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Asturias Parte 1 - Monografía



 
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Europa. España. Minería. Movimiento obrero. Sindicalismo asturiano. Guerra civil. Falangismo minero. Represión. Guerrilla asturiana. Huelga minera



INTRODUCCIÓN



Las continuas represiones que sufrieron los mineros asturianos a lo largo de más de medio siglo constituyen un estudio que muestra las aspiraciones de unos trabajadores conscientes de su lucha, frente a la defensa de unos principios políticos, que personalizados en las fuerzas de seguridad, encarnan un periodo determinado de la historia de España en general, y de Asturias en particular.

En esta región, el poder de las acciones mineras va más allá de los parámetros políticos o económicos; solamente mediante un análisis socio- político se puede demostrar que partiendo de una determinada concepción del compañerismo y de la solidaridad, una profesión puede convertirse en el eje central de toda una sociedad. Los parámetros económicos, que no pueden dejar de tenerse en cuenta, actúan como estímulo estratégico, aunque por sí solos no elevan el carácter individualista de los hombres para hacerlos un mismo ser, una clase social que actua como único sujeto.

Desde la insurrección proletaria de 1934, y hasta las huelgas mineras de 1962, la problemática social del mundo minero asturiano fue uno de los problemas más relevantes de la conflictividad española.

Contextualizando su comienzo en una época marcada por la inestabilidad política, no sólo nacional, sino también internacional, los mineros optaron por una ideología cuya radicalidad iba progresivamente en aumento. La Revolución de Octubre fue el desenlace de una opción sociológica llevada a su máximo grado de extremismo. A partir de entonces la represión política en Asturias sólo es interrumpida por los conflictivos años de la Guerra Civil, a los que sucede un estado de excepción permanente que, tras la difícil posguerra y la adopción de un régimen económico autárquico, marcado por la militarización de los mineros, deja en latente reposo, lo que tras el rejuvenecimiento de las nuevas generaciones permite reivindicar con las huelgas de finales de los cincuenta y principios de los sesenta: una libertad no sólo sindical, sino también laboral.

Los datos recogidos a partir de la amplia selección de lecturas y las disposiciones legales acumuladas en Archivos tanto públicos como privados, permiten establecer tres periodos fundamentales en la historia de la minería asturiana desde principios de siglo.

En un primer momento la región se encontraba inmersa en una coyuntura política dominada por los sindicatos obreros y en la que los propios trabajadores eran conscientes de su propia elección ideológica. Esto marca un periodo, donde la fuerza obrera, no ya sólo como votantes, sino como sujeto colectivo, dispone de sus propias iniciativas, si bien éstas están orientadas por organismos sindicales. La Revolución de Octubre es una clara muestra de la conciencia de clase y de la combatividad del proletariado en Asturias, acto que se muestra como precedente de la lucha en la región durante la Guerra Civil, que los obreros asturianos mantuvieron, en algunas ocasiones, hasta una década más tarde de haber finalizado el conflicto.

Estas actuaciones insurgentes fueron, quizás, los motivos que llevaron al Gobierno franquista al mantenimiento del “estado de excepción”, hasta casi el final de la dictadura. Los mineros, tras una anterior etapa de libertad sindical, se vieron sometidos a un sistema militarizado, donde las empresas actuaban como regímenes militares, encuadrando a sus trabajadores en arquetipos castrenses. La clandestinidad en el monte, o el exilio, fueron el destino de aquellos militantes que con más ahínco habían luchado por la libertad democrática en Asturias, y que no habían sido encarcelados.

Dentro de este pesaroso panorama y con el paso del tiempo, hacen aparición a finales de los cincuenta unas nuevas generaciones mineras dispuestas a luchar para reivindicar una auténtica representatividad sindical de los trabajadores. Estas nuevas generaciones consiguieron volver a crear un clima de protesta solidario y conjunto, que a través de paros laborales y de encierros en los pozos, dieron a la lucha obrera en Asturias un auténtico realce.

Numerosas publicaciones no sólo periódicas, sino también de libros y testimonios escritos, han dejado constancia de los sucesos acontecidos en estos años. Mineros o simpatizantes de su lucha, que se vieron obligados a optar por el exilio debido a sus ideas políticas, han sido de gran ayuda para que estos acontecimientos quedasen recogidos a pesar del paso del tiempo. Por otra parte, tanto los archivos históricos de distintas fundaciones particulares, como los provinciales o locales, son fuentes perennes de los datos que aquí se recogen, y que permiten un estudio sistemático y cronológico, que si bien abarca un periodo demasiado largo para una descripción exhaustiva, acerca al lector a unos acontecimientos no del todo conocidos pero interesantes.


CAPITULO I: CONTEXTO HISTORICO DE PRINCIPIOS DE SIGLO



1. 1. ENTORNO HISTORICO DE PRINCIPIOS DE SIGLO



A principios de siglo existe en Europa una coyuntura política que marca los parámetros decisivos que influirán en la historia de las naciones no sólo continentales sino en el resto de la geografía mundial. Numerosas circunstancias tanto económicas como sociales introducirán grandes variaciones en el panorama de una España que comienza la centuria con grandes agitaciones políticas.

1. 1. 1. PANORAMA INTERNACIONAL



El advenimiento de la II República Española se produjo en una coyuntura internacional adversa a este sistema político nacido en el siglo XIX como resultado de la liberalización de fuerzas sociales y culturales procedentes del liberalismo británico, de la Revolución Industrial y de la Revolución Francesa.

Desde 1917 y hasta mediados de los años 20, se habían producido acontecimientos que iban a cambiar la historia el mundo.

