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Danza parte 1 - Monografía



 
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Historia. Renacimiento. Barroco. Modernismo. Postmodernismo. Baile en España



Definición de Danza



La Danza podría definirse como una serie de movimientos corporales rítmicos que siguen un patrón, acompañados generalmente con música y que sirve como forma de comunicación o expresión. Los seres humanos se expresan a través del movimiento. La danza es la transformación de funciones normales y expresiones comunes en movimientos fuera de lo habitual para propósitos extraordinarios. Incluso una acción tan normal como el caminar se realiza en la danza de una forma establecida, en círculos o en un ritmo concreto y dentro de un contexto especial. La danza puede incluir un vocabulario preestablecido de movimientos, como en el ballet y la danza folclórica europea, o pueden utilizarse gestos simbólicos o mimo, como en las numerosas formas de danza asiática. Personas de diversas culturas bailan de forma distinta por razones variadas y los diferentes tipos de danzas revelan mucho sobre su forma de vivir.


LA DANZA A TRAVÉS DEL TIEMPO



La danza y la cultura humana


La danza puede ser recreativa, ritual o artística y va más allá del propósito funcional de los movimientos utilizados en el trabajo y los deportes para expresar emociones, estados de ánimo o ideas. Puede contar una historia, servir a propósitos religiosos, políticos, económicos o sociales; o puede ser una experiencia agradable y excitante con un valor meramente estético.


La danza y el cuerpo humano



El cuerpo puede realizar acciones como rotar, doblarse, estirarse, saltar y girar. Variando estas acciones físicas y utilizando una dinámica distinta, los seres humanos pueden crear un número ilimitado de movimientos corporales. Dentro del extenso campo de movimientos que el cuerpo puede realizar, cada cultura acentúa algunos caracteres dentro de sus estilos dancísticos.
El potencial normal del movimiento del cuerpo puede ser aumentado en la danza, casi siempre a través de largos periodos de entrenamiento especializado. En el ballet, por ejemplo, el bailarín se ejercita para rotar o girar hacia afuera las piernas a la altura de las caderas, haciendo posible el poder levantar mucho la pierna en un arabesque. En la India, algunos bailarines aprenden a bailar incluso con sus ojos y cejas. También el vestuario puede aumentar las posibilidades físicas: las zapatillas de puntas, zancos y arneses para volar, son algunos de los elementos artificiales utilizados por los bailarines.


La danza y la mente



Además de proporcionar placer físico, la danza tiene efectos psicológicos, ya que a través de ella los sentimientos y las ideas se pueden expresar y comunicar. El compartir el ritmo y los movimientos puede conseguir que un grupo se sienta unido. En algunas sociedades, la danza puede llevar a estados de trance u otro tipo de alteración de la conciencia. Estos estados pueden ser interpretados como muestras de posesiones de espíritus, o buscados como un medio para liberar emociones. El estado de trance permite a veces realizar hazañas de fuerza extraordinaria o de resistencia al peligro, como el bailar sobre brasas. En algunas tribus, los chamanes bailan en estado de trance para poder curar a otros tanto física como emocionalmente. Se ha desarrollado un nuevo tipo de terapia utilizando la danza para ayudar a las personas a expresarse y a relacionarse con los demás.

Tipos de danza



Existen dos tipos principales de danza: danzas de participación, que no necesitan espectadores, y danzas que se representan, que están diseñadas para un público. Las danzas participativas incluyen danzas de trabajo, algunas formas de danzas religiosas y danzas recreativas como las danzas campesinas y los bailes populares y sociales. Para tener la seguridad de que todos en la comunidad participan, estas danzas consisten casi siempre en esquemas de pasos muy repetitivos y fáciles de aprender.
Las danzas que se representan se suelen ejecutar en templos, teatros o antiguamente delante de la corte real; los bailarines, en este caso, son profesionales y su danza puede ser considerada como un arte. Los movimientos tienden a ser relativamente difíciles y requieren un entrenamiento especializado.


