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Escritura un milagro del hombre - Monografía



 
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Periodismo. Sonido. Símbolo. Protoescrituras. Cuneiforme. Jeroglíficos egipcios. Glifos mayas. Alfabetos



PREFACIO


En primer lugar, he de confesar que en un principio no estaba muy conforme con el tema escogido, no porque no me sedujese, sino que lo encontraba tan tremendamente amplio que se me antojaba inabarcable. En cualquier caso, me intuición (y siendo sinceros, la falta de tiempo) me empujó a tomarlo. Efectivamente no me equivocaba: el tema era terriblemente amplio, pero, al mismo tiempo, también era terriblemente seductor. He tenido la suerte de topar con un libro no diseñado para erudito, sino para estudiantes, capaz de atraparte como una novela. Un libro que ni siquiera intenta detallar todos los sistemas de escritura vivos y extintos, sino que trata de destacar los más importantes y, sobre todo, las conexiones entre ellos, cosa que resulta verdaderamente útil para observar la trayectoria que ha seguido la escritura a lo largo de los siglos. Eso s lo más importante. Y es que algo que aprendes l cerrar este libro es lo unidas que están Historia e Historia de la Escritura; que la escritura no surge en cada sociedad por generación espontánea, sino en relación a sus necesidades, a sus antepasados, y, por qué no, a sus vecinos. Es quizá la clave del éxito -al menos en mí- de este libro: en lugar de ser un tomo sesudo y tedioso donde enumerar las modalidades de lengua escrita, invita a tomar conciencia del milagro de la escritura, un milagro un milagro que hoy hemos olvidado con l automatismo con que lo llevamos a la práctica. un milagro cuya autoría pertenece al Hombre.

Por otro lado, y aunque es algo que todos los libros hacen, es un libro que me ha enseñado mucho sobre los tipos de escritura. Aunque en un principio me costó abandonar mi “alfabeticentrismo” (término que he acuñado tras leer el libro), al final conseguí zafarme de él para observar con admiración el resto de lenguas no alfabéticas y los otros caminos que han seguido para llegar al mismo lugar: la comunicación escrita. En definitiva, me sentí asombrado al constatar que más allá de mi propio castellano y de mi propio alfabeto, hay otros sistemas con los que expresar todo, igual que con el mío. A esto se le suma que el libro dedica mucho espacio a temas que a mí, como supongo que a todo el mundo, me han fascinado desde pequeño, como lo son los glifos mayas o los jeroglíficos egipcios. Y también me han sido reveladas otro tipo de escrituras desconocidas para mí, que sobre todo han servido para enlazar unas con otras, actuando así como intercesoras en el proceso de la escritura a través de los siglos.

Respecto a las dificultades encontradas, no puedo presumir de haber sintetizado un texto complejísimo y desmoralizador, lo cual no me importa en absoluto. El autor, A. Robinson,  explica con tal sencillez que sólo he tenido que meditarlas un poco y pronto captar el mensaje que contienen. De esta sencillez parte el hecho de que apenas haya necesitado incluir citas textuales del autor: sus frases son tan comprensibles que, gracias a Dios, he podido expresarlas por mí mismo. Las partes más engorrosas de rumiar han sido aquellas que se centran en motivos abstractos (como la conexión entre sonido y escritura) y aquellos temas que son laberínticos por naturaleza (como el sistema mixto japonés. Salvo esto, el estilo sencillo y directo del autor no me lo ha puesto nada difícil.

Por otro lado, en algunos momentos he disentido de algunas visiones del autor, y en algunos casos me ha resultado demasiado temerario en ciertas afirmaciones; pero a fin de cuentas, él es el experto, y el que me ha abierto la puerta de un mundo fascinante, como lo es el de la historia de la escritura. ¡Pasen y vean!

CAPÍTULO 1: INTRODUCCIÓN



La escritura. Posiblemente, el descubrimiento más importante de la Historia de la Humanidad, aunque el automatismo con que escribimos nos haya hecho olvidar cuanto tiene de mágico y misterioso. Porque, ¿acaso no es mágico que los pensamientos se transformen en símbolos sobre un folio, una pantalla de ordenador o una puerta de retrete público? Para constatar la genial proeza de la escritura, sólo hemos de echar un vistazo a unas líneas de lenguaje extranjero incomprensible para nosotros; por no hablar de escrituras extintas como los jeroglíficos egipcios y los glifos mayas, que se nos antojan incluso esotéricos… La pregunta es ¿cómo han logrado esos procedimientos de arañar o pintar superficies transportar algo tan abstracto como la Historia o las ideas? Es una cuestión que trataremos de resolver en lo sucesivo, sin olvidarnos de hacer hincapié en que tan milagroso es esto en las escrituras antiguas como en las más actuales, aunque las primeras nos resulten más exóticas. De hecho, nos daremos cuenta de que en el fondo, y salvando los aspectos puramente externos, las escrituras no son tan distintas en su estructura.

En general, siempre hemos tendido a considerar la escritura como algo positivo, ya que es innegable que las personas que saben leer y escribir tienen más posibilidades de verse realizadas. Pero no hemos de olvidar que el lenguaje también se hizo para mentir, y que la escritura contiene a veces falacia y engaño. Es el segundo filo de un arma que parece regalar la sabiduría por sí misma, y que sin embargo ha de saber usarse con nobleza. ¿Para qué sirve, pues, la lectura? ¿Cuál es su función? Sabemos que las necesidades por las que surgió fueron éstas:

1- Como propaganda política: hace cuatro mil años, el rey de babilonia, Hammurabi, se valió de la escritura para prometer, a través del “Código”, prosperidad a sus súbditos si obedecían sus leyes. Algo así sucede con los carteles de la Unión Soviética de Stalin, y con el Irak de 1990: en el fondo, todos los dirigentes políticos han necesitado valerse de la escritura para crear consignas que persuadan, convenzan y encaucen a su pueblo.
2- Como deseo de inmortalidad: la escritura ha servido para escribir la Historia, para que los hechos y sus protagonistas no cayeran en el olvido. También han servido para que los artífices de las ideas trascendiesen a los tiempos, y es gracias a ello que hoy hablamos de Confuncio y Platón. También ha servido para recordar a los muertos en forma de lápidas funerarias. Y es que el deseo de inmortalidad es un rasgo común a todos los pueblos, que se ve satisfecho en parte con la escritura.
3- Como medio de predicción del futuro: el interés de los pueblos por el futuro se convirtió casi en una obsesión, que les llevó a diseñar sistemas oraculares a través de la escritura, ya fuera en forma de complejísimos calendarios, como los mayas; a través de inscripciones en huesos que más tarde se quemaban, como los chinos; …
4- Como documento de propiedad y de identidad: los sellos de piedra se convirtieron en algo fundamental para todo gobernante que se preciase de serlo; no en vano, habían de servir como marca de oficialidad de un documento o de propiedad de un determinado objeto. Y es que, por ejemplo, en la tumba de Tutankhamon, todos los objetos allí presentes llevaban inscrito su nombre en jeroglífico.
5- Como instrumento de contabilidad: debido a la necesidad de hacer constar las transacciones económicas, así como de elaborar listas, materias primas, jornaleros, gastos,… De hecho, las primeras muestras de escritura que conservamos, en cuneiforme sumerio, son tablillas de arcilla que registran este tipo de datos.

