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Aikido como un sistema físico relacional complejo parte 1 - Monografía



 
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Ciencia moderna. Máquinas. Teoría holonómica, del orden implicado. Tesis de Causación Formativa de Rupert Scheldrake. Prigogine. Estructuras disipativas. Atractor. Enacción. Modelo del espectro de la conciencia de Ken Wilber. Universo. Transcendencia



RECOMPRENDIENDO EL AIKIDO COMO UN SISTEMA FÍSICO RELACIONAL COMPLEJO



Monografía Teórica para Optar al Grado de Licenciado en Psicología



AGRADECIMIENTOS


A mis Padres, porque me regalaron vida, me hicieron niño, joven y hombre. Porque me enseñaron lo que es el amor y el trabajo.
A mi pareja, Maricel,  por los sueños, los años, el apoyo incondicional y la sabiduría que encuentro siempre en su mirada.
A mis hermanos, por compartir conmigo sus vidas y mostrarme lo que significa Familia.
A Rodrigo Rojas, por su esmerada tarea de enseñar el oficio y compartir conmigo el recorrido de un camino y alzarme en mis primeros pasos.
A Sensei Manuel Díaz, por enseñar y compartir generosamente el arte de ser humano: El Aikido.
A Patricia Concha, por ayudarme cariñosamente en el difícil y escarpado camino de Ser
A Fabio y Gustavo, por las ideas, las críticas y la reflexión.
A todos, muchas gracias……

1. INTRODUCCIÓN



Nos encontramos en un período de cambio en la manera en que comprendemos el Universo y todo cuanto emerge de las inextricables relaciones de relaciones, movimiento y energía que lo constituyen. Luego de años de reflexión sobre el conocimiento, la realidad y el Universo físico, la ciencia toma conciencia de sí misma y se plantea como un sistema dinámico que cambia constantemente (Morin, 1983). El conocimiento se observa hoy más como un proceso que como un cúmulo de datos objetivos de aquello llamado realidad, mediante aquello llamado método científico. Hoy es posible volver a la complejidad inherente y constitutiva de la naturaleza, asumiendo, por cierto, que esto nos lleva a aceptar que no podemos dar cuenta de ella de manera absoluta. En otras palabras, asumir que la complejidad de la naturaleza supera nuestra capacidad analítica (separar en el objeto de estudio en unidades fundamentales y estudiarlas por separado) implica que debemos soltar la pretensión de conocimiento objetivo, preciso y acumulable.

Así, en el contexto de este cambio paradigmático, es posible acercarse desde una visión científica, pero no reduccionista, a los conocimientos de las antiguas tradiciones orientales, reconocidas como poseedoras de una sabiduría que hoy, en el marco de la búsqueda del bienestar físico, espiritual, social y ecológico del mundo entero, se hace necesaria.

En la presente monografía teórica se presenta el Aikido como un sistema físico relacional complejo. Para ello se desarrolla una diferenciación entre los postulados del paradigma mecanicista y los del paradigma emergente de la complejidad. Así, en este trabajo se encuentra la problematización de abordar el estudio de la realidad y los fenómenos emergentes con un modelo reduccionista, materialista y mecanicista, y una alternativa a ello: el paradigma de la complejidad. En este marco, se presenta al lector la noción de mundo compleja y las teorías más relevantes y útiles para abordar el tema de este estudio: el Aikido.

El Aikido es un arte marcial (budo) japonés fundado por O Sensei Morihei Ueshiba, que puede ser descrito de muchas formas y en distintos niveles de profundidad. Así, el Aikido puede ser considerado una técnica marcial de defensa personal, un camino de desarrollo de la conciencia y del espíritu, y al mismo tiempo, la revelación del profundo orden de la armonía de la naturaleza. En este trabajo no se elegirá una de ellas para ser reflexionada, sino más bien se tomarán todos como nociones posibles y coherentes, ya que, como mostraré, el Aikido en tanto sistema complejo, fluctúa en distintos niveles de complejidad, tanto ascendentes como descendentes, considerándose presentes todos ellos a la vez.

El Aikido se funda sobre los principios que rigen el orden natural del Universo, según los planteamientos de las antiguas tradiciones japonesas. Según estos principios, tras el mundo material al que tenemos acceso cotidianamente, existe una energía (ki) en la cual no se encuentran elementos sólidos, sino relaciones profundas de todo con todo. Además, esta energía que une todo lo existente -que da forma- está en continuo movimiento, vibrando y fluyendo. Para O Sensei, esta vibración es la respiración del Universo (kokyu) y es lo que permite que emerja la vida de la relación entre ki y kokyu.

El ki y el kokyu, su relación y dinámica, se encuentran presentes en todos los seres vivos, encontrando su más pura expresión en el ser humano. En este sentido es que se considera que el ser humano es todo y parte a la vez. El ser humano representa el orden del Universo en su totalidad, y en un nivel más profundo (implicado) contiene todo cuanto hay. Sin embargo, en otro nivel, el ser humano,  como individuo, es parte y no totalidad.

