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Abuso sexual en niños parte 4 - Monografía



 
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“Artículo 167.- Corrupción



Quien promueva la corrupción de una persona menor de edad o incapaz o la mantenga en ella, será sancionado con pena de prisión de tres a ocho años. La misma pena se impondrá a quien utilice a personas menores de edad o incapaces con fines eróticos, pornográficos u obscenos, en exhibiciones o espectáculos, públicos o privados, de tal índole.

Para los efectos de este artículo, se entiende por corrupción:

1)Ejecutar actos sexuales o eróticos ante personas menores de edad o incapaces.
2)Hacer ejecutar a otros, actos sexuales o eróticos, en presencia de personas menores de edad o incapaces.
3)Hacer participar, en actos sexuales o eróticos, a personas menores de edad o incapaces en presencia de otros.

Artículo 168.- Corrupción agravada



En los casos del artículo anterior, la pena será de cuatro a diez años de prisión:
1)Si la víctima es menor de doce años.
2)Si el hecho se ejecuta con propósitos de lucro.
3)Si el hecho se ejecuta con engaño, violencia, abuso de autoridad o cualquier otro medio de intimidación o coacción.
4)Si el autor es ascendiente, descendiente o hermano por consanguinidad o afinidad, padrastro, madrastra, cónyuge o persona que se halle ligado en relación análoga de convivencia, tutor o encargado de la educación, guarda o custodia de la víctima.
5)Si el autor se prevalece de su relación de confianza con la víctima o su familia, medie o no relación de parentesco.

Artículo 169.- Proxenetismo



Quien promueva la prostitución de personas de cualquier sexo o las induzca a ejercerla o las mantenga en ella o las reclute con ese propósito, será sancionado con la pena de prisión de dos a cinco años. La misma pena se impondrá a quien mantenga en servidumbre sexual a otra persona.

Artículo 170.- Proxenetismo agravado



La pena será de cuatro a diez años de prisión cuando se realice una de las acciones previstas en el artículo anterior y concurra, además, alguna de las siguientes circunstancias:
1)Si la víctima es menor de dieciocho años.
2)Si media engaño, violencia, abuso de autoridad, situación de necesidad de la víctima o cualquier medio de intimidación o coacción.
3)Si quien realiza la acción es ascendiente, descendiente, hermano o hermana por consanguinidad o afinidad, cónyuge o persona que se halle ligado en relación análoga de convivencia, tutor o encargado de la educación, guarda o custodia de la víctima.
4)Si quien realiza la acción se prevalece de su relación de confianza con la víctima o su familia, medie o no vínculo de parentesco.

Artículo 171.- Rufianería



Quien coactivamente se haga mantener, aunque sea en forma parcial, por una persona que ejerza la prostitución, explotando las ganancias provenientes de tal actividad, será sancionado con pena de prisión de dos a ocho años. La pena será:
1)Prisión de cuatro a diez años, si la persona ofendida es menor de doce años.
2)Prisión de tres a nueve años, si la persona ofendida es mayor de doce años, pero menor de dieciocho.

Artículo 172.- Trata de personas


Quien promueva, facilite o favorezca la entrada o salida del país de personas de cualquier sexo, para que ejerzan la prostitución o para mantenerlas en servidumbre sexual o laboral, será sancionado con pena de prisión de tres a seis años. La pena será prisión de cuatro a diez años, si media alguna de las circunstancias enumeradas en el proxenetismo agravado.

Artículo 173.- Fabricación o producción de pornografía



Quien fabrique o produzca material pornográfico, utilizando a personas menores de edad o su imagen, será sancionado con pena de prisión de tres a ocho años.

Será sancionado con pena de prisión de uno a cuatro años, quien comercie, transporte o ingrese en el país ese tipo de material con fines comerciales.

Artículo 174.- Difusión de pornografía



Quien comercie, difunda o exhiba material pornográfico a personas menores de edad o incapaces, será sancionado con pena de prisión de uno a cuatro años.”

Rige a partir de su publicación.

Comisión Legislativa Plena Primera.-Aprobado el anterior proyecto el día siete de julio de mil novecientos noventa y nueve.-Jorge Edo. Sánchez Sibaja, Presidente.-Joycelyn Sawyers Royal, Secretaria.

