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Bioética y sexualidad parte 2 - Monografía



 
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LOS ORGANISMOS MODIFICADOS GENÉTICAMENTE: EL PODER BLANDO DEL TERCER MILENIO



La tradición cultural occidental ha sido recurrente en atenerse al bíblico mandato de enseñorearse sobre las bestias, las plantas y todo producto de la creación. En la medida en que el hombre fue ocupando más espacio de su entorno real y espiritual, a sus dioses no le quedó más alternativa que replegarse desde los bosques, lagos y ríos donde moraron en los primeros tiempos, hacia montes olímpicos, y de ahí al cielo. Los árboles sagrados de ayer sirvieron para nuestras obras y, con la civilización la irrespetuosidad sustituyó a la veneración.
Durante milenios, la principal preocupación moral del hombre fue él mismo, su familia, su tribu, su ciudad y, más modernamente, su estado y su clase social; o sea, sólo lo humano o el producto de la actividad social humana como la política, el arte y la religión fueron considerados objetos de moralidad.
En todo el largo intervalo de la época premoderna, la capacidad transformadora del hombre fue tan limitada que sus acciones raramente podían causar daños que no fueran potencialmente autorreparables por la naturaleza. Por esta razón, las principales corrientes del pensamiento ético que nutrieron nuestra cultura partieron del supuesto de que la naturaleza cuidaba de sí misma, no consideraron la obligación moral de preservarla y sólo le concedieron a ésta un papel subalterno, un modesto status de medio, del cuál se podía disponer en nuestro provecho.
Emmanuel Kant, fundador de la moral moderna, nos dejó explícito, en el legado de sus imperativos categóricos, que sólo los hombres son fines morales en sí mismos y no medios, por tanto, para el sabio de Königsberg, la naturaleza no humana es un medio perfectamente delimitado de los sujetos morales, como reza en su aserto: “El cielo estrellado sobre mí, la ley moral dentro de mí.”
La conquista de América por los europeos marcó el inicio de una nueva etapa del proceso civilizador, si es que pudiésemos llamar civilizadora a la primera gran e irreparable injuria masiva contra el medio ambiente en que devino el saqueo de los recursos naturales del Nuevo Mundo, fuente del capital originario para el desarrollo industrial y científico técnico que, en mayor o menor medida, fueron alcanzando las metrópolis coloniales en los siglos subsiguientes.

La ética premoderna fue una ética del presente, su esencia radicó en la prescriptiva de las relaciones interhumanas sobre la expectativa de hechos que pueden tener lugar en la inmediatez. Incluso las comunidades religiosas que trataron de anticipar el reino de Dios, sólo intentaron cumplir en términos morales una utopía prefijada por la palabra divina.
Aún en pleno apogeo de la modernidad, la visión de las diferentes construcciones éticas predominantes seguían bebiendo de los viejos odres de una ética esencialmente interhumana, contemplativa y centrada en el presente.
Los movimientos políticos, ideológicos y sociales que durante el siglo XIX dieron origen al socialismo marxista, pusieron en la liza una eticidad distinta, que, aunque compartió el optimismo tecnológico del paradigma civilizatorio donde surgió, centró su atención en la acción dirigida a un futuro que debía construirse, no a partir de preceptos prefijados, sino de las leyes objetivas del desarrollo. El contexto moral venidero pasó a ser una incógnita que debía ser develada en el proceso de búsqueda activa y construcción de una nueva sociedad.
El siglo XX fue escenario de la competencia desenfrenada entre las dos alternativas de progreso en que se resumió la modernidad, lo que contribuyó decisivamente a que la ciencia y la tecnología fueran demoliendo barreras y reinstalando permanentemente las fronteras del conocimiento y el dominio de los procesos naturales, hasta que la invasión del micromundo por la física y la biología enfrentaron a la humanidad ante la perplejidad de su propia soberbia.

La intrusión de la física atómica y la biología molecular en el recinto de las esencias, trajo consigo la certeza acerca de que la interpretación que los occidentales habíamos hecho de la relación moral del hombre con la naturaleza debía reevaluarse a tenor del trascendental impacto que las nuevas tecnologías, -surgidas en el afán de perfeccionamiento de su dominio- podían tener sobre los ecosistemas. El hombre, lejos de contribuir al incremento de la calidad de la vida, estaba interviniendo decisivamente en la destrucción del medio ambiente, y con ella, a la suya propia.
La primera manifestación de una toma de conciencia de los peligros desatados, fue la llamada crisis moral de los físicos, quienes en la década de 1950, protagonizaron un movimiento intelectual y de activismo político que abjuró de su contribución al desarrollo de las armas nucleares y abogó por la prevención de la utilización de esta fuente de energía con fines bélicos y de las consecuencias de su uso indiscriminado.
Sin embargo, en las últimas décadas, el progreso científico de la biología molecular ha sido tan impresionante que el impacto potencial sobre el medio ambiente de la tecnología asociada a éste, si bien menos espectacular, puede alcanzar peligrosamente proporciones mayores y más permanentes.
En un interesante artículo sobre manipulación genética el Profesor Lacadena cita a Fred Hoyle, astrónomo de la Universidad de Cambridge, quién, en la década de 1960 se expresó de esta manera: “… dentro de veinte años, los físicos, que sólo fabricamos inofensivas bombas de hidrógeno, trabajaremos en libertad, mientras que los biólogos moleculares lo harán tras alambradas eléctricas…”
Por primera vez en la historia, la biosfera, que hasta el momento parecía inmutable, ha empezado a emitir peligrosas señales de lo que significan las reiteradas intervenciones depredadoras del hombre.
De ahí, la creciente preocupación moral de las últimas décadas por la cuestión ambiental que ha dado lugar a dos posiciones deontológicas fundamentales, aquella sustentada en el punto de vista de lo que esta actitud irracional puede significar para la existencia del propio hombre, o desde una visión más holística de nuestra responsabilidad -como únicos animales conscientes del alcance de nuestras acciones- con la preservación de la vida y de los ecosistemas en general.

