Monografías
Publicar | Monografías por Categorías | Directorio de Sitios | Software Educativo | Juegos Educativos | Cursos On-Line Gratis

 

Alfonso XIII y Segunda República Española parte 2 - Monografía



 
DESCARGA ESTA MONOGRAFÍA EN TU PC
Esta monografía en formato html para que puedas guardarla en tu pc e imprimirla.



Vínculo Patrocinado




Aquí te dejamos la descarga gratuita
Nota: para poder abrir archivos html solo necesitas tener instalado internet explorer u otro navegador web.




REINADO DE ALFONSO XIII anexo I:



Las crisis políticas:



El gobierno Maura anexo II (1907 - 1909):



Aunque Maura había desempeñado la jefatura de gobierno en 1903 no le permitió el desarrollo de un programa de gobierno. Será durante el bienio glorioso cuando desplegará una actividad al servicio de los problemas que afectaban al país.

Fue uno de los políticos de mas acusada personalidad de la España contemporánea. Destacaba por su profunda cultura jurídica, experiencia de mando, austeridad y dotes oratorias, hasta el punto de despertar una de las más poderosas corrientes de opinión de nuestro tiempo. Lo que más le singulariza es su fe en el sufragio que le convierte en uno de los más fervorosos paladines de la democracia, Frente a Silvela que había llegado a diagnosticar que España carecía de pulso, Maura creyó posible reactivar el país mediante la incorporación a la política de la masa neutra indiferente y el planteamiento de auténticos problemas nacionales.


Ley de Administración Local:



Para acabar con el caciquismo presento a las cortes su famoso proyecto de ley de Administración Local, de amplia base autonómica. Al mismo tiempo quiso encauzar las aspiraciones del regionalismo autorizando en dicha ley la construcción de Mancomunidades regionales sobre las que pudiera recaer en el futuro la descentralización administrativa que proyectaba. Prat de la Riba y sus correligionarios apoyaron con entusiasmo la reforma, aunque sin renunciar a sus posturas autonomistas extremas. Pero ya se había iniciado en el Parlamento en la calle, la feroz campaña contra el jefe conservador por parte de los republicanos y socialistas, y ello determinó una obstrucción tan cerrada al proyecto que acabaría por naufragar.

Cuestión social:



Otro grave problema, la cuestión social, lo afrontó de plano, reconociendo la legitimidad del derecho a la huelga. La ley de 1909 define el derecho a coligarse (sindicato obrero), a declararse en huelga y a acordar el paro tanto para los patronos como para los obreros. Ello le permitió fijar condiciones al ejercicio de ambos, abriendo un cauce jurídico a las discordias laborales.

Programa naval:



Otro de los proyectos mas discutidos del político mallorquín fue el de las construcciones navales, con el premeditado objeto de devolver a nuestro país el rango de potencia marítima, que casi había perdido. La reconstrucción de la flota y el afianzamiento de la industria naval es obra personal suya.

En cuanto a la política exterior, Maura, de acuerdo con los tratados suscritos por sus antecesores, prosiguió la penetración en Marruecos para asegurar los contornos de la plaza de Melilla. Estas operaciones requirieron el envío urgente de tropas, a base de reducir las guarniciones de algunas provincias. Tal circunstancia fue aprovechada por las organizaciones anarquistas y socialistas en connivencia con algunos elementos republicanos, para llevar a cabo en Barcelona el triste experimento revolucionario de la Semana Trágica (julio de 1909)

Semana Trágica:



La huelga general fue la señal convenida para que las turbas asaltasen e incendiasen iglesias y conventos, cometiéndose durante varios días toda clase de desmanes. La ola de destrucción de extendió desde Barcelona a otras ciudades fabriles de Cataluña. Al fin pudo restablecerse el orden por las fuerzas armadas, en medio del pavor y la execración general. Como responsable de los sucesos, los tribunales militares condenaron a la ultima pena al anarquista Francisco Ferrer Guardia, orden que fue inmediatamente ejecutada.

