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Aikido como un sistema físico relacional complejo parte 3 - Monografía



 
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Según Scheldrake (1981), los campos morfogenéticos no se hallan definidos con precisión, sino más bien son estructuras de probabilidades, pues dependen de cierta sumatoria estadística de los sistemas anteriores. Por ejemplo, aunque todos lo seres humanos tenemos una forma básica compartida, ningún ser humano tiene exactamente la misma cara que otro ser humano. Esto permite que diferenciemos a un ser humano de, por ejemplo, un gato, en tanto especies distintas, pero también a una persona de otra, en tanto individuos de una misma especie.

Los campos morfogenéticos se ordenan jerárquicamente, según patrones fractales que podrían diagramarse “en árbol” o como “Queso de Cantor”. (Ver Fig. 4 y 5)
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Fig. 4 Diagrama “en árbol” de un sistema jerárquico.

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Fig. 5 Diagrama “Queso de Cantor”

Así, por ejemplo, el campo morfogenético de un organismo, representado por el círculo mayor, gobierna y controla los procesos probabilísticos dentro de los campos morfogenéticos de los órganos, representados por los círculos medios, los cuales a su vez controlan los procesos probabilísticos   de los tejidos, representados por los círculos más pequeños. Esta estructura jerárquica de determinaciones probabilísticas podría seguirse indefinidamente, tanto en niveles ascendentes como descendentes.

Algunos experimentos realizados con animales  sugieren que esta estructura de los campos morfogenéticos, que en principio surge como explicación de las formas, también se puede aplicar a la organización de la conducta y el movimiento. Esto ya que la conducta es un tipo de morfogénesis que implica cambios en la forma, la que con frecuencia se presenta en patrones cíclicos. En estos experimentos se ha podido observar que, cuando un grupo con cierto número de individuos de una especie aprende una determinada conducta, la probabilidad de que otro grupo (aislado del primero) de la misma especie aprenda esta conducta, aumenta significativamente. (Scheldrake; 1981, en Grof; 1984)

Tal como plantea Scheldrake (1981), es importante tener en consideración que la tesis de la causación formativa es solo una hipótesis de alcance limitado, ya que sólo se ocupa de la repetición de las formas y patrones de la naturaleza, y no de los elementos nuevos -el primer elemento- de la especie. Así, la creatividad no queda explicada en el marco de esta tesis. Sin embargo esta limitación no inhibe las profundas repercusiones que esta pueda tener sobre, por ejemplo, el entendimiento de la conducta humana, el aprendizaje y la memoria, como fenómenos que van más allá de huellas mnémicas almacenadas en el sistema nervioso central de una persona. Podría pensarse que, si la memoria no esta almacenada en nuestros cerebros y lo que ocurre es que nos sintonizamos con ellos, es posible que nos sintonicemos con otros recuerdos, de otras personas y de otros tiempos, trascendiendo así las  barreras del tiempo y el espacio.

4.2.3 Prigogine Y Las Estructuras Disipativas


El  trabajo del premio Nóbel de química, Ilya Prigogine, se ha desarrollado en torno a los sistemas alejados del equilibrio y a la irreversibilidad del tiempo. En su libro, “Las Leyes del Caos”(Prigogine, 1997) muestra como la concepción clásica de las leyes que gobiernan el Universo, esto es, que son estáticas y por lo tanto factibles de conocer en su totalidad, ha perdido fuerza en el campo de la ciencia.

Para Prigogine, esta concepción de las leyes de la naturaleza implica la aceptación de la idea de que el tiempo es reversible y no hay diferencia entre pasado y futuro. Como veremos, esta concepción del tiempo desconoce procesos tales como el desarrollo de un  ser humano, ya que, como dice Prigogine (1997: 25) “ninguna especulación, ningún saber ha sostenido nunca la equivalencia entre lo que se hace y lo que se deshace, entre una planta que brota, florece y muere, y una planta que resucita, rejuvenece y vuelve a su semilla primitiva, entre un hombre que madura y aprende y un hombre que poco a poco se hace niño, luego embrión, luego célula.” En la naturaleza, el paso del tiempo hace una historia irreversible.