Por todo lo expresado aquí es que se está produciendo una recomposición del pensamiento humanista contemporáneo, que justiprecia el discurso ético; implica una nueva perspectiva, que reconoce la ampliación de los sujetos morales; rebasa lo propiamente humano y se extiende a toda la biosfera. La naturaleza ha ascendido, de simple medio, a ser considerada fin moral. Esta nueva ética, además, es una ética de la acción orientada al futuro, donde el momento teleológico se sitúa en las consecuencias a largo plazo, incluso para generaciones no existentes hoy.
Las biotecnologías han permitido “tocar” y manipular literalmente las estructuras moleculares para abrir una senda de grandes esperanzas y torvas preocupaciones, por lo que los organismos modificados genéticamente (OMG) pueden significar en términos de beneficios y peligros potenciales. El propósito del presente trabajo es analizar los diferentes puntos de vista sobre el tema a la luz de las nuevas tendencias de la ética que caracterizan el discurso bioético.

EL PUENTE HACIA EL FUTURO: LA CUESTIÓN DE LA RESPONSABILIDAD



A diferencia de los físicos, los biólogos moleculares trataron de curarse en salud y, en los albores de la década de 1970, promovieron una corriente de opinión en cuanto a la necesidad de la reflexión moral oportuna, a la par que se desarrollaban las bases de lo que se ha dado en llamar la nueva genética, sustentada en la aplicación de técnicas moleculares (restricción, hibridación y secuenciación de ácidos nucleicos).
En el verano de 1974, Paul Berg y otros premios Nobel (Baltimore, Nathans y Watson), reunidos bajo el auspicio del Assembly of Life Sciences of the National Research Council, suscribieron un manifiesto en el cuál solicitaban a todos los científicos e instituciones involucradas en investigaciones moleculares que se acogieran a una serie de recomendaciones que reseñaremos brevemente, tomando como referencia el ya citado artículo del profesor Lacadena.

La primera era la referente a aplazar cierto tipo de experimentos:
- La replicación autónoma de plásmidos bacterianos que puedan introducir determinantes genéticos para resistencia a antibióticos o formación de toxinas bacterianas carentes de tales determinantes, así como la construcción de nuevos plásmidos que contengan combinaciones de resistencia a antibióticos de uso clínico, a no ser que tales combinaciones estuvieran presentes en la naturaleza.
- Unir ADN de virus de animales, oncogénicos o no, a elementos de ADN capaces de replicar autónomamente, tales como los plásmidos bacterianos u otros virus.

La segunda recomendación del comité indicaba que debiera tenerse en cuenta que muchos tipos de ADN de células animales contienen secuencias comunes a virus oncogénicos ARN (retrovirus), por lo que añadir ADN animal a sistemas de replicación de ADN (plásmidos, por ejemplo) podría implicar un riesgo.
La tercera recomendación aconsejaba la supervisión de ese tipo de experiencias por los Institutos Nacionales de Salud.
La cuarta y última recomendación aconsejaba la conveniencia de realizar una reunión científica para revisar el progreso científico en esta área de investigación y discutir después los medios apropiados para tratar el riesgo biológico potencial de las moléculas de ADN recombinante .
La reunión propuesta se celebró en California, en febrero de 1975 (Asilomar Conference on DNA Recombinant Molecules). Allí se llegó al consenso de que las investigaciones en este campo debían continuar dadas las amplias posibilidades de su aplicación (de hecho, durante los meses que mediaron entre la solicitud de la moratoria y la celebración de la conferencia, científicos inescrupulosos continuaron sus investigaciones para tratar de tomar ventaja). Para minimizar los riesgos, se propuso establecer barreras físicas y biológicas de seguridad, y de aquí surgieron las ideas básicas de la bioseguridad como se ha entendido ésta ulteriormente. Las barreras biológicas consistieron en usar como soporte bacterias incapaces de sobrevivir en ambientes naturales y de emplear vectores que sólo pudieran crecer en determinados huéspedes. Las barreras físicas se referían a medidas estructurales y de buenas prácticas de los laboratorios.

Todas estas propuestas denotan un trasfondo moral cualitativamente nuevo. La preocupación va más allá de las consecuencias inmediatas y hace recaer la responsabilidad del futuro en el presente, y de todas las formas de vida y su entorno en el hombre. Este cambio de perspectiva requirió de las llamadas éticas aplicadas, las cuales debían dar respuesta a las interrogantes surgidas continuamente en la práctica, y favoreció en particular el desarrollo de la bioética.
El surgimiento de la bioética como disciplina estuvo determinado históricamente por esta toma de conciencia del impacto de los problemas económicos y sociales en la cuestión ambiental y en el desarrollo de la tecnociencia. El propio creador del neologismo bioética, Van Rensselaer Potter, oncólogo experimental, ha insistido en un artículo publicado recientemente, en que la concepción original desarrollada en su famoso libro Bioethics Bridge to the Future, que vio la luz en 1971, ubica a la bioética como una disciplina puente, de encuentro, entre el saber científico y humanístico que permita el desarrollo de una cultura de la sobrevivencia .
Este aserto de Potter, incomprendido al principio en su total magnitud, fue revalorizado por Keiffer y ganó adeptos progresivamente hasta convertirse en un código de comunicación universal.
No obstante todas las previsiones y reparos, en las décadas subsiguientes se produjo un escalado en las investigaciones biotecnológicas que permitieron poner a punto determinados procedimientos y tecnologías. Así las cosas, transgénesis y clonación pasaron a ser parte de la cotidianidad de los laboratorios. La creación de plantas, animales y microorganismos genéticamente modificados permitieron explotar sus resultados aplicables a la agricultura, la medicina y la protección del medio ambiente a corto plazo, creando bancos de germoplasma, biofábricas y toda la infraestructura organizativa de las empresas biotecnológicas.

