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Leyendas y mitos en Asturias parte 2 - Monografía



 
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APARICIONES NOCTURNAS:



1)    Las Lavanderas:



Son viejas de rostro arrugado, cabello blanco, mirada feroz de la cuál se desprende un brillo sombrío y aterrador, poseen una voz lúgubre, vestidas con túnicas amarillas, que habitan en las orillas de los ríos, en cavernas o en los huecos de antiquísimos castaños.
Aunque tienen algunos rasgos de ferocidad, no por eso dejan de ser benéficas y humanas. Sin embargo, cuando alguno las llega a ver excitado por la curiosidad, las lavanderas en pago de ella le dan la muerte más horrorosa…
Son los mitos de los raudales de agua que la tempestad forma en las sierras asturianas y que se despeñan espumosos y rugientes por cauces improvisados o saltando de peñasco en peñasco. Suelen tener romances con los Nuberus.
Este mito apareció a finales del S. XIX y tanto en Cataluña como aquí, la lavandera hace oír en el fondo de la noche los golpes de su risa y de su pala, y provoca inundaciones y manda sobre las nubes.
Las lavanderas existen también en otros puntos de España; y en la alta Bretaña y en los Vosgos, en Francia.

2)    La Güestia (o Hestia):



Éste es uno de los mitos más importantes y antiguos de la tradición asturiana, aunque no es específico de nuestra región.
Es un cortejo de almas que purgan sus pecados y salen por la noche de los cementerios para ir en procesión a visitar a las personas que están próximas a morir. Sus componentes van vestidos con largas túnicas blancas y cada uno de ellos lleva una vela o un hueso humano encendido; mientras caminan van tocando una campanilla y canturreando una salmodia ininteligible. Golpean a las personas que tropiezan a su paso y, al mismo tiempo, les dicen:
-    ¡Andar de día que la noche es mía!
Quien se encuentre con la Güestia debe procurar no confundirla con la procesión del viático y, si no tiene dónde ocultarse, ha de trazar un círculo en el suelo e introducirse en él. Pues el círculo es siempre respetado por la nocturna comitiva.
En algunas ocasiones, al atravesar las huertas, recitaban:
-    ¡Cuando nos éramos vivos andábamos a estos figos , y ahora que somos muertos andamos por estos huertos!. ¡Andar, andar, hasta el tueru de la figar!

Leyendas de la Güestia:



- ¿Es esto la Güestia?



Una noche iba un mozo de Teverga a cortejar y en la Llamosa se encontró con la Güestia, la cuál iba de Monticiello para la parroquia de Riello.
El mozo era valiente, pero como se trataba de la Güestia, había que dejar el valor para mejor ocasión. Así es que, con algún miedo en el cuerpo, se escondió en el tronco hueco de un castaño.
Y por una resquiebra se dispuso a ver el desfile de las ánimas.
Acercó un ojo a la hendidura del tronco y dijo lleno de asombro:
-    ¡Calla!. Aquél que va delante cantando ye el capellán de la Plaza; aquél que toca la campanilla ye un vecinu de S. Salvador; aquéllos que sabanón blancu son de Carrea; y aquéllos… ¡Ay!. Pero, ¿es esta la Güestia que tantu atemoriza a los vecinos?.
Salió el mozo de su escondite, arrancó un bárgamo de seve y deshizo la procesión a barganazos.

3)    El Carro de la Muerte:



Se trata de un carro nocturno, que vuela por los aires y que sale en busca de muertos. No se ven los caballos que tiran de él y aparentemente no lleva conductor.


Leyenda del Carro de la muerte:



- Tragedia:
En S. Pedro de la Llama (Ribadesella) vivía una anciana a la que llamaban la Señorona. Los vecinos, llegaron una noche y la encontraron acurrucada en el llar, pálida y tiritando de miedo… Y en cuánto ella los vió les gritó:
-    ¡Ay, probines del corazón, que acaba de pasar la el coche de la muertepor encima de la casa de Pepillo!
Pepillo vivía enfrente de la Señorona, era viejecito ya, y en aquélla ocasión estaba malu.
-    ¿Y vióle usté María?
-    ¡Como ahora te veo a ti!
Cuando llegaron las demás mujeres procuraron alentarla. El carro, seguro que no vendría por ella, pues aún no era muy vieja ni tenía grandes enfermedades. La tía María, se calmó y aún el otro día hizo el Sanmartín, que ya tenía preparado. Fueron varias vecinas a ayudarlas e hicieron un puñado de emberzados que eran una tentación…
-    ¡Mi alma que me apetecen! - dijo una.
-    Anda ponlos a cocer, que vamos a probarlos - dijo la Señorona.
Metieron los emberzados en una caldera muy grande y siguieron su labor. Al poco raro se levantó la Señorona y sacó un emberzado por los hilos. En aquel mismo momento dijo una de las mujeres comentó que Pepillo había mejorado bastante, y la Señorona partió en dos el emberzado y repentinamente cayó al suelo. Acudieron las mujeres en su auxilio, pero ya la encontraron muerta…

SERES MARINOS:



1)    La sirena:



La sirena era una criatura marina con busto de mujer y cuerpo, patas y alas de ave, que extraviaba a los navegantes atrayéndolos con la dulzura de su canto. Más tarde se la empezó a representar con medio cuerpo de mujer de mujer y el otro medio de ave o de pez; esta última forma es la que a perdurado en la mitología popular española, y por lo tanto asturiana.
En Caravia creían que por la noche se acercaban las sirenas a la costa columpiándose sobre las olas, y que desde el acantilado de Moracey se las podía oír cantar dulcemente al son del oleaje.
Un marinero dijo:
-    En el medio de la mar oí cantar la serena; ¡válgame Dios, que bien canta una cosa tan pequeña!
Y de la moza que posee buena voz se suele hacer esta ponderación:
Aquella coloradina que vive junto a la peña, bebe agua cristalina, canta como una serena.
Ponderación semejante a la que hacía la reina mora en el romance de El Conde Olinos, al oír al conde cantar:
Escuchad, mis hijas todas; las que dormís, recordad, y oiredes a la sirena como canta por la mar.
Parece ser que, por quebrantar una prohibición o por una maldición algunas mujeres se vieron convertidas en sirenas, tal como refleja la siguiente coplilla, de la que existen numerosas variantes en España y Portugal:
La sirena de la mar es una moza gallarda, que por una maldición la tiene Dios en el agua.

Leyendas de la sirena:



- La maldición de la Serena:



Pues, señor que Serena era una moza con único defecto: linda como un sol, esbelta como un mimbre, cantarina como un pájaro; pero tan aficionada a correr los peñascos de la mar a la busca de mariscos que tenía a su madre como loca…
-    ¡Por Dios, mujer - la suplicaba ésta cuarenta veces al día -, estáte quieta en casa unos momentos, que te pasas la vida entre las peñas! …
¡Pero ella como si no! … Tanto, que su pobre madre acabo por decirle una mañana:
-    ¡Así permita Dios que te hagas pez! …
Y al meterse en el agua aquella tarde para coger un percebe, sintió Serena ganas de nadar. Y tenderse en el agua para hacerlo, vio sus piernas hechas cola, se toco las escamas y dio un grito: ¡ya estaba cambiada en pez, como su madre le pidiera a Dios en un momento de furia! … Mas no tardo en consolarse revolcándose en el agua, y sentándose en las rocas, y cantando dulcísimas canciones, y a veces engañando a los mortales atraídos por su voz, y vengando de ese modo la maldición de su madre …

2)    El Home - Marín:



Otro mito asturiano relacionado con el mar es el llamado en nuestras costas home - marín, que se puede identificar con el tritón de la mitología clásica greco - romana, al que se suele representar con torso y rostro de hombre barbado y cola de pez.
A finales del siglo XIX, se creía en la existencia del home - marín, que recorría las playas y acantilados con perversas intenciones y que se movía con la misma agilidad en el agua y en la tierra. Es un ser muy temido y todavía a mediados del siglo XX se atemorizaba con él a los niños.


