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Amarna parte 2 - Monografía



 
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Capítulo 5. El ocaso de Atón: Fin de la Herejía



Los últimos años del reinado de Akhenatón, vinieron acompañados de una serie de desgracias familiares y políticas.
En el año 12 de su reinado, la reina madre Tiyi muere, dejando a Akhenatón sin su mejor consejera. Esta desaparición tuvo una gran trascendencia política, ya que Tiyi, era la piedra angular de las relaciones internacionales del reinado de su hijo.
La consecuencia más inmediata fue la mayor intervención del faraón en el ámbito político, lo que parece hizo aumentar  la animadversión de su pueblo hacia su ya cuestionado prestigio.
Además cuatro años más tarde, la muerte vuelve a cebarse con la familia real, esta vez, será la segunda de sus seis hijas Meket-Atón.
Esta muerte y alguna más de las hijas menores a causa de una posible fuerte epidemia, provocan los primeros síntomas externos de distanciamiento entre el faraón y su esposa.
Distanciamiento que se convierte en ruptura cuando Nefertiti decide aislarse en un palacio en el norte de Amarna.
Las causas que habrían llevado a la reina al abandono de su esposo no están nada claras.
Sí está documentado, que Nefertiti llevó con ella a su exilio al príncipe Tutankatón (futuro Tutankamón). Este dato ha dado que pensar en una posible negociación entre la reina y los sacerdotes de Amón. Según esta interpretación, Nefertiti era totalmente consciente del caos reinante en Egipto, y estaría preparando el futuro, en base a una vuelta al pasado, en otras palabras, sería la auténtica valedora del restablecimiento de Amón.

Otras opiniones, nos dicen lo contrario, en este caso, sería el faraón el que habría pactado con el clero tebano, negándose la reina a renegar del culto a Atón, siendo esta la auténtica causa de su encierro palaciego.
Para terminar otros piensan que Nefertiti se retiró allí, incapaz de aguantar el dolor que le supuso la pérdida de sus hijas, sería una Nefertiti consternada, humana, una madre invadida de pena que renunció al complejo mundo que ella misma había creado en buena parte. Allí habría muerto dos años antes de la caída de Akhenatón.
Sin embargo otras pruebas hacen pensar que la reina sobrevivió al faraón, siendo protagonista activa en la subida al trono de Tutankamón.
El hecho cierto es que Akhenatón se encuentra en este momento sin sus dos apoyos más importantes en la regencia del Imperio.
Esa debilidad del faraón se hizo patente para los países dominados por Egipto.
En Nubia, se suceden las revueltas.
En Asia, también se producen fuertes disturbios, que Akhenatón no sabe abortar.
El rey hitita Shuppiluliuma manda asesinar a Dusratta, rey de Mitanni, país vasallo de Egipto, que pasa a controlar el hitita.
Además amplía esos disturbios en Siria y Fenicia.
Akhenaton, lejos de responder militarmente, llega a un acuerdo con el hitita, que este no cumplirá.
El caos se apodera de Asia, y la influencia de Shuppiluluma va en constante aumento.

Amurru se suma a la rebelión, Babilonia, Biblos, Palestina; los vasallos de Egipto van cayendo uno tras otro.
Puede decirse que el Imperio está en una auténtica crisis internacional, exigiendo el pueblo responsabilidades.
La situación debió ser auténticamente insostenible.
El faraón, abandonado por Nefertiti y con el pueblo encontra nombra corregente a Smenjkere, de origen desconocido, tres años antes de su muerte.

