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Aborto Penalidad Leyes Iglesia parte 4 - Monografía



 
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CAPITULO VIII



OPINIONES SOBRE EL ABORTO



A-Lo defienden como un derecho, tanto que propician un aborto libre.



El fundamento de este derecho es, que el feto es la simple prolongación del organismo materno, por lo tanto, la madre es dueña de su cuerpo; teniendo derecho incluso a atentar contra su vida.
La mayoría de los argumentos a favor del aborto presuponen que el mismo es beneficioso para la madre y humanitario para la criatura.
Jurídicamente, el embrión puede tener vida independiente, pero fisiológicamente constituye sólo una víscera más del organismo materno. El cuerpo del embrión no es nada más que un órgano, en el conjunto de órganos que integran la estructura fisiológica de la mujer, es un latido, un episodio de la vida de la madre.
Sus partidarios concluyen que la ley no debe penar el aborto, que es necesario que el Estado establezca y permita clínicas para practicarlo científicamente y que a pesar de disminuir la natalidad, los niños que nazcan recibirán mayor dedicación, una educación mejor y más amor ya que habrán sido deseados.

B.-En algunos casos lo permiten:



Dicen algunos, que es totalmente aceptable como el caso de enfermedad de la mujer o para salvar su vida. Se basan en los siguientes principios:
1-El del mal menor: Tanto la vida de la madre como la del menor son sagradas, pero desde que el feto pone en peligro o en riesgo la vida de la mujer, los médicos están autorizados para sacrificar aquella vida cuya existencias es problemática ya que la madre es el pilar de una familia y tiene un valor inapreciable.

2-La de la legítima defensa:

Cuando pone en peligro la vida de la madre, aquí deben darse tres circunstancias necesarias:
-Agresión ilegítima; no puede ser más ilegítima la agresión del feto contra la vida de la madre.
-Necesidad racional del medio empleado para impedirlo o repelerlo; al médico no le queda otro remedio racional para impedir la muerte de la madre que el aborto.
-Falta de provocación suficiente de la que se defiende; la madre no ha provocado al hijo. No es ella la que hace justicia sino que es la ciencia la que la protege.

3-El del consentimiento tácito:

Si el feto pudiera ser consultado, seguramente renunciaría a su vida para salvar la vida de la madre.

4-La condena por utilidad pública:

Algunos piensan que la mujer embarazada junto con el médico llamado para que provoque el aborto, cumplen con una sentencia pronunciada por un tribunal compuesto por la familia de la madre. Otros admiten el aborto Terapéutico y el aborto Eugenésico, ya que además, en estos casos se trata de evitar el nacimiento de monstruos o seres con taras hereditarias que signifiquen un desmejoramiento de la raza.
Algunos, como Jiménez de Azúa, admiten solamente el aborto por causa de honor, en casos muy calificados, como la violación , en que la ultrajada que queda encinta, mire en su hijo, concebido por la fuerza, un recuerdo amarguisímo de los instantes más penosos de su vida.
Jiménez de Azúa, opina que debería formularse un artículo en todos los Códigos Penales de América hispana, en el que se conceda al magistrado la facultad de otorgar a la mujer violada que lo solicite, un permiso para que un médico de solvencia moral y científica le practique el aborto liberador de sus justas repugnancias.

Los que admiten el aborto lo autorizan en los casos de:

a)Violación

, que se comete cuando se yace con una mujer empleando fuerza o intimidación; cuando se yace con mujer privada de sentido o razón, o cuando se yace con una mujer menor de doce años cumplidos, Art.361 del Código Penal.

b)Estupro,

que se comete cuando se yace con mujer doncella, mayor de doce años y menor de veinte, interviniendo engaño del artículo 363 del Código Penal.

c)Rapto,

cuando se haya ejecutado contra la voluntad de la mujer ( con fuerza ), y con miras deshonestas; o cuando se trate del rapto de una doncella menor de dieciocho y mayor de doce años, ejecutado con su anuencia. Artículos 358 y 359 del Código Penal.

C- El aborto es condenado siempre como inmoral.



El aborto es inmoral, contrario a la naturaleza humana y a la justicia; su fundamento se encuentra en que el feto es un ser independiente de la madre y no un órgano o un episodio de ella.
El feto presenta sus propios procesos vitales, tiene una independencia ontogenia, lo que caracteriza la individualidad biológica de un ser es el número de cromosomas de sus células, que es igual y fijo para todas las células de un mismo organismo; por ello, tanto el óvulo como el espermatozoide son independientes de la madre y del padre; así como el producto de su fusión.
La independencia fisiológica del feto se manifiesta de sus procesos de alimentación, respiración, aparato genital y de su sistema nervioso. El feto tiene además, como todo ser vivo, un fin propio e independiente a otro ser.
La vida de la madre y de la criatura, son dos vidas humanas independientes, igualmente valiosas; no es efectivo que se deba escoger el mal menor, ya que siempre será esencialmente malo escoger la muerte o dar muerte a un INOCENTE.
El feto jamás es un agresor de la madre, puesto que no realiza ningún acto positivo ni menos injusto en contra de ella, el feto no se sale de la esfera de sus derechos; y cuando llega a ocasionar algún peligro para la vida de la madre, esta proviene de una fuerza mayor que no le puede ser imputable.
Nunca opera el consentimiento tácito, no existe un derecho sobre la propia existencia, por consiguiente nadie puede autorizar a otro para ser eliminado.
Cuando se practica un aborto, no hay ninguna duda que el cadáver será muy pequeño, pero es de un ser humano que ha desaparecido porque lo han matado.
Cualquiera que sea la ley civil, debe quedar bien claro que el hombre no puede jamás obedecer a una ley inmoral en sí misma; tal es el caso de una ley que admitiera la licitud del aborto; así lo señala la Declaración de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.

