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Aikido como un sistema físico relacional complejo parte 4 - Monografía



 
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5.  AIKIDO: El Camino de la Armonía Universal 



El Aikido es el camino que reúne todos los caminos del Universo y, desde la noche de los tiempos, es el Espíritu Universal que contiene y une a todos los seres.
El Aikido es la verdad enseñada por el Universo, la cual debe regir nuestra vida en la Tierra.
El Aikido es el principio que une a la humanidad con la Conciencia Universal
El Aikido alcanzará su objetivo supremo cuando cada ser, después de haber recorrido su propio camino, no sea sino uno con el Universo.
El Aikido es la Vía de la Fuerza y la Compasión, que conduce a la perfección infinita y a la gloria divina.
Los Principios del Aikido
Morihei Ueshiba

“El Aikido no es una filosofía. El Aikido es la expresión y la revelación verdaderas de la evolución constante del Universo, cuyo objetivo - el takemusu Aiki- consiste en experimentar los mecanismos de la Naturaleza…”
Mitsugi Saotome (1993: 9)

5.1  Breve introducción al Aikido



El Aikido es un Arte marcial no competitivo, de origen japonés, fundado por O Sensei Morihei Ueshiba, que consiste en la realización de técnicas basadas en movimientos armónicos y en esfuerzos musculares mínimos. (Wrobel, 2002)

Pese a que a menudo se le indica como un arte que reúne o prosigue con antiguas enseñanzas marciales provenientes del antiguo Japón, “el Aikido es un sistema totalmente nuevo y revolucionario, creado independientemente con estructura especial de principios ideales” (Stevens, 1998). Así, el Aikido surge con el propósito de constituirse como un método de práctica marcial compatible y contingente con la cultura moderna del siglo XX, orientado al trabajo de armonización de la respiración, la energía del cuerpo, la mente y el espíritu. (Ueshiba, 1988; Wrobel, 2002)

El Aikido se desarrolla en un Dojo o “lugar de entrenamiento”. En este lugar de entrenamiento se realiza regularmente una clase dictada por un maestro o algún alumno aventajado, en la cual, quien guía, muestra una técnica (waza), para que luego los alumnos se organicen en parejas  (o grupos, según lo requiera el trabajo) y comiencen a practicar lo que se ha indicado. En estas parejas se alternan los roles de uke (quien ataca) y nage (quien ejecuta la técnica).  La imagen que sigue, muestra un ejemplo de una técnica de Aikido (irimi nage) ejecutada por O Sensei Ueshiba, el cual aparece en el lugar de nage. Quien aparece cayendo ocupa el lugar de uke.

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Fig. 12 O Sensei aplicando Irimi Nage

El sistema de educación y entrenamiento del Aikido consiste en el desarrollo y perfeccionamiento del Kihon Waza o técnica de base. Según O Sensei Ueshiba, el kihon waza es un elemento esencial del Aikido y su filosofía, ya que ilustra un mismo principio desde muchos ángulos distintos. Distintas técnicas, tales como iriminage, ikkyo o shihonage, no constituyen el estudio del Aikido, sino parcelas de él. Según plantea Saotome (1993) el estudio del Aikido consiste en la comprensión de los elementos de base a las distintas técnicas. Esto último debido a que, desde la visión de O Sensei, cada técnica es única, en tanto creación de una forma que fluye espontáneamente. En cada encuentro (de-ai) mediado por una técnica, cambian múltiples variables, como por ejemplo, la posición, la fuerza, la intensidad y la intención del compañero. Por esto, cada respuesta que da nage ante cada situación es distinta, nueva e irrepetible. En los alumnos nuevos, la repetición de una técnica, y la poca comprensión de la noción de kihon waza, puede producir una especie de acostumbramiento que debe ser combatido. Saotome es enfático en señalar que el carácter de la práctica siempre debe ser fresco, lúcido y sincero, refiriéndose a la impermanencia de las técnicas en el tiempo. En sus palabras: “el ataque debe ser franco y sincero, debe emanar del centro de los dos compañeros con un espíritu totalmente fresco y lúcido. El ataque debe realizarse con suma concentración, como si se tratase del primero y el último. Sólo cuenta el momento presente.” (pp. 211) Para O Sensei, el Aiki no tiene una forma, por lo tanto a cada situación corresponde un movimiento diferente y particular a ella. Por lo anterior, en la práctica del Aikido el aprendizaje es necesariamente fluido y a cada momento se están aprendiendo distintas aspectos del mismo. Además, en cada técnica se involucran diversos aspectos de la existencia,  a saber, el aspecto físico del movimiento, la forma explícita, la fuerza, etcétera; el aspecto oculto o sutil de las energías y también el aspecto espiritual y divino. (Saotome, 1993)

En Aikido, las enseñanzas de los maestros van evolucionando en la medida que ellos mismo van evolucionando. Según Saotome (1993), la enseñanza de O Sensei cambiaba sutilmente día a día, lo cual se hacía evidente si se comparaba la aplicación y enseñanza de una técnica en tiempo presente con la aplicación y enseñanza de la misma técnica, pero diez años antes. Según lo anterior se desprende que, en Aikido, las técnicas son formas que evolucionan, conforme quienes las practican las desarrollan y aprenden los principios más profundos y menos evidentes que en ellas se encuentran.

Parte importante de la práctica cotidiana del Aikido son las caídas o Ukemi. El trabajo de ukemi es esencialmente de autoprotección y en general lo realiza uke. Este trabajo es realizado en función de que una caída no signifique un trauma a la parte del cuerpo que reciba el impacto, sino que más bien sea un masaje que contribuya a la flexibilidad de los hombros, espalda y muslos. Para ello, la forma en que debe caerse es circular, haciendo el contacto diagonalmente desde un hombro hacia la cadera del lado contrario. Este tipo de caídas es beneficioso, ya que no solo protege los riñones y el hígado en la caída, sino que incluso puede corregir lordosis, escoliosis y estimular la circulación sanguínea. (Saotome, 1993)

Al principio del camino de aprendizaje, el alumno de Aikido debe aprender los movimientos básicos, tales como una adecuada postura (kamae), la distancia precisa entre el y su compañero (ma-ai) y las caídas (ukemi). Con el tiempo, el alumno comienza a dominar los elementos básicos de la técnica, y prosigue con el afinamiento y armonía de las mismas. Cuando los elementos más básicos, concretos y corporales fluyen con suficiente soltura, el alumno comienza a experimentar los aspectos más profundos  del proceso de aprendizaje, los cuales guardan relación con la armonización del cuerpo, la mente y la energía creadora o Ki.(Ueshiba, 1988) O Sensei Ueshiba decía que el Aikido tenía la particularidad de reunir en su seno tres aspectos distintos de la realidad, a saber, un aspecto relacionado con aquello más profundo u oculto (implicado) de la realidad, un aspecto físico o fenoménico de la realidad referido principalmente a la técnica y, por último, la conexión con lo divino. (Stevens, 1998; Ueshiba, 1988) En palabras de Kisshomaru Ueshiba (1988: 40): “La esencia del Aikido, la unión ki-mente-cuerpo, debe realizarse por la persona entera. Si lo captamos meramente como una actividad espiritual podemos volvernos doctrinarios y caer en la abstracción. Si lo vemos como solo como un asunto de técnica y destreza física, entonces quedamos satisfechos con una explicación simplista de los movimientos. La esencia abarca lo espiritual y lo físico, y debemos realizarlo como el Budo que unifica el ki, la mente y el cuerpo desde un punto de vista filosófico y religioso.”

Según el fundador del Aikido, un alumno que se precie como tal, debe esmerarse en el entrenamiento de tres aspectos fundamentales para alcanzar “la inamovible verdad de diamantina dureza”:

- Entrenarse para armonizar nuestra mente  con la actividad de todas las cosas en el Universo
- Entrenarse para armonizar nuestro cuerpo con la actividad de todas las cosas en el Universo
- Entrenarse para hacer que el Ki que conecta la mente y el cuerpo se armonice con todas las cosas en el Universo (Ueshiba, 1988)

5.2 AI-KI-DO



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Fig. 13  AIKIDO

Aikido puede traducirse de varias formas, aunque el sentido general se conserva. Algunas de ellas son: “El Camino (do) de la Armonía (ai) de la Energía (ki)”; “El Camino de la Armonía Interior”; “El Camino de la Armonía Universal”; “El Camino para la Unificación con el Cosmos”. Su nombre, entonces, es un buen reflejo de los principios filosóficos y espirituales que rigen su práctica, los cuales son, en el fondo, similares a los principios complejos que sostienen los psicólogos transpersonales.

