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El Producto Chocolate Parte 1 - Monografía



 
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Márketing. Orígenes. Difusión. Philippe Suchard. Historia. Cacao. Producción. Envasado. Etiquetado. Venta



Historia, fabricación e industrialización del chocolate



ORÍGENES 1.0



Aunque el cacao llegó a Europa desde México, parece ser que el árbol del cacao se originó espontáneamente en las cuencas del Amazonas y del Orinoco, donde se sigue dando, así como en la zona del Caribe y Pacífico centroamericano. Pero fueron los mexicanos, muchos miles de años antes de la conquista española, los primeros en saber apreciar la riqueza de sus frutos. A la llegada de Hernán Cortés ya se cultivaba desde hacía mucho tiempo, probablemente desde los olmecas, los mayas y los toltecas, de una manera ordenada y sistemática.

Cuándo y cómo apareció el chocolate es difícil de determinar con exactitud. Se sabe que el nombre tiene origen azteca, pero el chocolate de nuestros días no tiene nada que ver con el que tomaban los indígenas mexicanos a la llegada de los españoles, más que en su componente básico, el cacao. La causa era que en aquellos tiempos todavía no se conocía el azúcar, que fue llevada por los españoles a América en el segundo viaje de Colón en 1493, procedente de Granada y Canarias. Hasta entonces, la función edulcorante correspondía a la miel.

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El primer contacto del mundo occidental con el cacao se remonta al año 1502, cuando Cristóbal Colón, en su cuarto viaje a las Islas Occidentales -como al principio se llamó América-, desembarcó en la isla de Guanaja, situada frente a las costas de Honduras en el Caribe. El jefe indígena de la isla le obsequió con lo mejor de sus pertenencias. Entre los regalos figuraban unas nueces ovaladas de color oscuro, con las que le explicó que se preparaba una bebida que confería gran vitalidad y energía.

Lo más probable es que Colón, que murió sin saber que había descubierto un nuevo continente, muriese también sin haber probado nunca el sabor del cacao. Hasta 1519, con la llegada de Hernán Cortés a México, no se puede hablar del verdadero descubrimiento del cacao por los españoles.

Antes de esto existía entre los aztecas dos formas de hacer el chocolate, que correspondían a las distintas clases sociales: nobles y plebeyos.

La aristocracia preparaba su chocolate añadiendo al cacao, vainilla, pimienta y una planta, cuyo fruto era de sabor muy fuerte, llamada macazuchil. Además se podían añadir otros componentes de acuerdo con los gustos del preparador o del consumidor.

El pueblo se limitaba a mezclar el cacao con harina de maíz para darle espesor y aumentar su volumen.

Desde el principio -en que el chocolate se tomaba únicamente como bebida- se mantuvieron largas polémicas sobre la temperatura a la que se debía servir: caliente, templado o frío. Otra discusión se centró en cuáles eran las mejores horas para beberlo, por ejemplo los aztecas lo tomaban después de las comidas. Algunos defendían que todas las horas eran buenas. Con el tiempo la costumbre lo ha ido desplazando a las horas del desayuno y de la merienda.

El paso del cacao al chocolate fue fruto de diversos tanteos y pruebas y muchas han sido las personas involucradas en el proceso. En cuanto a la unión del cacao con el azúcar se debió sin duda a una inspiración divina, sobre todo si tenemos en cuenta que la literatura nos cuenta que esta fórmula tuvo su origen en un convento de religiosas.

ORÍGENES 1.1



Cualquiera que sea el origen: cakchiquel, maya o náhuatl, tanto el vocablo chocolate, como el de cacao se incorporan al acervo universal a partir del idioma español.

Ambos términos tienen su origen en la pronunciación que los conquistadores de la Nueva España escucharon a los indígenas. De ahí pasó a todos los idiomas del mundo, con la fonética propia de cada uno.

Aunque existen distintas teorías sobre el origen de su significado, está claro que hoy en día tanto la palabra cacao, como la de chocolate son conocidas universalmente. Prácticamente en todas las lenguas le entienden a uno cuando lo pide en el propio idioma.
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El chocolate y el cacao pasaron a los países europeos desde España y los nombres con que fueron designados en otras lenguas siguieron igual camino en su expansión internacional.

El nombre de este alimento se denomina como sigue:



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ORÍGENES 1.2



¿De choco y late?