En el año 1334 a.C. Akhenatón muere en Amarna sin saber muy bien de que forma:

bien por muerte natural, bien asesinado, es un misterio.
Smenjkare reina en un breve periodo de no más de cuatro años.
A su muerte sube al poder Tutankatón, quien inicia el restablecimiento de forma gradual y nada traumática hacia la antigua religión tebana.
El ya convertido Tutankamón reina un periodo de diez años, muriendo de forma nada clara, y siendo enterrado en el Valle de los Reyes, hecho que nos muestra la recuperación Tebana.
Pero la transición aún no estaba completada.
Sube al poder el anciano Ay quien reina tres años, los suficientes para completar la reconversión religiosa, siendo el momento de ruptura con el pasado.
Se trasladan los enterramientos amarnienses a la necrópolis de Tebas.
Es posiblemente este el momento en el que la realeza de Amarna fue reenterrada también en Tebas. Se cree que la KV55, es la elegida para guardar los restos de Tiyi, Akhenatón y Smenjkere
La dinastía XVIII acabará en manos del general Horemheb, que abandona definitivamente los templos y la ciudad de Atón, pudiéndose decir que destrozó la capital, restableció el prestigio internacional del milenario Imperio, y dio paso a una nueva y muy gloriosa etapa en la historia egipcia; la dinastía XIX, con personajes tan transcendentes como Seti I, o Ramsés II.

Capítulo 6. Arte amarniense



El arte de Amarna presenta un estilo muy propio, muy acorde con la revolución religiosa llevada a cabo en la época.
Esta renovación afectó a todo el panorama artístico: la lengua, la literatura, la escultura, la pintura, la arquitectura.
Los relieves muestran sentimiento, los rostros humanos se representan con una expresión más libre, los cuerpos son más delicados, se rompe en parte con la rigidez de representaciones anteriores.
Pero estos cambios, no son exclusivos del reinado de Akhenatón. Ya en tiempos de su padre, se comienzan a observar los rasgos típicos de este arte.
La primera característica destacable es que por primera vez en el arte egipcio, se ven representadas escenas familiares verdaderamente sorprendentes: el rey jugando con sus hijas, o con su mujer sentada en las rodillas, el rey besando a una de sus hijas, el rey y la reina recibiendo desnudos a un dignatario y su mujer.
Hay un gran gusto por la estatuaria en la que se mezclan diversas clases de piedra, gran profusión en la representación de animales, hay una fuerte inclinación a la ornamentación brillante.

Algunos especialistas han intentado detectar influencias extranjeras en el arte del Amarna. Los estudios, las comparaciones han permitido encontrar un fuerte aire cretense en las composiciones amarnienses.
Esta curiosa conexión, ha sido explicada en el contexto histórico de la destrucción de las ciudades de Creta. Cuando Knossos y las demás urbes cretenses, fueron sometidas al pillaje, muchos pensadores y artesanos, buscaron una nueva vida en el país del Nilo.
Esta corriente artística explicaría la múltiple representación de plantas y animales.
Además han aparecido en las tumbas de los reyes, numerosos instrumentos de cerámica micénica, lo que certifica contactos comerciales entre el mar Egeo y Egipto desde el siglo XV a.C., siendo el Amarna uno de los mayores centros de estos restos que son vitales para el estudio de los inicios de la arqueología griega.

Pero aún siendo estas influencias relativamente claras, no debemos olvidar que el arte amarniense es típicamente egipcio.
En cuanto a las formas de representar a los personajes, se observa una fuerte exageración en las formas características del cuerpo femenino, así, se marcan mucho las caderas y el vientre alejándose de la mayor discreción y proporcionalidad del estilo clásico.
El cuerpo del hombre es representado casi de la misma forma que la mujer, lo que abrió numerosos debates sobre la sexualidad de Akhenatón.
Otra característica propia de este periodo artístico, es el excesivo alargamiento de las figuras, en especial las de la familia real. Esta característica, se acentúa en la fuerte exageración de la longitud del cráneo. Se ha interpretado esta corriente como un intento de alcanzar a Atón, siendo una simbología estirada hacia arriba, al igual que lo eran las pirámides, o los obeliscos.

