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Antología de Poesía española y universal parte 6 - Monografía



 
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GUILLERMO PRIETO.



Guillermo Prieto (1818-1897), escritor mexicano.

Fue novelista, cuentista, poeta popular, cronista, periodista, ensayista y político. Ocupó diversos cargos en el gobierno y vivió todas las vicisitudes del siglo XIX mexicano: la independencia, la guerra de Texas, la Intervención francesa y el Imperio de Maximiliano. Formó parte de una generación que, en palabras de Monsiváis “decidió imponerle a la nación un proyecto histórico, un modelo de sociedad, los cauces irreemplazables del progreso y la cultura”.

Es creador, junto con otros escritores, de academias literarias y de diversos periódicos, que fundó o en los que colaboró. Sus feroces críticas contra el dictador Antonio López de Santa Anna le acarrearon persecuciones y su apoyo a Juárez, el destierro.

De su vasta obra de intensa vena popular, mucha de ella publicada póstumamente o dispersa en los periódicos, destacan: en poesía, Musa callejera y El romancero nacional, libros de viajes como Viajes de orden suprema (1857) y Viaje a los Estados Unidos (3 volúmenes, 1878), además de un Compendio de Historia Universal y la crónica Memorias de mis tiempos.

VICENTE RIVA PALACIO



Vicente Riva Palacio (1832-1896), prolífico escritor mexicano de talentos múltiples, tanto en lo literario como en lo político, junto con los más famosos liberales participó en las guerras de Reforma e Intervención francesa con el grado de general.

Hijo de Mariano Riva Palacio (defensor de Maximiliano I) y de Dolores Guerrero (hija a su vez de Vicente Guerrero), fue regidor, diputado, gobernador y ministro, además de poeta, novelista, crítico, historiador, dramaturgo y cuentista, entre sus múltiples actividades literarias. Escribió dramas y comedias en colaboración con el escritor Juan A. Mateos entre 1861 y 1862, quizá antecedentes del sketch satírico-político del siglo XX.

Entre 1868 y 1872 publicó una serie de novelas históricas en forma de folletín, cuyo antecedente estaría en el novelista yucateco Justo Sierra O’Reilly, bajo el título La hija del judío: Calvario y Tabor sobre la Intervención francesa de Napoleón III, y las demás sobre la época colonial: Monja, casada, virgen y mártir, Martín Garatusa, Las dos emparedadas, Los piratas del Golfo y Don Guillén de Lampart, su última novela.

También escribió en la revista El Ahuizote una serie de artículos de tono humorístico, mordaz y satírico, que publicó con el título Los Ceros, galería de contemporáneos (1882), donde retrata a los escritores de su generación. Publicó el libro de poemas Flores del alma con el seudónimo Rosa Espino. Los cuentos del General fueron editados póstumamente. Murió en Madrid.

LOS ENANOS


Vicente Riva Palacio

Estos frantuches
Ya se enojaron
Porque a su nana
La pellizcaron
Padece insomnio
Monsieur Forey
Porque su triunfo
no tiene ley
y mientras tanto
que es lo que hará
Monsieur Botella
toma coñac
estos franceses
ya se enojaron
porque sus glorias
les eclipsaron
y Pamuceno
que les dirá
que ya no quiere
ser majestad
que aunque les pese
vuelva a cargar
con sus guaraches
y su guacal…
estos franchutes
ya se enojaron
porque a su nana
la pellizcaron
se hacen chiquitos
se hacen grandotes
y nunca pasan
de monigotes.

MANUEL PAYNO


Manuel Payno (1820-1894), escritor mexicano, miembro de una brillante generación de escritores y periodistas (Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez, Francisco Zarco), es autor de Los bandidos de Río Frío, su novela más conocida.

Payno participó junto a Prieto, Ramírez y Zarco en las luchas políticas y literarias que decidieron el destino del país, en ese accidentado periodo que les tocó vivir: la dictadura de Santa Anna, la guerra de Texas (1846-1847), la Reforma liberal, la Intervención francesa, el porfiriato.

