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Camino a Santiago de Compostela Parte 1 - Monografía



 
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Ciudades. Localización. Monumentos. Arte románico. Camino de peregrinación. Rutas. Leyenda. Botafumeiro



Introducción



Santiago de Compostela, un milagro pétreo que nació para recibir y acoger a los miles de peregrinos que a través del Camino de Santiago se acercaban a la tumba del Apóstol. Un deseo, un anhelo hecho piedra a lo largo de los siglos que hoy muestra el esplendor de un conjunto histórico y monumental único en el mundo. Y a la vez una ciudad joven, activa y dinámica, capital de Galicia, sede de las instituciones autonómicas, asiento de una Universidad con cinco siglos de historia y centro de manifestaciones culturales de todo tipo. Compostela, por tradición y por personalidad, es una ciudad abierta, con la hospitalidad como seña de identidad, deseosa de mostrar su historia y su leyenda, de compartir la fascinación de sus calles y plazas con todos sus visitantes.

Fantásticas y maravillosas leyendas e historias se han oído de esta fascinante ciudad, a la que conducía uno de los más largos e interesantes caminos de la Edad Media la gran belleza de un casco antiguo que cubre casi toda la ciudad, la encantadora atmósfera gallega, la deliciosa gastronomía y los ligeros vinos que abundan en las tabernas de sus estrechas y fascinantes callejuelas, la atmósfera universitaria que tanta vida da a la ciudad durante el día y la noche. Santiago es una piedra preciosa de España, la que corona un camino maravilloso que durante siglos peregrinos y aventureros hicieron a pie.

La peregrinación supuso la llegada de un nuevo ambiente cultural, importantísimo a la hora de consolidar la fascinante personalidad de los reinos cristianos. El arte románico, la lírica provenzal, las leyendas que narraban las gloriosas gestas de unos guerreros míticos, las músicas que se mezclaban a los acentos de las lenguas romances y, en general, todos los rasgos que acabarían completando el perfil de la Edad Media cristiana tomaron cuerpo en el Camino de Santiago.

Con el paso del tiempo, la decadencia de la cultura medieval arrastraría consigo la costumbre de las peregrinaciones, que inicia su declive en los momentos en los que el Renacimiento inicia su arrogante condena de la sociedad precedente. El Camino, la progresiva conquista de la Península y el auge de la civilización cristiana medieval son fenómenos inseparables que, en ocasiones, resulta difícil delimitar.

La peregrinación jacobea es el gran legado de la cristiandad medieval en pro de una Europa de variados pueblos aunados por comunes principios de fe y amor. El fenómeno peregrinatorio al “Finis Terrae”, a la tumba del Apóstol Santiago, surgió espontáneamente del pueblo, de las masas, que, sin distinciones sociales y sin fronteras, han contribuido eficazmente a la unión y fraternidad de los pueblos.

El Camino desempeñó un papel importante especialmente en el desarrollo del arte y de la configuración del románico. Hay también ejemplos finos del estilo gótico español del ‘ plateresco ‘, tales como las catedrales de Burgos y de León, así como muchas iglesias y palacios barrocos construidos con el oro y la plata del mundo nuevo.

Compostela se convierte, junto con Roma y Jerusalén, en uno de los tres centros de peregrinación de los pueblos cristianos. La misma Roma verá con recelos el apogeo de la sede compostelana, cada día más auge por las masivas peregrinaciones. Uno de los encantos de Santiago es precisamente la capacidad evocadora de sus venerables piedras, especialmente aquellas que dieron forma a la Catedral, donde se encuentra el famoso “Pórtico de la Gloria”, la joya incuestionable del Románico, el trabajo de escultura más importante del mundo cristiano, construido en el siglo XII por el Maestro Mateo quien representó a los veinticuatro ancianos del Apocalipsis portando instrumentos de cuerda.

La larga ruta que conduce hasta el sepulcro del Apóstol fue surcada por millones de peregrinos desde tiempos inmemoriales y desde los últimos rincones del Mundo, antes conocido como Finis Terrae (en latín, final de la tierra, era llamado así por los romanos por ser el extremo más occidental del mundo hasta entonces conocido). La meta del peregrino, es el sepulcro del Apóstol Santiago, que predicó en aquellas tierras.


Localización



Galicia está en la esquina noroeste de la península Ibérica, al norte de Portugal con quien estuvo relacionada histórica y lingüísticamente. Pertenece a la Europa verde, atlántica. Su clima es oceánico y húmedo, pero las costas de las Rías Bajas son la zona con más sol de todo el litoral septentrional español.

En sus 1.200 Km. de variada y recortada costa se abren 800 playas de arena blanca y fina, que se prolongan hasta las sombras de los pinos.

En su ondulado relieve apenas se encuentran llanuras, pero sus colinas y montañas forman sugestivos lugares y parques naturales, y se elevan hasta cerca de dos mil metros en los macizos de los Ancares, Courel, Manzaneda y Peña Trevinca.

La población muy diseminada, se aproxima a los tres millones de habitantes, con una densidad próxima a los 100 habitantes por kilómetro cuadrado.

La capital autonómica es Santiago de Compostela. Las principales concentraciones urbanas están en las ciudades de Vigo, Pontevedra, Orense, Lugo y La Coruña, que desarrollan cada año amplios programas culturales.

Santiago de Compostela es una ciudad española de la provincia de La Coruña, situada al sur de la capital provincial. Su altitud es de 264 metros, su término municipal tiene una extensión de 222 Km2, y su población es de 81536 habitantes lo que le da una densidad media de 467 hab./Km2


Santiago de Compostela es:



Capital de Galicia
Ciudad Histórica
Centro económico, político, administrativo y comercial
Ciudad Universitaria
Lugar de encuentro cultural
Ciudad Patrimonio de la Humanidad (UNESCO)
Primer Itinerario Cultural Europeo (Consejo de Europa)
Patrimonio Nacional (Estado Español)
Premio Europa (Consejo de Europa)
Premio Firenze (Ayuntamiento de Florencia)
Premio Toledo (Real Fundación de Toledo)


Santiago de Compostela



URBANISMO



Santiago de Compostela es una síntesis arquitectónica perfecta del Románico y el Barroco, dos estilos que combinados, adquieren aquí una personalidad indisoluble: la materialización en piedra del más profundo espíritu de las gentes de la ciudad.

Las “rúas” o estrechas calles diseñan la estructura esencial de Santiago: ellas son los alrededores civiles de la Catedral con sus cuatro plazas principales (La Plaza del Obradorio, La Plaza de las Platerías, La Plaza de la Quintana y La Plaza de la Azabachería). Cada una de estas rúas tiene su propio estilo y personalidad: algunas de ellas señoriales, con majestuosos edificios y palacios urbanos que nos recuerdan la delicada vida de la nobleza en tiempos antiguos; otras son la evocación de antiguas artes y oficios que aún vive en su atmósfera original.