Después practicar la producción, liberación al medio y uso comercial de los OMG durante varios lustros, se ha reavivado la polémica en cuanto a que la ponderación de sus peligros potenciales, en relación con los beneficios que aportan, puedan justificar o no su licitud moral en virtud de nuestro deber de observar una actitud responsable hacia la biosfera.
Trataré de exponer las consideraciones de las diferentes posiciones a través de autores representativos para, siguiendo el método de la bioética, analizar los hechos científicos a la luz de los valores.
En 1994, Margaret Mellon y Jane Rissler, en representación de la Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Preocupados), hicieron público su manifiesto Perils amidst the promise: ecological risks of transgenic crops in a global market (Peligros ante la promesa: riesgos ecológicos de los cultivos transgénicos en un mercado global), donde manifestaron su preocupación por la aparición de nuevos virus derivados de plantas resistentes a virus que expresan secuencias derivadas de un patógeno.
En un taller internacional sobre bioseguridad celebrado en Santiago de Chile en septiembre de 1997, tuve la oportunidad de escuchar en una interesante presentación de Jane Rissler, donde a nombre de la Unión de Científicos Preocupados, extendió el ámbito de las inquietudes expresadas anteriormente sólo con relación a los virus recombinantes de los cultivos, a todos OMG tanto vegetales, animales, como microorganismos . En esencia los planteamientos de Rissler, basados en diversos reportes científicos, pueden ser resumidos de la siguiente manera:

Riesgos de las plantas modificadas genéticamente



- Algunas cosechas transgénicas pueden comportarse como malezas, persistir en los campos y extenderse a otro hábitat, (Crawley, 1990; Willianson, 1992).
- El flujo de los transgenes puede crear plantas silvestres y/o herbosas que se convierten en malezas en los sistemas agrícolas y naturales.
- Pueden crearse nuevos virus y aumentar la resistencia de los virus naturales (De Zoeten, 1991; Palukaitis, 1991; Tepfer, 1993).
- Modifican los efectos de los pesticidas que pueden atacar a organismos contra los que no estaban diseñados (Palm et al, 1994)
- Afectan recursos biológicos de valor, como la resistencia en los insectos a insecticidas biológicos (Ferro, 1993; Gould, 1988; US Departament of Agriculture, 1992).
- Efectos acumulativos y permanentes.

Riesgos de los animales modificados genéticamente.



- Cambios en la proporción metabólica. La introducción de hormonas de crecimiento rápido en peces puede favorecer al pez transgénico en la competencia por el alimento, los sitios de reproducción, etc.
- Cambios en la tolerancia a los factores físicos. El aumento por ejemplo, de la resistencia a los cambios de temperatura, puede extender el hábitat e incrementar la competencia con las especies nativas.
- Cambios en el comportamiento. En la migración, la unión y el dominio del territorio.
- Cambios en el uso de los recursos alimenticios, que implicarían nuevas preferencias y presas.
- Cambios en la resistencia a parásitos y patógenos. (Hallerman y Kapuscinski, 1993)

Riesgos de los microorganismos modificadas genéticamente



- Creación de nuevas y peores plagas que pongan en peligro especies de valor y la biodiversidad en su conjunto (Altman, 1992).
- Daño accidental a determinadas especies, como puede ocurrir con fungicidas transgénicos que afecten hongos benéficos.
- Daño a las comunidades biológicas con la alteración de la composición de los ecosistemas.
- Alteración de los procesos de los ecosistemas con la afectación adversa del ciclaje de elementos nutritivos (Tiedje et al, 1989).
- La generación de subproductos tóxicos (Tiedje et al, 1989).

O sea, para estos autores que refiere Rissler, los OMG pueden crear nuevas plagas, aumentar la resistencia de las plagas existentes, dañar accidentalmente determinadas especies, alterar las comunidades biológicas y los procesos internos de los ecosistemas, crear subproductos tóxicos y dañar recursos biológicos de valor, además de crear otros riesgos aún desconocidos.
Otras opiniones científicas sustentan posiciones que muestran desacuerdo con los drásticos planteamientosde quienes alertan sobre los potenciales peligros de los OMG.
Bryce Falk y George Bruening, del Center for Engineering Plants for Resistance Against Pathogens, casi inmediatamente después de la aparición del manifiesto de la Union of Concerned Scientists en 1994, escribieron una réplica en Science con el título Will transgenic crops generate new viruses and new diseases? (¿Generan los cultivos transgénicos nuevos virus y nuevas enfermedades?). Estos autores refutaron a Mellon y Rissler con los argumentos siguientes: en las condiciones habituales de los cultivos, los virus normalmente interactúan genéticamente; mientras los virus naturales son muy estables debido al largo proceso de selección natural del cuál son producto, los virus recombinantes son mucho menos competitivos, por tanto es muy improbable que la aparición de nuevos virus y enfermedades esté relacionada con los OMG .
Marisé Borja, en una contribución al seminario de la Universidad Comillas sobre Ecología , trata de hacer una evaluación equilibrada de la utilidad y posibles riesgos de los OMG. En cuanto a los usos, Borja relaciona los siguientes:

Sanidad humana y animal



- Nuevas vacunas producidas mediante bacterias transgénicas que expresan genes de la cubierta de virus causantes de enfermedades en humanos y animales, más seguras que las tradicionales fabricadas a partir de cepas atenuadas de los virus naturales, los cuáles, en oportunidades, restablecen su virulencia y provocan la enfermedad de la que se pretende proteger.
- Desarrollo de nuevos fármacos aprovechando la habilidad de determinados microorganismos para expresar genes útiles en la producción de medicamentos, como, por ejemplo, antibióticos, con la consiguiente disminución de los costos. Por otra parte, el uso de OMG puede optimizar el proceso de investigación a partir de modelos animales con información genética humana que den un mayor margen de éxito a la fase preclínica de los ensayos clínicos de medicamentos en humanos.
- Terapia génica en enfermedades hereditarias y constitucionales, como la fibrosis quística, o las inmunodeficiencias, cáncer, sida y enfermedades neurológicas.
- Diagnóstico de las infecciones verticales entre especies, en como el caso de la encefalopatía espongiforme bovina.
- Xenotrasplantes entre receptores humanos y animales transgénicos donantes, práctica que disminuiría los efectos del rechazo, así como los conflictos éticos de la donación intervivos, y la obtención de órganos y tejidos de donantes cadavéricos humanos.
- Animales transgénicos resistentes a determinadas enfermedades.

Agricultura



- Mejora de las especies vegetales en cuanto al acortamiento de los ciclos; aumento de los rendimientos; resistencia al frío, la sequía, la salinidad, el estrés, los insectos, virus, bacterias y hongos; así como la disminución de los tratamientos fitosanitarios.
- Animales y plantas biorreactores que produzcan sustancias que, de otra manera, deberían obtenerse por métodos químicos costosos, o simplemente habría que prescindir de ellos, como el trigo sin gluten o la leche de alto valor farmacológico.
- Biotecnología ambiental para mejoría de los suelos con bacterias fijadoras de nitrógeno y disminución del uso de fertilizantes químicos, lo que implicaría un ahorro de los costos y evitaría los vertidos contaminantes.