Don Joaquín Bastus primero y luego la Academia de la Lengua Española, fundándose en él, dice:

“Se supone que el nombre de chocolat, que daban los mexicanos a la bebida o infusión del cacao, de la cual nosotros hicimos chocolate se formó de choco, que en antiguo significaba cacao y de late, agua, es decir, cacao disuelto en agua o agua de cacao”.

¿De xoco y atl?



Para Castillo Ledón la palabra chocolate (choco-atl) procede del náhuatl xoco (agrio) y atl (agua), es decir, que el verdadero significado es agua agria y lo explica diciendo que “el cacao sin agua y sin dulce es muy amargo y así lo toman los mexicanos”.


¿De xocoatl?



Otro estudioso del tema, Avilés Solares, opina que viene del vocablo xocoatl (cierta bebida de maíz), incluido en el “Vocabulario castellano-mexicano y mexicano-castellano” de fray Alonso de Molina, obra fundamental para el estudio de la lengua náhuatl, que data de 1570.


¿De chocol y atl?



Marcos E. Becerra, especialista mexicano en estudios lingüísticos (1870-1940), confirma lo precedente en su obra “Investigaciones lingüísticas” al decir que chocolatl es un mayismo nahuatlizado con la terminación atl y proviene de “chocol” (caliente) y “a” (agua) que indica una característica de la bebida.

¿De kakawa?



Juan Corominas, filólogo español, dice que cacao viene de kakawa, radical de kakawatl, que en náhuatl significa grano de cacao.

LEYENDAS



En la rica mitología prehispánica de México hay dos dioses íntimamente vinculados al cacao: azteca uno, Quetzalcóatl, a quien se atribuye el regalo de ese árbol a los hombres y, maya el otro, Ek-Chuah, quien se encargó de su protección.

La llegada de Hernán Cortés a México en 1519 sucedió cuando los aztecas estaban esperando aquel mismo año, según su calendario, el retorno de su dios Quetzalcóatl.

Esta coincidencia, unida a lo novedoso del vestir y del equipo de los españoles con sus yelmos, arcabuces y espadas, hizo que Moctezuma -emperador de los aztecas- recibiese a Hernán Cortés como a una divinidad.

Sabías que…



Quetzalcóatl era el dios de la fecundidad además del guardián y jardinero del árbol del cacao.

El cacao reunía las cualidades de la mujer de Quetzalcóatl: amargo como el sufrimiento que padeció, fuerte como la virtud de la princesa y pardo como la sangre vertida.

El precio de un conejo era de diez granos de cacao y un esclavo podía valer incluso cien.

Había quien falsificaba la moneda rellenando de tierra o barro las cáscaras de las semillas del cacao.

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Cuenta la leyenda que los toltecas, pueblo mexicano anterior a los aztecas, tenían su paraíso localizado en Tula, al noreste de México. En este paraíso había enormes mazorcas de maíz como no se habían visto nunca, algodón, que según cuentan ya salía teñido en los colores favoritos y, entre todas estas plantas, la elegida era el árbol del cacao o cacahuaquahitl, regalo de Quetzalcóatl, dios que engendrado de una virgen se hizo hombre con caracteres divinos. Su aspecto era de tez blanca y con barba, lo que resulta extraño ya que los mexicanos eran todos imberbes.

Quetzalcóatl tuvo que ausentarse y confió a su esposa los tesoros de la ciudad. Sus enemigos durante su ausencia atacaron a la mujer, pero ella, protegiendo estos tesoros, murió asesinada. Su sangre cayó sobre aquella tierra fertilizándola y justo en aquel lugar nació un cacaotero o cacaotal. Ante la muerte de su esposa, Quetzalcóatl se autoimpuso un destierro y se fue prometiendo que volvería. El sacrificio de Quetzalcóatl mereció que Huanahpu, el tercero de los reyes del pueblo maya, se preocupara del desarrollo del cacao y que el dios Ek-Chuah, el de los viajeros y mercaderes, pasara a ser el protector de sus cultivadores.

La leyenda azteca decía que su dios vendría por el mar, del Este, que es precisamente de donde llegó Hernán Cortés, al que recibieron como una divinidad.

En este gran recibimiento se le ofreció a Hernán Cortés en vaso de oro la bebida más exquisita de los aztecas. Es fácil que Hernán Cortés apreciase más el vaso de oro que la bebida, que en aquel tiempo no debía tener un sabor muy agradable pues era una mezcla de cacao y maíz molido, pimienta, especias variadas y afrodisíacos naturales.

