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Enseñanza de Lingüística General; Ferdinand Saussure Parte 1 - Monografía



 
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Lenguaje. Lexicología. Morfología. Palabras. Comunicación. Escritura. Semántica. Sociolingüística. Fonética. Fonología. Lengua Pragmática. Sintáctica



Curso de lingüística general, de Ferdinand de Saussure



Capítulo I



El estudio de los “hechos de la lengua” ha vivido tres períodos distintos a lo largo del tiempo:

En un primer período se fundó en una base lógica, carente de cualquier tipo de valoración científica, lo cual reducía su espacio de trabajo. Adoptó el nombre de gramática, y se ocupó de establecer una serie de reglas que distinguieran lo correcto de lo incorrecto.

La segunda etapa corresponde a la de la filología, materia de esencia científica que se centra en “fijar, interpretar y comentar los textos”, abordando a su vez sus relaciones con la historia y la humanidad. Utiliza un método crítico, y si entra en la lingüística es para comparar textos separados en el tiempo, creando así la lingüística histórica. Su error radica en que antepone la lengua escrita a la lengua viva.

La tercera fase es la de la gramática comparada o filología comparativa. Dentro de este campo destaca el nombre de Franz Bopp, quien trabajó las relaciones del sánscrito con diferentes lenguas antiguas, advirtiendo que esto mismo podía componer una ciencia independiente basada en comprender una lengua a través de otra. En este terreno fue vital el descubrimiento del sánscrito, anterior a lenguas como el griego o el latín, lo que daba la posibilidad de apreciar su evolución.

Aparecieron después otros lingüistas entre los que destacaron Max Müller por sus razonamientos, Georg Curtius por su mediación entre la gramática comparada y la filología clásica, y sobre todo August Schleicher, el cual se preocupó de sistematizar los resultados obtenidos. Sin embargo, estos estudiosos no crearon una ciencia, pues no fijaron un objeto de estudio, y consecuentemente, carecían de método alguno. Así pues, sus investigaciones no seguían un rumbo determinado; ejemplo de ello es la comparación que Schleicher realizaba entre lenguas según su el aspecto de las palabras, sin tener en cuenta su peso gramatical. Ésto supuso resultados erróneos, que, por otro lado, nos evitan repetir la incorrección en el estudio.

La llegada de la lingüística, que se ocupa de “las condiciones de vida de las lenguas”, situó a la comparación como una mera herramienta de trabajo. Romanistas, apoyados en el latín y en los documentos conservados, y germanistas, sólo ayudados por estos últimos, condujeron a la lingüística hacia su objetivo, obteniendo nuevas conclusiones. Finalmente, la nueva escuela de los Neogramáticos situó a la lingüística en “perspectiva histórica”.

A pesar de toda esta evolución en el estudio de la lengua no se han resuelto las incógnitas más básicas.


Capítulo II



La lingüística acoge como materia “todas las manifestaciones del lenguaje humano”, que son todas aquellas formas de expresión dadas en el espacio y en el tiempo. Además, la lingüística debe remitirse a los textos escritos como único modo de llegar a aquellas formas de expresión emitidas en el pasado.

Su tarea es la de la descripción de las lenguas y el análisis de su historia, interesándose por la historia de las familias de las lenguas y la recuperación de las lenguas madre. También ha de crear las leyes generales que afectan al lenguaje, al igual que definirse y establecer sus propios límites.

Por otro lado mantiene relaciones con otras ciencias, como con la psicología, pues el punto de partida de la expresión en el lenguaje es meramente psicológico, y en tanto, se pregunta el autor si es la lengua psicología o no. Hay ciencias relacionadas con la legua, de las que pide aclaraciones que no recibe (ej: fisiología) y otras con las que no comparte su objeto de estudio, con lo que no mantiene relación alguna.

La utilidad de la lingüística es evidente para todo aquel que se relacione con los textos y, además, es un elemento importante dentro del conocimiento cultural general.

Igualmente, la lingüística debe desechar las ideas incorrectas y absurdas que habitualmente surgen en su seno.

Capítulo III



Punto1º



El objeto de la lingüística es difícil de definir pues no lo tiene desde un principio, como sucede en otras disciplinas.

