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Agricultura transformación del sector - Monografía



 
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Ciencias sociales. Evolución. Trabajo agrario: rasgos. Labores. Nuevos enfoques. Desarrollo histórico. Sindicalismo. Mujer



Trabajo y agricultura: los cambios del sistema de trabajo en una agricultura de transformación



Introducción



El proceso evolutivo del trabajo agrario capitalista occidental en las últimas décadas es el eje fundamental del capítulo que nos ocupa. La autora plantea la exposición dividiendo el tema fundamental en dos grandes partes.
En la primera se ocupa de cómo la organización del trabajo está determinada por los medios de producción. Su argumentación se basa en enumerar una serie de elementos que van desde indicadores básicos desde el punto de vista económico hasta pautas comunes al trabajo agrario en el marco capitalista occidental.
En la segunda parte nos previene de las pocas perspectivas de empleo que, en el ámbito general y en el mundo no agrario, se le presentan al excedente de trabajadores no cualificados generado por los nuevos modos de producción de las explotaciones.

Dividiré este trabajo en 3 apartados a fin de respetar la intención descriptiva y predictora que persigue M. Etxezarreta.
En el primero esquematizaré los rasgos más sobresalientes que, en lo referente al trabajo agrario y a los medios de producción, nos ofrecieron las 2 décadas posteriores a la Guerra Civil española así como las décadas de los 60, 70 y 80, en las que se inició y consolidó el proceso que se describe en el capítulo.
En el segundo apartado resumiré los elementos que, a juicio de la autora, constituyen lo que llama “el trabajo en la agricultura”. Este apartado se corresponde íntegramente con la primera parte del capítulo. Es meramente descriptivo del texto y, como tal, poco proclive a ampliaciones, comentarios añadidos o críticas. No obstante sí cabe mencionar que los datos más recientes que nos ofrece corresponden a 1.995, lo cual considero incide en el planteamiento que expone sobre el futuro del mundo rural.
En el tercero me referiré brevemente a los nuevos enfoques para el mundo rural intentando destacar cómo la realidad laboral del campo español está modificando más rápidamente de lo previsto las previsiones que el texto nos ofrece; particularmente respecto a dos cuestiones fundamentales: la inmigración y la P.A.C.
Por último expondré algunas consideraciones personales sobre lo que me ha parecido el texto.

Cinco décadas en la historia del trabajo agrario en España.



No es que la estructura económica, política y social en la Edad Media o las modificaciones surgidas tras las desamortizaciones agrarias del XIX no fueran determinantes para la forma en que se estructuraron las formas del trabajo agrario en España. Tampoco se pretende restar un ápice a la importancia capital de las condiciones impuestas por la Naturaleza a la hora de estudiar los modos de producción agrarios. Pero si hablamos de mercado laboral y modos de producción y dentro de éstos, de los que podemos encontrar en España en un modo capitalista industrial de producción hemos de aclarar ciertos conceptos.

Si convenimos en que podemos hablar de modernización de la agricultura tras la II Guerra Mundial, hemos de estar de acuerdo asimismo en que, para poder estudiar y comparar el proceso de evolución del trabajo agrario en nuestro país, debemos retroceder hasta la década de los cuarenta e identificar al menos cuál fue la característica más sobresaliente en esa época desde la perspectiva que nos ocupa.
Obviamente y en un mundo dominado por los modos de producción tradicionales, desde la óptica del estudio del mercado laboral y de las relaciones laborales, la característica esencial de una economía mayoritariamente de subsistencia como la que sufrió este país en la década de los cuarenta resultó ser la disminución de los salarios reales del Sector Primario hasta límites próximos a los de la mera supervivencia.

Ello supuso, fundamentalmente, un incremento de la capacidad de financiación del Sector respecto a los conseguidos durante la II República y no puede ser explicado sin hacer referencia al tipo de relaciones laborales que establecieron los vencedores tras la Guerra Civil.

Sin embargo, en la década de los cincuenta la tendencia se invirtió; los salarios  comenzaron a aumentar debido al efecto que ejerció la emigración sobre la oferta de mano de obra en el Sector. Es cierto que tanto la maquinaria comienza a introducirse lentamente pero su incidencia en el juego de la oferta y la demanda de mano de obra no fue tan significativa como la que ejerció la emigración.

