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Budismo parte 2 - Monografía



 
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Las 4 nobles verdades  



Según la historia, el Buda expuso en su primer sermón a los cinco ascetas, en Isipatana, el núcleo de la nueva doctrina. Allí, a sus antiguos y recelosos compañeros, el Buda expuso lo que más tarde fueron conocidas como “las cuatro nobles verdades”.
Estas “verdades” o principios del budismo si bien son aceptadas por todas las escuelas o sectas budistas, tienen múltiples interpretaciones. Para empezar mejor ajustarse al punto de vista Theravada. Al fin de cuentas es el más antiguo.
Siguiendo el modelo médico de la antigua India: dar el nombre de la enfermedad, su causa, su pronóstico y el tratamiento recomendado, están son las “cuatro nobles verdades”:

1) Dukkha.
2) Samudaya, el surgimiento de Dukkha
3) Nirodha, la cesación de Dukkha
4) Magga, El Sendero que conduce a la cesación de Dukkha.

El uso de los términos Pali no es caprichoso. El problema de la traducción es… el “problema de la traducción”: la diversidad de significados para estas importantes palabras. Por eso, para evitar nuestra fijación en “uno” de los varios sentidos posibles, Walpola Rahula coloca, (en la versión inglesa), estas palabras en lengua Pali. Sólo nos queda hacer constar que el Pali no es la lengua originaria del Buda; por lo que los problemas de exactitud histórica… pueden ser una verdadera fuente de “Dukkha”.
¿Que significa “Dukkha”? En Pali es lo opuesto a “sukha”: felicidad, bienes, holgura. Luego es “sufrimiento”, “dolor”, “pena”, “aflicción”, “imperfección”, “impermanencia”, “insustancialidad”. W.Rahula afirma que no es conveniente traducirla por “sufrimiento” o “dolor”, simplemente (aunque la absoluta mayoría de los textos en español así lo hacen). Una traducción tan estrecha no facilitaría una buena comprensión de la palabra búdica.
La primera noble verdad, en consecuencia, establece que “Dukkha” es un estado universal y omnipresente. Lo cual no quiere decir, ni mucho menos, negar la felicidad y el placer; sólo indica que incluso en los mejores estados que un ser consciente puede atravesar, siempre está presente la sensación de fugacidad de éstos. En una palabra: la impermanencia.

La segunda noble verdad trata del origen de Dukkha. No tiene una única causa, ya que existe una policausación resultado de la interacción de un conjunto de fuerzas discernibles; pero la principal se localiza en la “sed” (tanha), entendida, en su acepción más general posible, como el “deseo”.
Es tanha “el deseo, la voluntad de ser, de existir y volver a existir, de devenir, de acrecentar más y más, de acumular incesantemente”  lo que mueve el ciclo de la impermanencia, del “samsara”. Dicho así, esta concepción choca frontalmente con nuestra mentalidad. Para un occidental el deseo es una fuerza vital que lleva al desarrollo; al despliegue de todas las capacidades humanas. Es, además, la fuerza de nuestra civilización consumista ¿Que venderían las empresas si redujéramos tanha? El budismo antiguo no niega las consecuencias positivas del deseo; pero deja constancia que lo bueno sucede sólo en el corto plazo. Más allá la satisfacción continua de deseos crecientes genera nuevos y complicados problemas, y en vez de conseguir más “humanidad” sólo obtenemos menos. Un resultado paradójico difícil de advertir de una ojeada.
La tercera noble verdad establece que es posible emanciparse de Dukkha. En palabras más sencillas el ser humano puede liberarse del sufrimiento causado por la impermanencia y la satisfacción de deseos. Esta liberación tienen un nombre: “Nibbana” en Pali y “Nirvana” en Sánscrito. Dado que el último término es el más conocido en nuestra lengua, a partir de ahora lo usaré casi en exclusiva.
La tercera noble verdad trata, en consecuencia, de la existencia del Nirvana. Más ¿en qué consiste? No resulta fácil dar una respuesta sencilla: En uno de los textos budistas más antiguos (el Asamkhata-samyutta) “se mencionan 32 sinónimos de Nibbana”; así que puede traducirse como “extinción de la sed”, “no compuesto”, “incondicionado”, “desapego”, “cesación”, “extinción”, “tranquilidad”, “la otra orilla”, “del otro lado”, “Verdad”, etc. etc. Como dice el Lankavatara-sutra: “La gente se atasca en las palabras, cual un elefante en el fango”

