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Austrias - Monografía



 
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Historia de España. Revuelta de las Germanías. Guerra de los treinta años. Paz de los Pirineos. Carlos V



CASA DE AUSTRIA



Dinastía ligada al Sacro Imperio Romano Germánico (1438-1806) y al trono de España (1517-1700).



Esta familia, originaria de Suabia meridional, se estableció en Suiza. Aumentó su patrimonio con Austria, Estiria, Carniola, Carintia y el Tirol, al tiempo que abandonó sus intereses en Suiza.

Todos los titulares del Sacro Imperio Romano Germánico desde 1438 hasta su desaparición (1806) fueron miembros de esta Casa. Con Federico III (1440-1493) y su hijo Maximiliano I (1493-1519), la política dinástica de la Casa se orientó a extender su poder sobre el occidente europeo. Felipe de Habsburgo y su mujer Juana la Loca accedieron al trono de Castilla en 1504. En 1517, su hijo Carlos llegó a España para tomar posesión de la herencia de sus abuelos, los Reyes Católicos, con lo que inauguraba la Casa de Austria española como Carlos I (1517-1556).

En 1519 fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V (1519-1558). En 1556 Carlos I abdicó de las coronas de Castilla y Aragón en su hijo Felipe y abandonó el titulo imperial en beneficio de su hermano Fernando (Fernando I). Felipe II (1556-1598) se convirtió en el monarca más poderoso de su tiempo. Su política siguió el eje trazado por Carlos V.

Los problemas más graves vinieron de la revuelta de los Países Bajos (desde 1566) y la guerra contra Inglaterra (1585-1604). Bajo Felipe III (1598-1621) la monarquía vivió un periodo de relativa tranquilidad. Pero la implicación de España en la guerra de los Treinta Años (1618-1648) impidió llevar a cabo las reformas necesarias.

El reinado de Felipe IV (1621-1665) estuvo dominado por la figura del conde-duque de Olivares, por las guerras exteriores y los conflictos interiores. El último Habsburgo español fue Carlos II (1665-1700), que otorgó testamento en favor de Felipe de Anjou (futuro Felipe V), con lo que el trono de España pasó a la Casa de Borbón.

CARLOS I DE ESPAÑA Y V DE ALEMANIA LA INFANCIA:



Fue hijo primogénito de Juana I de Castilla y de Felipe I el Hermoso de Borgoña. Huérfano de padrea los seis años, fue llevado a Malinas con su tía Margarita de Austria, regente de los Países Bajos. Carlos fue educado en la brillante corte borgoñona.

Francoparlante, sus conocimientos del alemán fueron siempre limitados. En Borgoña, Carlos adquirió la conciencia de cristiandad, de imperio y de Europa en un momento en que empezaban a cristalizar las naciones renacentistas. Sus preceptores más notables fueron Adriano de Utrecht y Guillermo de Croy, señor de Chièvres, y Jean Sauvage, nobles borgoñones de tendencia francófila y escasamente nacionalistas.

Las enseñanzas de Adriano de Utrecht le imbuyeron un catolicismo sólido. Convencido de la primacía y de la unidad de la Iglesia frente a sus enemigos; era un defensor de la Iglesia: es imposible separar la historia política y militar del reinado de Carlos I de su aspecto religioso. Carlos fue un hombre de carácter firme, pero pese a su confianza se dejó influenciar por sus consejeros.

A veces tardó en tomar decisiones de importancia, muestra de su meticulosidad y de la rigidez intelectual obtenida en su infancia. Le gustaba el fasto de la corte borgoñona cuyas costumbres introdujo él en la española. Su vida privada fue notablemente ordenada; su único importante vicio fue la gula, y esta acelero su muerte en Yuste.

Carlos se caso con su prima Isabel de Portugal en 1526, pero 5 años antes tuvo por amante a Johanna van der Gheenst, que le dio una hija, Margarita de Austria, y siete después de la muerte de Isabel amó a Barbara Blomberg, hija de un noble de Regensburg, de la que tuvo un hijo, Juan de Austria. El príncipe Carlos tuvo una infancia feliz hasta que en 1515 fue nombrado duque de Borgoña y trasladó la corte de Malinas a Bruselas.

En Enero de 1516 murió su abuelo materno Fernando II de Aragón. Aunque el testamento de Fernando II no nombraba directamente a Carlos como su heredero en Castilla, el 14 de Marzo de 1516 el joven príncipe fue coronado rey de Castilla y de Aragón en Bruselas. Cinco meses más tarde y por consejo de Guillermo de Croy firmó una primera paz con Francia -tratado de Noyon-, que perjudico los intereses españoles.

Mientras preparaba su viaje a la península nombró regente de Castilla al cardenal Cisneros y de la Corona de Aragón al arzobispo de Zaragoza, Alfonso de Aragón. Para las posesiones italianas nombró a los catalanes Hugo de Montcada y Ramón de Cardona, expertos en estas cuestiones. UN MONARCA EXTRANJERO: Hasta el 8 de Septiembre de 1517 no desembarcó Carlos I en Villaviciosa (Asturias) Con él llegó una corte de consejeros flamencos, ansiosos de participar en el gobierno de los reinos hispanos.

Entre estos consejeros destacaba Guillermo de Croy, un sobrino del cual fue nombrado arzobispo de Toledo tras la muerte del cardenal Cisneros, que nunca llegó a conocer a su nuevo rey. La corte flamenca trató Castilla como territorio ocupado. Los altos cargos fueron repartidos entre los recién llegados. La moneda de oro fue acaparada para las necesidades de los señores flamencos; empezó a recaudarse el diezmo de las rentas eclesiásticas. La insolencia de la corte no conocía limites. Las Cortes de Castilla, Aragón y Cataluña reconocieron al monarca, pero se resistieron a sus exigencias.

Sin embargo, Carlos no obtuvo sus plenos derechos hasta la muerte de su madre Juana la Loca en 1555. Antes de otorgar los habituales subsidios al joven rey, las Cortes de los tres Reinos pidieron la exclusión de los extranjeros del gobierno, el reconocimiento regio de los fueros y privilegios de cada reino, la prohibición de vender cargos y sacar moneda del país, la libertad de movimientos para la reina madre, la españolización del rey, etc… Apremiado por las necesidades económicas, Carlos I fue cediendo de mala gana a estas condiciones, y en 1520 consiguió todavía un nuevo subsidio de 400 000 ducados de las Cortes de Santiago.