CAPITULO IX



ABORTO: UN PROBLEMA MUNDIAL



En los pueblos primitivos, el aborto no se consideraba una violación a los principios básicos sociales.
El aborto existía como práctica corriente entre los Coreanos, los Senegaleses, los Onolofs, Esquimales, pueblos atrasados de los diversos continentes.
Lo que difiere de un pueblo a otro es el motivo del aborto. Entre los Griegos y los Romanos, la causa del aborto era la conservación de la belleza de la mujer, el mantenimiento de sus formas esculturales y también a veces, la venganza de la mujer contra su marido. En los pueblos primitivos una de las principales causas por las cuales se practicaban abortos era el hambre y la falta de recursos materiales.
Las primeras comunidades cristianas, castigaron el aborto, por razones que atañen, pura y exclusivamente, al sentido o espíritu del dogma, es decir, por un motivo esencialmente religioso. Se consideraba que el feto, después de los cuarenta o de los ochenta días, según fuera hombre o mujer, constituía un ser animado.
En la época del Renacimiento, era una práctica común, sin embargo, la mujer que abortaba corría el riesgo de ser condenada a muerte infamante.
En el mundo de hoy, se observa una gran confusión sobre el aborto. Hay gran cantidad de países que no permiten el aborto, por ejemplo los países Sudamericanos. Sin embargo en otros como Japón, Italia, le esta permitido al médico ejecutar dicha operación, bajo condiciones y requisitos diferentes en cada uno de sus ordenamientos.
En ésta época de comodidad, el aborto se está presentando como una manera fácil y rápida para deshacerse de un problema molesto.
Las estadísticas mundiales son difíciles de conseguir ya que en varias naciones el aborto es ilegal. Pero en países donde es una práctica legal, como Japón en 1965 las cifras eran de 843 mil abortos, o sea 46 abortos por cada 100 embarazos. En Hungría, el año 1978 hubo 180 mil abortos, en relación a tan sólo 133 mil nacimientos.
En la conferencia sobre Población Mundial de las Naciones Unidas, celebrada en 1965, se concluyó que el número total de abortos, en el mundo por año, tanto legales como ilegales era cerca de 30 millones. Cifra impresionante, unos 85 mil abortos por día, 50 abortos por minuto.
En 1970, corresponsales de TIMES realizaron una encuesta en el ámbito mundial, en la cual se puntualizaron hechos increíbles. En España como en Portugal, el aborto era el principal método de control demográfico. En Bélgica ocurrían según los médicos 11 mil abortos anuales.
En España, después que se aprobo la ley sobre el aborto en casos de violación, subnormalidad o por estado de salud de la madre, unas 50.000 mujeres al año se acogen a la posibilidad de interrumpir su embarazo legalmente, lo cual no ha evitado que se sigan produciendo abortos clandestinos, cuyo número puede alcanzar entre 100 mil y 300 mil abortos.
Según estudios realizados en el último tiempo, hay millones de mujeres que encontrándose en cinta, están dispuestas a llegar a cualquier extremo para poner fin a un embarazo. Mujeres de todas las clases recurren a esta práctica. En Europa las de clase social alta viajan a Inglaterra para someterse a un aborto legal. Las de situación más baja que no pueden pagar por servicios que provocan abortos en la localidad que residen, suelen recurrir a medidas desesperadas, tratando de provocarse ellas mismas el aborto, con medios crueles y peligrosos de los que han oído hablar. Como consecuencia de esta situación hay países donde la mayor causa de deceso entre las mujeres es el aborto , por ejemplo Colombia.
El 22 de Enero de 1973, la Corte Suprema de los Estados Unidos determinó que el derecho a la privacidad de una mujer es más apremiante que el derecho a la vida de su hijo que esta por nacer. Esa decisión introdujo una época de testimonio a la exterminación por aborto de más de un millón de niños por nacer, cada año.
En Chile es difícil tener estadísticas exactas debido a que se producen en forma clandestina, pero desgraciadamente las cifras son alarmantes, sobre todo en jóvenes entre 12 y 18 años.

ABORTO Y CUESTIÓN MORAL



Durante siglos se ha debatido el aspecto moral del aborto. Es un privilegio o Asesinato.
El aborto existió siempre y seguirá existiendo, como tantas cosas que atañen a nuestra sociedad que va progresando, pero más preocupante que el hecho que muchas mujeres aborten es el cambio de mentalidad que ha operado en algunos sectores sociales en relación con el valor de la vida humana en el seno materno.
La madre es la primera protectora que la naturaleza ofrece contra los peligros exteriores, en el caso del aborto se ven invertidas sus funciones naturales, ya que muchas veces es ella quién pide abortar la criatura, convirtiéndose en su propio verdugo.
Entre la vida o muerte del hijo que lleva en sus entrañas, la madre exige o consiente, que sea condenado a muerte.
La maternidad, una vez encendida la luz de la fecundación, es de por sí una obra de vida; el aborto en cambio es una obra de muerte.
Entre el aborto y la vida no hay término medio, la ley que reconoce el aborto rechaza radicalmente la vida y favorece la muerte de quienes menos la merecen.
Todo aborto, por su propia definición, destruye un óvulo que se ha fecundado y ha comenzado a crecer y que sin las intervenciones extrañas hubiera llegado a ser una criatura humana, de ahí que la controversia moral y religiosa sobre el aborto se haya convertido en la más férvida de cuantas se relaciona con el control demográfico de la natalidad.
Se dice que un médico nunca debería aconsejar un aborto, pues el deber de la profesión médica es preservar y salvar las obras de la naturaleza y no destruirlas.
El debate se desarrolla en torno a determinar cuando comienza la vida humana.
La moderna doctrina y la Iglesia Católica consideran que la vida y el alma comienzan en el momento en que el óvulo es fecundado, desde el momento de la concepción, ya sea que consideremos que la concepción se produce cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide o desde que el huevo se anida en el útero.