Biodiversidad



- Recuperación de los entornos degradados y contaminados por métodos biológicos (biorremediación).
- Recuperación de metales de valor añadido como el uranio (biolixiviación).
- Clonaje de especies en peligro.

Vistos los posibles riesgos y beneficios, corresponde hacer el análisis ético. ¿Cuál es el principio deontológico que debe guiarnos?
La creación de OMG es de tal trascendencia para el futuro de la humanidad que, de hecho, constituye una cuestión que atañe al bien común, y, por tanto, es del dominio de la ética pública, aunque estén incluidos también elementos de ética privada. Indudablemente, para enfrentar el análisis ético se requiere apelar a principios de suficiente amplitud que permitan abordar, tanto los aspectos macrosociales como los microsociales, involucrados.
En esta primera parte del trabajo nos hemos referido exclusivamente, con toda intención, a los aspectos relacionados con la bioseguridad y la biodiversidad, dado que era nuestro propósito fijar la atención en la reflexión acerca de la ponderación de los riesgos y beneficios, y a través de esto, en la cuestión del imperativo moral de hacer el bien o al menos no hacer mal.

¿Cuál es el imperativo del bien en este caso?



La población mundial continuará creciendo en los próximos treinta años a expensas de los países subdesarrollados. Si hipotéticamente, lograra detenerse de inmediato este crecimiento desigual con medidas urgentes, la población mundial demoraría aún decenios en estabilizarse y se acercaría inevitablemente a la cifra peligrosa tope entre diez y catorce mil millones de personas que, según estudios optimistas, sería la que estaría en condiciones de ser alimentada con la utilización más racional y equitativa de los recursos naturales existentes.
A las generaciones presentes nos corresponde resolver los problemas creados en términos alimentarios y ambientales, si pretendemos cumplir con el precepto de no comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades en un medio ambiente sano. Es evidente que las generaciones futuras no tendrán ese medio ambiente sano si las generaciones actuales no superan los problemas del presente.
Los OMG ofrecen una alternativa de incremento en la eficiencia de la producción material, fundamentalmente en la agricultura; también en la nueva generación de medicamentos individualizados que caracterizarán el arsenal terapéutico del futuro; y, por último, pueden contribuir a la recuperación de los ecosistemas degradados.

¿Debemos hacer caso omiso de los riesgos? ¿Son estas prevenciones alarmistas? ¿Nos protegerá la propia tecnología de sus consecuencias? ¿ Corregirá la biotecnología los errores de la biotecnología? ¿Qué nos hará actuar con la debida prudencia?
El principio rector en este caso sería el de la responsabilidad.

¿Cómo observarlo e instrumentarlo?



Hans Jonas, en su trascendental e imprescindible obra El principio de la responsabilidad publicada por primera vez en 1979, propone una metodología válida a nuestro juicio para abordar esta problemática, aunque no concordemos con todos los puntos de vista del autor en materia de fundamentación.

Analicemos la cuestión de los OMG utilizando los pasos metodológicos propuestos por Jonas.

- Representación de los efectos remotos:

En términos de actuación, se requiere elaborar procedimientos estandarizados para evaluar los riesgos de liberación y el impacto ambiental de los OMG a mediano y largo plazo.

- Prevalencia de los pronósticos malos sobre los buenos:

Si los estudios de evaluación de los riesgos ofrecen un margen razonable de previsión de efectos adversos, debe aplazarse el proyecto hasta tener mayor información o suspenderlo definitivamente, si estos efectos adversos son confirmados.

- La consideración de los intereses de los otros:

La determinación de las verdaderas necesidades de la sociedad contemporánea, superando la imaginería del mercado, es esencial para emprender proyectos biotecnológicos que sean realmente pertinentes.

- El deber para con el futuro:

Ser responsable para con el futuro es ser responsable con el presente, satisfacer las necesidades objetivas del presente sin comprometer las de las generaciones futuras. Esto significa que la investigación, escalado y comercialización de los OMG deben enmarcarse en un proyecto general de desarrollo económico y social sustentable.
La observancia del principio de responsabilidad, al favorecer la preservación del bien común, contribuye a crear un contexto material y social adecuado al equilibrio del hombre y la naturaleza, garantizando así que los valores y derechos individuales puedan tener realización efectiva.
Una vez analizados los aspectos de bioseguridad y biodiversidad a través del principio de la responsabilidad, queda el terreno preparado para abordar la cuestión económica y social que subyace tras los OMG.

EL GEN EGOÍSTA: LA CUESTIÓN DE LA JUSTICIA



Richard Dawkins, afirmaba en su libro El gen egoísta que la propiedad del ADN de replicar ADN, es lo que ha permitido a nuestros genes sobrevivir en un entorno altamente agresivo y competitivo. Tal pareciera que esta afirmación biologista, acerca del carácter intrínsecamente egoísta de los genes y por tanto de la esencia humana, pudiera traspolarse al desarrollo social internacional de las investigaciones, producción y comercialización de OMG.
La abrumadora mayoría de las inversiones en centros dedicados a las biotecnologías, como es conocido, pertenecen a capitales del primer mundo, fundamentalmente de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, mientras que los países en vías de desarrollo desempeñan un papel marginal. Otra característica distintiva es que las compañías biotecnológicas más importantes son grandes transnacionales con intereses predominantes en la industria agroquímica y los productos farmacéuticos.

Como empresas comerciales al fin, estas multinacionales se rigen por las reglas del mercado, y como reza el adagio “el mercado no tiene alma, sólo intereses”. Por ejemplo, en 1995 la industria biotecnológica requirió de 20 mil millones de USD, de los cuales sólo dedicó 2 millones (0,01%) a los estudios de bioseguridad, mientras que investigaciones independientes fijan la cifra necesaria en 775 millones .
“Los logros de la biotecnología hasta ahora sólo han ahondado el control de la naturaleza y el Tercer Mundo. En el campo de la biodiversidad, por ejemplo, los nuevos tratados aseguran el control del material genético -casi todo del Sur- por empresas y gobiernos del Norte” .
Greenpeace elaboró un informe sobre las pruebas de campo de plantas modificadas genéticamente durante el período 1986-1992. El informe de Greenpeace señala que 846 de ellas se habían realizado en países desarrollados, mientras que en América Latina y el Caribe sólo se habían realizado 76, la mayoría fuera de todo control de bioseguridad.

