Monografías
Publicar | Monografías por Categorías | Directorio de Sitios | Software Educativo | Juegos Educativos | Cursos On-Line Gratis

 

Biblioteca de Alejandría - Monografía



 
DESCARGA ESTA MONOGRAFÍA EN TU PC
Esta monografía en formato html para que puedas guardarla en tu pc e imprimirla.



Vínculo Patrocinado




Aquí te dejamos la descarga gratuita
Nota: para poder abrir archivos html solo necesitas tener instalado internet explorer u otro navegador web.




Turismo. Antiguo Egipto. Alejandro Magno. Orígenes de Alejandría. Florecimiento Intelectual. La Guerra de Alejandría. El Museion



INTRODUCCION:



Alejandro Magno:


Las amplias conquistas de Alejandro Magno desde el s. IV a. C. en Europa, Asia y Africa, se tradujeron en una creciente libertad para viajar y comerciar, así como en la apertura para la búsqueda y explotación de regiones remotas. Esta empresa se llevó a cabo en un momento en el que el mundo griego había vivido un milagro de creatividad intelectual en literatura, arte y filosofía.
Era un amante de la literatura y adoraba la lectura, puesto que fue alumno de Aristóteles. Su libro preferido era La Odisea, de Homero.
La muerte le sorprendió en el 323 a. C., y todo su imperio se disgregó a favor de sus generales, los que se quedaron con una parte de él.
Cada cuál quería que su imperio fuera el más grande y más culto de todos. Pero los informes que Alejandro había ordenado hacer, sobrevivieron y suscitaron un interés sin precedentes por el estudio científico. Fue en esta atmósfera en la que nacieron la Biblioteca y el Mouseión.

Orígenes de Alejandría:


De las numerosas fundaciones que tenía Alejandro Magno en las cuatro esquinas de su imperio, Alejandría fue la más importante y duradera de todas. Se dice que para la elección del emplazamiento adecuado de la ciudad, Alejandro pidió consejo a Homero, su mentor espiritual; parece ser que recordó soñando a Menelao, el protagonista de la Odisea, cuando se refugiaba en la isla de Faros. Le pareció el lugar ideal.
Por otra parte, los griegos tenían muchas dificultades para arribar en Egipto, por lo que, al menos desde el s. VI a. C., tenían que hacerlo en Faros, que era el puerto más cercano. Así que los mercaderes griegos, conocían muy bien la zona y sus posibilidades y se fueron asentando allí y amasando grandes cantidades de dinero, gracias al comercio con los egipcios. Todos ellos necesitaban un fondeadero más apropiado situado al Oeste del Nilo, dados los problemas que ocasionaban las crecidas del río.
Ya estaba todo decidido y se le encomendaron los planos a Deinócrates. Se supone que fue en el 7 de Abril del 331 a. C. el día de su fundación.
Mientras que vivió Alejandro Magno, el administrador de la ciudad fue Cleómeno, pero al dividirse su imperio, Ptolomeó I Soter, tomó el cargo, como rey de Egipto, y añadió a Alejandría murallas, templos y cultos. El Soma, el Mouseión y la Biblioteca Real, constituían una cuarta parte de la ciudad. Despuès de su muerte, reinó su hijo Ptolomeo II Filadelfo, que embelleció la ciudad. Más tarde lo hizo Ptolomeo III Evérgetes, que enriqueció el patrimonio monumental.
La ciudad alcanzó su grandeza durante el s. III a.C. Las oportunidades de encontrar trabajo y hacer fortuna, hizo que llegaran varios inmigrantes de todo el Mediterráneo. También algunos indios podían ser vistos por las calles de Alejandría. Había varias razas mezcladas que tenían que  tener un mismo idioma y un mismo dios. El idioma que se adoptó oficialmente fue el griego. El dios que se eligió fue a Serapis, que venía de los dioses egipcios Osiris y Apis. Todos quedaron conformes con estas dos imposiciones.

