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Educación musical - Monografía



 
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Historia de la música. Expresión. Didáctica. Recursos didácticos musicales. Pensamiento educativo de Andrés Manjón



RESUMEN



En este trabajo se realiza un estudio relativo al papel de la educación musical y sus diversos recursos pedagógicos y didácticos en el pensamiento educativo de Don Andrés Manjón y en el sistema pedagógico implantado en las Escuelas del Ave-María por él fundadas en 1889.

1. Introducción



No constituye una novedad afirmar que entre las diversas iniciativas pedagógicas puestas en marcha por D. Andrés Manjón y Manjón desde 1889 y en la tradición educativa posterior de la Institución del Ave-María , ya más que centenaria, se concede una gran importancia al cultivo de todas las artes desde el presupuesto de que ellas representan una innegable manifestación espontánea y natural de la vida humana .
Desde los comienzos mismos de la fundación, se hizo uso de múltiples recursos pedagógicos entre los que adquirió especial relevancia el cultivo del arte musical concretado en la creación de agrupaciones instrumentales, en la práctica del canto, en la declamación, la dramatización e, incluso, mediante la puesta en escena de ciertas obras de carácter lírico especialmente concebidas para el ámbito escolar. De este modo la música, y particularmente el canto escolar, podrá ser definido como instrumento educativo de primer orden dentro de esta tradición pedagógica.
Partiendo de tales premisas, nos planteamos la necesidad de profundizar en la cuestión del canto escolar como un hito significativo dentro del mundo de los recursos didácticos y pedagógicos y del vasto panorama del patrimonio musical escolar español.
Posteriormente, y tras conocer ulteriores líneas de investigación próximas a este campo , hemos desarrollado una indagación sistemática relativa al proceso de evolución histórica del conjunto de la Institución en la que de modo recurrente surge la cuestión musical como elemento omnipresente desde 1889 hasta los años sesenta del siglo XX.
Tales trabajos coinciden en indicar la relevancia del canto como recurso didáctico y pedagógico sin que haya habido oportunidad hasta el momento de realizar un estudio sistemático sobre el conjunto de fuentes documentales conservadas, portadoras de un patrimonio literario y musical muy poco conocido incluso dentro de la propia Institución en que vio la luz.

Esperanzados ante la posibilidad de aportar nuevas perspectivas, hemos desarrollado un proceso de recopilación de materiales y fuentes escritas, sonoras y orales con la finalidad específica de recuperar parte de la memoria histórica y musical de la Escuela española pretendiendo al mismo tiempo arrojar luz desde una visión histórica, pedagógica y educativa sobre determinados aspectos de un legado pedagógico que privilegió desde sus orígenes la vertiente artística y musical.
Asumiendo la necesidad constatada de abordar un análisis detallado de la música, y de forma particular del canto, como recurso propio y original de la tradición pedagógica manjoniana, hemos examinado en una reciente publicación la repercusión del conjunto de la actividad musical de la Institución mediante la extensión de sus procedimientos didácticos y musicales por muchos lugares de la geografía andaluza y española.
Dicho trabajo, estructurado en cinco capítulos y dos anexos, pretende profundizar en el conjunto de instrumentos que la hicieron posible: sus publicaciones, la tradición oral establecida entre los docentes y, sobre todo, a través del quehacer profesional de cientos de educadores formados desde 1905 en el Seminario de Maestros del Ave-María que desplegaron tales procedimientos por muchas Escuelas oficiales y privadas dentro y fuera del territorio español .

Tras muchas horas de trabajo ilusionado, ha sido posible ofrecer algunas conclusiones a modo de modesta aportación a la Historia de la propia Institución y al acervo musical de la Escuela española y europea.
En el primer capítulo, a modo de marco introductorio, se aborda un somero recorrido histórico sobre el uso del canto escolar como recurso didáctico y pedagógico en la historia de la música occidental; asimismo se analiza el papel atribuido a la música en el pensamiento educativo del Fundador del Ave-María.
El segundo capítulo, pretende dar cuenta de la intensa vida musical desarrollada en la Institución Avemariana desde sus momentos fundacionales hasta nuestros días.