La mayoría de los estudiosos coincide en que la escritura nació como como sistema de contabilidad, debido a las nuevas exigencias que requería una economía en expansión; es decir, la complejidad a la que llegó el comercio a finales del cuarto milenio a. de C. en Mesopotamia desbordó las posibilidades mnemotécnicas e hizo imprescindible registrar los intercambios comerciales. Pero si nos adentramos más allá, no debemos conformarnos con saber sólo la necesidad inicial, sino el verdadero origen de la escritura, es decir, de dónde proviene. Desechamos por supuesto la teoría del origen divino, que ha ido dejando paso a la teoría del origen pictográfico, por la cual los primeros símbolos fueron pictogramas, o “representaciones pictóricas de objetos concretos” ( según A. Robinson), que fueron poco a poco simplificándose.
Respecto a quien la ideó, las opiniones difieren. Unos consideran que se debe a la labor de un sabio sumerio que vivió hacia el año 3300 a.de C. Otros se lo atribuyen a un grupo de administradores cultos. Es más, hay algunos que incluso no consideran la escritura como una invención, sino más bien como un hallazgo casual.
Sea lo que fuere, lo que sí hemos de aceptar es que para el desarrollo de la plena escritura es necesario el descubrimiento del “principio del jeroglífico”, por el cual un símbolo pictográfico podía tener valor fonético.

A pesar de las diferencias externas, todos los sistemas de escritura responden a la definición estricta de escritura, pues son sistemas de símbolos gráficos a través de los cuales se pueden transmitir ideas y conceptos. Por ello, idiomas aparentemente tan distintos como el castellano y el japonés no son tan distintos como pensamos. De hecho, todos los sistemas de escritura se valen de signos FONÉTICOS y de signos FONÉTICO-SEMÁNTICOS. Un ejemplo en castellano de los primeros podría ser la “f”, y de los segundos, “&”. Pues bien, todos los sistemas tienen tanto de unos como de otros; lo que los diferencie, aparte de la evidente caligrafía, es la proporción de uso de los primeros y de los segundos. Así, el finés tiene un muy pequeño porcentaje de logografía, por lo que es muy fonético, mientras que el chino es quizá el más logográfico, ya que la fonografía apenas está presente.

Sólo nos queda, antes de adentrarnos en el primer capítulo, redundar en la idea de que, aunque en diferente grado, la fonografía y la logografía siempre están presentes en todos los sistemas de escritura. Por ello no podemos admitir que, como defienden los conservadores chinos, los caracteres chinos hablen directamente a la mente; ni tampoco el que algún día nacerá algún tipo de lenguaje universal escrito que prescinda del sonido. Ni siquiera las Matemáticas ni la Música lo han conseguido del todo, y es que, no en vano, Ferdinand de Saussure, fundador de la lingüística moderna, asemejó el lenguaje a una hoja de papel, en una de cuyas caras está el pensamiento, y en la otra el sonido. De este modo, pensamiento y palabra son sustancialmente inseparables.

CAPÍTULO 2: SONIDO, SÍMBOLO, ESCRITURA



Llegados a este punto, hemos de diferenciar entre lenguaje oral y escrito. La diferencia principal radica en que, como dice Robinson, el pasaje escrito se desintegra de una manera natural en sus unidades mínimas, ya sean letras de alfabeto, caracteres chinos o jeroglíficos egipcios; mientras que el habla se produce como un torrente incontenible. Toda división del lenguaje hablado es artificial, y responde a conocimientos previos de escritura. Y es que en el habla varían constantemente tono, altura y frecuencias. Todos los idiomas hablados utilizan una gama de sonidos extraída de un filón de sonidos posibles que es ciertamente inagotable; los sistemas de escritura intentan plasmar con mayor o menor fidelidad estos sonidos En principio, dicho esto podríamos pensar que el alfabeto fonético es el ideal, pues es el que más fielmente transcribe los sonidos, incluso el acento del hablante. Pero, por el contrario, es difícilmente legible. Por ello, todos los sistemas de escritura han de inmolar en mayor o menor medida cierta dosis de perfección bucal para permitir la inteligibilidad mental.

Una pregunta que ha generado gran diversidad de opiniones es la de cómo leemos, si a través de imágenes (llamémosle “teoría ocular”) o través de palabras ( llamémosle “teoría auricular”). Ambas teorías tienen parte de ciertas, según experimentos y estudios; y eso explica que en mayor o menor medida todos los sistemas de escritura cuenten con signos fonéticos y signos fonético-semánticos; es decir, puesto que inevitablemente nuestros pensamientos brotan en imágenes y en palabras, los sistemas cuentan con un compendio más o menos variado de fonogramas y logogramas.

Como hemos dicho, los fonogramas intentan reflejar de un modo fiel el sonido. Surge así el FONEMA, definida por la fonología como “la menor unidad contrastante del sistema fonético del idioma, o sea la “idea” de sonido, expresado en términos platónicos. Los fonemas no existen en la realidad (por eso los escribimos entre barras); lo que existen son los sonidos. Además, un fonema de un lenguaje puede no serlo de otro: por ejemplo, en castellano usamos el mismo fonema /l- para transcribir palabras como ” leche” o “cal”, aun cuando se percibe una diferencia. Sin embargo, el ruso necesita dos fonemas diferentes en cada caso. Pues bien, aunque los idiomas tratan de aproximarse al fonema, realmente no lo consiguen; son frecuentes en todos los idiomas la homofonía y la polifonía, que atentan contra los principios fonológicos.

El dominio de los fonogramas y logogramas ha valido a muchos eruditos para diseñar sistemas de taquigrafía que permiten escribir con una rapidez bastante aceptable. Uno de los más famosos es el de Pitman, ideado por él mismo en el s.XIX, que se basa casi exclusivamente en lo fonético: usa 65 letras o signos, mezcla de líneas rectas, curvas, puntos…; un sistema eficaz pero demasiado complejo. Más sencillo resulta el sistema inventado por Thomas Shelton en 1620, de apariencia cuneiforme, y usando logogramas como el 5 en lugar de “because”(”porque”), el 2 en sustitución de “to”(”a” o “para”)

En principio, todo idioma está preparado para ser dicho en otro, aunque pueda entrañar dificultades la cuestión. De hecho, eso ha sucedido en muchos episodios de la Historia: los acadios tomaron la escritura cuneiforme de los sumerios, los griegos el alfabeto fenicio, los romanos el etrusco,…y hoy día sigue pasando: los turcos acogieron en 1928 el alfabeto latino, y los chinos pueden escribir su idioma con el alfabeto latino, gracias al sistema Pinyin, desde 1958. Pero, ¿qué puede hacer unas lenguas preferibles a otras? ¿Por qué los europeos seguimos usando la incómoda numerología latina en muchas situaciones; o los japoneses los numerosísimos caracteres chinos?  Sin duda, por una parte se debe a la TRADICIÓN y al PRESTIGIO de determinados sistemas de escritura, como por ejemplo el latín. En general existe un conservadurismo lingüístico en todas las lenguas que hace que el hable evolucione mucho más rápido que la escritura.

Por último, hemos una vez más hemos de desmentir la posibilidad de que algún día exista una escritura universal y meramente logográfica; la simplicidad de los logogramas haría difícil su reconocimiento, podrían significar cosas diferentes según el grado de amplitud contextual que tomáramos y, en definitiva, habría que superar fronteras culturales insalvables.