LA HISTORIA:



Se puede decir que el Mouseión y las bibliotecas aparecen siempre con un nivel avanzado de civilización. Así mismo, la erudición y la investigación académica, estaban relacionadas estrechamente con la religión y la vida del templo. Era corriente que todo templo tuviese una biblioteca. Los palacios reales tenían también bibliotecas privadas.
Con el afán de grandeza de los generales que se hicieron cargo del imperio alejandrino, se llevaron a cabo numerosas bibliotecas. Todas ellas han desaparecido, pero la única que ha perdurado en la memoria durante generaciones ha sido la de Alejandría. Fue la mayor de toda la antigüedad. Estuvo asociada a la investigación científica y fue consultada por eruditos de todo el Mediterráneo. La biblioteca y el Mouseión, fueron la cuna de la antigua Universidad de Alejandría, que sería centro de la erudición y la enseñanza durante más de siete siglos.
La creación del Mouseión y la Biblioteca fue gracias a que Demetrio de Falero, sugirió a Soter la idea de crear un gran centro de investigación y que contara con una importancia universal (Aunque hay varias opiniones sobre quién la creó: Soter o su hijo Filadelfo). Mientras que Soter vivió, Demetrio estaba protegido y respetado, pero a la muerte del primero, y con la llegada al trono de Filadelfo, fue exiliado a una ciudad del Delta, donde murió unos años más tarde.

El Mouseión:



El plan del Mouseión siguió el modelo de las dos escuelas atenienses: la Academia de Platón y el Liceo de Aristóteles. Se dice que Polemón, director de la Academia, quería retirarse de la sociedad y confinarse en el jardín de la Academia, cercano al santuario de las musas (Mouseión). Del testamento de Teofrasio, director del Liceo, se extrae que la escuela era una fundación religiosa y comprendía un santuario dedicado a las musas.
Bajo el patrocinio de los Ptolomeos y gracias a su generosidad legendaria, el Mouseión adquirió rápidamente fama internacional.
Su organización gozaba de un organismo autónomo, que les dejaba hacer frente a sus gastos pecuarios. Se cree que sus miembros comían y dormían en el Mouseión, y que no pagaban impuestos y, probablemente, también recibían grandes remuneraciones. El nombramiento de sus miembros, dependía de los reyes y no era nada fácil llegar a serlo.
El Mouseión sólo se utilizaba para investigar y no para enseñar. En la época de Ptolomeo IV, se celebraba un festival que comprendía juegos y concursos literarios y daban la oportunidad a jóvenes con talento a darse a conocer.
Aunque la llegada de los romanos hizo que declinara la erudición en todo su imperio, Alejandría seguía ofreciendo la mejor enseñanza académicas de su tiempo. En esta época, el Mouseión estaba más dedicada a la enseñanza que a la investigación. Las investigaciones médicas y científicas siguieron floreciendo gracias a sabios como Herón, inventor de varios artefactos mecánicos. Pero la literatura sufrió un declive significativo y la filosofía comenzó a prosperar y Alejandría alcanzó la vanguardia del pensamiento con obras como las de Filón o Plotino.

La Biblioteca:


En un principio estaba situada en el recinto de los palacios reales, cerca del Mouseión. Cincuenta años más tarde, cuando la cantidad de licros superó su capacidad, se decidió construir un anexo incorporado al Serapeum, recién construido por Evérgetes, y que se convirtió pronto en una auténtica biblioteca.
La Biblioteca, al igual que el Mouseión, disfrutaba de una administración independiente. Hay varias teorías sobre el orden de sucesión en el cargo de bibliotecario, pero la más extendida es:

1-    Zenódoto, ca. 285 - ca. 270 a. C.
2-    Apolonio de Rodas, ca. 270 - ca. 245 a. C.
3-    Eratóstenes, 245 - 204/201 a. C.
4-    Aristófanes, 204/201 - 189/186 a. C.
5-    Apolonio Eidógrafo, 189/186 - 175 a. C.
6-    Arístarco, 175 - 145 a. C.
7-    Kydas (hombre de armas), 145 - 116 a. C.

En esta lista se echa en falta el nombre de Demetrio. El que no esté, se explica en que las listas se empezaron a escribir cuando reinaba Filadelfo y, como ya decía antes, él y Demetrio se llevaban mal.