Según este autor, en las últimas décadas se ha abierto camino a un nuevo concepto, a saber, la noción de inestabilidad dinámica asociada a la de “caos”. Esta palabra podría asociarse fácilmente a un carácter impredecible y “desordenado” en la naturaleza, mas, como veremos, esta noción asociada a la de probabilidades e irreversibilidad, dan cuerpo a una nueva noción de orden. Esta noción permite volver a incluir en la descripción de la naturaleza, a los “sucesos”, los cuales habían sido excluidos a partir de la premisa de que en el Universo todo estaba determinado. Como señala Prigogine (1997), esta noción determinista encuentra asidero incluso en la teología, ya que para Dios todo está dado, así sea en el pasado, así sea en el futuro. La inclusión de los sucesos permite concebir la emergencia de lo nuevo, y por consiguiente, a la propiedad creadora de los sistemas caóticos o alejados del equilibrio.

Si el mundo realmente pudiera ser entendido de esta manera, es decir, como un mundo quieto, estático y predecible, que esta ahí para que lo conozcamos en su completitud, no se parecería al mundo que nos rodea. Si el mundo que nos rodea se comportara como un sistema dinámico estable sería, en efecto, predecible, pero no podríamos estar vivos para predecirlo. En el mundo que nos rodea, sin embargo, descubrimos fluctuaciones, bifurcaciones e inestabilidades en todos los niveles. Los sistemas dinámicos estables corresponden más a una idealización u aproximación a la realidad. (Prigogine, 1996)

En la actualidad, las principales descripciones de la naturaleza y sus leyes aceptadas al interior de la física, se fundamentan sobre la noción de sistemas inestables. En este tipo de sistemas, en palabras de Prigogine (1997: 14), “una pequeña perturbación se amplifica, unas trayectorias inicialmente cercanas, se separan. La inestabilidad introduce aspectos nuevos esenciales.” En este mismo sentido, señala que de estas perturbaciones amplificadas se desprende la necesidad de incorporar una “flecha del tiempo” en la noción de irreversibilidad, esto es,  la distinción fundamental entre pasado, presente y futuro. La “sensibilidad a las condiciones iniciales” se refiere precisamente a este punto, ya que “el más mínimo error en la condición inicial lleva a una amplificación exponencial. Unas causas tan pequeñas como se quiera tienen consecuencias esenciales en el comportamiento del sistema.” (Prigogine, 1997)

Esta reformulación de la concepción del tiempo, en tanto “flecha del tiempo”, se debe principalmente a el descubrimiento de las estructuras de no equilibrio, o estructuras disipativas. Las estructuras disipativas pueden entenderse como estructuras abiertas que sobreviven en el tiempo solo si disipan energía y se mantienen en relación con su medio, y en las cuales los fenómenos irreversibles juegan un papel fundamental. Estos sistemas alejados del equilibrio pueden decirse estructuras, en tanto presentan una continuidad en el tiempo, es decir, una unidad que les hace distinguibles del medio en el cual existen. Estos sistemas tienden a estados de entropía y complejidad crecientes, lo que los vuelve esencialmente inestables. (Prigogine, 1997)

“Toda estructura disipativa podría muy bien definirse como un todo fluyente: altamente organizado, pero siempre en un proceso. Una estructura compleja presenta conexiones en múltiples puntos. Cuanto más compleja es una estructura disipativa, tanta más energía se requiere para mantener todas esas conexiones. Por ello, resulta más vulnerable a las fluctuaciones internas…Como las conexiones no pueden mantenerse más que a base de un flujo de energía, el sistema está siempre en estado de fluidez.” (Merlano, 2002; en  Concha, 2002)
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Fig. 6 Huracán Elena: ejemplo de una estructura disipativa

Así, “los procesos irreversibles describen propiedades fundamentales de la naturaleza. Nos permiten entender la formación de estructuras disipativas de no equilibrio…las estructuras disipativas exigen la introducción  de una flecha del tiempo…”(Prigogine, 1996)