CARLOS V, EMPERADOR DE ALEMANIA:



Con este dinero y con el facilitado por el banquero alemán Jacob Fugger, Carlos se presento candidato a la elección imperial en Alemania, ya que el trono estaba vacante desde la muerte de Maximiliano I, abuelo paterno de Carlos de Austria. En 1519 en la Dieta de Frankfurt le nombró emperador- con el nombre de Carlos V -. La noticia de su elección le sorprendió en Barcelona, que durante unos meses fue la capital del imperio. El 23 de Octubre de 1520 fue coronado en Aquisgrán.

LA REVUELTA DE LAS COMUNIDADES:



Apenas salió Carlos I de España para su coronación, estalló la revuelta en Castilla.

EL levantamiento de los comuneros se la ha considerado un movimiento liberal contra el absolutismo monárquico que encarnaba Carlos I, y también un ultimo esfuerzo de la nobleza y del alto clero para defender sus privilegios medievales. Sin embargo, los últimos y más profundos estudios realizados insisten en dos puntos básicos: las Comunidades fueron un movimiento muy complejo e irregular, y en términos generales fue protagonizado por la burguesía ciudadana de Castilla, decidida a mantener el pacto monarquía-burguesía que había equilibrado el reinado de los Reyes Católicos. La revuelta nació mal.

León, Palencia, Toro, Valladolid, Zamora, Medina, Salamanca, Segovia, Ávila, Madrid, Toledo y Murcia se levantaron en armas contra Carlos I. Soria, Guadalajara, Cuenca, Úbeda, etc., adoptaron una posición dudosa. Por el contrario Córdoba, Ecija, Jaén, Andújar, Sevilla, Antequera, Jerez y Cádiz, unidas en la Liga de la Rambla(1521) permanecieron fieles al monarca. El regente Adriano de Utrecht estimuló las disputas comuneras con las decisivas ayuda militar del condestable Castilla, Iñigo Velasco, y del almirante de Castilla, Fadrique Enriquez de Cabrera, y finalmente en Abril de 1521 la batalla de Villalar desbarató la revuelta comunera, que sólo resistió en Toledo seis mese más. Una represión bien calculada terminó con los caudillos comuneros -Padilla, Bravo y Maldonado fueron decapitados y pasaron la epopeya castellana- y con su causa.

LA REVUELTA DE LAS GERMANIAS:



Al mismo tiempo que en Castilla se alzaban los comuneros, en los reinos de Valencia y Mallorca estallaba una amplia revuelta social conocida por las Germanías. Carlos I no había convocado las Cortes de Valencia, como era preceptivo, y nombró virrey al conde de Melito, circunstancias que irritaron a los valencianos. Las Germanías nacieron en Valencia hacia 1519 por la oposición que existía entre la burguesía urbana y la nobleza rural.

Armada la primera para defenderse de las incursiones berberiscas y estructurada en gremios, muy pronto fue adoptando una organización militar bajo las Juntas de los Trece. La habitual elección de jurados de Valencia fue la chispa que encendió la confrontación, y la muchedumbre atacó al palacio virreinal. La guerra se extendió por todo el país con gran ferocidad.. Los menestrales se batieron con energía y proclamaron una “guerra santa” contra la nobleza, que era apoyada por las masas moriscas.

El odio secular entre la burguesía cristiana y los campesinos moriscos impidió su unión contra la nobleza territorial y planteó la guerra como un típico conflicto de clases. Vencidos los rebeldes en Oropesa y capturado su Caudillo, Vicente Peris, en Valencia, y tomadas Játiva y Alzira el reino fue pacificado definitivamente. Algunas partidas que se levantaron en Armas en Cataluña y en el Bajo Aragón fueron disueltas con rapidez.

En Mallorca la revuelta popular alcanzó una gran intensidad, y a diferencia de lo ocurrido en Valencia, el campesinado se unió a los menestrales. Los “agermanats” mallorquines llegaron a controlar toda la isla y establecieron un régimen igualitario, tras diezmar la nobleza. A finales de 1522 una flota imperial procedió restablecer el orden anterior, y dio paso a una severísima represión.

El fracaso de las comunidades castellanas y de las Germanías valencianas y mallorquinas tuvo consecuencias muy importantes para el futuro de España. Por una parte, implantó definitivamente el absolutismo monárquico aliado con la nobleza territorial. La burguesía hundida política y militarmente, quedó en manos de los funcionarios reales, como los corregidores y de la aristocracia rural y cortesana. Por otra parte, Carlos I entendió el serio aviso y a partir de entonces “españolizo” su política.

LA PUGNA CON FRANCIA:



Durante la guerra de las comunidades el rey de Francia, Francisco I, consideró roto el tratado de Noyon por un incidente en Luxemburgo, invadió Navarra, tomó Pamplona y sitió Logroño. Solo dos meses después de Villalar las tropas francesas eran expulsadas de Navarra y este reino pasaba para siempre a la órbita española. De este modo surgió una de las constantes del reinado de Carlos I: su rivalidad con la Francia de Francisco I.

Francia era el único país europeo que podía oponerse al eje de Alemania-España por su cohesión y su fuerza económica y militar. Existían además numerosos pleitos territoriales entre las tres potencia: Borgoña, Flandes, Italia, Navarra, Rosellon, etc.. Era también una pugna entre dos formas renacentistas de entender o Europa: La nacionalista de Francisco y la imperial y pancristiana de Carlos I.

La ventaja inicial del emperador estaba contrarrestada por la fragmentación y desunión de Alemania verdadero mosaico político en aquella época. Está circunstancia empujo a Carlos I a apoyarse en los reinos españoles y en sus posesiones flamencas e italianas. Este trinomio fue la autentica base de la empresa imperial. La larga y tenaz pugna entre Francia y el imperio no se desarrolló apenas en sus fronteras, sino en suelo italiano, país mas desunido si cabe que Alemania y prácticamente indefenso.

El conflicto entre Francia y el bloque imperial arrastró a otras potencias europeas. Carlos I trabajó desde un principio para asegurarse la neutralidad portuguesa y la benevolencia de Inglaterra, país de escaso poderío militar en aquella época. Otros países, como Polonia y Rusia, gravitaron en la órbita alemana, aunque su influencia en los acontecimientos del siglo XVI en Europa Occidental fue más bien escasa. Sólo los turcos jugaron papel importante papel como rivales de Carlos I en la Europa central y en el Mediterráneo.