Veamos en primer lugar el concepto “Ai”; esto es, la Armonía. La visión oriental en la que se funda el Aikido, plantea que hay un “Orden Universal” que rige todo cuanto hay en la naturaleza.  Este orden estaría a la base, tanto del movimiento de los planetas como del proceso de la circulación sanguínea. Sakanashi (2003) reconoce que en los últimos avances, tanto en las ciencias físicas como en las biológicas, se ve la omnipresencia de un orden complejo. El mismo autor plantea que ese orden cósmico sigue guiando la vida, aun cuando, por lo difícil que es vivir en la ciudad moderna, seamos incapaces de darnos cuenta; esto es, tener conciencia del orden de la naturaleza, de todas las cosas. Para decirlo de otra manera, diremos que el funcionamiento de, por ejemplo, nuestro cuerpo, es un claro ejemplo de cómo opera este orden universal. La desconexión con este orden hace que continuamente nos estemos haciendo daño, y no nos demos cuenta hasta estar ya muy dañados. En este sentido se plantea que el Aikido es una posibilidad abierta, un camino trazado, para quienes busquen  cultivar la sensibilidad que permite desarrollar las potencialidades que nos conectan con la armonía universal. (Sakanashi, 2003)  Para terminar esta idea volveremos sobre el ejemplo del cuerpo humano. Si bien se plantea que en el cuerpo humano se encuentra reflejada la armonía del universo, también es necesario poner la atención en que esta armonía depende del estado integrado de tres partes del ser humano: cuerpo, mente y espíritu, lo que hace especialmente difícil lograr entrar en contacto con ella.

La palabra “Ki” tiene su origen en las antiguas escuelas de pensamiento chinas. Por ejemplo, para Lao Tsé, el Ki (chi) era la esencia principal de la armonía y la fuente de la creatividad; para simbolizarla ocupaba la imagen del yin y el yang. Para Chuang Tsé el Ki era la energía creativa que emerge del caos. Aunque el término nunca fue aclarado o definido con precisión, fue usado y desarrollado por los chinos e introducido en el Japón como un elemento central en las teorías acerca de lo que hay en el Universo. En este sentido, cabe mencionar que a partir del principio del Ki (como principio dualista estructurador del Universo) se construye el modelo chino de los cinco elementos. Este modelo de los cinco elementos es usado tanto a nivel explicativo de los sucesos de la naturaleza, como  fundamento a  técnicas marciales y de salud. Así, el Ki es una noción que da sustento al modelo con el cual los orientales se explican y funcionan en la realidad. (Ueshiba, 1988)

O Sensei Ueshiba concebía el Ki como una función de unión y armonización entre el cuerpo y la mente de los seres humanos, y de estos con el resto de la naturaleza. En sus palabras: “En virtud de la actividad sutil del Ki, armonizamos la mente y el cuerpo y la relación entre el individuo y el Universo…la actividad sutil del Ki es la fuente materna de los cambios delicados en la respiración. Cuando uno unifica la mente y el cuerpo en virtud del Ki y manifiesta el Ai-Ki, ocurren espontáneamente cambios en la respiración y entonces el waza (técnica apropiada) fluye libremente…El cambio en la respiración, conectado con el Ki del Universo, interactúa e interpenetra con el conjunto de la vida. A la vez, el delicado poder de la respiración penetra en todos los rincones del cuerpo…de esta manera todo el cuerpo, incluidos los órganos internos, se une en el calor, la luz y la fuerza…”  (Ueshiba, 1988)

En este extracto se observa que para O Sensei el Ki tiene dos aspectos, a saber, la unión del individuo con el universo y la expresión libre y espontánea del poder de la respiración (kokyu). Más adelante volveremos sobre este tema ya que engloba algunos de los aspectos más esenciales del Aikido. (Ueshiba, 1988)

Para los japoneses, y para los chinos también , el Ki está en todas las cosas: “está en el aire, en las comidas, hace crecer las plantas, circular la sangre, hace circular nuestros pensamientos y sentimientos. Todo es Ki.” (Sakanashi, 2003: 33) Según estas tradiciones, en el ser humano el factor  más influyente en la cantidad, calidad y cualidad del Ki, es la mente. En función de esto es que las distintas tradiciones espirituales ven en el entrenamiento de la mente la posibilidad de cualquier tipo de evolución; para ello es que han desarrollado poderosas técnicas para entrenar la mente. En este sentido, la práctica cotidiana del Aikido, en tanto disciplina , se constituye como una eficaz manera de entrenar tanto el cuerpo como la mente.

Finalmente, explicaremos brevemente la noción de “Do”. Sakanashi Sensei lo describe de manera que sigue: “el do es el camino, la senda recta que otros han recorrido antes, (y que) nos han transmitido en forma de enseñanza.” (2003: 61) Según este mismo Maestro, el fundador del Aikido, O´sensei Morihei Ueshiba, habría aprendido el “Do” de la mano de sus maestros y sintetizado este aprendizaje en la forma del Aikido, como la manera más adecuada de evolucionar espiritualmente en nuestros días. (Sakanashi, 2003) El “Do” es un aprendizaje y como tal requiere una disciplina. Es necesario, sin embargo, distinguir lo que en Aikido se entiende por disciplina; la disciplina  es el sustento de un orden interno (y no sobre otros)  que mantiene quien desea aprender. Es, en cierto sentido, una actitud que permite aprender a aprender. De esta manera el Aikido sería como una “segunda educación para adultos”, en el sentido de moldear los hábitos que dificultan el diario vivir tanto en el aspecto de la propia experiencia como en el de las relaciones con los otros.


5.3 Aikido y La Armonía del Universo


Para el O Sensei Ueshiba el Aikido no era  una creación propia, sino más bien, la revelación de un camino sagrado por el cual se accedía al conocimiento del “divino orden del Universo”. En este sentido, O Sensei Ueshiba recalcó el impacto que tendría el Aikido, en tanto arte marcial que cultiva la paz y la armonía como aspectos esenciales del aprendizaje, sobre la sociedad de la nueva era.  (Stevens, 1998)

Según Stevens (1998), O Sensei Ueshiba habría elaborado el Aikido sobre la base de la ciencia de los “sonidos-espíritu”, o Kotodama, según la cual cincuenta sonidos derivados de la “Palabra Suprema”, se cristalizan en vibraciones de diversas concentraciones que se perciben como los elementos del mundo fenoménico, esto es, sonido, color y forma. Según el Kotodama, estos “sonidos-espíritus”  están imbuidos de la energía cósmica (ki), y son quienes sostienen y activan el Universo. Según el Kotodama, de la relación entre estos sonidos el universo nació a la  vida. Así también, estos “sonidos-espíritus” son considerados como el núcleo o esencia interna del ser.

Un ejemplo de Kotodama lo presenta la frase taka-ama-hara, utilizada con frecuencia por el fundador en sus charlas. En un sentido Kotodama, la frase alude a la formación y funcionamiento del Universo. La desagregación de esta frase y sus significados parciales da cuenta de las nociones utilizadas para referir esta idea:

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En otro sentido, la noción de taka-ama-hara también refiere a un estado más puro de la mente.

