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Fundamentos de la Teoría y Práctica de la Traducción Parte 3 - Monografía



 
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Mencionaremos algunas matizaciones desde el punto de vista de la escuela del sentido y de la hermenéutica.



Hurtado Albir desde su concepción del proceso de traducción, concibe la comprensión como un proceso mental del receptor que en este caso es el traductor. Éste interviene con su saber lingüístico y extralingüístico utilizando de este saber lo que resulte pertinente para efectuar el proceso correctamente. Ya vimos y mencionamos que el resultado final de este proceso es el sentido considerado como la síntesis no verbal del proceso ( es decir, la elaboración cognoscitiva que el traductor efectúa a partir de la confluencia de todos los elementos, tanto lingüísticos como extralingüísticos, que están presentes en el acto de comunicación; por esto es por lo que se considera una fase de desverbalización).

El proceso de desverbalización es, por una parte, la parte final del proceso de comprensión y, por otra, la intermediaria en el proceso de traducción y permite inaugurar la tercera fase que será la de reexpresión.


El proceso de traducción se compone de tres fases:


comprensión, desverbalización y reexpresión, en donde el traductor realiza la doble labor de receptor y emisor.

El funcionamiento correcto guarda estrecha relación con el funcionamiento correcto de los procesos de comprensión y desverbalización de cualquier comunicación unilingüe. El traductor ha de captar bien el TO. En esta captación del sentido, tiene que conocer el querer decir del autor y su intención comunicativa y en su reformulación ha de utilizar adecuadamente los medios de llegada para expresar ese sentido, pensando además en su destinatario, en lo que éste puede o no comprender y procurando que capte el sentido y perciba los mismos efectos que el destinatario de TO.

Desde la perspectiva hermenéutica podemos hacer algunas matizaciones a las diferentes fases del proceso de traducción


- 1ª etapa = Análisis y comprensión:



para analizar y comprender los elementos que intervienen en el TO, el traductor actúa como lector y para realizar una lectura hermenéutica del texto habrá que tomar previamente tres opciones:

A) Distinguir entre un texto que afecta al lector (literario, divulgación cultural) y un texto que propone al lector acercarse a él (filosófico, científico, técnico).

B) Concretar si el texto objeto de traducción es de vocación universitaria (extensivo a cualquier lengua /cultura) o en cambio se trata de un texto particularista (arraigado en un determinado contexto socio - cultural). Pero estos rasgos no tienen relación paralela con los textos que se acercan al lector o a los que el lector se tiene que acercar ( por ejemplo la Biblia que es un texto particularista accesible a todos o un texto científico que es universalista pero restringido a un ámbito particular de personas).

C) Centrar la atención en el mundo del texto propiamente dicho y concretar quién escribe el texto, para quién lo escribe (lector potencial) y cómo lo hace. Hay que distinguir entre la intencionalidad del autor y la fijación de ésta en el texto.


- 2ª etapa = de transferencia e interpretación.



Nos centramos en la estructura interna del texto buscando equivalentes en la LT para todos aquellos elementos significativos detectados en la etapa anterior. Para ello es preciso tener presente que hay una serie de prioridades que han de ser potenciadas frente a otras en caso de posibles conflictos. En definitiva, una vez que se toman las decisiones que contextualizan la labor de la traducción, ahora en esta etapa se lleva a cabo un análisis pormenorizado detectando los problemas de traducción del texto en cuestión, al atender un triple proceso de hermenéutica que se centra en la figura del autor, el mundo del texto y del lector.

A) Hermenéutica del autor:



decidir si el autor es relevante o no en el texto original, y determinar si el traductor ha de respetar o no dicha entidad en el proceso de traducción.

B) Hermenéutica del texto:


en la que se trata de acercar al texto atendiendo a los siguientes motivos:

B.1.Búsqueda de equivalentes desde el punto de vista terminológico o conceptual.

B.2.Contextualización del texto:

En ocasiones el traductor dialoga con otros textos, lo cual es preciso tener en cuenta para comprender los argumentos presentes en el texto que traducimos (para la traducción de una manual de informática es preciso conocer las versiones anteriores).

B.3.Elemento estructural y sintáctico del texto:

Atender a su estructura interna, organización sintáctica… ya que es preciso buscar una relación que sea lo más natural posible en la LT.

B.4.Elemento cultural:

Atender al concepto socio - cultural en el que se ha escrito el texto para comprender en qué medida encontramos equivalentes en el texto de la LT.