CAPÍTULO 3: LAS PROTOESCRITURAS


Los investigadores se ven en un difícil trance cuando tienen que interpretar ciertos símbolos encontrados en cuevas de la Era Glacial. ¿ Qué puede significar, por ejemplo, el dibujo de una mano rodeada de círculos? Realmente no se sabe. Lo que sí sabemos es que a eso no se le puede llamar aún escritura. Seríamos demasiado crédulos al creer que los moradores de las cuevas contaran con un sistema de escritura; pero no parece descabellada le idea de que contaran con una limitada forma de expresión escrita. Es por eso que le  llamamos protoescrituras, debido a que se encuentran en el umbral de la escritura plena. Como ya dijimos en la INTRODUCCIÓN, los primeros síntomas de escritura ( las protoescrituras) surgieron ante la necesidad de contar mercancías, jornaleros, ganancias; o de contar días y ciclos lunares para diseñar calendarios. Además, las protoescrituras, aunque nacieron antes que la escritura, se han mantenido conviviendo con ella a veces hasta nuestros días.

Una de las primeras manifestaciones la descubrimos en la Era Glacial donde los hombres de ese periodo realizaban muescas en huesos con materiales diversos, posiblemente para llevar la cuenta de los ciclos lunares. Artimañas parecidas las usó la Hacienda Inglesa entre el año 1100 y 1834 a través de las “tarjas”, tablillas de madera en las que, además de anotaciones de las cantidades en cuestión escritas en su superficie, los funcionarios realizaban muescas que, en función de su tamaño y grosor, reflejaban las cantidades escritas. Otra artimaña distinta es la de los “quipus” incas, cuerdas donde se realizaban nudos para representar cantidades. Otro ejemplo muy distinto de protoescritura es el de las cartas que se enviaban los indios norteamericanos; pero quizá las muestras más importantes de protoescritura sean las de tipo económico, realizada en tablillas de arcilla. Este tipo de protoescritura tuvo su antecedente en las “fichas” de arcilla usadas entre el 8000 y el 1500 a. de C., y que servían como apoyo a la mnemotecnia humana en transacciones económicas complejas, pues permitían operar aritméticamente con grandes cantidades. Realmente esto ni siquiera es protoescritura, pero pronto estas fichas fueron introducirse en el interior de bolas huecas hechas también de arcilla que, a modo de sobre esférico, albergaba un número de fichas inscrito en la superficie, y al mismo tiempo hacían más difícil la falsificación de las fichas, ya que ahora debían ir en el interior de las bolas. Esas inscripciones talladas en la superficie de la “bulla” sí pueden considerarse protoescrituras.

Éste es el paso previo a las primeras tablillas de arcilla; éstas surgieron en Mesopotamia , allá por el 3300 a. de C., y se valen de signos que reflejan cantidades, y también de otros que simbolizan materias primas. La tecnología empleada para representar los numerales sobre estas tablas no es otra que la de presionar con el extremo redondo de un estilo de caña sobre el barro blando, obteniéndose diferentes signos según la posición del estilo al presionar ( vertical, oblicuo,…). Una vez escrito, el barro se cocía y se volvía, pues, indeleble. Su sistema cardinal es realmente sorprendente: además del uso del sistema sexagesimal, destaca el hecho de que un mismo signo numeral varía de valor en función  al contexto referido ( ovejas, cebada, campos).

En definitiva, este sistema no pasa de ser una protoescritura, pese a que, sobre todo en sus últimas manifestaciones, se nos revela como un embrión del futuro cuneiforme.


CAPÍTULO 4: EL CUNEIFORME



Las primeras de arcilla eran pictográficas, y llevaban la fecha del 3300 a. de C.  Hacia el 2500, estos signos se habían convertido ya en signos cuneiformes, extendidos por toda la región mesopotámica para escribir el idioma sumerio. Más tarde se utilizó para escribir otros idiomas, como babilonio y asirio, llegando a ser un sistema muy utilizado por diferentes lenguas durante tres mil años.

Las inscripciones cuneiformes permanecieron en silencio bajo tierra durante siglos, hasta que en 1618 comenzaron a ser desenterradas. Su primer descubridor fue  García Silva Figueroa, embajador español en Persia; que identificó en unas descomunales ruinas cercanas a Shiraz un tipo de escritura que no se parecía a ninguna de las hasta el momento conocidas; eran todas triangulares, apuntadas, idénticas, pero dispuestas en diferentes posiciones. Las inscripciones apenas despertaron interés entre los estudiosos, y muchos creyeron que no era más que simple ornamentación, o incluso una especie de juego geométrico del arquitecto para ver cuántas combinaciones diferentes podía obtener a partir de un patrón base (la cuña).
Así, todos se mantuvieron incrédulos hasta que, en 1972, Kaempfer  descubrió que muchos signos se repetían, y consideró que podía ser un nuevo sistema de escritura. Más tarde Niehbur, un aventurero danés prosiguió el estudio: diferenció tres tipos diferentes de escritura en las inscripciones de Shiraz, y dedujo que la dirección de éstas debía ser de izquierda a derecha..

Pero los primeros pasos firmes hacia el desciframiento los dio G.G.Grotefend,  que dedujo que las cuñas oblicuas que con tanta frecuencia aparecían servían para separar palabras; e identificó algunos nombres propios (como “Darío”, rey de Persia), lo que le valió para establecer un alfabeto provisional. Sin embargo, su error fue suponer que el cuneiforme había de ser alfabético. Así, el verdadero decodificador fue Rawlison, un romántico y temerario militar que se decidió a copiar, para su posterior estudio, una inscripción hallada en un escarpado de Behistún, a muchos metros de altura; gracias al cual descubrió que el sistema había de ser silábico en parte. Así, sus conocimientos de avéstico y sánscrito le ayudaron a interpretarlo y a dar con la clave.

Y es que, a pesar del descrédito inicial, el cuneiforme es un sistema complejo de escritura que puede transformarse en verdaderas obras de arte, bella e intrigante. La mayor parte del legado que nos ha dejado el cuneiforme están escritas en tablas de arcilla, por los atentos escribas. La profesión de escriba requería una preparación previa de varios años con el maestro, y luego ya estaban preparados para trabajar como administradores, notarios,… El sentido de escritura era de izquierda a derecha  y en columnas, utilizando como utensilio un estilo de caña o hueso. Lo que parece inexplicable es el cambio tan brusco que sufrió este sistema en algún momento del tercer milenio a. de C. : comenzó a escribirse horizontalmente (aunque dispuesto en columnas) y de derecha a izquierda, se cree que para mayor comodidad del escriba.

Lo que se escribía en esas tablas de arcilla era, como ya hemos comentado, inscripciones que servían de apoyo y oficialidad de la operación comercial. Su sistema cardinal se vale, como el nuestro, de la regla “función-valor”, por la cual un signo varía de valor según el valor que ocupe. También se han conservado algunas manifestaciones de literatura, como el severo “código de Hammurabi”(1750 a de c), o el ensayo anónimo “días escolares”. Un sistema prolífico con el que se escribieron más de quince idiomas.

CAPÍTULO 5: LOS JEROGLÍFICOS EGIPCIOS


Los jeroglíficos egipcios no parecen haber evolucionado a lo largo de los siglos: nos los encontramos de repente en el año 3100 a. de C., en la antesala del Egipto Dinástico, y progresará poco a lo largo de su existencia. En general, la cultura y la escritura egipcia despertó el interés y la admiración de las civilizaciones posteriores, pero no fue hasta el Renacimiento donde prendió la verdadera llama decodificadora. Fue en este siglo XVI cuando se publica un manuscrito perdido de Horapollo de Nilópolis, docto egipcio del siglo IV a. de C. que dedicó su vida a la resolución de estos “acertijos”. Sus teorías eran demasiado fantasiosas y la mayoría erróneas. Por desgracia, autores como Kircher, Warburton o Zoëga las tomaron por premisas ciertas, y comenzaron sus estudios sobre cimientos precarios. No obstante, también intuyeron  algunas claves importantes, como la de que los jeroglíficos pudieran tener una base fonética ( en contra de lo que pensó Horapollo); y la de que sería conveniente guiarse del copto -idioma tardoegipcio de influencia griega que se mantenía allá por el siglo XVIII -, ya que podía sugerir cómo se pronunciaban las palabras en el Egipto Dinástico.