De esta manera, un observador puede analizar un elemento lingüístico, como una palabra, desde diferentes ángulos, siendo todos ellos igual de válidos: puede analizarse desde el sonido, el cual no puede desligarse de los órganos humanos que lo producen (una unión de elementos fisiológicos y mentales) y al cual la lengua “no se puede reducir”, pues es una simple herramienta de la expresión del pensamiento. Puede analizarse el lenguaje a su vez teniendo en cuenta su condición social a la vez que individual.

Por último, en el lenguaje se aprecia la unión de un sistema aceptado en el momento en que se analice y de una evolución anterior, los cuales forman una unión casi inseparable, y que por el mero hecho de ser elementos que provocan una variación constante se imposibilita el realizar cualquier tipo de estudio aislado.

De todo esto, podemos obtener que la lingüística carece de un “objeto entero” de estudio. Explica Saussure que de estudiarse uno solo de ellos se perderían las otras características, y de estudiarlos todos a la vez, la materia sería tan amplia que llevaría a la confusión. Así que la lingüística debe ser mirada desde el apoyo que le aporta la lengua.

A la lengua, la cual responde a un prototipo creado por la sociedad para el entendimiento de sus miembros, y por lo tanto irregular, se le otorga el primer lugar dentro del lenguaje. Tal es la importancia de la lengua, que es considerada una “totalidad en sí”, pues no se presta a clasificación.

Hay quien objeta que la lengua es tan solo una habilidad adquirida que debería ser subordinada al lenguaje, que nos viene por naturaleza. En respuesta a estas afirmaciones, Saussure asegura que no está probado que el lenguaje sea un elemento natural, a lo que Whitney añade que la lengua es un ente social cuyo instrumento es el que es por una simple casualidad.

Saussure explica que dicho instrumento posiblemente pudiera haber sido “impuesto por la naturaleza”, si bien lo interesante es que el signo que se utilice no tiene la menor importancia, y sí el que la lengua sea una “convención” para el ser humano, algo natural en la esencia del hombre. Se trata de una capacidad, una virtud, un producto de la vida social (desde el principio de los tiempos) que conlleva la aparición de una lengua en cada sociedad.

Por otro lado, comenta que en la mente se entremezclan los modos en que plasmar el lenguaje, los instrumentos de expresión, pero siempre dentro de la “facultad que gobierna”, dentro de la facultad lingüística.

En conclusión, la lengua se encuentra en ese primer lugar al ser la que crea la comunicación, si bien es cierto utiliza unos medios que podían haber sido cualquier otros.


Punto 2º


La lengua, como hecho individual, posibilita la existencia del circuito de palabra, que es un acto que se da entre más de un individuo si es completo. El circuito de palabra parte del acto psíquico que se produce en el cerebro de uno de los individuos, donde se da la unión o “asociación” de un concepto mental con una imagen simbólica. De aquí, se pasa a la parte fisiológica del proceso, en que la que una imagen es reproducida mediante órganos de nuestro cuerpo. Seguidamente, y en una tercera fase física, la imagen (acústica, gestual, escrita, etc.) llega a otro individuo, que procede a una asociación conceptual que derivará en un nuevo proceso físico-fisiológico.

Este proceso es igualmente divisible según lo que es externo (fuera del cuerpo) o interno, según lo psíquico (asociación) y lo que no lo es, según lo activo (asociación y emisión del mensaje por nuestra parte) y lo pasivo, y dentro de la parte psíquica, según lo ejecutivo (asociación del concepto a la imagen que vamos a crear) y lo pasivo (de la imagen al concepto).

Destaca la relevancia de la facultad de asociación y coordinación, que se encarga de realizar una especie de archivo del sistema de signos en nuestra mente. Dicho archivo no es individual, es común al conjunto de individuos de la comunidad, a causa de la actuación de las facultades receptiva y coordinativa, que dejan un residuo en cada uno que comprende las mismas asociaciones entre signos y conceptos, si bien no absolutamente todas serán las mismas, por lo que la lengua se completa en el conjunto del colectivo.

En la distinción antes realizada dentro de la parte psíquica comprendíamos lo ejecutivo y lo pasivo. Pues bien, esa ejecución es conocida como habla y mantiene unas diferencias notorias con la lengua. La lengua es social, pues se adquiere pasivamente en el colectivo, y “esencial”; el habla individual, “accesorio” y provoca la una clasificación. En el habla destaca la habilidad personal y las posibilidades mentales y corporales de cada uno para la expresión; la lengua, como elemento social, es externa al individuo y se basa en la asociación general entre imagen y concepto, y en tanto es “homogénea”, algo necesario para entendernos.