Dos cosas sorprendieron a los españoles: las cualidades tonificantes de la bebida, que les daba fuerzas y energías para mantener una marcha durante todo el día sin necesidad de más alimentos, y el que los indígenas utilizasen las almendras de cacao como moneda para realizar sus compras y pagar sus impuestos. De esta costumbre viene el primer nombre europeo que recibió el cacao Amígdala pecuniaria (almendra de dinero). Es curioso pensar en esta utilización de la almendra del cacao como dinero por parte de la cultura azteca, nadie podía atesorarlo dada su vida perecedera. El cacao dinero de los aztecas era para usarlo, no para guardarlo avariciosamente. Era habitual que los comerciantes indígenas mexicanos llevaran durante sus viajes una bolsita llena de semillas de cacao que era moneda de curso legal.

Estos dos hechos hicieron que los españoles que se instalaron en México se preocuparan de cultivar el árbol del cacao y de extenderlo por otros países. El mismo Hernán Cortés lo introdujo en las Antillas, norte de Brasil y Venezuela.

DIFUSIÓN



Parece ser que fue un fraile llamado Aguilar quien, habiendo ido a México, introdujo en la Península los primeros granos de cacao, juntamente con la receta del chocolate, proporcionándoselos al abad del Monasterio de Piedra, en Zaragoza, Antonio de Álvaro. Por lo tanto debieron ser los monjes de este monasterio quienes probaron por primera vez esta bebida. Pronto, los monjes del Monasterio de Poblet conocieron este hecho y establecieron en el monasterio la chocolatería, una habitación con chimenea donde tomaban el chocolate.

Desde España la costumbre de tomar chocolate se propagó a Europa. Se cuenta que un florentino, Antonio Carletti, que había viajado a Nueva España, introdujo el chocolate en Italia hacia 1606, siendo las cafeterías de Florencia y Venecia las primeras en ofrecerlo y divulgarlo.

El chocolate llega a Suiza. Pronto este pequeño gran país se convertiría en la cuna del chocolate, sin producir ni un ápice de cacao. Desde el punto de vista profesional fue un suizo, François Luis Callier, quien montaría la primera fábrica de chocolate, con molinillo mecanizado, según las técnicas aprendidas en el Piamonte italiano. Eso ocurría hacia 1819, a orillas del lago Léman, muy cerca de Vevey, meca del chocolate.

En 1826, Philippe Suchard, en las proximidades del lago Léman, fabricaba chocolate y lo vendía en su propia chocolatería. Se da la circunstancia de que Suchard fue de los primeros en asegurar a los trabajadores de su fábrica contra accidentes. Este ejemplo se extendió por Suiza, Bélgica, Inglaterra y Alemania, e incluso intercedieron para abolir la esclavitud de los cultivadores del cacao en las colonias portuguesas.

La difusión había empezado aunque el largo camino del chocolate por Europa no fue una marcha triunfal. Como todas las nuevas costumbres, y más en alimentación, tuvo sus defensores y sus detractores. Lo cierto es que no dejó lugar para la indiferencia.


Sabías que:



El chocolate pasó de ser consumido frío y muy espumoso, por haberlo batido mucho para lograr la mezcla perfecta, a tomarlo caliente, perfumado y azucarado.

Las preferencias sobre su densidad en la preparación también diferían. Así se crearon dos estilos de preparación que aún perduran: a la española, que ha quedado plasmado en el refrán, las cosas claras y el chocolate espeso, y a la francesa, que se inclina por una mezcla mucho más líquida.

En 1644 se dispuso una norma por la cual no se podía vender el chocolate como bebida. Sólo se podía dispensar sólido, en tabletas o pastillas, pero se podía consumir líquido en privado si se deseaba, al gusto de cada uno. Con esta normativa se quería evitar el espectáculo de ociosidad que suponía ver a la gente bebiendo chocolate por las calles.

El chocolate tuvo una gran aceptación en la clase alta del país. Entre otros, Felipe IV, Carlos III, Fernando VII y Alfonso XII eran conocidos amantes del chocolate.

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El chocolate tuvo gran éxito entre la colonia española instalada en América. El sabor amargo del xocatl de los aztecas mezclado con el sabor picante de la pimienta se transformó en un sabor dulce y agradable al mezclarlo con el azúcar. Además se le solía añadir, para mejorar su aroma y su sabor, anís, vainilla o canela.

Algunas teorías atribuyen al franciscano Olmedo, que viajó con Hernán Cortés, el primer chocolate que llegó a España un año después de la entrada del capitán en México, en 1520. El chocolate fue considerado como un alimento con efectos medicinales ya que curaba muchas afecciones y era vigorizante.