Incluso se ha considerado que Nirvana es la aniquilación del Yo, pero, como alerta W.Rahula “el Nirvana no es de ningún modo la aniquilación del yo, porque en realidad no existe un yo que deba ser aniquilado. Si es algo, es la aniquilación de la ilusión, de la falsa idea del yo”.  Esta última idea es la que, personalmente más me agrada, sin desmedro de las otras, ya que al final, todas son meras aproximaciones a un estado que, por su radical “otredad” no puede ser descrito como un objeto.
También es un error pensar al Nirvana como la consecuencia de la extinción de la avidez, ya que no es ni causa ni efecto de nada. “Hay un Sendero que conduce a la experiencia del Nirvana, pero éste no es el resultado del Sendero. Podéis llegar a la cima de la montaña siguiendo una senda; empero, la montaña no es ni el resultado ni el efecto de la senda; podéis ver una luz, más la luz no es el resultado de vuestra vista”
De estas palabras se desprende que para el budismo Theravada el Nirvana existe independientemente de la dificultad lingüística para expresarlo, “al igual que no se puede explicar a un pez en que consiste la tierra firme”; que se puede alcanzar por medios estrictamente humanos. Y que, una vez alcanzado, tiene una consecuencia radical: se acaban las consecuencias de una percepción errónea de las cosas y de uno mismo.

Otra fuente de error en este término clave es entender al Nirvana como un estado que se puede alcanzar después de la muerte. “No existe un “entrar en el Nirvana después de la muerte”  Para la concepción budista la muerte es un estado de transición a una nueva vida. Sólo los que han alcanzado el estado de Buda, mueren para no renacer. Mueren bien muertos: “Tenemos la voz parinibbuto que se emplea para indicar la muerte de un Buddha o la de un Arahant que ha experimentado el Nirvana; pero no tiene la significación de “entrar en el Nirvana”. Parinibbuto sólo significa “totalmente muerto”, “enteramente soplado”, “totalmente extinguido”, porque tanto el Buddha cuanto el Arahant no renacen después de la muerte”.
Quizá estas palabras causen desconcierto a un lector español, ya que contrarían todos sus supuestos conscientes e inconscientes. Para el Budismo (que en esto, comparte la misma visión con otras religiones hinduístas) la muerte física no es la verdadera muerte. No se puede escapar a la rueda de las reencarnaciones.

Quizá en un occidental “volver a nacer” sea una esperanza; para un budista es una maldición. Es volver, con renovada inocencia, a repetir idénticos errores y a sufrir las consecuencias negativas de las acciones pasadas. No hay necesidad de inventar el infierno… está aquí, con nosotros. Es imposible escapar; abres cualquier puerta y vuelve a reaparecer el mismo paisaje. Se comprende, entonces, que el objetivo sea, pues, escapar de la cadena de reencarnaciones. Cadena que, además, actúa en todos los seres; lo que hace muy difícil renacer en un cuerpo humano. Se dice que es más fácil que una tortuga que habita el fondo del océano salga a la superficie justo en el centro de una anillo de algas, que uno renazca ser humano; tal es la diversidad de seres vivos dispuestos a acogernos. El Buda y los Arahant (los que han alcanzado el estado de Buda, luego del Buda histórico) han cortado el ciclo. ¡Han definitivamente muerto y descansan en paz!
Una consecuencia de este enfoque es la importancia que cobra la vida humana. Es una especie de lotería que toca a muy pocos en la inmensidad del tiempo y del espacio. Desperdiciarla es como dilapidar un gran premio en McDonalds y demás antros parecidos. Difícilmente podremos volver a un cuerpo y una mente humana en milenios. Considerando la cantidad de insectos que hay en nuestro planeta… parece razonable el cálculo anterior.