B.5.El estilo:

no ser traidores al continente del TO.


C. Hermenéutica del lector:



Es necesario tener muy presente a qué lectores nos dirigimos en la LT cuando buscamos los equivalentes adecuados en dicha lengua.

- 3ª etapa = Reestructuración.



Se evalúa si el traductor ha llevado a cabo correctamente las etapas anteriores. Tener presentes las decisiones interpretativas anteriormente tomadas con objeto de llevar a cabo una relación coherente con los supuestos de los que partió en el inicio del análisis de TO; para analizar los posibles problemas de la creación del texto habría que repetir por tanto las mismas variables que se han tenido en cuenta en las etapas anteriores:

atender a la figura del autor, del mundo del texto y del lector.

Como vemos, nada es sistematizable desde el punto de vista hermenéutico ya que todo depende de las decisiones del traductor ante las tres variables:

autor, texto y receptor en cada una de las etapas del proceso.
El punto de vista hermenéutico nos parece válido si se tienen en cuenta los principios fundamentales del modelo de los factores que hemos visto:

- La relación TO Y TM no tiene por qué quedar reflejada en una correspondencia biunívoca de sus componentes.

- Una translación no se limita a tratar fenómenos lingüísticos formales sino que implica un proceso lingüístico de transformación cultural que, como tal, incluye una transferencia lingüística.

- El texto tiene su finalidad propia y el traductor como un receptor del TO informa a continuación como productor del TM. Esta información se produce según las expectativas que tienen el traductor y su cliente con respecto a los receptores del texto final y su situación. El traductor no pretende ofrecer exactamente la misma información sino la cantidad de información que estime necesaria para los receptores del texto final y de la manera que considere óptima teniendo siempre en cuenta que se trata de la traducción del texto de partida.


Tema 4. La Traducibilidad


Uno de los temas más debatidos en la historia de la traducción ha sido el de la posibilidad o imposibilidad teórica y práctica de la traducción. Se trata de un interrogante antiquísimo que continúa siendo abordado en la actualidad. ¿Es posible transferir un mensaje lingüístico con signos de una comunidad a otra comunidad con un sistema lingüístico diferente?.


Las respuestas han sido muchas:


desde defensores de la tesis de la absoluta traducibilidad pasando por la traducción relativa, como actividad parcial hasta llegar a la negación de la traducibilidad y la caracterización de la traducción como una actividad imposible.


4.1 Traducibilidad absoluta



Defendida por los que creen en la existencia de una igualdad esencial entre todas las lenguas.

La lingüística chomskiana parte de la convicción de la existencia de universales lingüísticos. La tesis universalista establece que la estructura subyacente del lenguaje es universal y común a todos los hombres. Se piensa que los seres humanos acaban diciendo siempre las mismas cosas, aunque en distintos idiomas (universalidad de espíritus - confusión babélica).

Si las diferencias entre lenguas sólo son superficiales, será siempre factible la traducción de sus manifestaciones, ya que es posible acceder a los universales de los que derivan todas las gramáticas.

Steiner dice que traducir es, por tanto, superar las disparidades superficiales de las lenguas con objeto de traer a la luz sus principios comunes y compartidos, aunque desde otro punto de vista la pragmática lingüística considera que todo lo que puede ser pensado puede ser expresado en cualquier lengua. Así, en principio, la traducción es posible.

Desde la traductología también se defiende esta posibilidad, al considerar al traductor como un simple eslabón intermedio dentro de un proceso de descodificación de un mensaje que se vuelve a codificar con elementos de otro código.


4.2 Intraducibilidad



Se fundamenta en la importancia concedida a la lengua en el proceso de conocimiento e interpretación de la realidad. Encontramos aquí la hipótesis de Sapir - Whorf, también llamada Principio de relatividad lingüística.

Algunos puntos fundamentales de esta teoría son:



- Las lenguas naturales con las que el hombre hace comunicable el mundo, son auténticas interpretaciones de este mundo, ya que cada lengua lo estructura y lo segmenta a su manera.

- Los significados de palabras sueltas en lenguas distintas no pueden compararse entre sí, ni menos aún considerarse equivalentes, porque en cada caso dependerán de la posición que ocupen dentro de los campos semánticos en que cada lengua tiene estructurados sus contenidos lingüísticos.

