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Antología de Poesía española y universal parte 1 - Monografía



 
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Literatura. Humanismo. Cantar de Mio Cid. Las bodas de las hijas del Cid. La afrenta de Corpes. Celestina. Juan Boscan. Dante Alighieri. Garcilaso de la Vega. Gutierre de Cetina. Miguel de Cervantes. Lope de Vega. William Shakespeare. Luis Gongora



ANTOLOGIA



Antología (del griego, anthos, ‘flor’, y légo, ‘escoger’), colección de textos literarios seleccionados de un autor o de varios. La antología parte del principio de la lectura como selección.

El antólogo es un lector que, ateniéndose a principios más o menos racionales, combina textos insertándolos en un nuevo conjunto. El eje combinatorio puede ser histórico o temático, eligiendo como ejemplos los diferentes géneros literarios: poemas, cuentos, fragmentos novelescos, escenas teatrales, humor, citas y pensamientos. Está ligada a los cambios del gusto y de las modas literarias y muchas veces puede convertirse en el manifiesto poético o bibliografía (los poetas del poeta) de un escritor determinado, como ocurre con las Flores de poetas ilustres de Pedro de Espinosa o la Antología de Gerardo Diego. La antología más antigua es una de epigramas y poesías ligeras realizada en el año 90 a.C. por el poeta Meleagro. También debe citarse la Antología griega o Palatina, compilación del siglo X. Las literaturas árabe, persa y turca son ricas en antologías.

Las colecciones o compilaciones, como formas próximas a la antología, tuvieron gran importancia en la edad media y, concretamente, en España, en la difusión de los cuentos de origen oriental: Calila e Dimna, Barlam y Josaphat, el mismo Pero Alfonso con la Disciplina Clericalis, hasta su inserción en obras como el Libro de Buen Amor del arcipreste de Hita o el Conde Lucanor de don Juan Manuel. Mención aparte merecen los cancioneros de romances (el de Baena, en el siglo XV, o el General, del XVI), que permitieron la conservación y el disfrute de tan extensa producción poética. Ejemplos contemporáneos imprescindibles son la Antología de poetas líricos castellanos de Marcelino Menéndez y Pelayo, la Flor nueva de romances viejos de Ramón Menéndez Pidal, la antología de la poesía española de Blecua y Dámaso Alonso, la Antología de la literatura fantástica de Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Bioy Casares o, entre muchas otras, Noche insular. Antología de la poesía cubana de Mihály Des. Alfonso Reyes, en su Teoría de la antología, sugiere humorísticamente “denunciar cierta poesía diabética” y componer un “Panal de América o Antología de la gota de miel”.

LITERATURA



Literatura, término que designa un acto peculiar de la comunicación humana y que podría definirse, según la palabra latina que le da origen, como arte de escribir, escritura, alfabeto, gramática, conjunto de obras literarias.

Pero litteratura deriva a su vez del latín litterae, ‘letras, caracteres, escrito, obra literaria’. El término no apareció en todas las lenguas al mismo tiempo: francés littérature (1120), italiano letteratura (siglo XIII), inglés literature (1375), alemán Literatur, portugués y español literatura (siglo XV). Lo que no se puede olvidar nunca es que es un arte cuyas manifestaciones son las obras literarias, es decir, “creaciones artísticas expresadas con palabras, aun cuando no se hayan escrito, sino propagado boca a boca”, según la definición de Rafael Lapesa. Esta importante aclaración permite considerar como literatura todas las obras anteriores a la invención de la imprenta y, sobre todo, las que no se han transmitido por escrito sino oralmente, es decir, el amplio cuerpo del folclore, los cuentos tradicionales, los chistes y hasta los proverbios que corren en boca del pueblo.

PREHISTORIA



Prehistoria, término empleado para definir el periodo de la historia transcurrido desde el inicio del proceso de la evolución humana hasta la aparición de los testimonios escritos, así como la disciplina que se ocupa de su estudio.
La prehistoria es un periodo de la historia de la humanidad. El primero y el que más tiempo duró: desde que comenzó el proceso de evolución humana hasta que aparecieron textos escritos. Podríamos decir, por tanto, que un pueblo vive en la prehistoria hasta que escribe.