Según grandes maestros (Stevens, Saotome, Ueshiba), la clave del Aikido es el ki; en sus palabras, “para entrenarse en el Aiki, uno debe entrenarse en el desarrollo del ki. El ki es ilimitadamente complejo, y hemos de arriesgar nuestras propias vidas para llegar a dominarlo”. El ki puede ser entendido como una energía sutil que mantiene al Universo en movimiento, y también como una energía que unifica todo cuanto hay. En este sentido, la noción de ki es similar a la noción de supercuerdas que plantean los físicos modernos para referirse a aquello que mantiene unidas a las fuerzas básicas de la naturaleza.  En este mismo sentido, se plantea que, “tal como las supercuerdas interaccionan  constantemente, fusionándose en una y dividiéndose en dos, el ki positivo y el ki negativo se unen y se dispersan continuamente dentro de la gran rueda en movimiento de la existencia”. (Stevens, 1998)

Íntimamente ligada a la noción de ki, está la noción de kokyu o respiración cósmica, la cual hace alusión a la vibración, movimiento o flujo del universo. En palabras de Stevens (1998: 119): “el ki irradia del kokyu, y el kokyu  es la fuerza vivificante que activa el ki”. En estos términos es que la respiración es un elemento esencial en el proceso de aprendizaje del Aikido, ya que se vincula con la función de unión de opuestos o dualidades, lo cual es, como vimos antes, el propósito fundamental del Aikido, esto es, la unión ki-mente-cuerpo-espíritu. En palabras de O Sensei (en Saotome, 1993: 184):

“Las leyes de la naturaleza y los ritmos universales constituyen el libro básico de las técnicas y la práctica del Aikido. Las leyes que definen la estructura y dinámica del Universo deben considerarse parte integrante  e intuitiva de la conciencia, pues ellas determinan la estructura y dinámica del cuerpo”

Mediante la respiración, los estudiantes de Aikido pueden lograr unir el ki propio o individual, con el kokyu universal. Se dice que al lograr esta armonía entre ki y kokyu, entre la energía y respiración propia con la de todo el universo, emerge un poder mayor, que es el poder de la armonía de la naturaleza. (Saotome, 1993; Stevens, 1998)

“Por medio de la respiración se alcanza la sincronización con el arte del ki, la fuente de la creación universal. Cuando este arte del ki, ky no myo yo, se expresa a través del cuerpo, se llama “Takemusu Aiki” -el soplo- el lazo entre el fuego y el agua…”

O Sensei Ueshiba pudo decirlo de diversas formas, algunas de las cuales se presentan a continuación para que el lector pueda obtener así una noción más acabada de que se propone:

“Uníos con el ki,
estad en el centro,
limpiad vuestra mente
y dejaos envolver por la vibraciones divinas.

El funcionamiento maravilloso del ki
Crea las técnicas para purificar el cuerpo y la mente.
¡Guiadnos, oh Dioses del cielo y la tierra!”

“Confiad en el Aiki
para activar vuestros poderosos poderes;
pacificar todo
y crear un hermoso mundo”
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Fig. 14 Kisshomaru Ueshiba aplicando “kokyu nage”

Desde la perspectiva del Aikido, todos los opuestos o dualidades que podemos encontrar en el orden explicado de la realidad, tales como, fuego-agua, cielo-tierra, masculino-femenino, inhalación-exhalación, uno mismo-los otros, etcétera, son considerados como unidades creativas que pueden ser armonizadas (ai) en tanto manifestaciones de energías primarias (ki). Tal como se dijo más arriba, estas unidades-dualidades son representadas en las culturas orientales en la figura del yin-yang: la unidad en el seno de la dualidad.

El musubi es la unión entre dualidades; reúne las energías físicas y espirituales y controla  los cambios cíclicos de la naturaleza, como por ejemplo, el ciclo de vida y muerte. El kokyu es la circulación multiforme de la energía en ciclos infinitos de renovación. Se manifiesta, por ejemplo, en los cambios de las estaciones del año.

Como se ha dicho hasta ahora, el Gran Maestro Ueshiba, y por extensión todos los estudiantes de Aikido, procuran la armonización cuerpo-mente-ki-kokyu, ya que, si nos unimos a la vibración o ritmo dinámico (siempre fluyente) del universo, nos podemos mover sin resistencia en cualquier circunstancia. Esta es la esencia del Aikido. (Stevens, 1998)


5.4 Aikido: El Arte del Momento Presente



En Aikido, el momento del encuentro marcial entre los compañeros, el momento del contacto, se llama De-Ai, y refiere al control de la armonía en el momento del encuentro. Según Saotome, cada de-ai es esencialmente impermanente y fluctúa con su opuesto, el ma-ai, que es el control de la distancia natural entre las distintas partes de la naturaleza, como por ejemplo, la distancia de los ojos en la cara, entre las hojas de un árbol o los pájaros de una bandada que emigra en formación. Ma-ai se refiere a la distancia que deben mantener los distintos elementos para mantener la armonía. Lo esencial, en este caso, es reflexionar en la fluctuación entre estos dos estados, ya que la fluctuación natural entre el contacto y la distancia, da cuenta de flujo del tiempo y el movimiento en la naturaleza. En cada técnica, uke debe atacar sinceramente y nage debe estar despierto y flexible a ese ataque, realizando la forma que emerja de ese encuentro. En esa porción de tiempo que dura la técnica no existe un momento de quietud, todo es movimiento. El de-ai cambia a ma-ai cuando termina la técnica y ambos vuelven a su posición de guardia o kamae; la intención de uke no cesa y desde esa posición inicia otra vez el ataque, formando un proceso en el cual el movimiento y el tiempo presente son los elementos necesarios para conservar siempre la armonía. (Saotome, 1993)

En palabras de Saotome Sensei (1993: 203): “cada encuentro ofrece una oportunidad…nunca se presenta una ocasión dos veces. Es necesaria una mente reposada, abierta a las variaciones constantes. El tiempo no retrocede.”  El estudio del instante preciso conjuga una paradoja consistente en una concentración intensa y una disponibilidad total; esto es, una concentración que no implique una tensión de hombros, una fatiga visual o un congelamiento del ritmo de la respiración, sino una concentración que capture la esencia del flujo constante del momento presente.

En palabras de O Sensei: “Un viaje de mil kilómetros empieza con un solo paso. Nuestra vida esta formada por un encadenamiento de movimientos en el tiempo. Poco importa si puedes vivir mil años, en realidad solo puedes vivir el momento presente. El pasado y el futuro no cuentan. Cualquier momento presente se ha perdido para siempre y ningún futuro llegará jamás.”  (En Saotome, 1993: 196)

5.5 El Aikido y la Trascendencia del Ego



Hemos comentado que la esencia del Aikido es la unión del ki, la mente y el cuerpo, por lo tanto debe suponerse que si se realiza un trabajo para unificar estos tres aspectos de la existencia, es porque algo los mantiene separados. El ego es un factor fundamental en el bloqueo de la conexión entre los distintos aspectos de lo individual, y también de la totalidad individual con la totalidad universal.

En Aikido el ego se asocia a aquello que impide que tengamos una visión real de universo, y que apreciemos en toda su plenitud el momento presente y su constante flujo. Según Saotome, el ego es una barrera entre nosotros y el resto del universo, en el sentido de que crea una división o dualidad que no es parte intrínseca y fundamental de la realidad.

En Aikido, uno de los trabajos de conexión con el Universo es el funatori furutama, el cual se divide en dos procesos: primero se realiza funatori. En funatori  se imita el movimiento de remar de los samuráis, procurando que dicho movimiento emerja desde las caderas. Este movimiento va acompañado de un fuerte kotoyama que nace del hara , lo cual se transforma en una vibración conjunta de cuerpo y voz, que produce y reproduce el flujo y reflujo de la vida. El movimiento debe cesar cuando la vibración que emerge del ejercicio alcanza el último rincón del Universo. En ese momento, se cambia desde la posición hanmi  en que se desarrollaba funatori, a la posición de furutama, la cual consiste en mantenerse erguido y relajado, con las rodillas ligeramente flexionadas. Se inspira profundamente por la nariz, se juntan las manos (la izquierda sobre la derecha, formando una cavidad), se elevan en dirección al cielo y luego se bajan, dejándolas justo abajo del hara. Con los ojos semicerrados y exhalando suavemente por la boca, se inicia un movimiento de vibración regular con las manos, que recorre todo el cuerpo. Esta vibración provoca un incremento en la energía, la cual se disipa por todo el cuerpo gracias a la función respiratoria de inspiración. Cuando la vibración alcanza a todo el cuerpo, este se dilata para unirse al Universo y formar una sola unidad. En este nuevo estado, el cuerpo y la mente unidos se vacían y se funden con el espacio. Cuando en una clase se practica funatori furutama, la fuerza individual se funde con la fuerza general de todos los estudiantes, siendo trascendida por esta última. (Saotome, 1993)

El ego, entonces, entendido como una barrera que separa al organismo individual de la totalidad, y además como una frontera entre los distintos aspectos del sí mismo, es superable a través de, por ejemplo, este ejercicio de purificación y conexión con el Universo.