POSICIÓN DE LA IGLESIA CATOLICA



TRADICIÓN CRISTIANA:



La tradición cristiana es clara y unánime, desde los orígenes hasta nuestros días, se considera al aborto como un desorden moral particularmente grave. Desde que entró en contacto con el mundo grecorromano, en el que estaba difundida la práctica del aborto y del infanticidio, la primera comunidad cristiana se opuso radicalmente, con su doctrina y praxis, que le enseñaban ” no matarás al hijo en el seno de su madre, ni quitarás la vida al recién nacido.”
Entre los escritores eclesiásticos del área griega, Atenágoras recuerda que los cristianos consideran como homicidas a las mujeres que recurren a medicinas abortiva, porque los niños, aun estando en el seno de la madre, son ya ” objeto de la providencia de Dios “.
Entre los latinos, Tertuliano afirma que es un homicidio anticipado impedir el nacimiento; poco importa que se suprima el alma ya nacida o que se la haga desaparecer en el nacimiento. Es ya un hombre aquél que lo será.
El Magisterio Pontificio más reciente ha reafirmado con gran vigor está doctrina común.
El Papa Pío XI en la Encíclica Casti Connubii del año 1930 rechazó las pretendidas justificaciones del aborto.
Pío XII excluyó todo aborto directo, sea, todo acto que tienda directamente a destruir la vida humana aún no nacida.
Juan XXIII, en su Encíclica Mater et Magistra de 1961, reafirmó que la vida humana es sagrada, porque ” desde que aflora, ella implica directamente la acción creadora de Dios.”
El Concilio Vaticano II, condenó con gran severidad el aborto: ” Se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes nefandos.” “Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón, y proclamada por la Iglesia.
El Código de Derecho Canónico de 1917 , establecía para el aborto la pena de excomunión.( can.2350 /1). También la nueva legislación canónica se sitúa en esta dirección cuando sanciona que “quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión, (can.1398). La excomunión afecta a todos los que cometen este delito conociendo la pena, incluidos también aquellos cómplices sin cuya cooperación no se hubiera producido. Con esta reiterada sanción, la Iglesia señala este delito como uno de los más graves y peligrosos, alentando así a quien lo comete a buscar solícitamente el camino de la conversión.
Ante semejante unanimidad en la tradición doctrinal y disciplinar de la Iglesia, Pablo VI, en su Carta Enc. Humanae Vitae del 25 de Julio de 1968 y en su discurso al Congreso de la Asociación de Juristas Católicos Italianos del 9 de Diciembre de 1972 declaró que esta enseñanza no había cambiado y que era inmutable. El aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal.
Por su parte el Catesismo de la Iglesia Católica, establece que el derecho al ejecicio de la libertad, especialmente en materia religiosa y moral es una exigencia inseparable de la dignidad del hombre. Pero el ejercicio de la libertad no implica el pretendido derecho de decir o hacer cualquier cosa.
El respeto de la persona humana implica, el de los derechos que derivan de su dignidad de criatura; y estos derechos son anteriores a la sociedad y se imponen a ella. A la Iglesia le compete siempre proclamar los principios morales incluso los referentes al orden social, asi como dar su juicio sobre cualquier asunto humano, en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana. Esto explica el esfuerzo por defender la vida humana contra toda influencia o acción que la amenace o la debilite.
Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable.

CATESISMO Y ABORTO



La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable a la vida. El aborto directo, es decir, querido como medio o como fin, es gravemente contrario a la ley moral.
La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave, que la Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión. Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.
Porque ha de ser tratado como una persona desde su concepción, el embrión debe ser defendido en su integridad, atendido y cuidado médicamente como cualquier otro ser humano.
El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación. La Iglesia esta a favor de la vida, la fecundidad es un don.