Las rúas son todavía el corazón de la ciudad, el lugar de comercio, instituciones oficiales o universitarias y se mantienen en ellas restaurantes, bares y frecuentados cafés.

Santiago no es un museo aprisionado por su pasado, como muchas ciudades históricas. Por el contrario, es un lugar verdaderamente dinámico, una ciudad joven y moderna que prospera dentro de la estructura de un antiguo burgo.

El plano de la ciudad presenta un alargamiento de norte a sur, al igual que sus calles principales. En parte, se debe a la topografía. Su casco antiguo (que en tiempos anteriores estuvo cercado por murallas) está profundamente diferenciado de su parte nueva. Ésta se localiza con preferencia hacia el sur, junto a las vías de comunicación (ferrocarril y carretera a Vigo). Su bien cuidado núcleo primitivo le ha dado el carácter de ciudad monumental, lo que la convierte en una de las poblaciones más bellas de España.

Lugares de importancia en Santiago:



- La Plaza del Obradoiro



Obradoiro significa “obra de oro”. Esta plaza, de una belleza excepcional, es el corazón del museo que es la ciudad de Santiago. A la misma, en una sobrecogedora armonía, quizás por “el milagro de la lluvia que lo unifica todo” como dijera Torrente Ballester, dan monumentos de un muy variado estilo:

La Catedral, cuya construcción se inició en la época de mayor esplendor de Santiago, en 1075. Comenzamos en la Capilla del Salvador, de influencia prerrománica destacada en su planta rectangular al exterior. Su segunda etapa de construcción comienza tras el matrimonio de Doña Urraca con Raimundo de Borgoña, lo que imprimiría al templo una clara influencia del románico francés desembocando en un estilo propio; el románico compostelano. De esta época es la fachada del Obradoiro, aunque posteriormente, respetando su estructura románica se le añadieron los elementos barrocos decorativos que hoy se aprecian sobre todo en La Torre de las Campanas y la Torre de la Carraca.

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Por la Puerta del Obradoiro se entra a la llamada “Catedral Vieja”, que es en realidad la Cripta, iglesia románica con planta de cruz latina que introdujo en su construcción las primeras bóvedas de crucería que hasta entonces hubo en España. El Pórtico de la Gloria constituye un conjunto escultórico románico tan excepcional que se le ha considerado “el más acabado monumento iconográfico medieval”.

El Palacio de Gelmirez, como contrapunto al claustro de la Catedral es uno de los más brillantes ejemplos del románico civil en España. Fue construido tras las revueltas que arruinaron el antiguo palacio arzobispal. Destacan sus bóvedas de crucería que cubren un amplísimo espacio sin más soporte central que el del Arco de Palacio. En ellas destaca la fantástica elaboración del granito en nervaduras y detalles, como es el cabello de las figuras, de un finísimo esculpido.

El Hospital Real, erigido por los Reyes Católicos en 1492 para acoger peregrinos y enfermos, constituye una brillante combinación de estilo plateresco y renacentista. Hoy es sede del Parador de Turismo.

El Palacio de Rajoy, este enorme y elegante edificio neoclásico frente a la Catedral, levantado en el siglo XVIII para seminario de confesores, da aún mayor grandiosidad a la plaza. Actualmente alberga la Presidencia de la Xunta de Galicia y el Ayuntamiento Compostelano.

El Colegio de San Jerónimo Fundado por Alfonso III de Fonseca en el siglo XV con portada románica, estilo que aun pervivía en Galicia en este siglo.

El Colegio de Fonseca, a espaldas del anterior, fue fundado también por Alfonso III de Fonseca para estudios de Teología. La portada es renacentista con columnas jónicas, en la Sala de Grados hay un admirable artesonado mudéjar y su bellísimo patio combina de forma brillante diversos estilos artísticos. Este edificio aloja la Biblioteca de la Universidad y el valiosísimo manuscrito mozárabe de Fernando I, Libro de Horas, del s. XI.


- La Plaza de las Platerías



Se llama así por los numerosos comercios de plateros que existen bajo las arcadas de la planta baja del Claustro de la Catedral. A ella dan:

La portada gótica de la Catedral, con una escalinata del siglo XVIII. Es la única de las primitivas fachadas románicas del templo. Destacan las figuras arquitectónicas de esmeradísima elaboración, como el Rey David en el centro del friso.

La Fuente de los Caballos, en su centro, obra de J. Pernas en 1825.

La Casa del Cabildo, fachada trazada por Fernández Sarela en 1758 para adornar la plaza, con su típico estilo de placas (barroco gallego).

La Casa de los Canónigos o la Conga, palacio porticado diseñado por Andrade en 1709, separando la plaza de las Platerías de la de Quintana.

- La Plaza de la Quintana



Una gran escalinata divide la “Quintana de los Muertos”, abajo, de la “Quintana de Vivos”, arriba. A ella dan el Pórtico Real, donde se sitúa la popular “Berenguela” o Torre del Reloj, que aunque fue iniciada en el 1316 fue renovada en el siglo XVII, constituyendo una excepcional torre barroca y la Puerta del Perdón que solo se abre cuando la festividad del Apóstol cae en Año Santo.

El Monasterio de San Pelayo de Antealtares con su severo muro de granito, contrasta con las anteriores. Es uno de los más antiguos monasterios de la ciudad, fue fundado en el s. XI por Alfonso II para custodiar la tumba del
Apóstol cuando fue descubierta. Su inmensa fachada tal como actualmente la vemos se debe a los siglos XVII y XVIII. Destaca el bello enrejado de sus ventanas, las portadas del siglo XVII, su cúpula y el museo de Arte Sacro del monasterio, que exhibe entre sus piezas el ara marmórea del altar del Apóstol.

La barroca Casa de la Parra, con sus plantas trepadoras, adornos frutales, gárgolas y chimenea, constituye un bellísimo broche que cierra la plaza.

- La Plaza de la Azabacheria



Debe este popular nombre al gremio de los azabacheros que tanta fama dieron a la artesanía compostelana. Aquí se halló la original puerta románica, llamada Puerta del Paraíso, principal entrada de los peregrinos, donde se desprendían de sus ropas a los pies de la “Cruz d’os Farrapos”, que tomaría su nombre de los harapos que allí dejaran los peregrinos. Hoy ha sido sustituida por la fachada neoclásica de Ventura Rodriguez.