El hecho es que el chocolate se introdujo en España y se tomaba en todas partes y a cualquier hora, igual que en América. Esto llegó a preocupar a los gobernantes que pensaron incluso en cobrar impuestos y reglamentar su consumo. Años después, la hacienda pública cae sobre el chocolate con grandes impuestos hasta el punto de que personas de la nobleza, que lo traen desde América en grandes cantidades, como el duque de Alburquerque, tuvieron sus mercancías retenidas en la aduana en tanto en cuanto no abonaran una cantidad al fisco.

En Francia hace su aparición años después, en 1616, con motivo del enlace matrimonial de la hija de Felipe III, Ana de Austria, con el rey Luis XIII. La aceptación que tuvo el chocolate en el vecino país queda de manifiesto en la devoción que le profesaban personajes de la talla del cardenal Richelieu.

A Austria lo llevaron las princesas y los infantes españoles con motivo de sus matrimonios.

Otros países como Holanda vieron al chocolate como una fuente de riqueza y pronto se fueron apoderando del monopolio que durante años tuvo España.

En Inglaterra su entrada fue más laboriosa pues en el café y, sobre todo en el té, tuvo a dos grandes competidores. Aun así, entra en 1657 a raíz de un artículo surgido en el “Public Advertiser” que decía: “En el callejón de Queen’s Head junto a Bishopgate St. en la casa de un francés, hay en venta una excelente bebida de las Indias Occidentales, llamada chocolate. Ahí puede usted tomarla preparada a cualquier hora y también sin hacer, a precios razonables”.

Las cafeterías en Londres empezaron a servir chocolate y fueron rápidamente asimiladas por clubs selectos como el The Cocoa Tree y el White’s Cocoa House. El primer local era punto de reunión de los conservadores (tories), mientras que el segundo lo era de los liberales (whig). Otro local que servía chocolate a la española, es decir, espeso, fue el At the Coffee Mill and Tobacco Roll.

En 1679 el chocolate entra en Alemania, siendo instalada la primera chocolatería germana en Steinhude, en 1756. Gracias a su tecnología pronto harían excelentes máquinas para el beneficiado del cacao y de ahí el despegue de la industria chocolatera; aunque esta vez la partida la ganaron los suizos, ingleses y belgas.

Gracias al burgomaestre de Zurich, Henry Hescher, quien lo había probado en Bruselas, otro suizo, Rodolfo Lindt, investiga en las tradiciones mayas la forma de hacer chocolate, que consistía en molerlo y batirlo de forma constante para quitarle el amargor y la aspereza; incluso llega a utilizar el termino que los mayas daban a este proceso: concheo. La casa Sprÿngli, de Berna, le compró la factoría por un millón y medio de francos oro y fundaron la mundialmente conocida marca o consorcio chocolatero Sprÿngli - Lindt.

En 1842 el inglés John Cadbury fabrica un chocolate para comer ya que la mayor parte se venía haciendo para beber. Lo importante en este caso es que al cacao le añadió vainilla y azúcar, consiguiendo un producto muy comercial y exquisito. Otro compatriota suyo, Joseph Frye, logra un nuevo producto, la manteca de cacao, y saca al mercado una tableta que contenía manteca de cacao, chocolate, licor y azúcar. Era la primera tableta o barra de chocolate. El éxito de la empresa sorprendió al propio artista.

También en México se instaló una factoría en 1853, gracias a Manuel Gutiérrez de Rosas, quien mediante un procesador molía el grano de cacao y a la vez lo calentaba, separando así la manteca de cacao. En 1864 había contabilizadas solo en Ciudad de México más de cien chocolaterías.

En Bélgica, la familia Callebaut establece en 1850 una fábrica de cerveza y una lechería. En 1890 empiezan a trabajar dulces y confitería y, ya en 1911, producen chocolate. Hoy este grupo se extiende por los cinco continentes.

Entre 1875 y 1876 en la localidad suiza de Vevey se producen dos hechos importantes en el mundo del chocolate. El primero es que Henri Nestlé, farmacéutico y hombre preocupado en el preparado de las harinas lacteadas tipo Celac -ya que una de sus hijas no podía ingerir las papillas habituales- es el primero en desarrollar la leche condensada. El segundo es que este hecho llamó la atención de Daniel Peter, el “inventor” del chocolate con leche, que propuso a Nestlé trabajar conjuntamente. Ellos fueron los impulsores de las tabletas de chocolate con leche.