En definitiva, Sapir -Whorf, nuestra comprensión de la realidad está siempre determinada por la estructura de nuestra lengua materna. Si el mundo es comprendido y pensado por el hombre por medio de su lenguaje, y si estructuramos la realidad según las líneas trazadas por nuestras lenguas maternas, las lenguas pueden parecer entonces instrumentos no intercambiables, ya que cada una posee los medios adecuados para definir la realidad que le es propia.

Por tanto, si una lengua es el instrumento de expresión del modo de ver la realidad desde una perspectiva determinada, ¿cómo es posible pretender la reproducción de esa realidad desde otra perspectiva y mediante otras herramientas de expresión?

4.3 La traducción relativa (ni traducibilidad ni intraducibilidad)



Se trata de la tendencia actual en el mundo de la traductología. Defiende un término medio que no infravalora el papel de la lengua en el proceso, como ocurría en la primera postura, y que tampoco sobrevalora dicho papel, como ocurre en la segunda postura. La traducibilidad nunca puede ser total, sino sólo relativa, entre otras cosas por el simple hecho de que la comprensión del texto nunca podrá ser absoluta.

García Yebra hablando de traducción literaria, comenta los obstáculos que el texto presenta para su comprensión total y que en el mejor de los casos el traductor lo que traducirá será lo que haya comprendido.

Estas tres posturas pueden ser vistas a partir de tres conocidos trabajos sobre la teoría de la traducción:

- Ortega y Gasset con su Miseria y Esplendor de la Traducción. La traducción era calificada como afán utópico basado principalmente en las barreras que suponen las distintas lenguas, como expresión de diferentes maneras de pensar.

- Walter Benjamín en La tarea del traductor. Frente a Ortega, considera que los elementos de cada sistema de lengua, expresan modos de pensar que sí son análogos en todas las comunidades lingüísticas. En realidad, para Benjamín, esta relación entre lenguas, a la que él llama entender universal, viene propiciada por la traducción. La traducción es válida mientras cumpla el papel de proporcionar este entender universal. La teoría de Benjamín justifica la posibilidad de la traducción, supera las barreras de las que hablaba Ortega, abstrayendo la traducción del ámbito de las lenguas para situarla en el plano de un lenguaje universal.

- Jakobson considera que el hecho de comparar lenguas para establecer correspondencias entre ellas significa hablar de su posible traducibilidad, pero por otro lado, la necesidad de recurrir a gramáticas y diccionarios, el hecho de que para realizar una buena traducción sean precisas las semejanzas y diferencias de un mismo término en lenguas distintas nos hace concebir la intraducibilidad.

Todas las lenguas sirven para expresar cualquier experiencia de orden intelectual, sea cual sea la clasificación de la realidad que suponga. Si se produce algún hueco en la terminología, ésta puede adaptarse, amplificarse mediante préstamos, neologismos o mediante circunloquios.

En definitiva, para Jakobson, hablar de traducción en el sentido de correspondencia exacta y total no existe; pero sí se puede hacer una aproximación global entre lenguas, por distintas que éstas sean.

Existe una pérdida manual de contenido, debido a la necesidad de hacer elecciones con motivo incluso de la estructura gramatical de cada lengua. Esto, por supuesto, se soluciona con el contexto, así que cuanto más rico sea el contexto, más pequeña será la pérdida de información.

Reconoce además que la dificultad de la traducción se acentúa cuando se hace preciso atender a lo que él llama actitudes mitológicas de la comunidad lingüística y a la existencia de una carga semántica especial hasta en la cuestión de las categorías gramaticales. Comenta que para ser fiel al original, aquí se hace necesaria una especie de recodificación interpretativa. Hay que insistir que en el campo de la poesía dice que ésta por definición es intraducible y que en ella sólo cabe una transposición creadora.

En definitiva, parece que plantearse el problema de la transferencia semántica denominada traducción ha sido ante todo plantearse el problema de la diversidad de los sistemas lingüísticos y de la necesidad y posibilidad de comunicarse entre ellos.

La posibilidad de forzar o distorsionar unos signos lingüísticos para que se adapten a las necesidades de otro sistema no parece tan evidente ni es tan simple. Sin embargo, aunque desde una perspectiva lingüística pueda pensarse en la imposibilidad de traducir, lo que no puede negarse es que la traducción es una tarea repetida a diario por muchos profesionales y éste es el mejor argumento a favor de su viabilidad.