La resolución de la I Guerra Mundial a favor de Francia y Gran Bretaña significó para Alemania la perdida de sus colonias y de sus mercados, y la imposción de unas sanciones reparadoras, que a la larga contribuyeron al reforzamiento de un sentimiento ultranacionalista en cuyo seno germinaría el nacionalsindicalismo.

Por otra parte, el triunfo de los bolcheviques en la Rusia de 1917 anunciaba la puesta en marcha de un régimen socialista, que hasta entonces había vivido sólo de las concepciones utópicas. Marx había profetizado que la Revolución Socialista triunfaría en los países más avanzados industrialmente. La revolución bolchevique en Rusia contradijo esta previsión, puesto que este país poseía una economía fuertemente dependiente todavía de la agricultura y su estructura social estaba sometida a unas condiciones semifeudales.

En Europa, miéntras, se creaba una nueva Internacional más agresiva y expansiva, apoyada por el Komintern, “un instrumento que iba a convertir a los partidarios comunistas de todo el mundo en peones de la política exterior soviética- . La URSS iba a inaugurar ahora su propio imperialismo. Los movimientos obreros de Alemania, Italia, Francia y España, entre otras naciones europeas, eran pujantes y amenazadoras para las clases sociales dominantes. El pavor al comunismo comenzó a recorrer el viejo continente inmerso en una coyuntura económica, que tuvo en el crack de 1929 su momento álgido.

Por otra parte, Norteamérica, que a pesar de su incursión a Filipinas en 1898 en la guerra contra España, se había mostrado fuera del continente respetuosa del imperio anglo- francés y se había conducido, sobre todo, por la doctrina Monroe - América para los americanos”, había dado un gran salto con la decisión del presidente Wilson de hacer intervenir a la nación en la guerra europea. Era la primera vez que Estados Unidos se internacionalizaba a gran escala, y ello iba a dar lugar a otro nuevo imperialismo, “el económico, que en la trayectoria de su expansión necesariamente tenía que tropezar, más tarde, con el sistema político soviético- .

Mientras tanto, en el Extremo Oriente, se producía la Revolución China en sus dos vertientes, la burguesa del Kuomintang y la proletaria de Mao- Tse- Tum, triunfante en 1948.

En Europa la II Internacional había saltado en pedazos con el estallido de la guerra en 1914, cuando cada partido socialdemócrata decidió justificar la causa del gobierno respectivo de su propio país por encima del internacionalismo proletario. Asimismo los socialdemócratas en la posguerra, asumiendo un papel contrarrevolucionario, habían servido para sujetar a las masas amiseradas. Por otro lado el curso que iba tomando el reciente gobierno revolucionario de la URSS con la pérdida de la libertad para la clase obrera instalada en el estalinismo, tampoco hacían apetecibles para las masas obreras del centro y del occidente europeos los programas de los partidos comunistas. Así pues, estos seguían siendo muy minoritarios, mientras el colectivo de trabajadores se decantaba por las reformas socialdemócratas y la lucha sindicalista en un plano económico.

A finales de los años 20 el proceso de administración hacendística del occidente vuelve a tener crisis y se empiezan a preparar desde ahora la serie de motivaciones que condicionarán a la II Guerra Mundial. El enorme tren de sobreproducción de la industria occidental, y sobre todo la Norteamericana, fue el detonante que condujo al crack económico de 1929. Y puesto que el imperialismo económico americano había extendido ya sus redes por gran cantidad de países europeos, su marasmo de crisis hacendística produjo una terrible convulsión en todo el mundo occidental capitalista.

La Italia de 1922 encontró en Benito Mussolini un nuevo jefe de Estado, que tras acceder al poder a través de los mecanismos de la democracia liberal, suprimió el sistema de libertades que utilizara para ello e implantó una dictadura totalitaria y derechista:el fascismo. En 1931 el fascismo italiano se hallaba en pleno auge e incluso se dotó con expectativas de carácter imperialista en Africa. Mussolini creó una burocracia y una base social propicia para aceptar el irredentismo adoptado ante Alsacia, Lorena, el Sarre y los Sudetes, y la mística de la raza, postulados con los que concluía el cuadro de este nacionalismo, con capacidad para sensibilizar a las masas a partir de una técnica de manipulación.

Por otra parte, la derrota de la I Guerra Mundial abrió en Alemania la etapa democrática de la República de Weimar. Pero el legado del desastre y de la gestión del II Reich Imperial fue demasiado gravoso para la joven democracia dirigida por los socialdemócratas, y la crisis económica catalizó el proceso de descomposición social. La democracia se debilitó por la confrontación de diferentes factores contrapuestos, y en pleno proceso, emergió Adolf Hitler y su partido nacionalsocialista, cuyo objetivo principal era la lucha contra el comunismo, pero también los postulados antisemitas y la “solución- para salvar a Alemania, vinculada a la promesa del Tercer Reich. En 1931, Hitler fue presentado como candidato a la presidencia de la República por una coalición ultraconservadora. Venció el mariscal Hindenburg, pero en enero el derrotado regresó victorioso.

El Führer formó gobierno respaldado por las urnas, que luego destruyó de inmediato para instaurar un régimen totalitario. Aunque durante la República de Weimar, las agitaciones sociales causaron gran inquietud en el seno del capital monopolístico, fue mayor la preocupación entre la pequeña y media burguesía. Ésta, a la vez que veía disminuido su poder adquisitivo y su capacidad económica, veía desmoronarse por completo sus influencias sociales y políticas, al sentirse emparedada entre la preión proletaria y las instancias del alto capital financiero.

En Francia y Gran Bretaña, bastiones históricos de la democracia liberal, el sistema se sostuvo a la defensiva. El presidente francés Paul Doumier fue asesinado en 1932 y el Gobierno de izquierda moderada de Edouard Herriot se hallaba desbordado por la problemática económica. Los primeros ministros comenzaron a sucederse sin apenas gobernar.