Si el café o el té han mantenido con más constancia su forma de consumo como bebida, el chocolate ha encontrado muy diversas formas de presentación y consumo.

KJS



Suchard y Chocolate



Estos dos términos están unidos de forma inseparable desde hace mucho tiempo en la conciencia de los consumidores. Pero, ¿quién fue aquel hombre que puso la piedra angular del éxito inigualable de esta marca y le dio su nombre?, ¿quién fue Philippe Suchard?

1.- El joven Philippe Suchard



Los rasgos característicos más sobresalientes de Philippe Suchard eran su abierta curiosidad y su espíritu emprendedor y aventurero.

Marcado por la historia de su familia, que llegó de Francia a Suiza en el año 1685 por motivos religiosos, Philippe, nacido el segundo de siete hermanos en 1797, supo desde muy pronto lo que significaba trabajar duro.

A la edad de doce años Philippe vivió un acontecimiento clave en relación con el chocolate; su madre estaba enferma y fue a la farmacia para comprar medio kilo de chocolate, que por aquellos tiempos se consideraba como un reconstituyente. El alto precio y las propiedades realmente energéticas de esta sustancia exótica no dejaron de rondar por la cabeza de Philippe. Pensaba que si era capaz de fabricar él mismo el chocolate y venderlo a ese precio, pronto sería un hombre rico.

Sin embargo, hasta que Philippe Suchard pudo realizar su sueño tuvo que pasar muchos y duros años como sirviente de un sacerdote y como aprendiz de confitería en el negocio de su hermano.

En 1824, Suchard reunió todos sus ahorros y emprendió un viaje a los Estados Unidos con el sueño de prosperidad y bienestar en la maleta. El dinero fácil no llegó, pero aun así Philippe estaba entusiasmado con el nuevo mundo: la libertad, el espíritu abierto y los grandes negocios le impresionaron profundamente.

2.- El fabricante de chocolate



Inspirado por las impresiones obtenidas en su viaje a los EEUU, Philippe Suchard fundó en 1825 su propia confitería en Neuchatel (Neuenburg) en la que ofrecía chocolate fino artesanal fabricado a mano.

Pero desde aquella experiencia clave en la farmacia, Suchard ya pensaba en fabricar este artículo de lujo, el chocolate, de forma más racional con ayuda de la técnica, para así hacerlo accesible a un amplio sector de la población.

En 1826, sólo un año después de la inauguración de su confitería, Philippe Suchard adquirió un molino desocupado en la pequeña localidad de Serrieres para instalar allí su fábrica.

Después de las dificultades iniciales para obtener beneficios, esta pequeña fábrica de Suchard comenzó a crecer de forma constante, aunque durante los primeros treinta años de su existencia se mantuvo como un negocio familiar.

La esposa de Philippe, la señora Rosalie, y todos los hijos trabajaban duro y de forma intensa en la empresa, por regla general de trece a catorce horas diarias.

Siguiendo secretos de fabricación celosamente guardados, esta fábrica producía un estudiado surtido de chocolates de diferentes gamas de calidad, desde el chocolat demi fin sencillo, hasta el extra fin lujoso.

3.- El maestro de la promoción



Después de algunos fracasos en otros sectores, Philippe Suchard volvió a concentrarse plenamente en la fabricación del chocolate. Con el apoyo de su hijo Philippe Suchard jr., el empresario promovió con éxito la marca Suchard en toda Europa.

Para ello apostó por un instrumento que hasta la fecha se ha seguido manteniendo como un factor decisivo para el éxito: el marketing.

Las apariciones espectaculares en exposiciones mundiales, diplomas de reconocimiento imperial, vehículos y fachadas también se utilizaban con fines promocionales, al igual que los envases de diseño muy artístico, pancartas, postales y dibujos coleccionables extremadamente costosos para las posibilidades de la época.

A Philippe Suchard se le consideró como el maestro de la promoción, que no profesaba la convicción entonces extendida de que los buenos productos no necesitaban publicidad.

Como uno de los primeros industriales, Philippe Suchard reconoció la importancia y el valor de una marca, siendo el primero que registró una, Suchard, en el registro internacional de marcas.

4.- De Philippe Suchard a Philip Morris



Al morir Philippe Suchard en el año 1884, su yerno y socio Carl Russ asumió la dirección. Continuó de forma constante el curso del crecimiento empresarial iniciado por su fundador.

Los altos aranceles dificultaban la exportación del chocolate fabricado en Suiza, pero no impidieron de ningún modo la expansión internacional de la empresa, todo lo contrario, en lugar de productos terminados lo que se exportaba eran fábricas y tecnología.