El Monasterio de San Martín Pinario, el más monumental de Santiago, procede del oratorio que en el año 912 el obispo Sisnado dedicó a San Martín. En 1102 el obispo Gelmirez consagró la iglesia, llegando a ser un gran centro
religioso y su culto llegó a rivalizar con la Catedral. El edificio románico desapareció, al iniciarse en el s. XVI la construcción del actual convento. Su iglesia representa como ninguna el barroco compostelano, resaltando en su interior el Retablo Mayor de exuberante riqueza barroca.

Cercano al impresionante muro occidental del anterior se encuentra el Convento de San Francisco, que rememora la peregrinación de San Francisco de Asis a Compostela en 1213-1215. Según la leyenda San Francisco recibió una revelación divina por la que se le encargaba que erigiera un monasterio en “Val de Dios”, terreno propiedad de San Martín Pinario. El citado monasterio cedió el terreno a cambio de la entrega anual de un cestillo de peces, (solemne ceremonia que perduró hasta fines del siglo XVIII, en que los monjes de un monasterio solían entregar el citado tributo a los del otro monasterio). La financiación de tal proyecto debiera de hacerse con un tesoro que encontraría Cotolay en una fuente. Y así sucedió, Cotolay encontró el tesoro levantándose un edificio gótico del que hoy solo quedan cinco arcos en el patio de la sala capitular. El convento actual y sus dos claustros son del s. XVII y la Iglesia del XVIII.

La Estatua de San Francisco frente a la Iglesia fue realizada en conmemoración al séptimo centenario franciscano en 1930. Actualmente el monasterio alberga un interesantísimo Museo de Tierra Santa.

- Por los alrededores de la Universidad



Uno de los más bellos itinerarios de la ciudad es el que discurre por la Rúa del Villar y la Rúa Nueva, llenos de gente o con la poética atmósfera que da la lluvia en Santiago.

En la Rúa del Villar encontraremos bellísimas palacios como la barroca Casa del Deán, que nos lleva por esta sugestiva calle de soportales al Palacio de Monroy, renacentista y al Palacio de los Marqueses de Bendana, con su fachada neoclásica y portada barroca. Está rematada con un escudo y un atlas que sostiene el mundo, que según cuenta la leyenda, lo dejará caer cuando se cumplan una serie de acontecimientos (no se preocupen, pues es difícil que todo ello ocurra al mismo tiempo).

A sus espaldas, pasando por la más estrecha calle de Santiago; la de Entreruas, se llega a la Rúa Nueva, (no tan nueva, pues así se llama desde el siglo XII), donde se alza la torre barroca de la Iglesia de Santa María Salomé, templo románico que conserva su portada del siglo XII. Y desde allí se llega al Palacio de Ramirans, el de los Condes de Gimonde y la Casa de las Pomas, con sus pilastras de adornos frutales. A continuación está el Teatro Principal y el Palacio de Mondragón de bellísima sobriedad neoclásica.

Como contrapunto están la Rúa de la Reina y la Rúa del Franco, que junto con la del Villar hasta la Puerta Faxeiras, componen un divertido conjunto con la mayor concentración de bares, locales, restaurantes y alojamientos de la ciudad. Este escenario ofrece lo más animado de esta viva y atractiva ciudad.


HISTORIA



España es un país antiguo, con una historia de 3.000 años, pero es al mismo tiempo un país nuevo, joven, democrático y moderno, abierto a culturas extranjeras y con una notable presencia en los cinco continentes.

Nación marítima cuyas orillas han recibido a ciudadanos de todo el mundo a través de los años. Por ello, España es un país con enlaces atlánticos y americanos, y simultáneamente con profundas raíces europeas y mediterráneas.

Santiago de Compostela no sólo es parte de esa historia, sino que tiene un pasado propio.

Uno de los sucesos más importantes de la historia de nuestro país, tuvo lugar en el año 813. El descubrimiento del Sepulcro del Apóstol Santiago en una distante provincia del antiguo Imperio Romano, sometida en esa época a la invasión Islámica. Este hecho, con un significado religioso muy importante, yace en el origen de esta ciudad y atrae a miles de peregrinos de todo el mundo quienes, motivados por su fe, caminan al lugar del prodigio, convirtiendo así a Santiago de Compostela en una de las tres ciudades sagradas del mundo, junto con Roma y Jerusalén. Este evento fue fundamental no sólo para Galicia y España, sino también para el resto de Europa. Reyes, príncipes, emperadores, eruditos, artistas, mendigos, sacerdotes, cardenales, santos e incluso el Papa de Roma, vinieron a Santiago.

Desde el primer momento, para atender a esta muchedumbre que cruzaba los Pirineos camino de Santiago, se construyeron hospitales, puentes y hostales.

Este es el famoso Camino de Santiago declarado por el Consejo de Europa, Primer Itinerario Cultural Europeo, y dotado de incontables monumentos históricos, la mayoría de ellos notables obras de arte.


DESARROLLO POLÍTICO, ECONÓMICO Y DEMOGRÁFICO



Durante la Edad Media, la ciudad ejercía exclusivamente una función religiosa, a la que, más tarde, se añadió la centro comarcal y la de centro universitario. Debido a estas características, la agricultura y la industria tienen un papel poco importante dentro de la actividad económica, si bien en el último aspecto hay que destacar el progreso experimentado en el siglo actual. Su actividad industrial se centra en un pequeño número de industrias relacionadas con la madera y los tejidos, además de las alimentarias (especialmente lácteas).

Últimamente, debe añadírsele la industria química y la de la construcción. En la actualidad siguen persistiendo actividades de carácter artesanal, entre las que destacan la talla del azabache, la platería y la orfebrería. Pero, con todo, su actividad dentro del sector secundario no ha alterado su fisionomía de ciudad dedicada principalmente al sector terciario. Su función universitaria es de gran importancia para la economía de la ciudad, pues sus 15000 estudiantes proporcionan medio de vida a un gran número de familias. Esta actividad económica se complementa, a su vez, con la religiosa, pues en verano, cuando la universitaria tiene menos auge, es cuando la religiosa- turística pasa a primer plano.

La actividad industrial se ve favorecida por ser Santiago un importante centro de comunicaciones, dada su posición central en Galicia. Es también centro comercial de una amplia comarca, hecho que se refleja en las ferias y mercados que se celebran todos los jueves en la ciudad, si bien en los últimos años han experimentado un sensible descenso.

Las bases del desarrollo de la vida histórica y artística de Compostela son tradiciones de la predicación del apóstol Santiago y de la traslación y descubrimiento de sus reliquias.