Por su parte, el tercer capítulo tiene por finalidad, partiendo de las fuentes conservadas, analizar el repertorio de estos cantos, exponer la historia de sus diversas ediciones y clasificar todo el material existente atendiendo al contenido de los mismos. En su última parte también se incluye una referencia general a un sugestivo conjunto de obras líricas de carácter infantil realizadas para la Institución por diversos maestros entre los que destaca Francisco Alonso , autor al que con bastante seguridad pueden atribuirse gran parte de las melodías más antiguas de los cantos del Ave-María.
El capítulo cuarto brinda al lector una aproximación al estudio de las melodías y de los textos sin pretensión alguna de exclusividad. Lejos de abordar un estudio crítico exhaustivo de todo el material conservado, se ha optado aquí por analizar las melodías y textos más significativos, circunstancia que ha hecho posible establecer algunas claves interpretativas del conjunto.

En el quinto capítulo se ofrece un conjunto de conclusiones que pretenden sintetizar las principales aportaciones de la investigación.
Para concluir, tras los preceptivos repertorios de fuentes y bibliografía, se han añadido dos Anexos documentales que reúnen el conjunto de melodías y letras de los cantos estudiados desde 1889 hasta 2004, incluidos algunos textos cuya música se desconoce por haber desaparecido o porque nunca la tuvieron.

Si, según afirmaba un antiguo adagio, “quien bien canta, ora dos veces”, alguien ha recordado que, probablemente, “quien bien cante estudie, al menos, tres veces”. No dudamos de que dicho aserto deba encerrar alguna verdad, tras haber tenido oportunidad de comprobar cómo un altísimo porcentaje de las melodías utilizadas desde 1889 en las Escuelas del Ave María han pervivido en la memoria colectiva de generaciones de ciudadanos engendrados por los centros manjonianos a la cultura y a la humanidad entre cantos, juegos y pura naturaleza.
No se trata pues de grandes creaciones artísticas ni de motivos musicales dotados de originalidad y genialidad depuradas, sino de sencillas melodías que impregnaron el corazón de generaciones de hombres y mujeres, que antaño fueron niñas y niños, facilitando sus procesos de aprendizaje, mientras dejaban en su interior un poso de alegría que les ha acompañado hasta el atardecer de sus vidas.

Fue muy conmovedor comprobar cómo aún en el año 2001, algunos de aquellos escolares, que hoy frisan los noventa años, todavía recordaban con perfecta lucidez melodías aprendidas en los albores del siglo XX al tiempo que se emocionaban rememorado el contexto y las circunstancias vitales de su infancia, su escuela, sus maestros y sus canciones, haciendo buena una vez más la afirmación de Agustín de Hipona de que “cantar es propio de quien ama”.
No cabe duda de que el canto escolar, utilizado como recurso didáctico, despliega una eficacia indiscutible en el laborioso proceso de la educación y del aprendizaje. Sin admitir que existan recursos mágicos, tal como nos ha enseñado ya una dilatada experiencia en el mundo de la educación, sí estamos convencidos de que es posible hallar elementos que faciliten el proceso educativo y, sin duda, el canto es uno de ellos, tal como ha quedado demostrado en la ya más que centenaria Institución del Ave-María, que llegó a contar en las primeras décadas del siglo XX con más de trescientos centros educativos esparcidos por toda la geografía española y aún fuera de ella.


2. La educación musical en el pensamiento educativo de A. Manjón


No cabe duda de que D. Andrés Manjón consideró la música como herramienta irremplazable y procedimiento didáctico indispensable desde una perspectiva ética, estética y práctica. Él mismo se sirvió de dicho recurso de forma reiterada al mismo tiempo que invitó a hacerlo de modo similar a los maestros y maestras de sus Escuelas.
El Discurso pronunciado por el Fundador del Ave-María en la inauguración del curso académico 1897-1898 en calidad de Catedrático de Derecho de la Universidad de Granada, considerado por él mismo como su “capital en ideas”, ya contiene alusiones directas a la importancia de la educación estética y artística.