Bloque de izquierdas:



Hacia ya tiempo que se había constituido, para combatir a Maura y provocar su caída, el bloque de izquierdas donde aparecían fraternalmente unidos los liberales con los republicanos. La Semana Trágica vino ahora a reforzar la unión, no para execrar los atentados cometidos, sino para exaltar, como mártir a Ferrer Guardia. Al mismo tiempo, una inmunda campaña era urdida en el extranjero contra nuestra patria, a la que se tachaba de inquisitorial y retrograda, mientras se erigían estatuas a Ferrer como mártir de la libertad de conciencia.

Ruptura de la normalidad constitucional:



Cuando Maura compareció ante el Parlamento a raíz de los sucesos, se convirtió en el blanco de los más violentos ataques. La pasión llegó a tales extremos que el jefe de la oposición, Moret, hizo publica su negativa a votar los créditos precisos para continuar la guerra marroquí. En vista de ello, Maura resignó el mando, ofreciendo los votos que a él le eran obcecadamente negados. Pero al abandonar el poder hizo esta tajante declaración: “La normalidad constitucional está rota.”

La primera crisis:



En efecto, el proceso de descomposición resulta incontenible desde la fecha indicada. A la política de transacción y del dialogo, que había caracterizado a la España de la Restauración, reemplaza la de la violencia. Una crisis de autoridad se apodera del Gobierno de la nación, viéndose el poder publico coaccionado en sus decisiones por colectividades y grupos que solo aspiran, insolidarios, al aprovechamiento de sus intereses.

Retirada de Maura:



Desde el punto de vista de los partidos, su descomposición resulta incontenible, con lo que acaba de desmoronarse desde la cima el turno pacifico instaurado por Cánovas. En 1912, Maura, ante la confabulación de las izquierdas contra su persona, que coacciona al trono, decide retirarse de la política. Es cierto que sus más acérrimos partidarios le harán desistir de su resolución, pero el resultado final será el fraccionamiento del partido conservador en tres grupos dirigidos por Maura, Dato y La Cierva.

Fraccionamiento de los partidos:



Por lo que respecta al partido liberal, cuando éste iniciaba su reconstrucción, bajo la jefatura de un hombre de indiscutible talla intelectual y excepcional capacidad política, Don José Canalejas, la mano asesina de un anarquista segara su vida (1912) frustrando esta ultima solución. El resultado inmediato será el fraccionamiento de dicho partido en grupos, que dirigieron el conde de Romanones, García Prieto, Montero Ríos, Alba y Gasset, etc. Si se añade al esquema la impetuosa minoría regionalista y la batalladora conjunción republicano-socialista, se podrá presumir las dificultades de gobernar con un parlamento en tales circunstancias. Este fraccionamiento político desequilibra por completo el sistema imperante al hacer recaer sobre el monarca el peso, la responsabilidad de la constitución de los gobiernos.

Gobierno de Gestión:


Desde 1909 a 1917, la figura de máximo relieve en el gobierno del país será: por el bando liberal, Canalejas (1910), Romanones (1912) y García Prieto (1917), y por el conservador, Dato (1913) Pero unos y otros serán Gobiernos de gestión, sin un programa homogéneo de actuación, atentos nada mas que a resolver los graves problemas que cada hora venia planteando.

Los problemas o cuestiones que más preocupan o dividen a los españoles que más dividen a los españoles en esta hora eran el religioso, social, regional y marroquí.

Ley del “Candado”:


Ya es conocida la actitud de Canalejas con respecto a las Congregaciones religiosas, a las que quería someter a una ley de asociaciones para coartar y vigilar sus actividades. Con este objeto hizo votar al Parlamento, en 1910, la discutida ley del Candado, por la cual se impedía el establecimiento de nuevas ordenes religiosas hasta que se aprobara una ley de asociaciones o transcurrieran dos años sin presentarla a las Cámaras. Esta embarazosa situación fue al fin resuelta por el conde de Romanones, negociando de manera directa con Roma.

