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Anorexia parte 1 - Monografía



 
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LA ANOREXIA NO ES MODERNA


Introducción



La anorexia nerviosa se constituye como una de las enfermedades llamadas “de fin de siglo”. Aunque se ha hecho notar hace más de cien años, recién en las últimas décadas ha recibido mayor atención y preocupación, debido en parte al aumento de conocimiento público y al evidente aumento de su incidencia, sobre todo en los países occidentales u occidentalizados (Sue, 1996).
Diversas causas para este fenómeno han sido propuestas por el psicoanálisis, la psicología cognitiva y el conductismo, todos ellos con perspectivas de causalidad lineal ( Sarason y Sarason, 1996). El paradigma sistémico, en su aplicación a la terapia y tratamiento psicológico, enfoca el fenómeno “anorexia” enmarcándolo en pautas de comportamiento más amplias que involucren incluso a otras personas.
En el presente trabajo se revisan algunas de las implicancias de concebir la anorexia como un fenómeno sistémico. Con este propósito, es que en primer lugar se integrará y enmarcará la definición de anorexia nerviosa en el contexto del paradigma sistémico, describiendo algunas “características de personalidad” de las personas diagnosticadas como anoréxicas, las posibles consecuencias que produce en su entorno y otros factores relacionados. En segundo lugar, se expondrá el caso de una persona diagnosticada con anorexia, detallando algunos aspectos de su diario de vida. Luego, en la reflexión, se discutirá acerca de los posibles alcances y limitaciones que implica el concebir la anorexia desde una perspectiva sistémica, distinguiendo las principales ventajas y desventajas. En la última parte del informe se exponen las principales conclusiones extraídas de la integración realizada en el marco conceptual y actividad práctica.

¿QUÉ ES UN TRASTORNO ALIMENTARIO?



En las breves historias de Ana y Luisa hemos podido acercarnos a dos trastornos alimentarios muy distintos pero a la vez, complementarios, la anorexia y la bulimia. El término trastorno alimentario se refiere en general a trastornos psicológicos que comportan graves anormalidades en el comportamiento de ingesta; es decir, la base y fundamento de dichos trastornos se halla en la alteración psicológica. Entre ellos, los más conocidos son: la anorexia nerviosa y la bulimia. Se trata de trastornos graves que afectan a las mujeres mucho más que a los hombres y en preferencia en la etapa adolescente o pre-adulta. Suelen asociarse con psicopatología grave e interfieren en el funcionamiento normal de la vida social, de trabajo y de estudio. Deberíamos hacer hincapié en la distorsión que representan en el desarrollo personal de las jóvenes. La necesidad de dedicar todos los esfuerzos a la pérdida de peso aísla, crea dificultades, entorpece la adquisición de otros aprendizajes necesarios e interfiere, causando mucho malestar, en el desarrollo de la propia vida.

La siguiente es una lista de alteraciones orgánicas que pueden quedar en forma permanente como consecuencia de un trastorno alimentario severo.
Las secuelas son tanto más frecuentes cuanto mayor ha sido el tiempo de evolución de la enfermedad.
Lamentablemente se ha comprobado que la tasa de mortalidad se incrementa ostensiblemente luego de transcurridos cinco años de enfermedad, siendo infrecuente en las etapas iniciales; de ahí la importancia de la detección precoz de estos trastornos para no demorar el tratamiento.

MANIFESTACIONES TÍPICAS


- Uso de laxantes y/o diuréticos.
- Hacer ejercicio físico para perder peso.
- Vomitar.
- Presencia de atracones en las últimas semanas.
- Falta de los tres últimos ciclos menstruales.
- Perdida de aproximadamente 5 Kg de peso, en 6 meses.
- Intenso miedo al aumento de peso.
- Verse grueso a pesar de estar en un peso normal (o sobrevalorar determinadas partes del cuerpo).
- Preocupación excesiva y/o frecuente por el cuerpo o la silueta.
- Se pesa con demasiada frecuencia.
- Excesivo interés en la publicidad sobre productos adelgazantes. Cambio del estado de ánimo o del carácter (depresión, irritabilidad,…).
- Ultimamente se ha alejado de sus amigos y/o familiares.
- Evita ir a lugares públicos donde haya que comer.
- Excesivo interés por todo lo relacionado con el mundo de la moda y las modelos o bailarinas de ballet.