Según plantean los maestros, especialmente O Sensei Ueshiba, la esencia del Aikido es la unificación y armonización de todo con todo. En un nivel, se dice que el Aikido busca la armonización de la energía (ki)-mente-cuerpo. En un nivel más profundo, se dice que el Aikido busca la armonía y unificación de la energía individual con la respiración de todo el universo. En este sentido, veremos que el Aikido facilita la trascendencia de fronteras que erigimos en la conciencia. Como veremos, el Aikido facilita cambios tanto en la conciencia individual como en la grupal, social y de especie.

Como intentaré mostrar, estos planteamientos no tienen cabida en el marco de la ciencia mecanicista, ya que los aspectos esenciales de ambas nociones de mundo no son compatibles. Estamos frente a un cambio de paradigma y con ello, la emergencia de una nueva noción de mundo. Esta nueva noción de mundo si comparte, en su esencia, la visión holística de la naturaleza y la cualidad viva del Universo que se encuentra en el Aikido.

Entonces, si no es posible comprender el Aikido, ni lo que se dice acerca de el, en el marco del paradigma mecanicista, ¿puede ser recomprendido desde el paradigma complejo?; ¿podrían considerarse posibles los fenómenos descritos en la tradición del Aikido?; ¿es posible que un ser humano amplíe los márgenes de su percepción hasta concebirse como una unidad con el resto del Universo?;  ¿Qué implicancias pudiera tener la práctica del Aikido para quienes lo practican, para quienes se relacionan con quienes practican, para los que se relacionan con quienes se relacionan con quienes practican (aplíquese ad infinitum)?

En función de lo anterior, el propósito de este estudio es recomprender el Aikido como un sistema físico relacional complejo, a la luz de las nociones complejas de orden implicado de David Bohm,  la Hipótesis Holográfica de Karl Pribram, la Teoría de la Resonancia Mórfica de Rupert Scheldrake, la teoría de la Conciencia Cuántica de Danah Zohar.

Relevancia



En el ámbito de la psicología, la recomprensión del Aikido es un aporte en tanto muestra que es posible acercarse a los fenómenos en términos de procesos siempre fluyentes, más que de objetos estáticos, lo cual amplia la mirada para abarcar - o intentar hacerlo- la complejidad inherente de la naturaleza. La psicología clínica es una rama que trabaja sobre procesos dinámicos más que estados estáticos, lo cual es el fundamento del desarrollo humano. Por esto, acercarse al estudio de sistemas físicos relacionales complejos es un aporte a la noción de proceso comúnmente usado por los psicoterapeutas.

También en el contexto de la psicología, la realización de este estudio aporta a la reflexión sobre el desarrollo y evolución de la conciencia fuera del encuadre psicoterapéutico tradicional, así como también sobre su naturaleza intrínsecamente relacional y constituyente de la realidad física. En otras palabras, este estudio puede aportar a la reflexión sobre la hegemonía de la disciplina como medio de desarrollo personal, social y de especie.

La reflexión sobre el profundo entramado de interacciones y codeterminaciones que constituyen el universo físico en todos sus niveles, contribuiría a la profundización del entendimiento de las dinámicas individuales, grupales, sociales y de la especie como totalidad, y por lo tanto de la importancia de las acciones individuales más sutiles contextualizadas y metacontextualizadas como procesos constituyentes de la realidad.

En el contexto de la comunidad académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Central de Chile, especialmente de la Escuela de Psicología, este estudio puede ser un aporte en la incorporación de un nuevo paradigma para la producción de conocimiento científico, acortando la brecha natural que existe entre lo antiguo y lo nuevo. Me parece relevante incorporar al quehacer académico de nuestra Universidad, avances  científicos provenientes de áreas tan diversas como la dinámica de fluidos, la física cuántica, la química, la biología y la filosofía, ya que, como señalan Capra y Grof, entre otros, esta es la nueva tendencia en un mundo donde el conocimiento parcelado pierde su poder explicativo.

En este mismo contexto, el desarrollo de esta monografía puede servir a otros estudiantes como ejemplo de una de las maneras posibles de estudiar los fenómenos y procesos complejos constituyentes de la realidad, muchos de los cuales escapan del alcance de las teorías tradicionales.

Personalmente, el estudio del Aikido como un sistema físico relacional me contribuye en la construcción de un discurso científico acerca de uno de mis principales intereses, lo cual me permitiría comenzar a estudiar relaciones teóricas en torno al tema del desarrollo y evolución de la conciencia, en un contexto distinto, pero complementario al quehacer de la psicología tradicional. Esto enriquecería mi reflexión en torno a la labor de la salud mental en un entorno donde los procesos tradicionales no siempre surten los efectos esperados, o donde la falta de recursos dificulta el desarrollo de procesos terapéuticos rigurosamente delimitados.