Del año 33 al 34 se encuentran instalados en el centro y en el occidente de Europa tres regímenes autoritarios, el de Portugal de Salazar, hombre de convicciones ultracatólicas y extremadamente conservadoras, la Alemania de Hitler, y la Italia de Mussolini, el primero parafascista y los dos últimos claramente fascistas.

Stalin sintiendose amenazado por el auge de los régimenes ultraderechistas promueve en el occidente, por medio de los partidos comunistas, los frentes populares que aglutinarán a los proletariados y a las burguesías liberales frente al fascismo, que se encuentra en su momento expansionista.

Esta es la situación en el plano internacional y sobre todo europeo, en el momento en que se va a producir en España la Revolución de Octubre de 1934.


1. 1. 2. PANORAMA NACIONAL



Desde principios de siglo “el movimieno obrero español había adquirido un ritmo de expansión y de radicalización mayor que el resto de los proletarios organizados eurpeos- . La huelga general decretada por la CNT en 1910 había dado lugar a que el sindicato fuera puesto fuera de la legalidad inmediatamente despues de su fundación. A partir de entonces se va a producir una radicalización sindical que no sólo afectaba a los anarcosindicalistas, sino que también la UGT va a forzar la situación social y proletaria con el fín de no quedarse estancada.

Esta radicalización se benefició de una situación exterior que para la economía española iba a ser muy propicia: la I Guerra Mundial, que había estallado en 1914. Durante el conflicto, la neutralidad española había hecho del país un gran centro comercial para los dos bandos en lucha. La coyuntura económica era muy favorable, las industrias ya creadas trabajaban a pleno rendimiento, otras se crearon entonces, y los productos del campo y del subsuelo se vendieron a precios muy rentables.

Las divisas llegaban con facilidad al Tesoro Público, pero junto a esto, se daba también la mayor coyuntura para el desarrollo del movimiento obrero, y ello culminó en la Huelga General Revolucionaria de 1917 para la que las dos centrales sindicales habían unido sus efectivos. El fracaso de esta huelga y su represión volvió a desunir al movimiento obrero y desanimó a los grupos más agresivos de la UGT, así como proporcionó una coyuntura favorable a los hombres moderados del PSOE como Besteiro o Fernando de los Ríos, que quitando presión a los movimientos sindicales y sociales buscarán, las soluciones en el campo político. Por el contrario la CNT aumentará su radicalidad.

El final de la coyuntura económica, tras finalizar la guerra, trae consigo el paro laboral, la menor capacidad adquisitiva de la clase obrera y una mayor inseguridad en los puestos de trabajo. Todo ello junto con los problemas que producía la repercusión en la Península de la Guerra con Marruecos se tradujo en una gran agitación tanto política como sindical y en un mayor alejamiento de las centrales sindicales, que con el fin de paliar la crisis, optan por posturas diferentes.

“Frente a la radicalización de la CNT, la UGT iba accediendo a posiciones mas conservadoras, lo que supuso que cuando el General Primo de Rivera intenta su solución a la crisis planteada en el seno de la burguesía liberal por medio de la Dictadura, la UGT y el PSOE pactaron con él una colaboración para crear los Comites Paritarios y los Jurados Mixtos, mientras que la CNT era puesta fuera de la ley- .

Primo de Rivera trató de solucionar el problema del acuciante paro obrero por medio de las obras públicas (pantanos, carreteras, regadíos,. ), pero no todas estas obras fueron rentablemente llevadas a cabo, y por otro lado, vaciaron las arcas del erario público, de modo que cuando sobreviene la crisis económica del 29 con el crack de Wall Street y su repercusión a nivel internacional, España se encuentra sin reservas y planes apropiados, así como con una estructura económica que no le permite hacer frente a aquella difícil situación. Resultado de todo ello fue el descontento de la burguesía con la dictadura, lo que trajo consigo la caída de Primo de Rivera.

“El descontento de la burguesía económica con el régimen, y el descontento tradicional de los intelectuales con las formas autoritarias tradicionales en España, había puesto en contacto a estos grupos con la corriente socialista, ahora dirigida por líneas de moderación. El resultado fue “El Pacto de San Sebastián”, que iba a abrir las puertas a la II República en abril de 1931- . Mientras que la central ugetista, en este periodo más vinculada al partido socialista, participaba activamente en la creación del Pacto, la CNT no había intervenido, pero despues de muchos años de persecución y vida clandestina, había dado luz verde a aquella inciativa de burgueses liberales y socialistas moderados, con la esperanza de encontrar mejores condiciones para la lucha obrera dentro del nuevo régimen. Así se inaugura el 14 de abril de 1931, tras la derrota electoral de los monárquicos en unas elecciones municipales, la II República, apoyada por una burguesía que nunco tuvo fuerzas para defenderla. “El escaso desarrollo industrial de España no había permitido la formación de una base social burguesa de suficiente entidad, así que aquella era una República de intelectuales que contaba con el consentimiento condicionado de la clase obrera- .

Los socialistas, junto con la burguesía liberal, en un principio se comprometieron a fondo con la República y su cometido. Éste programa se centró en el impulso industrial, la reforma del ejército, la reforma de la enseñanza, la laicaización, y puesto que España era un país eminentemente agrario cuyo campo estaba, en su mayor parte, en poder de muy pocas manos de terratenientes, la puesta en marcha de una reforma agraria que habría de tener como consecuencia la creación de una base de pequeños propietarios, bajo el lema de “la tierra para el que la trabaja”.