Los recursos genéticos de importancia perspectiva para la agricultura y la industria se encuentran en los países del Sur. Éstos han aportado el germoplasma que nutre los bancos de las compañías transnacionales, que ponen posteriormente las semillas mejoradas en el mercado para ser compradas por los propios donantes del material genético. En Francia por ejemplo, fueron patentados frijoles mejorados utilizando germoplasma de variedades chilenas .
Las presiones políticas y económicas de las transnacionales y de los gobiernos de los países del Norte, con el fin de obtener patentes de bioprospección sin que se asegure la compensación debida a los dueños de estos recursos, han aumentado en la medida en que el Tercer Mundo exige el cumplimiento de lo previsto en el Convenio sobre la Diversidad Biológica, en cuanto a la obligación de compartir los beneficios.
Se estima que entre 1976 y 1994, Australia se ha beneficiado en 3 mil millones de USD y Canadá en 300 millones por el acceso a sus recursos genéticos. Esto ejemplifica las pérdidas que han sufrido los países periféricos al entregar su información genética a las transnacionales.
El saqueo es tan desembozado que la propia compañía expendedora de un OMG vegetal resistente a determinada plaga o insecto, pone en el mercado el insecticida para las plantas naturales que no poseen la defensa biológica; o sea, que el comprador está obligado a comprar la semilla mejorada o el insecticida.

¿Resultaría éticamente aceptable para las sociedades periféricas, a tenor de los inmensos problemas sociales a los que se enfrentan, dedicar los cuantiosos recursos materiales y humanos que requiere el desarrollo de la biología molecular y las biotecnologías para no “perder el paso” ante los países ricos?
El privilegio de que goza el mundo desarrollado con relación a las biotecnologías, es sólo un componente más de lo que significa la mayor contradicción de nuestra época, el conflicto Norte-Sur.
El predominio del modelo económico neoliberal a nivel cuasi-planetario, impone las reglas del mercado biotecnológico internacional, así como las buenas prácticas de investigación, producción y comercialización de dichos productos. A nuestras economías les está asignado un papel de proveedor de germoplasma y consumidor de OMG en el esquema mundial de mercados.
El tránsito de la posmodernidad a la llamada era del conocimiento, está marcada por el acceso desigual tanto a las nuevas tecnologías de la información, como al dominio de la biología molecular y las biotecnologías no sólo entre países ricos y pobres, sino entre las diferentes clases sociales dentro de cada país. Se está creando un “Cuarto Mundo” marginado del proceso de la configuración de los verdaderos instrumentos de poder del próximo milenio.
Este panorama es tan conocido que parecería ocioso extendernos en perogrulladas, si no fuera obvio también que cada tribuna abierta debe ser utilizada para crear conciencia en cuanto a las realidades y retos del mundo de hoy y del que se nos presenta para el mañana.

¿Qué consideraciones éticas correspondería hacer en este caso? ¿Cuál es el principio ético en juego?



Indudablemente, el principio rector en este análisis debe ser el principio de la justicia.
En el desarrollo histórico, la justicia ha sido entendida de diversos modos, ya bien sea como proporcionalidad natural, libertad contractual, igualdad, bienestar colectivo o equidad. Dado que la salud y la vida son los valores primarios o vitales puestos en juego con la creación y utilización de los OMG, trataremos de ejemplificar, a través de ellos, las diferentes teorías de la justicia que esbozaremos.
La justicia como proporcionalidad natural está sustentada en el fundamento del orden natural como expresión de la voluntad divina y, por consiguiente, cada cual recibe lo que por su naturaleza le corresponde. La justicia se entiende como ajustamiento, como acomodo. Lo justo sería lo que mantenga o restituya el orden natural de las cosas.

El liberalismo burgués subvirtió el determinismo naturalista al plantearse que los derechos humanos negativos, como la salud y la vida, son anteriores al contrato social y previos a la constitución del estado; por tanto, la decisión moral de aceptar el contrato social implica un acuerdo de protección a lo que la sociedad considera el “bien común”, o sea, aquellos derechos irrenunciables. Es justo, por ejemplo, que el estado tenga una intervención mínima en las relaciones sanitarias, ya que la atención médica cae en el ámbito de lo privado; por tanto, la medicina es una actividad o profesión liberal. Las prestaciones de salud a las clases desposeídas no se ofrecen como deber de justicia, sino como caridad.
El socialismo marxista propugnó una segunda tabla de derechos humanos, los llamados derechos positivos o reales -económicos, culturales y sociales- que dependen de la existencia del estado y comportan la responsabilidad de éste, no sólo en términos de protección -como en el caso de los derechos negativos o formales-, sino de su realización efectiva. Por tanto, el derecho negativo a la salud debe estar complementado por el derecho a la asistencia sanitaria. El estado socialista es maximalista, tiene como misión la satisfacción de las necesidades siempre crecientes de la población, y asume la salud como necesidad y la asistencia sanitaria como deber de justicia.

La socialdemocracia entiende la justicia como bienestar colectivo e intenta conciliar los derechos negativos o formales con los derechos positivos o reales, propugnando un estado social de derecho, una sociedad de bienestar. Para los socialdemócratas, la asistencia sanitaria también es una obligación de justicia, por lo que garantiza unos mínimos morales de asistencia sanitaria para todos, apoyados de un sistema de seguridad social. A diferencia del socialismo real en que el estado asume la totalidad de la carga en materia de salud, la socialdemocracia toma la responsabilidad, pero comparte la carga con la contribución ponderada de los ciudadanos.
A partir de la publicación de la “Teoría de la justicia” de John Rawls en 1971, una nueva interpretación de la justicia entra al ruedo, -esta justicia entendida como equidad-, que ha tenido gran influencia en el pensamiento socialdemócrata contemporáneo. Para Rawls, la equidad representa el equilibrio entre el liberalismo y el igualitarismo. Este autor retoma mucho de la moral kantiana, al proponerse una “sociedad bien ordenada” compuesta por “sujetos morales”. Los derechos negativos y positivos constituyen para Rawls los “bienes sociales primarios”. El derecho a la asistencia sanitaria sería un bien devenido del principio de “igualdad de oportunidades”, que requeriría de la definición de las necesidades sanitarias por parte de la sociedad (Norman Daniels).

