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Argelia - Monografía



 
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Historia contemporánea. África. Países africanos. Nacionalismo argelino. República Argelina Democrática y Popular. Geografía. Población. Economía. Colonización. Independencia. Revueltas de 1988. Política



RESEÑA GEOGRÁFICA



La República Argelina Democrática y Popular (al-Yumhuriyah al Yara’iriyah al-Dimugratiyah al-Sha’biyah) se encuentra situada geográficamente en el N.O. de África, en el centro de la región del Magreb, entre los 19 y los 37 grados de latitud norte, los 9 grados de longitud oeste y los 12 grados de longitud este.

El norte del país limita con el mar Mediterráneo a través de 998 kilómetros de costa, y en el sur limita con Níger y Malí; al este tiene frontera con Túnez y Libia, y al este con Marruecos y Mauritania. Posee una superficie de 2.381.740 Km, por lo tanto se trata del país más extenso de África, tras Sudán, con una gran parte de su territorio ocupada por el gran desierto del Sahara.

En el territorio argelino se diferencian dos zonas geográficas: la franja superior típicamente mediterránea y el Sahara que ocupa casi el 90% de la superficie total. En Argelia mediterránea el relieve es abrupto, pues la cordillera del Atlas recorre transversalmente el país desde la frontera con Marruecos hasta entrar en Túnez.. La mitad septentrional de la cordillera se conoce como Atlas Telliano y discurre por la costa formando acantilados. El Atlas sahariano, la parte más meridional de la cordillera, es la puerta del desierto y allí se encuentran las mayores altitudes de Argelia septentrional.

El desierto del Sahara de dos millones de kilómetros cuadrados en su parte argelina (es el más extenso del mundo, con casi ocho millones de kilómetros cuadrados) y se distinguen en él varias formas morfológicas: los “erg” son grandes extensiones cubiertas por dunas de arena de altitud variable, cuya imagen es la más típica del Sahara y los “regs”, llanuras de arcilla cuyas zonas más bajas están ocupadas por depresiones saladas llamadas “chotts”. Existen también formaciones rocosas que forman imponentes muros de formas escarpadas sobre las llanuras.

El clima argelino varía de norte a sur, distinguiéndose una franja al norte de típico clima mediterráneo con dos estaciones, una seca y calurosa y otra húmeda y fresca. Las lluvias son más abundantes en la parte este debido a la influencia de las corrientes de aire mediterráneo proveniente del norte. Este clima es muy suave si se compara con el clima de las mesetas interiores del Atlas donde la lluvia es escasa y los contrastes de temperatura son muy acusados, con un invierno muy frío y un verano muy caluroso. Esta zona está barrida por fuertes vientos, lo que le da un aspecto árido y desolado. En el Sahara el clima es desértico, con lluvias escasísimas y temperaturas elevadas durante el día y muy frías durante la noche, con muchas heladas durante el invierno.

El principal río del país es el Chelif, que discurre por el norte, por la región del Atlas Telliano; su valle es de gran importancia agrícola gracias a las obras hidráulicas que se realizaron durante la época colonial. La flora del norte del país es la típica mediterránea con bosques de alcornoques y variedades autóctonas de pinos y abetos. En las mesetas interiores de la cordillera predomina la estepa mientras que en el desierto la vegetación es prácticamente inexistente debido a las condiciones climáticas, con excepción de los oasis, donde el agua del subsuelo permite la existencia de una vegetación muy frondosa, entre la que destaca la palmera.

POBLACIÓN



Argelia ha experimentado un continuo crecimiento demográfico en los últimos 30 años, pasando en ese tiempo de los 7 millones de habitantes a más de 30 millones con que cuenta hoy. Las causas de este espectacular aumento se deben a una tasa de mortalidad baja (5, 63 por mil) y una tasa de natalidad alta (27,51 por mil) motivada por la ausencia de una política de control familiar. El resultado es que un 75 por ciento de la población es menor de 30 años, lo que provoca muy serios problemas en cuanto a educación, vivienda y empleo. La densidad es baja (11,7 h/km2)) debido a la gran extensión de zonas deshabitadas en el desierto; pero en los núcleos urbanos se concentra el 55% de la población, donde existe hacinamiento y sobrepoblación. Este problema se agrava por el éxodo rural masivo, causando problemas de infraestructura que se hacen evidentes en las ciudades en cuya periferia han aparecido nuevos barrios carentes de cualquier servicio mínimo necesario.

Las ciudades más importantes, además de la capital Argel, son Constantina, Annaba, Batna, Blida, Orán y Sétif.

Argelia se divide étnicamente entre árabes y beréberes, aunque el mestizaje ha fundido ambas poblaciones. Los tuareg del desierto pertenecen a este último grupo.

La lengua más hablada es el árabe, que es además la lengua oficial; se utiliza también el francés y los dialectos bereberes, hablados por un 20% de la población.

La religión mayoritaria es la musulmana sunnita, y tiene carácter oficial.


ECONOMÍA



Argelia posee actualmente un Producto Interior Bruto (PIB) de 120.500 millones de dólares de los cuales, un cincuenta por ciento proviene del sector industrial; el sector servicios ocupa el 38% del PIB, quedando la agricultura relegada al 12% del PIB, lo que supone para el país un enorme déficit en la producción de alimentos.

Las exportaciones suman más de 13millones de dólares y son fundamentalmente de petróleo y gas natural a sus principales socios comerciales: Italia, EEUU, Francia, España y Alemania. Las importaciones son principalmente bienes de capital, alimentos, bebidas y bienes de consumo.

Posee 71.000 Km de carreteras, pero más de 30.000 Km no están pavimentadas. Las líneas de ferrocarriles suponen más de 4.000 Km. Los principales puertos del país son Argel, Bajaia, Beni Saf, Mostadanem y Orán.

ADMINISTRACIÓN



Argelia adopta la forma política de república presidencialista. La presidencia la ocupa, desde las elecciones del 15 de abril de 1999, Abdelaziz Buteflika.

El país se rige por la Constitución aprobada el 19 de noviembre de 1976, revisada sucesivamente el 3 de noviembre de 1988, el 23 de febrero de 1989 y el 28 de noviembre de 1996. El poder ejecutivo lo detenta el Primer Ministro con su gabinete (Consejo de Ministros)

El poder legislativo lo constituye un parlamento bicameral formado por:



- La Asamblea Nacional del Pueblo (380 escaños)
- El Consejo de Naciones (144 escaños)

El poder judicial lo detenta la Corte Suprema y los tribunales inferiores.