Según el DSM-IV, manual diagnóstico de trastornos mentales, estamos ante un cuadro de anorexia nerviosa cuando hay:
- Rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor mínimo normal que corresponde por edad y por talla
- Miedo intenso a ganar peso
- Alteración de la percepción del peso o la silueta corporal, exageración de su importancia en la autoevaluación o negación del peligro que comporta el bajo peso corporal
- En las mujeres, presencia de amenorrea

CAUSAS



La causa es desconocida, aún cuando muchas veces sigue un patrón familiar, afectando en proporción 20 a 1 o más mujeres que a los hombres.

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La moda, una de las principales causas de la anorexia

 ¿CÓMO SABER SI MI HIJA LA PADECE?



Generalmente se trata de adolescentes quienes comienzan con esfuerzos - moderados, para perder peso por temor a la obesidad y muy preocupadas por estar delgadas. Muchas veces se sienten aún gordas, a pesar de que están muy delgadas. Hay dos formas de dietas que pueden seguir:
tipo ayuno o abstención.
tipo bulimia (en la cual comen y después se inducen el vómito), muchas veces en combinación con laxantes y diuréticos.


¿QUÉ CONSECUENCIAS PUEDE TENER?



En los pacientes jóvenes puede conllevar a riesgo en retardo del crecimiento, hiperactividad, ejercitarse compulsivamente, falta de menstruación.

¿CÓMO SE TRATA?


Este problema requiere un enfoque multidisciplinario, que consiste en un programa de dieta y terapia familiar; buscando restablecer las funciones normales del cuerpo, el peso y los patrones de alimentación.
Dependiendo de la severidad del caso, puede requerir hospitalización y tratamientos con antidepresivos y estimulantes de apetito.

CÓMO DEFENDERNOS


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La televisión, el cine, las revistas, la publicidad, tienden a identificar éxito, belleza y aceptación social con cuerpos delgados e inducen a muchos adolescentes con problemas de inseguridad o confianza a obsesionarse por conseguir ese cuerpo escuálido que se nos vende como modelo de perfección.
En los países desarrollados, el 80% de las mujeres ha estado alguna vez a dieta; y es que en la sociedad moderna continuamente nos están bombardeando con la idea de que la delgadez es moda; que con un cuerpo esbelto obtendremos éxito.
No hay que olvidar que mantenerse en forma combinando deporte con una dieta sana y equilibrada es incluso beneficioso, pero lo que debemos impedir es que la delgadez se convierta en una obsesión que nos lleve a enfermar, o a la anorexia o a la bulimia.
Las claves para prevenir estas enfermedades son:
Que la publicidad y el estereotipo que se nos propone no menoscabe la seguridad en nosotros mismos.
Consultar con un especialista antes de iniciar una dieta; sobre todo si se está en fase de crecimiento.
Acudir al médico en cuanto se empiece a detectar una pérdida desproporcionada de peso.
Solicitar ayuda psicológica para el enfermo y la familia.
Comiendo sano y haciendo ejercicio de forma adecuada, permitirás a tu cuerpo mantenerse en el peso que necesita.
Aprender a gustarte tal y como eres te ayudará a aceptar tu “peso natural”.
Y lográramos llegar a aceptarnos como somos los unos a los otros todo el mundo sería más feliz, salvo la industria dietética que perdería todo un negocio de miles de millones de pesetas

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SECUELAS.



Secuelas cardiovasculares:



-   Arritmias:

extra-sístoles supraventriculares y ventriculares - bloqueos de ramas H. de Hiss - bradicardia

- Disminución del tamaño cardíaco:

corazón “en gota”

- Prolapso de válvula mitral:

según el grado de severidad, es una de las causas principales de muerte súbita, junto con las arritmias producidas por otros mecanismos
- Hipotensión
- Extremidades frías
- Cierto grado de insuficiencia cardíaca

Secuelas endocrinológicas:



-  Ovarios poliquísticos: esterilidad - acné severo - incremento del vello - alopecia - androgenización
- Osteoporosis (disminución de la densidad ósea): tendencia a las fracturas patológicas
- Déficit de hormonas tiroideas, con la consecuente disminución del metabolismo basal
- Trastornos en la regulación de la producción de insulina: curvas anormales de tolerancia a la glucosa

Secuelas dermatológicas:



- Alopecia (caída del cabello): miniaturización de los folículos pilosos, cabello fino, ralo y quebradizo
- Acné tardío
- Piel pálido-amarillenta y seca, con tendencia a la ruptura de vasos capilares (”arañitas”)

Secuelas digestivas:



- Síndrome de malabsorción por “intestino liso”: hay una gran disminución en la superficie absortiva intestinal lo que conlleva fundamentalmente a déficits minerales (hierro, calcio, magnesio y zinc) y polivitamínicos
- Alteraciones en el ritmo evacuatorio: diarrea - constipación
- Reflujo gastroesofágico: debido a alteración permanente del esfínter esofágico inferior provocada por los reiterados vómitos autoinducidos
- Úlcera gastroduodenal - gastritis crónica

Secuelas hematológicas:



-  Déficit de leucocitos (glóbulos blancos), lo que determina mayor propensión a las infecciones. Muchos pacientes presentan alteraciones inmunológicas similares a las del SIDA
- Anemia difícil de revertir, con tendencia a la cronificación
- Trastornos en la coagulación sanguínea: déficit de plaquetas

Secuelas nerviosas:



-    - Anomalías electroencefalográficas
- Atrofia de determinadas áreas cerebrales a expensas de dilatación ventricular: afortunadamente suele ser reversible con la recuperación nutricional
- Psicosis

Secuelas psiquiátricas:



-    En muchas ocasiones le es difícil al médico psiquiatra efectuar un diagnóstico preciso, puesto que suele haber superposición de signos y síntomas característicos de diversas enfermedades psiquiátricas.
La sintomatología varía en función de la estructura de personalidad y la predisposición genética de cada paciente.
Los trastornos psiquiátricos que con mayor frecuencia se hallan son:
- Trastornos de ansiedad diversos: ansiedad generalizada, trastorno de pánico, fobia social, etc.
- Trastornos afectivos: depresión mayor, trastorno bipolar (alternancia de depresión y manía), trastornos esquizoafectivos, neurosis depresiva
- Trastorno obsesivo-compulsivo (T.O.C.)
- Trastornos psicosomáticos: hipocondría (preocupación y temor a padecer una enfermedad grave) y trastorno de somatización (el paciente “utiliza” múltiples molestias corporales como medio de liberar las tensiones internas)
- Psicosis diversas (esquizofrenia en sus diversas formas, pero sólo en la persona con predisposición heredofamiliar)
- Insomnio y otros trastornos del sueño
- Alteraciones del ritmo circadiano
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 CASOS.


MI HISTORIA



Mi problema empezó con tres de las que yo creía mis amigas. Yo nunca he estado gorda, pero estas 3 amigas al principio eran muy buenas. Al ir pasando el tiempo me empezaron a decir que tenia el culo muy gordo, que me estaba saliendo barriga.. Yo pasaba de todo, pero al decírmelo tantas veces me  lo acabe creyendo. Ya no solo me lo decían ellas, toda mi clase me lo decía. Empecé a dejar de almorzar, yo el dinero del almuerzo lo guardaba por si tenia que comprar algún regalo o algo. Poco a poco la gente me decía que me estaba poniendo muy bien, que qué hacia para estar así. A mí me gustaba que me dijeran eso, pero me miraba en el espejo y me seguía viendo gorda. Deje de merendar y cenar solo cenaba un yogur. Mis amigas me decían que me estaba quedando muy delgada y yo les decía “NO; QUE ESTOY GORDA”. Al verme así me obligaban a comprar el almuerzo y a comérmelo, pero cuando entrábamos en clase yo pedía permiso para salir al aseo y me provocaba el vomito. En mi casa mi madre empezó a preocuparse porque estaba muy delgada. Un día al entrar a clase pedí permiso para ir al aseo, cuando vomite entró una profesora. Me pregunto si había vomitado, le dije que me había sentado mal el almuerzo y me contesto, “NO ME LO CREO”, me pregunto si me había metido los dedos y le dije que no y me señalo la mano y cuando la mire la tenia manchada. Me llevo a clase, le explico al profesor lo que había pasado y fuimos al despacho del director y llamaron a mis padres. Me llevaron al medico y me dijo que con 13 años era horrible ver el problema que yo tenia. Me vigilaban a todas horas y en todos los lados, pero yo me las apañaba para vomitar. Almorzaba y antes de entrar a clase iba, vomitaba; en casa comía y mi madre se iba enseguida a trabajar, vomitaba; no, merendaba, cogía el pan y lo tiraba y cenar un yogur y un vaso de zumo. Llego un día que al entrar del recreo me maree y caí al suelo, me desperté en el hospital. Los médicos me dijeron que o empezaba a comer o iba al agujero, que tenia el estomago a punto de cerrarse. Esa noche mi hermano se quedó conmigo y llorando me dijo que no fuera tonta, que hasta sus amigos le decían que yo estaba muy bien. Por la mañana cuando desperté me quede alucinada, habian ido a verme todos los amigos de mi hermano. Me hablaron, mas de uno llorando me decía que si yo me moría yo ya no lo pasaría mal, pero ellos si. A partir de ahí empece a comer y gane bastante peso. Hasta que un día en clase el típico graciosillo me dijo “ESPE, TE ESTAS PONIENDO GORDA OTRA VEZ” y todos como borregos le daban la razón, se burlaban de mí, y otra vez deje de comer. Pero esta vez contaba  con el apoyo de dos personas muy especiales para mí. Llegué a pesar 29 kilos, estaba esquelética. Dos amigos fueron a mi casa y me dijeron entre muchas cosas que yo estaba muy bien, que no necesitaba perder peso, que todo me lo decían por envidia. Entre todos mis verdaderos amigos y  mi familia me ayudaron a salir de la anorexia.
Han pasado casi 3 años de aquello, pero aun hay algo de mí que me dice que volveré a caer y esta vez, si caigo no volveré a salir.
Ahora tengo un novio estupendo, unas amigas que me quieren tal y como soy, los amigos de mi hermano siempre están pendientes de mí. Ahora tengo 16 años, peso 50k y mido 1′56 mas o menos. Pienso que esta muy bien.
Ojalá que nadie pase por donde yo pase.