Cuestión Social:



La llamada cuestión social continuo mas encarnizada que nunca. Los gobiernos prosiguieron distando disposiciones protectoras del trabajo y la clase obrera, pero sin desarmar la actitud de las organizaciones proletarias, socialistas (UGT) y sindicalistas (CNT), empecinadas en su táctica de huelgas y violencias, que mantenían a la población en constante alarma. Por su parte, los anarquistas proseguían en su plan terrorista de estériles y dolorosos atentados políticos. Después de la Semana Trágica, que tanto preocupo a la burguesía catalana, el regionalismo se sumió en una discreta penumbra. Pero, con su característica tensión intermitente, no tardo mucho en volver al ataque. La figura que encarna la voz del catalanismo en el Parlamento es la de Francisco Cambó anexo II, hombre de inteligencia y capacidad verdaderamente privilegiada. La idea de dar salida y cauce a las aspiraciones regionalistas con una mancomunidad como la proyectada por Maura fue recogida ahora por Canalejas, quien consiguió la aprobación de la correspondiente ley en 1912 por parte del congreso, aunque seria Dato quien la promulgaría por decreto un año mas tarde. Constituida la Mancomunidad y elegido presidente Prat de la Riba, pudo este desplegar hasta su muerte una provechosa actividad al servicio de los intereses regionales.

Operaciones marroquíes:



En cuanto a Marruecos, prosiguieron las operaciones de limpieza en los aledaños de Melilla. Después de los sangrientos encuentros del barranco del Lobo (1909), las tropas expedicionarias consiguieron dominar una serie de puntos estratégicos para la seguridad de aquella plaza y como base de futuras operaciones. En 1911, siendo jefe del Gobierno Canalejas, eran ocupadas mediante desembarco Larache y Alcazarquivir, y por un cuerpo de tropas, la zona limítrofe con Ceuta.

Convenio de 1912:



Sobre estas firmes bases pudo ser negociado el convenio Hispano-francés de 1912, que nos aseguraba el Protectorado de la zona Norte de Marruecos (28.000 kms2), mientras Francia se reservaba para sí la zona Centro y Sur (572.000 kms2) Desde este momento las operaciones de ocupación continúan, siendo de destacar como el hecho más importante la conquista de Tetuán por el general Alfau (1913)

Guerra Europea. 1ª Guerra Mundial:



No pudo ser silenciado en este momento el impacto que va a producir en la vida española el estallido de la guerra europea (1914) Aunque el propósito de todos los gobiernos fue el de mantener a España al margen de la contienda, no se pudo impedir que se despertasen poderosas corrientes de opinión en favor de los dos bandos beligerantes, que se combatían con autentica saña. España se vio beneficiada en su economía por el signo mas que favorable de la balanza comercial, provocado por la exportación masiva de primeras materias, productos agrícolas, ganaderos e industriales; un río de oro invadía el país, pero todos estos beneficios trajeron aparejados una enorme carestía y escasez, que afecto de manera particular a las clases trabajadoras al no subir con el mismo ritmo los salarios. Los distintos gobiernos pretendieron paliar el mal con medidas de control y de intervencionismo económico (Juntas de Subsistencias, Comisaría de Abastecimientos, etc.), pero la realidad fue que el malestar de la clase obrera y el espíritu de subversión crecieron en términos insospechados.

Segunda crisis. 1917:



A la descomposición de los gobiernos y a la esterilidad de la vida parlamentaria se añadió algo que ya venia apuntando en la etapa anterior; la crisis de autoridad, la coacción al poder publico por colectividades y grupos y la táctica de la violencia. Ortega y Gasset anexo II ha definido esta situación como influida por un particularismo “en que cada grupo deja de sentirse a sí mismo como parte y, en consecuencia, deja de compartir los sentimientos de los demás… La única forma de actividad política… satisface a cada clase es la imposición inmediata de su señera voluntad; en suma, la acción directa.”