Para Mercedes Tricás la traducción es posible por una razón primordial:



las lenguas poseen, además de una dimensión lingüística, una dimensión comunicativa. Entonces la capacidad de los sistemas lingüísticos para comunicar ideas, sentimientos, hace que estos puedan adaptarse mediante estrategias diversas y complejas a las más variadas necesidades expresivas.

Dice Tricás que es preciso contemplar la traducción esencial, como un acto de comunicación y si las lenguas pueden poseer, por ejemplo, términos que no tengan equivalentes, siempre es posible que en el interior de una situación comunicativa, el emisor encuentre el modo de hacer llegar a un oyente el sentido que dichos términos recubren.

En definitiva, un texto nunca podrá ser totalmente intraducible. Puede presentar serias dificultades de traducción en algunos segmentos pero incluso en éstos, integrados en una situación de comunicación, es posible, una transferencia como mínimo parcial del sentido.
Dice Tricás que es justo y conveniente reconocer la existencia de ciertos problemas de intraducibilidad, la cual puede situarse en dos niveles:

intraducibilidad lingüística e intraducibilidad cultural. Dentro de la lingüística, cada binomio de la lengua puede presentar dificultades en la transferencia de su materia lingüística, los típicos ejemplos “fleuve, rivière” siempre son solucionables a partir de la contextualización del vocablo.

De todas formas, defender la posibilidad de reproducir exactamente en la traducción ciertas construcciones como por ejemplo los juegos de palabras revelaría un optimismo poco realista; es decir, la intraducibilidad puede encontrarse en casos concretos cuando todos los recursos se han agotado y no se ha logrado una equivalencia funcional entre los dos textos.

En cuanto a la intraducibilidad cultural, los problemas planteados por la transferencia de los diferentes códigos culturales son más complejos. Cuando las lenguas que el traductor debe poner en contacto son el vehículo de expresión de sistemas sociales y culturales muy alejados entre sí, los problemas de transferencia cultural pueden ser notables, sobre todo si entre el texto y la traducción han transcurrido muchos años. Claro está que entre lenguas más próximas las distancias son menores y la traducción es más accesible, porque existe una zona común, es decir, un conjunto de conocimientos, creencias, costumbres compartidas. De todas maneras, dice que en el caso de un elemento transferible por su pertenencia a una cultura ajena y sin equivalentes en la cultura de llegada, la dificultad se puede solventar con mayor facilidad que cuando hay mayor coincidencia cultural, gracias al mayor margen de maniobra cultural que tienen los textos que en esta ocasión no se encuentran limitados por aspectos formales del idioma.

En otras ocasiones, la aparente intraducibilidad cultural viene motivada por una falta de conocimiento del contexto cultural de la lengua de partida y de la de llegada por parte del traductor.

Rosa Rabadán dice que es preciso abandonar los planteamientos de posibilidad / imposibilidad por unas posturas más pragmáticas y que respondan más a la realidad. La traducción sí es posible y por lo tanto es un anacronismo hablar de intraducibilidad en sentido genérico. Sin embargo, tampoco es posible traducirlo todo. Surge lo que se llama inequivalencia, es decir, determinadas zonas donde la expresión de la equivalencia queda limitada. Pero son eso, limitaciones de distinto tipo para la expresión, pero no imposibilidad. La inequivalencia será para ella una noción funcional que surge de la imposibilidad de someter todos y cada uno de los rasgos del texto original a los parámetros de aceptabilidad del polo meta.

Un análisis de los productos de la traducción demuestra la existencia de determinadas áreas en las que es frecuente la limitación de la expresión de equivalencia.

Siguiendo a César Santoyo, Rabadán divide la inequivalencia en tres grandes áreas:



1. La derivada de cuestiones lingüísticas.
2. La impuesta por factores extralingüísticos.
3. La ontológica, surgida del desconocimiento del autor.

1. Entre las limitaciones de carácter lingüístico destaca la variación intralingüística (variantes geográficas, diacrónicas o sociales) como el empleo de normas marginales frente a la norma estándar para caracterizar personajes. Esto presenta muchas dificultades para su transferencia; la configuración geográfica y dialectal de dos lenguas no son equiparables, y menos aún las relaciones intrasistémicas que se establecen. Las variantes sociales se pueden traducir sólo cuando dos contextos situacionales y la organización social sean equiparables. Aquí, habla también de unos límites metalingüísticos. Traducir los textos de lingüística; al traducir los ejemplos del texto ¿mantenerlos o adaptarlos?.