Danza y sociedad


Los efectos tanto físicos como psicológicos de la danza le permiten ser útil para muchas funciones. Puede ser una forma de adorar a los dioses, un medio de honrar a nuestros ancestros o un método para crear magia. Se menciona la danza en la Biblia, y hasta la edad media era una parte usual de los homenajes y de las celebraciones religiosas (tradición que se mantiene en algunos lugares de España y América Latina). Aunque la Iglesia cristiana denunció la danza como inmoral, el cristianismo no consiguió suprimir todos los ritos paganos.
La danza puede también formar parte de los ritos de transición que se realizan cuando una persona pasa de un estado a otro. Así, el nacimiento, la iniciación, la graduación, el matrimonio, el acceso a un puesto oficial y la muerte pueden ser enmarcados por la danza. También forma parte a veces del galanteo. En algunas sociedades, los bailes son los únicos eventos a los que acuden y donde se conocen los jóvenes de distinto sexo. En la sociedad contemporánea, los bailes proporcionan a los jóvenes ocasiones importantes para reunirse. También es factible trabajar ayudado por la danza. Los movimientos rítmicos son capaces de lograr que el trabajo sea más rápido y eficiente, como en las danzas japonesas que se realizan en las plantaciones de arroz. En algunas culturas, la danza es una forma de arte, y en el siglo XX algunas danzas que originalmente eran ritos religiosos o entretenimientos de la corte se han adaptado al teatro.

Sistema de Notación en Danza



Se trata del registro escrito de los movimientos de la danza. Aunque algunos eruditos piensan que ya los antiguos egipcios registraban sus danzas por medio de jeroglíficos, la más nítida y antigua notación que ha llegado hasta nuestros días proviene de la Europa del siglo XIX. Uno de estos métodos antiguos, difícil de interpretar, aparece en dos manuscritos catalanes escritos hacia 1468, en los cuales una combinación de rayas verticales y horizontales, además de signos semejantes a los números 9 y 3, representan cinco pasos específicos e indican las direcciones del movimiento. Un método mucho más común de este periodo presupone el conocimiento de un vocabulario de pasos, los cuales están indicados por sus iniciales. De este modo, la secuencia rbssdrb registra los siguientes pasos conocidos: reverencia, branle, simple, simple, doble, riprese, branle. Es posible reconstruir el significado de estos nombres estudiando los escritos de la época.
Durante el reinado de Luis XIV de Francia, cuando por primera vez se empezó a separar el ballet profesional de la danza de la corte, apareció un sistema de notación completamente desarrollado. En 1700 el maestro de danza francés Raoul Auger Feuillet publicó su Choréographie, ou l’art d’écrire la danse. Podemos apreciar en estos primeros dibujos que tanto la relación del bailarín con respecto a su entorno, como el esquema en el suelo están representados en una línea a lo largo de la cual se escriben los pasos y algunos movimientos de brazos.

A medida que la técnica del ballet se fue regulando, los notadores empezaron a utilizar figuras de palillos para mostrar las posiciones del cuerpo y de las piernas. Un importante sistema de transición, que utilizó tanto el sistema Feuillet como las figuras, fue el de E. A. Theleur (1831). El sistema elaborado por el coreógrafo francés Arthur Saint-Léon (1852) utilizaba figuras en forma de palillos que seguían los movimientos de la danza a lo largo de pautas musicales y, además, fue el primer dibujo que mostraba el punto de vista del público, con lo que las direcciones de derecha e izquierda están cambiadas.
Del siglo XIX nos llegan dos importantes sistemas de notación, el del maestro alemán Albert Zorn en 1887 y el del maestro ruso Vladimir Stepanov en 1891. Con el extenso vocabulario de movimientos introducido por el ballet moderno y otros tipos de danza del siglo XX, se han llegado a desarrollar más de 15 sistemas distintos en este siglo. Los tres más conocidos vienen de la mano de la maestra británica Margaret Morris: el de los también británicos Rudolf y Joan Benesh, y el del húngaro Rudolf von Laban. Este último sistema, llamado labanotación e inventado en 1928, consiste en una serie de símbolos abstractos que muestran la dirección, el ritmo y el grado de movimiento de las diversas partes del cuerpo. Junto con las grabaciones, éste es uno de los sistemas de notación de la danza más utilizado actualmente.

La Danza y el Rito



En la danza ritual se halla contenida una gran parte de la tragedia interior humana ante la naturaleza. Es el problema de la fertilidad, de la vejez, de la muerte. Es el miedo ante las manifestaciones terroríficamente grandiosas de la naturaleza o la contemplación de los fenómenos celestes. Pero más aún que esto es su relación con los problemas creados por el propio hombre dentro de sí en sus actividades mentales, como los sueños. Esa lucha que la conciencia de todo individuo sostuvo con el caudal de su inconsciente, esa presencia de arquetipos mentales inútilmente borrados para surgir cuando llega la oportunidad, constituye un problema eterno para el hombre de todas las épocas.  Y la protección de todos esos problemas de dentro afuera y viceversa encontró en la danza ritual una emotiva expresión hasta llegar a fundirlos en la misma ejecución de la danza con la seriedad de uno de los actos más decisivos de la existencia.