Juntas de Defensa:



El primer grave problema que hubo de afrontar fue el de las Juntas Militares de Defensa. Las causas que provocaron este extraño movimiento de sindicalismo castrense hay que descubrirlas en el malestar producido por el excesivo numero de oficiales, la exigüidad de los sueldos, el favoritismo imperante en ascensos y recompensas y trato desigual a los distintos cuerpos. El resultado fue el vasto movimiento de las Juntas de Defensa, que imponían a los gobiernos su criterio y dialogaban con ellos de potencia a potencia. La arriesgada decisión se contagió a otros cuerpos, dispuestos a que prevaleciesen sus intereses por el sistema de coacción sobre el poder publico. Se constituyeron Juntas de suboficiales, brigadas y sargentos, y de funcionarios públicos de Hacienda, Correos y Telégrafos. Pero las verdaderamente peligrosas fueron las militares, por contar con gran numero de simpatizantes y envolver una amenaza al poder civil y a la seguridad del país. El jefe del Gobierno, D. Manuel García Prieto, quiso imponerse a las Juntas por la fuerza, provocando con ello su propia caída. En cambio, su sustituto D. Eduardo Dato, que conocía el Estado de subversión de las organizaciones proletarias pacto con ellas y las reconoció públicamente.

Asamblea de Parlamentarios:



El segundo grave problema fue la Asamblea de Parlamentarios. Dato, ante la gravedad de la situación, mantenía cerradas las Cortes. En vista de ello, la Lliga y su jefe, D. Francisco Cambó, solicitaron la inmediata apertura de las mismas. Como la respuesta fuese negativa, Cambó proyecto algo de mucha mayor trascendencia. Quiso repetir el anterior movimiento de la solidaridad catalana, pero en un plano nacional, algo así como una solidaridad española, que acabase con la falsedad política de la vida española y el turno pacifico de los partidos convencionales para afrontar, con el apoyo autentico de la opinión publica, los graves problemas que tenían planteados el país. El plan Cambó apuntaba a una inmediata reunión de Cortes Constituyentes. Aunque el gobierno declaró sediciosa a la Asamblea de Parlamentarios, ésta se reunió en Barcelona, con asistencia de diputados y senadores de los más diversos partidos, desde los carlistas hasta los socialistas, aunque dejándose notar la ausencia de los correligionarios de Maura. La Asamblea reiteró con el mayor orden los objetivos señalados.

Huelga revolucionaria:


Pero este autentico revulsivo, acaso tabla de salvación del régimen, se frustró al estallar pocos días mas tarde, por connivencia sospechosa entre socialista y sindicalistas, la huelga general revolucionaria. El gobierno aplastó la sedición con el apoyo Ejercito y restableció el orden; pero de resultas del inoportuno intento de subversión, el frente asambleísta quedo roto por completo.

Los Gobiernos de concentración:



Fracasado el intento de renovar la estructura de la Monarquía y el Estado, estableciendo un autentico sistema parlamentario, un régimen de autonomía para las regiones que lo ambicionasen y un franco acceso de las izquierdas mas avanzadas a las riberas del mando, el gobierno se sume una vez mas en la inoperancia, totalmente desarraigado del país, tratando en vano de encarrilar los mil problemas que cada hora presentan. Es tal el fraccionamiento de los partidos, que a los Gobiernos de gestión suceden los de concentración, haciendo imposible toda obra constructiva. Se avizora no ya una crisis de sistema, sino de régimen. Los gabinetes que se turnan desde 1918 a 1923 cambian a la deriva, sin otra política que la de emergencia. Es tal la inestabilidad, que entre ambas fechas sobrevinieron en España trece crisis totales y treinta parciales.