La adquisición de libros:



Los Ptolomeos desplegaron unos esfuerzos extraordinarios con el fin de adquirir libros para sus bibliotecas. Tzetzes dice en sus escritos que había 42.800 libros en la biblioteca exterior y en la interior 400.000 “mezclados” y 90.000 “sin mezclar”. Los “mezclados” eran los que contenían más de una obra, y los “sin mezclar” los que tenían una sola obra.
La adquisición abarcaba libros de todas las nacionalidades. Se adquirieron libros de la biblioteca privada de Aristóteles y de los barcos que llegaban a puerto. Los cuales eran registrados y, si había algún libro se requisaba, indemnizando convenientemente a su propietario.
También se adquirieron libros de los archivos de las obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides. Estos documentos se guardaban en los archivos estatales de Atenas, de donde estaba rigurosamente prohibido sacarlos; sin embargo, Filadelfo convenció a los gobernadores de Atenas para que se los prestaran para copiarlos. Después les devolvió las copias y se quedó con los originales, sin pagarles indemnización alguna.
De todos los libros recopilados, los más importantes fueron los Anales Sagrados egipcio, de donde Hecateo de Aboetón, extrajo los datos  para la realización de su Aegyptiaca (historia egipcia).

Se supone que en la Biblioteca de Alejandría se disponía de una exposición de la religión mazdea persa. También había algunos textos budistas. Se tradujo el Pentateuco del Antiguo Testamento para la amplia comunidad judía de Alejandría.
Pero, ¿cómo se trataba esta multitud de libros y rollos acumulados en Alejandría? Para su catalogación y ordenación, se utilizaban signos hipocráticos. Había depósitos de adquisición donde se estaban todos los libros. Allí los hyperetais (funcionarios de la biblioteca), llevaban a cabo el registro y la clasificación. El registro mencionaba la procedencia del libro: “el fondo de los barcos” o el lugar de origen seguido del nombre del propietario, si era conocido. Además del nombre del autor, figuraba el del erudito que había corregido o editado el texto.

Para su clasificación, además de “mezclados” o “sin mezclar”, se señalaba su extensión, contando el número de líneas que lo componían. La remuneración del copista dependía de su letra y del número de líneas del texto. Para homogeneizar los costes, Diocleciano fijó una ley que decía así: “Por un escribiente de letra superior, 100 líneas, 25 denarios. Por un escribiente de letra de segunda clase, 100 líneas, 20 denarios. Por un notario que escriba una petición o un documento jurídico, 100 líneas, 10 denarios”.
Existió un libro de registros de los fondos de las bibliotecas, así como un catálogo detallado destinado a ayudar a los estudiosos a encontrar los libros que buscaban. Pero no bastaba con un simple inventario, era necesaria una guía crítica del contenido de los libros. Este trabajo requería a un autor de un saber y una erudición sin límites, como los que tenía Calímaco.

El florecimiento intelectual:



Había llegado la hora de un nuevo avance en la historia intelectual. Se había avanzado mucho en campos como la filosofía, el teatro o la épica. Pero se había dejado de lado los estudios lingüísticos, literarios o científicos. Fue con los pioneros del siglo III y II a. C. cuando se definieron por primera vez los principios y los métodos de investigación científica en las diversas disciplinas, así como en la crítica de textos.
La abundancia de textos puestos a disposición de los investigadores fue una herramienta necesaria y que por primera vez relacionaba el saber de la Grecia clásica con el del Oriente Próximo antiguo. Lo más importante fue la crítica de los grandes sabios alejandrinos ante tales obras, que no eran aceptadas así como así.

