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Brujería e inquisición en Chile parte 1 - Monografía



 
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Creencias. Religión. Magia negra. Ciencias ocultas. Inquisición. Santo oficio. Mandrágora. Misa. Personajes chilenos. Relatos. Hechizos



 Introducción


Si somos conscientes de la brujería y magia negra como un fenómeno social que ha venido evolucionando a través del tiempo, al igual que nuestra civilización, podemos ver que este proceso se ha realizado conforme a importantes influencias que afectan tanto al fenómeno en sí como a nuestra sociedad.
La brujería y la magia negra son el resultado de creencias que se dan simultáneamente entre quienes la practican y el resto de la sociedad, ya que es ella quién fija los parámetros para el desarrollo de sus principios y sus campos de influencia. Es por tanto, al igual que el arte y la ciencia, una construcción colectiva que sólo adquiere sentido en sociedad.
Es por esta razón, que preguntarnos sobre las diferencias que la brujería y magia negra adquieren dentro de nuestro propio país, y las expectativas en su desarrollo, ya sea, en zonas urbanas y rurales, nos servirían para proyectar una posible dirección que llegase a tomar este fenómeno a futuro.
Por lo tanto, preguntas como: ¿Existen diferencias en torno a la brujería y magia negra, entre los sectores urbanos y rurales de nuestro país?, ¿De qué manera influyen la familia, las creencias religiosas, la ubicación en sectores urbanos o rurales, la educación y el progreso científico en el establecimiento de este fenómeno?, ¿La tradición juega un papel determinante en el sentido que adquiere la práctica de brujería y magia negra en cada sector?, ¿Qué grado de compromiso existe en ambos sectores, rural urbano, con respecto al desarrollo de la brujería y magia negra?, ¿De qué manera cada uno de estos sectores ayuda al desarrollo de la brujería y magia negra?, No son poco significativas, si pensamos que con ellas podremos establecer un modelo que refleje nuestra sociedad en estos días, y cómo y en qué dirección se mueven sus fuerzas en el ámbito de nuestras propias creencias.

INQUISICIÓN


Inquisición, institución judicial creada por el pontificado en la edad media, con la misión de localizar, procesar y sentenciar a las personas culpables de herejía. En la Iglesia primitiva la pena habitual por herejía era la excomunión. Con el reconocimiento del cristianismo como religión estatal en el siglo IV, los herejes empezaron a ser considerados enemigos del Estado, sobre todo cuando habían provocado violencia y alteraciones del orden público. San Agustín aprobó con reservas la acción del Estado contra los herejes, aunque la Iglesia en general desaprobó la coacción y los castigos físicos.

ORIGENES



En el siglo XII, en respuesta al resurgimiento de la herejía de forma organizada. La doctrina y práctica albigense parecían nocivas respecto al matrimonio y otras instituciones de la sociedad y, tras los más débiles esfuerzos de sus predecesores, el papa Inocencio III organizó una cruzada contra esta comunidad. Promulgó una legislación punitiva contra sus componentes y envió predicadores a la zona. Sin embargo, los diversos intentos destinados a someter la herejía no estuvieron bien coordinados y fueron relativamente ineficaces.
La Inquisición en sí no se constituyó hasta 1231, con los estatutos comunican del papa Gregorio IX. Con ellos el papa redujo la responsabilidad de los obispos en materia de ortodoxia, sometió a los inquisidores bajo la jurisdicción del pontificado, y estableció severos castigos. El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y a los dominicos, a causa de su mejor preparación teológica y su supuesto rechazo de las ambiciones mundanas. Al poner bajo dirección pontificia la persecución de los herejes, Gregorio IX actuaba en parte movido por el miedo a que Federico II, tomara la iniciativa y la utilizara con objetivos políticos. Restringida en principio a Alemania y Aragón, la nueva institución entró enseguida en vigor en el conjunto de la Iglesia, aunque no funcionara por entero.
Dos inquisidores con la misma autoridad nombrados directamente por el Papa eran los responsables de cada tribunal, con la ayuda de asistentes, notarios, policía y asesores. Los inquisidores fueron figuras que disponían de imponentes potestades, porque podían excomulgar incluso a príncipes. En estas circunstancias sorprende que los inquisidores tuvieran fama de justos y misericordiosos entre sus contemporáneos. Sin embargo, algunos de ellos fueron acusados de crueldad y de otros abusos.

PROCEDIMIENTOS



Los inquisidores se establecían por un periodo de fin de semanas o meses en alguna plaza central, desde donde promulgaban órdenes solicitando que todo culpable de herejía se presentara por propia iniciativa. Los inquisidores podían entablar pleito contra cualquier persona sospechosa. A quienes se presentaban por propia voluntad y confesaban su herejía, se les imponía penas menores que a los que había que juzgar y condenar. Se concedía un periodo de gracia de un mes más o menos para realizar esta confesión espontánea; el verdadero proceso comenzaba después.

Si los inquisidores decidían procesar a una persona sospechosa de herejía, el prelado del sospechoso publicaba el requerimiento judicial. La policía inquisitorial buscaba a aquellos que se negaban a obedecer los requerimientos, y no se les concedía derecho de asilo. Los acusados recibían una declaración de cargos contra ellos. Durante algunos años se ocultó el nombre de los acusadores, pero el papa Bonifacio VIII abrogó esta práctica. Los acusados estaban obligados bajo juramento a responder de todos los cargos que existían contra ellos, convirtiéndose así en sus propios acusadores. El testimonio de dos testigos se consideraba por lo general prueba de culpabilidad.