Al sumirse los participantes de estas danzas en el éxtasis provocado por ellas, pretendieron influir mágicamente en esos problemas vitales antes aludidos, y así, como ejemplo más sencillo, en lo que respecta a la fertilidad de los campos, al unificarse los danzantes con la naturaleza, creyeron transmitirle su propia actividad orgiástica y excitarla genéticamente; esto en el aspecto más primitivo de la cuestión; otras veces fueron como el mismo fin ejecutadas las danzas ante los dioses de la fertilidad, como un ritual más lleno de conceptos religiosos que mágicos. Pero el transcurso de los milenios, el rito de la danza se hizo menos elemental y se complicó con escenificaciones más abundantes en sortilegios simbólicos, que hicieron imprescindible la intervención de especialistas hechiceros o quedaron reservadas solamente para un reducido grupo de iniciados, celosos guardadores de un oscuro ritual.

Cuando llegamos a la edad media, al encontrarnos con la aberración mental de esas danzas de brujas, comprendemos lo lejos que están las primitivas danzas propiciatorias de los hombres prehistóricos, en los efectos buscados, en los cines, en los medios, y sus ideas fundamentales. También llegaron hasta la edad media las danzas rituales del fuego en los festivales ígnicos europeos, sobre todo los de primavera y otoño, en los que hombres y mujeres danzaban alrededor de las hogueras, saltaban sobre ellas acompañados de cánticos, todo ello con el fin de asegurarse buenas cosechas o librarse de los males. Otras veces la danza pretende asegurar un matrimonio feliz, y, en general, todas esas manifestaciones de las danzas rituales del fuego no son sino una permanencia de las danzas primitivas.

Por otra parte, en casi todas las civilizaciones antiguas, y sobre todo las orientales o las que más directamente se orientalizaron, se desarrolló un tipo de danza ritual mixta, por lo que tenía de sexual y religiosa al mismo tiempo, indisoluble combinación de efecto genésico por un lado y fuerza reproductora de la naturaleza por otro. Estas danzas rituales constituyeron la parte más atractiva de las grandes fiestas de la fertilidad; y en ellas danzaron dioses, hombres y mujeres, sin ese serio ceremonial de las danzas puramente religiosas, pero con un alegre frenesí cuyo motivo religioso dio el fondo necesario para que todo ello no constituyera únicamente un desbordamiento sexual. Quizá podría hallarse en este tipo de danzas el origen de las famosas danzas Dionisíacas de la antigua Grecia.

La participación de lo sexual en la danza ritual fue tan grande, que llegó a infundir temor a los sacerdotes respecto al hecho de que este aspecto llegase a anular el verdadero objeto religioso que ellos deseaban provocar con la danza. Así los colegios romanos de sacerdotes bailarines veneraban a todos los dioses, con la excepción de la diosa Venus, a la que nombraba la diosa peligrosa, y sus danzas en torno a los altares derivaba hacia la exaltación bélica y no sexual. A pesar de las excepciones más o menos significativas el aspecto orgiástico, sexual, ganó y indudablemente terreno al contenido religioso, y en casi todas las danzas rituales de las antiguas culturas, sobre todo al estar encomendadas a las mujeres,  la mímica se sobrepuso a la seriedad y oscura de ingenuo significado.

El Renacimiento en la Danza


Fue la danza desarrollada y ejecutada en Europa en el periodo histórico conocido como renacimiento. En la Italia de finales del siglo XV, un renovado interés por el arte, la arquitectura y la literatura de la Grecia y la Roma antiguas dio pie a un nuevo nacimiento (renacimiento) de la cultura italiana. Esto fue promovido por los poderosos príncipes de los estados del norte de Italia, que además de poseer una amplia cultura, buscaban rodearse de lo mejor, no sólo para resaltar la imagen y el esplendor de su corte, sino porque ellos mismos amaban y practicaban las artes. El príncipe del renacimiento debía ser un soldado valiente y un gobernante firme y justo, y además un gran artista, músico y bailarín. La destreza en el baile le daría gracia, elegancia, dignidad y prestancia.
Por lo tanto, la danza estaba influenciada por la atmósfera del renacimiento italiano. Los maestros de baile seguían la pauta marcada por los artistas al crear danzas en las que los elaborados esquemas espaciales eran su principal característica. Para conseguir esto, el número de bailarines era limitado, y desaparecieron las danzas en filas y círculos tan comunes en la edad media. Las danzas de la Italia del siglo XV eran básicamente dos: la bassa danza, una derivación de una danza cortesana medieval de pareja en compás de 6/8, para dos o tres bailarines, y el ballo, una danza con mezcla de ritmos y que algunas veces incorpora elementos de la mímica. Los cuatro ritmos básicos eran la bassa danza (6/8), el saltarello (3/4), la guadernaria (4/4) y la piva (2/4).

