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Internet y después qué Dominique Wolton parte 2 - Monografía



 
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CII MEDIOS DE COMUNICACIÓN GENERALISTAS Y GRAN PÚBLICO



TELEVISIÓN GENERALISTA: UNA VICTORIA ILEGÍTIMA


La televisión correspondía en parte a este ideal democrático que permite el acceso de una gran cantidad de público a la información, a la cultura o a la diversión. Digan lo que digan las elites, la televisión les ha dado miedo.
Además en lugar de ver una oportunidad para la cultura de masas, han visto una máquina para influenciar sobre los ánimos y “bajar el nivel cultural”.
La economía general de la televisión, se divide en tres partes desiguales: una mayoría para la televisión generalista, lo demás para los servicios del cable y el multimedia.
La televisión gusta, pero forma parte tanto de la vida cotidiana, que no es preciso hablar de ella salvo para quejarse, ya que la paradoja es que nos es indispensable sin que nosotros estemos satisfechos. Este doble movimiento, uso y decepción, contribuye a la pérdida de la legitimidad de la televisión.
Es falso decir que el telespectador se deja engañar por lo que ve. Aquí encontramos algo importante: el público está dotado de inteligencia crítica y, aunque otorgue éxito a la televisión, sabe guardar las distancias. Mirar no significa obligatoriamente adherirse a lo que se mira.
En el espacio de comunicación, y los temas de curiosidad y de comprensión son mucho más amplios actualmente, en la medida del nivel cultural de la población es más elevado.

En resumen, el éxito de la televisión es inmenso, real, duradero. La diferencia entre la oferta y la demanda de programas explica el éxito de los medios de comunicación temáticos, la dificultad de la televisión es intentar facilitar un acceso a la cultura. La televisión es un espectáculo y no puede ser una escuela con imágenes. La solución consiste en partir de esta necesidad de distracciones para elevarlas hacia los programas de calidad. Esta evidencia de la comunicación de masas le da fuerza y explica su papel inestimabl4 de vínculo social y de apertura a la cultura contemporánea. Esta banalidad de la televisión es un medio para soportar la prueba de la apertura al mundo. La diversión y la heterogeneidad de los programas son uno de los modos de compensar los efectos desestabilizantes de esta apertura al mundo. La banalidad es la condición por la cual la televisión juega este papel de apertura al mundo, tanto por la experiencia personal como por el acceso a la historia.
Estamos tan acostumbrados al papel esencial de la televisión en la democracia que olvidamos cómo esta banalidad aparente cumple en realidad una misión esencial.
Estas diferencias entre el importante papel que juega la televisión y la conformidad crítica que lo rodea ilustran la falta de reflexión de las elites sobre la sociedad contemporánea, y muestran cómo sus constantes críticas hacia la sociedad de masas expresan su conformidad y demuestran su retraso en comprender tres grandes cuestiones de la modernidad: la comunicación, la cantidad y la relación entre esfera pública y esfera privada en una sociedad abierta.

La banalidad no se de a nuestra sociedad, sino a su crédito. En primer lugar, porque son el resultado de un inmenso trabajo de emancipación cultural y porque esta banalidad es una de las puertas de entrada esenciales a la comprensión de las contradicciones de la sociedad contemporánea.
Esta conformidad crítica conlleva dificultad para comprender y una incapacidad de ver que, en dos generaciones, hemos pasado de dos culturas, la de elite y la cultura popular, a cuatro formas de cultura, la de elite, la mediana, la de masas y la particular. La paradoja es siempre la misma: no se trata más que de hacer vivir la democracia de masas, presentada como el único sistema político viable, los partidos, los sindicatos y los movimientos de opinión aunque, simultáneamente, critiquemos todas las manifestaciones concretas, entre las que se encuentran los medios de comunicación.
La televisión presenta dos ventajas: valoriza la lógica de la oferta y destaca las dificultades de la comunicación, a saber, la incomprensible diferencia entre las tres lógicas, la del emisor, la del mensaje y la del receptor.

LA GRANDEZA DE LA LÓGICA DE LA OFERTA



La televisión es el ejemplo de la importancia de una política de la oferta. Destacar la preeminencia de la oferta es recordar toda la historia de la cultura. Si queremos facilitar el acceso a la cultura, es preciso ampliar la oferta cultural y no sólo interesarse por la demanda. Para formular demanda, es necesario organizar el acceso al mundo. Esta mejor capacidad de comprensión del mundo permite, en un segundo momento, formular una demanda. Contrariamente al discurso que domina actualmente, la emancipación pasa primero por la oferta y no por la demanda, puesto que es la oferta la que permite constituir los marcos de comprensión a partir de los cuales se va a manifestar la demanda.
Esta oferta debe ser lo más amplia posible ya que las vías de acceso a la cultura son múltiples, y ninguna de ellas se interesa por el mismo tema al mismo tiempo. Desde el punto de vista de una teoría de la televisión, nunca se insistirá los suficiente sobre la importancia de las televisiones generalistas y sobre la lógica de la oferta.

Toda teoría del público implica una teoría de la televisión, y después, una representación de la sociedad. Los argumentos que condenan el concepto de gran público se parecen a aquellos que regularmente condenan el concepto de democracia.
Se debe recodar también, evidentemente, que el público nunca es pasivo o ajeno.
La contrapartida a esta preeminencia de la oferta concierne a la exigencia de calidad.
No es suficiente recordar la superioridad de la televisión generalista frente a la televisión temática, sino que también es preciso ver el vínculo que existe entre televisión generalista, servicio público e identidad nacional. La televisión privada generalista no está tentada a ampliar su paleta de programas más allá de aquellos que le aseguran la audiencia, la pública puede continuar ofreciendo una paleta de programas generalistas más amplia que la televisión privada. Cuando más generalista es la oferta de la televisión más desempeña aquélla su papel de comunicación nacional. La televisión es el principal espejo de la sociedad; es esencial para la cohesión social que los componentes sociales y culturales de la sociedad puedan encontrarse y descubrirse. Ello supone una mejora sustancial de la calidad de la forte, la cual es la clave de esta teoría de la televisión. Valorizar la televisión de la oferta obliga a valorizar la calidad de los programas.