Comunícase al Poder Ejecutivo

Asamblea Legislativa.-San José, a los veintiocho días del mes de julio de mil novecientos noventa y nueve.-Carlos Vargas Pagán, Presidente.-Manuel A. Bolaños Salas, Primer Secretario.-Rafael Angel Villalta Loaiza, Segundo Secretario.
Presidencia de la República.-San José, a los tres días del mes de agosto de mil novecientos noventa y nueve.
Ejecútese y publíquese

MIGUEL ANGEL RODRIGUEZ ECHEVERRIA.-La Ministra de Justicia y Gracia, Mónica Nagel Berger.-1 vez.-(Solicitud No.-23991).-C-18000.-(52065).

CAPÍTULO IV



- CASOS DE ABUSO SEXUAL INFANTIL EN COSTA RICA Y POSIBLES SOLUCIONES



En nuestro país, al igual que en el resto del mundo, cada año se denuncian un sin número de casos de abuso sexual infantil.
Es prácticamente imposible determinar el número de abusadores que existe pues muchos de ellos nunca llegan a ser descubiertos o denunciados por sus víctimas. Incluso, en ocasiones se prefiere el silencio al escándalo que puede generar el desenmascarar al agresor. Por esta razón, muchas de las historias de abuso sexual permanecen ocultas tras el llamado, “secreto mejor guardado” de nuestra sociedad.
De las denuncias recibidas por abuso sexual en el año 1999, 690 fueron dentro del hogar y 250 extrafamiliares.
En el 2000, se procesaron 350 agresores intrafamiliares y 132 fuera del hogar.
También, en febrero de 1999, un estudio de 160 extranjeros detenidos en Costa Rica por abuso sexual de niños y niñas entre 1992 y 1994, indica que el 25% procedían de Estados Unidos; 18% fueron alemanes; 14% australianos; 12% ingleses y 6% franceses.
A finales de 1998, el Director del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) admitió que al menos la mitad del 1% del casi millón de extranjeros que visitan Costa Rica cada año, son llamados “turistas sexuales”, en otras palabras son 5.000 turistas sexuales.
De igual forma, Carlos Roverssi, expresidente del Patronato Nacional de la Infancia, que es la agencia gubernamental de bienestar social para los niños y niñas, admitió que “ha habido un aumento acelerado en la prostitución infantil en el país”. Posteriomente, mencionó que el “80% de los niños y niñas que se prostituyen a ellos mismos fueron abusados sexualmente, la mayoría de las veces, por miembros de sus propias familias”. Roverssi responsabiliza el aumento en el turismo sexual infantil a la promisión de Costa Rica en el Internet, tanto en Europa como en Estados Unidos.
Las cadenas CNN, ABC (estadounidenses) y más recientemente Antena 3 (española) presentaron a Costa Rica como cuna del turismo sexual.
Hace más de dos años, cuando Casa Alianza empezó a denunciar que nuestras niñas, niños y adolescentes estaban siendo víctimas de explotación sexual, se dijo exageraban, que las cosas no eran como ellos decían, incluso la ex ministra de Turismo Aída de Fishman, afirmó que “el turismo sexual en nuestro país era insignificante”…
Pasaron los meses, Casa Alianza continuó denunciando cada vez con más fuerza, hasta que los medios de comunicación internacionales se interesaron en el tema y empezaron a realizar reportajes que retratan cruelmente la verdad de nuestras niñas y adolescentes. Costa Rica y la realidad de su niñez quedó al descubierto ante el mundo.
Dejamos de ser el país lindo de la paz y la paloma y pasamos a ser el destino sexual de pedófilos y pederastas.
En el país no existen estudios que permitan dibujar un perfil de los explotadores que buscan menores para satisfacer sus deseos sexuales, pero algunos indicios permiten concluir que la mayoría son costarricenses. Entre abril y mayo del presente año, La Nación entrevistó a 16 niñas víctimas de explotación sexual y todas coincidieron en que, pese a que existe una importante afluencia de extranjeros, en especial estadounidenses, son más los nacionales que las buscan.
Bruce Harris, director de la organización no gubernamental Casa Alianza, concluye, a partir de las denuncias que esa entidad recibe, que entre los explotadores “por cada dos costarricenses, hay un extranjero”. A una conclusión similar llega María Cecilia Claramunt en su libro La Explotación Sexual en Costa Rica: Análisis de la ruta crítica de niños, niñas y adolescentes hacia la prostitución (1998).

Tras consultar una muestra de 121 menores sobre la nacionalidad de sus explotadores, se encontró que el 95.9 por ciento (116) dijo haber tenido experiencias con hombres costarricenses, el 62 por ciento (75) con turistas norteamericanos y el 32,2 por ciento (39) con europeos.

