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Adopción parte 2 - Monografía



 
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4.2-EL PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO:



Mediante este proceso se va a evaluar a los posibles padres a través de  entrevistas y expedientes psicológicos con el fin de saber si pueden o no obtener el certificado de idoneidad. Lo va a llevar a cabo un equipo de profesionales que valorará las solicitudes en orden cronológica según fueron recibidas. En este proceso de valoración se tienen en cuenta, entre otros, los siguientes aspectos:

- Que la diferencia de edad entre el adoptante y el adoptado sea inferior a cuarenta años, excepto si los solicitantes deseen aceptar grupos de hermanos o menores con problemas, ya que en tal caso la diferencia de edad puede ser superior.
- Que el medio familiar de los solicitantes reúna condiciones adecuadas para la integración de los niños en lo que se refiere a la vivienda, medios de subsistencia, capacidad educativa e integración social.
- Que las motivaciones para conseguir la adopción sean positivas y adecuadas.
- Que las condiciones de salud física y psíquica de los solicitantes permitan atender al niño correctamente.
En cuanto al procedimiento administrativo, se llevarán a cabo una serie de pasos como son una primera entrevista, el inicio del expediente… Todos estos pasos tienen su razón de ser, pues en cada uno de ellos se evaluará una parte distinta de la familia y todas y cada una de ellas son indispensables para conseguir el certificado de idoneidad.

La primera entrevista:



Durante este primer encuentro se evaluarán, en términos generales, las razones por las cuales se quiere adoptar. Así mismo, los profesionales informan a los solicitantes de la pesadez y la larga duración del proceso, al mismo tiempo que insisten en que pocos niños son adoptables. Con “pocos niños” nos referimos a bebés, ya que también se debe informar a los solicitantes de que hay muchos niños mayores en centros de acogida esperando a que alguien los adopte. Durante esta entrevista, el representante de la Administración también debe comunicar a los solicitantes la gran cantidad de niños enfermos que se pueden adoptar mucho más fácilmente. Pero deben ser los propios solicitantes los que decidan si creen estar o no preparados para aceptar esa difícil tarea. En la mayoría de los casos ningún solicitante está preparado para acceder, de repente, a adoptar un niño enfermo, pero ellos mismos deberán reflexionar y pensar en la posibilidad que se les acaba de ofrecer. Deben tener en cuenta, también, que el proceso de adopción de un niño enfermo es mucho más largo que el de un niño sano.
Este encuentro se denomina toma de contacto, y  es el primero de una larga serie de entrevistas, un mínimo de seis, que los solicitantes realizarán con un psicólogo y un asistente social.

El inicio del expediente: la información psicológica y sociofamiliar.



Es obligatorio en todas las comunidades autónomas, que los solicitantes participen en reuniones informativas. Estas reuniones tiene como finalidad informar a los posibles adoptantes de los trámites necesarios para poder llevar a cabo una adopción.

Una vez que se inicia el expediente de aceptación y ya se han presentado todos los documentos necesarios, se iniciará un proceso para conseguir todos los datos referentes al contexto sociofamiliar. Con esto se pretende conseguir que el menor se inserte en una familia con buena relación familiar. Esto se hará por medio de un cuestionario, en el que se indagará en la siguiente información:
-    Composición y estructura de la familia.
-    Salud.
-    Cultura.
-    Trabajo e ingresos económicos.
-    Relaciones sociales.
-    Motivos y condiciones de la adopción.

Una vez evaluadas las encuestas, los solicitantes deberán hablar sobre si mismos y, nuevamente, explicar las razones que les han motivado para querer adoptar un niño. Después de esto, es cuando se inicia realmente el proceso de selección, en el cual los posibles adoptantes deberán entrevistarse repetidas veces con un asistente social y un psicólogo que evaluarán las capacidades que poseen los solicitantes para hacerse cargo de un niño. Una de estas entrevistas debe realizarse en casa de los posibles adoptantes para que se pueda evaluar el contexto familiar.