Desde el punto de vista reformador, la burguesía intelectual había puesto el acento en desarmar las instituciones tradicionales de represión, armada e ideológica (reforma del ejército, creación de la Guardia Civil de Asalto como cuerpo fiel a la institución republicana, la separación de poderes con relación a la iglesia, la Ley de Enseñanza) puesto que para ellos el problema de España era un problema de libertad, cultura y europeización.

Por otra parte ante las constantes presiones sociales para que se llevaran a cabo las reformas estructurales en el orden económico y social que reclamaba la clase obrera; el partido socialista, con la UGT fueron víctimas de la contradicción de una pstura que les exigía su alianza con la burguesía con abandono de todo proyecto revolucionario que satisfaciera a sus bases obreras.

Las consecuencias fueron la tibieza reformista de la burguesía desasistida que se siente sin fuerzas para proponer y mucho menos para llevar a cabo una verdadera reforma agraria. La impotencia de esta burguesía, el desprestigio del PSOE y la UGT junto con el abandono de la CNT promueve la situación de crisis que se dirimirá en las dos elecciones de 1933 a las que la derecha unida va a comparecer en torno a la plataforma liderada por Gil Robles, la CEDA. La abstención decretada por la CNT y la desilusión que siente la clase obrera dará como resultado el triunfo holgado de la derecha española.

Como consecuencia de esto, y debido a una situación internacional en la que empiezan a aperecer gobiernos de tinte fascista en el exterior, se dá en nuestro país un toque de alarma en el que los socialistas no están dispuestos ya a defender una República que sirva de puerta de entrada al fascismo. Es así como los socialistas empiezan a pensar en la revolución y en su puesta en práctica en la zona más radicalizada de su militancia: Asturias.


1. 1. 2. 1. MOVIMIENTOS SINDICALISTAS EN EL PANORAMA NACIONAL



“El hecho de la irrupción de las masas en la vida pública, que domina la historia contemporánea, no se produce siempre siguiendo los mismos pasos. En el siglo XIX, la democracía política se instauró por el sufragio universal; el régimen parlamentario parecía entonces su expresión natural. En el siglo XX, el sindicalismo obrero se presenta también como un instrumento necesario de la democracia social- . Abordar la temática del movimiento obrero en la II República significa adentrarse y analizar como puntos de referencia dos grandes organizaciones obreras: la Unión General de Trabajadores (UGT) y la Confederación General del Trabajo (CNT).

La UGT, vinculada al PSOE, constituyó un sólido punto de apoyo del frente político reformista y, solamente cuando la inpeancia de éste se combinó con la agresividad de las derechas, comenzó a configurarse una tendencia izquierdista, progresivamente orientada hacia posiciones revolucionarias. Los hechos de octubre marcan esa inflexión ugetista.

La Confederación Nacional de Trabajadores mantuvo frente al nacimiento de la República y el reformismo, una actitud de expectativa, e incluso de tolerancia en algunos momentos. Sin embargo persistió siempre ejerciendo una presión agitadora sobre el Gobierno reformador y cuando éste aumentó su dureza represiva, el anarcosindicalismo disolvió toda contemporización.

Por otra parte cabe señalar que la incidencia del Partido Comunista no fue en modo alguno relevante hasta 1936. Luchó sin mucho éxito sobre todo por apropiarse la dirección en los sindicatos ya constituidos, consiguiéndolo en muy pocs casos y a muy escaso nivel. El crecimiento espectacular tendrá lugar durante la Guerra Civil gracias a la ayuda soviética al bando republicano, condicionada a un crecimiento de la influencia política del PCE y a favor también de su política que contaba con las simpatías de la pequeña burguesía proletaria e intelectual.

La complejidad del tema sindical estriba en la diversidad de análisis sobre el papel del movimiento obrero y su naturaleza radicalmente revolucionaria.

Es necesario señalar que a partir de los criterios elaborados por Josep Pla “la dureza del movimiento obrero anarcosindicalista, su “apoliticismo- que le hacía impermeable al pacto, habría sido el factor desencadenante de la crispada historia contemporánea española, al menos en el siglo XX- .

No hay duda acerca del caracter radicalmente subversivo y revolucionario el anarcosindicalismo nacional, así como su continua negación al pacto y la negociación. Las derechas españolas fueron, por su parte, tan radicalmente reaccionarias como ferozmente revolucionario fue el anarcosindicalismo. Unas y otras se correlacionaron en su intransigencia.

“En aquellas naciones de Europa en que las burguesías supieron generar un discurso y una práctica politico- reformista los movimientos obreros fueron integrados politicamente en el marco democrático de las sociedades capitalistas, en cambio en países como España o Rusia, donde predominaba una burguesía debilitada por sus pactos con ideologías ancladas ideologicamente en el Antiguo Régimen, la respuesta obrera se identificó con la radicalidad y la revolución- .

Los movimientos obreros nacidos en el siglo XIX y desarrollados a principios del XX - como fue el caso español- tuvieron una rebeldía inusitada desde practicamente su nacimiento. En la historia española los liberales nunca pudieron copar el poder suficiente para desarrollar su esquema sociopolítico, ya que las clases dominantes no aceptaron concesiones que restringiese su privilegiada situación.

Al abrirse el paréntesis republicano la UGT se hallaba desprestigiada por el colaboracionismo de varios de sus dirigentes con la dictadura de Primo de Rivera y por la presencia de la organización en los comités “paritarios- utilizados por aquel régimen para solventar la problemática social. Sin embargo su influencia seguía siendo muy importante, lo mismo que su papel de transmisión del PSOE. En el momento de proclamarse la II República y durante el periodo reformista supo acogerse a la moderción que preconizaban Prieto y Besteiro. Sin embargo, su dirección sindicalista, en la que Largo Caballero representaba la tendencia radical, comenzó a mostrarse en desacuerdo con la política prietista y con la del Gobierno de Azaña, tras el golpe de Estado fallido del 10 de agosto de 1932 dirigido por el general Sanjurjo.

