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Alejandro Magno parte 2 - Monografía



 
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Mosaico de la batalla de Issos



Fue una dura batalla, bautizada después como la batalla de Issos; pero cuando Darío vio que su ejército comenzaba a retroceder, huyó. Los pocos rivales de Alejandro que quedaban en combate vacilaron ante la huida y decidieron rendirse también, por lo que los griegos y macedonios se consagraron vencedores, organizaron una carnicería y saquearon el tesoro de Darío. Esta derrota supuso un giro de 180 grados en la historia persa, pues el gran rey había sido derrotado en su territorio. Después de esto es rey de Esparta inició contactos con los sátrapas, los atenienses intentaron negociar con los persas y Asia Menor estaba conquistada sólo en parte; pero esto no cambió las cosas para los persas. Darío pidió a Alejandro la libertad de sus parientes ofreciéndole un rescate, y quiso entablar amistad con su contrincante, pero éste

se negó en redondo. Según Arriano, las palabras exactas de Alejandro fueron: “Soy el dueño de Asia… el favor de los dioses me ha convertido en señor de tu imperio”. Un tiempo después, Darío hizo una nueva oferta: 10.000 talentos y la mitad de su imperio (hasta el límite del Eufrates). Los generales aconsejaron a Alejandro que aceptara, pero éste se negó.

Conquista de Siria



Alejandro se dirigió firmemente a conquistar Siria. La mayoría de las ciudades no ofrecieron resistencia alguna; excepto Tiro y Gaza. Los puertos de Tiro eran muy importantes, por lo que la posesión de la ciudad se hacía indispensable para los macedonios. Ésta, dad su situación en el medio del mar, se creía inalcanzable para los invasores. Primero intentó negociar amablemente con Alejandro, pero no tenían pensado dejarle desembarcar en la isla. El macedonio adoptó entonces medidas más estratégicas. Decidió construir una carretera sobre torres de madera que fuera hasta la isla desde tierra firme. Los habitantes de Siris no pudieron evitar la astucia de los rivales. Aún así la escuadra alejandrina no pudo desembarcar en los puertos de la ciudad. Aún así consiguieron tomar Tiro; exterminando o esclavizando a sus habitantes (año 332 a.C.). Gaza, capital filistea, pudo resistir dos meses los ataques, luego fue tomada igualmente.
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Estatua de Alejandro



El oasis de Amón



Alejandro continúa su camino y entra en territorios egipcios. Cuando llegó a Pelusa encontró su flota ya anclada en el puerto y la hizo remontar sobre el Nilo mientras él, por tierra, se encaminaba a Menfis. Allí encontró un gran tesoro que le resolvió bastantes problemas. Dado el régimen militar sobre el que se basaba la civilización egipcia del momento, no pudo evitar el parecer un liberador a los ojos de los habitantes del país al conquistarlo y no tratar a las personas con la dureza con la que prácticamente los habían esclavizado antes. Para conseguir la “simpatía” de los egipcios y que no se sintieran tan explotados, veneró a los dioses locales casi con el mismo énfasis con el que adoraba a los suyos; llegando a construir incluso dos santuarios, el equivalente egipcio al templo griego. Bajó por el Nilo montado en el trono de los faraones hasta llegar a un lugar cercano a Canope, lugar donde fundaría una ciudad: Alejandría. Después peregrinó hasta el oasis de Siwa, situado en el desierto libio, donde se encontraba el templo al dios Amon-Ra; dios tocado con dos cuernos en la cabeza y al que los griegos adaptaron a su cultura con el nombre de Zeus-Amon.
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Templo de Amón (Luxor)



Los historiadores no terminan de ponerse de acuerdo en cuanto a la razón de su peregrinaje. Unos afirman que fue al oráculo pidiendo orientación sobre cual sería su destino, y este le reveló su divinidad;

otros piensan que él ya estaba convencido de su propia divinidad y pidió al oráculo las propiedades divinas de las cual se creía merecedor. Sea cual fuera la verdadera razón que le llevó allí el resultado fue el mismo. Tras haber pasado grandes penurias en el viaje, durante el cual estuvo convencido de que iba a morir de sed, después de la visita al oráculo y haber escuchado las afirmaciones del sacerdote que este regentaba y que le llamó hijo de Amón; Alejandro se convenció de ser hijo de Zeus o Amón y quiso mostrarse a la altura de las circunstancias al saberse hijo de tal elevado padre. Este sentimiento de autodivinación no fue sino el resultado del conjunto de tradiciones religiosas egipcias que se le inculcaron en el templo conviviendo tanto tiempo entre la antiquísima cultura faraónica.
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Estatua de Alejandro



