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Historia del fotoperiodismo: Incidencias en Catalunya parte 1 - Monografía



 
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Periodismo. Orígenes. Weimar. Cámara Leica. La Ilustración. La Vanguardia. El Diario Gráfico. Especialización. Freelance. Control. Sabastiao Salgado



INTRODUCCIÓN



Se ha creído conveniente comenzar este estudio con un repaso a los orígenes del fotoperiodismo. Esta revisión del periodismo gráfico a nivel mundial nos proporcionará una base para comprender el posterior desarrollo en Cataluña y nos introducirá en los aspectos más importantes que más tarde pasaremos a tratar. El presente trabajo tiene como objeto el estudio de dos factores fundamentales acerca del fotoperiodismo catalán. Por una lado analizará cuales fueron los momentos históricos claves que influyeron en el  desarrollo del fotoperiodismo en Cataluña; y por otro, quienes fueron las personas más importantes que protagonizaron ese desarrollo. En el tercer y último punto del estudio, abordaremos la situación actual en la que es encuentra el periodismo gráfico en Cataluña. Seria un error no hacer referencia a la historia y situación del periodismo español, pero no se hará en un apartado monográfico sino que se tratará de forma unitaria a medida que se desarrolle el estudio objeto de este trabajo.

¿Cómo podríamos definir el término fotoperiodismo?. Podríamos decir que el fotoperiodismo intenta contar una noticia a partir de imágenes o apoyar un texto susceptible de ser noticia. En una sociedad en la que la realidad la construyen los medios de comunicación, el apoyo de la fotografía contribuye a dar credibilidad al hecho que se está narrando. Sin caer en el tópico de que una imagen vale más que mil palabras, podemos asegurar que, si un reportaje de un diario va acompañado de fotografía, no nos cabe la menor duda de que aquello que estamos leyendo es verdad. Esta omnipotencia de la imagen ha estado ligada al desarrollo de la tecnología y de la sociedad en general.

Es por ello que el primer punto expondrá los orígenes de la noticia ilustrada, el momento en el cual se acompañó el texto con imágenes. Estos orígenes están íntimamente ligados a una serie de desarrollos tecnológicos en las técnicas de impresión que posibilitaron reproducir las tonalidades de grises de las fotografías en papel. Hasta entonces las noticias eran ilustradas por grabadores que reproducían las fotografías en madera; ésta era entintada y el resultado era un dibujo ciertamente artesanal en blanco y negro. Estos grabados solían provenir de dibujos pero cuando lo hacían de fotografías lo reflejaban con la mención “sacado de una fotografía”. Fue en Norte América donde el 4 de marzo de 1880 se imprimió la primera fotografía por un nuevo procedimiento denominado halftone. Apareció en el Daily Herald de Nueva York y se trataba de una fotografía titulada Shantytown (barracas). El procedimiento consistía en reproducir una fotografía a través de una pantalla tramada que la divide en una multitud de puntos. Se pasa luego el cliché obtenido bajo una prensa al mismo tiempo que el texto compuesto. Este procedimiento es lo que hoy, considerablemente mejorado, es la tipografía.

Este nuevo adelanto no podía ser aprovechado a diario dado el tiempo que requería la preparación de los clichés y el carácter de inmediatez que tiene la prensa diaria. Por tanto, solo los semanarios disponían del tiempo necesario para la elaboración de reportajes fotográficos ilustrados. Además, tendrían que pasar bastantes años hasta que la fotografía en sí se convirtiera en noticia por si misma.

Si bien la técnica tipográfica tiene sus orígenes en Estados Unidos, el nacimiento del fotoperiodismo se produce en Alemania, fruto del espíritu liberal que reina en la república de Weimar en el periodo de entreguerras y que provoca un florecimiento de las artes y las letras. Es cierto que ya en 1853 la guerra de Crimea fue ampliamente documentada por fotógrafos pero el fotoperiodismo como hoy lo entendemos no nace hasta después de la I Guerra Mundial. En este punto veremos cómo una situación social concreta influyó en muchos ámbitos de la vida intelectual y artística. En 1919 el arquitecto Walter Gropius funda la Bauhaus, escuela estética que interactuó con muchos campos del arte incluido la fotografía, y que llegó a rebasar las fronteras alemanas. En esta época la prensa, que se había visto severamente censurada, cobra un nuevo impulso y comienzan a surgir semanarios ilustrados, entre ellos el Berliner Illustrierte y el München Illustrierte Presse, muy económicos y por lo tanto al alcance de un gran público.