La arqueología se ocupa del estudio de la prehistoria. Los arqueólogos buscan y analizan los restos materiales que dejaron los primeros seres humanos. Gracias a la arqueología sabemos algo de la vida de nuestros antepasados: quiénes eran, dónde vivían, cuáles fueron los primeros instrumentos que fabricaron y sus primeras obras de arte…

Como fue un periodo muy largo, la prehistoria suele dividirse en dos grandes etapas o edades: la edad de piedra y la edad de los metales.

LA EDAD DE PIEDRA



La edad de piedra se llama así porque en aquel remoto tiempo los antepasados del ser humano comenzaron a fabricar, sobre todo con piedra, sus primeros instrumentos o útiles. También usaron otros materiales, como la madera; y los huesos, cuernos y tendones de los animales que cazaban.

Durante la edad de piedra se produjo el largo proceso de la evolución humana. Cuando la edad de piedra finalizó, ya existía el ser humano actual: ¡los científicos nos llaman Homo sapiens sapiens! Por el camino quedaron muchas especies parecidas al hombre, que se extinguieron o evolucionaron.

La edad de piedra se divide en tres periodos.



El paleolítico.

Durante el paleolítico, que comenzó hace 2,5 millones de años, el hombre aprendió a tallar la piedra. Los seres humanos del paleolítico eran cazadores-recolectores. ¿Qué quiere decir esto? Sencillamente, que vivían de la caza y de la pesca, y de lo que recogían de las plantas (raíces, frutos).

El mesolítico.

Se prolongó desde el final del paleolítico hasta el inicio del neolítico. El ser humano seguía cazando y recolectando para subsistir.

El neolítico.

El hombre pulimentaba ya la piedra (es decir, la trabajaba con mayor precisión y podía construir útiles más sofisticados). Pero el gran cambio que se produjo durante el neolítico (puede que escuches la expresión revolución neolítica) es que nació la agricultura (aproximadamente hace 11.000 años, en el 9000 antes de Cristo). Debido a ello, el ser humano dejó de ser nómada (hasta ese momento, no tenía un hogar fijo) y se hizo sedentario (aparecieron así los primeros poblados). También comenzó a ser habitual la fabricación de piezas de cerámica.


LA EDAD DE LOS METALES



Llegó un momento de la prehistoria en que los pueblos dejaron de hacer sus instrumentos con piedra y pasaron a fabricarlos con metales (porque aprendieron las técnicas necesarias para ello). La edad de los metales se divide en tres periodos.

La edad del cobre. El cobre fue el primer metal utilizado por los seres humanos.
La edad del bronce. Se llama así porque el hombre empezó a utilizar el bronce, después de aprender a alear (mezclar) el cobre con otro metal: el estaño. Las antiguas culturas de Mesopotamia nacieron y se desarrollaron durante la edad del bronce. Al final de ese periodo surgieron también las primeras civilizaciones de Grecia.
La edad del hierro. Los utensilios pasaron a fabricarse con hierro. Comenzó en Oriente Próximo hace aproximadamente 3.200 años (aunque en la mayor parte de Europa no se inició hasta hace unos 1.300 años, y en América no se trabajó el hierro hasta la llegada de los europeos a finales del siglo XV de nuestra era). Los europeos de la edad del hierro pertenecieron, en su mayor parte, a la cultura celta. La edad del hierro acabó en casi toda Europa a medida que se producía en cada zona la conquista romana.

EDAD MEDIA



La edad media fue el periodo de la historia de Europa que transcurrió, aproximadamente, entre el siglo V y el siglo XV; desde el final del Imperio romano, hacia el año 476, hasta el descubrimiento europeo de América, en 1492. Lo que es lo mismo, la etapa que se desarrolló entre la edad antigua y la edad moderna.

Durante mucho tiempo, se ha considerado que la edad media fue un periodo de estancamiento cultural que tuvo lugar entre dos momentos más brillantes: la antigüedad clásica y el renacimiento. Hoy se tiende a valorar todo en su justa medida, por lo que se prefiere afirmar que la edad media fue una etapa más en la evolución histórica de Europa.

LOS COMIENZOS DE LA EDAD MEDIA (SIGLO V-SIGLO X)



Es difícil decir en qué año terminó la edad antigua y comenzó la edad media. Se suelen tomar como referencia dos acontecimientos muy importantes: el saqueo de Roma por los godos de Alarico I (410) y el derrocamiento del último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo (476). En cualquier caso, debes saber que son fechas aproximadas; sólo nos sirven como referencia.