En términos generales, la estructura de este trabajo es la siguiente: se comienza planteando el tema de estudio desde la inquietud personal de quien escribe, para luego hacer una declaración de intenciones con respecto a lo que se quiere mostrar, y desde donde (qué paradigma) se va a mostrar. En la segunda parte, se introduce al lector en la problemática de la evolución del conocimiento, la crisis del paradigma mecanicista y los efectos de este sobre el mundo y la conciencia humana. En este capítulo también se encuentra una breve reseña sobre la concepción mecanicista de la conciencia, es decir, la noción de conciencia como objeto. En tercer lugar, se encontrará la  propuesta emergente de dicha crisis, a saber, el paradigma complejo, su noción de mundo y las teorías que la sustentan.  En cuarto lugar, se encuentran algunas propuestas desprendidas de este paradigma para la recomprensión de la conciencia como un sistema físico relacional, en el que se aprecia más claramente la diferencia de las concepciones mecanicistas y complejas del mundo. En el quinto capítulo se describe con más profundidad el Aikido, pero visto desde la visión que O Sensei y sus discípulos tenían de el. Se explican algunas de las nociones propias del Aikido que permitirán, en el capítulo seis, formular la recomprensión del mismo como un sistema físico relacional complejo. Finalmente, el lector encontrará un cuerpo de conclusiones acerca de lo desarrollado en el trabajo.

2. AIKIDO Y CIENCIA MODERNA



Cursando el tercer año de Psicología, comencé a interesarme por los planteamientos de la psicología transpersonal, en particular, el tema de la conciencia. Poco a poco, me acerqué al tema desde distintas experiencias; la lectura, la meditación, la conversación, clases, etcétera. Me encontraba intrigado por aquello que se comentaba en los libros (Wilber, Lowen, Grof) acerca de la unión del cuerpo y de la mente, de la energía, de la conciencia, de la trascendencia del ego y tantas otras cosas, sin embargo no podía entenderlas cabalmente. Con esta inquietud, comencé a practicar Aikido, un arte marcial japonés no deportivo, no competitivo y orientado esencialmente a la armonización de la energía (Ki), el cuerpo y la mente, el cual constituye el tema de esta monografía.

Mi primer acercamiento al Aikido fue a través de un video de O´Sensei Morihei Ueshiba, su fundador, en el que aparecía, en el contexto de una demostración, siendo atacado por varios de sus alumnos. Mi primera sensación fue de incredulidad, ya que no podía entender como una persona de avanzada edad y menuda estatura pudiera lanzar despedidos a varios hombres jóvenes que lo atacaban al mismo tiempo, con un simple y elegante movimiento de su dedo. Todo me parecía ensayado o fruto del consentimiento de los alumnos a su anciano maestro. Como fuere, lo que vi en el video me llamó mucho la atención por la sutileza, armonía, belleza y fuerza con que se desarrollaba la práctica. Al mismo tiempo, me enteré de que el Aikido no era solo una arte marcial, sino también un camino de desarrollo espiritual y de la conciencia humana. En ese momento todo me pareció aun más increíble; ¿cómo puede ser que alguien desarrolle el espíritu mediante una arte marcial, lanzando personas a varios metros por el aire? Me sentí intrigado por eso que se decía acerca del Aikido y me integré a las prácticas

Al poco tiempo empecé a darme cuenta de que lo que enseñaba en Aikido, en los aspectos técnicos, sociales o de “etiqueta” y en los aspectos más sutiles, estaban íntimamente relacionados con lo que previamente había leído sobre psicología transpersonal y también con ciertas nociones referidas a una nueva forma de comprender ( o recomprender) el mundo; la complejidad. Comencé a observar que todo cuanto se enseña en el Dojo responde a profundas nociones acerca de la realidad, de la vida y su auto-organización; todo está íntimamente ligado con todo y por ello cada aspecto de la práctica, en su nivel, es de suma importancia para el desarrollo del Arte.

Sin embargo, todo cuanto observaba y aprendía no resultaba coherente, en un nivel, para mi racionalidad mecanicista.  Cuando el maestro decía, por ejemplo, “ponga su intención en la unión de su compañero” o “intente detectar la intención de su compañero antes de que se mueva”, a mi me producía una especie de disonancia cognitiva. Me preguntaba cómo era posible realizar tales actos de “brujería”. Por otro lado, mi intuición me indicaba, con cierta regularidad, que eso no respondía a un afán místico del maestro, sino por el contrario, a un acabado trabajo de desarrollo bio-psico-social-espiritual, que trascendía el tipo de racionalidad con que yo me acercaba a “entender”.