Los inquisidores contaban con una especie de consejo, formado por clérigos y laicos, para que les ayudaran a dictar un veredicto. Les estaba permitido encarcelar testigos sobre los que recayera la sospecha de que estaban mintiendo. En 1252 el papa Inocencio IV, bajo la influencia del renacimiento del Derecho romano, autorizó la práctica de la tortura para extraer la verdad de los sospechosos. Hasta entonces este procedimiento había sido ajeno a la tradición canónica.

Los castigos y sentencias para los que confesaban o eran declarados culpables se pronunciaban al mismo tiempo en una ceremonia pública al final de todo el proceso. Era el sermo generalis o auto de fe. Los castigos podían consistir en una peregrinación, un suplicio público, una multa o cargar con una cruz. Las dos lengüetas de tela roja cosidas en el exterior de la ropa señalaban a los que habían hecho falsas acusaciones. En los casos más graves las penas eran la confiscación de propiedades o el encarcelamiento. La pena más severa que los inquisidores podían imponer era la de prisión perpetua. De esta forma la entrega por los inquisidores de un reo a las autoridades civiles, equivalía a solicitar la ejecución de esa persona.

Aunque en sus comienzos la Inquisición dedicó más atención a los albigenses y en menor grado a los valdenses, sus actividades se ampliaron a otros grupos heterodoxos, como la Hermandad, y más tarde a los llamados brujas y adivinos. Una vez que los albigenses estuvieron bajo control, la actividad de la Inquisición disminuyó, y a finales del siglo XIV y durante el siglo XV se supo poco de ella. Sin embargo, a finales de la edad media los príncipes seculares utilizaron modelos represivos que respondían a los de la Inquisición.

EL SANTO OFICIO



Alarmado por la difusión del protestantismo y por su penetración, en 1542 el papa Pablo III hizo caso a reformadores como el cardenal Juan Pedro Carafa y estableció  la Congregación de la Inquisición, conocida también como la Inquisición y el Santo Oficio. Seis cardenales, incluido Carafa, constituyeron la comisión original, cuyos poderes se ampliaron a toda la Iglesia. En realidad, el Santo Oficio era una institución nueva vinculada a la Inquisición medieval sólo por vagos precedentes. Más libre del control episcopal que su predecesora, concibió también su función de forma diferente. Mientras la Inquisición medieval se había centrado en las herejías que ocasionaban desórdenes públicos, el Santo Oficio se preocupó de la ortodoxia de índole más académica y, sobre todo, la que aparecía en los escritos de teólogos y eclesiástico destacado.

Durante los 12 primeros años, las actividades de la Inquisición romana fueron modestas hasta cierto punto, reducidas casi por completo. Cuando Carafa se convirtió en el papa Pablo IV en 1555 emprendió una persecución activa de sospechosos, incluidos obispos y cardenales. Encargó a la Congregación que elaborara una lista de libros que atentaban contra la fe o la moral, y aprobó y publicó el primer Índice de Libros Prohibidos en 1559. Aunque papas posteriores atemperaron el celo de la Inquisición romana, comenzaron a considerarla como el instrumento consuetudinario del Gobierno papal para regular el orden en la Iglesia y la ortodoxia doctrinal; por ejemplo, procesó y condenó a Galileo en 1633. En 1965 el papa Pablo VI, respondiendo a numerosas quejas, reorganizó el Santo Oficio y le puso el nuevo nombre de Congregación para la Doctrina de la Fe.


BRUJERÍA



Brujería, conjunto de prácticas que realizan personas que sé autodenominan brujos y brujas, a las que se supone dotadas de poderes sobrenaturales que ponen en práctica mediante ritos mágicos, en general para causar un perjuicio. Se conoce también como magia negra o hechicería.

La brujería se extiende por todo el mundo, pero ha desempeñado funciones muy distintas según la época y el lugar. La antropología moderna distingue entre la hechicería (que hace referencia a la brujería más simple practicada en las sociedades más antiguas), la brujería diabólica (los supuestos cultos al Diablo de las brujas y su persecución y la moderna brujería (el movimiento neopagano).

La brujería constituía la reliquia de determinados aspectos de ritos arcaicos populares, y en especial los cultos a la fertilidad. Según esto, los antiguos ritos convivieron con el cristianismo durante la época medieval, aunque poco a poco fueron perdiendo adeptos e importancia. A medida que el cristianismo fue adquiriendo mayor relevancia, las autoridades eclesiásticas y los cristianos ortodoxos empezaron a considerar a los dioses adorados en este tipo de ritos como demonios y a los que los practicaban como brujos.