EL ABORTO EN LA ENCÍCLICA EVANGELIUM VITAE



La Carta encíclica, EVANGELIUM VITAE, del Papa JUAN PABLO II, que habla sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, nos señala en su Introducción que el Evangelio de la Vida está en el centro del mensaje de Jesús y tiene un eco profundo y persuasivo en el corazón de cada persona, creyente e incluso no creyente, porque superando infinitamente sus expectativas, se ajusta a ella de modo sorprendente. Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política.
En esta misma Introducción nos dice que ya el Concilio Vaticano II, en una página de dramática actualidad, denunció con fuerza los numerosos delitos y atentados contra la vida humana. A treinta años de distancia, haciendo suyas las palabras de la asamblea conciliar el Papa Juan Pablo II nos dice, ” Todo lo que se opone a la vida, como los homicidios de cualquier género, el genocidio, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende a la dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida; estas cosas y otras semejantes son ciertamente oprobios que, al corromper la civilización humana deshonran más a quienes los practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador”. Por desgracia, este alarmante panorama, en vez de disminuir, se va más bien agrandando. Con las nuevas perspectivas abiertas por el progreso científico y tecnológico surgen nuevas formas de agresión contra la vida e integridad de ser humano, a la vez que se va delineando y consolidando una nueva situación cultural, que confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito y podría decirse aún más inicuo ocasionando ulteriores y graves preocupaciones.
Amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias.
En la actualidad, todo esto provoca un cambio profundo en el modo de entender la vida y las relaciones entre los hombres. El hecho de que las legislaciones de muchos países, alejándose tal vez de los mismos principios fundamentales de sus Constituciones, hayan consentido no penar o incluso reconocer la plena legitimidad de estas prácticas contra la vida es, al mismo tiempo, un síntoma preocupante y causa no marginal de un grave deterioro moral. Opciones, antes consideradas unánimemente como delictivas y rechazadas por el común sentido moral, llegan a ser poco a poco socialmente respetables. La misma medicina, que por su vocación está ordenada a la defensa y cuidado de la vida humana, se presta cada vez más en algunos de sus sectores a realizar estos actos contra la persona y vida humana.
El resultado al que se llega es dramático: si es muy grave y preocupante el fenómeno de la eliminación de tantas vidas humanas incipientes o próximas a su ocaso, no menos grave e inquietante es el hecho de que a la conciencia misma, casi oscurecida por condicionamientos tan grandes, le cueste cada vez más percibir la distinción entre el bien y el mal en lo referente al valor fundamental mismo de la vida humana.
El Consistorio extraordinario de Cardenales, celebrado en Roma del 4 al 7 de Abril de 1991, se dedicó al problema de las amenazas a la vida humana en nuestro tiempo. Después de un amplio y profundo debate sobre el tema y sobre los desafíos presentados a toda la familia humana y, en particular, a la comunidad cristiana, los Cardenales con voto unánime, pidieron al Papa ratificar, el valor de la vida humana y su carácter inviolable, con relación a las circunstancias actuales y los atentados que hoy la amenazan.
Acogiendo esta petición, el Sumo Pontífice escribió en Pentecostés de 1991 una carta personal a cada hermano en el Episcopado para que, en el espíritu de la colegialidad episcopal, lo ayudarán a redactar un documento sobre el Evangelio de la Vida. Así como hace un siglo la clase obrera estaba oprimida en sus derechos fundamentales, la Iglesia tomó su defensa, con gran valentía, así ahora cuando otra clase de personas está oprimida en su derecho fundamental a la vida, la Iglesia siente el deber de dar voz, con la misma valentía a quien no tiene voz. Hoy una gran multitud de seres humanos débiles e indefensos, como son, concretamente, los niños aún no nacidos, está siendo aplastada en su derecho fundamental a la vida.
El Sucesor de Pedro, nos dice al finalizar la introducción que esta Encíclica quiere ser pues una confirmación precisa y firme ” del valor de la vida humana y de su carácter inviolable”, y al mismo tiempo, una acuciante llamada a todos y cada uno, en nombre de Dios: ¡respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda la vida humana!. Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad.
La Encíclica Evangelium Vitae, contiene un capítulo específicamente dedicado al tema del “Aborto,” el Papa nos empieza diciendo que entre los delitos que el hombre puede cometer contra la vida, el aborto procurado presenta características que lo hacen particularmente grave e ignominioso. El Concilio Vaticano II lo define, junto con el infanticidio, como ” crímenes nefandos”.
Hoy, sin embargo la percepción de su gravedad se ha ido debilitando progresivamente en la conciencia de muchos. La aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en la misma ley es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido moral, que es cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida. En el caso del aborto se percibe la difusión de una terminología ambigua, como la de “interrupción del embarazo”, que tiende a ocultar su verdadera naturaleza y a atenuar su gravedad en la opinión pública. Quizás este mismo fenómeno lingüístico sea síntoma de un malestar de las conciencias. Pero ninguna palabra puede cambiar la realidad de las cosas: aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento.
La gravedad moral del aborto se manifiesta en toda su verdad si se reconoce que se trata de un homicidio y, en particular, si se consideran las circunstancias específicas que lo cualifican. Quien se elimina es un ser humano que comienza a vivir, es decir, lo más inocente en absoluto que se pueda imaginar: jamás podría ser considerado un agresor, y menos un agresor injusto. Es débil. inerme, hasta el punto de estar privado incluso de aquella mínima forma de defensa que constituye la fuerza implorante de los gemidos y del llanto del recién nacido. Se halla totalmente confiado a la protección y al cuidado de la mujer que lo lleva en su seno. Sin embargo, a veces es precisamente ella, la madre quien decide y pide su eliminación, e incluso la procura.
Es cierto que en muchas ocasiones la opción del aborto tiene para la madre un carácter dramático y doloroso, en cuanto que la decisión de deshacerse del fruto de la concepción no se toma por razones puramente egoístas o de conveniencia, sino porque se quisieran preservar algunos bienes importantes, como la propia salud o un nivel de vida digno para los demás miembros de la familia. Pero esta y otras razones semejantes, jamás pueden justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente.
El Santo Padre señala que en la decisión sobre la muerte de un niño aún no nacido, además de la madre, intervienen con frecuencia otras personas. Ante todo, puede ser culpable el padre del niño, no sólo cuando induce expresamente a la mujer al aborto, sino también cuando favorece de modo indirecto esta decisión suya al dejarla sola ante los problemas del embarazo, de esta forma se hiere mortalmente a la familia y se profana su naturaleza de comunicada de amor y su vocación de ser ” santuario de la vida.” No cabe duda que la responsabilidad moral afecta particularmente a quienes directa o indirectamente han forzado a una mujer a abortar. También son responsables los médicos y el personal sanitario cuando ponen al servicio de la muerte la competencia adquirida para promover la vida.
Pero esta responsabilidad implica también a los legisladores que han promovido y aprobado leyes que amparan el aborto y, en la medida en que haya dependido de ellos, los administradores de las estructuras sanitarias utilizadas para practicar abortos. Una responsabilidad general no menos grave afecta tanto a los que han favorecido la difusión de una mentalidad de permisivismo sexual y de menosprecio de la maternidad, como a quienes debieron haber asegurado y no lo hicieron; políticas familiares y sociales válidas en apoyo de las familias, especialmente las numerosas o con particulares dificultades económicas y educativas. Estamos dice el Papa ante lo que puede definirse como una estructura de pecado contra la vida humana aún no nacida.
Algunos dice Juan Pablo II, intentan justificar el aborto sosteniendo que el fruto de la concepción, al menos hasta cierto número de días, no puede ser todavía considerado una vida humana personal. En realidad, “desde el momento que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es del padre ni de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser humano sino lo ha sido desde entonces. La fecundación inicia la aventura de una vida humana, cuyas principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder actuar.
La Iglesia siempre ha enseñado, y sigue enseñando, que al fruto de la generación humana, desde el primer momento de su existencia, se ha de garantizar el respeto incondicional que moralmente se le debe al ser humano en su totalidad y unidad corporal y espiritual: “El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción ” y, por eso a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida.
Los textos de la Sagrada Escritura nos dicen que la vida humana es sagrada e inviolable en cada momento de su existencia, también en el inicial que precede al nacimiento. El hombre desde el seno materno, pertenece a Dios que lo escruta y conoce todo, que lo forma y lo plasma con sus manos, que lo ve mientras es todavía un pequeño embrión informe y que en él entrevé el adulto del mañana, cuyos días están contados y cuya vocación está ya escrita en el ” libro de la vida”.