Pero la clave para la resolución llegó en 1799. En ese año, un destacamento francés apostado en Egipto encontró la Piedra Rosetta, una gruesa plancha de piedra de 114x 72. Fue inmediatamente enviada a El Cairo, prevista su importancia. Allí pudo ser analizada por estudiosos y expertos. Era una piedra con una inscripción trilingüe (griego, egipcio y demótico). El primer paso fue traducir el texto en griego. La roca recreaba un decreto de los sacerdotes en honor al primer aniversario de la coronación de Ptolomeo V. Así, Thomas Young, líder de los descifradores, procedió a buscar la palabra “Ptolomes” ( Ptolomeo según fuentes del copto). La identificación de ciertos nombres propios le permitió diseñar un alfabeto provisional para éstos, pero no pudo llegar mucho más allá de esto. Y es que el principal problema de Young fue el mismo que el de Horapollo: creer que la escritura egipcia había de ser no fonética, salvo en nombres propios extranjeros como Ptolomeo. El primero que fue capaz de salvar este problema fue Champollion, que intuyó correctamente que la escritura egipcia se componía de una parte fonética y de otra semántica; además de deducir algunos signos silabo-fonéticos y algunos casos de homofonía. Es, pues, a Champollion aquien debemos el método de lectura de los jeroglíficos.

Es posible que la idea de escritura fuera importada por los egipcios desde Mesopotamia, a partir de la invención del cuneiforme. A partir de la escritura egipcia se desarrollaron coetáneamente a ésta dos tipos de escritura cursiva: la hierática ( usada por los sacerdotes) y la demótica (de uso documental). Los jeroglíficos podían escribirse tanto de izquierda a derecha como de derecha a izquierda, aunque solían adoptar la última dirección en la mayoría de los casos, excepto cuando por simetría convenía usar ambas ( por ejemplo, en inscripciones idénticas flanqueando puertas)
Hoy día no sabemos cómo sonaba exactamente el idioma egipcio; de ahí la diversidad de maneras de escribir un determinado nombre (Kefrén=Jefrén). No en vano, el idioma egipcio lleva extinto varios miles de años. Además, se suma la dificultad de que no incluían símbolos fónicos que representasen las vocales, lo que redunda más en la divergencia de escrituras posibles de una misma palabra. Aun así, contamos con dos pistas importantes:
- Una de ellas es el copto, la última fase del idioma egipcio, que nos permite hacernos una idea de cómo se escribía en el Egipto de la era Dinástica.
- La otra es la de los préstamos lingüísticos que el egipcio hizo a otras lenguas vecinas, que se han mantenido a lo largo de los años a pesar de la desaparición de los jeroglíficos.

Pero adentrémonos ahora en lo que es puramente escritura egipcia jeroglífica. La escritura jeroglífica se vale de :

- Signos monoconsánticos: los 24 signos consonánticos  que reciben el nombre de “alfabeto”
- Signos biconsonánticos: que representan sonidos como /ms/, /mr/, /sw/,…
- Signos triconsonánticos: que representan sonidos como /ndm/, /htp/,…
- Complementaciones fonéticas: o añadidos de uno o varios signos monoconsonánticos, colocados al final de la palabra, para que aclaren la pronunciación de ésta.
- Determinativos: logogramas que se suman al final de los fonogramas para aclarar el significado de una palabra en su contexto concreto. La mayoría suelen ser de naturaleza pictográfica.

Visto esto, ¿para qué necesitaban los egipcios este sistema tan complejo si ya contaban con 24 signos monoconsonánticos con los que valerse de una manera igualmente eficaz? De nuevo la respuesta es el prestigio, la tradición y, en general, el poder de una casta sacerdotal conservadora que se negaba a sacrificar la belleza y complejidad de su sistemas para alcanzar otro accesible a todos.

Lo que nos ha llegado de escritura egipcia es fundamentalmente inscripciones en piedra y loza, y la escritura sobre papiro:

- Lo escrito sobre piedra y loza es generalmente referente a nombres de faraones y títulos reales; de lo cual lo más destacado es quizá la piedra Rosetta, conservada en el Museo Egipcio de Londres.
- De lo escrito sobre papiro conservamos mucho menos, puesto que no ha sobrevivido al paso de los años ( no tampoco a los escrutinios de las bibliotecas donde se archivaban). El papiro era fruto de la unión de finísimas tajadas de caña, pegadas con su propio jugo. Un cómodo material, más fácil de manipular, que ha valido para escribir “el Libro de los Muertos”, quizá la obra más destacada en este soporte, que describe las ceremonias y ritos que han de seguirse para que el difunto alcance la vida eterna.

CAPÍTULO 6: EL LINEAL B



Allá por el año 1900 el arqueólogo inglés Sir Arthur Evans procedió a la excavación y reconstrucción de la ciudad perdida de Cnosos, en Creta. De entre lo extraído del interior de la Tierra, Evans encontró tres tipos de escritura diferentes: el Lineal A (al sur de la isla), el Lineal B(en toda ella), y una tercera de apariencia jeroglífica pero no egipcia (sobre sellos de piedra). Evans supuso que, de un modo u otro, Lineal A y B habían de estar emparentadas. En cualquier caso, Evans centró su atención en el desciframiento del Lineal B:

- Dedujo que las líneas cortas verticales que con tanta frecuencia aparecían servían para separar palabras.
- Dio con la clave del sistema numeral empleado.
- Supuso que la mayoría de las tablillas encontradas debían de ser listas o inventarios, ya que solían terminar con una cifra y un pictograma.
- Vio que había pictogramas claramente logográficos, que representaban caballos, ruedas, copas,…

Pero el error de Evans fue considerar los caracteres encontrados como puros logogramas, sin contar su naturaleza fonética. Es decir, el eterno problema en estos casos.
Poco después, Evans fue avisado de que en la vecina isla de Chipre había aparecido una escritura antigua que había podido ser descifrada sin mucho problema. La escritura chipriota era silábica y servía para representar un dialecto del griego clásico. La cuestión es que algunos caracteres chipriotas eran ciertamente parecidos a los de los del Lineal B.
Por tanto, Evans supuso que a partir de los sonidos CONOCIDOS del chipriota podía deducir los sonidos DESCONOCIDOS del Lineal B, dado el parecido entre ambos. En sus experimentos con ambos sistemas, Evans llegó a claros indicios de que el idioma que transcribía el Lineal B era el griego arcaico. Sin embargo, consideró esto como una pura coincidencia, e insistió en que el desconocido idioma que hablaban los habitantes de Creta, transcrito con el Lineal B, Nada tenía que ver con ninguna forma de Griego.
Poco después de la muerte de Evans, una estudiosa llamada Alice Kober sentó varias bases que servirían para la revelación total. Observó que existían varios síntomas de declinación y conjugación la escritura Lineal B. Llegó a esta conclusión al observar que ciertos patrones se repetían con frecuencia, diferenciándose sólo en su terminación. Kober supuso que esto había de ser como en castellano sucede con “Panam-á”, “panam-eño” y “panam-eñas”. El descubrimiento fue esencial para que 1952 Michael Ventris diera el golpe de gracia. Desde que con 14 años asistiera a una exposición de escritura Lineal B dirigida por el propio Evans, se propuso dar con la clave de dicho sistema. Lo que empezó siendo una curiosidad adolescente acabó siendo una obsesión de adulto. Basándose en los sistemas deductivos cuadriculares de A. Kober, comenzó a dar valores fonéticos a los caracteres, dando con palabras conocidas como “Tuliso” (Tulissos) o “Lukito” (Luktos). Estaba claro pues que el método era eficaz, pues se daba con palabras conocidas. Palabras que, curiosamente, parecían una forma primitiva de griego primitivo, anterior al griego clásico de Homero. De ahí, Ventris acabó llegando a la correcta conclusión de que el Lineal B era el sistema de escritura que empleaban los griegos antes de adoptar el alfabeto fenicio, y que se expandió por causa del comercio por parte del Mediterráneo. Por tanto, y en contra de lo que afirmó Evans, las tablillas del Lineal B estaban escritas en Griego.