Gobierno nacional:



En 1918, ante la gravedad de la situación, el rey Alfonso XIII por su propia gestión personal, consiguió formar un Gobierno nacional, presidido por D. Antonio Maura, y constituido por los jefes de todas las fracciones integradas en el Parlamento (Dato, García Prieto, Romanones, Cambó, Ventosa, Alba, etc.), quienes acometieron una importante labor legislativa y gubernamental, aunque la duración del gabinete fue, a la postre, efímera. En esta difícil etapa gobiernan por el bando liberal García Prieto y Romanones, y por el conservador, Maura, Sánchez de Toca, Allendesalazar, Dato y Sánchez Guerra.

Los problemas más graves con los que tropezaron estos Gabinetes siguieron siendo el regionalismo, social y marroquí.

Cuestión catalana:



La cuestión catalana volvió a plantearse en toda su crudeza en 1918. Una comisión de parlamentarios redactó las bases de un Estatuto de autonomía, que fue presentado al jefe del Gobierno, García Prieto, para su estudio y posterior discusión en el seno de las Cortes. Las bases eran una reproducción de las de Manresa y se caracterizaban por su radicalismo, hasta el punto de levantar airadas protestas en las demás regiones. Como la solución se demoraba Cambó planteó en el Parlamento la viabilidad del proyecto, y al constatar que el ambiente general era adverso, decidió la retirada de la minoría regionalista.

Desde este momento la actuación fue dispar. Mientras el Gobierno, en este caso el conde de Romanones (1919), designaba una Comisión extraparlamentaria encargada de arbitrar soluciones, la Mancomunidad de Cataluña, en plena rebeldía, articulaba un Estatuto y lo sometía al refrendo de los Ayuntamientos de la región. Por ultima vez Cambó volvió a plantear en el Parlamento el problema Cataluña; rechazó con energia el dictamen de la Comisión, por su criterio descentralizados, y declaró una vez mas que el problema catalán era de soberanía. Romanones respondió que el Gobierno estaba dispuesto a conceder el proyecto elaborado por la Comisión, pero sin sobrepasarlo un ápice más.

Anarquía barcelonesa:



La debatida cuestión quedó en punto muerto. Después, el nacionalismo, relegado a un segundo plano. El problema social catalán superó a las cuestiones autonomistas. En toda España, el anarquismo y el sindicalismo estaban dando trágicas señales de vida; victimas de atentados políticos caían diversas personas de relieve, entre ellas el propio Dato (1921) siendo jefe de Gobierno. Barcelona era presa diaria del anarquismo y se desangraba materialmente con las arterias abiertas. Los atentados contra los patronos, el estallido continuo de las bombas y las luchas entre los sindicatos de opuesta tendencia amenazaban con paralizar la industria y hasta la vida misma de la activa ciudad.

A todos estos males vino a sumarse el sesgo desfavorable de las operaciones en Marruecos. Nuestra intervención en este territorio para pacificar la zona rifeña no se había interrumpido durante los últimos años en medio siempre de un ambiente hostil y teniendo que abrirse paso las tropas después de duros combates. En 1921, cuando nada lo hacia prever, la imprevisión del gobierno, el mal planteamiento de las operaciones y la excesiva confianza del general Silvestre iba a provocar el desastre de Annual y el derrumbamiento de todo el frente por la hábil acción del cabecilla rifeño Abd-el-Krim.

Desastre de Annual:



En poder de Abd-el-Krim cayeron Dar Drius, Batel, Monte Arruit y Nador. Melilla quedó en situación mas que apurada y el balance de perdidas ascendió a 14.000 hombres entre muertos y desaparecidos, junto con un formidable material de guerra. España entera se estremeció anonadada ante la magnitud de la catástrofe. Desde esta fecha, la guerra de Marruecos será la preocupación de todos los gobiernos, y el desastre un motivo continuamente jaleado por la oposición, en particular republicanos y socialistas para socavar los cimientos del régimen y atacar a la persona misma del monarca, a quien se le achacaba sin fundamento una intervención directa en la campaña, a espaldas del gabinete.

LA DICTADURA:



La tercera crisis (1923) La dictadura de Primo de Rivera:



Ante la ineptitud de los gobiernos, la crisis de los partidos, la inestabilidad política y la magnitud de los problemas planteados, la opinión publica reclamaba cambios de hombres y actitudes.