Valoración moral del aborto en el Evangelio de la Vida



La valoración moral del aborto se debe aplicar también a las recientes formas de intervención sobre los embriones humanos que, aun buscando fines en sí mismos legítimos, comportan inevitablemente su destrucción. Es el caso de los experimentos con embriones, en creciente expansión en el campo de la investigación biomédica y legalmente admitida por algunos Estados. En la Congregación para la Doctrina de la Fe del 22 de Febrero de 1987, se sostuvo que son lícitas las intervenciones sobre el embrión humano siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia.
En la Carta de los derechos de la familia se sostuvo que el uso de embriones o fetos humanos como objeto de experimentación constituye un delito en consideración a su dignidad de seres humanos, que tienen derecho al mismo respeto debido al niño ya nacido y a toda persona. La eliminación de criaturas humanas inocentes, aun cuando beneficie a otras, constituye un acto absolutamente inaceptable.
Una atención especial merece para la Iglesia la valoración moral de las técnicas de diagnóstico prenatal, que permiten identificar precozmente eventuales anomalías del niño que esta por nacer. Por la complejidad de estas técnicas, esta valoración debe hacerse cuidadosa y articuladamente. Estas técnicas son moralmente lícitas cuando están exentas de riesgos desproporcionados para el niño o para la madre, y cuando están orientadas a posibilitar una terapia precoz o también a favorecer una serena y consciente aceptación del niño por nacer. Pero cuando estas técnicas se ponen al servicio de una mentalidad eugenésica, que acepta el aborto selectivo para impedir el, nacimiento de niños afectados por varios tipos de anomalías. Semejante mentalidad es ignominiosa y totalmente reprobable, porque pretende medir el valor de una vida humana siguiendo sólo parámetros de ” normalidad “y de bienestar físico, abriendo así el camino a la legitimación incluso del infanticidio y de la eutanasia.
La Iglesia esta cercana a todos aquellos afectados por graves formas de minusvalidez, ellos deben sentir que son aceptados y amados por nosotros, constituyendo un testimonio particularmente eficaz de los auténticos valores que caracterizan la vida y que la hacen, incluso en condiciones difíciles preciosa para sí y para los demás.

LEY CIVIL Y LEY MORAL



Una de las características propias de los atentados actuales contra la vida humana, consiste en la legitimación jurídica, como si fuesen derechos que el Estado, al menos en ciertas condiciones, debe reconocer a los ciudadanos.
No pocas veces se considera que la vida de quien que aún no ha nacido o esta gravemente debilitado es un bien sólo relativo. Algunos piensan que solamente quien se encuentra en esa situación concreta y está personalmente afectado puede hacer una ponderación justa de los bienes en juego; en consecuencia sólo ellos podrían juzgar la moralidad de su decisión. Por ello el Estado, en interés de la convivencia civil y de la armonía social , debería respetar su decisión, llegando incluso a admitir el aborto y la eutanasia.
El Papa sostiene que para el futuro de la sociedad y del desarrollo de una sana democracia, urge pues descubrir de nuevo la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, que derivan de la verdad misma del ser humano y que expresen y tutelen la dignidad de la persona. Son valores que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir, sino que deben sólo reconocer, respetar y promover. En este sentido es necesario tener en cuenta los elementos fundamentales del conjunto de las relaciones entre la ley civil y ley moral, tal como son propuestos por la Iglesia, pero que forman parte también del patrimonio de las grandes tradiciones jurídicas de la humanidad.
Como el contenido de la ley civil es diverso y de ámbito más limitado que el de la ley moral, ningún ámbito de la ley civil puede sustituir a la conciencia o exceder su competencia que es la de asegurar el bien común de las personas. Precisamente por esto, la ley civil debe asegurar a todos los miembros de la sociedad el respeto por algunos derechos fundamentales, que pertenecen originariamente a la persona y que toda ley positiva debe reconocer y garantizar. Entre ellos el primero y fundamental es ” el derecho inviolable de cada ser humano inocente a la vida.”
Al respecto, El Catesismo de la Iglesia Católica, nos dice que los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho. El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos.