Otros aspectos que devienen del ego y su función separatista, son el egoísmo, la competitividad, el deseo y el miedo. Según platean grandes maestros como O Sensei Ueshiba, Kisshomaru Ueshiba Sensei y Mitsugi Saotome Sensei, sobre el tatami es imposible esconder o disimular nuestras características de personalidad y patrones habituales de enfrentamiento de la realidad. Así, en el trabajo cotidiano con  los compañeros, se tiene la posibilidad de observar profundamente estos aspectos del yo, ya que aparecen reiterativamente en curso de nuestra práctica. En Aikido, el trabajo de trascender estos aspectos del ego se realiza cotidianamente en la práctica con los compañeros y se considera fundamental, ya que se considera que la posibilidad de fluctuar armoniosamente con uno mismo, con los demás y con la naturaleza en su totalidad es posible en tanto la tendencia sea a la trascendencia de ellos. (Saotome, 1993; Ueshiba, 1988)

Saotome Sensei (1993) señala que el ego no solamente un fenómeno individual, es decir, no es que solo pueda encontrarse en un individuo, sino que también puede encontrarse en grupos: “los derechos de los individuos y la individualidad deben protegerse. Pero debe desecharse el ego personal o grupal…resulta sencillo ver y comprender el ego en un individuo, pero es mucho más arduo reconocerlo en un grupo…estudiar la armonía significa aprender a respetar las diferencias y comprender la unidad que las reconcilia.” (p. 174)

5.5 El Aikido Y Los Puentes De Plata Para La Humanidad



A lo largo de su historia, el Aikido se ha ido expandiendo constantemente por todo el mundo. Para O Sensei esta era una de las funciones del Aikido, ya que para él, la esencia del Aikido era la unión, el amor y la paz. Para su hijo, Kisshomaru Ueshiba (1988), el Aikido ha resultado especialmente interesante para la cultura occidental ya que, como se lo han reportado en distintos seminarios y conferencias internacionales, encarna de la mejor manera el espíritu del Budo japonés. Para algunos, dice Ueshiba, el entrenamiento del Aikido es una salida de paz en tiempos violentos, ya que en su esencia se encuentra que la resolución de los conflictos se encuentra no en la guerra, sino más bien en la unión y la armonía. Refiriéndose a la promoción del Aikido en el mundo,  O Sensei dijo: “eso sería maravilloso. El Aikido es el puente de la paz y la armonía para toda la humanidad. El primer carácter para arte marcial, bu, significa “detener las armas de destrucción”. Si la gente de todo el mundo comprende su verdadero significado, nada me haría más feliz” (en Ueshiba, 1988: 133) En el mismo sentido, y a propósito de la inauguración de un dojo en Hawai, O Sensei dijo: “…quiero construir puentes por todas partes y poner en contacto a toda la gente a través de la armonía y el amor…el verdadero arte marcial, al que llamo take-musu-aiki, abraza a todos los seres en el amor y trabaja por la paz de toda la humanidad.”

Por otra parte, además de buscar la armonía entre  personas, sociedades y culturas, el Aikido ha contribuido a la comunicación y armonización de los distintos estratos generacionales, ya que  no se discrimina por sexo y tampoco por edad. Al contrario, el Aikido ha servido de puente entre generaciones tales como la niñez y la adultez, o la adolescencia y la vejez, etcétera. A propósito de esto, Ueshiba (1988: 70) dice:

“En un ambiente de entrenamiento exento de distinciones de edad o sexo crecen el respeto mutuo y la comunicación. Los niños aspiran a alcanzar el nivel de los jóvenes, los jóvenes emulan el dominio del ki de los adultos, y los adultos respetan la perspectiva y los fluidos movimientos de los mayores. Lo contrario también sucede: los mayores se sientes estimulados por el vigor de los adultos jóvenes, éstos absorben la energía de los muchachos, y los muchachos se acuerdan de la mente de principiante de los niños, con su apertura y vehemencia. De tal intercambio circular crece el poder que nace de la actividad armoniosa…”

De esta manera queda en evidencia el carácter esencialmente unificador-integrador del Aikido, ya no entendido solamente como un proceso de unificación de ki-cuerpo-mente a nivel individual, sino que también a un nivel generacional, social y planetario. En otras palabras, se muestra el Aikido como un proceso que nace, crece y se conserva no en la individualidad, sino en las redes de relaciones de relaciones.


6. EL AIKIDO COMO SISTEMA FÍSICO RELACIONAL COMPLEJO



“Aiki es el poder de la armonía,
De todos los seres, de todas las cosas trabajando juntas”
M. Ueshiba

6.1 El Aikido Y La Visión Mecanicista Del Mundo



Según lo visto anteriormente, la visión mecanicista del mundo refiere una realidad constituida en su nivel más elemental por objetos. Estos objetos se relacionan entre si según reglas inmutables, las cuales se corresponden en su lógica, con la lógica de nuestro razonamiento sobre la realidad.

Para ser más enfáticos, y a riesgo de parecer reiterativo, recordemos las palabras de Grof (1984): “Las disciplinas científicas occidentales han descrito el Universo como un sistema mecánico de infinita complejidad en el que interactúan partículas aisladas y objetos separados. En este contexto, la materia se presenta como sólida, inerte, pasiva e inconsciente; la vida, la conciencia y la inteligencia creadora se conciben como accidentes no significativos derivados del desarrollo de la materia, que emergieron luego que ésta evolucionara durante billones de años en forma mecánica y aleatoria, y solo en una porción insignificante de un inmenso Universo”

Ya el lector habrá notado el profundo contraste que hay entre las nociones de mundo mecanicista y la noción de mundo que se desprense de las enseñanzas de O Sensei Ueshiba. De esto se sigue que es imposible otorgar un sustento teórico coherente  a sus enseñanzas desde esta manera reduccionista de mirar el mundo.

Como vimos, O Sensei comprendía el Universo como una totalidad en continuo movimiento que, si bien es cierto, permite distinguir  diferentes aspectos o niveles de  realidad accesibles a la percepción, tales como el nivel oculto, el físico o fenoménico y el divino, es esencialmente indisoluble. En esta totalidad no fragmentada, se encuentran profundas relaciones que sostienen y dan forma a lo emerge al mundo fenoménico, realidad a la cual es posible acceder, como plantea el Gran Maestro Ueshiba, mediante la práctica sistemática y cotidiana del arte.

Por su parte, la nueva propuesta paradigmática desarrollada más arriba, la complejidad, nos ofrece un interesante acervo de nuevas teorías no reduccionistas, desde las cuales si es posible recomprender científicamente el Aikido, como una estructura dinámica alejada del equilibrio, que fluctúa fractal, recursiva, dialógica y holonómicamente en función de alguna atractor extraño que marca su tendencia a permanecer como tal.

6.2 El Aikido Como Un Sistema Físico Relacional



“El Aikido no es más que la manifestación de las implicaciones del amor. El amor da forma al Universo y purifica todo lo existente. El Universo siembra las semillas de las que se deriva todo lo existente y contiene la fuerza infinita que alimenta y permite la germinación y el crecimiento…”
O Sensei Ueshiba (en Saotome, 1993)

Antes de recomprender el Aikido como un sistema físico relacional complejo, es necesario hacer explícito que, todo cuanto sigue en las páginas siguientes se sustenta en el presupuesto de que la realidad es, en un nivel fundamental, movimiento puro y relaciones que se pliegan sobre relaciones, de las cuales emerge -despliega- el mundo de los fenómenos.  En el nivel implicado de la realidad todo esta profundamente relacionado con todo, no existen límites precisos, sino más bien bordes o fronteras borrosas. Por tanto, todo cuanto hay en la realidad emerge y es parte de este entramado dinámico de relaciones plegadas sobre relaciones llamado “holomovimiento”. Así, desde los objetos más concretos, como los metales o rocas, hasta los procesos más sutiles, como el pensamiento, son parte de esta realidad física.

A partir de este supuesto básico, es posible recomprender al Aikido como un proceso constituyente de la realidad material, un fenómeno físico, tal como lo es la conciencia, un árbol o una persona, ya que es un proceso que emerge desde el orden implicado de la realidad. Así, en tanto proceso constituyente de la realidad que emerge desde el orden implicado, el Aikido se nos presenta como un proceso o forma de naturaleza integral, dinámica y siempre fluyente.

Según Bohm, la realidad a la que tenemos acceso con nuestros sentidos está compuesta por abstracciones relativamente estables, unas más que otras, del holomovimiento, por tanto el Aikido y sus constituyentes son, en un primer nivel, una abstracción del holomovimiento.  Según su fundador, el Aikido es la manifestación de los profundos principios que rigen el Universo. En este sentido, se encuentra una similitud en el nivel ontológico o del discurso acerca de la realidad, de lo que se dice que es la realidad.