Finalmente, el auge del neoliberalismo económico ha traído consigo la aparición de teorías que han reactivado el enfoque minimalista sobre el papel del estado en cuanto a asistencia sanitaria, a la cual considera una cuestión, en lo fundamental, de responsabilidad individual (Nozick). La salud, en tanto derecho humano, no puede desligarse del derecho a la asistencia sanitaria como propugna el liberalismo contemporáneo.
La aplicación mecánica de los criterios de eficiencia a la gestión de salud, han viciado la imprescindible consideración moral en el análisis de la relación costo/beneficio del momento teleológico que constituye la distribución y utilización óptima de recursos escasos. Si la economía de la gestión de salud es esencial para cumplir con el principio de justicia, el economicismo es inmoral.
Estas son, de manera muy sucinta, las principales corrientes de fundamentación deontológica de la justicia. En la actualidad, el enfoque más aceptado en teoría es el de la justicia como bienestar colectivo, con excepciones en algunos países, entre ellos Cuba, donde aún se aplica la justicia entendida como igualdad.

Sin embargo, en la práctica, como apuntábamos anteriormente, no puede considerarse ningún problema particular al margen del resto de los procesos sociales, por lo que las reformas económicas neoliberales que se aplican en la mayor parte de nuestro continente tienden a minimizar el papel del estado en cualquier actividad económica o de servicios. Cada vez más, los mínimos decentes propuestos por la socialdemocracia son más mínimos y están a punto de dejar de ser decentes.

¿Cómo se insertan los OMG en el contexto de este análisis?



Para el neoliberalismo, cada individuo, cada comunidad, cada país, debe cuidar de sí mismo y la sociedad civil internacional debe ser dominada por el mercado. Por tanto, como regla, la sociedad neoliberal se opone a cualquier tipo de intervención en el desarrollo de las relaciones mercantiles que involucran la producción y utilización de los OMG. Eso es equitativo para los neoliberales para quienes el derecho de propiedad tiene la misma jerarquía que el de salud y vida.
Desde el punto de vista marxista, esta situación no resiste el análisis, dado lo evidentemente injusto del mecanismo de explotación establecido y la enajenación del potencial genético de los países pobres.
Aunque el auge del neoliberalismo está en recesión debido a los grandes problemas sociales que ha generado, todavía la toma de conciencia sobre su inviabilidad como modelo de progreso demorará lo suficiente como para que las brechas que se están estableciendo entre el Norte y el Sur en el terreno de los OMG -producto del marginamiento de este último del dominio de las biotecnologías-, se convierta en un abismo insalvable.
“El Tercer Milenio se habrá iniciado en realidad -y terminará así la prehistoria humana- cuando se produzca una revolución ética que deje a un lado todos los valores y creencias -actuación tribal, divinización de jerarquías, poder como capacidad de dominación- que nos hace actuar con rayos láser, energía nuclear, computadoras y satélites como otro animal más en nuestra jungla social posmoderna. Hoy somos seres bárbaros y prehistóricos de una posmodernidad salvaje, que puede ser el umbral de la definitiva humanización de nuestra especie, o la última etapa de nuestra excepcional aventura por el universo. La única revolución que realmente podrá salvar nuestra especie es la revolución del pensamiento ético humano” .
El principio de justicia será efectivo en materia de investigación y utilización de los OMG y de las biotecnologías en general, si se alcanza la necesaria equidad en: compartir los beneficios, evaluar y enfrentar los riesgos potenciales, el acceso a la información genética acumulada y la transferencia de tecnologías. Este propósito sólo será posible si se establece la necesaria cooperación Norte-Sur, lo que implicaría superar la injusta concepción neoliberal de la justicia.

Mientras tanto, nuestro deber moral es continuar luchado porque la humanidad alcance la adultez. Estamos compelidos a contraponer la solidaridad Sur-Sur a la injusticia Norte-Sur estableciendo mecanismos de colaboración internacional efectivos a la mayor brevedad.

CONCLUSIONES



Responsabilidad y justicia constituyen el imperativo ético para las investigaciones y ulterior utilización de los OMG. La observancia de ambos principios es consustancial para que este logro de la cultura repercuta en el beneficio de la sociedad en su conjunto y no se convierta en un aditamento más del ejercicio de un poder hegemónico.
La informática y las biotecnologías pueden ser el soporte técnico de los cambios sociales y económicos de un nuevo proyecto de desarrollo humano sustentable, o simplemente convertirse en los instrumentos de coerción de un poder blando que convierta al Tercer Milenio en un medioevo tecnológico.
El curso futuro del papel social de los OMG depende de cuánto podamos influir hoy en la conciencia del mañana.

PROYECTO GENOMA HUMANO (PGH)



1. INTRODUCCIÓN: ORIGEN, DESARROLLO Y OBJETIVOS DEL PROYECTO GENOMA HUMANO (PGH)



El PGH es el primer gran esfuerzo coordinado internacionalmente en la historia de la Biología. Se propone determinar la secuencia completa (más de 3000 ·106 pares de bases) del genoma humano, localizando con exactitud (cartografía) los 100.000 genes aproximadamente y el resto del material heridatario de nuestra especie, responsables de las instrucciones genéticas de lo que somos desde el punto de vista biológico.

Hacia mediados de la década de los años 80 la metodología del ADN recombinante y sus técnicas asociadas (vectores de clonación, enzimas de restricción, transformación artificial de células procariotas y eucariotas, bibliotecas de genes, sondas moleculares, secuenciación, genética inversa, etc.) habían alcanzado una madurez suficiente como para que se planteara la pertinencia y viabilidad de un proyecto coordinado de caracterización detallada (hasta nivel de secuencia de nucleótidos) del genoma humano y de genomas de una serie de organismos modelo.

Tras las propuestas iniciales, que partieron del ministerio de energía de los EEUU (DOE), al que enseguida siguieron los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), quedó claro que este magno proyecto no podía consistir en la secuenciación pura y dura, sino que habría de constar de varias etapas encadenadas, comenzando por la elaboración de mapas genéticos y físicos de resolución cada vez mayor. Además, la secuenciación habría de centrarse en principio en las zonas de ADN más interesantes a priori, como las regiones génicas codificadoras, dejando para una etapa ulterior el análisis del enorme contenido de ADN repetitivo de distintas clases que existe en el genoma. Simultáneamente había que ir desarrollando toda una infraestructura de técnicas instrumentales y de análisis de la información generada (programas informáticos potentes para gestionar las secuencias y extraer sentido biológico de ellas, nuevos algoritmos, redes de ordenadores interconectados, bases de datos entrelazados, etc.).