Polifacético, sus numerosas obras abarcan temas financieros, políticos, crónica, periodismo, historia, literatura: El fistol del diablo, una de las primeras novelas románticas de folletín en México (1845-1846, edición corregida 1859), y la novela El hombre de la situación (1861), en la que describe las costumbres virreinales de finales del XVIII y principios del XIX.

En Santander (España) escribe Los bandidos de Río Frío (1889-1891), su obra más representativa y mejor narrada, utilizando el medio más idóneo, el folletín, para trazar ese gran cuadro épico, el del inicio de la vida independiente del país.

EL MODERNISMO.



MARCO HISTORICO SOCIAL.



Es el modernismo la última escuela poética trascendente de las letras españolas y universales. Posteriores a ella, todas las manifestaciones que ha habido se quedaron en intentos personales y aislados, algunos muy brillantes, que no pudieron romper el cerco de la individualidad y de la retracción.

Se localiza aproximadamente en el último cuarto del siglo XIX y los primeros años de nuestra centuria. Alcanzó a convivir con la mayor parte de las expresiones del realismo y se prolonga, a través de algunos personajes representativos, hasta casi nuestros días.

Movimiento originado y florecido en Latinoamérica, es el primer producto colectivo de la savia nueva que latía y late en nuestro continente.

España continuaba debatiéndose  en la pugna civil-incruenta o de hecho- que sostenían los dos bandos tradicionales y encontró en ella  el obstáculo mas poderoso, obstructor de su avance. Y aún cuando llegaron a sucederse en el gobierno, institucionalmente, los liberales y los conservadores, el pueblo hispano siguió sometido a un sistema que mantenía muchos signos recuperados ya en otros países, y cargando sobre sus espaldas el peso de privilegios feudales y aristocráticos que no desaparecerían  nunca.

Azotada por la inseguridad, la guerra, la contracción económica- la industria tampoco pudo desarrollarse suficientemente-, España vio como se le iban de las manos sus últimas posesiones y se esfumaban sus viejas glorias como país de primer orden  en lo político, en lo social y en lo económico.

Mientras tanto, a pesar de que fue entorpecida en muchos casos por luchas civiles y dictaduras, poco a poco se fue afirmando en los pueblos de las jóvenes naciones de América Latina, una conciencia claramente liberal y republicana. Impulsados por ella, los pueblos mestizos se dieron a la búsqueda de sus propios caminos-que arrancan desde su raíz indígena- y la satisfacción de sus necesidades y afanes peculiares.

Los ayudo mucho en tal empresa el estado de aparente tranquilidad en que cayeron los países europeos, ocupados en repartirse el mundo mediante una paz armada, a la conquista y al dominio de los mercados mundiales. Acá en el Nuevo Mundo, los Estados Unidos de Norteamérica, en continua expansión también, hacían sombra a sus tierras vecinas, reservándolas como campo de influencia política de consumo para sus productos.

EL MODERNISMO EN MÉXICO Y AMERICA LATINA.


Fueron mexicanos los poetas precursores del modernismo. En tierras de Anáhuac  comenzaron a dejarse sentir las inquietudes de renovación que más tarde habrían de desembocar en la escuela rubendarina. Manuel José Othón, Manuel Gutiérrez Najera, Justo Sierra, hijo, Salvador Díaz Mirón, son los precursores de las nuevas formas.

El nicaragüense Rubén Darío es el genio creador del modernismo. El movimiento llega a su madurez, a su plenitud, a la sublimidad, en las páginas salidas de la pluma del gran bardo centroamericano. El nombre y la figura de Rubén Darío, están ligados por siempre a la escuela que él dio estructura  y universalidad.

Hubo muchos poetas modernistas en México. Cada uno, dentro del fervor común que los unía, acuso rasgos propios de su individualidad: Amado Nervo, Luis G. Urbina, José Juan Tablada, Ramón López Velarde, Enrique González Martínez.