CAPÍTULO 7: LOS GLIFOS MAYAS



Aunque la civilización maya fue descubierta por los españoles en su conquista del Nuevo Mundo, no podemos decir que esta cultura despertase mucho interés hasta mediados del S XIX. A partir de 1840, los primeros aventureros románticos se decidieron a introducirse en la jungla a contemplar las bellezas legadas por la cultura maya. También por aquel año se insistió en que esos signos que habían sido siempre considerados por los europeos como símbolos cabalístico- ritualísticos (los glifos mayas) habían de ser un nuevo tipo de escritura. La única manera de descifrarlo era viéndose ayudados por los millones de mayas catolizados que aún vivían allí, que, aunque no podían leer glifos, mantenían un idioma que podía dar una idea de cómo era la pronunciación del idioma de sus ancestros.

Ya de por sí sorprende lo genial de su sistema numeral. Los mayas, como nosotros o los babilonios, manejaban el concepto de lugar-valor, pero multiplicando por 20 los valores conforme avanzaban de abajo a arriba. Los valores se representaban mediante el dibujo de una concha (0), un punto (1) y una barra horizontal (5). Por si no fuera suficiente con esto, cada número del uno al veinte podía expresarse con la representación del rostro de un dios. ¿y todo esto para qué? Pues para elaborar uno de los sistemas calendáricos más bellos y complejos de la Historia. Sus calendarios se componían de la superposición de tres ruedas que giraban imaginariamente, combinando los veinte días de su mes, sus trece meses anuales ( con un total de 260 días),  y una aproximación al año de 365 días, que les resultaba en ocasiones más cómodo. El ritualismo y la superstición llegaban a su cénit cuando, a través de una combinatoria magistral, calcularon que el gran ciclo temporal terminaría el 23 de Diciembre de 2012 de nuestra era. Y es que este tipo de cálculos les servía para elaborar suposiciones y conjeturas con las que adivinar el futuro. En el Códice de Dresde, de 39 páginas forradas con piel de leopardo, es un complejo almanaque de vaticinio del futuro, que relacionaba cálculos astronómicos, movimientos de Venus y eclipses para así interpretar el estado de ánimo de las deidades y, a partir de eso, el cómo será el día venidero.

Pero el sistema de escritura maya no es exclusivamente numérico. Los primeros intentos de decodificar el sistema al completo vinieron a cargo del inquisidor español y obispo de Yucatán Fray Diego de Landa, en el  S.XVI. Ayudado por las respuestas que le proporcionaban los viejos y cultos mayas, Landa fue capaz de elaborar un alfabeto, que de nuevo incurre en el error de considerar los glifos como monofonéticos. Como ya intuyó en 1876 León de Rosny, el sistema de los glifos había de estar compuesto de sílabas, debido al gran número de caracteres existentes. Por otra parte, Thompson aseguró que los glifos tenían una explicación eminentemente logográfica, teoría que desmintió en 1952 el ruso Knorosov, que defendía la tesis logo-fonográfica.
Los investigadores posteriores encontraron numerosos problemas a la hora de continuar con el desciframiento. Los diccionarios de Maya existentes eran rudimentarios y ambiguos; además, el sistema combinaba fonogramas y logogramas difícilmente deductibles, con múltiples casos de homofonía y polifonía.  Por si fuera poco, los glifos con frecuencia se superponían unos con otros, como “soldados”, haciendo casi imposible su identificación. La idea era la de elaborar un silabario que recogiese la fonética de los glifos. Por desgracia, hoy en día no hay consenso, sólo un acuerdo general en lo que respecta a lo fonético, que nos permite leer el 85% de los glifos encontrados. Conforme vayamos avanzando hacia la univocidad, más fácil nos será descifrar los que nos quedan.


CAPÍTULO 8: ESCRITURAS POR DESCIFRAR


A pesar de los esfuerzos de los investigadores, hoy son muchas las escrituras que no han podido ser descifradas aún. No en vano, las dificultades que entraña la decodificación de los sistemas de escritura son muchas y difícilmente salvables. Las escrituras aún por descifrar se dividen básicamente de este modo:

- Escrituras desconocidas de lenguaje conocido: como lo fue hasta hace poco la escritura maya.
- Escritura conocida de lenguaje desconocido: como por ejemplo el etrusco.
- Escritura desconocida de lenguaje desconocido: como por ejemplo el Indo o el Rongorongo.

En cualquier caso hemos de valernos de un método necesariamente eficaz. El idóneo es el que propuso Ventris, que se basa en el ANÁLISIS exhaustivo de todos los signos y palabras encontrados; la SUSTITUCIÓN experimental de los signos por valores fonéticos, que permitirán establecer postulados, que se pondrán a prueba con una COMPROBACIÓN de los mismos, obviamente sobre material virgen.
Pasemos ahora a mencionar las escrituras no descifradas más destacadas:

8.1 EL INDO:

  fue el sistema que emplearon los habitantes de la india para escribir su propio idioma, siendo únicamente utilizado en sellos de piedra, a modo de breves inscripciones. Desde su descubrimiento en 1870, es un sistema que ha conllevado problemas varios a los eruditos. Hay signos que se parecen tanto entre sí que no sabemos si son diferentes, emparentados, o idénticos. Los expertos SUPONEN que contaba con 400 signos más o menos, lo cual parece indicar que se trataba de un sistema tan mixto como el egipcio. Ni siquiera conocemos la dirección de la escritura. Pero lo que hace realmente imposible su desciframiento es que no conozcamos ningún sistema parecido del que pudiera proceder o que pudiera haber generado; a lo que se le une la escasez de material hallado.

8.2 EL LINEAL A:

fue otro e los sistemas de escritura que descubrió Evans en las excavaciones de Creta. Sin embargo, el Lineal A no ha podido ser descifrado, en primer lugar porque aún no sabemos si podemos aplicar los valores fonéticos otorgados al Lineal B. Aunque así lo hiciésemos, no sabemos qué idioma hablaban los cretenses; lo que sí sabemos es que de ningún modo es griego. Así, aunque conociésemos su fonética, nunca podríamos conocer su significado. Hoy día, la cuestión continúa empantanada.

8.3 EL PROTOELAMITA:

se supone que es el predecesor al sistema elamita, ya nombrado en capítulos anteriores: el elamita, antes de convertirse en el sistema propiamente dicho, había pasado por un estado inicial semipictográfico al que llamamos “protoelamita”. Sin embargo, a pesar del gran número de textos protoelamitas que se poseen, apenas se ha avanzado nada en la tarea de descifrarlos.

