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Apología de Sócrates Platón - Monografía



 
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Filosofía griega. Pensamiento platónico. Verdad. Sabiduría. Defensa socrática



- INTRODUCCIÓN -



La apología se sitúa en el año 400 a.C. Narra los acontecimientos en tres sesiones de la defensa de Sócrates ante el Tribunal. Licón era uno de sus acusadores; era un sofista, pero no de gran categoría y también un político. La acusación (que en realidad es una calumnia o acusación falsa) principal hacia Sócrates que los denunciantes presentan ante los jueces, es que cuestiona a los dioses del Estado y corrompe a la juventud.

En la primera parte de la apología de Sócrates, Sócrates realiza un discurso de defensa contra sus acusadores, Meleto, Licón y Ánito. Se defiende de sus inculpaciones, las cuales son:

1º.- Que comete delito al investigar los fenómenos celestes y subterráneos, debido a que, según ellos, convierte el argumento más débil en el más fuerte, instruyendo esto a otros, y sin creer en los dioses, es decir, es ateo.
2º.- Otra acusación es que es un sofista, o sea, que cobra dinero a cambio de enseñar.
3º.- Lo consideraban como una persona que se dedicaba a engañar a la gente por su facilidad de palabra. Según sus acusadores, Sócrates tenía un lenguaje bastante elocuente.
4º.- Comete delito por pervertir a los jóvenes y no creer en los dioses en los que cree la ciudad, sino en otras divinidades nuevas.
A lo largo de esta primera parte, Sócrates explica su inocencia mediante varios ejemplos expuestos durante su apología. Durante su discurso de defensa, Sócrates insiste en que él dice claramente la verdad.

Para él, la verdad es una virtud de la sabiduría, y que no hay efecto sin causa. Por ello, según él, todo efecto tiene su propia causa. Propone que la envidia va a impedir que nos autoestimemos.
Según Sócrates, su mala fama se debe a la sabiduría que posee. Su dios le aseguró que no existía un hombre más sabio que él en todo el mundo. Esa mala fama se originó porque Sócrates se ponía a examinar a la gente que se creía sabia, sin realmente serlo, y haciéndoles conocer su verdadera imagen de ignorancia. Sócrates explicaba a los jueces que él no poseía sabiduría de ningún tipo respecto a los temas cosmológicos. En cambio, se consideraba más sabio que aquellos que presumían de ello, porque reconocía su ignorancia ante los temas que desconocía, o sea, los cosmológicos, cosa que no confesaban los presuntuosos.
Él negaba que se dedicaba a imponer su doctrina a la gente, a cambio de una remuneración. Él era realmente un antisofista: Sócrates enseñaba, pero con un fin educativo, sin pedir dinero a cambio. También alega que no ha sido maestro de nadie, y que no ha ejercido magistratura alguna en la ciudad, pero que fue miembro del Consejo.
Sócrates deja también claro que no posee un lenguaje tan elocuente como para conseguir engañar a la gente que instruía gratuitamente, sino que tiene dificultad para expresarse lingüísticamente.
Sócrates asegura que cree en los dioses y que es falso el ateísmo que sus acusadores manifiestan de Sócrates, porque según Meleto, Sócrates cree en otras divinidades nuevas, pero éste no está de acuerdo con lo que Meleto dice, ya que, como Meleto afirma que cree en otras divinidades distintas a los dioses en los que cree la ciudad, entonces, según él, quiere decir que Sócrates, como cree en dichas divinidades, está dando a entender que no es ateo, y que por tanto, cree en los dioses. Meleto siempre contradice la defensa de Sócrates, y responde siempre que no a lo que él afirma.