Lo que es interesante de la televisión generalista es la manera con que manifiesta las dificultades de la comunicación. La televisión temática ofrece al público lo que éste reclama, hecho que no permite ver tan fácilmente los límites de la comunicación. Las dificultades de los medios de comunicación generalistas, en el ajuste oferta- demanda, ilustran más fácilmente que los temáticos esta ley de la comunicación: no hay comunicación sin error, sin riesgo y sin decepción.
No existe la racionalidad en materia de comunicación; su “rendimiento” es siempre incierto. La comunicación temática es más eficaz y racional que la comunicación generalista, pero ésta no sería nada sin la primera y no puede reducir mejor que la comunicación generalista esta diferencia entre la oferta y la demanda. Porque la demanda es a menudo implícita y necesita una oferta para formularse. Y porque la innovación proviene frecuentemente de la oferta, por la que se manifiestan la creación, la novedad y las diferencias.
Los límites de los medios de comunicación generalistas no deben atribuirse a ellos mismos, sino que, son una garantía de la democracia de masas que, diariamente, tiene que organizar la convivencia entre universos sociales y culturales que todo lo separan. El gran público de la televisión no es otro que la figura del sufragio universal en el de la política. En ambos casos, se trata de una “ficción”.
Así pues, no existe democracia posible sin medios de comunicación generalista que privilegien una lógica de la oferta lo más amplia posible. Debemos admitir esta doble paradoja: no hay cultura de masas sin una oferta generalista lo más amplia posible, pero esta oferta suscita poca admiración y reconocimiento por parte de casi todos los públicos.
La radio y la televisión se consideran herramientas del “pasado” porque se basan en la oferta, en beneficio de los medios de comunicación interactivos, individualizados y basados en la demanda.
Los medios de comunicación de masas, con relación a este objetivo esencial de estar juntos de una colectividad, están, por su lógica de la oferta generalista mucho más avanzados que los medios de comunicación temáticos o las nuevas tecnologías.

¿PARA QUÉ SIRVE LA TELEVISIÓN?



Para reunir individuos y público que están separados por todo lo demás y para ofrecerles la posibilidad de participar individualmente en una actividad colectiva.
El espectador es el mismo individuo que el ciudadano, lo que implica que se le debe asignar las mismas cualidades. La televisión generalista es la única actividad que, junto a las lecciones, reúne tanta participación colectiva.
Si el público mira los programas malos, no es tanto porque le gustan como porque se los ofrecen.
Por esto el audimetro mide menos la demanda que la reacción ante la oferta. Por esto la televisión es indisociable de la democracia de masas y descansa sobre la misma apuesta: respetar al individuo y aportar al ciudadano, es decir, al espectador, los medios para comprender el mundo en el que vive.

La cuestión de fondo es: ¿para qué sirve la televisión? Sirve para hablar. Es una formidable herramienta de comunicación entre los individuos. La televisión es un objeto de conversación. Es por ell9o que es un vinculo social indispensable en una sociedad donde los individuos a menudo están aislados y, a veces, solos. La televisión ha amortiguado los efectos negativos de estas profundas mutaciones, ofreciendo un nuevo vínculo social en una sociedad individualista de masas.
Su importancia es tan grande políticamente como socialmente. El control de las imágenes no asegura el control de las conciencias.
Desde el punto de vista de una teoría sociológica, ¿cual es actualmente el problema esencial para la televisión? Conservar la tensión entre estas dos dimensiones contradictorias es la causa de su éxito: la realización individual de una actividad colectiva.
¿Cuál es el riesgo? Romper esta dimensión contradictoria, abandonar el objetivo colectivo, no interesarse más que por la dimensión individual. Y es aquí donde aparece el peligro de una mala utilización de las nuevas tecnologías. ¿La consecuencia? Una televisión de dos velocidades generalista y de poca variedad para los públicos populares y una miriada de programas más interesantes en las redes temáticas.
La evolución apuesta pues por la individualización, siempre considerada como un “progreso”.
Con la fragmentación, llegamos también al papel principal de la televisión como vínculo social. La libertad de elección se convierte aquí en el principio de la indiferencia hacia el otro.

Si el espectador escoge, pero a partir de una oferta organizada. El espectador no es el programador. Es por ello que la televisión generalista no está condenada por la evolución actual, sino al contrario.
La individualización de los comportamientos se presenta como el contrapeso necesario para la existencia de una sociedad de masas, pero ésta, está menos amenazada por el proceso de “masificación” que por los aspectos perversos de la individualización y de la segmentación social. La amenaza más es la soledad organizada, egoísmo institucionalizado y narcisismo etiquetado. La televisión obliga al menos a reconocer su legitimidad. Y reconocer la posición del otro, ¿no es ya el primer indicio de una socialización? La convivencia de los programas en un canal es una de las manifestaciones de la convivencia social.

UN MANIFIESTO



He agrupado en diez puntos la síntesis de la posición teórica que defiendo referente al sentido y al papel de la televisión de masas en un manifiesto que ha inspirado al Comité Francés de Audiovisuales, creado en 1993.