8.4 EL ETRUSCO:

era el idioma hablado en la provincia de Etruria (en la península itálica), poco antes del Imperio Romano. Aunque sabemos que los etruscos escribían con el alfabeto que habían aprendido de los griegos, desconocemos cómo era su idioma; por tanto nos resulta incomprensible. Se conservan muchas muestras de esta escritura; el problema es que son en su mayoría inscripciones funerarias lo que dificulta seriamente su desciframiento: sería como aprender español únicamente leyendo lápidas.

8.5 EL RONGORONGO:

  es el nombre del sistema de escritura que empleaban los oradores oriundos de la Isla de Pascua para ayudarse en sus discursos, a modo de glosas. Se cree que pudo ser creada inspirándose en la escritura del Valle del Indo, aunque no guarda relación alguna con ninguna escritura conocida. Esto, unido a que sólo se cuenta con 29 muestras de ella, hace casi imposible descifrar la lengua de la isla de Rapanui.

CAPÍTULO 9: EL PRIMER ALFABETO



Otro interrogante que se abre inevitablemente en el tema de la escritura es el del alfabeto. Sabemos que los griegos fueron quienes introdujeron la idea del alfabeto pero, ¿fueron ellos realmente los pioneros?¿ Por qué era tan necesaria la invención del alfabeto?¿ Acaso para agilizar las operaciones comerciales? De ser así, ¿ por qué la no hay indicios de contabilidad en las primitivas escrituras alfabéticas griegas?

Los primeros indicios de escritura alfabética fueron hallados en antiguas minas del Sinaí, que habían pertenecido a los egipcios. Petrie, el autor del hallazgo, observó que la escritura,  por su pequeño número de caracteres, parecía ser alfabética, y que plasmaba el idioma semítico. ¿Qué hacía escritura semítica en estas minas egipcias? Como se supo más tarde, los egipcios se habían valido de los cananeos como esclavos para explotar dichos yacimientos, por lo que es fácil deducir que los mineros habían aprendido el sistema en Canaán antes de ser apresados. Así, todo apuntaba a que la escritura alfabética había nacido en Canaán, a partir de escrituras protocananeas semi-pictográficas: las letras tomaban el nombre del pictograma que representaban antaño (la primera letra, que tiempo atrás se asemejaba a un buey, se llamaba “aleph”- buey -). Siendo los cananeos, habitantes de una región de paso para egipcios, babilonios, hititas y cretenses ; y siendo, como eran, comerciantes natos ; parece lógico que necesitasen valerse de un sistema rápido, sencillo y sin ambigüedades.

Con el tiempo, la idea de que escritura se fue contagiando a otras regiones. En el siglo XIV a. De C., los habitantes de Ugarit, mercaderes en su mayoría, persuadidos por el descubrimiento cananeo, adoptaron el cómodo sistema alfabético para transcribir su idioma, con un total de 30 signos cuneiformes. Esta forma de escritura desapareció por la crisis de Ugarit en el 1200 a. de C. Tras otras invenciones como el Lineal A o la escritura pseudo-jeroglífica, la idea del alfabeto parece resurgir de nuevo en zonas de Israel. Quienes rescataran el sistema alfabético del desuso serán los fenicios, comerciantes viajeros empedernidos, que a partir del s XI a, de C. Comienzan a usar una escritura alfabética, inspirados en los antiguos cananeos. Contaba con 22 caracteres, ninguno de ellos vocálico.

Más tarde, los griegos comerciantes apreciaron la comodidad que podía permitir un sistema alfabético: es por eso que tomaron los caracteres fenicios con un nombre aproximado al de éstos ( “alfa” en lugar de ” aleph”; “beta” en lugar de “beth”). Además, convirtieron cinco consonantes débiles en vocales. La adopción del alfabeto fenicio por los griegos entre el 1100- 800 a. de C. No significa que antes fueran iletrados: como ya hemos visto se valían anteriormente del Lineal B. Respecto a la razón a la que responde ese cambio de sistema tan repentino, los expertos discrepan. Unos defienden que se basa en razones comerciales y otros, los más románticos, consideran que se debe al deseo de  algún culto coetáneo a Homero de conservar la belleza de la Ilíada y la Odisea en un sistema apropiado para escribir poesía épica: sin duda, el sistema fenicio con la introducción de las vocales era ideal.

Así, los etruscos tomarían más tarde el sistema alfabético de los griegos, y los romanos a su vez de los etruscos, expandiéndose así el sistema alfabético ideado por los fenicios a lo largo de Europa y, más tarde, de todo el mundo.

CAPÍTULO 10: ALFABETOS NUEVOS A PARTIR DE ALFABETOS VIEJOS


Hoy día la mayoría del planeta (salvando China y Japón) utilizan sistemas alfabéticos para expresarse por escrito. Normalmente los sistemas alfabéticos cuentan con un repertorio de 20 a 30 símbolos. Conviene, llegados a este punto, hacer un repaso a las principales escrituras alfabéticas:

10.1 EL ALFABETO GRIEGO Y LATINO:

  el hecho de que las grafías en latín y griego sean diferentes tiene su razón en que el alfabeto latino procede de uno de los dos alfabetos oficiales que convivieron durante mucho tiempo en Grecia, el euboico, que fue el que se exportó a Italia y más tarde usaron los etruscos y latinos; mientras que el actual alfabeto griego se vale del jónico, alfabeto que se impuso en Grecia como obligatorio en los documentos a partir del 402 a. de C. Es por ello que hoy la apariencia de ambas escrituras es diferente, pero las diferencias son puramente formales: la mayoría de los signos coinciden.

10.2 EL ALFABETO CIRÍLICO

fue, según dicen, ideado por san Cirilo en el siglo IX por petición del rey de Moravia, para tener un alfabeto diferente al que exigía la Iglesia de Roma. Tenía en su origen 43 letras, aunque hoy apenas cuenta con 30.

10.3    LOS ALFABETOS SEMÍTICOS:

su característica común es la de que sólo anotan 22 símbolos, todos ellos cosonánticos. Los sonidos vocálicos han de ser intuídos por el lector a partir de una serie de “puntos” cuya posición indica el sonido pertinente en cada caso. Dos ejemplos de escritura semítica son el HEBREO y el ARAMEO. El hebreo es la lengua de los judíos ortodoxos, con sus modalidades; y el arameo fue el sistema oficial de varios imperios, llegando incluso hasta la India.

10.4    EL ALFABETO ÁRABE:

nació en la primitiva comarca árabe de los nabateos, que hablaban una variante del árabe, que transcribían con el alfabeto arameo. Poco a poco fue apareciendo un sistema de escritura “nabateo-arameo”, precursor de la escritura árabe, que nacería a mediados del primer milenio, desplazando al arameo. Hoy cuenta con 28 consonantes y ninguna vocal.

10.5    EL ALFABETO INDIO: 

su origen es una incógnita, ya que no mantiene relación con ninguna escritura conocida, ni siquiera con las escrituras primitivas del valle del Indo de 1500 años atrás. Las primeras manifestaciones se dan en el siglo III a. de C., y son edictos grabados en roca en dos tipos de escritura diferente: el Kharoshti, procedente del aramaeo; y el brahmi, del que derivan más de 200 sistemas de escritura.