Para ejemplificar lo dicho anteriormente acerca de la gran cantidad de costarricenses que participan en la corrupción o ultraje a menores, se hará mención a algunos de los casos más recientes, sacados a la luz pública.

- CASOS



1. El pasado miércoles 3 de octubre del año en curso el periódico la Nación, publicó un reportaje donde se informaba acerca de una acusación que se llevó a cabo ante el Juzgado Penal de Ciudad Quesada, porque un miembro de la Policía de Frontera, supuestamente cometió abuso sexual contra una menor de nacionalidad nicaragüense.
El hecho ocurrió la noche del 22 de junio en las instalaciones de la delegación de la Fuerza Pública en Boca Arenal de Cutris, San Carlos, cuando la menor -de 16 años- se encontraba detenida por permanecer ilegalmente en territorio nacional.
Ella estaba allí en espera de que completara el trámite para su deportación.
La jefa del PANI en Los Chiles, Marianela Soto Rodríguez, reveló que la afectada testificó que “el guardia entró hincado y desnudo y estuvo abusando de ella, tocándola”.
Como suele suceder, el acusado niega todos los cargos que hay en su contra.
Este caso forma parte de una serie de presuntos abusos en perjuicio de jovencitas indocumentadas que son cometidos en la zona fronteriza con Nicaragua.

2. Este es otro de los casos revelado por La Nación, en julio del 2001. Es un hombre de 86 años, un acaudalado empresario josefino de alta clase, pero el anonimato lo fortalece cada vez que sale en su Mercedes Benz, el mismo que desde 1992 ha sido reportado tres veces por policías y vecinos rondando casas de citas y recogiendo menores.
Su dinero activa una maquinaria criminal, dispuesta a sacrificar menores a cambio de unos cuantos billetes. Sus incursiones le dan de comer a los mercaderes del sexo infantil.
Por su astucia y por tolerancia de quienes lo cubren, su nombre y el de muchos otros “clientes” no engrosa la escasa lista de cuatro procesados por el delito de relaciones sexuales remuneradas con menores de edad.
Este delito, se estrenó el pasado 7 de julio, con la captura de cuatro hombres que formaban parte de una red de pedofílicos que explotaba sexualmente a por lo menos 24 niños varones. Entre los imputados figuran un abogado y un conserje de la Universidad de Costa Rica que utilizaba el equipo y las instalaciones del centro académico para filmar a los niños.
Los reiterados paseos nocturnos del hombre del Mercedes en busca de menores- documentados en expedientes judiciales que nunca llegan a juicio - lo hacen parte de la cantidad de explotadores anónimos que se diluye entre la indiferencia de un ambiente cómplice e indolente.
Estas son las palabras de una jovencita que fue abusada por su propio abuelo:
“Cosas tan sucias que usted ni se imagina”, solloza Kattia, de 14 años, cuando recuerda lo que ha llegado a hacer para poder comprar droga. Desesperada porque tenía cinco días de estar sobria, Kattia revivió la aterradora imagen de su abuelo, cuando una semana atrás, le exigió tener relaciones sexuales con él a cambio de ¢1.500. “Era el único que me había cuidado y defendido siempre y ahora es como todos, se aprovechó porque sabe que necesito plata para la piedra. No puedo dormir, me da asco acordarme las cosas tan sucias que hice con mi propio abuelo”.

Pero no solo particulares usufructúan con los menores. En algunos casos son los mismos padres o familiares quienes empujan y hasta comercian con la “venta” de los niños.
Patricia, es una niña de 13 años, que fue “manejada” por su propia madre durante cuatro años.
Otros no se ensucian las manos, pero incitan a los menores a meterse en el negocio.
“Yo me prostituía y mi madre sabía, porque me exigía dinero para ayudar a la casa, pero un día que estabamos viendo un reportaje en la televisión sobre eso, ella me reclamó: Ve, esas sí cobran bien, no como usted que se va por cualquier cosa”, recordó Flory, una joven de 18 años que fue explotada durante cinco años y que ahora, casi recuperada, vive con su hijo en un albergue especializado…
Lilliam Gómez, fiscal de delitos sexuales del Ministerio Público, explica que la mayor parte del problema es la reticencia de los menores a denunciar a sus explotadores.

Estos son tan solo algunos de los muchos casos que ocurren en nuestro país, sin embargo, ¿qué han hecho la autoridades para castigar estos actos?, ¿han tomado las medidas adecuadas?..