UNA FEDERACIÓN DE ESTADOS:



Apenas coronado emperador, Carlos I tuvo que enfrentarse al cisma luterano que se extendía por Alemania. El 26 de Mayo de 1521 publicó un edicto de Worms en el cual prohibió la expansión del luteranismo y desterró a sus dirigentes. En el transcurso de esta Dieta, Carlos I nombró a su hermano Fernando regente suyo en Alemania bajo el titulo de Duque de Austria y concertó las bodas de su hermana María con Luis II de Hungría y de su hermano con Ana de Hungría. También nombró regente de Flandes a su tía Margarita y creó el Gran Consejo de Malinas.

La Dieta de Formes demostró que Carlos I iba a organizar sus territorios conservando las instituciones y leyes de cada uno. El monarca era el único nexo de unión entre distintos reinos. Internacionalmente la situación general era muy grave. Los franceses controlaban Milán desde 1515 y los turcos tomaron Belgrado en 1521 y Rodas en 1522. Carlos I firmó un tratado con el Papa León X y a la muerte de este coloco en el trono pontificio a Adriano de Utrecht (1522).

Este trató de reconciliar a los 2 monarcas para poder detener el peligro turco, pero sus esfuerzos fueron inútiles y la guerra entre ambas potencias por el control de Milán continuó. Para el emperador, Milán era crucial a la hora de enlazar posesiones austríacas con las italianas. Para Francisco I era importante si quería unir sus fuerzas a las venecianas.

LA ESPAÑOLIZACIÓN DE CARLOS I:



El nuevo emperador regresó a España en Julio de 1522 dando muestras de reconciliación. En las Cortes de 1523 reconoció la primacía de España por baca de su canciller Gattinara, y él mismo se castellanizó y nombró varios ministros españoles. Estos funcionarios españoles no solían participar en los grandes proyectos imperiales y eran conscientes del costo que éstos representaban para las limitadas arcas castellanas. La idea imperial siguió a cargo de los consejeros flamencos e italianos, cuya conciencia nacional era mucho menor.

Ello no significa que Carlos I emprendiera acciones descabelladas o simplemente idealistas. Siempre calculó perfectamente los objetivos a lograr y los medios a su alcance. Su intención principal fue conservar intactos los vastos territorios heredados y para ello combatió a los protestantes, a los franceses y a los turcos. A los primeros como rebeldes, a los segundos por que contestaban su hegemonía, y a los terceros por que su expansión amenazaba la cristiandad. Para desarrollar esta política utilizó básicamente los escasos recursos económicos y demográficos que le proporcionaba Castilla. Esta circunstancia y su realismo le hicieron evitar campañas grandiosas y sin garantía de éxitos.


LA GUERRA EN ITALIA:



En el Milanesado y Provenza la guerra contra los franceses fue bastante desfavorable para los imperiales, hasta que el 24 de febrero de 1525 las tropas del condestable de Borbón deshicieron el ejército enemigo en las puertas de Pavia y capturaron al propio Francisco I, pese a su inferioridad en artillería y caballería. Prisionero el rey francés en Pizzighetone (Lombardia), Carlos I le exigió a cambio de su libertad, la renuncia a toda pretensión sobre Italia, la cesión de Borgoña a su persona, y la de Provenza y el Delfinado como reino para el condestable de Borbón. Francisco I rechazo tales propuestas y en junio de 1525 fue enviado secretamente a Madrid.

Tras un intento de abdicación, el 14 de enero de 1526 Francisco I firmó el tratado de Madrid, que concedía las principales exigencias del emperador. Esencialmente el francés renuncio a sus ambiciones italianas, a Borgoña, a los estados del duque de Borbón y a Navarra, y se comprometió a casarse con Leonor de Austria, hermana de Carlos I. Apenas puesto en libertad, Francisco I denuncio el tratado e incumplió todas sus cláusulas

En Italia se fue consolidando la situación para los imperiales, a pesar de la oposicion de numerosos magnates italianos, alentados por el papa Clemente VII y dirigidos por el duque de Milán, Francisco Sforza. Así, el 22 de mayo de 1526 Francia, el papado, Venecia y el duque Sforza firmaron un pacto en Cognac para resistir a los imperiales. Carlos I, furioso por el engaño que había sufrido, busco ayuda en la propia Italia, pero no pudo enviar dinero.

Un cuerpo de 3.000 españoles y napolitanos marcharon a finales de 1526 sobre la desguarnecida Roma. Sólo fue un aviso. En enero de 1527, 26.000 mercenarios a las ordenes del condestable de Borbón se dirigieron hacia Roma para cobrar las pagas atrasadas, después de haber saqueado la Lombardia y la Liguria. Las gestiones de Clemente VII y del Virrey de Nápoles, Lannoy, para detener la columna fueron inútiles y el 6 de mayo comenzó el saqueo total de Roma. El condestable murió en el mismo asalto a la ciudad.

Carlos I censuro este hecho, pero el mal era irreparable: Inglaterra y Génova se unieron a la Liga de Cognac y se reanudo la guerra tras un intento de reconciliación. La contienda cambio de curso cuando el almirante genovés Andrea Doria abandono el bando francés y se paso al imperial.

A partir de entonces Génova estuvo durante 200 años al lado de la monarquía castellana sustituyendo a Barcelona como soporte de la política mediterránea de los Austria. La flota genovesa fue decisiva a la hora de derrotar al ejercito francés en Nápoles, Miquel Mai, sucesor de Hugo de Montcada, gestiono una primera paz con Clemente VII que fue firmada en Barcelona (1529), y ratificada poco después en Cambrai. El tratado de Cambrai o de las Damas concedía Flandes, el Artois, Milán, Génova y Nápoles a Carlos I, y el ducado de Borgoña a Francisco I.

Era una solución razonable.

TURCOS Y PROTESTANTES:



En 1529, las tropas imperiales detuvieron el arrollador avance turco frente a Viena, y el papa Clemente VII coronó emperador a Carlos I en Bolonia con la corona de hierro de los lombardos. Era el momento cumbre de los consejeros flamencos, partidarios de resucitar el viejo imperio medieval. Siguieron entonces unos años de relativa paz que han sido considerados como los de mayor plenitud del reinado de Carlos I. Esto le permitió entender dos graves problemas que le apremiaban: la disensión protestante en Alemania y el peligro turco-berberisco en el Mediterráneo. Carlos I trató la cuestión protestante con moderación y evitando plantear el conflicto como un enfrentamiento religioso estrictamente.