El papel del asistente social:



El asistente social será una de las personas que estará presente en las entrevistas realizadas a los solicitantes. Su trabajo es el de extraer conclusiones a partir de las entrevistas que realice con los posibles adoptantes y saber si pueden ser o no unos buenos padres. Por lo general, las preguntas que haga serán un poco más concretas, acerca del modo de vida o de la relación familiar. Como hemos dicho antes, una de las entrevistas se debe realizar en casa de los adoptantes, pues conocer la casa en la que viven puede ser clave ya que en ocasiones refleja el carácter y la manera de ser.
Aparentemente, el encuentro con el asistente social se desarrolla como una simple conversación, sin preguntas redactadas con antelación. “Les pregunta acerca de sus gustos, sus relaciones, sus fines de semana; también, sobre sus ingresos, sus propiedades, su disponibilidad económica, y entre otras cuestiones, se interesa por la habitación que ocupará el futuro hijo, por la escuela a la que se le piensa llevar y por el pediatra. Sin embargo, para este profesional no se trata de una simple conversación: va tomando nota no sólo de lo que se dice, sino de cómo se le recibe, del grado de limpieza, del número de habitaciones… Su objetivo es hacerse una composición del lugar, formarse una idea de la posición social y del carácter convivencial de los solicitantes.”
Así mismo, el asistente social hace hincapié en lo estricta que es la Administración y recuerda a los solicitantes que todavía pueden reflexionar sobre su decisión. Principalmente, aconseja a los solicitantes en lo que respecta a la edad del niño, avisándoles que a los servicios sociales no les gusta demasiado que las familias pidan niños con una edad determinada, especialmente recién nacidos. Consideran que si una familia quiere adoptar un niño es por que desean tener un hijo y, por lo tanto, debería darles igual la edad que éste tuviera.

El estudio psicológico - social. Temor y rechazo.



Uno de los principales problemas a la hora de querer adoptar un niño, son las entrevistas e investigaciones de la Administración. Los padres sólo desean tener a su hijo cuanto antes y no entienden el porqué de tantas entrevistas con profesionales. Los asistentes sociales y los psicólogos entienden que adoptar un niño es una de las decisiones más importantes en la vida de una persona, y saben que los adoptantes están sujetos a una fuerte carga emocional, pero opinan que si colaboraran un poco más a la hora de realizar las entrevistas, el trabajo de todos sería mucho más fácil. Muchos de los adoptantes se quejan de las pesadas entrevistas, que a veces les resultan exageradas e incomprensibles. Pero también es cierto que, en ocasiones, los solicitantes, ansiosos por tener lo más rápidamente posible a su hijo, no facilitan lo más mínimo la labor de la Administración. Lo que los solicitantes deben saber es que la Administración “no busca un niño para una familia, sino una familia ideal para cada niño”. Los criterios que sigue la Administración, por muy injustos y subjetivos que puedan parecer, se acogen a leyes establecidas por convenios internacionales, que si se miran en su conjunto tienen cierta lógica dentro del marco de incertidumbres que rodean el problema de las adopciones y de la infancia.
Este estudio psicológico se considera imprescindible ya que, a menudo, “la demanda de la adopción implica en quién la solicita problemas psicológicos inconscientes que pueden afectar negativamente a la consolidación y al desarrollo de la relación adoptiva.” Para que los profesionales puedan evaluar convenientemente a los solicitantes, la Administración ha elaborado una lista de recomendaciones a tener en cuenta. En ésta se encuentran detallados diferentes aspectos que permiten comprobar la capacidad de las personas para afrontar la adopción. Entre otras cosas se habla de “las motivaciones manifiestas y latentes en la adopción. Se examina el estado de salud física y la estructura de la personalidad. Se indaga en las relaciones de pareja, en las etapas o la estructura de la relación.” Por último, también se debe averiguar cuáles son los deseos o expectativas sobre el futuro hijo y saber si piensan adoptar más niños.

Después de esto, la Administración hará una valoración de todos los solicitantes y de sus motivaciones. Pero la primera de las investigaciones de los psicólogos no será ésta, sino que será examinar el deseo de tener un niño. Los propios psicólogos explican que muchas veces, el deseo de tener un niño viene motivado por querer rememorar el propio mundo infantil. Por eso mismo lo primero en lo que se fijarán los profesionales, será examinar la historia familiar y el mundo infantil de los solicitantes.
En este punto de la selección, se llevarán a cabo los tests y las entrevistas clínicas. Mediante éstas se pueden determinar los recursos y limitaciones de los adoptantes, al mismo tiempo que se estudian los lazos que existen entre los dos miembros de la familia. En el diálogo con los profesionales, los padres adoptivos dan indicios sobre cómo es su manera de relacionarse entre ellos o con los demás, lo cual es importante para conocer el contexto en el que se puede desarrollar el niño. También se evalúan las posibilidades de separación, en el caso de que se trate de una pareja, lo que resultaría muy negativo para el desarrollo del niño.