2. Se refiere a las posibles inequivalencias derivadas del medio. Se refiere sobre todo a la traducción subordinada en la que la parte lingüística está muy condicionada por los soportes extralingüísticos que la acompañan. El soporte icónico forma parte en el cómic y la historieta y, para traducirlos hay que modificar el dibujo. En la canción hay un código musical y oral. En el cine con el subtitulado y el doblaje. En la ópera con la escenografía. En el humor, del cual dice que es un sentimiento social, distinto en cada cultura y por tanto, la recepción.

3. Los límites del conocimiento del traductor. Siempre se ha hablado de sus conocimientos en las lenguas. El traductor no tiene derecho a robarle al receptor la información original, parte del trabajo original, debido a sus interpretaciones deficientes o sus supresiones voluntarias derivadas de su desinformación.

Está claro que hay riesgo de ilimitaciones en toda transposición. Por esta razón los teóricos de la traducción como, por ejemplo, Delisle nos ponen en guardia ante una pretensión de perfeccionamiento exagerado. Nos recuerda que traducir consiste básicamente en elaborar un mensaje que se aproxime en la medida de lo posible al acto de comunicación inicial.

Traducir significa reproducir lo que se ha dicho y comprendido por otro, pero no en una ecuación lingüística, sino recreando la expresión original en unos valores que sean familiares para unos nuevos receptores. Se trata, en definitiva, de forzar un contenido en otro ámbito cultural, y volviéndolo a pensar con otra vestimenta lingüística. Hay quien opina que la insatisfacción que siente el traductor al acatar su trabajo se debe a su idea errónea de la traducción como una simple labor de reproducción del original.

Se dice que esta dialéctica metodológica en torno a si es posible o no la traducción, en realidad surge del propio traductor cuando siente la necesidad de justificar a posteriori sus trabajos. Pero es que el traductor no es un simple intermediario entre hombres separados por barreras lingüísticas, no es un esclavo del autor original, no es un simple codificador y descodificador de mensajes, sino que es ante todo un intérprete y no puede centrar su problema en la dificultad o no de encontrar equivalencias lingüísticas.

Por otra parte, hay quien opina que, vistas las dos posiciones extremas, el lector de una traducción lo que estará haciendo será, o bien tratar con una aproximación parcial que se esfuerza por asemejarse en lo posible al original, o estará leyendo un original del traductor basado en una obra que a ese traductor le ha servido de idea fuente.

Esta opinión de los dos extremos podría concluirse con García Yebra, que basado en la incomparabilidad del léxico, morfología y sintaxis de las distintas lenguas, así como en la disparidad de las culturas correspondientes, hay que reconocer que es imposible la traducción perfecta; pero si los actos humanos no sólo son aceptables, sino excelentes si se realizan lo mejor posible, a esta calidad debemos aspirar también en la traducción.


Tema 5. El concepto de equivalencia



El efecto de equivalencia es el que garantiza la viabilidad del acto traductor, ya que permite llevar a cabo una manipulación y redistribución de la materia textual sin que por ello se pierda lo esencial de su contenido ni sus características.

Todos los teóricos de la traducción utilizan, de un modo u otro, la noción de equivalencia como un postulado teórico básico para definir la noción de traducción y como el objeto esencial que debe perseguir ésta.

En el siglo pasado Schleiermaier afirmaba que hay muy pocas palabras en la vida diaria que tengan un exacto correspondiente en otra lengua y que sean susceptibles de ser utilizadas en los mismos contextos para producir los mismos efectos.

R. Jakobson, en Aspectos lingüísticos de la traducción, estableció tres formas distintas de traducir:

traducción intralingüística, interlingüística e intersemiótica o transmutación. Para Jakobson la equivalencia absoluta no existe en ninguno de los tipos de traducción; sin embargo, sí nos decía que toda experiencia cognitiva puede expresarse en cualquier lengua, pues ésta, como instrumento de comunicación, dispone de recursos para superar las barreras impuestas por la organización estructural peculiar de cada sistema. La misión del traductor será llevar el contenido del TO a la LT, de manera que garantice lo que llama “equivalencia en la diferencia”, ya que no tratará de sustituir unas unidades por otras sino mensajes enteros. El traductor recodifica y transmite el mensaje recibido de otra fuente mediante otro mensaje en otro código diferente.