Entre 1521 2 1529 el protestantismo había pasado de ser una protesta espiritual y teológica a un movimiento de rebeldía política frente a un poder central débil pero con planteamientos absolutistas. En 1523 el protestantismo alentó una revuelta de caballeros dirigida por Sickinger y Hutten y en 1524-125 una sublevación de campesinos sofocada a costa de una feroz represión. Por consejo de Nicolas Perrenot, señor de Granvela, y por sus embajadores en Roma, Loaisa y Mai, el emperador hizo publico en la Dieta de Ausburgo(1530) un edicto restrictivo que fue contestado por los protestantes con la Liga de Esmalcalda y estalló la guerra civil.

Sin embargo el emperador acosado por los turcos y abandonado por Clemente VII tuvo que firmar una paz en Nuremberg, en 1532. Al mismo tiempo las naves imperiales iniciaban desde Barcelona una ofensiva contra los berberiscos y contra la coalición franco-turca, que culminaría con la toma de Túnez en 1535, expedición que dirigió personalmente Carlos I y que maravillo al mundo entero. Carlos I no se propuso nunca conquistar el Norte de Africa sino solamente las plazas clave. Esta política tuvo éxito a medias, ya que en 1541 fracasó un ataque a Argel, de donde procedían la mayoría de expediciones de piratería contra las costas españolas y en 1555 se perdió la plaza de Bujía por culpa de su defensor Alonso de Peralta.

LA NUEVA FASE BELICA CON FRANCIA:


Cuando Carlos I regresó victorioso de Túnez a Roma, Francisco I, irritado por la sucesión de Francisco Sforza que favorecía los intereses imperiales, invadió la Saboya y despojó del ducado a Carlos III, cuñado del emperador. Los franceses reforzaron su alianza con los turcos que pudieron utilizar los puertos mediterráneos de Francia, mientras las tropas de Carlos I invadían la Provenza.

La guerra particularmente violenta, arrasó la zona y terminó en tablas a través de la tregua de Niza (1538). En 1539 murió la reina Isabel con la que Carlos I había tenido tres hijos: Felipe, María y Juana. Acosado por los problemas alemanes, Carlos I nombró regente de Castilla a su hijo Felipe, que en 1540 asumió tambien la regencia de Milán, en 1543 la de la Corona de Aragón y en 1554 la de Nápoles. Empezaba así el relevo.

En 1542 cuando el emperador preparaba una campaña contra la Liga de Esmalcalda, se reanudó la guerra con Francia y Turquía. Los turcos ocuparon Budapest, y los franceses atacaron Milán y los Piases Bajos para impedir que Felipe fuera nombrado heredero del Milanesado. Francia, Turquía, Dinamarca, Suecia y Escocia se alinearon contra Carlos I que fracasó en la reconquista de Hungría.

En 1543 la situación era muy sombría para el emperador, pero a finales de verano y con la ayuda de Enrique VIII de Inglaterra marchó sobre el ducado de Cléves, lo ocupó y dio la vuelta al panorama militar sin embargo, agotados ambos contendientes firmaron la paz de Crépy (septiembre 1544), que confirmaba los acuerdos de Cambrai. Carlos I logró además que Francisco I se comprometiera a no aliarse en lo sucesivo como los turcos ni a prestar ayuda a los príncipes alemanes protestantes, su objetivo principal en la década de 1540.


LA LUCHA CONTRA LOS PROTESTANTES:



El protestantismo había hecho grandes progresos en la Alemania del norte y centro. Incluso algunos firmes bastiones del emperador y del catolicismo como el arzobispado de colonia se tambaleaban. Carlos I, que se hallaba en plena madurez política, actuó con suma habilidad.

Consciente de la amenaza que representaba la Liga de Esmalcalda, aprovechó las disensiones entre los príncipes alemanes para preparar el definitivo choque frontal. Durante 2 años maniobró sagazmente contando con la neutralidad francesa y el apoyo papal desde 1545. En la Dieta de Spira (1544), por ejemplo dictó una serie de normas pacificas y contemporizadoras que le valió la voluntad de los príncipes protestantes no afiliados a Liga.

Carlos I dejó la solución de la cuestión religiosa a “un Concilio cristiano general” y libre”, y evitó entrar en las arduas disputas teológicas, El papa Paulo III convocó el Concilio que se inauguró en Trento en diciembre de 1545. Ningún alemán asistió a las primeras sesiones. La campaña militar contra la Liga, iniciada en octubre de 1546, fue un paseo de las fuerzas imperiales que culminó en Abril de 1547 con la victoria de Mühlberg pero el emperador no estuvo a la altura de las circunstancias a la hora de la paz, seguramente por creer que el protestantismo había sido barrido. Y sin embargo, la situación internacional le favorecía totalmente se mostró severo con los príncipes vencidos y en 1547 rompió con el papa.

En la Dieta de Augsburgo (septiembre de 1547) se presentó como vencedor absoluto pese a ello su proyecto para reestructurar el imperio en forma de liga fracasó y tampoco pudo imponer el interim de Augsburgo, fórmula religiosa que favorecía el catolicismo en Alemania.

Entre 1549 y 1550 empezaron las discusiones entre Carlos I y su hijo Felipe por un lado, y Fernando de Austria y su hijo Maximiliano por el otro para establecer la sucesión imperial. Esto debilitó el sólido frente que siempre habían presentado los Habsburgo, pieza clave en la política alemana. Por otra parte, en 1551 el papa Julio III reanudó el concilio de Trento. Carlos I se interesó mucho por él, confiando en esta gran reunión para terminaron el cisma, pero la intransigencia de unos y de otros hizo fracasar la reconciliación. Desde Innsbruck, Carlos I asistió al derrumbamiento de esta política de unidad religiosa, mientras Mauricio Sajonia -uno de los más poderosos aliado de Carlos I- cambiaba de bando.


EL FIN DE LA CARRERA IMPERIAL:



Envejecido, cansado y absorbido por el concilio de Trento, Carlos I no supo ver la tormenta que se avecinaba de nuevo en Alemania. En el este, los turcos reanudaban su presión sobre Hungría, en el oeste, Enrique II de Francia tomo Metz, Toul y Verdún (1552) y en Alemania Mauricio de Sajona se sublevó abiertamente e invadió Tirol (1552). Carlos I huyó precipitadamente a Carintia y el concilio de Trento se disolvió.

