espíritu, la filosofía; no hay ninguna disciplina que con sus principios no tenga una aplicación al conocimiento de México.
La empresa de orientar sistemáticamente la educación en este sentido, es más difícil de lo que a primera vista parece. Previamente habría que preparar a los profesores, y en esta labor serían sobre todo las escuelas normales las que desempeñarían el principal papel.
Es indispensable revisar las concepciones de México que han pasado a los libros de texto que se leen en las escuelas, falseadas por la auto denigración, por el sentimiento de inferioridad. Es necesario fomentar el interés y el respeto por las cosas mexicanas. Cuando nuestra realidad es observada sin ningún prejuicio desfavorable, se descubren valores insospechados cuyo conocimiento contribuirá, sin duda, a elevar la moral de la conciencia mexicana.

No debe entenderse que se pretende hacer del conocimiento de México el único fin de la educación; pero si que es uno de los más importantes, y vendrá a dar un contenido concreto de que hasta hoy han carecido las orientaciones señaladas a la obra de la cultura nacional. De ahí que el tema de este trabajo sea “Elementos que hacen posible el aprendizaje significativo de la historia”. Su repercusión no se limita solo a lo que el alumno sabe, sino que también influye en lo que sabe hacer y en la imagen que tiene de sí mismo.
De esta observación, surge la necesidad de analizar la escuela como parte del aparato ideológico en la comunidad, independientemente del control que tiene el Estado. En la población objeto de estudio existen tres instituciones educativas: jardín de niños, primaria y telesecundaria, sus construcciones fueron realizadas sin idea para servicio educativo, excepto el Jardín de Niños, por ser obra del “CAPFCEE”(Comité de la Administración Publica Federal para la Construcción de Espacios Educativos) por lo que tienen una mala iluminación, ventilación y mobiliario. Los maestros solo se reúnen cuando se realiza un evento social cultural o cívico, pero no para fortalecer posturas pedagógicas o para transformar una realidad que afecta la relación escuela - comunidad y/o maestro - padre -alumno, percatándose con esta apreciación de que no hay interés del docente por intentar buscar soluciones a los problemas que repercuten en la actividad educativa y mucho menos, de buscar alternativas que favorezcan y activen estas relaciones por medio de la participación colectiva y el diálogo crítico.

El ser humano vive en sociedad por naturaleza, él sólo no podría sobrevivir; de ahí se desprende que el hombre es un ser social  y la labor docente que desempeña todo profesor tiene una esencia social predominante. Una de las razones por las cuales se eligió el área social es la siguiente: la labor educativa se desarrolla en el ámbito escolar, comunitario y familiar que ha medida que el tiempo pasa, se va alternando con otros lugares como son: el jardín de niños, la escuela primaria, la secundaria y las escuelas de nivel medio y superior, que contribuyen a los objetivos de una educación integral, influyendo de manera determinante el ambiente social en el que se desenvuelve el ser humano y que  llamamos sociedad.

De manera especial  se retoman algunas situaciones en las que se detectan fallas, en la forma en que los docentes han incurrido de manera recurrente en la enseñanza de la historia, algunas de estas incidencias son: la clase de historia se hace monótona para los alumnos siendo la principal manifestación, el aburrimiento, el sueño y la apatía, el uso de cuestionarios dados con respuestas y que no se usan para nada los recursos didácticos.    La actitud del docente al abordar los temas es verbalista, el abuso  del libro de texto, la falta de una metodología para que exista una clase atractiva, motivadora, interesante para el alumno, aunado esto a la falta de tiempo para leer los planes y programas que indican el contenido más no su tratamiento o la forma de desarrollarlo en el estudio de la historia; prefiriendo omitirlos  en su cronograma, aún cuando gráficamente aparezcan por mero requisito.
Si la historia es entendida como una historia social, aspira a explicar los hechos del pasado, centra su atención en los procesos y los conflictos, sin embargo no puede descuidar  el devenir de los acontecimientos, así que resalta más su interpretación que el relato cronológico. Si la historia y la sociología se relacionan entonces un hecho social es un hecho histórico, si en el ejercicio docente, en educación básica, la enseñanza de la historia es un conjunto de hechos sociales entonces el educando debe ser guiado bajo este criterio.
De ahí se desprende que la tarea del maestro debería consistir en ayudar al educando a descubrir por si mismo, a través de la confrontación con los otros y la información disponible, las posibles inconsistencias en su modo de resolver los problemas y encontrar  los medios de avanzar en su pensamiento. El alumno no debería adquirir  la información como algo almacenable, sino participar en un sin número de interacciones con el material de estudio y con los demás, por esto el maestro, más que un transmisor debe trasformar, esto es fomentar nuevas formas de relación social y con el conocimiento.