La racionalidad a la que me refiero es la racionalidad mecanicista, la cual acepté como verdadera sin cuestionamiento alguno a lo largo de toda mi vida de estudiante. A pesar de albergar dudas sobre dicho método, en realidad esta manera de ver el mundo está profundamente arraigada en mi forma de pensar y sentir el mundo. Me ha tomado trabajo problematizar las nociones materialistas y de causa-efecto, pues para mí eran invisibles hasta hace un tiempo. Un primer paso, por cierto involuntario, en esta problematización del modelo mecanicista, fue leer y analizar ciertos datos sobre este y el estado actual del mundo.

El Aikido es un arte marcial de origen japonés, fundado por O´ Sensei Morihei Ueshiba, quien tras convertirse en un maestro de varias artes de combate, concluyó que lo que la humanidad necesitaba no era otra forma de destrucción, si no un camino por el cual se transite en armonía con uno mismo, con los que lo rodean y con el universo. Así nació el Aikido, como una alternativa de paz y armonía para el mundo, para la humanidad. Practicar Aikido es seguir un camino, el Camino de la Paz.(Saotome, 1993)

O´Sensei Morihei Ueshiba cristalizó en la práctica de este Arte muchas enseñanzas recibidas de parte de numerosos maestros así como también de su riguroso entrenamiento espiritual (Saotome, 1993). En este camino de entrenamiento O´Sensei Ueshiba buscó incansablemente una verdad fundamental, la esencia última de la naturaleza y el Universo. El Aikido, según su fundador, no fue una creación propia sino más bien una revelación de las “leyes” de la armonía de la naturaleza; al mismo tiempo se ha constituido como un proceso mediante el cual las personas pueden conectarse con el flujo de la armonía natural del Universo. Así, el Aikido contiene una serie concepciones sobre el estado general de la realidad, a saber, que la realidad es, en un nivel profundo, una totalidad indivisa que está en constante movimiento donde cada parte es una manifestación de esa totalidad y la contiene: “El Universo se manifiesta a través de un mosaico infinito de formas: cada una de ellas refleja su plenitud, cada una está en perfecto equilibrio con las demás” (O´Sensei Morihei Ueshiba; en Saotome, 1993: 55).

Es sumamente difícil hablar del Aikido, puesto que, según plantea su fundador O Sensei Morihei Ueshiba, al hablar de Aikido se está hablando de todo el Universo. Pero es difícil hablar del Aikido cuando intentamos comprenderlo según la lógica acostumbrada, esta es, la mecanicista. Cuando leemos las palabras del maestro que dice, por ejemplo, “Yo no soy un hombre, soy el Universo en persona” (O Sensei Ueshiba, en Saotome, 1993), nos suenan raras, extrañas y pertenecientes a un corpus de creencias místicas acerca de la realidad. Pareciera que para creer que un ser humano es el Universo habría que hacerse de una fe ciega o estar loco. Sin embargo, como explicaré más adelante, estamos frente a un cambio en la manera en que la ciencia entiende la realidad y los fenómenos que en ella ocurren. De este cambio emerge la posibilidad de recomprender estas afirmaciones cómo descripciones posibles de lo que es la realidad y no como ideas que emergen de creencias dogmáticas o místicas acerca de ella. Este es uno de los puntos centrales a desarrollar en este trabajo, puesto que se asume necesario el ejercicio de incluir la complejidad de la realidad sin intentar reducirla a sus elementos constituyentes, ni dejarla fuera porque no cabe dentro de los limitados modelos explicativos de la ciencia. Se asume  que la naturaleza de la realidad es, siempre, más compleja de lo que podemos comprender en todos los ámbitos del pensamiento científico; en este caso la psicología. Por esta razón se hace explícita la imposibilidad de definir al Aikido en términos clásicos, estos es, acotarlo, restringirlo y construir una definición que busque diferenciarlo y aislarlo del resto de las “cosas”. Por el contrario, considerar el Aikido como un sistema complejo implica asumir esta “certeza negativa”, es decir, la certeza de que no es posible conocerlo académica e intelectualmente tal cual lo propone la ciencia clásica con sus objetos de estudio. El Aikido como sistema complejo deberá ser recomprendido, entonces, en los distintos niveles en los cuales fluctúa

O Sensei Morihei Ueshiba, reconoció que solo el Creador era capaz de comprender su obra. Por esto, empiezo este escrito poniendo de manifiesto que en este trabajo no se pretende, ni por mucho, comprender la totalidad que es el Aikido. Se debe considerar además que el objetivo de este trabajo no es realizar una revisión filosófica, técnica, psicológica, biológica ni física del Aikido, sino que todas ellas a la vez, entendiendo que, como sistema complejo, se presenta en múltiples niveles a la vez; en otras palabras, el objetivo es recomprenderlo a la luz de nuevos conocimientos científicos provenientes de diversas ramas del conocimiento, tales como la física, las ciencias sociales, la biología, el estudio de los suelos, de los sistemas alejados del equilibrio, etcétera.