Mauricio de Sajona no abusó de su ventaja, pero su rebelión tuvo dos consecuencias importantes: consolidó el poder de los príncipes, muy quebrantado después de Mühlberg, y salvó el protestantismo. Carlos I trató de recuperar el terreno perdido y en 1552-1553 sitió Metz, magníficamente defendida por Francisco de Guisa. La derrota sufrida ante estos muros terminó la carrera política de Carlos I. La Dieta de Augsburgo (1555) se celebró ya sin su presencia y estableció una paz religiosa que duró 63 años, pero quedo claro que el Sacro Imperio era sólo un nombre. En 1556 Carlos I firmó la tregua de Vaucelles con Francia.


LA ABDICACION:



El emperador se encontraba agotado física y mentalmente por la agitada vida que había llevado. Siempre fue un monarca itinerante. A los 55 años era un anciano que se sentía desplazado y fracasado. Empezó a pensar en la sucesión y en octubre de 1556 abdicó de los Países Bajos en su hijo Felipe en una conmovedora celebrada en Bruselas.

En enero de 1556 renunció a España y América en Felipe II. Su hermano Fernando le sucedió como emperador de Alemania meses después. Lentamente y todavía como un monarca se dirigió a Extremadura, donde se había hecho construir un palacete al lado del monasterio de San Jerónimo de Yuste. Desde su retiro extremeño vivió por fin en paz, pero siguió muy de cerca la situación europea y aconsejó frecuentemente a su hijo Felipe sobre los negocios de estado que habían conformado su vida.


UN MAL ADMINISTRADOR:



Aunque Carlos I fue un inteligente estratega, fue también un pésimo administrador. Prácticamente todas las campañas terminaban con agotamiento financiero, lo cual impedía además crear ejércitos disciplinados y fieles.

El monarca obtuvo casi todo los recursos de Castilla, los Países Bajos e Italia. Mientras que la Corona de Aragón le concedía únicamente algunos subsidios y Alemania no le proporcionó ninguna ayuda financiera, al igual que sus posesiones austríacas. Pese a los esfuerzos del Consejo de Hacienda, creado en 1523, la recaudación de impuestos era poco racional y solo tenia dos fuentes regulares: el servicio que cada tres años votaban las Cortes y la alcabala. El resto eran arbitrios ocasionales que solucionaban pocos problemas financieros y en cambio se presentaban a un fenómeno de corrupción y al desorden administrativo. Hacia 1534-1535 empezaron a llegar los tesoros de América de forma abundante.

Si bien representaron un alivio para las arcas reales, el veloz aumento de los gastos y la inflación impidieron un uso adecuado de estas riquezas, hasta el punto que el emperador tuvo que incautarse a menudo de los tesoros particulares procedentes del Nuevo Mundo. A pesar de ello el endeudamiento de la corona fue en aumento, y algunos banqueros, como los alemanes Fugger y Welser, obtuvieron en compensación amplios beneficios y prebendas, como la explotación de Venezuela. A partir de 1530, los banqueros genoveses empezaron a sustituir a los alemanes.


EL SISTEMA DE CONSEJOS:



La administración española corrió a cargo principalmente de los Consejos. En 1523 se creó, por sugerencias de Mercurino Gattinara, el citado Consejo de Hacienda, siguiendo el modelo flamenco. Francisco de los Cobos fue su secretario.

El Consejo de la Cámara fue un apéndice del de Castilla y asesoraba al monarca en las cuestiones relativas a nombramientos de cargos. En 1524 fue fundado el Consejo de Indias que se ocupó de la administración de los grandes territorios ultramarinos, siguiendo un modelo similar al establecido por la corona catalano-aragonesa.

Los asuntos exteriores eran llevados a cabo por el propio Carlos I con el asesoramiento del Consejo del Estado, en el que figuraban y participaban los principales consejeros del emperador. En 1527 creó un Consejo Secreto para atender las cuestiones imperiales, tan complejas usualmente. A partir de 1546, con la muerte de su consejero catalán, Miquel Mai, los organismos catalano-aragoneses se fueron inhibiendo de la política italiana, hasta que en 1555 se creó el Consejo de Italia, que ocupó esta parcela administrativa, hasta entonces vinculada tradicionalmente a los reinos de la Corona de Aragón.


LAS CONQUISTAS ULTRAMARINAS:



Durante el reinado de Carlos I se llevaron a cabo las principales expediciones de exploración y conquista en América y el Pacifico. Hacia 1516, los españoles habían agotado las posibilidades de enriquecerse en las Antillas y pasaron al continente, donde efectivamente hallaron los grandes imperios. Este paso coincidió con el cambio de monarca en Castilla.

Carlos I estimuló esta política expansiva tanto por necesidad de oro y plata como por espíritu renacentista que rompía los esquemas científicos y geográficos de la Edad Media. En todo caso, a la muerte del emperador la conquista estaba terminada en sus líneas generales y los dos virreinatos americanos habían sido fundados. Por esta razón, el nombre de Carlos I está también ligado a la historia del continente americano.

Felipe II (1527-1598), rey de España (1555-1598). Hijo de Carlos V (Carlos I de España) y de Isabel de Portugal, gobernó el vastísimo imperio integrado por Castilla, Aragón, Valencia, Cataluña y Navarra; el Rosellón, el Franco-Condado, los Países Bajos, Sicilia, Cerdeña, Milán, Nápoles, diversas plazas norteafricanas (Orán, Túnez), Portugal y su imperio afroasiático, toda la América descubierta y Filipinas. Su monarquía se apoyaba en un gobierno por medio de consejos y de secretarios reales, y en una poderosa administración centralizada. Los problemas fiscales fueron característicos durante todo su reinado. Su recurso al Tribunal de la Inquisición fue frecuente para eliminar el protestantismo, que ponía en peligro la unidad religiosa.

Durante su reinado los conflictos externos se sucedieron en varios frentes: heredero de la guerra contra Francia, venció en San Quintín y Gravelinas (1557 y 1558); contra el Imperio otomano (victoria de la Batalla de Lepanto, 1551); la conclusión militar contra Inglaterra vino determinada, en 1588, por la derrota de la Armada Invencible. No pudo solucionar el conflicto político-religioso generado en los Países Bajos que supuso la definitiva emancipación de Holanda, Zelanda y el resto de las Provincias Unidas; en cambio logró la anexión de Portugal y sus dominios.