Hubo un fenómeno que sí marcó de forma definitiva el inicio de la nueva era. Sucedió a finales del siglo V, cuando diversos pueblos germanos invadieron los territorios del Imperio romano y se asentaron en ellos. La cultura del Imperio romano no se perdió, pero el aspecto político de Europa cambio por completo durante los siguientes 300 años.

El comercio regular desapareció casi por completo, aunque la economía monetaria (basada en la venta a cambio de dinero) nunca dejó de existir de forma absoluta. Los campesinos quedaron vinculados a la tierra y pasaron a depender de los grandes propietarios para obtener su protección.

La principal figura de la época fue el emperador Carlomagno, rey de los francos y primer emperador del Sacro Imperio. En este periodo sólo hubo una institución con verdadero poder en toda Europa: la Iglesia.

Esta etapa acabó en el siglo X, cuando se produjeron las segundas invasiones germánicas; nuevos pueblos, como los vikingos o los magiares, entraron en la historia europea.


LA ALTA EDAD MEDIA (SIGLO X-SIGLO XIII)


Este periodo está ligado a un concepto fundamental. Recuérdalo, es muy importante: el feudalismo. ¿Sabes qué fue? Un sistema que establecía una serie de relaciones políticas y militares entre los miembros de la nobleza de Europa occidental. Se caracterizó por la concesión de feudos (casi siempre en forma de tierras y trabajo) por parte de un señor, a cambio de una prestación política y militar del vasallo. Ambos, señor y vasallo, eran hombres libres.

A mediados del siglo XI, renacieron la vida urbana y el comercio regular a gran escala, y se desarrollaron una sociedad y una cultura más complejas e innovadoras. La Iglesia católica seguía siendo la principal institución de Europa occidental. También se fundaron las primeras universidades.

El siglo XII supuso una nueva época dorada de la filosofía en Occidente. La escritura dejó de ser una actividad exclusiva del clero, y el resultado fue el florecimiento de una nueva literatura, escrita, por primera vez, en lenguas nacionales o vernáculas (aunque se siguió utilizando el latín). En la arquitectura, el románico alcanzó su perfección con la edificación de incontables edificios a lo largo de rutas de peregrinación en el sur de Francia y en España, especialmente, en el Camino de Santiago.

Durante esta etapa de la edad media, tuvo lugar otro fenómeno fundamental: las Cruzadas. Fueron una serie de expediciones guerreras (la primera tuvo lugar a finales del siglo XI) que iniciaron los reinos cristianos europeos, a petición del Papado, para liberar los Santos Lugares de Oriente Próximo que estaban en manos de los musulmanes.

Las principales creaciones artísticas del último siglo de la alta edad media fueron las catedrales de estilo gótico, los escritos filosóficos de santo Tomás de Aquino y la Divina Comedia, del escritor italiano Dante Alighieri.

LA BAJA EDAD MEDIA (SIGLOS XIV Y XV)



En este periodo comenzaron a surgir los principales estados europeos; es decir, los países tal y como hoy los conoces. La lucha por el poder entre la Iglesia y esos estados se convertiría en un rasgo permanente de la historia de Europa. A mediados del siglo XV, los musulmanes conquistaron la capital del Imperio bizantino, Constantinopla. El Imperio bizantino había sido el heredero del Imperio romano en Oriente.


CANTAR DE MIO CID



El destierro del Cid.



1. -mención de los principales caballeros cristianos.



¡Qué bien que estaba luchando sobre su dorado arzón,
Don Ricardo de Vivar, ese buen Campeador!
Están  con él Álvar Fáñez, el que Zurita mandó,
El buen Martín Antolinez, ese burgalés de pro,
Muño Gustioz que en la misma casa del Cid se crió,
Álvar Savadórez y el buen Álvar Alvaroz,
Ese Galindo Garcíaz, buen guerrero de Aragón,
Y el sobrino de Rodrigo, por nombre Félez Muñoz.
Con ellos la tropa entera del Cid en la lucha entró
A socorrer la bandera y su Cid al Campeador.


2.-Minaya, en peligro.-El Cid hiere a Fáriz.