Administrativamente, el país se divide en 48 wilayas (circunscripciones)

Los principales partidos políticos del país son:



- ADN, Agrupación Nacional Democrática.
- FNL, Frente de Liberación Nacional
- FFS, Frente de Fuerzas Socialistas.
- Movimientos de la Sociedad por la Paz (ex-Hamas, islámico)
- Movimiento Ennahda (islámico)
- RCD, Unión por la Cultura y la Democracia.
- MDS Ettahadi (ex-PAGS, Partido Comunista)
- Partido de los Trabajadores, (extrema izquierda)
- FIS, (Frente Islámico de Salvación) Fue disuelto y prohibido por el poder el 4 de marzo de 1992.

RESEÑA HISTÓRICA



Argelia está incluida en la región histórica y geográfica del Magreb. Desde el siglo IX antes de Cristo la región se va a ver sometida a diferentes colonizaciones de fenicios, griegos, cartagineses y romanos que va a contribuir a la sedentarización de las poblaciones autóctonas. Es de esta época el nacimiento de viejas ciudades: Lixus (Larache), Tines (Túnez), Leptis Magna (Joms)

En las últimas épocas del dominio romano, éste se ve amenazado por un cambio de la población autóctona hacia un nomadismo pastoril y guerrero que traerá como consecuencia una disminución de la civilización urbana y el repliegue de la civilización urbana hacia las zonas costeras; una ciudad como Volúbilis, en Marruecos, será prácticamente abandonada a partir del año 285. Este proceso de nomadización se verá reforzado con las invasiones vándalas en el siglo V. La ocupación bizantina en el siglo VI se ve limitada sólo a las zonas costeras mientras que en las zonas interiores campan libremente nómadas y sedentarios beréberes.


LA ISLAMIZACIÓN DEL MAGREB



La conquista islámica del Magreb se fue haciendo progresivamente desde Egipto por su gobernador Abadiílla Ibn Asad. Los musulmanes llegan en el año 643 a Tripolitania. En el 670 se funda Qairuán por Uqba ben Nafi, pero la expansión hacia el oeste se vio ralentizada por la fuerte resistencia bereber. La toma de Cartago y Túnez en el 692 permitió un rápido avance hacia el oeste y Al Andalus.

En el 705 se constituye la wilaya -provincia- de IFRIQUIYA, autónoma respecto a Egipto y desde donde se planificó toda la conquista del norte de África y Al Andalus. Por primera vez y quizá por similitudes en los modos de vida, la influencia islámica penetra hacia el interior y las nuevas estructuras políticas son aceptadas con más facilidad que en los casos de la civilización romano cristiana.

Pero la lejanía del Magreb del centro político del Islam va a favorecer los particularismos que se manifiestan en principados y dinastías autónomas como la de los aglabíes que gobernaron Ifriquiya del 800 al 909 de forma autónoma con el beneplácito del califa abbasí Harum al Rachid. El relevo de los aglabíes lo va tomar la dinastía de los fatimíes que establecieron su dominio desde Argelia hasta el Magreb central. Estos chiítas proclamaron su independencia del califato oriental y rivalizaron con el califato de Córdoba. Los fatimíes emigran hacia oriente en el 970, según algunos, por la escasa incidencia que tuvo el chiísmo en la población autóctona.

La dinastía fatimí al marchar a Egipto, dejó el reino en manos de los ziríes que sucumbirán ante los nómadas de Banu Hilal que arruinaron la agricultura, el comercio y la vida cultural del Magreb. Saquearon Qairuán en 1057. Ibn Jaldún calificó a los hilalíes como “una nube de langostas que destruía todo lo que encontraba a su paso”. Estos movimientos hilalíes se pueden integrar en el proceso de beduinización de todo el mundo musulmán de la época.

Según Ives Lacoste, el movimiento fatimí, como más tarde los almorávides (1061 - 1147) y los almohades (1147 - 1269) se constituyen siguiendo un mismo esquema, la conquista del punto más importante de llegada al Magreb de las caravanas del oro: Siyilmasa (cerca de la actual Rissaui, en el Tafilalet marroquí) Les importaba más el control de las rutas del oro que las conquistas territoriales.

Los almorávides (al murabitum), tribus del desierto del sur de Marruecos, eran monjes soldados organizados en “ribat” (conventos fortificados para la guerra santa), dirigidos por Ibn Tachfin, se apoderaron de Siyilmasa en 1056 y fundaron la ciudad de Marrakech (1062) Desde aquí emprendieron la conquista del Magreb central y de Al Andalus. Un siglo más tarde, los almohades (al muwahhidum) guiados por otro reformador, el “mahdi” Ibn Tumert, originario del Sus, conquistaron Marrakech (1147) dominando también Ifriqiya y Al Andalus. Una nueva tribu, los meriníes, marcará el ocaso de sus antecesores cuando conquiste Silyimasa en 1255. Es la historia cíclica del Magreb.

Durante el siglo XIII comienza un periodo de decadencia que se manifiesta en la fragmentación del Magreb en tres conjuntos con personalidad propia que con altibajos se mantendrán hasta la formación de los estados-nación modernos. A partir del siglo XIII y hasta el siglo XVI los hafsíes dominarán Túnez, Tripolitania y la Argelia oriental. Este es un período de decadencia política que corre parejo con el desarrollo que experimenta el occidente cristiano; pero, como suele ocurrir, este período de decadencia política se corresponde con una época de esplendor cultural que se concreta en figuras tan importantes como Al Marracuchi, el viajero y escritor Ibn Batuta y de Ibn Jaldún el “testigo del crepúsculo”.

Durante el siglo XV, todo el Magreb comienza a sufrir las intervenciones de los reinos cristianos de la Península Ibérica: España y Portugal. En 1495, el Papa, por su bula “Ineffabilis” da legitimidad a las conquistas de los reinos ibéricos en el norte de África.

El 1497 los españoles conquistan Melilla, Mers-el-Kevir en 1505, el peñón de Vélez de la Gomera en 1508, Orán en 1509 y en 1510 Argel, Bujía y Trípoli, lo que supone que queda bajo su control todo el litoral magrebí. Estas conquistas se insertan en las profundas crisis en que vivían los reinos magrebíes durante el siglo XV y principios del XVI.

Es a partir de ahora cuando ganan protagonismo en la zona los corsarios berberiscos -Berbería es el nombre que dan los españoles de la época al Magreb- Horuc y el mítico Barbarroja, Jair ad-Din (Baba ‘Aruch) Barbarroja conquista Argel en 1516 y desde allí los corsarios emprenden una serie de “razzias” contra todo el litoral mediterráneo a la vez que preparan el terreno al poderío turco.

A finales del siglo XVI los turcos se han hecho con el poder en todo el Magreb central y oriental, sólo Marruecos, donde gobernaban los Banu Saal, había escapado a su control. El territorio turco pasa a dividirse en tres provincias: Argelia, Túnez y Trípoli. El “bey”, funcionario civil encargado de la percepción de impuestos, se irá configurando como poseedor total del mando en las diferentes provincias, creando dinastías que gozaban de una relativa independencia respecto a Estambul.