Desde el descubrimiento del sepulcro del apóstol en el año 813, reyes y prelados fueron creando nuevas edificaciones y le concedieron nuevos privilegios. Las peregrinaciones, que durante los siglos XI y XII adquirieron gran auge, produjeron a Santiago de Compostela una gran repercusión, tanto de tipo ideológico y económico como artístico y fue en los siglos XII y XIII, época en que se escribió el “Códice Calixtino” (primera guía del peregrino), cuando la ciudad alcanzó su máximo esplendor. Paralelamente a estos acontecimientos la ciudad fue creciendo, ayudada, a partir del siglo XVI, por su condición de ciudad universitaria.


Monumentos


De la región gallega puede decirse que es toda ella un monumento. Monumento de belleza natural y monumento artístico levantado a través de los siglos por el genio humano. Pero las bellezas arqueológicas y arquitectónicas quedan realzadas por esa belleza natural, formando parte integrante una de otra. Cuando verdaderamente brilló el arte en Galicia fue en los siglos de la Edad Media. Las peregrinaciones jacobeas favorecieron el impulso arquitectónico, y todo el saber artístico de Europa unido al genio autóctono, se dieron cita por las rutas de la fe. La catedral de Santiago de Compostela es el compendio de tanta grandeza. Todas las vertientes del arte tuvieron acertada cabida en ella: la arquitectura, la escultura, la pintura, las artes suntuarias. Y no sólo es Santiago, sino que en todo el suelo gallego se levantaron catedrales, monasterios, hospitales, pequeñas capillas y cuantas construcciones impulsaba la fe de aquellos peregrinos.

Junto a las numerosas catedrales románicas en toda Galicia hay numerosos conventos que, en otros tiempos, además del interés artístico que todavía conservan, lo tienen histórico y cultural; fueron cunas del saber y difusores de civilización.

Galicia es también tierra de castillos. Cuando en tiempos en que la defensa de la fe contra los infieles constituía un orgullo para el caballero cristiano y era una forma más de orar, se levantaron muchos castillos. Bajo el impulso del arzobispo Gelmírez se elevaron varios monumentos en el estilo robusto del románico. También la arquitectura civil tiene buenos ejemplares en toda la región gallega.

Un tipo de construcción típica de Galicia es el pazo. EL pazo es un edificio de vivienda intermedio entre el palacio, la casa rural y el castillo. No suele tener la grandeza de espacio ni suntuosidad del primero, ni el aspecto y finalidad defensivo del último.

Queda por citar los numerosos cruceros que se yerguen en toda la región. Los hay que son verdaderas maravillas del arte escultórico.

Como pocas ciudades del mundo cristiano, Santiago de Compostela conserva un maravilloso conjunto artístico monumental que, como gloriosas reliquias de diferentes épocas, armonizan con el punto culminante que es su catedral.

Meta y síntesis de una idea espiritual, de una fe milenaria y de un esfuerzo de muchedumbres, la catedral jacobea y los monumentos que la circundan fueron asimismo el punto de partida de la nueva orientación que desde su creación alentaría a buena parte del arte de Occidente.


LA CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA


Esta grandiosa mole, realización máxima del románico español y meta final del famoso Camino de Santiago, empezó a construirse en el año 1075 sobre lo que la tradición señala como la tumba del apóstol Santiago el Mayor, decapitado en aras de su fe y de su predicación en Palestina hacia el año 42.

El hecho de su enterramiento en Compostela no está aclarado o rotundamente definido por los historiadores, y al que no se acaba de encontrar más motivo humano que la creencia de que el apóstol estuvo en España y llegó a predicar hasta las tierras gallegas (muy fuerte es la tradición de su paso por la ribera del Ebro, en Zaragoza, y de cómo se le apareció la Virgen del Pilar), motivo que, por contraposición, habría que atribuir a un inalcanzable designio divino. Sigue creyendo esta tradición que el cuerpo muerto del santo mártir fue trasladado en una barca a Galicia por sus discípulos.

El fenómeno fundamental que nos ocupa es que, a partir del año 813 en que se descubrió en Compostela (Campus stellae) el arca con las supuestas, en principio, reliquias del apóstol, empezaron a afluir las peregrinaciones, y con ellas, a crearse el mayor núcleo de arte en tierras de Hispania. De estas peregrinaciones ya se tienen testimonios desde el siglo IX, y ellas fueron el vehículo de una cultura que, partiendo de los grandes monasterios (Roma, Cluny), se extendería a lo largo de las diversas rutas que se daban cita de fervor en Santiago de Compostela. Su catedral llegó a ser el mayor receptáculo: templo de Dios y casa de oración; refugio de los creyentes y descanso de peregrinos.

Sobre el lugar del descubrimiento de la tumba, Alfonso II el Casto de Asturias (791- 892) hizo levantar una modesta iglesia y un monasterio donde los monjes pudieran atender a los peregrinos; Alfonso III el Magno (866- 910) ampliaría posteriormente esta primera iglesia. Ampliaciones, donaciones y preocupación por dotar de la mayor dignidad posible al lugar, ya no cesarían en los siglos siguientes. Fueron los primeros pasos para el esplendor que hoy se contempla en Compostela.

Cuando en el siglo XI, y sobre estas primitivas construcciones. Se emprendió la gran empresa de la catedral se reunieron ya en ella todas las soluciones técnicas descubiertas hasta el momento. La arquitectura y todas las aretes plásticas contarían con su honroso lugar en este templo catedralicio.

El edificio está casi en su totalidad construido en granito de Galicia. Los planos forman una planta de cruz latina con tres naves en el sentido longitudinal y tres en el crucero que dan entrada a la girola. La nave principal mide unos 97 metros de longitud por más de 8 de anchura y 24 de altura y está cubierta con bóveda de cañón; en las naves laterales, más bajas y con bóvedas de crucería, se abren numerosas capillas entre los contrafuertes. Las naves están separadas por pilastras macizas con columnas adosadas; un elegante triforio con balcones de ajimez se extiende sobre estas naves laterales rodeando todo el templo.

Los grandes ventanales dan al interior una nota adecuada de luz. Sobre el cruce del transepto, de 64 metros de largo total, se alza la cúpula octogonal apoyada sobre trompas y circundada por una galería con balaustrada de piedra, columnas bizantinas y rasgados ventanales. Por medio de un sistema de poleas en un armazón de hierro pende el famoso Botafumeirto, gigantesco incensario que se acciona en las grandes solemnidades y a lo largo de los brazos del crucero alcanza una altura de vaivén que casi roza las bóvedas.