Al buen Minaya Álvar Fañez le mataron el caballo
Pero a socorrerle fueron las mesnadas de cristianos.
La lanza tiene quebrada, a la espada metió mano,
Aunque luchaba de pie buenos tajos iba dando.
Ya le ha visto Mío Cid Ruy Díaz el Castellano,
Se va para un jefe moro que tenía buen caballo
Y con la mano derecha descárgale fuerte tajo,
Por la cintura le corta y le echa en medio del campo.
Al buen Minaya Alvar Fañez le fue a ofrecer el caballo.
“Cabalgad en él, Minaya, que vos sois mi diestro brazo.
Hoy todo vuestro apoyo me veo necesitado;
Muy firmes están los moros, no ceden aún el campo:
Es menester que otra vez fuertes les arremetemos”.
Montó a caballo Minaya y con su espada en la mano
Por entre las fuerzas moras muy bravo siguió luchando;
Enemigos que él alcanza la vida les va quitando.
Mientras tanto Mío Cid de Vivar el bienhadado
Al emir Fáriz tres tajos con la espada le ha tirado,
Le fallan los dos primeros, el tercero le ha acertado;
Ya por la loriga abajo va la sangre destilando,
Vuelve grupas el emir para escaparse del campo.
Por aquel golpe del Cid la batalla se ha ganado


3.-Gálve, herido y los moros, derrotados.



El buen Martín Antolinez un buen tajo a Galve da,
Los rubíes de su yelmo los parte por la mitad,
La lanza atraviesa el yelmo, a la carne fue a llegar;
El rey moro el otro golpe ya no lo quiso esperar.
Los reyes Fáriz y Galve derrotados están ya.
¡Qué buen día fue aquél, Dios, para la cristiandad!
Por una y por otra parte los moros huyendo van.
Los hombres de Mío Cid los querían alcanzar,
El rey Fáriz en Terrera se ha llegado a refugiar,
Pero a Galve no quisieron abrirle la puerta allá;
A Calatayud entonces a toda prisa se va.
Pero el Cid Campeador le persigue sin para
Y va detrás del rey moro hasta la misma ciudad.

4.-Minaya ve cumplido su voto.- Botín de la batalla.-El Cid pone un presente para el rey



Al buen Minaya Álvar Fáñez bueno le salió el caballo,
De esos moros enemigos ha matado a treinta y cuatro;
De tajos que dio su espada muy sangriento lleva el brazo:
Por más abajo del codo va la sangre chorreando.
Dijo Álvar Fañez: “Ahora ya contento me he quedado,
A Castilla las noticias en seguida irán llegando
De que en batalla campal victoria el Cid ha ganado”.
Muchos moros yacen muertos; pocos con vida dejaron,
Que al perseguirlos sin tregua alcance les fueron dando.
Van volviendo los guerreros de Mío Cid bienhadado;
Andaba el Campeador montado en su buen caballo,
La cofia lleva fruncida, su hermosa barba mostrando,
Echada atrás la capucha y con la espada en la mano.
A sus guerreros miraba, que ya se van acercando.
“Gracias al Dios de los cielos, Aquél que está allí en alto,
El campamento morisco los del Cid le saquearon,
Armas, escudos, riquezas muy grandes se han encontrado.
Los hombres de Mío Cid que en el campamento entraron
Se encuentran, de los moriscos, con quinientos diez caballos.
¡Gran alegría que andaba por entre aquellos cristianos!
Al ir a contar sus bajas tan sólo quince faltaron.
Tanto oro y tanta plata no saben dónde guardarlo;
Enriquecidos están todos aquellos cristianos

Con aquel botín tan grande que se habían encontrado.
Los moros que los servían al castillo se tornaron
Y aún mando el Campeador que les regalaran algo.
Gran gozo tiene Ruy Díaz, con él y todos sus vasallos
Repartir manda el dinero y aquellos bienes ganados,
En su quinta parte al Cid tocárosle cien caballos.
¡Dios, y que bien pagó Mío Cid a sus vasallos
a los que lucha  a pie y a los que luchan a montados!
Muy bien que lo arregla todo Mío Cid el bienhadado,
Los hombres que van con él  satisfechos se quedaron.
“Oídme, Álvar Fáñez Minaya, vos que sois mi diestro brazo:
de todas estas riquezas que el Creador nos ha dado
cuanto para vos queráis cogedlo con vuestra mano.
Para que se sepa allí, quiero a Castilla mandaros
Con nuevas de esta batalla que a moros hemos ganado.
Al rey Don Alfonso, al rey que de Castilla me ha echado
Cada uno con su silla, todos muy bien enfrenados,
Todos con sendas espadas de los arzones colgando”.
Dijo Minaya Álvar Fáñez: “Yo lo haré de muy buen grado”

Las bodas de las hijas del Cid.