Según Prigogine (1997), “Todo ser viviente constituye una estructura disipativa, ya que cuanto más compleja sea, más energía necesita para mantener todas sus conexiones, a la vez de ser más vulnerable a las fluctuaciones internas o de estar más “lejos del equilibrio”. Al aumentar la coherencia (es decir, sus conexiones) aumenta la inestabilidad, creando el potencial para un repentino ordenamiento. Así, la inestabilidad es la clave para la transformación. (Prigogine, 1997).
“El organismo humano, de alto nivel de complejidad en su organización estructural y funcional, es un claro ejemplo de un equilibrio dinámico, homeostático y de autoorganización, intrincado y tremendamente interdependiente, en el cual pequeñas alteraciones pueden causar desastres fisiológicos o la muerte. Es un equilibrio inestable, de evolución adaptativa, correspondiente a un sistema caótico de alta complejidad. Las enfermedades, el trauma y, especialmente, el cáncer, producen impactos sobre la organización orgánica, y las correspondientes alteraciones exhiben repercusiones amplificadas.” (Patiño, 2004)
Un buen ejemplo de una estructura disipativa es la ciudad, ya que puede reconocerse como un sistema que se distingue del campo que le rodea, pero que, si no mantiene una relación con el, la ciudad tiende a su desaparición.(Prigogine, 1997)

Así, de la moderna teoría de los sistemas inestables y el caos, se desprende una hipótesis contraria a las hipótesis deterministas de la mecánica clásica o de la mecánica cuántica, esto es, la “hipótesis indeterminista”. Esta nueva hipótesis otorga una significación física fundamental a la flecha del tiempo, sin la cual somos incapaces de reconocer los dos rasgos principales de la naturaleza, a saber, su unidad y su diversidad. Es este sentido, la flecha del tiempo, en tanto es común a todos los elementos del Universo, da cuenta de esta unidad. (Prigogine, 1996)

4.2.4 Fractal



Acuñado por el matemático estadounidense Benoit Mandelbrot, el término “fractal” refiere a una forma geométrica compleja, tan irregular como las formas de la naturaleza misma. La figura fractal se forma a partir de una fórmula matemática que arroja una forma sencilla, pero que al repetirse iterativamente, se vuelve más y más compleja. Esta figura geométrica no euclidiana, tiene la particularidad de ser auto-semejante en todos sus niveles, pues, como dijimos, es un patrón que se repite en escalas tanto ascendente, como descendentes. (Mandelbrot, 1994; en Sepúlveda, 2004) Así, en un fractal se ve claramente el principio holonómico que vimos más arriba.

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Un ejemplo clásico de una imagen fractal es la figura creada a partir de la iteración de un triángulo rectángulo; este fractal es llamado fractal de  Koch.
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Fig. 8 Fractal de Koch

Así, según la noción de fractal propuesta por Mandelbrot, la realidad se puede concebir como una organización autosimilar, es decir, que cada parte de una totalidad es similar a la misma, la que a su vez es parte de otra totalidad, así ad infinitum, en escalas ascendentes y descendentes.  (Santibáñez, 2004)

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Fig. 9   Conjunto de Mandelbrot (nótese el acercamiento a la imagen)

En la naturaleza encontramos sistemas organizados fractalmente en, por ejemplo, la forma de un árbol, sus ramas y sus hojas; un copo de nieve, una nube, la costa de Gran Bretaña, una conversación, los niveles de conciencia, etcétera.  (Santibáñez, 2004) véase la siguiente figura:

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Fig. 10   Árbol-rama-hoja: este es un ejemplo de las formas Fractales en la naturaleza.

4.2.5 Atractor



La noción de atractor es una noción topológica referida a la tendencia en la que se estabiliza un sistema para mantenerse siendo lo que es, es decir, un atractor es un espacio matemático (espacio de fases) hacia el cual se orientan más probablemente ciertas tendencias. Esta convergencia de tendencias hace que se un sistema dinámico se constituya en un estado particular. (Briggs & Peat, 1994)

Se han descrito varios tipos de atractores, tales como sumidero, silla de montar, ciclo límite. Estos atractores comparten la característica común de operar bidimensionalmente, por lo que es imposible usarlos para referirse a sistemas de mayor complejidad. Se utiliza la noción de atractor extraño para explicar el carácter dinámico de los sistemas caóticos alejados del equilibrio, los cual se caracteriza por presentar trayectorias que divergen y convergen constantemente y a la vez en muchas dimensiones, lo que lo hace contener el resto de los atractores en una dinámica recursiva.  (Briggs & Peat, 1994)