Entre los siglos XIII y XIV es posible que empezase a funcionar el Botafumeiro, uno de los más conocidos elementos históricos y populares de la basílica compostelana. Símbolo sobre todo de purificación espiritual, este gran incensario, que precisa para ser movido sobre las alturas de la catedral de un nutrido grupo de 8 hombres conocidos con el nombre de tiraboleiros, fue desde su inicio uno de los muchos motivos de asombro y admiración para los peregrinos acogidos en las naves catedralicias. El actual Botafumeiro tiene 1,10m de altura, pesa 50 kilos y es de latón plateado, fue realizado en Santiago a mediados del siglo pasado.

La capilla mayor conserva su estructura románica, aunque los gustos posteriores le han ido añadiendo barrocas ornamentaciones. Las antiguas columnas y pilares de granito están recubiertos de finos mármoles y de jaspes. El altar es de mármol y está revestido de plata en el antipendio. El sagrario, el camarín con la imagen del apóstol, los púlpitos de bronce, las rejas, el baldaquino y las lámparas forman un recargado conjunto de un riquísimo barroco, aunque no por la profusión desmerece lo artístico.

Debajo de esta capilla, y más concretamente del altar, se halla la cripta a la que se desciende desde ambos lados de la girola. En ella se encuentra la tumba de apóstol, cuyo sepulcro romano está cubierto por una urna de plata cincelada en el siglo XIX sobre modelo románico. En este pequeño recinto es donde se centran tantos siglos de historia con su carga de arte y de religiosidad.

Todas las capillas del ábside y de las naves laterales tienen su especial significación y conservan sus buenas muestras artísticas de diferentes épocas, así como testimonios de la historia española. En el ábside se abren cinco que armonizan con la amplia girola; la más antigua es la del Salvador (1075) que es la parte por donde se empezaron las obras definitivas de la catedral. También a esta girola se abre la Puerta Santa, o Puerta de los Perdones; tapiada de ordinario, sólo se abre en el curso de una solemne ceremonia cada Año Santo Compostelano, que se celebra todos los años en la fiesta de Santiago Apóstol cae en domingo.

En el centro de la nave central se encuentra el coro, con sillería tallada en el siglo XVI en estilo grecorromano. En él están colocados dos grandes órganos y entre otros recuerdos, el gallardete que don Juan de Austria llevó en su nave en la batalla de Lepanto.

De las numerosas capillas laterales, destaca por su antigüedad la de Corticela. En cada una de ellas se encierran verdaderos museos y, entre todas, es incalculables el valor histórico y artístico de sus obras de arte: esculturas, sepulcros, retablos, orfebrería, rejas, etc.

La hermosa sacristía presenta una bellísima portada plateresca con buenos relieves, y también constituye por sí misma un rico museo: cajoneras de caoba, mesas de jaspe, pinturas y objetos del culto. Por la sacristía se accede al gran claustro, uno de los más hermosos que existen en España. De planta cuadrada, de unos 40 metros de lado, fue construido en el siglo XVI según planos de Juan de Álava.

Otras dependencias de la catedral muy dignas de elogiar son el archivo donde se conserva un buen número de libros notables, entre ellos el Codex Calixtinus, con miniaturas del siglo XII y los tumbos catedralicios de la misma época; la sala capitular, con buenas colecciones de tapices, vestiduras, ornamentos, pinturas y orfebrería; la capilla de las Reliquias y el tesoro catedralicio.

Pero, si todo en esta catedral tiene magnificencia y celebridad, nada hay comparado con el famosísimo Pórtico de la Gloria, prodigio de iconografía, la joya más preciada del templo y la cumbre del románico español. Fue labrado en granito de la región por el maestro Mateo en el siglo XII y está ejecutado con una extraordinaria profusión de figuras exentas o adosadas a las columnas: Cristo, apóstoles, santos, profetas, ángeles, fieles, monstruos simbólicos, instrumentos músicos, flora, fauna, escenas “parlantes” de pasajes de la Biblia y de los Evangelios.

Los rostros, las posturas, los ropajes son de un tal realismo que sólo les falta el movimiento para ser una escena viva. Detrás de este pórtico, en el interior del nártex, la figura pétrea arrodillada del propio maestro Mateo, llamada por los lugareños el Santo dos Croques, recibe el saludo de los visitantes con un golpe de cabeza a cabeza.

El exterior de todas estas maravillas lo constituyen sus fachadas con sus portadas. Cada una de ellas se abre a una plaza donde también asoman otros monumentos importantes. La fachada más antigua de la catedral es la de las Platerías, que da nombre a la plaza frente a la soportalada Rúa del Villar, la calle más típica de la ciudad. Sobre esta fachada se yergue la torre del reloj, comenzada en 1316 y concluida por Domingo de Andrade entre los años 1676 y 1680.

La gran portada de esta fachada es románica, con dos pisos y dos puertas de acceso separadas por un haz de columnas; encima de cada una de estas puertas hay un tímpano con escenas de la vida y pasión de Cristo y diversas figuras en las jambas; sobre ambos arcos de medio punto corre unido un friso de figuras de perfecta armonía. Otra de las fachadas es la de la Quintana, que también se abre a la plaza de su mismo nombre. Corresponde a la cabecera del templo catedralicio y en ella se halla la Puerta Santa. Sobre esta fachada del Obradoiro, la principal del templo y la que cobija el Pórtico de la Gloria.

Con sus doscientas figuras maravillosamente talladas constituye una de las más valiosas obras del arte románico universal. En el centro, una columna fasciolada de varias articulaciones sostiene el tímpano, y ante ella, en otra columna, la imagen sedente del Santo Patrón. En el tímpano aparece Cristo entronizado, rodeado de ángeles enmarcados por 40 ejércitos celestiales; en las arquivoltas, los 24 ancianos del Apocalipsis tocando instrumentos musicales. Y los pilares, a derecha e izquierda, están rodeados de columnas profusamente esculpidas con las figuras del Antiguo y Nuevo testamento. Todo el conjunto de esta monumental fachada forma un gigantesco retablo de piedra, suma y síntesis del arte barroco.

La base de la fachada está elevada del nivel del suelo, y a ella se llega por una majestuosa escalinata doble a dos vertientes proyectada por el arquitecto Fernando de Casas y Novoa. El conjunto de esta composición barroca es un prodigio de armonía y de equilibrio. El cuerpo central está flanqueado por dos torres de 70 metros de altura. La profusa decoración es de sorprendente factura y se debe especialmente a artífices compostelanos. Todo este poema en piedra tallada, hace de Santiago de Compostela una ciudad cumbre a la vez del románico y del barroco.


OTROS MONUMENTOS



Suele decirse que Santiago no es una ciudad con monumentos, sino que el monumento es la misma ciudad. Y de esta suprema armonía hay que citar, al menos, otras joyas de su arquitectura.