Por otra parte, tanto si la pareja es estéril, como si prefiere adoptar un niño a tener un hijo biológico o si quiere darle un hermanito  a un hijo que ya tienen, se deben estudiar las motivaciones que conducen a este camino y no a otro para evitar que los padres se arrepientan más adelante.
Por todo lo dicho hasta ahora se puede pensar que se buscan parejas perfectas, pero no es así; se buscan parejas que sepan afrontar los problemas o que no se extrañen cuando no entiendan algo rápidamente. Por lo tanto, la Administración sólo intenta buscar lo mejor para los niños que están bajo su tutela.

Los criterios de selección



Después de realizarse las entrevistas pertinentes, los profesionales deberán elaborar un informe que será transmitido a la Comisión del Menor que es la encargada de decidir si los candidatos son idóneos o no. Esta comisión debe tener en cuenta los siguientes criterios:

- Ser residente en la comunidad autónoma y tener por lo menos veinticinco años.
- Tener medios de vida estables y suficientes.
- Estado de salud física y psíquica que no dificulte el cuidado del menor.
- Tendrán preferencia los matrimonios o el hombre y la mujer que formen una pareja.
- Convivencia de tres años como mínimo de pareja.
- En caso de esterilidad, que esta circunstancia no interfiera en la adopción.
- Existencia de una vida familiar estable y activa.
- Que el deseo de adopción de un menor sea compartido por todos los miembros que conviven en la familia.
- Que exista un entorno de relaciones amplio y favorable a una integración del menor adoptado.
- Capacidad de cubrir las necesidades de desarrollo de un niño.
- Carencia, en las historias personales, de vivencias que impliquen riesgo para la acogida del menor.
- Flexibilidad de actitudes y adaptabilidad a nuevas situaciones.
- Comprensión de las dificultades que entraña la situación para el niño. Respeto a la historia personal del niño, con la aceptación de sus características particulares.
- Actitud positiva para la formación y el seguimiento.

La obtención del certificado de idoneidad



Los datos que los profesionales han ido recogiendo a lo largo de todas las entrevistas y tests, son absolutamente confidenciales, y sólo serán analizados por el equipo de investigación. Éste, principalmente, tendrá en cuenta que los solicitantes puedan hacerse cargo de forma adecuada del cuidado del niño. Si el análisis resulta favorable, a los solicitantes se les concederá el certificado de idoneidad.

La legalización



En la última de las entrevistas, los profesionales informan a los solicitantes de si han sido considerados idóneos o no. Si resulta lo primero, el expediente se incluye en el registro de familias declaradas idóneas. Sin embargo, este hecho no garantiza que los padres puedan adoptar un niño ya que hay muy pocos niños que pueden ser adoptados, y, por el contrario, muchas familias que desean adoptar un niño.
Cuando los adoptantes reciben una propuesta concreta de adopción, se les informa acerca de la edad, y otras características del niño. Los adoptantes pueden rechazar la propuesta, pero si no dan razones suficientes para justificar su negación, se les excluirá del registro. Si aceptan al niño, se llevará a cabo el proceso de preadopción que tendrá una duración mínima de tres meses. Hay muchos adoptantes que no quieren pasar por el riesgo que implica la situación de preadopción: si los niños no están completamente abandonados, o si los padres no han perdido la patria potestad, puede que en el último momento reclamen la custodia del niño. Hasta que el juez no dictamine acerca del porvenir del niño, siempre existe la posibilidad de que la familia de origen lo reclame.

La adopción es irrevocable y deberá ser aceptada según la forma establecida en la ley de enjuiciamiento civil:
- Por el cónyuge del adoptante.
- Por los padres del adoptado que no estuviera emancipado.

5- LA FAMILIA ADOPTIVA.