Felipe III (1578-1621), rey de España y Portugal (1598-1621), hijo de Felipe II. Su reinado representa el paso del gobierno personalista al de valimiento (en el que una figura política, el valido, pasaba a desempeñar los principales cargos), a la vez que daba comienzo la decadencia de la hegemonía española en Europa. Las dificultades para coordinar el sistema de gobierno de los consejos, unidas a la escasa capacidad del monarca, llevaron a la sustitución del gobierno personal por el del poder delegado en un valido, o favorito. Desde 1598 gobernó como valido el duque de Lerma, amigo personal del rey.

En política exterior se inició un periodo de paz. Se firmó una tregua de doce años con los Países Bajos, lo que representó el reconocimiento oficial de la existencia de Holanda. Se llegó al final de las hostilidades con Inglaterra, tras la muerte de Isabel I. En 1618 finalizó este periodo de paz al apoyar España al emperador Fernando II de Austria contra el elector del Palatinado, Federico V, en lo que fue el comienzo de la guerra de los Treinta Años.

Felipe IV (1605-1665), rey de España (1621-1665). Hijo de Felipe III. El reinado de Felipe IV puede dividirse en varias etapas. Una primera, hasta 1643, en que el protagonismo esencial le corresponde a su valido, el conde-duque de Olivares; una segunda, en la cual don Luis Menéndez de Haro dirigió los destinos de la monarquía (1643-1661) y, finalmente, los últimos años de su reinado. Con Olivares, la monarquía se implicó plenamente en la guerra de los Treinta Años y reanudó la guerra en Flandes.

Tras unos años de brillantes victorias comenzó a cambiar la situación. Los levantamientos de Cataluña y Portugal (1640) iniciaron la más grave crisis interna de la monarquía, que llevó a la destitución del conde-duque (1643). La Paz de Munster (1648) consagró la pérdida de las provincias del norte de los Países Bajos (Holanda). La guerra franco-española acabó con la victoria de Francia, consumada en la Paz de los Pirineos . Meses antes de su muerte, la derrota de Montes Claros o Villaviciosa permitía vaticinar la pérdida de Portugal.

Carlos II (1661-1700), rey de España (1665-1700), último de la dinastía Habsburgo. Hijo de Felipe IV y Mariana de Austria, fue un ser débil y enfermizo. Casado en dos ocasiones, no tuvo descendencia. Carlos II heredó el trono cuando aún no había cumplido los cuatro años, por lo que su madre ejerció la regencia. Este periodo (1665-1675/77) estuvo dominado por las luchas entre la reina y sus favoritos (Juan Everardo Nithard y Fernando de Valenzuela), y la oposición política capitaneada por don Juan José de Austria.

El nombramiento de Valenzuela como primer ministro y grande de España provocó el golpe de Estado de don Juan José, quien gobernó como primer ministro (1677-1679). Ello supuso el fin de la regencia y el inicio del reformismo aristocrático, continuado por sus sucesores, el duque de Medinaceli (1680-1685) y el conde de Oropesa (1685-1691). Las iniciativas reformistas pusieron las bases para la recuperación económica de Castilla. En el exterior, la monarquía se vio envuelta en cuatro guerras determinadas por el expansionismo de Luis XIV, aunque supo desarrollar una hábil política exterior. Al final del reinado, la monarquía se mantenía casi intacta.Carlos II declaró heredero al duque de Anjou, el futuro Felipe V.

El Escorial, Monasterio de, monasterio-palacio construido entre 1563 y 1586 por encargo de el rey Felipe II de España. En su seno se incluyen un monasterio de la orden de los Jerónimos, una gran iglesia basilical, un colegio, una extensa biblioteca, un palacio real y el Panteón de los reyes de España. Está fabricado con sillares de granito y pronunciadas cubiertas de pizarra, herederas de la tradición constructiva de Flandes.

El arquitecto Juan Bautista de Toledo dirigió las obras hasta su muerte en 1572. En este momento Juan de Herrera ocupó su puesto. Los reyes posteriores a Felipe II, y en especial los Borbones, dejaron de utilizar El Escorial como residencia palaciega por su extrema austeridad. Carlos IV encargó en 1772 a su arquitecto Juan de Villanueva la construcción de dos pabellones de recreo en las cercanías del monasterio, la Casita del Príncipe y la Casita de Arriba, magníficos ejemplos de arquitectura neoclasicista.

Herrera, Juan de (c. 1530-1597), arquitecto, matemático y geómetra español del siglo XVI, máximo exponente del bajo renacimiento. Estableció un nuevo estilo -llamado herreriano- estrechamente ligado al imperio español de Felipe II. En 1572 Herrera se hizo cargo de la dirección de las obras en El Escorial. También realizó los proyectos para la Lonja de Sevilla (1583), la fachada meridional del Alcázar de Toledo (1571), el Palacio de Aranjuez y el nuevo plano para la villa de Madrid. Una de sus obras más influyentes fue la inconclusa catedral de Valladolid. Entre sus características fundamentales destacan el rigor matemático de las proporciones compositivas, los chapiteles de pizarra de origen flamenco y los motivos decorativos geométricos, especialmente pirámides y esferas o bolas.

Olivares, Gaspar de Guzmán y Pimentel, conde-duque de (1587-1645), político español, valido de Felipe IV. Hijo del conde de Olivares, rama menor de la Casa de Medinasidonia, se trasladó a la corte en 1617. Al acceder al trono Felipe IV (1621) aumentó su influencia con el desempeño de oficios palatinos.

En 1623 comenzó a actuar como favorito del monarca. Desde entonces basó su poder en la relación de amistad mantenida con Felipe IV y en la colocación de sus fieles en las instituciones de gobierno. La práctica olivarista consistió en integrar en su grupo al mayor número de nobles y funcionarios y marginar a los que se negaran a colaborar.

Creó una amplia red clientelar que le servía, a la vez que le creó profundas enemistades entre los que se consideraban injustamente rechazados. Olivares contó con un programa político reformista, expresado en el Gran Memorial (1624). En este texto elevado al rey se planteaba la Unión de Armas y una profunda reforma de la Hacienda castellana y de la estructura institucional del gobierno. Asimismo, uno de los principales planes de Olivares consistía en el establecimiento de un sistema bancario nacional que sustituyera la dependencia de los banqueros extranjeros. Cuando intentó aplicar sus proyectos encontró la fuerte oposición de las Cortes castellanas y de los otros reinos peninsulares.

