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Deontología de ingenieros y directivos Parte 1 - Monografía



 
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Principios éticos. Deberes profesionales. Ingenieros: tipos. Humanismo y técnica. Cultura. Tecnología. Familia. Profesión. Contrato. Salud. Sociedad



UNIVERSIDAD APEC UNAPEC


“Deontología de ingenieros y directivos de empresa”



SANTO DOMINGO, D.N.

Introducción



Deontología



Parte de la moral que se ocupa de los deberes o normas propias de cada una de las diversas profesiones: la deontología médica.


Ingeniero



Persona que ha obtenido el título de ingeniería en cualquiera de sus ramas.


Ingeniero aeronáutico:



El que se dedica al diseño y construcción de aeronaves.

Ingeniero agrónomo:



El experto en técnicas de explotación de cultivos.


Ingeniero civil:



El que pertenece a alguno de los cuerpos facultativos no militares relacionados con los trabajos de obras públicas.


Ingeniero de caminos, canales y puertos:



El dedicado al trazado, construcción y conservación de las obras públicas, como carreteras, puentes, embalses, etc.


Ingeniero de minas:



El que realiza estudios de detección, construcción y explotación de minas.

Ingeniero de montes:



El especialista en el desarrollo y aprovechamiento de los mismos.
Ingeniero electrónico y de telecomunicaciones: El que está especializado en dispositivos o instrumentos electrónicos y en procedimientos de comunicación a distancia.


Ingeniero industrial:



Experto en lo relacionado con los aspectos técnicos de la industria, como el diseño de maquinaria, piezas, instalaciones, productos de fábrica, etc.

Ingeniero militar:



El que pertenece al arma de ingenieros, cuerpo especializado en obras para uso militar, como fortificaciones, puentes, minado, etc.


Ingeniero naval:



El que proyecta y construye barcos.

Areas circumprofesionales



CAPITULO I



Humanismo Y Técnica

Autor y ausente de la civilización



Así podría definirse la situación del ingeniero y el empresario en el siglo 20. las revoluciones industriales le deben en gran parte su paternidad. La civilización material es un producto de su esfuerzo, que debajo casi del todo en brazos de nodrizas. Su influjo va cambiando el pulso de los pueblos, pero su influencia social exigua. Son los propios ingenieros quienes, tomando conciencia de su misión, se juzgan así mismos.

La formación intelectual del ingeniero, fundada en ciencias que ocupan la cima del pensamiento y cuya profundidad asombraría a quienes hoy conducen el mudo si estuviesen capacitados para medirla, arrastran esta consecuencia singular de hacer de él un aislado. Tal es su precio: no rompiendo las cadenas que le enclaustran en su abstracción y en las que la sociedad le estrecha progresivamente, se excluye casi de las cosas de la vida y de los puestos en los que se ejercen las influencias mayores.

“El ingeniero es el arquitecto del universo”. “El ingeniero ha transformado las condiciones de la existencia”. Al margen de estos tópicos, el ingeniero en general es el agente, a veces oscuro, de una empresa industrial, cuyo espíritu se aplica laboriosamente al problema técnico que se le ha confiado, atento a la búsqueda de nuevas soluciones, realizando día a día un progreso pequeño o grande, hallando en ocasiones, a la manera de un buscador de oro -pero, por desgracia, sin asegurarse siempre la propiedad-, su pepita: un invento; o su mina: in descubrimiento. Cogitación imponderable, es cierto, pero inmensa por la cantidad de los individuos que se entregan a ella, y cuyo resultado es esa enorme masa bullente, la industria.

Para este representante de la ingeniería belga, Paúl Goldschmitd-Clermont, el ingeniero es el animador de la técnica, y la industria le debe nueve décimas partes. Está marcado con valores específicos: “rigor de razonamiento, objetividad, visión directa de las cosas; pero a la vez, muy a menudo, dotado de una actitud despectiva o de repulsa hacia el arte de la palabra y de la pluma, lo que constituye su punto débil. Tiene a quien imitar. Newton enviado a tomar asiento en el Parlamento, solo una vez hizo uso de la palabra, y fue para rogar al conserje que cerrara la ventana”.

Si se examinan las escalas superiores y supremas de la jerarquía, se comprueba que solo un pequeño número de ingenieros acceden a ellas, mantenidos aparte, como lo están de ordinario, por letrados y economistas. Sí la grandeza de la obra del ingeniero, su importancia para el buen funcionamiento de la Estado, no se refleja en la selección de dirigentes de la vida pública y la economía. No hay por que extrañarse -puesto que el pensamiento técnico es exclusivo, exigente y hermético- de que se muestre poco en público y queden pruebas de una actitud demasiado despectiva en cuanto a los medios de expresión que podrían, si se tomase el trabajo, proporcionarles ampliamente el acceso de los parlamentos y a las instituciones nacionales.


Ausencia de la Cultura



Desde hace unos años, la ingeniería, despertando de su letargo analiza el fenómeno de su absentismo en la estructuración de un orden nuevo en el mundo. Antes de criticar desde fuera, conviene escuchar el diagnóstico desde dentro a los mismos interesados.

Trescientos once delegados, ingenieros y directivos se reunieron del 3 al 8 de febrero de 1958 en Rapallo, para el primer Congreso internacional sobre la Formación en la industria. Expresamente determinaron restringir sus estudios a la formación técnica, con objetivos meramente industriales, dejando aparte los aspectos culturales, sociales, económicos y morales de la educación en las empresas.

La sección de cuarta comprueba además la necesidad de una formación de cultura general… La enseñanza dada en Francia, sobre todo a los ingenieros, presenta dos graves lagunas: de una parte, es demasiado especializada, conduciéndolos, por exceso de especialización, a una insuficiencia de cultura general, si se da a esta expresión el sentido de “capacidad de situarse en una situación general”; de otra parte, su formación, muy de ordinario magistral, priva el ingeniero novel del hábito de expresarse, tanto de palabra como por escrito. Estas dos lagunas son particularmente graves en una época en la que la prensa se caracteriza por la complejidad y la importancia de las relaciones internas y externas.

El factor especial del desarrollo económico ha de ser el ritmo del desarrollo de los espíritus, el ritmo con el que la nación produce hombres provistos de imaginación, de clarividencia, de instrucción y competencia.