Otro supuesto básico, necesario para recomprender el Aikido como un fenómeno físico relacional, es que la realidad se organiza holonómicamente. Según Pribram la realidad esta compuesta  por totalidades, que a su vez están compuestas por totalidades, las que a su vez están compuestas por totalidades, ad infinitum. Además cada parte contiene en sí misma a la totalidad. En este sentido, tal como plantea Wilber, la realidad no está compuesta de totalidades, ni de partes, sino de totalidades/partes. A estas totalidades/partes Wilber les llamó holones. Esto quiere decir que todos los fenómenos y  procesos que tienen lugar en la realidad, se organizan en contextos y metacontextos o, como decía Bateson, pautas de pautas que conectan profundamente todo con todo.

El Aikido puede recomprenderse como un holón, en este caso, parte del holón  “artes marciales”, el que a su vez es parte del holón “antiguas tradiciones orientales”,  y así, ascendiendo recursivamente en órdenes cada vez mayores. A su vez, el Aikido esta compuesto por totalidades/partes u holones, que se despliegan recursivamente en órdenes descendentes, tales como su técnica (waza), el aprendizaje, la tradición, la comunidad de personas que practican, los individuos que practican, etcétera. La organización holonómica de la realidad supone una estructura de organización y contextualización de los constituyentes heterogéneos de la realidad. El dinamismo de los holones, es decir, su continua fluctuación puede entenderse en términos de los atractores que los mantienen fluctuando como una estructura dinámica. En función de lo anterior, es posible recomprender el Aikido como un sistema dinámico alejado del equilibrio compuesto por otros sistemas dinámicos alejados del equilibrio.

En esta organización holonómica, el ser humano que practica Aikido, también es recomprendido como un proceso dinámico que, en virtud de atractores extraños, se mantiene siendo el mismo a pesar de estar cambiando continuamente. El ser humano como proceso, es constituido por otros procesos, los que a su vez son constituidos por otros procesos, descendiendo recursivamente en órdenes cada vez menores. En orden descendente, estos procesos devienen psicológicos, biológicos y finalmente físicos, en el nivel de los fenómenos quánticos.

En la figura 15 se representa la organización fractal del ser humano. Siendo cada una de las circunferencias procesos dinámicos alejados del equilibrio, la amarilla representa al Aikido como un sistema físico relacional complejo compuesto de procesos. En particular, en este esquema se grafica el proceso “ser humano que practica Aikido”. Las de color verde representan a las personas como totalidades/partes, las que a su vez incluyen el nivel psicológico (en color celeste), el nivel de los procesos biológicos (en color damasco). Al interior de las circunferencias que representan a los procesos biológicos, quedan representados en color blanco, los procesos físico-cuánticos de los cuales emergen el resto de los niveles. Las líneas punteadas representan que las fronteras entre los distintos niveles son borrosas; también representan la interconexión profunda entre procesos, sean del mismo nivel como de niveles superiores o inferiores.

En orden ascendente, el ser humano es parte de procesos que lo trascienden, tales como los distintos procesos sociales en los que fluctúa, los que a su vez constituyen procesos de procesos cada vez mayores (mayor nivel de complejidad). En este mismo sentido, se puede decir que los procesos sociales en los que fluctúa el ser humano, fluctúan en un orden mayor o de especie, lo que constituye una metapauta que conecta al individuo que practica Aikido con el resto de los individuos de su misma especie. Así, las propiedades que emerjan del ser humano que practique Aikido determinan tendencias más probables que otras en todos los niveles en los que fluctúa, influyendo en todas las relaciones que se establecen a nivel profundo con todo cuanto hay.

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Fig.  15    Representación fractal de la organización del ser humano como sistema físico relacional complejo, constituyente del Aikido

La técnica  también es uno de los sistemas físicos dinámicos alejados del equilibrio que distingo como constituyente del Aikido. Como tal, la técnica puede ser recomprendida  como una forma altamente inestable, que emerge del orden implicado de la realidad, que fluctúa en atractores que la mantienen siendo una, aunque en continuo cambio. Tal como plantea Saotome, la técnica enseñada por O Sensei variaba sutilmente día a día, por lo que si se compara una técnica enseñada en distintos momentos, por ejemplo con diez años de diferencia,  el cambio es notable. Esto se explica porque de ella, en tanto sistema alejado del equilibrio, emergen propiedades que se re-integran al sistema recursivamente. Además, mediante la resonancia mórfica, estas nuevas propiedades afectan el campo mórfico en el cual se despliega, conectándose con todas las formas de su especie que la precedieron y con todas las formas que la trascenderán.

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Fig. 16 La técnica es un sistema físico altamente inestable

En función del principio holonómico de los sistemas complejos, se puede hipotetizar que cada técnica contiene todo los aspectos del Universo. Así,  en cada técnica está presente la tradición, las creencias de O Sensei, los compañeros que practican y han practicado Aikido desde su emergencia, sus relaciones y su conciencia. En cada técnica engloba en sí misma a todo aikido, a todas las artes marciales, a todas las tradiciones contemplativas de oriente, de occidente, a las sociedades, la especie y el Universo

A partir de las tendencias opuestas de uke y nage, emerge un nuevo sistema dinámico alejado del equilibrio, en el cual la técnica, entendida como un estado atractor, determina ciertas tendencias como más probables que otras, esto es, la emergencia de ciertas propiedades tales como amor, armonía y conciencia. Este estado atractor - la técnica- puede ser entendido, a la vez, como un campo mórfico influido recursivamente por las nuevas propiedades que emergen de su fluctuación. Esta influencia o resonancia mórfica conecta al sistema con todos los otros sistemas que practican Aikido, tanto en el pasado como en el futuro. Por su parte, el sistema dinámico formado por uke y nage constituye lo que podemos llamar “práctica de la técnica”.

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Fig. 17   Técnica “Kokyu Nage” como sistema dinámico alejado del equilibrio

En la imagen se representa una de las técnicas practicadas en Aikido, de la cual emergen como nuevas propiedades, el amor, la armonía y la conciencia. Se representa el proceso recursivo entre el sistema y las nuevas propiedades emergentes.

De la práctica de la técnica surge el aprendizaje de la técnica, el cual puede recomprenderse como una propiedad emergente del proceso dialógico de las tendencias opuestas de uke y nage.  El proceso de práctica es un proceso recursivo puesto que las propiedades que emergen de él, vuelven a formar parte constituyente del sistema en su totalidad, esto es, de la técnica y de quien la practica. En Aikido es posible observar el proceso dialógico en cada encuentro -de ai-, en los cuales a partir de dos tendencias opuestas, las de uke y nage, se forma una unidad. Tal como en el modelo chino del Yin y el Yang, estos representan un par de opuestos inseparables.

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Fig.18 Técnica Shihonage: representando la dualidad en el seno de la unidad, tal como la figura del yin y el yang

Además de fluctuar en términos de tendencias opuestas, el sistema formado por uke y nage fluctua en términos de la densidad o permanencia de la forma, esto es, distintos estados atractores. Como vimos, las nociones de ma-ai y de-ai refieren a la distancia precisa necesaria para mantener un estado de armonía entre las partes y al momento de contacto y máxima fusión entre las mismas, respectivamente. Luego, ma-ai y de-ai son estados atractores en los fluctúa continuamente el sistema que practica Aikido. Esta relación dinámica es uno de los aspectos que se enfatizan en la práctica cotidiana del Arte, puesto que, tal como señalan los maestros, busca mantener el contacto profundo y continuo entre las partes. A sus vez, estos atractores fluctúan en un atractor mayor, el amor como energía creadora de todas las cosas, del cual surge la protección a la vida como una nueva propiedad constituyente.

Tal como señalan los maestros, cada técnica es única e irrepetible, ya que surge catastróficamente en un momento dado y en el seno de una compleja interacción entre uke y nage, dando cuenta de la noción de irreversibidad en el tiempo, asociada a todos los sistemas dinámicos alejados del equilibrio. En este sentido, cada vez que se despliega una técnica cualquiera,  se desencadena un proceso irreversible de sucesos. Estos sucesos no estarían gobernados por leyes estáticas, sino más bien por una sumatoria de probabilidades que marcan ciertas tendencias como más probables que otras.

Para que la forma de una técnica emerja, debe contarse con la dualidad de las tendencias de uke y nage. En Aikido se habla de “ataques” sinceros por parte de uke y una defensa espontánea, fluida y consistente por parte de nage. En esta relación de la cual emerge la forma de la técnica, no puede establecerse una cadena de causa-efecto lineal, sino más bien una fluctuación dialógica y recursiva, en donde los opuestos forman una unidad, y la dualidad permite la emergencia de nuevas propiedades en el sistema dinámico. Estas propiedades son, más probablemente, estados de paz y armonía entre las personas participantes del sistema.