Otras edificaciones de carácter religioso son: la iglesia de San Félix, la más antigua de la ciudad, que data del siglo VI y fue reedificada en los siglos XII y XVIII; la románica de Santa María Salomé, del siglo XII; los monasterios de San Martín Pinario, fundado en el año 899, uno de los más importantes de Galicia, y el de San Payo, o San Pelayo, posiblemente de la misma época y reconstruido con posterioridad en estilo románico (actualmente en éste está instalado el Museo de Arte Sacro). Entre los conventos hay que destacar el de San Francisco, gótico del siglo XIII, su contemporáneo de Santo Domingo, que guarda sepulturas de personajes ilustres gallegos(Rosalía de Castro) y donde además son notables su claustro del siglo XVII, una escalera de caracol de bellísima perspectiva y la instalación del museo y del archivo municipales.

Muy bien representada está también la arquitectura civil, de diversas épocas: el sobrio colegio de Fonseca (s. XVII), con fachada renacentista, claustro y elegantes salones; el palacio de Gelmírez, del que se ha dicho que es “el monumento civil románico más notable de España”, construido bajo los auspicios del primer arzobispo de la ciudad, Diego Gelmírez en el siglo XVIII, y donde destacan sobre su frontispicio escenas alusivas a la batalla de Clavijo.

Lo que hoy ocupa el Hostal de los Reyes Católicos, fue el antiguo hospital y hospedería de peregrinos, testigo callada de siglos de historia. Su fachada forma un rico retablo pétreo de estilo plateresco, cuajado de figuras medallones, cenefas y alegorías talladas con finísimo detalle. En su interior, patios, arcos, salas y puertas completan este ejemplo de primer orden.

Entre algunas de las célebres casas de la ciudad, hay que recordar la de la Troya, cantada en la literatura, la del Deán y la del Cabildo. La universidad cuyo mundo estudiantil da un carácter muy peculiar a la ciudad, tiene su origen en el siglo XVI, pero su actual emplazamiento data del XVIII.

A las afueras de la ciudad, se halla la colegiata de Santa María la Real del Sar, con interesante templo románico del siglo XII y restauraciones posteriores. Guarda varios sepulcros de los siglos XIII y XVI y es notable su claustro, también románico y uno de los más bellos de Galicia.


Arte románico



Este arte floreció sobre todo en los países latinos en los siglos XI, XII y mediados del XIII, según las zonas.

No debe ser impuesta ni ignorada la influencia de los caminos de peregrinación, ya que estos se recorrían en las dos direcciones, y las conexiones entre dos obras eran a menudo recíprocas, sin contar con que se conjugaban con otras influencias interregionales.


CARACTERÍSTICAS:



- Un “arte funcional”.



Este arte no está hecho para ser visto, sino para existir y para ser practicado. Toda la técnica románica se podría, en cierto modo, presentar como la solución indefinidamente variada de un único problema arquitectónico: para limitar los daños acusados por los incendios catastróficos, tan frecuentes en la Edad Media, se sustituyó el maderamen por bóvedas de piedra.

Pero su excesivo peso tendía a derribar los muros y para evitar esto se recurrió a diversos procedimientos: una nave central apoyada por naves laterales o por tribunas, cuya bóveda en cuarto de esfera quedaba apuntalada en el muro de la nave formando de este modo una especie de contrafuerte continuo; unas bóvedas de medio punto transversales, cuya tensión quedaba retenida por los dos extremos macizos de la entrada y el crucero; o una línea de cúpulas que repartían las fuerzas de empuje entre los cuatro ángulos.

Igualmente la decoración románica era funcional. Esculturas, pinturas, herrajes y vidrieras no tenían ningún valor por sí mismas, sino que servían para resaltar o modular la arquitectura. Ante todo se esculpieron las bases y los capiteles, tales del edificio; por el contrario, hay menos esculturas románicas propiamente dichas. Hay fachadas adornadas con las famosas “estatuas- columnas” (Santiago de Compostela).

Se trata de obras de transición románica, puesto que estas estatuas se alargan en columnas de acuerdo con su función arquitectónica, pero ya con otra orientación y se convierten en “estatuas”. En la etapa siguiente aparecerán los pórticos grarnecidos con estatuas exentas. Son excepción las imágenes de Cristo (Carrizo, de Fernando y Sancha) y sobre todo de las Vírgenes románicas (Astorga). Funcionalmente, la iglesia debía adaptarse a las liturgias para las que había sido concebida. Esto es evidente en los planos de los grandes templos de peregrinación. A fin de evitar las aglomeraciones, de las que se quejaban las crónicas, se estableció una circulación, por las naves laterales y el deambulatorio en los tres niveles.

En la iglesia románica todo estaba concebido para la liturgia: las aberturas, bien repartidas para distribuir la luz gradualmente en el lugar y a veces en el momento deseado; las rejas, que impedían al profano la entrada en el santuario, pero que le permitían ver las ceremonias; los ornamentos, los cálices o los incensarios que dejan filtrar el humo oloroso (Botafumeiro de Santiago de Compostela); el altar mayor románico era una piedra cúbica erigida a una altura adecuada para desarrollar el sacrificio eucarístico; el fresco, que se amoldaba a los muros y recovecos sin romper la continuidad, como se ve todavía en las numerosas iglesias pirenaicas.


- Un arte del material.



Al contrario que un arte preocupado de exteriorizar el genio del artista, o incluso a veces de hacerse virtuosismo, imponiendo su ley sobre la materia, el arte románico se convierte intencionadamente en tema de sí mismo; el arte románico resalta la belleza de los diferentes materiales que utiliza. La madera conserva todas sus fibras y el metal está cincelado; el esmalte es una transmutación alquímica. Este arte, lejos de pretender ser “creador”, pone su inteligencia y los dones del artesano al servicio de la creación para mejor servir a sus potencialidades. De esta forma no sólo será menos peligroso para su entorno, sino que al situarse en la prolongación de la creación, por así decirlo, en asociado, expresará el misterio mejor que lo podría hacer un reflejo solamente realista.

- Un arte de lo sagrado.