El apartado de las familias adoptivas ocupa un lugar importante dentro de nuestro trabajo, ya que son ellas, junto con los niños, el eje central de nuestro estudio, y sin los cuales éste carecería de sentido. Por lo tanto, en nuestra pequeña investigación, también nos centraremos en los diferentes aspectos destacados dentro de este apartado.
Comenzaremos pues, con la presentación de la diversidad de familias adoptivas, ya que como en todas las facetas de nuestra vida, también aquí nos encontramos con diferencias entre los distintos casos.
Tras este primer apartado, pasaremos a presentar la adaptación o inadaptación del niño a su nueva familia y los problemas que puede acarrear esta nueva situación a unos y otros.
Después de presentar la parte más o menos amarga, nos dispondremos a reflejar la dinámica familiar que se vive en una de estas familias, así como las características principales de la relación entre padre (adoptante)- hijo (adoptivo).
Además de estos puntos, trataremos también los aspectos referentes a la educación de un niño adoptado, tanto en la familia como en el contexto social.
También mencionaremos los problemas que pueden afectarle al niño, los principales motivos del fracaso de las adopciones, lo que hace que el niño sea devuelto al centro de donde procede; las críticas de los adoptantes con respecto al proceso de adopción; o el apoyo profesional que se le concede a las familias adoptivas.
Estos son, a grandes rasgos, los principales puntos que incluiremos en este apartado, lo que no excluye que se vayan modificando algunos aspectos a medida que se va desarrollando el trabajo.
Tras esta breve introducción a modo de presentación, pasaremos ahora a profundizar en cada uno de los puntos a tratar.

5.1-DIVERSIDAD DE FAMILIAS ADOPTIVAS



Dentro de las familias adoptivas hay una gran diversidad en lo que se refiere a los motivos que las llevan a adoptar, las características de los que adoptan y de los que son adoptados, el tipo de relaciones que se establecen dentro de ellas, etc. Se puede incluso dar el caso de encontrar dos familias adoptivas con más diferencias entre sí de las que puedan tener una familia biológica y otra adoptiva; ya que por ejemplo, una familia que adopta a una niña recién nacida vive circunstancias muy distintas a la que adopta un niño de 8 años que ya tiene experiencias vitales y cuya adaptación va a estar condicionada por la vida que llevó en esos 8 años.
Otra diferencia notable dentro de las familias es la diferente opinión que ellas mismas puedan tener de sus circunstancias. Así, hay familias que se consideran “normales” con respecto a las demás familias, y la única diferencia que ven es, evidentemente, la del vínculo biológico.
Otras familias, en cambio, se consideran “especiales” por el hecho de tener un hijo adoptado, y ven a las familias biológicas como algo totalmente ajeno a ellas; hecho que no siempre es positivo de cara a una buena adaptación del niño, tanto familiar como socialmente.
Como ya decíamos antes, las diferencias no solo vienen marcadas por las características del niño que se adopta, sino también por las de los que adoptan. Por ejemplo, a la adopción se puede llegar por caminos muy diferentes, con niveles de apoyo tanto familiar como social o profesional muy distintos, y con actitudes educativas también muy diferenciadas.
Por lo tanto, pasando por alto el vínculo biológico que existe en las familias no adoptivas, no hay tantas diferencias entre unas y otras en lo que se refiere al funcionamiento interno de ambas.

5.2-ADAPTACIÓN E INADAPTACIÓN EN LAS FAMILIAS ADOPTIVAS.



La transición de la vida sin hijos a la maternidad y paternidad, es el comienzo de una serie de avatares que también viven las familias no adoptivas, pero que en el caso de las adoptivas tiene características especiales.

Los principales rasgos distintivos de estas familias se podrían resumir en tres:
-    La reestructuración de la familia una vez que llega el hijo adoptado, sobre todo el desarrollo de un sentimiento de pertenencia.
-    El informar al niño de su condición de adoptado.
-    Y por último, la opinión que de sí misma tenga la familia como igual o diferente a las demás.
De todos estos puntos nos ocuparemos a continuación.

