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Historia de Chile 1932 1952 - Monografía



 
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Consolidación democrática. Política. Gobierno. Presidencia. Economía. Industria. Conflictos. Política internacional



 INTRODUCCIÓN



La democracia, ha llegado hasta nuestros días luego de largos procesos de consolidación. Hasta hace un tiempo atrás -digamos, principios de siglo-, el sistema se basaba en un orden legal basado en principios democráticos, pero ello distaba bastante de los preceptos que hoy manejamos como democracia. La oligarquía era el único estrato social presente dentro de las estructuras de poder, lo que entorpecía enormemente las relaciones entre grupos más modestos y en plena cohesión en esta época.
Fueron los sucesos que desencadenaron la nueva constitución de 1925, los que de alguna manera dejaron instalado por el resto del siglo -con excepción del período 1973-1990-, el sistema democrático tal como lo conocemos.
Es así que desde 1932 se produjo la consolidación democrática que -pese a los baches en el camino-, dejaron instalada definitivamente a la mesocracia como la rectora de los destinos políticos nacionales.
Por otro lado, la crisis mundial de 1929-1932 dejó graves consecuencias para la economía nacional. Esto obligó a replantearse las políticas de la economía de la nación, e introdujo por primera vez la necesidad de pensar en el futuro como un Chile más industrial y productor, que un mero consumidor de importaciones a cambio de recursos naturales.
Es también dentro de este período en el que Chile se inserta de manera más directa dentro del contexto latinoamericano y mundial, y también se alínea dentro de los grupos que serán los que se disputarán la hegemonía mundial luego de la Segunda Guerra Mundial
Este trabajo va orientado a una descripción de los principales hitos del proceso de conslidación democrática de nuestro país, y que se desarrolló principalmente luego de la anarquía posterior a la salida de Ibáñez del Campo(1931-1932) y el posterior gobierno de Arturo Alessandri, hasta la nueva llegada al poder de Ibáñez en 1952, esta vez, por medio del voto.

EL CHILE POLÍTICO



Luego de la caída de Ibáñez a consecuencia directa de la crisis de los años treinta, hubo una serio cuestionamiento a la idea de manejarse por medio de estructuras democráticas. Estas dudas -que se manifestaban en todo el mundo-, proponían soluciones desde los más variados puntos de vista. Así, los conservadores pretendían sacudirse de los erráticos pasos de la democracia incipiente por medio de soluciones gestadas por personas verdaderamente capaces, y que no fueran solamente buenos oradores para seducir a las masas. La manera de resguardar una verdadera democracia para ellos estaba en el mayor derecho a participación electoral a personas que tuvieran pruebas de que eran hombres de bien, que tuvieran familia y propiedad. Sin embargo, existía una fuerte corriente conservadora -que la componían en su mayoría los jóvenes- que manifestaba su preferencia hacia el socialcristianismo. Esta corriente -La Falange-, sería la semilla de la actual Democracia Cristiana.
Las críticas se mantenían al sistema capitalista por parte de los Radicales, pero no cuestionaban los preceptos de la democracia liberal. Los comunistas en un primer momento, se adhirieron a estrategias dictadas directamente desde Moscú por la III Internacional con una actitud revolucionaria (hasta 1935). Con el correr del tiempo los nacionalsocialistas  también serían arietes antidemocráticos. Mención aparte merecen los socialistas. Ellos incluso tuvieron la oportunidad de formar gobierno en 1932 con la República Socialista.
La estabilidad política llega por fin con la asunción de Arturo Alessandri. “El León”, tenía la oportunidad de comenzar de nuevo. Pero el panorama político era bastante oscuro. Existía un escaso arraigo a la constitución y los sectores mantenían un recelo a la democracia, como se dijo anteriormente.