En Latinoamérica es vasto también el vergel de la nueva escuela. Contaremos, entre precursores y modernistas cabales, a José Martí y Julián del Casal, cubanos; José Asunción Silva, colombiano; Leopoldo Lugones, argentino; Julio Herrera y Reissig y Delmira Agustín, uruguayos; José Santos Chocano, peruano.

EL MODERNISMO EN ESPAÑA.



La espina modernista no penetró muy hondo en la simpatía de los poetas españoles. La vieron demasiado exótica o afrancesada. No obstante, no pudieron mantenerse ajenos del todo a la influencia renovadora. Hubo algunos magníficos: Salvador Rueda, Antonio Machado, Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez.


RUBEN DARIO



Félix Rubén García Sarmiento, es el verdadero nombre de este inmortal poeta centroamericano, cuya vida dramática, dolorosa a veces, dejó huella perdurable en la historia de la literatura hispanoamericana.     Es el más universal de los poetas de América.

Nació el 18 de enero de 1867 en Metapa, Nicaragua y allí mismo muere, el 6 de febrero de 1916.

Desde niño manifiesta sus aptitudes poéticas; a los tres años aprende a leer; a los ocho escribe sus primeros versos; a los trece escribe su primer poema.

En 1886 va a la Republica de Chile y colabora en los periódicos  de “El Mercurio” y la “La Época”. Es este país escribe su obra maestra “Azul”,libro que da base definitiva a la corriente modernista.

Viaja a varios países de Europa y América cumpliendo misiones diplomáticas; su obra literaria es aplaudida en todos esos lugares.

Este genio de la literatura es el máximo exponente de la poesía modernista en la lengua española. Su verso rompió todos los moldes establecidos hasta entonces en la poética. Descubre nuevos ritmos, nueva métrica y una nueva expresión lírica.

Su mensaje tiene vigencia todavía; ardiente partidario de la paz entre los pueblos, la idea de la matanza y el exterminio entre las naciones que se idian, conturbaba su espíritu.

Entre sus obras tenemos: Azul, Cantos de vida y esperanza, Prosas profanas, Poema de otoño y otros poemas, Canto a la Argentina, España Contemporánea.

DEL TROPICO.



¡Que alegre y fresca la mañanita!
Me agarra el aire por la nariz,
Los perros ladran, un niño grita
Y una muchacha gorda y bonita
Sobre una piedra muele maíz.

Un mozo trae por un sendero
Sus herramientas y su morral;
Otro, con chanclas y sin sombrero,
Busca una vaca con su terreno
Para ordeñarla junto al corral.

Sonriendo a veces a la muchacha,
Que de la piedra pasa al fogón,
Un campesino de buena facha,
Casi en cuclillas afila un hacha,
Sobre la orilla del mollejón.

Por las colinas la luz se pierde
Bajo de un cielo claro y sin fin.
Allí el ganado las hojas muerde,
Y hay en los tallos del campo verde
Escarabajos de oro y carmín.

Sonando un cuerno curvo y sonoro
Viene el vaquero, y a plena luz
Pasan las vacas y un blanco toro
Con unas manchas color de oro
Por los jarretes y en el testuz.

Y la patrona, bate que bate,
Me regocija con ilusión
De una gran taza de chocolate
Que ha de pasarme por el gaznate
Con las tostadas y el requesón.