Entre empresarios y financieros dice el señor Bertrán y Guell que son frecuentes los fracasos cuando solo se conocen una profesión o tipo de negocios.

Peligro Tecnológico



El ingeniero, en opinión del Sumo Pontífice, está relegado al extrarradio de la corriente social, a pesar de ocupar un papel primario en la industria, la técnica, el progreso. Raras veces llegaba al timón de la dirección -si bien escala, ya mayores alturas, sobre todo el ingeniero español-. Su influencia directa en la sociedad, la política y la vida no guarda proporciones con relación al adelanto de los pueblos. Oigamos razonar a Pío XII en su discurso a los ingenieros: se dirige a los participantes en el I Congreso Internacional de las Asociaciones de Ingenieros:

Más de una vez, los componentes han denunciado con pena la situación paradójica que parece haberse creado a vuestra profesión.

Sin embargo, a pesar de la amplitud considerable de su aportación, él comprueba que se le concede un puesto demasiado reducido en la organización de la sociedad; que rara vez puede escalar los puestos directivos.

Son varias las razones que explican el relativo extrañamiento del ingeniero en la vida social de su país. Una consiste en su deficiente formación y falta de humanismo.

Sus estudios son abrumadoramente técnicos: enorme caudal matemático; vasto conocimiento de múltiples disciplinas científicas interdependientes (Física, Química, Topografía, Metalografía, Mecánica…), y, por último, sumersión en la especialidad, todavía genérica, para disponerse a entrar en alguna rama en particular.

Es un deber dar espacio al cultivo de los valores humanos entre el ejercicio de cualquier profesión.

El cultivo humanista del científico es un deber. Se le impone la familia, esposa e hijos a quienes debe aplicarse como hombre. Lo exigen sus relaciones humanas -aun como factor de productividad- con la multitud de sus operarios. Lo requiere el trato y altura social con los elementos directivos de la empresa propia y de las otras con quienes habrá de tratar.

No merece diploma de ingeniero, perito o arquitecto quien no demuestra gusto por algún saber humano extra-técnico o afición a algún arte, o posesión amplia actual de cultura general.

El vértigo de la producción, potenciado por la ambición del lucro inmediato, destroza el equilibrio del hombre en su profesión.

Podrían multiplicarse los testigos que despiertan el peligro técnicista y a las responsabilidades de la ingeniería sobre el área de la sociedad.

Cultura Psicofísica



El hombre no muere; se mata, según el adagio de Bufón. Por intemperancia menos que por ignorancia.

Es muy seria la responsabilidad. Los casados están más gravemente obligados a salvar una salud perfecta, al menos hasta haber procurado a sus hijos el modo de ganarse la vida.

Cultura Artística



La sensibilidad artística es índice supremo de exquisitez.

La esfera del arte presenta un hemisferio teórico y otro práctico. El teórico consiste en los conocimientos técnicos e históricos que explican su aparición, desarrollo y naturaleza. Sus rendimientos no deberían faltar. Pero lo importante consiste en disponer la sensibilidad para gustar cualquier creación artística.

El arte más puro sin duda es el de la música. Por lo estético musical, el alma de sensibilidad exquisita -como la de Luis Neuda-, representa la vía incomparable de acceso a lo divino. Además, por su valor sedante y de expansión, constituye una terapéutica contra la fatiga.


Cultura Artística



En la vida moderna, el ingeniero, el economista y el directivo de empresa es pieza clave en la economía y en la industria. Ninguna política vive de espaldas a esos dos factores que hoy mueven el mundo. Hoy, el sentido social del gobierno es indispensable para la paz de un país. En su manejo aparecen frecuentemente los asuntos técnicos, propios del ingeniero. Sin embargo, la técnica no lo es todo cuado se trata de actuar políticamente; son necesarios conocimientos extra-profesionales.

La altura de un pueblo la da su capacidad de gobernarse. Capacidad popular, es decir, madurez ciudadana para juzgar de los asuntos y colaborar en ellos, a medida de las condiciones individuales. El radiomensaje de Pío XII en la Navidad de 1944 abordó el problema de la democracia. Hay direcciones fundamentales para encauzar los criterios sobre la política:

1. Frente a los poderes dictatoriales, el pueblo ha aprendido a oponerse, requiriendo un “sistema de gobierno que sea más compatible con la dignidad y la libertad de los ciudadanos… Estas multitudes… Hallándose hoy penetradas de la persuasión… de que si no hubiera faltado la posibilidad de vigilar y corregir la actuación de los poderes públicos, el mundo no hubiese sido arrastrado por el torbellino de la guerra… precisa crear en el mismo pueblo eficaces garantías.
2. La democracia es compatible con cualquier forma de gobierno monarquía o república.
3. “He aquí dos derechos del ciudadano que encuentran su expresión en la democracia: manifestar su propio parecer sobre los deberes y los sacrificios que le vienen impuestos, [y] no estar obligados a obedecer sin haber sido escuchado”.
4. La existencia de mayor y mejor democracia ha de significar “el colocar al ciudadano en condiciones cada vez mejores de tener su propia opinión personal, de expresarla y hacerla valer de manera conducente al bien común”.
5. La masa agitable e inerte “es la enemiga capital de la verdadera democracia”.
6. “Las desigualdades de cultura, de riquezas, de posición social”, no se oponen “a un auténtico espíritu de comunidad y de fraternidad”.
7. “El Estado debe estar investido con el poder de mandar”.

La aplicación de los criterios enunciados requiere atemperarse a la diversa Psicología y madurez humana de cada país.

El hecho de que la masa en una nación determinada no haya proporcionado a la categoría de un pueblo formado, con capacidad discernir y gobernarse, señala un nivel bajo en cultura y civismo.

Cultura General



La lectura nos sumerge en le mundo de la ciencia, la psicología y la belleza. Quien viva bajo el imperativo del progreso auténtico sabrá encerrarse en intimidad con sus libros. Bien seleccionados, constituyen la sabiduría condensada de la humanidad. La curiosidad y la publicidad nos incitan hacia las novedades. Pero la discreción nos orienta hacia las obras añejas, que, al sobrevivir, garantizan su valía. El lector avisado tomará de los nuevo y lo antiguo, como el escriba docto del Evangelio.