Los románicos introdujeron escenas historiadas hasta en los capiteles, que, durante toda la antigüedad, como más tarde en la época gótica, tenían únicamente temas ornamentales. Pero incluso en el fresco, estos artesanos no pretendían solamente hacer uel cuadro del mundo visto desde el exterior, y por consiguiente de lo que puede haber de más superficial. En este sentido es en el que , al parecer, debe entenderse el simbolismo románico. Se trata de un simbolismo, de otro lado fundamental, que actúa de entrada a partir de las mismas formas y de su efecto natural. Pero es toda la naturaleza y la historia misma las que se ordenan y se juntan para llegar a ese misterio de salvación que está en la creación del mundo y en su redención; misterio que no es otro, en definitiva, que Dios, Creador y Salvador en su Verbo Divino. Para los monjes que transcribían los textos, el arte románico extrajo continuamente de esta fuente una visión del mundo basada en la revelación bíblica. De este modo, las realidades más banales estaban muy lejos de ser excluidas de este arte, que era lo suficientemente sano como para no buscar lo espiritual en la extenuación de la materia. No deja de exteriorizarse aquí el talento de los artistas, y la alegoría de las virtudes adoptaban formas de personajes reales o de una gracia bien femenina según fueran las tendencias regionales.

- Ley funcional.


Por ejemplo, para seguir el contorno de los capiteles y resaltar en la forma su misión de soporte reforzando los ángulos superiores, los escultores reunían en una única cabeza monstruosa dos cuerpos de leones que guarnecen el resto del capitel. El escultor tuvo cuidado de hacer que la figura adoptara no la vertical, de acuerdo con las leyes de la física, sino la curva funcional del capitel.

- Ley del material.



No se encuentra en muchos tímpanos pliegues en los vestidos, sino una talla cavada, grabada o jugando con los planos paralelos para rimar las piedras erigidas, como habían hecho los celtas. Por el contrario, no esperamos que los ornamentos sacrifiquen la suavidad agradable de las telas a la ambición de hacer de ellas un soporte de representación, como ocurrirá con la casulla “romana”.


- Ley simbólica.



Es la más decisiva de todas, pues una explicación por la inquietud hacia la función y respeto del material, valdría lo mismo para el arte materialista. Pero todo lo que sabemos de los hombres de los siglos XI y XII nos asegura que su visión era fundamentalmente religiosa. Si no construían salas de techos bajos como nuestros cines, sino bóvedas altas, aumentando considerablemente los problemas técnicos, era para que las iglesias cumplieran mejor con su función espiritual de conducir al recogimiento y a la oración. Si respetaban la piedra, la madera o el metal, era por ser creación de Dios. Y todo ello les predisponía a asumir un arte que el exterior de las cosas como de evocar el misterio sagrado que constituía para ellos la verdadera realidad de que son portadores el mundo y la historia. De ahí que todo este arte románico sea únicamente para la iglesia y el culto, sino que merece en este punto el calificativo de sagrado. Y he aquí el cambio de mentalidad que hace pasar del Cristo- Dios de Moissac al Cristo- Hombre del tímpano real que abre el camino al gótico.

Camino de Santiago



CAMINO DE SANTIAGO



El fenómeno de peregrinación surgió fuertemente como una corriente de fe ligada al culto de las reliquias. Hacer el camino sigue siendo un inigualable acto de recogimiento, meditación y cultura, ya sea por motivos personales o para alejarse de la presión cotidiana.

Las masivas peregrinaciones a Compostela revitalizaron las diversas manifestaciones de la sociedad: cultura, arte, religión economía, monacato y liturgia. El mismo fenómeno de las peregrinaciones imprime a la ciudad su carácter cosmopolita como consecuencia de la continua afluencia y confluencia de multitud de culturas.

En los siglos XII y XIII el Papa Calixto II concedió a la Iglesia Compostelana el “Jubileo Pleno de del Año Santo” y Alejandro III lo declaró perpetuo, convirtiéndose Santiago de Compostela en Ciudad Santa junto a Jerusalén y Roma. El Año Santo se celebra cada vez que la festividad de Santiago Apóstol, el 25 de Julio, cae en Domingo, y se proclama año Jacobeo o jubilar. Este siglo tiene 4, la próxima fecha será en 1999.

Santiago se convierte en el santuario del orbe cristiano más visitado, superando con mucho a Roma y Jerusalén. Santos, reyes, caballeros, burgueses, artesanos y campesinos, con o sin cortejo, a pie o a caballo, dejando relatos del viaje o anónimamente se acercaron a Compostela. Un embajador del emir Alí Ben Yusuf se asombraba en el siglo XII de tal movilización: “Es tan grande la multitud de peregrinos que van a Compostela y de los que vuelven, que apenas queda libre la calzada hacia occidente”. La lista de las naciones que se congregaban en la catedral es numerosa según el Códex Calixtinus, cuyo libro V es una compleja guía medieval de la peregrinación.

Con la Reforma, el espíritu humanista y las guerras de religión descendió la afluencia de peregrinos. En 1588 el arzobispo San Clemente ocultó precipitadamente las reliquias ante el peligro de un ataque inglés y aunque el flujo de visitantes medró en la época triunfal barroca, casi desaparece en el s. XIX. Sólo el tesón del cardenal Payá, que descubre los restos durante unas excavaciones y la certificación de autenticidad expedida por León XIII en su bula Deus Omnipotens (1884), consiguieron una repercusión del antiguo fenómeno, del que hoy somos herederos con un crecimiento espectacular. En los años 1982 y 1989, por vez primera en la historia, un Papa, Juan Pablo II, peregrinó también a Compostela.

La red de caminos jacobeos a Santiago, por su función difusora de las manifestaciones culturales y a la vez creadora de una identidad común entre los pueblos del viejo continente, fue ratificada como Primer Itinerario Cultural Europeo en 1987 por el Consejo de Europa, y más tarde Patrimonio Cultural de la Humanidad.


¿QUIÉNES PEREGRINAN?



Gotescalco, obispo de Le Puy, es uno de los primeros peregrinos de los que tenemos noticia. Se dirige a Compostela, en el año 950, al frente de una gran comitiva. Cesáreo abad de Montserrat, lo hace en 959. En 1065 llega a Compostela una gran peregrinación desde Liège. El conde de Guines y el obispo de Lille peregrinan a Compostela en 1084.

En el siglo XI las peregrinaciones se han incrementado notoriamente. Alfonso VI suprime el portazgo del castillo de Auctares, a la entrada del reino de Galicia, en 1072; lo hace “a favor de los peregrinos que de España, Francia, Italia y Alemania se dirigen a Compostela”.

El siglo XII marca el apogeo de las peregrinaciones. El mismo Papa Calixto II es gran simpatizante de Compostela.

En medio de las multitudes de peregrinos hallamos frecuentemente insignes personajes: obispos, magnates, reyes, santos, etcétera. El mismo Francisco de Asís peregrina en medio de estas confusas y, a veces, turbulentas masas.

¿CÓMO PEREGRINAN?