Hay suficiente evidencia que arrojan las entrevistas que se han realizado a docentes, de que la enseñanza de la historia responde solamente a un enfoque fáctico que carece de significatividad para el alumno, ya que el pasado, más o menos lejano supone una distancia temporal difícil de superar para un pensamiento que no ha alcanzado un suficiente nivel de maduración en el manejo de la temporalidad.
A todo lo anterior se suman las distancias culturales, sociales y geográficas que existen entre los hechos estudiados y la vida del alumno de ahí la importancia de varias cosas como son: la planificación de los contenidos, los recursos didácticos y la metodología utilizada por el maestro, el manejo de los materiales institucionales, las condiciones materiales de trabajo del magisterio, la burocratización del tiempo y el espacio escolar, la situación salarial, el arraigo comunitario y tantos otros aspectos que ayudan o  restringen la labor docente y por su puesto, este trabajo de investigación.

Si se pone en práctica la teoría del constructivismo con los educandos y se hace posible que las actividades los lleven a aprender a aprender actuando con acciones significativas, sobre todo, cambios de actitud en el docente, lejos de que el área parezca tediosa podría convertirse en una de las favoritas para el alumno porque se le brinda  la oportunidad de incorporarse a una actividad constante, donde él mismo construye los hechos históricos y es capaz de dar juicios críticos tomando, de esta manera, cierto aprecio por la historia pasada y presente en vez de permanecer pasivo, de ahí la importancia de los recursos didácticos en la educación básica.
De esta manera los  estudiantes se convierten en seres reflexivos que  al  confrontar  sus conocimientos con los de los compañeros adquieren la habilidad de contextualizarlos,  ya que sin duda el hacer amena una clase de la asignatura que sea, depende en gran medida de las relación que esta tenga con los conocimientos contextuales que se utilicen, y evidentemente en historia resulta fundamental manejarlos y sobre todo  que el alumno participe de manera activa en el desarrollo de la clase. Algunos recursos a utilizar son los siguientes: las líneas del tiempo, entrevistas, visitas, las reflexiones, la discusión los  comentarios etc. Que aunque sugeridos en el libro para el maestro no se utilizan o se les hace muy poco caso.

Para que se logren cambios significativos en los alumnos se requiere una serie de actividades en las cuales ellos sean los protagonistas.
De todo esto se puede concluir que las ciencias sociales hay que enseñarlas tratando siempre de recrear con el adolescente el ambiente social ayudándole a comprenderlo para que tenga posibilidades de transformarlo.
Esto no sucede así, puesto que la historia en las aulas se ha convertido en una narración de hechos alejada de las vivencias de los educandos y en realidad es un esfuerzo por conocer mejor, una reflexión para construir el conocimiento histórico a partir de la realidad que el joven vive diariamente.
Los contenidos de la historia  pueden surgir en el salón de clases como una continuidad natural de la vida personal y social ya que “la capacidad que cualquiera pueda tener para identificarse estará determinada por sus propias experiencias, reales o emocionales”  de esta manera para que un escolar se interese en el estudio de la historia, no es suficiente brindarle un conjunto de fechas, acontecimientos y relatos curiosos del pasado, enseñar supone una intención, la de que a través de la actividad del maestro se desarrollen los alumnos como individuos reflexivos, preocupados por los demás y con la responsabilidad suficiente para adquirir conocimientos, conceptos,  ideas y destrezas en una serie de áreas de conocimiento.