La fuerza presidencialista que no tuvo entre 1920 y 1924, ahora la uso a plena capacidad. Con sus probadas dotes de líder comenzó su gobierno enfrentando con dureza a los opositores de la legalidad constitucional. Alessandri usó la fuerza preferentemente contra los sectores de izquierda. Esta pugna entre los grupos políticos, contrariamente a los que podría pensar, dejó fortalecida a la incipiente constitución, pues el gobierno la defendía a fuerza, mientras que la izquierda la usaba para defenderse de los abusos del ejecutivo.
El hecho de que la constitución fuera aún débil, motivó que grupos se organizaran para defenderla. Es así que nace la Milicia Republicana, órgano fundado en la República Socialista para garantizar el proceso constitucional. Ésta gozó de popularidad en los ambientes políticos gobiernistas de la época, pero también generó un resquemor en las filas del ejército. La Milicia se disolvió en 1936 al considerar que el país había recuperado la estabilidad política.
En un principio Alessandri llega al poder mediante los votos de conglomerados de izquierda y del Partido Radical. Éste último fue llamado a hacer gobierno desde La Moneda, pero los continuos roces debido a la política económica y el apoyo a la Milicia Republicana, lo distanciaron definitivamente del gobierno en 1934.

Pese a que los radicales se pasan a la oposición, Alessandri mantiene su programa de gobierno con el apoyo de liberales y conservadores, que son mayoría en El Congreso. Con esta plataforma política, se pudo mantener el programa de hacienda del ministro Gustavo Ross, que tuvo éxito en el manejo de las finanzas públicas; además tuvo el suficiente respaldo como para mantener el orden institucional vigente.
La izquierda en tanto, para enfrentar efectivamente al gobierno, tuvo que unirse dentro de un bloque único. Nace así el Frente Popular de 1936, conglomerado de partidos de izquierdas, que fue organizado desde el Partido Comunista, y que logró atraer primero a los Radicales, y posteriormente a los Socialistas  (que tenían la misma tendencia al crear el Block Parlamentario de Izquierdas y que desde su tienda aspiraba a ser el eje de un frente unitario, sólo que los Radicales y comunistas se les adelantaron). Este frente se disuelve en 1941.
A medida que se acercaban las elecciones de 1938, le devenir político se hacía cada vez más intenso. El más importante apronte de cara a las presidenciales fue la elección parlamentaria de 1937, en la que la derecha aumenta la votación de 1932 lo que pone en peligro la coalición de izquierda. Se produjo una suerte de desbande en la que el comunismo se puso al lado de los socialistas, proclamando a Marmaduque Grove como candidato. Por otro lado, los radicales manifestaban sus dudas para hacer frente a la crisis y por medio de un Congreso Extraordinario, decidió seguir siendo parte del Frente Popular. Maniobras políticas, hicieron que Grove renunciara y  fue en ese momento (1937) que surge el candidato de las izquierdas Pedro Aguirre Cerda.

Por su parte, la derecha presenta -también con muchas dudas- a Gustavo Ross como candidato a las presidenciales del 1938. Por su parte Carlos Ibáñez sale a la cancha electoral, apoyado por los nacionalsocialistas y la Acción Nacional Libertadora.
Lo más probable que Ross hubiera tenido la banda presidencial, si no hubiera pasado la Masacre del Seguro Obrero, en la que jóvenes nacionalsocialistas, al intentar un golpe de Estado contra Alessandri, fueron asesinados sin defensa alguna en el edificio del Seguro Obrero. Esto provocó el retiro de la candidatura de Ibáñez, y que éste diera su apoyo al Frente Popular.
De esta forma, y por primera vez en la historia, la izquierda, representativa de los sectores más modestos de la sociedad chilena, se hacen cargo de la administración de Estado.
El Frente Popular fue el inicio de 14 años de radicalismo, pues es el partido emblemático del período, ya que los tres presidentes que lo abarcan son de esa militancia. El poder descansó en la coalición de diferentes partidos, y el Frente que lo llevó al poder solamente se hizo parte de gobierno con Aguirre Cerda. Este gobierno  no se salvó de intentonas destinadas a derribarlo. Sectores ibañistas intentaron derribarlo por la fuerza  con un levantamiento propiciado por el general Ariosto Herrera (Ariostazo), el que fue rechazado por las mismas Fuerzas Armadas y por la ciudadanía. Otra forma de intento de colapso del régimen, fue la que la derecha -cuando eran mayoría- hizo una especie de “huelga legislativa” para obstruir la acción del gobierno. Tal estrategia fracasó porque la Falange rompió el cerco derechista y asistió a las sesiones. En todo caso, estas manifestaciones de rechazo al nuevo régimen se realizaron en un primer momento, ya que luego fue conciliadora con los demás gobiernos radicales.
Con la prematura muerte de Aguirre Cerda en 1941, Chile se vio en la necesidad de elegir un nuevo presidente, quien resultó ser Juan Antonio Ríos, apoyado por demócratas, falangistas, radicales, comunistas, socialistas y un sector de liberales. Esto le permitió tener una amplia base legislativa. Durante este período, se produjo un quiebre dentro del Partido Socialista, que veía  con malos ojos la creciente injerencia de sectores empresarios dentro del gobierno. El partido se dividió en Socialistas tradicionales de Salvador Allende y Socialistas Auténticos, liderados por Marmaduque Grove que seguían colaborando junto al gobierno. Esto les trajo como resultado una baja de votantes en las parlamentarias, lo que trajo como consecuencia la mayor injerencia de los comunistas en asuntos de Estado.