En 1635, la ruptura de hostilidades con la Francia de Richelieu le obligó a posponer las reformas y a concentrarse en la defensa. La situación empeoró en 1640, año del levantamiento de Cataluña y la secesión portuguesa. Con la monarquía al borde de la quiebra, Felipe IV, finalmente, decidió prescindir de Olivares (1643).

GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS



serie de conflictos europeos que se extendieron desde 1618 hasta 1648, en los que participaron la mayoría de los países de Europa Occidental. La lucha tuvo sus orígenes en el profundo antagonismo religioso engendrado por la Reforma protestante. Sin embargo, según la guerra iba ganando impulso, su carácter cambió, primando las rivalidades dinásticas de los príncipes alemanes y la determinación de ciertas potencias europeas, sobre todo Suecia y Francia, de frenar el poder del Sacro Imperio Romano Germánico. La guerra, uno de los conflictos más destructivos en la historia europea, ha sido dividida por la historiografía en cuatro fases: Fase palatino-bohemia (1618-1625) 0.

Las tensiones religiosas en los principados alemanes se vieron agravadas durante el reinado del emperador Rodolfo II de Habsburgo (1576-1612). Con la creación (1608) de la Unión Evangélica, alianza defensiva de príncipes y ciudades protestantes, y de la Santa Liga Alemana (1609), organización similar formada por los católicos, se hizo inevitable la crisis. La facción bohemia de la Unión Evangélica lanzó el primer ataque. Los rebeldes protestantes alcanzaron un gran éxito inicial y la revuelta se extendió rápidamente a otras partes del Imperio.

A finales de ese año los bohemios concedieron la Corona a Federico V, elector del Palatinado. Aprovechando las disensiones protestantes y la invasión española del Palatinado, el emperador Fernando II de Habsburgo asumió la ofensiva. A finales de 1624 el Palatinado retornó a manos católicas. Fase danesa La segunda fase de la guerra adquirió una dimensión internacional. Francia e Inglaterra se abstuvieron de intervenir debido a sus dificultades internas. Sin embargo, Cristián IV, rey de Dinamarca y Noruega, acudió en ayuda de los protestantes alemanes debido principalmente a consideraciones no religiosas. La victoria para la causa imperial se produjo el 6 de marzo de 1629 cuando Fernando promulgó el Edicto de Restitución, documento que anulaba todos los títulos protestantes sobre las propiedades católicas expropiadas desde la Paz de Augsburgo.

Fase sueca Las victorias de Fernando agudizaron el sentimiento contra los Habsburgo del cardenal Richelieu, primer ministro de Luis XIII de Francia. Richelieu no pudo intervenir directamente en Alemania, pero Gustavo II Adolfo de Suecia entró en el conflicto. Mientras tanto, Tilly recibió el mando del ejército de Wallenstein. Los ejércitos imperiales asestaron una devastadora derrota al duque Bernardo en Nördlingen (Baviera), por lo que los líderes de la coalición protestante abandonaron la lucha. La Paz de Praga (1635) hizo ciertas concesiones a los luteranos sajones, modificando cuestiones básicas del Edicto de Restitución. Fase francesa En su fase final, la guerra se convirtió en un conflicto por la hegemonía entre los Habsburgo y Francia. Se inició en mayo de 1635 cuando Francia declaró la guerra a España, que apoyaba de forma decidida al emperador.

Los franceses, a las órdenes de los generales La Tour d’Auvergne y Luis II de Borbón, cuarto príncipe de Condé, tuvieron éxito en la mayoría de sus empresas. Condé derrotó al Ejército español en Rocroi (Francia) el 19 de mayo de 1643. Finalmente, el emperador Fernando III se vio obligado a acceder a las condiciones de paz de los vencedores. Paz de Westfalia La Paz de Westfalia influyó en la historia posterior de Europa: debilitó gravemente al Sacro Imperio y a los Habsburgo, supuso el surgimiento de Francia como principal potencia del continente europeo y retrasó la unificación política de los estados alemanes.

El enfrentamiento entre Francia y España finalizó con la Paz de los Pirineos en 1659. LEVANTAMIENTO DE CATALUÑA, conflicto entre la Monarquía Hispánica y los territorios catalanes, conocido también como guerra dels Segadors (1640-1652 o 1659). Las causas de esta rebelión se encuentran en la política imperial y sus elevados costes, en la oposición a la monarquía absoluta, en el malestar campesino y en la presencia de las tropas de la Monarquía Hispánica en Cataluña. El programa del conde-duque de Olivares tenía por objetivo la reforma del Estado para conseguir la colaboración de los reinos no castellanos en la financiación del mismo.

Este programa reformista, que incluía la Unión de Armas, fue rechazado por las Cortes catalanas. A partir de enero de 1640 los enfrentamientos entre las tropas imperiales y los campesinos aumentaron. Se produjo un clima de lucha antiseñorial que se sumó al conflicto político.

El día del Corpus el virrey de Barcelona cayó asesinado y los dirigentes de la Generalitat optaron por encabezar la revuelta. Olivares formó un ejército para invadir Cataluña, al mismo tiempo que la Generalitat se aliaba con los franceses. La revuelta nobiliaria de la Fronda debilitó el Ejército francés, coyuntura aprovechada por Juan José de Austria que tomó Barcelona (1652). Las aspiraciones territoriales francesas se vieron satisfechas con la firma en 1659 de la Paz de los Pirineos.

LEVANTAMIENTO DE PORTUGAL



Conflicto iniciado en 1640 y que finalizó en 1668 con la independencia definitiva del reino de Portugal de la Monarquía Hispánica. La política del conde-duque de Olivares supuso la culminación del progresivo descontento político vivido en Portugal, por la falta de respeto y reconocimiento hacia el reino y hacia lo acordado por Felipe II en los artículos de Lisboa de 1579. La existencia de un descendiente directo al trono, don Joao (Juan) de Braganza -el futuro Juan IV de Portugal-, permitió que este descontento se encauzara hacia la separación de los Habsburgos españoles.

El enfrentamiento militar se limitó a acciones fronterizas, puesto que las tropas de Felipe IV se encontraban en Cataluña y en Centroeuropa. PAZ DE LOS PIRINEOS tratado firmado en 1659 por el que finalizó la guerra entre la Corona española y la francesa declarada en 1635 dentro de la guerra de los Treinta Años (1618-1648) y la rebelión de Cataluña de 1640. Dibujó una nueva frontera franco-española en el Pirineo oriental. Fue firmado por Luis Menéndez de Haro, representante de Felipe IV, y el cardenal Jules Mazarin, representante de Luis XIV de Francia. Los negociadores españoles aceptaron la mutilación de Cataluña a cambio de mantener posiciones en Flandes.