No se busca validar la práctica del Arte, ya que el Arte se desarrolla en el nivel de la experiencia al cual solo es posible acceder mediante su práctica. Intentar validar una práctica de esta naturaleza mediante un escrito teórico sería incurrir en una grave confusión de niveles. Esta monografía se encuadra en el nivel ontológico de la realidad, es decir, en el nivel de las teorías que hablan acerca de lo que supuestamente es la realidad. Por esto, se reconoce la imposibilidad de dar cuenta del Aikido -como totalidad indivisa- en el nivel de la realidad por ella misma, y, lo que se escriba de él es solo una aproximación a lo que en realidad es. La única manera de comprender realmente el espíritu del Aikido es su práctica cotidiana. Sin embargo, para llevar a cabo la tarea en cuestión, adhiero a los planteamientos de Morin sobre cómo concebir el conocimiento y la búsqueda de éste. Para Morin (1983: 24), la búsqueda de conocimiento debe realizarse “con un modo de pensamiento que respete la multidimensionalidad, la riqueza, el misterio de lo real, y que sepa que las determinaciones cerebral, cultural, social, histórica que experimenta todo pensamiento codeterminan siempre el objeto de conocimiento”. Para Morin, esto es el “Pensamiento Complejo”.

Por otro lado, es necesario incluir en la reflexión una imagen general del escenario en que se ha desarrollado, y sobre el cual ha influido, la ciencia moderna, en especial con respecto al rápido y desmedido avance tecnológico.

Vivimos en una sociedad en la cual los valores humanos básicos para asegurar la supervivencia de la especie y del planeta están, por decir lo menos, trastocados.  Vivimos en una época en donde el dinero que se gasta en el negocio de las armas y las drogas supera ampliamente a lo que se gasta en educación, alimentación y salud. El mundo está destinando 2200 millones de dólares por día en la producción de muerte…nueve días de gastos militares alcanzarían para dar comida, salud y educación a todos los niños que no lo tienen.(Galeano, 2004)  Este clima básicamente hostil atenta contra el desarrollo sano y natural de las personas, y atenta también contra el medio ambiente en su totalidad.  Como dice Grof (1984), el desarrollo de la ciencia y la tecnología occidental nos pone en una situación paradojal; esto es que, buscando una mejor condición de vida, la ciencia mecanicista nos ha llevado fragmentarnos y a deshumanizarnos cada vez más; las consecuencias de esta fragmentación están a la vista. Frances Vaughan, reconocida psicóloga y psicoterapeuta transpersonal, encuentra en la creación de la bomba nuclear el más claro ejemplo de la paradoja  en que nos pone la ciencia mecanicista y su visión fragmentaria del mundo.

Esta misma autora ve en la armonización entre la ciencia occidental y las antiguas sabidurías orientales, una salida a esta compleja paradoja (Vaughan, 1991). Al respecto, Grof plantea que, así como la ciencia mecanicista solo nos ha proveído de confort y bienestar material dejando de lado el desarrollo espiritual, la filosofía perenne ha sido capaz de otorgar la liberación interior a muy pocas personas. Es por esto que, coincidiendo con Vaughan, Grof plantea que la salida a esta engorrosa situación está en el intento de conciliar ambas visiones, con el fin de unir fortalezas y evitar las imperfecciones. En este sentido, el Aikido se nos presenta como una valiosa propuesta proveniente de oriente, dirigida hacia la integración y armonización de los individuos, los grupos y, tal como soñaba su fundador, el universo entero.

Así, el estado general de la humanidad en los últimos tres siglos se ha caracterizado por una desidentificación de los aspectos ajenos a la discreta existencia individual en desmedro de una existencia más participativa. El individualismo característico de la sociedad moderna, entonces, crea, y es creado por, una dinámica científica-social alienada y reduccionista, característica de la matriz paradigmática mecanicista. La conciencia entonces, ha sufrido grandes cambios, los cuales no están ajenos en los constantes cambios acaecidos en la visión del estado general de la realidad.