Además, ésta requiere aprendizaje y puede y debe estudiarse de un modo aislado. Por último, la lengua es algo concreto, a pesar de que su localización sea cerebral, ya que sus imágenes son unas determinadas, bien sonoras o bien visibles. Saussure prefiere la lengua porque es el hecho objetivo, lo general, y es esto lo que se puede y debe describir y estudiar.

Punto 3º


La lengua, como pertenencia de la masa social, se engloba dentro de los “hechos humanos”. Como ya hemos dicho, se trata de un sistema de signos, entre los cuales es el más importante. Si se creara una ciencia que estudiara la vida de éstos, recibiría el nombre de semiología, y sus funciones serían las de determinar qué son y señalar cuáles son sus leyes.

Como parte de la semiología, a la lingüística le correspondería determinar el lugar de la lengua en ella, y a la psicología, a la que la semiología pertenece, determinar su “puesto” absoluto.

Sin embargo no podemos hablar de ciencia porque sus problemas no se han resuelto, ya que la lengua es necesaria para ello y no ha sido estudiada de un modo conveniente.

A la hora de estudiar la lengua se han olvidado su cualidad social y su condición de ente “ajeno a la voluntad humana”. Para realizar un estudio adecuado debería ser comparada con otros sistemas de signos y su resultado sería el fin del “problema lingüístico”, que es el no tener objeto de estudio, convirtiéndose además en necesidad la función de la semiología: “agrupar los signos y determinar sus leyes”.

Capítulo IV



El hecho de ubicar la lengua conlleva el de ubicar la lingüística. La lengua es un sistema de signos cuyas herramientas de creación de imágenes quedan fuera de su propio objeto de estudio, pues las variaciones evolutivas que dichas herramientas puedan sufrir no influyen en la lengua, sólo en la interpretación de las imágenes. Dicha evolución se produce por el cambio que el uso individual provoca en el uso social. Estos posibles cambios son fácilmente calculables, y en tanto, no presentan mayor importancia.

La lengua se encuadra dentro del estudio del lenguaje, que se divide en dos: por un lado está la parte psíquica, cuyo objeto es la lengua, que, como ya hemos dicho, tiene carácter social, y es por ello que queda fuera de nuestra voluntad; por el otro, la parte psicofísica, cuyo objeto es el habla (personal, dependiente del sujeto), y es menos relevante.

El habla, en contraposición a la lengua, al tener carácter individual, responde a nuestra voluntad, por lo que comprende las combinaciones y las peculiaridades fónicas que queramos hacer.

Las dos están muy unidas: la lengua resulta imprescindible para que el habla se comprenda, y el habla, como elemento anterior a la lengua, da lugar a la existencia de ésta. Además, el habla fuerza la evolución de la lengua, según la influencia que la forma de hablar de otras personas ejerce en nosotros.


Capítulo V



Tomando la definición de lengua, apartamos lo que a ésta le es “extraño”, lo que no la varía, lo cual forma parte de la denominada lingüística externa. En ésta se incluyen:

· Las relaciones entre lengua y etnología (entre la historia de la lengua y una raza o civilización), según las cuales la lengua “hace nación” y ésta influye a su vez en la otra.
· Las relaciones entre la lengua y la historia política (ej: conquistas). De ahí el cambio de significado de términos como burgués.
· Las relaciones entre la lengua y las instituciones, vinculadas al desarrollo literario, cuya lengua (la literaria) se separa de la lengua hablada (es artificial). Este aspecto es inseparable de la historia política, y además presenta el conflicto entre la lengua y los “dialectos locales”.
· Características en cuanto a extensión geográfica y convivencia con distintos dialectos.

Equivocadamente se ha comentado que el estudio de la lengua es inseparable de estos factores; equivocadamente porque no son indispensables y porque su separación facilita dicho estudio.

Por otro lado encontramos la lingüística interna, que aborda lo relacionado con el sistema y sus reglas, porque sólo es interno aquello que cambia el sistema, lo que lo varía en mayor o menor grado. Según Saussure, “la lengua es un sistema que no conoce más que su propio orden”.