ORÍGENES



“las bases religiosas hasta la antigüedad clásica”



La brujería es la degeneración de una de las primeras etapas de creencias y prácticas religiosas de la humanidad. A lo largo de la historia, ha añadido a su primitiva esencia parodias de las distintas religiones posteriores, en lucha con ella, y que después de generaciones la han hecho permanecer en la oscuridad. La historia del culto de las brujas se puede comprender únicamente considerando el desarrollo religioso en su conjunto.
La religión, es decir, la relación del individuo con el cosmos, se consideró en un principio algo exclusivo de un grupo, y el sentimiento religioso creció apoyándose en la danza.
Originariamente al hombre protopaleolítico solo se le puede considerar en grupo, con un sentido de grupo, motivado fundamentalmente por sus deseos de alimento, sexo, y autopreservación, y que ejercita un sentido de unidad psicológica con la danza.
Gradualmente y durante un extenso período de tiempo se empieza a desarrollar el sentido de individualidad personal. El mecanismo del grupo se altera, y de ser un matriarcado dominado por las mujeres, se convierte en un patriarcado dominado por el hombre.
El individualismo provoca soledad y miedo. Como consecuencia de este miedo, el individuo trata de ampararse en el grupo y el éxtasis de la danza le proporciona la deseada protección, corriendo a cargo del más viejo de los varones o de las hembras del grupo Al organizarla. Así llegamos a los primeros sacerdotes, hechiceros e iniciados.

La danza se convierte en una experiencia emocional para la persona, es decir, una liberación y una solución de los problemas individuales así como una práctica de grupo, un ejercicio de la comunidad con objeto de alcanzar el propósito general.
El desarrollo del conocimiento del mundo exterior había conducido al animismo y al culto de los fenómenos naturales, incluyendo el culto a los antepasados. El hombre es todavía parte de la naturaleza, pero se van dando cuenta de que está escapando de ella y trata por todos los medios de permanecer identificado. Hace ofrendas a los árboles, y trata de mantenerse unido al mundo animal del cual se está alejando. Sé autoconoce, tiene conciencia de su sexualidad y trata apasionadamente de volver al edén. Durante algún tiempo lo consigue por medio de la danza y de los ejercicios religioso, pero poco a poco se convierte en un simple truco. Cuando se da cuenta de ello y de que es incompatible con sus anteriores creencias, entonces el anterior liberador se convierte en superstición y el hombre lo inscribe en la historia como magia.
El mundo creció y las culturas se separaron aún más, definiéndose cada vez más la personalidad individual. Lograr aquella psíquica liberación dependió progresivamente de ejercicios establecidos de antemano. Podíamos llamarlos religiosos cuando se llevaron a cabo de buena fe y con un fin inconsciente, y se convirtieron en magia cuando se procuraron de forma consciente como una liberación individual. Así pues, la religión, que es algo que ofrece, se convirtió en algo diferente de la magia, que recibe.

Los poderes y las prácticas



La brujería, considerada como una oposición a la Iglesia y un organizado culto al diablo, constituyó una ofensa contra la sociedad, pero fueron los actos de perversidad individuales los que provocaron la mayor parte de las acusaciones.
Al considerar los hechos atribuidos a las brujas, relativos a un tipo de magia natural y benéfica, es importante recordar que la simple fe en la curación y la venta de puerta en puerta de remedios a base de hierbas no pueden ser considerados en absoluto como brujería.  La brujería propiamente dicha existió tan sólo cuando los poderes convocados se consideraban diabólicos, y cuando los implicados en este tipo de operaciones buscaban ayuda en alguna fuerza exterior no aceptada por las instituciones y creencias ortodoxas.
Los recursos y métodos de las brujas fueron los de los pueblos prehistóricos. Poseían fragmentos del antiguo conocimiento de las hierbas, de sus propiedades ya olvidadas, y conservaban la destreza, mantenida durante generaciones, en el trato con los animales.
La forma más común de provocar un mal, o en ocasiones, algún beneficio era utilizando la magia de simpatía: la ley de la similitud  El mal de ojo fue simplemente una señal de hechicería, en el sentido de que el ojo puede tener el significado de un compromiso personal e íntimo. Los conjuros fueron innumerables: cada deseo maligno podía representarse por un símbolo mágico que ejercía su acción en el sujeto que lo llevaba.

“la situación contemporánea”



Si las prácticas originales primitivas guardan relación en diferentes partes del mundo, lo mismo sucede con la tradición esotérica - la corriente secreta de la magia y las creencias por las cuales los primitivos poderes fueron conservados entre los adeptos enfrentándose a filosofías y religiones que no poseían -. La alta magia, la “doctrina secreta”, debe vivirse para comprenderla. Proporciona la propia identificación con el cosmos y con los poderes inherentes a él. Persiste en muchas formas y lugares. Sus enseñanzas que son heréticas para cualquier religión ortodoxa, tan sólo son perversas y constituyen la magia negra, cuando se emplean para fines personales.
Magia y religión son términos similares en cualquier tipo de sociedad. Ambas generan poder. Si este poder se encauza de forma errónea o cualquier tipo de convencimiento, constituye la magia negra. La magia negra o su conocimiento superficial, buscando ganar y no dar, alcanzar y no contribuir, es lo que los adictos conocen como el “sendero de la mano izquierda”. Proclaman que es muy poderoso y sus practicantes a menudo terminan trastornados con la ayuda de drogas y las prácticas que impone. Llegan a este estado, o bien por convicción, o por reacción contra alguna creencia establecida y son los compañeros intelectuales de las brujas.
Aunque la brujería, clandestinamente, se sigue practicando en aquellos lugares donde subsiste una fuerte y primitiva creencia religiosa, en la actualidad puede considerarse prácticamente extinguida en Europa y en América.