LACOLONIZACIÓN



La penetración europea en el Magreb comienza a producirse a mediados del siglo XIX. Esta se hace en un principio por tratados comerciales. El mismo año de la ocupación francesa de Argelia (1830), aquella firma un tratado comercial con Túnez muy favorecedor a los comerciantes franceses; en el mismo sentido cabe encuadrar el tratado de amistad, comercio y navegación que firma Inglaterra con Marruecos en 1856.

Por otro lugar, el derecho de compra de propiedades y de asentamiento es otra forma decisiva de ocupación precolonial. Tras la conquista militar de Argelia se produce la llegada de un numeroso contingente de colonos que comienzan a expropiar tierras. La segunda fase en la penetración colonial fue la conquista militar de todo el territorio.

En Argelia se inició la conquista con el desembarco francés en Sidi Ferruch, cerca de Argel, en 1830 y continuó con una costosísima campaña militar que costó más de 25 años en concluir. La resistencia popular a la conquista se realizó en las regiones de Orán y Constantina en las que sobresalió el caudillo Abdelkáder. Los insurgentes continuaron la lucha hasta la derrota de Abdelkáder en 1847, aunque la región de la Kabilia no quedaría sometida hasta 1864. El “decreto Crémieux” concedió la ciudadanía francesa a los 35.000 judíos argelinos pero los indígenas musulmanes sólo podían acceder al estatuto de ciudadanía francesa si abandonaban sus códigos islámicos y solicitaban ser regidos por las leyes políticas y civiles de Francia.

Una vez impuesto el modelo colonial francés en Argelia, el control de la población se va a llevar a cabo por medio de una organización administrativa y de fronteras que dejará huellas en el futuro estado. La reacción de las élites argelinas frente al hecho colonial consistirá, de una parte, asumir ciertos rasgos del modelo europeo que se les imponía y de otra preservar la identidad de su civilización; a este respecto cabe nombrar las sociedades culturales que se crean como La Rachiya en Argel y el Círculo Salah Bey en Constantina.

Así mismo se crea la asociación de “Jóvenes argelinos” que, imitando al modelo de los “Jóvenes Turcos”, aspiran a la integración de la población en la vida política y lo expresan mediante un lenguaje liberal en asociaciones como la “Unión Franco-Indígena” creada en Argel en 1914 por Omar Burdeba, el doctor Bentami Uld Hamida y el emir Jaled, nieto del mítico Abdelkáder, el resistente de hacía un siglo.

LA INDEPENDENCIA



La generación argelina que tomó el relevo en los años treinta va a cambiar el rumbo de sus aspiraciones y superar el espíritu de colaboración de la generación anterior por la negativa de las autoridades francesas a escuchar las reivindicaciones populares; así en 1936 y aprovechando la victoria del Frente Popular en la metrópoli, las élites argelinas concretaban sus aspiraciones en una “Carta reivindicativa del pueblo argelino-musulmán” en la que, curiosamente, no reivindicaban la independencia sino la integración plena en Francia en igualdad con las demás regiones pero preservando su identidad árabe y musulmana.

En esta aspiración estaban de acuerdo las tres fuerzas políticas principales argelinas de entonces: la “Federación de Electos Musulmanes”, el grupo laico de Ferhat Abbas, la “Asociación de Ulemas Reformistas”, de Abdel Hamid ben Badis y el Partido Comunista Argelino. Pero fue en 1943 cuando Ferhat Abbas lanzó su “Manifiesto del Pueblo Argelino” en el que se plantean a Francia peticiones claras de independencia.

El fin de la Segunda Guerra Mundial en que fuerzas argelinas participaron activamente en la liberación de Francia y la “declaración Roosevelt” sobre el derecho de los pueblos colonizados a disponer de su propio destino, hacen abrigar a los argelinos la esperanza de que un proceso gradual y sin traumas a una pronta independencia había comenzado; pero la respuesta de París fue contundente: la represión sangrienta de las revueltas nacionalistas de Guelma y Sétif en 1945, con el cruento balance de 45.000 muertos hicieron ver a los más pacíficos que el camino hacia la independencia habría que recorrerlo al “precio de la sangre”. Así, dentro de diversas corrientes nacionalistas, se acabará imponiendo la línea dura, partidaria de la insurrección.

En 1954 se crea el clandestino “Comité Revolucionario de Unión y Acción” (CRUA) que desató el movimiento insurreccional el 1 de noviembre de ese mismo año. Fue el comienzo de ocho terribles años de guerra contra los franceses. Esta revolución desbordó el marco geográfico concreto para convertirse en un acontecimiento internacional de gran magnitud. Por su dramatismo y su duración fue el más terrible proceso descolonizador de África, pues el movimiento nacionalista empezó antes que ninguno en el continente y terminó la guerra cuando ya habían obtenido la independencia todos los demás territorios franceses.

A los trágicos sucesos de 1945 siguieron 9 años de tensa espera, en los que se decide no escatimar sacrificio alguno para conseguir la independencia. Coordinó estos esfuerzos el FLN (Frente de Liberación Nacional) que hubo de enfrentarse a la IV República francesa desde el momento mismo de su nacimiento, en 1945. Fue una guerra dura y cruel, de exterminio y tierra calcinada, que duró ocho años y dejó sumido al país en el caos.

La insurrección musulmana llevó a la población europea de Argelia hacia un movimiento de signo opuesto, dándose la paradoja de que aquellos grupos tradicionalmente autonomistas fueron los que ahora defendieron con mayor empeño la integración total de Argelia en la metrópolis francesa. En adelante el problema francés en Argelia será doble, el musulmán y el europeo; estos problemas sumergirán a la política francesa en una situación de crisis permanente. Entre 1954 y 1962, el FLN señalaba como meta prioritaria la independencia política sobre la base de la integridad territorial de Argelia. A tal fin se encaminó la lucha armada, pero también una intensa acción diplomática que logró captar para su causa a gran parte de las potencias mundiales encuadradas en los dos grandes bloques, incluidas la URSS y EEUU (con algunas reservas)

En mayor medida los argelinos lograron movilizar en su favor a los países no-alineados, como se puso de manifiesto en las declaraciones finales de las conferencias celebradas en ese período en Bandung y Belgrado. Se comprende así el fracaso de las tentativas francesas para resolver el problema de Argelia por medio de una asociación política bilateral y también, al intentar separar de la soberanía de Argelia los territorios del sur, el Sahara argelino, cuyo petróleo y gas natural interesaba controlar. Esta táctica fue rechazada con firmeza por los nacionalistas.