Todos esa noche fueron a sus aposentos,
El Cid Campeador entró en el Alcázar;
Recibiéronlo doña Jimena y sus dos hijas:
-¿Llegasteis ya, campeador, que en buena hora ceñisteis espada?
¡Que os contemplemos largos años con nuestro propios ojos!
-¡Gracias a Dios, ya he llegado, mujer honrada!
Y os traído unos yernos que nos darán mucha honra;
¡Agradecédmelo, hijas mías, pues os he casado bien!

Doña Jimena y las hijas se muestran satisfechas
Mujer e hijas le besaron las manos
E hicieron lo mismo las damas que las servían;
-¡Gracias sean dadas a Dios y a vos, Cid, hermosa barba!
Todo lo que vos hacéis está bien hecho.
¡Nada les faltará mientras vos viváis!
-Bien ricas hemos de ser cuando nos caséis.

El Cid recela del casamiento
-Mi mujer, doña Jimena, sea lo que quiera Dios.
A vos os digo, hijas mías, doña Elvira y doña Sol,
Que con este casamiento ganaremos en honor,
Pero sabed que estas bodas no las he areglado yo:
Os ha pedido y rogado don Alfonso, mi señor.
Lo hizo con tanta firmeza, tan de todo corazón
Que a aquello que me pedía no supe decir que no.
Así en sus manos os puse, hijas mías, a las dos.
Pero en verdad os digo, é l os casa, que no yo.

A Jimena y a Rodrigo
Prendió el rey palabra y mano
De juntarlos para en uno
En presencia de Laín Calvo.
Las enemistades viejas
Con amor las olvidaron,
Que donde preside
Amor
Se olvidan quejas y agravios.
El rey dio al Cid a Valduerna,
A Saldaña y Belforado
Y a San Pedro de Cárdena,
Que en su hacienda vincularon.
Entrose a vestir de boda
Rodrigo con sus hermanos;
Quitose gola y arnés
Resplandeciente y grabado.
Púsose un medio botarga
Con unos vivos morados,
Calzas, valona tudesca,
De aquellos siglos dorados:
Eran de grana de polvo
Y de vaca los zapatos,
Con dos hebillas por cintas
Que le apretaban los lados;
Camisón redondo y justo,
Sin filetes ni recamos,
Que entonces el almidón
Era pan para muchachos;
Un jabón raso negro,
Ancho de manga, estofado,
Que en tres o cuatro batallas
Su padre lo había sudado;
Una acuchillada cuera
Se puso encima del raso,
En remembranza y memoria
De las muchas que había dado;
Una gorra de contray
Con una pluma de gallo;
Llevaba puesto un tudesco
En felpa todo aforrado;
La Tizona rabitiesa,
Del mundo temor y espanto,
En tiros nuevos traía
Que  costaron cuatro cuartos.
Más galán que Gerineldos
Baja el Cid famoso al patio
Donde rey, obispo y grandes
En pie estaban aguardando.
Tras esto bajó Jimena,
Tocada en toca de papos,
Y no con estas quimeras
Que ahora llaman hurracos.
De paño de Londres fino
Era el vestido bordado;
Unas garnachas muy justas
Con un chapín colorado;
Un collar de ocho patenas
Con un San Miguel colgado,
Que aparecieron una villa
Solamente de las manos.

La afrenta de Corpes

Los Infantes de Carrión no son bien vistos entre los hombres del Cid por su cobardía.

Esto se hace más notable en dos acontecimientos que pertenecen a ese cantar el día en que un león se sale de la jaula mientras duerme el Cid y durante la batalla que los cristianos  sostienen con las tropas del rey Buscar de Marruecos.

Una vez que la batalla sido ganada y que se a recogido un botín nunca soñado, los hombres del Cid regresan a Valencia.

El Cid felicita a sus yernos por su comportamiento lleno de valentía durante la lucha; pero ellos han tenido que soportar los comentarios de varios caballeros y creen que han tenido las alabanzas del Cid que son sino una burla llena de ironía.

Cansados los Infantes de esta situación deciden regresar a su tierra. Piden al Cid permiso para llevar a Carrión a sus mujeres para que conozcan a las nuevas heredaras.

Pero en realidad piensan vengar en ellas todos los desprecios recibidos.