La primera fábrica extranjera aún la inauguró Philippe Suchard personalmente en el año 1880 en Rötteln, cerca de Lörach (Alemania). En 1887, Carl Russ inauguró la segunda fábrica extranjera en Bludenz (Austria), a las que siguieron otras delegaciones en toda Europa.

Un hito fundamental en el desarrollo de productos fue la fabricación en Bludenz del primer chocolate con leche de Suchard, que en el año 1901 se registró con el nombre de Milka (de milk, leche, y de kakao, cacao).

Aunque las dos guerras mundiales dificultaron temporalmente el desarrollo de la compañía, el consorcio prosperaba de forma incesante.

En 1970 se produjo la gran boda del chocolate entre Suchard y Tobler y nació el grupo Interfood.

En 1982 se fusionó Interfood con Jacobs formando la empresa Jacobs Suchard AG, que fue absorbida en 1990 por el consorcio Phillip Morris.

Sin embargo, el objetivo de calidad de Philippe Suchard ha sobrevivido a lo largo de los años.

Para la fabricación de las irresistibles composiciones de chocolate, solamente se utilizan los mejores ingredientes y recetas especiales, para endulzar la vida de nuestros clientes con el chocolate más fino de Suchard.

Sabías que



Philippe Suchard pasó ocho años como confitero en la empresa de su hermano Frederic, primero como aprendiz y después como socio de la empresa.

Desde el principio, Philippe Suchard puso gran empeño en el atractivo de los embalajes.

Se construyó él mismo la maquinaria necesaria, por ejemplo, una amasadora accionada por agua, que le hacía posible la fabricación de hasta 30 kg. de chocolate al día.

Philippe Suchard se estableció en España en 1910, en San Sebastián.

Por cierto, en el año 2001, Milka celebra su primer centenario, pero esa es otra historia…


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El empresario por vocación



Durante el establecimiento de su fábrica de chocolate, Philippe Suchard se lanzaba constantemente a nuevas aventuras empresariales.

Como empresario y capitán de barcos de vapor, a partir de 1832, navegó durante catorce años por el Neuenburger See, promocionando al mismo tiempo sus chocolates. Su barco de línea “L’Industriel” transportaba diariamente pasajeros y mercancías desde Neuenburg a Yverdon/Biel y se convirtió en líder de la navegación a vapor en Suiza. Suchard también participaba en la navegación por el Rhin desde Basilea.

Igualmente extraordinaria fue la participación de Philippe Suchard en la cría de gusanos de seda en el año 1837. Durante algún tiempo, el éxito inicial incluso parecía hacer sombra a la importancia de la fabricación de chocolate. Pero llegó el desastre: una plaga destruyó de golpe todos sus gusanos de seda.

En 1838, Philippe Suchard fundó, junto con otros vecinos de Neuenburg, una sociedad comercial de asfaltos que consiguió entre otras cosas, sellar las aceras de varias ciudades alemanas con el aglomerado negro. Cuando en 1849 bajó la demanda, Suchard liquidó la compañía de asfaltos.

Un error de mayor calibre supuso el intento de Philippe Suchard de actuar en EEUU como promotor de inmigrantes procedentes de Suiza. A partir del año 1842 compró y parceló un gran terreno cerca del río San Lorenzo que ofrecía, junto con las casas de madera allí construidas, a los inmigrantes que llegaban de fuera. Diversos errores de cálculo y la falta de demanda llevaron al fracaso este proyecto.

El pionero social



Philippe Suchard no sólo abrió nuevos caminos como pionero de la industria y la publicidad, sino también en la labor social. Pere Suchard, como le llamaba muchas veces su plantilla, exigía de sus empleados trabajo duro y disciplina férrea, pero también los consideraba como su gran familia.

Las numerosas prestaciones sociales voluntarias convirtieron a Suchard en un empresario muy especial: seguro de accidentes, estancias de vacaciones gratuitas, asistencia médica, mutua de asistencia en casos de emergencia, jardín de infancia y una fundación para la educación de los hijos de empleados son sólo algunos ejemplos de las muchas iniciativas de Philippe Suchard y de sus sucesores.

La Cité Suchard, una urbanización cerca de Boudry en la que los trabajadores y sus familias podían vivir en casas modernas a precios asequibles, también causó admiración en todo el mundo.

Aun hoy la urbanización de trabajadores Cité Suchard en Serrieres sigue siendo testigo de la política social de Suchard.

 







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