El lector se convierte en un conservador e íntimo de los genios. Entra así en comunicación fruitiva con lo mejor de la humanidad.

Las lenguas son hoy necesarias al hombre de carrera, por interés profesional. También son utilísimas por motivos de cultura y placer estético, al multiplicar la capacidad de lectura en su idioma original.

La historia, “muestra la vida”, nos entretiene y enseña con su amenidad, se trate de obras generales o de monografías, tan aleccionadoras. El aficionado a ellas, sin apenas percatarse, irá afinando su conocimiento de los hombres. Irá granando en su interior un sentido realista de la humanidad.

El ensayo resulta en ocasiones menos atractivo, pero puede aventajar por la profundidad o enriquecer como vivero de ideas; es manjar sabroso a los espíritus reflexivos, interiormente curiosos.


Cultura Técnica



Parecería increíble, pero es evidente: después de haber tronado contra el peligro tecnológico, incitando al científico a salir de su prisión profesional hacia el mundo de la belleza y el orden, deberíamos ahora reservar un párrafo para frenar el culto por la técnica. No hay, por desgracia que frenar, sino más bien estimular.

Aplicando constantemente a resolver cuestiones prácticas, el ingeniero cede a veces a la tentación de descuidar algo el aspecto científico de su carrera, de preferir los procedimientos empíricos a las soluciones teóricas verdaderas y definitivas.

Obligando a menudo a obedecer a consideraciones administrativas y económicas, se expone poco a poco a apartar su visión intelectual de los problemas y absorberse demasiado exclusivamente en el círculo de los intereses inmediatos, con detrimento de puntos de vista superiores, quizá menos inmediatamente útiles, pero más universales y, por consiguiente, de mayor alcance.

La vida y la estructura de la empresa hacen con frecuencia peligrar la consagración científica del ingeniero, que, además, termina su larga y penosa carrera con una sanción de hastío de los libros.

Quien no siga estudiando en su especialidad, congela la ciencia adquirida.

Hemos comprobado innumerables veces que muchos de nuestros altos técnicos de empresa carecen de un conocimiento a fondo de las últimas novedades esparcidas en la vasta literatura humano-técnica de la industria moderna.

Quien no aprovecha su primer quinquenio profesional, apenas será un hombre de ciencia y raras veces un buen técnico. Los primeros años son más propicios por disponerse de más tiempo, de más ilusión y de trabajo más técnico.


Testimonios



La inercia, la pobreza, la tranquilidad posesiva y suficiente de la propia profesión obstruye los impulsos de renovación, manteniéndonos rezagados el record aceleradamente evolutivo de la civilización industrial, cuyo progreso corresponde en buena parte a la ingeniería.

Par hacer factible una valiosa actividad profesional dentro de su especialidad, el ingeniero debe estar constantemente al corriente de los progresos llevados a cabo en las ciencias de su competencia y en las ajenas.

El jefe de empresa no puede, en buena lógica, pedir a sus colaboradores que participen en los programas de formación si rehusa él mismo hacer lo posible por su propio perfeccionamiento.

Una de sus responsabilidades consiste claramente en trabajar con constancia en desarrollo personal.


Progreso Técnico y Optimismo



“El progreso técnico no debe ser considerado como un mal del cual buscamos remedios, sino como un bien en cuyo camino se levantan ciertos escollos que es preciso evitar”.

La cultura, junto con el desarrollo económico-industrial mejoran increíblemente la condición humana en su propia entraña, si bien acarrean al mismo tiempo un peso proporcional de responsabilidad. En este sentido estamos en peor situación, porque a más conocimiento y a más cantidad de bienes, capitales o potenciales, más responsabilidad humana. La mayor educación, que se va extendiendo a todas las zonas sociales, así como la mejor posición y nivel de vida, requiere más señorío, mejor elevación moral. Los deberes crecen codo a codo con los haberes. Pero como la debilidad moral del hombre sigue en pie, de ahí que resulte más penoso el mantenimiento de su standard ético.
CAPITULO II

Familia y Profesión



El feminismo



El oficio, la misión y dignidad suprema de la a mujer -salvo excepciones de holocausto al Señor y al apostolado- reside en su maternidad, que en la práctica absorbe toda la posibilidad vital. Aunque los derechos humanos son iguales al hombre, sus características diversas, fisiológicas y psíquicas, la adaptan maravillosamente a las labores distintas: la maternidad y el hogar.

La mujer moderna ha sido igualada con el hombre, pero no ha sido hecha feliz. Ha sido emancipada como un péndulo separado del reloj, y que ahora carece de libertad para oscilar, o como una flor que ha sido emancipada de sus raíces… La equidad y no la igualdad debe ser la base de todas las reivindicaciones y reclamaciones femeninas. La equidad va más allá de la desigualdad… Tiene la ventaja de reconocer diferencias específicas en el hombre y la mujer, cosa que no hace la igualdad…

A pesar de todo, debe la mujer, según el sentir de la Iglesia, instruirse ampliamente, no solo por los estudios orientados a su misión en el hogar, sino a la vida social, laboral, profesional y política, aunque no todas. Necesita una cultura y un oficio en reserva, para valerse económicamente, llegado el caso.

Estas influencias extra-hogareñas no constituyen la vocación principal ni general de la mujer.

Cultura de la Mujer



Hay jóvenes que no quieren par sí mujer con carrera. ¿Qué es lo mejor? Objetivamente es preferible que la tengan. Subjetivamente, dependerá su conveniencia del temperamento, tanto de él como de ella. Un hombre que se acompleja ante una muchacha instruida y penetrante no debe aspirar al amor de una licenciada, a no ser que su enorme sencillez velase su saber y suprimiese en él sus sentimientos de inferioridad. La joven a quien la ciencia apedanta tampoco debería relacionarse con ella más que lo indispensable. Si no existe armonía e inteligencia. Nada desalienta tanto al varón como la compañía de una mujer ignorante o necia. Hoy la vida social exige en la esposa del directivo cierta altura cultural.


¿Colaboración profesional?



Hay situaciones laborales en las que la profesión radica en el hogar. Es increíble la cantidad de matrimonios bien avenidos entre estos sectores de la sociedad.

Si el marido posee aparte su despacho o su taller, todavía la mujer puede prestarle sus buenos oficios, mediante la atracción a su órbita profesional, que ejercerá con simpatía, buen humor y trato con la vecindad, mientras reanima el espíritu empresarial de su compañero.