Qué hacer contra las brujerías



Al enterarse de que alguien le está haciendo un “trabajo” de brujería, muchas personas tienen miedo. Esto es lo que él quiere ya que por el miedo puede dominarnos. Debemos recordar que el demonio nada puede contra los que son fieles a Dios. Nuestro Padre Celestial es Todopoderoso y nos ama. El demonio sólo puede con aquellos que no confían en Dios y por falta de fe están espiritualmente débiles o muertos. Son como pollitos que se han alejado de la protección de la gallina y se exponen al gavilán. Por eso Jesús nos dice:
¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido!
Quién está amenazado por brujerías que recurra al Señor por protección y no tema. Debe poner en Dios toda su confianza y practicar su fe, no por miedo a la brujería sino por convicción: acercarse a los sacramentos, la oración personal y pedir a los hermanos que oren por él. La gracia del Señor jamás faltará a quién la busque.
Jamás debemos ir a otro brujo para “defendernos”. Eso sería caer en la trampa del demonio haciendo lo que él quiere: que desconfiemos de Dios para que recurramos a él.
Muchas veces las personas recurren a la brujería en momentos de desesperación, cuando creen que es el último recurso que les queda. En ese momento vulnerable alguien les ofrece la brujería como una solución fácil. Como católicos jamás recurren a ningún medio espiritual fuera de Dios. Cuando pedimos la intercesión de los santos, por ejemplo, no buscamos una vía alterna sino que buscamos su ayuda tan solo y precisamente para mantenernos fieles al Señor como ellos lo hicieron. Hay dos familias: la de Dios y la del demonio. Cada uno recurre a los miembros de la suya. Pidamos a Dios que prefiramos morir antes de buscar algo del demonio.

LA MANDRÁGORA, PLANTA DE LAS BRUJAS



Resulta imposible hablar de brujas sin mencionar la mandrágora.  Los jueces que juzgaron a Juana de Arco la acusaron de llevar oculta en la ropa una raíz de mandrágora, de la cual obtenía su maravilloso poder de adivinación y su don de mando. Las voces que oía la Doncella eran proferidas, según ellos, por la mandrágora.  El jesuita Martín del Río eminente demonólogo, había descrito en 1429 los maravillosos poderes de esta raíz y dijo que, en cierta ocasión, hallo entre las pertenencias de un hombre sospechoso de practicar la brujería un libro de fórmulas mágicas y una mandrágora que lanzó al fuego ante la mirada aterrorizada de los presentes, seguros de que no tardaría en producirse una tragedia.

Esta raíz, que adopta a veces la forma humana, fue conocida en la antigüedad y estudiada por Hipócrates.  Pertenece a la familia de las solanáceas, y está emparentada con la patata, la belladona y el tomate, y parece poseer virtudes afrodisiacas y estupefacientes.  Se aconsejaba preparar con esta raíz filtros y encantamientos mágicos y medicinales.

En el Antiguo Testamento se alude a sus poderes extraordinarios: la bella Raquel, que era estéril, fue madre después de tomar una infusión de mandrágora, y la misma receta fue infundida en Italia medieval y en la renacentista.  Según la tradición rabínica, la mandrágora crecía al pie del árbol del Edén y, en opinión de Lorenzo Catelán (1568-1674), “la raíz de mandrágora no es otra cosa que esperma viril”.

Durante la Edad Media se la consideró el mejor de los medicamentos.  Se aplicaba en forma de cataplasma o se tomaba en caldo, o se hacía al enfermo sostenerlo con la mano derecha.  Curaba la languidez, la jaqueca y los dolores de cuello.  Hildegardo de Bigen detalló sus virtudes en el siglo XII: tomada con vino, la mandrágora ahuyenta la melancolía del alma y reanima a quien sufre náuseas.  Y Pierus Valerian, nacido en 1477, decía que esta raíz humana da un humo al arder cuya fuerza está entre el veneno y el sueño.

Se decía que sus virtudes maravillosas procedían del hecho de ser el producto vivo de donde salió Adán, el primer elemento vital de la humanidad, de los animales y las plantas.  Viejas leyendas afirman que son precisas ciertas precauciones para recoger la mandrágora en la tierra: escoger el día propicio, que podía ser el viernes, o día de Venus, o el sabbat, es decir, el sábado.  Unos aconsejaban la oscuridad de la noche y otros el alba.  Otros más, los primeros días de septiembre.

Escogido el momento, se rodeaba la planta de un triple círculo mágico y se grababa en su corteza la triple señal de la cruz.  Un perro negro entrenado para hurgar la tierra ayudaba a arrancar la raíz atándola a su cuerpo.  Corrían en pos de su amo llevando consigo la planta entera, que lanzaba gemidos de niño herido.  A continuación era sacrificado el perro a las divinidades subterráneas y se enterraba en el mismo agujero de donde salió la raíz.

Era espantosa la semejanza que tenía la raíz de mandrágora con el cuero humano. Una vez arrancado, era preciso bañarla, alimentarla con leche o vino, vestirla de rojo y blanco para ahuyentar a las potencias demoníacas que quisieran apoderarse de ella.  Después era conservada en un armario bien protegido o en una caja en cuya tapa se hubiera dibujado una horca, un ahorcado y una planta, porque era creencia generalizada que la mandrágora crecía bajo los ahorcados y su esperma la generaba.

