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Casa de la Virgen Murcia - Monografía



 
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Turismo. Arquitectura: características. Historia. Arte



LA CASA DE LOS CONDES DE SANTA ANA DE LAS TORRES, ANTES DE QUESADA, (POPULARMENTE DE LA VIRGEN.)



Al final de la calle de Rafael Tejeo se alza imponente la popularmente llamada “casa de la Virgen”, uno de los edificios más bellos y emblemáticos de la arquitectura civil caravaqueña del barroco. Debe su nombre a la hornacina que custodia la imagen de Nuestra Señora de las Angustias o de las Conquistas, copia de la patrona de Granada, que desde su camarín se asoma benefactora invitando al paseante a rezar una salve concediéndole por ello 80 días de indulgencia.
La casa, perteneciente al linaje de los Condes de Santa Ana de las Torres, tiene una larga historia y ha ido modificando su fisonomía desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII cuando don Andrés de Quesada Fernández de Córdoba y su esposa doña Antonia de Robles Miñarro y Tomás de Abellán reformaron en partes muy esenciales la fábrica anterior quedando con el aspecto que hoy podemos contemplar y que afortunadamente apenas ha sufrido variaciones.

El matrimonio acomete la obra partiendo de la reforma de la antigua casa del vínculo de los Martínez de Robles que fundó don Ginés de la Serna Noguerol en 1616, anexionándole la casa contigua comprada en 1658 a Ginés Arias y Petronila Flores en la calle Mayor (que por entonces incluía la actual Tejeo, llegando hasta el Camino Real de Granada). La construcción se hizo sin escatimar medios(1) del modo que entonces se decía “a la moderna” y en su tiempo se describieron como “las casas principales de Quesada que son casi las mejores de fábrica moderna y particular idea de las de este pueblo”. Pero más que del apellido Quesada aisladamente considerado habría que hablar de un linaje que ha ido poseyendo y haciendo perdurar el edificio: los Moya-Martínez de Robles-Quesada y Sanchís.

Efectivamente su fábrica tiene algunas peculiaridades que la diferencian de otras casas de su época no sólo en el conjunto de la región sino dentro de la misma ciudad, algunas deliberadamente buscadas y otras impuestas por la ampliación antedicha; así, frente a la casa típica caravaqueña (donde normalmente el porche murciano se sustituye por zaguán que se abre  directamente o a través de una puerta a la escalera imperial) aquí encontramos, un patio rectangular que permite el acceso a las diversas estancias por medio de un sistema doble de escaleras mutuamente enfrentadas: la principal y la llamada escalera del surtidor (bajo cuyo hueco se encuentra la acequia que abastece las necesidades de la casa y riega los huertos) lo que permite por una parte la libre circulación sin encuentros entre la familia y los empleados y, por otra,  la comunicación directa del servicio a las habitaciones principales situadas en el primer piso y la subida de esquimos a las falsas donde se guardaba el grano, evitando polvo y suciedades en las habitaciones destinadas a vivienda.
La fachada a base de ladrillo es una de las pocas que conserva el verdugado y tiene magnifica rejería rococó. En cuanto al nicho o camarín de la Virgen es, tanto por dentro como por fuera, una de las piezas de factura más delicada de la región. Sus cristales se tasaron en 116 reales y en 200 los faroles grandes que daban luz a la imagen; amén de otros diez que distribuidos por la fachada ardían continuamente. La imagen propiamente dicha se tasó en 640 reales y es copia de la patrona de Granada. Desconocemos su autor aunque sabemos que el constructor de la casa  tenía cuenta con el escultor Francisco Fernández Caro, no sabemos si para la ejecución de ésta imagen o de alguna para la capilla de la casa-cortijo de Las Peñicas.