1) La televisión es la principal herramienta de información, de diversión y de cultura de la aplastante mayoría de los ciudadanos de los países desarrollados. Esta situación crea responsabilidad social y cultural para los directores.
2) La libertad de comunicación, no significa una ausencia de reglamentación. La reglamentación del sector audiovisual se impone hoy en día más que ayer, por el hecho de la abundancia de imágenes. La libertad de elección del espectador no excluye una organización.
3) Una vez admitida en Europa la competencia entre sector público y sector privado, la dificultad se encuentra en el mantenimiento de un sector público fuerte en un sistema de competencia equilibrado.
4) La televisión pública se encuentra ahora en una posición mejor, porque los telespectadores han entendido Internet y las limitaciones de la televisión privada. Porque la reducción de la oferta, alrededor de algunos programas de éxito asegurado deja insatisfecha una buena parte de las demandas. Y porque el sector público ha tomado conciencia de la imperiosa necesidad de un aplazamiento con la condición de que haga una cosa diferente que la televisión privada.
5) Un sistema audiovisual equilibrado es aquel en el que los dos sectores tienen un tamaño comprable, y en el que los canales generalistas, públicos y privados, conservan la mayor parte de la audiencia. El verdadero desafío de la televisión continúa siendo el gran público.
6) No existe la televisión sin una concepción implícita o explícita de su papel en la sociedad. El consumo individual de una actividad colectiva, obliga a plantear la pregunta principal para cualquier televisión: una televisión ¿para qué?
7) Si desde un punto de vista teórico la diferencia entre los dos sistemas de organización de la televisión es simple, a priori nada garantiza la calidad de la televisión pública.
8) La televisión pública debe poder hacer suya eta constatación: el espectador es el mismo individuo que el ciudadano. Si el ciudadano es considerado inteligente, la misma inteligencia debe serle aplicada en su dimensión de espectador.
9) La calidad de los programas y por tanto, de los profesionales que los crean corresponde a la calidad del público. La internacionalización de la difusión de la imagen y del mercado de los programas no significa la desaparición del papel de identidad nacional de la televisión en cada país.
10) La televisión se enfrenta actualmente con dos riesgos que constituyen sus ideologías más perniciosas.
a) La primera es la ideología del mercado. El espectador es el mejor programador.
b) La segunda, complementaria del resto, es la ideología técnica. Esta ve en la explosión tecnologías de comunicación el futuro de la televisión. La verdadera libertad, la de la elección estrictamente individual, sería posible, para los defensores de esta ideología, gracias a las tecnologías.
Estas dos ideologías sobrevaloran la dimensión individual de la televisión en detrimento de la dimensión colectiva. Pero la fuerza y la originalidad de la televisión está en el hecho de que esta actividad es a la vez individual y colectiva, y ambas son indisociables. La multiplicación de los soportes y de los programas la obligan más que nunca a una política del audiovisual, de la elección y de las orientaciones.
La comunicación en un universo actualmente sin fronteras es una apuesta demasiado importante para ser dejada sólo a las leyes del mercado o a las de las tecnologías. La abundancia de imágenes no reduce el interés de una ambición por la televisión: más bien la reclama.

4- ESCAPAR A LA GUERRA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN



Con este libro me gustaría contribuir a un cambio de actitud: salir del falso debate de antiguos contra modernos, viejos contra nuevos medios de comunicación, progreso contra conservadurismo… en definitiva, desatar el nudo de la ideología técnica y sugerir que la comunicación es la gran cuestión. Éste es el objetivo esencial: rehabilitar la comunicación como patrimonio teórico esencial del pensamiento occidental.

Desde esta perspectiva, me impongo como prioridad insistir sobre dos puntos:

1- No existe “progreso” en la incorporación de las nuevas tecnologías a los medios de comunicación de masas. Es cierto que existe un progreso técnico, pero este progreso técnico no basta para que podamos considerar que inicia un proceso general en la comunicación, puesto que lo esencial de ésta no reside en los resultados técnicos, puesto que lo esencial de ésta no reside en los resultados técnicos. La idealización de la tecnología evoca la fascinación que ejerce la técnica en nuestra sociedad. Lo esencial está en la relación entre un sistema tecnológico, el modelo cultural individualista y la realidad social de la democracia de masas. Las teorías deben situarse con relación a este objetivo.

2- No existe oposición entre la televisión que se ocupa del número - de las masas- y los nuevos medios de comunicación que se ocupan del individuo. Los dos plantean el mismo problema, el de la relación contradictoria entre la escala individual y la colectiva. Lo interesante en la aproximación entre los medios de comunicación de masas y las nuevas tecnologías es observar cómo ambos sistemas de comunicación consiguen triunfos referentes a la cuestión que plantean, la de las relaciones entre la comunicación individual y colectiva.

Los objetivos comunes

1- Iniciar un reflexión teórica sobre la comunicación que tenga en cuenta sus tres dimensiones y que demuestre la importancia de la aplicación de una política de reglamentación, precisamente porque las dimensiones sociales y culturales son tan importantes como la dimensión tecnológica. Por otro lado, esta dimensión tecnológica no es completamente neutra y comportan también dimensiones culturales. Precisamente porque la tecnología es inseparable de las dimensiones culturales y sociales, debemos organizar la convivencia entre los sistemas de comunicación: de este modo, evitaremos la lógica única y reductora de la modernización.

Existen técnicas de comunicación mundiales, pero no existe comunicación mundial. Y esto es tan cierto para los medios de comunicación generalistas como para las nuevas tecnologías. Hay progreso en materia de comunicación si se da, y solamente si se da, un encuentro entre una innovación tecnológica y un cambio de modelo cultural y de concepción de la comunicación en la sociedad. La defensa de la reglamentación no es el medio para frenar el progreso, sino una manera de recordar el peso esencial de las otras dos dimensiones de la comunicación, y de recordar también que no existe libertad de comunicación sin reglamentación, es decir, sin protección de esa libertad.