Sócrates niega que él haya corrompido a los jóvenes. Señala que si según Meleto, él corrompe a los jóvenes, que entonces explique Meleto el motivo por el cual la gente disfruta observando cómo Sócrates interroga a los que se creen sabios sin serlo, y que en caso de que fuera cierta la acusación de Meleto, entonces deberían haber asistido al juicio los corrompidos y sus familiares para vengarse de él mediante acusaciones. Cambia su concepto de culpabilidad por el de ignorancia. Establece una conversación dialogada con Meleto, el cual, durante su comparecencia ante el Tribunal, estaba obligado a responder las preguntas del acusado. En esta conversación Sócrates revela que Meleto ha acusado a Sócrates únicamente para ponerlo a prueba, sabiendo muy bien que no es ateo, y que le ha acusado por pura desvergüenza, vehemencia y temeridad juveniles. Según él, Meleto ha querido someterlo a prueba con el fin de averiguar si de verdad es tan sabio como dicen.
Sócrates manifiesta que no teme a la muerte cuando se trata de la justicia, sino todo lo contrario. Si él temiera a la muerte, entonces Sócrates no creería en los dioses. Da la razón de su arrogancia ante la muerte al explicar que ni siquiera ha invocado a sus familiares para que le ayuden a que los jueces le absuelvan de las críticas falsas.
Finalmente, Sócrates concluye esta primera parte de su apología, dejando la justicia en manos de los jueces (a los que llamaba atenienses) y dejando claro su superioridad sobre los demás en la creencia de los dioses.

En la segunda parte de esta apología, Sócrates es condenado, después de haber votado todos los jueces. Hay más votos en contra que a favor, y por ello, no consigue la absolución. Como Meleto no alcanzó la quinta parte de los votos, fue condenado a pagar unas diez minas (300.000 pesetas actuales). La condena impuesta por Meleto era la de la pena de muerte.
Sócrates asegura que por falta de tiempo no ha conseguido deshacer las calumnias y convencer a los jueces para que lo absuelvan. Pese a que Sócrates decidió como condena, pagar una multa dentro de sus posibilidades (aunque al final propusieron Critón, Platón, Critóbulo y Apolodoro una cantidad mayor de dinero), los jueces eligieron condenarlo a la pena de muerte propuesta por el acusador.

En esta última parte de la apología, Sócrates se despide de los jueces que le habían condenado y de los que le habían absuelto. Se acostumbraba a creer que una persona que estaba a punto de morir poseía dotes para predecir el futuro. Así que, Sócrates predice el futuro a los que le condenaron, diciéndoles que les llegará un castigo mucho más duro que el que él ha recibido. Ahí dio por finalizada la conversación con los jueces que le inculparon.
Sócrates explica a los jueces que le han condenado que, si se esperaran un escaso período de tiempo, su deseo de la muerte de Sócrates se cumpliría. Reflexiona sobre el fundamento de que la muerte sea un bien, resultando de esto que si, en caso de que sea una ausencia de toda sensación, entonces, la muerte sería para él un maravilloso beneficio, y si por otro lado, se trata de un tránsito del alma de este mundo a otro, será también para él una alegría, porque se encontrará con las demás almas de los muertos, y con los verdaderos jueces que impartirán la justicia.
Hay que resaltar que se manifiesta la advertencia de un espíritu divino en el pensamiento de Sócrates, que se opone hasta en los asuntos menos importantes, y que le sugiere lo que se debe de hacer en un momento determinado. Revela a los miembros que le absolvieron (llamándole jueces) que ese espíritu divino se comporta de una forma muy extraña, al no haberle disuadido en ningún momento, debido a que él se siente convencido que muriendo se libra de las tribulaciones de la vida. También piensa que no le ha contenido esa señal divina, porque según él su conducta ha sido correcta en todo momento y va a sucederle algo bueno.
Aporta confianza a los jueces que votaron a su favor para que no teman a la muerte, sino que sepan que a un hombre de bien no puede sucederle nada malo ni en esta vida ni después de la muerte, pues los dioses nunca se olvidan de sus problemas.

Sócrates, antes de morir, realiza una súplica a los jueces: que cuando sus hijos sean mayores les convenzan y les fustiguen como Sócrates hizo con ellos también.

Autor:

Pedro M Álvarez





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