10.6    EL ALFABETO COREANO:

en 1444, el docto monarca Sejong ideó un sistema de escritura alfabético, llamado hangul, para abandonar así los retorcidos símbolos chinos, que no se adaptaban a las necesidades del coreano. Como cabía prever, la iniciativa del soberano no tuvo el apoyo de los conservadores, por lo que caracteres chinos y coreanos constituyeron un sistema mixto. Hoy día se avanza cada vez más hacia la hegemonía del hangul.

10.7    EL ALFABETO RÚNICO: 

surgieron en el siglo II a. de C. en zonas de Francia, Centroeuropa y Escandinavia. Su origen no está del todo claro, aunque sí se sabe que sufrieron modificaciones con la romanización. Contaba con 24 caracteres de cierta influencia latina que se podían girar en cualquier dirección, a gusto del escritor. El problema que plantean las runas es el que plantean tantas otras escrituras: sabemos leerlas pero no comprendemos el idioma que hablaban sus escritores.

10.8    EL ALFABETO CHEROQUI:

en un principio su autor, Sequoya, trató de idear un sistema plenamente logográfico, pero debido a la dificultad que planteaba tal tarea, optó por inventar este alfabeto (que más bien es un silabario). “Con sus 85 símbolos se pueden representar 6 vocales, 22 consonantes y unos 200 grupos de fonemas y sílabas”( Robinson, A., pág.180). El alfabeto cheroqui fue concebido en 1821 y aprendido en su periodo de vida por el 90% de la población cheroqui, publicándose incluso algunos periódicos y documentos oficiales con él; hasta que cayó en desuso y desapareció.

Comúnmente se piensa que el alfabeto contribuyó al avance de la democracia, porque permitió a muchos ciudadanos aprender a leer y, por tanto, participar en la vida política.
Esta idea, si se piensa bien, no está exenta de razón: no olvidemos que los conservadores egipcios preferían el complejísimo sistema de jeroglíficos en lugar de su alfabeto; para así tener ellos la exclusividad de la escritura y de la cultura. Y es que la lectura aporta saber, y a los gobernantes no siempre les conviene que la gente sepa.

CAPÍTULO 11: LA ESCRITURA CHINA



Las primeras muestras de escritura china datan del 1400 a. de C. Se trata de inscripciones de tipo oracular realizadas en caparazones de tortuga y huesos de buey, pertenecientes a la dinastía Shang. El sistema ha progresado mucho a lo largo de sus 3000 años de vida y, aunque nadie duda que la pictografía fue importante en el nacimiento de los caracteres chinos, hoy apenas queda nada de icónico en ellos: su parecido es aproximado y más que discutible. La creación del Imperio Unificado de la dinastía Qin impuso un sistema bastante simplificado del anterior, que siguió en uso durante más de 1700 años hasta que en 1950 los dirigentes comunistas chinos crearon el actual sistema de Escritura Simplificada. Así, a lo largo de su vida, la escritura china ha ido variando su número de caracteres hasta tener incluso tener 49.000 de ellos en el siglo XVIII; ¿cómo pueden entonces manejar tal cantidad de signos? En general, podemos clasificarlos de este modo:

- Pictogramas:  que muestran las palabras visualmente
- Grupo sencillo representativo: que representa las palabras a través de métodos de lógica visual
- Grupo completo representativo: que representa palabras a través de medios de lógica de ideas.
- Grupo “rebus”: basado en el principio del mismo nombre
- Grupo semántico fonético: se basa en la combinación de un carácter que indica la pronunciación y otro que indica el significado.

Vemos que la complejidad del sistema es más que evidente, y que hace casi imposible la compilación de caracteres para la elaboración de diccionarios. Los criterios  para ordenar los caracteres lógicamente no pueden ser los alfabéticos; se hace en función de su número de trazos, de su objeto de referencia o categoría,… ; otra opción es elaborar silabarios como el de Soothill. Ningún modelo es del todo eficaz y, al no existir unanimidad en los criterios de ordenación de los diccionarios, el caos impera gravitando sobre la cuestión.

El idioma chino proviene de la rama Sino-Tibetana, y contiene ocho regionalectos incomprensibles entre sí, de los cuales el más hablado es el chino mandarín. Cada uno de éstos contiene una serie de tonos diferentes, de cuyo buen uso depende la correcta resolución de los múltiples casos de homofonía. Es por tanto que la escritura china es un auténtico arte, pues ha de salvar muy frecuentemente este tipo de problemas. Sin embargo, las dificultades que encierra el sistema escrito chino ha provocado siempre un alto grado de analfabetismo. Algunos pensadores, como Mao Zendong, han considerado que la solución a este problema podría ser la adquisición del sistema alfabético latino. Mao redujo en 1955 el número de trazos de algunos caracteres y eliminó otros por considerarlos inusuales. Esta reducción precedió al siguiente paso: en 1958 se introdujo un sistema alternativo que permitía escribir el idioma chino con caracteres latinos: el Pinyin. La intención de Mao era que el Pinyin desbancara a los caracteres chinos. Sin embargo, la oposición frontal de los conservadores lo impidió. Son dos posturas perfectamente comprensibles: los que consideran que la escritura ha de estar al alcance del pueblo, que apuestan por el Pinyin; y los conservadores que se niegan a que su bellísima escritura se vea eclipsada y desterrada por la “invasión occidental”. Parece que ahora se ha optado por un equilibrio entre ambas posturas, por una digrafía donde Pinyin y los caracteres clásicos chinos están condenados a entenderse.

CAPÍTULO 12:  LA ESCRITURA JAPONESA


Los japoneses basan su sistema de escritura en el repertorio de caracteres chinos, a los que llaman “kanji”. Lógicamente, al adoptar los caracteres chinos, los japoneses les dieron valores fonéticos distintos, buscando los sonidos apropiados a su idioma. El sistema kanji se combina con un conjunto de caracteres fonéticos que sirven para aclarar el significado de los caracteres chinos; son los “kana”, signos inventados por los nipones que acompañan a los kanji. La convivencia entre signos muy logográficos, como son los kanji; y otros muy fonográficos, como los kana, hacen que el japonés merezca ser considerado como la escritura más difícil del mundo. La pregunta parece inevitable: ¿por qué recurren los japoneses a los caracteres chinos, si con sus kana podrían valerse perfectamente? Ciertamente los kanji serían prescindibles si se dotara de más hegemonía a los kana, pero de nuevo el prestigio de la escritura china parece ser la razón de que los japoneses se compliquen de este modo la vida. Además, parece que este sistema combinado forma parte de la idiosincrasia del pueblo nipón: la experiencia de aprender los kana y kanji forjan al japonés en la dedicación, la tenacidad y el trabajo.

Los japoneses no sólo han de aprender los Kanji, sino también su pronunciación. Ésta tiene una doble dimensión, que el lector tiene que intuir en cada caso según el contexto. La doble lectura de los sonidos consiste en una primera llamada “kun” y otra llamada “on”. El saber cuándo usar una u otra, sin confusiones, es importantísimo para que el japonés comprenda el mensaje escrito.
Pero si complejos son los kanji, no menos lo son los Kana. La escritura fonética japonesa ha acuñado dos silabarios diferentes: el “hiragana” y el “katakana”. En un principio, el hiragana se usaba como escritura a diario y el katakana para edictos oficiales. Hoy día el primero es la más usada, y el segundo ha pasado a ser una especie de escritura cursiva

Pero, ¿para qué necesitan este sistema ten complejo de kana y kanji, con sus respectivas variantes? Además de por el ya citado prestigio, el sistema mixto permite a los japoneses librarse de la frecuentísima homofonía que tendrían kana y kanji por separado. Realmente nos cuesta comprender cómo ha podido florecer una civilización con semejante enrevesado sistema. Por si la complejidad no fuera suficiente, desde 1980 kana y kanji han tenido que dejar sitio a un inquilino más: el alfabeto latino. La publicidad de las multinacionales comenzó a entrar en el país hace 20 años, y las empresas veían el alfabeto latino más apto para sus anuncios que el sistema mixto japonés, que incluso podía generar rechazo. Cabe suponer que algún día el alfabeto latino acabará desbancando a la escritura mixta, pero, hasta que eso ocurra, ¿cómo podrán convivir tres sistemas de escritura? Los japoneses, lejos de considerarlo una amenaza, ven el híbrido entre kana, kanji y romaji (así llaman ellos a nuestro alfabeto) como algo entrañable,  reflejo de la capacidad de asimilación cultural de su país.