Es evidente que el medio en que se ubique al alumno tiene una relación con el tiempo, posee una historia que ha dejado su huella en las memorias y en el entorno, de esta manera, los hechos sociales, los edificios y los objetos son testigos de existencias anteriores y constituyen lazos de unión entre el pasado y el presente. Su relación con un pasado próximo nos remite a periodos más lejanos permitiéndonos, estos vestigios, situar al educando frente a la realidad de lo pretérito.
“La aproximación histórica al medio indica un proceso de observación… alrededor  de toda huella, de todo indicio dejado por el pasado”.
Es quizá por eso que los estudiantes fuera del aula son inquietos, dialogan, socializan y buscan innovar sus travesuras y juegos. Pero en el salón se convierten en seres dependientes y pasivos siempre en espera de que se les dé una actividad, lo que tienen que hacer y cómo deben trabajar, sin que de ellos surja una motivación de iniciativa o germine una idea de cómo realizarla, aunque tienen capacidad para construir los conocimientos, si llegan a concebir alguna idea se callan por temor a que se burlen de su opinión. Haciendo que los aprendizajes se adquieran de acuerdo a un criterio y norma preestablecido y si al enseñar se dan errores, así se deja, porque el alumno al no interactuar con el conocimiento no se apropia realmente por no poder marcar las deficiencias de su maestro.
Es evidente que conviene desarrollar todo el potencial de reflexión que poseen los educandos puesto que solo de esa manera se les puede ayudar  a convertirse en los ciudadanos equilibrados, moralmente responsables que el país requiere para la solución de los problemas sociales y económicos que enfrenta nuestra sociedad. No es posible continuar viviendo una educación que no permite la reflexión y que más que liberar enajena.

Sí se concibe a la historia como un conjunto de conocimientos que ayudan a tomar conciencia de nuestras posibilidades como seres humanos, entonces con los alumnos  se debe intentar que la clase de historia se convierta en un espacio para la ejercitación de la inteligencia y la imaginación en un contexto racional en el que se permita la libre expresión de las ideas en un marco de respeto hacia las diferentes formas de opinión.


1.2 PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA.



Con el respaldo de las autoridades educativas y las civiles de la localidad y el municipio, además del visto bueno de la Secretaria de Educación Publica el fundador de la institución inicio las actividades de la  escuela telesecundaria y se encontró con una situación que hasta entonces le había pasado desapercibida; el de las personas que no parecían darse cuenta de lo ingrato de su situación y que no confiaban en nadie por qué nadie confiaba en ellas. Personas inteligentes que al parecer padecían de un mal espiritual llamado indolencia.
Al principio muchos educandos abandonaron la escuela pero al permitir que socializaran los conocimientos en forma respetuosa sucedió que algunos  empezaron a tomar interés por las clases  y en especial por la de historia y a preguntarse por que sucedían ciertas cosas, en ocasiones cuestionaban la autoridad del docente pero seguían actuando con responsabilidad; la observación de esta nueva forma de comportarse  le llevo  a plantearse la siguiente pregunta: ¿En que medida los recursos didácticos facilitan el aprendizaje de la historia en los alumnos del primer grado grupo “A” de la escuela Telesecundaria “Alfonso Caso” C.T. 21DTV0243E del municipio de  Tlatlauquitepec, Puebla?
Muchos profesores piensan que la utilización de cuestionarios y la memorización son suficientes para la comprensión de los conceptos que hacen posible la reflexión entorno al campo de lo social asumiendo una manera de actuar totalmente tradicionalista alejada de las actitudes que les permitirían tener un practica más coherente y funcional.
En realidad lo que está detrás del concepto de historia que tienen los adolescentes y probablemente varios adultos es una posición realista, al igual que muchos maestros, puesto que sus apreciaciones se basan en que los datos hablan por si mismos.
Lo más importante y lo más difícil de conseguir es que los muchachos entiendan el problema de la objetividad histórica y de la construcción de la historia.

La dificultad del educando para entender esto depende también de su dificultad para comprender las contradicciones, los conflictos en el terreno social. Esto es precisamente una de las cosas que tenemos que ayudarles a que entiendan presentándoles documentos contradictorios, visiones opuestas de un mismo acontecimiento para que ellos pueda realizar su propia elaboración.
Es alienante que el liberalismo en su expresión más alta,  el individualismo interprete la historia como un proceso sujeto a las voluntades y pasiones de los grandes héroes. No es menos adversa la  influencia del positivismo que al pretender descubrir los elementos de la dinámica histórica nos conduce al detalle de los datos, sin ir más allá de la simple reunión y ordenamiento lógico de la información. “La influencia adversa del positivismo a una interpretación verdaderamente científica se deja sentir desde la escuela primaria en donde se nos enseña que la historia es la mera ordenada descripción de hechos, fechas, lugares y nombres.”  No ha sido fácil quitar la maleza al camino que debe recorrer el individuo para que pueda comprender críticamente su propio pasado, barriendo con mitos cultivados durante siglos.
Es necesario que el educando conozca y comprenda los acontecimientos históricos además de las características que coadyuvan al logro de un conocimiento crítico y objetivo de nuestra realidad.
Por esa razón se considera importante el encontrar un método que permita  solucionar o  cuando menos atenuar esa problemática que se caracteriza por la falta de análisis de la realidad y que en un momento determinado rebasa los limites del entorno escolar al convertirse en una característica de la forma de actuar de determinados grupos sociales.