El Cid esta muy lejos de imaginar la maldad que esta pretensión encierra, y los colma de regalos y los hace acompañar de escolta numerosa.

Al llegar al dobledal de Corpes los Infantes piden quedarse solos con sus esposas y allí las azotan cruelmente y las ultrajan.

Enterado el Campeador Ruy Díaz de Vivar, demanda justicia al rey en vez de tomar justicia por sus propias manos.

Se dirige al rey por ser el responsable de las bodas y debe de ser el encargado de aplicar el castigo a los Infantes de Carrión  y de volver de esta manera su honor: “El rey fue quien caso a mis hijas toda mi deshonra de mi señor” Muñoz Gustios busca a el rey Con Alfonso en nombre del Cid.

Lo encuentra en Sahagun: allí entera al monarca de la afrenta del Cid retándole con detalle las ofensas que fueron victimadas Doña Sol y Doña Elvira.

El rey convoca a Cortes en Toledo para escuchar las dos partes y hacer justicia.

Pero asegura a Muñoz Gustios: “Aún de tamaña afrenta saldarán ellos maldecidos”, tanto es el amor de Don Alfonso por su vasallo.

Al cabo de siete semanas todos los vasallos del rey castellanos. Quizá la parte más dramática del poema se encuentra en las escenas de las Cortes de Toledo. Aquí el juglar se complace en pintarnos con caracteres de superioridad al Cid y a sus hombres encontraste, en miseria moral de sus enemigos.

A Ruy Díaz de Vivar el monarca da muestras constantes del afecto que profesa al Campeador lo sienta a su lado y no se cansa de mirarle la barba.

Don Alfonso consciente en todas las peticiones que el Cid pide la devolución de su dinero y de los regalos, pero sobre todo, la reparación de su honor mediante una lid. En ese momento se presentan los nuevos casamientos para las hijas del Cid, dos emisarios de Navarra y Aragón las solicitan para los Infantes herederos.

El desafío llevaba a cabo en la vaga de Carrión y don Fernando y Don Diego son vencidos por Pedro Bermúdez y Martín Antolinez que presenta al de Vivar.

Se efectúan las siguientes bodas de las hijas del Cid y así el Campeador emparienta con los reyes de España.

DANTE ALIGHIERI



Dante nació en Florencia, en los últimos días de mayo o los primeros de junio del año 1265, en el seno de una familia que pertenecía a la pequeña nobleza. Su madre murió cuando todavía era pequeño, y su padre al cumplir los 18 años. El acontecimiento más importante de la juventud de Dante Alighieri, según su propio testimonio, fue conocer, en el año 1274, a Beatriz, la mujer a quien amó y a la que exaltó como símbolo supremo de la gracia divina, primero en la Vida nueva y, más tarde, en su obra maestra, la Divina Comedia.

Los especialistas han identificado a Bice di Folco como la noble florentina Bice di Folco Portinari, que murió en 1290, con apenas 20 años. Dante sólo la vio en tres ocasiones y nunca habló con ella, pero eso fue suficiente para que se convirtiera en la musa inspiradora de casi toda su obra.

Se sabe muy poco acerca de la educación de Dante, aunque sus libros reflejan una amplia erudición que comprendía casi todo el conocimiento de la época. En sus comienzos recibió una gran influencia de las obras del filósofo y retórico Brunetto Latini, que aparece, por otro lado, como personaje destacado en la Divina Comedia. Hacia 1285 se encontraba en Bolonia, y se supone que estudió en la universidad de esa ciudad.

Durante las luchas políticas que tuvieron lugar en la Italia de aquellos años, se unió en un principio al bando de los güelfos, opuestos a los gibelinos (véase güelfos y gibelinos). En 1289 formaba parte del Ejército güelfo de la ciudad de Florencia que combatió en la batalla de Campaldino, en la que los güelfos vencieron a los gibelinos de Pisa y Arezzo. Por esa misma época se casó con Gemma di Manetto Donati, perteneciente a una destacada familia güelfa florentina.

Canto I.



A mitad del camino de la vida,
en una selva oscura me encontraba
porque mi ruta había extraviado.

¡Cuán dura cosa es decir cuál era
esta salvaje selva, áspera y fuerte
que me vuelve el temor al pensamiento!

Es tan amarga casi cual la muerte;
mas por tratar del bien que allí encontré,
de otras cosas diré que me ocurrieron.