El PGH hace uso de dos tipos de cartografía para caracterizar el genoma, aunque en última instancia los mapas emanados de los distintos métodos han de ser correlacionados e integrados: cartografía genética de ligamiento, y cartografía física.

La cartografía genética se basa en el cálculo de la frecuencia a la que se co-heredan formas alternativas (alelos) de dos loci genéticos que están ligados formando parte de un mismo cromosoma. Hasta el advenimiento de las técnicas moleculares, los mapas genéticos de ligamiento en humanos eran bastante rudimentarios, ya que en su elaboración no puede intervenir (por obvios motivos éticos) la experimentación de laboratorio que se usa en animales, y porque los datos habían de basarse casi exclusivamente en la comparación de fenotipos normales y los mutantes correspondientes a determinadas enfermedades genéticas, y en el recurso a análisis de familias, a ser posible con registros de varias generaciones y con gran número de individuos.

La revolución de la cartografía genética de ligamiento sobrevino cuando a finales de los años 70 se recurre al análisis molecular de zonas de ADN no codificadoras y que son muy polimórficas: existen varios tipos de secuencias (algunas de ellas de naturaleza repetitiva, como los VNTR, los microsatélites, etc.), dispersos por el genoma, cada uno de ellos con varios alelos en el ámbito poblacional. Tales secuencias alélicas son fácilmente detectables, siendo su contenido informativo muy alto, con lo que los análisis estadísticos mejoran en fiabilidad. Además, estos loci genéticos sirven en genética clínica como marcadores útiles para localizar genes relacionados con enfermedades. Los polimorfismos moleculares han permitido que en la actualidad el PGH haya generado detallados mapas genéticos del genoma humano a un nivel de resolución en torno a los 2 centimorgan (cM).
Los mapas físicos tienen como objetivo especificar distancias físicas mensurables en pares de bases (pb) o alguno de sus múltiplos. Obviamente, el mapa físico de mayor detalle es la propia secuencia del genoma. Pero antes de llegar a obtenerla, hay que elaborar mapas físicos partiendo de resoluciones bajas y avanzando hacia las resoluciones cada vez mayores. En cierta manera, los mapas físicos de menor resolución son los propios cariotipos: la visualización microscópica de la dotación cromosómica haploide humana teñida con colorante de Giemsa nos muestra un patrón alternante de bandas claras y oscuras, en el que cada banda tiene una media de unos 7 millones de pares de bases. Si bien los métodos citogenéticos tienen sus limitaciones, no hay que olvidar que actualmente existen novedosas herramientas de citogenética molecular (como las sondas fluorescentes in situ o FISH, la “pintura de cromosomas”, etc.) que permiten un mayor detalle y que, unidas a otras técnicas aumentan el arsenal de enfoques para el estudio de los genomas, de su dinámica y de sus alteraciones.

Los mapas físicos de mayor resolución se suelen elaborar a partir de genotecas (bibliotecas de genes) en las que el genoma a estudiar se encuentra fragmentado en multitud de trozos aleatorios y desordenados, cada uno de ellos clonado por separado en un vector adecuado (plásmido, cósmido, cromosomas artificiales, etc.). La idea para elaborar los mapas físicos es en cierto modo similar a la de ensamblar un rompecabezas: consiste en ordenar los fragmentos del genoma a base de buscar grupos de fragmentos que tienen alguna zona en común, es decir, ir hallando conjuntos de pares de fragmentos parcialmente solapados. Ello conduce al concepto de contig: un contig (o cóntigo, como algún autor español ha traducido) es un conjunto de fragmentos de un genoma que se han clonado por separado, pero que son contiguos y que están parcialmente solapados. Los actuales mapas físicos han de recurrir pues al ensamblaje de esos fragmentos dentro de un contig, y ulteriormente, los distintos contigs correspondientes al mismo grupo de ligamiento han de ser ensamblados entre sí: el objetivo final (ideal) sería obtener un gran contig por cada cromosoma, que describiera detalladamente la posición y distancia física (en bases) de y entre distintos marcadores (representados, p. ej. , por dianas para enzimas de restricción).

La cartografía de contigs se puede realizar buscando la “huella dactilar” común a distintos clones de una genoteca de ADN humano. Dicha huella puede consistir en un patrón compartido de dianas de enzimas de restricción (que se puede indagar ayudándose de algoritmos y programas computacionales adecuados). Las estrategias más recientes hacen uso de ADN humano en forma de unos 20.000 trozos independientes clonados en los llamados cromosomas artificiales de levadura (YAC, de sus iniciales inglesas), y buscando la “huella dactilar común” entre clones a base de la detección de determinadas secuencias repetitivas. Todo el procedimiento está altamente automatizado, como en el famoso laboratorio francés del Génethon, provisto de varios robots especializados en procesar y analizar las muestras.

El último gran hito en cuanto a metodología de mapas físicos ha sido el desarrollo de una especie de “marcadores físicos universales”, fácilmente generables, que permiten que los datos obtenidos en un laboratorio sean rápidamente compartidos y asumidos por toda la comunidad investigadora: se trata de los llamados “lugares etiquetados por su secuencia” (STS en inglés). Consisten en trechos cortos de ADN (de unos 100 a 200 pb) cuya secuencia exacta se conoce y se sabe que es única en todo el genoma. Su facilidad de uso y su aceptación como “lenguaje común” estriba en que una vez que un investigador descubre una STS, cualquier otro puede obtenerla por sí mismo (ni siquiera hace falta el envío físico de muestras), simplemente fabricando in vitro los cebadores correspondientes a sus extremos y amplificando la STS por reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Los STS definen puntos concretos únicos del mapa físico, y constituyen magníficos “mojones” o balizas fácilmente detectables.

El PGH pretende balizar el genoma humano con unas 30.000 STSs repartidas de modo m?s o menos uniforme, de modo que cada par de STSs contiguas están separadas por una media de 100.000 pb. Este objetivo está a punto de cumplirse, y señala el punto de partida para la fase final del Proyecto, ya que a partir de aquí la secuenciación queda expedita de forma ordenada y significativa, y los datos pueden ser correlacionados con el mapa genético.