Los otros centros de estudios del mundo helenístico tienen la influencia de la Academia de Platón, el Liceo de Aristóteles y el Pórtico de Zenón; sin embargo, los trabajos de los eruditos de la Biblioteca de Alejandría muestran una independencia notable. Su objetivo era preservar y comprender correctamente los escritos de las épocas pasadas, para saber cuál de todas ellas era la traducción correcta.
Uno de los eruditos más prestigiosos del siglo III a. C. fue Eratóstenes de Cirene. Durante el periodo que estuvo de director, la Biblioteca adquirió la versión oficial ateniense de obras de los tres poetas trágicos. Sus múltiples y variados trabajos le valieron una gloria inmortal. Siendo hombre de ciencias, son destacables sus críticas literarias.
Otro gran crítico literario fue Aristófanes de Bizancio. Su conocimiento de las obras de la Biblioteca era prodigioso. Arbitró en las justas poéticas; era capaz de detectar todos los versos plagiados y de indicar su procedencia.
A pesar de los crecientes problemas del Egipto ptolemático en el siglo II a. C., esta tradición intelectual de alto nivel perduró y Alejandría continuó proporcionando sabios eminentes.
Además de ña crítica de textos, los sabios de Alejandría hicieron contribuciones fundamentales a la ciencia. Eratóstenes nos ofrece una idea de la diversidad de las actividades intelectuales.
En el campo de la medicina, Alejandría aventajaba a los demás centros de formación gracias a la investigación fomentada por los ptolomeos. En el mundo griego todos los médicos pertenecían a la disciplina fundada por Hipócrates. En Alejandría solían llamarse asclepíades, dado que se consideraban los herederos de Asclepio. Surgieron varias escuelas de médicos. Los dos principales maestros fueron Erasístrato y Herófilo.

Al final de la dinastía de los ptolomeos, aumentó el interés de la filosofía en Alejandría. Debido a  las tendencias intelectuales entonces predominantes en el resto del mundo. Había dos corrientes filosóficas principales: estoicismo y epicuirismo.
También se pusieron de moda otras escuelas, aunque limitadas a los intelectuales interesados en  la filosofía (Escépticos, clínicos, neopitagóricos, platónicos y discípulos de Aristóteles. Son las escuelas de Rodas, Pérgamo o Antioquía.
El caso de Alejandría era distinto. Al principio tan sólo algunos filósofos, aparecieron tímidamente en el siglo III a. C., como Teodoro “El Ateo” o Hegesías “el abogado del suicidio”. Hubo que esperar hasta el siglo I a. C. para hablar de una fuerza fuertemente enraizada. Destacan Ario Didimio, Filón y Plotino

EL FINAL:



El destino de las fabulosas colecciones de las Bibliotecas de Alejandría ha dividido a los historiadores. Todos admiten que fueron destruidos. Pero, ¿cuándo y cómo? No se sabe si sobrevivieron al siglo VII d. C., cuando los árabes conquistaron Egipto o si habían desaparecido anteriormente con la guerra de Alejandría. Todos los historiadores parten de traducciones que en muchos casos serán inexactas, lo que hace que estos textos no sean concluyentes. Nuestro estudio se centrará en dos acontecimientos principales: la guerra de Alejandría y la conquista árabe.

La guerra de Alejandría:



En el año 48 a. C., en plena guerra civil romana, César persiguiendo a Pompeyo, llegó hasta Alejandría, donde tuvo noticia de la muerte de éste y de que una nueva guerra civil, esta vez egipcia, había estallado entre Cleopatra y su hermano Ptolomeo XIII. César intervino a favor de Cleopatra. Tenía dificultades por mar ya que Ptolomeo había recibido refuerzos. Como se encontraba arrinconado, tomó la decisión de incendiar todos los barcos, los que estaban en el mar y en los astilleros, y se apresuró a desembarcar sus tropas en la isla de Faros. César relata esto sin ninguna clase de problema, pero oculta las consecuencias que el incendio pudo ocasionar en la ciudad. Aunque su lugarteniente afirmó que las casas eran incombustibles, puesto que estaban hechas en su totalidad de piedras.
También Lucano dijo: “partiendo de los barcos, el incendio se extendió a otras partes de la ciudad”. Séneca afirmó que 40.000 libros ardieron durante la guerra de César. Más tarde, Plutarco, que se sentía más libre dijo: “César se vió obligado a repeler el peligro recurriendo al fuego, que se extendió desde los astilleros a la Gran Biblioteca”.