Ken Wilber ha planteado un modelo espectral de conciencia, según el cual, a partir de un estado de unidad con la totalidad del Universo, la conciencia se separa en dualismos que fragmentan la experiencia. En otras palabras, se plantea que los seres humanos estamos continuamente levantando falsas demarcaciones que nos hacen distinguir entre lo que somos y lo que no somos, acotando progresivamente nuestra conciencia, partiendo de una “unidad cósmica” de conciencia hasta la conciencia de la persona o “máscara”. (Wilber, 1990) Según Celis (2002), vivimos en un estado de conciencia basado en dualidades, esto es, separaciones en la percepción que tenemos del mundo, como por ejemplo, la separación sujeto-objeto característica de nuestra visión científica. Dicho de otra forma, nuestra cultura mecanicista se ha desarrollado básicamente sobre el levantamiento de fronteras donde, en el nivel óntico de la realidad, no existen. Estas fronteras crean estados de tensión ya que, donde se levanta una frontera, al mismo tiempo se crea un par de opuestos potencialmente en disputa.(Wilber, 1990 (b)) Según Celis (2002) estos estados duales de tensión provocan en el ser humano profundos estados de infelicidad. Por su parte, distintas tradiciones orientales han desarrollado durante siglos distintas técnicas para superar o trascender este estado dual, que, tal como plantea Wilber, solamente ocurre, es decir, se constituye como un dualismo primario. Dentro de estas técnicas, que tienen como eje central la  trascendencia de las limitaciones de la conciencia para ampliar e integrar la sensación ser uno, esto es, su expansión, se encuentran las distintas artes marciales, así como las distintas tradiciones de meditación (tradiciones contemplativas). Del conjunto de estas milenarias artes, el Aikido sobresale por ser sumamente sofisticado ya que, por un lado encarna profundos y esenciales aspectos espirituales pertenecientes a las tradiciones marciales orientales, y por otro representa  la evolución de los mismos, constituyéndose como un proceso de perfeccionamiento del espíritu y la conciencia humana perfectamente compatible con la vida moderna, tanto de oriente como de occidente. Además, si se consideran los antecedentes anteriormente expuestos sobre el estado actual del mundo, no solo es considerable como sofisticado, sino que también como una alternativa constructiva a la destrucción que caracteriza nuestros días.

Así, paradojas como la que se da entre la búsqueda de seguridad y comodidad a través del avance tecnológico y las consecuencias perversas de ello, sumadas a numerosos y consistentes descubrimientos científicos, en distintos ámbitos, que no han encontrado una explicación coherente al interior de la lógica mecanicista, han desencadenado un cambio de paradigma; esto es del paradigma mecanicista al paradigma de la complejidad.

Este cambio paradigmático permitirá recomprender fenómenos que no habían podido ser explicados desde la lógica mecanicista, es decir, una lógica que, sustentada en la Teoría De Los  Conjuntos Finitos, asume que la realidad está constituida en su nivel más básico por objetos, que estos están funcionan de acuerdo a leyes lógicas exactas y que son completamente entendibles por la razón humana. (Santibáñez, 2002)  En el presente trabajo se abordará, entonces, el Aikido como uno de estos fenómenos alejados del entendimiento científico por su inextricable complejidad y su particular forma de entender el Universo y los procesos que en el se desarrollan.

En el marco de la ciencia clásica mecanicista, las enseñanzas del Gran Maestro Ueshiba no pueden ser tomadas como válidas; más bien pueden parecer como una hermosa metáfora, como un relato místico o religioso. En este sentido, se nos hace imposible incluir estas enseñanzas en un ámbito académico y tomarlas en cuenta al momento de reflexionar científicamente sobre, por ejemplo, el proceso de su práctica, de su método de enseñanza, su influencia sobre la salud física de los estudiantes de Aikido  y sus implicancias para el desarrollo de la conciencia de las personas. Sin embargo, como veremos más adelante, esa concepción profunda de la práctica marcial y las nociones acerca del estado general de la realidad que la sostienen, guarda muchas similitudes con las teorías provenientes de las teorías  postulados complejos. Es otras palabras, el estado actual de la ciencia permite que las técnicas, enseñanzas, tradición y formas que constituyen el Aikido,  sean recomprendidas formalmente como procesos constituyentes de la realidad.

Así, es necesario partir por hacer referencia al paradigma que ha dominado el quehacer científico durante los últimos tres siglos: el paradigma mecanicista y el cambio de este al nuevo paradigma de la complejidad. A continuación se presenta el marco teórico-epitemológico general desde el cual emerge esta monografía.


3. EL MUNDO MÁQUINA



“Y que en lugar de la filosofía especulativa ahora enseñada en las escuelas podemos encontrar una filosofía práctica, mediante la cual, conociendo la naturaleza y la conducta del fuego, del agua, del aire, de las estrellas, del cielo y de todos los otros cuerpos que nos rodean, como ahora entendemos las diferentes destrezas de nuestros trabajadores, podemos emplear estas entidades para todos los objetivos para los cuales son adecuados, y así hacernos amos y dueños de la naturaleza”.
René Descartes, Discurso Del Método (1637)

3.1 Paradigma y Revoluciones Científicas: Sobre Como Evoluciona el Conocimiento Científico



Nos encontramos en una época en que es posible afirmar que, tanto la ciencia como la tecnología, se constituyen como fuerzas dominantes, en tanto íconos de verdad y progreso. (Grof; 1984) En este sentido es que adquiere importancia, tanto como el desarrollo de la ciencia en sí misma, el desarrollo de una  reflexión a propósito de ella.

Thomas Kuhn (1962: 20), físico e historiador de la ciencia, afirma que durante muchos años la reflexión acerca de la ciencia ha girado en torno a la recopilación histórica de hechos, es decir, sobre quién y cuándo descubrió tal o cual cosa. En su obra “La Estructura de las Revoluciones Científicas” plantea que, “si se considera a la historia como algo más que un depósito de anécdotas o cronología, puede producir una transformación decisiva en la imagen que tenemos actualmente de la ciencia”. A partir de esto desarrolla una nueva propuesta sobre cómo evoluciona el conocimiento científico.