Estamos de acuerdo con una ulterior afirmación: No cree Maurois que en ciertas profesiones más complejas -escritor, médico, funcionario, ingeniero, cineasta, periodista -el hombre guste de la colaboración de la mujer.

CAPITULO III



La Corporación



Obligaciones y finalidades



Las corporaciones obedecen a movimientos connaturales del hombre, que por naturaleza es sociable. Si la corporación profesional resultase única fórmula de resolver problemas trascendentales para la mayoría, la obligación de formar parte sería grave, aunque por circunstancias concretas no urgiese la misma gravedad a determinado individuos.

Las finalidades originarias de muchas asociaciones consisten o en la defensa de propios intereses,, en especial crematísticos, o en la afectuosa aspiración a un clima de amistad, cultura, elevación y disfrute entre los compañeros de un mismo arte.

Objetivos de Fuero Interno



Aunque los intereses materiales apenas importan, sería conveniente establecer una mutualidad que salvase de la miseria a las viudas e hijos de los socios víctimas de algún imprevisto. Es deber grave para con los familiares proporcionarles semejante seguridad, si de otra forma no se hubiese proveído. También es plausible arbitrar becas ayudas a jóvenes de notables prendas, pero impedidos, por angustia económica, para cursar la carrera.

La corporación facilitará también a sus miembros, y aun a otros estudiosos, revisteros en abundancia y calidad, biblioteca nutrida, publicaciones, circulares informativas, cursillos, conferencias, contactos técnico-culturales.

Es natural la colaboración más leal con la Escuela, por representar la maternidad intelectual del os asociados. Los defectos que tuviese no impedirían en buena lógica el afecto, como tampoco muere el filial ante las limitaciones de la propia madre. Obligación, pues, de pensar y ayudar, aunque subordinando las sugerencias particulares a los planes de la dirección, en caso de conflicto.


¿Qué hace la deontología ingenieril e industrial?



Tanto la asociación como sus individuos pueden prestar enormes servicios a los estudiantes de ingeniería abriendo las puertas de su industria, en especial durante el verano, a algunos pocos que quieran entrenarse partiendo incluso de las faenas más modestas.

Los futuros compañeros sacarán experiencia muy interesantes.

Deformaciones de la corporación



Para fomentar la actitud más conforme al bien común, y, en consecuencia, a la ética, ofrecemos dos consideraciones. Primera: por ahora, existe enorme escasez; aunque el cauce se ha ensanchado algo, la fase expansiva de la industria no induce a temer, en un futuro próximo, por una sobre abundancia de técnicos. Todo lo contrario. Además, alguna abundancia estimula las fuerzas creadoras en el ejercicio de la profesión.
Segunda consideración: la tendencia más connatural en los que ya ejercen su carrera es la de acortar el flujo de las siguientes promociones, en razón de un disfrute más tranquilo y amplio de sus posiciones. No se trata de un peligro que aceche a los ingenieros, sino de una inclinación menos altruista, inserta en la pobre condición humana, al menos después de la caída.

En conclusión, los corazones nobles se mantendrán alerta, haciendo positivos esfuerzos para evitar sistemáticas obstrucciones al paso de otros.

Según nos informan ingenieros venidos de Alemania, se ha cuadruplicado el número de estudiantes técnicos -y todavía se quejan allí de insuficiencia-, mientras que la matrícula de abogados y médicos ha bajado a la mitad después de la guerra.

En la revista Mechanical engineering se lee que desde el año 1947 ha aumentado el número de ingenieros en los estados unidos el 5 por 100. Más el déficit continúa.

La penuria de los ingenieros y técnicos es una amenaza opresiva sobre el mundo occidental.

Sería interesante aclarar cómo la altura teórica de nuestra ingeniería no se ha traducido en mayor desarrollo práctico. ¿Escasez? ¿Tendencias burocráticas? ¿Lejanía de la vida industrial? Tiene palpitante vigencia la preocupación del gran Feijoo sobre las “Causas del atraso científico de España”. Claro es que los técnicos no son los únicos responsables de nuestro de nuestro retraso industrial.

En las empresas privadas varía algo la situación. Si el ingeniero e dueño de la empresa, queda con las manos libres para admitir o distribuir cargos en ella, siempre que, a los que ya trabajan, no les infiera su decisión una positiva ofensa.

Basta el ánimo menguado de unos pocos para que cunda el reparto de privilegios, la burocracia, la constitución exagerada de fondo comunes que anulen el espíritu o la competencia, la fijación de tarifas altas.

Así compaginará el orgullo de su carrera con los dictados de la justicia.

Concluiremos recordando un deber del asociado: hacer eco a la directiva, cuando se ruega intercambio, ayuda, opinión o presencia. El abandono de muchos es síntoma de informalidad, sobre todo en asuntos de interés colectivo. Los socios denominan así a sus directivos, para luego quejarse quizá de su ineficiencia.


Acción Moral



¿Es privativo este contenido de las agrupaciones a quienes se dirige la presente deontología? En cierto modo, sí. Otras corporaciones también participarán en responsabilidades de moralización.

En todos los países y épocas las inmoralidades se pegarán como la hiedra a las transacciones. Mucho más en tiempos de escasez y de apremio expansivo. Y más sutilmente en fases de control oficial.

Concretaremos las cuatro cotas de moralidad que, en nuestra opinión, apremian la responsabilidad corporativa.

Seriedad laboral, incompatibilidades, comisiones, precios.

Uno a uno los empresarios como los ingenieros se sienten inermes para elevar la ética profesional, tan mellada. Pero en bloque o íntercorporación, sería posible. El éxito, cierto. Esto supone agrupaciones ocupadas de problemas reales y con dinámica para irradicar.

Acción Social e Industrial



Unimos ambos objetivos por su intrínseca dependencia. La cuestión social es el más vasto problema de los altos asalariados, sobre todo cuando consiguen puestos de máxima dirección. Allí expondremos los diversos flancos por donde laborar a favor de la promoción obrera.

El equipo debería celebrar sus reuniones periódicas. Estudiar los momentos especiales o de crisis por los que pasamos. Dar la cara ante la sociedad, no sin demandar antes el voto de sus compañeros.