Las habitaciones de los señores están situadas en el primer piso y constan de salón principal, sala, antesala que mira a los huertos, alcoba de la sala, recibidor, escritorio, despacho, alcoba interior, comedor, cuarto oratorio con su ara de mármol de Génova, alcoba de la Virgen con su apertura interior al nicho de la misma y un segundo oratorio. Varias habitaciones tienen recámara o vestidor que servía para guardar los trajes de lujo y generalmente las joyas y dinero que habitualmente guardaba el señor. Hay que decir que las habitaciones masculinas y femeninas están perfectamente diferenciadas.

En lo alto del hueco de la escalera están representadas las armas del linaje. En esta época ya no era frecuente la colocación de escudos en la fachada pero era una constante su colocación en el interior -como podemos ver en otras casas de Caravaca- ya fuesen de escayola policromada (como en la contigua de los San Mamés, casa de los Melgares de Segura, casa de doña María Girón, etc. ), en reposteros (casa de los condes de Reparaz) o, como en este caso, en pintura mural que afortunadamente se ha conservado y queda como la única muestra de tantos otros escudos caravaqueños que han desaparecido bajo la pintura en sucesivas restauraciones(2).
La parte baja es la que más se ha modificado. En ella se disponen varias habitaciones, cocina francesa destinada propiamente a la elaboración de la comida, tinelo, cocina grande o cocina de en medio con pila y vertedero de aguas donde hacía la vida la servidumbre, los cuartos de las criadas y la llamada puerta de la mariposa que da acceso a la acequia y huerto.

Las falsas están divididas por atrojes perfectamente diferenciados y guardan toda la gracia del XVIII. Se distingue además la llamada Falsa Larga, que en su momento estuvo dividida con una red de alambre para destinarla al uso de pajarera; dentro se encontraban los bebederos de vidrio y otras jaulas de alambre más pequeñas destinadas a la cría de canarios a la que parece que don Andrés de Quesada era muy aficionado pues también se situaban pajareras en el huerto, en el corredor y en la ventana del granero.
Para entender el porqué del establecimiento de los Quesada en Caravaca hay que explicar que en esta familia recae,  por ausencia de descendencia masculina, el mayorazgo de los Moya, antiguos hidalgos de Beas de Segura que se establecieron en Caravaca como alcaides del Castillo y Fortaleza, nombrados por los marqueses de los Vélez, casa a la cual estaban estrechamente vinculados. Dicho cargo fue desempeñado ininterrumpidamente por caballeros de este apellido de forma cuasi hereditaria durante más de 200 años.

Los alcaides eran nombrados por el Rey a través del Comendador. Entre otras prerrogativas y obligaciones adscritas estaban la defensa y custodia del Castillo y de la Santísima Cruz con su relicario, haciéndose cargo de que estuviera en buena guarda con toda la reverencia y veneración posibles, no permitiendo que saliese la reliquia de su lugar más que en casos muy forzosos o en los casos estipulados de las fiestas y procesiones, obligándose a no innovar cosa alguna, así como a la guarda y tenencia de una de las tres llaves del sagrario. Los alcaides tenían el privilegio de inmemorial de residir en la propia fortaleza, de poder comprar la primera pesa de todos los mantenimientos y recibir un menudo entero del matadero los sábados, tener silla y  asiento conocido después del Alcalde Mayor en la capilla de la fortaleza en los días que se celebraba la fiesta de la Santa Vera Cruz, y realizar el pleito homenaje como caballero hijodalgo a fuero de España, tanto en la  entrega y toma de posesión del castillo como de la Santa Cruz, para su defensa en tiempos de paz y de guerra, en servicio del rey y de la encomienda, devolviendo la fortaleza a quien ulteriormente fuere nombrado sin retenerla, poniendo expreso cuidado en la sala de armas y particular celo en la  custodia de la Santa Cruz con entrega y recibimiento de la misma en los días señalados.