3)    Los Espumeros:



Como los tritones, son espíritus del mar; como ellos pequeñitos, hermosos, juguetones, llevando también su trompa marina hecha de un caracol vacío; pero los Espumeros, no son peces de la cintura abajo como aquéllos, sino de figura humana, de niños, de silfos, de geniecillos mofletudos y sonrosados como los amorcillos de un cuadro de Wateau o de un techo de Boucher. Cabalgando unas veces sobre las crestas de las olas, revolcándose en las espumas de las rompientes, coronados de algas, sonando su trompa, van en la estela de los buques que parten o danzan entre las ondas delante de los que llegan. Pero nunca se alejan de la costa, porque tienen miedo a la tempestad. Apenas estalla, salen del mar envueltos en grandes mantos de polvo de agua y se refugian en las cavernas que habitan en los cantiles o entre los peñascos amontonados en la playa, donde las sacudidas de las olas no los alcancen. Las nieblas que muchas veces vienen rodando sobre la superficie del mar a estrellarse en el acantilado, no son tales nieblas, sino legiones de Espumeros.

ANIMALES Y MONSTRUOS:


1)    El Cuélebre:



Es una especie de serpiente de gran tamaño y alas de dragón, y cuerpo de color verde y rojo. Sus escamas son tan duras que rechazan las balas y únicamente se le puede dar muerte hiriéndole en la garganta o haciéndole tragar algo que no pueda digerir. Habita en la espesura de los bosques, en las grandes fuentes subterráneas, en las cuevas de los valles y de las montañas, y en las oquedades de los acantilados.
Su principal misión es la de custodiar fabulosos tesoros y personajes encantados. Cuando es viejo y está muy encascarado, es decir, cuando su escama está muy dura y crecida le prohíbe Dios permanecer aquí y se va volando a la mar cuajada, donde viven los cuélebres que, por ser viejos, han sido expulsados de sus viviendas. En el fondo de este mar hay montones de riquezas, pero los hombres no pueden apoderarse de ellas por causa de la vigilancia de los cuélebres. En la mañana mágica de S. Juan estos fabulosos animales se aletargan o pierden su poder, y es cuando pueden ser desencantadas sus prisioneras.
El cuélebre es un animal maligno que ataca a las personas y a los animales domésticos. Donde vivían estas grandes serpientes, los campesinos se veían obligados a alimentarlas on borña y pan de centeno, para que les respetasen el ganado.
En la Fuente de la Vega, en Caravia, habitaba un cuélebre  “tan grande como el timón del arado”. Junto al castillo de S. Martín (Soto del Barco) en el llamado “cañu del charcu”, en las proximidades de la desembocadura del Nalón, hubo un cuélebre con grandes alas al que un día arrastró la corriente. En Jenoyal, cerca del pueblo del Carmen (Ribadesella) vivía otro cuélebre comía “rapazos” En Buelnes, (Llanes) a la orilla del mar, hay una cueva donde se guarda un tesoro custodiado por cuélebres.
En los cuentos populares y en los encantos de la mañana de S. Juan, los cuélebres desempeñan un importante papel, como también lo juegan en los viejos romances. En el de la muerte del impío se dice:
¡Ay del que allí se acercó!
Dragón bermejo le guarda,
El cuélebre volador.
Y en el de la pastorcilla también le menciona:
¿Cómo es tan tarde e non viene
la hija de mis entrañas?
Si los osos la comieron,
Si algún culebro la encanta.

Leyendas del cuélebre:



- La niña encantada



Érase un grande señor que tenía dos hijas: una estaba para casarse con un conde. Y la otra hablaba secretamente con un mozo pobre y plebleyo.
Enteróse de esto el padre de la niña y la encerró en un cuarto del palacio.
Por una ventana se comunicaba con su novio, pero esto se descubrió y el mozo determinó marchar con un señor que iba a pelear contra los moros.
De acuerdo con los encantadores, el padre cogió a  su hija y con el dinero que le correspondía en herencia la llevó a una montaña; un encantador comenzó a leer por un libro, y de una cueva salió el Cuélebre que había de guardar a la niña. Esta, llorando a lágrima viva, rogaba a su padre que no la encantara, pero el tirano la hizo entrar en la cueva y como único consuelo le dijo los medios que tenía que emplear el que se atreviera a libertarla y la dejó allí encantada.
Mientras tanto, su novio, dispuesto a ganar honores, hizo tantas cosas peleando contra los moros que el rey le hizo noble y le dio armas para su escudo.
Y con esto regresó y presentóse delante del palacio de su novia. Por un criado viejo que estimaba mucho a la niña, supo lo del encantamiento y el mozo fue a la montaña y registró todas las cuevas sin resultado alguno. Después sentóse a descansar bajo la sombra de un fresno y de pronto oyó la voz de un pastor que iba detrás de su rebaño cantando:

-    Niña que estas encantada


En la cueva de Cirbián,
He de libertarte yo
La mañana de S. Juan.
El mozo atravesó corriendo un catollal, llegó al pie de la fuente donde estaba el pastor y le preguntó el significado de la copla.
El pastor le contestó que estando él metido en el hueco de un roble para librarse de la lluvia, había visto, lleno de miedo, el encantamiento de la niña. Y que el padre de la niña al marcharse había dicho a su hija:
-    El que se atreva a desencantarte tiene que presentarse aquí la mañana de S. Juan cargado de reliquias y dar muerte al Cuélebre, de una lanzada en la garganta.
Y si no hay quién se atreva a hacer esto - agregó el pastor - lo haré yo cuando sea hombre. ¡Si supiera usted qué guapa es la nena!
-    ¡Calla! A esa joven me corresponde a mí desencantarla.
Y la mañana de S. Juan, armado de lanza y cargado de reliquias, presentóse el mozo en la cueva donde estaba encantada su novia y esperó.
Al poco tiempo sintió un ruido muy grande y vio que en dirección a él avanzaba el Cuélebre silbando y dando golpes con la cola.
El mozo, aprovechando un momento en el que el Cuélebre se enderezó frente a él, hinchando el cuello, le dio un golpe de lanza en la garganta y le mató.
Inmediatamente se rompió el encanto y apareció la niña llena de hermosura delante del valiente mozo. Éste la cogió en sus brazos y la depositó desmayada en el campo.
El pastor presenció la lucha del mozo con el Cuélebre desde el mismo sitio que había presenciado el encantamiento.
Y cuando vio al Cuélebre caer muerto, fue corriendo a dar cuenta al antiguo criado de la niña. El padre de ésta había muerto el día que la encantó.
Hiciéronse grandes preparativos en el palacio, y todos los habitantes del contorno se dirigieron a la montaña en busca de los enamorados, los cuáles se casaron a los pocos días. Y dieron al pastor una parte del dinero que había acompañado a la niña en su encantamiento.

2)     Hombre - Lobo:



Se denomina licántropo al hombre que se transforma en lobo.
La palabra proviene de las voces griegas lycos, “lobo” y anthropos, “hombre”.
El hombre - lobo, aunque actualmente no está considerado como mito Asturiano, sí que tuvo su origen principalmente en el occidente de Asturias y el este de Galicia, así como el Norte de Portugal. El hombre - lobo es consecuencia de una maldición. Si unos padres tiene  siete hijos varones, el último de ellos será hombre - lobo, y si un matrimonio tiene siete hijas, la última será bruja o lobera. La  maldición puede ser de nacimiento, o cuando el padre/madre en un momento de irritación desee a Dios que su hijo/a se convierta en lobo. En este caso, la maldición dura siete años, en los que el individuo debe revolcarse en la tierra, e ir al monte compartiendo vida con otros animales de su especie.

Leyendas del hombre - lobo:



- El lobo de la calza:



Una vez, un padre que tenía un hijo muy comedor de carne y un día de Carnaval, le dijo:
-    Que lobo te vuelvas por siete años para ver si te hartas de carne.
El hijo, al oír la maldición pegó un brinco y salió corriendo para el monte; allí, se quitó la ropa, se revolcó en el polvo y convirtióse en un lobo, pero se le olvidó quitarse una calza por lo cual los cazadores le llamaban “el lobo de la calza”.
Los lobos de la comarca no le querían porque no les dejaba matar ganado; con esto favorecía mucho a los vecinos; él lo pasaba muy mal porque le hacía daño la carne caliente, tenía que esperar a que se enfriara. A los siete años se revolcó en el polvo y se volvió hombre.

Leyenda recogida en 1921 en la parroquia de Tormaleo (Ibias)



3)    El Patarico:



Los habitantes de la costa comprendida entre los ríos Navia y Eo creyeron hasta hace unos 50 años en la existencia de un país legendario cuyos habitantes se llamaban Pataricos. Eran estos seres imaginarios con un solo ojo en la frente y dotados de olfato extraordinario al servicio de instintos antropófagos. Por esto era un peligro para los barcos navegar cerca de las costas de este país, en cuyas playas andaban los Pataricos, olfateando si habá cristianos que comer.
El Patarico representa la versión Asturiana del mito clásico del cíclope, famoso en la literatura porque aparece en la Odisea de Homero y en un drama satírico de Eurípides.