“Respecto a la incidencia de la UGT entre las clases trabajadoras no hay más datos que los relacionados con el Congreso XVII, que la organización celebró durante el periodo republicano en octubre de 1932. En su seno se integraban numerosas corporaciones sindicales de profesiones liberales- . Su influjo era poderoso en Madrid, en Asturias, en el País Vasco, parte de Andalucía y del Levante Ibérico excepto Catluña, dominando en los sectores de servicios, minería y ferroviarios*.

Teniendo el sindicalismo ugetista como soporte, por la presencia de Largo Caballero en el Gobierno republicano y varios ministros socialistas, “el Gabinete promulgó en abril de 1931 la Ley de Jurados Mixtos- , que reunía a representantes de la patronal y de los trabajadores bajo el arbitrio de un delegado gubernamental. Esta ley tenía como objetivo contener en los límites legales al movimiento obrero, y frenar, en la medida de lo posible, la estrategia de acción directa de la CNT.

“Entre el 11 y el 16 de junio se reunió en Madrid el Congreso extraordinario de la CNT- . En él se confrontarían abiertamente dos formas de concebir el anarcosindicalismo, movimiento predominante en Cataluña, Levante, Andalucía y Aragón, englobando los sectores de la construcción, metalurgis y agricultura.

El resultado de la crisis interna de la CNT fue el nacimiento de la corriente trentista o moderada, auspiciada por un manifiesto firmado por treinta dirigentes encabezados por Angel Pestaña*. Sin embargo, la eclosión trentista se produjo en un momento de intensa agitación social, en una coyuntura poco propicia para haber podido influir con mayor solidez en la confederación y haberla podido frenar en sus movimientos huelguísticos. Lo cierto es que el moderantismo trentista quedó atrapado entre la radicalidad de los hechos y la aversión que despertó entre sus adversarios.

La presión social no facilitó la labor de los sucesivos gobiernos republicanos. Los grupos financieros disminuyeron sus inversiones a la vez que exportaban capital al exterior, mientras las clases trabajadoras solicitaron amplias mejoras laborales, presionando al Gabinete con numerosas huelgas. “Si en 1930 el número de manifestaciones de protesta en las que se interrumpía la jornada laboral había sido 302, en 1931 los conflictos de este tipo se doblaron y se realizaron 734 huelgas que involucraron a 287. 711 trabajadores- . Ante esta situación el Gobierno central llegó a estudiar la posibilidad de un decreto, preparado por el ministro de gobernación, Maura, que limitara los excesos de los patronos y los trabajadores, pero claramente destinado a cercar al anarcosindicalismo, el asunto fue posponiendose hasta quedar olvidado.


1. 1. 2. 2. SINDICALISMO EN ASTURIAS



En Asturias, en vísperas del movimiento revolucionario, preponderaba el grupo socialista- ugetista que dominaba la capital, Oviedo, y la mayor parte de las cuencas mineras. Importante había sido la influencia de Manuel Llaneza, hombre de gran prestigio en la zona y simpatizante de la línea reformista de Prieto y Besteiro*. Entre sus contribuciones al sindicalismo asturiano destaca la creación del Sindicato Minero. Otros hombres importantes, aunque de una línea más radical del socialismo asturiano, fueron Belarmino Tomás, Amador Fernández Y González Peña*.

Por su parte el grupo anarcosindicalista controlaba principalmente las ciudades principales de Gijón y la Felguera, y en menor grado Avilés y el concejo de Grado. A éste sindicato pertenecían hombres como Eleuterio Quintanilla, de la línea trentista, o Joaquín Entralgo, González Mallada y Jose María Martínez*.

Una de las características del grupo anarcosindicalista asturiano fue su defensa constante de la unión obrera de base y el entendimiento con la UGT, postura defendida por ellos incluso en los congresos de rango nacional. Esta cooperación constituyó la base más sólida de la “Alianza Obrera”, que hizo posible el hecho de la revolución asturiana.

En una línea secundaria, los comunistas se englobaban en lo que mas tarde se constituiría como el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), y su incidencia no era muy numerosa en la región.

La Alianza Obrera se constituyó sobre la base de dos representantes anarcosindicalistas, dos socialistas- ugetistas y dos comunistas. Aunque estos últimos no tenían base suficiente para la representación fueron admitidos en la Alianza con la intención unificadora de que el movimiento obrero se convirtiese en un único frente con objetivos comunes.

Otra facción obrera minoritaria, no formaba parte del movimiento proletario general. Se trataba de una parte de la minería de la zona de Aller, con el enclave más importante en Moreda. Este grupo estaba organizado sobre una base confesional católica, propugnada por su fundador, Arboleya, y se había destacado del resto del proletariado asturiano, que siempre se había caracterizado por su radicalidad combativa y su espíritu cooperativo.

En el año 34, el fascismo asturiano (falangismo) era practicamente inexistente. Tenía cierta fuerza sin embargo, la derecha moderada que se aglutinaba en torno a la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) dirigida por Gil Robles.

El bando liberal de Melquiades Alvarez estaba en decadencia, y aunque mantenía sus posiciones desde el periódico “El Noroeste- de Gijón, había sido arrollado ya por el impulso de un movimiento obrero muy radicalizado que iba ya sensiblemente mucho más allá de las posiciones republicano- liberales.

A. 2. REVOLUCION DE OCTUBRE (1934)



Ante una situación social claramente conflictiva, y una coyuntura política y económica marcada por ideologías exacerbadas, los movimientos sindicalistas encontraron en las masas populares una base suficiente como para aprovechar el momento propicio. Aquellas zonas más industrializadas y cuyos fervores sindicales eran más radicales, fueron las protagonistas de los sucesos belicosos que marcaron las revueltas anteriores a la Guerra Civil.