Era presidente del Consejo en 1923 don Manuel García Prieto, quien tenía como destacados colaboradores en las carteras de Estado y Guerra a dos Santiago Alba y don Niceto Alcalá Zamora. En aquellas circunstancias el capitán general de Cataluña, don Miguel Primo de Rivera, marques de Estella, se levantó en el mes de septiembre al frente de la guarnición reclamando el poder. No traía como bandera un programa determinado, sino que su objetivo se limitaba a liquidar el estado de cosas imperantes y a poner drásticos remedios a la insostenible situación. La dimisión de García Prieto facilito al monarca la legalización del golpe de Estado, asumiendo Primo de Rivera al frente de un Directorio militar.

El paso dado tuvo el general beneplácito de esa difusa y voluble opinión publica, que hoy aplaude y jalea a quien mañana execra y condena. En particular, buena parte de la prensa periódica se señaló por sus manifestaciones de simpatía y adhesión.

El orden público:



Los éxitos del general primo de rivera fueron espectaculares y rápidos. El orden publico quedo restablecido como por ensalmo, sin que la más leve alteración lo perturbase. Ello produjo en todo el país, y de manera particular en las ciudades fabriles (Barcelona y Bilbao), una sensación de alivio y descanso después de la anterior pesadilla.

Desembarco de Alhucemas:



Su acierto máximo fue, sin embargo, el fin de la guerra de Marruecos. En primer lugar, una conferencia conjunta hispano-francesa estableció las base de una colaboración efectiva de los dos países, único medio de llegar a la pacificación general. El desembarco en Alhucemas, difícil operación, llevada a cabo con pleno éxito (1925) bajo la dirección del propio Primo de Rivera, señala el momento culminante de la campaña. El general Sanjurjo fue la personalidad militar de máximo relieve en la segunda fase de las operaciones, en que partiendo de los puntos dominados se fue estrechando el cerco de los rebeldes. El resultado final fue la pacificación total de la zona marroquí y la deposición de las armas por parte del cabecilla Abd-el-Krim. En todas estas operaciones tuvo una brillante y decisiva actuación el Tercio de legionarios, bajo el mando de los coroneles Millán Astray y Franco.

Fluctuación regionalista:



En la tercera cuestión espinosa, la regional o catalana, Primo de Rivera fluctuó, desconcertado. Al principio se mostró inclinado a seguir una política de descentralización y prudente autonomía. La Mancomunidad de Cataluña fue respetada en su integridad durante cierto tiempo; pero acabó por ser disuelta, con gran contrariedad de los elemntos adictos a ella. Otras medidas restrictivas de escasa importancia acabaron por interrumpir la cordialidad de relaciones y mientras los elementos mas moderados se replegaron hacia un ostracismo cultural y folclórico, los nacionalistas exaltados se pasaban en masa a las filas del republicanismo.

El directorio civil, Fin de la dictadura:



En 1925, después de la brillante campaña de Marruecos (que tanto había contribuido a consolidar la popularidad del dictador), Primo de Rivera decidió constituir un Gobierno civil, del que fueron figuras preeminentes don José Calvo Sotelo, ministro de Hacienda, y el conde de Guadalhorce, ministro de Fomento.


Estatuto municipal:



Calvo Sotelo que ya había colaborado con el dictador en la preparación de los Estatutos municipal y provincial (1924), se señala por su acertada política financiera, conducente al equilibrio presupuestario. Al mismo tiempo preparo las bases de una reforma tributaria basada en un reparto más equitativo del impuesto, que no llego a prosperar mas que en aspectos parciales. Una de sus más discutidas reformas fue el establecimiento en España del monopolio de petróleos, en lucha abierta con poderosas fuerzas de las finanzas internacionales.