Nuevamente Chile se queda sin presidente. Ríos muere en 1946. Los conflictos obreros se recrudecen, y los socialistas aceptan integrar el gobierno para suavizar la acción del gobierno contar el movimiento obrero.
Gabriel González Videla será recordado como uno de los presidentes más ambiguos en cuanto a sus relaciones políticas; apoyado en un principio por comunistas, González Videla prometió en un primer momento restablecer el espíritu de unidad del Frente del 38, es dentro de este espíritu que coloca -por primera vez en la historia política chilena-, ministros comunistas en áreas de relaciones con los obreros (Trabajo, Agricultura y Tierras y Colonización) “El pueblo lo llama Gabriel” dice Neruda durante la campaña presidencial,”No habrá poder humano ni divino capaz de romper los lazos que en unen con el Partido Comunista y con el pueblo” , respondía González Videla. La inclusión comunista trajo como consecuencia el rompimiento con los socialistas, y el consiguiente debilitamiento del poder del movimiento sindical. El PC sigue ganando terreno con las municipales del 47, y la derecha urge al gobierno separarlo del poder, ya que su influencia crece y crece.
Esta presión derechista se ve reforzada por la posición de EE.UU en los primeros momentos de la Guerra Fría, y González Videla vira su posición política, logrando con ello el resentimiento inmediato de los comunistas para con él. Ellos desataron una ola de protestas, que redundaron precisamente -para el beneplácito de EE.UU- de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, la que declara ilegal al PC.
Esta actitud del gobierno, unida al desgaste de los gobiernos radicales, trajo en la ciudadanía la sensación de poca efectividad de los grupos políticos. Ya se nota el desgaste de los políticos, y se aprecia que un cambio está por desatarse. Un elemento clave para que se desarrollen cambios, es el voto femenino, que duplica la cantidad de votos, y hace virar la balanza de influencias dentro de la opinión pública; ahora hay que seducir a la mujer para ganar los votos, pero no se sabe cómo. Este elemento, y la consistente sensación de incapacidad política se traduce en un movimiento social, que en 1952 lleva al poder al ya anciano Carlos Ibáñez del Campo, que se le considera como un símbolo de un apoliticismo que contrasta con las promesas de los viejos políticos.
Es así como concluye los veinte años del Chile político, años en donde los principales esfuerzos en cuanto a actividad política, se centran en consolidar al sistema democrático como el adecuado para gobernar.