SONATINA



La princesa esta triste… ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
Que ha perdido la risa, que ha perdido el color
La princesa está pálida en su silla de oro,
Está mudo el teclado de su clave sonoro
Y en un vaso olvidada se desmaya una flor.
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales;
Parlanchina, la dueña, dice cosas banales,
Y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
La princesa persigue por el cielo de Oriente
La libélula vaga de una vaga ilusión.
¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su corraza argentina
Para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
O en el dueño orgulloso de las perlas de  Ormuz?
¡Ay!, la pobre princesa de la boca rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
Tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
Ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
Saludar a los lirios con los versos de mayo,
O perderse en el viento sobre el trueno del mar.
Ya no quiere el palacio ni la rueca de plata,
Ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
Ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y estén tristes las flores por la flor de la corte,
Los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
De Occidente las dalias y las rosas del sur.
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
En la jaula de mármol de palacio real;
El palacio soberbio que vigilan los guardas,
Que custodian cien negros con sus cien alabardas,
Un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
Calla. Calla, princesa-dice el hada madrina-.
En caballo con alas hacia acá se encamina,
En el cinto la espada y en la mano el azor,
El feliz caballero que te adora sin verte,
Y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
A encenderte los labios con un beso de amor.

NOCTURNO



Los que auscultasteis el corazón de la noche,
Los que por el insomnio tenaz habéis oído
El cerrar de una puerta, el resonar de un coche
Lejano, un eco vago, un ligero ruido…
En los instantes del silencio misterioso,
Cuando surgen de su prisión los olvidados,
En la hora de los muertos, en la hora del reposo,
Sabréis leer estros versos de amargor impregnados…
Como en un vaso de los muertos, en la hora del reposo,
De lejanos recuerdos y desgracias funestas,
Y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,
El pensar de mi corazón, triste de fiestas.
Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
La perdida del reino que estaba para mí,
El pensar que un instante pude no haber nacido,
Y el sueño que es mi vida desde que yo nací.
Todo esto viene en medio del silencio profundo
En que la noche envuelve la terrena ilusión
Y siento como un eco del corazón del mundo
Que penetra y conmueve mi propio corazón.

JOSE ASUNCIÓN SILVA.



Poeta colombiano. Nacido en Bogotá en 1865; por sus múltiples fracasos, se suicidó el 23 de mayo de 1896.
Estuvo en Francia y a su regreso a Colombia, se relaciono con escritores  jóvenes e influyo en ellos para orientarlos en la corriente literaria del modernismo.
Así José Asunción Silva introdujo las nuevas modalidades de esta tendencia y rompió con los viejos moldes poéticos.
Escribió el famoso poema: Nocturno, Crisálidas, Gotas amargas, Notas perdidas, Crepúsculos, Los maderos de San Juan.
En un naufragio perdió los manuscritos de algunas de sus obras.

NOCTURNO



Una noche toda llena de murmullos, de perfume y de músicas de alas;
Una noche, en que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas, fantásticas a mi lado lentamente, contra mí ceñida, muda y pálida,
Como si un presentimiento de amarguras infinitas
Hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara,
Por la senda florecida que atraviesa la llanura, caminabas;
Y la luna llena,
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca;
Y tu sombra, fina y lánguida,
Y mi sombra,
Por los rayos de la luna proyectadas, sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban,
Y eran una
Y eran una sola sombra larga,
Y eran una sola sombra larga…
Esta noche
Solo; el alma
Llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
Separando de ti misma por el tiempo, por la tumba y la distancia,
Por el infinito negro
Donde nuestra voz no alcanza,
Mudo y solo
Por la senda caminaba…
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
A la luna pálida,
Y el chirrido de las ranas…
Sentí frió que tenían en tu alcoba
Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
Entre las mortuorias sábanas.
Era el frió del sepulcro, era el hielo de la muerte,
Era el frió de la nada.
Y mi sombra,
Por los rayos de la luna proyectada,
Iba sola
Iba sola por la estepa solitaria;
Y tu sombra esbelta y ágil,
Fina y lánguida,
Como en esa noche tibia de la muerta primavera,
Como en esa noche llena de murmullos de perfumes y de músicas de alas,
Se acerco y marcho con ella… ¡Oh, las sombras enlazadas!
¡Oh,las sombras de los cuerpos se juntan en las sombras de las almas!
¡OH, las sombras que se buscan en las noches de tristezas y de lágrimas!