Yo no sé repetir cómo entré en ella
pues tan dormido me hallaba en el punto
que abandoné la senda verdadera.

Mas cuando hube llegado al pie de un monte,
allí donde aquel valle terminaba
que el corazón habíame aterrado,
hacia lo alto miré, y vi que su cima
ya vestían los rayos del planeta
que lleva recto por cualquier camino.

Entonces se calmó aquel miedo un poco,
que en el lago del alma había entrado
la noche que pasé con tanta angustia.

Y como quien con aliento anhelante,
ya salido del piélago a la orilla,
se vuelve y mira al agua peligrosa,
tal mi ánimo, huyendo todavía,
se volvió por mirar de nuevo el sitio
que a los que viven traspasar no deja.

Repuesto un poco el cuerpo fatigado,
seguí el camino por la yerma loma,
siempre afirmando el pie de más abajo.

Y vi, casi al principio de la cuesta,
una onza ligera y muy veloz,
que de una piel con pintas se cubría;
y de delante no se me apartaba,
mas de tal modo me cortaba el paso,
que muchas veces quise dar la vuelta.

Entonces comenzaba un nuevo día,
y el sol se alzaba al par que las estrellas
que junto a él el gran amor divino
sus bellezas movió por vez primera;
así es que no auguraba nada malo
de aquella fiera de la piel manchada
la hora del día y la dulce estación;
mas no tal que terror no produjese
la imagen de un león que luego vi.

Me pareció que contra mí venía,
con la cabeza erguida y hambre fiera,
y hasta temerle parecía el aire.

Y una loba que todo el apetito
parecía cargar en su flaqueza,
que ha hecho vivir a muchos en desgracia.

Tantos pesares ésta me produjo,
con el pavor que verla me causaba
que perdí la esperanza de la cumbre.

Y como aquel que alegre se hace rico
y llega luego un tiempo en que se arruina,
y en todo pensamiento sufre y llora:
tal la bestia me hacía sin dar tregua,
pues, viniendo hacia mí muy lentamente,
me empujaba hacia allí donde el sol calla.

Mientras que yo bajaba por la cuesta,
se me mostró delante de los ojos
alguien que, en su silencio, creí mudo.

Cuando vi a aquel en ese gran desierto
“Apiádate de mí -yo le grité-,
seas quien seas, sombra u hombre vivo.”
Me dijo: “Hombre no soy, mas hombre fui,
y a mis padres dio cuna Lombardia
pues Mantua fue la patria de los dos.

Nací sub Julio César, aunque tarde,
y viví en Roma bajo el buen Augusto:
tiempos de falsos dioses mentirosos.

Poeta fui, y canté de aquel justo
hijo de Anquises que vino de Troya,
cuando Ilión la soberbia fue abrasada.

¿Por qué retornas a tan grande pena,
y no subes al monte deleitoso
que es principio y razón de toda dicha?”

“¿Eres Virgilio, pues, y aquella fuente
de quien mana tal río de elocuencia?
-respondí yo con frente avergonzada-.
Oh luz y honor de todos los poetas,
válgame el gran amor y el gran trabajo
que me han hecho estudiar tu gran volumen.

Eres tú mi modelo y mi maestro;
el único eres tú de quien tomé
el bello estilo que me ha dado honra.

Mira la bestia por la cual me he vuelto:
sabio famoso, de ella ponme a salvo,
pues hace que me tiemblen pulso y venas.”

“Es menester que sigas otra ruta
-me repuso después que vio mi llanto-,
si quieres irte del lugar salvaje;
pues esta bestia, que gritar te hace,
no deja a nadie andar por su camino,
mas tanto se lo impide que los mata;
y es su instinto tan cruel y tan malvado,
que nunca sacia su ansia codiciosa
y después de comer más hambre aún tiene.

Con muchos animales se amanceba,
y serán muchos más hasta que venga
el Lebrel que la hará morir con duelo.

Este no comerá tierra ni peltre,
sino virtud, amor, sabiduría,
y su cuna estará entre Fieltro y Fieltro.
Ha de salvar a aquella humilde Italia
por quien murió Camila, la doncella,
Turno, Euríalo y Niso con heridas.

Este la arrojará de pueblo en pueblo,
hasta que dé con ella en el abismo,
del que la hizo salir el Envidioso.