Una cláusula de trascendencia política fue el matrimonio de Luis XIV con la hija mayor de Felipe IV, María Teresa, que abriría las puertas del trono español a los Borbones. Haro y Guzmán, Luis Menéndez de, marqués de Carpio (1598-1661), político español, valido de Felipe IV. Sucedió al conde-duque de Olivares como favorito real. Su atención se dirigió a los frentes de guerra en Cataluña, Portugal y Francia. Fue derrotado por los portugueses en Elvas durante la guerra de Separación de Portugal. Negoció la Paz de los Pirineos con Francia (1659).

CONSEJOS



En la historia política española, organismos colegiados, de carácter consultivo, que ayudaban en la gobernación a los reyes de España durante la edad moderna. Por lo general, tenían atribuciones de gobierno y de justicia.

Los consejos, no obstante, no son privativos de España. Su origen está en los respectivos consejos reales que surgen en las Cortes medievales. Con el desarrollo de las monarquías modernas, el número de consejos tendió a multiplicarse, como consecuencia del proceso de especialización administrativa. La amplitud y complejidad de la Monarquía Hispánica dieron lugar en ella a la creación y desarrollo de un elevado número de consejos que configuraron el sistema de gobierno llamado polisinodial.

A grandes rasgos, podemos dividir los consejos de la Monarquía Hispánica en tres grandes grupos: los que tenían atribuciones sobre toda la Monarquía, los consejos territoriales, encargados del gobierno de un territorio o un grupo de territorios pertenecientes a una misma área geográfica, y los mal llamados consejos por materias, que no son tales porque, a pesar de la especificidad de las cuestiones de las que se ocupan, su ámbito de actuación no abarcaba toda la Monarquía. Los consejos decayeron en el siglo XVIII con la aparición y el desarrollo de las Secretarías de Estado y de Despacho. El único que resultó reforzado fue el Consejo de Castilla, convertido en el gran organismo de gobierno interior de la Península.

MONARQUIA HISPANICA



Entidad política formada por el conjunto de los territorios pertenecientes a los soberanos españoles de la dinastía Habsburgo (1516-1700). También llamada monarquía de los Austrias, Católica, Castellana y de España o Española. Sus orígenes se hallan en el reinado de los Reyes Católicos y su final en la Paz de Utrecht.

El matrimonio de Isabel y Fernando (1469) sentó las bases para que la Corona de Castilla y la Corona de Aragón pasaran a manos de un único rey, el heredero de ambos, que recibiría también los reinos y territorios conquistados o adquiridos por ellos. La Monarquía Hispánica se convirtió en un formidable conjunto territorial como consecuencia de la confluencia, en la persona del emperador Carlos V (Carlos I de España), de cuatro grandes líneas dinásticas: la castellana, aragonesa, la de Borgoña y los Países Bajos, y la de la Casa de Habsburgo.

En 1580 Felipe II incorporó Portugal y su Imperio ultramarino, que permanecieron en el seno de la Monarquía hasta mediados del siglo XVII. Se constituyó así una realidad política que se asentaba sobre amplias zonas de Europa. Sin embargo, cada uno de los reinos y territorios mantuvo sus instituciones, leyes y privilegios. No se produjo, por tanto, ningún proceso de integración o fusión.

En la Monarquía coexistían diferentes naciones, múltiples tradiciones políticas y varias lenguas. Por ello, se hizo necesario dotar a la Monarquía de un sustrato ideológico que le proporcionara una mayor unidad y que le identificara, y este elemento sería la religión católica. Carlos V será el brazo armado de la cristiandad y el defensor de la ortodoxia católica, frente a la ruptura de la Iglesia a partir de la Reforma protestante. La Monarquía iniciaba así un camino hacia la ideologización católica.

A pesar de todas estas dificultades, la organización burocrático-administrativa de esta realidad política tan compleja resultó modélica. Sin embargo, en el siglo XVIII, perdidas todas las posesiones europeas exteriores a la península Ibérica, no se había resuelto aún la cuestión básica de la vertebración política de España. La solución centralista y uniformizadora, impuesta por los Borbones, no serviría más que para aplazar y enconar los problemas. Inquisición, institución judicial creada por el pontificado en la edad media para localizar, procesar y sentenciar a las personas culpables de herejía. En el siglo XII, en respuesta a la herejía de la doctrina albigense, el papa Inocencio III organizó una Cruzada contra esta comunidad; sin embargo, no fue muy eficaz. La Inquisición en sí no se constituyó hasta 1231 por el papa Gregorio IX.

El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y dominicos, nombrados directamente por el Papa. Los acusados estaban obligados bajo juramento a responder de todos los cargos que existían contra ellos, convirtiéndose así en sus propios acusadores.

El testimonio de dos testigos se consideraba prueba de culpabilidad; en 1252 el Papa autorizó la práctica de la tortura para extraer la verdad de los sospechosos. Si el hereje se presentaba voluntariamente se le imponían penas menores. Los castigos y sentencias se pronunciaban en una ceremonia pública al final del proceso (auto de fe).

Los castigos podían consistir en una peregrinación, un suplicio público, una multa, la confiscación de propiedades, encarcelamiento o prisión perpetua. Una vez que los albigenses estuvieron bajo control a finales del siglo XIV, la actividad de la Inquisición disminuyó. En 1542, alarmado por la difusión del protestantismo, el papa Pablo III estableció en Roma la Inquisición romana y el Santo Oficio.

Más libre del control episcopal que su predecesora, se preocupó de la ortodoxia que aparecía en los escritos de teólogos y eclesiásticos. El papa Pablo IV emprendió en 1555 una persecución de sospechosos, incluidos obispos y cardenales, y elaboró en 1559 la primera lista de libros que atentaban contra la fe o la moral: el Índice de libros prohibidos.

La Inquisición española se fundó en 1478 a propuesta del rey Fernando V y la reina Isabel I, para ocuparse del problema de los judíos y más tarde de los musulmanes que por presión social se habían convertido al cristianismo. La Inquisición española se convirtió en un instrumento en manos del Estado más que de la Iglesia. Además, fue un tema popular por su crueldad y oscurantismo. Tomás de Torquemada, el más notable gran inquisidor, ejecutó a miles de supuestos herejes. Fue suprimida en España en 1843.

Autor:

Carlos Tortajada





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