2-  Bueno pues resulta, que en la primaria yo era muy gordita, y pues todos en mi casa e inclusive en la escuela me criticaban mucho, y la verdad a mí me afectaba mucho porque es la época del cambio, cuando te empiezan a gustar los niños y todo eso, pero no lo tomé muy en cuenta hasta que entre a la secundaria, y pues los chicos me decían GORDA, PANDA y un sin fin de sobrenombres, así que de la angustia de que me lo decían tanto, me daba por comer cada vez mas y más, pero cuando reaccionaba de cuanto me había comido, pues corría al baño a vomitar.
Pero nadie en mi casa se daba cuenta de eso, después se me ocurrió la “maravillosa” idea de ponerme a dieta para regresar al siguiente año super bien, y pues para ser super sincera cuando me lo propuse pesaba 70 Kg, y con la dieta que hice en 2 meses llegué a pesar 49 Kg., el caso es que comía super poquito, pero solo en la mañana porque según yo con eso tenia mas que suficiente, antes de llegar a mi casa, compraba cualquier cosa de comer para decir que ya había comido, pero pues cuando llegaba a mi casa nunca había nadie, ya que mis papas trabajan y mis hermanos se iban con sus amigos o novias.
Todo estuvo perfecto, yo pensaba que era la mejor de la escuela y todo eso, pero después me veía en los espejos y yo me seguía viendo igual de gorda así que deje de comer ese poquito que comía antes y me dedique solo a tomar Coca-Cola. Pues desde ese entonces empecé a tener muchísimos problemas, no podía respirar bien, me cansaba, todo el día tenia sueño, no tenía ánimos, ya no salía con mis amigas y lo pero de todo fue cuando me dio un PARO RESPIRATORIO en la escuela, me llevaron de urgencia al hospital y estuve internada con un montón de aparatos.
Cuando salí mis papas decidieron llevarme a un centro de rehabilitación en el cual los primeros 2 meses estas en observación, no puedes ir al baño sola, tienes que comer lo que te dan, en tu cuarto solo tienes lo esencial, y todas esas cosas. Y todos los días te pesan para saber si has subido algo, yo tuve un problema fuerte con mi metabolismo, y lo único que pude subir fue a 50 Kg y estoy 6 kilos abajo de mi peso, todavía sigo en terapias con una psicóloga y espero rehabilitarme pronto porque es una enfermedad que te trae muchos problemas. El soplo que tengo en el corazón, que además esta muy debilitado y si seguía con eso me podía dar un Paro Cardiaco.”