Según plantea en esta obra, un historiador de la ciencia que adhiera a la concepción historicista como “depósito de anécdotas o cronología” deberá, en principio, realizar dos tareas; a saber, la de determinar quién y cuándo descubrió tal o cual fenómeno, y la de describir y explicar el conjunto de errores, mitos y supersticiones que dificultaron un desarrollo más eficiente del conocimiento. Sin embargo este historiador se encontraría también con algunos problemas. Estos problemas radicarían en distinguir con claridad los componentes científicos de observaciones que fueron tachados anteriormente como erróneos. Cuanto más se indague en esos hechos “erróneos”, se verá con más claridad que, tal como esos descubrimientos fueron tachados de erróneos, sea por el método mediante el cual se llego a él, o por la idiosincrasia de la época del descubrimiento, los descubrimientos hechos por la ciencia actual pudieran ser calificados de la misma forma, pues no hemos dejado de ser partes de una idiosincrasia particular, ni tampoco hemos logrado un método infalible de producción de conocimiento. La siguiente opción es aceptar que aquello que se hizo en el pasado también fue ciencia. (Kuhn; 1962) Entonces, si aquello fue ciencia y esto -lo actual- también lo es, ¿cómo puede considerarse el proceso científico como un proceso de acumulación?;  ¿Qué sentido tendría acumular conocimientos erróneos o no-científicos?, y, si no es un proceso de acumulación ¿cómo evoluciona el conocimiento científico?

La propuesta de Kuhn es que el progreso del conocimiento científico está muy lejos de ser homogéneo y desprovisto de ambigüedad; más bien muestra una naturaleza cíclica, con etapas específicas y una dinámica característica. Al interior de la ciencia se ha comenzado a aceptar la idea de ella progresa, más que como un proceso lineal, continuo y sistemático de acumulación de conocimientos, como un proceso de evolución que se basa en el predominio de paradigmas. (Kuhn; 1962)

“Paradigma, (del griego; parádeigma: ejemplar, modelo, ejemplo) por su origen y atendida su etimología, es el “ejemplo” de los retóricos antiguos y, de aquí, su uso general como ejemplo o patrón ideal de alguna cosa o conducta (…) Wittgenstein utiliza el término en el sentido de “molde” del pensamiento o estereotipo (Martínez y Cortés, 1996). En un sentido epistemológico, el concepto “Paradigma” es definido como sistemas conceptuales que dominan el pensamiento de las comunidades científicas durante períodos determinados  de la evolución de la ciencia. (Kuhn, en Grof; 1984)

En principio, un nuevo paradigma juega un papel positivo, en tanto identifica problemas científicos legítimos y ofrece una metodología para realizar las pruebas científicas necesarias y los métodos de validación para dichas pruebas y sus resultados. “Un paradigma no sólo define lo que la realidad es, sino también lo que no es y lo que no es posible que sea. Una vez que el paradigma es aceptado, sus premisas filosóficas dejan de ser cuestionadas, y los científicos centran su atención y esfuerzos en su ulterior elaboración” (Grof, 1984: 5) Mas, con el transcurso del tiempo y las sucesivas investigaciones, se comenzarán a producir datos que resultan incompatibles con el paradigma del cual emergen.

Un paradigma que goce de vigencia entre la comunidad científica se presenta como  un medio por el cual se puede reducir o acotar el problema de investigación a una escala operable. La adherencia al paradigma imperante que tenga un científico, determina que el proyecto que esté desarrollando resulte consecuente. Es preciso, sin embargo, destacar que, por más sofisticado o coherente que nos parezca un paradigma en un momento dado, este no deja de ser una manera relativa de acercarse a la realidad; en ningún caso un paradigma logra dar cuenta de la realidad en un nivel óntico, esto es, la realidad por ella misma. (Kuhn, 1962) Quien confunda una teoría acerca de la realidad con la realidad por ella misma estará incurriendo en una notable confusión de niveles y, en el sentido que le da Korzybsky, sería como confundir el mapa con el territorio. (Grof, 1984; Olea & Rojas, 1994) Uno de los logros más  destacados de la ciencia occidental, es la aceptación del hecho de que las teorías científicas no son otra cosa que modelos conceptuales destinados a ordenar los datos que en un momento determinado se tienen acerca de la realidad. Deben ser consideradas como aproximaciones útiles, pero no deben ser confundidas con una descripción correcta de la realidad. (Grof, 1984)