Las deformidades en las numerosas representaciones de Akhenatón, han hecho correr ríos de tinta. Algunas opiniones médicas, se han atrevido a hablar de Síndrome de Marfan, enfermedad que es hereditaria en un cincuenta por ciento, lo que explicaría la repetición de las deformidades en distintos miembros de su familia, la no-representación del faraón cazando, y en general en ejercicios físicos exigentes.
Es una teoría improbable hoy por hoy, ya que no se tiene localizado con seguridad el cuerpo de Akhenatón.
Hay una teoría más aceptada por los egiptólogos, que defiende que ese cuerpo afeminado y deformado del faraón, responde a una manifestación religiosa.
En el arte amarniense además se sigue representando al personaje principal a mayor escala que a los personajes secundarios. Curiosamente se observa en Nefertiti una representación evolutiva, como si fuese ganando importancia gradualmente.

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Otros rasgos muy típicos, son las dos marcas horizontales en el cuello de los personajes, el representar los cinco dedos del pie frontal, y la representación del ombligo mediante una raya horizontal.
En cuanto a las Estelas, se trabajaban con la técnica del relieve rehundido en las figuras y en la escritura jeroglífica que solía ser de baja calidad, trabajándose con cincelado simple e introduciéndose además nuevos signos.
Hay sin embargo una gran perfección en el trabajo escultórico, destacando el famoso busto de Nefertiti, conservado hoy en el museo de Berlín, y donde se observa una gran fineza en los rasgos faciales.
Destacan además la ligereza y las transparencias en las ropas de mujeres y hombres.

De este periodo artístico son también los llamados talatat, que son pequeños bloques de arenisca, con una medida estándar (50×22x50 cm) utilizados para construir los monumentos dedicados a Atón dentro del complejo de Karnak (primeros años de reinado de Akhenatón) y en la ciudad del Amarna, que fueron desmantelados y reutilizados durante la época ramésida, y que han sido redescubiertos por los arqueólogos, mostrándonos relieves que representan finos retratos del faraón y la reina, temas vegetales, tareas vinculadas al aprovisionamiento del templo y del palacio, etcétera.
En el ámbito funerario, Nefertiti aparece representada como Isis en la protección de los sarcófagos, y se prescinde de la representación de otros dioses.
Los enterramientos del Amarna, han llegado a nuestros días en muy mal estado, perdiendo todo el colorido, aunque se observan las representaciones de la vida cotidiana del difunto, y las deformidades típicas amarnienses.
El ajuar funerario, ha quedado suficientemente reflejado en la tumba de Tutankamón, que aúna elementos amarnienses con anteriores e incluso posteriores elementos al reinado de Akhenatón.
Todas estas innovaciones artísticas, van unidas a la reforma religiosa e ideológica llevadas a cabo por el faraón. Son una especie de propaganda política y no sólo un cambio artístico sin más, una ruptura con el mundo anterior, un nuevo mensaje, puede afirmarse que el arte amarniense fue un instrumento de difusión de la nueva doctrina religiosa.

Representación de las hijas de Akhenatón, donde se observan el naturalismo y la deformidad típica amarniense
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Capítulo 7. Epílogo



- Opinión personal:



Amarna es uno de los períodos más problemáticos de toda la historia egipcia y no precisamente por que haya sido marginado del estudio de los investigadores.
En el corto espacio de diecisiete años, se sucedieron circunstancias atípicas a la cultura egipcia, que desembocaron en un cambio radical en las formas de pensamiento, el arte, las relaciones internacionales, etcétera. Amenofis IV, Akhenatón, de quien con el tiempo se ha sabido que no era ningún demente y que sabía a la perfección lo que se hacía, ha generado mayor polémica en torno a su figura que ningún otro rey del mundo antiguo.
Héroe o villano, lo indudable es que Akhenatón no pasó desapercibido para nadie, siendo posiblemente una víctima de sus sueños, que luchó contra un poder demasiado fuerte, y que acabó arrastrando a Egipto a una trágica crisis política de ámbito internacional.
Su presunto monoteismo ha sido también fuente de dispares opiniones. Se ha intentado buscar una conexión entre Akhenatón y el Moisés bíblico, del que se afirma que pudo inspirarse en el periodo amarniense, que habría conocido de primera mano en su infancia en Egipto y del que se habría valido para conducir al pueblo Habiru a la Tierra Prometida.
Esta hipótesis tiene defensores tan ilustres como Sigmund Freud, quien en su obra “Moisés y el monoteísmo”, postula un origen totalmente egipcio de Moisés, negándole sus raíces judías.
En mi opinión tal conexión no existe, y el argumento que esgrimo es que nunca hubo  monoteísmo en la época amarniense.
Sin ánimo de ser exhaustivo, paso a enumerar las distintas razones, que me han llevado a esta conclusión:

a)    no existió persecución religiosa hacia los seguidores de Amón, como por ejemplo si pasó posteriormente en Roma para soterrar la doctrina cristiana.
b)    durante el cuarto año de su reinado, el faraón eleva a Atón a la cabeza del panteón egipcio, pero siempre necesitando a otros dioses para definirlo como son: Ra Harajty, Maat y Shu.
c)    la diosa Uto, sigue presente en la iconografía, al igual que Ra permanece en la titulatura del Atón.
d)    dioses tan importantes en el tradicional panteón egipcio como: Osiris, Hator o Ptah, no sufrieron ningún tipo de veto ni persecución.
e)    no se intentó acabar con la concepción plural de dioses.
f)    en el nombre de dos de sus últimas hijas, se incorpora a Ra.

A la vista de las pruebas, me inclino a transformar el presunto monoteísmo de Akhenatón, en un claro henoteísmo, término este que se adecua más a las medidas por él tomadas.
Lo que sí existió innegablemente fue un fuerte pulso de intereses políticos entre dos poderes, así, según mis conclusiones, Akhenatón no buscaba arrinconar a Amón como deidad, lo que en verdad buscaba era acabar con el putrefacto grupo político de sacerdotes que dominaban un estado dentro del Estado.
Era esta una situación que venía sucediéndose durante toda la dinastía XVIII.
El faraón pudo darse cuenta enseguida de que dichos sacerdotes eran tan poderosos como él mismo, eso explicaría la ruptura con las instituciones del pasado, el rápido abandono de la ciudad tebana, y la construcción de una nueva capital.
Para su difícil empresa, tuvo que apoyarse en un nuevo dios, nada raro a lo largo del Mundo Antiguo, y ese fue Atón, un dios conocido en su infancia, en su entorno familiar.
En un momento de su reinado perdió el pulso: el colapso económico, y la pésima política exterior provocaron la defección de la fuerza militar, que había sido su mayor apoyo.
Nada claro sabemos de su caída, pero si sabemos que el clero de Amón manipuló fácilmente a sus sucesores; todo volvió entonces a la “normalidad”, aunque alrededor de un siglo más tarde, y después del glorioso periodo ramésida, el Esplendoroso Egipto Faraónico, desapareció para no volver más.


- Bibliografía y enlaces en la Red



- Cyril Aldred: Akhenatón. Editorial Edaf S.A.
- Teresa Bedman: Reinas de Egipto. El secreto del poder. Oberon. Grupo Anaya.
- Manuel Hidalgo Huerta: Akhenatón, el faraón hereje de Amarna. Biblioteca Nueva.
- Christian Jacq: Nefertiti y Akhenatón. Ediciones Martínez Roca S.A.
- Nicholas Reeves: Akhenatón. El falso profeta de Egipto. Oberon. Grupo Anaya.
- B.G. Trigger: Historia del Egipto Antiguo. Editorial Crítica
- Martín Walker: Historia del Antiguo Egipto. Edimat Libros S.A.
- Gonzalo Bravo: Historia del mundo antiguo. Una introducción crítica. Alianza Editorial
- Atlas Ilustrado. Arte Historia y Civilización. Susaeta ediciones S.A.
- www.egipto.com
- www.egiptomania.com
- www.institutoestudiosantiguoegipto.com
- www.egiptologia.com

Autor:

Oscar Fernandez Molina





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