Conformidad de la Ley Civil con La ley Moral



El Papa Juan XXIII, señalaba que la autoridad es postulada por el orden moral y deriva de Dios. Por tanto, si las leyes o preceptos de los gobernantes estuvieran en contradicción con aquel orden y por consiguiente en contradicción con la voluntad de Dios, no tendría fuerza para obligar la conciencia. Esta es una clara enseñanza de Santo Tomás de Aquino, que entre otras cosas escribió ” La ley humana es tal en cuanto este conforme con la recta razón y por tanto deriva de la ley eterna.
La primera y más inmediata aplicación de esta doctrina hace referencia a la ley humana que niega el derecho fundamental y originario de la vida, derecho de todo hombre. Así, las leyes que, como el aborto legitiman la eliminación directa de seres humanos inocentes están en total e insuperable contradicción con el derecho inviolable a la vida inherente a todos los hombres, y niegan, por tanto la igualdad de todos ante la ley.
Las leyes que autorizan y favorecen el aborto se oponen radicalmente no sólo al bien del individuo, sino también al bien común y por consiguiente, están privadas totalmente de auténtica validez jurídica.
Así pues, el aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar. Leyes de este tipo no sólo no crean ninguna obligación de conciencia, sino que por el contrario establecen una grave y precisa obligación de oponerse a ellas. Desde los orígenes de la Iglesia , la predicación apostólica inculcó a los cristianos el deber de obedecer a las autoridades legítimamente constituidas, pero al mismo tiempo enseñó firmemente que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.( Hechos 5, 29). En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto.

ABORTO Y EL MANDAMIENTO DE DIOS



Uno de los mandamientos más importantes de Dios es ” Amarás a tu prójimo como a ti mismo “( Lucas 10,27). ” Promueve la vida “. Los mandamientos del Señor nos enseñan el camino a la vida. La elección de determinados comportamientos es radicalmente incompatible con el amor de Dios y la dignidad de la persona, creada a su imagen.
El mandamiento ” No matarás” establece, por tanto, el punto de partida de un camino de verdadera libertad, que nos lleva a promover activamente la vida y a desarrollar determinadas actitudes y comportamientos a su servicio.
El Papa nos dice que El Creador ha confiado la vida del hombre a su cuidado responsable, no para que disponga de ella de modo arbitrario, sino que la custodie con sabiduría y la administre con amorosa fidelidad, ha confiado la vida de cada hombre a otro hombre hermano suyo, según la ley de la reciprocidad del dar y del recibir, del don de sí mismo y la acogida del otro.
Para el cristiano estos mandamientos implican en definitiva el imperativo de respetar, amar, y promover la vida de cada hermano, según las exigencias y las dimensiones del amor de Dios en Jesucristo. Lo que todos debemos asegurar a nuestro prójimo es un servicio de amor, para que siempre se defienda y se promueva su vida, especialmente cuando es más débil o ésta amenazada. Es una exigencia no sólo personal sino también social, que todos debemos cultivar, poniendo el respeto incondicional de la vida humana como fundamento de una sociedad renovada.
El Catesismo, en relación a este quinto mandamiento ” No Matarás ” señala que la vida humana es sagrada, porque desde su incio es fruto de una acción creadora de Dios, sólo Dios es señor de la vida desde su comienzo hasta su término y nadie en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de atentar contra un ser humano inocente. Que Dios ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno; se debe proteger la vida con máximo cuidado desde la concepción.

CAPITULO X



ABORTO Y EUGENESIA



El concepto concierne al aborto que se realiza para prevenir descendientes que por taras hereditarias u otras circunstancias, deba presentar notables anomalías o defectos físicos o psíquicos.
El aborto es uno de los medios eugenésicos denominados negativo que se realizan para evitar el nacimiento de seres que por circunstancias que se hayan presentado en el desarrollo del feto dentro del vientre materno, o por antecedentes hereditarios hagan presumir la existencia de taras en su desarrollo.
Luis Jiménez de Azúa, en un artículo publicado en la Revista Jurídica Argentina, tomo XXVI, señaló que el aborto eugenésico consiste en impedir el nacimiento de infelices seres tarados con una enorme carga negativa.
Manuel López-Rey y Arrojo, en su libro Aborto, lo definen como aquel aborto realizado para evitar el nacimiento de un vástago con serias incapacidades físicas o mentales, o las dos.
De estas definiciones, podemos conceptualizar el aborto eugenésico como ” Dar muerte al producto de la concepción para evitar que el individuo que se esta desarrollando en el vientre materno, nazca con taras de carácter físico y / o mentales.
Algunos sostienen que el fin propio de la eugenesia es la ciencia del buen nacimiento aunque existen autores como Cousiño Mc Iver que sostiene que el aborto no constituye un medio propio de la eugenesia, puesto que lo que se propone esta ciencia es impedir la fecundación, la génesis de seres ineptos y condenados de antemano a la fatalidad de sus antecedentes hereditarios.
Las causas que determinan la presencia de taras físicas y síquicas van a depender muchas veces de las condiciones físicas particulares de la madre, con diversos estudios se ha podido señalar como causal el alcoholismo y enfermedades tales como la sífilis y la rubéola que pueden debilitar las células sexuales masculinas y femeninas afectando al huevo que sé esta formando. En el caso de las drogas que la madre consuma durante el embarazo pueden producir ciertas malformaciones como las que produce la Talidomina, droga conocida como Disteval o Softenón, que entró al mercado de Alemania e Inglaterra en la década de los 60. Pero estas causales no son tan exactas y de aceptar este tipo de aborto se podría evitar el nacimiento de niños completamente normales.
Actualmente determinar la presencia de taras físicas, es posible gracias a tres procedimientos:

1.-Ecografía:

Es la técnica que permite visualizar al feto, a partir de la tercera semana de gestación, ver la placenta y el líquido amniótico. La limitación es que no pueden visualizarse taras síquicas como el Síndrome de Dawn.