En esta ocasión, y al reflexionar sobre las condiciones pedagógicas que debía poseer una buena educación, expondrá sus firmes convicciones respecto al papel reservado en su proyecto educativo a la educación musical de modo general y al recurso didáctico del canto de modo particular . En su densa reflexión pedagógica ante el claustro universitario granadino reivindicó para la acción educadora una nítida dimensión sensible y estética. Según Manjón, el arte produce dicha, favorece el orden intelectual y contribuye al orden moral; de igual modo, recuerda que la educación de los niños debe rodearse de cuantos encantos y placeres inocentes de la naturaleza y del arte sean posibles . Con incontenible vehemencia censurará ciertos ambientes escolares contemporáneos en los que, entre otras carencias, se echa en falta un mayor interés por la música y el canto. A juicio del pedagogo avemariano tales escuelas podrían ser calificadas como :

” (…) tristes, oscuras e insanas, sin patios ni jardines para el desahogo y recreo de los escolares, ni más que un cuarto o sala donde se dan las clases y están seis horas los niños, que son alegres y bulliciosos como los pajarillos, condenados al silencio e inmovilidad de figuritas de cera y más cohibidos que presos en la cárcel “.

Más adelante, y al referirse al cultivo de la razón y de la imaginación de los educandos desde una perspectiva estética, se preguntará :

“¿Qué remedio para éstos y otros males? El cultivo de la razón y el deber como soberanos (…) ojalá que tuvieran los escolares museos, jardines, juegos representaciones, cantos, dibujo, composiciones y expediciones, donde la imaginación se espaciara sin peligros (…) Habría entonces más alegría y menos tedios y enfermedades, más gusto en las escuelas y menos garitos y otros lugares de perdición”

Al interrogarse, ya al final de su intervención, sobre si la educación debe ser artística, sostendrá que ésta, para ser integral, está obligada a incluir necesariamente tal dimensión pues sin ella quedaría gravemente mutilado cualquier proceso educativo. En este sentido aseverará :

“Acerca de la extensión y objeto de esta educación no es dado fijar una regla absoluta; dependerá de la edad, grado de la enseñanza, posición y probable destino del educando. Música, dibujo y poesía, con sus derivadas y contenidas, son las tres bellas artes que debieran cultivarse en mayor o menor grado por todo hombre culto, y la escuela hallaría en ellas un recreo y el descanso de faenas más rudas. ”

Al especular finalmente sobre si dichas artes deben cultivarse con un fin pedagógico o utilitario concluirá :

“En la escuela se atiende principalmente a educar, a poner en disposición de gustar, entender y saborear las bellezas del arte y de la naturaleza (y esto es lo esencial); pero como educando las facultades se conocen las vocaciones y aptitudes, del ejercicio del arte resultará el descubrimiento de los artistas, y esto nos lleva a la educación manual, o ejercicio de las artes bellas y no bellas.

En las últimas líneas del Discurso, tras insistir una vez más en la tesis de que la educación debe ser sensible, artística y cultivadora del sentimiento de lo bello, se dirigirá a sus oyentes en estos términos :

“¿Será agradable y simpática una educación árida y seca, dada en local triste, angosto y sombrío, no alternada con juegos ni hermoseada con jardines, cuadros, museos, paseos, cantos ni poesía alguna, dentro ni fuera de casa? (…) En suma ¿es educación una enseñanza que, a lo más, instruye, pero no educa?. Y concluye: Dad vosotros la contestación.