Los esquemas espaciales continuaron dominando la danza italiana durante todo el siglo XVI, como puede verse en los trabajos de Fabritio Caroso (Il ballarino, 1581 y Nobilitá di dame, 1600), quien creó elegantes balli y balletti en los cuales los bailarines describen complejos dibujos. También los encontramos en los del maestro de baile Caesare Negri (Gratie d’amore, 1602), quien trabajó en Milán y mostraba una clara influencia española en sus balli, como por ejemplo en su spagnoleta y en su canario. El vocabulario de pasos aumentó considerablemente en esta época.
Aunque las danzas italianas eran conocidas en Francia e Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XVI, las danzas más populares en estos países continuaban siendo procesionales. La velada en la corte empezaba con la majestuosa pavana, una danza que era una demostración de las joyas y riquezas de cada uno de los bailarines. Frecuentemente, a esta danza le seguía la gallarda, una danza en la cual el hombre demostraba sus cualidades técnicas, no sólo a su pareja, sino también a los asistentes, mientras que la dama le imitaba con pasos más sencillos y suaves. Un buen bailarín de gallarda era capaz de improvisar sus propias variaciones, que podían incluir grandes saltos, batidos y giros.

En este tiempo no existía una diferencia real entre la danza social y la teatral. En muchas de las espectaculares mascaradas que tenían lugar en las cortes europeas, se creaban coreografías especiales donde se utilizaban los pasos y ritmos más comunes del salón de baile y donde los bailarines eran las damas y los caballeros de la corte.


El Barroco en la Danza



Corresponde a las danzas que surgieron durante el siglo XVII. El joven rey Luis XIV de Francia sentía una pasión particular por la danza, y en 1653, a los 15 años, bailó el papel del Sol en el Ballet Royal de la Nuit, hazaña que le valió el sobrenombre de Rey Sol. En 1661 fundó la Real Academia de la Danza, bajo la dirección de su propio maestro de baile, Pierre Beauchamp.
Alrededor de 1760, Beauchamp ideó una forma de notación de la danza, pero fue un contemporáneo suyo, Raoul Auger Feuillet quien dio a conocer este sistema al mundo con la publicación de Chorégraphie (1700), que se tradujo íntegra o parcialmente al inglés, alemán, italiano y español. Pronto pudieron los maestros de danza intercambiar sus nuevas coreografías no sólo desde distintas ciudades, sino desde distintos países. Actualmente se conservan unas 400 coreografías notadas.
En esta época, la escena artística en Francia estaba dominada por Jean Baptiste Lully, quien, además de ser un magnífico violinista, era un excelente bailarín. Lully fue maestro de música de la familia real. El rey disfrutaba con la comedia y con ligeros divertimentos, representados en contadas ocasiones en la corte, por nobles que bailaban los papeles principales. Por esta razón, Lully arrendó el Jeu de Paume, donde transfirió todas sus producciones para ofrecerlas al público, con bailarines profesionales en sustitución de los cortesanos. Está considerado como el creador de la ópera francesa.

Durante el reinado de Luis XIV, las danzas que abrían los bailes de la corte eran los branles, que ya no eran simples danzas campesinas y se habían refinado y dignificado. Éstas fueron seguidas por el courante, danzado de forma alternativa por una pareja en orden a su rango social, que a su vez fue sustituido por el minué, que mantuvo la supremacía en el salón de baile durante más de 100 años. Además del minué, las danzas de salón más populares fueron los bourrées, rigodones o gavotas. Aunque todas ellas tuvieron su origen en Francia, pronto se extendieron al resto de las cortes europeas.
En la danza teatral del siglo XVII todavía se usaba el vocabulario de los bailes de salón, y tanto en éste como en el teatro se podía ver la influencia de los italianos en los esquemas espaciales. Pero, a medida que los bailarines profesionales tuvieron más participación en las óperas y en los ballets, este vocabulario se vio ampliado debido a las exigencias técnicas, y constituye la base del ballet clásico actual.