Pero para que el fotoperiodismo adquiriese todo su potencial tubo que haber una revolución en la manera de hacer las fotos. Una fotografía de un acontecimiento que transcurría en décimas de segundo era imposible de realizar con las pesadas cámaras de placas. Fue Oskar Barnack en 1925, con la invención de la cámara Leica de negativo 24 x 36 mm, el precursor del fotoperiodismo como hoy lo entendemos. Con este tipo de cámara el fotógrafo podía pasar desapercibido y disparar su cámara cuando lo creyese conveniente. De esta manera el tipo de fotografía  tradicionalmente posada pasaría a ser una imagen más improvisada, sin el encorsetamiento acostumbrado, con la posibilidad de captar imágenes en fracciones de milésima de segundo y de esta forma se abrirían nuevas vías de expresión visual.

Es evidente que el desarrollo del fotoperiodismo va ligado por tanto a desarrollos técnicos importantes como los mencionados pero, a las puertas del siglo XXI y con la tecnología digital invadiendo todos los ámbitos de la sociedad, las formas de trabajo de los grandes fotoreporteros actuales no han variado mucho de las empleadas por precursores como Robert Capa a nivel mundial o las últimas generaciones de los Pérez de Rozas en Cataluña. Grandes fotoperiodistas de hoy cómo Sebastián Salgado o Kim Manresa reniegan de “lo digital” y emplean para su trabajo películas químicas normales y cámaras manuales . Otra cosa es la infraestructura tecnológica que las grandes agencias de prensa mundiales ponen al servicio de sus reporteros de plantilla, con cámaras digitales, telefototransmisores a través de satélite, etc. con el objeto de recibir la fotografía lo antes posible. Atrás quedan los años en los que fotógrafos deportivos como Francisco Algersuari enviaba sus rollos de película utilizando palomas mensajeras.

También será pertinente analizar la situación del periodismo gráfico en la Segunda Guerra Mundial donde, en la Alemania nazi, toda imagen destinada a ser publicada en un medio informativo, tenia que pasar por la oficina de control creada con tal fin. Obviamente solo eran publicadas las que contribuyeran a la propaganda  nazi. En general la información era restringida por todos los piases beligerantes y ésta era utilizada con fines propagandísticos. Es también la época del apogeo de las grandes agencias de prensa puestas al servicio de los países beligerantes como Habas en Francia, Reuter en Gran Bretaña o UnitedPress en EE.UU.

Teniendo ya una base histórica que nos sirve de referencia para situar el panorama mundial del reportaje gráfico, el segundo punto del trabajo nos introduce ya en el análisis de los primeros años del fotoperiodismo catalán, que acertadamente  fija Jaume Fabre en su  libro Història del Fotoperiodisme a Catalunya, en el periodo que abarca las dos exposiciones universales celebradas en Barcelona en 1888 y 1929. En estos más de 40 años el auge de los semanarios ilustrados y la creación de dos de los diarios que introdujeron el rotograbado en sus páginas, El Diario Gráfico y La Vanguardia, impulsaron el trabajo de una nueva generación de fotógrafos que empezaban a hacer del periodismo gráfico su medio de vida. Otro diario pionero en la inclusión de rotograbados en sus páginas fue el monárquico ABC, curiosamente el diario que menos fotografías publica en estos momentos.

Por estas fechas, de la misma manera que ocurría en Europa, las únicas publicaciones que incluían algunas fotografías eran los semanarios ilustrados, con reportajes atemporales, crónicas de viajes, trabajos folklóricos o sobre arqueología y arte. Este tipo de fotografías eran realizadas por fotógrafos que tenían una concepción más amplia de su trabajo y que ni tan solo consideraban la posibilidad de una especialización de la información gráfica de actualidad. No hay que olvidar que estos primeros catalanes pertenecían a la alta burguesía, que eran los únicos que se podían permitir los altos costes de los aparatos y materiales. Hay que decir que su trabajo fotográfico era sobre todo de tipo artístico y amateur. Los que se lo tomaban como algo más profesional, no podían pensar todavía en dedicarse enteramente a la fotografía de prensa como medio de vida y tenían que alternarla con la realización de retratos y postales.