FANTASMAS O COCOS INFANTILES:



En Asturias, para atemorizar a los niños pequeños y obligarles a callarse si lloran y a dormir si se resisten se suele apelar a unos seres fantásticos, de origen desconocido y que se denominan genéricamente cocos. El coco es una figura negra que causa espanto y que suele habitar en la cocina. El coco en Asturias es conocido como el rapeo y el rampayu, que se llevan a los niños no se sabe a dónde. (El primero es originario de Colunga)
Pero aún hay otros más terroríficos que se los comen. Son éstos: El Papón, el Paparresolla y la Zamparrampa.
El Papón, según cuentan en Cangas de Narcea, era un ser de talla gigantesca, boca enorme, ojos de fuego y estómago de horno ardiente. En Cangas de Narcea las madres cantaban a sus niños:
-    Calla, niño; calla, niño; mira que viene el Papón, y que viene preguntando dónde está el niño llorón.
En otros lugares del occidente asturiano se decía:
-    Era sí, era non, que te comerá el Papón, que tua madre vay na misa y tou padre nel sermón.
La Paparresolla es otro ser que come a los niños, cuya existencia está registrada en los concejos de Colunga, Caravia, Villaviciosa, Sobrescobio, S. Martín del Rey Aurelio y Bimenes.
Según su propio nombre indica, es el fantasma que hace de miedo papar el resuello. Es decir, un fantasma que traga hasta el resuello. En Caravia se decía:
- La Paparresolla cayóse na olla. ¡Ay! Que te come la Paparresolla.
En S. Martín del Rey Aurelio y Bimenes se conserva esta rima con la que se mete miedo a los niños:
-    Papa Rosolla boca sangrando tripes afuera rabu arrastrando.
De la Zamparrampa se decía:
- Ahí bien la Zamparrampa con les tripes na garganta.
La Zamparrampa se trata de una mujer vieja, paticorta y derrengada.
Otros cocos infantiles de los que encontramos menos información son: El Farronco, especie de trasgu para meter miedo a los niños, (se localiza en el occidente asturiano) la Kaparruzia personaje representado con un saco cubriéndole la cabeza (En Sobrescobio) El xegome, del que apenas se tienen noticias, el Perfeuto que vivía en las chimeneas (En Vega, Ribadesella) el Hombre del Untu, que se dedicaba a abrir a los niños para sacarles los untos (también se le llamaba sacamantecas) y el chupasangres, personaje que sorbía, a través de un canutu o jeringa de madera la sangre de los niños. Estos dos personajes se usaban para atemorizar a los niños más mayores a fin de que no llegaran a casa a deshora.
Finalmente, existen otros seres míticos que no son cocos ni se usan para atemorizar a los niños, sino que se mencionan cuando comienza a entrarles el sueño. Son el equivalente asturiano al  Morfeo clásico, en Colunga ese personaje es conocido con el nombre de Mociquín de Peón, pero en otras zonas se conoce como Xuan, y así en Gijón se llama Xuan de Pión; en Aller se le llama Xuan de las cerraes. Así cuando los niños asturianos empiezan a bostezar y a cerrar los ojos, se dice: “Ya vién Xuan de…” ó “Ya       t’ aquí Xuan de…”

SERES INVISIBLES O SIN FORMA DETERMINADA:



1)    El Sumiciu:



Se trata de un duende casero que se encarga de robar sin mala intención las cosas. Nada se escapa de sus uñas. Su propio nombre indica su profesión; tiene su origen en sumere, tomar, adquirir, apropiarse…
Principalmente se complace haciendo desaparecer aquel objeto que su dueño acaba de tener entre las manos y que, misteriosamente  parece haberse disuelto en el aire.
Nadie ha conocido su forma física jamás, porque es invisible así que solamente es famoso por sus hazañas.


2)    La Guaxa:



Es una vieja seca, arrugada, con ojos en cuyo fondo parecen brillar chispas de fuego del infierno. Donde hay un niño rollizo, una muchacha hermosa y fuerte, penetra la guaxa por la noche y con el único diente que tiene les abre una arteria, durante el sueño y chupa su sangre con delicia. La guaxa no para hasta que no mata a su víctima. Sólo se les puede ahuyentar con un amuleto, un exorcismo o un milagro.
También se suele identificar a la Guaxa con la coruxa, ave nocturna de malos presagios muy relacionada con las brujas.
Cabe la posibilidad de que la Guaxa sea la popular bruja de muchos cuentos populares.