La mandrágora contenía el alma de los desesperados y quien la poseía podía a los atentados y volverse invisible.  Indicaba también dónde estaban ocultos los tesoros, fecundaba a las vacas y les daba doble leche.  Y al cumplirse siete años de haber sido arrancada, se transformaba en un niño si habían sabido cuidarla con esmero.  Por desgracia, en la actualidad es muy difícil encontrarlas.

LAS SANGRIENTAS MISAS NEGRAS



Desde mediados del siglo XVII, los aquelarres comenzaron a sufrir sensibles cambios en cuanto a los individuos que en ellos intervenían.  Dejó de acudir el pueblo, tal vez por el temor que sentían sus miembros a la tortura y a la muerte en la hoguera, y fueron ocupando sus lugares las clases sociales más elevadas, que no tenían por qué temer a las persecuciones.  Eran los burgueses adinerados, los nobles, los médicos y los militares deseosos de vivir grandes emociones.  Se reunían para adorar al diablo, por pura curiosidad, por si se le ocurría aparecer y veían cómo era en realidad, pero terminó por imponerse lo que ellos buscaban: dar rienda suelta a sus pasiones eróticas.  La gran mayoría de los nuevos aficionados al aquelarre sufrían desviaciones sexuales.  Había sadomasoquistas -anticipándose al nacimiento del marqués de Sade, flagelantes, homosexuales y otros representantes de la vida difícil.

En los comienzos del siguiente siglo, la Enciclopedia anunció su llegada de la mano de Diderot, D´Alembert, Montesquieu, Voltaire, Rousseau y otros hombres ilustres que pretendían ofrecer una nueva imagen racionalista del mundo.  Era una obra monumental el primer tomo apareció publicado en 1751 y el 17º y último en 1772- que se convirtió en el instrumento ideológico de los intelectuales.  Su misión sería acabar con el oscurantismo y el dogmatismo tradicional que frenaban el progreso de las naciones.

Si la libertad concedida por Luis XIV al pueblo francés para que practicara la brujería todo el que sintiera deseos de hacerlo tuvo cierto éxito, la corriente enciclopedista terminaría de apagar los fuegos de la magia popular y supersticiosa.  Desaparecieron, como por ensalmo, los aquelarres, los brujos y los hechiceros de carácter popular; apareció entonces un nuevo tipo de ceremonia, como fueron las misas negras.  Y surgieron, al mismo tiempo, unos magos más de acuerdo con la época como fueron Cagliostro y el conde Germain.

Tuvo lugar el auge de ciertas fraternidades y sociedades secretas hasta en ¡entonen medio clandestinas, como la francmasonería y los rosacruces, entre otras.  Previendo los cambios espirituales que iban a producirse sin mucho tardar, enviaron sus representantes por toda Europa para dar a conocer sus doctrinas y ganar adeptos, en especial, entre las clases sociales elevadas, que eran las que interesaban.  Y aquellos esoteristas contribuyeron a acabar con los último brujos, por el temor a ser confundidos con ellos.

En qué consisten las misas negras



Quienes a partir del siglo XVII comenzaron a acudir a las misas negras, lo hicieron por una de estas tres razones, o por las tres: para romper con la aburrida monotonía de su vida cotidiana, por esnobismo o por el deseo sincero de adorar a Satanás al mismo tiempo de renegar de Dios, en cuyas bondades se confiaba muy poco.  Eran estos últimos fanáticos a los que la religión había desengañado o hundido en la desesperación.  Figuraban también entre los participantes en estas ceremonias los que iban en busca de nuevos placeres eróticos dominados casi siempre por el sadismo.

Nacieron las misas negras en forma de tres clases de ceremonias que se celebraban dé acuerdo con una orden, siempre el mismo.  Se daba inicio renegando de Jesucristo, escupiendo sobre las hostias, pisándolas y atravesándolas con alfileres.  Las hostias habían sido compradas o fabricadas de un templo católico.  Seguía a esto una serie de cánticos confusos, que entonaban los asistentes sin abandonar su sitio, moviendo su cuerpo acompasadamente.

La ceremonia se celebraba en un local cerrado que tenía como fondo lienzos negros colgando de los muros y se iluminaban con cirios también negros.  Además, ardían diversos pebeteros con incienso y drogas enervantes.  Desde el principio era de esperar que los asistentes a la misa negra cayeran en un estado de creciente excitación.  Quedaban listos para la siguiente fase de la reunión demoníaca.

Aquel acto de apostasía, o abandono de la religión católica, realizado de forma blasfema e insultante, daba paso al sacrificio sangriento celebrado ante el cuerpo desnudo de una sacerdotisa a cuyos costados ardían sendos pebeteros.  El humo de ellos desprendido contribuía a crear una atmósfera alucinante y los vapores emitidos embriagaban hasta el delirio a los fanáticos aficionados a la misa negra.  Se iban exacerbando los ánimos de todos y en especial la sensibilidad de la joven tendida sobre el altar.