Capítulo VI



Punto 1º



Nuestro objeto de estudio, que es la lengua, es distinta según el grupo lingüístico, es decir, existen muchas lenguas, de las cuales el lingüista debe sacar lo “universal” que hay en ellas. Las lenguas se conocen principalmente por la escritura (ej: lenguas lejanas en el espacio o en el tiempo) y como ésta es un elemento extraño al sistema de la lengua deben conocerse “su unidad, sus defectos y sus peligros”.

Punto 2º



Lengua y escritura son dos sistemas distintos (la escritura es una herramienta de representación) que se entremezclan, quitando la esta última el “papel principal” a la primera.

Se dice que la escritura retarda los cambios evolutivos, que conserva el idioma, que lo salvaguarda, lo que no es cierto al mantenerse formas de cuando no había escritura o al evolucionar la pronunciación por separado: son independientes, hecho que no remarcaron los primeros lingüistas.
Esta hipervaloración de la escritura se debe a que la imagen se ve más consistente y duradera frente al sonido, a que la lengua literaria la ensalza, y a que ante la disciplina que la regula, la ortografía, la lengua tiene todas las de perder en sus disputas puesto que las soluciones vinculadas a la escritura son más “cómodas”.


Punto3º



Dentro de la escritura podemos distinguir dos tipos de sistemas:

· el sistema ideográfico: relaciona una palabra con un solo signo, por lo que éste resulta extraño al sonido que se le asocia (ej: escritura china).
· el sistema fonético: puede ser silábico o alfabético (”reproduce los sonidos que forman una palabra”).

Como ya hemos dicho, la escritura tiende a imponerse al sonido. Esta tendencia es mucho más fuerte en el sistema ideográfico, en el cual ante una confusión en el sonido, se recurre a la expresión escrita para anular las dudas. Además, palabras con el mismo significado pertenecientes a distintos dialectos (y en tanto, con diferentes valores sonoros) se corresponden con el mismo signo.
En el sistema fonético, a pesar de tratarse de una expresión más “racional”, la armonía entre el sonido y la grafía se pierde.

Punto 4º


La lengua tiene una tendencia a evolucionar (ej: /roa/) contrapuesta a la tendencia estática de la escritura (roi). En un principio, la escritura trata de amoldarse a la pronunciación; después, acaba por mantenerse sin cambios: la escritura queda “extraña a la lengua”. De ahí que haya grafías que carezcan de correspondencia sonora alguna.

Hay más motivos para que sonidos y letras no se correspondan. Ante conquistas u otras situaciones en que un pueblo toma el alfabeto de otro se producen errores de adecuación, aplicándose, por ejemplo, dos grafías a un sonido. También pueden crearse falsos antecedentes etimológicos, que igualmente favorecen el desacuerdo, o preciosismos sin motivo fónico alguno, sólo embellecedor.

Punto 5º



Dicho desacuerdo crea ciertas “inconsecuencias”:

· que aparezcan múltiples signos para un sonido, y viceversa.
· que surjan las “grafías indirectas”, como apoyo para la pronunciación, y que confunden a la vista.
· que se den incongruencias, como en el francés, en el que se ven consonantes dobles cuando la teoría dice que no existen.
· que surjan dudas ante la carencia de reglas, dándose alteraciones, asociando dos grafías a un sonido…

El resultado es que la escritura acaba por dejar de ser la imagen de la lengua. Se dice que tal palabra se pronuncia de tal modo, creando una dependencia de la lengua respecto de la escritura, y fomentando la no relación letra-sonido. En último término, la escritura modifica la lengua, hecho cada vez más frecuente.

Se debe recordar que la pronunciación depende de la etimología de la palabra y no de su ortografía. La escritura está para ayudar a la lengua, no para obligar a la pronunciación.


Capítulo VII



Punto 1º



Sustituir la escritura por la lengua aporta “una masa informe” para el estudio. Pero el hecho contrario, colocar en primer lugar lo “natural” (sonido) y después lo “artificial” (letra) es el acertado y los lingüistas modernos lo respaldan. Sin embargo, esto será imposible mientras no se estudien los sonidos. Este estudio sería el de la fisiología de los sonidos.

En ocasiones se le llama erróneamente fonética, ciencia histórica que estudia las evoluciones; el nombre correcto es el de fonología, que está “al margen del tiempo” pues estudia los movimientos del aparato vocal. Se trata de una disciplina auxiliar (los sonidos no constituyen la lengua), que no ha resuelto el problema de la lengua.