4.2.8 Enacción



El término “Enacción”, acuñado por el neurobiólogo chileno Francisco Varela, proviene del inglés, “to enact”, que quiere decir “hacer emerger”. Para Varela, al igual que para Capra, Morin y Grof, entre otros, la ciencia (en particular la Biociencia) esta en un período de profundos cambios a nivel epistemológico. Este cambio tiende a una comprensión más holística, integrada e interdependiente de los fenómenos, tomando en cuenta para la construcción del conocimiento, la relación dialógica y recursiva que hay entre lo observado y quien observa. En sus palabras: “En las biociencias se observa un cambio en todo el marco referencial. Se reconoce cada vez con mayor claridad la importancia que tienen los mecanismos cooperativos. Las coherencias internas de un sistema son decisivas para comprender cómo hace lo que hace. Para casi todos los sistemas biológicos -las células, el sistema inmunológico, el sistema nervioso o, por ejemplo, el cáncer- valen las mismas consideraciones: debemos considerar la interdependencia recíproca y la cooperación, en vez de prestar atención exclusiva y preferentemente a cómo estos sistemas representan ciertas propiedades o características ambientales y cómo reaccionan frente a éstas… la física pierde paulatinamente su rol como medida exclusiva del conocimiento científico, porque no nos provee de herramientas, metáforas y contextos necesarios que sirven para comprender el funcionamiento de una célula, un sistema inmunológico, un sistema nervioso o de un sistema ecológico mayor.” (2004)

Varela propone que para representarse el mundo y actuar sobre el, el sistema nervioso humano reconoce estados de coherencia interna que le permiten al organismo discriminar una conducta adecuada, en términos de su adaptación al medio, de entre muchas conductas posibles. Esta elección espontánea de una conducta es lo que emerge de un telón de fondo sumamente complejo; esta elección es enacción. La facultades cognitivas necesarias para que la enacción sea posible guardan relación con la facultad -y necesidad- del sistema nervioso de establecer ciertas regularidades en lo que se percibe, es decir que aquello que emerge mantenga una continuidad determinada en el marco del flujo o múltiples opciones posibles de la realidad. (Varela, 2004)

En sus palabras: “Ubicar el centro de gravedad en la consideración de la coherencia interna del sistema significa, ni más ni menos, concentrarnos en la organización interna del sistema nervioso mismo, el cual determina entonces qué es lo importante, estable o regular… Mediante su sistema nervioso, el hombre dispone más bien de un instrumento, cuyo único objetivo es crear un ordenamiento, cualquier forma de regularidades, a condición de que éstas se mantengan. No de cualquier forma, pero hay un espectro muy grande de posibilidades y podemos conocerlas todas.” (Varela, 2004) En el mismo sentido, Varela rescata y destaca la función de los contextos y el sentido común, como la esencia misma del ser concientes y tener capacidades cognitivas.

Esta elección de conductas refuta la teoría clásica de causa y efecto, con la cual tradicionalmente se ha explicado la conducta humana, es decir, se ha restado importancia al medio como un factor determinante de la misma. Sin embargo, no se propone que el medio externo al sujeto no exista previamente, ni influya en los sujetos que perciben. Lo que se propone es que hay una interacción entre sujeto y objeto, una co-determinación y emergencia conjunta entre el observador y lo observado. (Varela, 1991)

En términos de la compleja relación entre el observador y los observado, de las propiedades y facultades del sistema nervioso como “instrumento ordenador” de lo percibido, de la enacción como proceso de distinguir lo importante del contexto  y del sentido común como esencia del ser consciente, el mundo se presenta como algo que emerge a partir de nuestra propia acción, es decir, de cómo respiramos, como nos relacionamos con la naturaleza, con los otros, como comemos, etc; y de la indisoluble relación con la percepción de ello, de los cambios que ocurren, del flujo constante de esta relación y construccion del mundo. (Varela, 1991)


4.3 Nuevas  Concepciones De La Conciencia



El problema de la gracia es fundamentalmente un problema de integración, y que lo que hay que integrar son las diversas partes de la mente, especialmente esos múltiples niveles, uno de cuyos extremos se llama “conciencia” y el otro “inconsciente”. Para alcanzar la gracia, las razones del corazón tienen que ser integradas con las razones de la razón”
Gregory Bateson, 1972

4.3.1 Conciencia Como Sistema Físico Relacional Complejo


A partir de los postulados complejos explicitados más arriba, a saber, la  hipótesis holonómica de Pribram, la teoría del orden implicado de David Bohm, el modelo de la conciencia cuántica de Danah Zohar, la tesis de la causación formativa y la propuesta Enactiva, de Francisco Varela,  se hace posible recomprender la conciencia como un fenómeno que emerge de las relaciones profundas que tienen lugar en el orden implicado de la realidad.