Por Amanda Gardner
Reportera de HealthDayNews


Lunes, 24 febrero (HealthDayNews) — Cuando Jenny tenía 14 años, ofreció acompañar a su madre en una dieta para cuaresma. Cuando la cuaresma terminó, Jenny se mantuvo haciendo dieta.
La enfermedad vino con una velocidad alarmante. La adolescente de Denver de 5 pies (1.5 m) ingería sólo lechuga y requesón y tomaba únicamente soda de dieta. Su peso se redujo drásticamente a 90 libras (41 Kg). Perdió interés en su amado caballo y se retiró de otras actividades. Dentro de dos meses, estuvo hospitalizada por primera vez, y comenzó un diario, en el cual escribió:
Hoy pesé 79 3/8 libras (35.9 Kg). Estoy hecha una cerdo.
Con esta declaración, Jenny, la del medio de cinco hermanos y recién graduada de su escuela superior, entró en el mundo tenebroso de la anorexia nerviosa, un trastorno psiquiátrico que afecta de uno a dos por ciento de las niñas y mujeres jóvenes, que las hace tornarse obsesivas con hacer dieta y perder peso. En el mundo de Jenny, esto significaba pasar hambre, vomitar y entrar en un programa de ejercicios interminables, a veces correr bicicleta 30 millas (48.2 Km.) al día.
Durante 11 años, luchó contra la enfermedad, forzada a enterrar su pasado en severas sesiones de psicoterapia, entrando y saliendo de institutos de tratamientos, tomando medicamentos, recibiendo tratamiento por electroshock, intentando suicidarse. Fue hospitalizada 12 veces y pasó meses en ocho instituciones psiquiátricas.
Estoy aterrada de matarme, especialmente cuando me rindo y como. Mi cuerpo está en un estado de “shock” horrible, y no sé como puedo controlarme y dejar de destruirme.
A través de todo esto, Jenny lidió con doctores quienes la acusaban de que rehusaba deliberadamente a recuperarse. Algunos se frustraron tanto que decidieron renunciar a su caso. Incluso hubo un intento de exorcismo y se habló de confinarla en un hospital psiquiátrico.
En 1989, Jenny murió a la edad de 25. Pesaba 45 libras (20.4 Kg) y había sufrido en diferentes ocasiones de osteoporosis, falla renal, depresión y pérdida de visión.
En toda su lucha, Jenny mantuvo este diario. Ahora, 13 años luego de su muerte, algunos de sus datos se han publicado como “Slim to None: A Journey through the Wasteland of Anorexia Treatment”, que se clasifica como el “primer diario publicado de una anoréxica no sobreviviente”. La publicación del libro coincide con la Semana de Concienciación de los Trastornos Alimentarios.
El padre de Jenny, Graydon “Dee” Hubbard, un contador retirado que vive en Steamboat Spring, Colorado; seleccionó 707 páginas del diario de Jenny, añadiendo a veces sus propios datos para hacer que la narrativa fuera más clara. También ha elegido utilizar el seudónimo Hendricks para el apellido de Jenny, utilizó Gordon Hendricks para su nombre, y cambió los nombre reales de la mayoría de las otras personas de quienes habla en el libro.
La causa o causas de la inexorable enfermedad nunca se descubrieron. Aunque se diagnosticó de forma variada con anorexia nerviosa, estrés postraumático, depresión, trastorno de personalidad compulsiva, nadie descubrió la raíz de la pesadilla de Jenny. Pero la conciencia de su agonía estaba clara.
Peso menos de lo que había documentado (66) y debo estar muy enferma. Estoy débil y probablemente un poco loca a causa de pasar hambre.
Muchos de los profesionales que trataron a Jenny le achacaban la responsabilidad, comentó su padre. “Creo que la mayoría de los tratamientos se basaban en la convicción de que la enfermedad era una selección” comentó Hubbard. “Creo que muchos de sus recuerdos problemáticos fueron el producto de un profesional muy poderoso que insistía que produjera algo”.
Estoy aquí para resolver esto. En mi cuarto año con esta enfermedad y he pasado la bazofia compulsiva inicial. He pasado por los vómitos, los laxantes. No intento hacer esto nuevamente. Tengo que dar a mi cuerpo la oportunidad completa que merece. Varios doctores y terapeutas la forzaron a vadear por la relación padre-hija, relación hija madre, especularon que tenía un complejo de Edipo e incluso propusieron la idea de que había sido abusada cuando niña. Se dijo a la madre de Jenny que la esquivara y al padre que cancelara su seguro (lo que él rechazó).
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El cuidado hospitalario a tiempo completo fue igual de ineficaz, aunque otras estrategias funcionaron durante algún tiempo. El litio ayudó brevemente, como lo hicieron los inhibidores de cortisol y la terapia electroconvulsiva. Pero no se pudo sostener ninguno de los mismos. Una mujer joven quien había tenido un trastorno alimentario se hizo amiga de Jenny y esto pareció proveer alivio, hasta que intentó ejecutar un exorcismo.
Completamente sin esperanza. No me importa si me muero de hambre porque estoy escéptica de que mejorarme va a hacerme algún bien. No puedo profundizar en ir a casa nuevamente, mucho menos en ser independiente.
El tratamiento ha experimentado mucho desde esos días, indicó Craig Johnson, presidente de la Asociación Nacional de Trastornos Alimentarios y director del programa de trastornos alimentarios en el Laureate Psychiatric Hospital en Tulsa Oklahoma. Los medicamentos disponibles ahora son mucho más avanzados, y el tratamiento como un todo procede más lentamente de manera que no abrume al paciente, añadió.
“Aunque es una enfermedad muy difícil, hasta 75 por ciento de los pacientes que desarrollan anorexia y bulimia [un trastorno relacionado que conlleva ingestión exagerada y vómitos], se recuperan completamente de la enfermedad”, indicó Johnson.
Aún así, la condición tiene el porcentaje más alto de muerte de todos los trastornos psiquiátricos, de acuerdo con la Asociación Nacional de Trastornos Alimentarios. Hasta 20 por ciento de los anoréxicos mueren de hambre.
No creo que nada pueda ayudarme. Estoy más allá del cuidado, tan sola y sin esperanza. Me siento culpable de comer media naranja y salvado y un poco de lechuga en la cena. Quiero sacarla de mí. ESTOY MUERTA POR DENTRO.
En la primavera de 1989, Jenny pesaba 52 libras, estaba casi ciega y no podía caminar por sí misma. Le pidió a su padre que leyera sus diarios y publicara su historia, y luego recibió la extremaunción.
“Teníamos esta clase de pacto de no-intervención”, indicó Hubbard de su decisión. “Estaba convencido de que nadie podía ayudar a Jenny”.
Pero tuvo una leve recuperación, y terminó en una institución de tratamiento residencial que, según su padre, le renovó la esperanza. El Cuidado Comunitario fue localizado un hogar convertido en un área residencial del sur de Denver y no se suscribió a los programas fuertemente regimentados por los que Jenny previamente había pasado. El personal no trató de controlar el peso o la comida y había un énfasis en realizar las cosas fuera del hogar.
En última instancia, sin embargo, el Cuidado Comunitario vino demasiado tarde.