Como hemos dicho los Moya ostentaron por más de dos siglos dicha alcaidía. Pues bien,  en un momento determinado la línea primogénita de los Moya recaía en una mujer y entonces en un complicado entramado de políticas matrimoniales se buscaba un representante digno de dicho cargo entre los linajes nobles locales y foráneos. De esta manera, doña Catalina Francisca Martínez de Robles Serrano y Moya, natural de Caravaca realizó en 1688 capitulaciones matrimoniales con el noble señor don Francisco Marcos de Quesada Pacheco Peralta y Cabrera, natural de Baeza, legítimo descendiente de los Quesada conquistadores de Jaén, aportando a la familia numerosos vínculos y derechos nobiliarios (entre ellos al mayorazgo fundado por Díaz Sánchez de Quesada, cuarto señor de Garcíez, y doña Leonor de Acuña sobre los estados de Ninches en Jaén) y, por este matrimonio, recibió el título de Regidor Perpetuo, Alcaide de la Cárcel  y Alcaide del Castillo y Fortaleza de Caravaca.
El primogénito de este matrimonio, don Manuel Francisco de Quesada y Martínez de Robles, natural de Caravaca, llegó a ser Capitán del Regimiento de la Costa de Granada, donde casó con doña Teresa Antonia Fernández de Córdoba Orozco y Ronquillo, hija de un 24 de Granada  (poseyó esta señora el vínculo fundado por el Lcdº Pedro de Orozco, del Consejo de S.M. y Comendador de Villa Hermosa, y su mujer doña Francisca Messía, con facultad Real de los Reyes Católicos en 1503; con la condición de que los sucesores en dicho mayorazgo fueren obligados a tener y usar en primer lugar el apellido y armas de Orozco. Este mayorazgo estaba compuesto por tierras en las ciudades de Úbeda y Baeza. Asímismo, la Capellanía fundada por doña Ana de Córdoba y Ronquillo, servidera en la Santísima Trinidad de Religiosos Calzados de Granada.)

Don Manuel y doña Teresa fueron los padres del constructor de la casa tal como hoy día la conocemos que es, como hemos dicho, don Andrés de Quesada Martínez de Robles Fernández de Córdoba y Ronquillo, natural de Granada, de la colación de Santa Escolástica, vecino y Regidor Perpetuo de Caravaca, Caballero de la Real Maestranza de Ronda, patrono del convento de Santa Clara y benefactor de la iglesia de la Concepción.
Don Andrés fue y vivió como un ilustrado hijo de su época, a caballo entre Granada y Caravaca. Dedicó todo su esfuerzo a la gestión directa, aumento y modernización de sus haciendas, realizando roturaciones y ganando las laderas de los montes para tierras de cultivo, lo que permitió aumentar el volumen de sus bienes vinculados, previo permiso real concedido en Madrid en 28 de junio de 1787. Realizó dos matrimonios: el primero con doña María Josefa López García de Lara Monreal Morales de Aledo, de la cual no quedaron descendientes, y en segundas nupcias con doña María Antonia de Robles-Miñarro Guevara Tomás de Abellán y Tobarra, natural de Lietor(3), con la que casó en 1750, regalándole para tal acontecimiento un aderezo de diamantes puestos en oro compuesto de cruz y pendientes que importaron la astronómica suma de 2.500 reales, una fortuna para la época.

De este matrimonio nacieron, entre 1754 y 1756, varios hijos que don Andrés se ocupó de situar adecuadamente. Alonso, mayorazgo de su casa, al que hizo Maestrante de la Real de Ronda y casó con doña Felipa de Chumacero y Moscoso, de la misma naturaleza. A sus hijos Diego María, Segundo y Jerónimo los hizo ingresar en la Real Compañía de Guardiamarinas y, para sus hijas María Teresa y Bartola, llevado por un espíritu de protección, intentando repartir más equitativamente sus bienes de forma que no sólo su primogénito quedara bien acomodado, realizó el 14 de agosto de 1787 fundación de mayorazgo de hembras para que pudiesen percibir 10.000 reales anuales de renta, permitiéndoles además realizar roturaciones en las Peñicas como expresa en su testamento “Item declaro que en cortijo que poseo de las Peñicas había bastantes pedazos de tierra prado y perdidos, sin fructificar cosa alguna, los que di a las susodichas mis hijas para que los sacasen y redujesen a labor  y con efecto sacaron un pedazo de tierra en lo ondo de la cañada que se gastó en sembrarlo 4 fanegas y nueve celemines de trigo en el año de 88 y con lo que el puijar de cebada que les di para alfileres en premio de lo bien que se portaron y han portado en el gobierno de mi casa y cuidado de mi persona para si pueden adelantar alguna cosa en mis días y al fin de ellos que no se les tome cuentas sobre este particular.”