En plena lucha por la independencia, la Argelia insurrecta pasó de la legitimidad revolucionaria a la legitimidad constituyente, al adoptar una Carta constitucional provisional que más tarde daría paso a la Constitución propiamente dicha. Van surgiendo inmediatamente las instituciones que formarán el incipiente estado argelino: la Asamblea Nacional Popular, el poder ejecutivo, que se encomienda a un Consejo de la Revolución, las wilayas o distritos regionales con sus respectivas asambleas y el FLN como partido único que aglutina todo el esfuerzo revolucionario.

En estos años, para Francia, Argelia se manifiesta como un problema insoluble, sobre todo por la existencia de casi un millón de colonos europeos de ascendencia francesa, española e italiana, enraizados en el país desde varias generaciones, estos son los pieds-noirs. Además Argelia, a diferencia de Marruecos o Túnez, carecía de un poder local con quién negociar, pues para Francia no existía en Argelia otra legitimidad que la suya propia, ya que se trataba de un territorio de plena soberanía

El primer ministro francés Méndes-France reafirmaba la soberanía francesa en Argelia en el momento en que los franceses eran excluidos de Indochina y para ello se enviaba a Argel como gobernador general a Jacques Soustelle, ferviente partidario de la Argelia francesa. Éste preconizó una política de integración en la metrópolis, acogida fríamente por los musulmanes, y por los mismos franceses. El gobierno de Félix Gaillard (septiembre de 1957- abril de 1958) procedió a dividir en 15 departamentos el territorio argelino e introdujo un parlamento autonomista, cuyos escaños se repartían por igual entre europeos y musulmanes, pero el reavivamiento de la guerra dio al traste con el ensayo y con el propio gobierno de Gaillard.

Cuando su sucesor, Pfimlin, manifestó su intención de negociar con los argelinos, la población europea de Argelia se levantó en armas (mayo de1958), constituyó comités de salvación pública, confió el control de la situación a militares de confianza y reapareció Soustelle en Argelia en olor de multitud. La movilización de una parte de las Fuerzas Armadas en la metrópoli amenazando con marchar sobre París y el anuncio de los partidos de izquierda de resistir a los golpistas hicieron comprender al presidente Corty que Francia estaba al borde de la guerra civil.

El 27 de mayo, el presidente encargó a De Gaulle la formación de gobierno, mientras que la Asamblea Nacional le concedía plenos poderes por un año. Cuando al mes siguiente el general visitó Argelia e hizo un llamamiento a la reconciliación sobre la base de una significativa “paz de los valientes”, los nacionalistas respondieron con el recrudecimiento de la lucha y la formación en Túnez del GPRA (Gobierno Provisional de la República Argelina), reconocido de forma inmediata por varios Estados comprometidos con la causa argelina.

De Gaulle promulgó una nueva Constitución que hizo nacer la V República de la que él mismo fue elegido presidente en el mes de enero de 1959. Entretanto, continuaba la resistencia nacional y se vislumbraba un creciente malestar entre los colonos ante la evidente resolución del presidente de librar el país de la carga Argelina.

El esfuerzo de guerra consumía buena parte de los recursos disponibles, mientras que la inseguridad sembrada por las reiteradas acciones nacionalistas provocaban un efecto psicológico sobre la población civil. Esta tuvo que ser concentrada en puntos determinados, fueron ensayados sistemas de autodefensa, de contraguerrilla, etc., sin que por ello las operaciones militares dieran resultado.

La instrumentalización del ejército por parte de la clase gobernante francesa generó un malestar profundo en sus filas y deterioró la moral de combate y la disciplina. La guerra de Argelia fue mal conducida por los franceses: 40.000 combatientes del FLN distribuidos en sus seis wilayas, mantenían en jaque a 500.000 hombres, de los que 150.000 eran harkis o musulmanes auxiliares. El aprovisionamiento de esa descomunal fuerza dejaba bastante que desear, hasta el punto de que con frecuencia escaseaban las municiones. Las frustraciones e insuficiencias apuntadas, sumadas a actitudes, entre los militares, no siempre democráticas y a su identificación con los colonos, determinó que no pocos militares se inclinasen hacia posiciones golpistas.

El cansancio de la opinión francesa iba en contra de la decisión de sus compatriotas de Argelia que se oponían a lo que ellos consideraban como un despojo y una injusticia histórica. Los líderes “pieds-noirs” (Arrighi, Langaillarde, Ortiz, Susini, Pérez) de ideología derechista eran atraídos por las promesas oportunistas de políticos como Bidault y Soustelle. De ahí que la prensa francesa de izquierdas presentase a los europeos de Argelia como el único obstáculo para alcanzar la paz, lo cual, hasta cierto punto era cierto. Las activas gestiones realizadas por De Gaulle para llegar a una paz negociada no hicieron sino afianzar a los pieds-noir, a los colonos de Argelia, en sus tesis de siempre.

En unas declaraciones hechas públicas en Trípoli, en enero de 1960, los argelinos dejaron claro que el objetivo de la lucha contra Francia no era otro que “la liquidación del régimen colonial, la restauración del estado argelino soberano y la edificación de una república democrática y social”. A finales de año, el propio De Gaulle aludió públicamente a “una República argelina, la cual existirá algún día”. La idea de la autodeterminación se abría camino y por primera vez comenzó a enarbolarse en las concentraciones musulmanas y, a la vista de los gendarmes, la bandera blanca y verde de la nueva Argelia.

El referéndum de enero de 1961, aprobado por el 75 % de los franceses y el 69% de los argelinos (hubo un 40% de abstenciones en Argelia) dio luz verde a una administración autónoma argelina. La respuesta de la derecha no se dejó esperar. Los generales Challe, Salan, Jouhaux y Zeller dieron un golpe de Estado en Argel -21 de abril- apoyado principalmente en los paracaidistas y en la población civil no musulmana. Pero la marina y la mayor parte de la fuerza aérea no lo secundaron, y como no se extendió a la metrópoli, el movimiento fracasó. El 26 de abril todo había acabado. Un consejo de guerra condenó a muerte a los principales implicados, pero la sentencia nunca se cumplió. La oposición antigaullista entró en la clandestinidad, formando una organización terrorista denominada OAS (Organización del Ejército Secreto)

El fracaso del levantamiento y los resultados de un referéndum celebrado en abril de 1961, dejaron libre el camino a la retirada francesa de Argelia. Entre el 20 de mayo de 1961 y el 18 de marzo del año siguiente se discutieron en Evian las condiciones del reconocimiento por Francia, en unas difíciles negociaciones, interrumpidas por tres veces, y salpicadas por las acciones militares del FLN y de la OAS, tanto en Argelia como en Europa. De Gaulle cortó drásticamente todo amago de guerra civil, sustituyó en la jefatura del gobierno a Debré -antiguo partidario de la Argelia francesa- por Georges Pompidou, y desencadenó una dura represión contra los militares golpistas, contra sus aliados civiles y contra la OAS, que le hizo objeto de varios atentados.