1.3 NATURALEZA DEL PROBLEMA.



El enfoque para el estudio de la  historia, en educación secundaria persigue evitar que la memorización de datos de los sucesos históricos notables sea la meta de esta asignatura. Es preferible utilizar la permanencia de los  educandos en la institución  para motivar en ellos la curiosidad por la historia y la percepción de que sus contenidos tienen relación con los acontecimientos del mundo en que viven; “si estas finalidades se logran se propiciara la formación de individuos con capacidad para analizar los procesos sociales y de lectores frecuentes de historia que tendrán la posibilidad de construir una visión ordenada y comprensiva sobre la historia de la humanidad”
De ahí que iniciar en el respeto a la ley,  en el respeto a la verdad, en el respeto a si mismo es el ideal de todo educador pero pocas veces podemos felicitarnos de haberlo conseguido.
La atmósfera de anarquía en la que vivimos multiplica el número de inaprensivos, contrabandistas, aprovechados, insumisos. Hay quien dice que lo que desanima a los adolescentes de hoy es la desgana de intervenir en algo que se reduce a un vulgar chalaneo.
De tal manera que el saber histórico no se construye en la escuela debido a que los contenidos se abordan del una manera fugaz, memorística que soslaya el hecho de que aprender quiere decir elaborar una representación, es decir, un concepto  personal del contenido objeto de aprendizaje, hacerlo propio, interiorizarlo, integrándolo en los esquemas oportunos. Se pretende ignorar que la representación de los esquemas de conocimiento no se realiza desde cero, sino que parte de los conocimientos que ya tienen los alumnos y que les permiten conectar con los nuevos contenidos. Al presentar el conocimiento de la historia de manera tradicional se evade la posibilidad de atribuirle cierto grado de significado ya que las relaciones necesarias que hay que establecer no se producen de manera mecánica, sino que son el resultado de un proceso sumamente activo realizado por el alumno al que ha de brindársele la posibilidad de organizar y enriquecer el propio conocimiento.

El contenido y los propósitos de la enseñanza de la historia es algo que debe conocer de antemano el maestro pues ante él se abren estas dos perspectivas: “enseña la historia externa con su fárrago de fechas, llena de falsedades o encamina sus lecciones a dar una comprensión clara de los múltiples factores que en la conversación y convivencia humana determinan la civilización actual” .
Es necesario  el tener en cuenta que no existe, a este respecto, otro ambiente más desmoralizado que el de los estudiantes. La escuela es con demasiada frecuencia un sitio donde se miente, donde se falsea o donde se vive sin estar en armonía con los superiores. Cuantas clases en las que se minimiza todo lo posible el esfuerzo por el trabajo, se menosprecia el interés, se goza cuando el profesor olvida dar trabajo o controlar la lección, y no digamos cuando se pone enfermo o se halla en dificultades,  los mejores se hacen vergonzosamente cómplices de las tonterías  y crueldades de los menos buenos, y aunque las desaprueben en su interior, dejan hacer; una inconcebible satisfacción general saluda la aparición de cualquier desorden.
Y eso que se trata de la edad más generosa, la edad más entusiasta, la edad idealista por excelencia la más propicia para iniciar en la lealtad. De hecho hay que reconocer desde un principio que muy pocos alumnos, realmente muy pocos, merecen confianza. Son raros los muchachos que desde pequeños han sido educados en este ideal. Antes todo lo contrario, los alumnos que nos llegan, vienen de ordinario con experiencias que les han habituado a cerrarse, a disimular, a frenar pasiva y socarronamente toda actividad positiva de grupo o todo esfuerzo de trabajo.