El sacrificio consistía a veces en la simple introducción de una hostia consagrada, debidamente enrollada, en los dos orificios naturales de la sacerdotisa, casi siempre joven y hermosa.  De esta tarea se ocupaba el sacerdote oficiante, que pertenecía al sexo masculino.  Pero era frecuente que antes de realizarse este acto se procediera a la muerte ritual de un animal, como sucede en el vudú haitiano, un claro ejemplar de misa negra.

En tales casos era degollado un gallo, un cordero o una cabra jóvenes, entre otros animales, sobre el cuerpo de la mujer.  La sangre debía cubrirle el cuerpo entero, en especial el sexo.  La sacerdotisa sobre cuyo cuerpo caía la sangre se iba excitando más y más conforme el líquido tibio y palpitante iba cubriendo su cuerpo entero.

La mujer comenzaba a lanzar roncos gemidos, mientras el oficiante, una vez vaciado de su sangre el animal sacrificado, dejaba caer sobre ella, gota a gota, el contenido de un recipiente con forma de cáliz cuya composición debía asemejarse a la de los famosos ungüentos de las brujas antes de volar al aquelarre.  Finalmente, el sacerdote deslizaba la hostia por la piel de todo el cuerpo de la joven, la doblaba y la introducía en su sexo abierto.  Llegaba así a su fin la segunda fase de la misa negra.

Los asistentes a la ceremonia estaban ya preparados para pasar a la etapa final, que era la carnal.  Cada uno de los presentes se abalanzaba sobre la persona que encontraba más cerca.  En aquel momento, a la luz mortecina de los lirios y enardecidos por los vapores desprendidos de los pebeteros, resultaba imposible averiguar a qué sexo pertenecía el ser que había al costado.  Sólo el sacerdote sabía a quién dedicaba su entusiasmo erótico: a la sacerdotisa que yacía sobre su altar, que lo recibiría sin protestar, incluso con entusiasmo, sabiendo de antemano cuál era el papel que tenía que representar.

Se realizaba la orgía, o última fase de la misa negra.  El sexo era, como puede verse, el digno remante de una ceremonia practicada en el siglo XVIII que tuvo sus antecedentes en las ceremonias sagradas de la antigüedad y que ha renacido hoy con increíble vigor.  Pero las misas negras y el satanismo actual se han extendido por todo el mundo asociado ahora con una extraordinario consuma de enervantes.

LA BRUJERIA Y SUS PERSONAJES



La Quintrala



Catalina de los Ríos y Lisperguer: 1604-1665
Catalina de los Ríos y Lisperguer, quien es más conocida como la Quintrala  derivación popular del apócope o diminutivo de Catalina, Catrala  nació en Santiago hacia 1604, y falleció en 1665.
Sus padres fueron Gonzalo de los Ríos y Encío y Catalina Lisperguer y Flores, criollos santiaguinos. Sus antepasados por ambas líneas paternas
llegan hasta la Conquista, encontrándose entre ellos a Bartolomé Flores, quien se casó con la hija del cacique de Talagante, doña Elvira, bisabuela de la Quintrala.
Para comprender las acciones por las que Catalina de los Ríos pasó a la historia, se debe considerar su crianza y especialmente la personalidad de su madre y su tía, las hermanas Catalina y María Lisperguer, respectivamente. Incluso, a ellas se las acusa de haber intentado envenenar al gobernador Alonso (1604), hecho que - según se ha asegurado- se debió al despecho de María ante el clandestino matrimonio de Ribera con Beatriz de Córdoba.
Ordenada la prisión de las hermanas, María recibió el asilo de los agustinos, mientras que Catalina fue ocultada, primero por los dominicos, y después por los mercedarios. La inmunidad eclesiástica y las poderosas relaciones familiares y sociales de las hermanas Lisperguer y Flores, dejaron sin efecto la acusación. María, quien era tenida por bruja y encantadora, se casó con Juan de Añasco con quien se fue a vivir a Lima. Nada más se supo sobre ella.


- El destino de su madre



Catalina Lipserguer se casó con Gonzalo de los Ríos, rico heredero de tierras en la Ligua y Longotoma. Al parecer, al poco tiempo de casados Catalina mató a una hija natural de Gonzalo. Al respecto, el obispo Francisco González de Salcedo decía al Consejo de Indias, en 1633: “Fue esta doña Catalina mujer cruel, porque mató con azotes a una hija de su marido, y asimismo mató a un indio a quien pidió las yerbas con que quiso envenenar el agua de la tinaja de que bebía el Gobernador”.
Catalina Lisperguer y Flores tuvieron dos hijas: Águeda - casada con el oidor de Lima, Blas de Torres Altamirano- y Catalina.

- La muerte de su Padre



La Quintrala entró a la historia acusada de haber asesinado a su Padre con un pollo envenenado que le ofreció en su lecho de enfermo, hacia 1622. La acusación hecha por su tía paterna no conoció proceso, tal vez porque nuevamente el peso de las relaciones de la parentela con el gobierno debió surtir efecto.
La impetuosa y sorprendente personalidad de Catalina ha sido asociadas a una serie de delitos cometidos durante su vida. Habría sido la culpable de la muerte de un encumbrado caballero de la Orden de Malta, a quien invitara a su lecho, donde lo asesinó. Sin embargo, la responsabilidad del hecho fue atribuida a uno de sus esclavos, quien fue ahorcado en la plaza de Santiago.
En otra ocasión, como señala el obispo Salcedo en su informe: “Quiso matar por su persona a don Juan de la Fuente Loarte, Maestra - escuela de esta Santa Iglesia y vicario general de este obispado, corriéndolo con un cuchillo porque procuraba impedir sus liviandades”, lo que habría ocurrido en 1625 ó 1626, cuando Catalina tenía 23 ó 24 años.