Algunos historiadores actuales apoyan esta última opinión, sin embargo otros siguen  la del lugarteniente de César, aunque este último se contradice en el mismo libro, diciendo que intentando reconstruir los barcos, los alejandrinos extrajeron las vigas de los techos de los pórticos, gimnasios, edificios públicos y Lucano lo afirma diciendo que “las llamas corrían por los tejados con la velocidad de un meteoro”
Estrabón el primer escritor que fue a Alejandría, describió la ciudad sin mencionar, la Biblioteca. Se supone esto es porque la censura impuesta por la dinastía Julia-Claudia. Se han recogido testimonios de que algunos eruditos utilizaron los libros de la Biblioteca, como mucho la víspera del ataque de César, pero no después. Por lo tanto, la idea más arraigada es que ardio en  el 48 a. d. C
El Mouseión sobrevivió al desastre y tras la anexión de Egipto a Roma en el  30 a. C. continuó gozando de la protección de los emperadores. La destrucción de  la Biblioteca constituyó una gravísima pérdida. No obstante Alejandria disponía de más Bibliotecas, La Gran Sala del Mouseión y la filial de la Biblioteca en el  Serapeum (que pasó a ser la Biblioteca principal).
En el s. III d. C. la crisis del Imperio tuvo fatales consecuencias para el Mouseión. En el año 215 d. C. como represalia ante una rebelión, el emperador Caracalla se vengó de la ciudad, matando a gran parte de la población joven. Arrasó el Mouseión: canceló sus rentas, suspendió los estipendios y expulsó a todos los extranjeros.

De nuevo en el año 272, tras la ocupación de Alejandría por Palmira, el emperador Aureliano  atacó la ciudad: la resistencia del barrio del Mouseión  tuvo como consecuencia tales destrozos, que los miembros del Mouseión huyeron del país o se refugiaron en el Mouseión. En el 297/298 d. C.  otra rebelión supuso la masacre brutal de numerosos ciudadanos, sin perdonar a los sabios ni a los libros.
A finales del s. IV, S. Jerónimo vio al barrio real casi desierto y el centro de la ciudad limitado al barrio egipcio alrededor  del Serapeum.
Pero de forma sorprendente, Alejandría seguía manteniendo su posición favorable respecto a otros centros de estudios mediterráneos.
El Mouseión (o santuario de las musas) fue considerado sagrado mientras lo fueron los demás templos paganos. Pero no se encuentran referencias del después del siglo V d. C.. Es probable que no sobre viviera a la promulgación del  decreto de Teodosio en el año 391 d, C.


El fin de la Biblioteca según la  versión  árabe:



Después del s. IV  y V d. C., Alejandría se convirtió en el centro de un nuevo movimiento intelectual basado en el cristianismo y en su famosa escuela catequista. Nunca se volvieron a mencionar  el Mouseión, el Serapeum o la Biblioteca. Durante más de cinco siglos después de la conquista, no se puede encontrar ninguna referencia a una biblioteca, bajo la dominación árabe. De repente, a principios del s. XIII, encontramos un relato en el que se describe  como Amr había quemado los libros de la antigua Biblioteca de Alejandria. También se cree que pudo ser una buena arma dialéctica durante las cruzadas.

OPINION PERSONAL:


Viendo todo lo que se avanzó en aquellos siglos en todas las materias, reuniendo a los mejores sabios de aquella época, me pregunto: ¿Cómo estaríamos de avanzados actualmente si no se hubiera perdido toda aquella sabiduría en el incendio? Había muchos temas avanzados, y en unas pocas horas se destruyeron. Hubo que empezar de nuevo a investigar. Quizás, si hubiéramos podido desarrollar lo investigando en aquel tiempo, podríamos ya vivir en  algún otro planeta o poder utilizar  una energía duradera y no contaminante, o incluso no tener contaminación. A lo mejor los viajes espaciales serían tan normales como el puente aéreo de Barcelona a Madrid. Lo que sé, es que por  unos salvajes incultos, perdimos siglos y siglos de sabiduría.

BIBLIOGRAFIA:



-    La Biblioteca de Alejandría. El - Abbadi
-    Enciclopedia Microsoft Encarta.
-    Enciclopedia Universal Micronet.





Creative Commons License
Estos contenidos son Copyleft bajo una Licencia de Creative Commons.
Pueden ser distribuidos o reproducidos, mencionando su autor.
Siempre que no sea para un uso económico o comercial.
No se pueden alterar o transformar, para generar unos nuevos.

 
TodoMonografías.com © 2006 - Términos y Condiciones - Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Creative Commons License