La llegada del niño



El encuentro con el niño es el momento más esperado por los adoptantes, y supone el final de un largo proceso que no siempre fue un camino de rosas y que estuvo marcado por momentos tanto de ilusión como de desesperación.
Esta es una de las etapas más emocionantes del proceso ya que se llega al objetivo final que se ha estado buscando desde hace incluso años.
Todos los que la han vivido señalan que es el paso más importante de sus vidas, ya que después de tantos años se van a reunir con el tan ansiado/a niño/a.
La reunión puede tener lugar en diferentes lugares: aeropuertos (normalmente en adopción internacional), orfanatos, un hotel… pero la frialdad de estos lugares no es suficiente para impedir que este momento tenga gran carga emotiva para unos y otros.
Los reportajes que vemos en la televisión sobre estos encuentros reflejan la diversidad de reacciones ante la situación, pero en todas ellas se ve perfectamente la intensa carga emotiva del momento y   la conmoción de los padres al ver a sus hijos.
La reacción de los niños, en cambio, es muy distinta, ya que los que son de corta edad se ven perdidos y no entienden la situación ni por qué motivo unas personas, que normalmente no conocen, o con las que han tenido algún encuentro esporádico, se abrazan a ellos llorando como locas por la emoción del momento.

Los niños un poco más mayores, normalmente actúan con total pasividad e indiferencia, ya que son conscientes de su situación y tienen unas experiencias vividas que marcarán su vida a partir de ese momento.
Lo que está claro, es que cada persona reacciona según su personalidad y perfil psicológico, y nada ni nadie puede determinar lo que sucederá en el momento del encuentro, aunque el nerviosismo y el llanto son la tónica general de estos momentos.
En estos primeros momentos, únicos para ambas partes, ningún consejo o advertencia son válidos, porque los recién estrenados padres actuarán por instinto, si bien no biológico, y guiados por el corazón; por eso resulta casi imposible describir objetivamente este encuentro.
Está claro que estos instantes pertenecen exclusivamente a quienes los viven, pero el compartir la experiencia con otros adoptantes o con personas interesadas en el proceso, es siempre una vivencia bonita. Algunos no quieren contarla por pudor, otros son más extravertidos, pero todos guardan un maravilloso recuerdo de ese momento.

Ahora la búsqueda ya terminó, pero llega quizás la parte de sus vidas más difícil de afrontar: la convivencia diaria en el contexto familiar.
Una de las primeras tareas que esperan a la familia, es la creación de un sentimiento de pertenencia. En el caso de las familias biológicas este sentimiento surge de forma innata en el momento del nacimiento, porque después de todo, existen esos vínculos creados entre madre e hijo durante el embarazo. Pero hablando de familias adoptivas las cosas son muy diferentes: una vez superado el tiempo de espera, padres e hijos ya están juntos, pero aún no se puede hablar de familia ni legalmente ( ya que se ven sometidos a un período de prueba o de acogimiento preadoptivo hasta que se arreglen los trámites jurídicos), ni emocionalmente. Afortunadamente, el aspecto emocional se suele solventar más rápidamente que el jurídico, y pronto se crean lazos afectivos entre las dos partes directamente implicadas en el proceso.
Aunque no todo es tan bonito, y en los casos de adopciones de niños un poco más crecidos las cosas pueden empeorar notablemente, ya que normalmente estos niños ya habían establecido sentimientos de pertenencia a otra familia, quizás puedan desarrollar comportamientos difíciles de tratar para personas que no son precisamente profesionales en la materia, ya que a veces el amor no les basta a estos padres. ( Por esto se dedicará más adelante un capítulo al apoyo profesional que reciben los padres en estos casos “difíciles”.)
Normalmente estos niños han aprendido, por sus propias vivencias, a temer a los adultos, por lo que pueden desconfiar de sus nuevos padres, resistirse a su nueva forma de socialización etc. En estos casos, la superación del problema solo se conseguirá si los padres mantienen claras sus ideas, actitudes y afectos, al mismo tiempo que entienden que las circunstancias que está viviendo el niño no son nada fáciles de sobrellevar, ya que supone el adaptarse a una realidad completamente nueva.