El científico anglo-estadounidense Gregory Bateson es considerado uno de los precursores de la recomprensión de la conciencia como un fenómeno físico relacional. En sus trabajos se destaca la idea de que la base de todo conocimiento se encuentra en las relaciones, en las pautas que subyacen en los procesos y estructuras y en la resonancia de las mentes.  (Bateson, 1991)

Así también es posible rescatar la idea de que, desde la matriz epistémica compleja, se refuta la idea de que todo pueda ser explicado a partir del análisis de sus partes, tal como lo propusiera Descartes. En su defecto, se propone recomprender el estado general de la realidad a partir de la conformación de sistemas complejos, los cuales se estructuran en escalas recursivas de organización, son parte de otro sistema complejo mayor, el cual es, a su vez, parte de un sistema complejo mayor, ad infinitum, y además, carecen de límites rígidos.; más bien son bordeados. (Santibáñez, 2004) A partir de esta propuesta y lo dicho por Zohar (1996), a saber, que la conciencia no puede ser estudiada ni comprendida desde el análisis de los correlatos neuronales, es posible pensar que la conciencia no es una propiedad ni de las neuronas por sí mismas, ni tampoco de los individuos por sí mismos. En palabras de Zohar (1996: 86), “Lo que conocemos como nuestra vida conciente desplegada totalmente, usando lo conciente en su sentido vernáculo común, es en realidad un diálogo complejo y de capas múltiples entre el aspecto cuántico (el estado básico) y toda una sinfonía de interacciones que hacen que los patrones se desarrollen en el estado básico.

Según se sigue de los postulados de Bohm (1987), la conciencia, al igual que la materia, encuentra su naturaleza última, en lo que él llama el orden implicado de la realidad. De esto se sigue que la conciencia no se encuentra en el cerebro, ni en el cuerpo, sino que, al igual que estos y todos los otros elementos de la realidad, emerge o se despliega del holomovimiento. En este sentido se puede afirmar que cualquier contenido de la conciencia, como por ejemplo un pensamiento, es entendido como una abstracción del flujo u Holomovimiento. En este punto, cabe considerar que la perspectiva de considerar a la conciencia como si fuera un flujo de impresiones, un “haz”, una “corriente” o un “río”, esto es, como conjunto de vivencias sin identidad de sujeto y sin carácter sustancial, se le debe al filósofo David Hume. (Cortés & Martínez, 1996)

Si consideramos a la conciencia como  una abstracción sutil del holomovimiento, se puede afirmar que, en tanto parte constituyente del holomovimiento, es parte constitutiva de la realidad física. (Bohm, 1987) Al respecto, Zohar (1996) agrega que la misma condensación Bosé- Einstein entre constituyentes de neuronas sería la diferencia entre lo consciente y lo no consciente, lo cual es, al mismo tiempo, la base física de la conciencia.

En particular, el modelo de la conciencia cuántica de esta autora, esta montado sobre el supuesto de la totalidad no rota, es decir, la unión fundamental de todos los sistemas cuánticos, en los cuales la naturaleza intrínseca de sus elementos constitutivos no se encuentra en ellos por sí mismos, sino que es una propiedad que surge parcialmente de la relación entre ellos. (Zohar, 1996) Luego, si se recomprende la conciencia desde este modelo, se pierde la individualidad de las partes constituyentes, sean estas neuronas, personas, sistemas sociales, ad infinitum, con las implicancias que esto pueda tener para, por ejemplo, la concepción actual de las relaciones de grupo.

Por su parte, la invención del holograma junto al trabajo desarrollado por el neurólogo Karl Pribram, han aportado una piedra de tope a la consideración clásica del fenómeno de la conciencia como resultado exclusivo de la actividad neuronal y localizada únicamente en las mismas. La hipótesis holonómica nos aporta elementos para afirmar que la conciencia podría ser entendida como una totalidad/parte. Esto quiere decir que, en cada “parte” de la conciencia, s encuentra toda ella. Es decir, la conciencia se encuentra presente en todo cuanto hay, y, al mismo tiempo, todo esta contenido en LA conciencia.  En este sentido, la hipótesis holonómica de Pribram concuerda con la propuesta de Francisco Varela (1991), ya que según éste, la conciencia no es un atributo exclusivamente humano. Por el contrario, plantea que, tanto la conciencia como las capacidades cognitivas, son propiedades de la totalidad.