Otra consecuencia de esta perspectiva es la benevolencia con todas las formas de vida orgánica. Uno ahora es hombre, pero mañana puede ser cucaracha… o algo más elemental. ¡No quiero ni pensar en que habrán reencarnado Hitler o Stalin! Sin embargo, no tengo clara la mecánica de la ley kármica. Ya que la gente suele adjudicar los peores sitios a los pobres y a los perdedores; y los peores de los peores a los que reúnen simultáneamente los dos requisitos anteriores. Creo que este aspecto debería ser revisado a la luz de los nuevos enfoques contemporáneos. A esta altura es evidente que la opinión de los vecinos no es la más objetiva. De existir la ley kármica, tendría que operar sobre bases menos frágiles.
Otra consecuencia es la perspectiva global que se introduce con esta doctrina. El Dios semita es, al fin de cuentas, un Dios de la tribu. La ley kármica, en cambio, es válida para todos los seres sintientes. Deben haber parecido extrañamente localistas las ideas cristianas llevadas por los primeros misioneros. En vez de un ciclo universal en un universo profundamente ético se nos cuenta la historia de un Dios, creador del bien (y del mal) que permite volver al paraíso, definitivamente, sólo a los humanos que lo glorifican. No se trata de un ejercicio de religión comparada, sino tratando de imaginar como pueden sonar nuestras “verdades” en oídos no acostumbrados a ellas.
En esta perspectiva un budista no pensaría en el suicidio como una alternativa válida. Sería equivalente a mudarse de casa sin saber donde se va a aterrizar. No es una solución; es un cambio que, probablemente, agrave nuestros problemas (ya que podemos renacer en una forma de vida muy insatisfactoria, a nuestros ojos). La única manera de alcanzar la paz es escapar a esa rueda inexorable alcanzando el estado de Buda.

Un aspecto importante es que “En casi todas las religiones sólo después de la muerte es posible alcanzar el summun bonum. Pero el Nirvana puede ser experimentado en esta vida; no es necesario esperar la muerte para alcanzarlo”
Experimentar el Nirvana en vida, y acabar al final… definitivamente muerto; he aquí el ideal del budista. El Nirvana está aquí, en el mismo mundo del Sansara, de las apariencias y del dolor: “Aquel que ha experimentado la Verdad, el Nirvana, es el más feliz de los seres. Hállase libre de todos los complejos, obsesiones, zozobras y turbaciones que atormentan a los demás. Su salud mental es perfecta. No se arrepiente del pasado ni cavila acerca del futuro, sino que vive completamente en el presente. Por tanto, aprecia todas las cosas y goza de ellas en el sentido más puro, sin autoproyecciones. Es feliz, está alborozado, disfruta de la vida pura, sus facultades están satisfechas, está libre de la ansiedad, es sereno y pacífico. Dado que está libre de todos los deseos egoístas, del odio, del engreimiento, del orgullo, así como de otras “máculas” similares, por ende, es puro, apacible, está colmado de amor universal, compasión, bondad, simpatía, comprensión y tolerancia. Asiste a sus semejantes con la mayor pureza, pues no piensa egocéntricamente. No busca ganancia, no acumula nada, ni siquiera algo espiritual, porque está libre de la ilusión del Yo y de la “sed” de devenir.

He puesto deliberadamente esta extensa cita porque en ella se encuentra compendiada todo lo que admira el budista, y a “contrario sensu”, todo lo que rechaza. Independientemente que cada adepto se acerque lo que pueda a este ideal, lo anterior son las ideas y los valores que aprecia. Así entendemos como la tolerancia está en el corazón de su doctrina. Un pensar intolerante es un pensar egocéntrico; no hay porque defender la verdad. Cuanto más la defiendes más la encubres.
Por fin la cuarta noble verdad es la verdad de Magga: el Sendero que conduce al Nirvana, a la liberación de Dukkha. También se le llama el “Sendero Medio”, en recuerdo al rechazo del Buda de los dos extremos: el ascetismo, por un lado, y la búsqueda de los placeres de los sentidos, por el otro. Este Sendero tiene 8 aspectos; no son 8 etapas, son 8 factores que deben contemplarse simultáneamente y que deben ser practicados en la medida que cada situación reclame la puesta en práctica de cualquiera de los 8 factores implicados. Estos son:

1) Samma ditthi: recta comprensión
2) Samma sankappa: recto pensamiento
3) Samma vaca: rectas palabras
4) Samma kammanta: recta acción
5) Samma ajiva: rectos medios de vida
6) Samma vayama: recto esfuerzo
7) Samma sati: recta atención
8) Samma samadhi: recta concentración.