3- Paola

tiene tez trigueña, cabello negro con rasgos de su otrora esplendor, ojos inexpresivos, pesa 40 kilos, mide 1.75 metros y está en una etapa aguda de anorexia. Come todo el día piña y cuando acaba se siente tan mal que se toma hasta tres litros de agua. Paola tiene 15 años
A pesar de su debilidad ella hace todo lo posible por controlar a sus padres, con quienes vive en una ciudadela apartada. Al salir a mercar ella sólo quiere que compren cosas baratas y nos les deja traer el número de abarrotes suficientes para la semana. Paola se preocupa por la crisis económica del país, teme mucho por el capital económico de sus padres y por la forma en que estos trabajan. Las peleas entre sus padres y ella son terribles. Paola no teme que la vean delgada, no le importa que sus huesos se marquen de manera impresionante y la gente siempre se la quede mirando.
Después de cuatro años de sufrimiento intenso por su trastorno tiene problemas con las directivas de su colegio por su inocultable enfermedad. En el colegio culpabilizan a sus padres y les recriminan diciendo que la niña podría ser mal ejemplo para sus compañeras. También les advierten que no se responsabilizarán si a la niña le pasa algo en el colegio. Paola estudia en un colegio de prestigio donde el índice de afectadas por trastornos alimentarios tiene preocupada a la Asociación de Padres de Familia. A pesar de todo Paola consiguió que la emplearan en vacaciones para ayudar en algo a sus padres con la carga económica. Se la pasa todo el día en su trabajo y al regresar a casa le dice a su madre que en el colegio ella ‘comió’.
Dos meses después de que Paola empezó a trabajar sus padres encontraron a una psicóloga joven que ha leído mucho sobre el tema de los trastornos de la alimentación. Se lleva bien con la niña y ha empezado a mostrar síntomas de mejoría.