Por lo que, por tu bien, pienso y decido
que vengas tras de mí, y seré tu guía,
y he de llevarte por lugar eterno,
donde oirás el aullar desesperado,
verás, dolientes, las antiguas sombras,
gritando todas la segunda muerte;
y podrás ver a aquellas que contenta
el fuego, pues confían en llegar
a bienaventuras cualquier día;
y si ascender deseas junto a éstas,
más digna que la mía allí hay un alma:
te dejaré con ella cuando marche;
que aquel Emperador que arriba reina,
puesto que yo a sus leyes fui rebelde,
no quiere que por mí a su reino subas.

En toda parte impera y allí rige;
allí está su ciudad y su alto trono.
¡Cuán feliz es quien él allí destina!”

EL PARAÍSO CANTO III



Aquel Sol que antes de amor me escaldó el pecho,
de bella verdad me había descubierto
probando y reprobando, el dulce aspecto;
y yo, por confesarme corregido y cierto
yo mismo, tanto cuanto convenía
alcé la testa a proferirlo más en abierto;
pero una visión advino que me retuvo
a ella tan estrecho, al mostrarse,
que de mi confesión perdí el recuerdo.

Cual de transparentes vidrios y tersos,
o al mirar aguas nítidas y quietas,
no tan profundas que el fondo se pierda,
vienen de nuestro rostro los trazos
tan débiles, como perla en blanca frente
no llega menos clara a nuestras pupilas;
tal vi yo muchas caras a conversar prontas;
por donde yo caí en el error contrario
al que encendió amor entre un varón y una fuente.
Súbito ya cuando me apercibí de ellas,
creyéndolas espejados semblantes,
por ver de quiénes fueran, volví la vista;
y no vi a ninguna, y me revolví adelante
recto a la luz de la dulce guía,
que sonriendo ardía en sus ojos santos.

No te maraville que me sonría,
me dijo, de tu pueril pensamiento,
pues en la verdad tu pie aún no se afirma,
mas te revuelves, como sueles, en vacío:
sustancias veras son las que miras,
relegadas aquí por faltar a sus votos.
Mas habla con ellas y oye y cree;
que la veraz luz que los regala
de sí no deja que los pies aparten.

Y yo a la sombra que más dispuesta parecía
a razonar, me acerqué, y comencé
casi como a quien el mucho desear turba:
¡Oh bien creado espíritu, que de los rayos
de vida eterna la dulzura sientes,
que, no gustada, nunca se entiende,
de gracia me dejes tan contento
de tu nombre y de tu suerte.
Por donde ella pronta y con ojos rientes:
Nuestra caridad no cierra puertas
a un justo querer, si bien no como aquella
que quiere semejante a sí toda su corte.

Yo fui en el mundo virgen profesa:
y si tu mente bien me contempla,
no te seré extraña por ser más bella,
mas reconocerás que soy Piccarda,
que, puesta aquí con estos otros beatos,
beata soy en la más tarda esfera.
Nuestros afectos que sólo inflamados
están del placer del Espíritu Santo,
se alegran en su orden conformados.
Y esta suerte que parece baja tanto,
empero nos fue dada, por descuidar
nuestros votos, faltos en algún flanco.
Entonces yo: En vuestro aspecto
admirable esplende un no se qué divino
que os trasmuta de vuestro primer diseño:
razón porque no fui en recordaros presto;
mas ahora me ayuda lo que tú me dices,
y tanto que figurarte me es ya más latino.

Mas dime: vosotros que sois aquí felices,
¿deseáis encontraros en más alto sitio
para más ver y más haceros de amigos?
Con las otras sombras sonrió primero un poco:
a partir de ello mes respondió tan placentera
que arder parecía de amor del primer fuego;
Hermano, nuestra voluntad aquieta
la virtud de caridad, que nos hace querer
sólo lo que tenemos, y de otra cosa no nos saeta.
Se deseáramos ser más supernas
serían discordes nuestros deseos
del querer de aquel que aquí nos disgrega;
pues verás que no cabe en estos giros,
pues estar en caridad es aquí necesse,
y si su naturaleza bien consideras.
Así es formal a este beato esse
estar conforme a la divina voluntad
por la que se unifican las nuestras;
así que, estar de umbral a umbral
por este reino, a todo el reino place
y al rey que a su querer cada uno pone.
Y en su voluntad está nuestra paz:
ella es aquel mar al cual todo fluye,
lo que ella crea y lo que natura hace.





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