Informar de la condición de adoptado


El informar al niño de su condición de adoptado es un duro reto para los
padres, aún así, es algo que todos van a tener que afrontar antes o después. Las principales cuestiones son cómo decírselo, en qué momento de su vida, qué decirle al respecto, consecuencias…
El proceso de revelación presenta características muy diferentes según las condiciones en las que se haya adoptado al niño, así como la personalidad de éste, pues no es lo mismo una adopción en los primeros meses de vida, que una hecha unos cuantos años más tarde, ya que en estos casos el niño es consciente de su condición de adoptado.
Sea como fuere el caso, los padres tienen que decidir y plantearse una estrategia a seguir para que las consecuencias sean lo menos traumáticas posibles para el niño y para ellos.
La información que se vaya dando al niño, tiene que depender de su nivel de desarrollo, y suele recomendarse a los padres que empiecen el proceso de revelación entre los 2 y los 4 años, ya que es un período en el que los niños reciben la información con bastante tranquilidad y naturalidad. Además, los niños preescolares tienen ideas poco complejas sobre lo que es el concepto de familia, por lo que saber su condición no les planteará, en principio, ningún problema.

Pero las cosas cambian a partir de los 7 u 8 años, ya que el niño vive un momento de su vida en el que sus capacidades intelectuales le van a permitir tener una representación más compleja de la familia, y es más consciente de lo que significa ser adoptado.
Ahora va entendiendo muy bien lo que es una familia adoptiva y los lazos que los unen, pero al mismo tiempo, entiende también que si tiene una familia nueva es porque antes había tenido otra, por lo que surgen los primeros intereses por conocer sus orígenes, y en muchos casos a sus padres biológicos.
Al llegar a la adolescencia, se volverán a producir cambios en el proceso de revelación, siendo esta quizás la etapa más difícil, ya que esta etapa de sus vidas supone la formación de una identidad y la construcción del “YO”.
Esta etapa implica tanto reflexión sobre el pasado como sobre el presente y el futuro, y los chicos adoptados tendrán que incorporar a esa nueva identidad su condición de adoptados, lo que implica una referencia a sus familias de origen.
Las dificultades específicas de la adolescencia respecto al status adoptivo varían según los casos, dependiendo, como ya se ha dicho anteriormente, de la edad en la fue adoptado, las experiencias previas etc.
Tras la revelación, para algunos las cosas no serán muy diferentes a como eran antes, pero para otros esto supondrá un gran trauma, lo que puede desembocar en el fracaso de la adopción y su consiguiente vuelta a un centro.
Además, el hecho de que el chico quiera conocer sus orígenes o a sus padres, supondrá un reto para los padres adoptivos por las consecuencias que ello les puede acarrear.

Con respecto a la búsqueda de sus orígenes o de sus padres biológicos, hay que señalar que en España la ley protege la intimidad y la identidad de las mujeres que abandonan a sus hijos. Los niños que se interesen por sus orígenes tienen derecho a conocerlos, pero solo pueden tener acceso al expediente a partir de los 18 años. Los padres adoptivos no están autorizados para buscar esa información.
La búsqueda suele ser muy difícil si la madre biológica no ha dejado huellas. En este caso, la recopilación de datos es imposible y el adoptado solo puede esperar que la madre natural se ponga en contacto con él.
En 1996, el Defensor del Pueblo propuso la creación de un archivo de filiación, y en Madrid, unos adoptados fundaron una asociación para encontrar los orígenes de las personas abandonadas.
Además, la Convención sobre los Derechos de los Niños estipula que “la filiación de un niño le pertenece tanto a él como a sus progenitores” (Audusseau- Pouchard, M. [1997] ). Todo ser humano tiene derecho a saber quién le ha concebido, y sería un crimen negárselo, ya que lo oculto puede impedir su desarrollo.
Por diferentes razones, muchos padres adoptivos temen los efectos de la revelación. Tienen miedo a que el niño los rechace, o no se atreven a hablar sobre los orígenes del niño porque presentan dificultades para manifestar sus carencias, la esterilidad también tiene un gran peso a la hora de aceptar que el niño no ha nacido de un acto sexual. Para el pequeño, en cambio, la revelación es primordial, ya que ha de construir su propia historia aunque esta sea incompleta.