En este contexto, la conciencia y la intuición ocupan un lugar real -pertenecientes a la realidad física- en la configuración total del fenómeno. La como plantea Bohm, la intuición es capaz de transformar la materia y el curso del devenir del pensamiento, discriminando lo que son procesos nuevos y relevantes del pensamiento, de lo que es una rearticulación mecánica de los constituyentes de la memoria. En el aprendizaje del Aikido, la intuición acerca de estos fenómenos es considerada como sumamente importante, ya que se relaciona con la cualidad del “darse cuenta” de que se está en un proceso del cual emergen nuevos conocimientos a cada momento y con cada compañero distinto. Este “darse cuenta” también se constituye como un proceso dinámico que se reingresa al sistema, modificando el campo mórfico de la técnica y las tendencias más probables de “darse cuenta” de otros practicantes. Por tanto, se puede decir que la variación del campo mórfico de un atractor técnica, tiene profundas implicancias en la conciencia individual y colectiva, tanto a nivel comunidad que practica Aikido, de sociedad en la que se inserta esta comunidad y a nivel de la especie humana en su totalidad.

Si tomamos en cuenta lo expuesto hasta aquí sobre las profundas conexiones entre sistemas dinámicos que practican Aikido -las personas-, los otros sistemas dinámicos que fluctúan en el Aikido, tales como las técnicas, el proceso de aprendizaje, la conciencia individual, la conciencia grupal, etcétera, las propiedades que de todo ello emergen y fluctúan recursiva y dialógicamente con sistema como totalidad, estamos en condiciones de “saltar” al siguiente nivel contextual que permite recomprender al Aikido como un sistema físico relacional  complejo: los niveles social y de especie.

Como vimos, el Aikido puede ser recomprendido como un holón en el cual fluctúan otros holones que lo constituyen. Al mismo tiempo, como todo holón, el Aikido es parte de un holón mayor y es indisociable de el. El Aikido se practica en grupos organizados pertenecientes a un Dojo, el cual esta a cargo de un  maestro. Al mismo tiempo, estos Dojos se encuentran afiliados a asociaciones o escuelas formadas por los grandes maestros -Shihan-  discípulos de O  Sensei. Todo esto inserto en sociedades tales como la “sociedad chilena” o la “sociedad japonesa”.  Como sistemas dinámicos alejados del equilibrio, constituyentes de sociedades, es posible que las propiedades que emerge catastróficamente de ellos, tales como el amor, la armonía o la conciencia, sean propiedades que no solo fluctúen en el sistema Aikido, sino que también son propiedades que fluctúan recursivamente con toda la sociedad en la cual se encuentran insertos. Esto supone una gran contribución en términos de incrementar la probabilidad de que la tendencia hacia estos estados atractores sea mayor a la tendencia hacia la autodestrucción, la violencia y la falta de fragmentación de la conciencia.

Scheldarake propone que cuando un número determinado de individuos de una sociedad aprende una nueva conducta, esto es, fluctúa en un atractor determinado, catastróficamente emergen atractores similares en otros lugares. Mediante la resonancia mórfica entonces, es esperable que todo cuanto se aprende y desarrolla en los dojos de todo el mundo, por quienes practican Aikido, aparezca catastróficamente en la conciencia de las sociedades y luego en la de la especie.

El Aikido, entonces, puede ser recomprendido como un sistema físico relacional complejo, en tanto presenta propiedades características de los sistemas complejos: fluctúa en distintos niveles y contextos, todos ellos presentes al mismo tiempo; fluctúa recursivamente, es decir, el desarrollo del Aikido no puede ser entendido como un proceso lineal de causa-efecto, donde ciertas causas perfectamente determinadas producen ciertos efectos perfectamente calculados. En el Aikido se observa una interdependencia de los distintos aspectos que en el se pueden distinguir. Esta distinción a la que me refiero, no es una distinción que se haga entre aspectos de existencia discreta, sino más bien una distinción de aspectos borrosos o límites difusos.

7. CONCLUSIONES



Estamos en un período histórico de creciente complejidad y cambio, siendo lo más característico la crisis social, económica y ecológica que amenaza la supervivencia y desarrollo sano de los individuos de la especie. Ante esta situación se hace relevante la reflexión sobre los posibles motivos que nos han llevado a esta situación, el estado actual del arte y las tendencias futuras más probables.

Tal como vimos en el capítulo dos y tres, el predominio de un paradigma que afirma que el Universo es una máquina inconsciente que progresa determinada por leyes inmutables, en la cual se encuentran partículas de existencia aislada y funcionamiento independiente, ha provocado que, finalmente, nos veamos a nosotros mismo como máquinas determinadas por leyes, inevitablemente separadas de nuestro entorno. Las consecuencias de esta noción de mundo comienzan a hacerse cada vez más claras: bosques talados completamente, especies animales en vías de extinción, animales muertos por la contaminación ambiental, guerras, muerte masiva, desnutrición infantil, etcétera.

Las fronteras entre lo que somos y lo que no somos, entre lo que tenemos y lo que deseamos, entre lo que creemos y lo que cree el vecino, esto es, las fronteras de la conciencia, se han tornado meros campos de batalla, guerras en las que la cantidad de muertes y destrucción aparecen desmesuradas con respecto a los supuestos objetivos que las propugnan. Junto con esto, el ciego avance del conocimiento científico y el incremento de la tecnología nos han puesto en una paradoja entre lo que buscamos y los resultados que obtenemos, esto es, según Vaughan, que buscamos mayor seguridad y comodidad, y conseguimos mayor inseguridad y destrucción.

Actualmente, y como emergente de lo anterior, estamos en un período  en el cual la ciencia se revisa a sí misma, sus objetivos, limitaciones y las consecuencias de su  quehacer (Morin, 1983), abriéndose a la recomprensión de la naturaleza, esto es, retomando a la naturaleza y sus fenómenos con toda la complejidad que sea posible, asumiendo esta vez que lo que somos capaces de estudiar, no se corresponde con la complejidad de los fenómenos. Esto refiere a un profundo cambio en la noción de mundo en la cual se funda el quehacer científico, es decir, en cómo se concibe la realidad; hoy, la tendencia de una parte de la ciencia es más hacia el holismo que al reduccionismo, más a la recomprensión de los fenómenos integrados que a los fenómenos como parcelas verdaderamente aisladas de todo lo demás. En este sentido la noción de mundo que plantea la nueva ciencia de la complejidad, es similar a muchos planteamientos provenientes de las antiguas escuelas de conocimiento orientales.

Esta nueva visión holística e integral de la naturaleza, nos muestra una  manera mucho más amigable, amable y fructífera de relacionarnos con nuestro ambiente; no es solo una nueva forma de pensar la realidad -como si el pensamiento fuera disociable del resto del Universo -, sino que tiene profundas implicancias sobre la calidad de las relaciones con las otras personas y con el medio en general.  Me parece que cuanto más profunda y global sea a comprensión de esta propuesta, más difícil se hará tomar decisiones que atenten en contra del país vecino, de bosques nativos, de ríos, de animales, de personas, etc. Pareciera que este nuevo paradigma nos enfrenta a una responsabilidad tanto mayor que la de velar por el mantenimiento de una burbuja en la cual nos sentimos seguros, engañados por la idea de que podemos vivir con completa independencia de los demás; nos enfrenta con la responsabilidad de sumarnos a una tendencia de cuidado del medio ambiente, de la sociedad en la que vivimos, de las personas con las cuales nos relacionamos y por supuesto de nosotros mismos. Esta nueva cosmovisión nos enfrenta, tal como lo hace el Aikido, con la responsabilidad de hacernos cargo de nuestras acciones, pues estas están asociadas en un nivel profundo con todo lo demás, y todo lo que hagamos desata procesos irreversibles y caóticos cuyas consecuencias solo pueden preverse en términos probabilísticos.

Tal como se desprende los planteamientos complejos, la emergencia de un fenómeno en el orden explicado de la realidad, se da simultáneamente en distintos niveles. La demarcación de fronteras a la cual hice alusión más arriba se refería principalmente a una demarcación de fronteras en el nivel social y de especie; lo mismo ocurre en el nivel de los individuos que conforman a la sociedad. Tal como plantea Wilber, la conciencia del ser humano se encuentra fragmentada o separada por fronteras, a las cuales considera como falsas demarcaciones que empobrecen el campo de la experiencia conciente. Es cierto que la demarcación de estas fronteras responde a una necesidad de organización de la experiencia en nuestros primeros años de vida, pero cuando estas fronteras se vuelven rígidas y se tornan “reales” para la persona, muchas veces se termina peleando con uno mismo, parcelando y apartando grandes espacios de conciencia, reduciendo notoriamente la imagen que tenemos de nosotros mismos, del entorno y de nuestra relación con el. Tal como se desprende de la teoría holonómica, la fragmentación de la conciencia es un patrón que fluctúa en todos los niveles u holones, afectando todos los procesos que en ellos fluctúan: la humanidad fragmentada, las sociedades fragmentadas, las conciencias individuales fragmentadas, etcétera.