B. 1. PROLEGOMENOS DE LA REVOLUCION DE OCTUBRE



La llamada Revolución de Octubre es el desenlace de toda una larga gestación crecientemente agresiva en la que los dos polos o extremos de las ideologías más radicales imperantes en el país se enfrentaron y agredieron una y otra vez. A medida que los grupos ultraderechistas fueron incrementando sus filas y radicalizando sus actuaciones, en la izquierda, al sindicalismo revolucionario de la CNT se sumaba la creciente bolchevización de UGT y la proliferación de grupos marxistas.

“A finales de enero de 1934, en Bilbao, se produjo una huelga general en señal de protesta por un acto en el que el intelectual ultraderechista Federico García Sanchís pronunció una conferencia de contenido desestabilizador. Lo que demuestra hasta que punto existía una sensibilización popular y unas expectativas de respuesta- .

Por aquellos mismos días numerosos centros universitarios de diferentes regiones del país fueron escenario de violentos enfrentamientos entre estudiantes de la Federación Universitaria Española (FUE), de tendencia izquierdista, y los de ideología falangista.

Como estos choques entre los partidarios de las dos ideologías proseguían, e incluso los enfrentamientos llegaron a producir víctimas entre los manifestantes, el Gobierno anunció la ampliación de las plantillas y dotaciones de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Numerosas huelgas dificultaron la salida de periódicos derechistas. En Asturias, en la localidad de Rivera, el Ayuntamiento fue asaltado y ocupado por el pueblo. La situación en las cuencas mineras era de gran tensión.

Mientras estos enfrentamientos fueron haciendose progresivamente más agresivos y las huelgas generales proliferaban por toda la geografía española, “el Gobierno decidió cerrar los locales de la FUE y de Falange, a la vez que algún local socialista fue asaltado por elementos falangistas- .

“La provocación de la derecha llegó a tal extremo que el Parlamento aprobó un suplicatorio para proceder contra el lider ultraderechista Primo de Rivera, acusado de tenencia ilicita de armas, y sobre todo por haber dirigido una demostración paramilitar en el Aeródromo del Club del Aire de Entremera - .

En Barcelona, el día 26 de julio, un grupo de nacionalistas exaltados incendió el Palacio de Justicia como señal de protesta por el encausamiento de un simpatizante.

Rumores de indisciplina y conspiración decidieron al Gobierno a arrestar al general Gil Yuste, y en las localiddes vascas se sucediron numerosas manifestaciones autonomistas.

En el último día de agosto fure víctima de un atentado mortal el dirigente comunista Joaquín de Grado y un grupo de militantes socialistas ocuparon y destruyeron los locales de la CEDA en Bilbao. Al mismo tiempo era clausurada la Casa del Pueblo de Madrid, vinculada al PSOE, con la acusación de ser sede de conspiraciones. Por la misma fecha en Asturias fue descubierto un importante arsenal de armamento destinado a actividades izquierdistas.

La vida de los partidos políticos se hizo dificil, impactada por una situación social tan explosiva.

En este marasmo político cabe destacar la importancia que supuso el nacimiento de la Alianza Obrera, pacto de la izquierda que aglutino a todas las organizaciones sindicales en 1934.

Ya en 1933 había nacido en Cataluña una Alianza Obrera inspirada por Joaquín Maurín y que aglutinaba al Bloc Obrer i Camperol, la Unió Socialista de Catalunya, la sección catalana ugetista, el trentismo anarcosindicalista de Pestaña, la Unió de Rabassaires y un grupo dirigido por Andreu Nin, llamado Izquierda Comunista. Su objetivo era defender las conquistas obreras y extenderse como unión fuera de Cataluña.

La ocasión fue en 1934, tras la victoria de las derechas en los comicios. Largo Caballero recibió en Madrid a Maurín y de aquella reunión salió el proyecto de expansión de la Alianza Obrera, que en mayo de aquel año era ya una realidad siendo su primer objetivo derrotar al “fascismo”. Las proposiciones hechas a la CNT no surtieron efecto. los anarcosindicalistas rechazaron el pacto por considerarlo practicamnte defensivo, cuando lo que ellos pretendían era pasar a la ofensiva revolucionaria. Solamente la CNT asturiana se vinculó bajo el peso de la coyuntura revolucionaria allí existente.

B. 1. A. ORIGINALIDAD Y DESARROLLO DE LA ALIANZA OBRERA EN ASTURIAS



Frente a una política divisionista promovida en las centrales obreras españlas desde comienzos de siglo y que había tenido momentos fugaces de superación, como ocurrió en la huelga revolucionaria conjunta de 1917, y frente al fracaso de los intentos unionistas ocurridos en los congresos separados de las centrales sindicales, así como la acentuación de la separación producida por el hecho de que la UGT había llevado una política de apoyo a la República, mientras que la CNT se había enfrentado abiertamente a ella en el campo de las luchas sociales, en Asturias se produce un fenómeno inédito en la historia de las dos centrales, el apoyo a la Alianza Obrera.

Este fenómeno viene apoyado en una tradición ue había dado lugar a un mayor entendimiento entre estas dos agrupaciones a nivel asturiano, puesto que hay que tener en cuenta que el máximo jefe socialista de la Revolución, Belarmino Tomás, había formado parte, en su juventud, de los grupos sindicalistas de signo ácrata, y que en todos los congresos anteriores de la CNT habían sido los anarcosindicalistas asturianos como Quintanilla o Jose maría Martínez, paladines de la unión entre estas dos agrupaciones sindicales.