Todo lo que tiene este sistema de bello y mágico lo tiene de enrevesado. Ya desde 1880 se lleva planteando la cuestión de su simplificación, a la que se opone radicalmente la clase conservadora. Después de la Segunda Guerra Mundial, el número de kanji que debía dominar un japonés medio era de 1900 kanji. Ni siquiera el auspicio de EE.UU. sobre Japón tras su derrota en la guerra pudo reducir la complejidad de su sistema. Sólo la informática parece que vaya a imponer finalmente el alfabeto latino, debido a las dificultades que entraña inventar teclados de 2000 kanji y su impresión.

CAPÍTULO 13: DE LOS JEROGLÍFICOS AL ALFABETO… ¿Y RETORNO?



Parece inconcebible que hoy, en pleno auge del sistema alfabético, que se extiende por todo el mundo por todo el mundo excepto por el Lejano Oriente, los jeroglíficos hayan vuelto a nuestras vidas. Es frecuente ver representaciones en el metro, en los lavabos, … que pretenden agilizar determinados procesos de comunicación. ¿ Cabe pensar en que en el futuro podría existir un sistema de escritura iconográfico universal, que prescindiese de lo fonético? Como ya hemos dicho, esto no es más que una falacia. En primer lugar porque, aunque es cierto que es fácil representar por pictogramas objetos (como por ejemplo, un sobre), no lo es tanto representar un proceso (como “echar al buzón una carta a franquear en destino”). Es precisamente esa limitación lo que llevó a que las primitivas pictografías evolucionaran a sistemas más complejos y completos. El sistema simbólico gráfico, pues, no puede considerarse nada más que como una protoescritura. Además, el sueño de ingeniar una escritura eminentemente logográfica es tan bello como irrealizable: sonido y escritura están unidos sustancial e inseparablemente. La creencia en que escrituras como la china o los jeroglíficos hablan directamente a la mente no es más que un terrible tópico, un Olimpo inexistente que ahora muchos quieren reconquistar, salvando así las fronteras idiomáticas. Y es que la admiración que sentimos por esas culturas nos ha hecho endiosar sus sistemas de escritura, minusvalorando los nuestros; como si ellos supieran ver mucho más allá de los signos, buscando tras ellos entes abstractos y casi místicos. De hecho, parece que la escritura china concuerda mejor con la errónea visión de que “pensamos en imágenes”. Lógicamente, tampoco pensamos en palabras, pues nuestro cerebro no es un ordenador; pero sí combina combinando sonidos e imágenes Un ejemplo a esto lo podemos encontrar en el cine: por muy carismático que nos pueda parecer el cine mudo, hemos de reconocer que al contemplarlo nos da la sensación de que queda incompleto. De hecho, con la llegada del cine hablado, el mudo desapareció de forma inmediata.

Pero tampoco debemos trasladarnos al otro extremo; no podemos pensar que el alfabeto es el sistema de escritura perfecto y el chino un fracaso. Ambos son escritura en tanto han sabido comunicar todo lo referente a la vida humana mediante signos gráficos. Sin embargo, sí que podemos decir que la sencillez del sistema alfabético ha permitido a muchas civilizaciones hasta hoy acceder a la cultura y participar en la vida política e intelectual, mientras que las dificultades de sistemas como el chino o el egipcio, ya sea casual o premeditadamente, han provocado una gran mayoría analfabeta y una minoría docta, sola ella al alcance de la cultura y la sapiencia.

En definitiva, parece que, como ya propuso Mao, el uso generalizado de un sistema tan sencillo como el alfabético permitiría soñar con la desaparición del analfabetismo. Así, si soñar con un idioma único ( como el esperanto) parece excesivo, sí que el uso a nivel mundial del sencillo sistema alfabético permitiría más fácilmente la alfabetización y facilitaría el aprendizaje de otros idiomas.

CONCLUSIONES



Después de la lectura pausada del texto de A. Robinson, las conclusiones que considero dignas de mención son éstas:

1- Por diferentes que sean, todos los sistemas de escritura tienen algo en común: todos ellos combinan en mayor o menor medida signos logográficos y fonográficos. Por tanto, no existe ningún sistema de escritura, como se ha venido a pensar, que dicte su significado directamente al cerebro sin contar con el sonido. Esto no deja de ser un mito que debería ser disipado de una vez por todas. Sonido y escritura están íntimamente ligados, como lo están lengua escrita y lengua hablada. Por eso jamás será posible crear un sistema universal meramente logográfico, ya que el simple hecho de conceptualizar ya va acompañado de sonido; lo que llamamos “habla interna”

2- El interés que despiertan las escrituras desaparecidas es indiscutible, y no se debe únicamente a un mero pasatiempo de su descifrador. El decodificar escrituras muertas no es sólo un reto personal, sino algo mucho más importante: sólo a través de la comprensión de los sistemas de escritura podemos acceder al legado escrito que gran número de civilizaciones desaparecidas nos dejaron en herencia. Y es que han existido pueblos cuyas hazañas y sucesos hemos conocido gracias a la lectura de sus propias escrituras. No en vano, fue la escritura permitió la Historia.

3- La escritura es una categoría básica en la vida humana. El hombre comenzó esta práctica por necesidades que partían de su interior, como el alcanzar la inmortalidad a través de los escritos, conocer el futuro y , por supuesto, la incontenible necesidad de comunicar, que no siempre podía verse satisfecha con la lengua hablada por trabas espacio-temporales. A esto se le suman otras necesidades de tipo externo, como facilitar la contabilidad. Por tanto, la escritura, puesto que parte de necesidades del individuo, ya sean generadas por el entorno o por sí mismo, no es un agregado, sino un principio sustancial.

4- Aunque en principio podemos decir que todos los sistemas de plena escritura son igualmente válidos y eficientes, sí que debemos tener en cuenta que la mayor simplicidad del sistema alfabético, extendido por todo el globo excepto en China, Japón, Vietnam y Camboya; ha permitido a la gran mayoría de la población entender el sistema de escritura y acceder así a las fuentes de la sabiduría, cosa que el sistema de caracteres chino no ha sido capaz de brindar. Y es que, aunque no podemos decir que el sistema chino sea defectuoso respecto al alfabético, sí es verdad que su mayor complejidad ha impedido a la mayoría de la población alcanzar la alfabetización y, por tanto, la cultura. Así, aunque tampoco debemos incurrir en el error de considerar al sistema alfabético como “pregonero de la democracia”, es cierto que favorece, por su sencillez, la alfabetización. Por tanto cabe esperar que quizás algún día el sistema alfabético triunfe en los países de sistemas diferentes, con el fin de reducir los altos límites de analfabetismo.

Autor:

Jarke





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