Así llegamos a la década de los sesenta. Es ésta la que convierte al Sector en importador de capital (endeudándose como contrapartida) y en exportador de mano de obra hacia la Industria. Hemos de distinguir que ahora no es la mano de obra la que se marcha en busca de oportunidades mejores. Las nuevas formas de producción empiezan a hacer innecesaria la presencia de unos excedentes que, en gran parte, intentarán buscar salida en el Sector Secundario principalmente

La década de los setenta no hace más que consolidar las tendencias iniciadas unos años antes. La crisis económica, verdadera protagonista de la vida española desde el 73, deja sentir sus efectos en la oferta de mano de obra. Si tenemos que definir con una frase la característica esencial de esta época diríamos que, aunque fue la época en que se empieza a hablar propiamente de dualización y diferenciación entre trabajadores cualificados y no cualificados, principalmente fue la década del paro en todos los Sectores. Las economías de escala comienzan a dejar sentir sus efectos.

La década de los ochenta viene marcada por la integración de España en la Unión Europea y la adaptación  de su política económica en general y la del Sector Primario en particular a las normas europeas; en concreto a las directrices establecidas por la P.A.C.        La Política Agraria Común ha producido dos efectos fundamentales sobre el Sector. En primer lugar éste se beneficio de los últimos coletazos del neoproteccionismo imperante en territorio de la Unión, lo cual contribuyó a elevar las rentas en el mundo rural. Este hecho animó a los titulares de muchas explotaciones a embarcarse en proyectos modernizadores no basados en estudios previos de viabilidad futura en un mundo mucho más competitivo que el de mediados de los ochenta. El segundo efecto viene determinado por la propia reforma que permanente está experimentando la P.A.C. Las líneas marcadas por el G.A.T.T. apuntan hacia una liberalización casi total en una economía globalizada.
El mundo rural no es una excepción. La Política Agraria Común, en consonancia con la dirección que toma el mundo del comercio mundial, apuesta a fines de los ochenta por subvenciones directas y provisionales al contrario de lo que venía haciendo hasta ahora: proporcionar subvenciones a la producción y con carácter permanente al tiempo que se produce el desarme arancelario europeo.
Además de las que ya de por sí producen las nuevas formas de producción, no es difícil deducir las consecuencias que sobre el mercado laboral genera este nuevo marco: continuación de la disminución de la población activa en el Sector e inicio de las tendencias que van a caracterizar los años siguientes y de los que nos vamos a ocupar a continuación.

El trabajo en la agricultura



TIPOLOGIAS


Todo estudio que pretenda ser catalogado de científico ha de contar, entre otras cosas, con una buenas tipologías del objeto que le ocupa cuando ello sea pertinente. En este caso se distingue entre la agricultura basada en el trabajo asalariado  y la agricultura familiar como dos formas de producción dentro del modo de producción capitalista.
La primera, como forma más propiamente capitalista empresarial crece en importancia hasta el punto de que en la Unión Europea el 20% de las explotaciones producen más del 80% de la producción agropecuaria.
La segunda se subdivide a su vez en explotaciones familiares (con un número decreciente de familias extensas) cuya forma de producción reproduce el sistema productivo de las anteriores aunque ha de complementar rentas con modalidades de trabajo asalariado y en formas de agricultura familiar en las que el excedente de mano de obra generado por las anteriores ha de recurrir a la venta de su fuerza de trabajo dentro o fuera del ámbito agrario para poder subsistir.

Como ya he mencionado, en este apartado enumeraré los tres indicadores principales que prueban que las tendencias que la historia reciente apuntaba se han consolidado así como las consecuencias de índole económico-social que se derivan de la nueva situación.

INDICADORES


1. Población Activa Agraria



Pese a las dificultades que ofrece la comparación de datos en distintas épocas, se puede afirmar que, en números absolutos, la población activa agraria ha disminuido desde 4.500.000 hasta poco más de 1.000.000 de efectivos en el período que va de 1.950 a 1.995.

2. Productividad



Como dato orientador, decir que la productividad relativa por persona ocupada se ha multiplicado por 2,5 aproximadamente en el período 1970-1995 situándose aún bastante por debajo de la media de los otros Sectores.

3. Rentas


Si en los 70 y 80 las rentas por trabajador suponían 1/3 de la media del país la tendencia posterior ha sido y continúa siendo su disminución. Esta situación sólo ha podido ser superada gracias a las subvenciones procedentes de la P.A.C. la cual supuso un incremento de las rentas reales por ocupado tras la firma del Tratado de Adhesión a la Comunidad Europea.