Dado que el peligro de “fascistización- inmediata de España es el que decide a las formaciones socialistas a asumir la revolución, y dado también al hecho de su incapacidad para llevarla a cabo en solitario, se dan en Asturias las mejores condiciones para realizar esa revolución conjunta debido al alto grado de entendimiento entre ambas. El órgano unitario de esa revolución va a ser la Alianza Obrera, promovida fundamentalmente por la UGT y la CNT, a pesar de las reticencias de la FAI, que pensaba que todo frente único obrero debía producirse en el seno de la CNT, y a pesar también de la oposición del Partido Comunista que el 3 de octubre, 24 horas antes del estallido de la revolución había negado su apoyo a la Alianza Obrera, pero esto no impidio que el 5 del mismo mes, ese mismo PC solicitara el ingreso en la Alianza *.

En Asturias, el Partido Socialista decide decantarse por el levantamiento armado, alejándose así de los medios políticos y parlamentarios, que siempre había propugnado. Es cierto que no todos los sectores del partido dieron su acuerdo al movimiento revolucionario, pero incluso representantes de sectores moderados, como Indalecio Prieto, dieron su aprobación al desembarco del alijo de armas clandestinas del “Turquesa- en San Esteban de Pravia *.

Lo más original, sin embargo, en lo que respecta al proletariado asturiano no fue el levantamiento mismo, sino la manera de conducirlo, pues mientras en el resto de Europa, siguiendo las consignas de Stalin, se constituían frente al fascismo los Frentes Populares, que representaban la alianza del proletariado con las burguesías liberales, lo que significa una renuncia a la revolució socialista por parte de la clase obrera aconsejada por los partidos comunistas, en Asturias el proletariado recurrió a un puro frente clandestino, constituyendo la Alianza Obrera, y haciendo de ella el instrumento de la revolución proletaria.

Tras la unanimidad en la aprobación de la Alianza entre las centrales sindicales, se procede a la composición del Comité Ejecutivo Regional en Asturias, decidiendose que el cargo de Presidente fuese ocupado por Bonifacio Martín, representando al PSOE y a la UGT, como Vicepresidente se eligió a Manuel Grossi, representando al Bloque Obrero y Campesino y a la Izquierda Comunista. De Secretario a Jose María Martínez, representando a la CNT, y el Tesorero sería Graciano Antuña, miembro del Sindicato Minero UGT. Entre otros miembros destacados estaban asimismo representantes de las Juventudes Socialistas y las Juventudaes Libertarias, a la vez que representantes del Partido Comunista, incorporado más tarde, pero que también llegó a formar parte de la Alianza Obrera *.

Por entonces, las funciones básicas de este organismo se centraban principalmente en operar como organo de unidad de acción, como centro de propaganda unitaria y de mutua comprensión entre las organizaciones contratantes, como órgano de preparación y de conducción militar y como órgano de poder político y económico.

El grito consigna de este octubre revolucionario fue el de U. H. P. (Unios, Hermanos Proletarios), que se hizo famoso y siguió usándose mucho despues de la derrota de la Revolución de Octubre.


B. 2. LA REVOLUCION DE OCTUBRE



Para algunos autores la llamada Revolución de Octubre fue la causa que, de algún modo, legitimaba la posterior sublevación derechista del 18 de julio de 1936. El atentado contra la propia República perpetrado por parte de las fuerzas sociales y políticas que la habían traído, despojaba de toda autoridad a esas mismas fuerzas.

El ambiente posterior a diciembre de 1936 en el ámbito sociopolítico estaba crispado. Los medios de opinión derechistas denunciaban desde hacía meses la existencia de un plan revolucionario. Los medios izquierdistas denunciaban, por su parte, el plan derechista de vaciar de contenido todos los logros obtenidos durante el bienio reformador, y la intención de revisar la Constitución para desnaturalizar la República *.

Cataluña y Asturias fueron los dos grandes focos de la rebelión de 1934.


B. 2. A. ASTURIAS



El comunicado gubernamental del 3 de octubre anunciando el nuevo gobierno de coalición radicalcedista fue la señal para el levantamiento. El objetivo aparente era impedir la entrada de la CEDA en el Gobierno.

El día 5 de octubre la rebelión estalló en Asturias, dirigida por la Alianza Obrera, cuyos dos pilares básicos eran los socialistas y los anarcosindicalistas, además de una minoría comunista. En Gijón se convocó una huelga general, que fue seguida por numerosas ciudades como Salamanca, Sevilla, Córdoba, Murcia, Bilbao, San Sebastian, Valencia, Segovia y Jaén. En Madrid salió inmediatamente el ejército a la calle para realizar los servicios públicos


C. GUERRA CIVIL (1936- 1939)



C. 1. CAUSAS QUE LA ORIGINARON



- La Guerra de España es la única ocasión histórica en que nuestro país ha jugado un papel protagonista en la historia del siglo XX, aunque fuera como sujeto paciente de un acontecimiento de enorme repercusión. Tan sólo en la transición a la democracia España ha resultado protagonista de un suceso de más gratas consecuencias”. 35

Hasta el último momento la Guerra Civil pudo ser evitada. Los testigos presenciales, en especial los de relevancia política niegan esa posibilidad, pero la prueba feaciente de que no era necesario un coflicto de tan drásticas consecuencias lo encontramos en los postulados de algunos autores que defienden la tesis de que de haber sido otro el comportamiento de César Quiroga, o si hubiera sido sustituido ante por Martín Barrios, el curso de los acontecimientos podría haber sido otro. 36

En realidad pocos desearon originariamente la guerra, pero con el trascurso del tiempo esa minoría que pretendía el conflicto consiguió la complicidad, activa o pasiva, de sectores más amplios. Cuando esto sucedió y la barbarie creó un abismo entre dos sectores de la sociedad española, fue cuando la guerra resultó inevitable.