Plan de firmes especiales:



En cuanto al conde de Guadalhorce, fue el autor del famoso plan de firmes especiales, que renovó por completo la red viaria peninsular (7000 kilómetros de primer orden)

Otro de los aciertos de Primo de Rivera fue su actuación social. La legislación protectora del trabajo se intensifico notoriamente, adquiriendo extraordinario desarrollo como órgano encargado de la gestión directa de la seguridad social el Instituto Nacional de Previsión. El dictador consiguió, además, entablar dialogo y pactar la colaboración con el partido socialista y la poderosa UGT, cuyo líder Francisco Largo Caballero tomó asiento en el Consejo de Estado. Fruto de este provechoso entendimiento fueron los comités paritarios para resolver los problemas laborales, que se satisficieron a la clase proletaria sin provocar la oposición o el descontento de la clase patronal.

Con la paz imperante en todos los ordenes vino el bienestar y el desarrollo económico, como se demostró en las dos magnas Exposiciones (Barcelona y Sevilla) inauguradas en 1929.

En cambio, en el aspecto institucional la Dictadura no supo crear nada que hiciese olvidar su forzada interinidad. Aunque bajo el influjo del reciente triunfo del fascismo italiano, Primo de Rivera quiso iniciar al país en las practicas del sistema corporativo y en el régimen de partido único, el intento constituyó un rotundo fracaso. Él carecía por otra parte, de la experiencia y preparación necesarias.


Asamblea nacional:



La asamblea nacional (1927) fue una parodia de Parlamento y la Unión Patriótica, salvo excepciones contadas, una agrupación ficticia de interesados oportunistas.

Oposición a la dictadura:



Por otro lado, la Dictadura tuvo la rara virtud de unir a todos los que hasta entonces habían dado tan reiteradas muestras de insolidaridad. Los viejos políticos monárquicos (Sánchez Guerra, Romanones, Alba, Ossorio y Gallardo, Alcalá Zamora, etc.) formaron un sigiloso frente común con los republicanos para demigrarla y combatirla. Se señaló por su hostilidad Sánchez Guerra, quien asumió la dirección de un movimiento sedicioso, abortado en breves horas (Valencia, 1928) A ellos se vinieron a sumar los intelectuales, que asaeteaban al general desde los más diversos escaños y tribunas, prevalidos de su tolerante actitud frente a la critica. Ateneos y cátedras fueron tribunas abiertas a quien quisiera atacar o zaherir. Influenciados por este ambiente, los estudiantes se dejaron arrastrar a la acción, llegando a ser para la dictadura un motivo constante de preocupación por la irresponsabilidad con que alteraban el orden.

Crisis interna militar:



Más grave fue aun la división en el seno del Ejército. Las reformas de Primo de Rivera y el desgaste que toda larga gestión trae aparejado situaron frente a él a diversos generales y oficiales, peligrosamente pasados al republicanismo. El mal culminó al plantearse la cuestión artillera por motivos de fuero interno y espíritu de cuerpo. El general reaccionó a la resistencia e indisciplina por procedimientos de violencia, llegando a proponer al monarca la disolución del Arma de Artillería. Desde este momento, el Ejército dejó de ser una fuerza neutral y apolítica, para situarse una parte del mismo en una actitud de franca hostilidad al régimen.

Por todas estas circunstancias el gobierno del general Primo de Rivera aparecía a la vista de todos en los días finales de 1929 como gastado y consumido.


Retorno a la normalidad:


El rey Alfonso XIII, hondamente preocupado por la situación, buscaba en vano la manera de deshacerse del dictador, para retornar a la normalidad constitucional. Un paso inmediato de Primo de Rivera, que dejó a la corona en desairada posición, iba a acelerar la crisis. Tras la oportuna dimisión, fue encargado de formar gobierno el también general don Dámaso Berenguer.

DESENLACE:



La cuarta crisis (1930) Gabinete Berenguer y Aznar:


Berenguer constituyó su gobierno con políticos de filiación conservadora, figuras de prestigio y algún que otro amigo incondicional.