CONSECUENCIAS



1.Trabajo intensivo



En contraposición al trabajo tradicional. Si bien ha disminuido el esfuerzo físico, las economías de escala se han impuesto. El incremento de productividad es necesario para ¡mantener las rentas de hace diez años! La falta de tiempo libre (que las jóvenes generaciones acusan especialmente) y la alienación que produce el hecho de que los trabajadores hayan de operar al ritmo de las máquinas son dos ejemplos de las consecuencias negativas que a este respecto generan los nuevos criterios empresariales.

2. Trabajo subordinado


En contraposición al trabajo independiente. El conocimiento y la tecnología imponen sus condiciones e inducen desde el exterior las nuevas formas de  producción. Además cambian rápidamente,  lo que genera la pérdida casi total de la autonomía de la que gozaba el agricultor de antaño así como la externalización de casi todo el trabajo mental.


3. Condiciones de trabajo



Soledad, aumento del riesgo de envenenamiento y nuevos riesgos (trabajo bajo plásticos en invernaderos) son algunos de los aspectos negativos de las nuevas condiciones impuestas por las nuevas formas de producción.

4. Composición de la fuerza del trabajo


Si en la Unión Europea podemos estimar en un 8% la proporción de los trabajadores asalariados en el Sector, en España esta ratio se eleva hasta un 20% de la población activa, repartidos aproximadamente por igual entre temporales y permanentes.
Es de destacar el progresivo incremento en la proporción de mujeres entre los trabajadores asalariados (aproximadamente un 20% en 1.994).
Mencionar que el paro entre los jornaleros ha llegado a alcanzar en algunos períodos del pasado reciente hasta un 60% en algunas zonas del sur.


5. Flexibilidad del trabajo



Convertir costes fijos en costes variables. Ese es el principal objetivo. Aunque la mecanización introdujo cierta rigidez, la flexibilidad laboral ha existido siempre en el campo español. En un contexto general en el que los contratos temporales han llegado a representar el 70% del total, la agricultura no se ha  quedado muy lejos de ese porcentaje.
El progresivo incremento de la inmigración y, lo que es más grave, la situación de ilegalidad en que trabajan muchas de esas personas, hacen que el sector agrario sea proclive a que se desarrollen en su seno situaciones de auténtica explotación laboral.
La modernización también favorece la dualización del mercado laboral. El incremento de la diferenciación que se genera en el nuevo marco incide en el desarrollo de nuevas estructuras ocupacionales. La institucionalización de esas diferencias hace que nazcan unas nuevas formas de estratificación en el campo que cada vez se aproximan más a las que ya existen en los otros sectores: por un lado explotaciones viables con trabajadores permanentes y por otro las características opuestas.
La pluriactividad de los miembros de la familia es la contrapartida al desarrollo de explotaciones familiares de viabilidad regular. El paro o la búsqueda de empleo en otros sectores es la propia a la existencia de explotaciones de viabilidad escasa o nula.
La externalización de un gran número de tareas es una de las características más sobresalientes de las nuevas formas de producción. Siempre refiriéndonos a las grandes explotaciones que practican economías de escala y a las explotaciones familiares viables, la especialización hace que muchas funciones sean realizadas por empresas externas (en muchas ocasiones para varias explotaciones a la vez) a fin de minimizar costes. La tendencia general a la subcontratación ilustra esta tendencia.
La separación creciente entre la ejecución de las tareas de producción y el conocimiento necesario para dirigir la explotación así como el futuro incierto de algunas empresas agrarias plantea la duda de si es mejor invertir en desarrollo (con lo que sería deseable conseguir una mayor cualificación del personal de las explotaciones) o si es preferible apostar por una aún mayor flexibilidad y temporalidad.


CAMBIOS SOCIALES



1. El papel de las mujeres



Su papel ha crecido entre los años 85 y 95 aunque en el Norte y en los Pirineos su importancia es mayor que en otras zonas de España. En general no son titulares de las explotaciones y son pocas las solteras que trabajan en la agricultura familiar. El trabajo de la mujer en este Sector le proporciona un mayor status; no obstante, debemos tener en cuenta que ya prácticamente no existe la familia agraria como unidad económica entendida en el sentido tradicional.
En muchas explotaciones agro-familiares se observan nuevos modelos de matrimonios formados por jóvenes agricultores casados con mujeres no agricultoras; Cataluña sería un buen ejemplo de este modelo mientras que en el Centro, el modelo continúa siendo parecido al de antaño aunque ahora, en líneas generales, la mujer trabaja en mejores condiciones laborales. En el Sur, debido a la combinación de empresa agraria con explotación familiar y a la abundante mano de obra, existe una dicotomía entre las féminas jornaleras por un lado y el trabajo “participativo” femenino en explotaciones familiares, por otro.
Sí es muy de destacar la absorción de mano de obra femenina por la Industria Agroalimentaria y por el sector de la Distribución Alimentaria.