Dilatando esta misma línea argumental, y a modo de declaración programática, sería oportuno recordar las palabras que dirigía a sus colaboradores y lectores en 1900, tres años después de pronunciar este discurso y transcurridos otros once desde la fundación de la primera Escuela Avemariana en 1889 :

¿Debe educarse al hombre en el sentimiento de la belleza? Sí. El arte que es arte, y no prostitución dignifica al hombre, dulcifica su carácter, desarrolla el sentimiento, procura dicha, proporciona placer exquisito y saludable al alma, alejando el tedio, y mejora más o menos directamente las costumbres”

Refiriéndose de modo específico al canto, argüirá con firmeza:

“Entre las bellas artes, la más fácil y espiritual, la que expresa mejor el sentimiento y está más al alcance de todos es el canto.
En nuestras Escuelas el canto está asociado a todos los actos de la enseñanza y del culto desde que se fundaron; pero deseaba yo más, deseaba encontrar un Maestro de música que enseñara solfeo e instrumentos, y después de varios ensayos frustrados, cuando menos lo esperaba, bajo la capa de un Maestro de letras, llegó de Murcia, nada menos, el músico que por entonces necesitábamos.
Maestros y Maestras, todo el que se dedica en mis Escuelas a la enseñanza, o aspira a ello, ha de aprender música, para que pueda enseñarla a sus alumnos, siquiera en rudimentos y acompañar sus cantos con algún instrumento.
No puedo expresar la alegría que en mis pequeñuelos proporciona la música ni el gozo que por ello siento.
Treinta tomos de música tenemos ya en el archivo y casi todos han sido regalados por diferentes amigos que el Ave-María tiene en la Corte”.

Tal grado de interés mostrado por el pedagogo avemariano no resulta gratuito sino que debe ser inscrito en el ambiente “pedagogista” reinante en la España de finales del siglo XIX, especialmente en el ámbito del primer krausismo y entre las élites más significadas de la Institución Libre de Enseñanza. Sería éste un momento en que las cuestiones educativas tuvieron un peso específico muy intenso y un período de euforia regeneracionista en que se creyó de forma ingenua en la capacidad absoluta de la Escuela para propiciar una auténtica renovación y regeneración social .
La importancia concedida dentro del sistema pedagógico manjoniano al cultivo de todas las artes parte del presupuesto de que ellas representan una manifestación natural del hombre que los educadores de sus escuelas deben cultivar con especial esmero, según las disposiciones del Fundador .

Recogiendo las indicaciones del P. Manjón, los maestros de las Escuelas del Ave-María y los profesores de su centro de formación de Maestros harán uso de todos los medios a su alcance, debiéndose destacar de modo particular el canto escolar y litúrgico. Tal práctica constituirá un recurso didáctico habitual y un instrumento educativo insustituible destinado a la mejora del proceso de aprendizaje, confiriéndole un genuino carácter lúdico y activo. En este sentido advertirá el canónigo de la Abadía del Sacro-Monte :

“¿Al niño gustan los juegos? Pues enseñad jugando (…) ¿Le gusta la música y la pintura? Pues enseñad cantando y dibujando.”
Y completando su reflexión afirmará :

“Sabedlo, pedagogos del Ave-María: Ciencia que no se practica no sirve para la enseñanza (…). El ideal de la enseñanza es hermanar ciencia y arte, potencia y hábito, teoría y práctica, sin lo cual no habrá sino ideólogos que todo lo ignoran menos las palabras”.

Desde dicha perspectiva insistirá particularmente D. Andrés en la dimensión estética y ética del canto sin olvidar que, junto a esta doble vertiente, cuyo horizonte final no es otro que la formación integral de la sensibilidad del educando, tal recurso ofrece además ciertas posibilidades de orden práctico y disciplinar muy valoradas no sólo por él mismo sino por muchos otros teóricos y prácticos del mundo educativo .
Entre tales potencialidades cabría subrayar su utilidad para mantener el orden y la disciplina en la escuela, para separar el trabajo del descanso, para ayudar a reglar las entradas y salidas de clase o para reforzar el mantenimiento de la atención en las actividades evitando la conversación. Asimismo posibilita la memorización mediante la repetición de melodías y textos, a la vez que facilita la profundización en la expresión de los sentimientos más nobles del ser humano (populares, patrióticos, morales, religiosos, ecológicos, artísticos, etc.)
Sin minusvalorar el conjunto de utilidades derivadas de la práctica del canto escolar como herramienta pedagógica y didáctica, el Pedagogo del Ave-María juzgaba que la enseñanza musical no podía quedar reducida sólo al uso tradicional del canto infantil, sino que ésta debía abordar también la práctica instrumental como eficaz recurso educativo, estético y moral capaz de contribuir a su proyecto de educación integral formulado en su conocida máxima de formar hombres y mujeres “cabales”.