Babilonia y Parsa



Alejandro, siguiendo su costumbre conquistadora, no se fue de Egipto sin haber antes organizado el sistema social, político, económico y militar a su manera, En resultas, adaptando la cultura y sociedad local a la grecomacedonia, a la cual estaba acostumbrado. En Egipto comenzó construyendo un puente sobre el Nilo para que sus hombres lo cruzaran más fácilmente. Luego volvió con su ejército a conquistar Asia de nuevo. Daría, dispuesto a luchar otra vez, reunió otro gran y desorganizado ejército alrededor de Babilonia. Alejandro decidió no volver por el desierto y llego pasando por Nisibis y atravesando fácilmente el río. Darío aguardaba a su rival un poco más allá, en la llanura de Ganganela (septiembre del 331 a.C.). Después de la derrota que había sufrido en el valle de Isos decidió que era mejor luchar en suelo llano. Alejandro, dada la inferioridad numérica de sus hombres, se cuidó bien de tomar más precauciones y concentrar a sus hombres en 1ª línea de combate. Los grecomacedonios estuvieron a punto de ser derrotados, pero remontaron la batalla y finalmente salieron victoriosos. Esta batalla es conocida como la batalla de Arbelas, a pesar de haberse desarrollado a unos 100 Km del lugar con ese nombre. Tras haber ganado la batalla, los macedonios persiguieron a sus rivales en su huida organizando una matanza; además de saquear la ciudad en Arbelas. En cambio Darío huyó a Ecbatana y no volvió a intentar medir sus fuerzas con Alejandro. Este, por su parte, inició camino a Babilonia, donde no intentaron luchar y, dado que tenían muchas quejas sobre la forma de gobernar de Darío, tomaron a Alejandro como un liberador y este comenzó a darse cuenta de que los persas no eran tan bárbaros como era la creencia general en su tierra.

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Alejandro entrando en Babilonia



Tras haber entrado en Babilonia, Alejandro siguió su camino hasta Susa, que no tardó en ocupar por completo. Allí encontró las estatuas de Haramodio y Aristogión, que Jerges había robado, y las devolvió a Atenas, donde pertenecía. Tras esto, asaltó los sótanos de un palacio y se llevó un tesoro que le sirvió para continuar sus campañas y pagar a sus soldados. Festejaron con alegría el haber conseguido semejante botín mediante juegos, fiestas y sacrificios. Además Alejandro liberó a la familia de Darío, que había sido apresada y la instaló en un palacio. Tras esto persiguió a Darío a través de los Pilos pérsicos (donde habitaban tribus peligrosas y salvajes) hasta llegar a Parsa. Alejandro entró en Parsa tan repentinamente que los persas no tuvieron tiempo de sacar el tesoro del palacio real. Alejandro dio permiso a sus soldados para que saquearan la ciudad y mataran a sus habitantes; incluidos el palacio real y sus propietarios. Tras esto Parsa pasó a llamarse Persépolis (”ciudad en ruinas”).
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Moneda alejandrina



Alejandro continuó su campaña encaminando sus pasos hacia Pasargarda; la capital de Ciro, una ciudad santa donde el macedonio recogió un gran botín. Darío, refugiado en Ecbatana, disponía en al ciudad de un gran tesoro y un pequeño ejército; pero Alejandro no le dio tiempo para organizarse y Darío tuvo que huir de nuevo. Alejandro le persiguió rápidamente, recorriendo 400 Km en seis días hasta llegar a Hircania, donde Daría había sido asesinado. En honor a su eterno rival, Alejandro organizó unos grandes funerales; era julio del 330 a.C. El rey macedonio sólo había recorrido una parte del imperio persa, pero ya se consideraba dueño de este.
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Alejandro en el campo de batalla



Conquistas orientales



Tras haber pasado tantas duras batallas, y después de vencer definitivamente a Darío, los soldados del ejército macedonio sentían que ya no tenía campañas que realizar y quería regresar a casa con sus familias. Alejandro siempre se mostró en desacuerdo con esta opinión y no sólo no se lo permitió, si no que además reclutó a más hombres (orientales) en sus tropas.
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Alejandro montando a Bucéfalo


Alejandro tenía ya una nueva meta; seguir a los traidores asesinos de Darío y acabar con ellos. Recorrió muchas ciudades y fundó otras tantas. Batallando contantemente (el mismo siempre en primera línea de combate arriesgando su vida), llegó a hacerse amo de todas las regiones orientales a su alcance, a saber; Hircania, Bactriana y Sagdiana. Dedicó tres años a esta labor. También habitó varias ciudades para pasar el invierno, entre ellas Zadracarta, Proftasia (Farah), Nautaca, Bactra (Balj), y Maracanda (Samarkand). También se calcula que fundó alrededor de 70 ciudades llamadas Alejandría, aunque la mayoría no fueron más que pequeñas aldeas y campamentos; siendo la más importante la situada en Egipto. En el año 325 a.C. realizó la llamada expedición marítima de Nearco, que le llevó desde Pattala hasta Susa de nuevo, pasando por el puerto de Alejandría. El día 13 de junio del año 323 a.C. Alejandro muere de enfermedad en Babilonia.

Bibliografía



- Enciclopedia Encarta 97.
- Enciclopedia Larousse.
- Alejandro Magno.- http://www.ciudadfutura.com/magno
- Alejandro Magno.- http://www.fnino.eresmas.com
- Los grandes guerreros de la antigüedad.- http://members.xom.com/gguerreros/gg.htm
- Hicieron historia.- http://www.geocities.com/hicieronhistoria

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