Visión de la familia sobre sí misma



Este apartado se refiere a la percepción que de sí misma tenga la familia
como igual o diferente a las demás. Lo que debería de primar en estas familias sería, aunque parezca contradictorio, el rechazo de la diferencia y la aceptación de la diferencia.
-    El modelo de rechazo de la diferencia correspondería a las familias que tratan de actuar como si en ellas no hubiera nada de especial por el hecho de ser adoptivas: se hacen esfuerzos por ignorar la situación adoptiva tanto en la vida cotidiana y en la relación con el adoptado, como en las relaciones sociales; esta familia se supone que está poco abierta a la comunicación con el niño en lo que respecta al tema de la adopción.
-    El modelo de aceptación de la diferencias se relaciona con el reconocimiento del carácter espacial de algunas de las características de las familias adoptivas: los padres creen que su familia es en algunos aspectos diferente, y se sienten totalmente cómodos en un ambiente en el que la comunicación con el adoptado con respecto al tema de la adopción, es de lo más corriente.
Algunos estudios recientes, han demostrado que cuanto más extremo es el rechazo de la diferencia de la familia adoptiva, peor va a ser su desarrollo y funcionamiento. Por el contrario, una familia que acepta la diferencia tendrá un mejor clima familiar.
Como aspecto señalado dentro de este apartado, cabe destacar que los retos a los que diariamente se enfrentan las familias adoptivas son importantes, aunque la gran mayoría encuentra la forma de hacerles frente, y señalan que a pesar de todas las dificultades encontradas tanto en el proceso como en la adaptación, todo ha valido la pena al ver la felicidad que la adopción ha traído a sus vidas.

5.3-DINÁMICA FAMILIAR EN LAS FAMILIAS ADOPTIVAS.



Ya sean adoptivas o “normales”, todas las familias se caracterizan por tener un cierto estilo de relación dentro de ellas, y esto es lo que se denomina dinámica familiar.
El hecho de que este punto sea importante dentro de la temática del trabajo que estamos realizando se debe a dos causas fundamentales:
-    La primera es que existe un cierto tópico de acuerdo con el cual las familias adoptivas tienden más a la ” blandura ” educativa.
-    La segunda, es que dados los retos específicos a los que se tienen que enfrentar por su condición de adoptivas, es interesante estudiar si a pesar de todo, su dinámica familiar dista mucho de la de las otras familias.

Existen muchas formas de analizar esta dinámica, pero una de las más completas es aquella en la que los estilos de educación familiar se definen en función de la forma que cada hogar tiene para combinar las dimensiones de afecto y comunicación, y de disciplina y control.
Uno de los obstáculos a la hora de analizar este aspecto, es la escasa información que sobre él se puede obtener, por lo que es muy difícil plantear ahora aquí, los procesos internos de las familias; aunque ello sería de gran importancia ya que influye notablemente en el desarrollo del adoptado y en la vida familiar cotidiana.
Centrándonos ya en el tema en cuestión, comenzaremos diciendo que la literatura de investigación referida al tema, plantea la importancia determinante de las buenas relaciones padre-hijo en el proceso adoptivo.
Los estudios realizados al respecto, reflejan que el grado de cohesión interna y adaptabilidad en las familias no adoptivas era semejante, o incluso mayor, que en las no adoptivas.
Citando investigaciones realizadas en España en los últimos años, cabría decir que en las familias adoptivas hay una gran presencia de afecto, tanto de los padres a los hijos, como de los hijos a los padres.

En relación con las normas, la mayoría de los padres adoptivos le da bastante importancia, y están de acuerdo en que se impongan ya desde edades tempranas. En lo que las estadísticas muestran un mayor desacuerdo, es en la aplicación de esas normas: algunos padres creen que en cuestiones de disciplina es mejor pasarse por exceso que por defecto, otros piensan lo contrario; algunos creen que castigar es mucho más eficaz que dar explicaciones, otros todo lo contrario; hay quienes piensan que un azote a tiempo resuelve muchos problemas, otros todo lo contrario. En general, los hijos adoptivos son obedientes y no muy reticentes a adaptarse al control.
En lo referente a los padres, su edad en el momento de la adopción también es un factor importante ( menos comunicación, expresión de afecto, o más disciplina cuanto más mayores son), también merece mención el nivel educativo ( a mayor nivel de estudios más expresión de afecto, menos imposiciones, etc.).
En los hijos también se observan diferencias relacionadas con la edad (cuanto mayores son, menos implicaciones tienen con los padres), cuantos más problemas presenten los niños, menor expresión de afecto tendrán, y mayor la tendencia a la disciplina estricta.
La dinámica familiar en las familias adoptivas, parece ser satisfactoria en todos los aspectos, con una presencia generalizada de afecto, y con un acuerdo generalizado respecto a la importancia de las normas, aunque varía la forma de aplicación de éstas.
Lo predominante en estas familias es, por lo tanto, un clima de afecto y de compromiso mutuo entre ellos.