El informe que abre la puertas a la desreglamentación llega de EEUU, donde el éxito creciente de las nuevas tecnologías parece justificar el abandono de las “prácticas puntillosas y de otra época”.

El problema no ha variado desde hace siglos: el poderoso reclama siempre el librecambio, puesto que le es favorable, mientras destaca que esto beneficiará a todos; se le olvida señalar que lo hará en proporciones desiguales. Las reglas internacionales son el único medio que tenemos para minimizar los riesgos vinculados con esta mundialización de las condiciones de la comunicación, causa de nuevos y profundos factores de desigualdad.

La mundialización del acceso a las redes no significa en absoluto una repartición mundial más igualitaria de las riquezas técnicas o humanas. La reglamentación también sirve para recordar que la comunicación jamás puede reducirse, como hacen tantos autores, a una problemática de las transmisión. Es cierto que hay reglas comunes para cada tecnología de comunicación, pero lo más importante es la manera en la que cada cultura hace suya la tecnología con relación a su universo social, mental y cultural, como lo han demostrado siempre los historiadores y los antropólogos.

2- El segundo objetivo concierne a las relaciones entre comunicación funcional y comunicación normativa en el momento de la mundialización. Para que las aplicaciones sean mundiales, es preciso que sean lo bastante simples, es decir, funcionales, en detrimento de la dimensión normativa que se apoya en el respeto a las diferencias. Esto es lo que conduce a las aproximaciones industriales entre editores de programas de navegación y de lenguajes de programación: e escala mundial, la competencia se reduce a la lucha entre el grupo formado por Aol, Netscape, Sun y Java por un lado y por el otro, el polo Microsoft. Lo que está en juego en esta batalla es el control de acceso a Internet a través de los portales.

No existe público internacional, sino públicos nacionales que, de vez en cuando, consumen productos internacionales. Cuanto más internacionales son los productos, más se deben preservar las identidades culturales. Reforzando las identidades evitaremos una estandarización internacional de la comunicación que sólo podría traer como consecuencia revueltas y conflictos. Se impone una reflexión crítica sobre los peligros de la mundialización en el momento en que en menos de veinte años de mundialización de la economía y del ahorro desembocan en la crisis monetaria y financiera de 1997- 1998. Necesidad de tomar conciencia de que la mundialización de la información y de la comunicación corre el riesgo de convertirse en un poderoso factor de inestabilidad y de conflictos.

3- El tercer objetivo común concierne a una reflexión sobre la posición de la sociedad individualista de masas, que administra las dos dimensiones contradictorias de la libertad y de la igualdad, en sus respectivas relaciones con los medios de comunicación de masas y las nuevas tecnologías.

4- El cuarto objetivo concierne a la reflexión sobre los públicos y la recepción. Desde el momento en que la oposición entre las dos escalas de público, individual y colectiva, no es significativa, puesto que cada uno de nosotros circula permanentemente entre ambas escalas, la cuestión se centra en una reflexión cualitativa sobre la reflexión. La lógica de cómputo (votos, audiencia, sondeos…) es ampliamente insuficiente.
Rehabilitar, relanzar el concepto de “gran público” es uno de los objetivos comunes a los medios de comunicación generalistas y a las nuevas tecnologías. Las nuevas tecnologías continúan siendo el rpivilegio de un ámbito reducido , mientras que la televisión tiene una extraordinaria experiencia en materia de divulgación y de comunicación a gran escala. Mediadora privilegiada del acceso al mundo para la mayoría, también sería mediadora para el acceso al mundo del multimedia.

Los objetivos específicos para los medios de comunicación



Los peligros de una desestabilización de la televisión son mucho más graves a causa de que su legitimidad jamás ha sido cuestionada y de que la reflexión acerca de su situación ha sido más bien limitada. Estos objetivos son cuatro.

1- Afirmar la fuerte ambición de la televisión pública en Europa, que en los últimos quince años se ha inscrito en la realidad histórica y social. La televisión pública estaba ayer “desfasada”, como están hoy “desfasados” los medios de comunicación de masas. Sin embargo, la televisión se ha mantenido, no tanto por la calidad de sus programas como por la fidelidad de su público. La independencia de los periodistas con respecto al poder político, ha aumentado, ampliando un movimiento de competencia público- privado. La idea de regulación ha sido aceptada gracias a la creación de instituciones del tipo Conseil supérieur de l’audiovisuel.

Los aspectos negativos conciernen a la ausencia de ambiciones de una política audiovisual europea. Los nuevos medios interesan mucho más a la Unión Europea que los tradicionales, a pesar de que la proporción de usuarios es de uno a cien. Esta ausencia de ambición europea, que se traduce en la posición de infundir miedo en lo que respecta a derechos de autor, coproducciones europeas y la excepción cultural frente a los Estados Unidos, reconforta la idea de que Europa pronto tomará el camino, en materia de comunicación, de la desreglamentación. También se traduce en una incapacidad para dar a Euronews la posición de un gran canal informativo para Europa, así como para sus fronteras del este y del sur.

2- A continuación, rechazar el argumento del discurso técnico según el cual el futuro de la comunicación está junto al de la supremacía de la demanda, en relación a la oferta audiovisual. No sólo el universo multimedia no condena a la televisión, sino que además la refuerza en un sistema de comunicación en el que todo estará a disposición de todo el mundo, de manera temática, interactiva o de pago, la gran fuerza de la televisión consistirá en continuar ofreciendo gratuitamente una red generalista, lo más amplia posible y al mayor número de personas posible.

La singularidad, la fuerza y la originalidad de la televisión generalista serán mucho más visibles mañana, en un universo individualizado y multimedia que hoy, precisamente porque la diferenciación será más flagrante. Mañana, cuando los usuarios, sobre todo europeos, hayan probado y comprobado las virtudes y las limitaciones de un universo multisegmentado, comprenderán el interés de los medios de comunicación generalistas. Los medios de comunicación generalsita, centrados sobre la oferta y la demanda, tienen el futuro ante sí.