4- Camila

es morena, luce corto su cabello castaño, pesa 55 kilos, mide 1.65 metros y desde hace 1 año que su lucha contra la Anorexia y la Bulimia comenzó a dar frutos.
“Yo no salía de mi casa ni a rumbear ni nada, yo era juiciosa. De pronto era muy inestable pero mira, tenía un novio de 4 años y medio. Yo me decía, “bueno yo estoy con mi novio, después de todo él me quiere y ya, me voy a casar con él y yo no tengo la posibilidad de mirar a otra persona”, pero de todas maneras a mí si me había entrado como un complejo de gordura. Yo me quería poner algo de ropa y mi familia me decía “no, no se ponga eso que usted es gorda!”.
En el colegio le decían a uno cosas, uno pasaba cerca de un grupo y decían duro “Uy, empezó a temblar, o gorda maletuda… todas esas cosas a uno le van afectando. Una vez un tío me dijo “Usted tiene que adelgazar porque así nunca va a poder cambiar de novio, nunca nadie más se va a fijar en usted”, todas esas cosas a uno lo van afectando, que la gente le empiece a toda hora a decir “vea como está de gorda!”. Ahora creo que lo que verdaderamente me impulsó fue la ruptura con mi novio con el que duré 4 años y medio. Él me cambió por una sardina toda flaquita, delgadisima!, entonces yo me metí en la cabeza que él me había cambiado por ella era porque yo estaba gorda.
Mi novio nunca me trataba mal pero sí me trataba de insinuar que me cuidara, que hiciera dieta, aunque él veía otras cosas en mí más que mi cuerpo. Yo había ido donde una nutricionista, dietista, había hecho de todo y nada me servía, hasta que una pelada de la U me contó que ella tomaba Dualit. Recuerdo que ese día yo me prometí que costara lo que costara tendría que adelgazar, entonces compré la pesa, el metro y las pastillas en San Andresito y empecé. Cuando acabé el primer frasco las conseguí en “La 14″.
Me empecé a volver una hormiguita, hacía aseo en mi casa todo el tiempo, ejercicio hasta de noche. Una vez los vigilantes me regañaron pues estaba patinando a las cuatro de la mañana. Así empecé a rebajar en vacaciones de la U. Mi mamá estaba aterrada con mi perdida de peso y yo le dije que estaba haciendo una dieta. Mi familia se alegró pues muchas veces me habían regañado por parecer “una marrana”. Estaba pesando 88 u 89 kilos y yo mido 1.57.
La primera semana recuerdo que bajé como 4 kilos por lo que cogí la rutina de pesarme todos los domingos. En el baño tenía pegado un papelito con todas las fechas y las medidas anotadas de busto, caderas y cintura. Al otro domingo me di cuenta que había empezado a bajar, yo me sentía como más holgada, yo me decía que estaba bien aunque sentía que esas pastillas me daban como mucha hiperactividad, una sensación que yo nunca antes había sentido. Yo quería estar siempre en la actividad física y no me daba nada de hambre, de un momento a otro dejé de comer y me daba muchísima sed.
Me compré ropa que nunca había podido usar, antes siempre usaba jeans negros y camisetas anchas y el pelo largo. Me lo corté. Mi mamá me pagó unas sesiones de gimnasia pasiva para reafirmar lo flácido y cuando llegué a la Universidad después de vacaciones nadie me reconoció. Los que nunca me miraban me decían que estaba linda, me invitaban a las fiestas que nunca me habían invitado. Fue terrible para mí darme cuenta de la forma en que la gente aquí ama la belleza física antes que cualquier otra cualidad.
Un día cuando andaba por la calle me encontré a mi ex-novio que no me reconoció y me tiró piropos, eso fue lo peor. No podía dejar de tomar las Dualit, me creó dependencia, quería enloquecer. Fui al psicólogo de la U. y le conté que odiaba a los hombres por que siempre querían que uno fuera perfecta, él me preguntó que si yo era lesbiana. No volví, no comprendía mi dolor interior.
De tanto tomar Dualit estaba hiperactiva, ya llevaba dos meses de hambre crónica, ejercicio compulsivo y esclavitud al metro, la báscula y a las calorías. De repente salí a caminar en una de mis acostumbradas jornadas de quemar calorías como sea, pasaba por un parque cerca a mi casa y me desmayé… luego despierto en una clínica, ¿dónde están mis padres? Le pregunto a una enfermera, me siento mareada y creo que me han dopado, ella responde ‘usted tiene que estar aquí hasta cuando supere esa adicción’, ellos vendrán por usted cuando la demos de alta’. Nunca he podido olvidar lo que soporté allí, ese dolor aún me acompaña.
Pasé tres meses allí junto con personas adictas a las drogas cuando mi problema estaba en el alma. Me di cuenta que ese lugar estaba cerca al Saladito pues era frío y lo comprobé el día que mis padres me recogieron. Cuando les vi no sabía que decir, tenía sentimientos confusos, odio por su abandono, recordé que justo en mi cumpleaños la pasé dopada mientras ellos estaban en la playa. Ellos no comprendían que no era drogadicta, que el Dualit era mi manera de asegurarme la falta de apetito, mi capacidad de saber que tenía el control, que había algo que era mío. Yo sin esas pepas sentía que me moría.”
Camila, 24 años. Estudiante universitaria.
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5- Carolina