Punto 2º



La lingüística exige un medio para representar los sonidos, que no de lugar a dudas. En éste, cada “elemento de la cadena hablada” debe corresponderse con un signo.

Este alfabeto debe estar “al servicio del lingüista”. El que fuera adoptado universalmente favorecería la aparición de particularismos en cada idioma, y en consecuencia, la confusión. Además, se perdería la distinción entre las palabras que suenan igual.

Punto 3º



La fonología nos permite tomar precauciones frente a la escritura, que solo tiene valor si su testimonio es interpretado. Por tanto, en cada idioma, es el sistema fonológico lo único que “interesa al lingüista”. Así pues, a la hora de crear un sistema fonológico cuando estudiamos una lengua del pasado se tienen ciertos recursos:

· Indicios externos: Testimonios de los contemporáneos, los cuales son poco seguros, pues no tenían un sistema fonológico.
· Indicios externos e internos (usados al mismo tiempo): Los indicios internos son de varios tipos: pueden ser sacados de la regularidad de las evoluciones fonéticas, conociendo el punto de partida, por analogía con evoluciones paralelas, o conociendo los puntos de partida y llegada al buscar una pronunciación intermedia; pueden ser indicios contemporáneos, que permiten apreciar, por ejemplo, el acercamiento que se ha podido dar entre sonidos, al conocer cómo son hoy en día.

También sirven como referencia aquellos textos poéticos que basan su belleza en la sonoridad, los juegos de palabras, etc.
Cuando ese sistema ha de hacerse para el estudio de una lengua viva, se debe establecer un sistema de sonidos reconocible por la “observación directa”, análisis in situ, y se debe observar el sistema de signos que representa a los sonidos. Las lenguas vivas son las únicas que ofrecen la posibilidad un sistema lingüístico con garantías.

APÉNDICE: Capítulo I



Punto1º



A la hora de analizar los fonemas deben tenerse en cuenta el acto de fonación (la creación de sonido por los órganos) y la impresión producida por el oído, base de toda teoría, pues al escuchar se distinguen automáticamente las unidades fonológicas. Según la cualidad de impresión, nuestro oído nos permitirá saber si un sonido ha variado o sigue siendo el mismo, único, homogéneo, y además percibiremos la división de los sonidos en tiempos homogéneos, “punto de partida del estudio fonológico”. Es por esto que alfabetos como el griego sean destacables en tanto se asimilan en gran manera a la escritura fonológica, al respetar la idea de 1 grafía-1 sonido-1 tiempo homogéneo; otras lenguas, en cambio, no se preocuparon de ello (ej: dos grafías para un sonido).

Para llevar a cabo la delimitación de los sonidos hay que apoyarse de nuevo en la impresión acústica. Sin embargo, para describirlos hay que fijarse en el acto articulatorio, pues el sonido es “inanalizable”: 1 sonido-1 acto articulatorio. Las unidades que obtengamos, los fonemas serán elementos complejos condicionados por ambos campos (acústico y articulatorio).Estos fonemas son unidades “irreductibles que no se pueden considerar al margen del tiempo”, es decir, a cada uno le corresponde un tiempo. Si bien se puede apartar una unidad y tomarla “in abstracto”, olvidándonos de su relación con el tiempo y fijándonos tan sólo en su “carácter distintivo”.

Una vez analizado un número suficiente de fonemas en lenguas diferentes se llegan a conocer y clasificar, sin olvidar que si no nos fijamos el “matiz” recibido en nuestra impresión en el oído, el número de fonemas resultantes sería ilimitado.

Punto 2º


Los partes del cuerpo humano que permiten la creación de sonido son las cavidades nasal, bucal y laríngea, cada cual con sus elementos correspondientes, entre los que destacan las cuerdas vocales.

La glotis, donde se encuentran dichas cuerdas, en la cavidad laríngea, permite el paso de más o menos aire según su apertura. La cavidad nasal es un órgano inmóvil al que el aire no llega si se levanta la úvula. La cavidad bucal permite multitud de posibilidades al ser capaz de aumentar y disminuir de volumen y longitud.