2. Sindicalismo


Si durante la vigencia de otros modos de producción era el sindicato tradicional de jornaleros el que dominaba el panorama del Sur español y el sindicalismo basado en los intereses de las explotaciones familiares en el Norte, hoy podemos calificar de “sindicalismo patronal” el modelo dominante en las explotaciones calificadas como viables. Los intereses que les mueven no están relacionados directamente con el trabajo sino con aspectos empresariales. El sindicalismo de los jornaleros ha quedado subsumido en el aglomerado reivindicativo de grandes centrales sindicales de clase.

3. Juventud



Envejecimiento de la población, huída del campo con el final de la crisis, tasas de escolarización más bajas que en el mundo urbano, tasas triples de paro para los jóvenes comparadas con los trabajadores rurales de 30 a 45 años… configuran un panorama muy poco halagüeño para la juventud rural.

Nuevos enfoques no agrarios para el mundo rural



El pesimismo que refleja la autora respecto al previsible futuro del mundo rural fuera del sector agrario es patente.
Expone datos que demuestran que las zonas con más población agraria (las que tienen un mayor excedente de mano de obra) son las que tienen menos de la media de la renta nacional agraria. Esto es particularmente importante si tenemos en cuenta que las oportunidades económicas están estrechamente relacionadas con el nivel general de desarrollo económico.
Por otro lado considera que las nuevas posibilidades, aparte de estar poco desarrolladas en España, están relacionadas con niveles de vida más altos (turismo verde) aunque reconoce que, incluso siendo muy optimistas respecto a su desarrollo, su impacto será muy limitado.
Así, servicios turísticos, pequeños negocios regentados por emigrantes que retornaron, sistemas de trabajo a domicilio y el desplazamiento a zonas urbanas o semiurbanas, son algunas de las salidas que se ofrecen a aquellos catalogados como población activa rural no ocupada en el Sector Primario. Si tenemos en cuenta que la mitad de la población rural todavía trabaja en la agricultura, el abanico mencionado sumado con el desarrollo de nuevas posibilidades no absorberá el excedente existente.
Las oportunidades para emplearse como trabajador asalariado no agrario dentro del mundo rural son escasas y decrecientes. Frente a las ventajas que representan la alta temporalidad, el carácter menos reivindicativo de este tipo de trabajadores, la incidencia creciente de la “industrialización difusa” (trabajo a domicilio a destajo)… existen otras líneas que apuntan en dirección contraria, como son la huída de la juventud, la tendencia actual a la eliminación del déficit público (que limita las posibilidades de inversión pública en nuevos proyectos), el carácter estacional de la pluriactividad…


Consideraciones personales



No debo finalizar este trabajo sin referirme sucintamente a algunos aspectos del planteamiento que me han llamado la atención.
En primer lugar, la línea argumental de la autora es básicamente económica. Desde mi punto de vista pasa por alto las relaciones de poder que se establecen en los distintos tipos de explotaciones que enumera así como a nivel macrosocial. Dichas relaciones tienen una importancia capital en la configuración de los marcos en los que se van a desarrollar los distintos mercados; incluido el mercado de trabajo. Creo que, al menos en parte, ha olvidado aprovechar las valiosas aportaciones de Weber.
En segundo lugar, aunque hace referencia a algunos antecedentes históricos en la primera parte de su exposición, considero que dedica poco espacio a la historia reciente del mercado de trabajo en España. Sin pretender realizar una reexposición de esa parte del texto sí me he tomado la libertad de darle un mayor peso a los antecedentes históricos en este trabajo que la que la autora les da en el texto además de añadir algunos detalles que considero muy interesantes.
Por último, he de decir que, al ritmo a que se están produciendo las migraciones en la actualidad, es probable que algunos de los planteamientos reflejados en el capítulo puedan quedar obsoletos en breve. El mercado laboral español es un subconjunto dependiente del mercado laboral mundial. No es posible entender ni predecir con rigor fenómenos si no los relacionamos con el contexto mundial y este aspecto no está tratado suficientemente en el capítulo.





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