La colaboración más eficaz para el técnico consiste en la expansión industrial del país. Quien se encarniza por una mejor producción, de calidad, cantidad y organización, labora en primera fila por lo social

Hay que escoger e implantar el consejo de monseñor Richaud: “Si no queréis revolución, no os tentéis con reformas: llegar a la transformación.

Acción Moral e Industrial



Pío XII ha exhortado a los católicos docenas de veces a crecientes inteligencias y colaboraciones supranacionales, aun en orden a comunidades políticas, las más difíciles. Ha sido el mayor entusiasta de la Comunidad Europea.

Un espíritu admirable, Wilhel Ropke, ha estudiado la necesidad de una convivencia internacional, ante todo europea. Con él creemos que los nacionalismos modernos han conducido al hombre a una situación inhumana, en la que “el sagrado egoísmo nacional justifica mentiras, rupturas de tratados, violencias”.

Los técnicos de España harán un eminente servicio a nuestra patria participando en los movimientos internacionales. También lo lograrán por el hecho de visitar el extranjero con un corazón ancho, a fin de apreciar lo bueno -tanto en la esfera cívica como en la técnica-.

La corporación está emplazada a crecientes contactos de colaboración internacional. Ello nos dará facilidades para el conocimiento de los adelantos en lo profesional.

La ingeniería tiene el camino abierto a la acción sin fronteras en el Secretariado Internacional de Ingenieros, Agrónomos y Economistas Católicos (S.I.I.A.E.C.), como sección de la estructura mundial del catolicismo militante, Pax Romana. La VI Asamblea general se celebró en Madrid.

Es interesantes la exposición de los fines con que nació el Secretariado Internacional de Ingenieros Católicos (S.I.I.C), tronco originario del S.I.I.A.E.C. Los esbozó en una conferencia privada su secretario-capellán, padre Chevalier: expansión de la Acción Católica por la profesión ingenieril; participación en congresos profanos, aportando criterios cristianos y mutua ayuda internacional.

El amor y aun el orgullo por la propia profesión es compatible con la fraternidad obsequiosa.

Nadie fomenta el orgullo familiar criticando o rebajando los méritos de sus vecinos.

Edificación de Europa



El II Congreso de la Federación Europea de la Asociaciones Nacionales de Ingenieros (F.E.A.N.I.), reunido en Zurich, ha tenido el mérito de evidenciar la existencia, en varios aspectos, de Europa técnica, llena de realizaciones, transportes, carbón acero, electricidad, normalización, química, electrónica, aeronáutica, radiocomunicación, televisión, energía nuclear.

Goldschmidt ofrece algunas curiosidades sobre diversas realizaciones técnicas o de conjunto, incluyendo que no se trata de un gestión, sino de una obra que se construye ya pieza a pieza por el esfuerzo de millares de técnicos selectos que, en grupos especializados, se encuentran para construirla, y que ha creado, por lazos de estima y de amistad, un clima social escogido, sobre el cual puede injertarse un espíritu europeo.

Es indudable que ante nosotros llamea un bello porvenir, en cuya creación es noble y justo entrar con entusiasmo, puesto que “el ingeniero europeo es responsable del potencial humano de Europa”.

CAPITULO IV



Sentido Nupcial de la Profesión



Falta de seriedad profesional



Hay poca seriedad en el ejercicio privado de la profesión. Obreros y empleados escamotean con frecuencia el trabajo. Rinden escasamente, a menos de estar primada su labor. De la jornada sacan una reserva de energías que luego invierten en horas extraordinarias para redondear su salario. Merman productividad a la industria donde están asalariados, por lo mismos que ésta reduce el debido sueldo familiar.

Los elementos más calificados o dirigentes, aunque se empleen con gran dedicación, se rigen por cánones de excepción o de privilegio que rebaja su prestigio profesional. Por ejemplo la exención del horario, que les permite comenzar la jornada veinte o cuarenta y cinco minutos más tarde.

Con esto no se pone en duda su laboriosidad. Hay industrias donde los ingenieros o jefes reparan con una o dos horas espontánea dedicación los veinte o treinta minutos acaso sustraídos al horario matinal.

En las Funciones Publicas



La profesión que ejerce con carácter público, como funcionario o administrador oficial, también acusa faltas importantes de sentido profesional. Millares de ingenieros, peritos y ayudantes son empleados oficiales.

No domina el espíritu de funcionario, la aparición a uncirnos a la carroza estatal, pensando que en ella seremos o podremos ser algo. Se prefiere el enchufe al oficio, la seguridad a la vitalidad creativa. Nos falta ese espíritu creador, que busca actuar en empresas bellas y nobles. Es noble la colocación oficial que se mira más como servicio que como propia utilidad. No lo sería tanto su reverso. Llegaría a la explotación si se pretendiese exprimir en interés particular los bienes públicos.

Damos pie a que se piense que la provisión de los cargos, cupos o permisos obedece más a intereses particulares que a equidad y méritos.

Moralidad del Ingeniero


Las más altas categorías de ingenieros están orgullosos de su profesión. Orgullosos de su competencia, orgullosos de lo que pueden realizar. Apresan las fuerzas de la Naturaleza y las obligan a trabajar para el mejoramiento de la industria, y, finalmente, para una existencia mejor de la gente. Orgullosos de ser capaces de hacer, a base de materias y energías, cosas que maravillan a la gente profana.

Pero las más altas categorías de ingenieros están orgullosos de algo más, que en más importantes. Orgullosos del bien que hacen en el mundo. Orgullosos de servir al pueblo; de tener en la comunidad de los hombres, como objetivo primordial, un ministerio de servicio; de no ser un mero operario de alquiler.

El ingeniero colaborará en extender la eficacia de la profesión ingenieril, mediante el intercambio de información y de experiencia con otros ingenieros y estudiantes y contribuyendo a la obra de las asociaciones de ingeniería, escuelas y prensa científica y de ingeniería.

CAPITULO V


Espiritualidad de la Profesión

Religión y trabajo



La religiosidad no toma carne del trabajo. Son los elementos que se yuxtaponen, sin llegar a la encarnación. La madurez cristiana solo se alcanza cuando se viven las realidades cotidianas teológicamente. Hay almas de entraña cristiana que, con escasa cultura quizá, lo consiguen.