- Su matrimonio


A instancias de su abuela, Águeda Flores, quien desde la muerte de sus padres era su tutora, Catalina contrajo matrimonio (septiembre de 1626) con el caballero y soldado Alonso Campofrío Carvajal, de poca fortuna. La novia llevó al matrimonio una dote de 45.349 pesos, suma bastante cuantiosa en aquella época. En 1643, Campofrío fue elegido alcalde de Santiago en reemplazo de Juan Rodulfo Lisperguer y Solórzano, primo de su mujer, hecho que demuestra la influencia de la familia. Luego del matrimonio, la pareja se trasladó a la hacienda de La Ligua.
Según el historiador Benjamín Vicuña, el esposo no estuvo ajeno a las costumbres despiadadas de su mujer, convirtiéndose en su cómplice.
Alonso y Catalina habrían mandado asesinar al vicario de la región, quien fue ultimado por un esclavo y un primo de Catalina, el que, curiosamente, era religioso. El matrimonio
Campofrío de los Ríos tuvo un hijo, llamado igual que su Padre, pero el niño falleció a la edad de 10 años. Su Padre murió hacia 1650, dejando viuda a Catalina.

- Propietaria



Catalina de los Ríos heredó los ricos valles de Longotoma y La Ligua, a los que agregó, en 1615, vastas tierras en el departamento de Petorca, y otras en San Juan de Cuyo, al otro lado de la cordillera. Desde 1638 disfrutó de los repartimientos indígenas de Codegua, que habían pertenecido a su hermana Águeda. Se supone que Catalina, rica hacendada y ganadera, dirigía personalmente las actividades de sus propiedades, montando a caballo por los valles donde le complacía vivir con su esposo, ya que la ciudad le era odiosa.
Según la tradición, en la hacienda de La Ligua era donde azotaba y mataba a los indígenas a su servicio y a sus esclavos, sin miramientos.

- Otros crímenes



Hacia 1634, el obispo Salcedo pidió la investigación de todos los sangrientos sucesos de La Ligua. Sin embargo, tuvieron que pasar 30 años para que la justicia se empeñara en conocer e informar de tales acusaciones. De hecho, la Real Audiencia comisionó a Francisco Millán para que secretamente se constituyera en La Ligua con el fin de escuchar los reclamos de sus víctimas, sin la intervención de Catalina, su sobrino y su mayordomo. Habiendo encontrado evidencias de la veracidad de las acusaciones, el oidor Juan de la Peña Salazar se trasladó a la hacienda, apresó a Catalina y la llevó a Santiago para seguirle juicio criminal. Este no estuvo exento de las influencias de su nombre y las relaciones familiares con los oidores, quienes favorecieron la causa de la rea, a quien, en total, se le atribuye la autoría de cuarenta crímenes.
Así se desprende de la acusación hecha en su contra: “Tiene la dicha (la costumbre) doña Catalina de cometer semejantes delitos como constan largamente probados en las causas criminales que actualmente están pendientes en esta por la Real Audiencia de que resultan más de cuarenta muertes que todas están probadas y comprobadas con las señales de azotes y quemaduras que en toda la gente de sus servicios ha hecho la dicha doña Catalina a que se allega la fama pública de los delitos que toda su vida ha cometido así en personas libres como en los indios de su encomienda y además de su servicio…”.


- Su muerte: ¿un arrepentimiento?



El 10 de mayo de 1662 Catalina dispuso su testamento. Casi toda su fortuna fue legada en beneficio de su alma, para ser rescatada del purgatorio. Estableció que se dijeran 20 mil misas, para lo que dispuso 20 mil pesos.
En los días siguientes a su entierro, debían oficiarse otras mil misas, y también mandó se dijeran 500 misas más, esta vez por las almas de los indígenas que habían fallecido debido a sus malos tratos.
Mediante otras disposiciones, favoreció a algunos parientes y amigos cercanos. Por último, legó 6 mil pesos al Señor de la Agonía o Cristo de Mayo, para seguir realizando la procesión expiatoria de los días 13 de mayo, cuando se recordaba el terremoto acaecido en esa fecha. Sus funerales fueron realizados con una ostentosa pompa, que incluyó mil cirios para la iglesia. Ataviada con el hábito de San Agustín, fue enterrada en el templo de esa orden.