Una consecuencia casi inmediata de estos avances en cartografía es que la localización, aislamiento (por la llamada clonación posicional) y caracterización de genes concretos relacionados con enfermedades se acelera y simplifica, haciendo que el coste presupuestario se abarate notablemente en comparación con los esfuerzos tradicionales en que cada laboratorio luchaba por separado durante largos años para lograr clonar algún gen de interés.

El presente año de 1997 va a marcar el asentamiento de la fase clave del PGH, ya que la madurez de los mapas obtenidos hasta ahora y los avances y bajos costes en las tecnologías de secuenciación y procesamiento de datos suponen que se pueda dar luz verde a la obtención masiva de secuencias de forma sistemática y organizada. Las secuencias van siendo puestas de modo prácticamente inmediato a disposición de la comunidad investigadora por medio de varias bases de datos entrelazadas dentro de Internet. Se espera que la secuencia virtualmente completa del genoma humano, está disponible antes del 2005 (se habla del año 2002).

Como ya apuntábamos anteriormente, habría que hablar más bien de Proyectos Genoma (en plural), ya que en paralelo al estudio del genoma humano están en curso la caracterización y secuenciación de genomas de organismos modelo, cuya comparación entre sí y con el acervo genético humano acelerarán notablemente la obtención de importantes datos sobre la organización, función y evolución del ADN a lo largo de toda la escala filogenética. Hasta el momento se dispone de la secuencia completa de varias especies de eubacterias (Haemophilus influenzae, Mycoplasma genitalium, una cianobacteria), una arqueobacteria (Methanococcus jannaschii) y un eucariota unicelular (la levadura Saccharomyces cerevisiae), y están muy avanzados los proyectos del nematodo Caenorhabditis elegans y de la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster).
Dentro de los mamíferos está en curso igualmente la cartografía y secuenciación del genoma del ratón. Y no hay que olvidar que la biología Vegetal está muy interesada a su vez en descifrar los genomas de especies modelo tanto monocotiledóneas como dicotiledóneas (de estas ultimas, el modelo más avanzado es el de Arabidopsis thaliana).

Dentro del PGH se está abordando un enfoque paralelo y complementario consistente en secuencia los denominados EST (lugares etiquetados expresables). Se parte de muestras de ARN mensajero aisladas de los distintos tipos de células y tejidos del cuerpo humano, se realiza por transcripción inversa (con reversotranscriptasa) copias de ADN, y se procede a su secuenciación. Ello rinde versiones no genómicas, desprovistas de las porciones intrónicas, de los distintos genes que se expresan en los diferentes tejidos. Los datos obtenidos se integran en “mapas funcionales” que muestran el patrón de expresión diferencial según su localización anatomo-histológica.

2. EL PGH ESTÁ REVOLUCIONANDO LA BIOLOGÍA



El PGH es el primer gran programa a gran escala en biología, uno de cuyos objetivos es el desarrollo de tecnologías. Este magno proyecto está acentuando un par de tendencias que ya se dejaban sentir en los últimos años: por un lado la necesidad de formar nuevos tipos de biólogos capaces de tender puentes entre varias disciplinas, que se muevan con comodidad en un entorno de ordenadores, autopistas de información y gigantescas bases de datos e imágenes; y por otro lado, la reorganización de los laboratorios e institutos de investigación, donde interaccionen especialistas en diversos ámbitos de las Ciencias de la Vida, matemáticos, informáticos, químicos, etc.

No hay que olvidar que lo que entendemos por Proyecto Genoma consiste en principio en la obtención de información más o menos en bruto, pero lo realmente importante empieza después (en realidad, simultáneamente): dar sentido biológico a tal cúmulo de información, es decir, extraer auténtico conocimiento. La “orgía de datos” que se nos viene encima habrá de ser “digerida” adecuadamente, impulsando nuevos avances a base de sugerir nuevos enfoques, nuevos experimentos, renovadas hipótesis de trabajo, todo ello retroalimentándose en un “circulo virtuoso” que abrirá las puertas de una nueva era en las Ciencias Biológicas. Se habla por ello de una “Era Postgenómica”, en la que se irán integrando los conocimientos acumulados en diversos “Atlas” del ser humano y de otros seres vivos, en los que se podrán interrelacionar de modo funcionalmente significativo diversos niveles de comprensión de la materia viva: génico, genómico, regulación, biología celular, fisiología, evolución, etc. El impacto real de todo ello no se puede prever, pero no cabe duda que el PGH sienta las bases de un salto cualitativo y cuantitativo en nuestra visión del mundo vivo.

3. LA JUSTIFICACION DEL PGH



De cara a la opinión pública y a los organismos financiados, el PGH se presenta con una justificación basada en los enormes beneficios para el conocimiento de las enfermedades humanas. Se espera que los métodos moleculares emanados del PGH superen y reemplacen a los tradicionales en el diagnóstico y prognosis de enfermedades con componentes genéticos, tanto durante el embarazo, como en el nacimiento y en la vida adulta. Los datos del PGH desbrozarán un enorme campo de investigación sobre las bases moleculares de las enfermedades, lo cual abrirá perspectivas de mejoras terapéuticas. Sin embargo, según todos los expertos, el lapso de tiempo para desarrollar terapias a partir de los datos genéticos será bastante largo. Así pues, podemos decir que aunque la justificación médica es real, los rendimientos serán a largo plazo. Entonces, ¿por qué esa “urgencia” y excitación en terminar el PGH lo más rápidamente posible?

La respuesta a esta pregunta la suministran los mismos líderes del PGH, ya que en diversas declaraciones de grupos científicos, empresas biotecnológicas y de computación, aparecen con frecuencia, y en lugar preeminente, claras alusiones a las expectativas a corto plazo de desarrollo de tecnologías de vanguardia. Es decir, la principal justificación del PGH es la necesidad de impulsar poderosas infraestructuras tecnológicas que deben de proporcionar a las instituciones, empresas y países implicados un lugar de privilegio en la investigación biomédica y en multitud de aplicaciones industriales (diagnósticos, terapias, instrumental de laboratorio, robótica, hardware, software, etc.).





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