Durante una reunión que tuvo Casa Alianza y el programa “Save the children”, expertos en la materia formularon una serie de recomendaciones con el fin de prevenir y también ayudar a aquellos que lastimosamente han sido víctimas ya.

A partir de la interrogante: ¿qué hacer ante un posible caso de abuso sexual? dichos expertos formularon las siguientes recomendaciones:

- Propiciar la confianza de los niños y escucharles.


Padres y educadores deben animarles a hablar (”Ten confianza en mí”, “Puedes contarme lo que sea”, “Quiero escuchar lo que me quieres decir”, “Yo puedo ayudarte a solucionarlo”).

- Creer al niño.


No hay que cuestionar la veracidad de los hechos porque cuando los niños cuentan un abuso, no mienten prácticamente nunca.

- Decirle que no es culpable.


Casi siempre muestran sentimientos de culpabilidad, por lo que es muy importante dejarle claro que él no tiene ninguna culpa, que el responsable es el agresor (”Tú no has hecho nada malo”, “No es tu culpa”, “Tú no has podido evitarlo).

- Hacer que se sienta orgulloso por haberlo contado.


Quienes comunican estos hechos son valientes (”Estoy muy orgulloso de ti por habérmelo contado”, “Has sido muy valiente al contarme esto”).


- Asegurarle que no le ocurrirá nada, que el abuso no se repetirá y no habrá represalias


(”Ahora que me lo has contado, ya no volverá a suceder”).

- Decirle que saldrá adelante


(”Sé que ahora te sientes mal, pero te vamos a ayudar para que vuelvas a sentirte bien”).


- Expresarle afecto.


Necesitan sentirse seguros y queridos, sobre todo en situaciones traumáticas como en los casos de abusos sexuales.


- Hablar de lo ocurrido y del agresor.


El niño debe reconocer sus sentimientos. Hay que animarle a hablar del abuso y hablar del agresor como alguien que necesita ayuda (”¿Quieres contarme cómo ocurrió?, “Te ha hecho algo malo, pero él también necesita ayuda para que no lo vuelva a hacer”).


- Comunicar el abuso a la familia o a los Servicios de Protección de Menores.


Hay que informar a la familia de lo ocurrido cuanto antes, para que busquen la ayuda necesaria y protejan al niño para que el abuso no vuelva a producirse. Si el abuso es intrafamiliar, se debe informar a un familiar directo diferente del agresor.

En estos casos conviene seguir el caso, llamando a la familia o concertando entrevistas con ella para comprobar si está intentando resolver el problema o si se está ocultando o negando, como ocurre muchas veces. Si está implicado el padre, hay que comunicarlo a los Servicios de Protección de Menores para evitar que los miembros de la familia se organicen y silencien el abuso.
Pero también existen cosas que nunca deberíamos hacer. Como por ejemplo:

- Culpar al niño del abuso.


No hay que reñirle o castigarle por lo sucedido. Se haya resistido o no, lo importante es no responsabilizar al menor, incluso en los casos en los que el agresor ha logrado que colabore. Nunca hay que abordarle con preguntas como: “¿Por qué le dejaste hacerlo?”, “¿Por qué no me lo dijiste antes?”, “¿Por qué no dijiste no, huiste o luchaste”.
Para la mayoría de los expertos resulta fundamental no culpabilizar, en ningún caso, a los niños: “Las víctimas nunca tienen la culpa. La culpa”, concluye, “es siempre del agresor”.

- Negar que el abuso ha ocurrido


(”¿Estás seguro/a?”, “No es verdad, debe ser un malentendido”, “No inventes esas historias”).

- Expresar alarma: angustia por el niño/a o por el agresor.


- Tratar al niño/a de forma diferente. Evitar tocarle, acariciarle, hablar de él o ella como la víctima.


- Sobreprotegerle


En realidad no existe una fórmula mágica para prevenir un abuso sexual, sin embargo, los especialistas de Casa Alianza y otras instituciones como el Patronato Nacional de la Infancia nos proponen algunas posibles soluciones.