La posición de los medios generalistas es mucho menos importante en los países ricos del norte que en los del sur. Es evidente que en estos países donde las estructuras colectivas y simbólicas han sido violentamente destruidas en medio siglo, el papel de los medios de comunicación generalistas, es el de crear un vínculo social y cultural. Resulta nocivo proponer, a unos países cuyas identidades culturales y comunitarias están ampliamente destruidas, la huida hacia las tecnologías individualizantes, pues ello implica hacer caso omiso de toda la cuestión del “estar juntos”, de la conciencia colectiva y, sobre todo, hacer creer que la posesión de un gran número de ordenadores será la condición del despegue económico. Salvar la radio y la televisión es, por lo tanto, un objetivo no sólo para la comunicación, sino también para la democracia.

3- El tercer objetivo atañe a la constitución de una reglamentación específica para la televisión. No sólo resulta esencial su papel a la hora de proteger el audiovisual europeo de las industrias americanas, sino que también lo es para valorar la televisión pública en comparación con la televisión privada, y la televisión generalista en comparación con la televisión temática.

4- Esto pasa también por un continuo movimiento de valoración de la televisión, de sus códigos, de sus programas, de sus ambiciones y de sus profesionales, de los que subestimamos ampliamente las competencias. No sólo hace falta una televisión más ambiciosa, sino también es preciso elevar el nivel de calidad de los programas ya que, de lo contrario, corremos el riesgo de completar el proceso que la amenaza desde hace unos quince años: la persistencia de programas mediocres y gratuitos en las cadenas generalistas y la llegada de programas interesantes y ambiciosos a los nuevos soportes, más o menos de pago; es decir, una televisión a dos velocidades.

No existe vínculo directo entre abundancia tecno0lógica y progreso. Dicho de otra manera, la televisión es un test de ese otro problema, mucho más general, que consiste en saber si la explosión de la comunicación será, finalmente, el punto de partida para iniciar un trabajo teórico.

Los objetivos específicos para las nuevas tecnologías



Paralelamente a los referidos a la televisión, estos objetivos comportan tres dimensiones.

1- Las tecnologías no bastan para crear la comunicación. Evidentemente, transmitir cada vez más rápido y en ambos sentidos suscita una nueva forma de comunicación, pero hace falta, además, un proyecto y un modelo cultural. Es decir, la “multiconexión” no es por sí misma un proyecto de comunicación, y muchas transmisiones no proporcionan forzosamente mucha comunicación. Es necesario quitarle importancia a los nuevos servicios lo antes posible.

2- A continuación, será necesario abrir lo antes posible una reflexión sobre el tipo de información que producen estos sistemas tecnológicos. Sobre todo, para demostrar la imposibilidad de obtener una información transparente. Es cierto que el acceso es libre y fácil para el que sabe utilizar los sistemas; por lo tanto, el problema no es el acceso a la información, sino la capacidad de saber qué buscar. El contexto de competencia es esencial.

Podemos montar nosotros mismos un mueble por módulos, pero no podemos acceder nosotros mismos directamente al conocimiento. Se necesita tiempo, mucho tiempo: precisamente lo que las nuevas tecnologías prometen ahorrar, y se necesitan también intermediarios humanos: profesores y documentalistas. La emancipación no consiste en suprimir a los intermediarios, sino al contrario, reconocer su papel. El acceso directo no cambia nada en lo que respecta a división y jerarquía de los conocimientos. Es el antes y el después de la información lo que plantea problemas y, a veces, la misma información.

Ante todas estas innovaciones, es preciso conservar cierta distancia, guardar en la cabeza el principio de una regulación y desmitificar la palabra mágica “red”. “¿De dónde proviene este mito de un sistema de informaciones infinito y gratuito, alejado de todas las problemáticas de poder, las mentiras y los errores? ¿De dónde proviene esta representación de un ciudadano occidental que siente curiosidad por todo, y que espera simplemente disponer de un terminal para convertirse en una especie de sabio? No es suficiente que las informaciones circulen más rápidamente para que las ciencias avancen con mayor rapidez y moderación… Olvidamos demasiado deprisa que numerosas aplicaciones de la Red no tienen nada que ver con el saber o el conocimiento, sino con otros aspectos de la realidad mucho más triviales, sórdidos o peligrosos… ¿Cuándo reconoceremos que el asunto de la saturación de información también forma parte de los problemas del crecimiento de las redes?

Esto conduce a abrir una nueva reflexión sobre el futuro: reconocer que hay un límite para toda comunicación. No existe racionalidad completa posible de la información y de la comunicación. Y cuanto más abundantes son las dos, más es preciso recordar esta limitación, por el riesgo de sucumbir en una visión tecnocrática.

3- Finalmente, será necesario llegar a una cierta contextualización de las nuevas tecnologías, puesto que éstas dan demasiado a menudo la impresión de circular más allá de las realidades sociales y culturales. Contextualizar es, en primer lugar, restituir las nuevas tecnologías en la historia de la comunicación, comprender las razones de su aparición, sus fuerzas y sus debilidades, compararlas con los medios de comunicación de masas, es decir, inscribirlas en una historia, antes que presentarlas como un sistema tecnológico incomparable. Cuanto más se habla de “ruptura radical”, más debemos desconfiar.

De los mitos que circulan relacionados con este asunto, el más activo y profundamente injusto concierne al vínculo que se establece entre la capacidad de navegar por la Red y la idea de inteligencia. Las disposiciones cognitivas necesarias para la utilización de estos servicios no son, en absoluto, sinónimas de inteligencia. Así, sería preciso salir del discurso mítico y entrar en una lógica simple de evaluación, como existe para todas las tecnologías en nuestras sociedades. Con o sin ordenador, con o sin Red, la desigualdad existe. Occidente se ha equivocado por completo al identificar estas redes con la inteligencia y con la idea de que sólo existe esta racionalidad, sinónimo de modernidad.