A TI



Tú no sabes, más yo he soñado
entre mis sueños color de armiño,
horas de dicha con tus amores,
besos ardientes, quedos suspiros
cuando la tarde se tiñe de oro
esos espacios que juntos vimos,
cuando mi alma su vuelo emprende
a las regiones de lo infinito.


EL MAL DEL SIGLO



El paciente:
Doctor, un desaliento de la vida
que en lo íntimo de mí se arraiga y nace,
el mal del siglo… el mismo mal de Werther,
de Rolla, de Manfredo y de Leopardi.
Un cansancio de todo, un absoluto
desprecio por lo humano… un incesante
renegar de lo vil de la existencia
digno de mi maestro Schopenhauer;
un malestar profundo que se aumenta
con todas las torturas del análisis…

El médico:
-Eso es cuestión de régimen: camine
de mañanita; duerma largo, báñese;
beba bien; coma bien; cuídese mucho,
¡Lo que usted tiene es hambre!…


RAMON LOPEZ VELARDE



Poeta y escritor mexicano. Originario de Jerez. Zac. Nació el 15 de junio de 1888 y murió en México el 19 de junio de 1921.
Poeta de grandes atributos, es uno de los exponentes del modernismo en Hispanoamérica.
Su poesía va desde la tonalidad regional con sabor de provincia, objetiva, hasta la expresión simbólica, subjetiva, en lenguaje metafórico, a veces incomprensible.
En prosa dejó una notable obra:  El minutero, que se publicó después de su muerte.
En poesía escribió varios libros de versos, entre ellos: La sangre devota, Zozobra  y  El son del corazón.
Uno de sus últimos y mejores poemas, que escribió en 1921, con motivo del Centenario de la consumación de la Independencia de México, es el intitulado Suave Patria.


HERMANA,  HAZME LLORAR


Fuensanta:
Dame todas las lágrimas del mar,
Mis ojos están secos y yo sufro
Unas inmensas ganas de llorar.
Yo no sé si estoy triste por el alma
De mis fieles difuntos,
O porque nuestros mustios corazones
Nunca estarán sobre la tierra juntos.
Hazme llorar, hermana,
Y la piedra cristiana
De tu manto inconsútil
Enjúgueme los llantos con que llore
El tiempo amargo de mi vida inútil.
Fuensanta:
¿Tu conoces el mar?
Dicen que es menos grande y menos hondo
Que el pesar,
Yo no sé ni por que quiero llorar:
Será talvez por el pesar que escondo,
Tal vez por mi infinita sed de amar.
Hermana:
Dame todas las lágrimas del mar…

EL SUEÑO DE LOS GUANTES NEGROS.


Soñé que la ciudad estaba dentro
Del más bien muerto de los mares muertos.
Era una madrugada de invierno
Y lloviznaban gotas de silencio.
No más señal viviente, que los ecos
De una llamada a misa, en el misterio
De una capilla oceánica, a lo lejos.
Del súbito que  sales al encuentro,
Resucitada y con tus guantes negros.
Para volar a ti, le dio su vuelo
El Espíritu Santo a mi esqueleto.
Al sujetarme con tus guantes negros
Me atrajiste al océano de tu seno,
Y nuestras cuatro manos se reunieron
En medio de tu pecho y de mi pecho,
Como si fueran los cuatro cimientos
De la fábrica de los universos.
¿Conservabas tu carne en cada hueso?
El enigma de amor se veló entero
¡Oh, prisionera del valle de México!
Mi carne… de tu ser perfecto
Quedarán ya tus…
Y el traje, el traje aquel, conque tu cuerpo
Fue sepultado en el valle de México;
Y el figurín aquel, de pardo género
Que compraste en un viaje de recreo.
Pero en la madrugada de mis sueño
Nuestras manos, en un circuito eterno,
La vida apocalíptica vivieron.
Una fuerte… como en un sueño,
Libre como cometa, y en su vuelo
La ceniza y… del cementerio
Gusté cual rosa…

SUAVE PATRIA



PROEMIO.