Entendida la traducción como descodificación y posterior recodificación, supone que las funciones lingüísticas cuando están subordinadas a otras de tipo textual, esa traducción es imposible.

Entendida de esta manera, cuando las funciones lingüísticas están subordinadas a las funciones textuales es imposible traducir (poesía).

Kadford parte de la equivalencia textual antepuesta a la equivalencia formal. Si toda lengua posee un sistema semántico cerrado frente a los demás sistemas lingüísticos, sólo en casos excepcionales se podría hablar de correspondencia formal. Es decir, son pocas las ocasiones en las que un significado de segmento LO coincide con un segmento de LT. Aunque los segmentos de la LO y LT no coincidan formalmente, sí pueden ejercer la misma función comunicativa en contextos situacionales semejantes y, por lo tanto, ser equivalentes a nivel textual. Los textos o segmentos de LO y de LT serán equivalentes cuando sea intercambiables en una situación determinada.

De esta manera, el conjunto de texto de LT se medirá por la cantidad de rasgos situacionales que tengan en común con el texto de LT pues el objetivo de la traducción no será la selección de equivalentes de LT con el mismo significado de los elementos de LO, sino la selección de equivalentes de LT con la mayor implicación posible en el área situacional implicada.

Desde este punto de vista lingüístico funcional en el que el concepto de situación se reduce al texto, se sigue sin considerar la interacción entre el traductor y los receptores así como tampoco se considera el conjunto de variables situacionales delimitadas por el contexto extralingüístico y tan importantes en el funcionamiento del lenguaje.

Quizás el modelo teórico fundamentado en la noción de equivalencia sea el de Nida; desde un punto de vista etnológico, Nida afirma que el principal interés es conseguir de los receptores meta las mismas respuestas que el TO obtuvo de sus receptores. Afirma Nida que hay dos tipos de equivalencia (formal y dinámica) y su experiencia como traductor le demuestra que la equivalencia formal es posible en raras ocasiones, ya que factores como las diferencias culturales o distancias geográficas entre lenguas no permiten el calco de las estructuras formales. Por ello, frente a la equivalencia formal establece el principio de equivalencia dinámica:

pretende una equivalencia de efecto; es decir, que el texto, superando las distancias lingüísticas y culturales, debe adaptarse plenamente al nuevo lector y ser natural en el ámbito de comunicación lingüística. El trabajo de Nida es el primero que incorpora de manera explícita al lector meta en el tema. Con su principio de equivalencia dinámica, subraya la importancia del tercer elemento de la comunicación intentando superar la decimonónica controversia.

Desde el punto de vista pragmático textual, una traducción comunicativa persigue obtener textos que dentro de la cultura terminal tengan por sí mismos un valor equivalente al texto de la LO en todas sus dimensiones. Pero como comenta Pilar Elena García, la dificultad que se le presenta a la teoría de la traducción es la de determinar cuándo se puede decir que dos textos, un original y una traducción, tienen igualdad de valores en dos lenguas y en dos culturas diferentes; es decir, son necesarios unos presupuestos o normas translativas que ayuden a traductor en el momento de seleccionar equivalentes en la fase del proceso de traducción que media entre la fase de comprensión de texto de LO y la fase de reverbalización en el texto de LT.

Algunos autores aseguran que la teoría de la traducción ha sido incapaz hasta ahora de crear un concepto diferenciado y operativo del concepto de equivalencia. Los factores fundamentales de esta casi absoluta inseguridad del concepto de equivalencia radican principalmente en tres causas que tienen que ver con el traductor, con el texto y con el receptor. Éstas fueron presentadas por Wills:

- El subjetivismo del traductor puede plasmarse en las soluciones que adopta respecto a determinados problemas. Así, por ejemplo, en la elección de correspondencias a nivel léxico puede que se imponga a su personalidad por encima de la necesaria objetividad a la hora de elegir entre varios sinónimos potenciales de la lengua origen. Comenta que la labor del traductor no es neutral, ya que está mediatizado por su preparación y por su competencia profesional o su capacidad de interpretación.

- Con respecto al texto, en general, los textos encierran una especie de multivalencia que viene a dificultar el empleo de una serie de equivalencias de carácter objetivo.