En este contexto, entonces, me propuse utilizar nociones complejas en el estudio del Aikido, es decir, la recomprensión del Aikido como un sistema físico relacional complejo. Esto porque, según me parece, el Aikido tiende precisamente a lo contrario, es decir, hacia a la integración, la visión holística y relacional de los fenómenos de la naturaleza en todos sus niveles. Me parece relevante integrar la discusión y recomprensión de procesos que facilitan o marcan una tendencia hacia atractores más amigables, sanos y ecológicos, en el acervo de conocimientos académicos tradicionales desde una visión científica no reduccionista. Con esto no quiero decir que el Aikido necesite ser validado; esto no es mi propósito, sino más bien aportar a la difusión de lo que, personalmente, creo que puede contribuir a la construcción de una sociedad mejor.

Recomprendido como un sistema físico relacional complejo, el Aikido se nos presenta como una forma dinámica que emerge -de la misma forma en que nosotros y nuestra imagen de “yo”- del orden implicado de la realidad, esto es, del mundo de los fenómenos cuánticos, de las cuerdas de movimiento puro que se pliegan sobre sí mismas, formando relaciones de relaciones, ad infinitum. Así, el Aikido constituye parte de la realidad física, en tanto abstracción sutil del holomovimiento. Como todo sistema físico alejado del equilibrio, de el  emergen  nuevas propiedades que se reintegran al sistema de manera recursiva. Esto da cuenta de que el Aikido es un proceso en continua evolución, ya que la reintegración de las propiedades que de él emergen, aumentan el nivel de complejidad del sistema.

Como vimos, el Aikido puede ser entendido como un atractor en el cual fluctúan una serie de otros procesos constituyentes, entre los cuáles se encuentra el ser humano. A su vez, el ser humano recomprendido como un sistema dinámico alejado del equilibrio, también fluctúa en términos probabilísticos, es decir, mostrando ciertas tendencias como más probables que otras. Así, es posible hipotetizar que un ser humano que fluctúe en el Aikido, en su técnica, en su espíritu de armonía y respeto por las fuerzas del Universo, en las enseñanzas de su fundador, tenderá más probablemente hacia el amor, la armonía y la paz.

A su vez, el ser humano esta constituido de otros procesos físicos dinámicos. Uno de ellos es la conciencia, la cual puede ser recomprendida como un sistema físico relacional complejo que emerge, al igual que el Aikido y el ser humano, del orden implicado de la realidad. Por esto, se le puede atribuir una existencia física o material. (Bohm) En tanto proceso constituyente del ser humano,  se ve afectada por los atractores y tendencias en que este participe, notándose cambios sutiles en la cualidad del  flujo y contenido de la misma. Además, si consideramos que, según lo propuesto por Zohar (1996), la conciencia es un fenómeno que tiene lugar, no en los elementos que la componen, ni en la suma de sus acciones específicas, sino en una armonía -o proceso altamente coherente-  de sus procesos constituyentes, en el Aikido se pueden dar cambios sutiles no solo a nivel de las “conciencia individuales”, sino que en la totalidad de sujetos que practican Aikido en un mismo dojo, en un mismo país, en una misma cultura y en distintos tiempos. Esta hipótesis se sostiene en la propuesta de Zohar, según la cual la conciencia no es una propiedad que se le puede atribuir a las neuronas, o a los individuos, o a una comunidad aisladamente, sino un proceso mayo que contiene y trasciende todo ello. Estos cambios sutiles en la conciencia en todos sus niveles se reintegran recursivamente al/los sistemas constituyentes, por lo que se podría hablar de una evolución de la conciencia, en términos de procesos de mayor complejidad.

Ahora bien, si retomamos la propuesta de Ken Wilber y su modelo del espectro de la conciencia, considerando que la evolución de esta se sigue a través de  niveles en un espectro, evolucionando desde la máscara hasta el nivel mente, es posible preguntarse cómo los cambios que hipotetizamos más arriba (desde la propuesta de Zohar) se pueden considerar como un movimiento en el modelo del espectro de la conciencia. En otras palabras, es posible preguntarse si practica del Aikido facilita un movimiento o evolución a través del espectro.

Una posible línea argumentativa a favor de la evolución de la conciencia a través del espectro a partir de la fluctuación de las personas en el Aikido, debe partir del Aikido mismo, considerado como un sistema físico relacional complejo, que tiende siempre a una evolución en términos de mayores niveles de complejidad. En este caso, el mayor nivel de complejidad de la conciencia tiene que ver con la mayor coherencia o armonía entre los distintos aspectos de la experiencia. Como vimos, la armonización entre aspectos distintos del ser, es el objetivo principal del Aikido y a donde están orientados todos los esfuerzos, y técnicas presentadas.  Es por esto que, en términos de tendencias probables, la práctica sistemática del Aikido sea facilitadota de estados en donde las demarcaciones sugeridas por Wilber  sean trascendidas. El Objetivo del Aikido es la armonización de la energía.

Si consideramos además que, en un nivel profundo -el implicado-, un ser humano esta íntimamente conectado con todos lo demás seres de su especie, los atractores en los que fluctúe afectarán de manera incierta a todos los individuos de la especie. Sin embargo, aunque incierta, es probable que la tendencia de la fluctuación de un gran número de individuos en el atractor Aikido sea hacia estados más armónicos y respetuosos de los ciclos naturales del universo. Con esto planteo que el Aikido puede ser considerado como un atractor que contribuye, junto con otros que fluctúan similarmente, a una evolución de la especie a estados de mayor complejidad, en los cuales se facilita la emergencia de los procesos de autogeneración,  autoorganización y autoconservación.

Tal como mostré en el capítulo anterior, la teoría de los campos mórficos de Scheldrake nos permite hipotetizar que cuando una cierta cantidad de individuos de una especie aprende una conducta, o fluctúa en un atractor determinado, emergerán catastróficamente los mismos atractores en otros lugares, independientemente  de la distancia. Por esto, y en el contexto de las crisis antes mencionadas, la práctica, desarrollo y difusión del Aikido, cobran vital importancia como una contribución a la resolución de los conflictos - de los individuos, entre los individuos, entre sociedades y en la humanidad en su totalidad- por el camino de la paz y la armonía, ya que lo que las propiedades que emergen de la práctica en el dojo podrían emergen catastróficamente en la conciencia de humanidad. Si esto fuera así, podríamos contar con una humanidad armónica, en la cual los conflictos ser resuelven por la vía de la no-resistencia y en el contexto del amor creador del Universo: el Takemusu Aiki.

En términos de la propuesta enactiva de Francisco Varela, las propiedades emergentes antes comentadas, el amor, la armonía y la conciencia se transforman en constituyentes de la realidad para quien las pone en-acción. En este sentido, y retomando la propuesta Pribram y su teoría Holonómica y de Prigogine y sus sistemas alejados del equilibrio, la contribución del Aikido a quienes practican, a quienes se relacionan directamente con quienes practican, a la sociedad y a la especie (en términos holonómicos y recursivos) radica en que se hace más probable la tendencia de estos sistemas a fluctuar en estos estados atractores, en tanto se facilita la enacción de ciertas conductas y actitudes acordes a estos. En otras palabras, el aprendizaje que emerge de las relaciones constituyentes del Aikido, el cual guarda directa relación con los atractores armonía, amor y conciencia, facilita la emergencia, o elección, de una representación del mundo más amigable y respetuosa, con la consiguiente acción sobre el mundo desde esta representación. En el plano general en que nos encontramos, expuesto en las primeras páginas de esta monografía, la enacción de estas representaciones resulta, a mi parecer, altamente beneficioso para la sobre vivencia del planeta y de toda la especie humana.

Por otro lado, me parece interesante rescatar, aun cuando escapan a los objetivos de esta monografía, las coincidencias, que a mi parecer son más significativas, entre las nociones de mundo que se encuentran en las antiguas tradiciones orientales, en particular en el Aikido, y las que emergen del paradigma complejo.