El objetivo de la práctica de estos ocho factores interrelacionados se encuentra en el adiestramiento para desarrollar los tres principios capitales del método budista que, como un senda dibujada en la montaña, permite alcanzar el Nirvana: 1) la conducta ética (sila), 2) el control mental (samadhi), y 3) y la sabiduría (pañña).
El desarrollo del “óctuple sendero”, que así también se lo llama, excede los límites de este artículo de introducción. Baste decir que los tres principios antes mencionados deben existir como una trinidad indivisible, por si solos no significan mucho: conducta ética sin sabiduría no es malo en si mismo, pero no ayuda al practicante en su desarrollo espiritual. Sabiduría sin control mental, degenera en vana erudición. Y control mental sin sabiduría lleva al desarrollo de poderes que obstaculizan el propio crecimiento espiritual al acentuar la ilusión del yo; una manera de acentuar la ilusión egocéntrica.
El poder sin sabiduría genera un abrumador karma negativo. La historia humana está repleta de miedo, violencia y tristeza debido al ejercicio de un poder desnudo de compasión y conocimiento (la “sabiduría” es la profunda comprensión del carácter de la existencia marcada por sus tres características: la impermanencia, la insatisfacción y la ilusión del Yo).
El Budismo excluye la idea de “pecado”. No existe un castigo, propiamente hablando, de una mala conducta. Así cómo la electricidad no castiga a quien pone la mano en un cable pelado. Las consecuencias son desfavorables de la misma manera que una piedra que se hecha a rodar por una montaña arrastra a otras hasta formar una lluvia de piedras. Al darnos cuenta de como “funciona” la realidad podemos elegir, (pero no estamos obligados a hacerlo), una senda más favorable y trabajar simultáneamente en tres direcciones: hacia los demás, hacia nuestra mente, y hacia la comprensión de la realidad objetiva. La consecuencia de ello, si se hace rectamente, es obtener el Nirvana en vida; luego … el vacío nos acogerá dulcemente.

A veces me pregunto si el Budismo podría dar, tambien, una esperanza de vida mejor a los occidentales que, como uno, no creen no ya en la rueda de las reencarnaciones, sino en que exista “sólo una” reencarnación. Pongamos por caso que el vacío espere por igual, sin elección, tanto a los que viven correctamente como malvadamente (o simplemente angustiados por problemas nimios y grandes que se suceden sin interrupción)
No es fácil responder (si se quiere decir algo más que simples trivialidades). En todo caso algo parece cierto: el Budismo provee de un marco de análisis de la existencia que no violenta nuestra razón con la hipótesis de Dioses fantasmales que crean el bien y el mal, y luego se lavan las manos cuando observan las consecuencias desafortunadas de su obra.
Es imposible abarcar y dar una idea precisa de las cuatro nobles verdades, las ideas en que se fundan y las consecuencias que se derivan sin muchos y áridos estudios. Todo lo anterior y posterior (me refiero no sólo a este artículo, sino tambien a todos los demás que lleven mi firma) debe ser tomado como una visita turística a una realidad doctrinal compleja que no se presta a ser captada en una sóla visita. La actitud “correcta” (samma), para seguir empleando la terminología budista, creo que debería ser:
Primero: Considerar que todo lo explicado sobre el Budismo y su manera de pensar, es provisionalmente verdadero.
Segundo: Una vez que se empieza a estudiarlo, considerar que todo lo anteriormente explicado es provisionalmente falso.
Tercero: La síntesis final (en el caso de haberla), será tan personal como la mia, y cuando se explique dará lugar a nuevo principio para el que la escuche o lea.