EL CHILE ECONÓMICO


Nuestro país fue uno de los más golpeados por la gran depresión de 1929-1932. Todas las áreas productivas bajaron ostensiblemente; los préstamos de la banca extranjera casi no llegaban por falta de liquidez nacional y se consumó una catastrófica situación en cuanto al desarrollo del país.
El gobierno de Alessandri enfrentó la crisis con medidas de intervención de la economía nacional, pero eran medidas extremas tendientes a superar la crisis y no establecer una política seria de desarrollo.
Ya en el pasado, durante los años 20′ existían sectores empresariales y políticos discutiendo este tema, y no fue hasta el Frente Popular que se tomó la iniciativa de generar una planificación de las políticas tendientes al desarrollo sostenido del país, que tomaba como rector al estado del proceso de industrialización para sustituir exportaciones y elevar la calidad de vida y bajar la cesantía de la población. En esto fue clave la creación de la Corporación de Fomento de la Producción CORFO. La oportunidad se dio debido a que el gobierno pidió facultades extraordinarias por el terremoto de 1939 para desarrollar un plan de fomento a gran escala. Los sectores de la derecha política se resistieron al proyecto por considerarlo como una carga tributaria para la población. En suma, la  se aprueba gracias a que se acordó financiarla con créditos externos.
Otro factor que permitió la creación de este organismo, fue el respaldo que le dio el sector empresarial a la iniciativa, respaldo que redundó en apoyo político del sector empresarial al Frente Popular.

La idea era aprovechar los recursos naturales, los que permitían de sobra el crecimiento industrial, Esto requería de un plan global que tuvo como gestor exclusivamente al Estado, Eso si, la CORFO tomó este proceso con criterio técnico, y llamó a los sectores productivos -empresarios y obreros-, a tomar parte del proceso, pero siempre con el Estado como rector de esta política. La toma en cuenta de los privados permitió orientar la producción a los sectores más favorables para el desarrollo, y además permitió crear sociedades productivas mixtas y desarrollar planes credicicios a particulares, además de la creación de industrias claves para el desarrollo industrial. Así nace ENDESA(1944), Compañia de Aceros del Pacífico (CAP), compañía mixta, IANSA, por nombrar algunas, que dieron el vamos al proceso de industrialización nacional.
En aspectos macroeconómicos, el sistema capitalista se mantuvo como el referente el capitalismo, pese a que durante el período se suscitaron gobiernos de tinte izquierdista. EE.UU fue el cliente principal y primer inversionista extranjero y fue lo suficiente como para ser un garante del sistema capitalista en la época. La inflación mostró tendencia al alza en los años del radicalismo, pero se cubrieron con alzas en los sueldos nominales. Los movimientos sindicales crecieron y se fortalecieron, y el gobierno radical los apoyó en su desarrollo, garantizando -salvo casos puntuales- la paz social. Nace la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH), que tuvo influencia en los sectores urbano-industriales, pero no se logró la sindicalización del agro, sector dominado por la derecha. La producción creció más que la población, que a pesar de ello mantuvo serios déficits educacionales y habitacionales.
Chile en todo caso, dio un paso clave para desarrollarse para tiempos futuros; la CORFO mantiene un papel importante en la actualidad dentro del proceso productivo, y en aquella época sirvió como la piedra base de un desarrollo del sector secundario.

EL CHILE INTERNACIONAL


Durante estos veinte años de crecimiento democrático, Chile  participó activamente dentro de la política internacional. En la década del 30′, las relaciones internacionales se orientaron en cierto modo hacia el combate de la influencia norteamericana dentro de la región. Chile fue uno de los países que, antes de la 2ª Guerra Mundial, en la Unión Panamericana tuvo el rol de país que prefería la independencia y la neutralidad, contra la tesis norteamericana de defensa de sus fronteras, con alianzas americanas ante la amenaza intercontinental.
En la guerra, la presión externa y de la opinión pública interna, hizo que Chile rompiera su neutralidad que tanto le costó mantener para el primer conflicto mundial de 1914. Esta actitud hizo que Chile siguiera dentro de esta senda, al firmar pactos de defensa continental (Río de Janeiro 1947), ser partícipe de la creación de la OEA y participar como miembro fundador de la ONU.
Chile además, en los 20 años de crecimiento institucional no tuvo mayores problemas para con sus vecinos. Con excepción de la zona de Palena y del Beagle. En otro ámbito, nuesdtro país crece, al menos nominalmente, con la delimitación e incorporación al territorio de la Antártica chilena en 1940.
De esta forma Chile se cimentó política y socialmente como un país estable, y se insertó dentro de la plenitud del siglo XX. Los posteriores años son más que nada consecuencia de este juego en donde la democracia es el condicionante permanente de las políticas económicas y sociales que regirá al país durante los próximos veinte años.

Autor:

  Carlos Fernando Reyes





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