El trabajo de Scheldrake sobre el nacimiento de las formas -la tesis de la causación formativa- ha mostrado que aspectos tan sutiles de las formas, como lo es, por ejemplo, el aprendizaje de ciertos patrones conductuales, son afectados y al mismo tiempo trascienden a la individualidad de los sujetos que aprenden.  Como ya vimos, sugiere que la creatividad no queda explicada en el marco de esta tesis, pero que, sin embargo, esta limitación no inhibe las profundas repercusiones que esta pueda tener sobre, por ejemplo, el entendimiento de la conducta humana, el aprendizaje y la memoria, como fenómenos que van más allá de huellas mnémicas almacenadas en el sistema nervioso central de una persona. Podría pensarse que, si la memoria no esta almacenada en nuestros cerebros y lo que ocurre es que nos sintonizamos con ellos, es posible que nos sintonicemos con otros recuerdos, de otras personas y de otros tiempos, trascendiendo así las  barreras del tiempo y el espacio. Luego, si la memoria, las percepciones y los sentimientos corresponden a campos de forma que trascienden a los sujetos individuales que las experiencian, es posible vislumbrar un tipo de conciencia que esta más allá de los individuos y más bien actúa como un campo mórfico que determina las experiencias posibles de los organismos que pueden acceder a ella.

4.3.2 El Modelo Del Espectro De La Conciencia De Ken Wilber



En el campo de la Psicología Transpersonal, uno de los más destacados teóricos que exploran el tema de la conciencia es Ken Wilber(Wilber, 1990 (b)), quien ha planteado un modelo espectral-integral para comprender el desarrollo y las fluctuaciones de la conciencia; además, este modelo permitiría integrar el quehacer científico y terapéutico en la psicología.

En su trabajo, Wilber (Wilber, 1990 (a)) plantea que la conciencia puede entenderse mediante un modelo similar al que utilizan los físicos para describir el espectro luminoso: “nuestro ambiente está saturado de diversas formas de radiación. Además de la luz común, visible, de varios colores, existen los rayos x, los rayos gama, los rayos térmicos infrarrojos, la luz ultravioleta, la radiofrecuencia y los rayos cósmicos…todas estas radiaciones, a nivel superficial, son muy distintas entre sí…sin embargo curiosamente todas estas radiaciones se consideran en la actualidad como formas diversas de una onda electromagnética esencialmente característica, ya que todos estos rayos aparentemente distintos comparten una amplia gama de propiedades en común…así pues, una serie de fenómenos que antes se consideraban completamente independientes, se interpretan ahora como variaciones de un mismo fenómenos básico.”

Así, tal cual el modelo del espectro luminoso, la conciencia estaría compuesta por distintas bandas o niveles mutuamente dependientes, cuya naturaleza sería la de una forma de energía bilateralmente penetrante. (Wilber, 1990 (a))

Según Wilber (1990 (a)), este espectro de la conciencia se puede dividir en tres niveles principales, a saber, el nivel del ego, el nivel existencial o centáurico y el nivel de la mente. En el nivel del ego, el que a su vez se compone en mascara y sombra, se comprenden la idea que tenemos de nosotros mismos, nuestra imagen con los aspectos conscientes e inconscientes, así como la naturaleza analítica y discriminatoria de nuestro intelecto. En el nivel existencial o centáurico, el que a su vez se divide en las bandas biosociales y centauro, se encuentra la totalidad de nuestro organismo, esto es, el cuerpo y la psiquis. Este nivel comprende nuestro sentido básico de la existencia del ser, íntimamente ligados a las premisas culturales que moldean esta sensación básica de existencia. En el tercer nivel, el de la mente, se encuentra la experiencia de ser UNO con el universo. Estos niveles presentan una organización continua y ascendente, en la cual los niveles superiores van incluyendo a los niveles inferiores, es decir, el nivel existencial contiene al nivel del ego y, a su vez, el nivel de la mente incluye al nivel existencial; esto es, el nivel mental incluye a la mente, al cuerpo y al resto del Universo.