Cronología



Algunos hechos históricos importantes para el budismo

Año. Acontecimiento



560-480 a.C        Vida de Sidarta Gotama: el Buda.
480 a.C              Primer Concilio. Se redacta el Canon Pali.
380 a.C             Segundo Concilio. Secesión de los futuros partidarios del Mahayana.
274-236 a.C       Reinado del emperador Asoka que unifica la India y se convierte al Budismo.
246 a.C.            Tercer Concilio. Se inicia el movimiento misional. Mehinda, hijo de Asoka, lleva el Budismo a Ceilán.
67-217 d.C        El Budismo entra en China.
150                   Época del gran filósofo Mahayana: “Nagarjuna”.
372                   El Budismo entra en Corea.
430                   Empieza a funcionar la más famosa de las antiguas universidades budistas en la India: “Nalanda”.
400-500            El Budismo entra en Birmania, Camboya, Vietnam e Indonesia.
520                  Ch’an (en japonés: “Zen”). Se funda esta escuela por Bodhidarma en China.
522                  El Budismo entra en Japón.
639                  Entrada en el Tíbet.
600-700           Entrada en Tailandia.
700-888           Se consolida en Nepal, Bhutan y Sikkim.
1038-1122       Época de “Milarepa”, poeta, asceta y santo tibetano.
1191               Escuela de Zen, Rinzai, en Japón.
1225               Escuela de Zen, Soto, en Japón. Fundador: “Dogen”.
1261               El Budismo entra en Mongolia y Siberia.
1300               Se establece en Laos.
1409               Reforma del budismo en Tíbet. Aparece la figura del Dalai Lama, como jefe de la escuela Gelupa y del país.
1832-1900       F. Max Müller, introduce el Budismo en Occidente. Editor de “Sacred Books of The East”.
1842-1922      T.W.Rhys Davids: traductor del Canon Pali y fundador de la Pali Text Society (1881).
1862               1ª Traducción del Dhammapada a un idioma occidental (el alemán).
1868-1871      Quinto Concilio en Mandaly. Birmania.
1893               Parlamento de las Religiones en Chicago. Importante presencia budista.
1899              Gordon Douglas: 1º monje occidental ordenado en Birmania.
1906              En Alemania se celebra el 1º Congreso Budista de Europa.
1949              China ocupa militarmente el Tíbet.
1956              Conmemoración de los 2.500 años de Budismo. El Dr. B.R.Ambedkar, padre de la Constitución India,       abraza   públicamente el Budismo junto a 500.000 de sus seguidores “intocables” de Nagpur.
1959            El Dalai Lama, junto con 100.000 adeptos, se exilia en la India a causa de la represión china.
1966            Se cierran todos los centros budistas de China debido a la “Revolución Cultural”.

Hasta aquí algunos hechos muy destacables. Es evidente que, dependiendo de la escuela o secta budista, la cronología puede enriquecerse muchísimo.

Símbolos



Desde hace años me pareció que las representaciones gráficas son una gran ayuda para pensar. Observaba como algunas ideas se ven más claras cuando son acompañadas por gráficos. En ellos las lineas ascendentes o que caracolean en el plano permiten “ver” lo que lleva mucho más tiempo “contar”.
Incluso llegué a imaginar formas gráficas para expresar conceptos abstractos e imaginar una especie de tablero de ajedrez donde en vez de los trebejos habituales fueran ideas o conceptos los que se relacionaban oponiendose o ligándose en una danza común. Grande fue mi sorpresa al descubrir que simplemente esta redescubriendo la “pólvora”. Un caso más donde la filogenia repite la ontogenia. La búsqueda y el desarrollo individual describe, inconscientemente el mismo dibujo, en micras, de la evolución de la especie.
¡Los tibetanos hace siglos que inventaron un portatil condensador gráfico de ideas y abstracciones! Me refiero a los thangkas.
Cada Thangka, pinturas hechas en lienzo de algodón y de tamaños menor que 1 metro, son ayudas para la meditación porque en ellas las imágenes y el color significan conceptos importantes dentro del budismo vajrayana.
“El objetivo de la meditación no es adorar a la divinidad representada. La imagen no tiene otra misión que ayudar al que medita a aproximarse lo más posible al modelo que ha elegido; el objetivo final sigue siendo el Nirvana, aquella inmersión en el vacío que el modelo ya ha podido realizar. La pluralidad de la iconografía tibetana se explica en realidad a partir de esta tarea auxiliar: a través de la meditación es posible prepararse a todas las situaciones con las que un hombre puede enfrentarse en esta vida o en la otra”.
Cada tibetano lleva consigo, cuando se desplaza en viajes largos, su ordenador portatil. Un pequeño, cómodo y económico computador sin baterías ni elementos móviles y, por lo tanto, frágiles. Lleva un thangka. En el, en el que ha seleccionado, está comprendido una parte importante de la filosofía que impregna su manera de vivir y comprender sus circunstancias. Sólo hay que desplegarlo en un lugar cómodo y solitario y prestarle atención el tiempo suficiente. Cada imágen y sus relaciones descriptas en la pintura le sugeriran los conceptos que necesita para sobrevivir en cualquier circunstancia afortunada o desgraciada en que se encuentre. Es un ordenador sencillo, pero a diferencia de los nuestros, siempre da la respuesta que se le exige.