En Argelia, la situación se hizo insostenible para los franceses, tanto por las acciones del FLN y de la OAS como por las del Ejército y de los antiguos paramilitares contrarios a uno y a otra. Solamente entre el 1 de enero y 15 de febrero se contabilizaron 1.308 atentados y, en las ciudades, 5.000 muertos entre enero y junio. Por fin se llegó a un acuerdo de alto el fuego en Evian, el 12 de marzo del año 1962, sobre la base del reconocimiento de la República de Argelia, y la garantía de los intereses básicos de Francia en el seno del nuevo Estado y la adopción de convenios de cooperación futura.

La respuesta de la OAS consistió en intensificar sus acciones terroristas, en tanto que la población europea huía en masa (750.000 personas en pocas semanas), temerosas de las iras de los musulmanes, duramente castigados por las indiscriminadas acciones del terrorismo europeo. Sancionados los acuerdos de Evian por ambos países mediante referéndum, el día 3 de julio París reconocía formalmente la independencia de Argelia, siendo seguido su ejemplo por los países aliados de Francia que todavía no habían efectuado este reconocimiento, incluidos los EEUU y Gran Bretaña. Se cerraba así uno de los capítulos más relevantes del proceso descolonizador africano.

La proclamación se retrasó hasta el día 5, fecha simbólica, pues 132 años antes las tropas francesas habían desembarcado en Sidi Ferruch dando comienzo a la ocupación de Argelia.

Tras la independencia había que empezar a hacerlo todo, el pueblo estaba cansado, muchas poblaciones desplazadas, los colonos franceses (pieds-noirs) abandonando el país, las administraciones desmanteladas, los militantes del exterior vuelven encrespados, el Gobierno Popular de la República Argelina (GPRA) es muy frágil… Además aumentan las tensiones entre los políticos del GPRA y el Frente de Liberación Nacional. En esta situación, tan poco apta para los cambios profundos, asume el cargo de presidente de la República, en referéndum celebrado el 8 de septiembre de 1962 Ahmed Ben Bella.

Fue Ben Bella un luchador de la primera época contra Francia, ya que participó en la rebelión de 1947. Desde su exilio en Libia fue el hombre clave del FLN hasta 1956 en que fue apresado por los franceses, situación en la que permaneció hasta 1962.

Conduciría la república en los difíciles primeros años. Lo han tachado de autoritario y de un modo de gobernar enmarañado y tuvo que enfrentarse a la agitación bereber en la Kabilia, al conflicto por cuestiones fronterizas con Marruecos (la llamada “guerra de las arenas” en octubre de 1963), la disidencia del coronel Chabani en el Aurés, al paro, a la crisis económica y al Comité Nacional para la Defensa de la Revolución que fue prohibido el 14 de agosto de 1963 como todas las demás fuerzas políticas. Comenzó a aplicar unas reformas socialistas en el país que no llegarían a prosperar.

El 19 de junio de 1965, un autodenominado Consejo de la Revolución compuesto de veintiséis miembros en su mayoría coroneles, presidido por Huari Bumedián, ordenó la detención del presidente Ben Bella para acabar con “la mala gestión del patrimonio nacional, la dilapidación de los caudales públicos, la inestabilidad, la mentira y la improvisación […] impuestos como modo de proceder gubernamental y garantizar en el orden y la seguridad el desarrollo normal de los asuntos públicos”. Ben Bella permanecerá bajo arresto domiciliario hasta 1980, año en que conseguida la libertad se exilió en París y posteriormente en Ginebra; no regresaría a Argelia hasta 1990.

El coronel Huari Bumedián es un hombre joven cuando asume el poder. El FLN encarna ahora la legitimidad histórica, es el partido único surgido de la revolución y el que encarna el poder. Bumedián se enfrenta con la tarea de dirigir un país con grandes posibilidades: vasto territorio, hidrocarburos, minerales, amplias costas, fértil agricultura en el norte, incipiente industria y unos cuadros escasos pero de alto nivel técnico; pero un país también con desventajas como es una sociedad y unas instituciones destruidas por la guerra, un alto índice de paro y un índice de analfabetismo del 90% de la población.

Ante esta realidad el principal objetivo de Bumedián será el hacer de su nación un verdadero Estado. Por eso se lanzó a la tarea de educar, planificar, industrializar. Quiere unir a la independencia política, la independencia económica. Y tampoco hay que olvidar la lucha por el prestigio internacional. Argelia será la adelantada de los países del Tercer Mundo; para ello promovió en 1973 la cuarta cumbre de los países no-alineados y pidió y obtuvo una convocatoria extraordinaria de la Asamblea General de la ONU, en la que reclamó un nuevo orden económico internacional.

Bumedián mantuvo la unidad política (el monopolio del FLN, del que él era el secretario general), religiosa (el Islam) y lingüística (el árabe), y consolidó el sistema socialista “de peculiaridad argelina”, o sea religioso, nacionalista y antimarxista. La nueva Constitución del país que entró en vigor en 1976 confirmó el carácter socialista e islámico del estado y estableció el presidencialismo. El mismo año fue elegido formalmente para la presidencia de la República.

Si hubiera que destacar los aspectos principales de la política argelina durante el periodo de Bumedián, éstos se resumirían en tres: planificación económica, educación y vocación de liderazgo entre los países no-alineados. La planificación económica se llevó a cabo mediante tres planes económicos; un plan trienal (1967-70) y dos planes cuatrienales (1970-73 y 1974-77) La mejor parte se la llevó la industria en detrimento de la agricultura.

El promotor de la industria argelina ha sido Belaid Abdeselam. Se crearon cincuenta grandes sociedades y numerosas fábricas y plantas industriales como la siderúrgica de Al Hadjar, el gas licuado de Arzew, se llevaron a cabo nacionalizaciones muy conflictivas de sociedades mineras y de seguros porque los intereses franceses en éstas eran muy fuertes. En 1971 se nacionalizó el gas y las compañías de transporte y el estado adquirió el 51% de las compañías petrolíferas francesas, con promesa de indemnización, lo que supuso una fuerte protesta del gobierno francés. La fiebre desarrollista en el sector industrial y de la energía realizada en aras de la independencia económica no evitó caer en la dependencia exterior al dejar abandonado hasta hoy un sector vital: la agricultura.