Lo primero sería hacer programas de prevención en las escuelas. Estos programas deben situarse en un contexto amplio que dé una visión positiva de la sexualidad. Es decir, dentro de programas de educación sexual bien planteados en los que se deben incluir aspectos relacionados con los abusos sexuales, para que los niños y niñas conozcan que estos riesgos existen, aprendan a reconocer los abusos, sepan resistirse a ellos y comuniquen a sus familiares o educadores lo que les ocurre. También es importante que los niños no se sientan culpables, estigmatizados y sepan que pueden superar la experiencia y que los agresores son personas que necesitan ayuda.
Todo programa de prevención del abuso sexual infantil debe abordarse desde presupuestas que garanticen una visión positiva de la sexualidad, el respeto a la voluntad del otro, la igualdad entre los sexos, el reconocimiento y el respeto a la sexualidad infantil.
Hay que informar a los niños sobre los abusos sexuales, pero también entrenarles para que desarrollen ciertas habilidades que les permitan enfrentarse de una forma adecuada a situaciones peligrosas. Este entrenamiento debe desarrollar cuatro habilidades básicas: Enseñarles a decir “no”. Hay que propiciar que los niños expresen sus gustos e intereses y sepan que pueden discrepar con la gente abiertamente, que pueden pedir aclaraciones de las cosas y decir NO. NO a que toquen su cuerpo y NO a que invadan su intimidad. Enseñarles a identificar el abuso. Muchas veces no son conscientes de lo que les está pasando. Además, han aprendido que deben respetar las peticiones de los adultos y cumplirlas.
Por eso es necesario que sepan identificar el abuso y diferenciarlo de otro tipo de contactos normales. Hay que dejarles claro que no deben admitir contactos inadecuados (los que tienen intención sexual o no les apetecen), pero sin fomentar el miedo al contacto con los seres queridos. Enseñarles a afrontar la situación. No debemos pedirles que se resistan físicamente. Sólo deben hacerlo cuando sea posible parar al agresor. Es decir, en lugares donde hay gente próxima que puede oírles o cuando tienen la fuerza suficiente para hacer frente al agresor, algo que puede ocurrir en el caso de los adolescentes. Romper el silencio. Hay que enseñarles a que no guarden el secreto y a que se lo cuenten a un adulto porque así podrá ayudarles a superarlo y evitar que vuelva a ocurrir.

Otro aspecto importante es formar a los profesionales de la educación y de la salud. Es necesario llevar a cabo planes de formación de profesionales de la educación y de la salud (médicos de familia y de atención primaria, servicios sociales, psiquiatras y psicólogos) para que puedan realizar intervenciones sociales, educativas y terapéuticas adecuadas.
También es necesario realizar programas de prevención y tratamiento de los agresores.
Los programas de prevención han venido trabajando con la hipótesis de que los niños son sólo víctimas de estos abusos, no posibles agresores. Este enfoque debe cambiar dado el aumento de los abusos cometidos por menores. “Los agresores son personas que, a diferencia de las víctimas, necesitan tratamiento siempre y, teniendo en cuenta factores como el alto grado de reincidentes en este tipo de prácticas, no podemos esperar a trabajar sólo con adultos”.
En cuanto al tratamiento de los agresores, los especialistas coinciden en que “el fracaso del ideal terapéutico es muy elevado”. Es decir, el tratamiento no es fácil y se fracasa mucho” por varios factores. Entre otros, porque el tratamiento no suele ser voluntario y presenta “dificultades técnicas muy graves. No hay protocolos, los agresores son muy distintos unos de otros…”.

¿Cómo hay que tratar a los agresores?

- Hay que contribuir a que asuman que tienen un verdadero problema, una sexualidad destructiva no sólo para los demás, sino también para ellos mismos.

- Entrenarlos en la aceptación de valores que incluyan la ética aplicada a la sexualidad. Hay que darles a entender que la sexualidad positiva y plena se basa en el placer compartido, la libertad, el respeto, la igualdad entre sexos, etc..

- Trabajar su empatía, es decir, su capacidad de ponerse en el lugar de otras personas (las víctimas) y compartir sus sentimientos. Una de las técnicas utilizadas consiste en hacerles escuchar los testimonios de las víctimas para que comprueben la crueldad de estos actos.

- Aprendizaje del autocontrol. Se les puede enseñar a ser dueños de sus deseos y de su excitación.

Además se debe establecer un servicio coordinado de atención al niño. Es fundamental que las diferentes instituciones relacionadas, de una u otra forma, con el abuso sexual (juzgados, comisarías, hospitales, servicios sociales, escuelas y centros de salud mental) se integren y coordinen. La intervención en el abuso sexual infantil requiere un enfoque globalizador.