Según plantea Wilber (1990 (a)) esta fragmentación-organización de la conciencia surge a partir de una serie de procesos, tanto cognitivos como vivenciales, que denominó “dualismos”. En principio, en el primer nivel de la conciencia, todo es mente, es decir, la experiencia del hombre es de ser uno con el universo. No hay dualismos, sino relaciones. Es en este terreno donde surge el primer dualismo, o “dualismo original y primigenio”, que corresponde a la diferenciación entre el yo y el no-yo, entre el objeto y el sujeto, entre el organismo y su medio. Este autor plantea que es imposible determinar una causa a este dualismo y por lo tanto el único acceso es a un nivel descriptivo. Sugiere más bien que este dualismo solo ocurre.

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Fig. 11 Diagrama del Espectro de la Conciencia

A partir de este primer dualismo surge, entonces, el segundo nivel de conciencia; este es, el de la existencia: el hombre identificado con su organismo. A partir de esta identificación del hombre con su organismo, es que cobra una relevancia fundamental la existencia en tanto tal, es decir, la existencia como opuesto a la no existencia, es decir, la vida contra la muerte.  Así, el hombre divide la experiencia entre lo que existe y lo que no, esto es, entre la vida y la muerte. La angustia que la muerte le provoca al hombre, hace que el cuerpo (el que muere) sea reprimido, rechazado y puesto en contra. Este es el segundo dualismo: ego frente a soma. (Wilber, 1990 (a))

Junto con dejar de lado al cuerpo por lo que representa para él -la muerte, el hombre deja de lado todo el flujo de sensaciones que provienen de este, debido al terror que estas le generan, y las proyecta al medio. Este proceso es denominado dualismo terciario. En palabras de Wilber (1990 (a): 168) “con la generación del dualismo terciario el nivel existencial o centauro queda literalmente roto: la mente se separa del cuerpo y este queda rápidamente abandonado…en lugar de vivir como un organismo psicosomático global, el hombre lo sustituye por una representación puramente mental de su ser…”. Este dualismo genera el nivel de conciencia denominado Ego.

Luego, lo que ocurre entonces es que este flujo experiencial se reprime y se proyecta al exterior, quedando así una imagen distorsionada de sí mismo y el medio ambiente, especialmente a otras personas. Se crea entonces una última división, a saber, la división entre la persona y la sombra. La sombra es aquella faceta rechazada y enajenada de nuestra experiencia conciente. Lo que queda después de estas divisiones, la imagen imprecisa y empobrecida de nosotros mismos, es lo que se denomina persona o máscara. (Wilber, 1990 (a))

Cabe destacar que, aunque presentado así parece que el proceso de formación de dualismos corresponde a un proceso que tuvo lugar en el pasado, es decir, un proceso histórico que fue ocurriendo paulatinamente, Wilber propone que este proceso tiene lugar en el presente; esto es, que a cada momento las personas estamos generando alguno de estos dualismos, generando al mismo tiempo una imagen fragmentada y parcial de la realidad. (Wilber, 1990 (a))


4.3.3  El Modelo De La Conciencia Cuántica de Danah Zohar



Tal como enuncia el título de esta sección, el trabajo de Zohar (1996) en su libro “El Yo Cuántico”, gira en torno a las relaciones profundas entre la física  cuántica y la conciencia. En particular, “en la construcción de un modelo que demuestre una posible forma en que podría verse la conciencia funcionando de acuerdo con las leyes de la mecánica cuántica” (pp. 75)

Según esta autora, el problema medular del estudio de la conciencia en términos físicos, es la unidad de la conciencia; esa propiedad de unión que permite que conozcamos la experiencia como la conocemos, es decir, en la forma de un continuo en el cual se inscriben los pensamientos, percepciones y sentimientos. (Zohar, 1996)

En palabras de Bohm (en Zohar 1996: 74), “los procesos de pensamientos y los sistemas cuánticos son análogos porque no pueden analizarse demasiado en términos de elementos distintos; porque la naturaleza intrínseca de de cada elemento no es una propiedad que exista separada e independiente de otros elementos, sino que, en vez de ello, es una propiedad que surge parcialmente de su relación con otros elementos”. Así, tal cual los sistemas cuánticos están esencialmente unificados, los procesos de pensamiento presentan la misma propiedad.

La primera evidencia de que la mecánica cuántica afecta el funcionamiento del cerebro, se desprende de los estudios realizados por biofísicos que estudiaban la retina del ojo. Estos científicos descubrieron que las neuronas son lo bastante sensibles para detectar la absorción de un fotón. De esto se sigue que, si son capaces de percibir este cambio de estado de un electrón al interior de un átomo, también lo serían para verse influenciadas por la totalidad de la conducta de la mecánica cuántica, incluyendo el indeterminismo y los efectos no locales.