El señor acepta la ocupación de sus criaturas como moneda de rescate por sus pecados y como pieza de redención propia y ajena. La penalidad del esfuerzo satisface las ofensas de Dios. Al mismo tiempo, atesora méritos que, unidos a los de la Iglesia, aumentan la energía salvífica del mundo.

Vida Espiritual



Nadie puede remontarse a la perfección cristiana sin hacer el vacío del corazón respecto a los valores temporales. Si la gracia nos eleva, hay que meterla en grandes cantidades para que se levante en pesos de nuestra naturaleza a creaciones más bellas. Es indispensable la piedad constante y la renovación del saber cristiano. Equivale a decir que hay que vivir profundamente nuestra fé.

Si todos los días no se dedica un espacio acotado por un horario valiente, al menos habrá que rebuscar una o dos horas por semana para este ejercicio espiritual, así como para el ensanche de los conocimientos teológicos más profundos y su relación con problemas que la actualidad plantea a la Iglesia.

Espiritualidad Específica



Es natural que, como cada estado de vida, cada profesión de pie a matices propios de religiosidad.

Dos caracteres nos orientan su perfil. Son como las coordenadas que circunscriben en su trabajo: se llama creación y mediación.

Creación: en la Biblia, acción de Dios que conlleva la existencia del Universo y de todo lo que contiene.

Mediación: para el creyente, la realidad de Dios trascendente resulta inalcanzable de una forma directa. Por su propia naturaleza lo trascendente está siempre ‘más allá’ de lo humano. La reflexión teológica, la doctrina religiosa, los actos de culto, por ejemplo, son mediaciones que hasta cierto punto permiten un acercamiento a la trascendencia.

Por encima de todas ellas, para el cristiano, Jesucristo es el gran mediador entre Dios y los hombres. Su misterio, en el que se dan unidas las naturalezas divina y humana, hace que sea el punto de confluencia de lo divino de Dios y la condición de cada ser humano. En este punto, Dios asume la humanidad y reafirma la dignidad humana y establece un puente entre las dos realidades.

Polígono de la justicia



CAPITULO VI



Bien Común y Bien Individual



Planteamiento del tema



El ciudadano está enraizado en una comunidad. al mirar por sí mismo. ¿debe mirar por la sociedad en que se desarrolla su actividad?

Con frecuencia halla caminos de medrar para si, que reportan mezquinas ventajas o ninguna a la sociedad. Otras veces se desvía hacia actuaciones lucrativas para sí, pero con fatales repercusiones para el bien común.

La misión del ingeniero es y de la industria consiste en la innovación, lanzando a los consumidores nuevos y mejores artículos.

El concepto de propiedad y de bien común solidariza a todos los habitantes de la tierra imponiendo en uso común.


CAPITULO VII



Sentido y Lesión de la Justicia

Ideas sobre la justicia



Es necesario que el empresario “extienda la justicia bajo toda sus formas con vistas al bien de la persona y al bien común”. Ante todo aclarando las ideas, como recomienda el Código moral de ingeniería.
Justicia es la virtud moral cardinal que inclina la voluntad a dar siempre a cada uno su derecho. La conmutativa la define con más de precisión Zalba, añadiendo que inclina a las personas particulares para que den a sus iguales sus derechos más estrictos, hasta la equivalencia aritmética.

La justicia opera sobre la base de la saldabilidad perfecta de derechos y deberes.


Justicia Social



Algunos la identifican con la justicia general o legal.

Tras una serie de definiciones, llega Villa-Creus a esta definición práctica: “es la justicia que determina los derechos de los individuos como miembros de la sociedad humana”.

Hay cierta tendencia a localizar los deberes de la justicia social en el salario y sus complementos de seguridad. Concepción miope. Sería desconocer el alcance de las exigencias que encierran el título de ciudadanía o miembro humano de la sociedad.

Sobre el pilar material del dinero se alzan prestaciones más nobles, como consideración, trato, educación, instrucción, libertades legítimas, toda esa excelsa condición que entraña la idea de “Promoción” en la convivencia humana.

Todo ciudadano, según su capacidad, ha de hacer aportaciones proporcionales para que ese nivel social mínimo esté al alcance de todos.

Deber de Restituir

Los errores, descuidos, imperfectas apreciaciones y elementos análogos exime la reparación en conciencia.

“El ingeniero no puede enterrar sus errores como en otras profesiones”, según advierte Herbert Hoover. Tampoco exime de las reparaciones que impone la virtud de la caballerosidad. Si por un olvido poderoso en el libro prestado, nos sentiremos obligados a reponerlo: estamos en lo más justo.

Justicia y Caridad



Raimundo Lulio dice que “la caridad es la riqueza de los ricos en los pobres”.

Algunos cristianos, avergonzados de cierta limosnería entre tanta injusticia social, claman por un sentido renovado de justicia, aun a expensas de la caridad. Otros, con el cardenal Guisáosla, apremian a profundizar en el amor para resolver las situaciones de injusticia: “Es necesaria una efusión de caridad, tan intensa y dilatada, que llene los abismos cavados por el odio”.

¿Qué partido tomar? Ambas virtudes son entre sí complementarias. San Juan el Evangelista las unió: “El que no practica la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano”. La justicia ocupa en las relaciones laborales una posición directa de preferencia. La caridad, una situación indirecta, pero más radical e influyente. En última instancia, la primacía corresponde siempre al amor.

Procuremos sobre todo no exasperar al pobre, al necesitado, con el contraste del lujo y del derroche. En tiempos difíciles, en tiempos de cortesía, a todos particulares y organismos, se impone la austeridad; la austeridad y la caridad.

CAPITULO VIII


Contrato de Trabajo



Contrato y “Relaciones Laborales”



Se entiende por relación de trabajo aquella que se produce entre la empresa y sus trabajadores, y está constituida por un conjunto de vínculos personales y patrimoniales que liga mutuamente a ambas partes.


Cuatro rasgos perfilan su fisonomía:


1. Superación del interés personal y egoísta de las partes por la sumisión a un interés común: el de la empresa.
2. Consideración del trabajo en un plano personal y humano, no únicamente en un orden material.
3. Superación de la lucha de clases, sustituyéndola por una franca colaboración entre los elementos personales de la producción.
4. Predominio de los valores morales de lealtad, fidelidad y protección sobre el contenido patrimonial, único y clásico, del contrato del trabajo.