La Danza y el Arte



La danza, como arte natural y primordial por excelencia, tiene un valor universal y simbólico, porque expresa un sentimiento, un estado del alma. Colabora en la expresión de los mitos, transmisores a su vez de la obra mental del pasado, donde se sobrepone al mundo físico ese otro mundo psíquico elaborado por la humanidad siglo tras siglo, como uno interpretación poética de lo misterioso, vital y eterno, que unen al hombre y sus problemas con la naturaleza.

La más primitiva excitación estética, la del ritmo, encontró en la danza su inmediata expresión desde que los hombres prehistóricos prestaron atención a los sonidos repetidos de la naturaleza. Por eso la primera expresión del ritmo fue ejecutada gracias al repetido chocar de los bastones, el batir de palmas o el choque continuado de los pies con el suelo. Más tarde se agregó la cadencia acompasada del cuerpo, los movimientos de brazos y piernas, así como la asociación de la voz. Pero el momento que a todas esas manifestaciones externas se unió la intención interna de un significado pasional además del placer estético, fue cuando la danza empezó a ser la expresión más completa de los sentimientos humanos.

Pero la danza no evolucionó en expresión interna porque le incorporasen a ella diversos instrumentos musicales; en este aspecto fue casi siempre más emotivo y profundo el monocorde acompañamiento de los tambores que la más bella expresión de canto o el conjunto ya evolucionado de varios instrumentos, porque la danza fue siempre expresividad por sí misma, y sólo el sentimiento estético de los ejecutantes, así como su contenido psíquico y pasional en la ejecución, es lo que hizo a ésta subyugante. Es el punto donde la danza y la música se separan para seguir rumbos distintos en su propia evolución a través de los milenios. Pero es el caso que la evolución es una idea más adecuada a la música que a la danza en términos generales, porque la música es una elaboración de lo consciente y la danza es un producto del inconsciente, con todo su valor dominador y primitivo, donde el hombre halla las raíces de su propio pensamiento y el porqué de sus actos más insospechados.

Por eso la danza tiene, además de su valor estético, el de su espontaneidad; y desaparecida ésta por preciosismo o aditamientos artificiosos, tiene precisamente su primigenio valor emotivo y evocador del inconsciente del hombre, donde éste se encuentra a sí mismo. En cambio, la música, insuperable en sus concepciones intelectuales, nos lleva por el camino de lo consciente, de lo artísticamente evolucionando, y puede revelar sentimientos con gran precisión, con mayor exactitud a veces que las palabras; pero hay sentimientos envueltos en el tumulto de nuestras pasiones que sólo la danza es capaz no sólo de expresar, sino de hacer brotar de lo más profundo de nuestro inconsciente olvidado. Mas toda música lleva en su esqueleto una gran parte de danza, y hasta nuestros días, ese contenido bailable lo vemos expresado directamente en los movimientos del director de orquesta, que ponen en su “danza mímica” todo su espíritu. Y es precisamente el ritmo lo que la música debe a su progenitora la danza, la cual parece una madre llena de recursos fecundos, inmutable a través de los siglos, tan segura de su fuerza como la propia naturaleza que la creó para expresión humana de sus fuerzas vitales, porque en la naturaleza todo es ritmo, y ello reside la esencia de la vida. Por eso la danza tiene un valor vital esquemático y funcional, que la hace ser como una proyección humana del movimiento universal del cosmos.

La danza fue desde sus comienzos la ejecución artística para la que el hombre se halló mejor dispuesto. Su aspecto como auxiliar de efectos mágicos o rituales no fue en detrimento de su valor como arte; por el contrario, el pretendido significado místico de muchas danzas sirvió de palanca al desarrollo artístico de su expresividad. Por otra parte, en las danzas pantomímicas que imitaran las actitudes de diversos animales se advierte un oculto contenido de hechizo primitivo, como el de las danzas propiciatorias de la caza, en las que el cazador imita a su presa, en una asociación elemental de ideas de magia imitativa. Es aquí donde el tatuaje y la máscara dieron a las danzas del período más primitivo, aún existentes en muchos pueblos, un auxilio a su significado totemístico.

Pero la danza no dejó nunca de ser arte, imprescindible si ella constituye auténticamente elemento expresivo, de tal forma que si en ocasiones la danza se hizo evolución ñoña e  intrascendente de palaciegos que contaban mentalmente los pasos, dejó de ser danza auténtica para convertirse en un paseo mecanizado sobre las baldosas del salón, sin contenido emotivo o evocador, porque nada pretendía de expresar y sólo constituía el placentero ir y venir de damas y caballeros hacia su encuentro respectivo.