Yo que solo cante de la exquisita
Partidura del íntimo decoro,
Alzo hoy la voz a la mitad del foro
A la manera del tenor que imita
La gutural modulación del bajo,
Para cortar a la epopeya un gajo.
Navegaré por las olas civiles
Con remos que no pesan, porque van
Como los brazos del correo chuan
Que remaba la Mancha con fusiles.
Diré con una épica sordina:
La patria es impecable y diamantina.
Suave Patria: permite que te envuelva con que me modelaste por entero
Al golpe cadencioso de las hachas,
Entre risas y gritos de muchachas
Y pájaros de oficio carpintero.


Leopoldo Lugones



Nació el 13 de junio de 1874 en la Villa de María del Río Seco, provincia  de Córdoba, Argentina, se suicida el 18 de julio de 1938 en la Isla del tigre que está en el delta del Río de la Plata.
Su vida agitada, contradictoria, es reflejo de la situación política que se vivía en esa época.
Es uno de los mejores poetas argentinos; con Rubén Darío señala rutas a la literatura iberoamericana-
Entre sus obras poéticas se señalan: Las Montañas de oro, Los mundos. Romancero, Poemas Solariegos, Lunario sentimental, El libro de los paisajes, y otros.
En prosa escribió:la guerra Guacha, Los crepúsculos del jardín, Las fuerzas extrañas, Prometeo, Historia de Sarmiento, El tamaño del espacio.
Después de su muerte se publicó su Diccionario Etimológico del castellano usual.

A tí única

Un poco de cielo y un poco de lago
donde pesca estrellas el grácil bambú,
y al fondo del parque, con íntimo halago,
la noche que mira como miras tú.

Florece en los lirios de tu poesía,
la cándida luna que sale del mar.
Y en flébil delirio de azul melodía,
te infunde una vaga congoja de amar.

Los dulces suspiros que tu alma perfuman,
te dan, como a ella, celeste ascención.
La noche… Tus ojos… Un poco de Schumann…
Y mis manos llenas de tu corazón.

El amor eterno

Deja caer las rosas y los días
una vez más, segura de mi huerto.
Aún hay rosas en él, y ellas, por cierto,
mejor perfuman cuando son tardías.

Al deshojarse en tus melancolías,
cuando parezca más desnudo y yero,
ha de guardarse bajo su oro muerto
las violetas más nobles y sombrías.
No temas al otoño, si ha venido.
Aunque caiga la flor, queda la rama.
La rama queda para hacer el nido.
Y como ahora al florecer se inflama,
leño seco, a tus plantas encendido,
ardiente rosas te echarán en su llama.
Alma venturosa
Al promediar la tarde de aquel día,
cuando iba mi habitual adiós a darte,
fue una vaga congoja de dejarte
lo que me hizo saber que te quería.

Tu alma, sin comprenderlo, ya sabía…
Con tu rubor me iluminó al hablarte,
y al separarnos te pusiste aparte
del grupo, amedrentada todavía.

Fue silencio y temblor nuestra sorpresa;
mas ya la plenitud de la promesa
nos infundía un júbilo tan blando,

que nuentros labios susiraron quedos…
y tu alma estemecía en tus dedos
como si se estuviera deshojando.

ADORACIÓN



En lo infinito al brillar
Tan pura, lejana y bella
Pero,al mirarla tan bella,
Lejana y pura brillar
Sólo está tranquilo el mar
Cuando refleja la estrella.
En su hermosura escondida
Como un alma, ¿acaso sabe
La perla nítida y suave,
Que es engendro de la herida?
¿acaso sabe la estrella
Cuándo la refleja el mar?
Mas, de la dicha escondida
Sólo es digno aquél que sabe
Engendrar, nítida y suave,
Una perla de su herida.
Por eso, en pena de amor,
Van buscando, siempre, así,
Su estrella y su perla en ti
Mi inquietud y mi dolor.





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