2-Fetoscopía:

Técnica que consiste en observar al feto y a la placenta a través de un pequeño tubo que entra por el abdomen y extrae sangre fetal.

3.-Amniocentesis:

Consiste en extraer líquido secretado por el feto a través de una punción abdominal de la madre, sólo dentro de las 12 semanas de gestación.
El problema consiste en determinar cual es el grado de incapacidad para poder desarrollarse como persona normal a pesar de las taras físicas o psíquicas que presente.

ABORTO EUGENÉSICO Y MORAL


La cuestión moral consiste en determinar si es lícito privar del nacimiento a un niño; que por presentar malformaciones se pueda encontrar incapacitado física o mentalmente para formar parte de una sociedad que exige cada día mayor desenvolvimiento de sus miembros.
Los partidarios de este tipo de aborto sostienen que la presencia de seres humanos con taras físicas o psíquicas obstaculizan el desarrollo de la sociedad y que es una carga para la comunidad, ya que tendrán que invertir recursos que no generan frutos. Uno de los partidarios del aborto eugenésico como es Georg Friederch Nicolai dice que ” La eugenesia no es un problema a discutir, sino una necesidad que cumplir.”
Al tiempo en que el niño se haya desarrollado a suficiente tamaño para poder extraer del fluído amniótico en el cual yace, al objeto de probar definitivamente el hecho de que el niño será deforme, la preñez ya habrá alcanzado una etapa en que provocar un aborto está lleno de tremendos peligros. Más aún si la deformidad es vista como razón válida para matar a un ser humano antes de su nacimiento, entonces no podría haber objeción para matar también a aquellos que después del nacimiento se convierten en deformes.
Los que se oponen al aborto eugenésico también sostienen; que aceptarlo produciría un quiebre en los valores humanos, e iría contra uno de los mandamientos de Dios que impone la orden de no matar, premisa básica que forma la actividad de toda sociedad Cristiana y por ende argumento de toda lógica. Los seres humanos no pueden ser objetos de transaccciones económicas-sociales, la sociedad es quién debe aportar y ayudar a todas las personas que tengan alguna dificultad, para que puedan desenvolverse e integrarse dignamente a la sociedad. Cuando estas personas son aceptadas y amadas por nosotros, constituyen un testimonio particularmente eficaz de los verdaderos valores que caracterizan la vida y la hacen aún con esas dificultades valiosa.
Una atención especial merece para la Iglesia Católica, la valoración moral de las técnicas de diagnóstico prenatal, que permiten identificar precozmente eventuales anomalías del niño que esta por nacer. Por la complejidad de estas técnicas, esta valoración debe hacerse cuidadosamente. Estas técnicas son moralmente lícitas cuando están exentas de riesgos para el niño o para la madre, y cuando están orientadas a posibilitar una terapia precoz o también a favorecer una serena y consciente aceptación del niño por nacer. Pero son totalmente reprobables cuando estas técnicas se ponen al servicio de una mentalidad eugenésica, que acepta el aborto para impedir, el nacimiento de niños afectados por varios tipos de anomalías.
La Iglesia ha estado siempre muy cerca de todos aquellos esposos, que con gran ansia y sufrimiento, acogen a sus hijos afectados por incapacidades, así como agradece a todas las familias que, por medio de la adopción, ampara a niños que han sido abandonados por sus padres debido a malformaciones o invalidez.