No era ésta la visión de algunos de sus contemporáneos, que consideraban completamente reprobable cualquier intención moralizadora en los cantos usados tradicionalmente. Según ciertos teóricos de diferente sensibilidad, el fin prioritario de la práctica del canto en la escuela debía ser de modo exclusivo despertar el sentimiento artístico de los alumnos por medio de la belleza pura, sin preocupaciones moralizantes, políticas o religiosas .
Como ha recordado A. Romero , citando a su vez a Mlle. Chalamet, el P. Manjón no sólo creía que la música gozaba de la capacidad de calmar a los educandos, contribuyendo al mismo tiempo al desarrollo de su sensibilidad, sino que se hallaba convencido de que los niños aman la música, de que éstos cantando son felices y de que ello constituye para los mismos una necesidad tan natural como saltar y correr.
Para alcanzar tal conjunto de finalidades educativas no sólo exigió una capacitación adecuada a sus maestros y maestras en el aspecto musical, aunque fuese en un nivel mínimo, sino que proveyó a sus colonias escolares y a sus responsables de los recursos adecuados para llenar el vacío existente al respecto en el sistema educativo del momento .
Entre las abundantes consultas que recibía el Pedagogo Avemariano respecto a cuestiones metodológicas era frecuente que se hiciese mención a la utilidad del canto como recurso didáctico. Así, en agosto de 1910 y en respuesta a una pregunta realizada por J. Imbernón, efectuará una descripción del uso interdisciplinar que debe hacerse del canto en el contexto general de la metodología de las Escuelas del Ave-María

“Que los discursos están de más y las improvisaciones son difíciles, por lo cual hay que ponerse de acuerdo con los Maestros, estudiar y preparar el diálogo, hacer que los niños actúen y el director sea el tramoyista (dispense la frase), intercalar cantos bien ensayados y poco gritados, traer la doctrina con ocasión de la historia (…) y enlazarla con la vida toda del niño y con las ramas todas de sus conocimientos y los sucesos de su pueblo o país; hay que mover fichas, pero sin alborotos, hay que hacerse niños y enseñar riendo, jugando, historiando, representando y jamás cansando y aburriendo, que es peor que no enseñar”.

Al publicarse en 1916 una nueva edición del Reglamento de las Escuelas del Ave-María aparecido por primera vez en 1908, y tras reflexionar en su introducción sobre las razones que le llevaron a enseñar en contacto con la naturaleza, a enseñar jugando y a poner en práctica una curiosa simbiosis de letras y acciones, afirmará Manjón :

“¿Quién habrá que no guste de la música y el canto, del dibujo y la declamación, del culto y del trabajo, ya en ameno jardín, ya en saludable taller? ¿No es este el ideal de la escuela moderna? ¿Quién habrá que se contente con decir y no hacer?”.

Se trata por tanto de una constante en el pensamiento del P. Manjón. No obstante, se ha de reconocer que tal convicción no se halla expuesta de modo exhaustivo y ordenado en ningún lugar de sus escritos que, tal como han indicado sus principales estudiosos, carecen de una elaboración sistemática que él tampoco pretendió . Será un extenso y heterogéneo conjunto de textos, algunos aún desconocidos -como es el caso de gran parte de su epistolario-, los que nos acerquen de modo suficiente a la percepción de lo que supuso el canto escolar en el pensamiento del pedagogo granadino y en la vida de sus Escuelas.