Es por ello que todavía no se puede considerar la existencia de los primeros fotoperiodistas catalanes hasta bien entrado el siglo XX. Los grandes fotoperiodistas de la generación pionera que se plantearon como fuente básica de sus ingresos la fotografia de prensa fueron Merletti, Brangulí, Moragas, Ballel i Domínguez, que dejaron reflejar  su trabajo en las primeras publicaciones gráficas de comienzos de siglo.

Si existe un hecho histórico en Cataluña que pueda considerarse el primer acontecimiento perfectamente tratado como reportaje, esa es la Semana Trágica de finales de julio de 1909. Fotógrafos como Adolf Más y Josep Brangulí, que ya tenían años de experiencia en fotografía en la calle, plasmaron perfectamente los acontecimientos que fueron publicados en las páginas de los semanarios   inmediatamente después de producirse los hechos.

Lo que supuso la definitiva eclosión del fotoperiodismo en Cataluña fue la influencia de la primera revista gráfica francesa, VU, que dejaba a un lado el encorsetamiento de los modelos tradicionales del siglo XIX. A través de Francia llegaban a Cataluña los nuevos aires de apertura de la Alemania de Weimar. Se crea en Berlín la agencia Dephot, dedicada al fotoperiodismo. Pronto se abonan a sus servicios los nuevos semanarios gráficos franceses que imponen un nuevo estilo más vivo de hacer reportajes gráficos. Brangulí y Merletti se convierten en corresponsales de dos de estos semanarios, el Mirror du Mode y L’Ilustration respectivamente, imponiendo así en Cataluña las nuevas corrientes del fotoperiodismo. Estos fotoreporteros catalanes pueden ser considerados los primeros en realizar su trabajo de manera free-lance, al estilo de la escuela creada por la agencia alemana. Esta forma de trabajar suponía tener la iniciativa en los temas tratados, teniendo así libertad para escoger los acontecimientos y la forma de tratarlos.

No solo se deja notar la influencia alemana en el tratamiento formal del reportaje sino que un nuevo estilo de trabajar, el creado por el alemán Erik Solomon, hace que la competencia entre fotógrafos no permita quedarse atrás a muchos de ellos. El régimen free-lance, en cual el reportero buscaba la noticia e intentaba tener la exclusiva de la  foto, hizo que los más jóvenes fotógrafos que habían despertado a la actividad periodística con la Exposición Universal de 1929 supieran encontrar nuevos caminos para el reportaje gráfico.  En este grupo se encontraría una nueva generación de reporteros (Centelles, Pérez de Rozas, Torrents, etc.) muchos de los cuales iniciarían las grandes sagas de reporteros que se perpetuarían hasta la fecha. Atención especial le dedicaremos a los Pérez de Rozas, entre cuyos miembros se encontraba Carlos, el fundador de la saga que murió en 1954 mientras fotografiaba la llegada del buque que repatriaba de Rusia los prisioneros de la División Azul.

Como en Alemania en 1919, el periodo más fructífero para el fotoperiodismo catalán se dio desde la proclamación de la República en 1931 hasta la entrada de las tropas de Franco en Barcelona en 1936. En estos cinco años  los profesionales de la noticia gráfica tuvieron tiempo de ponerse al día en cuanto a medios técnicos e ideas. Se hace evidente que el sistema político dominante en la época influye directamente en todos los ámbitos y particularmente en todo aquello que tenga que ver con cualquier medio de expresión. A partir de aquí, la represión y la falta de libertad del nuevo régimen influirán en todos los ámbitos de la vida del país, y de forma muy especial en el control de la información. Si del periodo republicano no se dispone de todo el abundante y excelente material gráfico los responsables de esta situación fueron los saqueos franquistas en busca de cualquier información que tuviese que ver con cualquier sospechoso de ser republicano. Se cree que mucho de este material se encuentra en los archivos de Salamanca y actualmente sigue siendo reclamado por el gobierno Catalán.