Danzas Eróticas



Entre las pinturas rupestres existe una en la cual los artistas prehistóricos nos legaron lo que ellos vieron en aquellas danzas eróticas, que por cierto supieron plasmar con una gran sencillez, llena de expresividad. La escena representa a nueve mujeres vestidas solamente con una falda que les llegaba desde la cintura a las rodillas; danzan alrededor de una figura representativa de un hombre desnudo, pues sólo lleva unos adornos colgantes que le cuelgan hasta las rodillas. Esas mujeres que danzan alrededor de la figura central parecen hallarse dispuestas por parejas, con un sentido coreográfico dentro de la expresión del rito sexual, que nos muestra un sentido ya artístico de la danza, sujeta a unas normas en los desplazamientos rítmicos e interpretación simbólica de sus escenas dentro del rito. Pues ésta es la mejor explicación que puede atribuirse a dicha danza, y aunque algunos no ven en ella sino el acto de investidura ritual de algún personaje cuyas hazañas le habrían hecho merecedor de tal homenaje, para otros constituye un acto de iniciación, un baile ceremonial realizado para conmemorar la pujanza genética o creadora, la divinidad fecundadora, encarnada por el personaje central de la danza.

Con un significado erótico, sobre todo de fecundidad o de celebración de la llegada a la pubertad, son tan frecuentes este tipo de danzas entre los pueblos primitivos de nuestros tiempos, que no es extraño existieran dichas danzas en los pueblos prehistóricos, como nos muestran las pinturas rupestres.

Danzas Rituales



Las ceremonias propiciatorias destinadas para antes de la caza o de la guerra solían acompañarse de danzas, en las que hechicero realizaba su función disfrazado con la piel del animal que iban a cazar. El hechicero era quien presidía todo el ceremonial de la tribu congregada, y con su bastón de mando dirigía las evoluciones de los danzantes, o señalaba los puntos vulnerables del toro o del bisonte, previamente marcados con una señal mágica en la pintura rupestre.

El esfuerzo colectivo, autosugestivo, de la humanidad primitiva para lograr sus fines guerreros, de caza o de protección ante lo desconocido tuvo en la danza su más eficaz auxiliar; en la misma forma, las danzas en honor de los antepasados constituyen también un medio de comunicación con la vida ultraterrena, así como las danzas rituales del fuelo, en el que abundan todos los pueblos primitivos, dan a la colectividad una exaltación orgíastico-estática que unifica su sentido interpretativo de la fuerza creadora, muy cercano a la idea religiosa. La danza se torna no sólo productora de efectos mágicos, sino de placer psicofísico, muy cercano al placer estético, a la concepción artística, cuando une al ritmo corporal los ruidos acompasados, que con el transcurso de los siglos llegaron a ser música, más o menos rudimentaria, auxiliada del canto. Y con el tiempo llega incluso a desaparecer, en la mente del hombre primitivo, el originario fundamento de ciertas danzas, mas no por eso las deja de realizar. Es el caso, por ejemplo, de los vedas cuando danzan alrededor de una flecha clavada en el suelo, y cuya razón principal, según ellos, sólo obedecía a que dicha ceremonia la ejecutaron así sus antepasados. Por eso es sumamente difícil desentrañar el auténtico significado de danzas muy antiguas, aunque pertenezcan a épocas ya dentro de la historia, respecto a las cuales sólo poseemos imprecisas referencias de los primitivos relatos de los historiadores de la edad antigua, como por ejemplo, los altiquísimos ritos tartesios de las costas del mediodía hispano, que tanta influencia tuvieron en sus vecinos iberos, y tan misteriosas relaciones no sólo con fenicios, cretenses y griegos, sino hasta con pueblos africanos de la costa atlántica, entre cuyas danzas y mitos puede adivinarse un lazo oculto y milenario.

La Danza del Sable



Danza ceremonial masculina con espadas, que tiene cuatro grandes variantes. Las danzas de combate con espadas (por ejemplo, las danzas pírricas de la antigua Grecia) se utilizaban para el entrenamiento militar. En Turquía y en los Balcanes tienen lugar danzas circulares de guerrilla. En Escocia, los Balcanes, la India y otros lugares, uno o más bailarines ejecutan complejos pasos sobre dos espadas cruzadas en el suelo. Las danzas invernales (de empuñadura y punta) que gozaron de popularidad en Europa, aún se cultivan en Inglaterra, el País Vasco (España) y pocos lugares más. Estas danzas se ejecutan en círculo por cuatro o más bailarines, que realizan complicados movimientos entrecruzando los sables y saltando por encima de ellos.