La educación fue otra de las empresas de Bumedián. El estado le dedicó constantemente el 30% del presupuesto nacional. La escolarización primaria y media ha ido creciendo vertiginosamente; de un millón de niños escolarizados en el curso 62-63 a casi seis millones y medio en el curso 89-90 (la educación fue política prioritaria en todos los gobiernos posteriores a Bumedián) A la par que se creaban escuelas, institutos y universidades, los técnicos superiores extranjeros eran sustituidos por los nativos (maestros, profesores universitarios, médicos, ingenieros, farmacéuticos, etc.); además sin ahorrar gastos se enviaron a numerosos grupos de jóvenes a ampliar estudios en el extranjero. Otra tarea educativa importante que se puso en marcha fue la recuperación y generalización de la lengua árabe, “la lengua del hierro y del acero”. La arabización total se ha cumplido en la enseñanza primaria y secundaria y está a punto de culminar en la enseñanza superior.

Esta generalización del árabe se ha hecho a expensas de restringir las lenguas beréberes y poner trabas a la enseñanza en francés. En términos generales, aunque haya recogido también fracasos y muchas veces ha destacado por su falta de calidad, el esfuerzo en educación del gobierno en estas tres últimas décadas ha sido ingente.

En cuanto a política exterior Argelia ha tomado parte activa en todos los foros y organizaciones internacionales que agrupaban países no- alineados. El presidente Bumedián quiso hacer de Argelia uno de los países dirigentes del grupo de los no-alineados; participa en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en la Liga Árabe, en la Organización de la Conferencia Islámica, en cuya reunión de Lahore pronunció un discurso que se hizo célebre:
“Las experiencias humanas en numerosas regiones del mundo han demostrado que los vínculos espirituales, tanto si son islámicos como cristianos, no han podido resistir las embestidas de la pobreza y de la ignorancia, por la sencilla razón de que los hombres no quieren ir al Paraíso con el estómago vacío. Ésa es la cuestión de fondo.

Un pueblo que tiene hambre no necesita escuchar versículos. Lo digo con todo el respeto que tengo al Corán que aprendí cuando tenía diez años. Los pueblos que tienen hambre necesitan pan, los pueblos ignorantes saber, los pueblos enfermos hospitales”

Participó, como país dirigente, en la OUA. El presidente Bumedián solicitó una sesión extraordinaria de la ONU (él era presidente de los países no-alineados) donde, en un brillante llamamiento al mundo, pidió un nuevo orden económico internacional. En 1975 anunció la culminación de la institucionalización del régimen con la promulgación de una nueva Constitución, y la elección de una nueva asamblea y de un presidente de la República. Esta medida, que causó expectación no fue sino adelantarse a las peticiones de algunos grupos de oposición en el exilio, que según la propaganda oficial querían desestabilizar el régimen. Estos grupos, que parece ser eran apoyados por Francia y Marruecos que no estaban contentos por la línea seguida por Argelia en el conflicto del Sahara español, eran el FES (Frente de Fuerzas Socialistas, de Hocin Ait Ahmed), el PRS (Partido de la Revolución Socialista, de Mohamed Budiaf) y los comunistas argelinos. La oposición de los beréberes o los islamistas llegaría más tarde.

La nueva constitución consagraba el papel dirigente del FLN como partido único, el Ejército como instrumento del desarrollo y el socialismo como “opción irreversible”. Bumedián fue elegido como presidente el 10 de diciembre de 1976 -era candidato único- dando comienzo a otro periodo caracterizado por la “crisis del Sahara” y por la enfermedad del presidente. Huari Bumedián murió el 27 de diciembre de 1978.


HACIA EL PLURUPARTIDISMO



Tras la muerte de Bumedián se hace cargo provisionalmente de la presidencia el Consejo de la Revolución. Tras el congreso del FLN es elegido como candidato único a la presidencia en comandante de la región militar de Orán, el coronel Chadli Benyedid.

El nuevo presidente es un hombre pragmático que dejó intactas las instituciones existentes. Pero bajo su mandato van a comenzar a salir a flote todas las deficiencias que el sistema institucional y económico implantado desde la independencia ha ido acumulando. Comienzan a manifestarse los altos costos de las grandes empresas nacionales las infraestructuras viarias -carreteras y ferrocarriles- en deterioro y la desorganización en las importaciones de equipamientos. Cunde la desconfianza en el sistema económico argelino, tanto, que incluso los argelinos que poseen capital no se atreven a invertir en su propio país y comienza a restringirse la llegada de divisas desde la emigración.

En el aspecto cultural, los problemas que se producen en la enseñanza y los surgidos de la arabización se traducirán en una huelga que estalla en noviembre de 1979 entre los estudiantes arabistas y que durará hasta enero de 1980 seguida de la sempiterna agitación de la Kabilia. No hay que olvidar tampoco el bajo desarrollo que tienen sectores como la agricultura, vivienda y sanidad.

A todos estos problemas hay que añadir el vertiginoso aumento de la población en estos años (tasa de 3,27%) que frena cualquier cumplimiento de los objetivos propuestos por el gobierno. El comienzo de la década de los ochenta es momento difícil y expectante; consolidación de Benyedid en el poder depende de sus éxitos económicos. En noviembre de 1980 se adopta un nuevo plan quinquenal (1980-84) que da prioridad a los equipamientos sociales.

En el campo político continúa el hermetismo que ahora se ve reforzado con las decisiones tomadas en el congreso extraordinario del FLN que terminará por imponer su hegemonía a todo el país. A partir del 1 de enero de 1981 todos los cuadros sindicales o estatales tienen que estar afiliados al FLN con lo que empiezan a abrirse paso los arribistas y “enchufados” marginando de los puestos de responsabilidad a buenos argelinos que no quería afiliarse al FLN.

Los ciudadanos critican estas reformas, tanto más cuando los locales del partido se instalan en lujosas residencias. La oposición sigue estando ilegalizada y Ait Ahmed y Ben Bella (que ha sido excarcelado) están instalados en París. En esta década de los ochenta es cuando se van organizando en el interior los grupos berberistas e islamistas -los HM, Hermanos Musulmanes- así como grupos defensores de los derechos del hombre; pero los partidarios de la democracia pluripartidista no tienen ni la más mínima posibilidad de ver cumplidos sus deseos.

Las relaciones con Marruecos, por el conflicto del Sahara, no terminan de arreglarse a pesar del encuentro de Benyedid con el rey Hassan II en febrero de 1983. Las reformas emprendidas en el campo de la economía se concretan en la reforma de la agricultura y las empresas públicas (los opositores llamaron “destrucción” a lo que el gobierno calificaba de reestructuración) Se promulgó una nueva Carta Constitucional en 1986, a los diez años de la primera, en la que se reconocía la herencia bereber y se mantenía la opción socialista.