- El papel del receptor que como último eslabón de la doble cadena comunicativa, también debe ser tenido en cuenta a la hora de establecer una serie de equivalentes entre el texto de la lengua origen y el texto de la lengua de llegada. Es preciso tener en cuenta parámetros diferenciales como la especialización científica de la audiencia, propósito del texto e incluso la edad de los receptores.

Para Pilar Elena García, el análisis más detallado acerca de la equivalencia y de las posibles claves de equivalencia es el que realiza W. Koller. Él distingue cinco tipos de equivalencias y las establece atendiendo a cinco puntos que considera puntos de referencia para marcar el grado de correspondencia entre un texto de la lengua origen y un texto de la lengua de llegada. Habla de:

- Equivalencia denotativa. Que atiende a la realidad extralingüística transmitida por el texto y en la que se busca que no haya variación de contenidos. En ella serán fundamentales las correspondencias léxicas.

- Equivalencia connotativa o estilística. Que consiste en plasmar las connotaciones del texto de aquello que es fruto de la experiencia personal del autor.

- Equivalencia normativa. En la que se persigue el mantenimiento de la normativa lingüística y textual que rige para determinados tipos de textos, como es el caso de los contratos y las cartas comerciales.

- Equivalencia pragmática y comunicativa. El texto de llegada debe producir en el receptor de la traducción el mismo efecto que el original en sus lectores.

- Equivalencia formal. Es la que requiere textos con determinadas propiedades estéticas y estilísticas. Nos estamos refiriendo a cuestiones de rimas, ritmos, metáforas.

A estos tipos de equivalencia, König añade otras dos a las que denomina básicas porque son las que determinarán una jerarquía de prioridades entre los demás tipos de equivalencias mencionadas:

- Equivalencia funcional o pretendida. Tratará de mantener en la traducción la función del texto.

- Equivalencia final. Atenderá a la función propia del texto de la lengua de llegada a veces no coincidente con la función del texto de la lengua de origen.

A partir de estos dos autores obtenemos un esbozo de lo que puede ser la búsqueda de la equivalencia una vez realizado el esbozo en la lengua origen.
El concepto de equivalencia debe ser entendido como el conjunto de una serie de equivalencias parciales por medio de las cuales se trata de conseguir la igualdad de valor en la traducción de los distintos aspectos del texto en la lengua origen. Ya hemos dicho que la prioridad de estas equivalencias parciales vendrá determinada por las dos equivalencias básicas.

Concluye Pilar Elena García que el traductor, además del análisis del tipo de texto y la función comunicativa que éste representa, además de la selección de equivalencias, es decir, la determinación de las características del texto funcionalmente relevantes, además de la jerarquización de las mismas, es decir, la determinación de en qué orden han de tenerse en cuenta, debe tomar sus decisiones en consonancia con la función de la totalidad textual (con el contexto lingüístico de ambas lenguas y con el contexto situacional y socio - cultural).

Reiss y Vermeer consideran que no se puede hablar de que existe equivalencia sino que habría que hablar de adecuación, que consiste en la elección de signos adecuados a la finalidad de la traducción. La equivalencia tiene que ir más allá del texto y abarcar una equivalencia cultural.
Ya vimos autores como Reiss y Vermeer y su teoría del Skopos, que hacen hincapié en la función del texto origen y en la posibilidad de un cambio de ésta en el texto traducido. Cuando la traducción tiene su propia función, es decir, cuando la finalidad del texto origen y la de la traducción no coinciden, es cuando no podemos hablar de equivalencia sino de adecuación.

Por otra parte, el traductor suele trabajar por encargo y el tipo de encargo influirá en la estrategia translativa que pretenda seguir. Dependiendo del encargo optará por la permanencia o el cambio de función en el texto de la lengua de llegada.

Si se cambia alguna función de ambos textos, ya no hablaremos de equivalencia sino de adecuación (adecuación de signos a la lengua final con respecto al texto de partida). Se trata de adecuar la traducción a la finalidad que con ella se pretende ya que, si entendemos la traducción como oferta de información, ésta sólo puede ofrecer una parte de la información contenida en el texto de partida.

El principio dominante en toda translación es su finalidad, por tanto, se pretenderá producir un texto final adecuado a dicho objetivo. La adecuación, por tanto, engloba a la equivalencia. Se traduce adecuadamente cuando la elección de los signos de la LT se supeditan consecuentemente a la finalidad de la traducción y se traduce en equivalencia entendida como tipo especial de adecuación, cuando la función del texto en LO y la del TLT permanece invariable, es decir, cuando se cumple de igual modo la misma función comunicativa en sus respectivas culturas.