Por lo demás la vida doméstica, adecuada a estos tiempos bonancibles, le permitía dedicarse a sus aficiones que, como hemos comentado, consistían en la cría de canarios y la caza. Sabemos por el inventario de sus bienes que poseía una nutrida biblioteca y diversos instrumentos musicales: clavicordio, violines y una guitarra con trastes dorados que se utilizarían a buen seguro en las fiestas de tipo cortesano que se realizaban en la casa, de modo que quitando algún disgustillo, como el pleito con su sobrino el marqués de casa Saltillo por su mejor derecho a la posesión de los bienes de don Luis de Montesinos, vecino de Vélez-Málaga, y la riada que asoló los molinos que en Liétor poseía su esposa, pasó su vida sin mayores contrariedades.
El  18 de febrero de 1798, su hijo don Alonso dio parte del fallecimiento a don Ignacio Mariano de Mendoza, Gobernador y Capitán a Guerra de la villa de Caravaca y Abogado de los Reales Consejos, para que reuniese a los testigos del testamento de su padre, abrir éste y poder cumplir las disposiciones testamentarias de enterramiento. El Alcalde Mayor, junto con el notario y testigos, se dirigieron a la casa para la verificación del óbito, encontrando a don Andrés tendido en una alfombra en la sala principal ya amortajado con el hábito de San Francisco. Se comunicó que la intención del finado era ser enterrado en la parroquial con entierro general y doble mayor de campanas, en la capilla de los Moya, sus antepasados, con asistencia de las cofradías de las cuales era hermano y la V.O.T de San Francisco, 12 pobres con hachas encendidas y la capilla musical entregando, además de sus derechos, una vela a cada individuo. Realizó diversas donaciones de tipo económico para las iglesias y ermitas, entre ellas tres varas de tafetán morado para hacer una banda al Señor del Calvario.

Un ingente patrimonio respaldaba la casa. Poseyó los mayorazgos de Quesada, compuesto de 6 casas en Úbeda, fincas y predios rústicos en la misma ciudad, una labor en la Torre de Perogil de 40 cuerdas de tierra y en Sabiote 300 cuerdas. El mayorazgo que fundó el licenciado don Pedro de Orozco que constan en la ejecutoria que obtuvo a su favor don Francisco de Quesada, presbítero y su hermano mayor, en Granada a 10 de octubre de 1747. La capellanía que fundó doña Ana de Córdoba y Ronquillo, servidera en la iglesia del convento de la Santísima Trinidad de la ciudad de Granada, y en el mismo lugar el mayorazgo de don Juan Peláez de Mieres, Alcaide de Corte de la Real Chancillería. Los vínculos de Miñarro con tierras en Caravaca, Granada y Liétor, donde poseían grandes fincas en la partida de Talave y dos molinos harineros. Otras haciendas y casas en Beas de Segura, Málaga, Cortijo de la Noguera en Huéscar, Casa Grande de Abajo en Cehegín. Otras casas en Purchil,  Baeza, calle de Griales, así como otras tierras en Jaén. En Caravaca poseían tierras en las partidas de Mairena, Santa Inés, Irún, Casablanca y Miravetes, más las tierras que compraron a don Bernardino en la Torre de Girón, pero especialmente importante resulta la citada labor de las Peñicas y Royos que heredaron en forma de mayorazgo de don Gutierre de Robles y doña Catalina de Espinosa, sus quintos abuelos, de forma que se señala como gastos de mantenimiento de los predios vinculados 72.000 reales, lo que coloca a esta familia, en contra de otras opiniones al uso, en la cima de la disposición económica si tenemos en cuenta no sólo los bienes que poseían en Caravaca, sino la suma conjunta de su capital.