Comienza aquí un periodo, el de la guerra Civil Española, en el cual se ha de destacar el trabajo realizado por el fotógrafo Agustí Centelles. Perteneció al grupo de fotógrafos españoles más implicados y sensibilizados con los acontecimientos, entre los que se hallaban  Torrens y Gonzanhi.  Siendo Centelles el único que se echó a la calle el 19 de julio de 1936, logró transportar y ocultar todo su archivo fotográfico hasta el exilio en Francia para, después de la muerte de Franco en 1976, volver a buscar sus negativos y darlos a conocer en una exposición que daba una versión totalmente nueva de las imágenes de la guerra y los campos de concentración.

Centelles llegó a trabajar para los servicios de propaganda de la Generalitat de Cataluña junto con Català Pic, este último jefe de publicaciones y excelente cartelista. El Comissariat de Propaganda, que así se llamaba el departamento creado en setiembre de 1936, se encargaba de editar carteles a partir de fotografías no firmadas y de poner a disposición de los enviados de prensa extranjeros medios para poder revelar sus carretes. El húngaro Robert Capa fue uno de los reporteros que utilizaron sus laboratorios y fue allí donde reveló su famosa fotografía del miliciano republicano abatido.

La Guerra Civil española comienza a interesar a los grandes semanarios y diarios americanos y europeos, que ven en la contienda el enfrentamiento entre la democracia y los fascismos. Las grandes agencias de noticias desplazan a sus mejores reporteros gráficos para captar las acciones de guerra.

En el transcurso de la guerra se crea en Barcelona el primer pool de fotoreporteros, que rompe con las rivalidades creadas hasta entonces por la manera de trabajar en busca de la noticia exclusiva. Lo formaron reporteros como Brangulí, Carlos Pérez de Rozas, Josep María Segarra, Antoni Campañá o Merletti, por citar a algunos de los más importantes. Esta asociación se encargaba de difundir las imágenes de guerra, no sin sufrir las penurias de la escasez de medios materiales para realizar su trabajo, pues la guerra había hecho que el papel y las películas fueran bienes casi de lujo, además de que los diarios también tuvieron que disminuir su número de páginas debido precisamente a las dificultades de abastecimiento de papel. Mediante esta organización los fotógrafos al final de la  jornada reunían su trabajo y éste era seleccionado y mandado a los diarios para su publicación prescindiendo del nombre del autor. Esto les suponía una gran seguridad tanto a ellos como a los medios en los cuales aparecían las fotografías y les supuso una garantía para después de la guerra seguir trabajando, aunque por otra causa.

Una vez instaurado el nuevo régimen, la ley de prensa de 1938 tuvo como objetivo controlar toda la información que pudiese circular por el país. A tales efectos el gobierno franquista, mediante su director General de Prensa Juan Aparicio, se encargó de expedir el único carnet de periodista que podía haber. No hace falta decir que los criterios a tener en cuenta eran estrictamente de afinidad política. Se acababa por tanto el sistema de free-lances de antes de la guerra ya que la nueva ley obligaba a tener un fotógrafo de plantilla en cada medio. Incluso se llegó a instaurar un uniforme para los reporteros gráficos, pues no en vano la prensa debía luchar por la causa como un soldado más. En 1939 se cerraron muchos diarios y el pastel del mercado fotoperiodístico se lo repartieron unos pocos, entre ellos los Pérez de Rozas que se quedaron con La Vanguardia, Solidaridad Nacional y la recientemente creada Agencia EFE. Será interesante conocer en que situación y con qué fin se creó dicha agencia. Por un lado controlaba la información proveniente del extranjero y por otro difundía la propaganda del régimen franquista.

Estamos pues ante un periodo de tiempo en el cual la represión y la censura ahogan cualquier faceta que se salga de los cánones impuestos. Cualquier profesional de la información que quiera trabajar con cierta seguridad ya sabe a qué ha de atenerse y si puede dejar a un lado los temas políticos o de denuncia social mucho mejor. Se vive una etapa en la que mayoritariamente las imágenes en los diarios se reducían a autoridades o actos oficiales. Es la “larga noche de piedra del franquismo” , una etapa de letargo para el reportaje gráfico, cobrando importancia nuevamente la fotografía tardopictorialista, que entroncaba más con las ideas imperialistas, patriotas i místicas del régimen. El fotógrafo más representativo en la España de esta época fue José Ortiz  Echagüe y en Cataluña Pla Janini. No es de extrañar que se desarrollara una especialización de los reporteros en sobre todo de corridas de toros y deportes, temas poco comprometidos y destinados a entretener a la sociedad.