En estrecha simbiosis con la melodía de cada uno de los cantos usados en el Ave-María se halla el texto, circunstancia que hace inevitable una referencia a un conjunto de premisas necesarias para entender dicha cuestión. Ante todo, no se debe olvidar la importancia concedida en el pensamiento manjoniano a la trilogía didáctica de la Palabra, la Intuición y la Acción ya que, ella, constituye la mejor vía de realización del proyecto educativo consistente en “Educar haciendo y enseñar jugando y deleitando”. Según Manjón, todo buen educador debe manejar tales instrumentos como base indispensable para el desempeño de su labor educativa.
La Palabra aparece como herramienta indispensable que no puede derivar en verbalismo; constituye asimismo un elemento auxiliar del maestro a la vez que aporta buenos cauces de desarrollo entre los cuales destaca el diálogo como uno de los de mayor eficacia.
La Intuición, entendida como la visión o percepción clara de una cosa, se ofrece como vía de gran utilidad para la superación del verbalismo al presentarse las imágenes como un medio idóneo de expresión de la propia realidad.
Del mismo modo, la esencia de la pedagogía manjoniana se haya perfectamente condensada en la Acción puesto que, según creía D. Andrés, la mejor forma de realizar un aprendizaje efectivo es hacer y practicar aquello que se dice, define o sobre lo que se teoriza. La acción es la clave de la educación.

Es claro que en el ámbito de la expresión literaria y musical dicha trilogía juega un papel primordial, especialmente significativo en el terreno del arte musical. La Palabra, la Intuición y la Acción hallan una perfecta aplicación en el ámbito específico del lenguaje musical que usa motivos, frases y períodos. Igualmente, la melodía y la armonía pueden ser entendidas como percepción intuitiva y clara de la realidad. Así pues, cualquier creación musical constituye una auténtica acción basada en el movimiento de la línea melódica y la estructura armónica. Sólo desde tal punto de vista será posible concebir el uso de las canciones, el teatro y la declamación en el Ave-María durante más de un siglo. Palabra, intuición y acción hallan una perfecta aplicación en el ámbito específico del lenguaje musical que usa motivos, frases y períodos.
De la misma forma, la melodía y la armonía pueden ser entendidas como percepción intuitiva y clara de la realidad. Cualquier creación musical constituye una acción basada en el movimiento de la línea melódica y la estructura armónica. Sólo desde tal punto de vista será posible concebir el uso de las canciones, el teatro y la declamación en el Ave-María durante más de un siglo.

En los círculos intelectuales españoles preocupados por la reforma del sistema educativo desde finales del siglo XIX, tanto desde el ámbito de la Institución Libre de Enseñanza como desde el pensamiento manjoniano, se manifiesta una clara preocupación por el cultivo de la oralidad en los procedimientos didácticos propuestos.
En el caso del Fundador de los cármenes escolares del Albayzin dicho interés se verá reforzado por su formación humanística y eclesiástica que concedía especial importancia a la Retórica y la Declamación como disciplinas integrantes del curriculum. Tal bagaje personal determinará y explicará en gran parte, la importancia del recurso poético presente en las canciones y textos incluidos en las obras del educador granadino y de sus colaboradores, al menos, hasta la Ley de Educación de 1970.

D. Andrés Manjón y los maestros de sus escuelas rompen con la tradición silente otorgando a la comunicación oral una importancia inusitada en el proceso educativo confiriéndole un nuevo tratamiento y haciendo uso en el mismo de textos poéticos musicalizados de diversa calidad con la finalidad de lograr sus objetivos educativos.
Reclama también el cultivo de la Prosodia desde la sencillez, la naturalidad y el respeto al educando a la vez que considera necesario aprender a hablar, callar, escuchar y valorar el silencio. De aquí a la valoración y al uso inevitable del recurso poético y musical como una forma más de expresión oral no hay más que un paso.
Del mismo modo, en esta tradición pedagógica se elabora todo un itinerario desde las primeras letras hasta los niveles más complicados, apoyándose para ello, en materiales concebidos por el mismo Fundador . En este terreno concreto el material más afín a la realidad del canto del que se conserva referencia será una obrita teatral de un acto realizada por su amigo y colaborador M. Medina Olmos titulada: “Las cinco vocales. Quisicosa en un acto para párvulos” .
Por lo que respecta al desarrollo del aprendizaje lector, y para lograr una lectura expresiva y comprensiva, se proponen unos materiales entre los cuales no ha sido fácil distinguir el número exacto de textos musicalizados .
En general, en vida del P. Manjón, no existió en el Ave-María, a excepción del “Silabario”, ningún libro específico y normativo de promoción de la lectura. Ello nos lleva a pensar que los maestros y maestras pudieron usar multitud de textos, incluidos los de carácter musical que hoy es difícil, por no decir imposible, conocer. Lo que sí puede ser rubricado es que el Fundador se inclinó con frecuencia por el uso de textos históricos y biográficos junto con la prensa. No obstante él mismo indica en varias ocasiones que la lectura debe culminar en la declamación y la recitación, circunstancia que lleva a pensar en un uso frecuente de textos musicalizados .
Finalmente, y en lo referido a la enseñanza de la Gramática, la Ortografía y la Caligrafía, se ha de constatar el uso frecuente de textos poéticos musicalizados con la finalidad de retener información relativa a los diversos elementos conceptuales y procedimentales de dichas áreas.