La vinculación religiosa de esta familia es indubitable. Ya desde antiguo los Moya influyeron notablemente en la fundación del convento carmelita de San José, pues tanto ellos como los Caxa, de Mora, Sandoval y Godínez, entre otras familias hidalgas procedentes de Beas, estaban unidos por lazos de parentesco cercano con la fundadora del convento de Beas: la venerable madre Catalina de Jesús Godínez de Sandoval(4). Todavía en 1789 aparece inventariado entre las alhajas de los Quesada un relicario de oro con una firma de Santa Teresa. Muchos miembros de la familia hacen donaciones económicas, como doña Catalina Martínez de Robles que lega una arroba de cera blanca al convento para ayudar a realizar la fiesta de San José. También don Andrés se pone en su testamento en manos de San José al que nombra por su intercesor y patrono a la hora de su muerte.

Además de los mencionados oratorios y camarín de la Virgen, se hicieron cargo del adorno de la capilla de los Moya de la Iglesia del Salvador, cuyo retablo blasonado está situado en la parte del Evangelio sobre la bóveda de San Benito, y fueron patronos en la iglesia de la Concepción de la capilla del Cristo Encarcelado (o “Señor del Balcón”). Estos patronatos eran hereditarios y, generalmente, sujetos a mayorazgo con las mismas cláusulas que los de tipo territorial. Para su mantenimiento y ornato se destinaban los frutos de algunos bancales  como podemos ver señalado por don Andrés de Quesada en su testamento “Item declaro en descargo de mi conciencia que habiendo reconocido el cuaderno en que tenía apuntadas algunas promesas de  novenas y la del Puijar que le sembraba en las Peñicas al Santísimo Cristo Encarcelado de la Concepción en el año pasado de 1781 ajusté la cuenta y la liquidé de 14 años de puifares de trigo, e importando la lámpara de plata, caña y corona 3524 reales quedaron a favor del Santísimo Cristo 3140 reales de vellón con lo que queda satisfecho y si yo no lo satisficiese antes de mi fallecimiento, es mi voluntad se satisfaga de mis bienes”. Actualmente el Cristo se encuentra en la iglesia de la Concepción en un retablo que, según reza en una inscripción, se hizo y doró en 1734 a expensas de don Manuel Bravo de Vargas, cumpliendo la disposición de su tío el presbítero don Francisco de Vargas que obtuvo de la villa(5) la concesión de pinos para su ejecución. Pensamos que este retablo sustituyó a otro anterior realizado por los Quesada aprovechando elementos del primero como el lienzo que se sitúa en el ático que representa a la Virgen de las Angustias, devoción de la casa de Quesada. Sabemos también por testimonio verbal de don Pedro Beltrán que la casa de los Santa Ana de las Torres arregló a sus expensas durante el siglo XX dicha capilla.