CAPITULO XI



ABORTO Y FECUNDACIÓN ARTIFICIAL



Se sabe por diversos estudios realizados en el tema, que hoy en día la fecundación artificial es una de las formas esenciales que permite resolver con éxito, las consecuencias de la impotencia e infertilidad.
Producto de este medio de fecundación cabe preguntarse ¿ La destrucción del embrión que se ha formado por la inseminación artificial, resultado de la fusión del óvulo con el espermio podía penarse como aborto?. Asi como también, ¿ La muerte del embrión in vitro constituye aborto?; ¿Puede este embrión que no se encuentra en el vientre materno ser objeto de maniobras abortivas.?
En las tendencias modernas el bien tutelado por la ley en el delito de aborto es la vida del feto, ser que esta en vías de desarrollo, no considerando que sea necesario que sea expulsado del vientre materno.
El médico legista argentino Bonnet, señala ” La interrupción de la vida del ser viviente mientras se encuentra en el caldo de cultivo no es aborto, porque no puede hablarse de embarazo ( preñez de la mujer ), inexistente en esos momentos. Sólo podría haber aborto cuando el embrión, huevo o feto se halle situado en el útero y ocurra su muerte como consecuencia de un acto accidental o delictual. Para este autor habría aborto sólo cuando la interrupción de la vida del feto es en el vientre materno, ya que es justo ahí donde se verifica el embarazo.
Zannoni señala al respecto que hoy existe una nueva posibilidad de aborto que no supone la muerte del embrión en el seno materno y por ende, la interrupción del embarazo, sino que se trata de la destrucción del embrión viable mediante implantación en el útero, en la etapa en que se encuentra fuera del seno materno y sujeto a la manipulación del laboratorio.
Si biológicamente la fecundación extrauterina implica la fusión genética del espermatozoide y del óvulo y si esa fusión de células germinales masculinas y femeninas constituye la primera célula del nuevo ser, es indudable que la protección jurídica debe alcanzarle del mismo modo que si esa fusión hubiese ocurrido en el seno materno.
El penalista José María Rodríguez Devesa , establece que el aborto consiste en la muerte del feto mediante su destrucción en el seno materno o por su expulsión prematura provocada. La consecuencia más importante de esta noción, es que da al aborto el carácter de delito de lesión y no de mero peligro.
El autor Francisco Muñoz, en su obra Los delitos contra la vida humana dependiente y el delito de aborto señala que el bien jurídico protegido es la vida no independizada en todos sus estados de desarrollo; desde el momento de la concepción hasta el de su separación del claustro materno. Por concepción debe entenderse no la mera fecundación del óvulo por el espermatozoide, sino la nidación del óvulo ya fecundado en el útero materno. Quedando excluidas del ámbito del derecho penal las fecundaciones in vitro, es decir, aquellas que no tienen lugar en el seno materno, sino en tubos de ensayo.
Carlos Crees, en su obra Derecho Penal, al analizar los delitos contra la vida sostiene que el producto de una concepción lograda fuera del seno materno, que no ha sido implantado todavía a él, que se sostiene artificialmente fuera del mismo( vida in vitro), aunque biológicamente pueda catalogarse como vida humana, no es la que la ley protege bajo este título, aún cuando su destrucción puede afectar otros intereses y constituir otros delitos; pero si ese producto ha sido implantado ya en el seno materno, la protección legal por medio del delito de aborto se da hasta el momento en que se produce el alumbramiento, cualesquiera que sean las posibilidades de viabilidad de él, basta que funcione como complejo vital.
Grisolia, Bustos y Politoff señalan que recientes experiencias científicas, sobre cuyas perspectivas los especialistas se muestran cautelosos, para una eventual; fecundación artificial ( fuera del cuerpo de una mujer ), seguida de la implantación del huevo ya fecundado mediante una intervención quirúrgica, podrían tal vez obligar a que el entero asunto sea replanteado.
Hans Luttger, nos dice que la anidación constituye el comienzo de la punibilidad de la interrupción del embarazo; los embriones extrauterinos y los óvulos fecundados in vitro hasta su posterior implantación quedan fuera de esta prohibición.
Resumiendo la opinión de estos autores, podemos concluir que no se esta frente a un delito de aborto, ya que la condición necesaria para que se verifique este delito; es que el embrión se encuentre dentro del seno materno.
Hernán Silva Silva , señala ” La destrucción del embrión, u óvulo fecundado; pone término a una vida humana aún cuando no este implantado en la mujer. No debe manipularse el producto de la fecundación con fines científicos. La vida humana no puede ser materia de experimentación, ni menos se puede aceptar fecundación selectiva con fines eugenésicos, ni alterar los cromosomas.”
Córdova Ruiz, nos dice que ante la nueva modalidad de formación de la vida humana, el concepto de destrucción de la misma debe ser ampliado. No se puede pensar que sólo se destruye la vida humana después de los catorce o quince días de fecundación, sino que se puede destruir antes, puesto que aunque se considere que el embrión no es todavía un ser humano, desde el punto de vista moral y científico tiene la posibilidad de serlo y generalmente lo es, salvo que se presenten circunstancias que lo impidan.
De la opinión de estos autores podemos concluir que estamos ante una nueva forma de destrucción de la vida humana, cuya causa es precisamente su nueva forma de producción.
La posición de la Iglesia en esta materia, es clara, las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por intervención de una persona extraña ( donación del esperma o del óvulo), son gravemente deshonestos. Lesionan el derecho del niño a nacer de un padre y una madre conocidas de él. Quebrantan su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro.
Practicadas dentro de la pareja, son quizas menos perjudiciales, pero no dejan de ser moralmente reprobables. Confían la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biológos, e instauran un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana.
El evangelio enseña que la esterilidad física no es un mal absoluto.Cuando se agotan los recursos legítimos de la medicina, se sufre por la esterilidad, pero pueden manifestar su generosidad adoptando niños abandonados. Los niños no son un derecho sino un Don. El don más excelente es: Una persona humana.

CONCLUSIÓN



Se habla mucho sobre el aborto, pero pocas veces de sus complicaciones, daños y consecuencias. Por ello este trabajo, tuvo por finalidad dar una visión de él más allá de sus aspectos jurídicos, abordando materias importantes que han sido objeto de controversia, como los relativos a la posición de la Iglesia Católica.

Nuestro Código Penal, se limita a considerar el aborto como un delito contra el orden de la familia y la moralidad pública, pero sin definirlo. Como consecuencia de ello, se han dado diversos conceptos; en su mayoría, coinciden en que se trata de dar muerte al feto.

La Tradición Cristiana, desde sus orígenes a considerado al aborto, un desorden moral particularmente grave y sostienen que el aborto al igual que el infanticidio, son un crimen nefando.

Lo que la sociedad debe buscar es un equilibrio entre la ley moral y la ley civil. La función de la ley civil consiste en garantizar una ordenada convivencia social, por esto la ley civil debe asegurar a todos los miembros de la sociedad el respeto de algunos derechos fundamentales, que pertenecen originariamente a la persona y que toda ley positiva debe reconocer y garantizar. Entre ellos el primero y fundamental: El Derecho inviolable de cada ser humano inocente a La Vida.

Una de las excusas escuchadas con mayor frecuencia entre los grupos que están a favor del aborto es que sería injusto traer otro niño ” no deseado” al mundo. En realidad, no hay tal cosa. Al nacer una criatura, jamás será no deseado por la escasez de recién nacidos y disponibles para la adopción. Se puede ser un dador de vida o se puede cometer un crimen que permanecerá en la conciencia por el resto de la vida. El aborto es un asesinato.

Como todas las estadísticas, estas no son más que cifras frías e impersonales. Pero representan valores en conflicto. Y gente: jovencitas, mujeres casadas y solteras, angustiadas por un embarazo inesperado o inoportuno; médicos y enfermeras, capacitados para salvar vidas, están en cambio ayudando a destruirlas; criaturas desvalidas y ocultos, acercándose al momento de nacer, hasta que…

Autor:

Sofía Del Río





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