“La imagen y el libro constituyen una unidad indisoluble para el que elige la vía de la meditación. La literatura tántrica se ocupa principalmente de los distintos estadios que quienes meditan tienen que recorrer, a fin de tomar parte en las visiones y experiencias que se les presentan al contemplar un thanka. Ya nos hemos referido a la configuración inalterable de los distintos thankas, a las formas fijas de su representación simbólica y al empleo de colores que son parte integrante de dicho simbolismo. Es preciso recalcar, sin embargo, que, para un observador occidental, un thanka es a lo sumo una obra de arte cuya composición cromática y figurativa despierta admiración. Para un tibetano, el thanka ha sido y sigue siendo, en cambio, sólo un medio para lograr el objetivo: en la literatura hallaba las indicaciones adecuadas para contemplar meditativamente la imagen y dar así un paso adelante en el camino de la perfección. El camino hacia la meta conduce a través de las distintas estaciones pictóricas que al no iniciado le parecen Incomprensibles y caóticas.”
Pero no se vaya a creer que todo “es coser y cantar”. Las imágenes expresan relaciones y conceptos, más su significado no es fijo e inamovible como podría ser un anuncio gráfico hecho por un publicitario europeo. No se trata de propaganda subliminal o de un silabario con dibujitos estereotipados:

“La clave para comprender el arte tibetano se halla en el conocimiento del simbolismo que constituye la base de sus especulaciones esotéricas. No debemos creer, sin embargo, que cada símbolo tiene un significado fundamental. En su mayoría, los símbolos transmiten mensajes polivalentes cuya significación sólo es deducible a partir de la composición general. Al mismo tibetano le resulta imposible abarcar en toda su complejidad el simbolismo de su religión; no puede estudiarla como un escolar su ABC, sino que ha de ir penetrando paso a paso en los misterios del esoterismo. Sólo a muy pocos hombres les ha sido y será dado sondear el fondo último de las cosas: son aquellos que han sentido el vacío final y, por lo tanto, el conocimiento último.
La comparación de un thangka con un ordenador es, por supuesto, una aproximación libre y algo imaginativa a la realidad que implica la meditación con un soporte visual. Y lo es no porque “lo gráfico” exprese en una forma críptica ideas y relaciones, sino sobre todo, porque la meditación supone una transferencia de energía. El meditador, cuando lo hace correctamente segun las reglas que ha aprendido de su maestro o lama, recibe no sólo conceptos o pura información, sino tambien la energía necesaria para ponerlos en acción.
“Durante el proceso de la meditación, las imágenes - consideradas hasta entonces como simples copias- pasan a representar a los santos invocados por el que medita. Sólo entonces adquieren la función de transmisores de energía, pues cuando acaba la meditación, el potencial energético se agota y el nimbo del santo deja de existir.”

Es probable que para una mente occidental este proceso sea discutible, y que se invoquen procesos de “auto-hipnotismo” o de “realimentación” provocada por las propias ilusiones. Nuestro modelo de análisis no incluye conceptos para explicar estos fenómenos que, por otra parte, son observables desde “fuera”. Se supone que una “obra de arte” es para “apreciar” y despertar sentimientos estéticos; y que la información y la orientación se encuentran en instrumentos homologados para tal fin, o en profesionales debidamente acreditados por carreras universitarias. No hay lugar para la “meditación” ni para la “oración”. Y si lo hay, y si se observa que “funciona” la explicación es: “sólo para mentes sencillas” con capacidad de “autohipnósis”.
Pero nuestro modelo es muy rudimentario. En el caso del budismo vajrayana, tibetano, no se considera a las divinidades que se invocan como “existentes-en-si”, con realidad independiente de la existencia de seres humanos que las invocan, y sin embargo, paradójicamente, se cree que tienen el suficiente poder para hacer lo que “uno-sólo-no-puede”.
“Cualquier objeto cultural religioso es sólo un medio para el tibetano y no posee valor alguno en sí mismo. De ahí que se prodiguen tan pocos cuidados a lo que nosotros consideramos obras de arte. Los thankas y otros objetos rituales son manipulados como instrumentos de uso cotidiano. Pues un tratamiento especial de estos objetos supondría entrar en contradicción con la idea general de la caducidad de todo lo terreno.
En opinión de los tibetanos, una imagen piadosa no es más que la copia de una manifestación visionaria y es, en definitiva, tan fugaz como ella. Un thanka sólo adquiere importancia durante la ceremonia ritual, cuando sus energías ayudan a concentrarse al que reza y lo trasladan, gracias a sus posibilidades figurativas, a un mundo situado más allá de lo puramente plástico.”

Autor:

Elena





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