Pero es a partir de 1987 cuando se acelera la liberalización económica que comienza a dar sus frutos con la aparición de nuevos ricos (muchos adquirieron fortunas con el contrabando tolerado de magnetófonos, pantalones tejanos, pantys, etc.) Pero no se hace nada por la liberalización política, sólo se da un tímido paso con el reconocimiento de la liga en defensa de los derechos humanos de la señora Milud Brahimi (mientras otra liga de las mismas características, la de la señora Ben Yahia, no obtiene la legalización)

LAS REVUELTAS DE 1988


Esta política de dar pasos extremadamente cortos en la liberalización no satisfacía a nadie: a los partidarios de la liberalización que la consideraban demasiado lenta; a los partidarios del socialismo que consideraban traicionados los logros de la revolución y a los islamistas que denunciaban las “ignominias del régimen”, la “desvergüenza” de las mujeres y recuerdan los principios de un Islam puro e igualitario.

Todas estas insatisfacciones se aúnan y fueron la causa que hizo que estallaran las revueltas de 1988. El 4 de octubre de este año, unas manifestaciones estudiantiles se vieron secundadas por miles de otros jóvenes, marginados e “hitistas”, jóvenes sin trabajo que pasan largas horas en las calles apoyados en la pared, (”hit”, muro en árabe)

Se producen toda clase de violencias, pillajes y destrucciones de bienes públicos, oficinas del estado, bancos, agencias aéreas, almacenes estatales. Mientras la policía y el ejército dispara y detiene. La rebelión se extendió a otras ciudades del país. Los acontecimientos duran hasta el día 12 en que se levanta el estado de sitio. La cifra de víctimas fue de quinientos o seiscientos muertos.

El presidente Benyedid, presionado por los acontecimientos, anuncia una reforma constitucional; pero esto no detiene que médicos, periodistas, abogados, universitarios… sigan organizándose al margen de las organizaciones oficiales. Lo fundamental de las reformas propuestas y aprobadas por referéndum (3 de noviembre) fue que el Primer Ministro será responsable ante la Asamblea en vez de serlo ante el Presidente. El día 5 de noviembre es elegido Kasdi Merbah para Primer Ministro; se convocan elecciones anticipadas para diciembre y el día 22 Benyedid vuelve a ser elegido presidente como candidato único.

El nuevo mandato presidencial se inaugura con la promesa de una serie de reformas políticas entre las que cabe destacar la redacción de una nueva Constitución. Este nuevo texto va a contemplar la nueva realidad del país. Argelia ya no es un país socialista ni revolucionario, ha abandonado su vocación tercermundista, el ejército se está ciñendo a su papel de la defensa. Con estas premisas el nuevo texto contemplaba la posibilidad de crear “asociaciones de carácter político”, así que el FLN deberá convertirse en un partido como los otros que se creen.

A partir de ahora el multipartidismo se abre paso en Argelia. Las reformas se precipitan: el Ejército se retira como institución del FLN, se crea un Consejo Constitucional, se suprime el Tribunal de Seguridad del Estado, se ratifica la Convención internacional contra la tortura y finalmente se aprueba el texto de ley sobre asociaciones políticas.

En unas semanas se conocen oficialmente más de una decenas de partidos políticos. El año 1989 es el año del nacimiento del multipartidismo en Argelia. Son reconocidos el PSD (Partido Social-Demócrata), el RCD (Reagrupamiento para la Cultura y la Democracia, “berberistas”), el PNSD (Partido Nacional para la Solidaridad y el Desarrollo), el FIS (Frente Islámico de Salvación), el PNA (Partido nacional Argelino), el PSL (Partido Social-Liberal), el FFS cuyo dirigente Hocin Ait Ahmed, vuelve a Argelia después de veintitrés años de exilio, el PAP, la UFD, el PUP, etc.

Esta enorme cantidad de partidos es normal en un país recién salido, después de tantos años del monopartidismo, pero esta fiebre se aplacará y se irán produciendo reagrupamientos. A la vez se ponen en marcha reformas económicas, especialmente en lo que se refiere a la autonomía de las empresas públicas.


Pero la situación económica sigue siendo negativa por:



a) La caída de las cotizaciones del precio del petróleo a partir de 1980, mantiene una elevada deuda externa.
b) El paro se mantiene alrededor del 22% (hay 1.200.000 en 1988)
c) La inflación es altísima (42% en 1986)
d) Por último, la dependencia del país de las importaciones de producto alimenticios básicos no se ha podido reducir. Hay que importar el 100% del aceite, azúcar, leche, café y legumbres.

Esta situación provoca una tensión en el verano de 1989. Ante el temor de que se repitan los acontecimientos de octubre, el presidente Benyedid cesa al primer ministro Kasdi Merbah y nombra en su lugar a Mulud Hamruch. Pero el nuevo equipo poco podía hacer en pocos meses y en una situación tan delicada; las primeras medidas económicas no dieron, muy buenos resultados, así que el pueblo estaba expectante a las soluciones que diera el congreso del FLN previsto para noviembre de 1989. Como siempre, estaba previsto que triunfara la línea presidencial.


Pero en este Congreso se pusieron de manifiesto dos hechos:



a) Más de la tercera parte de los delegados se declaran partidarios de las ideas islamistas.

b) La aparición de un nutrido grupo de leales al pensamiento de Bumedián, lo que hacía constatar el hecho de que los partidarios del socialismo son más de lo que provinciales el 12 de junio de 1990, en las que obtuvieron una sonada victoria se creía.

Con esta situación política afrontó el gobierno las elecciones municipales y política, todavía más confusa con el regreso del exilio de Ben Bella. Durante los primeros meses de 1991 la situación era más que agitada cuando los islamistas del FIS pidieron unas elecciones presidenciales anticipadas y para reforzar sus peticiones convocan a una huelga general indefinida que llevó al gobierno a proclamar el estado de excepción por un período de cuatro meses.

A la vez se reemplaza al Primer Ministro Hamruch por Sidi Ahmed Gozali que convoca elecciones generales legislativas. La agitación no cesa a pesar del arresto de los dos principales líderes del FIS: Abasi Madani y Alí Belhach, y el levantamiento del estado de excepción. El 26 de diciembre de 1990 tiene lugar la primera vuelta de las elecciones legislativas. La victoria del FIS es aplastante: 188 escaños para el FIS y solamente 15 escaños para el FLN. La reacción antidemocrática del gobierno fue anular la segunda vuelta y con ello las elecciones.

Ante esta peligrosa situación social el Ejército y parte de la clase política presionan a Benyedid para que dimita. De la presidencia se hará cargo un Alto Comité del Estado compuesto de cinco miembros y presidido por Mohamed Budiaf. Hay que notar el hecho que la victoria aplastante del FIS se debió al modo de escrutinio pues obtuvo sólo 3.200.000 votos frente a 1.600.000 del FLN.

En los meses sucesivos se multiplicaron los arrestos continuos de militantes islamistas y hasta el día de hoy, se multiplicaron los atentados contra las fuerzas del orden y población civil; esto culminó con el asesinato de Budiaf en la Casa de la Cultura de Annaba. Fue nombrado Alí Kafi para la presidencia, antiguo dirigente de los “muyahidín”, mientras que Belaid Abdesalam, antiguo ministro del petróleo es nombrado primer ministro.