Con respecto a este indeterminismo y a la creatividad, el científico ruso Yuri Orlov afirmaba que en cualquier tipo de resolución dudosa o pensamiento creativo, el indeterminismo cuántico y los estados de probabilidad superpuestos, deberían estar jugando un importante papel, por ejemplo, en la capacidad de del cerebro para abarcar muchas posibilidades distintas al mismo tiempo.

Sin embargo, si aceptamos que la base física de la conciencia se encuentra en el mundo de los fenómenos cuánticos, aún queda sin explicar cuál es el proceso cuántico que permitiría que haya una unidad fundamental en la conciencia, en tanto fenómeno cuántico. Tampoco se ha hecho alusión a qué propiedades del cerebro serían capaces de sustentar dicho proceso.

Según Zohar (1996), es en esta estabilidad de la conciencia que se encuentran los indicios para encontrar su naturaleza común a cualquier proceso físico básico. En sus palabras, “el estado de fondo de toda conciencia…es lo que los físicos llaman estado estable”. Este estado estable podría ser comprendido como una especie de pizarrón sobre el cual se escriben todos los pensamientos, percepciones y sentimientos. Este “pizarrón” es uniforme en el espacio y persistente en el tiempo. Estas cualidades son necesarias para que la conciencia cumpla su función, valga la redundancia, consciente.

Esta propiedad de estabilidad es lo que se llama fase condensada, cuya propiedad fundamental es que tiene algún grado de coherencia tal, que los muchos átomos o moléculas que la conforman se comportan como uno, sea esto gradualmente o repentinamente. En otras palabras, se está sugiriendo que para que la conciencia se una fase condensada, las neuronas que conforman el sistema nervioso debieran, más que trabajar independientemente, transformarse en una sola alineación. Muchas personas han sugerido que para que esto fuera posible, el cerebro debiera adoptar las propiedades o características de un súper-fluido o un súper-conductor. Esta idea presenta un problema, a saber, que tanto los súper-fluidos como los súper-conductores existen únicamente a muy bajas temperaturas. Como es sabido, el cerebro funciona a la temperatura del resto del cuerpo, o sea, a 36 grados Celsius. Luego, para que la hipótesis de la fase condensada fuera posible, debiera existir un mecanismo de este tipo que funcione a la temperatura normal del cuerpo. (Zohar, 1996)

El profesor Herbert Fröhlich describió un mecanismo que parece satisfacer todos los requerimientos, el cual se sabe existe en los tejidos biológicos. Es mecanismo fue llamado “sistema bombeado. Este sistema bombeado de Fröhlich, es un sistema de moléculas cargadas eléctricamente y vibrantes, dentro del cual se bombea energía. Este científico demostró que cualquier energía que se bombee en el sistema, más allá de cierto umbral, hace que sus moléculas vibren al unísono. Dicha moléculas vibran de esta manera crecientemente hasta que se jalonean, para quedar finalmente en la forma más ordenada de fase condensada posible: in condensado Bosé- Einstein. La característica esencial que hace distinguirse a los condensados Bosé-Einstein es que las partes que lo constituyen no solo se comportan como un total, sino que se transforman en uno. (Zohar, 1996)

Cuando las moléculas de un sistema entren en una fase condensado Bosé-Einstein crean la forma más coherente de orden posible, esta es, la de la totalidad no rota. Según Zohar (1996), sería esta fase de condensación Bosé-Einstein entre constituyentes de neuronas las que harían la distinción fundamental entre lo consciente y lo no consciente.

Este modelo explicativo de la naturaleza de la conciencia, solo estaría explicando su estado básico, como habíamos dicho, de pizarrón sobre el cual se escriben los pensamientos, sentimientos y percepciones. El “escribir” mismo estaría dado desde una distinta y amplia gama de fuentes, a saber, el código genético, los procesos anémicos, la actividad sináptica de las neuronas, etcétera.

Finalmente, esta manera de entender la naturaleza de la conciencia (como un fenómeno físico) implica que la materia y la conciencia están íntimamente relacionadas, sea  que la conciencia es propiedad de la materia o tanto la materia como la conciencia surgen juntas y tienen una misma fuente, esta es, la del mundo de los fenómenos cuánticos.





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