El ingeniero fluido de la relaciones laborales se precisará para realizar a cordialidad, es decir, a caridad, la misma justicia, por un feliz desbordamiento de sus márgenes.

El ingeniero que media entre el patronato y el operario para concluir un contrato está obligado, no a ser un nuevo emisario patronal, sino mensajero de la justicia y la equidad, como recuerda la moral profesional al ingeniero norteamericano.

Condiciones de un Auténtico Contrato



Si las partes que elaboran el acuerdo no arrancan de un nivel sensiblemente idéntico, no existirá peligro intrínseco de adulterar el convenio, supuesto que a la parte más débil le urja alcanzarlo. El contrato debe ser paritario para garantizar la ausencia de miedo, por coacción del más fuerte. Debe reinar la igualdad para que fluya el diálogo, en vez de erguirse el monólogo. Tal es la circunstancia radical que exigimos, la calidad de potencias, que, por tanto, no se ve abocada a la capitulación.

Paternalismo en el Contrato



Al abolirse la esclavitud perseveró en sus dueños una mentalidad dominativa, encasquillada en la sociedad heril. Al liquidarse esta, pervive en parte todavía la mentalidad de dueño. El trato no se adapta al nivel del contrato, evidente síntoma de que el mismo convenio no se admite plena y conscientemente como un acuerdo de dos poderes libres e iguales.

No es raro en algunos ambientes laborales el presumir que las relaciones entre dirección y sus empleados se ajusta a la categoría de superiores a inferiores. Nada más opuesto al sentido contractual que debe regular el trato. Son restos de una concepción heril.

Revalidación del Contrato



Tanto el derecho natural como el positivo dejan bien claras las mutuas obligaciones consecuentes a la firma del contrato. Son impecables. El empresario tratará con todo respeto a sus operarios, no extralimitará las cláusulas, les hará efectivo su haber con toda puntualidad… Los trabajadores se entregarán con fidelidad y ardor a la empresa, y acatarán con absoluta integridad las disposiciones que se refieran al marco actual. En el orden lógico de lo ideal, todo es perfecto, más la realidad es deleznable.

Tres elementos de la vida pueden mermar la virtualidad del contrato: la insuficiencia del salario, el carácter impositivo de los mínimos legislados y el vaho de resentimientos que cargan de sorda hostilidad las relaciones laborales. Basta la persistencia de uno de estos agentes regresivos para que el contrato formulado signifique para muchos que el patrono prestará el menor salario posible y el obrero la menor eficiencia imaginable. Si los tres elementos de inhibición operasen al mismo tiempo, se deja entender la mezquindad de la consecuencias derivadas del contrato.

Al cerrar el contrato laboral, el patrono ha realizado la parte más insignificante de él. La ardua tarea viene luego y exige una mano maestra, esas condiciones de jefe que magnetizan la buena voluntad de sus operarios. Conquistar el corazón del empleado es empresa más noble y difícil que comprar su presencia y su consiguiente simulación de laboriosidad.


Despido y Paro



La sociedad debe facilitar trabajo a quien ponga voluntad en él, pero no a quienes lo escatimen, porque estos rebajan la temperatura laboral de los laboriosos, aumentan indebidamente los costes y prostituyen la calidad de los productos. El deber de brindar colocaciones recae, ante todo, sobre la sociedad, no sobre el empresario, si bien por justicia social o equidad vendrá obligado a continuar y aun ampliar su negocio, mientras fuerzas mayores no se lo impidan. Al menos no recaerá sobre él empresario cuando se trabaja ruinosamente y él hace lo posible para lograr un trabajo productivo.

Al derecho a trabajar responde, como justo contrapunto, el deber de trabajar bien, lo que significa saber hacer el trabajo y querer realizarlo bien. La técnica y la competencia actuales no toleran en el mercado realizaciones mediocres, sean debidas a la impericia o a la desgana.

Esfera empresarial


CAPITULO IX



Problemas Sobre la Empresa



Visión de sus valores


Importantes vicios del sistema capitalista han ensombrecido la grandeza natural de la empresa, tanto en su concepción como en su misión social. Sin comprenderla no será fácil servirla con espíritu cristiano.

Es bien significativo que para la gente empresa suene algo hoscamente, porque se le traduce por capital; y no en su noble acepción, sino en la peyorativa de instrumento explotador de los trabajadores. Al menos se toma el nombre de empresa como unilateralmente como la representación del capitalismo en la entidad productora.

Los sociólogos han entrañado la noble esencia de la empresa. Es tan sagrada su misión que el capital en ella invertido pertenece a su dueño con “menos propiedad privada”.

La empresa es comunidad. Se merma su sentido cuando se la identifica con uno de sus elementos: el capital. De aquí sacaremos consecuencias fecundas al hablar del empresario, así como al tratar sobre la cuestión social.


Nuevas Perspectivas



Las industrias han dejado un rastro de sangre que horroriza. Justo es divisar ya el rastro de luz que difunde. La nueva era industrial hace de la empresa una portentosa central de riquezas, solidaridad, cultura, pedagogía, fe, entusiasmo y formación en todos los órdenes y grados. Constituirán, cada vez más, grandes emporios de auténtica civilización. La industria está renovado un humanismo feliz, portador de respeto y armonía.

La industria no solo fomenta la cultura aportando las mayores masas de capital al Estado, que en parte invertirá con fines de instrucción y beneficencia, sino propulsado directamente la acción educadora y científica de las universidades y transformando su cede en cátedra de formación y en laboratorio de investigación.

Se puede afirmar que la formación no es un hecho aislado, ni un aspecto estático y definitivo del ambiente de la empresa. Se presenta siempre como una función de la dirección y tiene su lado dinámico por el que resulta un hecho continuo que renueva sin tregua…


Transformación de la Vida Social



El impacto de la empresa en la sociedad ha sido monumental.

En poco más de un siglo las estructuras han sido revolucionadas.

Se denuncia el hecho de la migración del campo a la ciudad, foco de corrupción, inmoralidad y miseria; pero se olvida que, a la larga, estos inmigrantes o sus descendientes suben de nivel y que en el campo arrastraban una vida llena de privaciones o infraprimitiva.