La primera de estas es que, tanto para los maestros de Aikido como para los científicos constituyentes del nuevo paradigma complejo, la realidad cuenta con la propiedad de ser una totalidad-no-rota, en constante movimiento y constituida en su nivel más básico por relaciones de relaciones. Así, tanto para los grandes maestros como para los científicos modernos los objetos de la realidad son abstracciones de ese movimiento siempre fluyente o, en palabras de Bohm, holomovimiento. En este sentido, la noción de Ki está estrechamente relacionada con la de holomovimiento, ya que ambas son descritas como una base física desde donde emerge el mundo de los fenómenos.

De la misma manera en que se explica la emergencia de los fenómenos en el paradigma complejo, esto es,  a partir de relaciones y vibraciones -movimiento plegado-, el fundador del Aikido sostenía que el mundo fenoménico emergía de los “sonidos-espíritu”, los que pueden entenderse como vibraciones que más tarde se agrupaban según distintas concentraciones o frecuencias -kotodama- los cuales están imbuidos de la energía universal o ki. Para O Sensei estos sonidos son los que sostienen y activan al Universo. En otras palabras, la vida del Universo emerge de la vibración del ki en forma de sonidos que se relacionan entre sí. Muy parecidas al Kotodama, las teorías de la emergencia de la materia desde el nivel de los fenómenos cuánticos, explican que, de la torcedura de las cuerdas de movimiento puro, emergen los twistors. De la relación entre twistors emergen los quarks, los cuales pueden representarse como puntos matemáticos. Al interior del los quarks, entonces, encontramos vibración pura. Al igual que la explicación del Kotodama, las teorías quánticas de la emergencia de la materia, proponen que de la armonía entre las vibraciones de distintos quarks, esto es, varios quarks que vibren en la misma frecuencia, emergen las partículas constituyentes de los átomos, los cuales han sido considerados el ladrillo fundamental de la naturaleza.

La segunda coincidencia que destaco guarda relación con la teoría holonómica, en la que se plantea que en la realidad el todo está en cada una de las partes y, al mismo tiempo, las partes conforman la totalidad. Para los maestros existe un complejo orden universal que rige todos los procesos del Universo, por lo que comprender profundamente el funcionamiento de una parte, equivaldría a comprender el funcionamiento de la totalidad. O Sensei decía que la búsqueda de la verdad no debiera estar dirigida hacia fuera, porque todo cuanto necesitamos saber sobre el Universo esta dentro de nosotros, los seres humanos: en el interior de cada uno esta el Universo entero.

Finalmente, y como era esperable, en esta monografía el Aikido aparece como un complexus difícilmente traducible  a una definición acotada. Esta monografía no define el Aikido -nunca fue su propósito-, no acota su significado a un elemento que llamarse palpable. Sin embargo, de la lectura de ella puede desprenderse la aplicación de un conjunto de nociones que dan cuenta de su complejidad o múltiples constituyentes heterogéneos. Como destaca Wilber (1984), incluso los físicos más prominentes del último siglo se dan cuenta que, aun cuando sus descripciones de la realidad parezcan certeras, nunca podrán dejar  de ser descripciones. En este sentido, físicos como Einstein, Jeans, Plank, Schrödinguer o Heissenberg,  coinciden en que la barrera entre el mapa y el territorio es infranqueable, y por lo tanto el valor de la experiencia, en tanto acceso a la realidad, es insuperable.

En la práctica del Aikido, la experiencia es indisoluble y todos los aspectos revisados confluyen en cada momento, en cada enseñanza y con cada compañero que practicamos, aun cuando el proceso de aprendizaje sea incipiente. Esto, porque el Aikido no es un resultado acabado, sino más bien un proceso que, como la vida misma, nunca termina y siempre esta completo, en cada momento y en cada practicante. Como vimos, el Aikido se nos presenta como un proceso dialógico, recursivo y holonómico constituyente, a nivel profundo, de la realidad física.

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Santibáñez, F. (2002 - 2003). La Sacralización del Conocimiento Científico. Revista Pensamiento y Sociedad, Nº 2 y 3, Págs.  203 - 216
Santibáñez, F. (2004) Lógica Transfinita y Pensamiento Complejo. Revista Praxis, Facultad De Ciencias Humanas Y Educacion, Universidad Diego Portales, En Editorial

Documentos En Línea:

“Qué es el Aikido”, [en línea] Disponible en:
http://www.geocities.com/aikidopaz/aikido.html
[2004, 20 de abril]

Morin, E. (1997) “Introducción al Pensamiento Complejo” [en línea] Disponible en:
http://galeon.hispavista.com/pcazau/artep_morin.htm
[2004, 20 de abril]

Serrano, J. (1986). Edgar Morin: Ciencia con Conciencia [en línea]. Hemeroteca Virtual ANUIES Disponible en: http://www.hemerodigital.unam.mx/ANUIES/itam/estudio/estudio06/sec_47.html
[2004, 6 de Octubre].

Entrevista Francisco Varela [en línea] Disponible en:
http://www2.netexplora.com/textos/entrevistavarela.htm
[2004, 1 de Noviembre]

Patiño, J (2004) Oncología, Caos, Sistemas Complejos Adaptativos Y Estructuras Disipativas [en línea] Disponible en:
http://www.encolombia.com/medicina/cirugia/ciru17102-oncologia.htm
[2004, 1 de Noviembre]

Figuras:

Figura 1: “Tiempos Modernos”, Charles Chaplin. [en línea] Disponible en:
http://www.elnidodelescorpion.com/N18/ilustraciones/Chaplin-tiempos-modernos.jpg
Figura 2: Representación de una sucesión temporal de influencias ordenadas linealmente. Tomado de: Grof, S. (1984). Sabiduría Antigua y Ciencia Moderna (Ed. en Español (1991) ed.). Santiago, Chile: Editorial Cuatro Vientos.
Figura 3: Representación de la resonancia mórfica, como modelo distinto de causalidad temporal. Tomado de: Grof, S. (1984). Sabiduría Antigua y Ciencia Moderna (Ed. en Español (1991) ed.). Santiago, Chile: Editorial Cuatro Vientos.
Figura 4: Diagrama de Árbol.
Figura 5: Diagrama Queso de Cántor. Tomado de: Santibáñez, F. (2004) Lógica Transfinita y Pensamiento Complejo. Revista Praxis, Facultad De Ciencias Humanas Y Educacion, Universidad Diego Portales, En Editorial.
Figura 6: Huracán Elena como ejemplo de una estructura disipativa. Tomado de:  Microsoft Encarta 1999
Figura 7: Conjunto de Mandelbrot. [en línea] Disponible en:
http://es.wikipedia.org/wiki/Conjunto_de_Mandelbrot
Figura 8: Fractal de Koch. Tomado de: Microsoft Encarta 1999
Figura 9: Conjunto de Mandelbrot. Tomado de Microsoft Encarta 1999
Figura 10: Figura Fractal que representa los órdenes Fractales en la naturaleza. Tomado de  Microsoft Encarta 1999
Figura 11: Diagrama del Espectro de la Conciencia de Ken Wilber
Figura 12:  Irimi Nage, O Sensei Morihei Ueshiba. [en línea] Disponible en:
http://www.aikido-of-charlottesville.org/images/osensei-irimi.jpg
Figura 13: AIKIDO . [en línea] Disponible en:
http://www.aikiweb.com/aikicards/send.html?image=01bb1c688c3b018e21c250d0a0b6124e
Figura 14: Kokyu Nage, Sensei Kisshomaru Ueshiba.   [en línea] Disponible en:
www.hep.caltech.edu/ ~timoha/pages/pict.html
Figura 15: Representación fractal de la organización del ser humano como sistema físico relacional complejo, constituyente del Aikido.
Figura 16: Kokyu Nage, representando la inestabilidad de la técnica entendida como un sistema físico alejado del equilibrio. [en línea] Disponible en:
http://www.bozemanaikido.com/nage3
Figura 17: Kokyu Nage Morihiro Saito: la imagen  representa la relación recursiva entre la técnica y las   propiedades emergentes de del sistema alejado del equilibrio. [en línea] Disponible en:
http://www.aikido-of-charlottesville.org/images/saito-kokyunage.jpg
Figura 18: ShihoNage, Kevin Choate. La imagen está representando la dualidad en el seno de la unidad. [en línea] Disponible en:  www.bondstreet.org/ seminars/2002/choate2002/

Autor:

Felipe E Moya Valdés





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