La prensa debería retomar su papel. Los medios de comunicación deberían hacer con las nuevas tecnologías lo que hacen con las demás actividades sociales, técnicas y económicas: evaluar las fuerzas y las debilidades, los defectos y las cualidades, informar, explicar, criticar.

Pensar en la comunicación



Escapar a la ingenuidad general sobre las nuevas tecnologías es, por tanto, salir del discurso que opone la revolución de las nuevas tecnologías al arcaísmo de los medios de comunicación de masas. Esto supone tres pasos:

1- En primer lugar, interrogarse sobre esta necesidad constante de simplificación y de huida hacia adelante que consiste en creer que los fracasos humanos y colectivos en materia de comunicación de hoy serán resueltos mañana por nuevas tecnologías. Los plolíticos gozan de una buena posición para saber todo esto: ellos conocen la diferencia que existe entre velocidad de la información y dificultad de la acción política. Los políticos deberían ser los primeros en comprender la necesidad de desatar el yugo de la tecnología. Una información cada vez más rápida no es siempre la condición para una buena decisión política. Las nuevas tecnologías acentúan esta lógica de la urgencia y añaden la inevitable complejidad de la lógica política.

Interconectarse quizás suprima las barreras del tiempo, pero no puede de ninguna manera con las geográficas. Tecnificar la comunicación o socializarla continúa siendo el objetivo principal. Cuanto más nos interesamos por la dimensión tecnológica, más nos adherimos a una visión materialista de la comunicación. Cuanto más nos interesamos por la dimensión social y cultural, más nos adherimos a una visión humanista de la comunicación. Pensar en la comunicación es saber reconocer las limitaciones, es revalorizar la experiencia de la duración, la distancia, el silencio y los límites de la interactividad.

2- A continuación, multiplicar las encuestas entre el público, es decir, los usuarios, los receptores, para ver concretamente cómo se desenvuelven los individuos, cómo se encallan y reinventan. La encuesta y la comparación ponen las cosas en su sitio y demuestran que el uso principal de Internet continúa siendo, de momento, el correo electrónico y sus servicios afines. No hay progreso en pasar del teléfono al móvil, y del móvil a Internet.

Investigar es también efectuar estudios comparativos sobre los medios de comunicación. Romper la idea fija según la cual la comunicación por demanda es superior a la comunicación por oferta. Estos estudios demostrarían que el resto de este fin de siglo y del inicio del siguiente continua siendo, no la comunicación a toda costa, sino la gestión del número y la cohesión de las comunidades en un marco abierto y democrático. Nosotros poseemos una fuerte tradición filosófica y política que nos ayuda a pensar en las condiciones de la comunicación individual.

3- Finalmente, sumergirse de nuevo en la historia de las utopías de la comunicación, muy numerosas desde hace dos siglos, ya que están todas ancladas en sistemas tecnológicos. Reexaminar las antiguas utopías permite extraer las lógicas de repetición y comprender que, desde el siglo XVIII, la cuestión es siempre la misma: ¿cómo articular la expansión de uno mismo y la pertenencia a la colectividad?

Si la cultura se caracteriza por la capacidad de almacenar numerosas informaciones, Internet es , en efecto, una herramienta cultural porque el número de informaciones al cual permite acceder aumenta de forma vertiginosa. Se hablaba de trescientos a trescientos cincuenta millones de páginas accesibles a mediados de 1998, sin que esta cifra haya sido verificada.

Pero si tomamos la otra dimensión de la cultura - la de la duración- , las cosas se complican. No hay cultura sin permanencia y sin acumulación. Ahora bien, lo propio de Internet y de la cibercultura es, por el contrario, hacerse y deshacerse constantemente, negar la idea misma de acumulación. No hay stock, nada de perennidad: todo es flujo (esto parece un anuncio de compresas! - pensó Diego…:- ) El volumen de mensajes, la velocidad y la interactividad no son suficientes para constituir una cultura cuando sabemos que ésta se construye por acumulación, en una relación constante entre patrimonio y novedad, tradición y modernidad.

El problema esencial no es, por tanto, en absoluto estar a favor o en contra de las nuevas tecnologías, sino saber a partir de qué momento la problemática de la comunicación será por fin reconocida como más importante que la de las tecnologías. De hecho, es preciso decir si, simultáneamente, a los medios de comunicación de masas y a las nuevas tecnologías, ya que ambas reflejan las características parcialmente contradictorias de la sociedad individualista de masas, que son la libertad y la igualdad. Sí a una reflexión sobre el respectivo papel de los dos medios.

Pero al mismo tiempo, es preciso decir no igualmente a la idea de que los resultados tecnológicos configuran una nueva economía de la comunicación. Desde este punto de vista, debería perseguirse una reflexión profunda, una vez que estos elementos se hayan adquirido, para separar durante mucho tiempo lo que distingue estos dos tipos de medios de comunicación, de los cuales unos están fundamentalmente en la lógica de la oferta, y los otros, en la de la demanda.

La mayoría de las veces, estamos ante un verdadero conflicto teórico entre estos tres estudios de la comunicación, según se confiera mayor privilegio a la transmisión, al mensaje o a la interacción.

Copyright by ElDiego. 2003

CONCLUSIÓN



DIEZ PROPUESTAS PARA PENSAR EN LOS NUEVOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.