Rosa Rabadán ha dedicado gran parte de su libro a recoger distintas acepciones del concepto de equivalencia a lo largo de la historia de la teoría de la traducción y, tras hacernos ver sus deficiencias propone la equivalencia translémica, que viene enmarcada dentro de unos factores históricos. En primer lugar, nos hace ver que si tomamos el concepto de equivalencia como un simple ejemplo de análisis contrastivo, le estamos dando a ésta un carácter estático y normativo, es decir, estamos suponiendo a priori la existencia de correspondencias fijas, de equivalencias establecidas como correctas, ya sea entre unidades de lengua (planteamientos lingüísticos), ya sea la de tipos textuales (planteamientos textuales).

Vienen a suponer que para cada texto origen sólo habría un texto de llegada posible. Rosa Rabadán piensa que la noción de equivalencia debe ser dinámica y funcional. Es preciso abandonar los enfoques lingüísticos reduccionistas y considerar los factores textuales, socio - culturales y el conjunto de circunstancias que se dan en cada momento histórico. El gran reto al que nos enfrentamos es cómo conseguir que el texto origen y su traducción sean el mismo texto cuando todos los factores que intervienen en el proceso son tan distintos.

Es necesario, por tanto, cierto tipo de relación que defina el texto de llegada como traducción de un texto de origen determinado, sin establecer una relación que nos diga porqué este texto de llegada lo consideramos traducción.

Esta relación global se califica de única e irrepetible, para cada binomio textual presenta un nivel jerárquico superior al de las relaciones estrictamente lingüísticas o textuales, ya que está subordinada a normas de carácter histórico. Y esta noción de carácter funcional o relacional es lo que se llama equivalencia translémica. Es dinámica y su fin último no es conseguir la versión correcta, sino actualizar, llegar a conocer una versión equivalente que sea aceptable en el sistema meta. La actualización de las relaciones potenciales de equivalencia es distinta en cada proceso de transferencia, en cada binomio textual y en cada momento histórico.

Se parte de que, tanto el texto origen como el de llegada pertenecen y funcionan respectivamente en un polisistema origen y en un polisistema meta. El polisistema lo define como el conjunto de sistemas semióticos interrelacionados de forma dinámica y regulados por normas históricas. En este conjunto se inscriben las actividades comunicativas del ser humano, entre ellas la traducción.

La noción de norma viene a constituirse en el parámetro que nos explique por qué en un texto meta se eligieron determinadas opciones del potencial de un sistema y no otras, por qué los lectores de un polisistema X aceptan unas versiones y no otras y, en resumen, la noción de norma nos indica el puente que une las equivalencias posibles de un texto dado con las equivalencias concretas actualizadas entre un texto origen y un texto de llegada.

Estas normas son las que regulan el espacio intersubjetivo existente entre las reglas del sistema abstracto y las idiosincrasias particulares de cada traductor. En definitiva, las normas representan el conjunto de valores compartidos por los usuarios y que se plasman en instrucciones aplicables al proceso traductor.
Según Toury estas normas se dividen en:

- Preliminares:



Regulan la política del proyecto de traducción, es decir, se ocupa de los aspectos previos al proceso de traducción.


- Operacionales:



Regulan las decisiones que se toman en el proceso de traducción. Pueden ser:

matriciales (que regulan la segmentación del material lingüístico y su distribución en el texto) y textuales (que determinan la elección del traductor respecto a las relaciones que van a funcionar como equivalencia en cada binomio textual).


- De recepción:



Regulan la actuación del traductor en todas sus fases, ya que atienden al tipo de audiencia del texto meta.


- Norma inicial:



Determina la elección básica del traductor tras tener en cuenta todos los factores del cuadro comunicativo. La transferencia general de su trabajo a la adecuación con el polo origen o bien la aceptabilidad en el polo meta.

Cuando la traducción tiende a conservar, sobre todos los rasgos lingüísticos y textuales del TO, el TM mostrará un tipo de equivalencia formal y, en cambio, si se prima el polo de la aceptabilidad, las relaciones de equivalencia serán más del tipo funcional. Lo aconsejable es buscar un equilibrio entre adecuación y aceptabilidad.


Autor:

Ricardo Montero Gómez





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