Precisamente el deporte, principalmente, comenzó a tener un éxito acaparador y llevó a tener como uno de sus máximos exponentes a Francisco Alguersuari, iniciador de otra de las grandes sagas de grandes fotoperiodistas perpetuada por sus hijos Jaime y José María, éste último en la actualidad redactor jefe de fotografía de La Vanguardia. En la entrevista mantenida con Alguersuari nos daremos cuenta de su asombroso curriculum y de la manera de trabajar de una auténtico free-lance, con seis olimpiadas fotografiadas y más de catorce vueltas ciclistas a España (además de otros grandes eventos deportivos internacionales). Sin ninguna vinculación a ningún medio de información, lograba vender todas sus fotografías a los más prestigiosos diarios de todo el mundo. Nos daremos cuenta de cómo la producción de un fotógrafo free-lance está muy ligada a los buenos contactos que se puedan tener, pues si no ¿cómo se explica poder cubrir informativamente seis olimpiadas sin estar acreditado en ningún medio de comunicación?. Este hecho lo corrobora la fotógrafa barcelonesa Colita y el ya desaparecido Miserachs, que tuvieron que inventarse las mil y una artimañas para colarse en el Estadio Olímpico de Monjuich en las Olimpiadas de 1992, con el objeto de realizar un reportaje para la edición de un libro sobre las olimpiadas en Barcelona . Este libro, subvencionado por una prestigiosa firma comercial, logró llegar a editarse sin que los miembros del gabinete de prensa del COI expidieran los correspondientes pases de prensa.

Pero volviendo al esquema cronológico, hay un hecho importante que introdujo perspectivas nuevas en el mundo de la información y naturalmente en el periodismo gráfico. En los años 60, el país se encuentra en una situación muy diferente a la de la guerra civil, había evolucionado y esta evolución afecta a todos los niveles incluida la prensa. Ya no se pueden mantener las restricciones después de endurecer el Código Penal o crear la Ley de Secretos Oficiales, por lo que las Cortes franquistas se ven obligados a aprobar en 1966 una nueva Ley de Prensa, elaborada bajo el mandato de Manuel Fraga Iribarne, por aquel entonces ministro de Información y Turismo. Esta nueva ley, más permisiva, acabó con el estancamiento en el crecimiento de publicaciones y permitió que nuevos profesionales ejercieran su labor. Estas publicaciones no pagaban o pagaban muy poco el trabajo de los fotoperiodistas, pero éstos accedían a trabajar o bien por que era lo único que había o bien por afinidad política. Se puede decir que es el nacimiento de una nueva generación de reporteros, entre los que se hallan Colita, los hermanos Seguí, Juan Cid o Francesc Català Roca. Este último es considerado por muchos el mejor fotógrafo de su tiempo, el que creó un puente entre la fotografía de entreguerras y el nuevo documentalismo. Sin ser considerado un fotoreportero, puesto que sus fotografías a menudo iban destinadas a ilustrar libros, su obra está impregnada de ese estilo agudo e instintivo que caracteriza el reportaje gráfico. El camino emprendido por Català Roca lo seguirían Xavier Miserachs, Oriol Maspons y Colita entre otros, dando lugar a la llamada Escuela de Barcelona, que influiría decisivamente en la fotografía española.

Entre las nuevas revistas, aparecidas al amparo de la nueva Ley de Prensa, encontramos Canigó, donde empezó a colaborar Joan Guerrero y Guillermina Puig, convertidos hoy en grandes fotógrafos de plantilla de El Pais y La Vanguardia respectivamente.

Todos ellos comenzaron a trabajar en nuevas revistas y publicaciones deportivas, alternando a veces su trabajo en estos medios con colaboraciones clandestinas en agencias extranjeras. Otra novedad importante fue la creación de la Agencia Europa Press, vinculada al Opus Dei, en la cual trabajó en Madrid el catalán Paco Ontañón, que venia a restarle campo a la omnipotente Agencia EFE.





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