El aprendizaje grupal hace necesario fomentar actividades que den la posibilidad a los educandos de trabajar en diferentes tipos de agrupamientos que planteen situaciones que requieran compartir materiales, trabajos y responsabilidades que les permitan ayudarse entre ellos y en las cuales se valore su conducta en relación con su grado de participación “conviene trabajar la potencialidad del grupo cooperativo como ayuda al aprendizaje y como instrumento de apoyo emocional y situar el trabajo conjunto en un marco en el que el éxito de uno implique el éxito de los otros”.  Actividades en que las relaciones entre los compañeros potencien la colaboración en lugar de la competencia.
Con frecuencia al comenzar el curso hemos de lanzar campañas contra el espíritu de camaradería de quienes se aprovechan con gusto de las facilidades que ofrece el colegio sin dar a cambio muestras de lealtad o de generosidad, contra el respeto aparente de la regla acompañado del firme propósito de saltársela en el momento en que nadie les ve. Pero se equivocaría totalmente quien tomase a pie esto para decir que no hay que darles confianza por que no la merecen.
El educador decepcionado, que se las da de estar de vuelta porque ya no se fía de los alumnos, no ha entendido ni media palabra de lo que significa el sistema de confianza. Se equivocaría tanto al dar confianza como al negarla.
Un verdadero educador sabe que hay que dar confianza, no por que, en su opinión los alumnos la merezcan, sino para que aprendan a merecerla un día. En el colegio damos confianza, nos fiamos, porque sabemos que en este campo, igual que en tantos otros, la necesidad precede a la capacidad. Si el alumno se aficiona y desarrolla su sentido de la honradez, nos alegramos del éxito. Si falla,  nos alegramos también de la ocasión que nos brinda para mostrarle su debilidad, de como todavía tiene necesidad de disciplina, de apoyo y de consejos.
La educación para la sinceridad es, pues, una educación dinámica: creer que el ideal de superación es todavía lo más sincero que tenemos a pesar de nuestras debilidades y de nuestras vergüenzas, que podrían llevarnos a no descubrirlo.
Hay que explicar a nuestros jóvenes que mientras un hombre permanece veraz, aunque tenga debilidades, es digno de infinito respeto, puesto que se sabe distinto de ellas, las denuncia y no las justifica. No se  le puede ni despreciar ni agobiar, porque, a pesar de sus faltas,  afirma la nobleza humana: continúa respetando el ideal y tiende a él aun reconociendo que no lo ha alcanzado.
Si miente, en cambio, significa que niega el ideal, que cubre y protege su falta contra el remedio,  que toma partido en su favor y prefiere quedarse con lo que hace en vez de superarse prefiriendo lo que ha llegado a ser.

Es necesario que el educando conozca y comprenda los acontecimientos históricos además de las características que coadyuvan al logro de un conocimiento crítico y objetivo de nuestra realidad. El estado organiza el pasado y conforma su imagen en función de sus intereses políticos e ideológicos, es por eso que “la pretendida imparcialidad de los historiadores no pasa de ser una leyenda destinada a consolidar ciertas convicciones útiles”   de ahí que el maestro deba proveer al educando de visiones contrastantes o distintas sobre un mismo tema ya que de esa manera podrá crear su propia opinión y tendrá la oportunidad de reflexionar sobre los hechos que se le presentan liberándose de la visión inmediata propia de la pedagogía tradicional.
La verdad es el aire que respira la personalidad para crecer. Mentir es en primer lugar mentirse. En los comienzos mentir es difícil; uno se pone rojo, tiembla se enreda en sus mentiras. Para saber mentir hay que engañarse a sí mismo, desfigurarse. El verdadero mentiroso no sabe decir la verdad. Hasta  llega a no saber distinguir lo verdadero de lo falso. Miente sin querer. Cree a medias sus mentiras y no distingue lo verdadero de lo que no lo es. No tiene nada personal. No se parece a nada.
El estudio de la historia requiere en primer lugar de acciones que el educando pueda realizar y que le brinden cierta satisfacción cuando las ejecute pero sobre todo, que se relacionen con lo que aprende y con su propia y verídica experiencia de modo que integren experiencias de aprendizaje.
Es por eso un objetivo imprescindible educarle en el aprecio y la valoración del verdadero patrimonio histórico que compartimos, desarrollando su sensibilidad y su capacidad para ver el pasado y concebir el presente como su resultado y, de esta manera obsequiarle la posibilidad de disfrutarlo.

1.4 DESCRIPCIÓN DE LA HIPÓTESIS.



La forma tradicionalista de conducir el proceso enseñanza aprendizaje por parte  de algunos profesores en la asignatura de historia ha provocado apatía y reprobación en los alumnos de primer grado de la escuela Telesecundaria  “Alfonso Caso” CT. 21DTV0243E del municipio de Tlatlauquitepec, Puebla.

HIPÓTESIS DE INVESTIGACIÓN. (Hi)


Hi.  Si se utilizan los recursos didácticos entonces, existirá aprendizaje significativo de la historia por parte del educando.

HIPÓTESIS NULA. (Ho)



Ho. Si se utilizan los recursos didácticos entonces, no existirá aprendizaje significativo de la historia por parte del educando.





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