LOS ENCANTOS DE LA NOCHE DE SAN JUAN:


El culto al sol en la noche - mañana de San Juan proviene de su coincidencia con el solsticio de verano, que ya era venerado y celebrado por los celtas. Fue muy común que los jóvenes de Caravia, subieran en la noche de San Juan al monte de Babú para ver al sol bailar en el momento en que aparece bañándose allá donde las aguas del mar se juntan con las del cielo.
También se da culto al fuego saltando la famosa y tradicional hoguera de S. Juan.
El culto al agua se representaba bañándose en agua o rocío en esta mágica noche. Se creía que todos los santos bendecían esa noche a las doce, campos, montes, ríos arroyos y fuentes.
En Proaza, los jóvenes iban de madrugada a lavarse la cara a las fuentes y las personas mayores que padecían sarna o erupciones cutáneas, se revolcaban completamente desnudas en los prados, costumbre también registrada en Aguino (Somiedo), en Borines (Piloña), Tormaleo (Ibias) y algunos pueblos de Allande eran las mozas las que se revolcaban, completamente desnudas, en los prados para participar en las virtudes del rocío.
En la Riera (Somiedo) tienden las ropas al rocío porque esto libra de las enfermedades a quienes luego las usan.
Los vecinos de Perlunes y Valle del Lago, en el concejo de Somiedo, sometían a las ovejas a aspersiones de agua y después las llevaban a pacer a la rosada (rocío) antes de que saliera el sol, porque los rayos del astro le quitan la virtud. También era corriente poner, en la víspera de S. Juan, sal al sereno y dársela al amanecer al ganado; este rito de “salar las vacas con sal bendita” servía para preservarlas de las enfermedades.
Otra importantísima costumbre era la de coger la flor del agua que brota en el cristal de las fuentes en el instante de romper el alba de la mañana de S. Juan, y que no dura más que un instante y que haría feliz en sus amores al que lograra cogerla en ese momento.
En varios concejos asturianos era costumbre que fueran las mozas de un pueblo a quitar la “flor del agua” a las de otro cercano, lo que ocasionaba grandes riñas y peleas. En otros lugares, la moza que llegaba primero a un manantial o a una fuente colocaba una rama como señal de que había logrado coger la flor del agua; cuando llegaba otra, hacía lo mismo, porque comunmente se creía que la moza que hubiera logrado coger la flor del agua se casaría ese mismo año.
Por último, el culto al árbol y a los vegetales se halla también representado en los ritos de S. Juan. Los mozos asturianos colocan ante las casas de sus novias un árbol (roble o fresno) denominado ramu, con el objeto de que el santo los bendiga. Tras ello, recorren el pueblo cantando:
Mañanita de S. Juan, madruga, niña, temprano a entregar el corazón al galán que puso el ramo.
Las mozas, por su parte, enraman las fuentes y los manantiales, es decir, los adornan con ramas y flores.
En algunas parroquias, como en la de Jarceley (Cangas del Narcea) colocan sobre el tejado un ramo mojado en la fuente esa mágica noche con el objeto de que no puedan caer rayos sobre la casa. También es tradicional coger el trébol de cuatro hojas (de ahí viene la canción de “a coger el trébole…”) Las hierbas medicinales no se recogen antes de medianoche, luego se cuelgan en las ventanas de las casas para que reciban la bendición de S. Juan. La más famosa es la flor de saúco:
La flor de sabuco madre, yo la tengo recogida del sereno de S. Juan que sirve de medicina.
Es importante destacar que los cuélebres pierden su poder mágico. Las damas encantadas salen de sus cuevas y de las fuentes a peinar sus cabellos con peines de oro y a ofrecer sus riquezas al que sepa y tenga valor para desencantarlas. De las peñas y de los manantiales brotan piedras preciosas. Y aparecen gallinas con pollos de oro picoteando las flores silvestres. Unos encantos regalan vacas a los pastores. Y otros, juegan un partido de bolos con boleras de oro…

Leyendas en la noche de San Juan:



- Danza de princesas:



En el monte de Caravia está la fuente del Alisu, en la cual hay princesa encantadas por un Cuélebre. Este, la mañana de S. Juan, enróscase y duerme; entonces, las encantadas salen y suben al pico del Castro a limpiar la cadena de oro que le rodea. Y al bajar, cogen flores de cotolla y danzan en el campo de la Llana.
Si durante el sueño del Cuélebre pasa por allí una persona, las princesa se acercan a ella y le dicen:
-    Toma nuestra riqueza y danos tu pobreza.
Si en aquel momento tira una medalla en la fuente o les entrega a ellas un objeto bendito, quedan desencantadas. Pero si no hace esto, al salir el sol, despierta el Cuélebre y las princesa vuelven a su encantamiento.


- La mina que brota:



El agua de Fuenteblanca de Sopereda, concejo de Parres, sale de una peña que tiene la figura de una albarda.
Un día de S. Juan fue allá una mujer por agua y vio que la peña estaba cubierta de oro y joyas; volvió corriendo a su casa a avisar a su marido, y cuando llegó a la fuente, habían desaparecido el oro y las joyas. Si la mujer hubiera tirado encima de aquellas riquezas un objeto bendito, no se hubiera escondido la mina. Ésta brota cada siete años.

- El pastor y el encanto:



Una vez estaba un pastorín sentado al pie de la fuente de las Traviesas, allá en la Collada de Taranes, concejo de Ponga, y vió salir por el ojo de la fuente un encanto con muchas vacas. Y el pastor las miraba “estelau” (embelesado)
-    ¿Qué miras pastor?- Dijo el encanto.
-    Miro esas vacas tan guapas.
-    ¿Tú no tienes vacas?
-    No, señor.
-    Pues cuando entren por el ojo de la fuente, tiras tus calzones sobre la que más te guste y quedará para ti. Ella te hará rico, porque parirá jatas. Pero no la dejes nunca entrar en el río Caldar.
El pastor se puso al pie de la fuente. Comienzan a entrar las vacas y dice:
-    Esta sí que es guapa, allá van mis calzones. Pero no; es más guapa ésta, o sino, esta otra que es pinta, o la otra que es negra…
Y cuando acordó consigo, habían entrado todas las vacas y se quedó sin ninguna.
Al siguiente año, el día de S. Juan, el pastor se puso de pie ante la fuente, y no se detuvo a escoger; en cuanto apareció la primera vaca, le echó encima los calzones y se la llevó consigo.
La vaca le dio muchas jatas, y éstas le dieron otras, y fueron tantas que se hizo rico.
Y un día se le ocurrió decir:
-    ¿Por qué no he de permitir que entre la vaca en el río Caldar?
La dejó entrar. Y la vaca no volvió a la cabaña.

- ¡Santiago de Aguino!


En la parroquia de Santiago de Aguino, concejo de Somiedo, el día de San Juan estaba una Xana muy guapa limpiando sus alhajas al pie de una fuente.
Pasó por allí una niña, se acercó a la Xana, le cogió el cáliz y marchó con él.
La Xana corrió tras ella, y ésta cuando iba llegando a la iglesia, dijo:
-    ¡Santiago de Aguino, sálvame que lo quiero para ti!
Y dicen que el cáliz que hoy existe en aquella parroquia es el que la niña le quitó a la Xana.


- El esquilador y la encantada:



En Cobiella, concejo de Cangas de Onís, está la cueva de la Huelga. Y una mañana de S. Juan pasó por allí un mozo de oficio esquilador y a la puerta de la cueva vio a una joven sentada detrás de una mesa de quincalla y se paró delante de ella.
-    De lo que ves, ¿Cualo te gusta más? - preguntó la encantada.
-    Unas tijeras de oro.
-    Tómalas, puerco esquilador; que nunca te falten.
Ovejas que trasquilar
Ni sarna que rascar.

La explicación de esta leyenda es que si el esquilador hubiera dicho que lo que más le gustaba era la joven, o sus cabellos, se hubiera roto el encantamiento; pero al prevalecer el interés sobre el amor, la encantada no puede ser liberada y castiga al mozo.

BIBLIOGRAFÍA:



Ramón Baragaño, Mitología y Brujería en Asturias
Ediciones Noega. Gijón, Diciembre 1983.

Autor:

Luna8





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