EL BRUJO



Los brujos en Chiloé, son miembros de una institución secreta, la Brujería. A muchos le llama la atención que en Chiloé, haya hombres que practican la brujería, pero también la ejercen mujeres.
El hecho de ingresar a la Brujería es un verdadero privilegio, dándosele preferencia los familiares e hijos de brujos. Cuando en un brujo o bruja es Padre de muchos hijos, el elegido es trasladado y preparado en diferente forma de los demás, hasta que logra la madurez.
Una vez seleccionada muy meticulosamente el candidato se le somete a una serie de pruebas.
Entre estas pruebas están: ingerir alimentos indigestos y baños en el Penchaico, durante las noches más heladas del invierno, emboscadas en caminos solitarios, las permanencias nocturnas recostado sobre la tumba de algún cementerio.
También se le somete a baños en el Trequen, con el objeto de borrarle el bautismo cristiano. Para esto el elegido debe ir 12 noches consecutivas a una pequeña cascada donde recibirá un chorro de agua en medio de la coronilla.
Otra forma de borrar el bautismo es lavar la cabeza y cuerpo del iniciado con sangre un recién nacido no bautizado.
Las pruebas que después vienen son muy duras, y ningún humano que no posea las cualidades necesarias, las soporta.
Con todas estas pruebas logran una gran fortaleza mental y una sensibilidad tan aguda que pueden percibir los pensamientos hasta de los humanos más puros.

Una vez echo esto el iniciado está casi listo para ingresar a las filas de los sin alma.
Al término de este período es llevado ante la presencia de la Mayoría en la Cueva Mayor, ubicada en las cercanías de Quicaví (de quinconocer y cahuinreunión para aprender). Esta cueva es un sitio subterráneo que posee varias dependencias, mide aproximadamente 200 mts. De largo por 3 de alto, y es iluminado por antorchas y cántaros de aceite humano.
El candidato es introducido en la Cueva y presentado ante la jefatura, reunida en sesión solemne y presidida por el Buta (Brujo Mayor, de Futagran), quienes dictaminarán la última prueba. Esta prueba consiste generalmente en dar muerte al ser más querido. La ejecución de esta prueba se llevará a efecto un día martes en la noche.
Una vez tomado el juramento de rigor, que incluye la adhesión al Demonio que es jefe supremo de la Brujería, se le ciñe un chaleco, el Macuñ, hecho con la piel del pecho de una mujer muerta en estado de virginidad, confeccionado previamente por el mismo aspirante a brujo, y que le permitirá volar. Todo esto es luego celebrado con un suculento banquete, cuyo plato principal lo constituye la deliciosa carne de guagüita asada.

Luego se le recluye algún tiempo portando una lagartija en la frente sujeta con una pañuelo rojo, para que le comunique sabiduría.
Posteriormente el aprendiz de brujo es puesto en manos de miembros antiguos, quienes le enseñarán a volar, transformarse en diversos animales, introducirse en la casa para dañar a sus moradores, a conocer los poderes tóxicos y medicinales de diferentes plantas, utilizar el caballo marino, adormecer personas, etc., menos violar o robar, lo cual está prohibido por Código de Moral de los brujos.
Los brujos tienen el poder de dañar a otras personas, siempre y cuando hayan sido autorizados por la jefatura de la Brujería. Cuando una persona es afectada por alguno de estos hechizos se dice que se le han hecho un mal, el cual puede ir desde simples sajaduras (largos rasguños), hechas e diferentes partes del cuerpo, hasta el Llancaso (de llancúncaer) o muerte lenta por envenenamiento y la toma de alientos, que termina en una angustiosa muerte del afectado. Este tormento es efectuado por el Brujo, en el organismo de un sapo que representa a la persona a la que se le está haciendo el mal.

Cuando el Brujo desea volar, debe someterse a un régimen sin sal, y está listo cuando le lagrimea un ojo. Hecha entonces el poncho hacia atrás y deja descubierto el macuñ e invoca al Demonio pronunciando con firmeza “arrehalhue”, elevándolo así por el aire a gran velocidad.
El macuñ, aparte de permitir al brujo el vuelo de una isla a otra, o más allá, es un instrumento que orienta su vuelo, señalando su camino con un a luz blanquecina, suave y penetrante, producida por la magia de los cauquiles (anélido fosforescente, nortiluca) de los cuales está impregnado. Cuando el Brujo desea descender, dice Macuñ: Arréame Diablo” y desciende rápidamente, pero aterrizando con suavidad.
El Macuñ, es de propiedad del Brujo y posee vida propia, que le une inseparablemente a su amo, a tal punto que si llega a perder, basta que el Brujo diga “che-che”, para que vuelva a sus manos. Cuando el brujo se lo quita para guardarlo, este se enrosca sobre sí mismo, y si algún extraño osa tratar de tocarlo, se extiende bruscamente produciendo un fantasmal grito que ahuyenta al intruso.
El sitio de reunión de los brujos es la Cueva, cuya entrada se encuentra en una quebrada cubierta de quilas y otras plantas. Además esta protegida la entrada por el Invuche.
La jefatura del Consejo de la Cueva la presiden 13 brujos, que controlan el comportamiento de sus subalternos. Para poder realizar su tarea con mayor facilidad se sirven del Chayanco, aparato está instalado en una de las dependencias de la cueva, similar a un computador conectado a Internet, que permite que registra y permite observar todos los actos de cada uno de los miembros de la logia, desde el primer momento en que ingresó a la brujería.
En otra dependencia alejada de la entrada los brujos mantienen lo que se llama el Levisterio o Reviserio, instrumento que se utiliza para hacer diversos exámenes.

Los Brujos posen mucho conocimiento de la vida y de la muerta, emiten un fluido mágico, que trasforma la mente de los demás.

- Como protegerse de los brujos
- Errores al reconocer brujos
- Relatos sobre brujos





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