Es cierto que las nuevas invenciones técnicas pueden influir dañosamente en la sensibilidad de sus beneficiarios, pero no sería justo preferir el durísimo nivel de vida que hace más de un siglo tenía que soportar el 90 o 95 por 100 de la población de los países adelantados.


Industrialización o Redistribución



El articulista establece intereses y criterios para evitar una política desbocada de ahorro en países infraindustrializados, así como la carrera desenfrenada de superindustrialización entre las naciones avanzadas. En realidad, el equilibrio entre ambas tendencias -inversión sin tregua y consumo -presidirá las vías de solución.

Lo más sensato será conjugar ambas tendencias, de modo que aumente el consumo en cierta moderada proporción al ahorro, satisfaciendo las necesidades más perentorias.

Es necesario afrontar tal situación con criterio de justicia. Nos atrevemos a formular una indicación solutoria: el capital invertido en las implicaciones, gracias al ahorro que la empresa logra por restricción eventual de salarios, en rigor corresponde al conjunto de asalariados.

Empresas Filiales


La creación de industrias dependientes de la empresa matriz es una forma de ampliar el negocio por integración horizontal o vertical. Presenta las más diversas modalidades. La dependencia o independencia económico-administrativa es la más esencial. A diferencia de las sucursales, es preferible la separación gestora. De lo contrario, se agudizarán ciertos peligros morales que a veces se oyen comentar desfavorablemente.

Si la industria filial está supeditada al mando supremo de la matriz, los hombres que rigen la subordinada se ven condenados al papel de prestanombres. Ofenden a la dignidad humana el oficio de marionetas manipuladas a distancia por manos ocultas.

Otra fuente de inmoralidad provendría de los fraudes al fisco y al bien común, mistificando las contabilidades y, peor aún, simulando pérdidas ante el Estado, en busca de ayudas, exenciones o elevaciones de tarifas ante los datos ruinosos de tales empresas.


La Democracia Industrial



Se dice que los beneficios extraordinarios no pertenecen solo al capital, sino a cuantos colaboran en la industria. Ahora bien: si el régimen salarial es legítimo y los empleados recibieron su sueldo en justicia, ¿A qué presentar nuevos títulos sobre los frutos de la empresa? Si el capital encaja los reveses, ¿Por qué no acapara también íntegramente los frutos extra-normales? En rigor, sin cierta intrínseca modificación en el concepto de empresa, no cabría presentar los títulos de los asalariados a los crecientes beneficios de su industria.

Creemos, pues, que siento en sí legítimo el régimen salarial, no es tan procedente ni tan equitativo en etapas de mayor progreso humano. La condición humana, cuando toma conciencia de su dignidad, demanda integrarse orgánica y activamente -creadoramente- en la esfera de su trabajo.

Ahora bien: la elevación del trabajador, junto con su conciencia de libertad y de capacidad creadora, facilita y hasta clama por la participación en la responsabilidad creadora del trabajo encomendado. Su pensamiento y su originalidad es de más importancia que su vigor y habilidad material. Es muy natural que se le satisfaga su anhelo de paternidad industrial de transformar su quehacer material en obra de arte, de asociarle a la producción.


CAPITULO X



Empresario y Dirección



La clase directorial



La codirección sigue expandiéndose por una red de mandos, hasta los últimos cuadros ejecutivos. El hecho releva dos proposiciones significativas: el nacimiento de una moderada democracia industrial y la vocación y formación de jefatura, indeclinable al ingeniero. El cambio a que asistimos trastorna también el tono de muchas responsabilidades. La ética presenta nuevos matices de comportamiento ante la conciencia. Por eso, percatarse del hecho y de su naturaleza es la trascendental importancia para una conducta profesional irreprochable.

Hay que aceptar apreciables cambios en el mismo concepto de empresa. Goldschmitd-Clermont muestra su simpatía, entre las diversas definiciones y descripciones que recoge, por la de H. Janne, por contener tres términos esenciales: grupo, técnica, servicio social, sin olvidar la producción de riquezas. La clase directorial ha arribado al poder de la empresa recientemente, para integrar todos sus elementos. James Burnham había predicho en 1940 el advenimiento de la revolución directorial, por el doble fracaso al capitalismo y del totalitarismo, que no supieron adaptar la sociedad anónima al bien del pueblo.

La aparición de la dirección como institución esencial, distinta y conductora, ha sido un acontecimiento capital en la historia social… Rara vez en la historia de los hombres se ha revelado una nueva institución se ha impuesto encontrando tan poca oposición, tan pocos obstáculos y despertando tan pocas controversias.

La gerencia científica de y las relaciones humanas, que han revolucionado al ambiente laboral de los Estados Unidos, apenas si han explotado sus posibilidades, según piensa Peter Drucker; es un inmenso capital, casi congelado por interpretaciones menos humanas e integrantes de la tarea del hombre. Nos espera todavía un gran que hacer.


CAPITULO XI



Los Beneficios



Jerarquía del beneficio



La primacía de los beneficios es solo particular y, por tanto, paradójica: en realidad, dentro de la jerarquía de valores que integran la empresa, el económico, siendo el primero específicamente, es de los últimos humanamente. Lo material es siempre ínfima criatura en el concierto social. Así, el dinero obtiene en la entidad productora una primacía subordinada, es decir, elevada a un trono de esclavitud o servidumbre a fines más nobles. Primacía y esclavitud constituyen el colosal equilibrio en que mantener el objetivo industrial que llamamos beneficio. Y es que todo lo próximo e inmediato desempeña un papel fugaz para quienes están llamados a avanzar hacia un majestuoso más allá de las cosas temporales.


Condiciones Previas



Con facilidad declaramos contra los dividendos. Conviene templar el demasiado escándalo. El lucro de la producción no es tan exagerad como el del comercio. Le asisten más títulos al fabricante que al comerciante, por regla general. Acontece que las ganancias en algunos ramos siguen una proporcionalidad cruzada, se alzan sobre lo justo las del comercio, mientras que apenas alcanzan lo suficiente algunas de la producción. Sin embargo, no puede darse una preferencia absoluta: el margen legítimo de beneficio dependerá del riesgo y del valor de los servicios prestados. Cuando el comercio se arriesgue y preste un servicio mayor, deberá ganar más.





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