La actual confusión y falta de distinción entre las diferentes facetas del problema acarrea con frecuencia intervenciones inadecuadas, contrarias al bienestar del menor, tal como señala la doctora Bárbara Torres, del Centro LAUKA de Estudios e Intervención Familiar y Comunitaria, de San Sebastián. “Así, en un contexto legal, el niño abusado puede ser separado de sus padres debido a que se ha violado una ley y el niño tiene el derecho legal a ser protegido de un abuso posterior.
En términos de salud mental, sin embargo, esta protección legal puede ser un servicio extremadamente malo al niño/a cuando el abuso mismo no ha originado un daño psicológico o evolutivo significativo, mientras que la separación legalmente lícita del niño y la posible ruptura familiar como consecuencia del proceso legal precipita un trauma psicológico secundario y trastorno mental en el niño”.
Como una última solución nos plantean que se haga la denuncia. Algunos psicólogos, como Carmen Pascual, afirman que “cuando el abuso es denunciado, y en consecuencia investigado (instruido) y juzgado, el trauma que supone el abuso se prolonga por las consecuencias del propio proceso judicial: lo largo y burocrático que suele ser éste, las traumáticas entrevistas y exploraciones a que se suele ver sometido el menor, la carencia de protección para los niños durante el proceso judicial, que permite en muchos casos, que aun iniciado éste, se produzcan nuevos abusos, y la siempre frustrante incredulidad de la mayoría de los profesionales implicados”.
Datos de Canadá y Estados Unidos indican que sólo la mitad de los casos de abusos sexuales son finalmente probados. Pese a todo ello, expertos como Félix López abogan por denunciar todos los casos, ya que:

- La denuncia permite que la justicia proteja al niño, aislando al agresor y reduciendo las posibilidades de que el abuso pueda repetirse.
- Es un deber social porque la denuncia evita que el agresor pueda abusar de otros menores.
- El proceso judicial suele forzar a los agresores a seguir un tratamiento terapéutico.
- Aunque duro y complejo, el proceso judicial y la denuncia puede ayudar al menor a afrontar el abuso si la sentencia culpa al agresor.
- De la denuncia por parte de los profesionales puede depender en gran medida que la incidencia del abuso sexual disminuya. “Cuando se pregunta a los agresores qué habría que haber hecho para que no cometieran los abusos responden: que me hubieran parado cuanto antes. La denuncia es una forma de pararles”, subraya López.
- Los profesionales tienen obligaciones legales: deben denunciar los casos que conozcan.

Estas y otras soluciones pueden ayudar a prevenir este horrible monstruo que nos ataca y que puede causar graves daños en nuestros niños, niñas y adolescentes.

Sin duda alguna, el gobierno tiene una deuda muy grande con la niñez más necesitada de Costa Rica. El incremento en los ingresos que reciba el Patronato Nacional de la Infancia debería evidenciar un aumento en la ayuda que se les brinde a los niños, niñas y adolescentes que están siendo víctimas de la explotación sexual.

BIBLIOFRAFIA


AA.VV. Maltrato infantil: prevención, diagnóstico e intervención desde el ámbito sanitario. Documentos Técnicos de Salud Pública nº 22. Dirección General de Prevención y Promoción de la Salud. Consejería de Salud. Comunidad de Madrid.

Abuso sexual infantil, Iforme elaborado por Save de Children. Mayo 1998. Convención de las Naciones Unidas sobres los derechos del niño. http// la mira.com/ familia/ asuntos_legales/maltrato_infantil.

Del Molino, Carmen. Aspectos jurídicos del abuso sexual a menores. Save the Children. 1998.

López Sánchez, Félix y Del Campo Sánchez, Amaia. Prevención de abusos sexuales a menores. Guía para padres y madres. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y Amaru Ediciones. Salamanca, 1997.

López Sánchez, Félix. Abusos Sexuales a Menores. Lo que recuerdan de mayores. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Subdirección General de Publicaciones. Madrid, 1996.

López Sánchez, Félix y Del Campo Sánchez, Amaia. Prevención de abusos sexuales a menores. Guía para los educadores. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y Amaru Ediciones. Salamanca, 1997.

National Committee to Prevent Child Abuse (NCPC). Diciembre 1996. http://www.childabuse.org/fs19.html

Ponencias de Félix López y Amaia del Campo presentadas en las Jornadas sobre Prevención del Abuso Sexual Infantil organizadas por Save the Children los días 27 y 28 de febrero y 27 y 28 de marzo de 1998.

Vázquez Mezquita, Blanca. Peritaje psicológico en la agresión sexual infantil. Ponencia presentada en las Jornadas de Atención al Abuso Sexual Infantil organizadas, en junio de 1997, por la Asociación Murciana de Apoyo a la Infancia Maltratada (AMAIM).





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