5.4-LA EDUCACIÓN DE UN NIÑO ADOPTADO


Para comenzar este artículo, empezaremos citando una cita del doctor francés Michel Soulé, que dice así: ” Son los padres los que fantasean respecto a la educación de un hijo adoptado, por lo desconocido del origen, de la herencia probable o del porvenir incierto del niño. Los padres adoptivos se preguntan muchas cosas, pero son las respuestas adecuadas las que, en un sentido u otro, marcarán el psiquismo del niño adoptado. Son ellos los que le darán un sentimiento de seguridad o de angustia latente, y eso dependerá de lo que el niño perciba de la actitud de sus padres.” ( Audusseau-Pouchard, M. [1997] ).
Lo que más importa en el desarrollo de un niño adoptado, es el comportamiento de los demás, que él observará y tomará como modelos.
Algunas personas ajenas al tema de adopción y sin conocimientos para emitir juicios, achacan el fracaso de un niño al hecho de ser adoptado.
Hoy en día, el ser adoptado, no plantea ningún problema ni para el niño ni para su familia, ya que la integración de los niños adoptados está cada vez más tolerada y es más fácil. Aunque como pasa siempre, aún hay quien considera a los adoptados como personas vergonzosas y poseedoras de una marca imborrable de por vida.
El que el niño crezca en un ambiente como este, caracterizado por la intolerancia, puede dañarlo, y provocar en él una visión de él mismo como alguien diferente y excluído.
Este argumento es totalmente falso, ya que aunque la herencia pueda influir en el progreso del niño, serán su educación y formación los que determinen su personalidad.

Lo que los padres tienen que tener en cuenta, es que ningún padre, sea adoptivo o natural, puede ser un padre perfecto. Todos los padres cometen errores y tropiezan en cuestiones referentes a la educación de los niños, pero es algo totalmente normal, por lo que no deben culparse ni unos ni otros.
En el caso de los padres adoptivos a lo mejor este caso está más acentuado, ya que los largos años de espera que dura el proceso, pueden crear en ellos una percepción exagerada de su función.
El largo tiempo de espera, hace que en muchos casos los padres adoptivos se informen exhaustivamente de la educación de niños desamparados, lo que tiene carga positiva y negativa, ya que puede romper la espontaneidad de las relaciones y desencadenar exigencias difíciles de entender para el niño.
Lo que está claro, es que todos los niños, adoptados o no, pueden preocupar, y de hecho preocupan, a sus padres un día u otro; pero esto se acentúa en los niños adoptados, ya que su personalidad ha sido truncada al inicio de la vida. Por eso un niño adoptado puede vivir momentos difíciles de afirmación de sí mismo, sobre todo en la adolescencia, cuando tiene la necesidad de identificarse con su pasado, y por ello, reclama información sobre sus orígenes.
Un punto que los padres adoptivos tienen que tener en cuenta es que el niño adoptado sabe que ha sido deseado, incluso demasiado, y que siempre se puede apoyar en este amor. Esto se resume muy bien en la frase de Camille Olivier: ” Soy adoptado, lo que quiere decir que mis padres me quieren” ( Audusseau-Pouchard, M. [1997] ). La aceptación por parte del adoptado de su condición, es lo que lleva a que las dificultades desaparezcan y permite que se defienda ante las circunstancias adversas de la vida.
Por otro lado, la sociedad también se tiene que dar cuenta y aceptar que un niño adoptado es igual a los demás, y evitar actitudes intolerantes y xenófobas, ya que un niño adoptado no puede ser feliz si ve que la sociedad lo trata como un ser diferente, y es víctima de piedad, lástima  o rechazo.





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