Luego, en el período denominado “anteparadigmático”, los datos aparecen desordenados y confusos, y se le presenta, a la ciencia, la dificultad de encasillarlos en un modelo explicativo coherente. Se formulan distintas teorías, muchas de las cuales son opuestas entre sí, pero de las cuales ninguna puede ser totalmente descartada como incorrecta. Este período ha sido descrito como un período en el cual priman el caos conceptual y la diferencia de teorías; ha sido identificado también como un caldo de cultivos para el nacimiento de las “revoluciones científicas”.(Kuhn, 1962)

En este período los científicos se resisten a tomar en cuenta los nuevos datos. Los científicos que los proveen son tildados de locos o tontos, dejando en claro una fuerte resistencia a aceptar un cambio en la manera de entender la realidad. Cuando suman cada vez más investigaciones que arrojan resultados que no encuentran espacio en el paradigma imperante, la ciencia entra en un período llamado “período de la ciencia anormal”. En este período de ciencia anormal, o extraordinaria, comienza a romperse la coherencia interna del paradigma, lo cual deriva en una “revisión completa o reformulación de los supuestos fundamentales de la anterior teoría e implica la reevaluación  de los hechos y observaciones existentes”. (Stalisnav Grof, 1988) Cuando, después de intentar hacer coincidir los datos con nuevas hipótesis, teorías y ajustes conceptuales con escasos o dudosos resultados, finalmente, desde la construcción de teorías cada vez más disruptivas, una emerge victoriosa y se constituye como el comienzo de un nuevo paradigma.(Stanislav Grof, 1984)

Cuando las teorías que emergen de un paradigma comienzan a perder poder explicativo de los fenómenos de la realidad, el paradigma del cual emergen comienza a perder su coherencia interna. Como se dijo, comienzan a surgir nuevas y más audaces teorías que, en tanto dan respuestas a los problemas que las antiguas teorías ya no podían resolver, se conforman como un nuevo paradigma. Durante el período de cambio ambos paradigmas comparten y disputan la supremacía. El nuevo paradigma, para ganar, deberá resolver aquellas interrogantes que el anterior no pudo resolver. También deberá conservar su capacidad explicativa una vez ocurrido el cambio paradigmático. Finalmente, el nuevo paradigma deberá ser capaz de ofrecer nuevas soluciones a otras áreas del conocimiento. (Stalisnav Grof, 1988)

Según Grof (1988), suele ocurrir que quienes adhieren a la nueva conceptualización de la realidad, entienden que este nuevo mapeo es justo y exacto en su descripción de los fenómenos. Al parecer olvidan que aquellas antiguas concepciones acerca de la realidad también son ciencia, y son válidas en tanto restrinjan su operar a los fenómenos que son capaces de explicar o describir adecuadamente.

Según Coddou (1992) y Cordero (1979) (en Sepúlveda, 2004) los distintos paradigmas que pueden presentarse en una época determinada se basan en una epistemología particular, es decir, una cosmovisión que opera con ciertas creencias y nociones básicas o fundamentales a la base; en otras palabras, todo paradigma  (patrones, esquemas y modelos construidos al interior de una comunidad científica) se sostiene en una epistemología específica.

Cordero (1979; en Sepúlveda, 2004) llama “Estructura Intencionada” a este conjunto de supuestos fundamentales sobre los cuales montamos nuestra relación más íntima con el mundo que nos rodea. Este concepto nace de la física cuántica, y se refiere al conjunto de imágenes, supuestos, creencias y a la manera más básica y profunda a través de la cual nos presentamos el estado general de la realidad o nivel óntico. En este mismo sentido, Edgar Morin (1994) reconoce que, a la base de un paradigma se encuentra una “Matriz Epistémica”, a la cual define como el “modo propio y peculiar, que tiene un grupo humano, de asignar significado a las cosas y a los eventos, es decir, en su capacidad y forma de simbolizar la realidad; por consiguiente es, un sistema de condiciones del pensar, prelógico o preconceptual, generalmente inconsciente, que constituye “la misma vida” y el “modo de ser” y que da origen a una cosmovisión, a una mentalidad e ideología especifica, a un Zeitgeist o espíritu del tiempo, a un paradigma, a cierto grupo de teorías y, en ultimo termino también a un método y unas técnicas o estrategias adecuadas para investigar la naturaleza de una realidad natural o social”. Por otro lado, así como los paradigmas se suceden unos a otros, las matrices epistémicos o estructuras intencionadas también cambian a través del tiempo, sucediéndose unas a otras, pasando por momentos de crisis, en los cuales se cuestionan los supuestos fundamentales (Morin, 1994; en Sepúlveda, 2004)

Diversos autores (Grof, Bohm, Morin, Capra, Berman, Wilber, Prigogine, entre otros), plantean que en los últimos trescientos años ha predominado una matriz epistémica particular que nos ha hecho vivir, pensar y estar en el mundo de una manera determinada. Según estos, la matriz epistémica que ha sostenido el desarrollo y producción científica durante este período, nos ha convencido de que el universo operaría como un inmenso y perfecto mecanismo de relojería. Dicha matriz epistémica será llamada Mecanicista.





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