es una chica “alternativa”; le gusta el rock, toca guitarra en su tiempo libre y ama el cine arte. Su cabello es negro intenso y lo usa largo como “virgen de pueblo” en sus propias palabras. Sus ojos son muy expresivos, revelan mucho optimismo pero muestran también un poco de tristeza. Camila tiene 25 años, pesa 58 kilos, mide 1.70 metros. Hace dos años que dejó de vivir para obedecer los designios de la anorexia, ahora busca librarse del todo de sus garras y por ello visita dos veces al mes a su psicoterapeuta.
“En mi época de crisis a mi ya no me importaba nada el estudio, la gente, el novio, etc. Lo único por lo cual yo vivía era por bajar de peso sin importar cómo, ni cuando, ni a quién utilizaba. Me explico: si tenía novio me gustaba pelear con él, que me tratara mal o me hiciera ‘hasta para vender’ porque eso me ‘deprimía’ y obviamente no comía y yo ‘perdía peso’. Si salía a rumbear no era porque me quisiera divertir o compartir con los demás, era porque ‘brincar o bailar’ me permitían quemar calorías, además de que me trasnochaba y no comía, entonces eso me hacía bajar de peso. No iba a la U porque me interesara la clase, sólo iba para irme a pie hasta allá y estar ocupada para no pensar en comer, incluso nunca salía del salón para no antojarme en la Cafetería, etc. Yo creo que ese es el extremo de esa enfermedad, porque uno pierde el horizonte y empieza a volverse esclavo de la anorexia.”
Carolina M. C., Publicista, 25 años.


6- Silvia

es una mujer muy alta, su figura imponente es admirada en la calle, en su universidad y también en los sitios que frecuenta los fines de semana -bares rockeros. Su piel es blanca, su cabello es rubio, pesa 58 kilos y mide 1.80 metros. Acaba de terminar su carrera de una rama de la salud- y reconoce que cuando tiene problemas deja de comer y que vive pendiente de su peso. Además se siente feliz de tener una cintura de “avispa” pues sus amigos le admiran el tatuaje que tiene en su vientre, además ella cree que este dibujo se le ve muy bien con los nuevos jeans descaderados que están causando furor en Cali.
“Recién había cumplido los 18, estaba terminando el colegio cuando a papá le comenzó un cáncer. A mi se me derrumbó el mundo, sentí que me moría. De un momento a otro empecé de manera inconsciente a dejar las comidas grasas, luego los azúcares, luego comía sólo verduras y me escudaba en el deseo de ser vegetariana… no puedo recordar el tiempo exacto en que pasó todo pero se fue dando.
“Como mi madre estaba ocupada con mi padre tal vez no percibió mi baja de peso. Cuando ella, que es enfermera, vio que había bajado 10 kilos en menos de un mes empezó a preocuparse. Sin tratarme mal y entendiendo sin chistar mis pataletas y locuras, logró llevarme a donde un terapeuta que me ayudó a vencer ese círculo interminable de pensamientos que me hacían dejar de comer y hacer ejercicios hasta más no poder en el gimnasio. De ese tiempo heredé muchas complicaciones en la salud.”
Silvia, 23 años. Estudiante universitaria.
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