La tesis de este libro se basa en que es urgente desatar el yugo de la tecnología en lo que respecta a la comunicación, ya que lo esencial de ésta es de otro orden: cultural y social. Si la comunicación está siempre definida por tres elementos, técnico, cultural y social, y si evidentemente la dimensión tecnológica cambia rápidamente las otras dos dimensiones son la menos igual de importantes.
Estas mutaciones culturales y sociales todavía muy inacabadas, son al menos tan importantes como la extraordinaria revolución de las tecnologías de comunicación. Pero como éstas son menos evidentes que la revolución tecnológica, y mucho más controvertidas, no se da este discurso unánime que observamos respecto a la revolución de la comunicación. Una arqueología de la comunicación en occidente permitiría demostrar cómo las proporciones entre las dimensiones tecnológicas, culturales y sociales han evolucionado.
La historia de la comunicación y de las teorías de la comunicación demuestra tres fenómenos. Una verdadera revolución existe cuando hay un encuentro, entre una innovación tecnológica y mutaciones culturales y sociales en los modelos de comunicación. Después, las tres dimensiones interaccionan; evidentemente, son las dimensiones sociales y culturales las más importantes. Finalmente, las nuevas tecnologías no bastan para cambiar la sociedad.
Las nuevas tecnologías de comunicación constituyen una innovación tecnológica; como la posición de la comunicación en una sociedad no depende sólo de la tecnología sino también de las dimensiones culturales y sociales, es preciso efectuar la evaluación teniendo en cuenta este conjunto de tres características. Reflejan la misma sociedad, la sociedad individualizada de masas, en la que tanto unas como otras presentan una vocación particular: las nuevas tecnologías tienen la ventaja de estar al mismo nivel que la lógica individualista dominante en nuestra sociedad. Las nuevas tecnologías no son ni la condición, ni la vanguardia de la comunicación del mañana; son la otra cara, el complemento de los medios de comunicación de masas con relación al modelo de la sociedad individualista de masas. Los primeros insisten en la dimensión individual; los segundos, en la dimensión colectiva.
Si los modelos culturales y sociales de la comunicación no evolucionan conjuntamente ante la llegada de las nuevas tecnologías, habrá profundas resistencias. El problema no es la llegada de las nuevas tecnologías, sino este discurso falso según el cual el cual dichas tecnologías son el futuro, como los medios de comunicación vienen a ser el pasado.

El peligro más grave concierte al tropismo tecnológico que ve en la tecnología la esencia de la comunicación. Porque la amplitud de sus aplicaciones será tal que existe el riesgo de que aparezcan numerosos conflictos sociales. Las otras dos dimensiones, sociales y culturales, efectuarán entonces un regreso más o menos pacífico para compensar esta sobredeterminación. Porque la revolución tecnológica está tan vinculada a intereses económicos que será necesaria más y más energía y voluntad para evitar que esta dimensión económica y funcional de la comunicación conduzca a la dimensión normativa.

DIEZ PUNTIOS RÁPIDOS PUEDEN RESUMIR LAS PIRNCIPALES CONCLUSIONES DE ESTE LIBRO.


1) El objetivo de la comunicación no es tecnológico, sino que concierne a la comprensión de las relaciones entre los individuos (modelo cultura) y entre éstos y la sociedad (proyecto social). Es la elección entre socializar y humanizar la tecnología o tecnificar la comunicación. La mayoría de las veces, se proporciona a la tecnología la capacidad para resolver un problema social o político.

2) Hay que apartar la ideología tecnológica que reduce la comunicación a la tecnología y que construye una falsa jerarquía entre nuevos y antiguos medios de comunicación.

¿De dónde viene la fuerza radical de la ideología tecnológica en la comunicación? Del hecho de que la comunicación, no ocupa el lugar de los otros tres valores en crisis: la ciencia, la política y la religión.
Destecnificar la comunicación se convierte en una imperativo categórico para reducir el aspecto cautivador de las nueva tecnologías y reintroducir distancias simbólicas. Es preciso todavía volver a crear distancias para conservar una cierta libertad.
Destecnificar la comunicación es humanizarla y sociazarla.

3) Desarrollar los conocimientos para relativizar la ideología tecnológica.
Esta importancia teórica de la comunicación forma parte de la mayoría de los problemas antropológicos contemporáneos: la relación entre libertad individual e igualdad social; el vínculo social en una sociedad complicada donde coexisten la individualización, el igualitarismo y el comunitarismo; las relaciones entre identidad y comunicación en un universo cultural que se enriquece con la segunda mientras desconfía de la primera; la cuestión “del otro”, quien se ha convertido en omnipresente por mediación de las tecnologías, aun sin ser más aceptable. La comunicación no es nunca una cuestión sencilla, puesto que condensa la mayor parte de las cuestiones filosóficas, y de toda la teoría social.

4) Los medios de comunicación generalistas y las nuevas tecnologías son complementarios desde el punto de vista de una teoría de la comunicación, ya que reflejan el mismo modelo, el de la sociedad individualista de masas. La fuerza, la dificultad y la grandeza de los medios de comunicación generalistas consisten precisamente en superar la ley natural de toda comunicación; interesarse por eso que interesa ya. Los medios de comunicación suscitan evidentemente insatisfacción, puesto que encontramos de todo, y no sólo lo que buscamos, puesto que ofrecen también la oportunidad de acceder a otra cosa, en la cual no habíamos pensado a priori. Esta es la grandeza de los medios de comunicación de masas: mantener ambos extremos de la cadena, la dimensión individual y la dimensión colectiva.
Los medios de comunicación generalistas nacionales juegan continuamente un papel considerable en este doble movimiento de apertura y de mantenimiento de un mínimo de cohesión.