El sonido se debe a la movilidad de estos órganos y al paso del aire por ellos. El sonido laríngeo es uniforme, la cavidad nasal funciona como resonadora y la bucal como creadora de sonido. Si la glotis está muy abierta, las cuerdas no suenan y el sonido lo crea la boca; si sucede al contrario, harán un sonido que la boca se encargará de modificar.

Para la producción de sonido se dan ciertos factores, que son: la expiración, la articulación bucal, la vibración laríngea y la resonancia nasal. Así presentados no son “elementos diferenciales” entre fonemas; lo serán si reportan alguna distinción entre éstos (ej: si uno presenta una cualidad de la que otro carece). Unos son “constantes, necesarios y suficientes”: expiración y articulación bucal, mientras que otros son pueden presentarse o no: vibración de la laringe y resonancia nasal. Estos elementos conforman la identificación del acto fonatorio, y en tanto ésta sea realizada, se habrá identificado al fonema que los manifieste.

Funcionan como elementos diferenciadores sólo los tres últimos factores (la expiración se da siempre). Si alguno no es reconocido, la identificación del fonema es incompleta. Mediante todas las combinaciones posibles de éstos, se fijan todos los fonemas esenciales.

Punto 3º



Es el aspecto según el cual se suelen clasificar los sonidos, teniendo en el grado de apertura de la boca y se establecen siete niveles. En la función articulatoria se distinguen además los órganos que permanecen activos o pasivos a la hora de crear sonido. Así la presencia o ausencia de cualquiera de ellos permite establecer elementos distintivos entre fonemas. Los niveles son lo siguientes:

Apertura cero: Oclusivas. Son fonemas obtenidos por la oclusión completa, es decir, por un cierre total y puntual de su punto de articulación. Pueden ser labiales (p,b,m) al juntar los labios, dentales (t,d,n) al tocar los dientes con la punta de la lengua o guturales (k,g,?) al llevar el dorso de la lengua al paladar posterior.

Su variante nasalizada (m,n,?) son oclusivas por el cierre de la boca, pero funciona la cavidad nasal. Además, cada tipo de oclusiva presenta una variante sorda (p,t,k).

Apertura uno: Fricativas o espirantes. Se caracterizan por un cierre incompleto de la boca, por el que pasa aire que provoca un cierto “frotamiento”. De raro uso son las labiales (oclusivas p y b); las más comunes son las labiodentales (f,v) en las que el labio inferior se acerca a los dientes y las dentales, que se dividen en subgrupos según la postura de la lengua.

La impresión acústica nos permite distinguir si se produce una articulación anterior (palatal) o posterior (velar).
Apertura dos: Nasales. Se corresponden con las oclusivas nasalizadas (m,n,?).

Apertura tres: Líquidas. Pueden producirse de dos maneras: en las de articulación lateral, la lengua toca el paladar, pero deja pasar aire por uno o los dos lados ( l ); se distinguen dental ( l ), palatal ( l´) y gutural o velar ( l´´ ). Suelen ser sonidos sonoros, aunque el sordo es posible y el nasal raro.
En las líquidas de articulación vibrante, la lengua está más lejos del paladar, y se produce una serie de batimientos, si bien el grado de apertura equivale al de las laterales. Es el caso de la r, y se produce de dos modos: acercando la lengua hacia los alvéolos (ej. del francés roulé) o echándola hacia atrás (graseyé). En cuanto a sordas y nasales, igual que las laterales.

Superando el tercer grado, nos encontramos con las vocales, en las que la boca funciona como un mero resonador y es el sonido laríngeo el que predomina. A mayor apertura bucal, mayor será ese predominio.

Apertura cuatro: i, u, ü. Es la apertura más cercana a las consonantes (vocales de grado bajo). Para i, los labios se retraen ( ¯ ) y la articulación es anterior; para u, los labios se redondean ( º ), acompañados de articulación posterior; para ü, la articulación es anterior y la posición labial es ( º ). Las sordas se producirían por aspiración (ej. hi).

Apertura cinco: e, o, ö. (vocales de grado medio).Su articulación se corresponde con las de i, u, ü, pero la apertura es un poco mayor. Se encuentran nasalizadas y sordas (por aspiración). En algunas lenguas se distinguen cerradas y abiertas, si su grado de apertura es mayor.
Apertura seis: a. Es la apertura máxima. Las nasales son un poco más cerradas, y la sorda, igualmente, aspirada.





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