La Danza del Vientre



Danza para solista que proviene del Norte de África, del Oriente Próximo y de las áreas balcánicas con influencia turca. Se caracteriza por movimientos ondulantes del abdomen y de las caderas y por elegantes movimientos de brazos. Ejecutada por bailarines de ambos sexos, tanto aficionados como profesionales, contiene influencias clásicas y populares. Algunos sitúan su origen en las bailarinas profesionales de la cultura islámica medieval y de la España musulmana. Otras hipótesis la relacionan con danzas religiosas prehistóricas que se llevaban a cabo para conseguir un feliz alumbramiento. En la actualidad se practica como mero entretenimiento.

La Danza en España


Los orígenes de la danza española se pierden en la antigüedad. Las primeras manifestaciones se encuentran en los entretenimientos cortesanos de los califas árabes y en las danzas teatrales de la época de los Reyes Católicos (1474-1504). En el siglo XVI se desarrollaron una serie de danzas cortesanas como la zarabanda, la chacona, el pasacalle y la folía, y las danzas litúrgicas (los seises) que todavía se ejecutan en la catedral de Sevilla.
En este siglo empezó a desarrollarse una técnica a partir de los pasos primitivos, poniéndose de puntillas en bailes como la pavana, dando saltos, brincos y giros como en la gallarda, levantando a las bailarinas en el aire como en la españoleta. Todos los avances anunciaban el nacimiento de la técnica española de baile. Los bailes populares ejercieron una gran influencia sobre todas las otras formas, en especial como resultado de su continuo empleo en obras religiosas, en espectáculos campesinos y en las procesiones. Al final del siglo XVI, el resto de Europa conoció estas influencias y a comienzos del siglo XVII las formas españolas de baile empezaron a ponerse de moda entre los maestros europeos de danza y en los bailes aristocráticos de entonces.
En el siglo XVIII el bolero, derivado de las seguidillas, ocupaba la vanguardia de los bailes españoles de sociedad. No era sólo el nombre de un baile, sino también un término aplicado a una forma de enseñanza. Este tipo de danza que alcanza su esplendor en el siglo XIX cautiva a los coreógrafos de la época que utilizan cada vez más este material español. Este auge alcanzó no sólo a artistas españoles, sino a otros de la cultura del ballet europeo como las bailarinas Fanny Elssler, María Taglioni y Carlotta Grisi; aunque la pasión por lo español había empezado antes, con los coreógrafos Charles Didelot, Gasparo Angiolioni, Gaetano Vestris y Salvatore Viganó, siendo el fandango su símbolo internacional, estandarte estético y canon divulgativo.

La danza española moderna consta de cuatro grandes categorías: 1) las danzas regionales, como la jota de Aragón, las sevillanas de Andalucía y el extendido fandango. 2) El flamenco, la danza de los gitanos del sur de España con posibles reminiscencias de bailes de la India. 3) La escuela bolera o danza clásica española que apareció como una estilización para el escenario de danzas regionales individuales. Con una enseñanza transmitida por maestros de baile, la escuela bolera alcanzó su cenit a principios del siglo XIX, y adquirió una técnica específica y una terminología, además de su carácter orgulloso y sensual y el porte característico del torso, los brazos y la cabeza. 4) La danza española neoclásica, el renacimiento de la danza clásica española a finales del siglo XIX.
A principios del siglo XX empieza a resurgir la danza española a través del genio de la bailarina española de origen argentino Antonia Mercé ‘La Argentina’, quien bebió en las raíces del flamenco, el folclore y la escuela bolera. Ella fue la primera en bailar la música de los grandes compositores españoles como Enrique Granados o Isaac Albéniz. El maestro Joan Magriñá contribuyó a devolver a la danza española todo el prestigio que había tenido años atrás, del mismo modo que la familia Pericet estableció una continuidad en su labor como maestros y coreógrafos. Famosos exponentes de este resurgimiento son la bailarina española de origen argentino La Argentinita (Encarnación López), Teresa Boronat, bailarina de grandes facultades, las bailarinas españolas Pilar López y Mariemma, también coreógrafa y maestra, el bailarín español Vicente Escudero, el coreógrafo y bailarín Antonio Ruiz y el bailarín y coreógrafo estadounidense José Greco.