3. Algunas conclusiones finales


Un examen del conjunto del pensamiento educativo de A. Manjón y de las composiciones musicales usadas en la institución avemariana permitirá descubrir en ella la existencia de un creativo y auténtico espíritu regeneracionista puesto al servicio de una causa justa y digna de los mejores esfuerzos. Analizado el uso que durante más de un siglo se ha venido haciendo en las Escuelas y en el Seminario de Maestros del Ave-María del extenso repertorio de cantos escolares y de las técnicas didácticas asociadas a los mismos se pueden ofrecer desde estas páginas algunas conclusiones.
En primer lugar se ha puesto en evidencia la existencia de una filosofía propia en todas las creaciones manjonianas, exponente del arquetipo de persona y educador allí establecido y de las finalidades educativas latentes en el conjunto de su proyecto.
Asimismo, ha sido posible constatar cómo la propuesta pedagógica de Manjón aflora como alternativa con personalidad propia en un convulso contexto en que se abren paso otras iniciativas regeneracionistas coincidentes en la superficie en algunas de sus formas pero muy divergentes en cuanto a su fundamentación ideológica. Muchos cayeron en la cuenta, al igual que A. Manjón, de las posibilidades regeneracionistas que poseía el canto escolar como recurso didáctico y educativo, viéndose en él una magnífica vía de estimulación de las emociones nacionalistas, patrióticas y religiosas y un instrumento óptimo para la educación y exaltación de los sentimientos y de la dimensión estética y artística.

Desde tal convencimiento se alzarán múltiples e insistentes voces en demanda de la introducción de una auténtica educación musical en el curriculum de la formación inicial de los maestros que, en general, obtuvieron escaso éxito siendo una excepción los centros manjonianos. En este sentido se debe recordar cómo, desde 1905, la educación musical fue una disciplina ordinaria en el programa de estudios del Seminario de Maestros del Ave-María .
Dicha cuestión no deja de llamar la atención, sobre todo, si se recuerda que a pesar del interés suscitado por la práctica del canto, ni la administración educativa ni los propios docentes sintieron la necesidad de formar especialistas quizá porque carecían de estrategias didácticas específicas para su enseñanza. En ello también sería un pionero A. Manjón pues ya desde los primeros años de existencia de sus Escuelas existe en ellas un fuerte interés y un permanente cultivo del arte musical como recurso didáctico, tanto en su vertiente vocal como instrumental. Igualmente se cayó en la cuenta de la importancia del canto como medio de educación física y moral .

Como contrapartida, y estableciendo un claro rechazo ante cualquier posibilidad de admitir una función educativa y moralizadora del canto, se levantarán voces en defensa del mismo como puro placer estético. Según tal premisa, la finalidad del canto escolar consistirá únicamente en despertar y conmover el sentimiento artístico por medio de la belleza pura, iniciando así a los alumnos en futuras emociones estéticas y artísticas. Desde tal perspectiva los objetivos fueron amplios ya que, sobrepasando la mera práctica del canto, se pretendía abordar aspectos instrumentales y estéticos más ambiciosos.
A pesar de que A. Manjón no ofrezca un método propio sobre la enseñanza del arte, se puede afirmar que consideraba la educación estética y artística elemento esencial para alcanzar una educación integral. Asimismo, de su pensamiento educativo se deriva la convicción de que el arte constituye una manifestación espontánea de la vida espiritual del hombre resultando imposible a cualquier educador eludir tal dimensión en su vida profesional.