Es estallido de la guerra civil no pudo ser atribuido a factores de caracter externo por muy cierta que sea la ayuda prestada por Italia a sectores monárquicos, tradicionales y falangistas; así como la ayuda soviética a los bandos izquierdistas. Ni esa ayuda hubiera bastado para intentar la sublevación contra la república, en el primero de los casos, ni era creciente sino estable y moderada en el momento de la conflagración.

Los tres grupos insurgentes, cuyo único objetivo común era una ideología de derechas o más bien el intento de una conspiración contra el Frente Popular, se confabularon primero separadamente y más tarde cooperativamente para intentar llevar a cabo sus ideas más radicales.

Fue el tradicionalismo quien organizó más tempranamente la conspiración con sus propias huestes, sin cejar por un momento hasta el mismo estallido de la guerra.

También falange Española, por su ideario y por su afiliación juvenil y entusiasta, que por aquel entonces crecía meteoricamente, estaba en condición de conspirar contra el régimen republicano y derribarlo a través de métodos violentos. Así lo hizo, pero siempre mantuvo cierta ambigüedad con respecto a los militares. “Por un lado Jose Antonio Primo de Rivera desde la cárcel de Alicante dirigió escritos a los militantes españoles presentando un panorama desolador del apís y animándoles a la acción, por otro, hay que tener en cuenta que entre un ideario de indudable significación fascista, necesariamente tenía que haber tensiones y dificultades. - 37

La última fuerza de derecha durante la República, la CEDA, era también la más importante y nutrida. Parece indudable que algunos de sus diputados colaboraron en la preparación de la sublevación, las JAP se estaban pasando masivamente a Falange y Gil Robles había perdido el control de sus masas. Pero había un sector en el partido que no estaba dispuesto de ninguna manera a romper con la trayectoria posibilista y de colaboración con la legalidad republicana que le había caracterizado hasta aquel momento.

La conspiración contra el Frente Popular no fue primordialmente protagonizada por grupos políticos sino militares, aunque no se tratara de una conspiración exclusivamente militar fundamentalmente estuvo protagonizada por la generación castrense africanista de 1915 y tuvo como rasgo característico la voluntad de utilización de la violencia desde el primer momento, que era producto de las tensiones que vivía el país y que tuvo como resultado que lo sucedido no fuera un pronunciamiento clásico sino una guerra civil. 38

La extrema izquierda, el Gobierno y los sublevados pensaba que la suerte del país se derimiría en pocos días. Sin embargo, lo que sucedió en los dramáticos tres días de julio fue, “que el alzamiento transformó las confusas pasiones de principios de verano en alternativs elementales y en estusiasmos rudimentarios”. 39 Aunque muchos intentaron la neutralidad hubo que elegir, al final, entre uno de los bandos en que quedó dividida España.

La sublevación se inició en Marruecos y en un clima de confusión y exacerbada radicalidad ideológica los sublevados se impusieron rapidamente en tan sólo dos dias (17 y 18 de julio).

A partir de estos días la sublevación se extendió a la península produciendo una confrontación cuyo resultado varió dependiendo de las circustancias diversas: el grado de preparación de la conjura y la decisión de los mandos implicados en ella, la unidad o división de los militares y de las fuerzas del orden, la capacidad de reacción de las autoridades gubernamentales, el ambiente político de la región,. Allí donde la decisión partió de los mandos y su acción fue decidida, el éxito acompañó casi invariablemente a su decisión, si el ejército se dividió y existió hostilidad en un parte considerable de la población el resultado fue el fracaso de la sublevación.

C. 2. VISION GENERAL DE LA CONTIENDA A NIVEL NACIONAL.



“En la noche del 17 de julio, el gobierno de Casares Quiroga sabe que el ejército de Africa se ha sublevado, pero no toma en serio la cvestión y pierde día y medio en decidir si arma a los sindicatos que, tan pronto conocen la noticia, reclaman armas y milicias populares. En la noche del 18, dimite el Gabinete dando paso al gobierno moderado de Martínez Barrio”. 40

La resistencia al golpe no fue obra del gobierno, sino más bien de las masas populares.

La reacción de las distintas potencias internacionales será decisiva e inseparable de la marcha de la guerra civil. Europa está dividida en tres bloques: países fascistas, comunistas y democracias liberales. La intervención más o menos directa de los dos primeros será el pretexto de los terceros para reclamar la “no intervención”, alegando que la guerra española era un conflicto interno que no les afecaba. 41

Desde las tres de la tarde del viernes 17 de julio hasta la noche del 20 de julio, tiene lugar el alzamiento. El 17 triunfó en Marruecos, con duras luchas sólo en Larache. El 18 y 19 triunfan los generales Cascajo en Córdoba, González de Lara en Burgos, Saliquet en Valladolid, Mola en pamplona, Cabanelles en Zaragoza. En Sevilla el general Queipo de Llano debe enfrentarse varios días a la resistencia obrera. En Oviedo, el coronel Aranda, que se define republicano, logra el triunfo tras enviar una columna de obreros hacia León. Las islas Baleares y Canarias también se pasan al alzamiento.

En Galicia la sublevación no se produjo hasta el día 20, como en León, tras vacilaciones de las autoridades republicanas en armar al pueblo.

El 28 de julio los republicanos controlan 350. 000 kilómetros cuadrados, y los nacionales 175. 000 incluyendo Marruecos. La población de la zona republicana era tres veces mayor a la de la nacional. 42

Comienza en agosto la guerra relámpago hacia extremadura, que se conquista estableciendo contacto los ejércitos nacionales del norte y del sur en Aljucén. Tras la campaña del Tajo, el avance se detiene en Madrid.





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