EL PRESENTE



La situación de Argelia hasta el presente es la de un país teñido por la violencia y por la guerra civil no declarada que mantienen los grupos integristas islámicos contra el gobierno.

A partir de 1992, cuando se disuelve por decreto el FIS, se generó una dinámica de acción-reacción, con numerosos atentados de los islamistas y detenciones y ejecuciones de las fuerzas de seguridad. Los islamistas gozan de gran apoyo entre las capas sociales más pobres, compuestas en su mayoría de población urbana juvenil, que sufren el paro y falta de perspectivas de futuro. En los suburbios de Argel, Orán y otras ciudades existen barrios enteros dominados por los islamistas, donde la violencia se ha generalizado. Además éstos iniciaron una campaña de atentados contra los extranjeros que ha provocado la salida del país de la mayoría de ellos.

Se ha hundido el turismo y las inversiones extranjeras. No hay que olvidar la persecución y el acoso que sufren colectivos como las mujeres, universitarios e intelectuales por parte de los islamistas. El Comité contra el Olvido de Argelia publicó, en enero de 1999, un informe en el que comunicaba la cifra de 120.000 muertos en siete años de guerra larvada entre el estado y los grupos islamistas. Estos datos coinciden con los de la Liga Argelina de Defensa de los Derechos Humanos.

En este clima, el 15 de abril de 1999 se celebraron elecciones anticipadas. A ellas presentó su candidatura Abdelaziz Buteflika. Este político argelino, formó parte del llamado clan de Uxda (nacionalistas que durante la guerra de independencia se concentraron en esta localidad marroquí) Durante la guerra se le encomendó la tarea de organizar el llamado “frente sahariano”, en los confines fronterizos con Malí.

En el primer gobierno de Argelia independiente, Ben Bella lo nombró ministro de Juventud, Deportes y Turismo, ocupándose, en especial, de las actividades de los grupos de jóvenes trabajadores. En este cargo permaneció hasta 1963, en que fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores. Cuando el coronel Bumedián derrocó al presidente Ben Bella y se instaló en el poder, lo nombró miembro del Consejo de la Revolución y, además, lo mantuvo como ministro de Asuntos Exteriores.

Durante la década de los setenta, Buteflika presidió la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando Argelia gozaba de una imagen de prestigio internacional, particularmente por su apoyo a los movimientos de liberación de Asia, África y América Latina. En febrero de 1979 fue nombrado ministro consejero del presidente Benyedid, cargo puramente honorífico, si se tiene en cuenta que no le confió misión alguna y en el espacio de tres años, el que fuera considerado como uno de los políticos más brillantes de Argelia fue paulatinamente desalojado de todos los cargos políticos y excluido del comité central del FLN. Tras ser acusado de desviar una cantidad millonaria de francos suizos del tesoro argelino a una cuenta privada (acusación que nunca fue probada) se retiró de la escena política durante estos años.

Se presentó como independiente, contando con el apoyo del FIS y del movimiento integrista moderado En-Nadha. En enero contó con el apoyo inesperado de la Agrupación Nacional Democrática y de la Unión General de Trabajadores Argelinos (UGTA), el sindicato más influyente del país, también con parte de los altos mandos del Ejército y del antiguo jefe del Estado Mayor, Jaled Nezar.

Las elecciones a las que se presentaron un alto número de candidatos, novedad sin precedentes, dieron la victoria a Buteflika. Una de sus primeras medidas políticas la tomó el 4 de julio, vísperas de la independencia, fue la de indultar a 2.000 presos islamistas.

Hasta el día de hoy el desarrollo de la vida económica y política de Argelia se puede calificar de confuso y con una serie de problemas de difícil solución por la presión de intereses contrapuestos internos que hacen que las reformas se estén llevando con extraordinaria lentitud, y la existencia de un terrorismo latente, al que, al parecer, no es ajeno, el mismo estado; que provoca un gran número de víctimas y que está entorpeciendo la colaboración internacional con este país.

El paso de la economía planificada a la economía de libre mercado está teniendo multitud de problemas. A pesar de que los tres jefes de gobierno que se han sucedido desde 1999 han intentado poner en marcha una política de privatizaciones, ésta se ha visto frenada en muchas ocasiones por fuerzas internas del mismo gobierno (incluso por el mismo Buteflika) que no terminan de confiar en un vuelco total del país a una economía de mercado. Las primeras reforma fueron llevadas a cabo por Mulud Hamruch con la promulgación de una ley sobre moneda y crédito que rompía el monopolio del estado en el comercio exterior. Argelia ha acabado convirtiéndose en una mezcla de economía planificada y economía de bazar.

En noviembre de 2000, el presidente creó una comisión de expertos para la “reforma de las estructuras del estado para convertirlo en un estado moderno”. Estas reformas se están concretando en privatizaciones a ultranza. Hamid Temmar, ministro de Participación y Coordinación de Reformas ha manifestado “… nosotros no vamos a sanear… Venderemos. El estado no quiere poner un dinar más en las empresas públicas…”

Su colega de Correos se ha planteado suprimir el monopolio sobre Internet y la telefonía móvil. Pero todo este proceso liberalizador “está siendo torpedeado por la inestabilidad política del país y por aquellos que, en el seno del poder, procuran hacer todo lo que sea por mantener el statu quo”. Un jefe de gobierno, Ahmed Benbitur, fue obligado a presentar su dimisión el 25 de agosto de 2000 por presiones del presidente. Ante esta poca claridad en los proyectos de reforma las negociaciones para la asociación con la Unión Europea se han detenido y las inversiones extranjeras son prácticamente nulas.

En cuanto al terrorismo tampoco la situación tiende a calmarse: se siguen produciendo asesinatos y secuestros por las bandas islamistas y es del todo cierto que las fuerzas de seguridad, al menos algunos sectores, están desarrollando una guerra sucia. Son constantes las acusaciones que a este respecto se hacen desde varios ámbitos.

Recientemente se ha publicado en Francia el libro “La guerra sucia” (Ed. La Découverte) escrito por un ex-subteniente del ejército. Aviv Suaïdia, en la que denuncia que “algunos militares se disfrazaban de islamistas para llevar a cabo operaciones terroristas que serían atribuidas a éstos últimos”. Otro coronel, exiliado en España, Alí Baali ha denunciado “la instrumentalización del islamismo por los coroneles argelinos, para torpedear el proceso democrático y atemorizar a la población, para que los argelinos opten por la seguridad y renuncien a protestar…” ¿El gobierno y el pueblo argelino encontrarán las soluciones y la energía necesarias para encarrilar un país instalado en la inestabilidad crónica?


Autor:

Pedro Macías Merinas





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