Por tanto, la música y el canto aportan una contribución primordial en orden al desarrollo de la sensibilidad estética generando en el educando emociones nobles y elevadas que le conducen hasta la experiencia de lo “bello” y lo “bueno”. Como consecuencia, en el Ave-María se hallará presente esta visión educativa desde sus inicios arbitrándose para ello recursos, medios y personas. En este sentido, el canto se practicará como un recurso didáctico de primer orden que, aprovechando una tendencia natural en la infancia, pretende implementar en el educando todas las áreas de conocimiento .
AsÍ pues, el canto emergerá en el pensamiento manjoniano como un recurso habitual y apto para despertar y desarrollar sentimientos religiosos y patrióticos y, al mismo tiempo, como instrumento idóneo de regeneración desde el ámbito escolar . Asimismo, el canto y la recitación de textos poéticos aparecen como instrumento eficiente para garantizar el orden y la disciplina en el aula a la vez que como elemento socializador capaz de mejorar las actividades escolares.
Aplicando al ámbito musical algunas afirmaciones realizadas en otro lugar a propósito de la dimensión lúdica y festiva de las Escuelas del Ave-María se podrían formalizar las siguientes aseveraciones respecto a la práctica musical en general y, en particular, sobre la práctica del canto escolar :

a. Los protagonistas del canto son siempre los niños y las niñas.
b. El objetivo de estas melodías consiste en fijar en la mente contenidos y valores de modo lúdico y festivo, suscitando así la alegría de aprender y contribuyendo a buen orden de la práctica docente.
c. La música aumenta la motivación a la vez que provoca una afirmación de la Identidad y el desarrollo de la comunidad escolar.
d. Constituye asimismo el canto un medio de propaganda y conocimiento de la Institución estableciendo una vía de apertura entre las Escuelas y la realidad circundante.
e. La práctica del canto plantea la posibilidad de participar en proyectos vivenciales conjuntos, más allá de los puramente curriculares.
f. Estos cantos constituyen por su contenido una expresión de coherencia interna con el mundo de valores propuesto por Manjón.
g. Aunque algunos de esos valores hoy parezcan desfasados, deben entenderse a partir de un contexto histórico muy determinado y desde la coherencia y el grado de identificación que los ciudadanos de cada época mantienen con su propio entorno vital.
h. La música y el carácter lúdico constituyó una señal de identidad de las Escuelas del Ave-María durante muchos años.

El Fundador del Ave-María obró en todo momento como un educador creativo y reflexivo que no cejó en el empeño de transformar las circunstancias que le rodearon de forma original. Su actitud no fue la de engrosar el coro de los lamentos, tan nutrido en su época como en la nuestra. Como se ha afirmado recientemente, Manjón no se limitó a soportar la historia, hizo historia, poniendo todo su empeño en una tarea aún no concluida, sirviéndose para ello tanto de elevados principios como de sencillos recursos como el canto .
Miles de alumnos y alumnas aprendieron los rudimentos de la lengua, la geografía, las matemáticas, la religión o la educación física cantando en las Escuelas del Ave-María, y ello constituye un valor que no puede ser olvidado en una etapa histórica caracterizada por la creciente existencia de altos índices de fracaso escolar y problematización gradual del ámbito educativo como el que nos ha tocado vivir en estas últimas décadas.
Reivindicar la alegría y la dimensión lúdica de la Escuela, a la vez que su eficacia, constituye un imperativo que no puede soslayarse. Cantar, reír, jugar; pero, al mismo tiempo, aprender, crecer y madurar. He ahí el reto de nuestro tiempo. ¿Será una utopía tal planteamiento? Sea el tiempo y los estudios futuros quienes diluciden los términos de este problema que aquí sólo apuntamos.


4. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS



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Autor:

Andrés Palma Valenzuela





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