Los peregrinos generalmente, salían en grupo para mutua protección. Reunidos, en el lugar de partida, Arles, Le Puy, Vézelay, Orleáns, etcétera, les despedía el pueblo con un solemne acto religioso, imponiéndoles, bendecidos, los atributos o prendas de la peregrinación. El sombrero para el sol; la esclavina para el frío y el agua; el morral para la comida; la calabaza para el agua o el vino; el bordón para defensa y apoyo. La concha, “vieira”, que los peregrinos llevaron de Galicia, pronto se convirtió en símbolo de la peregrinación jacobea.

Los peregrinos que certificaban ser verdaderos peregrinos, no maleantes o vagabundos, recibían acogida en el gran Hospital de los Reyes Católicos. Todavía hoy se conserva esta tradición. Comprobada la condición de peregrino, se le presenta orientación y ayuda, “la Compostela”.


Las rutas



Puesto que la gente venía toda de Europa, existen varias rutas a Compostela y ningún punto de partida ” oficial “. Los mismos peregrinos han sido los que han trazado su camino, utilizando las dos únicas entradas seguras de los caminos romanos en los Pirineos occidentales. La ruta de Port de Cize (Ibañeta), que facilitaba el paso a la gran vía de Bordeaux- Astorga, o la ruta de Somport para la vía de Bordeaux- Dax- Jaca- Zaragoza.

En los primeros años de la peregrinación el Camino ha sufrido varias modificaciones. La retirada de los invasores árabes y la formación de los nuevos reinos contribuyeron a ello.

Sancho el Mayor, en Navarra (995-1035); Alfonso VI, en Castilla y León (1065-1109), y Sancho Ramírez en Navarra y Aragón (1076-1094), contribuyen a fijar definitivamente la ruta de los peregrinos a Compostela.


EL CAMINO FRANCÉS



En Francia solamente, había cuatro ciudades que marcaron los puntos de partida de diversas rutas a Santiago: Arles (vía Tolosana), Le Puy (vía Podense), Vézelay (vía Lemovicense) y Orleáns (vía Turonselle). Los peregrinos que seguían la ruta de Arles, Toulouse, Oloron salvaban los Pirineos por el puerto de Somport. Las otras tres rutas se fusionaban a la altura de Ostabat para ascender luego al puerto de Cize (Ibañeta). Mucha gente simplemente comenzaba a recorrer hacia los Pirineos desde donde viviesen.

En España, estas rutas están combinadas en dos rutas principales: Camino Aragonés para los que cruzaban los Pirineos por el paso de Somport, y el Camino Francés para los que cruzaban los Pirineos a través del paso de Roncesvalles. Todavía hay otras rutas, viniendo de los puertos españoles norteños y de la España meridional, unidas el Camino Francés antes de la llegada a Santiago. De todas las rutas, el Camino Francés es en gran medida el más importante históricamente y en épocas modernas.

Hubo un viajero, Aymerico Picaud, monje francés, que nos legó en el siglo XII la crónica de su peregrinación. Esta ruta se ha llegado a distinguir como el ” Camino Francés”, la ruta jacobea por excelencia, la más conocida y transitada.

Entra en España por Roncesvalles, atravesando tierras de Navarra, La Rioja, Castilla y León, para, siguiendo las estrellas, comenzar en Galicia a través de las sierras de los Ancares y de la “catedral verde” del Caurel, llevando a los peregrinos hasta el final del mundo conocido (donde la tierra moría en el mar o existía la ultima estrella de la vía láctea según los celtas, denominado también camino del Arco Iris).

El camino francés sigue el antiguo camino romano Vía Traiana desde Burgidala (actual Burdeos) hasta Austurica Augusta (Asturias).

Camino Aragonés: El tramo aragonés atraviesa el puerto de Somport, en la provincia de Huesca, para salvar la cordillera de los Pirineos.

En la ruta de Somport hay tres etapas:



- Primera etapa: de Borce a Jaca.



1. Borce: Pertenece todavía a territorio francés. Es el punto de partida del Camino de Santiago, en su tramo aragonés.
2. Canfranc: Es la pimera población surgida en función del Camino.
3. Iguacel: Su iglesia es el primer ejemplar románico en Aragón.
4. Castiello de Jaca: Conserva vestigios de un antiguo castillo y un templo románico del siglo XVII.
5. Jaca: Ciudad de enorme importancia no sólo en la ruta de la peregrinación sino en la propia historia del antiguo reino de Aragón, de la que fue capital hasta el siglo XI. La catedral de San Pedro, de mediados del siglo XI, es de estilo románico. A destacar la Capilla plateresca de San Miguel y la Capilla renacentista de La Trinidad. En el claustro se aloja el Museo Diocesano, cuya colección de pintura mural románica y gótica se considera la segunda en importancia del mundo.

- Segunda etapa: de Jaca a Monreal.



1. Berdún: Población de origen prehistórico que conserva un interesante aspecto medieval.
2. San Juan de la Peña: La iglesia, subterránea, es del siglo X con otras partes del siglo XI. El claustro es del XII. Panteón real de la corona.
3. Tiermas: Recinto amurallado. Las antiguas termas romanas han quedado anegadas por el agua del pantano de Yesa, al igual que la vieja calzada de peregrinos.
4. Javier: Castillo, cuna de San Francisco Javier, poblado prerromano en la zona de El Castellar.
5. Leyre: Monasterio de San Salvador, corte y Panteón Real de los monarcas navarros.
6. Sangüesa: Población de origen romano que adquirió impulso a partir de la construcción de un nuevo puente sobre el río Aragón en el siglo XI. Iglesia de Santa María la Real, siglo XII, románico de transición al gótico. Está declarada monumento nacional. Iglesia de Santiago de fines de siglo XII de estilo románico de transición. Iglesias de San Salvador y San Francisco. Buenos retablos góticos y renacentistas.
7. Monreal: El castillo de la colina da nombre al pueblo “Mons Realus”. Conserva puente gótico sobre el río Elorz.


- Tercera etapa: de Monreal a Puente la Reina.



1. Otano: Iglesia medieval de San Salvador y Puente Medieval sobre el río Elorz.
2. Tiebas: Ruinas del Castillo erigido en el siglo XIII. Iglesia románica de transición al gótico.
3. Eunate: Ermita románica de la Virgen de Eunate de finales del XIII.
4. Obanos: La ermita de San Salvador y una cruz se-alizan la unión de los caminos procedentes de Somport y Roncesvalles.
5. Puente la Reina: Lugar de confluencia de las principales rutas de peregrinación, surge la población ante la necesidad de vadear el río Arga en el siglo XI. El acceso a la ciudad se hacía bajo una bóveda de crucería delante de la Iglesia del Crucifijo. La calle mayor constituye un buen conjunto monumental al ser la calle original. Se conserva el puente románico primitivo. La Iglesia de Santiago alberga una talla de Santiago.





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