Elecciones generales:



Su primordial objetivo fue restablecer en toda su vigencia la Constitución de 1876 y convocar elecciones generales para la más urgente reunión de Cortes.

Al mismo tiempo hubo de dedicarse a destruir en buena parte la obra legislativa de la Dictadura, con objeto de dar satisfacción a la oposición vociferante. La tónica mas acusada fue el retorno a la situación de 1923, para la que se instauro la libertad de imprenta, se restablecieron las Diputaciones y Ayuntamientos y se concedieron amplios indultos. Pero justo es decir que retorna también la situación social de aquel año, con su serie inacabable de huelgas, atentados y violencias.

Obstrucción monárquica:



Los viejos partidos resucitan con sus programas anquilosados y maltrechos. Pero, salvo las fracciones conservadoras, bien dispuestas al retorno a la normalidad, las restantes agrupaciones monárquicas estimaron cancelada la Constitución de 1876 y se aprestaron a dar batalla al gobierno, reclamando la inmediata reunión de Cortes Constituyentes. Destacaron particularmente en esta actitud Sánchez Guerra, Romanones, García Prieto y Melquíades Álvarez; algunos de ellos querían someter al voto comicial la propia institucion monarquica. Ossorio y Gallardo, antiguo maurista, reclamaba sin embargo la abdicación del soberano.

Mayor actividad desplegaba la oposición republicana. Don Niceto Alcalá Zamora, ex-ministro liberal, se declaraba ferviente republicano. En su partido se alistaron don Miguel Maura, hijo del jefe conservador, y otros muchos tránsfugas del monarquismo. Destacados intelectuales (Ortega y Gasset, Marañón y Pérez de Ayala) hicieron, así mismo profesión de fe republicana.

Pacto de San Sebastián:



Conversos, republicanos históricos, socialistas y grupos de izquierdas catalanistas, establecieron contactos en San Sebastián en agosto de 1930 y firmaban un pacto para una actuación conjunta.

La oposición republicana no esperó a las anunciadas elecciones para dar señales de vida. En 1930 se producía en Jaca un movimiento insurreccional republicano, con ramificaciones en otros puntos. La guarnición de la plaza fue sublevada por los capitanes Galán y García Hernández, sin acompañamiento de éxito, ya que fueron rápidamente reducidos y, tras juicio sumarísimo, fusilados.

Mientras tanto, el gabinete Berenguer seguía empecinado en su primitiva idea de convocatoria de elecciones generales para reunir Cortes. Pero cuando fue conociendo la decisión tomada por todos los partidos, monárquicos y republicanos, de abstenerse de acudir a los comicios, no le quedó otro remedio que dimitir.

Por este cúmulo de adversas circunstancias, en febrero de 1931 se iniciaba la más laboriosa crisis del régimen monárquico. El rey Alfonso XIII, en un supremo esfuerzo, pasaba por la humillación de solicitar de don José Sánchez Guerra la constitución de un gobierno nacional, propósito que se estrelló contra múltiples obstáculos.

La última carta:



En vista de ello, no hubo ya otro recurso que formar un Gabinete de amplia base monárquica, presidido por el almirante don Juan B. Aznar; En él entraron Romanones, García Prieto, Ventosa, La Cierva, Berenguer, etc.


Cambio de táctica:



El nuevo gobierno no cambió de táctica, y decidió, siguiendo el parecer de Romanones, que la vuelta a la normalidad se hiciese por convocatorias sucesivas de elecciones municipales, provinciales y generales. Las primeras habían de verificarse en el mes de abril. Los meses intermedios fueron de una expectante tensión política, contrastando la indiferente apatía de los ministros con la campaña que hacían gala las oposiciones.





Creative Commons License
Estos contenidos son Copyleft bajo una Licencia de Creative Commons.
Pueden ser distribuidos o reproducidos, mencionando su autor.
Siempre que no sea para un uso económico o comercial.
No se pueden alterar o transformar, para generar unos nuevos.

 
TodoMonografías.com © 2006 - Términos y Condiciones - Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Creative Commons License