La Seguidilla



Danza española cantada, de ritmo ternario y movimiento animado, con acompañamiento de castañuelas y guitarras. En compás de m o k, está distribuida en estrofas de cuatro versos alternativos de siete y cinco sílabas con asonancia en los pares, seguidas de estribillos de tres versos de cinco sílabas el primero y tercero y de siete el segundo.
Manuel de Falla consideraba a su variante la seguiriya como el más antiguo de todos los cantes flamencos, enraizándola con el cante litúrgico bizantino. De la seguidilla hay testimonios desde el siglo XVI; como atestigua Cervantes en su Quijote, se bailaba y cantaba en su época. Más tarde, formó parte esencial en los sainetes y tonadillas del siglo XVIII y posteriormente, de las zarzuelas. Sus principales variantes son: manchegas (originarias de La Mancha, con ritmo muy vivo), boleras (señoriales y reposadas), murcianas, sevillanas, gitanas (también llamadas payeras) y seguiriyas (de carácter sentimental y movimiento lento), que contiene un doble ritmo de k y u alternos, componiéndose su coreografía de un preludio instrumental e interludio (llamados falsetas) entre cada estrofa. La jaleada tiene un ritmo combinado de k y de m y está emparentada con la cachucha.
Bizet compuso unas célebres y muy sui generis seguidillas para su ópera Carmen (1875) y Albéniz subtituló Seguidillas a su “Castilla” de la Suite española.

Danza Macabra



El tema alegórico en arte, literatura, teatro y música se caracteriza por la representación del esqueleto humano como símbolo de la muerte. Basado en la creencia popular, fomentada por las plagas y guerras de los siglos XIV y XV, de que la muerte, en forma de esqueleto, surge de las tumbas y tienta a los que tienen vida con el fin de que se unan ella. El tema, extremadamente convincente, se sustenta en la idea de la inevitabilidad de la muerte, así como en su poder igualador frente a todos los hombres, desde el Papa hasta el mendigo, pasando por toda la escala social. Es también una amonestación de la necesidad del arrepentimiento.
El ejemplo más conocido de la danza macabra o danse macabre o también Totentanz es el representado en frescos de iglesias, capillas y cementerios de Francia, Alemania y Suiza, pero el más famoso es el realizado en el año 1424, destruido en la actualidad, que se encontró en la iglesia de los Santos Inocentes de París. En el año 1485 el grabador parisino Huy Marchant publicó unos grabados y unos versos de una danza macabra (1485) que circularon por toda Europa y que ayudaron a consagrar el tema como género; igualmente, forma parte del argumento de la obra de Chaucer Cuentos de Pardoner y de la obra de Lydgate La caída del príncipe (c. 1430). El motivo se proyecta en la obra de August Strindberg, Edgar Allan Poe y Charles Baudelaire. La danza de la muerte fue también pintada en muchos frescos de iglesias e inspiró un famoso grupo de 51 dibujos realizados entre 1523 y 1535 del pintor alemán Hans Holbein el Joven. Los frescos más tempranos sobre el tema de la danza macabra son los de la iglesia de Kermaria en Bretaña, Francia (c. 1540-1560). En Inglaterra, sobreviven ejemplos en el Priorato de Hexham, Northumberland, así como en la parroquia de Newark-on-Trent; en 1549 se perdieron los frescos de la catedral de Saint Paul, en Londres.

La danza macabra también se puede referir a los comentarios versificados de las representaciones escultóricas y pictóricas sobre el tema. En España se conserva una Danza general (siglo XV) de autor anónimo, y parece ser que de origen francés. A través de una forma dialogada la muerte invita a personajes de distinta condición a participar en su danza. Existe también una versión catalana. Más adelante, el tema influyó en la literatura, sobre todo en el teatro, como en la trilogía de Gil Vicente Las barcas, en los autos de Calderón de la Barca y en los Sueños de Quevedo.
En los siglos posteriores la danza de la muerte continuó inspirando a algunos poetas como el alemán Johann Wolfgang von Goethe y el estadounidense de origen inglés Wystan Hugh Auden. La música también ha tratado este tema, como lo ejemplifican la obra Totentanz del compositor húngaro Franz Liszt o el poema sinfónico titulado Danza macabra (1874) del compositor francés Camille Saint-Saëns. En el siglo XX destaca la Danza de los muertos (1938) de Honegger, oratorio para orquesta, tres solos, coros y recitativo.





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