5) Es preciso recordar sin cesar la importancia de una oferta de calidad por parte de los medios de comunicación generalistas.
La lógica de la oferta es un verdadero reto cultural, ya que consiste en ofrecer al mayor número posible de usuarios una gama de productos de comunicación lo más amplia posible, de manera que todas las diferencias culturales y sociales encuentren una oportunidad de satisfacción. La pura lógica de la demanda conlleva una comunicación de dos velocidades y de dos precios: de baja calidad y gratuito para una buena parte de la población. Orientar significa repetir que la comunicación, igual que la información, no es un producto como los otros, porque ambos se definen en primer lugar por valores.

6) No hay racionalidad común a las tres lógicas del emisor, del mensaje y del receptor. Los medios de comunicación no han conducido a la estandarización de las opiniones y de las ideas. El mismo mensaje no se recibe de manera idéntica en los diferentes países. El público desarrolla un sentido cada vez más crítico a medida que está expuesto a un número creciente de informaciones. Sin embargo, cada uno, en la medida de su experiencia, constata cómo filtra los mensajes que recibe. Recibir no significa adherir. Esta resistencia a la recepción es lo que protege contra la manipulación, pero también lo que puede constituir un freno para el cambio. En el caso tan complicado de la ampliación considerable de la comunicación, la complejidad de la recepción es, sin embargo, un factor positivo para resistir a los múltiples desequilibrios que origina en cada uno de nosotros esta exposición cotidiana a todos los asuntos de la historia y a todos los acontecimientos del mundo durante las veinticuatro horas del día. La mundialización hace que todos lo veamos todo. Existe la siguiente contrapartida: la heterogeneidad. La mundialización de la comunicación, contrariamente a lo que se dice, va a radicalizar las diferencias de las percepciones, vinculadas a las identidades culturales.
En el plano internacional, las mismas declaraciones tienen un impacto radicalmente distinto según el lugar en que cada uno se encuentre cuando las reciba. Las informaciones son las mismas y se refieren a la vida europea.
Habrá que subsanar lo antes posible esta supresión teórica, ya que no sólo no hay jamás información son comunicación, sino que es la comunicación la que proporciona su sentido a la información en un proceso de construcción del sentido de los efectos inesperados, por incontrolables.

7) La comunicación a distancia no sustituirá la comunicación humana directa. El progreso tecnológico no cesa de reducir el número de intermediarios par permitir una comunicación directa, ya que cada terminal da acceso a la mayor cantidad posible de imágenes, de servicios, de informaciones de contacto. Y progresivamente, redescubrimos la importancia de los intermediarios. La aldea global es una realidad tecnológica, pero no una realidad social y cultural.

8) Es aconsejable inscribir lo antes posible las novedades tecnológicas de comunicación en la larga historia de las tecnologías. Siempre hay un precio que pagar por el progreso.
Constatamos una profunda deshumanización y la necesidad urgente de reintroducirlos en el comercio.
En el plan individual, cada uno la busca, ya que sólo hay vida en el intercambio, incluso aunque esta experiencia de la comunicación sea a menudo dolorosa. En el plan colectivo, todo cambia. La comunicación da miedo; desconfiamos de ella y rápidamente intentamos asimilarla a una tentativa de influencia, incluso de manipulación, de la que la comunicación política es emblema.

9) Es preciso desconfiar de la “multiconexión”. Es suficiente ver la esclavitud que representa el teléfono móvil con el que se nos puede localizar desde nos e sabe dónde, no importa quién, con no interesa qué motivo, para entender lo que es la enajenación de la conexión. El contrasentido consiste en confundir interacción y comunicación. Son las máquinas las que se conecta, no los hombres. El tema de la sociedad de comunicación es una ilusión.
La paradoja de los veinticinco últimos años es, por lo tanto, la siguiente: los medios de comunicación de masas siempre han suscitado una desconfianza real, puesto que temíamos su influencia. En realidad, ésta era infinitamente más controlable de lo que lo será en el espacio multimediático de mañana. Lo “multimediático” no protege más la libertad de lo que la amenazaban los medios de comunicación de masas, sino más bien lo contrario.

10) Si la “comunidad internacional” es una realidad en constante construcción, la “mundialización de la comunicación” no sabrá ser su símbolo. La distancia principal se llama el respeto a las identidades colectivas. En un mundo abierto, en constantes interdependencia, la identidad ya no es un obstáculo para la comunicación, sino su condición.
Esto requiere trabajar en dos direcciones de forma simultánea; respetar las identidades y desarrollar un proyecto más amplio que trascienda las diferencias.
En conclusión, ésta es, sin duda, una de las paradojas más poderosas en este análisis de la “revolución de la comunicación”: contra la influencia tecnológica y los peligros de una mundialización de la comunicación, el recurso a la dimensión normativa de la comunicación constituye indudablemente el mejor antídoto.
Tres observaciones que ilustran la complejidad antropológica de todo lo que gira alrededor de la comunicación.
La primera concierne a la fascinación de Occidente por las tecnologías. Esta integración tecnológica fascina como si los resultados tecnológicos suprimieran las diferencias de contenido.
La segunda observación concierne a los “ruidos” de la comunicación que forman parte integrante de la sociedad. Lo más moderno necesita con frecuencia de lo más arcaico.
La tercera observación concierne a la jerarquía “natural” entre las nuevas tecnologías y los medios de comunicación de masas.
La jerarquía sigue clásicamente este orden: el teléfono, la radio, la televisión, el ordenador, los nuevos medios de comunicación. Dicha jerarquía refleja la historia del progreso de las tecnologías: las de hoy son “mejores” que las de ayer. ¿Es tan exacta esta jerarquía?
El teléfono y la radio, estos dos medios de comunicación “antiguos”, recuerdan también que lo esencial de su papel consiste en la ayuda modesta, aunque indispensable, que aportan a los hombres para que se entiendan mejor: trata de “entenderse, a falta de verse.

Autor:

Inmaculada Saranova





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