Otra fundación aparece en el testamento que otorgó su primera mujer doña María Josefa López de Lara el 6 de noviembre de 1748. Por una de sus cláusulas vinculó “un trono dorado en que se halla colocada una imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso  con el niño en los brazos  en un marco pequeño de ébano que está adornado con unas piezas de plata a martillo y un olivar  en Cehegín que agrego al mayorazgo de Quesada con la carga de mantener luz día y noche y 4 misas rezadas al año”. Desconocemos el uso de dicho trono, pero es de suponer que procesionase.
Por fin, hay que decir que actualmente la casa es propiedad de doña María del Milagro de Sanchís y Armada, viuda de García Lomas, hija del VI Conde de Santa Ana de las Torres, Caballero de la Orden de Montesa, Alférez del Real Cuerpo de Alabarderos, Maestrante de la Real de Granada, Mayordomo de semana de su Majestad, y de doña Rafaela Armada y de los Ríos, de la casa de los Condes de Revilla Gigedo
La casa se encuentra bastante deteriorada por el paso del tiempo pero no está muerta, vestigios vitales indelebles nos sorprenden, como el soldadito napoleónico pintado con fucsina roja en la pared de una de las falsas por algún niño de la casa, las sumas hechas con lápiz y las rayas con punzón en los alféizares y jambas de las ventanas de los graneros que, a manera de ábaco, servían para hacer las cuentas del trigo, cebada, centeno, gordo y otros cereales que otrora se acumulaban en los atrojes y ese aroma antiguo que desprenden los edificios con tanta carga histórica. Ahí está para nuestro disfrute.

(1)    “Durante nuestro matrimonio hemos gastado en la reedificación y obra nueva de la casa 14.000 reales que es donde están las dos escaleras y cuartos correspondientes al saliente y poniente que tienen de fachada por la calle 10 varas y de fondo hasta la pared del saliente 16 y la escritura de compra se hallara entre mis papeles”.

(2)     Tal como ocurrió en la capilla de los Muñoz en la parroquia del Salvador con el escudo de los Musso pintado en sus paredes.

(3)    En 1591 testó doña María Díaz de Sandoval y Negrete, esposa de don Fernando de Mora “el viejo”. Padres de numerosos hijos: Andrés, Fernando y Sancho de Mora Sandoval y Negrete fueron capitanes de los Tercios de Flandes y constructores de la capilla cuarta del lado de la Epístola de la Iglesia Parroquial de Caravaca. Juan de Mora Sandoval y Negrete casó con Mencía de Cuéllar y de Moya, hija del Alcaide del Castillo de Caravaca Rodrigo de Moya, oriundo de Beas. Su hijo Rodrigo de Mora y su esposa Mencía de Monreal Chacón fueron patronos y constructores del Convento de religiosos Carmelitas fundado por San Juan de la Cruz en 1586 por contrato con los frailes en 1622. La dicha Mencía de Cuéllar y de Moya, esposa de Juan de Mora Sandoval, era tía carnal de Francisca de Cuéllar, una de las fundadoras del convento de Carmelitas Descalzas de San José en la villa de Caravaca y parientes por tanto de los fundadores en Beas del convento del mismo nombre.

(4)    Noble por los cuatro costados, poseía 4 Ejecutorias de Nobleza: Los Robles Miñarro pertenecen a una de las ramas más esclarecidas de los Robles de Caravaca; por lo Guevara vienen de Lorca donde se conserva todavía el magnífico “Palacio de los Guevara”; los Tomás Abellán de Jumilla, sobradamente conocidos, descienden de los míticos 80 caballeros conquistadores y pobladores de dicha villa; y por lo Tobarra existe una espléndida genealogía desde la reconquista. El escudo de los Tobarra campea en la llamada “Plaza del Conde” de Liétor en la casa de su mayorazgo con importante rejería y típico patio renacentista. Tenían derecho a enterramiento en la capilla de la Virgen del Espino, fundada por el matrimonio formado por don Juan de Valdelvira Belmonte y doña Mariana de Tobarra y Alcantud. Este matrimonio no tuvo hijos y dejó sus cuantiosos bienes para sus herederos, de una parte los Tobarra y de la otra los condes de las Navas de Amores, ambas familias tuvieron no pocos disgustos por el derecho a dicho enterramiento. En el impresionante retablo se encuentran también representadas las armas de los Tobarra.

(5)    De la Peña Velasco, Concepción. “El  Retablo Barroco en la Antigua Diócesis de Cartagena”. Universidad de Murcia, 1992. Pag. 295.

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Ocanios





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